Category: Real Madrid
Arbeloa no gana un partido

Otra semitragedia en el Bernabéu, con el enésimo batacazo en campo propio, lo que convierte la Liga en un título prácticamente perdido de antemano.
Esta vez, el impresentable Alberola fue el elegido para el partido contra el Girona, porque el Comité de necios del arbitraje nacional seleccionó perfectamente a uno de los que más odian al Madrid. Y este árbitro es perfecto para ese papel.
El penalti que le birló a Mbappé pasará a los anales del Frankenstein arbitral. ¿Creen que al Barcelona le habrían dejado sin pitar un penalti así? En esta Liga española, con Tebas y compañía, al Madrid no le dan ni el pan ni la sal.
En la primera parte, por el lado izquierdo —donde Vinícius siempre fue más un estorbo que una ayuda—, Mbappé hizo una jugada de fábula. Se fue de dos rivales y Alberola señaló falta del francés alegando un supuesto braceo. Mbappé tenía una clara ocasión de gol. ¿Se imaginan si le hacen eso a Lamine Yamal en el Camp Nou?
Es aborrecible cómo los árbitros actúan frente al Madrid. Pero también la política madridista se lo ha ganado a pulso con esa estúpida televisión del club, dedicada a atacar a los árbitros y a dejarlos en ridículo repitiendo las jugadas una y mil veces. El odio al Madrid es ya visceral.
El Madrid de Arbeloa es un desastre, tan desastre como el propio entrenador. Es uno de los peores errores del club en muchos años: decidir que Arbeloa fuera el técnico. Le miro la cara —que me perdone— y me recuerda a un "enterrador" del fútbol, con ese semblante caótico.
Es un agravio para el equipo y para la inteligencia, y todo solo porque es un fan de Florentino, al que ha hecho mucho la pelota, incluso poniendo la zancadilla al que era su amigo, Xabi Alonso, al que prácticamente apuñaló por la espalda.
Juntar a Vinícius —un grotesco ejemplar de futbolista— con Brahim y el impotente Bellingham solo perjudicó al equipo. Encima le robaron espacio al mejor jugador del mundo. Miren si es grande Mbappé que, aun jugando fuera de su banda, por la derecha, en la segunda parte volvió locos a los pobres defensores gerundenses.
Sé de buena fuente que el Manchester United prepara una oferta descomunal para fichar a Mbappé. Desconozco la opinión del francés. Aguarda hasta el partido de Múnich. ¿Y después? Yo, en su lugar, me iría del Madrid como alma que lleva el diablo.
Sigue siendo el único que aporta algo en el Madrid y, encima, lo critican, cuando ha llegado a la peor plantilla del club quizá en dos décadas. Los expertos futbolísticos dicen que lo que hay que hacer es correr. Lo que hay que hacer es jugar al fútbol, y el Madrid es una auténtica vergüenza durante gran parte de la temporada.
Y de Pinto "Gorgorito" ni hablo, porque en la segunda parte el Madrid no podía ni con las botas. Casi todos los jugadores estaban muertos. Quizá los esté preparando para Múnich. Pensar en un éxito ante el Bayern es casi como creer en el "Contubernio de Múnich", aquel episodio ridiculizado incluso por el franquismo.
Sinceramente, el Madrid es hoy un muerto viviente. Ya dije que la crisis es más profunda de lo que pensaba la Casa Blanca. Además, no dan ni una: ni al fichar ni al elegir entrenadores. Es un desastre general.
Arbeloa estalla contra los árbitros por el penalti no pitado sobre Mbappé: “Cuando viene bien entra el VAR, y cuando no, no entra”

El Madrid empató ante el Girona en un mal partido, se dejó otros dos puntos en la pelea por la LIga y si el Barça gana al Espanyol estará a nueve puntos del liderato. Los blancos estuvieron lejos de su mejor nivel y fallaron varias ocasiones claras, pero en la noche del viernes también hubo hueco para la polémica. El conjunto madridista reclamó un penalti de Reis sobre Mbappé en los últimos minutos del encuentro. El francés trató de regatear al defensa brasileño y éste le dio un codazo al abrir los brazos para proteger la posición. Tal fue el golpe que el delantero terminó ensangrentado y el Madrid clamando por el arbitraje de Alberola Rojas.
