El Bournemouth de Iraola entrega la Premier al Arsenal

El Bournemouth de Iraola entrega la Premier al Arsenal

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Fueron compañeros en la infancia y este martes uno hizo campeón de la Premier League al otro. Andoni Iraola y su Bournemouth empataron contra el Manchester City (1-1) y entregaron la Premier a su compañero de niñez en el Antiguoko, Mikel Arteta, que por fin es campeón con el Arsenal.

Mientras Iraola estira al máximo sus opciones de estar en la Liga de Campeones y asegura ya matemáticamente la Europa League, también hizo una jugada de dominó. De una tacada acabó con la última oportunidad de Pep Guardiola de ganar un título y entregó la Premier League al Arsenal 22 años después.

Necesitaba el City ganar para tener opciones en la última jornada, pero el Vitality Stadium fue su tumba. La Premier se ha ido y en los próximos días o incluso horas Guardiola anunciará su marcha. No con un sabor a decepción, tras una temporada en la que han ganado la FA Cup y la Copa de la Liga, pero sí sin la guinda que hubiese supuesto arrebatar una nueva liga al Arsenal.

No era la visita deseada con un titulo en juego, porque este Bournemouth no conoce la derrota en los últimos 16 partidos -17 con este- y porque los 'Cherries', que por fin han abrochado la primera clasificación a Europa de su historia, aún compiten por estar en Champions. Además, Iraola quería que este Arsenal fuera campeón. Por Arteta, por Kepa y por el resto de españoles.

El gol de Junior Kroupi

Era un favor y a la vez una obligación ganar este martes en el sur de Inglaterra y esta se empezó a cuajar cuando El Junior Kroupi cogió una pelota en el balcón del área y la acomodó en la escuadra. El enésimo golazo del francés, que en su temporada debut en Premier lleva ya trece goles. Antes había avisado ya el Bournemouth con un error de Rayan a puerta vacía, mientras que el City rozó el gol en un tanto anulado a Antoine Semenyo por fuera de juego.

El gol de Kroupi hundió a Guardiola en su banquillo, además de enfadarle. No le gusta que su posible despedida no sea con el campeonato bajo el brazo y mucho menos que la pelea no se alargue hasta la última jornada.

En la segunda mitad, el City se vio incapaz de superar la presión y el buen hacer de los de Iraola, el equipo más en forma por resultados de las cinco grandes ligas. Más allá de algún intento aislado de Rodri y Haaland, si alguien mereció más fue el Bournemouth, que dispuso de un tiro al palo de Rayan, de otro de Enes Ünal y de un paradón de Gianluigi Donnarumma al brasileño.

En un agónico final, con un tanto de Haaland a un instante para el final, pero ya sin tiempo para más, el título se diluyó y el Arsenal dos décadas después se coronó con la Premier. Desde casa, pero da igual. La celebración de los aficionados se extenderá hasta la madrugada en los alrededores del Emirates Stadium y ellos levantarán el título el próximo domingo en Selhurst Park.

El City tendrá que intentarlo de nuevo el año que viene, ya sin Guardiola en el banquillo.

¿Quiénes son los socios de Sergio Ramos que han comprado el Sevilla? Millonarios argentinos y la conexión con el Manchester City

¿Quiénes son los socios de Sergio Ramos que han comprado el Sevilla? Millonarios argentinos y la conexión con el Manchester City

El Sevilla tiene nuevos dueños. El club ya no es propiedad de José María del Nido y las familias Carrión, Alés y Castro, accionistas históricos de la entidad, ahora pertenece a un grupo de inversión argentino y está comandado por una empresa hasta ahora desconocida con sede fiscal en Malta. La cara visible de la operación es Sergio Ramos, pero detrás hay un consorcio financiero de perfiles discretos. Por 450 millones de euros menos la deuda neta del club, cifrada en 85 millones, el ‘holding’ se ha hecho con el control del sexto mejor equipo en el ranking histórico de la Liga, el siete veces campeón de la Europa League, pero... ¿Quién lo forma realmente?

Según publicó ‘El Confidencial’, buena parte del dinero procede de la familia Werthein, una de las más ricas de Argentina, con negocios en múltiples sectores e incluso participación política en el Gobierno de Javier Milei -Gerard Werthein fue su ministro de Exteriores-. Con la intermediación de JB Capital Markets, la firma de Javier Botín, hermano de Ana Botín, los Werthein pujaron hace meses por la entidad y secundados por un fondo de inversión mexicano -del que se desconocen detalles- ahora la pondrán en manos de un compatriota, Martín Ink, y de su compañía, Five Eleven Capital.

