El atletismo al aire libre se despereza y despierta de su hibernación. Sin Juegos Olímpicos ni Campeonato del Mundo. Con el Campeonato de Europa en el horizonte de agosto, la Diamond League se instala sin competencia en la altura máxima del atletismo 2026. Aplazado a causa de la guerra en Oriente Medio el mitin de Doha del 8 de mayo y trasladado al 19 de junio, alzó Shanghái el telón.
Y lo hizo con Armand Duplantis poniendo el listón en 6,32 en busca de batir su actual récord del mundo de salto con pértiga (6,31). Shanghái le trae buenos recuerdos. Allí batió, con 6,24, su octava plusmarca. No lo logró en esta ocasión la decimosexta porque, incluso para él, no todos los días son fiesta.
Por añadidura y por lógica, cada vez le resultará más difícil. Cuanto más alto sube, se va aproximando más a sus límites, sean los que sean. En los 5,80 se quedó sin compañía (no tenía rivales desde antes de empezar la prueba). Sobrepasó a la primera los 5,60; los 5,80; los 6,00 y los 6,12. Sólo cinco saltos para superar, como quien no quiere la cosa, una altura que sólo han alcanzado históricamente Emmanouil Karalis, Renaud Lavillenie y Sergei Bubka.
El momento cumbre de la reunión lo protagonizó la neerlandesa Jessica Schilder en el lanzamiento de peso. Sus 21,09 suponen el mejor registro de los últimos 14 años. Las imponentes e inaccesibles marcas de más de 22 metros siguen ancladas, estancadas, fosilizadas en los remotos y oscuros años 70 y 80. La esfera terrestre continúa girando. La del peso femenino permanece inmóvil.
El majestuoso estadio de Shanghái, con una gran asistencia, contempló otras marcas magníficas, como, en los 3.000 obstáculos, los 8:51.47 de la ugandesa Peruth Chemutai y los 8,43 del italiano Mattia Furlani en el salto de longitud. Y 11 mujeres bajaron de los cuatro minutos en unos 1.500 ganados por la etíope Birke Haylom en 3:55.56.
Quique Llopis (110 vallas) y Adrian Ben (800) formaron la representación española. Llopis salió lento (algo frecuente en él) y cometió algunos errores en el paso de los obstáculos (algo bastante raro). Terminó en séptima posición con 13.43, lejos del ganador, el estadounidense Jamal Britt (13.07). La temporada no ha hecho más que empezar y el propósito del valenciano de bajar de los 13 segundos no se resiente en absoluto.
Adrián Ben, también séptimo, causó muy buena impresión. Aunque se ha desplazado hasta los 1.500, ha comenzado 2026 por su antigua distancia. Fiel a su estilo, como Mohamed Attaoui, de salir en cola e ir remontando, concluyó en 1:44.45, no tan lejos del vencedor, el irlandés Mark English (1:43.85).
La Diamond League, la Liga de(l) Diamante reemprende la marcha, todavía en China, el día 23 en Xiamen. Más tarde, aún en mayo, Rabat (31). En junio, Roma (4), Estocolmo (7), Oslo (10), Doha (19) y París (26). En julio, Eugene (4), Mónaco (10) y Londres (18). En agosto, después del Campeonato de Europa (del 10 al 16), Lausana (21), Silesia (23) y Zúrich (27). Las finales tendrán lugar el 4 y el 5 de septiembre en Bruselas.
Las Matemáticas son el lenguaje del Universo y de la vida. El espacio, el tiempo y nuestra existencia, que transcurre entre dos fechas, la primera y la última, se miden, se pesan, se tasan y se expresan en números. También el deporte. Bajo el cielo o bajo techo, en recintos o escenarios con dimensiones y distancias fijadas, reglamentadas con números, distintos deportistas han sido recientemente noticia en razón de actuaciones de todo punto impactantes.
No cuenta, por haberse disputado a puerta cerrada, el combate entre Aurélien Tchouaméni, duro pegador, y Federico Valverde, bravo encajador, que tuvieron de teloneros a Antonio Rüdiger, gran fajador, y Álvaro Carreras, fino estilista. A falta de conciertos, la pelea, de haber sido programada en el Bernabéu, con capacidad para 81.000 espectadores, hubiera superado con creces las 64.500 almas que reunieron Tyson Fury y Arslanbek Makhmudov, en abril, en el campo del Tottenham. Números.
Antes de la gran velada en el Valdebebas Square Garden, Gout Gout, de 18 años, corría los 200 metros en 19.67, récord del mundo júnior. Nadie ha sido nunca más rápido a esa edad. Ni siquiera Usain Bolt. Números. Sabastian Sawe, de 31 años, y Yomif Kejelcha, de 28, terminaban el maratón de Londres en menos de dos horas: 1:59:30 y 1:59:41. Números. Gretchen Walsh, de 23, establecía un nuevo récord mundial en los 100 metros mariposa (54.33). Reúne las 12 mejores marcas de todos los tiempos. Números.
Un australiano de origen sudanés, un keniano, un etíope y una estadounidense. Tres hombres negros y una mujer blanca de diferentes zonas del planeta mostrando la diversidad racial y sexual dentro de la unidad de los seres humanos, vecinos y parientes en un solo y pequeño planeta. Volvieron a poner sobre la mesa las reflexiones, entre físicas y místicas, entre fisiológicas y filosóficas, acerca de nuestros límites como, después de todo, organismos pertenecientes al mundo animal.
Somos ejemplares con diversas y notables capacidades, algunas únicas, sobre la Tierra. Pero no infinitas. Sin embargo, nuestras hazañas se revelan provisionales cada vez que otra de mayor calibre que la anterior parece anunciar la siguiente. Cada deportista que la protagoniza nos representa a todos los miembros de la Humanidad. Son nuestros valedores ante la Historia. Al igual que los más destacados científicos, artistas o intelectuales, constituyen la vanguardia de la especie.
