Rafa Jódar y la huella que deja en Roland Garros: fascinación con "the new Rafa", aumento de fans y el refugio de 'La casa de papel'

Rafa Jódar y la huella que deja en Roland Garros: fascinación con “the new Rafa”, aumento de fans y el refugio de ‘La casa de papel’

Un periodista estadounidense de uno de los medios más leídos se acerca a la larga mesa donde trabajan los enviados españoles en la sala de prensa de la planta baja de la Philippe-Chatrier con una teoría intrigante. «Oye, ¿sabes si a Jódar le pusieron Rafa por Nadal?», pregunta y la cuestión exige una aclaración: «¿Cómo?». «Claro. Nadal ganó su primer Roland Garros en junio de 2005 y Jódar nació justo un año después».

La realidad es menos novelesca. Rafa Jódar se llama Rafa igual que su padre, su abuelo y su bisabuelo -y otros 200.000 españoles-. Pero el interés de la prensa internacional por su nombre, su historia y todo lo que le rodea confirma la dimensión del fenómeno: este Roland Garros deja la locura por el nuevo Rafa.

«Meet the new Rafa planning to conquer Roland Garros», titulaba un reportaje de la BBC. «The new Rafa: Rafael Jódar is captivating the French Open crowds», destacaba ESPN. «Jódar, le nouveau Rafa de l'Espagne», subrayaba L'Équipe. Pese a su derrota este martes ante Alexander Zverev en cuartos, el español vivió su presentación con un nombre cargado de recuerdos y un tenis cautivador como argumento.

EFE

«Es la revelación de la temporada. Juega como un tornado. Al final le venció, pero estoy seguro de que Sascha [Zverev] se estremeció un poco cuando supo contra quién jugaba en cuartos. Era una auténtica prueba para él», analizaba Boris Becker, seis veces campeón de Grand Slam, que subrayaba la «agresividad» del juego de Jódar como «algo refrescante».

«Tiene algo único, bastante inusual. Ha cogido cosas de varios jugadores. Estos chicos jóvenes juegan con una potencia natural tremenda», añadía unos días atrás John McEnroe, siete veces campeón de Grand Slam, en conversación con EL MUNDO, en la misma línea.

Adiós al "arquetipo de tenista español"

Tanto sorprendió el estilo de Jódar en este Roland Garros que The Athletic, la sección de deportes de The New York Times, le dedicó ayer un análisis que concluía de la siguiente manera: «Ha demostrado al mundo del tenis que el arquetipo del tenista español, el jugador incansable que deja a sus oponentes exhaustos durante una tarde interminable, puede haber muerto y desaparecido para siempre».

En España, el interés por Jódar saltó las fronteras del tenis durante el Trofeo Conde de Godó primero y, sobre todo, en el Mutua Madrid Open. La lesión de Carlos Alcaraz hizo que los focos se dirigieran al joven, que vivió su primer pico de atención en su duelo ante Jannik Sinner en cuartos del Masters 1000 madrileño.

Pero fuera de España esa fascinación ha sido una bola de nieve que llegó relativamente pequeña a Roland Garros y fue creciendo a lo largo del torneo. En su debut ante Aleksandar Kovacevic, ya llenó la modesta pista 12 de aficionados que querían ver a ese nuevo portento de 19 años y progresivamente el interés fue en aumento. Llegó un momento que no hubo más remedio que programarle en pistas con mayor aforo.

Aurelien MorissardAP Photo/Aurelien Morissard

En segunda ronda jugó en la pista 7; en tercera, en la Simonne Mathieu, la tercera pista en importancia del Grand Slam francés; y su partido de octavos de final ante Pablo Carreño se disputó en la Suzanne-Lenglen, con capacidad para más de 10.000 espectadores. Los cuartos de este martes ante Zverev, por supuesto, tuvieron lugar en la pista central, con sold out.

Su forma de surfear la ola

Reclamado por los fans al final de cada encuentro, Jódar ha agradecido esas muestras de cariño, esa atención, esas ganas de saber de él, aunque a su edad todavía está aprendiendo a gestionarlas. Durante el torneo se ha parado siempre que le han pedido fotos y autógrafos, pero también ha buscado la calma.

Todos sus entrenamientos han sido en pistas reservadas, lejos de los aficionados, al contrario de lo que suele hacer Carlos Alcaraz, a quien le gusta prepararse ante el público y apenas ha salido de su hotel.

Aurelien MorissardAP Photo/Aurelien Morissard

«En los torneos no me distraigo mucho. Voy de las pistas al hotel y del hotel a las pistas. Dedico las horas a descansar, hablo con mis amigos por teléfono y, si eso, veo alguna serie. En este Roland Garros he empezado la nueva temporada de La casa de papel. Me gusta el profesor», contaba el tenista a la prensa española.

