El Atlético o de Madrid cayó con el orgullo de haber perdido una final de Champions. El Arsenal fue una perpleja caricatura de equipo. Además, le auguro quizá una perdida de la Premier, tal es su estado de decaimiento físico.
Lo deseo , porque si no hubiera sido por un tramposo y canallesco arbitraje de un alemán absolutamente parcial, a esta horas no creo que el Arsenal pudiera disfrutar del injusto resultado.
Pero para la UEFA la caída del equipo inglés hubiera sido caótica para todo el marketing absolutamente teledirigido desde Nyon. Un tal Slebert ha cumplido los intereses comerciales de Pepsi y compañía.
En ningún pasaje del partido el equipo londinense se impuso al Atletico. En el primer tiempo estuvo acongojado por la posibilidad de alguna filigrana de del mago Griezmann y un gran luchador como Julián Alvarez , que jugó infiltrado y luchó hasta el final, cuando la inyección no dio para más.
En la segunda parte, un Arsenal que le veo sin gasolina, fue arrasado por el Atlético, que pudo empatar con Sorloth en un par de ocasiones y ese penalti doble ignorado por el alemán del pito. La pena es que intentó lo imposible con casi los suplentes .
Hay que recordar que el único gol fue un final con suerte , tras un tiro de Trossard, que pellizcó en la pierna el pobre Guiliano y eso hizo más difícil la parada de Oblak. Saka sólo tuvo que fusilar. Muy mala suerte.
Ese gol cuando moría el primer tiempo fue suficiente para un Arsenal canino , que sólo vivía de la pesadez y esfuerzo de Gyökeres, que vivía como un poste peligroso: solo, muy solo en ataque del Arsenal. Le Normand casi no pudo y , luego, Pubill acotó al sueco, que incluso tuvo una gran ocasión, pero no es un ser supremo en técnica.
El Atlético luchó y luchó hasta el minuto setenta , cuando el Arsenal empezó a jugar como un tramposo, perdiendo tiempo constantemente, con toda clase de triquiñuelas. Una vergüenza para un equipo que jugaba en casa y aspira a la Premier y a la Champions.
Dee todas formas estará en la final, pero la perderá seguro . Arteta ha caído al abismo. Es u técnico sin recursos, que ha acabado casi la Premier sin un solo poder de de velocidad y potencia.
Se dice que es el final de una era en el Atlético. La caída del "cholismo" tras 15 años, que siempre luchó hasta decir basta. Pero el Atlético muere en la Champions con un árbitro falso y prevaricador . Una tragedia en Londres que no mereció el Atlético de Madrid.
El Atlético de Madrid ya no volverá nunca más al Courthouse Hotel de Shoreditch, al noreste de Londres, en el que la habitación supera los 350 euros por noche. Al menos, mientras Diego Simeone siga siendo el entrenador rojiblanco. La cábala del argentino con el cambio de cuartel general, tras haber sido derrotado también en la fase de grupos, tampoco ayudó a que el equipo rojiblanco se plantara en su cuarta final de Champions de toda su historia, la tercera con el argentino en el banquillo. Quizás los fuegos artificiales que lanzaron unos vándalos la madrugada anterior al encuentro afectaron a una plantilla que no supo cómo hincarle el diente a un Arsenal muy serio y que esperará en Budapest al Bayern o al PSG.
La temporada del Atlético de Madrid concluyó con el silbato del alemán Daniel Siebert, con 3.000 aficionados rojiblancos en la grada visitante del Emirates Stadium combinando las lágrimas con los ánimos a su equipo. A nadie le importan ya los cuatro duelos ligueros que quedan. Los huevos, tras la monumental decepción sufrida en La Cartuja hace poco más de dos semanas en la final de Copa perdida ante la Real Sociedad, estaban puestos en la cesta de la Champions. Por desgracia para ellos, ha vuelto a salir cruz.
Son siete las semifinales que ha alcanzado el Atlético en toda su historia, y cuatro de ellas las ha conseguido bajo la batuta de Diego Simeone. El Real Madrid, como en las finales de Lisboa y Milán, es la bestia negra también en esta fase con dos eliminaciones, en 1958/59 y 2016/17. Mientras que el Arsenal se suma ahora al Ajax (1970/71) como el otro contendiente que ha fulminado a los rojiblancos en el penúltimo escalón de la máxima competición europea. En 1973/74, 2013/14 y 2015/16, los colchoneros consiguieron eliminar a Celtic, Chelsea y Bayern de Múnich, respectivamente.
