En un fantástico ejercicio defensivo, el PSG de Luis Enrique anuló a un Bayern dominado por una ansiedad excesiva, incapaz de atravesar el muro capitaneado por Marquinhos. Se derrumba así la leyenda de que el equipo francés no sabe defender.
La clave estuvo, obviamente, en el gol de Dembélé a los dos minutos de juego, tras una travesura de Kvaratkhelia. El aspirante al Balón de Oro disparó al centro de la portería de Neuer. Le favoreció hacerlo tal y como le vino el balón, algo que muchos jugadores parecen haber olvidado: el arte de rematar a la primera.
Ese instante hizo zozobrar al Bayern, que jugó con una ansiedad desmedida, con una rapidez atropellada que terminó por llevarle al cadalso. Estuvo en la lona durante casi todo el partido, como un boxeador tocado, al borde del K.O.
No bastaron los esfuerzos del colombiano Luis Díaz, el mejor del equipo alemán. El Bayern estuvo eliminado prácticamente desde el inicio y, cuando el partido ya agonizaba, en los minutos de la basura de la prórroga, a Kane solo le alcanzó para marcar un gol: un ilusionismo demasiado tardío.
No creo que Luis Enrique planteara de inicio un partido defensivo, a la contra. Pero, con la ventaja mínima, su equipo se replegó con inteligencia, esperando una transición liderada por el insuperable Kvaratkhelia o por un Dembélé a la caza en la selva alemana.
Quizá Luis Enrique retrasó aún más al equipo cuando el ingenuo Olise forzó una tarjeta amarilla a Nuno Mendes. El Bayern creyó entonces encontrar la escalera para asaltar el muro francés. Sin embargo, el técnico asturiano reaccionó con inteligencia: situó a Mendes en el centro de la defensa y colocó a Fabián Ruiz para frenar a Olise, el 'Lamine Yamal' francés del Bayern.
Fabián estuvo sobresaliente. De hecho, el Bayern terminó olvidándose de atacar por ese costado. Firmó un gran partido, hasta que el físico le pidió tregua. Conviene recordar que el gol de Dembélé nace de un magnífico pase suyo, una actuación que refuerza su candidatura para volver a la selección española.
La esterilidad del Bayern
El defensa Pacho fue un auténtico baluarte. No jugaba Achraf Hakimi, pero João Neves estuvo extraordinario en el lateral derecho. Parece un jugador diminuto, pero posee una fuerza y un coraje admirables; incluso rozó el gol en un cabezazo.
La posesión del Bayern fue escandalosa, pero estéril: apenas generó ocasiones. El PSG, en cambio, pudo haber ampliado la ventaja gracias a ese prodigio de nombre impronunciable, Kvaratkhelia, que tiene a Guti como ídolo.
Al Arsenal, este PSG le dolerá como una muela infectada. Porque al Bayern se le puede frenar, pero a este PSG parece imposible. Luis Enrique ha logrado algo incuestionable: convertir a su equipo en el rey actual de la Champions. A rey muerto -el Real Madrid-, rey puesto: el PSG.
El PSG lleva una vida y miles de millones persiguiendo reinar en Europa. El talento lo domó Luis Enrique para que supiera cuándo cabalgar sobre un fútbol salvaje, y cuando sujetar un resultado que, como en Munich, te lleva a pelear por más gloria. Los franceses defenderán su corona en la Champions el 30 de mayo ante el Arsenal en otro hito histórico .[Narración y estadísticas: 1-1]
Como si toda la semana hubiera sido un entreacto del espectáculo que arrancó en el Parque de los Príncipes, se cambió de escenario, pero no de libreto. PSG y Bayern recuperaron el aliento para volver a un fútbol salvaje a una velocidad que no tardó en dar ventaja a uno de los rivales. A los tres minutos, Fabián lanzó un balón a la espalda de Laimer, por donde ya corría Kvaratskhelia, capaz de acelerar y alzar la cabeza para, con una precisión quirúrgica, servir a Dembélé, que aparecía solo en el segundo palo, el primer gol.
Había que frotarse las manos porque se asomaba otra noche grande, pero no sucedió con el mismo descaro o, al menos, con tanta efectividad. Nadie dudaba en la grada del Allianz de que el Bayern iba a responder, aunque le costó más de lo esperado. El primer tiro fue una falta desviada de Olise en el minuto ocho. El equipo de Kompany tenía que encajarse. Laimer, acoplado a la orilla derecha, sufría con los retos del georgiano, Harry Kane estaba oculto y a Olise le faltaba el punto de lucidez que tuvo en París para desquiciar a Nuno Mendes. Quien estaba afilado era Luis Díaz, que quebrando a Zaïre-Emery, dejó solo a Musiala al borde del área pequeña. Pero Vitinha, multiplicado, se anticipó.
De portería a portería, porque de ese despeje armó una contra Kvaratskhelia retando a Upamecano, convertido en su sombra. En los costados zurdos estaba el peligro, porque el colombiano, otra vez, sacó los colores con tres recortes como si fuera un junco para acabar con un derechazo demasiado cruzado.
Empezaba a soltarse el Bayern, sin que eso supusiera que el equipo de Luis Enrique temiera en exceso, porque las pulsaciones del partido empezaban bajar. Probó Olise con un zurdazo de rosca buscando la cruceta, pero el francés no acababa de explotar que había forzado la amarilla de Nuno Mendes nada más arrancar el duelo. Por eso todo el Allianz reclamó una segunda por mano que el colegiado portugués no le enseñó al creer haber visto antes otra de Laimer, que no existió.
