Contra maldiciones (desde 2002 ningún anfitrión triunfa...), nada mejor que el descaro, el talento callejero, el flow dominicano. Jean Montero desafía la presión imaginando que aún juega en su barrio de Santo Domingo, las calles donde el baloncesto es también una vía de escape. Ante su liderazgo y ante un Valencia Basket decidido a reinar en esta Copa que se inaugura en el Roig Arena, que vuelve a la ciudad del Turia 23 años después, sucumbió el Asisa Joventut (95-84).
Ni el influjo de Ricky -qué lujazo- que meditaba un rato antes del comienzo del duelo, como si visualizara con ojos cerrados aquel pasado, aquel niño de 17 años que alzó el trofeo de verdinegro en Vitoria 2008. O el que antes de dar el gran salto a la NBA lo conquistó dos veces más de azulgrana. Feliz Ricky, feliz el baloncesto.
Hace 10 días, la Penya derrotó al Valencia en el Olimpic. Al ese equipo redondo de Pedro Martínez que ya no sorprende si no que asusta en la mismísima Euroliga. Que parte de favorito en la Copa, mirando a los ojos sin complejos a Madrid y Barça. Entonces fue un 10-2 de salida, que recordaba Dani Miret clave para el desarrollo del duelo después. Algo parecido esta vez, cuando al 5-0 inicial respondió el Joventut con un aluvión, un parcial de 2-13 con ese alero que tira tan raro como efectivo, Cameron Hunt, inabordable.
Pero no cundió el pánico. El Valencia derrota por erosión. Por seguir a lo suyo, juego rápido, triples, carreras y rebote ofensivo. Entre primer y segundo cuarto, un parcial de 10-0 que trastabilló a los catalanes. Empezaban a no encontrar respuesta, porque el intercambio de golpes con este Valencia es condena. Otro arreón justo antes del descanso dejó heridos a los de Miret. Montero era ya un demonio que se empezaba a gustar (46-34, con 15 puntos del dominicano).
El Joventut se llegó a ver 17 abajo a la vuelta de vestuarios y, sin embargo, contra todo pronóstico, resucitó. Mostró coraje y relució su experiencia. La de tipos como Tomic, Hanga o el propio Rubio. Montero se enredó en batallitas con Vives y perdió algo de ritmo. Quedaban nueve minutos y los de Miret, que últimamente andaban con el acierto del revés, estaban a tres puntos a base de triples (69-66).
Ricky Rubio, durante el partido ante el Valencia.Kai ForsterlingEFE
Pero al Valencia, a este Valencia, al pimpampum no le gana casi nadie. En el momento de la verdad, los triples como lluvia fina en el Roig Arena, dos de Pradilla (solidísimo, como siempre), Badio... Y otra vez la ventaja y un Joventut que moría lentamente. Fue el propio Papi Badio el que puso el remate, ya sin aliento el Joventut, digno, pero corto en el Roig Arena.
Recién salidos de los vestuarios, preparados para marcharse al hotel, Oriol Cardona y Ana Alonso atendieron a los medios de comunicación españoles como lo que ya son: campeón olímpico y medallista olímpica. En la estación de esquí de Stelvio, sede del esquí de montaña en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026, la celebración fue tranquila, más emotiva que exaltada. Por un lado, su carácter: reservados ambos, incluso tímidos. Por el otro, su objetivo: el sábado afrontan la carrera de relevos y son los máximos favoritos para el oro.
"Los franceses querrán la revancha, pero el chute de hoy nos dará alas en el relevo", reconocía Cardona, que ya tiene el palmarés completo: Juegos Olímpicos, Mundial, Europeo y Copa del Mundo. En los últimos años había estado tan concentrado en esta cita, tan entregado a ella, que no había querido pensar en lo que vendría después. "No había pensado en qué pasaría más allá de la carrera, en lo que significa, en lo que representa. Es un orgullo llevar un oro a casa después de tanto tiempo", señalaba, en referencia al último campeón olímpico español en invierno, Paquito Fernández Ochoa, en Sapporo 1972.
La euforia, en cualquier caso, tendrá que esperar. "Hasta el sábado debemos estar concentrados, no celebraremos nada, no haremos nada fuera de lo normal", añadía Cardona, que descartó cualquier tipo de festejo, ni siquiera un pequeño capricho después de la cena. La misma disciplina que mostró durante la final, donde no se concedió ni un respiro hasta la última curva. Fue entonces cuando echó la vista atrás, comprobó que ni el ruso Nikita Filippov ni el francés Thibault Anselment podían alcanzarle y se dejó llevar por la emoción.
Antes de ese momento cumbre, dejó la imagen de los Juegos: él subiendo las escaleras de dos en dos mientras todos sus rivales resbalaban por detrás. Puro dominio. "Ahí es donde me he sentido más fuerte. En los rombos me quedé un poco encerrado, pero sabía que en las escaleras podría apretar y lo he dado todo", analizaba el campeón.