"Es un penalti de aquí a la Luna. Una más, una semana más", declaró Álvaro Arbeloa en la primera respuesta de la rueda de prensa. En la segunda, insistido por los medios, amplió su reflexión sobre la acción. "No lo entiendo yo ni lo entiende nadie (que el colegiado no acudiera a la pantalla del VAR). El VAR entra cuando viene bien, y cuando no, no entra. Ya sabéis mi opinión y estos hechos solo la siguen manteniendo. Para mí es clarísimo", aseguró.
El Madrid reclamó que en la primera parte, Alberola Rojas le sacó una amarilla a Mbappé por un codazo sobre un defensor en una acción similar a la del penalti. "Le han pitado a Kylian una falta que era menos que el penalti... Ya está. Hemos tenido muchas con los árbitros, con este, en Mallorca... Lo de siempre", finalizó el técnico salmantino, que admitió que "no he hablado nada con el árbitro".
Se trata del tercer partido seguido del Madrid sin ganar, contando el de Mallorca y el del Bayern, y el cuarto seguido con Mbappé como titular. El francés salió en el once en la derrota de Pamplona y después decidió parar, molesto con su rodilla. Regresó para los duelos ante City y Atlético, en los que saltó desde el banquillo, y volvió a ser titular en Mallorca tras el parón de selecciones.
En esta mala racha del Madrid Mbappé acumula solo un gol, el anotado ante el Bayern, y un sinfín de ocasiones falladas. "No puedo estar preocupado por Vini o Mbappé. Tenemos que mejorar ante equipos que nos esperan, que nos dejan pocos espacios, ahí nos sigue costando. Tiene que ver más con el desempeño colectivo que con el talento individual", les defendió Arbeloa.
Ante el Girona, el entrenador del Madrid probó a Camavinga y Bellingham como titulares en el centro del campo de cara al trascendental duelo de Múnich, donde ambos aspiran de nuevo al once inicial. "Quería ver a Eduardo en esa posición, lo ha hecho en otros momentos, se siente cómodo, entiende que es donde él más rinde", dijo sobre Camavinga, favorito a suplir la baja del sancionado Tchouaméni.
En cuanto a Bellingham, el inglés disputó una hora de encuentro en su primer partido como titular desde hace 67 días. "Hemos visto a Jude con buenas sensaciones, ágil, con confianza... Ahora está cansado, que es normal después de tanto tiempo parado, pero le ha venido bien para coger ritmo y sensaciones".
A pesar de los regresos y las ocasiones, el Madrid no pasó del empate, algo que para Arbeloa refleja que "al 90% no podemos ganar, o no siempre". "Tenemos que dar el 200% para ganar a cualquiera", reconoció, y se puso ya en camino hacia Múnich. "Yo quiero creer en los míos, estoy convencido que los 25 que vayamos allí estaremos convencidos, van a tener delante camisetas blancas y escudo redondo. Tenemos que ir convencidos a morirallí", finalizó.
Un Madrid a la deriva y sin pólvora empata con el Girona y cava su tumba en la Liga

En un universo paralelo existe un Real Madrid galáctico, con Mbappé, Vinicius y Bellingham, que funciona, encaja y fluye. Que gana y divierte a un Bernabéu lleno. En el nuestro, en esta Tierra, ninguna estrella se alinea con la otra. En el viernes noche de Chamartín y ante el Girona, la constelación del conjunto blanco, a camino entre la ida y la vuelta contra el Bayern, apenas apareció. Una frase demasiado recurrente en los últimos meses. Los blancos, con el francés con la pólvora mojada, empataron, tantos de Valverde y Lemar, y podrían alejarse a nueve del Barça si los culés ganan al Espanyol. Un 'adiós' clamoroso a la Liga de un equipo a la deriva.
Arbeloa devolvió la titularidad a Bellingham 67 días después, apostó por Militao y Camavinga pensando en el Allianz Arena, le dio un hueco en el once a Carvajal, Asencio, Fran García y juntó a Brahim con sus estrellas, pero el Madrid, como siempre, para desgracia de su gente, fue un equipo plano, lento, previsible y en primera marcha constante. Sin revoluciones.
Y eso que el Girona tiene virtudes que podrían favorecer a los blancos. Quiere el balón, no le importa asumir la posesión durante muchos segundos, se mueve, lo intenta por la vía estática y permite espacios a su espalda, pero este Madrid y sus estrellas no castigan. Mbappé, dejando la presión en defensa para los demás, tuvo las mejores opciones de la primera parte, pero se encontró con sus rivales. En el minuto 5, controló demasiado lejos un buen balón de Camavinga y Gazzaniga se hizo grande a tiempo y en el 10 remató al cuerpo de un defensa un pase lateral de Brahim.
