Rendidos a Unai Emery por la metamorfosis del Aston Villa: “Es un enfermo por ganar partidos, un genio”

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En la primera de 2019, el Aston Villa festejó su regreso a la Premier League en un ascenso que se jugó con el Derby County. No se pareció a lo que vivieron anoche en Estambul. John McGinn y Tyrone Mings alzaban al cielo el trofeo de la Europa League con el recuerdo de aquello que vivieron hace siete años, y cómo sufrieron luchando por la supervivencia después, cuando la Premier les condenaba con una exigencia atroz. Ahora que tocan la gloria saben que esa metamorfosis que los ha hecho campeones tiene un responsable: Unai Emery.

No hay jugador que no se haya rendido al técnico de Hondarribia, y no solo por el palmarés de cinco Europa League que le hacen entrar en el selecto grupo de los cuatro entrenadores que han ganado cinco grandes títulos europeos: Ancelotti, Mourinho y Trapattoni. A él solo le falta una Champions, que buscará con ahínco. A Emery le respetan por convicción y por otros números.

"Es un genio, un entrenador de clase mundial", decía el capitán McGinn, a quien ha convertido en ejemplo de sus compañeros y en imprescindible en su once... y en el de Escocia. Menos sorprendido está el Dibu Martínez, que ya le conoció en el vestuario del Arsenal y le vio perder su única final europea contra el Chelsea. "Es un enfermo por ganar partidos, un ganador como yo. Lo quiero mucho", confesaba el argentino, que fue a buscarlo nada más ser campeones para subirlo a hombros y que la grada lo homenajeara.

No dudó en aplaudirle y abrazarle Nassef Sawaris, el magnate egipcio copropietario del Villa. Él fue quien buscó a Emery para encomendarle el proyecto de volver a hacer grande a los villanos. Le entusiasmó su manera de superar eliminatorias europeas. Lo ha hecho en Champions, llevando al Villarreal a semifinales o al propio Aston Villa a los cuartos de final, pero donde más ha brillado es en la Europa League, que bien podría rebautizarse como la Emery League.

Han sido nueve participaciones, dos con el Valencia, tres con el Sevilla, dos con el Arsenal y una con Villarreal y Aston Villa, para sumar cinco títulos. Más de la mitad de veces que el vasco ha disputado la competición, la ha ganado. Esta temporada, además, lo ha hecho perdiendo solo dos de los 15 partidos: en la liguilla ante el Go Ahead y en la ida de semifinales ante el Nottingham Forest. En total, en tres años ha conseguido con los villanos 27 victorias en Europa.

Sin embargo, a él no hay quien le separe de la modestia, ni siquiera haber conseguido hacer feliz al Príncipe de Gales. Enamorado del Aston Villa, el Príncipe Guillermo vio desde el palco a su equipo proclamarse campeón. Cuando ganaron la Copa de Europa en 1982, aún no había nacido, así que fue su primera vez, como la de tantos otros villanos que llenaron las gradas del Besiktas Park y celebraron pese a la incesante lluvia que apareció al final del partido.

"Estoy muy contento porque he tenido la suerte de estar en grandes clubes que me han enseñado a querer esta competición. Y también la suerte de tener jugadores que han mostrado un gran compromiso respetando al rival y yendo a por la victoria", explicó Emery al final del partido."El Aston Villa se merece este título por lo que está trabajando para conseguir recuperar emociones olvidadas", añadió. Llegarán más. Palabra de Emery.

Emery engorda su historia europea haciendo campeón de la Europa League al Aston Villa

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Unai Emery no es un mago, pero no es descabellado pensar que tiene poderes. Al menos cuando disputa la Europa League. Final que juega, título que gana. Tras Sevilla y Villarreal, ahora ha llevado al Aston Villa a la gloria. Una sequía de cuatro décadas se rompió bajo el cielo de Estambul, triturando al Friburgo hasta desdibujarlo para ser campeón. No es magia, es disección de rivales hasta la obsesión, concentración, esfuerzo, mentalidad ganadora. Es el reto permanente para él mismo y sus jugadores, que comprueban que sus herramientas les hacen mejores. Todo eso es Emery, Mr. Europa League.

En esta final, durante muchos minutos pareció que no pasaba nada. El Friburgo necesitaba sacudirse los nervios de novato y el susto que le provocó que, en el minuto 2, Atubolu tuviera que volar para despejar un peligroso disparo de Morgan Rogers. El Aston Villa no tenía prisa. Mandaba y consiguió instalarse en el borde del área de los alemanes, donde Watkins se batía en duelo con Lienhart, pero aparecían poco sus mejores escuderos: Emi Buendía y el capitán John McGinn. Se acercaban los villanos y Rogers fue el siguiente que probó con un tiro lejano que no pudo ajustar entre los tres palos.