Para saber más
Las lágrimas de Alonso
Cardona llevaba años entregado en cuerpo y alma a este sueño. Ya lo tenía. Ya lo era. "De alguna manera me he quitado un peso de encima", admitió, consciente de la presión histórica que había cargado sobre sus hombros: nunca antes un español había llegado como favorito a unos Juegos de invierno, con todos los focos apuntándole. Cumplió más que de sobra.
Su templanza tenía réplica en Alonso, aunque en la esquiadora se leía una emoción más visible. Su bronce no era solo un bronce: era el final de cinco meses de sufrimiento desde que una furgoneta la atropelló cerca de Granada. Más allá de unas lágrimas en la meta, no exteriorizó demasiado lo que sentía por dentro, pero se podía intuir.
"He pasado momentos bastante duros. Además de la rodilla, tenía lesiones en el hombro y el tobillo y era totalmente dependiente: no podía cocinar, no podía ni ducharme. Sin toda la gente que me ha ayudado no hubiera salido adelante. En noviembre pensaba todos los días en dejarlo", confesaba tras un logro que, en cualquier caso, solo debe ser el primero. El sábado, tanto Cardona como Alonso quieren más.
"Sólo sé tocar tres canciones", contaba Oriol Cardona a EL MUNDO meses antes de proclamarse campeón de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, cuando también reconocía que no sabe leer una partitura y que aprendió viendo tutoriales de Youtube. El piano, qué tranquilidad. En su habitación, dentro del humilde apartamento de Font-Romeu en el que vive, el esquiador de montaña colocó un teclado para olvidarse de la presión. "Me ayuda mucho a calmarme, a estar concentrado en otra cosa que no sea esquí", explicaba entonces con su propio método de relajación.
Desde que en 2021 el Comité Olímpico Internacional (COI) introdujo el esquí de montaña como modalidad olímpica, Cardona sabía que estaba ante su gran oportunidad. Antes, según cuentan sus allegados, nunca se lo había llegado a creer del todo. Hijo de uno de los pioneros del esquí de montaña en los Pirineos catalanes, Joan Cardona, y hermano pequeño de todo un subcampeón del mundo por equipos, Nil Cardona, en su juventud había sufrido por la obligación de igualar los resultados de sus mayores. En las carreras de montaña, el deporte al que más se dedicó en sus inicios, ganó carreras importantes en Catalunya como la Olla De Nuria y llegó a ser quinto en Zegama, pero siempre estaba a un paso del profesionalismo.
Cardona, durante los Juegos Olímpicos.FABRICE COFFRINIAFP
Corredor en verano, esquiador en invierno, estudió la licenciatura en Ciencias de la actividad física y el deporte en la Université Perpignan y un máster de entrenamiento en altitud, pero lo tuvo que compaginar con algunos empleos para ganarse la vida. Por ejemplo, trabajó como ayudante de los bomberos forestales, se sacó el carnet para conducir camiones e incluso hizo pinitos como modelo. Pero en cuanto el COI elevó el estatus del esquí de montaña, Cardona se centró al completo en conseguir el oro.
Su vida de ermitaño
Nacido en Bañolas en 1994, Cardona empezó en el atletismo en el club local junto a la mediofondista olímpica Esther Guerrero, pero pronto se fue a la montaña para seguir los pasos de su padre. Con Jornet como ídolo y amigo, pues había sido compañero de equipo de su hermano Nil, primero lo intentó en el trail running y luego ya se centró en el esquí de montaña.
Para eso, hace cinco años se fue a vivir a Font Romeu, a los Pirineos franceses, junto a otros esquiadores como Ot Ferrer, también finalista olímpico este jueves. Allí hay nieve para aburrir y prácticamente salen por la puerta con los esquís ya puestos. Tienen el gimnasio, la pista y el resto de las instalaciones del CAR de Font Romeu, donde también comen y cenan. Solo les falta un poco de entretenimiento. "Somos ermitaños total", confesaba Ferrer a EL MUNDO. Ahora esa vida ya tiene una recompensa. Cardona ya puede creérselo. Quizá ahora le sobre confianza para ser pianista profesional.
Cinco meses atrás, Ana Alonso estaba malherida en el asfalto de una carretera cerca de Granada, en las faldas de las montañas de Sierra Nevada que la vieron crecer y ahora ya es medallista olímpica. Este jueves la española se colgó el bronce en la prueba sprint del esquí de montaña de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina en una historia de superación como pocas se han visto en el deporte español. La sexta medalla de la historia de España sobre nieve y hielo, pero qué medalla.
"Sólo daba las gracias por estar viva", explicaba sobre su grave accidente el 24 de septiembre en el cruce de Granada a Quéntar, cuando el conductor de un todoterreno se cegó por el sol y la embistió mientras entrenaba en bicicleta. Su rodilla izquierda quedó hecha añicos -rotura del ligamento cruzado anterior y del ligamento lateral interno-, pero eso no le hizo renunciar a los Juegos. Tenía dos caminos: operarse y perderse a la cita. O seguir un tratamiento conservador, arriesgarse e intentar estar. Escogió el segundo camino.
