Exhibición de Juan Ayuso en el Algarve: triunfo en la general y última etapa

Exhibición de Juan Ayuso en el Algarve: triunfo en la general y última etapa

Empezar marcando el terreno y asumiendo los galones de líder que siempre reclamó. Juan Ayuso cerró el primer acto de su nuevo ciclo en el Lidl-Trek con un dominio incontestable en la Volta al Algarve, su primera cita de la temporada. El corredor formado en la escuela de Jávea se anotó este domingo la victoria en la última etapa de la ronda portuguesa y ganó la clasificación general de una prueba que lideró desde el pasado juves.

El español, ex compañero de Tadej Pogacar en el UAE, remató el trabajo de sus gregarios en el alto de Malhao, donde impuso su velocidad en rampa a los franceses Kevin Vauquelin (Ineos) y Paul Seixas (Decathlon). Fue el primer triunfo parcial del ciclista del Lidl-Trek después de los segundos puestos conseguidos en la segunda y tercera jornada, en las que escoltó, respectivamente, a Filippo Ganna y Seixas.

El último ganador español en la prueba lusa fue Alberto Contador, en 2010. El pinteño también venció en 2009.

Con la victoria de este domingo, Ayuso amplía un interesante palmarés. A sus 23 años ya suma 18 triunfos, entre los que figuran éxitos en la Vuelta la País Vasco, Tirreno-Adriático y etapas en el Giro de Italia y Volta a Catalunya. ''Estoy muy orgulloso de lo conseguido, pero todo ello no hubiera sido posible sin la labor de todo el equipo. Estoy muy agradecido'', dijo el español, que se incorporó al Lidl-Trek el pasado enero.

La segunda plaza de la Volta al Algarve fue para el galo Seixas, con sólo 19 años ycon ascendencia portuguesa. El nuevo fenómeno frances se anotó la clasificación de los jóvenes.

Por otra parte, Isaac del Toro ganó la general del Tour de UAE e Iván Romeo, la Vuelta a Andalucía.

Graves altercados en El Sadar tras la victoria de Osasuna frente al Madrid: dos detenidos y cuatro heridos, dos de ellos policías

Graves altercados en El Sadar tras la victoria de Osasuna frente al Madrid: dos detenidos y cuatro heridos, dos de ellos policías

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Dos personas han sido detenidas y cuatro han resultado heridas -dos civiles y dos agentes de policía- tras los altercados que tuvieron lugar este sábado por la noche en el interior del estadio de El Sadar al término del encuentro entre Osasuna y el Real Madrid, en el que el equipo local se impuso por 2-1.

Según informan fuentes de la Delegación del Gobierno, el origen de los altercados se produjo cuando, tras finalizar el partido, la policía fue a identificar al autor del lanzamiento de una botella durante la primera mitad del encuentro. Los incidentes, explican estas mismas fuentes, comenzaron porque "se pusieron violentos" con los agentes.

En ese momento comenzaron las cargas policiales en el fondo sur del estadio, que se saldaron con el autor del lanzamiento detenido y otra persona más por desobediencia y desórdenes públicos. Uno de los detenidos era menor de edad y ha sido puesto en libertad.

El otro permanece ingresado en el Hospital Universitario de Navarra y se encuentra fuera de peligro con heridas de distinta consideración. El otro de los heridos fue atendido fuera del estadio y no requirió traslado.

Además, dos agentes también resultaron heridos leves. La Policía Nacional continúa investigando y no se descartan nuevas detenciones.

Por su parte, Osasuna ha informado en un comunicado de que abrirá una investigación interna para aclarar los incidentes. El club ha lamentado "las imágenes que se han presenciado en las zonas interiores del estadio una vez concluido el partido, las escenas de pánico y la afectación que ello ha tenido sobre socios y socias que desalojaban el estadio en ese momento celebrando una gran victoria de su equipo".

Un tapón a dos manos, una final inédita y Galbiati, el nuevo héroe del Baskonia: "Por la mañana café, por la tarde ron..."

Un tapón a dos manos, una final inédita y Galbiati, el nuevo héroe del Baskonia: “Por la mañana café, por la tarde ron…”

La última vez que el Baskonia jugó una final de Copa (2009), Paolo Galbiati, que tenía 25 años, ni siquiera había empezado en el junior del Olimpia Milan. Allí se inició en los banquillos en 2012 y allí coincidió con Sergio Scariolo, que era el técnico del primer equipo (en el parón de tres años que tuvo con la selección española). Este domingo (19.00 h., DAZN), dos técnicos italianos se jugarán el torneo en el Roig Arena.

