El PSG abolió al Bayern

El PSG abolió al Bayern

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En un fantástico ejercicio defensivo, el PSG de Luis Enrique anuló a un Bayern dominado por una ansiedad excesiva, incapaz de atravesar el muro capitaneado por Marquinhos. Se derrumba así la leyenda de que el equipo francés no sabe defender.

La clave estuvo, obviamente, en el gol de Dembélé a los dos minutos de juego, tras una travesura de Kvaratkhelia. El aspirante al Balón de Oro disparó al centro de la portería de Neuer. Le favoreció hacerlo tal y como le vino el balón, algo que muchos jugadores parecen haber olvidado: el arte de rematar a la primera.

Ese instante hizo zozobrar al Bayern, que jugó con una ansiedad desmedida, con una rapidez atropellada que terminó por llevarle al cadalso. Estuvo en la lona durante casi todo el partido, como un boxeador tocado, al borde del K.O.

No bastaron los esfuerzos del colombiano Luis Díaz, el mejor del equipo alemán. El Bayern estuvo eliminado prácticamente desde el inicio y, cuando el partido ya agonizaba, en los minutos de la basura de la prórroga, a Kane solo le alcanzó para marcar un gol: un ilusionismo demasiado tardío.

No creo que Luis Enrique planteara de inicio un partido defensivo, a la contra. Pero, con la ventaja mínima, su equipo se replegó con inteligencia, esperando una transición liderada por el insuperable Kvaratkhelia o por un Dembélé a la caza en la selva alemana.

Quizá Luis Enrique retrasó aún más al equipo cuando el ingenuo Olise forzó una tarjeta amarilla a Nuno Mendes. El Bayern creyó entonces encontrar la escalera para asaltar el muro francés. Sin embargo, el técnico asturiano reaccionó con inteligencia: situó a Mendes en el centro de la defensa y colocó a Fabián Ruiz para frenar a Olise, el 'Lamine Yamal' francés del Bayern.

Fabián estuvo sobresaliente. De hecho, el Bayern terminó olvidándose de atacar por ese costado. Firmó un gran partido, hasta que el físico le pidió tregua. Conviene recordar que el gol de Dembélé nace de un magnífico pase suyo, una actuación que refuerza su candidatura para volver a la selección española.

La esterilidad del Bayern

El defensa Pacho fue un auténtico baluarte. No jugaba Achraf Hakimi, pero João Neves estuvo extraordinario en el lateral derecho. Parece un jugador diminuto, pero posee una fuerza y un coraje admirables; incluso rozó el gol en un cabezazo.

La posesión del Bayern fue escandalosa, pero estéril: apenas generó ocasiones. El PSG, en cambio, pudo haber ampliado la ventaja gracias a ese prodigio de nombre impronunciable, Kvaratkhelia, que tiene a Guti como ídolo.

Al Arsenal, este PSG le dolerá como una muela infectada. Porque al Bayern se le puede frenar, pero a este PSG parece imposible. Luis Enrique ha logrado algo incuestionable: convertir a su equipo en el rey actual de la Champions. A rey muerto -el Real Madrid-, rey puesto: el PSG.

El PSG quiere más gloria: se jugará contra el Arsenal su segunda Champions

El PSG quiere más gloria: se jugará contra el Arsenal su segunda Champions

El PSG lleva una vida y miles de millones persiguiendo reinar en Europa. El talento lo domó Luis Enrique para que supiera cuándo cabalgar sobre un fútbol salvaje, y cuando sujetar un resultado que, como en Munich, te lleva a pelear por más gloria. Los franceses defenderán su corona en la Champions el 30 de mayo ante el Arsenal en otro hito histórico .[Narración y estadísticas: 1-1]

Como si toda la semana hubiera sido un entreacto del espectáculo que arrancó en el Parque de los Príncipes, se cambió de escenario, pero no de libreto. PSG y Bayern recuperaron el aliento para volver a un fútbol salvaje a una velocidad que no tardó en dar ventaja a uno de los rivales. A los tres minutos, Fabián lanzó un balón a la espalda de Laimer, por donde ya corría Kvaratskhelia, capaz de acelerar y alzar la cabeza para, con una precisión quirúrgica, servir a Dembélé, que aparecía solo en el segundo palo, el primer gol.

Había que frotarse las manos porque se asomaba otra noche grande, pero no sucedió con el mismo descaro o, al menos, con tanta efectividad. Nadie dudaba en la grada del Allianz de que el Bayern iba a responder, aunque le costó más de lo esperado. El primer tiro fue una falta desviada de Olise en el minuto ocho. El equipo de Kompany tenía que encajarse. Laimer, acoplado a la orilla derecha, sufría con los retos del georgiano, Harry Kane estaba oculto y a Olise le faltaba el punto de lucidez que tuvo en París para desquiciar a Nuno Mendes. Quien estaba afilado era Luis Díaz, que quebrando a Zaïre-Emery, dejó solo a Musiala al borde del área pequeña. Pero Vitinha, multiplicado, se anticipó.

