Griezmann, el Galileo del Atlético, alcanza la plenitud con la pelota y las emociones: "Te quiero"

Griezmann, el Galileo del Atlético, alcanza la plenitud con la pelota y las emociones: “Te quiero”

¡La pelota, a la mierda! Fue el primer grito de Diego Pablo Simeone cuando llegó al Cerro del Espino, lugar de entrenamiento del Atlético. Primero el orden, después el movimiento, porque el segundo sin el primero es un caos. El Atlético que encontró el argentino era como el puzle del que se han caído todas las piezas al suelo. La obsesión por la posición conecta a entrenadores que parecen estar en las antípodas, como Simeone y Johan Cruyff o su discípulo Pep Guardiola. La realidad es que no están tan alejados, porque la pelota, como la Tierra, es redonda y se mueve. Una vez ordenado, todo equipo necesita a quien conozca las leyes de ese movimiento, indescifrables para la mayoría, a su Galileo. Esta madurez de Antoine Griezmann nos ofrece, posiblemente, la mejor versión de esa representación en los 14 años de la era Simeone, de nuevo frente al Rubicón de la Champions. Es un Galileo que ha conocido la gloria y que ha sobrevivido a sus errores y a intrigas propias de la Inquisición, más convencido que nunca de lo que siempre se susurró a sí mismo, fuera en el Calderón como en el Stade de France: Eppur si muove. Y, sin embargo, se mueve.

«Hemos tenido un genio del fútbol. Nos daremos cuenta con el tiempo. Ojalá que Dios y el destino le den lo que está buscando». Galileo, condenado a cadena perpetua, conmutada por una especie de arresto domiciliario, por los supuestos intérpretes de Dios en la tierra, y ciego no pudo escuchar los elogios que le llegan a Griezmann de todas partes. En el caso del hombre de ciencia hicieron falta siglos. Por una vez, el fútbol despide con amor, no con odio, en perfecta coordinación el Atlético con su nuevo destino, Orlando, a la nueva estrella de la Mayor League Soccer.

Simeone da instrucciones desde la banda.

Simeone da instrucciones desde la banda.JOSE JORDANAFP

"Si no corres, vas fuera"

Las reiteradas palabras de Simeone sobre el francés se condesaron precisamente en una emocionante declaración de amor antes de enfrentarse al Barcelona en la Champions. «Te quiero», proclamó, con los ojos húmedos, y añadió: «Pero si no corres, vas para fuera».

Al Cholo se le quiere corriendo, hecho que todavía otorga más mérito a la adaptación de este futbolista a un hábitat para el que no parecía predestinado por sus condiciones. Lo mismo ocurría en Francia, país que tuvo que dejar porque la competencia física con los futbolistas de raza negra le apartaba de las primeras selecciones de los técnicos en su periodo de formación.

«Siempre estaré agradecido a la Real Sociedad, porque apostaron por mí cuando no lo hacían en mi país», afirma el jugador. Años después, en 2018, Griezmann sería el epicentro de la conquista del segundo Mundial para Les Bleus y del final de los complejos por el peso del 98 para varias generaciones de futbolistas franceses.

«Antoine, tengo que decirte algo. Gracias por todo lo que has hecho por el fútbol francés, la selección y el fútbol en general. Me has dado mucho», afirmó Thierry Henry en directo, en el plató de CBS Sports, después de que el Atlético eliminara al Barcelona. Griezmann ya no estará sobre el césped en el Mundial del próximo verano por decisión propia. La suya ha sido una relación de encuentros y desencuentros con el fútbol francés y la selección, sea por sus complicados inicios o por la decisión de Didier Deschamps de ceder a la petición de capitanía por parte de Kylian Mbappé, hecho que precipitó la primera renuncia a Les Bleus de Griezmann. El regreso nunca fue lo mismo. «Estaré en la grada con mi hijo y la camiseta de Francia», dice, sin rencores.

Griezmann, durante el partido contra el Arsenal.

Griezmann, durante el partido contra el Arsenal.JAVIER SORIANOAFP

El hombre que, hoy, le dice «te quiero», ayer le hizo padecer. El salto de la Real Sociedad al Atlético le obligó a un periodo de adaptación que ha acabado con más de uno. Es la mili del Cholo. Pasado ese tiempo, Griezmann no sólo se adaptó al ecosistema futbolístico, también al emocional, incluso con el mate en las manos. El crecimiento le llevó a uno de los mejores contratos de la Liga, 20 millones al año libres de impuestos, y a la ambición por «sentarse a la mesa de Messi y Cristiano», legítima, pero también a la confusión. El error no estuvo en la decisión de irse al Barça tanto como en las formas de hacerlo, con dos intentos cargados de indecisiones y polémicas. Dejó a la vez a Simeone y al hombre que había custodiado con criterio su carrera, el agente Iñaki Ibáñez, y se enredó en un laberinto en el que aparecían familiares y abogados que pedían lo suyo. La chapuza costó dinero al futbolista y al Barcelona de Josep Maria Bartomeu, y todavía tiene recorrido en los juzgados.

El 'Santo Oficio' de Messi

Las intrigas de los despachos no eran menos en el vestuario, a ojos de Griezmann, que sentía que lo miraban con celos por haber ganado el Mundial, desplazado por el Santo Oficio de Messi. No todo eran maravillas en el país de Leo. La vuelta al Metropolitano fue como la de un penitente, de rodillas, con los brazos en cruz y sin condiciones.

A los 35 años, los partidos de Griezmann se han convertido en una especie de cátedra en el Metropolitano. El francés ha dado pasos atrás para convertirse en un organizador ofensivo colosal. «Cada balón suyo mejora al equipo», reconoce Simeone. Lo hace sin perder su capacidad de llegar al área, al gol.