Los intentos iniciales de los blancos, sin éxito, dieron paso a un tramo intrascendente, con más dominio visitante que local, pero con poquísimo ritmo. Ounahi probó a Lunin en el 13 y Echeverri apareció entre líneas en varias acciones para provocar algún runrún en la grada, pero nada más.
El duelo se durmió en los pases fáciles que intentaba el Madrid, sin riesgo, como en el calentamiento de un entrenamiento. Pases cortos, sin movimientos tras la acción, sin generar espacios ni aumentar el ritmo. Valverde pudo marcar en el 27 después de que Carvajal le ganara la espalda a Moreno en un balón largo, pero volvió a aparecer Gazzaniga.
Y así hasta el descanso, en un Bernabéu pacífico a pesar de las dos derrotas seguidas y de lo difícil del viaje a Múnich. La grada amagó con algunos pitos en el intermedio, pero se aguantó en medio de la buena temperatura de la noche madrileña. No había ganas ni de apretar a los suyos. A ese punto ha llegado este Madrid.
Respuesta tras el descanso
En el vestuario tuvo que haber alguna charla o advertencia, por leve que fuera, porque el Madrid subió una velocidad al saltar al campo. Poco, tampoco arrasó, pero le fue suficiente para inquietar al Girona más de lo que lo estaba haciendo. Bellingham falló un claro remate desde el centro del área, lanzando a las manos de Gazzaniga, y en el 50 Fede Valverde marcó el primero de la noche con un fuerte disparo desde fuera del área que el portero, estático, no consiguió despejar.
El quinto gol en Liga del uruguayo fue el mejor momento de un Madrid pasivo y errático en sus movimientos. Mbappé no alcanzó a definir un gran centro de Valverde y Vinicius remató flojo ante Gazzaniga en la siguiente acción después de amasar demasiado balón en un ataque prometedor.
Bajón y pitos
A partir de ahí la bajada de tensión fue dramática y los pitos empezaron a sonar con más volumen en el Bernabéu. Más todavía cuando Lemar empató el duelo con un lanzamiento desde la frontal que pasó entre las piernas de Camavinga, flojo en la marca, mientras el resto de compañeros miraban la jugada.
El Madrid pasó de activarse a regresar al pozo de noviembre y diciembre, cuando encadenó, sin ritmo, ideas ni ganas, varios pinchazos que pusieron fin a la etapa de Xabi Alonso en el banquillo. La entrada de Güler y Gonzalo en los minutos finales inclinó un poco el partido y el Madrid pidió un penalti sobre Mbappé por codazo de Reis. El galo acabó ensangrentado, pero nadie en el VAR advirtió a Alberola. El Madrid volvió a dejarse puntos y se podría alejar a nueve del Barça si los culés ganan al Espanyol. Demasiado lejos para pelear nada, si es que lo estaba peleando ya.
Así resucitó Míchel a un Girona “roto”: un “momento clave”, las llamadas con Guardiola y el sentimiento de los veteranos

Lo del Girona ha sido toda una resurrección. Se pasó los primeros meses de temporada dentro del descenso o rozándolo, situando al borde del precipicio el proyecto de Míchel, construido con calma, solidez y éxito durante cuatro años hasta tocar el cielo de la Liga de Campeones. Perdió en cuatro de las primeras cinco jornadas encajando 15 goles y suman sólo un punto, no ganó hasta la octava y llegó a las vacaciones de Navidad con solo tres triunfos. Un drama para un vestuario que en ese momento estaba «roto», admiten a este periódico fuentes del conjunto catalán. Ahora, en plena primavera, el Girona pisará el Santiago Bernabéu situado en la duodécima posición, con ocho puntos de ventaja sobre el infierno y a cuatro del séptimo puesto que da acceso a Europa. La resurrección del Girona es también la resurrección de Míchel.
«La sensación que teníamos era de equipo roto y los jugadores le han dado la vuelta. Ya somos un equipo, una familia. Y no ha sido fácil porque hemos vivido muchos momentos muy duros», admitió el técnico esta semana. El lunes ganaron en casa al Villarreal por 1-0, el mismo rival ante el que perdieron 5-0 en agosto, en la segunda jornada del campeonato liguero. En esa ocasión, Míchel apostó por Yangel Herrera, Asprilla, Krejci o Solís, futbolistas que ya no están en el equipo.
