Garuba, el último drama del Real Madrid para su cuarta final en los últimos cinco años: “Nos pueden aplastar físicamente, pero responderemos”

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La sensación en el OAKA de Atenas, nada más terminar la semifinal que llevaba al Real Madrid a su cuarta final de Euroliga en los últimos cinco años, no era de euforia. Era algo más bien agridulce, de celebración apagada. El trabajo estaba hecho, casi la perfección ante este Valencia Basket contra el que los blancos atraparon 17 rebotes más pese a no contar con sus gigantes Tavares y Alex Len. Pero otro compañero había caído. Y, a la espera de las pruebas médicas, lo de Usman Garuba no pinta nada bien.

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Todos los focos se posaban sobre el de Azuqueca de Henares en los días previos. Su actuación durante los cuartos de final contra el Hapoel había sido descollante. El mejor momento de su carrera, la reafirmación de un tipo llamado a ser importante en Europa tras su probatura fallida en la NBA. "Le veo bien mentalmente", había avisado Sergio Scariolo, "esperanzado y curioso" con la que se le venía encima a su pupilo. Y, realmente, estaba cumpliendo Usman contra el Valencia, centrado en la defensa, en no cargarse de faltas.

Durante el parcial de 0-11con el que el Madrid de disparó en el segundo cuarto para ya no volver a mirar atrás, Usman había sido protagonista con una canasta y una gran asistencia para el triple de Okeke. Pero en esa arrancada en el comienzo del último cuarto cuarto todo se iba desmoronar. Un bloqueo en la cabecera de los miles que tira cada partido, un intento de penetración y se acabó.

Garuba, ayudado por sus compañeros tras su lesión.

Garuba, ayudado por sus compañeros tras su lesión.EFE

Garuba no podía ni apoyar su pie izquierdo. Todo apuntaba al Aquiles. Lo trató varias veces, incluso después de ser tratado en el banquillo. Pero no hubo forma. Se marchó descompuesto y ayudado al vestuario. Y el OAKA, aplaudido hasta por los fanáticos de Olympiacos, enmudeció. "Si no podía ni apoyar el pie...", se sinceraba después Abalde sobre la fatalidad. "Las pruebas nos dirán, pero está descartado al 100% para la final", avanzaba Scariolo en sala de prensa, todavía sin querer anticipar cábalas de lo que puede ser la final ante un rival tan físico sin ninguno de los pívots del equipo. Tocará inventar, Trey Lyles y Chuma Okeke al cinco, incluso minutos para Izan Almansa ahí. "Hay que creer", desafió Hezonja.

Ante la adversidad, coraje. El Madrid utilizó los infortunios como acicate ante el Valencia Basket y ese carácter competitivo deberá multiplicarse el domingo. Un rival poderosísimo y un OAKA repleto de sus aficionados. Olympiacos será el más difícil todavía. Más heroica que en Kaunas 2023. "Somos un equipo con jugadores de carácter, que ha conseguido compactarse y consolidarse. Todos asumen su rol. Hay mucho debate interno y disciplina y confianza en el trabajo que estamos haciendo entre todos. Yo confío mucho en la mentalidad y en la capacidad de entender el juego y de competir de mis jugadores. Y estoy contento porque confían en lo que les proponemos. Por supuesto que los dos golpes que hemos recibido han sido muy duros y seguidos. Ahora ha pasado lo de Usman y creo que responderemos. ¿Hasta dónde? Nos pueden aplastar físicamente, pero a nivel de carácter creo que estaremos ahí", razonó un Scariolo que afrontará la primera final de Euroliga de su carrera.

No hay infortunio que tumbe al Madrid: derrota al Valencia y buscará en Atenas su 12ª Euroliga

No hay infortunio que tumbe al Madrid: derrota al Valencia y buscará en Atenas su 12ª Euroliga

¿Cómo se mide el valor de la experiencia? De quién ya estuvo ahí, ante los ojos de Europa, tantas veces triunfando y otras muchas fracasando. Llegados al abismo de una Final Four, un escenario incomparable, el Real Madrid ni se inmutó, pese a todos sus dramas, incluida la lesión de Garuba, su único pívot sano, en el tercer acto. Se rebeló ante sus propias heridas y atropelló la bendita osadía del Valencia Basket, despertado de sueño. El domingo, rodeados de épica en Atenas, los de Scariolo buscarán su 12ª Euroliga ante el Olympiacos. [90-105: Narración y estadísticas]

El OAKA se quedó helado cuando, en una arrancada hacia la canasta, Usman Garuba se rompió como un jarrón al caer al suelo. Ni apoyar pudo su pierna izquierda, una lesión, aparentemente, en el Aquiles. Fue la nota dramática a una actuación inolvidable, la del Real Madrid. Enfocado, apoyándose en sus referentes, dejó al Valencia sin respuesta desde que le tomó ventaja bien temprano. Le birló el rebote pese a no contar con su juego interior, le anotó 105 puntos y le dominó. Aquí, a un palmo de la gloria, acaba la maravillosa aventura taronja, una Euroliga para no olvidar.

