Los interrogantes que se le abren al Atlético tras otro año en blanco: fichajes, ampliación de capital y el futuro de la plantilla

Los interrogantes que se le abren al Atlético tras otro año en blanco: fichajes, ampliación de capital y el futuro de la plantilla

Salía Diego Simeone de las tripas del Emirates hasta la compañía de Carla Pereyra. Lo hacía, aún, con césped en los zapatos y después de repetir tanto a las televisiones con derechos como en rueda de prensa a la pregunta sobre si tiene fuerzas para continuar: «Ahora, no». No se había cumplido una hora después de que Daniel Siebert pitara el final del duelo en Londres y mandara al Arsenal a Budapest, y cerrara la temporada del Atlético. Tres semanas antes, los rojiblancos aspiraban a un doblete, el martes por la noche, la Real Sociedad les había ganado la Copa del Rey en La Cartuja y el equipo inglés pelearía la Champions que ellos soñaban. La Liga, por otro lado, perdida antes de navidad. Una pregunta flotaba en el ambiente: ¿Y ahora qué?

No es la primera vez que el Cholo termina vacío una temporada. Preocupante fue su sensación tras la segunda final de Champions perdida en Milan en 2016, que provocó la visita a Argentina de Miguel Ángel Gil para retener a su técnico, hastiado. En esta ocasión, sus palabras reflejaban más una emoción que la continuidad del entrenador más laureado de la historia del club con ocho títulos. Lo había dado todo y su entorno tiene claro que el futuro de Simeone, con contrato hasta 2027, seguirá ligado al Atlético de Madrid. Pero el argentino lanzó otro mensaje en rueda de prensa: «Somos los primeros que queremos ganar, pero no nos alcanza».

Mientras el entrenador apuntaba a la planificación deportiva, Carlos Bucero, director de Fútbol, abandonaba el primero el Emirates con cara seria. Mateu Alemany, director deportivo de la primera plantilla, lo hacía de los últimos, mientras que Óscar Mayo, director general, deambulaba por los bajos del estadio londinense llamando por teléfono. Está en las manos de estas tres personas mantener el crecimiento que ha llevado al club a mejorar su presupuesto hasta convertirse en clase alta europea, pero aún falta un paso más para la élite.

La llegada de Apollo, ratificada el pasado 12 marzo en una Junta General de Accionistas, se supone que era ese empujón para lograrlo. Y la primera acción, en forma de una ampliación de capital de 100 millones de euros, debía ir en la línea de mejorar no sólo las infraestructuras del club, representadas en la Ciudad del Deporte, también se centraría en reducir el gap que hay entre el Atlético y otros grandes europeos como el Arsenal. «El trabajo de Arteta es muy bueno y tiene un poderío económico que lo puede acompañar», expresó Simeone para resaltar las inversiones del club británico, más de 1.000 millones de euros desde la llegada del técnico vasco en 2019.

En esta vuelta de Champions, se pudo ver a David Villa, nuevo consejero rojiblanco desde la llegada de Apollo, charlando con los coordinadores deportivos. Todos han podido ver como los fichajes recientes, siendo buenos, no tuvieron la capacidad de cambiar el encuentro en la segunda mitad. A la hora de partido, cuando Julián, que tampoco ha tenido su mejor temporada, dijo basta, el banquillo rojiblanco no tenía el poderío del rival y el Atlético no tuvo apenas capacidad para realizar la proeza en el Emirates, actuaciones arbitrales aparte.

Para el año próximo, hay una baja segura y no es cualquiera. Griezmann, leyenda y máximo goleador histórico del club con 212 tantos, abandonará el Atlético en junio. El francés, intrascendente al principio de temporada, se convertía en un imprescindible y en el mejor constructor del ataque del argentino en esta segunda fase. Se supone que su sustituto es Julián Álvarez, actual estrella y con galones y calidad para desempeñar esa labor. La entidad, probablemente antes del Mundial, intentará acallar los cantos de sirena que le vienen de muchos clubes europeos con una renovación basada en una sustancial mejora en el contrato.

Emblemas en duda

Y luego está la posibilidad de que otros dos emblemas puedan dar por concluida su etapa como rojiblancos. Hablamos del capitán, Koke, jugador con más partidos en la historia del club, con 736, quien en zona mixta, pese a tener aún un año más firmado, dijo: «Ahora no es tiempo de hablar de mi futuro». El otro es el portero con más trofeos Zamora de la historia. Del futuro de Oblak y su posible salida a Arabia ya se habló mucho durante la lesión en el costado que le mantuvo apartado mes y medio con Juan Musso realizando actuaciones que llegaron a discutir su titularidad. «Hay jugadores nuevos, jóvenes, que lo han hecho muy bien y que estan creciendo, y que han dado todo lo que tienen y lo que pueden», declaró el guardameta.