Quien seguía sin aparecer pasada la media hora de partido era Kane. Estaba lejos de ser el jugador que catalizaba el juego de su equipo como hizo en París. Se esforzaron los alemanes en reclamar una mano de Joao Neves en el área a un despeje de Vitinha en su área y, a la jugada siguiente, los dos portugueses volvieron a ser protagonistas. El de Oporto sacó su varita para convertir una lejana falta en un centro tenso que el bajito Neves cabeceó al segundo palo obligando a Neuer a hacer la primera parada de la noche.
Luis Enrique festeja con su cuerpo técnico.AFP
Hasta ese momento, cada pérdida del Bayern era una descarga eléctrica que proyectaba al PSG al área obligando a los bávaros a un repliegue perfecto. Por eso, acercándose a la media parte, espabilaron. Apareció Musiala para armar dos jugadas de peligro, un centro raso desde la línea de fondo que escupió la mano de Safonov y un remate demasiado cruzado tras colarse hasta el corazón del área por el pasillo entre Pacho y Marquinhos. Con los alemanes activados, a Tah se le escapó el testarazo con el que remató una falta servida por Kimmich.
Al inicio de la segunda parte, el Bayern perdió ese picante. El crono corría en su contra, necesitaba dos goles y la precipitación apareció evitando el vértigo y, sobre todo, la precisión. Mientras, Luis Enrique veía cómo su equipo se sostenía cómodo en defensa pero no conseguía que envenenara el partido en ataque. Para eso iba a echar mano de Barcola para incrementar el vértigo, pero antes lo logró Doué forzando a Neuer a sacar otra mano salvadora.
Kompany buscó activar a sus hombres para tratar de forzar una prórroga que se veía lejana, encerrando a los parisinos y obligando a Safonov a salvar los remates de Luis Díaz y Olise. Y es que no estaba todo inclinado hacia una portería, como demostraron Kvaratskhelia en una contra que acabó en un peligroso tiro de Doué, el arma más letal junto con el georgiano, que golpeó al aire la ocasión para el 0-2. Solo encontró el Bayern el gol de Kane en el añadido, cuando ya no servía para tumbar al campeón, que demostró que también sabe arremangarse.
Salía Diego Simeone de las tripas del Emirates hasta la compañía de Carla Pereyra. Lo hacía, aún, con césped en los zapatos y después de repetir tanto a las televisiones con derechos como en rueda de prensa a la pregunta sobre si tiene fuerzas para continuar: «Ahora, no». No se había cumplido una hora después de que Daniel Siebert pitara el final del duelo en Londres y mandara al Arsenal a Budapest, y cerrara la temporada del Atlético. Tres semanas antes, los rojiblancos aspiraban a un doblete, el martes por la noche, la Real Sociedad les había ganado la Copa del Rey en La Cartuja y el equipo inglés pelearía la Champions que ellos soñaban. La Liga, por otro lado, perdida antes de navidad. Una pregunta flotaba en el ambiente: ¿Y ahora qué?
No es la primera vez que el Cholo termina vacío una temporada. Preocupante fue su sensación tras la segunda final de Champions perdida en Milan en 2016, que provocó la visita a Argentina de Miguel Ángel Gil para retener a su técnico, hastiado. En esta ocasión, sus palabras reflejaban más una emoción que la continuidad del entrenador más laureado de la historia del club con ocho títulos. Lo había dado todo y su entorno tiene claro que el futuro de Simeone, con contrato hasta 2027, seguirá ligado al Atlético de Madrid. Pero el argentino lanzó otro mensaje en rueda de prensa: «Somos los primeros que queremos ganar, pero no nos alcanza».
Mientras el entrenador apuntaba a la planificación deportiva, Carlos Bucero, director de Fútbol, abandonaba el primero el Emirates con cara seria. Mateu Alemany, director deportivo de la primera plantilla, lo hacía de los últimos, mientras que Óscar Mayo, director general, deambulaba por los bajos del estadio londinense llamando por teléfono. Está en las manos de estas tres personas mantener el crecimiento que ha llevado al club a mejorar su presupuesto hasta convertirse en clase alta europea, pero aún falta un paso más para la élite.
La llegada de Apollo, ratificada el pasado 12 marzo en una Junta General de Accionistas, se supone que era ese empujón para lograrlo. Y la primera acción, en forma de una ampliación de capital de 100 millones de euros, debía ir en la línea de mejorar no sólo las infraestructuras del club, representadas en la Ciudad del Deporte, también se centraría en reducir el gap que hay entre el Atlético y otros grandes europeos como el Arsenal. «El trabajo de Arteta es muy bueno y tiene un poderío económico que lo puede acompañar», expresó Simeone para resaltar las inversiones del club británico, más de 1.000 millones de euros desde la llegada del técnico vasco en 2019.
En esta vuelta de Champions, se pudo ver a David Villa, nuevo consejero rojiblanco desde la llegada de Apollo, charlando con los coordinadores deportivos. Todos han podido ver como los fichajes recientes, siendo buenos, no tuvieron la capacidad de cambiar el encuentro en la segunda mitad. A la hora de partido, cuando Julián, que tampoco ha tenido su mejor temporada, dijo basta, el banquillo rojiblanco no tenía el poderío del rival y el Atlético no tuvo apenas capacidad para realizar la proeza en el Emirates, actuaciones arbitrales aparte.