A los pocos días ya hacía ejercicios de fuerza con un armatoste en la rodilla para mantenerse en pie y poco después empezó a correr en la cinta antigravitatoria. Este año reapareció en la Copa del Mundo con una rodillera como protección. Y a los Juegos Olímpicos llegaba descartada. Con unas cicatrices tan recientes era imposible que consiguiera medalla. O no. Lo hizo.
De 31 años, veterana para su disciplina, en la final de este jueves demostró que la gloria ya no se le iba a escapar. Lo difícil para ella había sido llegar a la línea de salida, después sólo le quedaba disfrutar. Con inteligencia se colocó detrás de las dos grandes favoritas, la suiza Marianne Fatton y la francesa Emily Harrop, y dejó que le marcaran el ritmo. Intentar superarlas le hubiera valido el podio; seguirlas era lo que había que hacer. Después de los rombos, en las transiciones y las escaleras, estaba junto a las otras aspirantes, la alemana Tatjana Paller y la italiana Giulia Murada, y su tranquilidad le entregó el tercer puesto.
"Me miraban como si estuviera loca"
«La verdad es que no tengo palabras; estoy muy emocionada», comentó Alonso, en meta, a los micrófonos de Televisión Española. «Muchas gracias a toda la gente que estuvo conmigo todos estos meses porque fue muy duro. Siempre mantuve que quería venir a los Juegos y luchar por el oro en el relevo mixto y la medalla al esprint, y me miraban como si estuviera loca pero aquí está», enfatizó la esquiadora de montaña.
De Granada, Ana Alonso empezó a esquiar por su padre, Gerardo Alonso, 'Yeti', guardia del refugio Félix Méndez de Sierra Nevada, aunque tristemente él nunca la vio competir en la montaña. Alonso todavía se dedicaba al esquí de fondo en 2010 cuando un desprendimiento de rocas acabó con la vida de su progenitor. "No me llegó a ver competir en esquí de montaña, no pudo enseñarme y eso que él había dado muchas clases. Es una pena, la verdad. Fue después de su accidente cuando empecé. Me consuela que sus amigos fueron quienes me enseñaron así que, de alguna manera, sí pude cerrar el círculo", contaba en conversación con EL MUNDO hace un año, cuando ya se intuían sus opciones olímpicas.
En boca de los mayores sonaba a leyenda, un bonito cuento imposible: un español, campeón olímpico en invierno. Lo fue Paquito Fernández Ochoa en esquí alpino hace 54 años, pero pocos recuerdan ya su descenso. Los jóvenes -llamemos jóvenes a cuarentones- no tenían ni una gesta sobre la nieve que celebrar como propia. Pues bien, ya la tienen. Oriol Cardona se colgó este jueves el oro en la prueba sprint de esquí de montaña de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina y actualizó la historia.
España puede -vaya si puede- ganar también bajo el frío, sólo necesita invertir, trabajar, creérselo. Cardona es ya un referente y si le ayudan quienes deben ayudarle puede ser un ídolo, el motor del cambio. Él ha hecho su parte.
En la final de este jueves, se trastabilló en la salida y dos de sus rivales, los suizos Arno Lietha y JonKistler, salieron a romper la carrera, pero mantuvo la calma. Detrás de ellos alcanzó los rombos, esperó su momento y éste llegó en la escaleras. De escalón en escalón se colocó en cabeza, se abalanzó hacia el oro. Por detrás, el francés Thibaut Anselmet, su máximo rival, se peleaba con el ruso Nikita Filippov y se abría hueco. Era campeón, ya era campeón. En la bajada no necesitó arriesgar mientras Filippov se hacía con la plata, Anselmet con el bronce y Ot Ferrer, el otro español en liza, terminaba quinto. Cardona, exultante en meta, gritaba.
"Ha habido mucho trabajo detrás, ya me lo he quitado de encima. Ha ido perfectísimo, me encontraba súper bien en la subida, y al llegar a meta, ¡uf!, vaya sensanción", comenta al terminar en Televisión Española.Ya tenía en las manos todo por lo que había soñado en los últimos años.
Una gran apuesta por el éxito
El esquí de montaña es una modalidad nueva en los Juegos Olímpicos con mucha historia detrás. En los Alpes hay competiciones como el trofeo Mezzalama que pronto cumplirá su centenario, aunque el formato es muy distinto. Travesías de entre 40 y 45 kilómetros que incluyen fuertes ascensos hasta los 4.000 metros de altitud y exigen mucha resistencia. La distancia olímpica es otra cosa. Cardona se hizo de oro en apenas 705 metros con apenas 65 metros de desnivel positivo.
Por el medio, rombos, escaleras, transiciones, y un esfuerzo explosivo, de sólo dos minutos y medio. Un invento del Comité Olímpico Internacional que trajo mucha polémica, pero que no quedó más remedio que aceptar. El ya campeón venía de las carreras de auténtica montaña, tuvo que cambiarlo todo y adaptarse. Lo hizo.