De portería a portería, porque de ese despeje armó una contra Kvaratskhelia retando a Upamecano, convertido en su sombra. En los costados zurdos estaba el peligro, porque el colombiano, otra vez, sacó los colores con tres recortes como si fuera un junco para acabar con un derechazo demasiado cruzado.

Empezaba a soltarse el Bayern, sin que eso supusiera que el equipo de Luis Enrique temiera en exceso, porque las pulsaciones del partido empezaban bajar. Probó Olise con un zurdazo de rosca buscando la cruceta, pero el francés no acababa de explotar que había forzado la amarilla de Nuno Mendes nada más arrancar el duelo. Por eso todo el Allianz reclamó una segunda por mano que el colegiado portugués no le enseñó al creer haber visto antes otra de Laimer, que no existió.

Quien seguía sin aparecer pasada la media hora de partido era Kane. Estaba lejos de ser el jugador que catalizaba el juego de su equipo como hizo en París. Se esforzaron los alemanes en reclamar una mano de Joao Neves en el área a un despeje de Vitinha en su área y, a la jugada siguiente, los dos portugueses volvieron a ser protagonistas. El de Oporto sacó su varita para convertir una lejana falta en un centro tenso que el bajito Neves cabeceó al segundo palo obligando a Neuer a hacer la primera parada de la noche.

Luis Enrique festeja con su cuerpo técnico.

Luis Enrique festeja con su cuerpo técnico.AFP

Hasta ese momento, cada pérdida del Bayern era una descarga eléctrica que proyectaba al PSG al área obligando a los bávaros a un repliegue perfecto. Por eso, acercándose a la media parte, espabilaron. Apareció Musiala para armar dos jugadas de peligro, un centro raso desde la línea de fondo que escupió la mano de Safonov y un remate demasiado cruzado tras colarse hasta el corazón del área por el pasillo entre Pacho y Marquinhos. Con los alemanes activados, a Tah se le escapó el testarazo con el que remató una falta servida por Kimmich.

Al inicio de la segunda parte, el Bayern perdió ese picante. El crono corría en su contra, necesitaba dos goles y la precipitación apareció evitando el vértigo y, sobre todo, la precisión. Mientras, Luis Enrique veía cómo su equipo se sostenía cómodo en defensa pero no conseguía que envenenara el partido en ataque. Para eso iba a echar mano de Barcola para incrementar el vértigo, pero antes lo logró Doué forzando a Neuer a sacar otra mano salvadora.

Kompany buscó activar a sus hombres para tratar de forzar una prórroga que se veía lejana, encerrando a los parisinos y obligando a Safonov a salvar los remates de Luis Díaz y Olise. Y es que no estaba todo inclinado hacia una portería, como demostraron Kvaratskhelia en una contra que acabó en un peligroso tiro de Doué, el arma más letal junto con el georgiano, que golpeó al aire la ocasión para el 0-2. Solo encontró el Bayern el gol de Kane en el añadido, cuando ya no servía para tumbar al campeón, que demostró que también sabe arremangarse.

Todos los detalles del PSG-Bayern, un partido para la historia de la Champions: 9 goles en 13 remates, 90 ataques y 223,6 kilómetros recorridos a un ritmo brutal

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Fue vertiginoso, caótico, impredecible, fue una hora y media de entretenimiento maravilloso en mitad de la atonía que mayoritariamente preside el 90% de las sesiones de fútbol. PSG y Bayern, Luis Enrique y Kompany, perpetraron anoche un partido que pasará a la historia del fútbol, no solamente de la competición que lo acogió. Y lo hará por muchos motivos, pero sobre todo porque recuperó la esencia perdida de este deporte: coger la pelota y, sin pensárselo mucho, intentar meterle un gol al portero del otro equipo. Tan fácil. Tan difícil.

El duelo se jugó a un ritmo salvaje. La imagen de Hakimi, inmovilizado por unos calambres en su pierna derecha durante los últimos minutos, sirven para ilustrar que, entre los dos equipos, corrieron 223,6 kilómetros (109 el PSG y 114,6 el Bayern). No son datos escandalosos vistos de forma aséptica, pero sí cuando se tiene en cuenta a la velocidad de ese recorrido. En casi un 40% de esos kilómetros, los esfuerzos de los jugadores fueron de alta intensidad. Brutal.