Para el año próximo, hay una baja segura y no es cualquiera. Griezmann, leyenda y máximo goleador histórico del club con 212 tantos, abandonará el Atlético en junio. El francés, intrascendente al principio de temporada, se convertía en un imprescindible y en el mejor constructor del ataque del argentino en esta segunda fase. Se supone que su sustituto es Julián Álvarez, actual estrella y con galones y calidad para desempeñar esa labor. La entidad, probablemente antes del Mundial, intentará acallar los cantos de sirena que le vienen de muchos clubes europeos con una renovación basada en una sustancial mejora en el contrato.
Emblemas en duda
Y luego está la posibilidad de que otros dos emblemas puedan dar por concluida su etapa como rojiblancos. Hablamos del capitán, Koke, jugador con más partidos en la historia del club, con 736, quien en zona mixta, pese a tener aún un año más firmado, dijo: «Ahora no es tiempo de hablar de mi futuro». El otro es el portero con más trofeos Zamora de la historia. Del futuro de Oblak y su posible salida a Arabia ya se habló mucho durante la lesión en el costado que le mantuvo apartado mes y medio con Juan Musso realizando actuaciones que llegaron a discutir su titularidad. «Hay jugadores nuevos, jóvenes, que lo han hecho muy bien y que estan creciendo, y que han dado todo lo que tienen y lo que pueden», declaró el guardameta.
El futuro del Atlético de Madrid no debería estar en las botas de Vargas o Mendoza. El músculo económico de Apollo y la regularidad que ha proporcionado Simeone, con 13 clasificaciones consecutivas para la Champions, uno de los seis equipos que lo ha logrado, debería ayudar al club a subir un peldaño en el escalafón europeo. De momento, estas semifinales de Champions ya le han brindado, cuando se sumen los derechos, más de 105 millones de euros.
Almeida señala a la UEFA
La expedición del Atlético se fue del Emirates con la sensación de haber sido perjudicada gravemente por el colegiado del encuentro Daniel Siebert. Pese a que nadie quiso relacionar la eliminación con la actuación, hubo críticas veladas respecto a las jugadas grises y el mando del encuentro del árbitro alemán. Sólo Giuliano se quejó de manera directa tanto ante las cámaras como posteriormente en redes sociales por dos posibles penaltis que le afectaron directamente y que no fueron señalados.
No obstante, la mayor indignación vino de la pena máxima no señalada a Griezmann por una presunta falta de Pubill a Gabriel que el trencilla fue el único que apreció y el VARno entró a corregir. Simeone, Koke y Oblak rechazaron hablar de los errores del colegiado. No así el alcalde de Madrid, Jose Luis Martínez Almeida, que ayer aprovechaba un acto público para dar su opinión. «Cuando vi el sorteo pensé que nos tocó el Arsenal y me equivoqué, nos tocó jugar contra la UEFA. Y la UEFA ha dejado claro que no quería que el Atlético estuviera en la final», manifestó para luego alimentar la teoría sobre la nacionalidad del árbitro. España y Alemania se juegan una quinta plaza en Champions y si el Atlético pasaba a la final podría haber sumado unos puntos muy valiosos frente a los germanos a la hora de certificar esa posición.
Era su ilusión, despedirse del fútbol europeo llevando al Atlético a la fiesta de Budapest para pelear por el sueño de ser campeones de Europa. Antoine Griezmann quería marcharse así, como Koke, que aunque no diga adiós sabe que caen los días del calendario de su carrera y no habrá muchas más posibilidades. Para los dos, fue un adiós amargo en el que dieron todo lo que tenían sin que fuera suficiente para igualar el gol de Saka al filo del descanso.
Eran los jugadores con más galones en el once de Atlético y no dudaron en cargarse el equipo a la espalda desde que comenzó el partido. Hacía falta su pulmón y su talento pero, sobre todo, su inteligencia para colocarse en el campo y aparecer cada vez que hiciera falta. Cada uno tenía sus motivos. Los dos el mismo objetivo: ser campeones de la primera Champions de la historia del Atlético.
El capitán se hubiera pellizcado si alguien le hubiera dicho a principio de temporada que iba a ser titular e indiscutible en la semifinal ante el Arsenal. Frente Lewis-Skelly, Eze y Declan Rice, Koke aportó equilibrio durante buena parte de la primera mitad, atajando la intención de los gunners de hilvanar jugadas. En la segunda, la cuesta se empinó. "Estamos muy dolidos, pero estoy orgulloso del equipo. Lo hemos dado todo. Hemos tenido ocasiones pero no ha querido entrar la pelota. El fútbol es contundencia, y han sido más contundentes que nosotros, en las dos áreas", explicó el capitán, que puso en valor la temporada del equipo. "Ha sido emocionante en Copa y Champions, aunque en Liga no hemos sido regulares y nos hemos dejado muchos puntos. Pero este equipo está creciendo un montón, es gente muy joven que va a pelear por cosas importantes. ¿Yo con ganas de ayudar? Hablaremos cuando haya que hablar", dejó sobre la mesa Koke.
Koke y Llorente persiguen a Eze.EFE
Al trabajo oscuro del centrocampista se unió la omnipresencia de Griezmann. Es cierto que no apareció su genio en ataque, aunque le dio para robar y armar peligro con un par de asistencias que asustaron a Raya. Pero donde se notó fue en defensa. Apareció en el punto de penalti para salvar un tiro de Trossard y arrancó en la segunda parte obligando a Raya a salvar un derechazo mientras Calafiori le pisaba el tobillo en una jugada que hubiera sido penalti de no haber pitado el colegiado alemán una falta previa de Pubill. Simeone, sin querer hablar del arbitraje, habló sobre esa polémica: "Se ve y es muy evidente, pero no nos quedemos con un detalle".