El futuro del Atlético de Madrid no debería estar en las botas de Vargas o Mendoza. El músculo económico de Apollo y la regularidad que ha proporcionado Simeone, con 13 clasificaciones consecutivas para la Champions, uno de los seis equipos que lo ha logrado, debería ayudar al club a subir un peldaño en el escalafón europeo. De momento, estas semifinales de Champions ya le han brindado, cuando se sumen los derechos, más de 105 millones de euros.

Almeida señala a la UEFA

La expedición del Atlético se fue del Emirates con la sensación de haber sido perjudicada gravemente por el colegiado del encuentro Daniel Siebert. Pese a que nadie quiso relacionar la eliminación con la actuación, hubo críticas veladas respecto a las jugadas grises y el mando del encuentro del árbitro alemán. Sólo Giuliano se quejó de manera directa tanto ante las cámaras como posteriormente en redes sociales por dos posibles penaltis que le afectaron directamente y que no fueron señalados.

No obstante, la mayor indignación vino de la pena máxima no señalada a Griezmann por una presunta falta de Pubill a Gabriel que el trencilla fue el único que apreció y el VARno entró a corregir. Simeone, Koke y Oblak rechazaron hablar de los errores del colegiado. No así el alcalde de Madrid, Jose Luis Martínez Almeida, que ayer aprovechaba un acto público para dar su opinión. «Cuando vi el sorteo pensé que nos tocó el Arsenal y me equivoqué, nos tocó jugar contra la UEFA. Y la UEFA ha dejado claro que no quería que el Atlético estuviera en la final», manifestó para luego alimentar la teoría sobre la nacionalidad del árbitro. España y Alemania se juegan una quinta plaza en Champions y si el Atlético pasaba a la final podría haber sumado unos puntos muy valiosos frente a los germanos a la hora de certificar esa posición.

Griezmann, el Galileo del Atlético, alcanza la plenitud con la pelota y las emociones: "Te quiero"

Griezmann, el Galileo del Atlético, alcanza la plenitud con la pelota y las emociones: “Te quiero”

¡La pelota, a la mierda! Fue el primer grito de Diego Pablo Simeone cuando llegó al Cerro del Espino, lugar de entrenamiento del Atlético. Primero el orden, después el movimiento, porque el segundo sin el primero es un caos. El Atlético que encontró el argentino era como el puzle del que se han caído todas las piezas al suelo. La obsesión por la posición conecta a entrenadores que parecen estar en las antípodas, como Simeone y Johan Cruyff o su discípulo Pep Guardiola. La realidad es que no están tan alejados, porque la pelota, como la Tierra, es redonda y se mueve. Una vez ordenado, todo equipo necesita a quien conozca las leyes de ese movimiento, indescifrables para la mayoría, a su Galileo. Esta madurez de Antoine Griezmann nos ofrece, posiblemente, la mejor versión de esa representación en los 14 años de la era Simeone, de nuevo frente al Rubicón de la Champions. Es un Galileo que ha conocido la gloria y que ha sobrevivido a sus errores y a intrigas propias de la Inquisición, más convencido que nunca de lo que siempre se susurró a sí mismo, fuera en el Calderón como en el Stade de France: Eppur si muove. Y, sin embargo, se mueve.

«Hemos tenido un genio del fútbol. Nos daremos cuenta con el tiempo. Ojalá que Dios y el destino le den lo que está buscando». Galileo, condenado a cadena perpetua, conmutada por una especie de arresto domiciliario, por los supuestos intérpretes de Dios en la tierra, y ciego no pudo escuchar los elogios que le llegan a Griezmann de todas partes. En el caso del hombre de ciencia hicieron falta siglos. Por una vez, el fútbol despide con amor, no con odio, en perfecta coordinación el Atlético con su nuevo destino, Orlando, a la nueva estrella de la Mayor League Soccer.

Simeone da instrucciones desde la banda.

Simeone da instrucciones desde la banda.JOSE JORDANAFP

"Si no corres, vas fuera"

Las reiteradas palabras de Simeone sobre el francés se condesaron precisamente en una emocionante declaración de amor antes de enfrentarse al Barcelona en la Champions. «Te quiero», proclamó, con los ojos húmedos, y añadió: «Pero si no corres, vas para fuera».

Al Cholo se le quiere corriendo, hecho que todavía otorga más mérito a la adaptación de este futbolista a un hábitat para el que no parecía predestinado por sus condiciones. Lo mismo ocurría en Francia, país que tuvo que dejar porque la competencia física con los futbolistas de raza negra le apartaba de las primeras selecciones de los técnicos en su periodo de formación.