El espejo del City Group

"Un ecosistema empresarial centrado en el fútbol", se autodefine en su web, aunque el "ecosistema" todavía está dando sus primeros pasos. Fundada hace apenas dos años, en enero de 2024, Five Eleven Capital es una empresa que busca controlar varios clubes de fútbol como hace el City Football Group que controla el Manchester City, el Girona, el New York City, el Melbourne y tantos otros. La idea es que los equipos operen de forma autónoma dentro del mismo sistema, con la misma estructura financiera, la misma metodología e incluso el mismo talento y así se beneficien los unos de los otros. Antes de abordar el Sevilla, el grupo en ciernes ya había adquirido temporalmente una participación en el Debrecen húngaro, había adquirido una parte del Esporte Clube Juventude brasileño y había participado en la venta del Espanyol por parte del empresario estadounidense Alan Pace. Con el club hispalense ahora asalta la élite, la ambición de su fundador, Ink.

Nacido en Argentina en 1974 y licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), Ink fue directivo de varias empresas argentinas como la agrícola Goyaike o la asesoría Euro-Latin Capital hasta que se sumergió en el fútbol a través de proyectos. Primero creó una red social de aficionados llamada Hinch.as, luego impulsó el proyecto del museo Legends en Madrid junto a su compatriota Marcelo Ordás y finalmente, con todos los contactos, creó Five Eleven Capital.

A su lado en la cúpula de Five Eleven figura Andrés Tortarolo, cofundador y Chief Revenue Officer, también CEO de Vanquish Sportainment, agencia madrileña que gestiona los derechos de imagen de futbolistas como Enzo Fernández y Moisés Caicedo, ambos en el Chelsea, y luego está Marc Boixasa.

El colaborador de Guardiola

Marc Boixasa es el Chief Football Officer de Five Eleven Capital y el candidato para dirigir el área deportiva del Sevilla una vez consumada la venta, en sustitución de Antonio Cordón. Barcelonés, con experiencia precisamente en varios clubes del City Football Group, en el City fue uno de los principales colaboradores de Pep Guardiola como jefe de operaciones. De Manchester saltó al Burnley, donde conoció a su presidente Alan Pace, que más tarde se convertiría en dueño del Espanyol, pero casi es más importante lo que hizo antes. Boixasa ya trabajó en el Sevilla entre 2008 y 2009, en el departamento de marketing, como Football Executive, por lo que no entrará en el club como un extraño.

La conexión entre Five Eleven y el Sevilla tiene, además, otro punto de unión más bien curioso. Antonio Cordón formó parte del holding antes de recalar en Nervión en junio de 2025 y su llegada tendió un puente entre el fondo y el club que este martes desemboco en la compra de la entidad. Con Sergio Ramos por bandera y el dinero de una familia multimillonaria argentina, Martín Ink, el creador del mayor museo del fútbol, y Marc Boixasa, quien fuera colaborador de Guardiola, serán los arquitectos del nuevo Sevilla.

Las mil y una experiencias de Arteta: jugar en Escocia, ser compañero, ayudante y rival de Guardiola, casarse con una Miss y hasta apoderar a un novillero

Las mil y una experiencias de Arteta: jugar en Escocia, ser compañero, ayudante y rival de Guardiola, casarse con una Miss y hasta apoderar a un novillero

La frase de que el destino baraja las cartas, pero somos nosotros quienes las jugamos, se atribuye tanto a Shakespeare como al filósofo alemán Schopenhauer. No hace falta leerlos para jugarlas. Es lo que hizo el adolescente Mikel Arteta al dejar la Masía, lugar idílico al que le había invitado ese mismo destino. Con su decisión de irse al PSG, en realidad, lo desafió, como el Holandés errante condenado a surcar los océanos sin tocar jamás puerto. Cuando lo hizo con un regreso a la Real Sociedad para estar en San Sebastián, en casa, y evitar el divorcio de sus padres, nuestro español errante sufrió la maldición de la leyenda. Fracasó y volvió a los mares. Hay cosas que están escritas.

La toma de decisiones de Arteta, alejado de los días de vino y rosas del fútbol español, sin llegar a vestir un solo día la Roja de los mayores, le permitieron una suma de experiencias poco común, sintetizadas, hoy, a sus 44 años, en la figura de un entrenador moderno, intervencionista, iconoclasta y nada esclavo de sistemas o tradiciones, ni por su crianza en el Barça ni por el tiempo compartido en el banco con Pep Guardiola ni por las sensibilidades del Arsenal al que dirige.

El suyo es un equipo camaleónico, que juega en continuidad o en jugadas episódicas y que puede defender como no se defiende en la Premier, como lo hacía el Atlético del primer Simeone. En lucha por una Champions y una Premier que se comprime, Arteta lo controla todo en el Emirates. Es el mánager. Con ruido o sin ruido a alrededor, ahora en aumento, se ha ganado barajar las cartas.