Griezmann no es el primer caso de delantero que al retrasar su posición, despliega su visión y calidad. No es lo mismo hacerlo con el aliento del rival en el cuello a que varios metros. Lo vimos con Juanito en su madurez, en algún partido del otoñal Raúl, en el autodestructivo Wayne Rooney o en el incansable correcaminosSweinsteiger cuando se plantó en los medios.

Todos conocían las leyes del movimiento tanto como Griezmann, que intentará mover el balón como si fuera la Tierra para provocar un eclipse en el Emirates de Londres. Si lo consigue, cuando el sol alumbre de nuevo encontrará al Atlético en Budapest.

Oda al fútbol de PSG y Bayern: nueve goles en 70 minutos y ligera ventaja de los parisinos hacia la final de la Champions

Oda al fútbol de PSG y Bayern: nueve goles en 70 minutos y ligera ventaja de los parisinos hacia la final de la Champions

No se podía pestañear en el Parque de los Príncipes sin perderse un gol. Desacomplejados, sin especular, PSG y Bayern interpretaron una oda al fútbol, retándose a pecho descubierto, golpe tras golpe de dos de los mejores ataques de Europa, como si no estuviera en juego un billete a la final de la Champions. De momento, lo tienen los parisinos, pero el 5-4 es una ventaja corta cuando nadie especula. Qué importa cómo se defiende cuando hay letalidad en ataque. Ni Luis Enrique ni Kompany son entrenadores que les pidan a sus futbolistas contención. Al contrario, el mensaje, o eso pareció en 90 minutos que pasarán a la historia, es que pisaran el acelerador a fondo. [Narración y estadísticas: 5-4]

Lo demostró el Bayern durante los primeros 20. Se quedó la pelota y, a una velocidad endiablada, fue cercando a Safonov. Olise empezó a ser una pesadilla para Nuno Mendes y Kane a demostrar que, si bien el arrebato lo ponen por las alas el francés y Luis Díaz, él tiene la capacidad de tomar la decisión perfecta. El dominio bávaro se tradujo en que apenas apareció Vitinha, Dembélé no tocó pelota en los primeros diez minutos y el PSG no trenzó una jugada, que acabó con centro de Kvaratskhelia buscando la cabeza Balón de Oro, hasta el cuarto de hora.

Y ahí empezó el vértigo. El centro lo escupió Upamecano y lo cazó Luis Díaz en una contra salvaje en la que se apoyó en Olise, Kane y Kimmich antes de meterse en el área y que Pacho lo arrollara. Penalti que el 9 inglés convirtió para abrir el partido (0-1). Pudieron los alemanes aprovecharse de la ligera zozobra parisina con otra internada de Olise hasta la línea de fondo para sacar un pase atrás que salvó Safonov y rebotó en Marquinhos para estrellarse en el poste. El equipo de Kompany, sancionado y dejando los mandos a Aaron Danks, parecía jugar con una velocidad extra que el PSG no había encontrado.

Como también la tiene, apareció. En cuanto la pelota empezó a pasar por su brújula portuguesa, siguió por Doué y Kvaratskhelia y acabó en Dembélé. Fue el Mosquito quien primero tuvo el empate, pero solo ante Safonov, abrió en exceso su remate desde el costado izquierdo. No pasó ni un minuto cuando el georgiano, engañando a Stanisic con un amago, ajustó su rosca al segundo palo para sorpresa de Neuer (1-1).

El empate fue un toque de zafarrancho. A Olise no lo podía parar Nuno ni con la ayuda de Marquinhos, con amarilla desde muy pronto, pero Doué había espabilado tras una regañina de Luis Enrique y montó una contra con disparo ajustado que Tah envió a córner. De la bota de Dembélé en la esquina a la cabeza del bajito Joao Neves y al fondo de la portería alemana. El partido había girado por completo (2-1)

Upamecano marca el tercer gol del Bayern para recortar la ventaja del PSG.

Upamecano marca el tercer gol del Bayern para recortar la ventaja del PSG.EFE

El estadio veía a su equipo por delante, con otro mano a mano de su 10 que evitó Upamecano, pero también a un Bayern en el que Luis Díaz generaba pánico por la banda izquierda, poniendo balones al área que Musiala se atrevía a desperdiciar. Era un duelo de dos equipos descosidos. De esa locura sacó primero provecho, de nuevo, el Bayern, con Olise metiéndose hasta el área pequeña rodeado de rivales y, en un palmo, soltar un zurdazo para volver a empatar (2-2). Era el minuto 41 y, en el añadido, hubo tiempo para que el VAR revisara una mano de Davies. El colegiado suizo las vio y señaló un penalti que Dembélé no falló (3-2).

Tenían que reaccionar los alemanes en la segunda mitad, pero no esperaban que Hakimi encontrara una autopista y que asistiera al punto de penalti, que saltaran Dembélé y Zaïre-Emery y apareciera Kvaratskhelia para marcar el cuarto (4-2). No tardó en llegar el quinto, del Mosquito con una carambola con el poste (5-2).

Lejos de bajar los brazos, el Bayern aceptó el reto: si la eliminatoria iba a goles, los marcarían. Upamecano, cabeceando una falta de Kimmich, recortó (5-3) y Luis Díaz, en una contra bailada con Marquinhos, dejó la diferencia en un gol. Llegaban los alemanes más enteros al tramo final, donde el PSG trató de sujetar su ventaja. Lo logró, aunque vio cómo Mayulu se estrellaba en la escuadra y cómo Pacho sacaba un remate de Kimmich bajo palos. Fue lo único que tiraron a puerta que no acabó en gol. Una descomunal oda al fútbol.