Si la vieja guardia apareció para incomodar al Arsenal, no lograron hacer lo mismo ni Lookman ni Julián Álvarez. La Araña no pudo desquiciar una pareja sólida como Saliba y Gabriel Magalhães. No les ganó ningún duelo por más que lo intentó, quizá porque el tobillo no estaba recuperado.
El londinense apenas retó a Ben White, poco ayudado por Saka en esa orilla derecha, y todas las decisiones que tomó fueron confusas. En el otro costado, a Giuliano tuvo algo más de lucidez, pero el mismo acierto. Suya fue la mejor ocasión para el empate pero, cuando encaraba solo a Raya, apareció Gabriel para incomodarle lo justo.
Sabía el Cholo que ninguno le había encontrado el pulso al partido, en el que aún seguían vivos. Por eso buscó en el banquillo el control de Cardoso, el fútbol de Baena, el remate de Sorloth y el disparo de Nahuel Molina. Había mucho que ganar tomando algún riesgo, aunque ya tuviera que ser sin Griezmann. No se dio la temporada y arranca la vida sin él.
"¿Ganas de volver? Ahora, no"
¿Arrancará sin el Cholo? El técnico argentino dejó una frase de dolor que tendrá que explicar en las próximas semanas, mientras muere una Liga en la que ya no tienen nada que hacer. "Hemos hecho una Champions muy buena, hemos dado el máximo y hemos llegado más lejos de lo normalmente esperado. Una pena, porque habíamos hecho méritos para permitir una prórroga que nos daba alguna opción más. Los detalles no estaban a nuestro favor", analizó.
A la pregunta de si tenía ganas de volver a intentarlo el próximo año, fue tajante: "Ahora no, seguro que no".
El Atlético o de Madrid cayó con el orgullo de haber perdido una final de Champions. El Arsenal fue una perpleja caricatura de equipo. Además, le auguro quizá una perdida de la Premier, tal es su estado de decaimiento físico.
Lo deseo , porque si no hubiera sido por un tramposo y canallesco arbitraje de un alemán absolutamente parcial, a esta horas no creo que el Arsenal pudiera disfrutar del injusto resultado.
Pero para la UEFA la caída del equipo inglés hubiera sido caótica para todo el marketing absolutamente teledirigido desde Nyon. Un tal Slebert ha cumplido los intereses comerciales de Pepsi y compañía.
En ningún pasaje del partido el equipo londinense se impuso al Atletico. En el primer tiempo estuvo acongojado por la posibilidad de alguna filigrana de del mago Griezmann y un gran luchador como Julián Alvarez , que jugó infiltrado y luchó hasta el final, cuando la inyección no dio para más.
En la segunda parte, un Arsenal que le veo sin gasolina, fue arrasado por el Atlético, que pudo empatar con Sorloth en un par de ocasiones y ese penalti doble ignorado por el alemán del pito. La pena es que intentó lo imposible con casi los suplentes .
Hay que recordar que el único gol fue un final con suerte , tras un tiro de Trossard, que pellizcó en la pierna el pobre Guiliano y eso hizo más difícil la parada de Oblak. Saka sólo tuvo que fusilar. Muy mala suerte.
Ese gol cuando moría el primer tiempo fue suficiente para un Arsenal canino , que sólo vivía de la pesadez y esfuerzo de Gyökeres, que vivía como un poste peligroso: solo, muy solo en ataque del Arsenal. Le Normand casi no pudo y , luego, Pubill acotó al sueco, que incluso tuvo una gran ocasión, pero no es un ser supremo en técnica.
El Atlético luchó y luchó hasta el minuto setenta , cuando el Arsenal empezó a jugar como un tramposo, perdiendo tiempo constantemente, con toda clase de triquiñuelas. Una vergüenza para un equipo que jugaba en casa y aspira a la Premier y a la Champions.
Dee todas formas estará en la final, pero la perderá seguro . Arteta ha caído al abismo. Es u técnico sin recursos, que ha acabado casi la Premier sin un solo poder de de velocidad y potencia.
Se dice que es el final de una era en el Atlético. La caída del "cholismo" tras 15 años, que siempre luchó hasta decir basta. Pero el Atlético muere en la Champions con un árbitro falso y prevaricador . Una tragedia en Londres que no mereció el Atlético de Madrid.
El Atlético de Madrid ya no volverá nunca más al Courthouse Hotel de Shoreditch, al noreste de Londres, en el que la habitación supera los 350 euros por noche. Al menos, mientras Diego Simeone siga siendo el entrenador rojiblanco. La cábala del argentino con el cambio de cuartel general, tras haber sido derrotado también en la fase de grupos, tampoco ayudó a que el equipo rojiblanco se plantara en su cuarta final de Champions de toda su historia, la tercera con el argentino en el banquillo. Quizás los fuegos artificiales que lanzaron unos vándalos la madrugada anterior al encuentro afectaron a una plantilla que no supo cómo hincarle el diente a un Arsenal muy serio y que esperará en Budapest al Bayern o al PSG.
La temporada del Atlético de Madrid concluyó con el silbato del alemán Daniel Siebert, con 3.000 aficionados rojiblancos en la grada visitante del Emirates Stadium combinando las lágrimas con los ánimos a su equipo. A nadie le importan ya los cuatro duelos ligueros que quedan. Los huevos, tras la monumental decepción sufrida en La Cartuja hace poco más de dos semanas en la final de Copa perdida ante la Real Sociedad, estaban puestos en la cesta de la Champions. Por desgracia para ellos, ha vuelto a salir cruz.