Cardona, durante los Juegos Olímpicos.GUILLAUME HORCAJUELOEFE
Hce cinco años se fue a vivir a Font Romeu, a los Pirineos franceses y creó un equipo de lujo, un Dream Team, a su alrededor. Con la ayuda de la Federación española y la catalana y de unos cuantos patrocinadores, como Dynafit, se sumergió en una vida de ermitaño en las montañas -dormir, esquiar, comer y volver a dormir- con los consejos de hasta tres entrenadores. Contrató a Andrés Arroyo, al que conocía del trail running, para que le hiciera la planificación, a Víctor López para que estudiara sus datos y a un tal Kilian Jornet, mito entre los mitos en la montaña, para que ejerciera de coach.
El sábado, a por otro oro
Antes ya era bueno, de hecho en 2021 ya había sido subcampeón del mundo de velocidad, pero la apuesta por Milán-Cortina lo hizo imbatible. Dominó el pasado Europeo, el pasado Mundial, la pasada Copa del Mundo y, al final, este jueves.los Juegos Olímpicos.
A sus 31 años, veterano para su disciplina, aún tiene margen para llegar a los Juegos Olímpicos de los Alpes Franceses 2030, pero antes tiene otra cita. El sábado, en el relevo mixto, se juntará con la también medallista Ana Alonso para intentar regresar al podio. Los dos completarán una prueba sprint al completo y sus opciones son muchas. El único país que logró dos oros
El Real Madrid confirmó que ha aportado este jueves a la UEFA todas las pruebas disponibles sobre los incidentes ocurridos el pasado día 17 en el partido de la Liga de Campeones Benfica-Real Madrid (0-1) y los presuntos insultos racistas proferidos hacia el brasileño Vinicius Júnior por parte del argentino Gianluca Prestianni.
"Nuestro club ha colaborado de manera activa con la investigación abierta por UEFA tras los inaceptables episodios de racismo vividos durante dicho partido", señaló la entidad en un comunicado.
En el mismo "agradece el respaldo unánime, el apoyo y el cariño que ha recibido" su jugador Vinicius Júnior "desde todos los ámbitos del fútbol mundial".
"El Real Madrid seguirá trabajando, en colaboración con todas las instituciones, para erradicar el racismo, la violencia y el odio en el deporte y en la sociedad", añadió la entidad, que ha recabado imágenes de aficionados que realizaron gestos simulando un mono en la grada del estadio Da Luz en Lisboa.
La UEFA investiga los hechos, ocurridos en el partido de ida del play-off de La Liga de Campeones, y ayer designó un inspector de ética y disciplina para llevar a cabo el procedimiento, tras las acusaciones hechas por jugadores del Real Madrid por posible comportamiento discriminatorio del argentino Gianluca Prestianni.
Los incidentes se iniciaron poco después de que Vinicius marcara y celebrara con un baile, junto al banderín de córner, el único tanto del partido, en el minuto 49, y denunciara posteriormente un insulto racista por parte de Prestianni, que se había tapado la boca con la camiseta para decirle algo.
El árbitro francés François Letexier aplicó el protocolo anti racismo y el partido, en el que hubo lanzamiento de objetos desde la grada al campo, estuvo detenido durante unos ocho minutos tras el amago hecho por Vinicius y otros jugadores blancos como Kylian Mbappé de abandonar el campo, en medio de las crispación de los futbolistas de uno y otro equipo.
La decisión de Letexier siguió la normativa de la UEFA al no haber escuchado ni el ni ningún miembro del equipo arbitral el supuesto insulto. De haberlo hecho el infractor debería haber visto la tarjeta roja, de acuerdo a las reglas del juego de la (IFAB) International Football Board (regla 12).
"Lo que he visto es muy claro, el número 25 ha dicho cinco veces a Vini que eres un mono. Cada uno da su opinión pero nosotros damos la información y todos tenemos que ir en la misma dirección. No se puede aceptar este tipo de actitud. Es maravilloso jugar la Champions pero dar este tipo de imagen es terrible para el fútbol mundial", denunció Mbappé, al lado de Vinicius en el momento del suceso.
Gianluca Prestianni negó después en redes sociales haber dirigido "insultos racistas" a Vinicius y denunció haber recibido amenazas de jugadores del Real Madrid.
"En ningún momento dirigí insultos racistas al jugador Vinicius Junior, quien lamentablemente malinterpretó lo que cree haber escuchado. Jamas fui racista con nadie", escribió.
Por su parte Vinicius aseguró que "los racistas son, ante todo, cobardes" y "necesitan ponerse la camiseta en la boca para demostrar lo débiles que son".
"Pero tienen, a su lado, la protección de otros que, teóricamente, tienen la obligación de castigar. Nada de lo que ocurrió hoy es novedad en mi vida ni en la de mi familia. Recibí tarjeta amarilla por celebrar un gol. Aún sin entender el porqué de eso. Por otro lado, apenas un protocolo mal ejecutado y que no sirvió de nada. No me gusta aparecer en situaciones como esta, más aún después de una gran victoria y cuando los titulares deberían ser sobre el Real Madrid, pero es necesario", sentenció.
El Benfica, a su vez, apoyó al extremo argentino Gianluca Prestianni. El club denunció una "campaña de difamación" contra él y aseguró que "afronta con total espíritu de colaboración, transparencia, apertura y sentido de la claridad las medidas anunciadas por la UEFA" sobre la investigación de los hechos.