Griezmann, camino a Orlando
Y eso que el histórico contra el Arsenal era igualado entre ambos equipos hasta el duelo de este martes. Pese a que sólo se han enfrentado en seis ocasiones, cinco si contamos partidos oficiales, son tres victorias inglesas, aunque una británica fue en un amistoso, dos empates, y otra del Atlético. No obstante, los colchoneros habían eliminado a los ingleses en las otras semifinales en las que se habían cruzado. Fue en la Europa League de 2017/2018, que terminó con el título en las vitrinas rojiblancas con un gol de Gabi y el doblete de Griezmann ante el Olympique de Marsella.
No podrá tener el francés la despedida que quería. Se escurrió Budapest entre los dedos y la marcha de Griezmann a Orlando será sólo con el cariño de su público, pero sin ningún título bajo el brazo. Se irá, eso sí, como máximo goleador de la historia del Atlético de Madrid, con 212 tantos de rojiblanco. No será éste finalmente el «año increíble» que presagiaba el francés en el Atlético de Madrid, porque los chicos de Matarazzo y Arteta no le han dejado.
También se le escapó a Simeone. Su traje negro habitual, con el que recorrió en numerosas ocasiones la banda del Emirates, no le trajo la suerte que el argentino necesitaba para llegar a la final de la competición más exigente a nivel de clubes. Pese a aspirar al doblete, el curso terminó como un fracaso para un entrenador que ha conseguido ocho títulos en el banquillo rojiblanco. Se ha escapado, eso sí, el as de bastos. La Champions que el club ansía desde la primera derrota ante el Bayern en 1974 y que duele tras las decepciones en Lisboa (2013/14) y Milán (2015/16) ante el Real Madrid.
No fue esto una final perdida, pero sirve como una nueva muesca en el «dolor» como «fuerza para volver a intentarlo». Esa frase que Simeone pronunció tras la derrota en Milan refleja que el equipo ha crecido más con las decepciones que con los éxitos. Son los rojiblancos un club que tienen el honor de llevar 13 temporadas consecutivas disputando la Champions, un mérito que sólo ostentan otros cinco gigantes europeos y, el año que viene, repetirán el asalto a este escurridizo título.
Hay que jugarla, supongo. Te clasificas, da mucho dinero, te permite atraer estrellas y mantiene a la afición ilusionada hasta primavera. Hay que jugarla, supongo, pero si me dieran a elegir... ojalá el Atleti renunciara a la Champions cada año. El odio es mutuo. Yo ahora podría estar en el cine. O bebiendo. Eso aún no lo descarto. Y estoy aquí escribiendo con cara de (aún más) idiota.
Una vez más, el sueño se rompió en un accidente en el peor momento, dos rechaces en el área, un despiste defensivo, gol de Saka en el 44. Ni un guiño del destino. Hasta ahí, más allá de creerse su leyenda y celebrar cada córner como un penalti, el extremadamente mezquino Arsenal no había tirado a puerta y el Atleti estaba cómodo y con la sensación de que, antes o después, iba a cazar una, pero los rebotes que le castigaron en su área nunca le sonrieron en la inglesa.
La segunda parte fue un orgulloso quiero y no puedo de un equipo que se estaba moviendo a alturas que por talento y dinero no le correspondían. Y se notó. Giuliano tuvo la más clara y, a puerta vacía, le faltaron vuelo y recursos. No es culpa suya, es la diferencia de nivel individual. Y un penalti clamoroso a Griezmann se perdió en el limbo por una inexistente falta previa de Pubill. En la larga colección de delirios arbitrales que ha sufrido el Atleti en este torneo odioso, este se coloca muy arriba. La Champions odia al Atleti, ya saben. Nosotros a ella, más.
Tiempo habrá, y es indispensable hacerlo, para sacar conclusiones sobre esta extraña temporada. Mediocre en su trabajo diario de la Liga, brillante en las bodas y bautizos de las eliminatorias y fallido en el desenlace. Es difícil juzgar un curso así, de cinco aunque a dos detalles de ser de 10, pero hay que aclarar si el proyecto crece o se marchita. Ese análisis requiere enfriar las emociones y no es el día.