Otros números impresionan de diferente forma. Paul Seixas, el fenómeno francés, acudirá al Tour, una carrera con más etapas que años tiene la criatura: 19. En el Giro, ninguno de los miembros de la raquítica participación española, 10 corredores (nueve tras el abandono de Marc Soler), es tan joven, aunque Markel Beloki cuenta 20 años. Hay otros dos hombres aún en la veintena: Igor Arrieta (23) y Javi Romo (27). Los demás, con David de la Cruz como decano (36), han doblado el cabo de los 30, que en el deporte es el de las Tormentas. Y si Seixas debutará en el Tour con 19, Enric Mas lo ha hecho en el Giro con 31.
Yomif Kejelcha sonríe. Para muchos, lo suyo sería una tragedia: el pasado domingo 26 de abril, en Londres, rompió una de las barreras históricas del deporte, bajó de las dos horas en maratón, y, pese a ello, no ganó. En su debut en la distancia el etíope completó los 42,2 kilómetros en una hora, 59 minutos y 41 segundos, pero el keniano Sabastian Sawe lo hizo 11 segundos antes para arrebatarle la gloria.
Pese a ello, Kejelcha sonríe. Durante su conversación con EL MUNDO, sonríe todo el tiempo porque sabe que esto no ha acabado aquí. Más bien acaba de empezar. Ya era un referente del tartán, doble subcampeón del mundo de los 10.000 metros, pero ahora, a sus 28 años, tiene por delante una década de oportunidades sobre el asfalto. ¿Será récord mundial de maratón? Lo intentará, sin duda, muchas veces; quizá incluso este mismo año. Ya se le espera en otoño en los maratones de Berlín o Chicago. Su derrota, en realidad, fue una victoria.
Bajar de dos horas en maratón y no ganar la carrera. ¿Cómo se digiere eso?
Yo estoy muy feliz, de verdad. Para mí no hubo decepción alguna. No estoy frustrado, no estoy enfadado. Pude correr en 1:59 mi primer maratón y compartí un momento muy especial con Sabastian. Especial para mí, para nosotros, para el atletismo, para todo el mundo. Quiero ganar siempre, pero pude demostrar mi nivel. Estoy muy orgulloso de lo que hice y tengo muchas ganas de lo que viene.
¿Se ve batiendo el récord del mundo este mismo año?
Este mismo año no lo sé. Necesito tomarme un tiempo de descanso, recuperarme plenamente y decidir qué hacer junto a mi equipo. Pero creo que puedo mejorar mi marca y el récord. Me quedé a sólo 11 segundos, así que no estoy lejos. Quizá pueda incluso correr en 1:58. Lo más importante ahora es seguir construyendo, paso a paso.
¿Cree que hay un límite humano en el maratón?
Puede que lo haya, pero creo que no estamos cerca de él. Todavía estamos descubriendo de lo que somos capaces. Cuando los corredores nos motivamos mutuamente, como hicimos Sabastian y yo, no paramos de mejorar. Tenemos que seguir empujando y, en unos años, ya veremos qué habrá pasado.
¿Podría haber bajado de dos horas sin la competencia con Sawe?
No lo sé, pero habría sido muchísimo más difícil sin él. Correr juntos nos ayudó a mantener el ritmo y, sobre todo, a creer que era posible. Sabastian ha admitido que le ayudé.
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Y eso que el día antes de la carrera usted proclamó que bajar de dos horas era «imposible».
Mi entrenador ya me había dicho que estaba preparado. Pero, sinceramente, hasta los últimos metros yo no me lo podía creer. Miré el reloj, vi que estaba muy por debajo de las dos horas y ahí entendí que era posible. Hasta el kilómetro 41 me encontré muy bien, muy fresco, pero ahí, de repente, las piernas se frenaron, no respondían igual. Aun así, necesité cruzar la meta para entender lo que había conseguido.
¿Qué importancia tuvo la nutrición?
Fue esencial. El plan de nutrición y de los geles funcionaron muy bien. Intento seguir las pautas de mi equipo e introducir pocos cambios en mis rutinas de comidas. Eso es muy importante para un corredor, igual que el descanso.
Y las zapatillas. ¿Qué papel jugó la tecnología de sus mágicas Adidas Adizero Adios Pro Evo 3?
A este nivel, y en 42 kilómetros, las pequeñas diferencias importan mucho. Las zapatillas jugaron un papel importante porque son ligeras y eficientes. No sé si lo habría conseguido con otras, es difícil de decir. Pero lo que marca la diferencia, lo que marca el rendimiento, es la disciplina y el trabajo duro.
EFE
¿Cree que después de bajar de dos horas en maratón le cambiará la vida?
Cambiarán algunas cosas, sí. A partir de ahora Londres siempre será un maratón especial para mí, aunque corra otros 50. Pero por dentro sigo siendo el mismo. Sólo veo Londres como el comienzo de mi camino en el maratón. Puedo mejorar y lograr objetivos más grandes.
¿Por qué corre?
Un vecino me inspiró a hacerlo cuando era niño. Con el tiempo comprendí que tenía talento y, poco a poco, se convirtió en algo serio. Entendí que podía ser mi vida [dejó el colegio contra el criterio de su padre]. Después, cuando terminé mi etapa en la pista, pedí pasarme al asfalto a mi entrenador.
¿Quiénes eran sus ídolos de infancia?
Admiraba a muchos atletas etíopes que lograron grandes cosas. Ver su disciplina y su éxito me hizo creer que era posible, y eso me inspiró a seguir ese camino. Haile Gebrselassie siempre me ha ayudado mucho. Estoy seguro de que mucha gente en Etiopía estará muy orgullosa de mí ahora y creerá en mi capacidad para correr aún más rápido.