Necesitaba el Friburgo subirse al partido y lo hizo a balón parado, un arma que manejan los dos equipos y que tardó en aparecer para acabar siendo decisiva. En el minuto 17, Grifo puso una falta al corazón del área y el rechazo de Lindelöf lo cazó Höfler, en su despedida del fútbol profesional, con un disparo que rozó el palo del Dibu Martínez. No habían amenazado ni el veterano Grifo ni Beste. Pocas ocasiones y poco riesgo en la primera media hora, aunque todo empezó a cambiar.

El equipo de Julian Schuster se soltó y Matanovic, correoso, le robó el balón a Tielemans para asistir a Manzambi, que se precipitó con un tiro lejano que atajó el meta argentino con comodidad. La réplica la dio Oli Watkins, que se empachó de recortes y no vio cómo McGinn aparecía solo por el costado izquierdo del área. Solo era cuestión de elegir bien, porque al Aston Villa le costaba muy poco armar peligro. Antes de que se desataran sus minutos más voraces, Manzambi rompió a Cash por la orilla izquierda y puso un centro perfecto que no encontró rematador.

Cuando el descanso asomaba, los villanos inclinaron la final. Digne, sujetado en defensa durante demasiados minutos, provocó el primer córner en el minuto 40. Oro puro para Unai Emery, que tiene una pizarra mágica. La varita, en realidad, la maneja su ayudante, Austin McAfee, que le ha dado hasta 25 goles en una temporada. En Estambul, encarriló el primer trofeo europeo en 44 años. Digne se apoyó en corto en Morgan Rogers y, cuando todos esperaban un centro al área, la puso en el pico contrario, donde apareció Tielemans para marcar con un golpeo seco en diagonal. Ahí comenzó un agobio que llevó al Friburgo a pedir la hora. Se temía lo que pasó. En el añadido, Buendía amplió el marcador con un zurdazo de rosca imparable.

Volvió a demostrar Emery que maneja como nadie el arte de maniatar a los rivales, porque los alemanes no lograron recomponerse en el inicio de la segunda parte. Ni cuando Watkins estuvo a punto de cazar el tercero, que no tardó en caer.

Ocurrió cuando Buendía quiso. Apareció por la banda, quebró dos veces a Kübler y asistió a Rogers que apareció en el primer palo para empujar la pelota donde el cancerbero alemán ya no llegaba. No había dudas de que la Europa League iba a viajar a Birmingham. No solo por el abultado resultado, sino por las pobres sensaciones del Friburgo, que suspiró aliviado cuando ni Waltkins ni Buendía ni McGinn fallaron el cuarto. Era suficiente para enloquecer hasta al Príncipe Guillermo, un villano más en el palco.

Emery y su sexto desafío en la Europa League: de la psicología deportiva al ajedrez para hacer al Aston Villa campeón

Emery y su sexto desafío en la Europa League: de la psicología deportiva al ajedrez para hacer al Aston Villa campeón

Recorrer el túnel de vestuarios de Villa Park es encontrarse de frente con un pasado glorioso que, durante años, intimidó a jugadores y entrenadores, pero que desde noviembre de 2022 es un impulso, un reto, un objetivo. El Aston Villa fue campeón de la Copa de Europa en 1982 ganando al Bayern de Múnich (1-0) y hay una generación que no recuerda ver a su equipo campeón. Han pasado 44 años de aquella final y 20 de la última Copa de la Liga inglesa, una travesía en el desierto, con descensos , amenazas de quiebra y ascensos que acabó en noviembre de 2022 con la llegada de Unai Emery.

El técnico vasco, Mr. Europa League por los cuatro títulos y las cinco finales que ha disputado, ha vuelto a hacer brillar el nombre de los villanos en Europa y, ante el Friburgo en Estambul, lograr que vuelvan a ser campeones. No se fía de los alemanes ni le gusta la condición de favorito, aunque no tiene más remedio que asumirla. «Es un desafío. Tenemos confianza, pero si no respetamos al Friburgo estaremos cerca de perder», advirtió en las tripas del estadio del Besiktas antes de su sexta final.

En los últimos meses, ha apartado la lectura de libros de psicología deportiva y se ha lanzado al ajedrez. Partidas cortas, de tres minutos online, que le permiten ejercitar la concentración. «Me sirve para entender el fútbol, porque un error te puede costar la partida», explica. Y repite una frase que intenta que cale en sus jugadores. «Ante un equipo que puede ser inferior, la concentración es esencial. Porque si cometes un error, te ganan», insiste el vasco, a quien lo peor que se le puede decir es que su equipo carece de identidad o que «no se sabe a lo que juega». No es el caso del Aston Villa, anclado en jugadores como el Dibu Martínez, Douglas Luiz, McGinn, con el brazalete, Buendía y Oliver Watkins.

El capitán y Tyrone Mings aún recuerdan el playoff de ascenso a la Premier en 2018. «Ha sido un viaje brillante, con altibajos, incluso cerca de volver a descender. Es un momento de orgullo para mí», confesó el escocés, a quien Emery le retó para que marcara al menos diez goles y lo ha logrado. «Espero que pueda llegar el 11 o el 12 en la final», bromeó.

