Vonn publicó el miércoles una actualización en Instagram que incluía fotos en las que aparece haciendo el gesto de pulgar arriba en su cama de hospital, con un armazón metálico sujeto a la pierna.
"Hoy hicieron mi tercera cirugía y fue un éxito. El éxito hoy tiene un significado completamente distinto al que tenía hace unos días", afirmó Vonn. "Estoy avanzando y, aunque es lento, sé que estaré bien".
Vonn, de 41 años, se accidentó 13 segundos después de iniciar su bajada durante la carrera del domingo en los Juegos de Milán-Cortina y fue evacuada del recorrido en helicóptero. Señaló a última hora del lunes que había sufrido "una fractura compleja de tibia que actualmente está estable, pero que requerirá múltiples cirugías para repararla adecuadamente".
El padre de Vonn, Alan Kildow, le dijo a The Associated Press el lunes que ella está rodeada de su familia "en todo momento" en el hospital de Treviso, donde recibe tratamiento.
"Estoy agradecida por todo el increíble personal médico, amigos y familia, que han estado a mi lado, y por la hermosa muestra de amor y apoyo de personas de todo el mundo", añadió Vonn. "Además, enormes felicitaciones a mis compañeras de equipo y a todos los atletas del equipo de Estados Unidos que están ahí afuera inspirándome y dándome algo por lo que animar".
La pretemporada echó a rodar de forma oficial el miércoles en Bahrein, con Aston Martin y Williams como protagonistas, dado que ambos equipos habían sufrido retrasos durante los test privados de Barcelona. El arranque en Sakhir resultó problemático para la escudería liderada por Adrian Newey, víctima de un problema de motor que frustró su actividad durante la tarde.
Lance Stroll apenas pudo completar 36 vueltas por culpa de una incidencia en el motor Honda. A falta de tres horas para el final, el piloto canadiense tuvo que bajarse del AMR26 y ya no pudo reanudar la marcha, evidenciando los problemas de puesta a punto de la escudería de Silverstone. La vuelta más rápida de Stroll (1:39.883) sólo fue mejor que la marcada por Franco Colapinto, que durante la sesión matinal provocó una bandera roja con su Alpine.
"Detectamos una anomalía en los datos que requirió un análisis más profundo. Solucionaremos el problema y reanudaremos las pruebas mañana", explicó Aston Martin a través de un comunicado. Según el plan inicial de Aston Martin, la actividad en pista la retomará Fernando Alonso a primera hora del jueves. El bicampeón mundial necesita una jornada sin contratiempos para que el rodaje de su monoplaza se equiparare con el de sus rivales.
El aprendizaje de Williams
La jornada resultó más propicia para Carlos Sainz, que tomó el volante del FW48 por la mañana, completando 77 vueltas, con un crono de 1:38.221, séptimo en la tabla. "Nuestra intención fue completar el kilometraje necesario para comprender el chasis, la unidad de potencia y empezar a eliminar los problemas del sistema", analizó James Vowles, team principal de Williams.
El rendimiento del monoplaza de Grove también resultó fiable en manos de Alex Albon, que hizo 68 vueltas, muy valiosas para el aprendizaje al que hace referencia Vowles.
Primera jornada de test
Clasificación y tiempos
1. Lando Norris (GBR/McLaren) 1:34.669 | 58 vueltas 2. Max Verstappen (HOL/Red Bull) + 0.129 | 136 3. Charles Leclerc (MON/Ferrari) + 0.521 | 80 4. Esteban Ocon (FRA/Haas) + 0.909 | 115 5. Oscar Piastri (AUS/McLaren) +0.933 | 54
La paciencia es la clave del éxito. Así se lo ha recalcado Hansi Flick a un Marc Bernal (Berga, Barcelona, 2007) que estrenó la larga lista de canteranos que el técnico germano ha llevado desde las categorías inferiores hasta el primer equipo azulgrana. Debutó como titular en partido oficial con 17 años y 84 días en el estreno de la Liga en la temporada 2024-25, nada más y nada menos que contra el Valencia, en Mestalla. Y, de hecho, se mantuvo en el once en los dos duelos siguientes, frente al Athletic, en Montjuïc, y contra el Rayo, en Vallecas. En este último encuentro, todo se torció de repente: una acción fortuita con Isi Palazón le provocó una gravísima lesión de rodilla que, de hecho, lo tuvo lejos de los terrenos de juego algo más de un año.