Para saber más

Han pasado 17 años de aquella del Palacio de los Deportes, el último título copero vitoriano también. Se agotaba una época (Prigioni, Splitter, Rakocevic, Teletovic, Pete Mickeal... hasta Ibon Navarro, que era asistente de Velimir Perasovic), una particular travesía en el desierto apenas rota por el título liguero en la burbuja de 2020, también en Valencia (Fonteta). Últimamente, el Baskonia se ausentaba hasta del torneo. No sus aficionados, que el sábado en las afueras del Roig Arena seguían celebrando con DJ Nano como se merecía. Habían desplumado al Barça, con el que perdían de 12 puntos en el primer cuarto y de nueve en el último ("Estábamos en el barro, pero nuestra defensa ha sido increíble"). Y cantaban a su nuevo ídolo, la melodía de moda en la Copa, al son de Bad Bunny: "Por la mañana café, por la tarde ron, Paolo Galbiati, haznos campeón".

"Me emociona cuando lo escucho", intentaba pronunciar en castellano el lombardo, un tipo único. Bromista, emocional, efusivo, enérgico. Que se viste de pantalón corto para completar los calentamientos con sus jugadores. Que llegó desde el Trento (allí ganó la Copa italiana hace un año), una apuesta tras la mala etapa Laso, y que perdió los seis primeros partidos de la Euroliga ("dramático", recordaba anoche). Y que vio amenazado hasta estar en Copa. "Pero en el partido de Málaga todo cambió. Ganamos con una canasta sobre la bocina, con solo nueve jugadores. Y entonces empezó una racha y hemos sido hasta cabezas de serie", se congratulaba.

Un momento antes, Xavi Pascual hablaba de un último cuarto "desastroso" del Barça. "Hemos llegado muertos al último cuarto. Nos hemos quedado sin energía. Hemos jugado fatal".Quizá en su mente la última acción, el intento de Shengelia y el tapón a dos manos de Mamadi Diakite, otra de las imágenes de esta Copa. Para el africano tenía palabras de elogio Galbiati. Pues se desempeña de pívot sin serlo, como Omoruyi, el último fichaje. Las bajas corroen al Baskonia. La última fue la de Khalifa Diop, el único cinco puro. Que se lesionó en el salto inicial del partido anterior. Esta tarde ante Tavares tienen un problema por resolver.

Tras unas semifinales de igualdad y emoción como nunca, será una lucha por el título sin precedentes. El Real Madrid buscará conquistar su 30º Copa, mientras que el Kosner Baskonia hacerlo por séptima vez. Dos equipos que no se las ven desde las semifinales de Vitoria 2017, donde se impusieron los blancos (23 puntos de Doncic y un gran Llull) en la prórroga (99-103). El balance global también favorece al Madrid (7-3).

La última final que ambos disputaron fue la de la Supercopa 2019, en Galicia. Entonces, victoria blanca en el era el debut oficial de Gabi Deck.

El Baskonia sobrevive al Barça y vuelve a una final de Copa 17 años después

El Baskonia sobrevive al Barça y vuelve a una final de Copa 17 años después

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El Kosner Baskonia supo vivir buena parte de la segunda semifinal de la Copa del Rey a rebufo del Barça sin dejarle escaparse en el marcador para, en el tramo final, aprovechar un descanso de Nico Laprovittola para hacerse con el mando del choque y meterse, diecisiete años después, en la final del torneo que se disputa en el Roig Arena de Valencia en busca del que sería su séptimo título.

En un partido con muchos más errores que aciertos, el Baskonia consiguió sumar varios anotadores ante su rival y mantuvo la calma para evitar que el Barça lograra forzar la prórroga.

El Barça salió fluido y Laprovittola y Will Clyburn obligaron a Paolo Galbiati a parar el partido al poco de comenzar. El tiempo muerto frenó por unos minutos al conjunto catalán pero el Baskonia no encontró argumentos para hacerse con el mando del choque y llegó a perder por doce puntos. Al menos, supo hacer 'la goma' y esperar su momento.

No tardó demasiado, porque al conjunto catalán se le hizo largo ya el final del primer cuarto. En el equipo vasco empezaron a encontrar el camino al aro. Lo hizo Matteo Spagnolo pero también Timothé Luwawu-Cabarrot, Mamadi Diakite y Trent Forrest. Muchos frentes para que el Barcelona pudiera atender a todos.

También Xavi Pascual llamó al orden a los suyos pero no pudo evitar ni que Spagnolo culminara una rápida remontada (26-27, m.14) ni que el final del segundo cuarto fuera un intercambio de canastas en la que la iniciativa siempre fue ya del Baskonia, que con Luwawu-Cabarrot ya muy enchufado se llevó un pírrico premio al descanso (37-38, m.20).