El diabólico sudoku de la Liga y su objetivo (¿imposible?) de meter a nueve equipos en los torneos europeos

El diabólico sudoku de la Liga y su objetivo (¿imposible?) de meter a nueve equipos en los torneos europeos

Regresa la Liga enfilando la recta final del campeonato y mirando el escalafón de Europa. Cuestión de prestigio y, también, de suculentas fuentes de ingresos. Cuando la lucha por el título quema sus últimos asaltos, adquieren notoriedad los aspitantes a entrar en las competiciones continentales. En principio, hay cuatro puestos para la Champions, dos para la Europa League y uno para la Conference League. Pero esta relación podría ampliarse hasta nueve si se resuelve un diabólico sudoku.

A la Liga le corresponden cuatro puestos con acceso directo a la Liga de Campeones que, salvo cataclismo imprevisto, serán para Barcelona, Real Madrid, Villarreal y Atlético de Madrid. Habría una quinta plaza si el Atlético de Madrid y el Rayo Vallecano -únicos supervivientes en las competiciones europeas- hacen que España mantenga la distancia con Alemania en el ránking UEFA. En la actualidad, la Liga cuenta con 21.406 puntos y la Bundesliga 21.214 puntos. La primera posición es para la Premier Lague, con 26.569 puntos.

El Atlético se mide al Arsenal en semifinales de la Champions y el Bayern se enfrenta al PSG. Rojiblancos y bávaros podrían enfrentarse en la final de Budapest (30 de mayo). Para los madrileños sería la revancha de aquella maldita final (con doble partido) del año 1974.

El Rayo también busca su primer título europeo y para ello debe desprenderse del Estrasburgo en semifinales de la Conference League (30 de abril y 7 de mayo) y derrotar en la final (27 de mayo, en Leipzig) al vencedor de la otra semifinal entre el Shakhtar y el Crystal Palace.

Los necesitados éxitos del Atlético y Rayo deben ir acompañados de las derrotas del Bayern en la Champions y del Friburgo en la Europa League. El equipo de Julian Schuster, que eliminó al Celta en cuartos de final, se mide en semifinales al Braga. La final del torneo se disputará el 20 de mayo en Estambul. Para esa hipotética quinta plaza de la Champions optan, a priori, Betis, Celta y Real Sociedad.

El triunfo del club donostiarra en la Copa del Rey también abre un abanico de posibilidades. Su victoria en La Cartuja le garantiza un puesto en la Europa League, pero en el caso de que se clasificara para la Champions (si España obtuviera esa quinta posición y la Real diera caza al Betis, que hoy es quinto) dejaría ese puesto para otro equipo.

En la nómina de aspirantes a la Europa League figuran el Betis, que, conviene insistir, es quinto en la tabla de clasificación (46 puntos), Celta, sexto (44) y Getafe, octavo (41).

Si la Real Sociedad consiguiera esa quinta plaza, en la Europa League habría dos equipos y la posibilidad de un tercero si el Rayo Vallecano conquista la Conference, dado que le otorga plaza directa para la Europa League, y no queda entre los nueve primeros de la Liga. Entonces, con la plaza extra del Rayo, a los cinco de la Champions se les sumarían los tres en la Europa League y el que falta de la Conference, una competición a la que ahora optan Getafe, Osasuna, Espanyol, Athletic y Girona. Cerca del 50% de las escuadras de Primera División podrían acceder Europa, otro problema diabólico para Javier Tebas a la hora de cuadrar el calendario. En esta temporada, ocho equipos arrancaron en las tres competiciones continentales.

La Primera División retorna este martes con duelos directos entre escuadras de clase media que afectan directamente a las clasificicaciones continentales: Athletic-Osasuna y Girona-Betis. Para el miércoles queda el Real Sociedad-Getafe y para el jueves, el Rayo Vallecano-Espanyol y el Oviedo-Villarreal.

Hansi Flick cae en su propia trampa con la defensa adelantada

Hansi Flick cae en su propia trampa con la defensa adelantada

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La defensa adelantada es una de las señas de identidad del Barça de Hansi Flick. Algo irrenunciable para el técnico alemán. En su primer curso al frente del banquillo barcelonista, este sistema funcionó como un reloj. Pero, en esta segunda temporada, las cosas no han marchado tan bien. Sus rivales ya saben a qué juega el equipo y muchos han dado con la tecla para castigar su pasión por el riesgo. A lo largo de la presente edición de la Champions, su equipo nunca fue capaz de dejar la portería a cero. Y, además, fue también el más goleado de entre los ocho primeros.

En la liguilla, los azulgrana concedieron 14 tantos. Varios de los conjuntos que se vieron obligados a pasar por una ronda previa, entre los que estarían nombres como los del Inter, el Newcastle, el Galatasaray o, incluso, el Mónaco, fueron capaces de acabar la primera fase de la competición con menos goles en contra en su casillero. El PSG, el grupo más goleador de la Champions, logró imponerse a domicilio a los barcelonistas por 1-2 en un partido ciertamente muy competido, mientras que el Brujas (3-3) y el Chelsea (3-0) se mostraron como los más efectivos a la hora de castigar su fragilidad.

Expulsiones en el límite

Los riesgos que asumen los barcelonistas a la hora de defender explican también, en gran parte, cómo el Atlético consiguió que dos defensores del conjunto del Camp Nou se vieran abocados a marcharse a la caseta antes de tiempo, tanto en la ida como en la vuelta de su cruce en estos cuartos de final de la Champions. Para evitar lo que podía ser un uno contra uno letal ante su portero, Cubarsí, en el feudo barcelonista, y Eric García, en el Metropolitano, tuvieron que cometer sendas infracciones que, tras ser revisadas por el VAR, acabaron con sendas tarjetas rojas.