A Unai no le gustan los halagos, se protege de ellos porque anticipan críticas, pero es imposible esquivarlos en Birmingham. Ha conseguido una comunión con la afición a base de trabajo, esfuerzo y resultados. En los primeros meses, regresó a las competiciones europeas, a la Conference League, donde se quedó en semifinales con el Olympiacos, pero ya había logrado colarse entre la élite de la Premier y poner un pie en la Champions. En la máxima competición, el rendimiento fue notable, pero se cruzó con el PSG en cuartos de final. La diferencia de goles en una Premier desquiciante le privó de volver a intentarlo, pero la Europa League le da revancha y le permite seguir la progresión marcada.

Justo lo que Nassef Sawiri y Wesley Edens, los magnates egipcio y americano propietarios del club, buscaban cuando sacaron a Emery del Villarreal. «Estaban atraídos por los éxitos en Europa, por la capacidad para superar eliminatorias del KO y para construir equipos competitivos», confesaba el entrenador en los primeros meses. Le dieron plenos poderes para «organizar y estructurar» toda la parcela deportiva. Hasta reorganizó la ciudad deportiva de Boodymoor Heath. Todo lo que se esperaba de él lo ha logrado. Emery se ha convertido en uno de los mejores técnicos, rodeado de un equipo de confianza que le fortalece, desde el director de operaciones, Damià Vidagany, su mano derecha, hasta Paco Ayestarán como segundo entrenador o Roberto Olabe como director de fútbol desde que, a principios de temporada, Monchi dijo adiós.

¿Por qué tiene un idilio con la Europa League? «Porque es la competición que más ha jugado», recuerdan desde su entorno, sin dejar de recordar que con el Villarreal llegó a semifinales de Champions, y cayó ante el Liverpool, y con el PSG fue eliminado en octavos ante Real Madrid y Barça, «no sin polémica arbitral», insisten.

Si Emery es reconocido por su meticulosidad para desactivar rivales, sus esfuerzos se centran tanto o más en la fortaleza mental. Eso es lo que pide a sus jugadores antes de jugar esta final: «Necesitamos ser maduros y responsables. Hemos construido esa mentalidad durante toda la temporada, por eso estamos aquí», advirtió. Desde que cambió las botas por el banquillo en el Lorca, su ambición técnica y táctica ha ido de la mano del trabajo para crear grupos capaces de mejorar también en ambición. «Desde que empecé a hacer los cursos de entrenador, leía mucho al argentino Marcelo Roffé, y he tenido presente mucho de lo que dice. Jugarán las emociones y habrá presión, pero tiene que ser positiva», confesaba.

Ha llegado y enfocado el deseo de sus jugadores... y de sus fans. «Sin límites para nuestros sueños», rezaba la pancarta con que le recibieron los villanos en el primer partido de esta temporada en Villa Park ante el Newcastle. Bajo el cielo de Estambul, pueden hacerlos realidad.

La resurrección del Levante hunde al Mallorca, Girona y Elche se jugarán la permanencia en una ‘final’ y Osasuna se complica

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La Liga llega viva a la última jornada, con el descenso incandescente y la pelea abierta por la Europa League y la Conference. Hasta diez equipos han dejado los deberes de la temporada pendientes para la última jornada.

La batalla más agónica se librará por el descenso. El Oviedo es el único que ya tiene un pie un Segunda porque la resurrección del Levante ha apretado al zona baja. El conjunto granota venció en el Ciutat de València al Mallorca con goles de Espí y Arriaga (y un penalti lanzado al palo) y condena al Mallorca, que ya no depende de sí mismo para salvarse. Con 39 puntos, tiene que ganar al Oviedo en Son Moix y esperar una carambola de resultados. El Levante, con 42 y empatado con Elche y Osasuna, visitará al Betis, cómodamente instalado en su plaza Champions. Un punto permitiría a Luis Castro obrar el milagro de mantener a los levantinistas en Primera.

Con 42 puntos también está el Elche, que venció al Getafe con un gol de Víctor Chust. Se jugará la permanencia con el Girona en Montilivi, una auténtica final que puede mandar a Segunda al perdedor. Los hombres de Míchel perdieron en el Metropolitano ante el Atlético, con gol de Lookman, y con 40 puntos, están en puestos de descenso.

Empatado a puntos con Levante y Elche está Osasuna, que se ha complicado la vida. Haber sumado un punto ante el Espanyol en El Sadar les habría salvado, pero ahora se ve con la necesidad de estar pendiente de sus rivales cuando visite al Getafe en el Coliseum.

Quienes ya han podido respirar aliviados son el Sevilla y el Alavés, que con 43 puntos están salvados, aunque ambos serán jueces de la pelea europea. Por la Europa League pelearán el Celta, con 51 puntos, y el Getafe, que tiene 48 pero pasaría a los gallegos en caso de empate. A Balaídos viajará el Sevilla y al Coliseum, Osasuna, con el agua al cuello.