Hoy corresponde elogiar el carácter de Pubill, el despliegue de Llorente y el liderazgo de Koke; lamentar que Julián Álvarez, medio cojo, no pudiera ser la estrella que es y, sobre todo, dar las gracias a Griezmann tras su último gran partido en el Atleti, uno donde estaba evitando goles del Arsenal en un instante, organizando el juego al siguiente y siendo el más peligroso para Raya mientras le duró la gasolina. No es el final que merecía el mejor jugador de la historia del club, pero sí el tipo de actuación que ratifica esa afirmación.
La Champions odia al Atleti, pero la ganará. Cuando menos se lo espere, logrará esa maldita copa y la tirará al río. Ese día podremos descansar. Mientras, sólo queda seguir persiguiendo ese imposible hasta que se rinda.
¿Cuánto puede la ilusión? ¿Hasta dónde puede llegar el deseo? ¿Hasta una final de Champions? ¿Ganarla?. Nunca ha querido Simeone mencionar Budapest. Ya saben, partido a partido. Pero el Atlético de Madrid llegó a Londres en algo más que una misión, era una cruzada. Una revancha. Un anhelo. Eran tantas cosas en una que con sólo un suspiro se podía desvanecer, como pasa con los sueños. La lluvia pedía épica, pero terminó borrando la esperanza del Atlético y un ordenador hizo el resto.
El Arsenal es un equipo prosaico, cuyas decepciones y hasta alegrías parecen más fruto de un trámite administrativo que de una emoción. Así lo ha construido Arteta, como una máquina perfecta, casi inhumana, una inteligencia artificial. Hasta el tifo inicial, "Por tierra y mar", como referencia a las batallas entre Inglaterra y España, parecía impostado. Los jugadores se han plegado a la táctica rígida del vasco y no les ha ido mal. La Premier la tienen a tiro tras el empate reciente del City y la Champions, a un paso tras convertir Saka el tanto de la victoria. Sin corazón, sin coraje. Pura burocracia. [Narración y estadísticas, 1-0]
La vida es que comiences el duelo con un 25% de posesión en el Emirates y las primeras ocasiones las tengas tú en las botas de Julián y Giuliano. También que te plantes con un 5-4-1 en fase defensiva y que en un parpadeo estés con un 4-3-3 provocando fallos de Raya que, con balón en los pies, era una bomba de relojería.
Entonces cae el primer córner británico en el minuto 15 y el público lo celebra como el primer tanto. Pero el saque pasado de Rice, pese a que encontró a Saka solo, no resultó efectivo. La estrategia que ha fraguado el récord de goles de saque de esquina en la Premier, con 17, había funcionado, pero no había concretado. El peligro lo generó el extremo británico en la siguiente jugada tras un buen pase de White. Saka la puso al punto de penalti pero el balón no encontró ningún gunner.
El partido y el juego buscaban un fallo. Era una línea contínua de unos y ceros en el que ambos esperaban el hueco en la serie. Unos, a través de un saque de esquina, los otros, a la espalda de los laterales británicos. Pero, mientras Giuliano parecía haber vuelto a su versión del inicio de temporada, Lookman no terminaba de conectarse el juego. Y hacía falta el concurso del nigeriano en su ciudad natal. Si ustedes buscan un partido de goles, era en la otra ventanilla.
La pasión estaba más en el banquillo rojiblanco, con un Simeone quemando la banda, que en el campo, donde había más miedo que emoción. Y pese el pavor que generaba la vuelta del mejor Saka, que había marcado el fin de semana ante el Fulham, el mayor peligro venía de un Gyokeres que parece haber recuperado la versión del Sporting. El sueco, con su último doblete en Premier, es el segundo jugador gunner con más de 20 goles en su temporada de debut (21).
Saka celebra el primer gol en el Emirates.Alastair GrantAP
Precisamente, ambos jugadores encontraron el fallo en Matrix. Un balón en profundidad para el sueco terminó con un centro que Trossard remató provocando una gran intervención de Oblak. La defensa rojiblanca se durmió en el rechace y Saka apareció para batir al esloveno. Un tanto que llegaba en el minuto 44 para pesar del ánimo rojiblanco.
