Salida desde Las Rozas y gran fiesta en Cibeles: así será la celebración de la selección española tras conseguir su cuarta Eurocopa

Salida desde Las Rozas y gran fiesta en Cibeles: así será la celebración de la selección española tras conseguir su cuarta Eurocopa

Actualizado Domingo, 14 julio 2024 - 23:27

Tras el brillante triunfo de este domingo de España en la final frente a Inglaterra, los jugadores de la selección española harán noche en Berlín y será este lunes cuando regresen a Madrid.

Está previsto que la selección llegue al Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas a las 14.10 horas en un vuelo chárter que llevará a todos los internacionales.

Ya por la tardetendrá lugar la celebración por las calles de Madrid. A falta de confirmación, la celebración pretende partir desde la Ciudad del Fútbol de las Rozas, la residencia de la Federación Española de Fútbol. Ahí arrancará un recorrido de los internacionales por distintos puntos de la capital de España para concluir en la Plaza de Cibeles.

Están previstas pantallas gigantes en tres puntos de la ciudad: calle Alcalá, Gran Vía y el Paseo de la Castellana para que la fiesta puedan seguirla todos los madrileños.

En principio, no está prevista ninguna visita institucional ni al Palacio de la Moncloa y recepción de la Casa Real. Eso sí, tanto el Rey Felipe VI -acompañado por la Infanta Sofía-, como el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, han acudido al palco del Estadio Olímpico de Berlín para acompañar a la selección.

Los Beatles cantan en español

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El impacto que produjeron los Beatles en la sociedad británica de los sixties, los años 60, anclada en muchos sectores en los principios victorianos, fue como un movimiento sísmico, similar al que, al otro lado del Atlántico, provocaban los golpes de cadera de Elvis Presley. La razón estaba no sólo en el talento y la creatividad del grupo de Liverpool, también en la irreverencia y rebeldía que tanto tienen que ver con el inconformismo de la juven

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Héroes eternos en una España memorable

Héroes eternos en una España memorable

Rompimos a Rodri de tanto hablar de él y toda España entró en pánico. Hay obras de arte que es mejor mantener en secreto para no estropearlas con los flashes. El mediocentro del City, como el alcalde de 'Amanece que no es poco', es necesario mientras el resto es contingente y el mundo parece haberlo descubierto, varios años tarde, durante este torneo, pero fue empezar a pedir el Balón de Oro y gafarlo. Así que cuando se retiró lesionado en el des

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10 millones de pintas no bastaron para paliar la "sequía" de Inglaterra

10 millones de pintas no bastaron para paliar la “sequía” de Inglaterra

El silencio resignado de 55 millones de hinchas se instaló en el pub The Torch con el cruce certero de Mikel Oyarzabal en el minuto 86. Los diez millones de pintas de cerveza, repartidas entre los 3,5 millones de espectadores que se congregaron en 35.000 pubs como este a la sombra de Wembley, no bastaron para acabar con la sequía de trofeos internacionales de Inglaterra que dura ya 58 años

Jim Mason, de 32 años, se mordía la camiseta con el número 10 de Bellingham temiendo lo peor, entre el mar de banderas con la cruz de San Jorge que ondeaban en The Tordjen: "España ha sido mejor desde el principio, pero nosotros íbamos a más, y pensábamos que Jude podía marcar en cualquier momento la diferencia. Y si no él, Palmer, Watkins o Toney, capaces de dar la sorpresa".

"Conviene recordar que medio país pedía la cabeza de Southgate después del empate a cero con Eslovenia", recordaba Mason. "Saltaba a la vista que Harry Kane no estaba en forma, y a Bellingham se la he visto cansado y no ha jugado a su nivel en los últimos partidos".


"Lo bueno era que esta vez no partíamos como favoritos", apuntaba por su parte Geena Payne, en el momento en que Palmer, el gran "tapado" de la noche, levantaba a los hinchas de sus asientos con el 1-1. "No hemos pecado de triunfalismo ni nos hemos dejado contagiar el espíritu de superioridad, como nos ocurrió con las "Leonas" inglesas cuando perdimos con la Roja en el mundial femenino".