Los golpes de mano

Con mirada de águila y barba de cubierta, Arteta combina bien la visión periférica y la acción, y eso se aprecia en el Arsenal que ha construido, táctico, pero sobre todo eficaz en los golpes de mano. El balón parado es únicamente un ejemplo. En una Premier bajo la colosal influencia de Guardiola, un entrenador español que pasó por la escuela azulgrana, ocupó su misma posición en el campo y fue su segundo en el Manchester City, podría entenderse como una réplica del catalán. No es así. El vasco sabe cómo dominar el juego, pero es más pragmático, más vertical, más metálico.

La relación entre ambos es una historia de encuentros y desencuentros. Cuando Arteta debutó en el Barça lo hizo, de hecho, para sustituir a Guardiola, en un partido europeo ante el Hertha Berlín. Tenía 16 años. Después del encuentro, Guardiola lo sometió a un tercer grado, le preguntó por sus sensaciones y le ofreció algunos consejos. Arteta lo recuerda, ya entonces, como el discurso de un entrenador. La cohabitación en el banquillo del City, 20 años después, fue como un máster. Cuando el vasco decidió irse, la relación se enfrió, dejaron de comunicarse, algo que, en plena disputa por la Premier, han vuelto a hacer. Las relaciones intensas son de ese modo. Con Guardiola no hay otra forma.

Guardiola y Arteta, antes de un partido.

Guardiola y Arteta, antes de un partido.EFE

Es influencia no ha sido la única para Arteta, cuyo paso por varias ligas le ofreció una perspectiva muy valiosa. Cuando todavía no era mayor de edad, se encontró en el PSG a Pochettino, un cacique del área que, nada más llegar a París, lo apadrinó. Fue como un padre en el campo. En aquel equipo que dirigía Luis Fernández, todo un carácter, deslumbraba ya Ronaldinho.

Ni Xabi Alonso, ni Cesc

La experiencia en el PSG, al que fue cedido, fue incomparable a la que tuvo en Ibrox Park. Los años en el Glasgow Rangers fueron realmente los que le curtieron, por la adaptación al altísimo rito de juego, con más nivel físico, y los balones aéreos. Cuando llegó al Everton y al Arsenal, ya dominaba todos los códigos de las islas, sin haber perdido los de su origen. No había podido ser Guardiola, tampoco Xabi Alonso, al que se planteó sustituir sin éxito en su año de regreso a la Real Sociedad, ni Cesc Fàbregas, leyenda en Highbury como en el Emirates. Pero había logrado reunir en su diario los secretos de todos ellos.

Parte de esas anotaciones trasladó a los lectores de EL MUNDO durante dos años, mientras jugaba en el Everton, bajo el epígrafe de Corresponsal en la Premier. No era un futbolista en una burbuja, sino alguien con una tremenda curiosidad por todo lo que pasaba a su alrededor. «Siempre he sido un poco guindilla», admite. Jugaba en la Premier y vivía Inglaterra, donde acabó por formar su familia junto a la ex Miss España Lorena Bernal. Escribía, montaba negocios y llegó a apoderar hasta a un joven novillero de Chiclana de la Frontera, Jesús Vela, junto a Gabi Heinze, por petición de Lorenzo Buenaventura, un mago del sur en la preparación física y la fisioterapia. Para muchos, incluido Areta, un oráculo.

Arteta celebra un gol con el Everton.

Arteta celebra un gol con el Everton.GETTY

Penaltis y comidas

Entonces estaba en uno de los epicentros de la Premier, ya que a Liverpool llegaron Rafa Benítez, Pepe Reina, Xabi Alonso y Fernando Torres para relanzar a su gran rival. De nuevo, los reencuentros. Reina había sido su compañero de litera en la Masía, del que todavía no ha podido olvidar sus ronquidos. Durante el tiempo compartido en Liverpool, se jugaron más de una comida en tandas de penaltis, aunque nunca le lanzó uno en partido oficial.

Con Xabi Alonso había jugado en el Antiguoko, club de San Sebastián en el que también coincidió con Andoni Iraola, que antes de irse al Athletic de Bilbao apura sus últimos días al frente del Bournemmouth, ante el que recientemente Arteta sufrió una derrota clave en el Emirates (1-2) que apretó la lucha por la Premier, después de haber tenido una amplia ventaja.

Primera Premier en 22 años

La caída en el Etihad (2-1) frente al City de Guardiola igualó el pulso, siempre que los citizens ganen su partido aplazado. Antes del duelo con el Atlético, el miércoles, el Arsenal mantuvo sus constantes vitales ante el Newcastle (1-0), lo mismo que hicieron los de Guardiola, seguramente en su último año antes de tomarse un tiempo sabático para dirigir a una selección. Quiere hacerlo con su séptima Premier y Arteta quiere ganar la primera en 22 años para el Arsenal.