Tras el parón ambos equipos intentaron acelerar pero a los dos les costó mantener la precisión a ese ritmo y hubo casi más errores que aciertos. Las pérdidas se multiplicaron y el partido se desordenó sin que apenas subieran puntos al marcador. El parcial de los primeros cinco minutos fue de 6-4, el partido estaba atascado.

En ese panorama, Laprovittola se hizo dueño de la semifinal. Anotó un triple y repartió juego entre sus interiores para que Willy Hernangómez y Toko Shengelia abrieran desde el tiro libre una brecha que en otro encuentro habría sido irrisoria pero que en este podía marcar el partido. Una canasta del argentino sobre la bocina del tercer cuarto, afianzó esa sensación (58-49, m.30).

Reservó un momento Pascual a Laprovittola y sin el argentino en el parquet cayeron un par de minutos sin que pasara nada que alterara los equilibrios. Justo lo que quería el técnico del equipo catalán. Pero un par de tiros abiertos del Baskonia, uno de Gytis Radzevicius y otro de Rodions Kurucs, ajustaron el marcador (61-58, m.33).

Aguantó Pascual un poco más a Laprovittola en el banquillo pero cuando un triple de Luwawu-Cabarrot puso al Baskonia a uno ya no pudo más. El Baskonia ya estaba en marcha, había recuperado cierta confianza y Forrest completó la remontada.

No hubo épica

Al Barça se le empezó a encoger la muñeca y con cada tiro liberado fallado crecía la presión. Un mate de Shengelia al contraataque rompió esa dinámica y dejó a su equipo a dos. Con 33 segundos, el equipo azulgrana tenía la bola pero Diakité taponó a Shengelia a dos manos y Luwawu-Cabarrot metió solo uno de los dos tiros libres de la posterior falta.

Con 4,1 segundos, Pascual pidió tiempo muerto y sacó la pizarra para tratar de dibujar un triple pero la opción que le quedó a Joel Parra fue muy forzada y no tocó ni aro. El Baskonia regresa a una final 17 años después.

El Atlético toma aire en Liga ante un Espanyol que se desinfla

El Atlético toma aire en Liga ante un Espanyol que se desinfla

Es complicado mantener el ritmo en una maratón. No hablamos de Kipchoge sino de un Atlético que lleva este 2026 jugando cada tres días. Rota el Cholo, a veces mucho, a veces poco, como ante el Espanyol, y busca el argentino gestionar las cargas de sus futbolistas en vista de que el calendario no le deja. Y es que se habla de objetivos, pero podemos resaltar las prioridades. Lógicamente, 15 puntos de la cabeza en la Liga obliga a virar el foco a Copa y Champions, pero si las cosas no resultan hay que mantener el ritmo y así lo hizo el Atlético que venció al Espanyol con su versión copera, aunque se durmió un poco en el tramo final. [Narración y estadísticas, 4-2]

Estas carreras no siempre son para los de mejor físico, también para los que saben hacer más con menos. No hay mayor exponente que Griezmann. El francés ha perdido la explosividad de la juventud, pero no la agilidad mental que permite suplirla. Ante el Espanyol dio una masterclass de tempo. Manejó el juego desde donde estaba. Sus toques mejoraban las jugadas y en el 25 un control suyo silenció el estadio y no lo hizo estallar porque su disparo se fue fuera.

Es cierto que el equipo catalán no es el que empezó laliga y el que inició el campeonato llevándose el duelo ante los rojiblancos en Cornellá. Se le está haciendo un poco largo el campeonato y se le hizo un poco el partido. Porque Jofre le dio, de manera involuntaria, la ventaja en el marcador. Un cuarto de hora les duró la alegría, hasta que Llorente encontró a Sorloth en boca de gol.

Está el madrileño compensando los ataques que los colchoneros quieren volcar sobre la banda izquierda de la novedad, Lookman. Es cierto que el nigeriano justifica los balones que recibe con unos contra uno casi siempre con peligro, pero también evidencia que Giuliano no atraviesa el mismo momento con el que comenzó el curso. Mantiene su intensidad y sus ayudas, pero le falta la precisión que obliga su puesto. Hasta que marca y entonces los juicios quedan en papel mojado. Lo hizo tras pase de Baena, más que pase, asistencia, como si fuera baloncesto, porque el argentino sólo tuvo que ponerla bajo las piernas de Dmitrovic.

Lo que sigue siendo un quebradero de cabeza para el Cholo es encontrar alguien que mantenga el nivel de Koke y Barrios desde el mediocentro. Johnny no termina de mostrar el perfil que dio en el Betis y ante el Espanyol. Baena fue el encargado de acompañarle en el medio. El problema del almeriense es que la cabra tira al monte y, muchas veces, las pérdidas de su equipo le cogían muy fuera de su posición obligando al brasileño a intentar ocupar todo el mediocampo. Lo que pasa es que cuando das tanto arriba, las lagunas abajo cuentan menos.