Pese a su derrota ante Zverev, el mundo ya conoce al new Rafa, un fenómeno que ha dejado huella en París. Ahora, el futuro es suyo.

Zverev despierta a Jódar de su sueño en Roland Garros

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Al salir aplaudido de la Philippe-Chatrier, Rafa Jódar se permitía un repaso a las gradas y un último vistazo a la pista. Pertenezco a este sitio, se leía en sus ojos. Este martes se fue con una derrota en cuartos de final de Roland Garros ante Alexander Zverev por 7-6(3), 6-1 y 6-3 y con algo más valioso: la confianza de que volverá. Durante semana y media ha confirmado que los Grand Slam son su lugar en el mundo y que disfruta entre tanta grandeza.

A sus 19 años ha podido comprobar que sus golpes son efectivos, que resiste remontadas a cinco sets y sobre todo que tiene las agallas necesarias para crecerse en estas plazas. Debe mejorar su físico y trabajar en aspectos de su juego como el saque o la variedad, pero tiene la potencia, la cabeza y la valentía. En unos años, tan excelente debut sólo será visto como el prólogo de algo mucho más grande.

Se recordará la frescura en su debut ante el estadounidense Aleksandar Kovacevico la lucha para remontar en cinco sets ante Pablo Carreño en octavos, pero también debería quedar en la memoria su primera hora ante Zverev.

Aurelien MorissardAP Photo

El marcador final resume con crueldad, pero al inicio el miedo recorrió los brazos del alemán, todo un número tres del mundo, desde los hombros hasta las puntas de los dedos y fue mérito de Jódar. Zverev nunca fue un tenista especialmente valiente; ya le advirtió Toni Nadal que, si quería ganar por fin un Grand Slam, tendría que atreverse más. Pero durante un rato, ante el español, estuvo encogido. La lesión de Carlos Alcaraz y las eliminaciones de Jannik Sinner y Novak Djokovic han colocado todos los focos sobre él -más presión para un jugador arrastra un saco de dudas e inseguridades-, pero además delante tenía un chaval sin miedo.

Durante el primer set, Zverev se refugió en la prudencia. Ni un paso adelante en los segundos saques de Jódar, no aceleraba la derecha, no buscaba las líneas, ni se planteaba abrir la pista con ángulos agresivos. Bolas lentas, cortas y casi siempre al centro. Su plan consistía en proteger su poderoso servicio y esperar a que el joven le regalara la victoria a base de errores. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario.

El 'break' de Jódar

Pese a la grandilocuencia de la pista, con 15.225 aficionados en las gradas y una placa de Nadal en el costado, Jódar salió a golpear con todo y con todo golpeó. Un zambombazo. Y otro. Y los intercambios eran suyos. En el primer set consiguió un break a favor, con 5-3 llegó a sacar para llevarse el periodo y pudo haberlo hecho si Zverev no hubiera despertado. Con su pose melancólica de siempre, su mirada al suelo y sus indescifrables gestos costaba leerlo, pero en cuanto sufrió la rotura de servicio liberó su tenis. Se metió en la pista y ya no perdonó ni una. 11 puntos consecutivos ganó. De derechazo al fondo en derechazo al fondo, de revesazo desde el fondo en revesazo desde el fondo, hasta la victoria final.

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En el tie-break del primer set, Jódar perdió sus oportunidades por culpa de dos errores con su drive y luego ni en el segundo ni en el tercer set pudo sostener el ritmo de su rival. Zverev se enfrentará el viernes al vencedor del duelo entre Jakub Mensik y Joao Fonseca, es decir, otro joven, y deberá ser más osado desde el principio si quiere ganar por fin, de una vez, su primer Grand Slam.

Jódar, por su parte, podrá -también por fin- marcharse a descansar. En su primera temporada como profesional ha encadenado una increíble racha de 29 partidos en sólo tres meses y en Roland Garros lo ha notado. En su estreno mantuvo aquella alegría con la que asombró en el Trofeo Conde de Godó y el Mutua Madrid Open, pero en las últimas rondas ya se podía observar que las piernas le pesaban. Normal. Pese a ello se plantó en cuartos de final en su primer Roland Garros. De su estreno en París se llevó un puñado de puntos que le aupan al número 23 del ranking mundial, se lleva la experiencia de atemorizar a Zverev y se lleva la confianza de que volverá.

El año que cambió a Jódar: un ex entrenador de Nadal, las reuniones con su padre y su “seriedad nunca vista” en la Universidad de Virginia

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Hace justo un año, Rafa Jódar ocupaba el puesto 671 del mundo y lamentaba una derrota en el challenger de Tyler, Texas, un torneo tan modesto que no instala gradas ni mantiene página web oficial. Este martes (sobre las 16.00 horas, Eurosport), ya en el puesto 23 del ranking ATP, juega los cuartos de final de Roland Garros en la Philippe-Chatrier contra Alexander Zverev. Aquí sí hay gradas e incluso web. El contraste es tan delirante que merece una explicación.

