Una hora después de su derrota ante Juan Manuel Cerúndolo, Jannik Sinner apareció en la sala de prensa de la Philippe-Chatrier entero, sereno. Costaba adivinar lo sufrido al verle recostado hacia atrás sobre la silla, esperando las preguntas de los periodistas. Un sorbo a una lata de Perrier y ya está.
"A mediados del tercer set me he sentido mareado, con poca energía, y ya no he conseguido recuperarme. Hacía calor, pero no era una locura. No he sentido que luchara contra el calor, simplemente me he encontrado mal. Había pasado una mala noche, no me sentía muy bien por la mañana, pueden haberme afectado varias cosas. Estas cosas ocurren en los Grand Slam y cuando ocurren a veces puedes recuperarte y a veces, no", comentó Sinner tras desaprovechar una preciada oportunidad de ganar su primer Roland Garros. Como hizo un año atrás tras la final perdida ante Carlos Alcaraz, miró de inmediato hacia adelante y habló de la recuperación, de jugar algún torneo de hierba antes de Wimbledon e incluso de la gira americana con el US Open en el horizonte. Pero la amargura le acompañaba. "Ha sido una pena, pero no veía una salida. En otras ocasiones sí la he visto, pero esta vez no", decía con tantos precedentes en mente, de manera inevitable.
Aurelien MorissardAP Photo
En los dos últimos años, ya en la cima del tenis mundial, el italiano ha sufrido numerosos episodios parecidos, siempre en condiciones meteorológicas adversas. En el Open de Australia de 2025 padeció lo indecible en octavos ante Holger Rune, como esta temporada en tercera ronda ante Eliot Spizzirri. En el Masters 1000 de Cincinnati del año pasado tuvo que retirarse de la final contra Alcaraz con el mismo cuadro, e idéntica desdicha vivió en tercera ronda del Masters 1000 de Shanghai ante Tallon Griekspoor. Y ya esta primavera estuvo en el límite en las semifinales del Masters 1000 de Roma contra Daniil Medvedev. Vómitos, calambres, golpes de calor, sofocos, dolores... en todos los escenarios los síntomas fueron los mismos, aunque el desenlace variara.
El cansancio acumulado
"En Shanghai sufrí por la humedad, en Australia siempre hace mucho calor y el cemento también se calienta... No sé. Hoy ha pasado otra cosa. No hacía un calor de locura. Tengo que considerarlo todo y recuperarme físicamente y mentalmente", reconoció Sinner, que negó que sus males fueran fruto del cansancio.
Desde marzo venía encadenando victorias y títulos en los Masters 1000 de Indian Wells, Miami, Montecarlo, Madrid y Roma, una racha histórica, y todo ese tute debería estar entre las razones de su hundimiento. "Si no hubiera ido a Madrid o a Roma podría haber venido aquí, tener un mal día y pasar por lo mismo sobre la pista. Todo iba muy bien, no he tenido tiempo a valorarlo", asumía Sinner antes de marcharse de la edición de Roland Garros que debía ser la suya.
No son altos, no son corpulentos, no visten la camiseta de una selección pata negra.Y sin embargo Pol Pla y Juana Stella han entrado por talento y dedicación en la élite internacional del seven. Pol, 33 años, se pasó del fútbol al rugby a los 16 siguiendo a sus hermanas mayores. Juana, de 19, practicaba hockey y danza en Argentina y, tras llegar a España con su familia, optó a los ocho por el balón oval. Él es un veterano admirado; ella ha despegado con fuerza.
Dos jugadores clave que participan con las selecciones españolas en las Series Mundiales que se disputan este fin de semana en Valladolid. "La emoción, la velocidad es el atractivo del rugby a siete", arranca Juana. "Pasan muchas cosas en poco tiempo", remata Pol. A esta cita del mundial anual, que pisa por tercera vez suelo español, los Leones llegan terceros. Las Leonas parten del segundo nivel pero están octavas, en posición de ascenso al exclusivo club de las mejores.
Pol Pla explica la explosión del seven masculino. "No dependemos tanto de delanteros grandes y pesados, tenemos jugadores técnicamente buenos, rápidos y con habilidades físicas". Si el plantel de Paco Hernández suma un lustro de rodaje, la selección de María Ribera está en formación: media plantilla no tiene o apenas supera los 20 años. "No somos ni las más grandes ni las más rápidas, somos chicas que vamos mejorando", describe Juana.