Connor Evans, 71 años, fue testigo del último trofeo internacional conquistado por Inglaterra en 1966, en aquel legendario triunfo por 4-2 frente a Alemania Occidental en la final de la copa del mundo. Su hijo Aaron decidió darle una sorpresa y pagar 422 libras (500 euros) por una mesa familiar en el BoxPark de Wembley, junto al estadio donde vio jugar en su día a Bobby y Jack Charlton, a Bobby Moore y a Geoff Hurst.


El ruido atronador del inmenso local, con el coro socorrido del "Sweet Caroline", no echó para atrás a Connor, que reconocía estar "listo para la nueva batalla", al cabo de 58 años... "Teníamos entonces un equipo con grandes jugadores como ahora. Nos faltó hace tres años ante Italia ese impulso final que distingue a los campeones, pero estamos ya muy cerca".


La final de Eurocopa supuso 48 millones de libras extras (55 millones de euros) en los pubs y bares de la islas británicas, según estimaciones de Emma McClarkin, directora ejecutiva de la British Beer and Bar Association. En una medida prevista ya por el anterior Gobierno conservador, antes de la derrota electoral, los locales lograron permiso para extender el "toque de queda" de alcohol del domingo hasta la una de la madrugada del lunes.


El "premier" laborista Keir Starmer, gran aficionado al fútbol e hincha del Arsenal, acudió a Berlín con la esperanza de contagiar sus aires de reciente vencedor a la selección. Starmer escribió una carta personal de agradecimiento al entrenador Gareht Southgate "en el nombre de toda la nación" y transmitiéndolo su orgullo por llegar a la final: "Como hace tres años, y pase lo que pase, debes saber que has unido el país y que todos estamos contigo".


"Lo último que necesitas es un comentario de un político diciendo lo que debes o no debes hacer", agregó Starmer. "Has llegado hasta aquí por tu trabajo duro y porque te lo has ganado a pulso (...) Todos debéis estar orgullosos de lo que habéis logrado, y espero que sintáis la fuerza de los millones que estarán dando cada patada al balón por vosotros".


Keir Starmer fue comparado con Southgate por su propio biógrafo, Tom Baldwin, trazando una paralelismo entre la reciente contienda electoral y la finalísima de Berlín: "Como Southgate, Starmer se ha distinguido por la cautela. Como Southgate, ha redibido muchas críticas por no arriesgar más. Esa estrategia le dio un buen resultado político. Y lo cierto es que el fútbol y la política tienen mucho en común, pero también grandes diferencias".


El Príncipe Guillermo, que viajó a Alemania con su hijo George (mientras Kate Middleton reaparecía en Wimbledon junto a Charlotte) fue más escueto en su mensaje a Southgate: "We believe!" ("¡Creemos!"). Guillermo, hincha del Aston Villa, ensalzó la actuación y el gol de Ollie Watkins ante Holanda, en un intento subliminal de apostar por él en la alineación final.


El rey Carlos, que nunca se había distinguido como "futbolero", se apuntó a la fiebre posando recientemente junto al actor Idris Elba en un despliegue de camisetas blancas, y mandándole de paso a Southgate una consigna seguramente compartida por millones de británicos en la hora "H"...


"Si pudiera incitarle a asegurar la victoria antes de que necesitemos goles maravillosos en el último minuto o tengamos que enfrentarnos al drama de los penaltis. Estoy seguro de que el estrés de la nación, el ritmo cardíaco colectivo y la presión sanguínea se verían grandemente aliviados. ¡Buen suerte, Inglaterra!"


En Escocia, eliminada en la fase de grupos, la hinchada se puso del lado español por su histórica rivalidad en el fúbtol y rugby con los vecinos del sur. El diario independentista The National sacó en portada a Rodri, vestido con la roja, y dando una patada en el culo a un hincha inglés disfrazado de balón.