Una vez el balón al aire, el laberinto táctico resulta más sencillo de descifrar. No hay mucho más en este Madrid despojado de sus gigantes. Y quizá un oponente más volcado a la pintura sería un imposible, pero el Valencia te saca a bailar y sígueme si puedes. "Nuestra confianza viene de nuestra identidad", avisaba Pedro Martínez, porque también es una semifinal de entrenadores, de dos leyendas, cada uno a su manera.

Presumen de amistad y simpatía mutua Sergio Scariolo y Pedro Martínez, tipos de carácter que nunca regalaron, sin embargo, sonrisas gratis. Pozos de sabiduría baloncestística que, cumplidos ya los 60, se reencuentran en una cita anhelada. Hace 36 años, jovencísimos, con la precocidad de los elegidos, se las vieron en una final de la Korac, uno con el Joventut que cuatro años después, ya con Obradovic, conquistaría la Copa de Europa, y el otro con el Scavolini de Pésaro, que al año siguiente iba a caer en la Final Four con la mítica Jugoplastika.

Garuba, tras su lesión, en el OAKA.

Garuba, tras su lesión, en el OAKA.ANGELOS TZORTZINISAFP

Ahí, en los banquillos del volcánico OAKA (más apagado ahora sin el Olympiacos), están Sergio y Pedro, lidiando con los egos de tipos improbables. El talento barrial y desbocado de Jean Montero o la genialidad desbordante de Mario Hezonja contrastan con el rigor de sus técnicos. Domarlos para el bien común es quizá la parte más espinosa de su trabajo.

Iba a ser una noche de vaivenes en Atenas. El Madrid amaneció recio -apoyado en un Hezonja al que no pareció afectar fallar los dos primeros tiros libres-, como si llevara toda una vida en semejante escenario. Y así es, 11 presencias en las últimas 15 citas (y tres títulos). La novatada (6-13), le dura poco al Valencia, que toca a rebato con el movimiento de banquillo, con ese Braxton Key que es otro tapado mortal. Se juega a lo que quieren los taronjas. Pero el Madrid, apoyado en una zona, se dispara con un acierto abrumador.

Los blancos anotaron 11 de sus 16 primeros triples, con hasta seis ejecutores diferentes, especialmente hiriente Trey Lyles. Como si el aro fuera el mismísimo Partenon. 12 arriba en un momento, 62 puntos en 19 minutos. Y, sin embargo, el Valencia está ahí y Montero, que tardó en arrancar, también: con un canastón del dominicano se despide la primera parte. Lo celebró con rabia.

Resultaron 20 minutos divertidísimos (más en contraste con la anterior semifinal), 118 puntos entre los dos, el récord al descanso de una Final Four. Y el show no iba a decaer, pese a que al Madrid se le cerró, de momento, el grifo del perímetro (ocho fallos seguidos, algunos bastante liberados). La buena noticia para el Valencia era que seguía bien metido en la batalla (66-70) pese a su nula defensa y los 22 puntos de Hezonja a esas alturas, destrozando al poste a un rival mermado ahí (sin los lesionados Puerto y Aróstegui).

Pero tenía más problemas. Especialmente el del rebote, medicina de la propia, sin freno el Madrid en los ofensivos. Cuando entró Andrés Feliz y su colmillo, se puso las botas, pese a su tamaño. Y llegó otro tirón blanco, para la máxima (70-86), con los puntos del dominicano y de Maledon.

Hubo un momento de muchas dudas tras la lesión de Garuba. Pero fue como si el propio Valencia también se detuviera. No le dio ni para la heroica, ni para acercarse en la recta de meta. Deck, monumental, ausente por lesión de las dos últimas Final Four, atrapó toda la responsabilidad.

El Olympiacos tiñe de rojo el OAKA, derrota al campeón y regresa a la final de la Euroliga

El Olympiacos tiñe de rojo el OAKA, derrota al campeón y regresa a la final de la Euroliga

Qué más se puede pedir, alzar la Euroliga por cuarta vez en tu historia, hacerlo tiñendo de rojo el santuario verde del Panathinaikos. En eso anda el Olympiacos, ante una oportunidad única en el OAKA. Sin fisuras, dominante de principio a fin, los de Bartzokas derrotaron al Fenerbahçe (79-61), último campeón, y aguardan rival español el domingo.

Se puede hablar de Vezenkov, de Dorsey o de Peters. Se puede personalizar, pero los del Pireo son mucho más. Un colectivo que avanza de memoria, que convierte cada escenario en un campo de batalla, rigor táctico, talento cuando es necesario. Bartzokas ha ido construyendo una máquina tan aparentemente perfecta que extraña tanta desilusión reciente en las Final Four. Su impresionante temporada tendrá, de momento, el premio de otra final, tras dejar al Fenerbahçe sin argumentos: le dominó en todo momento.