La obligación rojiblanca era acelerar el ritmo del partido. Tenían capacidad para ello y la exigencia competitiva y física del Arsenal probablemente le impediría mantener el ritmo de un equipo que lleva un mes jugando con el filial en liga. Por lo pronto, las líneas se adelantaron varios metros y el juego se acercó más a la portería de Raya. El primer susto lo dio Giuliano con un balón largo de Pubill que gana en primera instancia a Gabriel y al portero español y, sin oposición, ve como el central brasileño le recupera el terreno perdido y la desvía a córner.
Penalti no pitado
El duelo pudo cambiar si Siebert, árbitro con el que nunca ha ganado el Atlético, hubiera apreciado el penalti que le hicieron a Griezmann y no pitado una inexistente falta a Gabriel de Pubill. No obstante, fue Gyokeres el que poco después perdonó a los rojiblancos tras fallar un remate a un centro cruzado de Hincapié. Las contras del Arsenal hacían daño a un Atlético ya volcado.
Faltaba la épica. Una locura de Molina o una aparición de Baena, con Julián fuera por lesión. Y apareció, pero Sorloth desperdició la dejada del andaluz. Entonces Arteta metió el programa de contención en el ordenador y, con viento a favor, la IA se encargó de apagar poco a poco el corazón rojiblanco. El Deep Blue ha llegado al fútbol y estará en Budapest. El rojiblanco llora, sufre y siente y en Londres dice adiós a la temporada.
Atenas tendrá que esperar. Aguardar a un Real Madrid que lo merezca, un Madrid que vuelva a la Final Four por la puerta grande y no con una versión tan mezquina como la mostrada en el tercer round de la serie contra el Hapoel de Tel Aviv, que le pasó por encima en la segunda mitad. La eliminatoria se marcha al cuarto, el jueves de nuevo en Bulgaria. [76-69: Narración y estadísticas]
Y, si no quiere sustos ni quintos partidos (aunque se celebraría en el Palacio), el Madrid deberá olvidarse de sí mismo, de su cara lejos de casa, donde toda la temporada lleva penando. No puede tener el mismo equipo dos versiones tan en las Antípodas. No puede colapsar Campazzo. Ni puede el que se presume como su líder maravillar el domingo y enfangarse el martes; Hezonja, como el Madrid, pasó del cielo al infierno: con 33 puntos en toda la segunda parte cayó con merecimiento ante un Hapoel mucho más fiero y concentrado, que se apoyó en su líder Elijah Bryant y encontró en Kessler Edwards la kriptonita en la pintura.
Va de vaivenes. Del domingo por la mañana al martes por la tarde, viaje a Botevgrad de por medio, el Real Madrid pasó de encajar 63 puntos en el Palacio contra el UCAM Murcia a 34 a domicilio frente al Hapoel. Primeras partes camaleónicas, mentalidades dispares. Parecía un buen indicio. Del desenfreno a la seriedad, porque Europa no permite tantas fiestas. En un escenario impropio de estas alturas de la mejor competición continental, un pabelloncito que ni siquiera estaba repleto, ambiente de torneo de pretemporada, los blancos amanecieron con la determinación de regresar a casa cuanto antes, de sellar a la primera el billete hacia Atenas. Primeras intenciones de empujar al abismo al grupo de talentos sin demasiada personalidad ni espíritu colectivo que maneja Dimitros Itoudis. Por si acaso.
Y sin Tavares, Alex Len quiso reivindicarse temprano, aunque ahí se quedó. Pero sobre todo era cuestión de defensa lo que hacía dominar entonces al Madrid. Cuando encarriló cinco triples consecutivos (los únicos que iba a meter en toda la primera mitad a excepción del postrero de Hezonja), se disparó la distancia (23-33 fue la máxima). Pero tampoco todo era para festejar. Maledon se cargó con tres faltas, Hezonja parecía de resaca emocional tras su histórica exhibición del domingo contra el UCAM Murcia y Usman Garuba, que había dejado momentos de pura reivindicación, se fue al banquillo con un dedo maltrecho. Y el Hapoel, como quien no quiere la cosa, apoyado en las cualidades enorme de Elijah Bryant, acudiendo mucho más al tiro libre (como si alguien hubiera escuchado el lamento de su entrenador tras el primer partido en el Palacio), asestó un 11-0 que le dejó bien cerquita al descanso.