«Cuando pierdes, el jugador intenta salvarse él. Y ahí tener un vestuario veterano con sentimiento de pertenencia ayudó», asegura Míchel en declaraciones a este periódico. «El momento clave fue la victoria en Mallorca (4 de enero). Desde ahí, vimos que siendo un equipo solidario podíamos ser fuertes. Nos cambió la perspectiva», insiste, sincero.
La confianza
La resurrección tiene responsables, y antes de viajar al banquillo hay que asomarse a los despachos de Montilivi. Quique Cárcel, director deportivo del Girona, nunca dudó del técnico. Ni siquiera en esa quinta jornada en la que sumaba un punto de 15 posibles. Ni siquiera en la 10, cuando seguía colista. Ni en la 14, en la que todavía estaba en descenso. Nadie en el Girona dudó del entrenador. Tampoco Pere Guardiola, hermano de Pep y presidente del Consejo de Administración del club. Ni su hermano, el técnico del Manchester City, club que es hermano mayor del Girona dentro de la empresa City Football Group. Las conversaciones entre Pep y Míchel se han repetido durante los últimos meses, especialmente en los peores momentos, tanto para analizar la complicada situación del equipo como para gestionar a jóvenes fichajes.
Siguiendo el ejemplo de Savinho, el City cedió al Girona al brasileño Vitor Reis y al argentino Claudio Echeverri, claves ahora en el renacer del equipo. El central llegó en verano y es un fijo en el centro de la zaga, soñando incluso con disputar el Mundial con Brasil, mientras que el delantero aterrizó en invierno en Montilivi y se ha convertido en un revulsivo vital para Míchel.
Junto a los jóvenes, fichajes como Ounahi o Vanat, que se perdieron las primeras jornadas y llegaron sin periodo de adaptación, han transformado el vestuario en algo «muy sano». «La comunicación es continua. Que los jugadores sientan la cercanía para no engañarles y exigirles hacia dónde va el equipo. Puertas abiertas, fluidez en el lenguaje y comunicación», explica Míchel como claves de la evolución del club.
En febrero ganaron al Barça y ahora llegan al Bernabéu con opciones de pinchar a un Madrid que está pensando en el encuentro de vuelta de cuartos contra el Bayern. Mientras, Míchel observa a lo lejos los cantos de sirena de algunos equipos, como el Ajax, interesados en sus servicios. Pero él, de momento, no se baja del barco del City Group e incluso bromea con la posibilidad de suceder a Guardiola, su compañero de llamadas. «Yo sí me veo preparado para entrenar al City. Ahora me veo preparado para entrenar a cualquier equipo», admitió en una entrevista reciente. «Pep me ha llamado para echarme una mano, hablamos mucho. Tenemos una relación muy buena», comentó.
Dos remontadas imposibles y el sueño de la Champions: las opciones de los españoles en los cuartos de final
"Con el Barcelona hay pocos resultados, casi ninguno, que dejen esto cerrado". Giuliano Simeone, desde las entrañas del Camp Nou, lanzaba el primer aviso de precaución. Una advertencia basada en su apellido, no en la historia de la competición. En la Champions, sólo se ha remontado una vez una eliminatoria con dos goles en contra del equipo visitante . Y no fue el Barça, pero sí la protagonizó un jugador hoy culé.
En los octavos de final de la temporada 2018/19 se enfrentaban el Manchester United y el PSG. Los británicos andaban huérfanos de Alex Ferguson y parecían dar por terminada su temporada cuando dejaron Old Trafford con una derrota (0-2) ante el conjunto parisino. Pero en el Parque de los Príncipes aparecieron los viejos laureles de los red devils bajo la batuta del alumno de Ferguson. Solskjaer insufló a los suyos una energía perdida y Lukaku anotó los goles que ponían el partido a un suspiro. Entonces, Kimpembe, en su área, golpeó el balón con la mano en el minuto 94 y Marcus Rashford transformó el penalti que daba el pase a los cuartos a los británicos y dejaba en anécdota el gol de Bernat. "Siempre creímos", apuntó el técnico danés tras el 1-3 en el electrónico, aprovechando el valor doble de los goles fuera de casa en caso de empate, circusntacia ya eliminada en el nuevo formato.