En la Liga, el entrenador ha ido contando con él con cuentagotas. Por eso, con la llegada del mercado de invierno, se multiplicaron los rumores sobre una posible salida para que sumara minutos. El Girona e, incluso, conjuntos como el Ajax o el Galatasaray sonaron como posibles destinos. Pero Flick le instó a que se olvidara de eso y se centrara en ir poco a poco, día a día. Y, al final, tuvo un premio sonado.
El pasado sábado, marcó su primer gol oficial con el primer equipo azulgrana, nada más y nada menos que en el Spotify Camp Nou, tras una larguísima conducción y una definición que firmaría cualquier goleador de postín. «Cuando he marcado, he pensado mucho en el año pasado, en lo mal que lo pasé. Para mí, es una satisfacción muy grande, y también lo es para mi familia. Me he acordado mucho de ellos», confesó tras el pitido final.
«Que le pregunten al Madrid»
En la Liga, por ahora, no ha tenido muchos minutos. Tampoco, en la Champions. En ambos casos, lo más que ha jugado fueron 45 minutos, frente al Alavés, en el torneo de la regularidad, y contra el Copenhague, en Europa. En la Copa del Rey, en cambio, las cosas han sido muy diferentes. Ahí sí que ha podido tener más continuidad. Siempre, arrancando como titular y yendo de menos a más en cuanto a minutos de juego. En los cuartos frente al Albacete, por ejemplo, estuvo más de una hora sobre el césped.
Una progresión que invita a pensar que, quizás, en el encuentro de ida de las semifinales ante el Atlético, puede repetirse la historia. Aparentemente, el primer rival de gran entidad, tras dejar fuera al Guadalajara, al Racing y al conjunto manchego. Algo que, a decir verdad, no le parece del todo cierto a Flick. «Que le pregunten al Real Madrid», espetó el germano, quien no podrá contar para este encuentro ni con Raphinha ni con Marcus Rashford, baja por unas molestias en la rodilla izquierda.
La ya conocida ausencia de Pedri podría cubrirla Bernal. Flick no se cansa de decir que le encanta La Masia. Y lo demuestra con hechos. No en vano, han propiciado el debut en el primer equipo, ascendiendo desde las categorías inferiores, de ocho canteranos más: Gerard Martín, Sergi Domínguez, Andrés Cuenca, Toni Fernández, Dani Rodríguez, Jofre Torrents, Dro Fernández, ahora jugador del PSG, y Tommy Marqués, quien se estrenó el pasado domingo y, por ahora, es el último de una lista que es muy posible que siga creciendo.
Franjo von Allmen es ya, tan temprano, uno de los reyes indiscutidos de los Juegos y un repentino ídolo en Suiza. Ha pasado de suscitar cariño a provocar adoración. Es, además, muy mediático, con un rostro simpático y siempre sonriente. ¿Quién no lo sería en sus circunstancias? Campeón del descenso y, junto a Tanguy Nef, de la combinada, le arrancó a la nieve, en el supergigante, su tercer oro.
Cuando Marco Odermatt, el primer espada suizo por esencia, presencia y potencia, tomaba la salida en décimo lugar, Von Allmen, que lo había hecho en séptimo, ya era líder, por delante del estadounidense Ryan Cochran-Siegle, segundo a 13 centésimas. Odermatt no logró superar a ninguno de los dos. Se quedó a 15 centésimas del estadounidense y a 28 de Franjo. Pero, al menos, mantuvo la tercera plaza.
Saldó en parte una deuda contraída consigo mismo y con el propio supergigante olímpico. El de Pekín 2022 no lo terminó. Pero esa deuda, decimos, está saldada solo en parte. Alguien como Odermatt solo puede satisfacerla con un triunfo, no con galas menores. Lidera la Copa del Mundo de la disciplina y ganó en Copper Mountain y en Kitzbühel, pero no alcanzó a hacerlo en la olímpica pista de Bormio. Puesto que no practica el eslalon, le queda una bala dorada: el gigante del sábado. Ha vencido en tres pruebas esta temporada. Aunque parece haber retrocedido ligeramente en su estado de forma, seguirá siendo el máximo favorito. Entre otras razones, porque ese no es territorio de Franjo.