La plaza de Conference se la disputarán al Getafe, que es quien ahora la tiene, el Rayo Vallecano, que venció al Villarreal con goles de Camello y Alemao y está a un punto, y el Valencia, que disputó un partido loco en Anoeta donde Javi Guerra remontó el gol inicial de Aihen Muñoz, amplió la diferencia Hugo Duro que igualó tras el descanso Tàrrega con un gol en propia puerta y amplió Oskarsson antes de que aparecieran en el 89 y en el 90+3 Guido y, de nuevo, Javi Guerra para que los valencianistas se jueguen su última bala europea con el Barça en Mestalla. El Rayo, con la mente en la final del Conference, lo hará ante el Alavés.

Valencia Basket da al Roig Arena su primer título conquistando la cuarta Liga Femenina

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A Valencia Basket se le puede quedar corta la vitrina de trofeos en el Roig Arena. El primer título que llega en el pabellón es la cuarta Liga Femenina que conquistó este domingo el equipo de Rubén Burgos ante el Casademont Zaragoza en un duelo emocionante, que marcó un récord de público con 7.647 espectadores, y que se resolvió en el último suspiro, sobre la bocina, con una canasta de Yvonne Anderson que permitió resolver al final en dos partidos.

Las 'taronja' se proclamaron campeonas de Liga por cuarta temporada consecutiva, confirmando que son el equipo dominador de la competición y ante la mirada orgullosa de sus mecenas, Juan Roig y Hortensia Herrero.

No fue un partido fácil, porque lo dominaron las aragonesas de la mano de Mariona Ortiz. Querían forzar que la eliminatoria fuera a un tercer partido en Zaragoza, pero apareció la vieja guardia de Valencia Basket, encabezada por Leticia Romero y Queralt Casas, para rescatarle y forzar un final apretado en el que se sumaron Yvonne Anderson y Elena Buenavida. Se escapó Casademont hasta una diferencia de siete puntos en los dos primeros cuartos, aunque al descanso se apretó el marcador. Pero el regreso no fue bueno y las aragonesas volvieron a abrir hueco.

El Valencia pagó el esfuerzo por reengancharse y el Zaragoza aguantó como pudo por delante en el marcador para entrar por delante a un final a cara o cruz. Se sucedieron un intercambio de triples que puso al Valencia en ventaja en el último minuto. Reaccionaron de nuevo las visitantes, pero perdieron una bola que Yvonne Anderson aprovechó para que el título se quedara en Valencia.

Juan Roig y Hortensia Herrero, con el trofeo.

Juan Roig y Hortensia Herrero, con el trofeo.EFE

Despedida de Awa Fam

Fue un partido de emociones, por volver a ser campeonas, por la emocionante forma en que lo lograron y por era la despedida de la pívot Awa Fam, que se marcha a la WNBA con los Seattle Storm y la liga privada Project B.

"Estoy supercontenta, sigo sin creérmelo. "Tenía claro que no quería irme de aquí sin la liga", aseguró a EFE la jugadora alicantina de 19 años, que llegó al Valencia Basket hace siete desde Santa Pola. "Muchas gracias al club, me ha dado todo desde que tengo 12 años. Espero volver, ojalá hacerlo, Tengo claro que no es un adiós, es un hasta luego. Gracias de corazón, amo Valencia, es mi ciudad y volveremos", auguró.

El Valencia araña un punto ante el Rayo que no alivia a Mestalla

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No hay salvación matemática ni para el Valencia ni para el Rayo Vallecano después del empate en Mestalla. Es cierto que están cerca, pero la apretada clasificación no les concede tregua y el valencianismo no se fue aliviado con el punto. Al contrario, clamó contra sus jugadores y volvió a pedir la cabeza del entrenador por no tener suficiente latido.[Narración y estadísticas: 1-1]

Arrancó el equipo de Corberán sobreexcitado. No era una final, no de las que ansía la parroquia de Mestalla, pero lo pareció. Las gargantas atronaban a pesar de que Dimitrievski no tardó en aparecer para rozar con los dedos un centro del Pacha Espino a Nteka, que ya se relamía. Era la primera vez que le cogía la espalda a Renzo Saravia y, dos minutos después, el uruguayo apareció para empujar un balón de Pedro Díaz desde la orilla derecha cuando el lateral valencianista lo arrolló. No dudó Quintero en señalar el punto de penalti, ni Nteka en agarrar la pelota. Enfrente, un viejo amigo que echó mano de sus artimañas para que angoleño estrellara el lanzamiento en la cepa del palo. El estadio respiraba y se agarraba a la zancada de Javi Guerra, a quien no ataba la medular vallecana. Por eso pudo conducir hasta pisar el área y armar un disparo que lamió el palo de Batalla.

El partido era de ida y vuelta, aunque fue bajando de revoluciones y se complicó para los valencianistas cuando Lejeune, sin oposición que le obligara siquiera a saltar, cabeceó un córner que dibujó Gumbau en el minuto 20.

Al Valencia, que perdió a Saravia por lesión, le costó reaccionar. No hilvana jugadas ni peligro. Al contrario, Tárrega sufría para sujetar a Nteka, al que Dimitrievski le quitó el segundo gol segándole el balón en los pies en un mano a mano que hizo contener la respiración a todo Mestalla.