Entre los dos equipos, dispararon 13 veces a portería. Nueve goles, es decir, el 70% de los tiros a puerta acertaron. Entre ambos equipos iniciaron 90 veces un ataque, aunque aquí el desequilibrio es evidente, pues el Bayern lo intentó 62 veces y el PSG solamente 28. También la posesión fue favorable a los alemanes (45%-55%) y llama la atención, por último, un detalle. Jugado a un ritmo espeluznante, la precisión en el pase de los futbolistas fue del 87% en el caso de los locales y del 88% en el caso de los visitantes.

Sin embargo, lo que queda de la noche de ayer en París no son los números. Son las sensaciones: "Es, sin duda, el mejor partido en el que he estado como entrenador", dijo Luis Enrique, eufórico, como todos los presentes en el Parque de los Príncipes, poco después de haber terminado. "Ha sido increíble", concedió Kompany, algo molesto, eso sí, por el penalti que le pitaron a Davies. "Es el partido que siempre soñé jugar desde niño", contaba Marquinhos, el capitán del PSG sobre el tercer partido en toda la historia de las semifinales de la Copa de Europa en el que se marcaban nueve goles.

Pero lo mejor del partido de ayer es que, quizá, lo (también) mejor esté por venir. "Estoy seguro de que la vuelta será una fiesta como la de hoy". Palabra de Luis Enrique.

Oda al fútbol de PSG y Bayern: nueve goles en 70 minutos y ligera ventaja de los parisinos hacia la final de la Champions

Oda al fútbol de PSG y Bayern: nueve goles en 70 minutos y ligera ventaja de los parisinos hacia la final de la Champions

No se podía pestañear en el Parque de los Príncipes sin perderse un gol. Desacomplejados, sin especular, PSG y Bayern interpretaron una oda al fútbol, retándose a pecho descubierto, golpe tras golpe de dos de los mejores ataques de Europa, como si no estuviera en juego un billete a la final de la Champions. De momento, lo tienen los parisinos, pero el 5-4 es una ventaja corta cuando nadie especula. Qué importa cómo se defiende cuando hay letalidad en ataque. Ni Luis Enrique ni Kompany son entrenadores que les pidan a sus futbolistas contención. Al contrario, el mensaje, o eso pareció en 90 minutos que pasarán a la historia, es que pisaran el acelerador a fondo. [Narración y estadísticas: 5-4]

Lo demostró el Bayern durante los primeros 20. Se quedó la pelota y, a una velocidad endiablada, fue cercando a Safonov. Olise empezó a ser una pesadilla para Nuno Mendes y Kane a demostrar que, si bien el arrebato lo ponen por las alas el francés y Luis Díaz, él tiene la capacidad de tomar la decisión perfecta. El dominio bávaro se tradujo en que apenas apareció Vitinha, Dembélé no tocó pelota en los primeros diez minutos y el PSG no trenzó una jugada, que acabó con centro de Kvaratskhelia buscando la cabeza Balón de Oro, hasta el cuarto de hora.

Y ahí empezó el vértigo. El centro lo escupió Upamecano y lo cazó Luis Díaz en una contra salvaje en la que se apoyó en Olise, Kane y Kimmich antes de meterse en el área y que Pacho lo arrollara. Penalti que el 9 inglés convirtió para abrir el partido (0-1). Pudieron los alemanes aprovecharse de la ligera zozobra parisina con otra internada de Olise hasta la línea de fondo para sacar un pase atrás que salvó Safonov y rebotó en Marquinhos para estrellarse en el poste. El equipo de Kompany, sancionado y dejando los mandos a Aaron Danks, parecía jugar con una velocidad extra que el PSG no había encontrado.

Como también la tiene, apareció. En cuanto la pelota empezó a pasar por su brújula portuguesa, siguió por Doué y Kvaratskhelia y acabó en Dembélé. Fue el Mosquito quien primero tuvo el empate, pero solo ante Safonov, abrió en exceso su remate desde el costado izquierdo. No pasó ni un minuto cuando el georgiano, engañando a Stanisic con un amago, ajustó su rosca al segundo palo para sorpresa de Neuer (1-1).

El empate fue un toque de zafarrancho. A Olise no lo podía parar Nuno ni con la ayuda de Marquinhos, con amarilla desde muy pronto, pero Doué había espabilado tras una regañina de Luis Enrique y montó una contra con disparo ajustado que Tah envió a córner. De la bota de Dembélé en la esquina a la cabeza del bajito Joao Neves y al fondo de la portería alemana. El partido había girado por completo (2-1)

Upamecano marca el tercer gol del Bayern para recortar la ventaja del PSG.