Gaborone, capital de Botsuana, a 1.100 metros de altitud, forma ya parte de los momentos gratificantes de nuestro atletismo. Del Campeonato Mundial de Relevos, los atletas españoles salen con una medalla de plata (4x400 femenino) y otra de bronce (4x100 femenino). Se produce el descenso de un peldaño en el podio con relación al Mundial del año pasado, en el que las chicas del relevo largo se hicieron con el oro; y las del corto, con la plata.
Pero, escalón arriba o escalón abajo, lo verdaderamente importante es la permanencia en el cajón, que expresa asiduidad en las alturas y confirma el gran trabajo que desde la Federación se lleva a cabo en su decidida apuesta por potenciar las disciplinas de equipo. Técnicos y atletas se entregan a una labor concienzuda de estudio y mejora. En especial en el aspecto técnico del cambio de testigo, clave, sobre todo en los 4x100. España goza, además, de una gran generación de mujeres veloces.
Paula Sevilla, Ana Prieto, Rocío Arroyo y Blanca Hervás estuvieron siempre en disposición de alcanzar lo máximo. Sevilla entregó en cabeza el testigo a Prieto. Ésta lo hizo en segundo lugar a Arroyo, quien devolvió la cabeza al equipo en su traspaso a Hervás. Blanca, magnífica como siempre, tuvo que inclinarse, sin embargo, ante su rival noruega. La plata tuvo un premio añadido: un gran récord de España. Los 3:21.25 barrían de un escobazo los 3:24.13 que Sevilla, Eva Santidrián, Daniela Fra y Hervás establecieron cuando, en 2025, lograron el oro en Guangzhou. El cuarteto retrocedió en el podio, pero avanzó en el cronómetro.
En los 4x100, Lucía Carrillo, Jaël Bestué, Esperança Cladera y Maribel Pérez sólo se inclinaron ante Jamaica (42.00), que contaba con Elaine Thompson, y Canadá (42.17). Esta vez (42.31) no hubo récord de España (42.11). Pero no anduvo lejos. Hay regularidad en los números y justificada ambición en mejorarlos.
Aparte de la aspiración a las medallas, la competición servía como trampolín y filtro clasificatorios para el Mundial absoluto de Pekín2027. Y más allá de esas medallas, España sacó billete al haber metido en la final, en los relevos mixtos, a los 4x100 (quintos) y los 4x400 (sextos). En la repesca, como segundos clasificados, se ganaron también el viaje los hombres de los 4x400, que, en las series del sábado, con Markel Fernández, Samuel García, Manuel Guijarro y Óscar Husillos, establecieron un nuevo récord nacional (3:00.26).
Hay que relativizar un tanto estos resultados, objetivamente importantes. Al Mundial de Relevos no acuden, salvo alguna excepción puntual, las grandes estrellas internacionales. Sin embargo, la distancia entre ellas y las nuestras, en el caso sobre todo de estas mujeres que acumulan metales, ya no es tan grande, se acorta. Sin complejos, pueden sostenerles la mirada sin bajarla. Antes ni siquiera podían elevar hacia ellas los ojos.
Lo reconozco. Yo también fui escéptico. Cuando estaba entre la élite me preguntaban si algún ser humano correría el maratón en menos de dos horas y yo respondía que no, que eso era imposible, que no lo verían mis ojos. Estaba equivocado. El pasado domingo me emocioné mucho. El maratón de Londres me pareció un espectáculo para recordar, un hito histórico y, además, una lucha por la victoria muy bonita. Los tres primeros, Sabastian Sawe, Yomif Kejelcha y Jacob Kiplimo, fueron muy valientes al correr tan rápido pese a estar jugándose el triunfo y nos regalaron unos minutos preciosos.
Cualquier aficionado al deporte e incluso cualquier persona puede apreciar la importancia de un récord así, de romper la barrera de las dos horas. Es la prueba que el ser humano avanza, que mejora, que cada se conoce mejor y que cada vez tiene mejores herramientas a su alcance. Indudablemente las nuevas zapatillas son un avance muy importante. Los atletas kenianos siempre han entrenado como lo hacíamos nosotros, como cosacos, hasta la extenuación, sumando muchos kilómetros, y con este calzado pueden hacerlo todavía más. Yo mismo lo he probado y sé lo que es. Antes después de una sesión intensa de entrenamientos tenías que descansar e ir al fisioterapeuta para que te arreglara, ahora muchas veces no necesitas ambas cosas. Pero creo que en el récord de Sawe hay muchos más factores en juego.
La alimentación es clave. Los kenianos, que suelen venir de familias pobres, ahora cuentan con nutricionistas y fisiológicos a su alcance, y en unos años compensan las carencias que pudieran tener en su infancia. Tienen dietas personalizadas donde les miden perfectamente cuántos hidratos comer, cuánta proteína y qué suplementos tomar. Por no hablar de los geles y los isotónicos que utilizan en carrera, cada vez más potentes y fáciles de digerir.
La especialización de los jóvenes
Nosotros sólo llevamos dietas muy básicas, con muchísimo hidratos y durante las competiciones no teníamos nada. Aún recuerdo que el día antes de los maratones comprabamos refrescos y les quitábamos el gas: ese era todo el azúcar que tomábamos. Luego bebíamos agua cada cinco kilómetros y en los últimos minutos, si eso, un plátano o una naranja. Imaginen las diferencias.
Todo es distinto y era difícil de prever hace dos décadas. Cuando Paul Tergat, Haile Gebreselassie, Kenenisa Bekele, Abel Antón o yo dimos el salto al maratón ya habíamos conseguido muchas cosas en la pista y éramos bastante mayores. Ahora hay adolescentes que se especializan en el maratón y empiezan a competir muy, muy jóvenes. Eso les da ventaja: más velocidad, más resistencia, más potencia.