«Siempre estaré agradecido a la Real Sociedad, porque apostaron por mí cuando no lo hacían en mi país», afirma el jugador. Años después, en 2018, Griezmann sería el epicentro de la conquista del segundo Mundial para Les Bleus y del final de los complejos por el peso del 98 para varias generaciones de futbolistas franceses.

«Antoine, tengo que decirte algo. Gracias por todo lo que has hecho por el fútbol francés, la selección y el fútbol en general. Me has dado mucho», afirmó Thierry Henry en directo, en el plató de CBS Sports, después de que el Atlético eliminara al Barcelona. Griezmann ya no estará sobre el césped en el Mundial del próximo verano por decisión propia. La suya ha sido una relación de encuentros y desencuentros con el fútbol francés y la selección, sea por sus complicados inicios o por la decisión de Didier Deschamps de ceder a la petición de capitanía por parte de Kylian Mbappé, hecho que precipitó la primera renuncia a Les Bleus de Griezmann. El regreso nunca fue lo mismo. «Estaré en la grada con mi hijo y la camiseta de Francia», dice, sin rencores.

Griezmann, durante el partido contra el Arsenal.

Griezmann, durante el partido contra el Arsenal.JAVIER SORIANOAFP

El hombre que, hoy, le dice «te quiero», ayer le hizo padecer. El salto de la Real Sociedad al Atlético le obligó a un periodo de adaptación que ha acabado con más de uno. Es la mili del Cholo. Pasado ese tiempo, Griezmann no sólo se adaptó al ecosistema futbolístico, también al emocional, incluso con el mate en las manos. El crecimiento le llevó a uno de los mejores contratos de la Liga, 20 millones al año libres de impuestos, y a la ambición por «sentarse a la mesa de Messi y Cristiano», legítima, pero también a la confusión. El error no estuvo en la decisión de irse al Barça tanto como en las formas de hacerlo, con dos intentos cargados de indecisiones y polémicas. Dejó a la vez a Simeone y al hombre que había custodiado con criterio su carrera, el agente Iñaki Ibáñez, y se enredó en un laberinto en el que aparecían familiares y abogados que pedían lo suyo. La chapuza costó dinero al futbolista y al Barcelona de Josep Maria Bartomeu, y todavía tiene recorrido en los juzgados.

El 'Santo Oficio' de Messi

Las intrigas de los despachos no eran menos en el vestuario, a ojos de Griezmann, que sentía que lo miraban con celos por haber ganado el Mundial, desplazado por el Santo Oficio de Messi. No todo eran maravillas en el país de Leo. La vuelta al Metropolitano fue como la de un penitente, de rodillas, con los brazos en cruz y sin condiciones.

A los 35 años, los partidos de Griezmann se han convertido en una especie de cátedra en el Metropolitano. El francés ha dado pasos atrás para convertirse en un organizador ofensivo colosal. «Cada balón suyo mejora al equipo», reconoce Simeone. Lo hace sin perder su capacidad de llegar al área, al gol.

Griezmann no es el primer caso de delantero que al retrasar su posición, despliega su visión y calidad. No es lo mismo hacerlo con el aliento del rival en el cuello a que varios metros. Lo vimos con Juanito en su madurez, en algún partido del otoñal Raúl, en el autodestructivo Wayne Rooney o en el incansable correcaminosSweinsteiger cuando se plantó en los medios.

Todos conocían las leyes del movimiento tanto como Griezmann, que intentará mover el balón como si fuera la Tierra para provocar un eclipse en el Emirates de Londres. Si lo consigue, cuando el sol alumbre de nuevo encontrará al Atlético en Budapest.

Simeone tira de ironía ante la prensa inglesa sobre sus supersticiones: "Cambiamos de hotel porque es más barato"

Simeone tira de ironía ante la prensa inglesa sobre sus supersticiones: “Cambiamos de hotel porque es más barato”

Recuperó Diego Simeone a Antoine Griezmann en la rueda de prensa como escudero. No salió mal la elección del francés en los cuartos de final ante el FC Barcelona, que se saldó con unas emotivas palabras del entrenador para su pupilo en su última campaña como rojiblanco. Ahora ambos no quieren despedidas, quieren llegar hasta la final de Budapest y para ello necesitan irse con la victoria del Emirates. "Convencidos de lo que tenemos que hacer. El plan que se elija habrá que llevarlo hasta el final", ha expresado el técnico bajo la atenta mirada de su jugador.