La reacción llegó. La dirigió Guerra, primero lanzando a Rioja cara a cara con Batalla hasta que apareció Mendy para robarle el gol. Después, convirtiendo un saque de banda de Rioja en un centro desde la línea de fondo que empujó Diego López en el 40. Todo empezaba de nuevo.

En la segunda mitad, el empuje de inicio fue del Valencia, sin criterio y permitiendo al Rayo crecer. La reacción del banquillo valencianista enfureció a la grada, porque sacó del campo a Javi Guerra. Repitió Corberán el once y lo cambios, echando mano de Ramazani, que no se enganchó, de Ugrinic y de un Sadiq que tampoco apareció.

Iñigo Pérez, pese a que buscó toda la pólvora de Pathe Ciss, De Frutos y Alemao, dominó el juego sin ser incisivo y sin poder poder arañar más de un punto, que sirve. A Mestalla, no. Por eso gritó al unísono «Carlos, vete ya».

El Valencia Basket hace historia y jugará su primera ‘final four’ para delirio de Juan Roig: “He esperado esto toda la vida”

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«He esperado esto toda la vida». Juan Roig rescató el baloncesto valenciano hace tres décadas y no podía contener la emoción al celebrar a pie de pista que Valencia Basket, por primera vez en la historia, jugara la final four de la Euroliga en Atenas. El equipo taronja ya no es un aspirante a la élite europea, sino que ha entrado por la puerta grande, y para quedarse. «Recordaremos esta noche, pero vamos a jugar más. Jugar la final four te sube el caché», advertía el mecenas. Alentado por un impresionante Roig Arena teñido de naranja, Valencia Basket amordazó y vapuleó a un Panathinaikos (81-64), que ni siquiera pudo agarrarse a las maniobras de distracción a las que acostumbra su técnico, Ergin Ataman. El turco no pudo hacer reaccionar a sus estrellas en un partido que nunca tuvieron de cara porque la noche estaba reservada para otros héroes. Uno de los todopoderosos equipos de la Euroliga volvió a caer por tercer partido consecutivo ante un rival que se había citado con el destino.

Esta conquista histórica no era más que un sueño cuando Juan Roig, tras ganar la Liga Endesa en la temporada 16/17, se fijó un reto: convertir a su equipo en un referente del baloncesto europeo. Da igual que en su palmarés nacional, de momento, solo luzca una Liga y una Copa del Rey, el objetivo era abrirse paso en la Euroliga. Había hecho tanteos, participaciones que habían dejado un regusto amargo y que debía reformular. Empezó por un pabellón en el que el presidente de Mercadona ha invertido casi 400 millones de su patrimonio personal y siguió por amalgamar un equipo a la altura que dejó en manos del entrenador que le hizo campeón en 2017: Pedro Martínez. Con él se fundió en un profundo y sentido abrazo. «Si haces una instalación como el Roig Arena, tienes que aspirar a competir con los mejores», advertía el magnate, que en nueve meses ha conseguido derribar otro muro y entrar en el selecto círculo del mejor baloncesto europeo, entre dinastías que atesoran Euroligas como Olympiacos, Fenerbahçe y Real Madrid, que será su rival en semifinales dentro de una semana. "Últimamente nos da para el pelo, porque nos ganan con mucha facilidad", recordaba Pedro Martínez. Después de la fiesta del vestuario, y de la cena que preparó el club, su mente está ya en ese partido. Todos quieren que se cumpla la leyenda que figuraba en cada una de las 15.000 camisetas naranjas que regaló a los aficionados: «Largo será el camino».

Saludo entre Pedro Martínez y Juan Roig.

Saludo entre Pedro Martínez y Juan Roig.B. ALIÑOEFE

Roig lo disfruta, y lo sufre, desde la segunda fila de asientos a pie de pista, con su mujer y sus hijas. El palco, aunque lo visite el presidente de la Generalitat, no está hecho para él. Su pasión es de aficionado, por eso recibió en la bocana del túnel a sus jugadores. "Hemos estado asustados todo el partido, pero hemos disfrutado", confesó el empresario.

Podría decirse que es lo único que comparte con Dimitrios Giannakopoulos, el empresario farmacéutico dueño de Panathinaikos a quien la Euroliga ha sancionado por sus amenazas. Estuvo en Valencia, comió junto a sus jugadores y los acompañó al pabellón en el autobús, pero no pudo entrar. Quizá fue lo mejor que le pudo pasar porque el espectáculo lo dio Valencia Basket.

La primera canasta de los griegos llegó a los dos minutos y 13 segundos y perdió a Fared durante los dos primeros cuartos. El liderazgo de Montero en este arranque lo elogió su entrenador: "Su paciencia y cómo ha leído el partido le han llevado a hacer el mejor partido de baloncesto desde que está en Valencia. Se ha encontrado con una defensa muy física, no querían que entrara en juego y ha tirado de concentración confiando en su equipo", analizó Pedro Martínez.