Por todo ello creo que este mismo año se va a batir la plusmarca de Sawe y estoy seguro que tarde o temprano veremos éxitos parecidos en la pista. En esfuerzos cortos, como en los 100 metros o en el salto de longitud, el margen es más pequeño, pero esas mejoras en el material, en la nutrición o en la especialización va a acabar por dar portentos que batan los récords actuales. Visto lo visto ya no voy a caer en el mismo error. El ser humano no tiene límites y, si los tiene, no creo que vaya a verlos.
De Londres a Londres. Primero como «mejor marca mundial» y mucho más adelante ya como «récord», 118 años en el calendario y casi una hora en el cronómetro separan el primer récord mundial de maratón del último. La diferencia entre, en números masculino plural, los 2:55:18 de John Hayes y, en singular, el 1:59.30 de Sabastian Sawe. El estadounidense realizó la marca en los Juegos Olímpicos de 1908. El keniano, en la cita anual con las calles londinenses.
Ha cambiado mucho el mundo en todos estos años. Y el deporte con él. Y el maratón, con ambos. A causa de sus características, y en términos absolutos, ninguna prueba del atletismo ha experimentado tantas y tan rápidas transformaciones como el maratón. Los 100 metros, por ejemplo, son tan cortos que, desde la llamada era IAAF, de los 10.3 del estadounidense Donald Lippincott en 1912 a los actuales 9.58, en 2009, de Usain Bolt no hay tanta diferencia.
Al compás de los tiempos y sus adelantos de todo tipo, el maratón fue mejorando siempre en régimen de progresiva aceleración. Tardó 57 años en pasar de esos 2:55.18 a bajar de los 2:10:00 con el australiano Derek Clayton, que realizó 2:09:36 en 1967. En los Juegos de Roma, en 1960, el etíope Abebe Bikila (2:15:16) había sido el primer africano en ostentar el récord. Desde 1999, cerrando el siglo XX, no ha habido más que africanos en lo alto de las tablas, aunque Khalid Khannouchi, que batió el récord como marroquí en 1999, lo superara, abriendo el siglo XXI, como estadounidense en 2002. A partir de ese momento, sólo kenianos y etíopes. Y los kenianos, las siete últimas plusmarcas.
Desde que ellos, los africanos, tomaron el mando, las barreras cronométricas han caído cada vez más rápido. Y no sólo ellas: el cómputo general de marcas ha experimentado una mejoría relampagueante. Ahora, ganes o no ganes, rompas o no rompas récords, o bajas de 2:03 o no eres «nadie». Los 10 mejores registros de siempre, todos ellos por debajo de 2:02:00, se han conseguido en los últimos ocho años. Los seis mejores, en los últimos tres. Y los tres mejores, el mismo día: el domingo pasado en Londres.
¿Dopaje tecnológico?
Las razones de semejante velocidad residen, como es lógico, en todas las mejoras médicas, técnicas, materiales, nutricionales, etc., etc. Pero, sobre todo, en la aparición de las «zapatillas mágicas», versión pedestre de la alfombra voladora de Las mil y una noches. Una transformación, una revolución. ¿Dopaje tecnológico?
Todo el mundo, atletas, entrenadores y compañía, está de acuerdo en las ventajas que aportan. Pesan menos, están fabricadas con materiales (fibra de carbono, espuma superligera, caucho líquido) que favorecen la propulsión y proporcionan retorno de energía. Son reactivas, mejoran la economía de carrera en el consumo de oxígeno y el gasto calórico, aceleran la recuperación...
Naturalmente, cada atleta es distinto y distintas son las ventajas que las zapatillas les proporcionan, así como diferentes son los porcentajes que, en los registros, ocupan la calidad intrínseca del corredor y el componente «milagroso» de las zapatillas. Juan Carlos Higuero, uno de nuestros mejores mediofondistas históricos, definió, en entrevista de Ignacio Romo, el fenómeno: «Esto es como la Fórmula 1. Los atletas son los pilotos y las zapatillas son los coches».
Todos los «pilotos» las han aceptado como una especie de panacea. Fascina su idea misma. Existe una fiebre por calzarlas y experimentar con ellas. Se diría incluso que producen un efecto placebo, que producen adicción. Las grandes estrellas del maratón las reciben personalizadas, de acuerdo con el tamaño y forma del pie, de la manera de pisar... Son guantes, una segunda piel de la parte baja de las extremidades inferiores.
Las grandes marcas fabricantes, empezando por Adidas y su Adizero Adios Pro Evo 1 y Nike con su Alphafly 3 Prototype, ejemplares pioneros, se han entregado a una carrera tecnológica y publicitaria que ahora forma parte de las crónicas. Se ha resaltado que Sabastian Sawe ha batido el récord con las Adizero Adios Pro Evo 3, las primeras que pesan menos de 100 gramos, con espuma Lighstrike con perfil de 39 mm. que maximiza la amortiguación y con el sistema Energyrim con carbono integrado y unas cuantas cosas más.
Las "zapatillas prodigiosas" son una necesidad. Pero a veces parecen una moda.
Sobre el sofá, en el hall del Teatro Isabel la Católica de Granada, nueve títulos mundiales, tres medallas olímpicas, dos «privilegiados». Con EL MUNDO como testigo, María Pérez y Javier Gómez Noya, el deporte español en mayúsculas, dos leyendas encantadas con el encuentro mutuo -enmarcado en el Festival de cine, literatura y deporte Play Granada-, tan diferentes y con tanto en común, la marchadora y el triatleta, dos campeones del mundo abiertos en canal. El esfuerzo oculto tras la gloria, la tensión entre la disciplina y la motivación, el motor de la rivalidad y el vértigo entre atleta y persona. Una mirada dual de lo que implica sostener la excelencia. Sólo hay que dejarlos hablar e interrumpir lo menos posible.