La semana pasada, los barcelonistas fueron capaces, pese a ello, de firmar un acoso casi infernal a la portería de Musso. El pasado martes, en cambio, el bajón físico provocado más que posiblemente por el desgaste de los primeros 45 minutos hizo que fuera menos patente.

A lo largo de este cruce de cuartos con el Atlético, el Barça ha sido capaz de generar muchas acciones ofensivas. En la ida, pese a jugar toda la segunda parte con un futbolista menos sobre el campo, firmaron un total de 60 ataques, mientras que los jugadores de Simeone, por su parte, rubricaron 20. En la vuelta, sobre todo en ese primer tiempo de alto voltaje, el equipo de Flick incluso mejoró los números de la semana anterior, con un total de 63 ataques. Los rojiblancos, por su parte, firmaron 27. En ambos casos, la efectividad ante la portería rival marcó la diferencia.

La semana pasada, por mucho que se volcaran una y otra vez en busca de la meta rival, los azulgrana fueron incapaces de marcar un solo tanto. Por contra, los visitantes asestaron dos zarpazos que dejó la eliminatoria terriblemente cuesta arriba para los culés por medio de Julián Álvarez y Sorloth.

En el Metropolitano, mientras, los barcelonistas vieron un poco más recompensado su esfuerzo. Únicamente, en los primeros 24 minutos del duelo. Lamine Yamal, incombustible a lo largo de todo el cruce y conjurado para lograr lo imposible, abrió el marcador y Ferran Torres puso el 0-2. No obstante, el buscadísimo 0-3 no quiso llegar. En gran parte por el buen hacer de Musso bajo los palos. Yendo a por todas, guardando como oro en paño el hecho de haber igualado la eliminatoria, el Atlético aprovechó los riesgos que tomaron los zagueros azulgrana para bajar el suflé con el 1-2.

Y, a partir de allí, los intentos por volver a igualar la situación de los visitantes, con la excepción del tanto anulado a Ferran Torres por fuera de juego, caerían en saco roto.

«En la primera parte, debimos marcar más goles y no esperábamos que ellos lo hicieran», confesó Flick tras un duelo en el que también le critican la falta de acierto en los cambios.

Ser más contundentes y defender mejor. Esas dos son las tareas pendientes en las que el equipo debe mejorar para ser de verdad serio aspirante a lograr un título tan exigente como la Champions.

El Madrid cae ante el Bayern en el Bernabéu y necesita un acto de fe en Múnich

El Madrid cae ante el Bayern en el Bernabéu y necesita un acto de fe en Múnich

Un acto de fe no atiende a la razón ni a la realidad. El Madrid es uno en sí mismo, tantas veces resucitado que no creer, entre su gente, es pecado. Anatema. Ahora lo necesita más que nunca, después de sufrir la potencia ajena y su propia impotencia. El resultado es malo, muy malo, ante un rival que forma parte de la misma aristocracia que el Madrid. La realidad, sin embargo, es que pudo ser peor, mucho peor, y que el Bayern perdió la oportunidad de clavar la tapa del ataúd de su rival en el propio Bernabéu. El gol de Mbappé, en cambio, llegó como lo hace el soplo de la respiración asistida. En Múnich, la próxima semana, necesitará más que el milagro de la resurrección, también todos los panes y los peces que no encontró sobre la hierba del Bernabéu.

Perder y no sentirse perdido resume las sensaciones con las que acabó el Madrid, tan vulnerable como poderoso en la reacción. Son los intangibles a los que debe aferrarse, porque son los que el Bayern teme. Lo tangible, el resultado, es una losa frente a un adversario que ganó y calculó, sostenido por un arsenal que, hoy, no tiene el Madrid. Es duro decirlo pero es lo cierto. En el Allianz tiene el Bayern que tomar una decisión. En el cálculo puede estar su trampa. El Madrid ya no tiene nada en qué pensar, sólo creer. La fe es, hoy, su argumento.

Un Bayern calculador

Entre los hombres y las intenciones había una diferencia. Kompany lo puso todo, pero no se pusieron como siempre. El Bayern salió a dominar, con posesiones larguísimas, como si la pelota recorriera de un lado a otro los pasillos de un laberinto. En cambio, no salió a fuego, con esa verticalidad que inclina los estadios de Alemania hasta que el Madrid, herido, dejara el rastro de la sangre sobre la hierba. La razón no era el respeto, ni el peso del escenario. Era el temor a encontrarse sueltos a Vinicius y Mbappé en mitad de la pradera, como guepardos. Especialmente al primero, del que no tiene buen recuerdo desde que abrió en canal el Allianz. A ese recuerdo debe aferrarse el Madrid. Mbappé es el gol, sin duda, pero el desequilibro es Vini. El problema es que es tan capaz de desequilibrar hacia afuera como desequilibrarse hacia adentro. Que estos días pase por el sillón gris de Arbeloa.

El Bayern tiene a su Vini en Olise. El francés, de 24 años, es un futbolista al que se espera hace tiempo. Avanza del mismo modo que se despliega un látigo. Lo buscaron sus compañeros continuamente, enfrentado a un duelo clave frente a Carreras. No basta un defensa frente a un jugador semejante. Son necesarias las ayudas, como ante Vinicius.

Olise, en el Bernabéu.

Olise, en el Bernabéu.OSCAR DEL POZOAFP

El Madrid detectó el peligro, pero el Bayern es como una baraja con cartas marcadas. Ni Kane y Luis Díaz habían entrado apenas en juego, pero aparecieron como en un baile de máscaras tras un error de Vinicius en un pase. Kane y Gnabry combinaron para habilitar a Luis Díaz, que cruzó sobre Lunin.