Ambos se conocen hasta los huesos, saben sus secretos. Simeone estudia al detalle a Arteta, después de caer por 4-0 ya este año en la liguilla. No parece, hoy, el mismo Arsenal, pero mejor no fiarse de este español errante que puede jugar a toda vela o emboscar a su equipo entre la niebla.

La bestia blanca de Guardiola: “Mi mayor desafío no ha sido el Madrid, ha sido el Liverpool. Estábais en España, no sabéis lo que fue”

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"Mi mayor desafío aquí ha sido el Liverpool de Jürgen Klopp". Con esa frase, Pep Guardiola rechazaba al Real Madrid como el gran ogro de su época en el Manchester City. "Estabais en España, no sabéis lo que era esto", contestaba a la pregunta de este periódico. Después de la quinta eliminatoria consecutiva y la sexta en siete cursos, el balance del técnico catalán contra el conjunto blanco es de 1-4, 2-4 si se cuenta el cruce de la pandemia. A saber: la remontada milagrosa en el Bernabéu en 2022, el 4-0 del Etihad en 2023, los penaltis de 2024, el playoff de 2025 y este choque en octavos de final, donde el Madrid ha vuelto a dejar fuera al cuadro británico con un marcador global de 1-5.

"Somos un equipo extraordinario. Extraordinario. Los primeros 15 minutos de hoy, los del Bernabéu... Somos un equipo extraordinario. Felicidades al Real Madrid y a todos vosotros", aseguró, con un mensaje en cada palabra elegida, el técnico ante la prensa, donde recordó en numerosas ocasiones, y a su manera, el penalti y la expulsión de Bernardo Silva: "Me hubiera gustado vivirlo 11 contra 11, no hemos jugado 11 contra 11 para ver cómo iba la cosa. La sensación es que me encantó el inicio y que me hubiera gustado jugar 11 contra 11. Igual perdíamos 0-4, pero no lo sabemos".

El recorrido del City de Guardiola en Champions se ha ido transformando a blanco con el paso de los años. Cayó ante el Mónaco en octavos de 2017, ante el Liverpool en cuartos de 2018, ante el Tottenham en cuartos de 2019, ante el Lyon en cuartos de 2020 y perdió la final de 2021 contra el Chelsea. A partir de ahí, o tocó la orejona (2023) o perdió contra el Madrid. Si se cuenta la eliminación ante el Madrid siendo entrenador del Bayern, los blancos son el equipo que más veces le ha eliminado en Champions: 5. El resto, sólo una vez.

"Me encantaría que este club tuviese el listón del Madrid, que si no se gana la Champions es un fracaso. Pero puede que lleguemos ahí...", dijo, y evitó pronunciarse sobre un posible final de su etapa en el City, donde tiene contrato hasta 2027: "¿Por qué todo el mundo quiere encontrarme la salida? No somos un equipo completo aún, lo hemos sido en el pasado, en todos los aspectos, y ahora no lo somos. Quedan partidos, vamos a preparar buenas decisiones para esos partidos, y volveremos a la Champions", señaló.

Unos minutos antes, Álvaro Arbeloa salió feliz ante los medios: "En la próxima derrota volverán a salir las dudas de fuera... Pero no dentro. Todo el mérito es de los jugadores, no mío. Tengo unos jugadores que son la leche", aseguró, cuestionado sobre su superioridad ante Mourinho y Guardiola en eliminatorias consecutivas.

El salmantino ha ganado los cuatro encuentros de los cruces contra los dos entrenadores y recibió los elogios del catalán: "Me ha gustado mucho, me ha dado muy buena impresión. Su salida ha sido muy buena, asociándose bien, con mucha calidad. Muy buena impresión, le auguro una larga carrera", señaló Guardiola.

La noche del catalán fue difícil. Protestó la roja a Bernardo y terminó encarándose con Rüdiger, al que envió besos en la distancia después del encontronazo del alemán con Donnarumma.

Después de dos años cayendo antes de tiempo en Champions, Guardiola buscará ahora recuperar la distancia perdida en la Premier League ante un Arsenal que sigue vivo en Europa. Los 'gunners' suman nueve puntos más que el City, aunque tienen un partido más.

Vinicius rompe los papeles de Guardiola en el paraíso eterno del Madrid

Vinicius rompe los papeles de Guardiola en el paraíso eterno del Madrid

A Guardiola se le cayeron los papeles con un golpe de viento. Cuando los recogió del suelo y levantó la cabeza, ya no había forma de ordenarlos. El partido había pasado. La eliminatoria, también. El Hijo del viento llamaban al atleta Carl Lewis de la misma forma que se lo podrían llamar, hoy, a Vinicius. Es el mismo viento, la misma zanacada, impetuosa y a la vez liviana, líquida pero mortal. Apareció el brasileño en los claros del City para provocar el caos, la obsesión de Guardiola, porque sabe que el fútbol supera las 64 casillas del ajedrez y que el control que persigue es una utopía. El caos es un instante, suficiente para sepultar una eliminatoria, y para el que el bipolar Vinicius está hecho a la medida.