FABRICE COFFRINIAFP
Von Allmen iguala los tres oros que conquistaron el austríaco Toni Sailer, también en Cortina en 1956, y el francés Jean-Claude Killy, en Grenoble en 1968. Pero aquellas fueron medallas individuales en descenso, eslalon y gigante. El supergigante no existía entonces. Se incluyó como modalidad del esquí en los años 80: en la Copa del Mundo, en 1983; en el Campeonato del Mundo, en 1987; y en los Juegos Olímpicos, en 1988, en Calgary.
El supergigante es una prueba fundamentalmente de velocidad. Los italianos la aguardaban con merecido optimismo. Giovanni Franzoni había conquistado la plata en el descenso y Dominik Paris, el bronce. Pero esta vez Franzoni acabó sexto. Paris, en un episodio poco frecuente, perdió el esquí derecho en un bache de la exigente pista y ahí terminó todo.
El Real Madrid se retira de la Superliga tras alcanzar un acuerdo con la UEFA y la European Football Clubs (EFC) "por el bien del fútbol europeo de clubes".
A través de un comunicado, el club ha anunciado que "tras meses de conversaciones mantenidas en beneficio del fútbol europeo", el acuerdo entre las tres partes llega "respetando el principio del mérito deportivo y haciendo hincapié en la sostenibilidad a largo plazo de los clubes y la mejora de la experiencia de los aficionados mediante el uso de la tecnología".
"Este acuerdo de principios", dice el comunicado, "también servirá para resolver sus disputas legales relacionadas con la Superliga Europea, una vez que se implemente un acuerdo definitivo".
La reciente retirada del FC Barcelona, el pasado día 7 de febrero, del proyecto de la Superliga, supuso un punto de inflexión en la involución de un proyecto que, desde su presentación hace cinco años, había ido perdiendo paulatinamente los pocos apoyos con los que contaba entre los principales actores del fútbol europeo.
La salida del club azulgrana, que se suma a la renuncia previa de la Juventus en 2023 -el anterior club en retirarse-, dejaba el plan reducido a un único impulsor, el Real Madrid, en un momento en el que el resto del ecosistema continental mantenía una posición de rechazo ante esta iniciativa.
Queralt Castellet, medallista olímpica de plata hace cuatro años en el halfpipe de snowboard de los Juegos Olímpicos de Pekín, acabó con la séptima puntuación este miércoles la clasificación para la prueba de esa disciplina de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina d'Ampezzo, que se disputará este jueves en la estación de Livigno.
Queralt, cuya primera ronda fue valorada con 78,75 puntos, se mejoró a 81,00 en la segunda y acabó séptima la jornada que reducía de 24 a doce las deportistas que sobre el papel serían suficientes para entrar entre las mejores doce -de las 24 participantes- que estarán en la final de este jueves.
La estadounidense Chloe Kim, que hace cuatro años revalidó el título logrado en los Juegos de PyeongChang (Corea del Sur) y que en Italia fue una de las muchas deportistas de su país que defendió la libertad de expresión incluso para cuestionar las iniciativas de su propio gobierno, logró la mejor valoración de la jornada en la primera ronda: 90,25.
Kim, de 25 años y de orígenes coreanos -evidentemente en contra, por tanto, de las políticas de inmigración del gabinete que preside Donald Trump- recibió 2,75 puntos más que la japonesa Sara Shimizu, que se mejoró en la segunda ronda.
Otra estadounidense, Maddie Mastro, que también se mejoró en la segunda ronda, recibió una puntuación de 86,00 puntos. La tercera del día.
Castellet, nacida hace 36 años en Sabadell (Barcelona), bate en estos Juegos -con seis- el récord de participaciones de un o una deportista de España en unos Juegos de invierno rompiendo a su favor la plusmarca que la unía al fondista cántabro Juan Jesús Gutiérrez y a la esquiadora alpina María José Rienda, la primera mujer en ocupar el cargo de Secretaria de Estado para el Deporte.
Recordarán a Johann Mühlegg. ¿Quién no recuerda a Johann Mühlegg? Era esquiador de fondo y, antes de los Juegos Olímpicos de invierno de Nagano 1998, se peleó con la Federación de su país, Alemania, para acabar nacionalizado español. Se le hizo licencia de la Federación Murciana de Deportes de Invierno; la apuesta era a lo grande. En un país que solo había conseguido dos medallas olímpicas sobre la nieve -las dos de los hermanos Fernández Ochoa por entonces-, aquel hombre era una bendición caída del cielo. Daba igual que no tuviera vínculos con España, tampoco importaba demasiado que fuera rarísimo: en los Juegos de Salt Lake City 2002 se colgó tres oros como tres soles y durante unas horas fue un ídolo querido, Juanito Mühlegg, olé, olé.