Durante estos años, el Olympiacos se convirtió en el equipo a seguir, favorito siempre en cada quiniela, pétreo, reconocible... Mantiene su core (Vezenkov, Papanikolau, Walkup...) y añade lujos, desde hace un tiempo Dorsey y Fournier, este curso Tyson Ward, Tyrique Jones, Donta Hall o Cory Joseph. Todo a las órdenes de Bartzokas... Siempre ahí, primero también este curso abrumador de la temporada regular, el rival que nadie quiere afrontar. Y, sin embargo, la Final Four es como su tortura particular, sin conquistarla desde aquel doblete con Spanoulis y Printezis, hace ya nueve años. Las cuatro últimas, siempre presente, siempre con la miel en los labios, incluso con un tiro en el último segundo, como el de Llull en Kaunas 2023.

Vezenkov, ante la defensa turca.

Vezenkov, ante la defensa turca.Thanassis StavrakisAP Photo/Thanassis Stavrakis

Pero los del Pireo persiguen su ballena blanca con obsesión y esta vez el estrado era de los que no se olvidan. La casa del enemigo, a sólo unos kilómetros de su guarida porteña. El OAKA, conquistado por el rojo y el blanco en las tribunas, sin rastro del Panathinaikos más allá de las pancartas de los hermanos Giannakopoulos (padre y tío del polémico Dimitrios) colgadas del techo. En ese ambiente tremendo y con el campeón enfrente, los 'locales' salieron como una moto.

Es casi imposible ejecutar mejor un plan defensivo. El amanecer griego fue una oda a la perfección, a la agresividad, a la prontitud. Mantuvo al Fenerbahçe durante más de ocho minutos sin anotar, errando porque no encontraba resquicios para lanzar con comodidad, para desesperación de Jasikevicius. Ni faltas necesitaba 'gastar' el Olimpiacos, también para desesperación de Jasikevicius.

Aunque reaccionó, todo eran problemas para los turcos. 12 puntos en el primer cuarto y otros 12 en el segundo. Llegaron a caer por 16 tras un 10-0 de salida, con Peters metiendo canastas imposibles. Antes, había sido Dorsey el ejecutor. Apenas Biberovic encontró algo de facilidad: el Fenerbahçe había errado 19 de los 28 tiros intentados y, aun así, sólo caía por nueve, en un tanteo de otro tiempo.

A la vuelta, se repitió la pesadilla turca. 12-0 de salida, 10-0 en el segundo acto y 11-0 tras el paso por vestuarios. Los planes, estaba claro, le salían mejor a Bartzokas que a Jasikevicius. Y, pese a todo, intentaba rebelarse contra su destino el Fenerbahçe, 20 abajo en ese tramo; algo de acierto después para arrimarse (48-39), aunque el sopapo de vuelta, también desde el perímetro, con la aparición poderosa de Vezenkov, 14 puntos en el tercer cuarto del MVP de la competición.

Hubo otro amago de remontada (56-49), empeño de Horton Tucker, pero no hubo forma ante semejante ciclón. Los triples del atildado Alex Peters fueron la puntilla. Y el OAKA ardió en rojo.

Nervios en Atenas: los aficionados de la Final Four, sin sus entradas a pocas horas del comienzo

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La Final Four en Atenas luce medidas de seguridad como no se recordaba. En previsión de un evento con los dos equipos griegos en el OAKA (finalmente el Valencia eliminó al local Panathinaikos en cuartos de final), se redobló la presencia de agentes, 1.000 por toda la ciudad. Los aficionados empezaron a llegar ayer a la capital griega. Se estima que unos 10.000 serán de Olympiacos, 3.000 llegados desde Estambul para animar al campeón Fenerbahçe, 1.000 desde Valencia y, aproximadamente, 500 con el Real Madrid.

Todos, a unas horas de que arranque el evento (a las 18.00, hora local, es la primera semifinal entre Olympiacos y Fenebahçe), sin sus abonos en los bolsillos (o móviles) todavía. Un problema de gestión de Euroliga que ha desatado el nerviosismo entre las aficiones.

Según ha podido saber este periódico, la raíz del problema está precisamente en la estrictas medidas de seguridad. Todos los aficionados debían proporcionar sus datos personales, por orden de la Policía. De hecho, para entrar en el recinto del OAKA hay que acudir con "un documento de identidad o pasaporte original y Una entrada con el mismo nombre que el documento". "La falta de coincidencia entre la identificación y la entrada conllevará la denegación de la entrada", avisa la propia Euroliga. Muchos fans no dieron de forma correcta esos datos.

Mientras la organización se afana por solucionarlo, ya se barajan algunos escenarios alternativos, como que la primera semifinal retrase su horario.