En un sarcástico editorial, la publicación escocesa daba públicamente su apoyo a España en estos términos: "Todos los veranos, llenan vuestras playas. Se beben vuestra cerveza. Alborotan vuestras plazas. Toman desayunos fritos en vez de probar vuestra maravillosa comida. Se jubilan en vuestros pueblos y exprimen vuestros servicios públicos. ¡Es el momento de la venganza!".


Las banderas y las camisetas rojas habían arropado horas antes a Carlos Alcaraz en su triunfo en la pista central de All England Club sobre Novak Djokovic. El doble campeón de Wimbledon, abucheado el viernes por el público por predecir que "el domingo será un gran día para España", no se amedrentó ante el micrófono y llegó a decir: "Yo ha he hecho mi trabajo, ahora les toca a los del fútbol".

La puntilla de la noche la puso Gary Lineker en la BBC: "¡Felicidades, España!" (en versión original).

El récord de Pantani triturado por Pogacar en Plateau de Beille y el lamento de Vingegaard: “Si mantiene este nivel…”

Actualizado Domingo, 14 julio 2024 - 22:44

Cuando Mark Cavendish, bien arropado por cinco de sus compañeros del Astana, cruzó la línea de meta de Plateau de Beille, a casi 1.800 metros de altitud, habían transcurrido 51 minutos y 35 segundos desde que lo hiciera Tadej Pogacar. El británico no fue el último. Poco después entraba Fernando Gaviria y a 52:37, al mismo límite del fuera de control que no superó Bran Welten, acudía, completamente quebrado, el último sprinter, Arnaud Démare.

Para saber más

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Eran los restos del naufragio de una jornada para el recuerdo, de una ascensión memorable. El esloveno, al que su compañero Adam Yates había avisado de que esa subida, "es la más dura que ha hecho en su vida" (más de 15 kilómetros a casi el 8% de desnivel medio, después de los cuatro puertos anteriores), destrozó todos los registros. Aprovechando la rueda de Jonas Vingegaard primero, en solitario después. Paró el crono en 39:58, tres minutos y medio más rápido de cómo subió Marco Pantani en 1998 (43:28). En 2007, Alberto Contador lo hizo en 44:08.

Como Pantani y como Eddy Merckx, ganador Tadej de etapa en el Giro con la maglia rosa (cinco veces) y en el Tour con el maillot amarillo (dos), algo nunca visto en el siglo XXI.

Sus queridos Pirineos, como las montañas verdes de su Eslovenia natal. Es la 14ª victoria de etapa de Pogacar en el Tour (alcanzó a Marcel Kittel) y más de la mitad de ellas han llegado en estas cimas. Desde aquella iniciática en Laruns en 2020, por delante de Roglic, a las dos del fin de semana en el que dejó el Tour prácticamente visto para sentencia. "He ganado muchas etapas en los Pirineos. De algún modo, adoro estas montañas... ¡y es recíproco!", expresaba el líder, que afronta la etapa de descanso con una renta de 3:09 sobre Vingegaard.

El danés no pudo ser más valiente. Fue con todo, arriesgando quizá demasiado con los Alpes en el horizonte aún. "Si mantiene este nivel, no tengo nada que hacer. Está muy difícil el Tour", confesaba en la cima, ya con la mascarilla, obligatoria para todo el pelotón, puesta. "Sufrí bastante en su primer ataque, pero después noté que era él quien lo pasaba mal. Intentó descolgarme una última vez y vi que no tenía piernas para ello, así que decidí arrancar yo pese al riesgo de reventar. Por suerte, me salió bien", admitió Pogacar.

La jornada tuvo noticias positivas y negativas para los españoles. Al fin se vio a Enric Mas, presente en la escapada del día junto a sus compañeros Oier Lazkano y Javier Romo. El balear aguantó con los cinco elegidos, pero fue engullido por Pogacar y Vingegaard en Plateau de Beille. "He podido disfrutar. Conocía bastante la etapa, al ser cerca de donde residimos, y lo he pasado como un niño pequeño. Ha sido 'un mundo nuevo' para mí. Esta no es ni mucho menos la mejor versión de Enric Mas, y las sensaciones no son muy buenas, pero vamos a seguir intentándolo", admitió.