Upamecano marca el tercer gol del Bayern para recortar la ventaja del PSG.EFE

El estadio veía a su equipo por delante, con otro mano a mano de su 10 que evitó Upamecano, pero también a un Bayern en el que Luis Díaz generaba pánico por la banda izquierda, poniendo balones al área que Musiala se atrevía a desperdiciar. Era un duelo de dos equipos descosidos. De esa locura sacó primero provecho, de nuevo, el Bayern, con Olise metiéndose hasta el área pequeña rodeado de rivales y, en un palmo, soltar un zurdazo para volver a empatar (2-2). Era el minuto 41 y, en el añadido, hubo tiempo para que el VAR revisara una mano de Davies. El colegiado suizo las vio y señaló un penalti que Dembélé no falló (3-2).

Tenían que reaccionar los alemanes en la segunda mitad, pero no esperaban que Hakimi encontrara una autopista y que asistiera al punto de penalti, que saltaran Dembélé y Zaïre-Emery y apareciera Kvaratskhelia para marcar el cuarto (4-2). No tardó en llegar el quinto, del Mosquito con una carambola con el poste (5-2).

Lejos de bajar los brazos, el Bayern aceptó el reto: si la eliminatoria iba a goles, los marcarían. Upamecano, cabeceando una falta de Kimmich, recortó (5-3) y Luis Díaz, en una contra bailada con Marquinhos, dejó la diferencia en un gol. Llegaban los alemanes más enteros al tramo final, donde el PSG trató de sujetar su ventaja. Lo logró, aunque vio cómo Mayulu se estrellaba en la escuadra y cómo Pacho sacaba un remate de Kimmich bajo palos. Fue lo único que tiraron a puerta que no acabó en gol. Una descomunal oda al fútbol.

Dos goles de Dembélé, castigo cruel para un encomiable Liverpool

Dos goles de Dembélé, castigo cruel para un encomiable Liverpool

Dos chispazos de Dembélé cuando más apretaba el Liverpool terminaron con la ilusión de un equipo encomiable, que por momentos construyó argumentos para el sueño. El francés resolvió con habilidad un buen centro de Barcola, incorporado desde el banquillo, y cerró la eliminatoria, que venía de cara para los franceses tras el 2-0 de la ida. Ya en el desenlace, de nuevo tras centro de Barcola, hizo el segundo. Lejos de su mejor versión, el vigente campeón supo sufrir para situarse en las semifinales, donde espera rival del cruce de este martes entre el Bayern Munich y el Real Madrid.

Compitió el equipo de Slot con sus propias armas, mejorado en la reanudación. Llegó vivo al descanso, más por entusiasmo que por fútbol. Tuvo incluso, fruto de un envío en largo de su guardameta, la posibilidad de adelantarse poco después de la media hora. Pateó Mamardashvili, puso un centro envenenado Salah dede la derecha, intervino Safonov y lo hizo a continuación Marquinhos, en una gran acción defensiva que evitó el remate franco de Van Dijk.

El PSG trataba de gobernar el juego fiel a su estilo, pero sin la finura que le distingue, con algún error en la circulación que insuflaba esperanza a los de casa. Advirtió Luis Enrique que a su equipo le tocaría gestionar los momentos difíciles. Y los hubo en un segundo acto donde se vio lo mejor de un Liverpool capaz de imponer su estilo directo, ganar las disputas en el medio campo e intimidar a su adversario, despersonalizado sin la compañía del balón

El árbitro rectificó un penalti que había señalado de Pacho sobre McAllister, tras consultar con el VAR. Era el minuto 64, en pleno abordaje red. El curso pasado, entonces en octavos de final, se vivió una situación en cierto modo análoga en el partido de ida, pero con mayores daños para el equipo francés. El PSG perdió 0-1 en su propio estadio después de dominar con suma autoridad y numerosas ocasiones. El Liverpool no pudo hacer bueno el marcador: cayó por el mismo resultado en el encuentro de vuelta y cedió en los penaltis.

Slot volvió a prescindir de Salah, como ya sucedió en la ida, pero tuvo que contar con el egipcio tras la lesión de Ekitiké, quien formaba en ataque junto al inane Isak, en su reaparición tras casi cuatro meses lesionado. Era una noche cargada de significado para Salah, tal vez la última con la camiseta de los reds en Europa. Era también una noche especial para Anfield, que creyó en los suyos, a la espera de la magia perdida en un estadio que sabe mucho de la mística. Digno en el combate, no le alcanzó al pentacampeón de Europa para culminar la heroica. Tampoco a Salah, a gran distancia de quien fue. Con oficio y guiado por sus contrastados automatismos, el PSG obtuvo ayer la rentabilidad que se le quedó corta en la ida. A los reds ya sólo les resta pelear por una plaza en la próxima Champions.