Luis Aragonés fue el primero que perdió en el Jan Breydel Stadium como inquilino del banquillo del Atlético en 1978. Fue un 2-0 en los cuartos de final de la Champions, entorno habitual de encuentro entre belgas y rojiblancos. En el 92, el Sabio de Hortaleza volvió a caer 2-1, pero esta vez fue en la Recopa. Simeone no ha podido cambiar la tradición del Atlético aunque de sus tres encuentros en territorio belga sólo ha logrado una derrota y dos empates, como el de ayer. "A todos los equipos que han pasado por acá, salvo el Arsenal, les han competido muy bien, siempre ha logrado estar con ventaja", concedió el Cholo .
Son sólo pilares de cemento. Muros grises de brutalismo belga con más mito que historia. Apenas tiene 50 años este recinto que nació como Olympia y terminó con el nombre del héroe local de la Batalla de las Espuelas de Oro. Jan Breydel expulsó a los franceses en el siglo XIV y sigue negando la victoria a los rojiblancos en el XXI. "Ellos juegan bien, es un equipo dinámico, el que más intensidad tiene en la Champions", explicó el argentino.
Y eso que las cosas comenzaron de cine con un Julián Álvarez con un aire nuevo. Ese que da el retorno de la confianza. Ese que tenía en su gesto cuando cogió el balón tras esperar dos minutos como el VAR señalaba penalti por manos de Seys. Zambombazo arriba y gol. Dos tantos en sus dos últimos duelos como titular. Pero pese a su ventaja, y a conseguir dos veces más estar por delante, el Atlético naufragó. "Hoy nos faltó contundencia defensiva", apuntó el técnico.
Y es que los rojiblancos han concedido ya 18 goles en la máxima competición continental, los mismos que en la liga 2014/2015. No han conseguido mantener la portería a cero en ningún partido y lo cierto es que el equipo no gana como visitante en una eliminatoria de Champions desde 2022.
Todo queda para un Metropolitano que siempre fue un fortín hasta que el Bodo lo conquistó para frustrar las escasas opciones rojiblancas para el top-8. "Sabemos lo que es el Metropolitano. El Atlético es el gran favorito, pero nosotros podemos jugar al fútbol", admitió Ivan Leko, técnico del Brujas.
No obstante, el serbio confirmó que su equipo jugó ante un conjunto rojiblanco que "tiene más fortalezas que debilidades" y mantuvo el favoritismo del Atlético para clasificarse para los octavos de una Champions en los que se encontrarían con el Tottenham o el Liverpool, según el sorteo del 27 de febrero.
La fuerza del Metropolitano
Los jugadores del Atlético sí confían en la fuerza de jugar como local. Molina y Pubill quisieron resaltar la importancia del Metropolitano para la vuelta. "Será clave. Nuestra gente va a morir por nosotros", admitió el central catalán mientras que el argentino habla de "espectáculo" en Madrid.
Lo cierto es que el catalán sigue mostrando un nivel impresionante pese a haber encajado hoy tres goles en contra. No ha perdido un duelo y a Simeone le alegra el desempeño de un jugador que le costó casi cuatro meses de mili el tener continuidad. "Necesitamos jugadores que tomen decisiones. Me pone contento y bienvenido su momento", concedió a su pupilo.
Había brujas que exorcizar en Bélgica. El Jan Breydel Stadium es una pesadilla para el Atlético y eso que este conjunto arquitectónico de cemento con capacidad para 30.000 ruidosos aficionados no es uno de los fortines europeos. Cero victorias en la historia rojiblanca. Había que apelar a la magia. Y los hechiceros del Atlético aparecieron, pero luego se dejaron engatusar hasta perder una triple ventaja. El Atlético se deja deberes para la vuelta y la maldición continúa vigente. Hay que sudar los octavos. [Narración y estadísticas, 3-3]
El partido comenzó frío, como no podía ser de otra manera. Una lluvia helada te calaba los huesos y complicaba la precisión rojiblanca. No obstante, los colchoneros querían apabullar a un Brujas que no terminaba de encontrarse cómodo. En el minuto tres, una jugada al primer toque estuvo a punto de cazarla Griezmann al costado izquierdo de Mignolet. El balón terminó en córner y a raíz de ese saque de esquina Seys decidió cometer la imprudencia que ya no permite el VAR ni el nuevo reglamento. Dos minutos de suspense... penalti.
Fue Julián no sólo el que lo marcó sino el que fue a por la pelota decidido a ejecutar su lanzamiento. Su falta de confianza ya es historia. Descorchó la botella ante el Barça y ahora no hay corcho que le sujete. Se adelantó el Atlético en un campo maldito. E iba a costar la maldición, porque el tanto del argentino espoleó a los belgas que se echaron encima de la portería de Oblak con Tresoldi.
El Atlético empata contra el Brujas en Champions: "Faltó contundencia defensiva"
El ataque belga era tan violento que cualquiera diría que en frente estaban los tercios españoles. Jugaban sin red y buscaban el fallo en salida del Atlético y lo encontraban. Molina y Llorente tuvieron algunos capitales que el Brujas no aprovechó y eso que se encontró con una jugada calcada a su penalti, pero la mano de Hancko estaba más abajo.