El zigzag de Vini acabó con un lanzamiento al palo y el regreso de la jugada volvió a encontrar al brasileño en el lado opuesto. Lanzó duro, apretado al palo, y Bernardo Silva no tuvo más remedio que sacar el codo. El VAR tardó tiempo pero sin suspense. Era claro. Al penalti se añadió la expulsión del jugador portugués. Una decisión tan inapelable como excesiva, aunque lo diga la regla, porque castiga dos veces de la forma más severa una misma acción. El fútbol no atiende al non bis in idem. Lástima.

Vinicius no falló esta vez en un lugar maldito. Lo había hecho en el Bernabéu, por lo que el gol tuvo algo de desagravio, no sólo de tranquilidad. Guardiola no se rascaba la cabeza. Lo había hecho antes del partido, pero en esa situación no había más que entregarse a un peligroso intercambio de golpes con el objetivo de ganar el partido. Todo es posible en el fútbol y en el caos, pero Pep tiene poco de madridista, quizás sea demasiado racional para creer en lo imposible.

Guardiola, durante el partido.

Guardiola, durante el partido.EFE

El entrenador del City había corregido sus errores en el Bernabéu, donde empachó a su equipo con tanto delantero, demasiada pimienta que le impidió hacer la digestión. En la vuelta incluyó a Reijnders y dio más campo a Bernardo Silva, además de incluir a Cherki, con la intención de que jugara hacia dentro. El City fue más City pero mucho menos City que tiempo atrás. Doku y después Doku era la única amenaza real, con un Haaland incómodo y desubicado. Courtois puso las manos donde siempre las tiene, en la pila del agua bendita, y el Madrid únicamente tuvo que esperar al espacio, al caos. La realidad es que apareció nada más empezar, pero Valverde, solo frente a Donnarumma, no se lo creyó, seguía en el sueño del Bernabéu.

Sin Mbappé, con Mbappé

Al contrario que Guardiola, Arbeloa no tenía que hacer experimentos. Con Mbappé en el banco hasta la segunda mitad, repitió la fórmula con un centro del campo bien poblado, de nuevo con Thiago Pitarch y Brahim, eléctrico en una acción que mereció el gol y constante con sus movimientos. En este Madrid de circunstancias por las bajas ha entrado como un marine. Merece no quedar en el olvido cuando el resto regrese. El resto son Bellingham y Mbappé, que tuvo sus minutos después de la inactividad por lesión, en los que pudo ser objeto de un penalti y se cargó con una amarilla inútil. Una vez recuperado el francés, corresponde a Arbeloa la compatibilidad con lo que ha hecho hasta ahora y con la buena aportación de la cantera que personifica Thiago Pitarch.

En el Etihad volvió a intentar estar en todas partes, pero hacerlo frente a Doku es un martirio. El extremo se fue del canterano para dar un nuevo centro que, esta vez sí, Haaland alojó en la red. Ha sido su única aportación en dos partidos, en los que el gigante noruego parecía un Polifemo domesticado. Cherki o Marmoush han mostrado más peligro, aunque sin gol. Después de Courtois, tocado, Lunin puso lo suyo para no llegaran, en el tramo en el que el Madrid defendió cerca de su portería, demasiado, frente a un City a la desesperada.

Más, muchos más goles, pudo marcar el Madrid y, en concreto, Vinicius, con un especial apetito por hacerlo en el Etihad, a cuyo público le recordó las lágrimas que le dedicaron cuando Rodri ganó el Balón de Oro. Alto, al costado, al cielo de Manchester, a todas partes lanzó el brasileño en llegadas que aprovechaban los espacios dejados por el City, más de una hora en inferioridad. Lo hizo, incluso, en fuera de juego hasta que el tiempo añadido le dio el fruto de la victoria. Guardiola le felicitó en el campo antes de irse a su vestuario, como si se marchara de un paraíso perdido. Hoy no sabe si regresara. Ese paraíso es la Champions, el paraíso eterno del Madrid.

La carrera de Vinicius contra la camisa de cuadros de Guardiola: no había tanto que temer

La carrera de Vinicius contra la camisa de cuadros de Guardiola: no había tanto que temer

Vinicius nunca debe dejar de correr. Ni siquiera para tirar un penalti. Paradinhas absurdas como la de la ida, censurables en cualquier ser humano, en él son una marcianada contra natura que sólo conduce al desastre. Esa pausa infernal nos rondó a todos la cabeza en la semana. Volvió con la primera pifia de Valverde. Con el primer pase atrás de Doku. Con las primeras manos de Courtois. Con su propio trallazo al palo y el rebote en el culo de Donnaruma que no quiso ir para dentro. Se hizo carne cuando le enfocó la cámara recitando a saber qué antes de ejecutar. Fue un alivio enorme la carrera directa hacia el balón, sin esa especie de anuncio de Youtube que es la maldita paradinha cuando se cuela en el ritual. Gol y todo parecía ya muerto y enterrado. Pudieron ser unos cuantos después. El propio Vinicius parecía empeñado en no querer marcarlos por si un exceso en la celebración le dejaba sin jugar la siguiente eliminatoria contra el Bayern.