Un nuevo Atlético

Es un poco así el nuevo Atlético de Simeone. Se olvidó la disciplina defensiva de otros tiempos. Más en Champions que en Liga, competición en la que es el segundo menos goleado tras el Madrid. Ahora juega a golpes, aprovechando los 400 millones estivales reforzados con las pinceladas invernales. Lookman, Griezmann, Sorloth o Julián son muchos gallos en el corral. La Araña entró en el minuto 60 sustituyendo a Lookman que retrasó su salida del campo con la inconveniencia para el Espanyol de meterles el tercer tanto.

También lo hizo Koke, otro que sabe de maratones. El capitán cogió junto a Griezmann la batuta del juego para apagar los aires de remontada del conjunto periquito. No tienen la dinámica para ello y quizás terminen viviendo al final de curso de los 33 puntos que hicieron en la primera vuelta. No es poco mérito para el equipo de un Manolo González que se salvó in extremis la temporada pasada. Recibió un cuarto tanto, un cabezazo soberbio de Sorloth, que contestó con otro tirazo de Expósito, pero la guerra estaba en armisticio pese a las escaramuzas finales. Llega el Brujas el martes, y hacía falta un duelo así para centrarse no en los objetivos sino en las prioridades. Los focos a la Copa y a la Champions.

La trampa a Montero, los triples de Hezonja y la intrahistoria de 18 segundos que "quedarán en la memoria": "Luis me estaba gritando"

La trampa a Montero, los triples de Hezonja y la intrahistoria de 18 segundos que “quedarán en la memoria”: “Luis me estaba gritando”

A falta de 18'8 segundos, celebraba el Roig Arena. Cómo no. El triple de Jean Montero era el 'ahora sí', la puntilla a un Real Madrid al que el Valencia se había permitido el lujo de dominar (de hasta 18 en el primer cuarto). Una fiesta, cinco arriba. ¿Seguro?

Para saber más

Aquí el enésimo capítulo del equipo que cree en imposibles. El amor propio que se hereda. «Quiero destacar a una persona que me está enseñando cómo funcionan las cosas en este club, Llull. Hasta que no suena el pitido final, nunca lo damos por perdido. Sabemos de lo que va la Copa. Tenemos mucha experiencia en esto. Muy buena cabeza, muy buen control de las emociones», aclaraba Hezonja, el tipo que había hecho explotar dos bombas seguidas para llevar al Real Madrid a otra final, en las que se las verá contra un Baskonia que un rato después sorprendió al Barça (67-70).

Al que iba a ser el partido con más puntos (224) sin prórroga de la historia de la Copa -«de los que se quedarán en la memoria», en palabras de Scariolo-, le faltaban el más inesperado de todos los desenlaces. Porque, también en palabras de Scariolo, «hasta el rabo, todo es toro». Sacó de fondo Maledon, jugada de pizarra, y Hezonja, que ya había lanzado 15 triples, acertó con el que entonces era su sexto. Desde la esquina donde estaba el banquillo blanco, ni tres segundos perdió el croata.

Pidió tiempo muerto Pedro Martínez, que no supo dibujar la jugada correcta. En un error de los que no se olvidan, que recordó los fantasmas de Splitter en aquel final de Liga, Montero, que estaba siendo el héroe (19 puntos en el acto final), cruzó un pase de campo a campo por encima de varios defensores blancos. Hasta que Hezonja la robó. «Luis Guil», puntualizó después, sonrisa enorme en sala de prensa, gorro de lana blanco, el genio croata. Señalando al diseñador silencioso de esa defensa, el gurú, el eterno secundario de Scariolo. «El coach nos ha puesto en una defensa que entrenamos mucho. Luis me estaba gritando. Nos ha cambiado en el último segundo que sacan de foto», explicó. Un poquito más esquinado, pase de Abalde, Mario volvió a acertar desde el perímetro (con siete, igualó el récord de triples en un partido de la Copa de Epi, Tolson y Vasileiadis). La semifinal estaba vuelta completamente del revés.

«Mario ha estado tremendo en esa capacidad de rematar. Pero luego hay que meterlo», especificó Scariolo, poniendo en valor algunas acciones anteriores, defensas de Deck y Tavares. «No tengo que meter la última canasta para ser feliz», desveló el ex canterano del Barça, que recordó la noche de cuartos de final, su «tres de valoración contra Unicaja». «Mientras el equipo gane. Tengo pinta de que tengo que ser siempre yo. Pero el coach siempre me dice que hay muchas cosas por hacer, no solo anotar. Y si me pones un reto delante...», relató quien acabó con 25 puntos y muchas papeletas para el MVP si es que acaba alzando la Copa el Madrid.