El resumen es que pasó un año estudiando Economía en la Universidad de Virginia, compitiendo en la liga universitaria NCAA, y apenas podía participar en competiciones menores en Estados Unidos cuando no había clases. Pero ¿qué hacía Jódar en la universidad? Ya había sido campeón del US Open junior, conocía a entrenadores de renombre, le cortejaban las marcas comerciales; ya tenía abiertas las puertas al profesionalismo.

Pero tanto él como su padre estaban convencidos de que ese año en la universidad completaría una formación aún inconclusa, y así fue. «Esa etapa me ayudó mucho a desarrollarme como persona y también a convertirme en mejor jugador. Fueron meses muy importantes en el proceso», comentaba Jódar la semana pasada sobre un camino insólito -el suyo- para ascender a la élite. No fue miedo; no era estudiar una carrera por si el tenis fallaba. No fue desconocimiento. Fue la certeza, compartida por padre e hijo, de que era mejor crecer lejos de los focos de los Grand Slam y los Masters 1000. Hubo quienes insistieron a ambos en que se hiciera profesional. Hubo llamadas, reuniones... y nada.

La convicción de su padre

Para comprender la historia hay que remontarse un año más, a la primavera de 2024. Como jugador del Club de Tenis Chamartín de toda la vida había sido campeón de España júnior y la Federación Española de Tenis le quiso impulsar a la cima. En cuanto acabó los exámenes de Bachillerato en el IES Rafael Frühbeck de Burgos de Leganés, dejó Madrid y se instaló en Sant Cugat, cerca de Barcelona, para entrenar en la prestigiosa academia BTT bajo las directrices de Francis Roig, exentrenador de Rafa Nadal.

«Vivía junto al resto de jugadores jóvenes en una casa que tenemos alquilada y cada día se subía a la furgoneta como uno más. Le asignamos un entrenador, Harrison Lambe, un joven australiano formado por nosotros, bajo la supervisión directa de Francis. Y junto a él hizo octavos de final en Roland Garros júnior, ganó en Rockhampton en su categoría de edad, llegó a cuartos en Wimbledon junior y, al final, se alzó con la victoria en el US Open júnior», recuerda Jordi Vilaró, director de la academia BTT, que añade: «Era delgado, pero ya tenía buenas cualidades físicas, pegaba muy bien y muy limpio, y sobre todo era muy sólido. Los juniors suelen tener muchos altibajos y él no los tenía».

Jódar, con Lambe, en Roland Garros 2024.

Jódar, con Lambe, en Roland Garros 2024.H.L.

Por eso, desde la academia catalana lo intentaron todo para que comenzara a participar en los grandes torneos. «Junto a Francis Roig y Javier Soler, director deportivo de la Federación, hicimos varios intentos de convencer al padre para que apostara por el mundo profesional. Incluso Francis viajó a Madrid para reunirse con él. Pero tenía muy claro que su hijo iría a la universidad y no hubo manera de hacerle cambiar de opinión», cuenta Vilaró, que a finales de 2024 tuvo que despedirse de Jódar. Al final, adiós al circuito ATP: se marchaba a la Universidad de Virginia.

La vida universitaria

«Rafa se unió a nosotros en enero de 2025. Nos habíamos conocido en el US Open júnior que ganó y ya teníamos buena relación. Entró a vivir en la residencia de tenistas con nueve compañeros de equipo y pasaba con ellos su tiempo fuera de la pista», narra Brian Rasmussen, entrenador de Jódar en Virginia, con quien mantiene una estrecha amistad. Tanto que en el pasado Open de Australia viajó a Melbourne para sentarse junto a su padre en el palco. Al español le pusieron como compañero de habitación al coreano Kim Jangjun y entre sus compañeros también estaban los estadounidenses Roy Horovitz, Keegan Rice o James Hopper. De momento ninguno de ellos ha debutado en ATP.

¿Ya era tan bueno Jódar cuando llegó?
En los primeros meses le ayudamos mucho con su condición física y su saque. Luego fue añadiendo más variedad a su juego. Pero ya llegó con las herramientas necesarias para ser un muy buen tenista. Creo que aquí se adaptó a la intensidad de jugar ante grandes públicos, porque la NCAA suele despertar mucho interés. Lo mejor que tenía era que siempre lo daba todo en la pista. Tenía una seriedad que nunca había visto a su edad. Nunca tuve que pedirle que se esforzara más.