En cada jornada se suceden los partidos. Dos tiempos de siete minutos con sólo siete jugadores en un campo entero de rugby. Carreras y placajes hasta la extenuación. Un deporte extremo. Pol recuerda su primera temporada en las Series Mundiales. "Volvía a casa y me pasaba dos días en la cama, no enfermo, pero no tenía energía. Te exprimes tanto que luego te bajan las defensas; cada año pienso que no es para mí, pero aún sigo". A Juana, cuenta, le salen anginas. "Yo sólo llevo dos años. Si pienso eso, no llego a la edad de Pol", comenta sonriendo.
El desgaste también es mental. "Jugar, desconectar, volver al 100% aunque tengas dolores, diez horas en el estadio, fatiga mucho tener la cabeza ahí siempre", apunta Pol, y a eso añade "tantos días lejos de casa". A Juana le afecta cuando siente que "no estás dando el 100% en el campo y no sabes cómo hacer". Disfruta del entrenamiento y la competición, pero sufre tras cada torneo. "Acabamos reventadas. Ese día no lo notas tanto. Te levantas al día siguiente y viajar, mínimo ocho horas, es criminal".
Cuando recibe el balón, Pol Pla (1,77 y 75 kilos), inclina el torso, cambia de pie, acelera y busca evadirse del defensor. Disputó los Juegos de 2016 y desde entonces ha metido más de 110 ensayos, fue elegido en el equipo ideal de la pasada temporada. Juana Stella (1,70 y 67 kilos) era menor de edad cuando llegó a la selección en 2024. Coge el oval y tira del conjunto hacia adelante. Si ve un hueco, se escapa con zancada de atleta.
"El objetivo es conseguir una medalla de oro en Valladolid o hacer podio en el global", afirma Pol sobre la selección masculina. "El objetivo es subir para jugar el año que viene más torneos y con las mejores", dice Juana de la femenina.
Esta presencia de las selecciones de rugby a siete en la élite refuerza la aspiración de la Federación de organizar los Mundiales de rugby a quince en 2035 (masculino) y 2037 (femenino). En paralelo, los jugadores de Paco Hernández han empezado a ser conocidos en las redes sociales. "La exposición está bien, nos ha traído algún sponsor, colaboraciones con empresas, pero me gustaría que la sobreexposición la tuviésemos por el rugby, por los resultados". A Juana, en el ámbito personal, no le gusta mostrar su vida. "Soy más de rugby y ya está".
Ambos subrayan el valor del equipo. Pol Pla ejerce de hermano mayor en la selección masculina. "Energía, alegría, buen ambiente, tienen muchas ganas de trabajar y lo contagian, y esa es la base para construir algo bueno". En la estela de Juana, otras jugadoras irrumpen en el conjunto nacional sin cumplir los 18. "Es un grupo con muchas ganas de aprender y muy sano", dice sobre "la buena onda" de la selección femenina.
Desde que pisan el podio, los rivales miran a los Leones con otros ojos. "Te respetan más; no debería ser, pero sí", confirma Pol. Las Leonas no sienten esa sensación. "Hay selecciones que no saben ni que juegas, te las cruzas por el hotel y no saben quién eres", lamenta Juana.
Javier CuestaEL MUNDO
El segundo atractivo de las Series Mundiales es el ambiente festivo. En Valladolid habrá fanzone los tres días -se accede con la entrada del torneo- de la mañana a la noche, con disc-jockeys y música en directo (Coti, Taburete y Orquesta Panorama City como cabezas de cartel). Pero los jugadores no pueden permitirse la juerga en el torneo, apenas algún respiro durante la temporada. "Lo de salir no me va mucho y encima estamos aquí en Madrid juntas, lo paso bastante bien así", comenta Juana. Pol alude a "la ética de trabajo" y a las necesidades de la puesta a punto. "Entrenar casi cada día te hace tener poco tiempo, es una modalidad tan exigente que te cuesta mantener el físico bien si sales".
Las becas ADO ofrecen en la actualidad un sustento económico a estos internacionales del seven. "Del rugby se puede vivir, pero al momento", apunta Pol Pla. En algunas épocas ha trabajado y le falta poco para acabar ADE. Juana Stella, en primero de Educación Infantil, lanza una mirada más pesimista sobre el rugby femenino. "Hay gente en Inglaterra que podrá vivir, pero en general, no. Se puede vivir al día pero cuando se acaba, si no tienes algo más, te quedas sin nada".