Ese error que tanto quería evitar el Bayern, las pérdidas mortales, lo cometió el Madrid ante un rival que se parece mucho al conjunto blanco, pero en un proyecto muy maduro, no improvisado. La era de Kompany y la miniera de Arbeloa no tienen nada que ver y la diferencia no está sólo en los banquillos, también en el palco.

A un error le sucedió otro, esta vez de Carreras, sorprendido por Pavlovic, y el resto resultó demasiado fácil ante una defensa desguarnecida. Olise tuvo tiempo de controlar y mirar y Kane podría haberse echado un pitillo. Miró y colocó el balón donde quiso. Un hecho especialmente grave, puesto que llegaba inmediatamente después del descanso, en el que se supone que Arbeloa debió comprimir más a los suyos. Al contrario, Vinicius no aprovechó el regalo de Upamecano.

Bellingham, al final

Inicialmente, el técnico del Madrid había tomado decisiones consecuentes, como fue la de dejar en el banco a Bellingham para mantener a Thiago Pitarch y Güler. El inglés no estaba en la forma necesaria, aunque hay cosas difíciles de argumentar con tanto viento en contra, hoy una tempestad. Cuando entró Bellingham por el jugador de la cantera, señalado por un error en el área nada más empezar, el Bayern estaba al acecho con un Olise ya en modo figura. El inglés entró en el momento de la efervescencia y lanzó a Mbappé, que cruzó para forzar la mejor intervención de Neuer.

No fue la única. A sus 40 años, y pese a la inactividad reciente, el portero alemán se desplegó como dos de 20, un par de veces ante disparos del francés y en un mano a mano ganado a Vinicius. Sólo una vez pudo superarlo Mbappé, gracias a esos pases medidos de Trent. Un soplo de vida, y mientras hay vida lo siguiente es más cierto si es que hablamos del Madrid.

Las salidas de tono de Lamine: del Madrid 'roba y se queja' al inexplicable enfado tras la victoria crucial ante el Atlético

Las salidas de tono de Lamine: del Madrid ‘roba y se queja’ al inexplicable enfado tras la victoria crucial ante el Atlético

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A Hansi Flick no le disgusta que alguno de sus jugadores se marche enfadado del campo. Ya sea después de una sustitución o si, simplemente, no le han salido las cosas. Por eso, no es nada raro que el técnico del Barcelona restara trascendencia a los malos humos con los que Lamine Yamal dejó el césped del Metropolitano tras el ajustado triunfo de los suyos en la noche de este sábado.

De hecho, ni celebró el 1-2 marcado por Lewandowski. «No sé exactamente que pasó, pero creo que fue un partido cargado de emociones. Lamine lo dio todo. No todo fue perfecto, pero lo intentó todo. Creo que es por eso por lo que estaba enfadado», aseguró el técnico en la sala de prensa. "No tuvo la suerte de marcar, pero volverá", había dejado caer poco antes ante las cámaras de DAZN.

Desde luego, no es la primera vez que Lamine Yamal se enfurruña en el césped. Este mismo curso, por ejemplo, ya se lo llevaron los demonios un par de veces cuando su entrenador decidió sustituirlo. La última vez, en los instantes finales de un duelo ante el Rayo Vallecano en casa, partido en el que los azulgrana se impusieron gracias a un solitario gol de Araujo. "Siempre igual, siempre a mí", fueron algunas de las palabras con las que, visiblemente enojado, se despachó una vez en el banquillo.

En cuanto a quién era el destinatario, pues división de opiniones. Algunos creen que era un reproche a su técnico por el cambio. Otros, que lamentaba que el árbitro le hubiera sacado tarjeta amarilla justo antes del cambio.

Frente al Levante, en un partido que acabó con triunfo azulgrana por 3-0, tampoco aceptó nada bien que Roony le tomara el relevo. Sobre todo, muy posiblemente, porque tampoco le salieron las cosas. "Es normal. Entiendo que esté enfadado, no entendería que estuviese contento", señaló entonces Flick para defenderlo.

Los problemas con Lewandowski

Que, pese a su juventud, Lamine tiene un carácter fuerte y una ambición tremenda es algo innegable. En el curso 2023-24, Lewandowski le recriminó un mal pase y casi saltaron chispas. Al final, tras unos instantes, ambos zanjaron cualquier polémica con un abrazo sobre el mismo terreno de juego. Todo eso queda muy lejos. Ahora, hasta se cruzan chascarrillos. En algún entrenamiento, incluso ha llegado a llamarle el abuelo, en tono jocoso.

El delantero internacional español tiene dificultades para metabolizar el éxito alcanzado a tan temprana edad. Pese a que ha ido tomando algunas decisiones personales para verse menos sobreexpuesto en la redes sociales, aún necesita aprender a gestionar mejor su carrera. También su comportamiento sobre el terreno de juego y la relación con sus compañeros.

Cómo no, su enfado tras la derrota frente al Real Madrid en el clásico del pasado mes de octubre también fue monumental. En los días previos, se había despachado con unas declaraciones que no hicieron ni pizca de gracia en el entorno madridista y Carvajal, por ejemplo, le recriminó en público ese hecho. Entonces, los blancos lograban abrir una brecha de cinco puntos con su rival que escalaría posteriormente hasta los siete que, ahora, tienen de ventaja los de Flick con respecto al conjunto de Álvaro Arbeloa tras una victoria frente al Atlético que dejó un par de sustos.