Pero pronto llegó la notificación: positivo en darbepoetina, una variante de la EPO. El Comité Olímpico Internacional (COI) le quitó sus tres oros, en España pasó de estrella a meme y su historia pareció quedarse ahí.
«Hola, sí, soy su madre. No está aquí, hace muchos años que no viene a Alemania; de aquí no guarda buenos recuerdos. Le comentaré a Johann su solicitud de entrevista, pero le advierto de que no quiere saber nada de los periodistas. Lea su libro, Solo contra todos, allí lo explicó todo». Magdalena Eiband habla con EL MUNDO desde el Landhaus Zum Jeremia, el hotel de montaña que la familia Mühlegg regenta en la Werdenfelser Land, al sur de Alemania, en la frontera con Austria. Cuenta que después de los Juegos Olímpicos de 2002 perdió su trabajo como asesora fiscal y que, con el tiempo y muchas penurias -habla incluso de amenazas telefónicas-, han conseguido levantar el negocio.
Justina, la curandera
Quien sí trabaja allí es Martin, el hermano de Johann, que durante muchos años le acompañó. Pero... ¿dónde está Johann? Para entender la vida actual de Mühlegg hay que remontarse a sus orígenes, a varios años antes de nacionalizarse español.
Pese a lo que siempre pensó la opinión pública en España, Mühlegg no era un don nadie en Alemania, ni mucho menos. Durante muchos años fue la mayor promesa de su esquí de fondo, campeón del mundo júnior, y los dirigentes del país germano lo intentaron todo para que brillara. Pero tenía demasiados satélites a su alrededor. En 1993, con apenas 23 años, tuvo la primera bronca con un seleccionador nacional, Georg Zipfel, al que acusó de ser un «brujo» con poderes oscuros, y conoció a una mujer que marcaría su vida: Justina Agostinho. La curandera. La mujer que siempre llevaba consigo litros de agua presuntamente bendita.
Una limpiadora germano-portuguesa convertida en espiritista que empezó entonces a acompañar a Mühlegg y ya no se marcharía de su lado. Así sigue siendo a día de hoy. Junto a Agostinho se presentó en España; junto a Agostinho dominó todas las pruebas de los Juegos de Salt Lake City 2002; junto a Agostinho desapareció después de dar positivo... y junto a Agostinho continúa.
Mühlegg, celebrando sus medallas en Salt Lake City 2002.EM
Tras un breve periodo en Portugal, Mühlegg se asentó hace 20 años en Natal, ciudad del norte de Brasil, y fundó, junto a Antonio Miguel Agostinho, el marido de Justina, un negocio inmobiliario llamado Jericons Construção. A través del correo electrónico de la empresa, el ex esquiador responde, pero al saber que al otro lado hay un periodista corta la comunicación de manera súbita. Muchos medios alemanes han intentado entrevistarle en los últimos años y quien más obtuvo fue Sports Bild, en 2022: apenas un triste correo electrónico. "Llevo 20 años sin practicar deportes. No quiero dar una entrevista. Por favor, comprenda mi decisión personal. ¡Que Dios le bendiga, mucha suerte y mucha salud! Johann», escribió.
Paternidad y nacionalización
Según su madre, Magdalena, Mühlegg ha rehecho su vida en Brasil y solo sufre por la inseguridad en la zona de Natal donde vive. El ex esquiador conoció a una mujer brasileña, doctora en Química y profesora del Instituto Federal de Educación, Ciencia y Tecnología de Pernambuco, y con ella tuvo una hija que ya ha cumplido 13 años. Tanto es su arraigo al país que en 2015 se nacionalizó brasileño.
A sus 55 años no tiene redes sociales ni participa en ninguna actividad pública. Es posible que ni siquiera vaya a ver las pruebas de esquí de fondo de los actuales Juegos Olímpicos de Milán-Cortina d'Ampezzo, con tres españoles en liza -Jaume Pueyo, Bernat Sellés y Marc Colell-, que intentan quitarse de encima la sombra de su figura. Pero en España Johann Mühlegg se sigue recordando. ¿Quién no recuerda a Johann Mühlegg, el ídolo que duró apenas unas horas?