También se comprobó a un gran Mikel Landa, que entró cuarto en meta, a 3:54 de Pogacar. Aventajó en casi un minuto a Joao Almeida y más a Adam Yates y un Carlos Rodríguez al que arrebató el quinto puesto en la general. El del Ineos sufrió "muchísimo". "Me he cebado y lo he pagado", admitió.

Carlos Alcaraz: un salvaje, un inconsciente, un genio

Actualizado Domingo, 14 julio 2024 - 20:26

Cuando tienes a Novak Djokovic al otro lado de la red, nunca te esperas un desenlace como el que aconteció este domingo en el All England Club. Estoy sorprendida por la madurez que demostró Carlos Alcaraz. Imaginaba un partido de cinco sets, con un punto de agonía. El español se ha presentado esta vez en Wimbledon no sólo como defensor del título sino como campeón de Roland Garros. Nole ya no muestra el aura invencible de otras temporadas y ha es

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Pogacar destroza el Tour en Plateau de Beille en una respuesta mortal al ataque de Vingegaard

Actualizado Domingo, 14 julio 2024 - 18:28

Fue la mirada atrás la sentencia, el golpe de gracia a un Tour que, salvo sorpresa mayúscula, quedó sentenciado en las rampas de Plateau de Beille, a una semana del final inédito en Niza y con los Alpes todavía por recorrer. Fue valiente Jonas Vingegaard porque no le quedaba más remedio y murió con las botas puestas, al ataque ante quien no admite comparación. Tadej Pogacar es, indudablemente, el más fuerte. Alzó los brazos por tercera vez y supo que la reconquista es un hecho. [Narración y clasificaciones]

Los rostros esconden el sufrimiento, aunque son tantas las batallas, que Tadej y Jonas desentrañan cada gesto del rival. No hay secretos ya para ellos. Incapaz de contener los arreones finales del esloveno, cada vez más lejos en la general, Vingegaard optó por cambiar de estrategia, por mostrar todas sus cartas. A riesgo de perderlo todo, como así fue después. Maduró la etapa con su equipo, asumiendo por primera vez la responsabilidad en los cuatro puertos precedentes al desenlace, de salida el Col de Peyresourde bajo el calor de los Pirineos que obligaba a los ciclistas a marchar ya en la meta de Loundeville con los característicos chalecos de hielo.

Y atacó salvajemente bien temprano el danés, a más de 10 kilómetros de la cima de Plateau de Beille, para propiciar el mano a mano, para comprobar si la alta montaña, los esfuerzos acumulados y el sopor eran su baza ante Pogacar. Para explorar todos los límites posibles. Pero no cedió su Némesis, que buscaba agua y alivio a su rueda, que afilaba su hacha mortal, que sabía que resistir era ya un triunfo pero quería más. No dudó el líder, también desde bien lejos, para protagonizar una auténtica desolación.

Miró atrás Vingegaard tras su postrero acelerón y ahí supo Tadej que era su momento. Restaban casi cinco kilómetros y medio y se lanzó el del UAE, imparable hasta la meta, voraz. Hundiendo psicológicamente a su contrario. La aventajó en 1:08, una distancia nunca antes vista y le deja a más de tres en la general. El resto fue una carnicería: Evenepoel a 2:51, Landa a 3:54, Almeida, Yates y Carlos Rodríguez todavía mucho más lejos.

Una etapa para el recuerdo. Porque es un duelo jamás visto antes en la historia del ciclismo. No hay precedentes de dos tipos con semejante amor propio, con tanta superioridad, con esa capacidad de encajar los golpes y prepararse para el siguiente asalto. Es un combate diario en el que todo influye. Las fuerzas propias, el coraje del equipo, el clima, la orografía y hasta el paso de los días.

Enric Mas, seguido de De Plus, durante la etapa en los Pirineos.