Más allá de la victoria británica en esta fase de grupos, Atlético de Madrid y Arsenal ya se vieron antes en otra semifinal europea. Era de Europa League y los rojiblancos consiguieron empatar en el Emirates precisamente con gol del francés para luego eliminar a los británicos con un tanto de Diego Costa en el Metropolitano en 2018. "Da igual si meto gol o no, prefiero ganar o pasar. Al llegar al partido estoy más calmado, antes tenía mucho estrés", ha apuntado el galo.

Pero la cábala del argentino es algo que ha traspasado al alojamiento del equipo. El Atlético de Madrid ha cambiado de hotel en Londres al Courthouse Hotel Schoreditch tras su derrota en octubre en fase de grupos. Preguntado por ello por la prensa inglesa, el técnico ha tirado de ironía. "Estamos mejor que en octubre y cambiamos de hotel porque era más barato", ha dicho entre risas y provocando carcajadas en la rueda de prensa.

Más allá de las cábalas, el entrenador argentino espera que todos sus jugadores, incluidas las dudas, estén preparados para el enfrentamiento del martes donde el equipo se juega la tercera final de Champions bajo su batuta, la cuarta en toda la historia del club.

"Por más que le demos vueltas los entrenadores el fútbol pasa por los jugadores y tenemos que hacer que lleguen de la mejor manera al juego. Creo que la experiencia y el tiempo te da más calma y la paz para enfrentar un partido como el de mañana", ha lanzado el técnico confirmando que tanto Giuliano como Julián o Sorloth estarán para mañana aunque no sabe si para 30,45, 60 o los 90 minutos.

Quien seguro que estará es un Antoine Griezmann que no quiere que termine su periplo europeo con el Atlético esta temporada y del que dice nunca estuvo cerca de interrumpirse por su parte antes de tiempo. "Siempre fui claro que mi idea era seguir aqui porque sentía que se podía hacer algo increíble. No lo dudé y estamos a un paso. El equipo lo sabe, se ve tranquilidad y confianza", ha lanzado el galo.

El ejemplo en el campo

Dice que su rol actual es liderar con el ejemplo, que lo de dar charlas a los jóvenes es "más de Koke" y que la experiencia le ha dado la capacidad de saber imponer la pausa en el juego cuando es necesaria. "Cada vez que empezamos la Champions te ves levantando el trofeo y cualquier jugador cuando era niño lo ha hecho. Estamos a dos partidos y mañana hay que estar bien tácticamente y seguir la línea del segundo tiempo en casa", ha proyectado el jugador.

La rueda de prensa ha tenido otro momento gracioso y de complicidad entre entrenador y jugador cuando le preguntaban a Griezmann sobre las finales pasadas y él recordaba sus buenos momentos en un terreno de juego. "Eres campeón del mundo", le susurraba el Cholo con media sonrisa mientras el francés asentía y dejaba escapar una risilla.

Simeone, ante una nueva oportunidad de gloria en su 56 cumpleaños: "Soñar está bien, pero la realidad es lo que pasa en la tierra"

Simeone, ante una nueva oportunidad de gloria en su 56 cumpleaños: “Soñar está bien, pero la realidad es lo que pasa en la tierra”

Es la cuarta semifinal de Champions League de Simeone de las siete que ha jugado el Atlético en su historia. Ya son mayoría las que ha conseguido con el equipo rojiblanco y el entrenador quiere a todos sus jugadores centrados en el Arsenal. No quiere ninguna cabeza pensando en Budapest y así lo ha manifestado durante su comparecencia previa al duelo europeo.

"Soñar está bien, pero la realidad es lo que pasa en la tierra", ha respondido el entrenador a lo que dijo en el Media Day Nico González sobre la posibilidad de conseguir la primera Champions para el Atlético de Madrid. El jugador hablaba de soñar y pensar en positivo, pero el técnico ha querido bajar a sus jugadores al césped del Metropolitano.

Son dos las finales de Champions perdidas por Simeone y el entrenador es consciente de que el pasado no influye en el presente. "No nos debe nada nadie. Las cosas se merecen y se logran, hay que trabajar para conseguirlas y luego tener una pizca de suerte para lograrlas", ha apuntado el Cholo.

Dice el argentino que no siente presión sino "responsabilidad". Tiene la ilusión de estar cerca de un "objetivo enorme", pero es consciente de que estos partidos los definen los futbolistas y los detalles. El balón parado es un factor que le tiene preocupado y más después de recibir tres de los cuatro goles que encajaron en el duelo de grupos ante el conjunto británico. Para su equipo pide que siga en esa "búsqueda ofensiva" que lleva este año.