Nico Williams, titular esta noche en el derbi vasco de semifinales de Copa del Rey, es el nombre propio de la temporada en el Athletic Club y uno de los futbolistas a los que se sigue más de cerca en la Federación Española de Fútbol. En Bilbao por su salario, renovado al alza en verano, y por un curso que se ha puesto cuesta arriba por la eliminación en Champions y por la irregularidad en Liga. Y en Las Rozas por la preocupación de cara al próximo Mundial. Siempre con el nombre de Nico pegado al de una lesión que da miedo a los futbolistas por su difícil solución: la pubalgia, cuyo único tratamiento suele ser el descanso.
El delantero lleva jugando con dolor en la zona de la ingle desde el final de la temporada pasada. Se exprimió para acompañar al Athletic a puestos Champions después de ser parte de la España campeona de Europa, pero este curso los dolores han ido a más hasta el punto de condicionar su día a día y de permitirle disputar sólo una vez dos partidos completos de manera consecutiva: en diciembre, contra el Atlético en Liga y el PSG en Champions. En los demás, o se ha quedado en el banquillo o no los ha terminado.
De hecho, sólo ha podido disputar tres de los ocho encuentros de la liguilla de Champions, una ausencia clave en el devenir de los rojiblancos, y en Liga sólo ha jugado tres partidos completos sumando cuatro goles y tres asistencias, números que están lejos de lo que aportaba en años anteriores (5 y 13 en el curso 23-24, por ejemplo).
Renovación por ocho temporadas
Por si fuera poco, la situación se ha complicado todavía más, obligando al Athletic y al futbolista a elegir las 'guerras' en las que debía pelear. No jugó en las semifinales de la Supercopa contra el Barça, pero sí una semana después en Copa contra la Cultural. Jugó ante el Mallorca en Liga, pero paró contra el Atalanta en Champions antes de salir media hora ante el Sevilla, donde sintió bastante dolor, para volver a quedarse fuera en Europa en el decisivo duelo ante el Sporting de Lisboa. Tres días después, fue titular en el derbi vasco de Liga, participó 20 minutos en Copa contra el Valencia y recuperó la titularidad en Liga contra el Levante.
Ernesto Valverde ha ido dosificando al futbolista y a sus dolores dentro de una situación que trae de cabeza al jugador, a su entorno, al club y a los preparadores que han trabajado y trabajan con él. Un día a día problemático en la que hay demasiados intereses cruzados. El Athletic, que paga su sueldo y que le renovó en verano por ocho temporadas más a razón de diez millones por curso, le necesita más que nunca, y Nico se ve en la obligación de ayudar hasta el límite a pesar de que en condiciones normales, que no son las actuales, lo ideal sería parar durante varias semanas e incluso haber pasado por el quirófano antes.
Pero eso, claro, sería no pensar en el presente, algo que el Athletic, 10º en Liga con seis puntos sobre el descenso y a seis de Europa, no se puede permitir. En San Mamés no se quiere oír hablar del Mundial y se exprimen las opciones para tratar al futbolista sin necesidad de un parón demasiado extenso. Una decisión que, según ha podido saber este periódico, ha provocado las idas y venidas de expertos en la lesión, que consideran que lo mejor es parar pero cuya respuesta choca de frente con los intereses del club. Tanto que algunos han durado menos de un mes trabajando con el jugador.
Nico Williams, calentando en Mestalla.Ana EscobarEFE
«Se ha visitado a cuatro especialistas y no ha funcionado el tratamiento aplicado», reconoció hace unos días Mikel González, director general del Athletic. «Estas pubalgias no se suelen operar porque puede ser de tres a seis meses de baja y no te garantizan resultados. Descartamos la operación», resumió, insistiendo en que Nico está poniendo «su compromiso con el Athletic por encima del Mundial». «Sabe que está jugando limitado, pero antepone el club a otras cosas», añadió. En la Federación, mientras, dan por hecho que no podrán contar con él a su mejor nivel durante la Copa del Mundo, y calculan su descanso durante los primeros días del torneo para tirar de él en las eliminatorias.