Pregunta. De campeón a campeona del mundo. ¿Qué se siente en esas cumbres?
María Pérez. Empieza tú, que lo fuiste antes.
Javier Gómez Noya. Pues a veces fue casi alivio: 'Ha valido la pena, lo he logrado. Es una sensación muy bonita y a la vez, rápido, viene el '¿y ahora qué?'. Porque siempre tendemos a pensar en el futuro, en la siguiente carrera. Recuerdo que a veces, y me lo echo en cara mirando atrás, no he disfrutado de cada momento, de cada victoria. Porque siempre era la siguiente. A veces hay que parar un poquito más. Cuando quieres ser el mejor del mundo en algo, el equilibrio es complicado. La línea con la obsesión es delgada.
M. P. Estoy de acuerdo. El sistema, por las ayudas y demás, está enfocado a que no te de tiempo disfrutar, sólo a mirar a lo siguiente. En mi caso, yo esta segunda vez [doble campeona, 20 y 35 kilómetros marcha, el año pasado en Tokio], sí que lo estoy viviendo más. En 2023 no lo disfruté. Ahora he bajado el pistón de competir y he subido el de disfrutar de lo que se consigue y de la repercusión.
G. N. Disfrútalo. Porque cuando te retires dirás, 'ha sido la leche lo que he conseguido, tenía que haberme parado un poco más...'. No de entrenar, pero sí saborear un poco más.
M. P. Las medallas son efímeras, llegan, se meten en un cajón y se olvidan. Pasas página. Pero los momentos son eternos. No sé si a ti te pasa, que quieres recordar algo y tienes como flash.
G. N. Sí. Te vienen momentos de la carrera, sensaciones... Y a veces momentos que no son la competición. Esa preparación, una concentración, el ambiente que había con tus compañeros, cómo entrenabas... Siempre digo que los resultados te permiten ser profesional y es lo que te da de comer. El subidón de ser campeón del mundo es la leche. Pero a veces valoro mucho de mi carrera esa parte que no se ve, el día a día. Por eso ha sido tan larga. Porque esto es muy duro y como no te guste...
María Pérez y Gómez Noya, en el teatro Isabel la Católica de Granada.LUCIA RIVAS PAGAraba
Pregunta. Porque no todo es lo bonito que se ve en las redes sociales.
G. N. De malos momentos está lleno. Esto es una montaña rusa. Subirte a un podio es sólo la punta del iceberg de todo el trabajo que hay detrás. No hay que perder el Norte en los buenos momentos ni venirte muy abajo en los malos. Porque vives sensaciones fuertes que otra gente, en su vida normal, no las tiene. Y por eso muchas veces los deportistas cuando se retiran lo pasan mal cuando dejan la burbuja. Estás acostumbrado a una adrenalina y a unos subidones que luego te cuesta encontrar en la vida normal.
P. Te retiraste hace poco. ¿Qué consejo le darías a María en este tramo final?
G. N. Disfrutar, saborear bien y seguir trabajando. Todavía tienes mucho que ofrecer, aunque te hayas puesto esa meta de Los Ángeles. Es importante encontrar cuál es tu lugar en el mundo y qué es lo que te apetece hacer.
M. P. También estamos muy limitados en el mercado laboral por la edad. Si nos retiramos muy mayores... Aunque se ha demostrado que los deportistas saben trabajar mejor en equipo.
G. N. Te falta experiencia, pero puedes aportar cosas que muy poca gente puede. La capacidad de sacrificio, de organizarte, de cumplir con tus tareas. Pero entiendo que a muchos deportistas les de vértigo aterrizar en un mundo incierto. Cuando te retiras te das cuenta de que no era nada normal lo que hacías. Una vida extraordinaria. Y el equilibrio es difícil.
M. P. Es una realidad diferente y difícil. Pocos se pueden adaptar. Cuando te vas haciendo mayor y llevas mucho tiempo en el deporte de élite, ves cosas que dices 'esto no me gusta mantenerlo mucho tiempo'.
G. N. El deporte te absorbe demasiado. A mí me hacía incluso cuestionar un poco mi identidad, separar quién eres del personaje, del triatleta. Escuchas tanto a la gente que opina de ti, de cómo eres. Casi te hacen dudar. A veces te cuesta verte fuera.
María Pérez y Gómez Noya.LUCIA RIVAS PAGAraba
M. P. Yo he intentado separarlo desde el principio y cuando vuelvo a casa, no se habla de deporte. Es necesario. Cuando mis amigos sacan el tema de María Pérez les digo: 'Yo a esa persona no la conozco. Es muy pesada, está en todos lados'. Mis vecinos pequeños me llaman María Pérez y no, soy María. Porque el deporte no lo es todo. Tengo unas pretensiones en la vida, quiero ser madre. Y no me gustaría que mi hijo estuviese 180 días viajando. Tú fuiste padre hace poco...
G. N. Cuesta mucho. Mis últimos dos años ya tenía a Olivia y se hace mucho más difícil viajar, estar fuera de casa... Te sientes mal por llevar la vida egoísta de 'como-entreno-duermo'...
Pregunta. ¿Sentís que os habéis perdido muchas cosas?
G. N. Sí. Pero ganas otras. Experiencias por todo el mundo, gente que si no fuera por el deporte, jamás habría conocido. Es lo que tienes que valora, poner en una balanza. ¿Te pierdes una boda, salir por la noche...? No se puede tener todo.