Enric Mas, seguido de De Plus, durante la etapa en los Pirineos.MARCO BERTORELLOAFP

Una jornada en la que apareción, al fin, Enric Mas, en un Tour que no le sonreía, que le vio fuera de la nobleza desde bien temprano, que alargo su mal fario con él. Ya sin opciones en esa general que hasta hace nada era su objetivo (siempre frustrado), eligió la etapa más dura hasta el momento para dar la cara, para colarse en la escapada del día y para ser parte del quinteto que aguantó hasta la ascensión final. En las faldas de Plateau de Beille (casi 16 kilómetros con una media del 7,9% de desnivel), llegó el balear junto a De Plus, Hindley, Carapaz y Jonannessen con una ventaja que superaba los dos minutos y medio.

Pero lo que venía por atrás era un huracán.

Alcaraz completa su obra maestra ante Djokovic y encadena su segundo Wimbledon

Alcaraz completa su obra maestra ante Djokovic y encadena su segundo Wimbledon

En el elegante infierno que puede llegar a ser la Central de Wimbledon, Carlos Alcaraz hace bailar a Novak Djokovic, se divierte, celebra con el público y genera uno de sus momentos Alcaraz, esas ocasiones en las que viéndole se te abre una sonrisa de oreja a oreja, se te alegra la mirada y vas soltando una risita de esas que provoca que tu pareja venga de la otra habitación para ver si estás bien. Lo suyo es la belleza, como ya lo era de Roger Federer, lo dejó escrito Foster Wallace, también la potencia de Rafa Nadal y la velocidad del propio Djokovic, pero sobre todo es el disfrute. Qué difícil es de ver y qué imparable resulta, el tenista que se divierte. [Narración y estadísticas (6-2, 6-2, 7-6 [4])]

Este domingo Alcaraz pasó un muy buen rato para ganar su cuarto Grand Slam, su segundo Wimbledon consecutivo, en lo que fue su obra maestra, el mejor partido de su vida, una fiesta de consagración de su tenis y de su propia persona. A los 21 años, genio de todos los golpes, ha madurado mientras mantenía su alegría y ahora que venga quien pueda pararle, sea quien sea, seguramente nadie.

Si el año pasado derrotó a Djokovic, que ya era derrotar, este año lo empequeñeció, que ya es empequeñecer. El tenista más laureado de la historia, con sus 24 Grand Slam y sus muchísimos récords más, fue un rival cualquiera en sus manos. Venció el español en sólo dos horas y 22 minutos, con el juego más completo que se le recuerda. Más concentrado que nunca, fue el Alcaraz más rápido sobre la hierba, el Alcaraz más sacador, el más atinado, el más luchador y, por supuesto, el más disfrutón. Si acaso, para alcanzar la perfección, le faltó gozar con varias dejadas, pero esta vez no tocaba.

Un saque letal, un resto letal

Lesionado de la rodilla derecha en Roland Garros, Djokovic mostraba cierta lentitud e incluso alguna molestia y el plan de Alcaraz no podía ser otro que el que fue: moverlo, moverlo y moverlo. Desde el primer juego, que duró una eternidad, con break del español en su quinto intento, Alcaraz embistió a Djokovic y éste cedió prácticamente en todo momento.

De entrada la efectividad en el saque del español le sorprendió. Después de repasar todos sus partidos en este Wimbledon y su bajo porcentaje de acierto, seguramente el serbio planeaba atacar sus segundos servicios y cimentar la victoria en su resto. Al fin y al cabo ya lo había conseguido otras veces, como en su último enfrentamiento, en las semifinales de las últimas ATP Finals. Pero Alcaraz apareció en la final vestido con su mejor saque. Más allá de la potencia, que la hubo -varios primeros por encima de los 200 km/h-, brilló en la colocación y apenas permitió opciones, de hecho Djokovic sólo gozó de tres bolas de break y convirtió únicamente una en el desenlace.

Djokovic, abatido durante un descanso de la final.

Djokovic, abatido durante un descanso de la final.AP

Pero la superioridad de Alcaraz no sólo se explica con un golpe. Ni mucho menos. Con sus puntos asegurados, adaptó un plan tan inesperado como agresivo al resto. Cuando Djokovic dudaba en su saque, el español se metía en la pista y le atacaba al paralelo y, si éste le aguantaba, los intercambios posteriores casi siempre caían de su lado.