La realidad de Nico es similar a la que vivió Unai Simón antes de la última Eurocopa. Jugó con dolores en la muñeca durante el curso y el torneo y se operó después, ya sin la presión del club y de la selección. La pregunta es si es mejor un Nico limitado o un Athletic sin Nico durante un tiempo. La temporada dirá.
Desde su primer entrenamiento en Zubieta, el pasado 26 de diciembre, Pellegrino Matarazzo quiso dejar claro a todos en la Real Sociedad que se dirigieran a él por el diminutivo familiar: Rino. Hijo de inmigrantes italianos, nacido en 1977 en Wayne (Nueva Jersey, 1977), Matarazzo tiene en tan alta estima los valores inculcados en casa como los códigos del vestuario. Por eso, su prioridad a lo largo de estas seis semanas no ha pasado por la táctica. El modo en que Matarazzo ha cambiado el rumbo de la Real Sociedad se ha fundamentado en la confianza.
Cinco victorias y tres empates en ocho partidos convierten a la Real en uno de los tres equipos invictos, junto con Olympique de Lyon y Milan, de las grandes ligas en 2026. Durante ese mismo periodo, sólo el Real Madrid ha sumado más en el torneo de la regularidad. Un balance que ni uno de los hinchas presentes en aquella sesión abierta en el campo José Luis Orbegozo pudo imaginar. Apenas seis semanas después, aquella Real deprimida, plana y pasiva, con dos puntos de margen sobre los puestos de descenso, es hoy un torrente de energía, vértigo y decisión, a un paso de disputar la final de la Copa del Rey.
Nada compendia mejor la metamorfosis moldeada por Matarazzo que una canción de la Grada Aitor Zabaleta. «Por la mañana café, por la tarde ron, llévame a Sevilla, Orri Oskarsson». Así corearon el domingo en Anoeta el gol con el que el delantero cerraba el triunfo ante el Elche (3-1). Los mismos acordes de Café con ron, el éxito de Bad Bunny, servían ahora para el islandés, un fichaje de 20 millones de euros que en 18 meses sólo había destacado por su propensión a las lesiones. Hoy, Oskarsson representa uno de las grandes bazas de los txuri urdin para disputar la final copera, el 18 o 19 de abril en La Cartuja.
Los tiempos de Montanier
Matarazzo se comunica en inglés con Orri y con Luka Sucic, otro futbolista que ha multiplicado su rendimiento respecto a su etapa con Imanol Alguacil y Sergio Francisco. Desde el primer día, las instrucciones en español quedaron en manos de John Maisano, su primer ayudante, conocido en la caseta por dirigirse a Mikel Oyarzabal como Michele. Más allá del idioma, Matarazzo nunca quiso agobiar con revoluciones en la pizarra, sino que puso el foco en alimentar la autoestima de sus futbolistas. Tal y como había intuido en los vídeos previos, la calidad estaba ahí. Simplemente había que liberarla.
Más de una década después, Matarazzo ha recuperado una de las fórmulas que mejor funcionaron en San Sebastián. Se trata del fútbol vertical, basado en las transiciones rápidas. El estilo con el que Philippe Montanier logró la clasificación para la Champions, con Asier Illarramendi como lanzador de Carlos Vela y Antoine Griezmann. Esta Real no necesita el balón para mandar en el partido, porque sabe la zona en que va a robarlo y el flanco débil donde desarbolar al rival. El guion es claro y el equipo lo aplica sobre el verde de un modo muy efectivo.
Nadie en Anoeta pudo extrañarse con el primer once de Matarazzo ante el Atlético, pero aquel domingo, cerrado con una clamorosa ocasión de Carlos Soler ante Jan Oblak (1-1), hubo un par de detalles que sorprendieron. Desde el minuto 15, seis suplentes saltaron a calentar. Una muestra de la activación y la agresividad que quería su técnico. Desde la banda, Matarazzo también se hacía muy presente. Esa energía a la hora de dar instrucciones, celebrar el gol y protestar a los árbitros, pronto también ante los micrófonos, calaron en la grada. Tras el 2-1 frente al Barcelona, el estadio coreó por primera vez su nombre.
Matarazzo, junto a Oyarzabal, el pasado sábado en Anoeta.EFE
Aquel domingo, la gente salía atónita de Anoeta, no sólo porque Gonçalo Guedes había marcado en la jugada inmediata al gol de Marcus Rashford, sino porque su Real pudo resistir, en inferioridad numérica, ante el mejor frente de ataque de LaLiga. En las antípodas de aquel equipo que se desplomaba físicamente durante los últimos minutos, perdiendo puntos decisivos frente a Villarreal, Girona o Levante.