M. P. Es el precio que se paga. Los que te apoyan estarán contigo.
P. ¿Cómo se vence a esos días en los que no apetece ir a entrenar?
G. N. La clave es la disciplina. En las redes sociales se ve mucha gente motivada. Pero cuando llevas 15 años entrenando tres veces al día, hombre, hay días que la motivación... pues no. Pero ese compromiso que adquieres contigo mismo para esforzarte en conseguir un objetivo y luchar por él... Asumes que va a haber muchos días malos, que te duele todo, que no te salen los tiempos y esos son los días que tienes que seguir adelante. La disciplina, la capacidad de sacrificio. Es imposible ir feliz a todos los entrenamientos.
M. P. Y el compromiso con tu entrenador. Hacemos deportes muy solitarios, damos muchas vueltas a la cabeza y manda mucho más que el cuerpo. A veces recurro a pensar en personas que están enfermas, que luchan por su día a día, por sobrevivir. Y pienso que yo soy una privilegiada.
Pregunta. ¿En algún momento tuvisteis que recurrir a un psicólogo?
G. N. Yo en mi caso no, pero me parece estupendo que se pida ayuda. Te puede ayudar a gestionar mejor tus emociones.
M. P. Yo tampoco. En 2018, cuando gané mi primera medalla, intenté con Patricia Ramírez. Pero me dijo que no me hacía falta. Creo que en esto sí que se ha dado un avance importante. Somos personas que estamos sometidas a mucha presión en días concretos y es difícil gestionarlo. Hay que dar gracias a lo que hizo Simon Biles en los Juegos de Tokio, a gente como Ricky Rubio... Vivíamos en una sociedad en la que ir al psicólogo era ir al loquero, estaba mal visto. Afortunadamente eso está cambiando.
P. Habladme de vuestros rivales. Los Bronwlee y en tu caso, María, Antonella Palmisano, que, contrariamente, es tu mejor amiga.
M. P. Nos hacen mejorar, como deportistas y como personas. Cuando apareció Antonella, ella había ganado miles de medallas internacionales y yo era esa niña que soñaba con ser como como ella. Cuando te veía competir con los hermanos Brownlee...
G. N. Ha habido momentos de tensión, pero esa rivalidad fue muy buena para mí. Dominaba mundialmente y de repente aparece Alistair , con un nivel... Y luego un hermano pequeño. Eso ayudó a mi deporte a crecer en España. Y ellos me han dicho que también en Inglaterra. Estuve con Alistair hace unos meses y me decía que todavía le preguntaban por el español ese... Eso atrajo público al triatlón. Y todos mejoramos. ¿Habría ganado más competiciones? A lo mejor sí, pero no lo cambiaría porque fueron momentos muy intensos que me hicieron dar lo mejor de mí mismo. He tenido otros rivales y, como en tu caso, amigos. Mario Mola en mis últimos años. Los dos estamos muy orgullosos de cómo lo llevamos, porque siempre nos querían enfrentar. Y con Mario es imposible llevarse mal. Recuerdo cuando gané el quinto mundial, que me la jugaba con él. Un periodista que estaba con nosotros se sorprendió porque el día antes radomos juntos media hora. Mañana, pues claro, cada uno a muerte.
M. P. Yo voy a preparar el Europeo con ella. Me hace la coña todos los días: 'No te puedes relajar porque si no viene alguien por atrás y te mete un peperoncino por el culo'. Tenemos ese cachondeo que es lo más bonito del deporte. Si eres el mejor y nadie te aprieta las tuercas... Si no hubiesen estado los hermanos no hubieses llegado a tu límite. La droga que nos engancha es adrenalina. Nos ponemos al límite y queremos más.
G. N. Hay carreras que no gané y de las que estoy muy orgulloso porque sé que hice lo mejor para lo que estaba capacitado. Y otras las gané cometiendo errores. En Londres, que creo que fue la carrera de unos Juegos Olímpicos con más nivel de siempre, quedé segundo, sin errores, Alistair fue ocho segundos más rápido. No haría nada diferente. En los últimos dos kilómetros, los dos a muerte y no pude. Ya está.
Pregunta. Si no fuera por el deporte, ¿dónde os imagináis que estaríais?
M. P. Mira, yo me voy a mojar. Creo que, como muchos españoles, tendría un trabajo en el que no sería feliz. A mí no me cuesta levantarme a las tres de la mañana cuando tengo que competir, cuando está todo el mundo de fiesta. Soy una privilegiada.
G. N. A mí me cuesta mucho imaginarme fuera del deporte porque he tenido esa pasión desde pequeño. Y si no hubiera tenido las condiciones o el talento, lo habría hecho como complemento de mi trabajo, el que fuera.
M. P. Pero creo que no hubiéramos sido tan felices.
G. N. No, creo que no. Todos los momentos malos y todo lo que te pueda decir un deportista, poder dedicarte a lo que te ha gustado...
M. P. Esos momentos malos que hemos hablado antes merecen la pena. El deporte nos ha hecho mejores personas, nos ha llevado al límite en todos los sentidos. No todo en la élite es bonito, pero es que merece la pena pagar todo ese peaje. No lo cambiaría.
María Pérez y Gómez Noya, durante la entrevista.LUCIA RIVAS PAGAraba
Pregunta. Cuándo viajáis por el mundo, ¿cómo se percibe al deporte español?
G. N. La sensación desde fuera es que el deporte español tiene mucho prestigio, sobre todo en los últimos años. A mí me hace sentir orgulloso ver que no somos la mayor potencia mundial, pero sí una potencia, respetados y reconocidos.
M. P. Pienso lo mismo. La manera en la que se trabaja en España, con muchos menos recursos que otros países, el nivel de medallas es muy alto. Hay más medallas que recursos. Lo que se invierte en Oceanía, Estados Unidos...