En el segundo cuarto, Panathinaikos quiso reaccionar, pero Valencia Basket se fue al descanso con una ventaja de 12 puntos con Badio y Braxcon Key como líderes. Tan desquiciado Ataman, que recibió una técnica por verter agua a la pista. Después del partido lanzó una crítica disfrazada de advertencia: "Si tiran tantos tiros libres, con este criterio arbitral, ganarán la Euroliga".

Su Panathinaikos solo apareció en el tercer cuarto para dejar en la mitad el colchón valenciano. No sirvió de casi nada. En los diez minutos decisivos, dos triples de Thompson y De Larrea, cerraron el billete a Atenas. Tanto que los griegos renunciaron a su última posesión. Había ganador y nadie podía discutirlo.

El Valencia respira asaltando San Mamés el día que Nico Williams vuelve a preocupar a España

El Valencia respira asaltando San Mamés el día que Nico Williams vuelve a preocupar a España

Sadiq rescató al Valencia del sufrimiento y redimió los pecados de un equipo que parece haberle encontrado el gusto a jugar contra el destino. Cuando todo se engrisece, es capaz de encontrar la salida que, con el viento a favor, no aprovecha. La victoria en San Mamés supone un alivio, pero no proporciona tranquilidad porque los 42 puntos se pueden quedar cortos para un equipo demasiado irregular. Lo mismo que ocurre al Athletic, al que se le escapa el sueño de Europa porque acumula 17 derrotas y pierde a Nico Williams por lesión. El latigazo en los isquiotibiales le obligó a salir del campo a media hora y tiene en vilo a España con el Mundial a la vuelta de la esquina.

Era un partido de necesidad para el Valencia y de homenaje para el Athletic, que miraba a Europa mientras homenajeaba a Ernesto Valverde en su partido 500, el penúltimo en el banquillo local de San Mamés. Por eso arrancó con ritmo e impaciencia, con Nico Williams dejando claro que el partido podía decidirse en su duelo con Renzo Saravia. El argentino estaba preparado para sufrir, pero a los 35 minutos la lesión mandó al extremo al vestuario. "No puede ser, no puede ser", se lamenta mientras salía del campo. "Dice que nunca ha sentido esa molestia. Ojalá sea lo menos posible", relataba su hermano Iñaki al final del partido.

De Nico, que apenas ha podido ayudar al Athletic esta temporada por las lesiones, nació todo el peligro en la primera parte. Retó a Saravia, aprovechó el carril que dejaba el argentino, obligando a las vigilancias a Pepelu y Tárrega, y armó dos jugadas que pusieron en apuros a Dimitrievski. El primero, en el minuto 14, le llegó mordido. El segundo, en el 28, fue un centro a Guruceta para que, en un palmo, se revolviera y buscara un disparo a bocajarro. Se agigantó el portero macedonio lo suficiente para que lo enviara fuera de la portería.

Para entonces, el Valencia ya podía ir por delante en el marcador. Había llegado con comodidad al área, con Rioja dañando por la orilla a Gorosabel y Hugo Duro complicando el partido a Laporte, que vio demasiado pronto una amarilla. Esa falta la mandó Javi Guerra muy alta, pero el delantero volvió a generar peligro, pisando área, tumbado otra vez por Laporte cuando encaraba a Unai Simón, pero Ortiz Arias no vio ese penalti, sino la mano que cortó el disparo de Cömert tras cazar la pelota que dejó Hugo Duro. El Valencia tenía un penalti para adelantarse en San Mamés en el minuto 25... y otra vez volvió a desaprovecharlo. El lanzamiento de Duro lo estrelló en el larguero, como le pasó a Pepelu en los primeros minutos del partido ante el Celta en Vigo y el Betis en La Cartuja.

Nico Williams, atendido tras su lesión en el minuto 35.

Nico Williams, atendido tras su lesión en el minuto 35.M. TOÑAEFE

Cuando quiso despertar el Athletic, llegó la lesión de Nico, que heló al estadio y preocupó a sus compañeros. Iñaki le suplió, pero quien más pisó área fue el Valencia. Rioja robó en la medular, condujo hasta el pico del área para servirle a Hugo Duro un disparo ajustado al poste que a punto estuvo de sorprender a Unai Simón.

En la segunda parte pesó la responsabilidad y quien mejor se manejó fue el Valencia. Valverde se protegió de una expulsión cambiando a Laporte por Vivian, porque la brega de Hugo Duro no cesaba y el Athletic iba a dar un paso adelante que llevó a Dimitrievski a repeler el tiro de Iñaki Williams en carrera tras una asistencia de Gorosabel. No tardó en reactivar al equipo Corberán con Sadiq, la endiablada velocidad de Ramazani y el pulmón de Ugrinic. No tardó en ver los frutos.

Rioja, acostado por primera vez en mucho tiempo en la orilla izquierda, explotó su pierna natural en una contra que no se dibujó perfecta, pero lo fue. Robó Javi Guerra en campo bilbaino, lanzó a Ramazani a la carrera, que abrió a Rioja para, tras recortar a trompicones a Gorosabel y Vesga, poner un centro tenso a la cabeza que Sadiq, que se adelantó a Vivian para batir a Unai Simón.