Pese al acoso belga, las oportunidades más claras antes de que Nyberg pitara el descanso fueron para Lookman. El nigeriano a punto estuvo de doblar la ventaja tras una gran jugada de Giuliano, pero tapó de manera milagrosa Sabbe. Sin embargo, lo consiguió tres minutos más tarde tras un saque de esquina maravillosamente sacado por Griezmann. Había mucho ganado con ese otro tanto antes del descanso, pero no todo.
De hecho, los belgas recortaron nada más volver de vestuarios. De nuevo, un córner. Un barullo en el área encontró la testa de Tresoldi pero su remate fue bien respondido por Oblak, que no pudo atajar la respuesta de Onyedika. El VAR dio algo de suspense al tanto por la posición del italiano, pero finalmente le dio validez. Nada es fácil en esta Champions. Tampoco Brujas, un equipo que cuenta con una grada caliente pese la temperatura que gastan en invierno.
Onyedika y Tresoldi, los goleadores del Brujas.NICOLAS TUCATAFP
Los belgas se agarraban al buen hacer del espigado Vannaken, capitán y general del conjunto azul y negro, y al menudo Stankovic, que lanzaba a placer a Diakhon a falta de Forbes. De hecho, el francés encontró en una de sus internadas a Tresoldi que batió a Oblak casi en área pequeña. Todo lo remado y conseguido se esfumaba en 10 minutos fatídicos. Había que ver la manera de recuperarse del golpe. Simeone lo quiso hacer a través del balón y para ello sustituyó a Lookman por Baena. Mucho que exigir al almeriense según el argentino.
Sorloth no pudo
Pero el que ya no tiene nada que demostrar, a juzgar por su rendimiento en el último mes, es Sorloth. El noruego sustituyó a Griezmann y la primera que tuvo la mandó a la cruceta. Con él se ganaba la profundidad que estaba faltando desde la ventaja en el marcador. La volvió a tener tras un pase de Baena que detuvo Mignolet y luego despistó a Ordóñez para que el central se la metiera en su portería.
Se las prometían felices los rojiblancos, pero las brujas tienen muchas vidas como demostraron en el 90. Tzolis definió la última oleada belga y apagó las ilusiones de romper la maldición, pese a la última opción de Sorloth. Malditas Brujas.
Pasaron 12 años de la última vez de Sergio Scariolo en la Copa, de una derrota en cuartos con el Baskonia en 2014 (contra el Valencia), del torneo «pintoresco» que luce doble en su (enorme) vitrina particular. En 1999 lo levantó precisamente con el equipo vitoriano y seis años después, en 2005, con el Unicaja que ahora le desafía en su retorno. «Se acerca lo que siempre me ha gustado. Con la selección, los cuartos... El momento de la verdad. Donde tienes que tener preparado al equipo mental, física y tácticamente. Que la temperatura no baje o suba demasiado. Lo que estoy acostumbrado a hacer toda la vida, pero, por supuesto, en un marco que tiene atmósfera», admitía ayer en Valdebebas antes de partir hacia el Roig Arena, escenario del que será el primer gran examen a su Real Madrid.
Con los blancos también, memoria lejana, sabe el italiano lo que es perder una final. En Málaga 2001 un extraterrestre vestido de azulgrana se les apareció en la final. «Sólo recuerdo a Pau ganando el partido casi solo. Su segunda parte fue el Pau que luego todo el mundo ha aprendido a conocer. Eran sus primeros partidos trascendentes. Fue sobresaliente», rememoraba de ese episodio inolvidable del baloncesto nacional. Leyendas de la Copa, torneo único, pasional, propicio para las gestas y últimamente también a las sorpresas. Pero también mortal si se vuelve con el fracaso.
Hasta ahora en el Madrid de Scariolo hubo luces y sombras, una final perdida (Supercopa), un liderato sólido (ACB) y un vaivén constante (Euroliga, donde ahora es cuarto). 36 victorias, 14 derrotas (11 de ellas en Europa). Un balance digno, no excelente. «Los datos demuestran que hemos trabajado bien en la temporada. Y cada vez mejor. Pero no tienen influencia en el partido de cuartos. La historia de la Copa es la de los cambios de ranking, de las sorpresas. Los ocho equipos que participan, es difícil que cualquier resultado sea sorpresa total», analizaba ayer Scariolo sin querer mirar más allá: sólo le preocupa el Unicaja, el campeón actual, con el que se las ve esta noche en cuartos (21.00 h., DAZN). Aunque hayan cambiado tanto, los malagueños «vienen como campeón y no a verlas venir. Grandísimo respeto».
El equipo de Ibon Navarro al que el Madrid remontó este mismo domingo en el Carpena, con el que llegó a perder de 18 puntos en la primera parte. Un aperitivo complicado aunque repleto de dudas (tocados Alberto Díaz, Tyson Pérez, Tillie...) para un lado del cuadro que es un campo de minas. En semifinales, si la lógica se cumple, aguardará el Valencia de Pedro Martínez, anfitrión y poderoso, tan favorito esta vez como el que más.