Aunque a Pol le gustaría acudir a sus segundos Juegos Olímpicos, "una medalla sería un sueño", agradece todo lo conseguido. "Un hobby que te hace viajar por el mundo, conocer culturas, y la adrenalina de salir al campo cuando sólo te sirve ganar y ganar". Juana aspira a ser olímpica y celebra su prometedor despegue. "Quiero más y nunca me canso, estar aquí me da felicidad completa, estoy haciendo lo que llevo soñando desde que tengo ocho años".
Las Series Mundiales
Son el mundial anual de la modalidad olímpica de rugby. Tras una fase previa, la clasificación final se establece según los puntos acumulados en los tres últimos torneos de la temporada. Tras el primero de ellos, disputado en Hong Kong, los españoles van terceros y las españolas, octavas. Este fin de semana, del viernes 29 al 31 de mayo, se juega en Valladolid la segunda Serie. Y el siguiente fin de semana, en Burdeos, la tercera y definitiva proclamará los campeones del mundo y certificará los ascensos y descensos.
En las noches de insomnio, Jannik Sinner volverá una y otra vez a la Philippe-Chatrier, escenario de sus tragedias, un lugar que quisiera olvidar. Si el año pasado perdió ante Carlos Alcaraz una final de Roland Garros que tenía ganada, este año fue noqueado por el calor en una segunda ronda ante el argentino Juan Manuel Cerúndolo que ya tenía dominada, sentenciada, prácticamente finiquitada.
Eran las 14.00 horas y el marcador era tan claro a favor del italiano (6-3, 6-2 y 5-1) que buena parte del público ya se había marchado a comer. A Sinner solo le quedaba ganar un juego, celebrar con mesura un nuevo triunfo y retirarse al vestuario a darse una ducha fría.
Hasta ese momento el duelo había transcurrido bajo una canícula aplastante, con 34 grados y un sol de justicia en París, pero el número uno del mundo apenas había dado muestras de incomodidad. Algún resoplido, mucha agua y poco más. Pero entonces, después de dos horas de partido, el calor le golpeó de lleno. De repente dejó de moverse, vencido, mareado, y perdió el rumbo.
Un final de orgullo
El partido transcurría, pero él ya no formaba parte. Su rival, el hermano pequeño de los Cerúndolo, jugaba con inteligencia, moviéndole a un lado y otro de la pista, lanzándole dejadas, pero no siempre lo necesitaba. Sinner, además de acalorado, se lamentaba de dolor en la cadera y ya no podía hacer nada.
ALAIN JOCARDAFP
Quedará en su orgullo y en su biografía como campeón su aguante sobre la pista hasta el final. Se marchó al vestuario en dos ocasiones en busca de un milagro, se cambió de ropa, recibió tratamiento, se hidrató, ingerió lo que le dieron, pero no había manera. Su estrategia pasaba por acortar los puntos pero le faltaban fuerzas para conectar golpes ganadores y piernas para llegar a la red.
Al final, casi a las 16.00 horas, después de dos horas de puro sufrimiento, Sinner se marchó con una derrota por 3-6, 2-6, 7-5, 6-1 y 6-1 y con la tristeza de haber perdido una oportunidad única. Sin Alcaraz en el torneo, después de dominar toda la gira de tierra batida, este era su Roland Garros y ahora tendrá que esperar como mínimo un año. Para entonces le tocará volver a la Philippe-Chatrier, decorado de sus pesadillas, a intentar exorcizar todos sus demonios.
Demasiados precedentes
Para entonces deberá ser otro tenista. A lo largo de su carrera, el ganador de cuatro Grand Slam ha construido mejoras en todos los aspectos del juego. La última, la imprevisibilidad en sus golpes que aprendió tras caer en la final del último US Open. Pero desde la infancia le queda una asignatura pendiente: combatir los elementos.
Thibault CamusAP Photo/Thibault Camus
Son demasiadas ya las ocasiones en las que las condiciones meteorológicas le han derrotado y muchas otras en las que le han mermado. Esta misma temporada le ocurrió en tercera ronda del Open de Australia ante Elliot Spizzirri y en semifinales del Masters 1000 de Roma ante Daniil Medvedev. Entre sus adversarios en Roland Garros este año sólo había uno realmente poderoso y a la primera le derrotó.