Con el marcador a favor, el Valencia tenía que saber manejar los últimos 20 minutos. Y entonces apareció Dimitrievski. Salvó un testarazo ajustado al palo de Unai Gómez a centro de Iñaki Williams desde el costado derecho y, ya en el añadido, dos cabezados de Guruceta buscando un empate con más fe que criterio ante la muralla que alzaron los valencianistas.

El PSG quiere más gloria: se jugará contra el Arsenal su segunda Champions

El PSG quiere más gloria: se jugará contra el Arsenal su segunda Champions

El PSG lleva una vida y miles de millones persiguiendo reinar en Europa. El talento lo domó Luis Enrique para que supiera cuándo cabalgar sobre un fútbol salvaje, y cuando sujetar un resultado que, como en Munich, te lleva a pelear por más gloria. Los franceses defenderán su corona en la Champions el 30 de mayo ante el Arsenal en otro hito histórico .[Narración y estadísticas: 1-1]

Como si toda la semana hubiera sido un entreacto del espectáculo que arrancó en el Parque de los Príncipes, se cambió de escenario, pero no de libreto. PSG y Bayern recuperaron el aliento para volver a un fútbol salvaje a una velocidad que no tardó en dar ventaja a uno de los rivales. A los tres minutos, Fabián lanzó un balón a la espalda de Laimer, por donde ya corría Kvaratskhelia, capaz de acelerar y alzar la cabeza para, con una precisión quirúrgica, servir a Dembélé, que aparecía solo en el segundo palo, el primer gol.

Había que frotarse las manos porque se asomaba otra noche grande, pero no sucedió con el mismo descaro o, al menos, con tanta efectividad. Nadie dudaba en la grada del Allianz de que el Bayern iba a responder, aunque le costó más de lo esperado. El primer tiro fue una falta desviada de Olise en el minuto ocho. El equipo de Kompany tenía que encajarse. Laimer, acoplado a la orilla derecha, sufría con los retos del georgiano, Harry Kane estaba oculto y a Olise le faltaba el punto de lucidez que tuvo en París para desquiciar a Nuno Mendes. Quien estaba afilado era Luis Díaz, que quebrando a Zaïre-Emery, dejó solo a Musiala al borde del área pequeña. Pero Vitinha, multiplicado, se anticipó.

De portería a portería, porque de ese despeje armó una contra Kvaratskhelia retando a Upamecano, convertido en su sombra. En los costados zurdos estaba el peligro, porque el colombiano, otra vez, sacó los colores con tres recortes como si fuera un junco para acabar con un derechazo demasiado cruzado.

Empezaba a soltarse el Bayern, sin que eso supusiera que el equipo de Luis Enrique temiera en exceso, porque las pulsaciones del partido empezaban bajar. Probó Olise con un zurdazo de rosca buscando la cruceta, pero el francés no acababa de explotar que había forzado la amarilla de Nuno Mendes nada más arrancar el duelo. Por eso todo el Allianz reclamó una segunda por mano que el colegiado portugués no le enseñó al creer haber visto antes otra de Laimer, que no existió.

Quien seguía sin aparecer pasada la media hora de partido era Kane. Estaba lejos de ser el jugador que catalizaba el juego de su equipo como hizo en París. Se esforzaron los alemanes en reclamar una mano de Joao Neves en el área a un despeje de Vitinha en su área y, a la jugada siguiente, los dos portugueses volvieron a ser protagonistas. El de Oporto sacó su varita para convertir una lejana falta en un centro tenso que el bajito Neves cabeceó al segundo palo obligando a Neuer a hacer la primera parada de la noche.

Luis Enrique festeja con su cuerpo técnico.

Luis Enrique festeja con su cuerpo técnico.AFP

Hasta ese momento, cada pérdida del Bayern era una descarga eléctrica que proyectaba al PSG al área obligando a los bávaros a un repliegue perfecto. Por eso, acercándose a la media parte, espabilaron. Apareció Musiala para armar dos jugadas de peligro, un centro raso desde la línea de fondo que escupió la mano de Safonov y un remate demasiado cruzado tras colarse hasta el corazón del área por el pasillo entre Pacho y Marquinhos. Con los alemanes activados, a Tah se le escapó el testarazo con el que remató una falta servida por Kimmich.

Al inicio de la segunda parte, el Bayern perdió ese picante. El crono corría en su contra, necesitaba dos goles y la precipitación apareció evitando el vértigo y, sobre todo, la precisión. Mientras, Luis Enrique veía cómo su equipo se sostenía cómodo en defensa pero no conseguía que envenenara el partido en ataque. Para eso iba a echar mano de Barcola para incrementar el vértigo, pero antes lo logró Doué forzando a Neuer a sacar otra mano salvadora.