Un Liverpool en crisis se aferra a su decaído crédito en Anfield para remontar dos goles al PSG

Un Liverpool en crisis se aferra a su decaído crédito en Anfield para remontar dos goles al PSG

Pocas veces un 2-0 adverso puede merecer una interpretación esperanzadora. Arne Slot asumió que el Liverpool tuvo fortuna de salir con vida del Parque de los Príncipes. El PSG le sometió a un asedio poco rentabilizado en el marcador, que, no obstante, mantiene al vigente campeón de Europa como claro favorito para presentarse en las semifinales. "Tendremos que hacer algo muy especial. De otra manera, no habrá opción. Si jugamos como en París, estamos fuera", asumió este lunesr en conferencia de prensa Virgil van Dijk.

Goleado por el Manchester City en los cuartos de final de la Copa inglesa, tempranamente eliminado de la Copa de la Liga por el Crystal Palace y descabalgado de la lucha por la Premier, a 18 puntos del Arsenal, el Liverpool tiene esta noche la última oportunidad de hacer algo grande en un curso decepcionante.

Slot, que tras conquistar la Premier en primera temporada al frente del equipo ha visto cómo éste se le caía, esgrimió sus argumentos para levantar el marcador ante los de Luis Enrique, que ha tomado velocidad de crucero en el tramo crucial de la temporada. "En los 49 partidos que hemos jugado conmigo en el banquillo, 36 veces fuimos capaces de marcar dos o más goles. Cierto, no hemos jugador esos 49 partidos contra el PSG, pero los oponentes que tuvimos en la Liga de Campeones y en la Premier fueron muy fuertes".

Titubeante

Lo cierto es que Anfield, tradicionalmente bendecido por la mística, ha perdido este curso buena parte de su aura invulnerable. Son ya diez las derrotas sufridas por los reds en su propio estadio en la Premier League, donde el pasado sábado vencieron por 2-0 al modesto Fulham, con goles de Ngumoah y Salah. En Europa también asoma algún borrón, como el 1-4 sufrido ante el PSV Eindhoven en la fase regular.

En Salah se encarna la crisis del equipo al que ha liderado durante las últimas nueve temporadas. Suplente en el partido de ida, enfrentado con su entrenador a finales del pasado año, el delantero egipcio, de 33 años, afronta sus últimos meses en el club. Pero hay también problemas de otra naturaleza. La inversión de 450 millones de euros en fichajes no ha dado resultados.

Alexander Isak, por quien el Liverpool pagó 150 millones al Newcastle, sólo ha disputado 16 partidos, tras la grave lesión sufrida en diciembre. Volvió a una convocatoria para la ida en París. El francés Hugo Ekitike, contratado del PSG por 95 millones, ha sido la más rentable de las seis contrataciones y es el arma más solvente en ataque, con 17 goles, tres de ellos en el torneo continental.

Luis Enrique, cuyo equipo precisó los penaltis para eliminar al Liverpool en octavos de la pasada edición de la Liga de Campeones, se muestra en su papel y no quiere confianza alguna. "Necesitamos saber cómo manejar los momentos difíciles", dijo.

Doué y Kvaratskhelia tumban a un Liverpool que salió temeroso y reaccionó tarde en el Parque de los Príncipes

Doué y Kvaratskhelia tumban a un Liverpool que salió temeroso y reaccionó tarde en el Parque de los Príncipes

Pegada de campeón para decidir el primer asalto de unos cuartos de final de la Champions con aroma a revancha. El PSG, merced al acierto goleador de Doué y Kvaratskhelia, derrotó al Liverpool que acudió con temor al Parque de los Príncipes y que cuando intentó desprenderse de sus angustias ya resultó tarde.

En la víspera, Luis Enrique advirtió de que una de las claves de la cita sería controlar la posesión, manejar el tempo del partido. Para ello debía dominar el centro del campo, con Vitinha desbrozando el camino y cerrando las salidas de pase de Szoboszlai y Wirtz en la zona de tres cuartos. Así lo hizo en el inicio del encuentro.

El PSG abrió el campo para la facilitar las maniobras de Kvaratskhelia por la izquierda, de Dembélé por el centro y de la pareja Hakimi-Doué por la derecha. El arranque fue efectivo para los parisinos. A los 11 minutos, en la primer acercamiento a la portería rival, Doué abrió el marcador con un lanzamiento parabólico desde el borde izquierdo del área.

El Liverpool salió temeroso. Arne Slot tenía la obligación de cambiar una tendencia negativa (venía de perder 4-0 con el Manchester City en los cuartos de la FA Cup y de poner en peligro su clasificación para la próxima Champions), pero apostó por ser precavido, dejando en el banquillo a Salah y presentando una defensa con tres centrales y dos carrileros.

El Liverpool, en la visita al campeón, se auto motivó apelando a una doble revancha. Ekitiké quería saldar cuentas pendientes con un club que le traspasó tras apartarle de la actividad diaria y con Luis Enrique, que sólo contó con él durante ocho minutos en el primer partido de la liga francesa 2023-24. En la pasada temporada, los reds fueron eliminados por el PSG en los octavos de final tras ganar 0-1 en París y luego perder en su feudo en la tanda de penaltis. Aquella victoria cambió la historia del equipo parisino y dejó muy lastimado al inglés.