Tres bolas de partido, al limbo

En varias ocasiones, Djokovic pegó un golpe que creía ganador, una volea, una dejada, un derechazo con un ángulo imposible, e igualmente apareció Alcaraz para superarle. Sólo en el tercer set, cuando ya estaba todo perdido -desde 1927 nadie remonta dos sets-, el serbio se lanzó a por todo y exigió más, pero ni por esas. El español, entonces sí nervioso, llegó a desperdiciar tres bolas de campeonato con 5-4 y 40-0, pero en el tie-break no perdonó. Hubo entonces una dejada a la carrera, casi su primera dejada exitosa, que fue sentencia.

Ahí, el ganador de 24 Grand Slam, que ya ha visto de todo en el tenis, que se ha enfrentado a los mejores de la historia en su mejor momento, no pudo más que resoplar. Menudo calvario. A sus 37 años no está lejos su adiós y será entonces cuando recapitule. Entre todas sus vivencias recordará la final de Wimbledon 2024, cuando presenció el ascenso del jugador que muestra la belleza de Federer, la potencia de Nadal, su propia velocidad, y que al mismo tiempo se divierte. Un día Djokovic hablará de los momentos Alcaraz y sólo podrá abrir una sonrisa de oreja a oreja, alegrar su mirada e ir soltando una risita de eas que provoca que tu pareja venga de la otra habitación para ver si estás bien.

Alcaraz, a los 21 años, en el camino de las leyendas: “Nos sorprende incluso a los que vivimos con él”

Actualizado Domingo, 14 julio 2024 - 17:39

El culmen de su carrera. Hace un mes Carlos Alcaraz holló la cima más alta y allí está viviendo desde entonces; nadie le puede bajar, él no se quiere bajar. Triunfar en Roland Garros y Wimbledon de forma consecutiva es un éxito tan superlativo que tiene nombre propio, el 'Channel Slam', y sólo cinco tenistas en su lista. Rod Laver, Bjorn Borg -tres veces seguidas-, Roger Federer, NovakDjokovic y Rafa Nadal -dos veces-. A los 21 años Alcaraz ya lo ha completado y sirve como confirmación: está en el camino de las leyendas, ya no hay dudas.

Con su primer Grand Slam, el US Open de 2022, tenía sentido el escepticismo: podía ser flor de un día, era sólo un niño, era lógico vacilar. El año pasado, con su segundo Grand Slam, el primer Wimbledon, se generó cierta desconfianza en su físico porque antes se perdió el Open de Australia y después las ATP Finals. Pero ahora ya es imposible negarlo. A su edad y con cuatro 'grandes' en sus vitrinas sólo cabe disfrutar. Es muy pronto para saber si alcanzará los 24 de Novak Djokovic, los 22 de Rafa Nadal o los 20 de Roger Federer, pero está claro que intentará hacerlo. De hecho, de momento, va por delante. A los 21 años y dos meses, Djokovic sólo sumaba un Open de Australia, Nadal acumulaba tres Roland Garros y Federer todavía no había estrenado su casillero.

"Es escandaloso"

"Lo que está consiguiendo Carlos es escandaloso. Más que el nivel físico, el nivel mental, ese saber aguantar la presión que todo el mundo le pone. En el equipo tenemos claro el nivel que tiene, pero mantenerlo tanto tiempo es tremendamente difícil. Incluso a nosotros, que estamos con él cada día, nos sorprende", comentaba su entrenador, Juan Carlos Ferrero, sobre un fenómeno que no para y no para de crecer, especialmente en los Grand Slam.

Alcaraz, con el título de Wimbledon 2021.