Este duelo llega en un momento muy emotivo para el entrenador ya que justo este martes cumplía 56 años. Sus jugadores le hacían el pertinente pasillo en el entrenamiento previo al duelo europeo y sus hijos estaban en la grada para acompañar al técnico. "No tengo ningún deseo, agradecimiento puro. Estar con mis tres hijos, mis dos hijas, mi mamá y sólo agradecer lo que me toca vivir en esta vida", ha apuntado el entrenador.

Primera cita

No es un cumpleaños, pero Koke asemejaba estos duelos de semifinales de Champions a "la primera cita con una chica". Hablaba de "ese nerviosismo y el estomago revuelto" que se quita luego cuando llega el calentamiento del partido.

El capitán pide un balance entre intensidad y cabeza y repite que estos duelos los definen los detalles. "Hay que tener cabeza fría para saber cuándo atacar y cuándo replegar", ha apuntado el jugador que dice estar disfrutando mucho y si es su última semifinal o no dice que va a disfrutarlas al máximo.

Sin querer caer en la euforia, como buen discípulo del Cholo, a Koke le encantaría que Griezmann, su amigo y compañero, se despidiera del Atlético de Madrid con una Champions. "Mas allá de su despedida es nuestra máxima motivación. Es un equipo y jugamos para intentar lograr lo máximo y es la Champions", ha explicado.

Las mil y una experiencias de Arteta: jugar en Escocia, ser compañero, ayudante y rival de Guardiola, casarse con una Miss y hasta apoderar a un novillero

Las mil y una experiencias de Arteta: jugar en Escocia, ser compañero, ayudante y rival de Guardiola, casarse con una Miss y hasta apoderar a un novillero

La frase de que el destino baraja las cartas, pero somos nosotros quienes las jugamos, se atribuye tanto a Shakespeare como al filósofo alemán Schopenhauer. No hace falta leerlos para jugarlas. Es lo que hizo el adolescente Mikel Arteta al dejar la Masía, lugar idílico al que le había invitado ese mismo destino. Con su decisión de irse al PSG, en realidad, lo desafió, como el Holandés errante condenado a surcar los océanos sin tocar jamás puerto. Cuando lo hizo con un regreso a la Real Sociedad para estar en San Sebastián, en casa, y evitar el divorcio de sus padres, nuestro español errante sufrió la maldición de la leyenda. Fracasó y volvió a los mares. Hay cosas que están escritas.

La toma de decisiones de Arteta, alejado de los días de vino y rosas del fútbol español, sin llegar a vestir un solo día la Roja de los mayores, le permitieron una suma de experiencias poco común, sintetizadas, hoy, a sus 44 años, en la figura de un entrenador moderno, intervencionista, iconoclasta y nada esclavo de sistemas o tradiciones, ni por su crianza en el Barça ni por el tiempo compartido en el banco con Pep Guardiola ni por las sensibilidades del Arsenal al que dirige.

El suyo es un equipo camaleónico, que juega en continuidad o en jugadas episódicas y que puede defender como no se defiende en la Premier, como lo hacía el Atlético del primer Simeone. En lucha por una Champions y una Premier que se comprime, Arteta lo controla todo en el Emirates. Es el mánager. Con ruido o sin ruido a alrededor, ahora en aumento, se ha ganado barajar las cartas.

Los golpes de mano

Con mirada de águila y barba de cubierta, Arteta combina bien la visión periférica y la acción, y eso se aprecia en el Arsenal que ha construido, táctico, pero sobre todo eficaz en los golpes de mano. El balón parado es únicamente un ejemplo. En una Premier bajo la colosal influencia de Guardiola, un entrenador español que pasó por la escuela azulgrana, ocupó su misma posición en el campo y fue su segundo en el Manchester City, podría entenderse como una réplica del catalán. No es así. El vasco sabe cómo dominar el juego, pero es más pragmático, más vertical, más metálico.

La relación entre ambos es una historia de encuentros y desencuentros. Cuando Arteta debutó en el Barça lo hizo, de hecho, para sustituir a Guardiola, en un partido europeo ante el Hertha Berlín. Tenía 16 años. Después del encuentro, Guardiola lo sometió a un tercer grado, le preguntó por sus sensaciones y le ofreció algunos consejos. Arteta lo recuerda, ya entonces, como el discurso de un entrenador. La cohabitación en el banquillo del City, 20 años después, fue como un máster. Cuando el vasco decidió irse, la relación se enfrió, dejaron de comunicarse, algo que, en plena disputa por la Premier, han vuelto a hacer. Las relaciones intensas son de ese modo. Con Guardiola no hay otra forma.

Guardiola y Arteta, antes de un partido.