La candidatura de Enrique Riquelme a la presidencia del Real Madrid acusó en un comunicado a Florentino Pérez, todavía presidente y también candidato, de difundir "informaciones que son total y rotundamente falsas" sobre su proyecto y su "legitimidad".
"De nuevo y por tercera vez en apariciones públicas, resulta inaceptable la actitud y las formas de Florentino Pérez, poniendo en duda la limpieza y la legitimidad de nuestra candidatura, pese a que ha sido proclamada válida por la Junta Electoral conforme a los Estatutos y a las Normas Electorales del Club", afirmó.
En su texto, la candidatura del empresario defendió que está "avalada directamente con su patrimonio personal y está validada por la Junta Electoral" y pidió de nuevo "un debate público, abierto y televisado" entre los dos candidatos, en el que puedan "confrontar ideas con transparencia sobre el modelo de club".
Además, Florentino Pérez vinculó al empresario alicantino con la "época más siniestra del madridismo", la etapa de Ramón Calderón, y Riquelme ha querido apartarse del que fuera presidente entre 2006 y 2009.
"En la etapa que menciona Florentino Pérez sobre Ramón Calderón, Enrique Riquelme, tenía 15 años. El único miembro de la candidatura que formó parte de aquella época es el Sr. Antonio Medina, pero el Sr. Pérez olvidó mencionar que también ha sido miembro de su dirección en la Fundación Real Madrid hasta la semana pasada y que dimitió para sumarse a nuestra candidatura. Así mismo, en nuestro equipo participa Juan Mendoza, hijo del Presidente Ramón Mendoza, que formó parte de la Junta del Sr. Calderón y dimitió por discrepancias con el ex presidente a los 3 meses", afirma uno de los puntos del comunicado.
"Todo el mundo nos dice que hay que sentirse orgullosos, pero no te sale". Isi Palazón verbalizaba saliendo del vestuario del Rayo lo que rondaba la cabeza de un equipo de amigos que vio cómo Henderson y no Trejo agarraba la copa de campeón de la Conference, esa que persiguieron por media Europa y que en Leipzig, con Vallecas en la grada pidiéndoles que la llevaran al barrio, le arrebató Mateta. El duelo, la pena, no daba para pensar, aunque Lejeune lo apuntó, si pudieron "hacerlo mejor" y no dejarle a Adam Wharton tirar tan cómodo, porque del despeje de Batalla llegó su gol. "Te da rabia", decía Óscar Valetín.
Sobre el ambiente triste flotaba la sensación de que algo más que una temporada y que un sueño se acababa. Y no era solo por la despedida de Trejo, el capitán al que todos querían ver alzar el trofeo. Quien les llevó primero a la competición europea y después a la final también puede decir adiós. Íñigo Pérez dirigió su último partido como entrenador, aunque a esa certeza nadie le puso palabras. "Tengo un pudor enorme por hablar de mi situación en este momento tan delicado en lo colectivo", se limitó a decir en rueda de prensa.
Un rato después, solo con lo que parecía un bocata envuelto en papel de aluminio, se encaminó por las entrañas del estadio hacia el autobús con la cabeza agachada. El técnico navarro no lo dijo, pero Martín Presa sí admitió que habrá cambio en el banquillo. "Aún no sé quién será el entrenador la temporada que viene. Hemos estado centrados en esta final", admitió el presidente.
Puede que el Villarreal y la Champions esperen a Íñigo Pérez y en Vallecas lo añorarán. "Tome la decisión que tome, será respetada. Se ha ganado el derecho a decidir su futuro y nosotros lo echaremos de menos como entrenador y como persona", confesó el capitán Óscar Valentín. "Es un entrenador espectacular", admitía Lejeune. "Él quería ganar y nos puso todo en bandeja para que supiéramos lo que iba a pasar en el partido, pero no se dio", lamentaba el Pacha Espino.