Rasmussen confiesa que una de las cosas que más le asombraron del español fueron sus notas. «Hizodos semestres increíbles. Viniendo de fuera y con el tenis, en su primer año mantenía un expediente de 3,5 sobre 4 en el sistema Grade Point Average (GPA), es decir, sacó sobresaliente en casi todas las asignaturas. Dedicaba gran parte de su tiempo a ser el mejor estudiante posible. Era muy importante para él y para su familia», concluye Rasmussen sobre el chico que el año pasado competía por ser el Rookie of the Year de la NCAA -y lo fue- y hoy disputa los cuartos de final de Roland Garros.

Roland Garros impone la multa más alta de su historia a Vallejo por decir que “hay partidos que debe arbitrar un hombre”

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La Federación Francesa de Tenis ha impuesto una multa de 65.000 euros al tenista paraguayo Adolfo Daniel Vallejo, de 21 años, la más alta jamás aplicada en Roland Garros. El dinero se retendrá directamente de los 130.000 euros que cobró el jugador por superar la primera ronda del torneo.

La sanción llega después de que Vallejo, tras caer en segunda ronda ante el joven francés Moïse Kouamé, afirmara en una entrevista en castellano en el medio Clay que "ese tipo de partidos debería arbitrarlos un hombre", porque a una mujer le resultaría demasiado difícil imponerse ante un público tan intenso. Las palabras iban dirigidas a la juez de silla del partido, la brasileña Ana Carvalho.

El contraste con su rueda de prensa en inglés, celebrada momentos antes, fue llamativo: allí, Vallejo había reconocido la influencia del público y se había mostrado deportivo. El jugador alegó posteriormente que sus palabras habían sido sacadas de contexto y pidió disculpas públicas, pero no logró ninguna rebaja en la sanción.

Amélie Mauresmo, directora del torneo, aplicó mano dura. La Federación calificó los comentarios de inaceptables y dejó claro que la competencia arbitral no depende del género sino de la profesionalidad.

Jódar y el misterio de la soledad de su padre en el palco: “Es el único que se puede sentar ahí”

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Tres filas de seis asientos: 18 en total. El palco de los jugadores es un espacio amplio, muy amplio, que normalmente está abarrotado. Allí se sientan entrenadores, preparadores físicos, fisioterapeutas, mánagers, médicos, padres, madres, hermanos, primos e incluso amigos e invitados VIP. Por poner un ejemplo: si al tenista le viste Nike o Adidas, el responsable de esa marca también suele tener su hueco reservado. Pero en cada partido de Rafa Jódar en este Roland Garros el palco está prácticamente vacío. Solo, y normalmente en una esquina, se sienta su padre, Rafael. Nadie más.

Es una rareza, algo insólito en el tenis de élite, que incluso provoca equívocos. En tercera ronda ante Alex Michelsen, Jódar tuvo que detener el partido en un par de ocasiones para pedir a unos aficionados que se habían sentado allí por error que abandonaran su zona. «Los jugadores tenemos el derecho de decidir quién se sienta en nuestro 'box' y el único que puede hacerlo en el mío es mi padre. Supongo que esos aficionados debían tener sus asientos muy cerca y se equivocaron, y yo solo se lo recordé», se defendía el español, con toda la razón.

«Él siempre ha estado conmigo, ha sido mi mayor apoyo desde que soy niño», reivindicaba este domingo Jódar tras derrotar a Pablo Carreño en octavos de final. En su primer partido en una de las dos pistas centrales de París, la Suzanne-Lenglen -con capacidad para 10.000 espectadores-, la soledad de su padre quedaba aún más acentuada, sobre todo teniendo en cuenta que varios amigos de Jódar habían llegado desde Madrid para apoyarle y optaron por sentarse fuera del palco.

En realidad, en esa decisión de que el padre esté solo hay mucho simbolismo. Desde que empezó en el garaje de su casa en Leganés, Jódar siempre ha seguido sus directrices, aunque a lo largo de los años ha contado con la opinión de múltiples entrenadores: los del Club de Tenis Chamartín, los de la Universidad de Virginia e incluso algunos externos a ambas instituciones, como Fernando Varela. Él y su padre, contra el mundo. Era así en la infancia, también en la adolescencia, y quieren que siga siendo así ahora, en su asalto a la élite y en los grandes escenarios.

Los buenos y malos ejemplos

Según explica a EL MUNDO su entorno, la intención es que «como mínimo» este año la estructura se mantenga intacta; el futuro ya se verá. Jódar ya cuenta con ayuda en la gestión de prensa y valora la contratación de un fisioterapeuta, pero de momento nadie acompañará a su padre en el palco. En el Trofeo Conde de Godó y en el Mutua Madrid Open lo hizo puntualmente el doctor Ángel Ruiz-Cotorro, médico de la Federación, «por si pasaba alguna cosa», y en este Roland Garros se ha sumado David Ferrer, capitán de España en la Copa Davis, a quien no se le puede negar un lugar. Pero ya está.