Jean Montero, de las calles de Santo Domingo a dominar Europa: “Aunque lo defiendas muy bien, va a anotar”

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«Si no es el jugador más difícil de parar de Europa...». Avisa Alberto Abalde, seguramente el primero en afrontar, cara a cara por toda la pista, 'El Problema' esta noche en el OAKA de Atenas. Así le bautizaron a Jean Montero a los 16 años, cuando en un torneo de las Américas empezó a destrozar rivales con esa manera única de anotar que sigue exhibiendo, una mezcla de imaginación y electricidad. «40 puntos a Argentina, 30 a Estados Unidos... Era un problema literalmente para los rivales. Alguien lo escribió y se quedó para siempre», contaba en este periódico en una entrevista en la que repasaba una vida tan frenética como su baloncesto, desde las calles de Santo Domingo y «un aro con la rueda de una bicicleta» que inventó con su primo, fallecido después. Camino de los 23 años, el dominicano ha alcanzado el siguiente estatus, líder de un Valencia Basket que busca el más difícil todavía en su primera Final Four.

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Todos los focos sobre él. El mismo jueves, en la presentación del evento, en el estrado principal estaba Montero, junto a estrellas del calibre de Campazzo, Nando de Colo y Kostas Papanikolau (y los cuatro entrenadores, Sarunas Jasikevicius, Georgios Bartzokas, Sergio Scariolo y Pedro Martínez), mil batallas a sus espaldas. «El que aterriza aquí en Atenas tiene que estar 'ready'. Nosotros la confianza y la mentalidad que requiere una Final Four la tenemos», pronunciaba con su descaro habitual, dispuesto a ser el primer dominicano en ganar la competición (su compatriota y amigo Andrés Feliz lo busca en el Madrid).

A las órdenes de Pedro Martínez, Montero ha encontrado la calma y el liderazgo, pero sin perder una pizca de su genialidad. Estadísticamente su debut en Euroliga ha sido un boom: 14,4 puntos, 4,7 asistencias... Más arriba todavía en la serie de cuartos en la que los taronjas remontaron al Panathinaikos un 0-2: 18,6 puntos, 5,8 asistencias, un 42,3% en triples... En el quinto, los griegos, conscientes de que se quedaban sin Final Four en su propio pabellón, elevaron el listón sobre el ex de Gran Canaria, Betis y Andorra. Golpes, provocaciones... En ese abismo, su técnico descubrió el siguiente nivel de Jean: «Se ha encontrado con una defensa física y a pesar de eso, ha jugado con una gran concentración. Su primera parte me parece la mejor que ha disputado en Valencia. Ha confiado en sus compañeros. El día que menos puntos ha anotado, ha sido el día que mejor ha jugado».

Montero, junto a Pedro Martínez, en la rueda de prensa inaugural de la Final Four.

Montero, junto a Pedro Martínez, en la rueda de prensa inaugural de la Final Four.EFE

Por todo eso (MVP de los playoffs, integrante del quinteto ideal y nombrado Rising Star de la Euroliga), a Montero se lo rifan. El último rumor le sitúa en el Olympiacos, como antes le colocaron en Hapoel o Dubai. Él sigue manteniendo el sueño de jugar en la NBA y tiene contrato hasta 2028, con una oferta de renovación del Valencia sobre la mesa. «Es un auténtico jugadorazo, un poco en la línea del equipo, ha hecho una temporada espectacular. No le para una persona persiguiéndolo por el campo. Es un trabajo de equipo. Sin tener nuestros grandes, vamos a tener que hacer ajustes en los bloqueos. Y aunque lo defiendas muy bien, va a anotar», explicaba Abalde.

Los promedios de Montero contra los blancos esta temporada son un aviso. No disputó el duelo de la Supercopa (arrastraba una lesión desde el verano), pero sí los cinco siguientes, con un promedio de 16,8 puntos. Especialmente dañino fue en la semifinal copera en el Roig Arena con 26. Rey de los highlights, pocos le intimidan pese a sus 188 centímetros. Y sabe que no está sólo. Las armas que maneja Pedro Martínez son un abanico de posibilidades, siempre enmarcadas en un baloncesto frenético, de transiciones rápidas, rebote ofensivo y lanzamientos cuanto antes. Entre todas, significativo ha sido el paso adelante en las últimas semanas de Brancou Badio.

El “cambio radical” y exprés de Scariolo para afrontar, de repente, la Final Four sin su mejor jugador: “No hay plan B. Él era el plan B”

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Acabado el penúltimo entrenamiento del Real Madrid antes de partir a Atenas, Luis Guil detiene a Scariolo, se posiciona en la zona, abre los brazos defensivamente y le explica un detalle táctico. Los últimos días en Valdebebas han sido frenéticos. «Semanas bastante especiales, algo convulsas. Un cambio radical en todo y estamos todavía en ello, en entender cómo podemos ser competitivos de una manera diferente», explica el entrenador blanco lo que para Hezonja, siempre sin filtro, es «una putada». Porque, en un pestañeo, todo el bagaje de la temporada saltó por los aires: no sólo se lesionó Edy Tavares, el tipo que todo lo marca en la forma de jugar del equipo (y del rival), también su sustituto, Alex Len.