Un rato antes, en esa misma sala de prensa del impresionante Roig Arena, Pedro Martínez no sabía explicar cómo se le había escapado esa final. Tampoco acertó el técnico catalán (ni Montero), en la acción postrera, de nuevo tras tiempo muerto. «Es un momento duro para nosotros por el desenlace final. Cuesta mucho hacer una valoración...», pronunció, quien no quiso entrar en polémicas («nada que decir del arbitraje»), en una posible falta al dominicano en la penetración. «Ha sido un disgusto. Perder nunca nos gusta y hay muchas formas de perder y la de hoy es bastante cruel. Jean y todos los demás se tienen que recuperar de esto y también es una prueba que a nivel individual y como equipo tenemos delante nuestro».

La fina línea que casi deja a España sin bronce y una tensa espera: "Ha sido fallo mío"

La fina línea que casi deja a España sin bronce y una tensa espera: “Ha sido fallo mío”

Ana Alonso estaba destrozada, tumbada en la nieve. Después de su segundo y último turno, pensaba que las opciones de España de celebrar una medalla en el relevo mixto del esquí de montaña de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina se habían terminado por su culpa. Agotada, exhausta, lastrada por las secuelas del grave accidente que sufrió hace cinco meses, había caído hasta el quinto puesto y, lo que es peor, había cometido una infracción. En la transición final se había pasado la línea reglamentaria. No se detuvo donde tocaba, lo hizo dos metros más allá.

Luego Oriol Cardona remontaría hasta el tercer puesto e incluso se acercaría al segundo, pero ni uno ni el otro tenían claro qué pasaría al cruzar la meta. De hecho, no celebraron ni se abrazaron; únicamente se colocaron contra una valla mirando al videomarcador y esperaron. Esperaron, esperaron y esperaron. Un segundo que pareció una hora, dos, tres. Al cabo de un rato apareció: «¡Que pone tres segundos!», gritaba Alonso, y Cardona rompía a llorar. Esperaban un castigo de 10 o incluso 20 segundos y solo fueron tres. El bronce era suyo.

Ya eran dobles medallistas olímpicos, ya eran historia de España: ningún otro deportista del país había subido al podio dos veces en los Juegos Olímpicos de invierno. Ellos lo consiguieron. Después del oro de Cardona y el bronce de Alonso en la distancia sprint del pasado jueves, se colgaron otro bronce en los relevos por parejas, solo por detrás de los franceses Thibault Anselmet y Emily Harrop y los suizos Jon Kistler y Marianne Fatton.

«Estoy abrumado, estoy jodido, me duele la cabeza y todo», reconocía Cardona justo al cruzar la meta, en una mezcla de emociones extraña. La tensión por la sanción se unía a la alegría por la medalla y todo se mezclaba con la ambición de quien quería más. «Es un bronce, no es un oro, pero hay que valorarlo también. En vista de cómo ha ido la carrera, hubiera podido ser peor», confirmaba el esquiador y, a su lado, su compañera corroboraba sus sensaciones: «Veníamos a pelear el oro porque siempre habíamos quedado primeros o segundos. Es la primera vez que quedamos terceros. Pero bueno, así añadimos un nuevo color a las medallas».

Gabriele FacciottiAP

«Ha sido un fallo mío. No me he dado cuenta de que me pasaba de la línea; me lo han dicho cuando ya le había dado el relevo a Oriol, y la cosa es que no sabíamos cuánto tiempo nos pondrían de penalización. Nos ha tenido en vilo hasta que hemos visto que eran tres segundos», relataba Alonso, que durante la carrera sufrió de lo lindo. En su primera vuelta ya tuvo que pelear de menos a más para entregar el relevo a Cardona en cuarto puesto, pero en la segunda se desfondó. Su cara, puro sufrimiento, advertía del error que cometería después.

La celebración de los medallistas

En todo caso, las consecuencias no fueron graves, ni hubo reclamación. Estados Unidos, que acabó en cuarta posición con Cameron Smith y Anna Gibson, quiso que el castigo se reevaluara, pero presentó su solicitud fuera de plazo y la Federación Internacional de Esquí de Montaña (ISMF) ya no tocó los resultados.

Después de las 48 horas más intensas de su vida, Cardona y Alonso ya podían irse a celebrar: la vida les había cambiado para siempre. Cuando subieron al podio, apenas unos minutos después de la prueba, todavía se les veía el susto en la cara, pero después se desató la fiesta. Con las familias de ambos desplazadas a la estación de esquí de Stelvio, organizaron una merecida cena después de todas las obligaciones de los medallistas, entre ellas una rueda de prensa.