Con diez el Manchester City, y 0-4 abajo, la imagen de Guardiola embutido en una sobrecamisa de cuadros ridiculizaba nuestro propio miedo anterior. Grave error. Don Fútbol se encargó de recordarnos que por ahí seguía Doku y sobre todo seguía Trent, que regaló un duelo, un córner y el gol del empate. El oasis del descanso se rompió de golpe con la imagen macabra de Courtois lesionado y Mbappé calentando. Parecía que el equipo quería rendir homenaje al acojone general de la afición e intoxicar de emoción la eliminatoria. Lo contrario que Guardiola, que quitó a Haaland con mucha prisa. A él y a otros les secó a paradones Lunin, acostumbrado a demostrar en el silencioso Etihad que es un gran portero.

Durante 20 minutos la emoción radicó ya en ver qué tal estaba Kylian, que no pareció cojitranco y echó buenas carreras. El balón de oro Rodri vio desde el banquillo como el balón de plata Vinicius marcaba su gol 34 en la Champions League. Guardiola, que sabe que el Madrid no gana una Champions sin drama mediante, supo estarse quietecito. A ver los alemanes.

La gran venganza de Vinicius ante el Etihad y el City por el “deja de llorar tanto” del Balón de Oro: “Siempre hay otra oportunidad”

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Vinicius Júnior se la tenía guardada al Etihad Stadium. "Stop Crying your heart out (Deja de llorar tanto)" rezaba la pancarta gigante que ocupó uno de los fondos del estadio del Manchester City en la eliminatoria de año pasado. Con ese lema y una foto de Rodri besando el Balón de Oro, la grada británica le recordaba al brasileño lo sucedido en la entrega del premio, ausente el delantero y la expedición del Madrid en París al no recibir el galardón. Así que este martes, cuando Vinicius anotó el penalti que sentenció el cruce a favor del conjunto blanco, tenía claro el gesto que iba a hacer: mandó callar a la afición llevándose el dedo índice a la boca y después se acercó los puños a los ojos haciendo una mueca de lloro, refiriéndose a la pancarta del curso pasado.

Fue el gol que lo decidió todo y que llegó tras el asedio inicial del City, con hasta tres paradas, a cada cual más increíble, de Thibaut Courtois, el otro protagonista del duelo. El belga realizó cuatro vuelos increíbles en la primera parte antes de irse lesionado en el descanso por una sobrecarga en el abductor derecho. Cherki, Rodri y Haaland se encontraron con él, desesperados, unos minutos antes de la revisión que cambió la noche.

La sala VAR del Etihad estuvo cinco minutos analizando la jugada que provocó el penalti y la expulsión de Bernardo Silva. Primero un posible fuera de juego de Vinicius en el inicio de la acción y después el codo del portugués, abierto para evitar el tanto del brasileño en el rechace. Turpin esperó sobre el césped y después acudió a la pantalla en la banda, mientras recibía cientos de improperios de la grada local. El resultado, calamitoso para el City: penalti y roja.

Vinicius, lejos de esconderse tras la pena máxima fallada en la ida, volvió a asumir la responsabilidad. Al principio Güler cogió el balón, pero después se lo cedió al brasileño, que repitió lado y evitó hacer el salto innecesario con el que erró hace una semana. Fue su venganza por la pancarta, lo que unido a su gol en el descuento le hacen sumar nueve en 15 partidos desde la llegada de Arbeloa. Antes, en 33 bajo las órdenes de Xabi Alonso, había marcado siete. Un dato que explica el giro que ha sufrido Vinicius desde el cambio de entrenador. El delantero lleva ya 34 goles en la Copa de Europa, a solo uno de Puskas. Palabras mayores. "Siempre hay otra oportunidad y aquí está hemos ganado y vamos a cuartos, con la afición y nuestro cuerpo técnico que hace todo por nosotros", dijo sobre el gesto.

En el intermedio, al que se llegó con tensión entre Donnarumma y Rüdiger, Courtois se quedó en los vestuarios. El belga se fue al túnel hablando con Luis Llopis y de inmediato Lunin salió a calentar. En una de sus estiradas, el belga se hizo daño. Le tocó el turno al ucraniano, héroe hace dos años en los penaltis de los cuartos de final.