La relación de Jódar con su padre es muy particular; desde fuera resulta difícil de descifrar. En el Masters 1000 de Roma, Jódar le lanzó algunos reproches antes de caer derrotado ante Luciano Darderi, pero fue una excepción. A sus 19 años, el tenista no duda en reclamar soluciones cuando las cosas se tuercen, y lo que recibe son directrices crípticas, breves y en voz baja. Entre ambos no hay un intercambio continuo ni un toma y daca, como ocurre con otros tenistas. «Tenemos una conexión muy especial. Fuera de la pista se ven cosas que no se ven desde dentro y me ayuda mucho», comentaba este domingo.

La figura del padre-entrenador empezaba a estar pasada de moda en el tenis, aunque siguen existiendo ejemplos en ambas direcciones. Alexander Zverev, el rival de Jódar en cuartos de final, siempre ha sido entrenado por su padre, al igual que Casper Ruud o Flavio Cobolli, modelos de éxito; el caso de Stefanos Tsitsipas ilustra, en cambio, que la fórmula no siempre funciona. Jódar, de momento, triunfa con la única ayuda de su padre.

Jódar supera a Carreño y llama a la puerta de los grandes en cuartos de Roland Garros

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Hay un conocimiento que solo nace de la vivencia. Rafa Jódar ya ganó un título profesional, ya asombró al público, ya desafió al número uno del mundo en aquella tarde para el recuerdo en Madrid. Pero el próximo martes, a sus 19 años, jugará sus primeros cuartos de final de Roland Garros; un éxito y una oportunidad. Ante Alexander Zverev, máximo favorito en el torneo, se presentará en la Philippe-Chatrier ya sin nada que perder para cruzar al siguiente umbral. Al acabar, pase lo que pase, no será el mismo. Será mejor. Aprenderá cuánto pesa la cercanía de un título así, qué ruido hace una pista así, cómo se respira cuando el mundo te mira así. Así se construye un campeón.

Mil estadísticas asombrosas rodean al español en su ascenso, su precocidad, su rapidez, pero no hay que olvidar la más obvia: está disputando su segundo Grand Slam. Y en el primero, el pasado Open de Australia, apenas jugó un par de encuentros. Que con esa experiencia se plante entre los ocho mejores del torneo resulta asombroso. Más aún que lo haga sin haber necesitado su mejor tenis.

Este domingo, en octavos de final, venció a Pablo Carreño por 4-6, 4-6, 6-1, 6-2 y 6-2 en tres horas y 41 minutos de un duelo extraño, marcado por cambios tácticos, dolores e interrupciones. Un único momento lo definió todo. A mediados del tercer set, Carreño notó un tirón en el hombro derecho -un chasquido, un algo- y a partir de entonces el partido cambió de naturaleza. Hasta ese instante había empujado a Jódar fuera de la pista con el revés cruzado y le había generado dudas, muchísimas dudas. Después del susto dejó de aguantarle los intercambios. Carreño fue atendido por el fisioterapeuta, se medicó y esperó que con el paso de los minutos la molestia remitiera. No ocurrió. A sus 34 años, suficiente había aguantado ya.

El dolor de Carreño

Llevaba más de un año fuera del circuito por una lesión en el codo y había caído más allá del puesto 100 del ranking ATP. Esta semana se sorprendía de su propio estado físico, pletórico en las tres rondas previas, especialmente en la victoria ante Jiri Lehecka; la semana pasada se había retirado del challenger de Valencia por dolor en ese mismo hombro. "Estoy disfrutando mucho, espero que el hombro aguante y que mi cuerpo me deje jugar", pidió en la previa. No pudo ser. Su primera hora contra Jódar fue un clínic de cómo se juega en tierra batida: con inteligencia, con aguante, con fuerza. Después ya no pudo hacer nada.

Aurelien MorissardAP Photo/Aurelien Morissard

Se marchó triste, aunque algo se llevó: la lección ofrecida. Porque Jódar venció ayudado por las molestias de Carreño, sí, pero sobre todo gracias a su propia evolución dentro del partido. En París se le ve más cargado que en el Conde de Godó y el Mutua Madrid Open, y durante los dos primeros sets no supo qué hacer ante la solidez del veterano. Se entregaba al intercambio sin más, sin encontrar la manera de salir del revés de Carreño ni de generar ganadores, y los errores se acumulaban. Luego cambió.