Nadie puede engañarse con Matarazzo, el primer técnico estadounidense en la historia de LaLiga, pero con nacionalidad e ideosincrasia italianas. De sus cuatro hermanos, todos varones, Leopoldo y Antonio también se han dedicado al fútbol. Los tres comenzaron en la Universidad de Columbia, donde Rino se graduó en Matemáticas Aplicadas en 1999. Era el sueño de sus padres, pero incluso a los 22 años él mantenía viva la llama de ser futbolista. Así que cambió el cálculo avanzado multivariable y la geometría diferencial por un salto al vacío. No cuajó nada en Italia, así que, sin conocer una palabra del idioma, tomó un avión hacia Alemania. Allí nunca pasaría de cuarta división, pero sí supo hacer contactos.
En aquel 62º curso de entrenadores de la Federación Alemana (DFB) conoció a Julian Nagelsmann, con quien compartió habitación en la ciudad deportiva de Hennef, a las afueras de Colonia. La sintonía entre ambos fue inmediata y en enero de 2018, el actual seleccionador de la Mannschaft contrató a su amigo como primer ayudante en el Hoffenheim. Tras casi dos temporadas juntos, Rino optó por volar solo en el Stuttgart, a quien ascendió a la Bundesliga. De ahí, vuelta a Hoffenheim, con billete para la Europa League. Su despido, en noviembre de 2024, cambió tanto su perspectiva que terminaría aceptando la oferta de DAZN como comentarista durante el Mundial de clubes.
Cosas de la buena ventura
Tras perder la carrera para dirigir a Estados Unidos en el Mundial, cuya responsabilidad acabaría en poder de Mauricio Pochettino, todos los azares del fútbol se han alineado para Matarazzo. En Zubieta no se olvidan de los cinco disparos a la madera del Barcelona, incapaz de batir a Alex Remiro tras la roja a Soler; ni de las paradas de Aitor Marrero durante la tanda de penaltis frente a Osasuna en octavos de Copa; ni de la asombrosa irrupción del balón parado, en manos de José Rodríguez, el especialista fichado en verano procedente del Aston Villa. Tras una angustiosa sequía en la estrategia, Jon Aramburu rubricó el 1-2 en Getafe tras cabecear un córner botado por Takefusa Kubo.
Matarazzo, durante el entrenamiento del martes en Zubieta.EFE
Hoy, Matarazzo no podrá contar ante el Athletic con el japonés, ni con Ander Barrenetxea, ni con el citado Sucic, pero en Donosti ven la final más cerca que nunca. De las 8.000 peticiones, sólo 410 agraciados podrán disfrutarlo en directo en San Mamés. Se trata de la cuarta semifinal en siete años para la Real, tercera seguida, algo nunca visto en su historia. Los dos precedentes coperos ante el Athletic en esta instancia se saldaron con una remota eliminación (1923) y un triunfo (1987) que conduciría al título ante el Atlético en La Romareda.
"Tenemos que jugar con intensidad y conexión, todas las cosas que nos ha hecho muy fuertes, debemos seguir haciéndolas, porque si no, no funcionaremos bien", admitió el martes Matarazzo. Aún queda mucho margen para un conjunto incapaz de mantener su portería a cero desde el 24 de septiembre ante el Mallorca. Y que sobrevive en defensa pese a las tribulaciones de Duje Çaleta-Car, autor de un esperpéntico penalti sobre Toni Martínez, a quien cegó con su propia camiseta.
Esa remontada en Mendizorroza (2-3), sin embargo, fraguó también la conexión entre el vestuario y la afición. Muchos realzales se las habían ingeniado para conseguir una localidad fuera de la grada visitante y vibraron con las lágrimas de Marrero, baja para el que debía ser su día grande por un golpe fortuito con Guedes durante un entrenamiento. Tampoco olvidaron el detalle de Brais Mendes, que se sumó a la convocatoria apenas unas horas después del nacimiento de su segundo hijo. Inequívocos síntomas ambos de la salud del vestuario.