Ronald Araujo, en este caso, estará en disposición de jugar este miércoles, en la ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones, en el Camp Nou, de nuevo frente al Atlético de Madrid, mientras que Marc Bernal, por su parte, sufre un esguince de tobillo y podría estar un par de semanas de baja.

Hansi Flick: "Este será mi último club y mi último trabajo"

Hansi Flick: “Este será mi último club y mi último trabajo”

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Hansi Flick lo tiene muy claro: en cuanto acabe su etapa en el Barcelona concluirá también su etapa como entrenador. "Este será mi último club y mi último trabajo", aseguró el técnico, de 61 años, en la previa de un duelo tan importante como la vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones ante el Newcastle. Tras el empate a uno registrado en St James' Park, los azulgrana están obligados a apuntarse un triunfo en el Spotify Camp Nou para asegurar su pase a los cuartos de final. Quizás, por eso mismo, Joan Laporta, vencedor de las elecciones del pasado domingo, se pasó por el entrenamiento para desearles la mejor de las suertes.

"Creo que es importante tener una estructura, porque eso es lo que te da estabilidad. Todo el mundo está contento de que haya venido y nos ha deseado suerte para el partido", apuntó el alemán sobre la visita de Laporta antes de dejar caer su particular bombazo. "No pienso en irme a otro lugar. Y eso es algo que me hace muy feliz", aseguró un Flick que, pese a que el presidente electo dio por hecha la ampliación de su contrato en un particular tour por las dos emisoras principales de Cataluña, RAC1 y Catalunya Ràdio, no quiere por ahora adelantar acontecimientos.

"Está claro que me gusta trabajar aquí, pero también me gusta ser independiente, tengo una gran familia con la que quiero hablar primero y mucho apoyo. Esto es fútbol, intento dar lo mejor al equipo, pero ya veremos. Aún hay tiempo para ir hablando de ello», aseveró.

En cuanto al encuentro con el Newcastle, sabe muy bien que no será precisamente sencillo eliminar a los ingleses. Sus futbolistas, desde luego, están más que avisados de ello. "Espero un partido distinto, pueden presionar arriba y defienden bien. Será duro, ya se lo he dicho a los jugadores. Físicamente son fuertes y en transición son rápidos, así que habrá que hacer un partido perfecto, y eso es precisamente lo que intentaremos", recalcó el técnico barcelonista, quien confía también plenamente en las opciones que tienen los suyos de alzarse con un trofeo que se le resiste al club desde 2015.

Necesidad de progresión

"En el fútbol pueden pasar muchas cosas. Hay que ser positivos, porque tenemos calidad y somos capaces de ganar esta Champions, pero hay que mejorar, recuperar a jugadores que ahora no están por lesión y lograr que todos jueguen a su mejor nivel", arengó el entrenador alemán, que incidió en la necesidad de recuperar las mejores versiones de Ferran Torres y Robert Lewandowski para poder competir por todo.

En cuanto al polaco, que termina contrato el 30 de junio, Laporta aseguró en RAC1 que la intención es ofrecerle también la renovación. "Nos gustaría que siguiera, pero dependerá de lo que él quiera. Vino en un momento difícil, nos ha ayudado mucho y queremos que siga", aseveró el presidente electo, que no tomará posesión de su cargo precisamente hasta el arranque de la temporada que viene, el 1 de julio.

La continuidad del ex delantero del Bayern, no implicaría que el club cerrara las puertas a incorporar a un posible refuerzo para la punta de ataque, si bien Laporta aseguró que, entre Lewandowski y Ferran Torres, la posición estaría en principio más que bien cubierta. Además, dejó caer que se intentará incorporar definitivamente a Rashford, quien llegó en calidad de cedido por el Manchester United el verano pasado, y que se trabajará en ampliar el aforo del Estadi Johan Cruyff hasta unos 16.000 espectadores, en previsión de que pueda acoger partidos del primer equipo con vistas al arranque de la temporada 2027-28, cuando se estará trabajando en la instalación de la cubierta del Spotify Camp Nou.

Vinicius rompe los papeles de Guardiola en el paraíso eterno del Madrid

Vinicius rompe los papeles de Guardiola en el paraíso eterno del Madrid

A Guardiola se le cayeron los papeles con un golpe de viento. Cuando los recogió del suelo y levantó la cabeza, ya no había forma de ordenarlos. El partido había pasado. La eliminatoria, también. El Hijo del viento llamaban al atleta Carl Lewis de la misma forma que se lo podrían llamar, hoy, a Vinicius. Es el mismo viento, la misma zanacada, impetuosa y a la vez liviana, líquida pero mortal. Apareció el brasileño en los claros del City para provocar el caos, la obsesión de Guardiola, porque sabe que el fútbol supera las 64 casillas del ajedrez y que el control que persigue es una utopía. El caos es un instante, suficiente para sepultar una eliminatoria, y para el que el bipolar Vinicius está hecho a la medida.

El zigzag de Vini acabó con un lanzamiento al palo y el regreso de la jugada volvió a encontrar al brasileño en el lado opuesto. Lanzó duro, apretado al palo, y Bernardo Silva no tuvo más remedio que sacar el codo. El VAR tardó tiempo pero sin suspense. Era claro. Al penalti se añadió la expulsión del jugador portugués. Una decisión tan inapelable como excesiva, aunque lo diga la regla, porque castiga dos veces de la forma más severa una misma acción. El fútbol no atiende al non bis in idem. Lástima.

Vinicius no falló esta vez en un lugar maldito. Lo había hecho en el Bernabéu, por lo que el gol tuvo algo de desagravio, no sólo de tranquilidad. Guardiola no se rascaba la cabeza. Lo había hecho antes del partido, pero en esa situación no había más que entregarse a un peligroso intercambio de golpes con el objetivo de ganar el partido. Todo es posible en el fútbol y en el caos, pero Pep tiene poco de madridista, quizás sea demasiado racional para creer en lo imposible.