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No es la primera vez que el Madrid se planta en una Final Four huérfano de alguno de sus pilares. Y no siempre le fue mal. Sin ir más lejos, a la undécima en Kaunas, el equipo de Chus Mateo acudió sin el sancionado Yabusele (la pelea en cuartos contra el Partizan) y sin los lesionados Deck y Poirier. «¿Resignación? Eso está fuera de lugar, es justo lo contrario», se rebeló Scariolo cuando le insinuaron lo que no es. Porque el trabajo del staff no sólo va en la dirección de «disimular» (palabra utilizada por Campazzo) en la pizarra, con su famoso cilindro táctico, las ausencias de sus gigantes, también en que mentalmente el colectivo utilice el hándicap como gasolina. Experiencia en el plantel sobra. Sólo Llull ha disputado 11 Final Four: en su rival en semifinales este viernes (20.00 h., Movistar), todos debutan. Hasta su entrenador, el elogiado y veteranísimo Pedro Martínez, se estrena.

Será el sexto duelo contra el asombroso Valencia Basket y el primero sin Tavares. El Madrid perdió el inicial de la Supercopa y el primero de Euroliga, allá por noviembre. Sufrió muchísimo en la semifinal copera del Roig Arena, con aquellos 34 puntos encajados en el primer acto y el doble milagro de Hezonja al final. Después fue como si los blancos hubieran tomado la medida a los taronjas: triunfos en Europa y ACB.

Todas las miradas, claro, se centran en Usman Garuba. Y en su mano izquierda vendada. «Tengo que asumir un rol más protagonista, dar un paso más. Con más minutos tienes más confianza y eso quita presión», pronuncia el canterano, brillante como nunca en la serie de cuartos contra el Hapoel de Tel Aviv, ya sin Tavares. Posiblemente, ningún entrenador conoce mejor al de Azuqueca que Scariolo, con quien fue campeón de Europa en 2022, y olímpico en 2021 y 2024. Sabe sus virtudes y sus defectos. «Honestamente, hay pocos jugadores con la capacidad de competir de Usman cuando está en el modo de máxima concentración y energía. Mentalmente le veo bien. Con mucha atención. Ha crecido este año, en muchas áreas», elogió su técnico y explicó el panorama: «Era un elemento de ruptura desde el banquillo, que cambiaba partidos desde la energía. Ahora la responsabilidad es superior. No de hacer cosas diferentes, sino de hacer lo que él sabe durante más minutos. Y sabiendo que no hay plan B detrás. Él era el plan B. Esta vez es el A y sin red. Es un buen test, le espero. Esperanzado y curioso a la vez».

Garuba, durante el partido de Liga Endesa contra el Joventut.

Garuba, durante el partido de Liga Endesa contra el Joventut.EFE

El juego de Garuba poco tiene que ver con el de Tavares y Len, casi 20 centímetros más ambos. E Izan Almansa, que podría dar algún relevo puntual, apenas ha contado y parece demasiado verde para la cita (incluso para los playoffs ACB, para los que el Madrid se reforzó con Yurtseven). Sí hay plan B y se llama Trey Lyles, quien ya se desempeñó en su carrera NBA como cinco. Ofensivamente puede ser un plus, otra cosa es el aspecto defensivo. El rebote. «Tendremos que jugar más rápido, abrirnos más. Estamos muy focalizados en defensa y rebote. Nos tiene que obsesionar», explicaba Abalde.

Eso sí, excusas, esta vez, ninguna: «Si vivimos en el lamento de que no los tenemos, ya arrancamos mal», avisa Campazzo.

Fabien Causeur, el héroe inesperado de las Final Four: "Cuando entré al vestuario del Madrid por primera vez pensé: 'Son todos mejor que yo'"

Fabien Causeur, el héroe inesperado de las Final Four: “Cuando entré al vestuario del Madrid por primera vez pensé: ‘Son todos mejor que yo'”

"Un madrileño más", presume Fabien Causeur (Brest, Francia, 1987), vecino en la capital de Trey Thompkins y Anthony Randolph, jugadores de esos sin los que no se entendería la reciente época del Real Madrid. Secundarios o imprescindibles que ahora reviven el pasado "con una buena botella de vino". Recién retirado tras una temporada final en Milán, el francés reflexiona, antes de que los blancos busquen en Atenas su 12ª Copa de Europa, sobre lo vivido: pocos mejor que él entendieron lo que es una Final Four.

Pregunta. El héroe inesperado de la final de 2018 en Belgrado. La defensa sobre Sloukas, los 17 puntos...

Respuesta. Fue increíble. Es gracioso, luego me enteré de los planes de Pablo Laso: yo no iba a jugar. Él quería rotar con 10, Randolph y yo fuera. Pero en la semifinal contra el CSKA, las cosas no iban bien y a los 10 minutos cambió de opinión. Y como jugué bien, defendiendo a Higgins y a De Colo, fui titular en la final. Eso habla muy bien de la forma que leer los partidos de Pablo. Creo que la confianza que gané en esta Final Four cambió toda mi historia en el Madrid, fue un antes y un después.