«Estas medallas son una recompensa a todo el camino recorrido por nosotros y por la gente que nos rodea. Hay personas que han estado en nuestras vidas y que han dejado de estar que nos han ayudado a estar aquí», aseguraba Cardona, más emocionado que dos días antes, con su abuelo fallecido en mente. «Lo hemos intentado con todas nuestras fuerzas y hemos hecho historia para nuestro país», resumía Alonso, que, como Cardona, ya pensaba en el futuro: «En 2030 volveremos a por el oro».

Un Madrid perdido en Pamplona

Un Madrid perdido en Pamplona

Desastre total del Madrid ante una Osasuna que no pasa de ser un equipo muy físico y con muy poca calidad técnica. Si presumes de liderato, Arbeloa no puede hacer un ridículo táctico tan exagerado: jugar con el mismo tacticismo de Lisboa ante un equipo superdefensivo que solo buscaba achicarle los espacios al Madrid. No se puede caer en la trampa del enemigo.

¿Con Rüdiger hubiera Osasuna ganar el partido? Sinceramente, no. Es deplorable el error de Asencio con Raúl García y un despistado Courtois, que no estuvo en el partido desde que le pitaron el penalti. En realidad, fue culpa del belga, porque Asencio ya había despejado, pero siempre que sale de su zona de los milagros es un jugador caótico. Aunque, ¿dónde estaba el acabado Alaba para dejar descubierta su propia zona. Es como el error del exjugador Ceballos.

El bético fue el culpable por pusilánime en el gol de la victoria osasunista. Ni Carvajal ni Alaba ni Ceballos debieron jugar un solo minuto en el partido. No dan el prestigio que necesita el Madrid. Y encima no jugó Trent, que era el mejor en los últimos partidos. Todo porque Carvajal ha protestado. Es ridículo.

En cualquier caso, el Madrid salió a jugar andando. Sin fuste, sin casi nada de presión y como si no se jugara nada, porque ya está en la Champions. Cuidado con estas demoníacas confianzas. Desde un principio escribí que Arbeloa no tiene categoría para ser el entrenador. Y ya verán en el futuro.

Los cambios que hizo en el partido fueron descomunalmente erráticos. A parte de la alineación, "quitó" a Valverde cuando había hecho la única jugada de velocidad en ataque y el único gol blanco para la nueva estrella Vini. Error mayúsculo, porque su sustituto fue Brahim, que ni es centrocampista ni atacante ni nada. Es como si en África le hubiera picado la mosca tsetsé.

La cantidad de centros que se desperdiciaron por culpa del club, que nunca querrá fichar un delantero centro. Gonzalo es un simulacro. Y el peor cambio fue el de Ceballos. Así que toda esta cadena de calamidades llevó al Madrid a perder casi seguro el liderato y poner un pie firme hacia adelante. Pero el Madrid de Arbeloa no da para más, aunque se han festejado los anteriores partidos como si fuera el descubrimiento del huevo de Colón.

El factor Pintus es una pura patraña. El equipo se rajó, se desmoronó físicamente en el segundo tiempo, e incluso en el primer tiempo, con un acento peligroso en los repliegues. El único que estuvo acelerado y tratando de desbordar fue Vini.

Así, Arbeloa se reivindica como resucitador del brasileño, mientras ha cometido un grave error al meterle un cuerno a Mbappé cuando el francés atacó el ridículo del primer partido en Lisboa. Así que Arbeloa está tan contento de que Vini sea la verdadera estrella del Madrid. Es de risa.

Vinicius lleva dos partidos seguidos sin meter un gol. Logró uno en fuera de juego y falló otro muy claro. Creo que su cabeza no está en el Madrid. Tras el afán del mediocre Arbeloa de hacer estrella a su Vini, como cobista del presidente.

Cada día que pasa veo a Mbappé y su espíritu en la Premier. No sé si le habrán tentado ya, pero no es aquel Mbappé de antes del escapulario de Arbeloa. Y ya veremos si el técnico puede con su ídolo Mourinho el miércoles.

Un espeso Real Madrid encalla ante Osasuna y pone en riesgo el liderato de LaLiga

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La siesta en Pamplona puede costarle el liderato al Real Madrid. Osasuna vio a un rival al trantrán, con la tensión baja, y se le asestó dos golpes precisos que le dejan en la lona y con nuevas dudas. No ha sabido sostenerse el equipo de Arbeloa y cayó en un estadio que le había sido plácido desde 2011. [Narración y estadísticas: 2-1]

Se relajó demasiado el conjunto blanco, como si este partido entre las batallas ante el Benfica estorbara en el calendario. O como si su equipo estuviera tan engrasado que pudiera dosificarse y elegir el momento en que encenderse para llevarse la victoria. Incluso repartir minutos como los que tuvieron entre los titulares, por primera vez desde diciembre, Carvajal y Alaba.