P. La última, ¿qué os preguntaríais el uno al otro?
G. N. Yo soy bastante friki del entrenamiento y me gustaría saber un poco tu forma de entrenar María.
M. P. Pues soy de las que menos kilómetros hago... Macrociclos, microciclos... Llego a 130 a la semana como máximo.
G. N. ¿Todas tus rivales entrenan bastantes más kilómetros que tú?
M. P. Sí, sí. Yo te preguntaría por tu transición a la retirada. Pero ya me has aclarado bastantes cosas.
El keniano Sabastian Sawe ha batido el récord del mundo en un maratón oficial al vencer este domingo en Londres, con un tiempo de una hora, 59 minutos y 30 segundos.
Sawe, que precedió en la línea de meta al etíope Yomif Kejelcha (1h59:41) y al ugancés Jacob Kiplimo (2h00:28), rebaja la marca que tenía su compatriota Kelvin Kiptum de 2:00.35 desde el 8 de octubre de 2023 en Chicago (Estados Unidos).
Entre carrera y carrera, a Blanca Hervás apenas le daba tiempo para acudir al hotel, intentar comer algo -«pero tenía el estómago cerrado»- y dormir. De viernes por la mañana a domingo por la tarde, una proeza en Torun, de donde regresa con un botín que todavía le cuesta asimilar: dos medallas mundiales bajo techo, su primera final individual, su marca personal (51.43) y cinco carreras de 400 metros en sus piernas, a cuál mejor. «Estoy muerta», confiesa a EL MUNDO camino al aeropuerto. Aunque sobre todo, la madrileña de Valdemarín vuelve como el reflejo del nuevo y pujante atletismo español.
El estallido de Blanca no es casualidad. Tiene que ver con una fulgurante evolución física pero también con una liberación mental. El regreso a los orígenes, al club «de toda la vida» en Majadahonda, donde ingresó con ocho años y se enganchó porque se lo pasaba bien. «Los viajes me diferenciaban de la gente del cole», recuerda de aquellos días joviales.
El siguiente paso fue el salto a EEUU, donde compaginó el atletismo con su carrera de Comunicación en la Universidad de Florida. Fueron años plenos en lo vital pero no tanto en lo deportivo. «Fue una experiencia única, la repetiría mil veces. Aunque deportivamente tuve mis momentos peores», explica sobre una entrenadora y un sistema que le llevaron «al límite». «Ella no entendía lo que estaba sufriendo mentalmente y de hecho lo empeoraba. Tuve muchos problemas de confianza y de seguridad. Estaba bien físicamente pero no lo trasladaba a la competición. Fue poner un pie en España, juntarme con mi entrenador de toda la vida [Julio Rifaterra] y devolverme la la pasión por el atletismo que dejé de tener».
«Aquello me curtió», sigue. El año pasado todavía compaginaba su trabajo de media jornada como Product Manager con el deporte. Pero en diciembre tuvo que elegir. Se había quedado a cinco décimas de la mínima Mundial. «A la vuelta de Tokio hice un poco en ese análisis y pensé: 'Jolín, y si hubiese estado un poquito más descansada...'. Y entonces lo replanteé y hablé con mi jefe, que en todo momento lo entendió», detalla. Era el momento de hacer la «apuesta 100% por el atletismo», porque a Blanca aún le costaba creerse «una profesional»: «Estoy viviendo el sueño de niña, pero yo me veía como una persona normal que tiene que trabajar. Se me sigue haciendo raro no hacerlo».
Técnicamente, Hervás es pura elegancia. Algo que le repiten constantemente: «La gente me llama elegante y yo flipo porque yo sólo corro, la verdad... Sí que creo que uno de mis puntos fuertes es el correr suelta. Me da confianza e igual inconscientemente lo he ido exagerando». Pero para el 400 la fuerza es indispensable. De ahí el cambio físico, horas de gimnasio. También son «los pies». «Así lo llama mi entrenador. Algo que trabajamos mucho. La reactividad, los tobillos. Siempre me lo dice, cree que es mi punto fuerte en esos últimos metros. Cuando el cuerpo dice basta, me salvan los pies», analiza.
Blanca Hervás, en Torun.RFEA
Aunque, si algo destaca ella misma de su salto es «la confianza». «La clave real del cambio es cómo me voy conociendo y cómo voy aprendiendo a correr 400, escuchando a mi cuerpo. Me he dado cuenta en este Mundial de que iba detrás de alguien, enganchada, y tenía una seguridad plena en que al final iba a tener fuerza para pasarla», se sorprende a sí misma de ese cambio final demoledor.
Después de lo deportivo, de los objetivos por venir (el Europeo de Birmingham, bajar de 51 segundos al aire libre...), la otra parte del éxito es el impacto mediático, que a los 23 años de Blanca le cuestan asimilar. Es imagen de New Balance, de Toyota... «Flipo. Y estoy muy agradecida por la repercusión, por todos los mensajes positivos. Con la gente que se emociona conmigo. Quiero exprimirlo, todo lo que me pueda beneficiar a nivel personal, que me impulse para lograr mis objetivos».
Hay que volver a Torun. A su gesta. Sólo en el primero de su repóquer de 400, el viernes, estuvo por encima de 52 segundos, una marca que hace no tanto ni se imaginaba rebajar. Superó sin problemas esa serie inicial, tomó el rebufo de Lieke Klaver en semifinales para lograr el primer hito, estar entre las ocho mejores del mundo. Eso sería el sábado, pero antes, por la mañana, tenía plaza en la final del novedoso relevo mixto. Cualquiera, egoísta, hubiera optado por descansar. «Lo que hemos en los relevos es increíble. Estoy agradecida a mi cuerpo, porque me ha permitido pasar todas las carreras. Tenía que ir con mil ojos, porque en cualquier momento me podía romper», explica de un cansancio que se empezó a acumular seriamente.