Esa inercia iba a acelerar a la vuelta. Y ahí estuvo la clave. El Madrid se resquebrajó inexplicablemente. Avasallado por el paso adelante rival, energía y agresividad, y contagiado de la frustración de Hezonja, un tipo capaz de atravesar de la excelencia al desastre de un partido a otro. Viéndole fallar tiros mal seleccionados, perder balones y atiborrarse de faltas de ataque se entiende mejor el mensaje sobre el "liderazgo" que le mandó Scariolo el mismo domingo. Así que el Madrid encajó un parcial de 18-1, tirando por tierra todo el esfuerzo anterior. Creció Kessler Edwards, abusando de Len, y sólo Trey Lyles y algo de Feliz y Deck dieron oxígeno a los blancos antes de la hora de la verdad del acto final.
Sin embargo, era demasiado el lastre. Volvieron Hezonja y el tocado Garuba, como un león enjaulado, y Lyles pareció tocar a rebato (65-61 tras un triple del canadiense, a falta de 2:26). ¿Otra loca remontada? En absoluto. Bryant contestó con un triplazo que le quitó las ganas y los fallos en los tiros libres (apenas 7 de 15), por si acaso, fueron el remate a la condena del Real Madrid. Con la sensación de oportunidad perdida, pero con dos balas todavía en la recámara para regresar a la Final Four.
La Quiniela cumplirá el próximo mes de septiembre 80 años y lo celebrará incluyendo por primera vez en su historia partidos de la Liga F, la primera división del fútbol femenino español. El Gobierno ha anunciado hoy una medida que busca promover todavía más el torneo y la visibilidad de las futbolistas, además de añadir "más recursos para asegurar la viabilidad económica, mejorar sus estructuras y seguir elevando el nivel competitivo de la liga", tal y como explicó este martes el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes.
El anuncio se desarrolla a través de un Real Decreto incluido en el orden del día del Gobierno, que transforma el actual modelo del juego estatal, limitado a partidos de Primera y Segunda Divisiónmasculinas, para dar la entrada al fútbol femenino.
Con esta inclusión, la Liga F recibirá el 15% de los ingresos recaudados por los impuestos de la Quiniela (Impuesto sobre Actividades de Juego correspondiente a las apuestas), que según aseguran fuentes del acuerdo a este periódico pueden alcanzar los cinco millones de euros anuales.
El fútbol masculino ingresará el 30,50%, un 15% menos que antes (hasta ahora era un 45,5), por lo que perderá unos cinco millones anuales; la Federación Española el 4,55% y las diputaciones provinciales se quedarán con el 49,95%.
El número de partidos de la Liga F que aparecerán cada semana en la Quiniela será decisión final de Loterías y Apuestas del Estado, asegurando siempre al menos uno y añadiendo todavía más en los parones de selecciones que afecten a LaLiga.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, consideró que la medida representa "una apuesta por la igualdad dentro y fuera del campo" y "un paso más para que la Liga F oficial española siga siendo una referencia internacional". "Profesionalizar el fútbol femenino es mucho más que una medida deportiva: es una apuesta por la igualdad dentro y fuera del campo", escribió en redes sociales.
La medida fue celebrada especialmente por la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), que recordó que viene reclamando esta inclusión desde el año 2019, cuando lanzó la campaña 'Quinielas en Femenino'. "La presencia de la Liga F en la Quiniela es un paso firme hacia la igualdad y el reconocimiento del fútbol femenino, y estoy orgulloso del trabajo realizado por AFE para hacerlo posible", subraya David Aganzo, presidente de AFE.
En palabras de Beatriz Álvarez, presidenta de la Liga F, este paso "no solo incrementa la visibilidad de Liga F, sino que también refuerza la sostenibilidad de nuestros clubes y el crecimiento global de la competición".
Kylian Mbappé ha roto su silencio. El francés, que ha trabajado este martes en Valdebebas para recuperarse de su lesión a pesar de que el primer equipo tenía el día libre, ha emitido un comunicado a través de su entorno para aclarar la polémica de su viaje a la costa de Cerdeña con la actriz Ester Expósito, motivo de enfado en buena parte del vestuario, de la afición y en algunos despachos del Real Madrid.
"El periodo de recuperación está estrictamente supervisado" por el Madrid, afirmó este martes a la agencia AFP su entorno, mientras continuaban las críticas por sus imágenes de vacaciones durante la última semana. El galo aterrizó junto a su pareja en el aeropuerto de Barajas sólo 12 minutos antes del inicio del partido del conjunto blanco ante el Espanyol.