"El componente emocional nos ha bloqueado. Nos han superado y no hemos podido estar ni cerca de la victoria. El gol ha sido en una jugada aislada, pero le siguieron cinco minutos en los que se nos pudo haber ido al final. Luego nos hemos quitado el complejo de no ser nosotros, pero las finales hay que saber jugarlas y nosotros tenemos que aprender", diseccionó el entrenador. Las lágrimas de Alemao escuchando el himno de la Conference ya le dieron una pista. Por eso la sensación era de rabia por no haber podido mostrarse como el Rayo juega y es: valiente e irreverente.
En las tripas del Red Bull Arena, mientras el Crystal Palace optaba por una celebración con poca euforia, como si ya se hubieran acostumbrado a ganar, Martín Presa se ponía deberes: "Desde hoy tenemos una espina clavada y la obligación, no sé si dentro de dos años, de cinco o de 20, de volver a una final y ganarla".
Las familias que detentan la mayoría accionarial del Sevilla han dado este miércoles por "rota" la negociación con Sergio Ramos y el fondo de inversión argentino Five Eleven Capital para la compraventa del club debido, según argumentan, a una "rebaja sustancial" de la oferta inicial, sobre la que existía un preacuerdo, y a la "insolvencia" de la parte compradora.
Fuentes de la negociación informaron de que este "giro inesperado" de la situación se produjo en la reunión celebrada en la mañana de este miércoles en un hotel sevillano, cuando Sergio Ramos y el abogado Julio Senn "retiraron la oferta que había recibido hace varios meses el plácet de los vendedores" para reformular la operación hasta convertirla en "inaceptable", según los actuales accionistas mayoritarios.
"Se habían comprometido a comprar 80.000 acciones, pero ahora querían adquirir unas 30.000 e ir ellos solos a la ampliación de capital, con lo que se harían con el control del club con un desembolso mínimo", indicaron las fuentes.
En términos económicos, las partes habían acordado la compraventa del Sevilla en unos 450 millones de euros menos la deuda neta -cifrada en unos 90 millones-, pero el giro radical de los términos reducía la inversión a "unos 100", que ya no correrían, según las fuentes, a cargo de Five Eleven Capital, sino de una familia originaria de Monterrey (México).
En esta ciudad Sergio Ramos se desempeñó como futbolista profesional entre febrero y diciembre del pasado. Así las cosas, los actuales propietarios del Sevilla han dado por "rota" la negociación, que se ha prolongado durante cinco meses.
Las principales familias accionistas del club hispalense arguyen "la insolvencia, y no sólo económica", de los potenciales compradores del proyecto encabezado por Sergio Ramos y, según las mismas fuentes, han mostrado su intención de "empezar a planificar la próxima temporada" a la espera de que se reactiven otras ofertas para la adquisición del club.
Llegó el día para Rafa Mir y Pablo Jara. Ambos futbolistas se sientan en el banquillo desde este jueves para ser juzgados por agresión sexual y lesiones en la Audiencia de Valencia. En el caso de Mir, se enfrenta a la petición de la Fiscalía de una pena de diez años y medio de prisión por violar a una joven de 21 años en 2024. El futbolista siempre ha mantenido su inocencia y, de hecho, su defensa pide la absolución con el argumento de que las relaciones sexuales fueron en realidad consentidas.
La tesis de la víctima es la que defiende el propio Ministerio Fiscal, que además solicita tres años de prisión por agresión sexual para el amigo de Mir, el también futbolista Pablo Jara. Mir fue detenido en septiembre de 2024 cuando jugaba en el Valencia cedido por el Sevilla, tras la denuncia que presentó la joven a la que había conocido en una discoteca. Tras la fiesta, ella y una amiga acompañaron a los dos futbolistas hasta el chalé de Mir en Bétera (Valencia).
Según la Fiscalía, Mir mantuvo relaciones sexuales consentidas con una de las mujeres en una de las habitaciones de la casa. Sin embargo, posteriormente cogió a la otra víctima en brazos y la lanzó a la piscina vestida para meterse él también en el agua y "realizarle tocamientos en sus partes íntimas y otras prácticas de tipo sexual".
La joven huyó entonces de la casa, pero regresó al percatarse de que se había olvidado el bolso. Es en ese momento, según el relato de la Fiscalía, cuando Mir la obligó a entrar en el cuarto de baño para forzarla sexualmente. Jara, por su parte, se habría acercado a la otra víctima para tocarle en sus partes íntimas mientras se bañaba en la piscina, a lo que la joven respondió pidiéndole que parara.