El Real Madrid saltó a El Sadar a tomar el mando y avanzar, pero sin prisas, desde la solidez y el control, sin aceleraciones excesivas que abrieran a Osasuna la posibilidad de dañar a la carrera. El plan duró los 20 minutos que los de Alessio Lisci tuvieron que vivir en su área, cierto es que sin sufrir claras ocasiones. No desequilibraba Vinicius y Mbappé estaba ahogado. Y eso apenas cambió en todo el partido.

Eso permitió que Budimir fuera el primero en hacer que la grada alzara los brazos cuando Aimar Oroz lo lanzó contra Alaba y el croata lo quebró para cruzar de rosca un disparo que buscaba el poste. Los navarros, viendo que el líder optaba por jugar al ralentí, dieron un paso al frente . Lo hizo Rubén García retando y sentando a Carreras en la orilla derecha para servir un centro al segundo palo que a punto estuvo de cazar Aimar. Hasta Rosier pudo olvidarse de Vinicius para, sin que el brasileño se inmutara, incorporarse al ataque, creando así una grieta mayor. Antes de alcanzar la media hora, Osasuna logró abrir ventaja en el marcador.

Lo pudo evitar antes Courtois con un paradón a bocajarro en una pelota centrada por Rubén García que desvió Carreras con el hombro. Los reflejos del meta belga brillaron en Pamplona. Después le ayudó el palo cuando, vencido, no podía ya atajar el testarazo de Budimir en otro centro lateral, esta vez de Javi Galán desde la izquierda. El Madrid solo pudo responder a través de Vini, que se escapó para servir un pase atrás que nadie, salvo Alaba desde la frontal, pudo enganchar. Al austriaco le dejó sin premio Catena al desviar una asistencia filtrada de Carvajal al corazón del área.

Antes de que esos dos chispazos hubieran podido provocar que el equipo de Arbeloa conectara, llegó el error. Balón en largo a Budimir, carrera mal medida de Asensio y dudas en el despeje que exponen a Courtois a salir para frenar al goleador con un pisotón. No lo vio el árbitro, pero sí el VAR. Casi infalible, el croata puso el 1-0 en el marcador en el minuto 38. Con el Real Madrid deshilvanado, Víctor Muñoz desnudó a Carvajal por velocidad, que se recompuso tirando de galones para cerrarle el disparo al descarado extremo. Apenas quedaba tiempo de reacción hasta el descanso, pero al menos escucharon el pitido del árbitro en el área navarra, más por vergüenza que por convencimiento y sin que Mabppé o Vinicius hubieran podido armar la pierna.

La segunda mitad arrancó con un derechazo desde la media luna de Güler que rozó el larguero, pero Osasuna, descarado, quiso dominar, jugar. Puro Alessio Lisci ante un rival sin tensión. Lo quiso activar Arbeloa con Brahim y, sobre todo, con Trent. El primer balón del inglés cruzó El Sadar de banda a banda para acabar en la bota de Vinicius, que recortó a toda la defensa para armar un disparo desde el punto de penalti que se estrelló en Galán.

Pareció que el conjunto blanco renacía, con Brahim filtrando pases que encontraban a Mbappé, aunque en fuera de juego. Pero fue Vinicius quien logró el empate gracias al arrojo de Valverde. Se lanzó el uruguayo al área, zancada a zancada, escorándose hacia el carril izquierdo para poner un pase tenso que Vini solo tuvo que empujar. El duelo se descompuso. Tuvo el segundo Mbappé, que lo salvó otra vez Galán.

La última palabra, sin embargo, fue de Osasuna: un error de Ceballos, que se la entregó a Raúl Moro para que, preciso, dejara a Raúl García que quebrara a Asensio y a Courtois. Una derrota con mucho coste.