Son siete las semifinales que ha alcanzado el Atlético en toda su historia, y cuatro de ellas las ha conseguido bajo la batuta de Diego Simeone. El Real Madrid, como en las finales de Lisboa y Milán, es la bestia negra también en esta fase con dos eliminaciones, en 1958/59 y 2016/17. Mientras que el Arsenal se suma ahora al Ajax (1970/71) como el otro contendiente que ha fulminado a los rojiblancos en el penúltimo escalón de la máxima competición europea. En 1973/74, 2013/14 y 2015/16, los colchoneros consiguieron eliminar a Celtic, Chelsea y Bayern de Múnich, respectivamente.
Griezmann, camino a Orlando
Y eso que el histórico contra el Arsenal era igualado entre ambos equipos hasta el duelo de este martes. Pese a que sólo se han enfrentado en seis ocasiones, cinco si contamos partidos oficiales, son tres victorias inglesas, aunque una británica fue en un amistoso, dos empates, y otra del Atlético. No obstante, los colchoneros habían eliminado a los ingleses en las otras semifinales en las que se habían cruzado. Fue en la Europa League de 2017/2018, que terminó con el título en las vitrinas rojiblancas con un gol de Gabi y el doblete de Griezmann ante el Olympique de Marsella.
No podrá tener el francés la despedida que quería. Se escurrió Budapest entre los dedos y la marcha de Griezmann a Orlando será sólo con el cariño de su público, pero sin ningún título bajo el brazo. Se irá, eso sí, como máximo goleador de la historia del Atlético de Madrid, con 212 tantos de rojiblanco. No será éste finalmente el «año increíble» que presagiaba el francés en el Atlético de Madrid, porque los chicos de Matarazzo y Arteta no le han dejado.
También se le escapó a Simeone. Su traje negro habitual, con el que recorrió en numerosas ocasiones la banda del Emirates, no le trajo la suerte que el argentino necesitaba para llegar a la final de la competición más exigente a nivel de clubes. Pese a aspirar al doblete, el curso terminó como un fracaso para un entrenador que ha conseguido ocho títulos en el banquillo rojiblanco. Se ha escapado, eso sí, el as de bastos. La Champions que el club ansía desde la primera derrota ante el Bayern en 1974 y que duele tras las decepciones en Lisboa (2013/14) y Milán (2015/16) ante el Real Madrid.
No fue esto una final perdida, pero sirve como una nueva muesca en el «dolor» como «fuerza para volver a intentarlo». Esa frase que Simeone pronunció tras la derrota en Milan refleja que el equipo ha crecido más con las decepciones que con los éxitos. Son los rojiblancos un club que tienen el honor de llevar 13 temporadas consecutivas disputando la Champions, un mérito que sólo ostentan otros cinco gigantes europeos y, el año que viene, repetirán el asalto a este escurridizo título.
Hay que jugarla, supongo. Te clasificas, da mucho dinero, te permite atraer estrellas y mantiene a la afición ilusionada hasta primavera. Hay que jugarla, supongo, pero si me dieran a elegir... ojalá el Atleti renunciara a la Champions cada año. El odio es mutuo. Yo ahora podría estar en el cine. O bebiendo. Eso aún no lo descarto. Y estoy aquí escribiendo con cara de (aún más) idiota.
Una vez más, el sueño se rompió en un accidente en el peor momento, dos rechaces en el área, un despiste defensivo, gol de Saka en el 44. Ni un guiño del destino. Hasta ahí, más allá de creerse su leyenda y celebrar cada córner como un penalti, el extremadamente mezquino Arsenal no había tirado a puerta y el Atleti estaba cómodo y con la sensación de que, antes o después, iba a cazar una, pero los rebotes que le castigaron en su área nunca le sonrieron en la inglesa.
La segunda parte fue un orgulloso quiero y no puedo de un equipo que se estaba moviendo a alturas que por talento y dinero no le correspondían. Y se notó. Giuliano tuvo la más clara y, a puerta vacía, le faltaron vuelo y recursos. No es culpa suya, es la diferencia de nivel individual. Y un penalti clamoroso a Griezmann se perdió en el limbo por una inexistente falta previa de Pubill. En la larga colección de delirios arbitrales que ha sufrido el Atleti en este torneo odioso, este se coloca muy arriba. La Champions odia al Atleti, ya saben. Nosotros a ella, más.
Tiempo habrá, y es indispensable hacerlo, para sacar conclusiones sobre esta extraña temporada. Mediocre en su trabajo diario de la Liga, brillante en las bodas y bautizos de las eliminatorias y fallido en el desenlace. Es difícil juzgar un curso así, de cinco aunque a dos detalles de ser de 10, pero hay que aclarar si el proyecto crece o se marchita. Ese análisis requiere enfriar las emociones y no es el día.
Hoy corresponde elogiar el carácter de Pubill, el despliegue de Llorente y el liderazgo de Koke; lamentar que Julián Álvarez, medio cojo, no pudiera ser la estrella que es y, sobre todo, dar las gracias a Griezmann tras su último gran partido en el Atleti, uno donde estaba evitando goles del Arsenal en un instante, organizando el juego al siguiente y siendo el más peligroso para Raya mientras le duró la gasolina. No es el final que merecía el mejor jugador de la historia del club, pero sí el tipo de actuación que ratifica esa afirmación.