Guardiola, durante el partido.

Guardiola, durante el partido.EFE

El entrenador del City había corregido sus errores en el Bernabéu, donde empachó a su equipo con tanto delantero, demasiada pimienta que le impidió hacer la digestión. En la vuelta incluyó a Reijnders y dio más campo a Bernardo Silva, además de incluir a Cherki, con la intención de que jugara hacia dentro. El City fue más City pero mucho menos City que tiempo atrás. Doku y después Doku era la única amenaza real, con un Haaland incómodo y desubicado. Courtois puso las manos donde siempre las tiene, en la pila del agua bendita, y el Madrid únicamente tuvo que esperar al espacio, al caos. La realidad es que apareció nada más empezar, pero Valverde, solo frente a Donnarumma, no se lo creyó, seguía en el sueño del Bernabéu.

Sin Mbappé, con Mbappé

Al contrario que Guardiola, Arbeloa no tenía que hacer experimentos. Con Mbappé en el banco hasta la segunda mitad, repitió la fórmula con un centro del campo bien poblado, de nuevo con Thiago Pitarch y Brahim, eléctrico en una acción que mereció el gol y constante con sus movimientos. En este Madrid de circunstancias por las bajas ha entrado como un marine. Merece no quedar en el olvido cuando el resto regrese. El resto son Bellingham y Mbappé, que tuvo sus minutos después de la inactividad por lesión, en los que pudo ser objeto de un penalti y se cargó con una amarilla inútil. Una vez recuperado el francés, corresponde a Arbeloa la compatibilidad con lo que ha hecho hasta ahora y con la buena aportación de la cantera que personifica Thiago Pitarch.

En el Etihad volvió a intentar estar en todas partes, pero hacerlo frente a Doku es un martirio. El extremo se fue del canterano para dar un nuevo centro que, esta vez sí, Haaland alojó en la red. Ha sido su única aportación en dos partidos, en los que el gigante noruego parecía un Polifemo domesticado. Cherki o Marmoush han mostrado más peligro, aunque sin gol. Después de Courtois, tocado, Lunin puso lo suyo para no llegaran, en el tramo en el que el Madrid defendió cerca de su portería, demasiado, frente a un City a la desesperada.

Más, muchos más goles, pudo marcar el Madrid y, en concreto, Vinicius, con un especial apetito por hacerlo en el Etihad, a cuyo público le recordó las lágrimas que le dedicaron cuando Rodri ganó el Balón de Oro. Alto, al costado, al cielo de Manchester, a todas partes lanzó el brasileño en llegadas que aprovechaban los espacios dejados por el City, más de una hora en inferioridad. Lo hizo, incluso, en fuera de juego hasta que el tiempo añadido le dio el fruto de la victoria. Guardiola le felicitó en el campo antes de irse a su vestuario, como si se marchara de un paraíso perdido. Hoy no sabe si regresara. Ese paraíso es la Champions, el paraíso eterno del Madrid.

El aterrizaje de Arbeloa en el vestuario del Madrid: más palabras que soluciones

El aterrizaje de Arbeloa en el vestuario del Madrid: más palabras que soluciones

Dos meses menos un día después de ser nombrado entrenador del Madrid, Álvaro Arbeloa afronta el primer partido de la eliminatoria de Champions con aroma de 'match ball'. Una posible caída ante el Manchester City de Guardiola no tendría que provocar decisiones inminentes, con el equipo apretado al Barcelona en la lucha por la Liga, pero supondría la sentencia definitiva a su futuro en el banquillo, algo sobre lo que ya existen dudas en la cúpula del club y en el vestuario. En la caseta de Valdebebas hay sensibilidades distintas, pero algunos jugadores creen que desde el banquillo no llegan las soluciones necesarias.

Para saber más

Es una percepción distinta a la que tenía el grupo con Xabi Alonso, distanciado abiertamente desde el principio de algunos pesos pesados, como Vinicius, Bellingham o Valverde, pero que llegó con un plan claro. El tolosarra buscaba una transformación futbolística del Madrid y fracasó, al no imponer su personalidad lo suficiente y carecer del respaldo del club en momentos clave, como tras las protestas de Vini por la sustitución en el clásico, pero dejó en varios jugadores, como Mbappé o Courtois, la convicción de conocer bien las herramientas. Eso es algo que Arbeloa, por ahora, no ha logrado.

La apuesta por recuperar a Vinicius era obligada por tratarse de un futbolista diferencial, que el equipo necesita. Pero también por ser un activo muy importante para el club, hecho que se puso de manifiesto con la posición que tomó la entidad presidida por Florentino Pérez en el pulso que el brasileño mantuvo con Xabi Alonso.

Renovación de Vini

El brasileño está pendiente de su renovación con el Madrid. Concluye contrato al final de la siguiente temporada y el club, crea o no crea en el futuro del futbolista, está obligado a renovarle para evitar que pudiera quedar libre y perder una valiosa plusvalía. La alternativa podría ser un traspaso, si Florentino lo deseara, pero a medida que se acerca la finalización de su contrato, las opciones decrecen. Dar cariño a Vini no era una necesidad del equipo únicamente. Era una prioridad del club. Arbeloa cumplió.