No era una remontada cualquiera, era historia de la Champions. Algo que no había ocurrido y que no se ha vuelto a producir. Sí se han remontado desventajas como visitante de un gol. De hecho ha ocurrido seis veces en la máxima competición continental. "En la segunda parte, buscaron acortar el resultado, pero tuvimos el 0-2, lo aseguramos y tuvimos la calma para llevar a casa un buen resultado, sabiendo de la dificultad que nos encontraremos el martes que viene. Y la vamos a asumir". Es Simeone padre el que, consciente o no de la estadística, sabía de la importancia de no recibir un tanto en contra ante un equipo que jugó con 10 toda la segunda parte.
Porque, el propio Barça también ha sufrido una eliminación en su casa en los cuartos del curso 2023/24, pese a arrancar un triunfo en París (2-3). El PSG consiguió, con una exhibición de Mbappé culminada con un doblete y tras una tarjeta roja absurda de Araujo, remontar en el Camp Nou por 1-4. También la sufrieron el propio PSG ante el Liverpool el año pasado, el Inter ante el Bayern en 2011. Y luego está el caso del Ajax, que es el perejil de todas las salsas. Los holandeses fueron remontados por el Tottenham en las semifinales de la 2018/19, pero consiguieron la heroicidad ante el Panathinaikos en la campaña 195/96, también en semifinales, y frente al Real Madrid en los octavos de la 2018/19, con una exhibición en el Bernabéu.
Los madridistas lamentando la derrota en el Bernabéu.EFE
Ahora son los blancos los que están en esa tesitura frente a un Bayern al que parecía tener dominado en Europa en los últimos años: seis de los anteriores nueve duelos fueron para los madridistas, tres de ellos en el Allianz Arena. Sin embargo, sólo uno de esos tres resultados les valdrían a los jugadores de Arbeloa para pasar la eliminatoria. Fue aquel 0-4, en el partido en el que Guardiola calificó a los blancos como "atletas". En aquella plantilla, por cierto, jugaba el acutal entrenador del equipo blanco.
En años recientes, los enfrentamientos entre españoles y bávaros han sido siempre igualados: 13 victorias alemanas, 12 españolas y cuatro empates; 47 goles para cada uno. Es uno de los cruces más repetidos en la máxima competición continental.
Una rivalidad dispar
En cambio, la rivalidad entre barcelonistas y rojiblancos es menos igualada. No sólo porque el Atlético llevara sin ganar 20 años en el Camp Nou, hazaña lograda por Pepe Murcia, con El NiñoTorres como protagonista, y consiguiera replicar el Cholo tras 14 temporadas en el banquillo rojiblanco, sino porque, contando todas las competiciones, son 82 victorias rojiblancas, 115 blaugranas y 57 empates.
La historia en Europa, en cambio, es muy diferente entre ambos. El Atlético ha ganado tres de cinco duelos, el Barça, uno y otro ha terminado en tablas. Pero, lo que es más importante, las dos eliminatorias previas que han jugado entre ambos en la máxima competición, los cuartos de final de 2014 y 2016, terminaron con el pase de elimiantoria del conjunto dirigido por Simeone.
Hay algo seguro este año y es que, mínimo, un equipo español disputará las semifinales. El Atlético es el que tiene más posibilidades, el Real Madrid ha remontado dos de las 13 eliminatorias que empezó perdiendo ante el Bayern Múnich, pero ninguna como visitante. El Barça nunca ha eliminado a Simeone. Pero, para todo hay una primera vez, si no que lo digan al argentino en el Camp Nou.
Los pitos a Vinicius y el dilema de Mbappé: “Queremos un Mbappé que quiera ser Mbappé todos los días”

Cuando Thiago Pitarch perdió un balón en área propia que casi termina en gol de Gnabry, a los dos minutos estaba corriendo como un loco detrás de Harry Kane, provocando los aplausos de la grada. No fue el mejor partido del canterano, pero el público le recompensó el esfuerzo. A unos metros, Vinicius y Mbappé jugaban el encuentro a su manera, esperando una opción de ataque para tratar de acercar al Madrid en el encuentro mientras la grada, que espera el mismo esfuerzo de todos, se desesperaba con ellos.
Mbappé terminó anotando un gol que da vida al Madrid camino de Múnich, pero el aficionado se desesperó con sus ocasiones falladas, que hicieron MVP del partido a Neuer. Con Vinicius el volumen fue todavía más alto, con los pitos que aparecieron después de su error en salida de balón antes del 0-2 del cuadro alemán.