La Champions odia al Atleti, pero la ganará. Cuando menos se lo espere, logrará esa maldita copa y la tirará al río. Ese día podremos descansar. Mientras, sólo queda seguir persiguiendo ese imposible hasta que se rinda.
¿Cuánto puede la ilusión? ¿Hasta dónde puede llegar el deseo? ¿Hasta una final de Champions? ¿Ganarla?. Nunca ha querido Simeone mencionar Budapest. Ya saben, partido a partido. Pero el Atlético de Madrid llegó a Londres en algo más que una misión, era una cruzada. Una revancha. Un anhelo. Eran tantas cosas en una que con sólo un suspiro se podía desvanecer, como pasa con los sueños. La lluvia pedía épica, pero terminó borrando la esperanza del Atlético y un ordenador hizo el resto.
El Arsenal es un equipo prosaico, cuyas decepciones y hasta alegrías parecen más fruto de un trámite administrativo que de una emoción. Así lo ha construido Arteta, como una máquina perfecta, casi inhumana, una inteligencia artificial. Hasta el tifo inicial, "Por tierra y mar", como referencia a las batallas entre Inglaterra y España, parecía impostado. Los jugadores se han plegado a la táctica rígida del vasco y no les ha ido mal. La Premier la tienen a tiro tras el empate reciente del City y la Champions, a un paso tras convertir Saka el tanto de la victoria. Sin corazón, sin coraje. Pura burocracia. [Narración y estadísticas, 1-0]
La vida es que comiences el duelo con un 25% de posesión en el Emirates y las primeras ocasiones las tengas tú en las botas de Julián y Giuliano. También que te plantes con un 5-4-1 en fase defensiva y que en un parpadeo estés con un 4-3-3 provocando fallos de Raya que, con balón en los pies, era una bomba de relojería.
Entonces cae el primer córner británico en el minuto 15 y el público lo celebra como el primer tanto. Pero el saque pasado de Rice, pese a que encontró a Saka solo, no resultó efectivo. La estrategia que ha fraguado el récord de goles de saque de esquina en la Premier, con 17, había funcionado, pero no había concretado. El peligro lo generó el extremo británico en la siguiente jugada tras un buen pase de White. Saka la puso al punto de penalti pero el balón no encontró ningún gunner.
El partido y el juego buscaban un fallo. Era una línea contínua de unos y ceros en el que ambos esperaban el hueco en la serie. Unos, a través de un saque de esquina, los otros, a la espalda de los laterales británicos. Pero, mientras Giuliano parecía haber vuelto a su versión del inicio de temporada, Lookman no terminaba de conectarse el juego. Y hacía falta el concurso del nigeriano en su ciudad natal. Si ustedes buscan un partido de goles, era en la otra ventanilla.
La pasión estaba más en el banquillo rojiblanco, con un Simeone quemando la banda, que en el campo, donde había más miedo que emoción. Y pese el pavor que generaba la vuelta del mejor Saka, que había marcado el fin de semana ante el Fulham, el mayor peligro venía de un Gyokeres que parece haber recuperado la versión del Sporting. El sueco, con su último doblete en Premier, es el segundo jugador gunner con más de 20 goles en su temporada de debut (21).
Saka celebra el primer gol en el Emirates.Alastair GrantAP
Precisamente, ambos jugadores encontraron el fallo en Matrix. Un balón en profundidad para el sueco terminó con un centro que Trossard remató provocando una gran intervención de Oblak. La defensa rojiblanca se durmió en el rechace y Saka apareció para batir al esloveno. Un tanto que llegaba en el minuto 44 para pesar del ánimo rojiblanco.
La obligación rojiblanca era acelerar el ritmo del partido. Tenían capacidad para ello y la exigencia competitiva y física del Arsenal probablemente le impediría mantener el ritmo de un equipo que lleva un mes jugando con el filial en liga. Por lo pronto, las líneas se adelantaron varios metros y el juego se acercó más a la portería de Raya. El primer susto lo dio Giuliano con un balón largo de Pubill que gana en primera instancia a Gabriel y al portero español y, sin oposición, ve como el central brasileño le recupera el terreno perdido y la desvía a córner.
Penalti no pitado
El duelo pudo cambiar si Siebert, árbitro con el que nunca ha ganado el Atlético, hubiera apreciado el penalti que le hicieron a Griezmann y no pitado una inexistente falta a Gabriel de Pubill. No obstante, fue Gyokeres el que poco después perdonó a los rojiblancos tras fallar un remate a un centro cruzado de Hincapié. Las contras del Arsenal hacían daño a un Atlético ya volcado.
Faltaba la épica. Una locura de Molina o una aparición de Baena, con Julián fuera por lesión. Y apareció, pero Sorloth desperdició la dejada del andaluz. Entonces Arteta metió el programa de contención en el ordenador y, con viento a favor, la IA se encargó de apagar poco a poco el corazón rojiblanco. El Deep Blue ha llegado al fútbol y estará en Budapest. El rojiblanco llora, sufre y siente y en Londres dice adiós a la temporada.
No fue la misma actitud la de Simeone que la de Arteta. Uno entró en la sala de prensa del Emirates relajado, como si no fuera la semifinal de la Champions League la que se jugara hoy entre dos equipos que nunca la han conseguido ganar y que llevan cuatro finales perdidas entre ambos. El otro lo hizo con un atisbo de rabia contenida. Algo más relajado tras la victoria ante el Fulham el pasado fin de semana, pero con la presión del favorito que se desmorona en la parte clave de la temporada. "De la manera que compiten, que juegan y el deseo de ganar... Me han demostrado que hay que confiar en ellos. Mañana [por hoy] será un partido diferente pero estamos preparados para competirlo y jugarlo", expresó el vasco.