Cuando ambas abandonaron la vivienda, Jara empujó a una de ellas y le propinó un puñetazo en la cara. "Sois unas niñatas, piraos", les gritó. En su escrito de acusación, la Fiscalía destaca que una de las jóvenes sufrió contusiones y erosiones y la otra un trastorno psíquico del que tardó 180 días en curarse.
Lo que se vio ayer en Madrid en un espacio de siete horas no fueron sólo dos proyectos para liderar al Real Madrid los próximos cuatro años, fueron dos mundos diferentes. Quizás hace tres décadas, cuando Florentino Pérez se presentó, con 48 años, por primera vez a la presidencia del club blanco, las circunstancias, las ideas y la puesta en escena pudiera parecerse a la de Enrique Riquelme, 37 años. A día de hoy, el máximo mandatario ha tomado distancia voluntaria e involuntariamente con la oposición.
Los lugares elegidos para la presentación de las campañas ya representaban la principal diferencia. Si Riquelme elegía un miniauditorio tecnológico para exponer su "Legado y futuro", Florentino se decantaba por el clásico Hotel Melia Castilla para mostrar las líneas maestras de "Mucha historia por hacer". Dos eslóganes, por su parte, igual de diferentes para ambos contendientes.
Es lógico que el recién llegado, con mucho menos músculo que el actual presidente, contara con una menor audiencia, de perfil más joven, en su acto de ayer por la mañana. Mientras que Pérez, 26 años después de iniciar su primer mandato, exhibía su poder frente a tres salones contiguos en los que, ante una audiencia más madura, confrontaba a la oposición con Ronaldo Nazario, Roberto Carlos y Santiago Solari, entre los asistentes.
Porque el tono de ambos también fue diametralmente opuesto. No es que Enrique Riquelme no mostrara cierto grado de crítica contra la gestión de Florentino Pérez, especialmente atacando el modelo que anunció en la Asamblea General de 2025 y que, a su juicio, es un paso previo a la privatización. Pero su manera de hacerlo fue más indirecta e incluso hubo alguna que otra referencia a la necesidad de unidad.
Enrique Riquelme, durante el acto de presentación de su campaña.EFE
Pérez, por su parte, no se pudo contener y, desde el inicio de su discurso, atacó de manera muy dura a un rival al que considera un heredero de la "época más siniestra del madridismo" que considera el periodo de presidencia de Ramón Calderón. Y lo encuadró entre los familiares de los que "no vienen a servir al Real Madrid sino a servirse de él".
Es cierto que ambos pusieron siempre "al socio en el centro". Un mantra que han repetido hasta la saciedad, uno para recordar los inconvenientes que sufren los socios actuales y otro para erigirles en propietario de esa "nueva fórmula" de club que quieren instaurar en el Real Madrid.
Unos socios a los que ambos candidatos quieren construirles un club social con diferentes proyectos, uno más centrado en el entretenimiento, Riquelme, y otro más enfocado en la innovación tecnológica, Florentino. Los dos, por cierto, en el actual Valdebebas.
Lógicamente, el caso Negreira es algo que une los intereses de ambos. No obstante, mientras que el opositor ha esgrimido que se persiguió demasiado tarde, el actual presidente mantiene que siguen luchando contra algo que "sigue manchando el fútbol español".
Sin propuestas deportivas
Pese a la presencia de Ronaldo, Roberto Carlos y Solari, Florentino eligió no presentar aún ningún tipo de propuesta deportiva más allá de decir que con él "siempre jugarán los mejores jugadores en el Real Madrid". Enrique Riquelme, por su parte, ha preferido dejar ese pilar, de los cuatro que componen su proyecto, para más adelante.
Son más de 40 años de diferencia lo que separan a ambos candidatos. Pero, sea por política, sea por mentalidad, a día de hoy parecen vivir en mundos diferentes y son esos los que cada uno propone para el futuro del Real Madrid.