Unas heridas que anoche Slot intentó cicatrizar con un planteamiento cauto, con una defensa muy poblada, descolgando sólo a Ekitiké. Szoboszlai ponía las gotas de calidad. El húngaro hacía la competencia a Kvaratskhelia en el reparto de versatilidad y dinamismo.

Con el paso de los minutos, el Liverpool fue estirando las líneas, pero sin eficacia. En la primera parte sólo inquietó la portería de Safonov con un lanzamiento de Frimpong. Esa apertura facilitó los contragolpes de Dembelé y Duoé. El chaval de 20 años, poco después de la media hora, pudo marcar de nuevo pero fue superado por Mamardasvili en un duelo directo.

Luis Enrique se encontraba cómo con un dominio posicional que continuó en el segundo episodio. Dembélé erró una excelente ocasión con una lanzamiento dentro del área a los 10 minutos de la reanudación.

El Liverpool sostenía la figura con actitud combativa, presionando y robando el dominio. Mac Allister apretaba en la media punta y lograba conectar con el dinámico Ekitiké. A la hora de partido, los reds se desprendiendo de sus miedos, pero cuando parecía que iban a despegar llegó, en el minuto 65, el gol de Kvaratskhelia, tras recibir un pase de Joao Neves, y demostrar, una vez más, sus virtudes regateadoras dentro del área. Cinco después, el árbitro español Sánchez Martínez evitó la sepultura del Liverpool al anular, tras petición del VAR, un penalti de Konaté.

El último cuarto de hora fue agónico para los reds. En ese momento, Arne Slot, por fin, se acordó del banquillo, pero se olvidó de Salah. Introdujo cuatro cambios: Curtis Jones, Isak, Gakpo y Robertson para voltear la situación, pero todo resultó inútil. La vuelta volverá a ser complicada para los británicos.

Ekitiké, tras ser marginado por Luis Enrique y brillar en el Liverpool, prepara la vendetta en el Parque de los Príncipes

Ekitiké, tras ser marginado por Luis Enrique y brillar en el Liverpool, prepara la vendetta en el Parque de los Príncipes

Banquillo, convocatorias en blanco y silencios. Hugo Ekitiké (Reims, 2002) nunca encajó en el sistema de Luis Enrique. El talentoso delantero, que despuntó en todas las categorías inferiores del fútbol francés, vio frenada su trayectoria en el PSG. Ni el entrenador ni la dirección del club parisino confiaron en las condiciones de un chaval, que tras estar apartado del equipo y sin posibilidad de entrenarse, tuvo que marcharse a Alemania para enderezar su camino. Ahora, el marginado se consolida en el Liverpool. Este miércoles, el goleador regresa al Parque de los Príncipes, allí donde le hicieron la vida imposible. Es la hora de la revancha en la ida de los cuartos de final de la Champions.

Ekitiké es un nómada con raíces multiculturales. Su padre es de origen camerunés y su madre francesa. Se formó en la cantera del Stade de Reims, donde destacó por su potencia física, técnica y olfato goleador. En 2020 firmó contrato profesional con el club francés. En enero de 2021 se incorporó al Vejle Boldklub de Dinamarca en calidad de cedido para el resto de la temporada. Regresó al Stade de Reims para sellar, con el español Óscar García como entrenador, un excelente curso, con 10 tantos en 24 partidos. «Ekitiké tiene algo especial, atesora calidad y trabaja mucho en los entrenamientos», dijo entonces el catalán sobre un jugador que contaba 19 años.

En julio de 2022 recaló en el PSG. Anotó cuatro goles en 33 partidos y se proclamó campeón de la Ligue 1. Christophe Galtier otorgó confianza a un jugador que se entendía bien con Mbappé.

La llegada de Luis Enrique al PSG en verano del 2023 lo cambió todo. Entonces, la dirección del club presentó una remodelación de la plantilla y Ekitiké se quedó en un rol secundario. El técnico asturiano sólo contó con él en la primera jornada de la liga, en la que jugó ocho minutos. Los responsables del club le ofrecieron salir traspasado para facilitar el fichaje de Kolo Muani, pero el joven francés rechazó la propuesta y luego fue apartado del equipo.

Estrellla de la Bundesliga

El marginado se angustiaba y el final del túnel lo divisó en febrero de 2024, cuando fue cedido al Eintracht Fráncfort, escuadra en la que volvió a exhibir un alto rendimiento. En la formación germana estuvo durante un año y medio y anotó 26 tantos en 64 encuentros. Tras la cesión, el Eintracht se quedó con el delantero por 20 millones de euros. Fue incluido en el equipo ideal de la temporada 2024-25 de la Bundesliga.