Kompany buscó activar a sus hombres para tratar de forzar una prórroga que se veía lejana, encerrando a los parisinos y obligando a Safonov a salvar los remates de Luis Díaz y Olise. Y es que no estaba todo inclinado hacia una portería, como demostraron Kvaratskhelia en una contra que acabó en un peligroso tiro de Doué, el arma más letal junto con el georgiano, que golpeó al aire la ocasión para el 0-2. Solo encontró el Bayern el gol de Kane en el añadido, cuando ya no servía para tumbar al campeón, que demostró que también sabe arremangarse.

El adiós más amargo para los 'veteranos' Griezmann y Koke: "Han sido más contundentes en las dos áreas"

El adiós más amargo para los ‘veteranos’ Griezmann y Koke: “Han sido más contundentes en las dos áreas”

Era su ilusión, despedirse del fútbol europeo llevando al Atlético a la fiesta de Budapest para pelear por el sueño de ser campeones de Europa. Antoine Griezmann quería marcharse así, como Koke, que aunque no diga adiós sabe que caen los días del calendario de su carrera y no habrá muchas más posibilidades. Para los dos, fue un adiós amargo en el que dieron todo lo que tenían sin que fuera suficiente para igualar el gol de Saka al filo del descanso.

Eran los jugadores con más galones en el once de Atlético y no dudaron en cargarse el equipo a la espalda desde que comenzó el partido. Hacía falta su pulmón y su talento pero, sobre todo, su inteligencia para colocarse en el campo y aparecer cada vez que hiciera falta. Cada uno tenía sus motivos. Los dos el mismo objetivo: ser campeones de la primera Champions de la historia del Atlético.

El capitán se hubiera pellizcado si alguien le hubiera dicho a principio de temporada que iba a ser titular e indiscutible en la semifinal ante el Arsenal. Frente Lewis-Skelly, Eze y Declan Rice, Koke aportó equilibrio durante buena parte de la primera mitad, atajando la intención de los gunners de hilvanar jugadas. En la segunda, la cuesta se empinó. "Estamos muy dolidos, pero estoy orgulloso del equipo. Lo hemos dado todo. Hemos tenido ocasiones pero no ha querido entrar la pelota. El fútbol es contundencia, y han sido más contundentes que nosotros, en las dos áreas", explicó el capitán, que puso en valor la temporada del equipo. "Ha sido emocionante en Copa y Champions, aunque en Liga no hemos sido regulares y nos hemos dejado muchos puntos. Pero este equipo está creciendo un montón, es gente muy joven que va a pelear por cosas importantes. ¿Yo con ganas de ayudar? Hablaremos cuando haya que hablar", dejó sobre la mesa Koke.

Koke y Llorente persiguen a Eze.

Koke y Llorente persiguen a Eze.EFE

Al trabajo oscuro del centrocampista se unió la omnipresencia de Griezmann. Es cierto que no apareció su genio en ataque, aunque le dio para robar y armar peligro con un par de asistencias que asustaron a Raya. Pero donde se notó fue en defensa. Apareció en el punto de penalti para salvar un tiro de Trossard y arrancó en la segunda parte obligando a Raya a salvar un derechazo mientras Calafiori le pisaba el tobillo en una jugada que hubiera sido penalti de no haber pitado el colegiado alemán una falta previa de Pubill. Simeone, sin querer hablar del arbitraje, habló sobre esa polémica: "Se ve y es muy evidente, pero no nos quedemos con un detalle".

Si la vieja guardia apareció para incomodar al Arsenal, no lograron hacer lo mismo ni Lookman ni Julián Álvarez. La Araña no pudo desquiciar una pareja sólida como Saliba y Gabriel Magalhães. No les ganó ningún duelo por más que lo intentó, quizá porque el tobillo no estaba recuperado.

El londinense apenas retó a Ben White, poco ayudado por Saka en esa orilla derecha, y todas las decisiones que tomó fueron confusas. En el otro costado, a Giuliano tuvo algo más de lucidez, pero el mismo acierto. Suya fue la mejor ocasión para el empate pero, cuando encaraba solo a Raya, apareció Gabriel para incomodarle lo justo.

Sabía el Cholo que ninguno le había encontrado el pulso al partido, en el que aún seguían vivos. Por eso buscó en el banquillo el control de Cardoso, el fútbol de Baena, el remate de Sorloth y el disparo de Nahuel Molina. Había mucho que ganar tomando algún riesgo, aunque ya tuviera que ser sin Griezmann. No se dio la temporada y arranca la vida sin él.

"¿Ganas de volver? Ahora, no"

¿Arrancará sin el Cholo? El técnico argentino dejó una frase de dolor que tendrá que explicar en las próximas semanas, mientras muere una Liga en la que ya no tienen nada que hacer. "Hemos hecho una Champions muy buena, hemos dado el máximo y hemos llegado más lejos de lo normalmente esperado. Una pena, porque habíamos hecho méritos para permitir una prórroga que nos daba alguna opción más. Los detalles no estaban a nuestro favor", analizó.

A la pregunta de si tenía ganas de volver a intentarlo el próximo año, fue tajante: "Ahora no, seguro que no".