Alcaraz, con el título de Wimbledon 2021.Kirsty WigglesworthAP

Con la motivación que otorga la historia, Alcaraz ha demostrado que a cinco sets es muy difícil superar su juego y su físico y que, por eso, en los torneos 'grandes' no suele fallar. De los últimos ocho ha ganado cuatro y ha jugado dos semifinales y unos cuartos de final. En los Masters 1000, a tres sets, puede caer en despistes y perder. Aquí no. "Está haciendo un gran trabajo. Pero no podemos dar nada por hecho. Podemos ver el gran ejemplo de Marc Márquez, que venía ganando todo, tuvo una lesión y ahora lleva más de 1.000 sin ganar y está luchando por volver", advierte Ferrero y, de alguna manera, también alaba. Para que su pupilo no siga sumando grandes, en efecto, tiene que mediar una grave lesión.

Una generación por hacer

Porque de cualquier otra manera le quedan años de celebraciones. Su nivel de juego es excelso, su adaptación en los cambios de superficie ya está comprobado y no tiene, como tuvo el Big Three, demasiados rivales a su altura. En el último mes, mientras se elevaba su figura, se ha encogido el perfil de Jannik Sinner, pese a su número uno del ranking ATP, y han seguido sin aparecer el resto de aspirantes de su generación, ni Ben Shelton, ni Holger Rune, ni Felix Auger-Aliassime, ni Sebastian Korda.

En el circuito queda como obstáculo un Novak Djokovic de 37 años que poco a poco divisa su adiós y aquella Next Gen que nunca llegó a dominar, con Daniil Medvedev, Alexander Zverev, Stefanos Tsitsipas o Casper Ruud. Alcaraz puede caer contra ellos, como le pasó en cuartos de final del último Open de Australia, pero a la mayoría les ha pillado el truco, especialmente a Tsitsipas o Ruud, contra los que nunca ha perdido.

Ahora el reto será volver a la tierra batida sin hacerse daño para brillar en los Juegos Olímpicos de París tanto en solitario como en pareja junto a Rafa Nadal y luego llegar al último Grand Slam del año, el US Open, de una pieza. Pese a su ausencia en los Masters 1000 de Montecarlo y Roma, en esta media temporada ya ha sumado 39 partidos y aún le quedan la gira norteamericana y la gira asiática de cemento. Por primera vez puede superar los 80 encuentros en un año y ese ahora es su único riesgo. Todo lo demás a su alrededor se cimenta en la certeza: está en el camino de las leyendas, ya no hay dudas.

De Berlín a Berlín, la historia del beso que anunció la final de la Eurocopa contra Inglaterra

De Berlín a Berlín, la historia del beso que anunció la final de la Eurocopa contra Inglaterra

Dani Olmo tiene cara de alemán. Hubiera pasado perfectamente desapercibido el viernes por la tarde en el aeropuerto de Stuttgart, donde cientos de chavales y chavalas de su edad, con una lata (grande) de cerveza en la mano esperaban la salida de sus vuelos hacia Palma de Mallorca. Dani Olmo tiene cara de alemán, de guiri, del mismo modo que Nico Williams y Lamine Yamal, de esto ya hemos hablado, podrían estar en cualquier parque de España charlando con los colegas después del instituto. Dani Olmo tiene cara de alemán, del mismo modo que nueve futbolistas juegan en equipos vascos y presumen de ello, y de jugar con España, con mayor o menor entusiasmo, pero sin complejos.

Dani Olmo tiene cara de alemán, del mismo modo que Laporte o Le Normand tienen cara de franceses, pero son españoles adoptados. Dani Olmo tiene cara de alemán, del mismo modo que De la Fuente tiene cara de que le gustan los toros y rezar. Dani Olmo tiene cara de alemán, del mismo modo que Carvajal, Nacho y Joselu representan al club más competitivo del mundo, el más representativo de lo español. Dani Olmo, en fin, tiene cara de alemán, pero es español, del mismo modo que lo son, cada uno a su manera, los otros 25. Y de esta mezcla confusa ha surgido una familia con mayúsculas que esta noche, en Berlín, podría devolver a España al trono europeo 12 años después, convertirla, en solitario, en la selección que más Eurocopas tiene en toda la historia.