Vinicius no es un personaje de consenso en ninguna parte. Tampoco en el vestuario. Cuando recibió el supuesto insulto racista por parte de Prestianni, en Lisboa, recibió el apoyo de todos sus compañeros, aunque no se llegó a plantear dejar el campo por iniciativa del conjunto. Las explosiones del brasileño no están siempre relacionadas con episodios racistas y eso ha provocado cansancio en el vestuario del Madrid. Modric le había advertido en numerosas ocasiones sobre la necesidad de autocontrolarse y Ancelotti ejercía una autoridad casi paternal sobre el futbolista. Arbeloa utiliza su discurso almibarado, pero no puede tener la ascendencia del italiano.

Masacrado por la plaga de bajas y por las carencias estructurales que ya padecieron Ancelotti, en la última temporada, y Xabi Alonso, especialmente en el centro del campo, Arbeloa no ha aportado alternativas tácticas reseñables. No ha habido evolución y, en algunos momentos, involución. Caer en la Copa en Albacete, ser abrasado en la primera visita al Benfica y las dos derrotas consecutivas tras recuperar el liderado, en Pamplona y con el Getafe en el Bernabéu, resultaron mortificantes. El día después del duelo con los de Bordalás, Arbeloa quiso elevar la exigencia en una charla con sus jugadores en Valdebebas. Ya lo había hecho durante el descanso en el estadio de La Cerámica.

La cantera y el compromiso

El entrenador ha apreciado ya que existen niveles de compromiso distintos en el vestuario y en eso tiene que ver mucho su apuesta por los futbolistas de la cantera, como Thiago Pitarch. Necesita una energía que no observa en muchos de los futbolistas más consagrados. Después de ganar en Vigo, con Pitarch, Gonzalo, Palacios y Manuel Ángel, 'Mami', lo dejó claro: «Estoy feliz por la gente que ha querido venir». Indirectamente, quiso decir que otros no habían querido. El club no lo rectificó. Si hablaba o no por Camavinga, debe decirlo su dentista.

Arbeloa llegó, a sus 43 años, con un 'staff' técnico que ha tomado una actitud muy prudente con la plantilla del equipo, como si esta llegada de Arbeloa se hubiera acelerado demasiado. Tampoco goza de un gran capitán en el vestuario, con Carvajal receloso, contrariado por una lesión que ha complica el horizonte del final de su carrera.

Mbappé está lejos de ejercer ese rol. Todos lo consideran «muy profesional» y correcto, pero con sus propios objetivos. Este tiempo de 'teletrabajo' del francés y Bellingham para recuperarse de sus lesiones, en París y Londres, no ha ayudado, precisamente, a reforzar la autoridad del técnico frente al resto.

Vini tiene a sus mejores colegas, Militao y Rodrygo, fuera de la dinámica habitual del equipo por sendas lesiones de largo plazo. Valverde y Bellingham se sintieron más próximos al brasileño en la era de Xabi Alonso, pero las cosas han cambiado. Mbappé y Courtois poseen voz propia y son autocríticos con lo que pasa en el equipo, mientras que crece una sensación de cierto desamparo entre la clase media, los Fran García, Brahim o Ceballos, que ven pasar a la cantera por delante, recelosos de las relaciones del técnico con el entorno de la cúpula del club. Como dijo Arbeloa de Mourinho, él mismo es «uno di noi», y de ese modo será tratado, pase lo que pase.

El Barcelona recupera a Eric García y Lewandowski para medirse con el Athletic en San Mamés

El Barcelona recupera a Eric García y Lewandowski para medirse con el Athletic en San Mamés

Actualizado

Ya eliminado de la Copa del Rey, el Barcelona visita al Athletic, que también se despidió de la competición tras caer ante la Real Sociedad. La mejor noticia para el líder de la Liga, que perdió a Koundé y Balde, sus dos laterales titulares, en la vuelta de semifinales frente al Atlético de Madrid, es el regreso de Eric García, que cumplió sanción ante el conjunto de Diego Pablo Simeone, y de Robert Lewandowki, quien este viernes se entrenó con normalidad protegido por una máscara después de la fractura ósea sufrida ante el Villarreal en el ojo izquierdo. Gavi ya entrena con sus compañeros, pero aún no ha recibido el alta médica.

Pese a la eliminación copera, el Barcelona llega en una buena racha de juego y resultados, con un balance de diez goles a favor y uno en contra en sus tres últimos partidos. Hansi Flick admitió en la rueda de prensa de este viernes que hará rotaciones en el equipo, sin especificar cuáles serán los cambios. En el inmediato horizonte está la ida de los octavos de final de la Liga de Campeone, el martes, ante el Newcastle.

«Son cosas que pasan», dijo el entrenador azulgrana con respecto a las bajas. «No estoy contento, ya lo dije después del partido [ante el Atlético]. Tenemos que hablar de lo que podemos mejorar. Eso es siempre mi responsabilidad y eso es lo que quiero ver. Ni el personal médico ni los fisios: es mi responsabilidad».

Parece probable que Joao Cancelo ocupe la banda derecha y Gerard Martín sea el lateral zurdo, aunque Flick puede manejar otras combinaciones, como dar entrada a Ronald Araujo en el centro de la defensa y desplazar a Eric García al lateral.

El Barcelona cuenta con el aval de sendas goleadas ante el Athletic: 4-0 en Liga, en el regreso al Campo Nou, y 5-0 en las semifinales de la Supercopa.

Fuera también de la Liga de Campeones, el Athletic, que sigue sin poder contar con Nico Williams debido a su pubalgia, quiere enmendar su decepcionante temporada logrando una plaza continental. En cuanto al once, además de la vuelta de Unai Simón, se prevé que Vivian regrese a su habitual posición de central después de actuar como lateral derecho en Anoeta en un equipo titular para cuya configuración Ernesto Valverde tendrá en cuenta el desgaste del choque copero.