A partir del tercer set, Jódar se metió más dentro de la pista para presionar los servicios de su rival y empezó a variar su juego. No se trataba de asumir más riesgos, pero tampoco de repetir una y otra vez el mismo golpe. Si no movía del sitio a Carreño, un jugador quince años mayor que él, no lo iba a derrotar. Y el cambio surtió efecto. Bajo la amenaza de lluvia, que obligó a interrumpir el juego en un par de ocasiones, Jódar fue adueñándose del partido y con Carreño ya mermado no hubo color.

Una tradición asombrosa

«Quiero felicitar a Pablo porque ha hecho un gran torneo y espero que le vaya muy bien esta temproada. Es difícil jugar contra él porque tiene un gran revés y cuesta cambiarle. He intentado no precipitarme, estar ahí, no fallar mentalmente y no sumar muchos errores. En los primeros sets no me ha salido bien, pero luego he mejorado», analizaba Jódar al acabar el partido, antes de agradadecer el apoyo a los aficionados españoles presentes, heredero de una tradición. En los últimos 30 años -¡30 años!-, España siempre ha tenido a un tenista en cuartos de Roland Garros. Empezó Bruguera en 1997, siguieron Mantilla, Corretja, Moyà, Costa, Ferrero y así hasta Alcaraz pasando por Nadal, por supuesto, o Ferrer, Robredo, Almagro, Ramos, Davidovich y el mismo Carreño.

A sus 19 años, en su segundo Grand Slam, Jódar ya se ha apuntado a esa lista y mañana aprenderá qué se vive en un escenario así.

¿Quién ganará el Roland Garros más extraño? “Una oportunidad así surge una vez cada 100 años”

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"Una vez cada 100 años surge una oportunidad como esta y tienes que aprovecharla. Yo no lo hice", se lamentaba Alex de Miñaur; la puerta se le había cerrado, tardará en abrirse.

Lo que está ocurriendo en Roland Garros este año no tiene nombre todavía, pero lo tendrá: el milagro de... Pongan el nombre de quien quieran. El que quieran. Carlos Alcaraz no pudo participar por culpa de la muñeca; Jannik Sinner se derrumbó en segunda ronda bajo un calor sofocante; y Novak Djokovic cayó ante Joao Fonseca. En el pasado Open de Australia, siete de los ocho mejores tenistas del mundo llegaron a cuartos de final. Ahora, antes siquiera de haberse disputado los octavos de final, sólo quedan dos, Alexander Zverev y Félix Auger-Aliassime.

Un vistazo al cuadro obliga a frotarse los ojos. En octavos está Jesper de Jong, holandés número 101 del mundo que ni siquiera llegó a entrar en el cuadro principal: cayó en la última ronda de la fase previa y sólo la retirada de Arthur Fils le permitió recibir una invitación. En octavos está Zachary Svajda, un estadounidense en el puesto 83 del ranking ATP que sólo había jugado algún que otro US Open gracias a las ‘wildcards’. Y en octavos está, entre otros, Pablo Carreño, hoy el 89 del mundo, que a sus 34 años valoraba la retirada entre dolores antes de rejuvenecer en el más extraño de los torneos. Este domingo (13.00 horas, Eurosport) se enfrenta a Rafa Jódar, que no deja de ser un debutante en París, otra rareza.

En todo el cuadro no queda ningún campeón de Grand Slam y sólo quedan dos tenistas que saben qué es jugar una final ‘grande’, Zverev y Casper Ruud. Es una oportunidad "de las que se presentan cada 100 años", como decía De Miñaur, pero también es una presión que aplasta.

El caso de Zverev

Especialmente para Zverev. Tres finales de Grand Slam ha jugado, tres derrotas. US Open, Roland Garros, Australia. Es ahora o nunca. Lo sabe él y lo sabe todo el público, que le señala como único favorito en pie. "Yo siempre me presiono muchísimo porque quiero ganar por fin mi primer título de Grand Slam, pero ahora la presión también viene de fuera. Sé que todo el mundo piensa que si no gano esta vez probablemente no lo haré nunca", acepta el alemán que, si vence hoy a De Jong (no antes de las 15.30, Eurosport), se enfrentará en cuartos de final al ganador del duelo español. A los 28 años, con el cuadro más abierto de este siglo, es la suya porque...¿Si no es él, quién?

THOMAS SAMSONAFP

Como le pasó a De Miñaur, en general las piernas tiemblan, las manos sudan, las ideas se nublan. Después de su duelo de tercera ronda, por ejemplo, Ruud confesó que las circunstancias le pesaron y, de ahí, sus dos sets perdidos. "Es un torneo muy abierto y creo que eso es refrescante para todo el mundo, porque habrá un nuevo campeón de Grand Slam dentro de una semana", comentó quien se quedó a un paso del título en 2022 y 2023 -ante Nadal y Djokovic- y después aseguró que lo tiene que ver como algo positivo: "Voy a intentar utilizar la experiencia que tengo de haber llegado lejos en Grand Slams y ver hasta dónde me lleva".