Sus goles cautivaron a Arne Slot y al cuerpo técnico del Liverpool y el pasado verano decidieron contratarlo por cerca de 95 millones de ueros. Hizo su debut oficial el 10 de agosto en la Community Shield y sólo tardó cuatro minutos en marcar. La semana siguiente, en su estreno en la Premier, anotó un gol y dio una asistencia en el triunfo ante el Bournemouth. En la Premier ya suma 28 partidos y 11 goles; en la Champions: 10 encuentros y tres goles. Es ocho veces internacional con la selección francesa.

Este miércoles, Ekitiké vuelve al Parc des Princes de París y lo hace, según dice, sin intención de ajustar cuentas pendientes. «Yo vengo a hacer mi trabajo. Me concentro en mi equipo y en mí. El PSG sigue siendo un club al que quiero», advirtió el delantero tras eliminar en octavos de final al Galatasaray y confirmarse que se reencontraría con un técnico con el que nunca congenió y con un club hostil.

Marcos Llorente, de olvidado a fijo en la selección: "Ha puesto a todos a tomar el sol"

Marcos Llorente, de olvidado a fijo en la selección: “Ha puesto a todos a tomar el sol”

El pasado miércoles, durante una de las entrevistas que Marcos Llorente (Madrid, 31 años) concedió en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, le preguntaron que a qué se refería cuando hablaba de evitar lo artificial. "Pues la luz que me tienes puesta ahí enfrente", respondió el futbolista del Atlético de Madrid, uno de los tipos más comentados de la presente selección, y no por lo que hace dentro del campo, fuera de toda duda su rendimiento, sino por esa cruzada que ha emprendido contra todo lo que no es natural y que se sustancia, a ojos no iniciados, en las gafas de colores, la dieta paleolítica y, en fin, la vida extremadamente sana y reglada.

El jugador del Atlético de Madrid, sin embargo, se toma todo esto con distancia. Con mucha distancia. Dicen quienes le conocen bien que no es una pose. Que de verdad ha encontrado una postura ante la vida donde lo importante se reduce a un puñadito, escaso, de cosas. La familia, los amigos, el contacto con la naturaleza y... poco más. El resto es accesorio, y como tal, no importante. Lo dejó claro hace unos meses en la Cope. "La selección no es algo que me quite el sueño, sé que es un privilegio y una motivación estar aquí porque significa que estás haciendo las cosas bien, pero estoy igual de feliz si vengo o si no", dijo, en algo que muchos alrededor del equipo entendieron como un cierto menosprecio.

No parece que sea así. De hecho, esa frase la dijo Llorente en su retorno a la selección, con la que acumula 24 presencias desde su debut, en noviembre de 2020, todavía en pandemia, en el Amsterdam Arena. El último partido que había jugado habían sido los octavos de final del Mundial de Qatar contra Marruecos, con el resultado que no hace falta recordar. De la Fuente se olvidó de él durante más de dos años (estuvo únicamente en la pre-lista de la Eurocopa, jugó contra Andorra, pero se cayó), aunque en la búsqueda incesante de un sustituto de garantías para Carvajal, reapareció en octubre del año pasado. Y en un lugar que parecía destinado a Pedro Porro, casi más por descarte que por convicción, emerge ahora la figura de Llorente.

Elogios del seleccionador

"Marcos es un futbolista muy completo. Interpreta, entiende y desarrolla el fútbol muy bien, tanto de lateral, como de carrilero, como de mediocentro, con unas condiciones físicas y técnicas muy buenas", le elogió el seleccionador el viernes por la noche en La Cerámica. Tan contento está con él que entró en detalles. "Tal y como jugamos nosotros, aporta estabilidad y seguridad defensiva, hace muy bien las coberturas a los centrales cuando nos atacan por la otra banda, interpreta muy bien los momentos de presión y, además de todo eso, suma mucho en el grupo. ¡Fíjate, ha puesto a todos a tomar el sol, está todo el mundo ya tomando el sol como él!", explicó De la Fuente.

Porque sí, durante estos días en Las Rozas, varios compañeros le han acompañado en su rutina de tomar el sol, descalzos y sin camiseta, sólo con un pantalón corto puesto, en los campos de entrenamiento. Más o menos, aquello del Earthing que puso tan de moda Luis Enrique en su momento, y que es caminar sobre la hierba para estar en contacto con la naturaleza. Ya sea el césped o el sol.

Esos elogios del seleccionador responden a que le ha quitado un peso de encima. Aunque va a esperar hasta el final, porque en un mundo ideal sería su titular, la situación de Carvajal invita a no ser demasiado optimistas, y necesita un lateral derecho de primer nivel. Ese lugar del campo le ha traído por la calle de la amargura desde la lesión del madridista, y ahora, a dos meses del Mundial, parece haberse solucionado. Si el torneo comenzara mañana, el titular sería Llorente, cuyo despliegue físico, hacia delante y hacia atrás, se valora mucho en el staff de De la Fuente.