Ausente desde el 24 de abril debido a una lesión en la parte posterior del muslo izquierdo, el delantero francés es duda para el clásico del domingo contra el Barcelona y pasará distintas pruebas médicas mañana miércoles y el viernes para determinar su estado para el duelo.
"Una parte de las críticas se basa en una sobreinterpretación de elementos relacionados con un periodo de recuperación estrictamente supervisado por el club, sin corresponderse con la realidad de la implicación y el trabajo que Kylian realiza a diario para el colectivo", indicó este martes el entorno de la estrella francesa del Real Madrid en un comunicado transmitido a la AFP.
El domingo, el entrenador del Real Madrid, Álvaro Arbeloa, aseguró: "Cada jugador, en su tiempo libre, hace lo que considera oportuno; eso no es asunto mío".
"No hemos construido el Real Madrid con jugadores que juegan en esmoquin, sino con jugadores que terminan el partido con la camiseta llena de sudor y barro, a base de esfuerzo, sacrificio y constancia", añadió, en una alusión apenas velada —según algunos observadores— a la falta de esfuerzo en la presión del capitán de la selección francesa, reiterando que "ningún jugador es más grande que el Real Madrid".
Con 41 goles en 41 partidos, Mbappé es el jugador más decisivo esta temporada en el Madrid, que, sin embargo, podría vivir su quinta temporada sin títulos en el siglo XXI tras 2004-2005, 2005-2006, 2009-2010 y 2020-2021.
El legendario jugador de baloncesto puertorriqueño José 'Piculín' Ortiz, miembro del Salón de la Fama del Baloncesto Internacional, ha muerto en la madrugada de este martes a sus 62 años tras una ardua batalla contra el cáncer colorrectal, confirmaron fuentes deportivas.
Ortiz, quien compitió en cuatro Juegos Olímpicos (Seúl 1988, Barcelona 1992, Atlanta 1996 y Atenas 2004) y jugó tanto en la NBA como en la Liga española.
Según informó en un comunicado la Federación de Baloncesto de Puerto Rico, el legendario pívot se encontraba recluido en el Hospital Ashford, en San Juan, desde el 1 de mayo, y se mantuvo acompañado en todo momento por su esposa, Sylvia Ríos, así como por su hija, Neira, familiares y allegados.
El de Albonito (Puerto Rico, 1963) llegó a competir en la NBA, después que los Utah Jazz lo eligieran con el número 15 en el 'draft' de 1987. La franquicia lo tuvo en sus filas durante dos temporadas, la de 1988-1989 y 1989-1990.
'Piculín' Ortiz fue un destacado jugador en la Liga ACB, en la que vistió la camiseta del CAI Zaragoza, antes de ir a la NBA, y a su regreso, jugó en el Real Madrid, el Barcelona, el Festina Andorra y el Unicaja Málaga. Con el conjunto azulgrana, ganó la Copa del Rey y fue subcampeón de la Copa de Europa.
Además, jugó en los griegos Gymastikos Larissas, Iraklis Creta y Aris Tesalónica, equipo con el que ganó la Copa Korac. En 1997 fue fichado por el Guaqueríes venezolano.
No fue la misma actitud la de Simeone que la de Arteta. Uno entró en la sala de prensa del Emirates relajado, como si no fuera la semifinal de la Champions League la que se jugara hoy entre dos equipos que nunca la han conseguido ganar y que llevan cuatro finales perdidas entre ambos. El otro lo hizo con un atisbo de rabia contenida. Algo más relajado tras la victoria ante el Fulham el pasado fin de semana, pero con la presión del favorito que se desmorona en la parte clave de la temporada. "De la manera que compiten, que juegan y el deseo de ganar... Me han demostrado que hay que confiar en ellos. Mañana [por hoy] será un partido diferente pero estamos preparados para competirlo y jugarlo", expresó el vasco.
Mientras las preguntas y respuestas del ténico gunner llevaban aparejado un deje de necesidad de victoria, de reivindicación, las del Cholo iban más hacia el terremo emocional, con algunos momentos verdaderamente graciosos, como cuando le preguntaron por el cambio de hotel del partido de octubre al de hoy, en el que el entrenador argentino justificó entre risas que fue por el precio cuando toda la prensa que sigue al Atlético de Madrid sabe que es por pura supersitición. Y también cuando se inmiscuyó en la respuesta de Griezmann, el jugador que le acompañó en la rueda de prensa, sobre los partidos importantes que ha jugado y le quedan por jugar al francés. "Eres campeón del mundo", le susurró a su pupilo para sacarle media sonrisa en plena comparecencia.