Mientras las preguntas y respuestas del ténico gunner llevaban aparejado un deje de necesidad de victoria, de reivindicación, las del Cholo iban más hacia el terremo emocional, con algunos momentos verdaderamente graciosos, como cuando le preguntaron por el cambio de hotel del partido de octubre al de hoy, en el que el entrenador argentino justificó entre risas que fue por el precio cuando toda la prensa que sigue al Atlético de Madrid sabe que es por pura supersitición. Y también cuando se inmiscuyó en la respuesta de Griezmann, el jugador que le acompañó en la rueda de prensa, sobre los partidos importantes que ha jugado y le quedan por jugar al francés. "Eres campeón del mundo", le susurró a su pupilo para sacarle media sonrisa en plena comparecencia.
Actitudes aparte, hoy se juega el partido más importante de la temporada del Atlético. El único objetivo que le queda a la entidad tras la derrota frente a la Real Sociedad en la final de la Copa del Rey. "Convencidos de lo que tenemos que hacer. El plan que se elija habrá que llevarlo hasta el final", apuntó el Cholo sobre la importancia de seguir un camino que trazó desde que se llegó a este club hace ya más de 14 años. "Estamos convencidos de lo que queremos", repitió.
También lo es, o uno de ellos, en la carrera de Griezmann. El francés ha jugado finales de Champions y de Europa League, pero esta es la última temporada como rojiblanco y, de no ganar, este podría ser el último partido del francés a nivel europeo como jugador del Atlético pese a que hubo rumores de que podría dejar el equipo en marzo. "Siempre fui claro que mi idea era seguir aqui porque sentía que se podía hacer algo increíble. No lo dudé y estamos a un paso. El equipo lo sabe, se ve tranquilidad y confianza", lanzó el galo.
Dice que su rol actual es liderar con el ejemplo. Lo de las charlas a los jóvenes se lo deja a Koke. La experiencia le ha dado la capacidad de saber imponer la pausa en el juego cuando es necesaria. "Cada vez que empezamos la Champions te ves levantando el trofeo y cualquier jugador cuando era niño lo ha hecho. Nos hemos situado a dos partidos y hay que estar bien tácticamente y seguir la línea del segundo tiempo en casa", proyectó el jugador.
Griezmann, seguro, Julián...
El galo será uno de los fijos en el once del Cholo, pero existe la duda con Julián Álvarez, que realizó la primera parte del entrenamiento rojiblanco al margen del grupo. "Por más que le demos vueltas los entrenadores el fútbol todo pasa por los jugadores y tenemos que hacer que lleguen de la mejor manera al juego. Creo que la experiencia y el tiempo te da más calma y la paz para enfrentar un partido como éste", lanzó el técnico, confirmando que tanto Giuliano como Julián o Sorloth estarán hoy aunque no sabe si para 30,45, 60 o los 90 minutos.
Esta noche se determinará si Arteta sigue serio, Simeone sonriente y Griezmann esperanzado. Lo juzgará Daniel Siebert, un colegiado alemán con el que el Atlético nunca ha ganado. Pero las estadísticas y las supersticiones... están para romperlas.
Ha traído Simeone la cábala al Atlético y ahora la parroquia no la abandona a un paso de otra final de Champions, la tercera (¿va la vencida?) desde la llegada del argentino. No es sólo que el Cholo cumpla 1.001 partidos, capicúa, en el duelo de esta noche ante el Arsenal. También que la última semifinal ante un equipo inglés, de la que se venía de nuevo tras eliminar al Barcelona, hubo un empate en la ida y, entre duelo y duelo, se jugó y ganó al Valencia en Mestalla. "Variaba muchas cosas en función del resultado según le dieran suerte o no", explica Dani Aranzubia, ex guardameta rojiblanco, que vivió algunas cábalas de su técnico, como la de cambiar de hotel tras una derrota, algo que ha hecho en Londres tras haber perdido con el Arsenal en octubre. "Era más barato", ironizó el Cholo.
Además de cábala, Simeone ha trazado un camino que se basa en una palabra que dos de los jugadores que ya lo recorrieron recuerdan perfectamente: confianza. "Teníamos mucha confianza para eliminar a cualquiera". "Era un equipo que se fue construyendo a partir de confiar en el mensaje del Cholo. Sabía que podía competir con cualquiera", explican a EL MUNDO tanto Aranzubia como Raúl García, miembros de la plantilla que disputó y ganó la penúltima batalla de Londres hace 12 años.
No fue el Arsenal sino el Chelsea de José Mourinho y... Fernando Torres, el que esperaba en Stamford Bridge en el penúltimo escalón de la máxima competición continental. Lo hacía tras arrancar un empate a cero en el Calderón en un duelo en el que "sólo vinieron a defenderse", según rememora García. "Nosotros preferíamos jugar primero en casa por los goles en campo contrario", completa Aranzubia sobre la época, ya pasada, en la que valían doble esos tantos.