Blanca Hervás, durante el Mundial de Torun.RFEA
Su actuación en el mixto fue apoteósica. La última posta, como hace menos de un año en el Campeonato del Mundo de Guangzhou. Otra remontada, aquella de oro, esta de plata. Un poco de festejos y a la final individual, por la tarde, en la que acabó sexta pero corrió el mejor 400 de su aún incipiente trayectoria. El domingo quedaba la traca final, aunque descansó en la clasificación del relevo femenino. En el desenlace, otra vez adelantando por el bronce casi en la misma línea de meta (se quedó a pocas centésimas de la plata). «Después de esa última carrera, me emocioné muchísimo, rompí a llorar mirando atrás y viendo el fin de semana».
A Mariano García le define tanto su espontaneidad como su forma de correr. No hay filtro, ni en las palabras ni en las zancadas. «¡Y ahora, me voy a ver MotoGP!», proclama, eufórico, en las entrañas del Kujawsko-Pomorska Arena, en la Torun de Copernico donde, apenas unos minutos antes, ha volado para hacer historia: nadie jamás ganó oro bajo techo en dos distancias. El precioso legado del 1.500 español en manos ahora de un murciano de Fuente Álamo que ya fue campeón del mundo de 800 metros hace cuatro años en Belgrado.
Para qué mentir. «Quien tenga ganas, que me siga. Me he visto muy superior. Iba muy fácil fuerte», le suelta a su entrenador Gabi Lorente un atleta alejado de los Centros de Alto Rendimiento y hasta de las innovaciones tecnológicas, aunque desde hace tiempo recurre a una cámara de hipoxia en Los Alcázares. Que no sale de su pueblo, Cuevas de Rehíllo y de esa pista que algunos días se transforma en mercadillo, -«los entrenamientos en solitario se notan»- y que es puro talento.
Lo mostró en una final pletórica, el anticipo de un domingo que el atletismo español recordará por mucho tiempo con los bronces después de Moha Attaoui y del relevo 4x400 femenino, las Golden Bubbles. Tan decidido Mariano como avisaba, como se desplegó en las series eliminatorias: «Si a falta de dos vueltas estoy delante, sé que la medalla no se me escapa». Apenas se alejó de la cabeza en la primera vuelta, como dejando hacer, hasta que dio gas a su moto, gesto marca de la casa que no faltó en la presentación de Torun. Adelantó a todos como quien repasa una fila de sospechosos y no dejó de tirar hasta la recta de meta. Ni el campeón del mundo al aire libre, el favorito, el portugués Isaac Nader, ni el australiano Adam Spencer (bronce), ni nadie pudo ni siquiera inquietarle. «A mí me gusta dar espectáculo. Me podía haber quedado hasta sin el bronce. He pegado un ataque tan largo... Es que me veía con mucha fuerza», se sinceraba después de la exhibición, de esa aceleración progresiva que fue una tortura para el resto (Carlos Sáez, el otro español, acabó octavo en su primer Mundial), con los últimos 500 metros en un minuto y seis segundos, para acabar en 3:39.63 (lejos, eso sí, de su mejor marca, lograda a principios de año en Karlsruhe, 3:35.53).
Campeón del mundo en pista cubierta y de Europa al aire libre en los 800 metros, después de lo visto se abren todas las posibilidades para un tipo en plenitud. Ni él mismo sabe por qué apostará en verano, en ese Campeonato continental de Birmingham donde ya sí estarán alguno de los ausentes del 1.500, como el ahora lesionado (apenas acaba de empezar a correr) Jakob Ingebrigtsen.
"Quería más"
Contrastaba su felicidad con la contenida de Moha Attaoui, quien apenas unos minutos después cazó un bronce, su primero mundial, que resultó una alegría a medias. «Quería más, pero me faltaron fuerzas al final», se resignaba quien tenía el oro como objetivo pero no le salió la apuesta. La de siempre, la de aguantar atrás por orden de su entrenador -«No sé correr bien en cabeza»-, sin gastar balas en esas salidas de locos, y aguardar a su cambio de videojuego en los 200 últimos metros. Esta vez, algo encerrado, no fue suficiente ante el poderío de un chico de 17 años, Cooper Lutkenhaus (el campeón indoor más joven de la historia) que apunta a fenómeno ni ante la fiabilidad del belga Crestan.
Las seis protagonistas del relevo español, con la medalla de bronce.Petr David JosekAP
Bronces que saben diferentes. Porque había más en Torun. Quedaban ellas, el relevo 4x400 para rematar. Para una remontada sensacional. Paula Sevilla en la primera posta, sin perder del todo el ritmo de las tres primeras: «Salía con dos grandes referentes y estaba un poco cagada, la verdad». Para «ir pescando poco a poco a los equipos». Ana Prieto después, acercándose a ellas, «que no se me fuera mucho el grupo» que entonces conformaban Estados Unidos (oro), Países Bajos (plata) y Polonia. Rocío Arroyo en la tercera, confirmando las opciones. Y la estupenda Blanca Hervás para cazar un bronce que no fue plata por cuatro centésimas. Era su quinto 400 del fin de semana, dos medallas, una final mundial individual (su primera, para acabar sexta) y una marca personal para la madrileña.
Ninguna de las cuatro se olvidó de las dos ausentes (Carmen Avilés y Daniela Fra), que hicieron parte del trabajo en las series de por la mañana. Ni de los técnicos del Plan Nacional de Relevos, el secreto de una progresión que asusta.
«El relevo es el claro ejemplo del equipo», reivindicaba Hervás, la gran protagonista española de Torun. Es la primera vez en la historia del atletismo español con dos medallas en relevos en una gran competición internacional absoluta. Es la segunda mejor actuación de siempre tras las seis medallas de Birmingham 2003. Sólo cinco países quedaron por delante de la selección en el medallero.