Scariolo e Ibon Navarro, el pasado domingo, en el Carpena.acB pHOTO
El Real Madrid ha atravesado momentos dispares en lo que va de curso. La derrota contra el Barça en el Palacio, en ACB, la primera después de nueve clásicos, escoció aquel 4 de enero. Los azulgrana abusaron de un Madrid sin solidez defensiva, habituado en ese tramo a encajar más de 90 puntos por norma. Los blancos espabilaron desde entonces, una resurrección de principio de año, seis victorias seguidas en Euroliga incluyendo la revancha ante los de Xavi Pascual (otro que regresa a la Copa después de unos años), un claro paso adelante en esfuerzo y solidez. Que se vio interrumpido últimamente. Europa marca la pauta, porque en Liga Endesa la contundencia es para elogiar. París, Atenas y Dubai fueron una vuelta a las andadas.
La Copa, pues, para el Madrid, es búsqueda de reconquista y de un dominio perdido: de las últimas cinco sólo ha levantado una, la de 2024 en Málaga. La hora de tipos con el foco encima, como Mario Hezonja, quizá en el mejor momento de su carrera y al que Scariolo parece empeñado en elevar aún más («Es el jugador, con diferencia, que el que más duro he sido, pero porque creo que su techo no ha llegado todavía», decía hace unas semanas). «El equipo está hecho de personas. Hay algunos acostumbrados a este tipo de citas y otros que no lo están. Y son muchos», valoraba ayer el italiano, que mantiene a toda su plantilla sana (recuperado ya Maledon) y tendrá que jugar con los descartes, uno seguro entre los tres extracomunitarios (todo apunta a Chuma Okeke antes que la experiencia de Gaby Deck o el talento desequilibrante de Trey Lyles). Aunque si de experiencia se trata, nadie como Sergio Llull. El capitán blanco volverá a ser el jugador con mejor palmarés de entre todos los participantes de la Copa, pues ya ganó siete, como en su día Juan Carlos Navarro, Felipe Reyes y Rudy. Todos a tres del récord que comparten, con 10, Epi y Clifford Luyk.
Cuando el Asisa Joventut ganó su última Copa, en 2008 en Vitoria, Ricky Rubio comandaba en la pista con 17 años a un equipo inolvidable con Rudy Fernández como MVP, y el que ahora es su entrenador, 22 entonces, vibraba en la grada como un aficionado más. Dani Miret (Badalona, 1985) no quería perderse a su compañero en la clase de inglés, Pau Ribas, con quien después se hizo una foto. "Le dije: 'Mira, yo fui el primer loco que dije que veníamos aquí a ganar'", recuerda quien ahora apela a "ese punto de locura" para dar la sorpresa en el torneo del Roig Arena, que los verdinegros descorchan contra el anfitrión. Del cadete al primer equipo, el jovencísimo técnico repasa cómo están siendo estos meses con Ricky a sus órdenes.
Pregunta.- Líderes en la Champions League (la Final Four se disputará en el Olimpic de Badalona) y firmes en ACB. ¿Se puede llegar mejor a la Copa?
Respuesta.- Llegamos bien. Ganar el último partido antes del torneo (en Zaragoza) era un objetivo. Estamos haciendo una temporada donde los objetivos de equipo los hemos conseguido pronto, como clasificarnos para la propia Copa, avanzar en la BCL, donde estamos a un partido de cuartos de final. Estamos en una buena dinámica y sacando unos resultados notables.
P.- Hace 10 días derrotaron al Valencia. Pero es el anfitrión y uno de los grandes favoritos.
R.- Las opciones pasan, primero de todo, porque el Joventut se crea realmente que puede ganar. Esto se percibe y esto se transmite. Estar mentalizados de que será a través de un partido difícil, largo. En casa, una de las claves fue que empezamos ganando 10-2 y a partir de ahí, fue para nosotros más fácil dominar el partido y jugar con nuestro estilo. Esto puede ser que sea diferente, entonces necesitamos un punto de locura, un punto de mentalidad, donde lo de ganar sea una cosa que nos obsesione.
P.- Jugar con su presión.
R.- Es cierto que el Valencia es un equipo que está hecho para competir bien en la Euroliga, para conseguir grandes objetivos y esto puede ser complicado para ellos. Tener que ganar siempre es complicado. Tenemos que resultar un rival muy incómodo, especialmente testarudos en querer ganar. Solamente pensar en eso.
P.- Han perdido a Sam Dekker, uno de los referentes. ¿Ha sido complicado manejar su salida?
R.- Cada año el roster es diferente, los roles son diferentes. No estábamos siendo capaces de sacar su rendimiento. De cara a la Copa, el poder llegar con esta incógnita despejada ha sido un win-win para ambas partes, porque él tampoco estaba cómodo, tenía problemas físicos... Y esto hacía que las dos partes estuviesen perjudicadas. Estamos buscando otra pieza en el mercado, pero seguimos siendo un equipo de mucho nivel.