Precisamente su rival en octavos será Fonseca, que como Jódar es uno de los jóvenes señalados para asaltar la historia. Los dos se han alejado de esa opción -"Sólo puedo ir partido a partido", decía el español-, pero el brasileño además supe a quién arrojarle todo ese peso. "Con Jannik y Djokovic fuera la oportunidad es para los jugadores que llevan más tiempo en el circuito, como Zverev o Ruud. Yo solo estoy pensando partido a partido"’. Partido a partido. La frase que todos repiten esta semana como si pronunciarla en voz alta fuera la única manera de no pensar en lo que hay al final del camino.

Hay un Roland Garros al alcance de quien se presente ante la oportunidad. Antes de empezar la segunda semana, abundan los nervios, pero el próximo domingo alguien vivirá el mejor momento de su vida.

La mejor derrota de Landaluce: casi seis horas y el tercer partido más largo de la historia de Roland Garros

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Llegará un día en el que Martín Landaluce mire atrás y vea esta derrota como un triunfo. Fue su llegada a la élite, la confirmación de su madurez. Este sábado cayó ante el argentino Juan Manuel Cerúndolo por 6-4, 6-7(7), 7-6(4), 6-7(4) y 7-6(8), pero de qué manera lo hizo. En el tercer partido más largo de la historia de Roland Garros -cinco horas y 49 minutos-, remontando todo lo remontable, peleando cada punto, sin rendirse. Al final, un par de errores en el super tie-break le cerraron las puertas de los octavos de final, pero lo vivido tiene valor. Para su formación, a sus 20 años, fue una derrota excelente.

Desde el primer minuto, el partido fue un intercambio igualadísimo en el que ninguno lograba imponerse. Cuando Landaluce aceleraba su derecha con potencia, Cerúndolo respondía con bolas altas, altísimas, para forzarle el error. Cuando Cerúndolo sacaba con más fuerza, Landaluce se adelantaba en la pista en sus segundos servicios para sembrar la duda. El español se enredó más con su revés, especialmente el cruzado, pero encontró mayor fortuna en la red. Cerúndolo, en cambio, brillaba en la defensa desde el fondo y le sobraban piernas para llegar a la mayoría de dejadas. Ninguno era mejor que el otro y, en ese contexto, todo dependía de los momentos. Hasta tres muertes súbitas disputaron con un balance también equilibrado y así, después de casi seis horas de juego, llegó el super tie-break decisivo.

En él, un extraordinario golpe paralelo de derechas le puso en disposición de vencer (8-6), pero a partir de ahí todo fueron errores. Tanto él como Cerúndolo aguantaron el sobreesfuerzo sin quejas: no hubo ni una sola llamada al fisioterapeuta, ni tan siquiera un gesto de dolor, pero con el paso del tiempo los dos fueron acumulando fallos y al final la fortuna abandonó al español.

EFE

En su orgullo quedarán grabadas, de todas formas, las dos veces que estuvo muerto y las dos en las que resucitó. Tanto en el segundo como en el cuarto set, Landaluce lo tuvo todo perdido y supo sobreponerse. En el segundo salvó hasta tres bolas de set antes de forzar el tie-break y decidirlo; en el cuarto levantó un break en contra cuando Cerúndolo ya sacaba para cerrar el partido. Tiene 20 años y acaba de jugar casi seis horas en Roland Garros sin bajar los brazos. El futuro puede esperar, pero ya ha sabe de qué es capaz.

El Gobierno francés arremete contra Vallejo por sus comentarios contra una juez de silla: "Perdió su partido. Sobre todo, perdió una ocasión para callarse. La competencia no tiene género"

El Gobierno francés arremete contra Vallejo por sus comentarios contra una juez de silla: “Perdió su partido. Sobre todo, perdió una ocasión para callarse. La competencia no tiene género”

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https://www.elmundo.es/deportes/tenis/roland-garros/2026/05/29/6a19bfbbe9cf4ac8128b45ba.htmlLos comentarios sexistas y misóginos del tenista paraguayo Adolfo Daniel Vallejo esta semana en Roland Garros han sobrepasado la cancha y han llegado a los despachos con las críticas de la ministra francesa de Igualdad, Aurore Bergé.

"Adolfo Daniel Vallejo perdió su partido. Sobre todo, perdió una ocasión para callarse. La competencia no tiene género", criticó este sábado Bergé en su cuenta de X, reaccionando a las declaraciones de Vallejo contra una jueza de silla tras perder su partido en Roland Garros el pasado jueves.

En su primera presencia en el cuadro principal de un torneo del Grand Slam a sus 22 años, Vallejo (71º del mundo) perdió en un maratón en cinco sets ante el joven francés Kouame por 6-3, 7-5, 3-6, 2-6 y 7-6 (10/8).