Es la culminación a una temporada completísima para el madrileño. Acumula 3.080 minutos este curso en el Atlético, uno de los más utilizados, con cuatro goles y cinco asistencias, combinando el lateral con el puesto de interior en el centro del campo. De hecho, en el club rojiblanco ya manejan los tiempos para ofrecerle la renovación, pues termina contrato en 2027. Lo hará con 32 años, pero ese extremo cuidado de su físico aleja las dudas al mirar el DNI. "Llegará un día, más pronto que tarde, en el que el fútbol dejará de compensarme", dijo hace poco él en sus redes sociales, explicando que el deporte profesional con es sano ni saludable. Será, en todo caso, tras el Mundial.

El PSG vuelve a aplastar al Chelsea y espera en cuartos al Liverpool o el Galatasaray

El PSG vuelve a aplastar al Chelsea y espera en cuartos al Liverpool o el Galatasaray

El PSG coge carrerilla en la Champions y no pone el freno de mano. Al Chelsea lo ha eliminado con un aplastante 2-8 en la eliminatoria. Porque, como no contempla nunca especular, les endosó a los ingleses otra derrota y tres goles en Londres. [Narración y estadísticas: 0-3]

La ventaja con la que se plantó en Stanford Bridge era amplia, definitiva para cualquier equipo mortal, pero en dos zarpazos el voraz equipo de Luis Enrique la convirtió en imposible de remontar. Si el Chelsea pensaba en marcar primero para tratar de avivar la eliminatoria, se equivocó. Tanto como su central Sarr, blando, cuando Safonov envió un saque de puerta directo al pie de Kvaratskhelia. Se sacudió el georgiano al joven francés con un movimiento de su cuerpo y batió a Robert Sánchez.

Antes de que los ingleses pudieran reaccionar, llegó el segundo. Vitinha y Zaïre-Emery mordieron en la presión y armaron una transición que acabó en centro de Hakimi al balcón del área donde esperaba Barcola. Cada llegada del PSG había sido un gol. El castigo llegó antes de que pudiera la grada lamentar las ausencias por lesión de dos hombres clave para Liam Rosenior: James y Malo. Iban a tener que activarse más las armas de ataque, no ya para intentar pasar la eliminatoria, lo que requería de un auténtico milagro, pero sí estaba a su alcance que el adiós a la Champions League ante su público fuera con una derrota honrosa.

Un remate forzado de Joao Pedro, a centro de Palmer, ante la dudosa salida de Safonov fue la primera ocasión clara. Antes, Enzo Fernández lo había intentado con un disparo que estrelló a la espalda de su compañero Andrey Santos. A trompicones trataban de acercarse a la portería de Safonov. Pero el PSG no quería ceder ni la victoria parcial y amenazaba tanto como podía. A punto estuvo de aprovechar otro error defensivo, esta vez de Chalobah, con un remate que Barcola cruzó en exceso. Antes del descanso, Palmer obligó al meta ruso a salvar el que hubiera sido primer gol de los ingleses, pero Robert Sánchez también tuvo que atajar otro disparo peligroso de Barcola.

La segunda parte hubiera sobrado. La eliminatoria estaba resuelta, el fútbol perdió efervescencia y el entrenador del Chelsea entregó el partido cuando, en el minuto 58, sacó del campo a todos los jugadores con colmillo: Palmer, Enzo y Joao Pedro. Más comedido fue Luis Enrique, que dejó a Joao Neves en el vestuario para darle minutos a Mayulu y después dio entrada a Doué por Barcola.

Como no bajó el pistón, aún engordó el marcador Mayulu, asistido por Kvaratskhelia. Con un 2-8, que el Chelsea se acercara solo suponía que, con velocidad, podía hacerles más daño. No se distrajeron los franceses pensando en si su rival en cuartos será el Liverpool o el Galatasaray. Podrían haberlo hecho porque todo estaba decidido.

Remontada del Sporting de Lisboa

La remontada de la jornada la protagonizó el Sporting de Lisboa, que en el José Alvalade igualó una eliminatoria en la que el Bodo Glimt llegaba al partido de vuelta con un 0-3 a favor. Los portugueses forzaron la prórroga con tantos de Gonçalo Inácio, Pedro Gonçalves y Suárez, de penalti, para acabar marcando dos goles más, de Araújo y Rafael Nel (5-0), que les mete en cuartos de final, donde se encontrarán con el Arsenal. El equipo de Arteta partía con un 1-1 ante el Leverkusen, pero los tantos de Eze y Declan Rice les dieron una cómoda clasificación.