Guardiola y Arteta, antes de un partido.EFE

Es influencia no ha sido la única para Arteta, cuyo paso por varias ligas le ofreció una perspectiva muy valiosa. Cuando todavía no era mayor de edad, se encontró en el PSG a Pochettino, un cacique del área que, nada más llegar a París, lo apadrinó. Fue como un padre en el campo. En aquel equipo que dirigía Luis Fernández, todo un carácter, deslumbraba ya Ronaldinho.

Ni Xabi Alonso, ni Cesc

La experiencia en el PSG, al que fue cedido, fue incomparable a la que tuvo en Ibrox Park. Los años en el Glasgow Rangers fueron realmente los que le curtieron, por la adaptación al altísimo rito de juego, con más nivel físico, y los balones aéreos. Cuando llegó al Everton y al Arsenal, ya dominaba todos los códigos de las islas, sin haber perdido los de su origen. No había podido ser Guardiola, tampoco Xabi Alonso, al que se planteó sustituir sin éxito en su año de regreso a la Real Sociedad, ni Cesc Fàbregas, leyenda en Highbury como en el Emirates. Pero había logrado reunir en su diario los secretos de todos ellos.

Parte de esas anotaciones trasladó a los lectores de EL MUNDO durante dos años, mientras jugaba en el Everton, bajo el epígrafe de Corresponsal en la Premier. No era un futbolista en una burbuja, sino alguien con una tremenda curiosidad por todo lo que pasaba a su alrededor. «Siempre he sido un poco guindilla», admite. Jugaba en la Premier y vivía Inglaterra, donde acabó por formar su familia junto a la ex Miss España Lorena Bernal. Escribía, montaba negocios y llegó a apoderar hasta a un joven novillero de Chiclana de la Frontera, Jesús Vela, junto a Gabi Heinze, por petición de Lorenzo Buenaventura, un mago del sur en la preparación física y la fisioterapia. Para muchos, incluido Areta, un oráculo.

Arteta celebra un gol con el Everton.

Arteta celebra un gol con el Everton.GETTY

Penaltis y comidas

Entonces estaba en uno de los epicentros de la Premier, ya que a Liverpool llegaron Rafa Benítez, Pepe Reina, Xabi Alonso y Fernando Torres para relanzar a su gran rival. De nuevo, los reencuentros. Reina había sido su compañero de litera en la Masía, del que todavía no ha podido olvidar sus ronquidos. Durante el tiempo compartido en Liverpool, se jugaron más de una comida en tandas de penaltis, aunque nunca le lanzó uno en partido oficial.

Con Xabi Alonso había jugado en el Antiguoko, club de San Sebastián en el que también coincidió con Andoni Iraola, que antes de irse al Athletic de Bilbao apura sus últimos días al frente del Bournemmouth, ante el que recientemente Arteta sufrió una derrota clave en el Emirates (1-2) que apretó la lucha por la Premier, después de haber tenido una amplia ventaja.

Primera Premier en 22 años

La caída en el Etihad (2-1) frente al City de Guardiola igualó el pulso, siempre que los citizens ganen su partido aplazado. Antes del duelo con el Atlético, el miércoles, el Arsenal mantuvo sus constantes vitales ante el Newcastle (1-0), lo mismo que hicieron los de Guardiola, seguramente en su último año antes de tomarse un tiempo sabático para dirigir a una selección. Quiere hacerlo con su séptima Premier y Arteta quiere ganar la primera en 22 años para el Arsenal.

Ambos se conocen hasta los huesos, saben sus secretos. Simeone estudia al detalle a Arteta, después de caer por 4-0 ya este año en la liguilla. No parece, hoy, el mismo Arsenal, pero mejor no fiarse de este español errante que puede jugar a toda vela o emboscar a su equipo entre la niebla.

La encrucijada Simeone

La encrucijada Simeone

Cuando Simeone llegó al banquillo del Atleti, su hijo Giuliano tenía nueve años. Niños de cuatro o cinco en aquel momento han entrado ya en la Universidad y quinceañeras de entonces han cumplido 30 y son madres de familia. A Donald Trump le faltaban seis años para su primera presidencia, a un tal Pedro Sánchez Pérez-Castejón no lo conocía nadie y Lamine Yamal gastaba pañales.

Aunque en el tango 20 años no es (son) nada, en fútbol, 14 camino de 15, que se cumplirán en diciembre, es una eternidad. Simeone, tan visceral, los ha gozado y padecido en grado sumo, en un carrusel de emociones extrapolable fuera del balón a las de cualquier persona en semejante período cronológico. En tres lustros ocurren muchas cosas en la vida; y, a partir de ciertas edades, el tiempo es un proceso de desgaste más que de crecimiento. No de estabilidad, aunque la duración pueda imitarla. Ni de asentamiento, aunque la permanencia se le asemeje.