Nunca entenderá el Rayo Vallecano por qué no disfrutó en Leipzig. Qué fue lo que le lastró las piernas en una final que vivió como un sueño, pero en la que tuvo un maldito despertar. No apareció el equipo pirata, descarado, irreverente, de espíritu vecinal y juguetón que se sentó a la mesa de la historia europea. Fue realidad que estuvo en la final hasta el último suspiro, pero no hay duda de que lo hizo con más fe que fútbol. El Crystal Palace se llevó una Conference por personalidad, esa que Íñigo Pérez reclamaba y que sus futbolistas no pudieron poner en el campo en ningún momento de los 90 minutos. No hubo proeza. El capitalismo Premier devoró al equipo del barrio obrero. [Narración y estadísticas: 1-0]
El partido tuvieron que masticarlo los dos equipos, ásperos en su juego y, por momentos, poco reconocibles por la tensión de lo que había en juego. Era difícil que la final rompiera cuando pasaban los minutos y no había ni un solo tiro entre los tres palos. Hubo ocasiones, no demasiadas, pero nadie anduvo preciso.
Al Rayo le costó adaptarse y eso hizo que Íñigo Pérez no parara en la banda, intentando sostener a sus jugadores en su idea de cómo debían ser en la final sin que los nervios le jugaran una mala pasada. El Crystal Palace, con un imperial Adam Wharton escondiendo la pelota y manejándola a su antojo el tempo del juego, arrancó más cómodo, obligando a Lejeune a multiplicarse para ataques que comandaban Jeremy Pino y Mateta. Siete minutos tardaron los vallecanos en probar a Henderson, y fue un centro tibio de Álvaro García, a quien su entrenador le encomendó el extremo izquierdo. Fue por esa orilla por donde, en cuanto le dejaron, cargó la ofensiva el Rayo. Pero antes ya se habían llevado dos sustos.
El primero, porque Jeremy Pino se activó más que De Frutos para robar y, tras un cúmulo de rebotes, que la ocasión acabara con un disparo de Sarr que no incomodó lo justo al desaparecido Óscar Valentín. El segundo lo generó Pathé Ciss, cuando frenó en falta al extremo canario cuando encaraba a Batalla. Por fortuna, Lejeune estaba unos pasos más adelantado y el senegalés vio solo amarilla. Demasiados sustos para una grada que se entregó, como en Vallecas, a gritar contra Presa en el minuto 13. Hay costumbres que no se olvidan ni en una final.
Cuando se acercaba la media hora de partido, el Rayo se despojó de la coraza y comenzó a ser más reconocible. Se desahogó. El balón pasó más por las botas de Isi y de Unai López, siguió encontrando a Álvaro, pero también a De Frutos. Incomodaron Pep Chavarria y Ratiu, aprovechando la altura que cogen Muñoz y Mitchel y la obligación que impone Oliver Glasner a sus extremos a cerrarse para comprimir la creación de los rivales.
El partido no tenía control, pero ya volaba de un campo a otro. Y llegó la mejor ocasión del Rayo, con un centro de Chavarria a Alemao, que lo cazó forzado y lo mandó rozando el poste de Henderson para lamento de la grada, que pidió a sus jugadores para el partido cuando un aficionado cayó por las escaleras y se hizo una aparatosa herida. Fueron apenas cinco minutos y, al volver, Unai López probó de nuevo con un disparo lejano. Pero hasta ahí se la jugaron y a punto estuvieron de llegar al descanso con el marcador en contra. Pelota colgada por Wharton al área donde apareció el carrilero Mitchel, burlando a De Frutos y Ratiu, para cabecear de manera imposible cuando Batalla nada podía hacer. Respiró toda la grada de Vallecas esperando que su Rayito apareciera.
No lo hizo. El Crystal Palace, con esa marcha más que siempre imprime la Premier, siguió cortocircuitando a los madrileños, golpeándolos en cuerpo y mente. Tuvo que aparecer Lejeune, como mariscal napoleónico de la zaga, para evitar que Mateta cazara un centro de Sarr. La segunda que tuvo, el francés ya no la falló. Fue en el minuto 50 cuando Wharton, el cerebro a quien nadie detectó, armó un misil desde la frontal que repelió Batalla, con la mala fortuna de que Ciss se olvidó de que aparecía Mateta para fusilar y empinarles la final.
Ese gol noqueó al Rayo, que estuvo a punto de perder la final en apenas cinco minutos. Una falta en el pico del área la mandó Jeremy Pino a la escuadra, no pudo empujar entre los tres palos Riad, que estaba en fuera de juego, y apareció Ratiu para despejar al poste. El canario volvió a ser una pesadilla cuando buscó a Mateta sin que el francés pudiera hacer el segundo. Estaban mordiendo con comodidad a un equipo débil que se cargaba de tarjetas y pedía a gritos los cambios que Íñigo Pérez no tardó en hacer.