P. ¿Qué recuerdos le vienen a la mente de esa final?

R. Sobre todo, era muy impresionante el ambiente en Belgrado, había 20.000 personas y sólo 300 o 400 del Madrid. Cuando meto mi primera canasta, ya se fueron todos los miedos. Me dio alas. Era el tapado, nadie hablaba de mí. Fallé esos tiros libres al final, pero sin más.

Causeur y Doncic, tras ganar la Final Four de Belgrado en 2018.

Causeur y Doncic, tras ganar la Final Four de Belgrado en 2018.EFE

P. En Vitoria, un año después, le haces 18 puntos en semifinales al CSKA, aunque perdéis.

R. Esta Final Four y la siguiente en Belgrado contra el Efes... son las que más frustración me han dado. Teníamos el partido muy controlado contra el CSKA. De Colo hace un último cuarto espectacular. Se perdió la oportunidad del back to back.

P. Belgrado 2022. Haces también una gran semifinal contra el Barça y Laso dice: "Fabien nunca es un secundario para mí". Luego perdéis contra el Efes.

R. No sé cómo explicarlo. Suena a tópico, pero mi confianza la gané entrenando. Me gustaba mi trabajo, llegar el primero y quedarme a tirar después, horas y horas. De mí decían: 'Solo va a izquierdas'. Y era verdad. Pero llegaba el día D y rendía. Me metía presión, pero de la buena.

P. Y el remate en Kaunas. La de Llull. Pero en esa final metes tres triples.

R. En la semi no juego nada. En la final entro en el segundo cuarto y meto una bandeja desde el tiro libre. Soy muy tozudo. Fue la final de Llull, claro, su canasta a lo Michael Jordan, lo que le faltaba a su carrera. Y el Chacho hizo un gran fin de semana. Yo acabé en lágrimas, porque esta temporada había sufrido un poco más, con menos minutos. Todos tenemos mucho ego y siempre pensamos que merecemos más.

P. ¿Cómo es tu vida ahora después de parar de golpe una carrera tan intensa?

R. El ritmo es mucho más tranquilo. Estoy sobre todo centrado en dedicar el tiempo perdido con mis hijos, con mi mujer. Yo dedicarme a ellos, más que ellos seguirme todo el tiempo. Y disfruto de poder hacer cosas que no he hecho antes. No había esquiado en mi vida, cosas así.

P. ¿Se echa de menos el baloncesto?

R. Pensaba que no estaba preparado para la retirada. Yo quería seguir jugando un año más, entrené durante el verano para eso. Pero no hubo ninguna oferta que me interesara y todo se paró de repente. Pero creo que estaba listo. Hace unos días tuve una conversación con Tony Parker y le pregunté, porque hay mucha gente que sufre con la retirada. Me dijo que los dos hemos ganado mucho y eso ayuda: '¿qué más te queda por hacer?'. De hecho, no he tocado la pelota desde que me retiré. Creo que en el fondo lo necesitaba, pero mi cerebro no me lo decía todavía.

P. Cuando sales de la cantera de Le Havre, ¿se te hubiera pasado por la cabeza una carrera así (sólo con el Madrid ganó 14 títulos)?

R. No, no, imposible. Cuando eres alguien como yo, sin hype, del que no se hablaba, no te lo imaginas. Lo que sí creo es que siempre, desde muy pequeño, era muy competitivo en todo. Quería ser el mejor, quería ganar, quería mejorar. Amaba el baloncesto más que mucha gente y esta mentalidad me ha ayudado mucho.

P. ¿Se sintió infravalorado?

R. Nunca me sentí una estrella.

Causeur, durante un partido de Euroliga con el Madrid.

Causeur, durante un partido de Euroliga con el Madrid.EFE

P. ¿Cómo ves la Final Four? No es la primera que llega el Madrid con lesiones y bajas.

R. Las dos Final Four que gané con el Madrid llegamos de una forma parecida. A Belgrado 2018, después de que Sergi (Llull) hubiera estado lesionados siete meses. Vuelve contra el Panathinaikos en cuartos. Campazzo tenía un edema en la rodilla. Y en Kaunas igual, jugamos sin Poirier, sin Yabusele y sin Deck. Y ganamos la Euroliga haciendo una zona 2-3 y Ndiaye parando a Mirotic, el mejor jugador de Europa. Por lo que he vivido, prefiero llegar no siendo favorito. Jugar la Final Four sin Tavares, que es el jugador más determinante de Europa, es duro. Pero el Madrid siempre da la cara y yo no apostaría contra ellos.

P. ¿Cómo era ese vestuario con Felipe, Llull, Rudy, el Chacho...?

R. Antes de llegar, los veía y les tenía la etiqueta de cazadores de títulos. Convivir con ellos fue fácil, me adapté muy rápido. Sentía que tenía su misma mentalidad. Competir con esta gente era algo muy divertido, especial. Y aunque jugara más o menos, siempre tuve mi momento. Sigo pensando que, si ellos siguen cerca del club, como directivos, se mantendrá la misma mentalidad. Los españoles de la selección... De hecho, cuando me preguntan por qué ha ganado más que la selección francesa, les digo: 'Vive conmigo un año en Madrid y lo entenderás'. Esta gente no deja una oportunidad marchar.