Los dos fallos del brasileño, que también perdió el balón previo al primer tanto y tiró al limbo una acción clarísima ante Neuer, le pusieron en la diana de un público que le tiene ganas. Vinicius sumó dos dobletes seguidos ante Manchester City y Atlético de Madrid a mediados de marzo y parecía que volvía a su mejor nivel, pero ante el Bayern se apagó. Intentó siete lanzamientos y realizó cinco regates, pero no fue el Vinicius que castigó a los alemanes en 2024. Esa versión constante sigue sin aparecer.
En el caso de Mbappé, el delantero empieza a acumular sobre él los focos del fracaso del Madrid en la última temporada y media. Los blancos se asoman a una campaña en blanco por primera vez desde 2021 y el público ve en su fichaje la razón principal. Es lo fácil, analizar la salida de Kroos y la llegada de Mbappé en un pack indivisible. En el club tratan de separarlo, reflexionando que la llegada de un mediocentro hará funcionar al equipo y mejorará la delantera formada por Vinicius y el galo, pero la realidad de estos meses desespera al Bernabéu.
Ante el Bayern, Mbappé, que "llegó para momentos así" según dijo Arbeloa en la previa, se encontró con Neuer en tres ocasiones y envió otras dos lejos de la portería. "Neuer fue el mejor", insisten en el vestuario blanco, pero la realidad es que si Mbappé llega a marcar uno de esos tantos, el camino hacia Múnich sería diferente.
El delantero francés lleva 14 goles en esta Champions, pero no estuvo ante el City, no marcó ante el Benfica, Liverpool ni Juventus. Sus goles llegaron ante el Kairat (3), Olympiacos (4), Benfica en fase de liga (2), Mónaco (2) y Marsella (2).
Unos números que unidos a todo lo demás, dejaron alguna frase interesante de Arbeloa: "He visto un Mbappé comprometido, capaz de desequilibrar. Lo que es, el mejor jugador del mundo. Este es el Mbappé que queremos. Un Mbappé que quiera ser Mbappé todos los días", manifestó el técnico salmantino.
El entrenador habló en varias ocasiones durante el partido con Vinicius y Mbappé, pidiéndoles estar más cerca en la presión y más liberados de su marca cuando el Madrid recuperaba: "Hablamos al descanso que cuando recuperas el balón tras correr un minuto o dos hay que dar opciones al poseedor, porque sino te metes en un ciclo de estar siempre defendiendo. Tenemos que ser capaces de descansar con balón, en la segunda parte lo hicimos mejor", reflexionó.
El gol del galo mantiene con vida al Madrid, pero le obliga a ganar en Múnich, donde necesitará la mejor versión de Vinicius y Mbappé: "Podemos hacerle mucho daño al Bayern. Si algún equipo puede ganar en Múnich, ese es el Madrid", aseguró Arbeloa, que insistió en "lo futbolístico". "En lo anímico sé que tienen personalidad, porque lo primero que han dicho es 'vamos a ganar allí'. No hay miedo".
El Madrid cae ante el Bayern en el Bernabéu y necesita un acto de fe en Múnich
Un acto de fe no atiende a la razón ni a la realidad. El Madrid es uno en sí mismo, tantas veces resucitado que no creer, entre su gente, es pecado. Anatema. Ahora lo necesita más que nunca, después de sufrir la potencia ajena y su propia impotencia. El resultado es malo, muy malo, ante un rival que forma parte de la misma aristocracia que el Madrid. La realidad, sin embargo, es que pudo ser peor, mucho peor, y que el Bayern perdió la oportunidad de clavar la tapa del ataúd de su rival en el propio Bernabéu. El gol de Mbappé, en cambio, llegó como lo hace el soplo de la respiración asistida. En Múnich, la próxima semana, necesitará más que el milagro de la resurrección, también todos los panes y los peces que no encontró sobre la hierba del Bernabéu.
Perder y no sentirse perdido resume las sensaciones con las que acabó el Madrid, tan vulnerable como poderoso en la reacción. Son los intangibles a los que debe aferrarse, porque son los que el Bayern teme. Lo tangible, el resultado, es una losa frente a un adversario que ganó y calculó, sostenido por un arsenal que, hoy, no tiene el Madrid. Es duro decirlo pero es lo cierto. En el Allianz tiene el Bayern que tomar una decisión. En el cálculo puede estar su trampa. El Madrid ya no tiene nada en qué pensar, sólo creer. La fe es, hoy, su argumento.