Dos increíbles triples de Hezonja llevan al Madrid a la final en uno de los mejores partidos de la historia del torneo

Dos increíbles triples de Hezonja llevan al Madrid a la final en uno de los mejores partidos de la historia del torneo

No hay nada ni parecido. Existe la Copa para momentos como este. Para días como el sábado de semifinales, del prolegómeno del encuentro de las aficiones, una fiesta de la que presumir ante el mundo. Pero más todavía del baloncesto, de la emoción, de lo increíble. De un partido para el recuerdo, quizá el mejor que jamás deparó el torneo. Una obra de arte de por sí con el final más insospechado. De héroes convertidos en villanos y viceversa. Lo iba a ser Jean Montero y lo fue Mario Hezonja, dos triples para la leyenda. [106-108: Narración y estadísticas]

El Real Madrid estará en la final este domingo, aunque apenas lo vislumbró hasta el último suspiro. No restaban ni 20 segundos cuando Montero puso el 106-101, un triple que parecía un colofón. Ni mucho menos. Contestó Hezonja y el propio dominicano perdió el balón en el saque de fondo, para que el croata volviera a acertar, para aumentar el mito del equipo que jamás se rinde. En la última acción, el propio Montero, arruinado su último cuarto de 19 puntos, falló y el Valencia lloró un triunfo que saboreaba por puros méritos.

Porque los taronja batallaban contra mucho más que el Madrid. Ante sí, uno de esos días en los que dar la vuelta a la historia. En los que enfrentarse a la propia grandeza que el club conquista paso a paso, en lo deportivo y en lo institucional. Ahí el Roig Arena, para enseñar al mundo. O L'Alqueria, a su vera. Ahí el equipo de vuelta a la Euroliga y no sólo de comparsa, sino para codearse con los grandes continentales en sus alturas. Ahí el título de la Supercopa.

Pero la Copa en casa 23 años después... En esos Rubicones se demuestra el poderío, ante maldiciones como la del anfitrión, que no la levanta desde 2002. O la propia contra el Madrid, que en los seis precedentes coperos le desplumó, el último en las semifinales de 2024. Contra todo eso, la ambición. El colmillo. La puesta en escena del grupo de Pedro Martínez fue como una estampida. Tan voraz, que ni toda la experiencia del Madrid y de Scariolo en estos escenarios pudo contenerla. Si hubiera sido un combate de boxeo, a los blancos les hubieran contado hasta 10 y todo se habría acabado a los 10 minutos.

Campazzo, defendido por Badio.

Campazzo, defendido por Badio.ACB Photo

De los primeros compases de tanteo se pasó a un inverosímil monólogo taronja. Le llovían triples al Madrid, carreras, baloncesto sin preguntar. Maledon no se enteró de nada y Scariolo le mandó de vuelta al banquillo mientras caía la tormenta. En un momento, el Valencia mandaba por 18 puntos, un primer cuarto para recordar, toda la excelencia defensiva del Madrid ante el Unicaja despedazada (34-16).

Pero, escribió Baudelaire, "no se puede ser sublime ininterrumpidamente". Y el Madrid cuenta este tipo de guerras por puñados. Iba a tardar un suspiro no en remontar, pero sí en meterse al partido. El segundo cuarto fue como bajar el telón y que apareciera otro escenario. Entre Campazzo y Hezonja, un parcial de 2-16. Que no se entendería si en cada rebote (ocho en ese tramo, cuatro ofensivo), en cada acción de las que requieren agresividad, no hubiera estado en cancha Usman Garuba. Determinante.

Fueron 20 minutos frenéticos, emocionales, de un nivel altísimo. El golpe y la respuesta. Que sólo se empañaron por la última acción, cuando Kameron Taylor, que había estado torturando al Madrid (más todavía que Reuvers y sus triples), cayó de mala manera y se torció su tobillo derecho.

Milagrosamente, ahí estaba a la vuelta en la pista el ex de Unicaja. Cuando, después de otro par de triples (Campazzo y Hezonja), todo volvió a empezar (58-58). La remontada culminada al poco con otra canasta del croata, complemente ya en erupción. Y las sensaciones conquistadas, porque pese a los apuros, lo que pasaba ahora tenía más que ver con la propuesta de Scariolo. Al menos hasta que De Larrea, qué fenómeno, alzó la voz. La tarde en el Roig Arena, al cabo, era un vaivén, un intercambio de tortazos (Maledon también había espabilado), en busca de un desenlace a la altura.

Que pareció encarrilar Jean Montero, pidiendo su parte de protagonismo. Exigiéndola. 10 puntos seguidos del dominicano, al grito de MVP, rugiendo el Roig Arena, otra vez la iniciativa local y un marcador del que, ahora sí, empezar a creer (97-86 a falta de cinco minutos). Los tiros libres tampoco ayudaban al Madrid, que se vio un poco más contra las cuerdas con otro dos más uno de Montero, puro flow, imparable sobre el precipicio.

Una obra monumental, digna de un jugador al que no se le intuye cielo. Pero el Madrid siguió apretando, el amor propio. Y un final de agonía, de frotarse los ojos, de ángeles y demonios. Dos triples de Hezonja y un error de Montero. De vencedores y derrotados. Todos en pie ante ellos.