Era momento de poner a dirigir a Pedro Díaz, con Pathé Ciss, y dejar que Mendy se las viera con Mateta. Pero no tardó el técnico navarro en buscar la pólvora de Camello y Pacha Espino. Ya era todo o nada, y el Rayo no se rinde jamás. Por si acaso, sus piratas le recordaban que sí, que se podía. Y el campo se inclinó hacia la portería de Henderson durante un buen rato. Probó Isi de falta directa, se soltó Ratiu por un costado y le siguió el Pacha por el otro, tratando de agarrar un empate que se le negó a Alemao. No serán leyenda, pero han construido memoria para todo el barrio de Vallecas
No pudo el escritor terminar bien el cuento. El final se atragantó a la pluma de Íñigo Pérez, un autor suigéneris. Identificado con una idea y un equipo. Con un barrio. Uno que llora la oportunidad perdida. Quizás sea la única en su historia. Desde luego era la primera 25 años después de pisar suelo europeo por primera vez. "Son momentos complicados para todos, uno tiene dolor y hay que pasarlo como se puede", apuntó el técnico mientras que el capitán Óscar Valentín aseguró: "Hemos disfrutado del proceso".
Augusto Batalla era el único que sabía lo que eran campeonatos nacionales e internacionales, con varias Copas Argentinas y una Libertadores en su haber. El único que había llegado a estas latitudes de grandes torneos y por sus manos pasó todo lo que el Rayo vivió en Leipzig. Porque Batalla tuvo una de cal y una de arena. En el gol inicial de Mateta quizás pudo hacer más en el despeje, mientras que poco después salvó el segundo ante el mismo protagonista. Antes, en el primer tiempo, también había sido el que tirándose al suelo consiguió llamar la atención de Mariani para parar el juego a que se atendiera a un aficionado rayista en la grada. "El camino fue hermoso", apuntó el portero.
El guardameta del Rayo estuvo mucha parte del partido pidiendo tranquilidad a sus compañeros, pero quizás debió reclamar algo de colmillo. La victoria en la posesión no se trasladaba a un marcador que los británicos habían conseguido inaugurar y habían amenazado hasta en nueve ocasiones el poder cambiarlo frente a las dos del Rayo. Además, hasta tres veces golpeó el poste el balón, todas tras una falta magistral lanzada por Yeremy Pino.
El canario fue el caballo de Troya. Su conocimiento del rival lo convirtió en una pesadilla para un Ratiu que disfruta mucho más corriendo hacia delante que persiguiendo para atrás. Le sentó bien la convocatoria de De la Fuente y la quiso justificar sobre el terreno de juego. Muchos dudaban de su partida al equipo británico desde el Villarreal, pero a día de hoy la Premier es el Dorado para muchos futbolistas españoles.
De lo que puede presumir el Rayo es de haber soportado el envite de un conjunto inglés superior físicamente y económicamente. Por mucho. Esa diferencia tiene el antecedente de la Conference del año pasado, en la que el Betis terminó reducido a cenizas por el Chelsea en una segunda parte en la que los sevillanos se vinieron abajo. "Hoy tenemos pena, pero hay que disfrutar este momento", insistió Isi tras el duelo.
Revancha francesa
Es el Rayo un equipo que se siente bien en la inferioridad, que le gusta ir de underdog y que no se arruga en los grandes escenarios. Aunque una final era un territorio inexplorado. Los cambios le hicieron creer frente a las circunstancias adversas. Apretaron todo lo que pudieron a Henderson. No fue suficiente. Los ingleses aguantaron la muralla a pie quieto y el Rayo no pudo encontrar a un Camello enrachado.
Esta vez el madrileño no pudo ganar "con los colegas". Esta vez fue Mateta el que le ganó la partida a un futbolista que le amargó los Juegos Olímpicos en su país con un doblete. Paris 2024 frente a Leipzig 2026. "Duele una barbaridad porque al final hemos hecho todo y sabemos el sacrificio de nuestra gente. Ojalá estén orgullosos como estoy yo", declaró Trejo. "No conocí mayor victoria que contigo en una derrota", respondió la grada rayista al término del partido. Pues eso.