Un Bayern calculador
Entre los hombres y las intenciones había una diferencia. Kompany lo puso todo, pero no se pusieron como siempre. El Bayern salió a dominar, con posesiones larguísimas, como si la pelota recorriera de un lado a otro los pasillos de un laberinto. En cambio, no salió a fuego, con esa verticalidad que inclina los estadios de Alemania hasta que el Madrid, herido, dejara el rastro de la sangre sobre la hierba. La razón no era el respeto, ni el peso del escenario. Era el temor a encontrarse sueltos a Vinicius y Mbappé en mitad de la pradera, como guepardos. Especialmente al primero, del que no tiene buen recuerdo desde que abrió en canal el Allianz. A ese recuerdo debe aferrarse el Madrid. Mbappé es el gol, sin duda, pero el desequilibro es Vini. El problema es que es tan capaz de desequilibrar hacia afuera como desequilibrarse hacia adentro. Que estos días pase por el sillón gris de Arbeloa.
El Bayern tiene a su Vini en Olise. El francés, de 24 años, es un futbolista al que se espera hace tiempo. Avanza del mismo modo que se despliega un látigo. Lo buscaron sus compañeros continuamente, enfrentado a un duelo clave frente a Carreras. No basta un defensa frente a un jugador semejante. Son necesarias las ayudas, como ante Vinicius.
Olise, en el Bernabéu.AFP
El Madrid detectó el peligro, pero el Bayern es como una baraja con cartas marcadas. Ni Kane y Luis Díaz habían entrado apenas en juego, pero aparecieron como en un baile de máscaras tras un error de Vinicius en un pase. Kane y Gnabry combinaron para habilitar a Luis Díaz, que cruzó sobre Lunin.
Ese error que tanto quería evitar el Bayern, las pérdidas mortales, lo cometió el Madrid ante un rival que se parece mucho al conjunto blanco, pero en un proyecto muy maduro, no improvisado. La era de Kompany y la miniera de Arbeloa no tienen nada que ver y la diferencia no está sólo en los banquillos, también en el palco.
A un error le sucedió otro, esta vez de Carreras, sorprendido por Pavlovic, y el resto resultó demasiado fácil ante una defensa desguarnecida. Olise tuvo tiempo de controlar y mirar y Kane podría haberse echado un pitillo. Miró y colocó el balón donde quiso. Un hecho especialmente grave, puesto que llegaba inmediatamente después del descanso, en el que se supone que Arbeloa debió comprimir más a los suyos. Al contrario, Vinicius no aprovechó el regalo de Upamecano.
Bellingham, al final
Inicialmente, el técnico del Madrid había tomado decisiones consecuentes, como fue la de dejar en el banco a Bellingham para mantener a Thiago Pitarch y Güler. El inglés no estaba en la forma necesaria, aunque hay cosas difíciles de argumentar con tanto viento en contra, hoy una tempestad. Cuando entró Bellingham por el jugador de la cantera, señalado por un error en el área nada más empezar, el Bayern estaba al acecho con un Olise ya en modo figura. El inglés entró en el momento de la efervescencia y lanzó a Mbappé, que cruzó para forzar la mejor intervención de Neuer.
No fue la única. A sus 40 años, y pese a la inactividad reciente, el portero alemán se desplegó como dos de 20, un par de veces ante disparos del francés y en un mano a mano ganado a Vinicius. Sólo una vez pudo superarlo Mbappé, gracias a esos pases medidos de Trent. Un soplo de vida, y mientras hay vida lo siguiente es más cierto si es que hablamos del Madrid.
¿Habrá milagro en Múnich?

El Real Madrid no mereció perder. Y la pregunta que flota en el misterio del fútbol es si el Madrid será capaz de lograr una hazaña en Múnich, como si se tratara de una película del calibre de Los cañones de Navarone.
Puede parecer una quimera, una misión imposible sin Tom Cruise, pero con el Madrid en la Champions, todo es posible.
El error principal fue que Álvaro Arbeloa interpretó el partido como si el Bayern fuera el City. No lo es. Es un equipo bastante inferior. Y la estrategia de Arbeloa, una vez más, resultó equivocada. ¿Por qué despreciar tanto al Madrid y jugar como si fuera un equipo vulgar?
No lo entendí. Pero la estúpida corriente generalista en el madridismo actual sostiene que hay que correr. ¿Correr cómo? ¿Como un pollo sin cabeza? En efecto, Vinicius Júnior defendió mucho, pero por su zona llegaron los dos goles muniqueses. Y Kylian Mbappé bajó en exceso en la primera parte. No podía marcar ni aunque fuera un ángel. Correr mucho, sin atacar, es imposible.