Para saber más

"Más allá de cualquier ideología que pueda tener cada uno, lo que hay en el País Vasco es una pasión por el fútbol. Me parece lo normal. Estamos nueve jugadores vascos en la selección". Dani Vivian, futbolista del Athletic nacido en Vitoria, respondía así a la pregunta de por qué los partidos de España tienen más de un 62% de cuota de pantalla en el País Vasco. Ocurre que lo del País Vasco no es una excepción. Las audiencias, brutales, de los partidos de España en esta Eurocopa, la instalación de cientos de pantallas en todo el país esta noche (también en San Sebastián, que pondrá una pegada a Anoeta, con Dj y todo) y el consumo masivo de información de la selección en redes sociales, especialmente en Instagram y Tik-Tok, hacen de este equipo un fenómeno tan potente como inesperado.

Inesperado porque, hace apenas un mes, cuando jugó su primer partido contra Croacia en el mismo escenario de la final de esta noche, un gesto pasó desapercibido. En el tercer gol, el centro fue de Lamine y el remate de Carvajal. El madridista, y madrileño, de 32 años, se fue con una sonrisa de oreja a oreja hacia el del Barça, catalán de origen marroquí, 16 años (la mitad) y en el abrazo, Dani le dio un beso al chaval. Era el primer síntoma visible de que Luis de la Fuente se había salido con la suya y había creado una familia entre las grandes y lujosas paredes del hotel Der Öschberghof, de donde el equipo no se movió hasta ayer mismo. Han seguido la misma rutina en el partido contra Albania, donde no había nada en juego, que en la preparación para el partido definitivo de hoy. La convivencia ha sido la mejor desde hace décadas, mejor incluso que las de los títulos de 2010 y 2012, a juzgar por los testimonios, fuera de los focos, de quienes estaban en aquellos tiempos.

Lamine bromea con Nico.

Lamine bromea con Nico.AFP

La selección, tan heterodoxa, tan mestiza, ha pasado por todos los estados en esta Eurocopa. Comenzó convenciendo, incluso con un punto de suerte, ante Croacia, y luego desarboló a Italia, a la que ganó, sin embargo, con un gol en propia puerta, se sobrepuso al gol de Georgia en octavos tras pasar su peor rato aquí, enfrió una prórroga que se preveía caliente ante la anfitriona, a la que le hizo un gol en el último suspiro, y en su casa, y después también se levantó del gol de Francia para después, simplemente, controlar el partido. "No tenemos que hacer nada diferente a lo que hemos hecho hasta ahora", recuerda Dani Olmo, el que tiene cara de alemán, pero que no lo es. Es uno de los tímidos de un grupo donde los capitanes dieron voz ayer a Navas a modo de homenaje, pues hoy será su último partido.

La selección, tan heterodoxa, tan mestiza, tiene delante a Inglaterra, un equipo, parecía, con más talento individual, o con jugadores más caros, quién sabe. Un equipo que ha ido salvándose de situaciones dificilísimas (empató, en octavos contra Eslovaquia, a falta de 30 segundos) y que afronta su segunda final consecutiva de Eurocopa. La primera la perdió, en su santuario de Wembley, ante Italia en 2021. Un equipo que ha jugado, atendiendo a su once tipo, muchos más minutos que el once tipo de España, la selección que mejor fútbol ha hecho, sí, pero que mejores piernas ha demostrado, también. Y eso, las piernas, en una cita como la de esta noche, van a ser fundamentales.

Toda la plantilla, tras el entrenamiento.

Toda la plantilla, tras el entrenamiento.PABLO GARCÍARFEF

Si atendemos a eso de la experiencia, España juega su quinta final (tres victorias y una derrota) e Inglaterra apenas su segunda (esa derrota en 2021). Nacho, Joselu y Carvajal por España, Bellingham por Inglaterra, aspiran a sumar Champions y Eurocopa el mismo año. Se han enfrentado los equipos 27 veces (10 para España, 13 para Inglaterra, 4 empates), y así un montón de estadísticas que esta noche importarán nada. Es una final de Eurocopa. Y España, esta España de todos los diferentes, busca coronarse y unirse al mito en que se convirtió, con razón, el periodo 2008-2012.