En el minuto 68, Mbappé volvió a jugar tras cinco partidos ausente, casi un mes, y fue parte del 4-1 del Madrid al City en las eliminatorias disputadas entre ellos en los últimos cinco años. El clásico del fútbol moderno es blanco.

Creo en Dios y en el Real Madrid

Creo en Dios y en el Real Madrid

El increíble equipo del Santiago Bernabéu vivió otra de las hazañas históricas. Como siempre en la Champions. Ganarle por incomparecencia al millonario Mánchester City por tres a cero y que pudieron ser cuatro si Vinicius ejecuta el penalti es otro de los proféticos estigmas del club blanco.

Por velocidad, por convicción y buen juego aplastó al equipo de Guardiola. El técnico catalán ya sabe que muchas veces el Bernabeu puede ser su cementerio perpetuo. Su equipo casi no tuvo ocasiones de gol y se le veía depauperado. Era un City rendido, hundido y con complejo de inferioridad ante un Real Madrid resucitado.

Fede Valverde jugó el partido de su vida. Hizo muchas cosas cercanas a la genialidad y además hizo los tres goles. Su pasión, su velocidad y su remate fueron fulminantes. El Madrid buscaba un líder y creo que inequívocamente es Valverde, que además es el capitán.

Guardiola ha despreciado a Arbeloa desde que supo que su continuo exterminador le había tocado otra vez. En esta ocasión, en octavos, muy lejos de ganar la Champions. Pero, su minivalorado Arbeloa le metió un rejón de muerte. Sería otra hazaña dantesca que el City pudiera darle la vuelta en Manchester. Despellejó Arbeloa tácticamente a Guardiola. Seguro que no contaba que Valverde jugara de extremo y lateral y centrocampista, que se recorriera el terreno de juego como si fuera tan pequeño como el del fútbol sala.

Además, algo vital para el Madrid es que su entrenador dispusiera que Thiago Pitarch fuera la sombra de Rodri, la pesadilla, el eje del City. El sumo creador se quedó como un jugador más. Sin brújula, ni sentido vertical.

Buena apuesta de Arbeloa, que le salió como un gran jugador, aunque Rodri ya no sea el de antes. Ha perdido dinamismo, es más lento y ya no baja tanto. A Guardiola nunca le han gustado los defensas. Solo posesión, posesión, toque- toque e inutilidad ofensiva. Algo más anticuado que una película muda. Hasta ha dejado a Haaland como un monstruo al que le han dado veneno.

Hace dos días, Guardiola le decía al Daily Mirror que en cualquier momento puede llegar su fin, en un respiro, en un suspiro. A lo mejor este no es el momento decisivo. Pero este fracaso le va comiendo como la carcoma.

El Madrid fue un huracán y el City un ahogado. Ahogado en tristeza, en súltil envejecimiento y que no conecta con estos tiempos.Todos o casi todos dábamos por muertos al Real y, de repente, de improviso, aparece el increíble Real Madrid de las Champions. Por eso creo en Dios y en el Real Madrid.

La noche "soñada" por Fede Valverde en la peor visita de Guardiola al Bernabéu: "Habíamos entrenado mucho los saques de puerta"

La noche “soñada” por Fede Valverde en la peor visita de Guardiola al Bernabéu: “Habíamos entrenado mucho los saques de puerta”

El Real Madrid necesitaba un gol de Fede Valverde porque la estadística decía que nunca perdía cuando marcaba el uruguayo: 32 victorias y dos empates. Necesitaba uno, pero el «Bombazo», así le llaman en el vestuario, se atrevió a marcar tres en 45 minutos al Manchester City. Una actuación histórica que lleva el nombre de pocos jugadores en la historia del fútbol: sólo Messi, Lewandowski y Haaland había anotado tres goles en un partido eliminatorio en Copa de Europa. Ni siquiera Cristiano Ronaldo, Rey de Reyes europeos en Chamartín. Valverde hizo suyo lo impredecible.

En la historia del Madrid, sólo tres jugadores habían marcado tres goles en una primera parte de Champions, aunque ninguno en la fase del K.O: Rial contra el Amberes en 1957, Puskas ante el Benfica y el Feyenoord en 1962 y 1965 y Mbappé ante el Olympiacos esta temporada. Nadie más hasta Valverde, que nunca había marcado un hat-trick.

"Uno sueña con noches así. Seguro que es mi mejor partido, sobre todo en goles. Disfruté mucho hoy, hacía bastante que no disfrutaba un partido de esta forma. Estoy contento, estoy alegre pero sobre todo por el triunfo del equipo. Si todos trabajamos juntos podemos conseguir grandes cosas. Gracias a la gente que nos apoya aunque sea una temporada difícil", reflexionó el uruguayo.