Miret, con los jugadores del Asisa Joventut.ACB Photo
P.- Y mientras llega el fichaje, los jóvenes. Ruzic, Niebla... Ese ADN no va a cambiar en la Penya.
R.- Los tenemos. Michael hizo un partidazo contra Valencia. También Diego. La historia del club ha demostrado que los jóvenes son claves en que podamos ser competitivos. Nuestra fortaleza es seguir creyendo en ellos, sacando rendimiento en situaciones como la actual, colocándolos en los momentos en que nos puedan ayudar.
P.- ¿Cómo ha trastocado su filosofía esa nueva amenaza llamada NCAA?
R.- Es un cambio de contexto que nos perjudica. Con Ruzic podemos ver un ejemplo positivo, porque es un chico que hace una apuesta muy grande por continuar en el Joventut teniendo opciones de marchar a la NCAA. Multiplicando su sueldo. Hay jóvenes que sacrifican la parte económica por el baloncesto. Es un boom histórico y nosotros nos tenemos que reinventar. Encontrar fórmulas, como con Rubén Prey (cedido en St. John's). Se trata de poner una semilla en ellos, de que sigan siendo el Bressol, para que el día de mañana podamos seguir teniendo este factor diferencial, recuperar jugadores que tienen este ADN. Ian Platteeuw se ha marchado a la NCAA, pero si todo va como esperamos, va a tener una buena evolución y cuando tenga 24 o 25 años, pues esperemos que pueda volver al Joventut y hacer aquí una buena carrera. Nosotros seguiremos siendo siempre una cantera importante y potente.
P.- Han pasado unos meses desde la vuelta de Ricky. Se le ve feliz, líder. ¿Cómo está siendo la experiencia?
R.- Para mí, muy positiva. Yo lo digo: es una gran suerte coincidir con el Ricky jugador y con el Ricky persona, porque él siempre suma. El objetivo número uno que es que él disfrutara de volver a jugar al baloncesto aquí en Badalona. Lo estamos consiguiendo. Estamos consiguiendo que él vibre. No quiero mencionar ni que él pudiese estar aquí estando mal... Pero él lo ha controlado muy bien, se ha preparado muy bien, las dos partes han tenido paciencia y ahora estamos viendo un gran Ricky, competitivo y con un impacto multifactorial que para la afición y para todo el mundo es un placer. Somos la envidia de muchos.
P.- ¿Presiona tener un jugador de esa dimensión a sus órdenes?
R.- Es que Ricky me ayuda, con todos, con los jóvenes y con los no tan jóvenes. Las temporadas son muy duras, tienen altibajos, es como que vamos en un barco y siempre hay marea y tormenta. Tener a alguien dentro de tu barco con esta experiencia, con estos valores y con este nivel, ayuda mucho. Para mí como entrenador, es un reto. Creo que me hace mejor. Yo juego mi papel con normalidad, entrenarle como a uno más, porque es lo que él quiere. Cuando lo tienes que cambiar, sabes que es tan bueno que no va a poner una excusa, ni un problema. Eso es un poco el engaño que puedo tener, porque normalmente las dificultades de entrenar una estrella así son otras, pero él es capaz de poner al equipo primero. De, en caliente, tener una buena respuesta. Y en frío, estar pensando en cosas que son más importantes para el equipo que para él mismo. Hay muchos jugadores del mundo que lo que hacen es mirar por sus números, por su juego. Esto es todo lo contrario. También intento ayudarlo a disfrutar, que el equipo siga con fluidez. Soy consciente de que celebramos pocas cosas en el mundo del deporte. Y yo celebro mucho el poder tener el equipo que tenemos, con veteranos como Ricky, Tomic, Guillem, Hanga... Esto es un lujo. Disfrutémoslo.
P.- El destino había guardado juntar a Tomic y Ricky juntos en el final de sus carreras.
R.- Con Ricky nos ha tocado la lotería. Y con Ante, porque no son jugadores que la Penya pueda acceder en el mercado. Es muy bonito, porque hacen cosas que son para grabarlas y recordarlas durante años. Conectan y se respetan. Mejor imposible.
P.- ¿Qué imagen de Ricky fuera de la pista no va a olvidar?
R.- Me impacta cómo él es capaz de conectar con la gente desde la normalidad. Después de haber hecho la carrera que ha hecho, que tenga la paciencia o el valor de tener una conversación con Henry [Drell], de querer escuchar a Henry para entender por qué este chico en este sitio toma una decisión o la otra. Quiero decir, lo fácil para él sería echarle una bronca a cualquiera. Y a mí me impacta cómo se sienta después de un mal partido con alguien y tiene la empatía de estar a su lado, de escucharlo y decir: '¿Qué necesitas? Yo te voy a ayudar'. Hace de mentor, desde el respeto. En el momento adecuado, desde la intimidad. Realmente es una persona increíble.
P.- En aquella Copa de 2008, la Penya ganó al Valencia, el Madrid y, en la final, al Baskonia. ¿Le suena?
R.- Perfecto. Todas estas cosas me valen, me parecen bien y estamos, convencidos e ilusionados.