Simeone está desgastado por la acción conjunta de los buenos y los malos momentos. Todos, por intensos, dejan una huella profunda en forma de muescas o de cicatrices. Si bien de diferente modo, pesan y fatigan. Erosionan. En su veteranía y su trascendencia en el cargo, el Cholo no ha dejado nunca de caminar por el delgado alambre común de los resultados deportivos y los balances económicos.

En binomio simbiótico, ha sido, junto a Miguel Ángel Gil en los despachos, arte y parte del desarrollo integral de la entidad, alternando momentos de lucidez con otros de ofuscación. Ha tenido suficientes aciertos como para elevarlo a los altares rojiblancos, y cometido suficientes errores como para retirarle la peana.

Se ha tambaleado y rehecho unas cuantas veces y hace bastantes primaveras que la frase "partido a partido" se refiere tanto a él como al equipo. A medida que su pasado se alarga, se acorta su futuro. Va viviendo al día en un presente prolongado mientras disfruta del salario más elevado pagado jamás a un entrenador de fútbol, prebenda discutible en un club sin tamaña equivalencia en el escalafón. Una responsabilidad, casi una obligación, a la que se ha entregado por completo al lado de unas expectativas que ha satisfecho a medias.

Con la Liga perdida desde demasiado temprano, pero aferrado a la clasificación europea como mínima-máxima aspiración anual, el Atleti, paradójico, avanzó hasta la final de la Copa y las semifinales de la Champions. Dos balas por una del Barça y ninguna del Madrid. Una situación inusual. Pero toda aproximación a la gloria abre una invitación al desastre. La derrota de Sevilla sólo se arregla con la victoria en la todavía hipotética final de la Champions. De acceder a ella, otro fracaso duplicaría la sensación de impotencia y aumentaría la de fatalismo. Aunque una final y unas semifinales merecen, objetivamente, aprecio, en el Atleti resultan insuficientes a estas alturas.

Simeone se halla en una encrucijada, otra, de la que saldrá reforzado o disminuido. Este martes, la víspera del partido de ida ante el Arsenal, cumple 56 años.

"Happy birthday?"

El Sinaí de Simeone: Introspección, mística y supersticiones en busca de la energía perdida

El Sinaí de Simeone: Introspección, mística y supersticiones en busca de la energía perdida

Poco antes de iniciarse la temporada, Diego Pablo Simeone sentía que debía reencontrarse consigo mismo, con el Cholo del pasado. Eran ya 14 años, una larga travesía que empezó en el desierto, llevó a las gentes del Atlético incluso a abandonar la casa de sus padres, el Calderón, y acabó por convertirlo en mucho más que un entrenador, en un líder, en un mesías para las tribus rojiblancas. Un rol que el argentino interiorizó, pero que es imposible desempeñar cuando el líder se siente vacío, sin energía, sin capacidad de transmitir sus ideas y sus sentimientos, dos conceptos indisolubles en el personaje.

Para saber más

De esa forma se lo confesaba a personas de su entorno, preocupado, hasta que buscó el modo de recluirse y, mediante la introspección, volver a conectar con el Cholo. No fueron 40 días y 40 noches, como Moisés en su cita con Dios, pero fueron suficientes para que Simeone encontrara su Sinaí. Tras su descenso para proseguir el camino hacia la tierra prometida de la Champions, la caída en la Copa ha sido como la metáfora del Becerro de Oro. Desorientado y otra vez cuestionado por parte de quienes tanto lo adoran, necesita, al igual que Moisés en el Éxodo, regresar a su imaginario monte sagrado.

El líder adorado y cuestionado

Simeone es un entrenador excepcional, dicho sea con el viento en contra de la derrota ante la Real Sociedad y con independencia de los gustos futbolísticos. La final de La Cartuja fue como un revés del destino para el Atlético, con errores en cadena poco habituales, escenificados en el primer gol, y decisiones desde el banquillo, como la retirada de Lookman, que reabren los debates en torno al líder y debilitan la fe, al igual que los israelitas en su travesía, asediados por el hambre y la sed. En el fútbol sólo las sacian los títulos.

El argentino es la personificación de las principales emociones del fútbol, expresadas sin filtros en el campo, y que nos devuelven a la identidad en su forma más primitiva. A la tribu, a los nuestros. Es un concepto sagrado para el argentino. Hace un tiempo, mientras almorzaba en un restaurante argentino próximo al Cerro del Espino con su pareja, dos niños se acercaron a pedirle un autógrafo. El Cholo los miró, sonriente pero escrutador, y les preguntó el nombre. Una vez hubo firmado, les sorprendió: «Pero vosotros sois del Madrid, ¿verdad?» Los niños se quedaron mudos hasta que uno de ellos admitió con la cabeza. Simeone volvió a sonreír y, mientras les entregaba los autógrafos, les dijo: «Pues lo que tenéis que hacer es defended a vuestro equipo a muerte».