Fue una primera parte apoteósica en la que el Madrid salió a morder siguiendo los dientes de Thiago Pitarch. «Es un niño, pero muerde», admitían el martes fuentes del conjunto blanco a este periódico. Esas carreras constantes del canterano contagiaron a un equipo que parecía muerto en las últimas semanas e impulsaron el mejor partido del Madrid en toda la temporada.

Los goles de Valverde fueron la consecuencia de la presión y la verticalidad del Madrid de Arbeloa, que sentó a Gonzalo y a Camavinga para dar entrada a Brahim y a Pitarch. «Thiago no se va a esconder, va a querer el balón», avisaba el técnico antes del duelo.

"Habíamos entrenado bastante los saques de puerta, que ellos iban a presionar uno a uno. Somos rápidos arriba y lo aprovechamos bien", admitió Valverde.

Enfrente, Guardiola, que había prometido una alineación «sin sorpresas», apostó por cuatro delanteros para atacar más que defender. Y lo pagó. El Madrid se hizo grande mordiendo en transiciones.

Ahí apareció Valverde, al espacio en los tres goles, celebrando con rabia hacia el público cada uno de ellos, agitando los puños en tres ocasiones, como siempre hace, y repitiendo los hat-tricks de Benzema en 2022, los únicos de un futbolista con el brazalete al hombro en el Madrid.

En el descanso, Mendy se quedó en los vestuarios por unas molestias. «Un calambre», aseguraban en el conjunto blanco, que unido al tiempo sin jugar hicieron que Arbeloa no tomara riesgos.

Durante el tramo final, Tchouaméni y Valverde sintieron distintas molestias, pero aguantaron sobre el césped mientras Guardiola trataba de seguir vivo en la eliminatoria. El catalán agitó los brazos cuando Donnarumma detuvo el penalti de Vinicius y se los llevó a la cara cuando Courtois evitó el gol de O'Reilly. Desesperado, terminó quitando a Haaland y se llevó su peor derrota del Bernabéu en 13 visitas.

Desde 2020, el Madrid ha conseguido eliminar al City en tres de cinco cruces. Veremos si en una semana llega el sexto.

Guardiola y el "que mee con la suya" a Xabi Alonso: "Las recomendaciones se las hago a la gente con la que tengo buena relación, con Arbeloa no la tengo"

Guardiola y el “que mee con la suya” a Xabi Alonso: “Las recomendaciones se las hago a la gente con la que tengo buena relación, con Arbeloa no la tengo”

Pep Guardiola volvió este martes al Santiago Bernabéu. Su 14ª visita entre el Barcelona, el Bayern y el Manchester City y la quinta temporada en la que viaja a Chamartín de forma consecutiva. Son demasiados partidos y eliminatorias como para no conocer el contexto del conjunto blanco, y quizás por eso ha evitado verse como favorito, al menos en público, en la eliminatoria. "No seré yo el que menosprecie al Real Madrid", dijo. "Ya lo veremos el próximo martes", insistió.

Sobre el cambio de técnico en la casa blanca, el catalán observa "cosas parecidas" entre los equipos de Xabi Alonso y Arbeloa. "Cada entrenador tiene lo suyo. Tienen bajas, pero el Madrid siempre es el Madrid, solo hay matices. Por muchas teorías, esto depende de los jugadores".

El entrenador del City repitió el mensaje de centrarse en ellos mismos y no en el Madrid. "Si no eres tú mismo, no consigues nada. Yo no me puedo agarrar a cómo está el Madrid, no le veo cada día. No sé la realidad. Me agarro a lo que somos nosotros en los últimos partidos. No me queda otra".

Por la mañana, Arbeloa había declarado que esperaba "alguna sorpresa" de Guardiola en la alineación del partido, algo que el catalán rechazó. "Muchas sorpresas (risas)... Es la primera vez contra Álvaro, no lo sé. Pero nos conocemos bien. Nos conoce, hay ajustes que debemos hacer por su calidad. Pero no habrá sorpresas", aseguró.

Cuestionado por su recomendación a Alonso en la última visita al Bernabéu, en la que le aconsejó "que mee con la suya", Guardiola rechazó lanzar algún consejo a Arbeloa. "Las recomendaciones se las hago a gente con la viví. Con Álvaro no he coincidido nunca. Sólo lo hago a la gente que coincidí y con él no lo he hecho nunca. A Xabi sí, porque coincidimos en Múnich y tenemos una buena relación, pero con Álvaro no la tengo", reflexionó.

Guardiola bromeó al ser preguntado por el viaje de Kylian Mbappé a París para buscar una segunda opinión sobre sus molestias en la rodilla, y dejó un mensaje más propio de la prensa rosa que la deportiva. "¿De verdad es tan importante lo que opine yo sobre el viaje de Mbappé? Además, según las informaciones no fue solo a París...", dijo, riéndose y refiriéndose a las fotografías del francés con la actriz española Ester Expósito. "En nuestro club también suceden esos viajes", añadió.