Hablan los ex rojiblancos de los nervios lógicos de un duelo tan importante para un bloque que, salvo David Villa, nunca había alcanzado ese tipo de latitudes. "A pesar de no tener futbolistas que hubieran pisado semifinales de Champions, había jugadores con un carácter impresionante: Godín, Gabi, Raúl García, Diego Costa o Villa. Supieron tirar del carro", lanza el ex guardameta. Mientras que el centrocampista apunta a vivir y enfocarse en "disfrutar el momento" como clave a la hora de sacar adelante cualquier tipo de duelos. Los dos coinciden, eso sí, en que el el equipo remaba de manera unánime en "una única dirección": "La fortaleza era el grupo, pero el líder era el míster", destaca Aranzubia, aquella temporada, compañero de Courtois.
12 años
Han pasado 12 años desde aquel 30 de abril de 2014, y a los protagonistas les cuesta recordar los detalles de cómo fueron las emociones y el desarrollo de aquella histórica vuelta de semifinales en Londres. Pero a Aranzubia sí que le llamó la atención lo cerca que estaban los banquillos y los apenas dos metros que separaban a los entrenadores. El estoicismo aparente de Mourinho contrastaba con la efusividad y las carreras del Cholo, especialmente con el gol de Arda Turán, que cerraba un partido que se había puesto cuesta arriba.
"Tener enfrente a Torres ya era un aliciente. Pero él quería pasar y encima te marca el primer gol. Es la típica historia de decir somos el Atlético y tiene que haber este recuerdo", apunta Raúl García sobre ese momento, en el minuto 36, cuando El Niño manda a la red un centro de Azpilicueta y la semifinal se ponía cuesta arriba. Hasta que se desata el vendaval rojiblanco.
Vendaval rojiblanco
Primero Juanfran salvando un pase de Thiago sobre la línea y poniéndosela a Adrián para la igualada. "El empate de Adrián nos dio mucho aire. Tener tan cerca la final, que no era el objetivo al inicio de temporada, pero luego se añade ese punto de presión", cuenta Raúl García que sería el que poco después sustituiría al goleador. "Mucha ilusión jugarlo y sentirte junto a tus compañeros estar a ese nivel. Fuera de casa, te sientes orgulloso. Esa segunda parte yo mismo la disfruté como si fuera un cuento", añora el navarro. Luego ya llegarían el 1-2 de Diego Costa de penalti y el citado tanto del turco para apagar definitivamente la ilusión británica con el 1-3 y seguir soñando en rojiblanco.
Courtois, Arda Turán y Koke celebran el pase a la final en 2014.Eddie KeoghREUTERS
"Nadie hablaba de ganar todo, pero no se descartaba. Simeone nos mentalizo de que era posible", explica Aranzubia, ya que poco después, esa misma plantilla también se sobrepondría a un gol en contra en el Camp Nou, para llevarse la Liga frente al Barça de Messi. "No hay que ocultarlo, aquel equipo estaba hecho de ambición y de confianza en lo que hacíamos. No teníamos tantos nombres, pero no teníamos miedo a competir con nadie", añade García. Una confianza que se mantiene dentro de un vestuario rojiblanco muy diferente al de entonces, pero también un entrenador muy cambiado.
Diferencias y similitudes
El navarro recuerda que en aquel Atlético existía la sensación de que "cuando se adelantaba el partido se acababa", mientras que en el actual el Cholo se ha cansado de repetir que su equipo "ataca mejor que defiende". No obstante, tanto Raúl García como Dani Aranzubia creen que este club, con futbolistas de mayor nombre que entonces y que "te pueden decidir partidos de manera individual", tiene posibilidades de eliminar a un equipo británico que "no es el de principio de temporada". "Tienen una plantilla capaz de vencer y el Arsenal acumula la presión de ganar trofeos", apostilla García.
Budapest está a la vuelta de la esquina como apareció Lisboa tras aquella batalla de Londres. En la misma ciudad pero distinto escenario, este Atlético con diferente piel buscará volver a conquistar Reino Unido. Los símbolos son favorables, pero el nivel futbolístico también lo es y, pese a que los ex rojiblancos coincidan en que "el fútbol nunca te debe nada", la diosa fortuna podría, por fin, dar la primera a Koke y permitir a Griezmann la despedida soñada. ¿Por qué no?
El gol más amargo
«Nunca celebraría un gol contra el Atlético». Fernando Torres tuvo opción de demostrar una frase que lanzó en la previa de la Supercopa de Europa de 2012 que le enfrentaría como jugador del Chelsea a su ex equipo. No marcó entonces, pero la Champions les volvió a unir dos años después en semifinales y allí sí tuvo la oportunidad de exhibir su corazón rojiblanco.
Aquel tanto en el minuto 36 tras un gran pase de Azpilicueta, provocó un inmediato gesto de perdón de El Niño hacia la grada, aunque el partido se celebrase en Stamford Bridge. Posteriormente y con semblante serio, bajó la mirada y fue sepultado por sus compañeros en la celebración. De poco serviría ese gol.
Al filo del final de la primera mitad, Adrián embocaría un pase atrás de Juanfran para poner el empate en el marcador que se encontraría con un hierático Mourinho, entrenador de los blues. Posteriormente, fue Diego Costa el que transformó un penalti generado por él mismo gracias a la inocencia de Samuel Eto'o.
Poco después era sustituido Torres por Demba Ba y habría división de opiniones en la grada británica con aplausos y algún silbido para el delantero madrileño. Desde el banquillo, Torres vería el tercer tanto rojiblanco tras una pared de Arda Turán con el larguero. Ese 1-3 daba el pase a su Atlético a la segunda final de Champions de su historia y la primera del Cholo, quien le recuperaría la temporada después tras una infructuosa cesión al Milan desde Londres.