El partido, disputado con un fuerte calor, contó con un ruidoso apoyo a Kouame por parte de los hinchas franceses.

Después del partido, Vallejo criticó a la jueza de silla brasileña Ana Carvalho en declaraciones recogidas por la web Clay: "Este tipo de partido debe ser arbitrado por un hombre. Es muy difícil para una mujer hacerlo. Debe ser arbitrado por un hombre porque es un público muy exigente, tienes que tener mucha fuerza para enfrentarte al público".

La organización del torneo parisino anunció el viernes que sancionará "de manera significativa" al paraguayo, sin precisar el monto de la multa.La dirección de Roland Garros subrayó que "la competencia de los árbitros no se mide por su género, sino por su profesionalidad y su capacidad para desempeñarse al máximo nivel"

El ayudante que se convirtió en rival, la historia detrás del duelo entre Jódar y Carreño: “Era muy delgadito, sigue siéndolo”

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A Rafa Jódar se le veía en una nube a los 17 años cuando, recién proclamado campeón del US Open junior, recibió la llamada de David Ferrer para ser el 'sparring' del equipo español de la Copa Davis. Le tocó hacer de ayudante, pasar bolas en los entrenamientos para que sus referentes practicaran, pero él estaba encantado. Era septiembre de 2024, era la fase de grupos de Valencia, y allí estaba Carlos Alcaraz, por supuesto, junto a Roberto Bautista, Pedro Martínez y Pablo Carreño.

"Era muy delgadito y lo sigue siendo, aunque ya ha echado un poco más de cuerpo. Ya veíamos que jugaba muy bien, con esas palancas que tiene, con esos golpes tan fuertes, con esa manera de no perder la pista ni un momento", analizaba este viernes el propio Carreño después de confirmarse un reencuentro solo un año y medio después. Este domingo, en octavos de Roland Garros, habrá duelo español: Jódar, aquel adolescente que echaba una mano a los mayores, se enfrentará ahora a uno de ellos, Carreño, por un puesto en cuartos.

"Recuerdo hacerle de 'sparring' y será un partido especial. Para mí será un reto y una oportunidad para seguir mejorando", comentaba Jódar sobre el encuentro. Para los dos será una oportunidad única, aunque los dos llegarán con el cansancio en las piernas.

El triunfo de Jódar

Jódar se la ganó aprendiendo una lección: la resistencia. Su victoria ante el estadounidense Alex Michelsen fue un ejercicio de pura supervivencia que se extendió durante cuatro horas y cinco sets (7-6, 6-7, 4-6, 6-3 y 6-3). Los dos rivales se parecían demasiado -misma generación, mismo metro noventa y tres, mismo tenis plano y agresivo, misma formación universitaria en Estados Unidos- y esa simetría condujo a un partido larguísimo. En los momentos más duros, cuando ya se asomaba al abismo de la eliminación, el español se pasó el cuarto set levantando los brazos para animarse, para despertar a su afición. Funcionó.

ALAIN JOCARDAFP

En el quinto, más lúcido, más entero, empezó a mover mejor a Michelsen, a gestionar los puntos con mayor criterio, y fue imponiendo su peso físico y mental sobre un rival que se desvanecía. "Estoy supercontento por estar en octavos, es un sueño hecho realidad. He tenido que luchar mucho y me quedo con mi mentalidad", proclamó ayer al terminar.

La victoria de Carreño

Horas antes, Carreño llegó al mismo destino desde la orilla opuesta: el disfrute de quien ya no tiene presión. A sus 34 años, después de una larguísima recuperación de una lesión en el codo y de una reciente dolencia en el hombro, venció al argentino Thiago Agustín Tirante por 7-6(0), 7-5, 3-6 y 6-4 y se metió en octavos por primera vez desde 2021.

EFE

Lo hizo con un juego completísimo, variado e inteligente, capaz de frenar el ímpetu de su rival desde el fondo de la pista, y también con carácter: en el tercer set, con más de dos horas ya en las piernas, se pegó un sprint de camino al banquillo, mensaje claro para Tirante de que si quería ganar tendría que hacerlo con tenis. Y con tenis, Carreño mandó.

La semana pasada ni siquiera podía coger la raqueta; ayer se echaba las manos a la cabeza sin dar crédito. Ahora le tocará vencer a aquel chavalín que hace no tanto se ilusionaba por hacerle de ayudante: "Rafa se fue a la universidad en Estados Unidos y le vino muy bien. Creció apartado de los focos, un poquito escondido y este año ha dado un salto grandísimo de nivel, ha cogido confianza muy rápido. No le tembló la mano ni en Barcelona, ni en Madrid, ni en Roma y no le está temblando aquí. Será bonito enfrentarme a él".