Actitudes aparte, hoy se juega el partido más importante de la temporada del Atlético. El único objetivo que le queda a la entidad tras la derrota frente a la Real Sociedad en la final de la Copa del Rey. "Convencidos de lo que tenemos que hacer. El plan que se elija habrá que llevarlo hasta el final", apuntó el Cholo sobre la importancia de seguir un camino que trazó desde que se llegó a este club hace ya más de 14 años. "Estamos convencidos de lo que queremos", repitió.
También lo es, o uno de ellos, en la carrera de Griezmann. El francés ha jugado finales de Champions y de Europa League, pero esta es la última temporada como rojiblanco y, de no ganar, este podría ser el último partido del francés a nivel europeo como jugador del Atlético pese a que hubo rumores de que podría dejar el equipo en marzo. "Siempre fui claro que mi idea era seguir aqui porque sentía que se podía hacer algo increíble. No lo dudé y estamos a un paso. El equipo lo sabe, se ve tranquilidad y confianza", lanzó el galo.
Dice que su rol actual es liderar con el ejemplo. Lo de las charlas a los jóvenes se lo deja a Koke. La experiencia le ha dado la capacidad de saber imponer la pausa en el juego cuando es necesaria. "Cada vez que empezamos la Champions te ves levantando el trofeo y cualquier jugador cuando era niño lo ha hecho. Nos hemos situado a dos partidos y hay que estar bien tácticamente y seguir la línea del segundo tiempo en casa", proyectó el jugador.
Griezmann, seguro, Julián...
El galo será uno de los fijos en el once del Cholo, pero existe la duda con Julián Álvarez, que realizó la primera parte del entrenamiento rojiblanco al margen del grupo. "Por más que le demos vueltas los entrenadores el fútbol todo pasa por los jugadores y tenemos que hacer que lleguen de la mejor manera al juego. Creo que la experiencia y el tiempo te da más calma y la paz para enfrentar un partido como éste", lanzó el técnico, confirmando que tanto Giuliano como Julián o Sorloth estarán hoy aunque no sabe si para 30,45, 60 o los 90 minutos.
Esta noche se determinará si Arteta sigue serio, Simeone sonriente y Griezmann esperanzado. Lo juzgará Daniel Siebert, un colegiado alemán con el que el Atlético nunca ha ganado. Pero las estadísticas y las supersticiones... están para romperlas.
¡La pelota, a la mierda! Fue el primer grito de Diego Pablo Simeone cuando llegó al Cerro del Espino, lugar de entrenamiento del Atlético. Primero el orden, después el movimiento, porque el segundo sin el primero es un caos. El Atlético que encontró el argentino era como el puzle del que se han caído todas las piezas al suelo. La obsesión por la posición conecta a entrenadores que parecen estar en las antípodas, como Simeone y Johan Cruyff o su discípulo Pep Guardiola. La realidad es que no están tan alejados, porque la pelota, como la Tierra, es redonda y se mueve. Una vez ordenado, todo equipo necesita a quien conozca las leyes de ese movimiento, indescifrables para la mayoría, a su Galileo. Esta madurez de Antoine Griezmann nos ofrece, posiblemente, la mejor versión de esa representación en los 14 años de la era Simeone, de nuevo frente al Rubicón de la Champions. Es un Galileo que ha conocido la gloria y que ha sobrevivido a sus errores y a intrigas propias de la Inquisición, más convencido que nunca de lo que siempre se susurró a sí mismo, fuera en el Calderón como en el Stade de France: Eppur si muove. Y, sin embargo, se mueve.
«Hemos tenido un genio del fútbol. Nos daremos cuenta con el tiempo. Ojalá que Dios y el destino le den lo que está buscando». Galileo, condenado a cadena perpetua, conmutada por una especie de arresto domiciliario, por los supuestos intérpretes de Dios en la tierra, y ciego no pudo escuchar los elogios que le llegan a Griezmann de todas partes. En el caso del hombre de ciencia hicieron falta siglos. Por una vez, el fútbol despide con amor, no con odio, en perfecta coordinación el Atlético con su nuevo destino, Orlando, a la nueva estrella de la Mayor League Soccer.