La cantidad de balones perdidos fue alarmante precisamente porque no había nadie en posiciones ofensivas. Arbeloa parece creer todavía que dirige al Castilla. No se puede jugar con una táctica tan cobarde. Esto es el Real Madrid.
Con el mejor jugador del mundo convertido en esclavo defensivo, los muniqueses se creyeron durante un rato que se enfrentaban a otro rival alemán más.
A los veinte minutos de juego descubrieron que el Madrid, aun acurrucado atrás, no era un equipo menor. Mbappé tuvo una ocasión clara, lo intentó como un poseso, pero no tuvo fortuna: no cuenta con dos muslos al viejo estilo. Poco después llegó el gol del Bayern.
Trent Alexander-Arnold le dio el pase de gol y Mbappé no falló. Hizo todo lo que pudo —y más—, pese a las torpezas de Vinicius de cara a portería. Incluso logró provocar que el Bayern jugara con un hombre menos.
De repente, un gol del mejor jugador del mundo hizo creer que el hundimiento del Madrid era imposible. Y no lo fue: el equipo firmó un segundo tiempo soberbio, quizá el mejor de la temporada. No tuvo suerte y perdió, también condicionado por el arbitraje del inglés Michael Oliver, que siempre me ha parecido un colegiado alineado con la doctrina de la UEFA. Y ya sabemos que, ahora mismo, el Bayern pesa más que el Madrid.
El Madrid golpeó con fuerza al Bayern, pero esta vez lo salvó Manuel Neuer, que para desgracia del madridismo estuvo extraordinariamente brillante. El Bayern demostró en el Bernabéu que no es para tanto.
Aunque la plantilla madridista sea un cuadro de Picasso, con las piernas en la cabeza, el cuerpo quebrado y el pie hacia arriba; aunque no haya un entrenador sólido ni una plantilla bien ejemplarizada, el Madrid tiene futbolistas como Mbappé, Federico Valverde, Aurélien Tchouaméni, Trent, Arda Güler y Thibaut Courtois. El belga, por desgracia, no pudo jugar en esta derrota madridista.
Estábamos equivocados: el problema no es Mbappé

No hay un madridista, ni en la Tierra ni en la cara oculta de la Luna, que no tuviese la certeza de que la primavera de ilusión duraría hasta que emergiese Mbappé. Y pese a ello no hay mucho que reprocharle al francés. Hizo persecuciones defensivas hasta la frontal del área, conducciones explosivas a la contra, buenos desmarques y Neuer le sacó tres balones nivel Courtois y casi le para el del gol. La posibilidad de que sea gafe existe, pero más allá de eso no hubo leña para quemar a Kylian en la hoguera de la frustración del hincha. Al contrario.
El ojo entrenado en la Copa de Europa detectó las turbulencias cuando Olise cogió la primera bola y al paso no le salió Mendy, sino Güler y Carreras. El lateral sacó una bajo la línea como aquella de Ferland contra el City, pero no era lo mismo. Se produjo un milagro para no castigar con gol un fallo monumental de Pitarch, idéntico al de los octavos de final. Pero no era lo mismo. En otro tiempo, habríamos visto destellos de decimosexta hasta cuando el árbitro se inventó una amarilla a Tchouameni que empezaba a poner los cimientos de una exhibición redentora de Camavinga en la vuelta en Münich.
Pero nada era lo mismo. Vinicius, el antiMbappé, el hombre que sí nos ha dado la gloria europea dos veces, la enterró esta vez con dos balones lamentables al medio que cayeron como dos losas bávaras. Después falló el 1-2 en una jugada que despertó el tenebroso recuerdo continental de Gonzalo Higuaín.
Con todo, hubo arrebato europeo. El equipo nos castiga con la esperanza de la fe. Hubo un buen Bellingham, un apocadillo Bayern, un cambio inexplicable del gran Arda y la sensación de que la eliminatoria no está cerrada. La necesidad, también, de entender que la mística del estadio no existe y que plantillas mejores que la tuya es muy posible que el 99% de las veces jueguen mejor que tú, salvo que tengas a Mendy para frenar a ese demonio llamado Olise. ¿Ficharía el Real Madrid a un extremo del Crystal Palace? Por el mismo precio, fichó a Mastantuono...






