A veces, en contra de la lógica y de los manuales de periodismo, hay que empezar una crónica mencionando al perdedor, porque la sorpresa sobrevenida lo exige. Hay sorpresas relativas y sorpresas absolutas. Y la experimentada en la combinada femenina por equipos fue total. El equipo ganador habla alemán y no inglés. El Austria 2, formado por Ariane Raedler y Katharina Huber, se llevó un oro inopinado ante, seguimos con el mismo idioma, Alemania (Kira Weidle-Winkelmann y Emma Aicher) y USA 2 (Jacqueline Wiles y Paula Moltzan). El USA 1 de Breezy Johnson y Mikaela Shiffrin, cuarto, se quedó a las puertas, que se le cerraron bruscamente, de cualquier metal.
Incluso la plata y el bronce hubieran sido insatisfactorios. Estaban en liza la ganadora del descenso individual y la esquiadora que más eslalons ha ganado en la historia de la humanidad: 71. Dos mujeres de 30 años, en lo mejor de su joven madurez y de su madura juventud. Cuando Breezy obtuvo el mejor tiempo en el descenso se dio por descontado, y dentro de la incertidumbre inherente a toda competición deportiva, que, en el eslalon, Mikaela remataría la faena.
Curiosa y extrañamente, hizo el peor eslalon de la temporada. Y tanto, porque los ha ganado todos, los siete disputados. Ha ido a fallar precisamente en el más importante. Bueno, realmente el más importante será el individual del miércoles 18. Pero éste era un eslalon con todas las de la ley, con las medallas en juego, las personales y las nacionales. Esquió mal, una novedad asombrosa. No parece atribuible semejante torpeza a una presión excesiva. No tenía que remontar, en una actuación heroica, un cronómetro adverso. Su compañera había ganado el descenso, aunque sólo con seis centésimas de ventaja, si bien en esa prueba no es poco. A ella le bastaba con cumplir, asegurándola, su parte del trabajo. Fracasó.
La tensión, en principio, tenía que afectar a los equipos que habían quedado en el descenso por detrás del USA 1 de Johnson. A ese Austria 2 de Raedler (y Huber). Al Italia 2 de Laura Pirovano (y Martina Peterlini). Al USA 2 de Wiles (y Moltzan). Al Austria 1 de Cornelia Huetter (y Katharine Truppe). Incluso al sexto clasificado, el Alemania de Weidle-Winkelmann (y Aicher). La emoción era innegable. Había ocho equipos en menos de un segundo.
Ariane Raedler y Katharina Huber, con el oro.Andy WongAP
En el turno del eslalon, Emma Aicher, magnífica, y también gran especialista en la velocidad (plata en el descenso del domingo), ya marcó un crono difícil de superar. No lo consiguió Austria 1. Ni USA 2. Ni Italia 2 (Peterlini se salió del trazado). Pero sí Austria 2. En el portillón estaba preparada Shiffrin. Salió, llegó, vio y... perdió. Su rostro era un poema. Su compañera, Johnson, trataba en vano de animarla. Ya veremos qué repercusiones puede tener este traspié en las siguientes actuaciones de Shiffrin, el eslalon del día 18, tres días antes, el gigante.
Mikaela no ha ganado ninguno esta temporada. Puede verse afectada si empieza a darle vueltas a la cabeza pensando en su desdichada actuación en los Juegos de Pekín, en 2022.
Decepción Italia
Italia tuvo un día decepcionante. Su gran estrella, Sofia Goggia, del equipo número uno que formaba con Lara Della Mea, no acabó el descenso, su hábitat, su terreno, después haber ganado el bronce en la prueba individual. Y, ya en el eslalon, Giada dAntonio, que formaba el Italia 4 con Nadia Delago, se salió de la pista. Es comprensible y perdonable. De padre italiano y madre colombiana, sólo tiene 16 años. Acusó el impacto de verse presente en unos Juegos Olímpicos.
Participaron 28 equipos y, tras las caídas que sufrieron Sofia Goggia e Isabella Wright del USA 4 que besó la nieve el día de su 29º cumpleaños), tomaron la salida 26 en el eslalon. Presentaron cuatro Suiza, Austria, Italia y Estados Unidos. Francia, tres. Fue emocionante ver de nuevo a Petra Vlhová después de dos años y 20 días sin competir a causa de una grave lesión. En el eslalon se enganchó en un palo y ahí terminó todo. Pero ha vuelto. Tiempo al tiempo.