P. Te tocó aprender a defender.

R. Sí, totalmente. Antes jugaba para meter puntos, pero no tuve otra. Si quería jugar... Cuando entré en el vestuario del Madrid y vi a mis compañeros, me dije: "Joer, todos son mejores que yo. Tengo que hacer algo para jugar". Tenía que ser una navaja suiza, hacer un poco de todo. Meter puntos, defender. Cuando Jaycee Carroll se fue, quería ser como él. Que cuando entrara en el campo, pasara algo.

P. ¿El momento más difícil fue el de la polémica salida de Laso y la llegada de Chus Mateo?

R. Nos quitaron a una persona que llevaba una década en el club. Todos teníamos mucho cariño a Pablo. Pero somos jugadores y nos tenemos que centrar en nuestro trabajo. Chus no era un desconocido y siguió mucho la línea de Pablo, aunque metiendo lo suyo. Fue inteligente y el cambio de entrenador resultó fácil.

P. ¿Cómo te gustaría que se te recordara?

R. Buena persona, trabajador y ganador. He notado mucho el cariño de la gente cuando fui a ver el clásico en el Palacio. Flipé que me llamaran leyenda del Madrid. Porque nunca tuve esa etiqueta.

Un Wembanyama de otro planeta doblega con 41 puntos y 24 rebotes a los Thunder en el primer duelo de la final del Oeste de la NBA

Un Wembanyama de otro planeta doblega con 41 puntos y 24 rebotes a los Thunder en el primer duelo de la final del Oeste de la NBA

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Los San Antonio Spurs derrotaron este lunes a los Oklahoma City Thunder por 115-122 en el primer partido de las finales del Oeste, en un serio aviso del francés Victor Wembanyama (41 puntos y 24 rebotes) a los vigentes campeones de la NBA.

Fue el pistoletazo de salida de unas finales que apuntan a épicas tras lo visto en este primer partido, entre los dos mejores equipos de la liga, que dominaron la temporada regular con 64 y 62 victorias, respectivamente.

Wembanyama, mejor defensa del año, le ganó claramente la partida a Shai Gilgeous-Alexander, elegido como el jugador más valioso de la liga por segundo año consecutivo, un MVP anunciado anoche por la NBA y que el canadiense ofreció hoy al Paycom Center.

A los 41 puntos y 24 rebotes de 'Wemby', Gilgeous-Alexander solo pudo responder con 24 puntos y 12 asistencias.

Los Thunder estaban avisados. Los Spurs ya habían ganado dos veces esta temporada en Oklahoma City; de hecho, San Antonio les había derrotado en cuatro de sus cinco enfrentamientos, lo que llevó a Gilgeous-Alexander a reconocer que eran un mejor equipo.

La de este lunes fue la quinta victoria de los Spurs sobre los Thunder en seis partidos, un auténtico golpe de autoridad.

Los Thunder, sorprendidos

Pese a ese historial, los Thunder se vieron sorprendidos desde el inicio del partido, quizás acusando falta de ritmo o de competitividad durante un inicio muy cómodo de 'playoff'.

Oklahoma City llegaba tras una larga semana de descanso después de despachar a Los Ángeles Lakers por 4-0, el mismo resultado que obtuvieron frente a los Phoenix Suns en la primera ronda.

En cambio, los Spurs, casi sin descanso, necesitaron seis partidos para deshacerse de los Minnesota Timberwolves hace solo 72 horas.

Además, mientras los Thunder recuperaron a Jalen Williams, ausente de casi todo el 'playoff' por una lesión en los isquiotibiales, los Spurs perdieron a De'Aaron Fox por un esguince en el tobillo, dejando la dirección del equipo en los jóvenes Dylan Harper y Stephon Castle.

Harper terminó con 24 puntos, 11 rebotes y 7 robos, mientras que Castle aportó 17 puntos y 11 asistencias, aunque tuvo 11 pérdidas.

Para los Thunder, Williams contribuyó con 26 puntos en su retorno, aunque su mejor jugador fue Alex Caruso, que mantuvo a Oklahoma City en la pugna hasta forzar dos prórrogas. Caruso terminó con 31 puntos.

Los Spurs dominaron prácticamente todo el partido, aunque nunca con ventajas superiores a los 10 puntos.

Los Thunder, expertos en los finales apretados, aprovecharon ese corto margen para forzar un final de infarto, en el que llegaron a ponerse por delante a falta de menos de dos minutos con un triple de Caruso.

Pero los Spurs, inexpertos pero descarados, no se dejaron abrumar por el campeón ni por el ambiente ensordecedor del Paycom Center, y mantuvieron el pulso durante dos prórrogas épicas.

San Antonio tuvo la última posesión tanto del tiempo reglamentario como de la primera prórroga, pero un tapón de Chet Holmgren a Wembanyama y una mano de Alex Caruso retrasaron la victoria visitante.

En la segunda prórroga, Wembanyama con 9 puntos y Harper con 5 derrumbaron a los Thunder poniendo el 1-0 en el Oeste.