Simeone da instrucciones desde la banda.JOSE JORDANAFP
"Si no corres, vas fuera"
Las reiteradas palabras de Simeone sobre el francés se condesaron precisamente en una emocionante declaración de amor antes de enfrentarse al Barcelona en la Champions. «Te quiero», proclamó, con los ojos húmedos, y añadió: «Pero si no corres, vas para fuera».
Al Cholo se le quiere corriendo, hecho que todavía otorga más mérito a la adaptación de este futbolista a un hábitat para el que no parecía predestinado por sus condiciones. Lo mismo ocurría en Francia, país que tuvo que dejar porque la competencia física con los futbolistas de raza negra le apartaba de las primeras selecciones de los técnicos en su periodo de formación.
«Siempre estaré agradecido a la Real Sociedad, porque apostaron por mí cuando no lo hacían en mi país», afirma el jugador. Años después, en 2018, Griezmann sería el epicentro de la conquista del segundo Mundial para Les Bleus y del final de los complejos por el peso del 98 para varias generaciones de futbolistas franceses.
«Antoine, tengo que decirte algo. Gracias por todo lo que has hecho por el fútbol francés, la selección y el fútbol en general. Me has dado mucho», afirmó Thierry Henry en directo, en el plató de CBS Sports, después de que el Atlético eliminara al Barcelona. Griezmann ya no estará sobre el césped en el Mundial del próximo verano por decisión propia. La suya ha sido una relación de encuentros y desencuentros con el fútbol francés y la selección, sea por sus complicados inicios o por la decisión de Didier Deschamps de ceder a la petición de capitanía por parte de Kylian Mbappé, hecho que precipitó la primera renuncia a Les Bleus de Griezmann. El regreso nunca fue lo mismo. «Estaré en la grada con mi hijo y la camiseta de Francia», dice, sin rencores.
Griezmann, durante el partido contra el Arsenal.JAVIER SORIANOAFP
El hombre que, hoy, le dice «te quiero», ayer le hizo padecer. El salto de la Real Sociedad al Atlético le obligó a un periodo de adaptación que ha acabado con más de uno. Es la mili del Cholo. Pasado ese tiempo, Griezmann no sólo se adaptó al ecosistema futbolístico, también al emocional, incluso con el mate en las manos. El crecimiento le llevó a uno de los mejores contratos de la Liga, 20 millones al año libres de impuestos, y a la ambición por «sentarse a la mesa de Messi y Cristiano», legítima, pero también a la confusión. El error no estuvo en la decisión de irse al Barça tanto como en las formas de hacerlo, con dos intentos cargados de indecisiones y polémicas. Dejó a la vez a Simeone y al hombre que había custodiado con criterio su carrera, el agente Iñaki Ibáñez, y se enredó en un laberinto en el que aparecían familiares y abogados que pedían lo suyo. La chapuza costó dinero al futbolista y al Barcelona de Josep Maria Bartomeu, y todavía tiene recorrido en los juzgados.
El 'Santo Oficio' de Messi
Las intrigas de los despachos no eran menos en el vestuario, a ojos de Griezmann, que sentía que lo miraban con celos por haber ganado el Mundial, desplazado por el Santo Oficio de Messi. No todo eran maravillas en el país de Leo. La vuelta al Metropolitano fue como la de un penitente, de rodillas, con los brazos en cruz y sin condiciones.
A los 35 años, los partidos de Griezmann se han convertido en una especie de cátedra en el Metropolitano. El francés ha dado pasos atrás para convertirse en un organizador ofensivo colosal. «Cada balón suyo mejora al equipo», reconoce Simeone. Lo hace sin perder su capacidad de llegar al área, al gol.
Griezmann no es el primer caso de delantero que al retrasar su posición, despliega su visión y calidad. No es lo mismo hacerlo con el aliento del rival en el cuello a que varios metros. Lo vimos con Juanito en su madurez, en algún partido del otoñal Raúl, en el autodestructivo Wayne Rooney o en el incansable correcaminosSweinsteiger cuando se plantó en los medios.
Todos conocían las leyes del movimiento tanto como Griezmann, que intentará mover el balón como si fuera la Tierra para provocar un eclipse en el Emirates de Londres. Si lo consigue, cuando el sol alumbre de nuevo encontrará al Atlético en Budapest.