Valencia Basket da al Roig Arena su primer título conquistando la cuarta Liga Femenina

Actualizado

A Valencia Basket se le puede quedar corta la vitrina de trofeos en el Roig Arena. El primer título que llega en el pabellón es la cuarta Liga Femenina que conquistó este domingo el equipo de Rubén Burgos ante el Casademont Zaragoza en un duelo emocionante, que marcó un récord de público con 7.647 espectadores, y que se resolvió en el último suspiro, sobre la bocina, con una canasta de Yvonne Anderson que permitió resolver al final en dos partidos.

Las 'taronja' se proclamaron campeonas de Liga por cuarta temporada consecutiva, confirmando que son el equipo dominador de la competición y ante la mirada orgullosa de sus mecenas, Juan Roig y Hortensia Herrero.

No fue un partido fácil, porque lo dominaron las aragonesas de la mano de Mariona Ortiz. Querían forzar que la eliminatoria fuera a un tercer partido en Zaragoza, pero apareció la vieja guardia de Valencia Basket, encabezada por Leticia Romero y Queralt Casas, para rescatarle y forzar un final apretado en el que se sumaron Yvonne Anderson y Elena Buenavida. Se escapó Casademont hasta una diferencia de siete puntos en los dos primeros cuartos, aunque al descanso se apretó el marcador. Pero el regreso no fue bueno y las aragonesas volvieron a abrir hueco.

El Valencia pagó el esfuerzo por reengancharse y el Zaragoza aguantó como pudo por delante en el marcador para entrar por delante a un final a cara o cruz. Se sucedieron un intercambio de triples que puso al Valencia en ventaja en el último minuto. Reaccionaron de nuevo las visitantes, pero perdieron una bola que Yvonne Anderson aprovechó para que el título se quedara en Valencia.

Juan Roig y Hortensia Herrero, con el trofeo.

Juan Roig y Hortensia Herrero, con el trofeo.EFE

Despedida de Awa Fam

Fue un partido de emociones, por volver a ser campeonas, por la emocionante forma en que lo lograron y por era la despedida de la pívot Awa Fam, que se marcha a la WNBA con los Seattle Storm y la liga privada Project B.

"Estoy supercontenta, sigo sin creérmelo. "Tenía claro que no quería irme de aquí sin la liga", aseguró a EFE la jugadora alicantina de 19 años, que llegó al Valencia Basket hace siete desde Santa Pola. "Muchas gracias al club, me ha dado todo desde que tengo 12 años. Espero volver, ojalá hacerlo, Tengo claro que no es un adiós, es un hasta luego. Gracias de corazón, amo Valencia, es mi ciudad y volveremos", auguró.

El Real Madrid se refuerza con el gigante turco Yurtseven ante las lesiones de Tavares y Len

El Real Madrid se refuerza con el gigante turco Yurtseven ante las lesiones de Tavares y Len

En el momento más inoportuno de la temporada, a las puertas de la Final Four de la Euroliga (la próxima semana en Atenas) y de los playoffs de la Liga Endesa, el Real Madrid, toda la temporada esquivando lesiones serias en su plantilla, recibió el golpe de las bajas de sus dos pívots. Ni Edy Tavares ni Alex Len estarán en condiciones para este sprint final de curso y en los despachos el club ha reaccionado con celeridad. Este mismo sábado se ha hecho oficial la llegada de Omer Yurtseven.

Para saber más

El pívot turco, de 27 años y 213 centímetros, firma hasta final de temporada pero sólo podrá estar a las órdenes de Sergio Scariolo en Liga Endesa ya que el plazo de fichajes en Euroliga se cerró hace tiempo.

A Yurtseven, nacido en Tashkent (Uzbekistán), se le ha podido ver esta misma temporada con el Panathinaikos. Llegó en 2024 a Atenas y este curso disputó 19 partidos a las órdenes de Ataman (6,3 puntos y 3,5 rebotes), pero fue cortado y regresó a EEUU, su lugar de formación. Con los Warriors jugó nueve de los últimos partidos de la temporada. Tras no avanzar en los playoffs, el pívot ha firmado por un Real Madrid que apenas cuenta con Usman Garuba e Izan Almansa como cinco puros.

El nuevo jugador del Real Madrid, hasta el final de la temporada, siempre llamó la atención en las categorías de formación, brillando con Turquía, el país de sus padres. Se formó en la cantera del Fenerbahçe, pero en 2016 puso rumbo a la NCAA, primero NC State y luego Georgetown. Aunque no fue drafteado, disputó dos temporadas en los Heat de Miami y una, la 23/24, en Utah Jazz. En total, casi 140 partidos en la NBA.

"He podido hablar con Arda Güler y ya le he dicho que estoy muy contento de ser el segundo jugador turco del club", ha manifestado en la web oficial del club, poniéndose como objetivo "ganar la ACB": "Aunque sé que ahora tienen por delante la Final Four de la Euroliga, estoy deseando jugar las finales de la Liga".