Simeone se queja durante la final.

Simeone se queja durante la final.Jose BretonAP

La evolución del personaje desvela que se siente cómodo en el relato construido, se gusta, pese a las dudas que en momentos le asaltan. Las crisis existenciales las tienen los inteligentes. Las expresiones espontáneas han llegado a convertirse en eslóganes, como el «sí se puede» o el «partido a partido». A medida que esa dimensión crece, lo hacen las necesidades de dar respuesta a lo que tu gente espera, y eso no es sencillo. Sobre todo, cuando aparecen las derrotas, como en Sevilla.

«La gente no necesita mensajes, necesita ganar», manifestó el entrenador rojiblanco, lacónico, con el rostro ajado, exhausto como todo su equipo. El desgaste que arrastraba el Atlético, con muchos más minutos acumulados durante la temporada que su rival en la final, tras la batalla europea con el Barcelona, días atrás, no era únicamente físico. Era mental.

Los signos del zodiaco

Las emociones que la razón no explica encajan bien con lo místico, desde lo religioso a lo profano, desde la fe hasta la superstición. Simeone las explora todas. Vestir de negro tiene un sentido. Cambiar al azul cobalto, como hizo durante una Champions, también. El negro lo utilizó en el primer título conquistado, la Europa League de 2012, y desde entonces ha sido fiel a la vestimenta, incluso repite las prendas y zapatos con las que gana. Seguidor de la astrología, se fija en el signo del zodiaco de sus futbolistas. Las apelaciones del técnico a Dios son, asimismo, habituales. El pasado Viernes Santo, un día antes de enfrentarse al Barcelona, acompañó al Cristo de Medinaceli, junto a su pareja Carla Pareyra, en la procesión por el centro de Madrid.

En Sevilla, el técnico estuvo acompañado por toda su familia, el clan del Cholo al completo, con su madre y sus sobrinos. La implicación de un Simeone, Giuliano, en la serie de errores que dieron lugar al primero gol realista, a los 14 segundos, fue, para alguien supersticioso, como una señal, fatal señal.

Musso ve la tarjeta amarilla tras el penalti.

Musso ve la tarjeta amarilla tras el penalti.CRISTINA QUICLERAFP

Musso fue otro de los implicados. El portero repitió fallo con el penalti cometido. Suplente de Oblak, el argentino habría disputado la Copa aunque el esloveno no viniera de una lesión, porque Simeone es un tipo de códigos. Lo mismo hizo Pellegrino Matarazzo con Marrero, el héroe de la final para la Real Sociedad. Musso, sin embargo, se había ganado algo más durante este periodo de ausencia de Oblak. El Cholo antepuso meritocracia a jerarquía al colocar a su compatriota bajo los palos ante el Barça cuando el esloveno ya tenía el alta. Si hubiera seguido en el mismo nivel, es muy posible que hubiera mantenido a Musso frente al Arsenal, dentro de 10 días. La Copa lo cambia todo, devuelve a cada uno a su lugar.

A Simeone, también, a su introspección, señalado de nuevo, pero esta vez con la sensación de saber lo que sucedió. Su frase lo demuestra: «El partido estaba en los 90 minutos». El argentino dijo que necesitaban la Copa, pero no sólo por ser un título, sino por lo que podía reforzarles en su verdadera obsesión: la Champions. Después de perder la segunda ante el Madrid, en Milán, Simeone se planteó el adiós. Ahora no puede dudar. Necesita volver a su Sinaí, reafirmarse en sus mandamientos, convencer de ellos a los suyos y reemprender el camino de la tierra prometida.

De los 10 minutos que pudieron virar la final para el Atlético hasta el beso de Marrero a Pablo Marín: "El partido era en los 90"

De los 10 minutos que pudieron virar la final para el Atlético hasta el beso de Marrero a Pablo Marín: “El partido era en los 90”

Primer minuto y gol de Barrenetxea. Minuto 45 y penalti de Oyarzabal. Pocos equipos se reponen de esa "falta de frescura" en una final de Copa del Rey que mostró el equipo de Diego Pablo Simeone, según el técnico en el primer tiempo, pero que luego se pudo ver cómo se extendía también hasta la prórroga del encuentro. No quiso el argentino hablar de físico, pero sí recordó el esfuerzo de Barcelona. Una batalla física y mental. "El partido era en los 90", ha concluido el Cholo con el diagnóstico que se pudo observar en La Cartuja.

Y tenía razón. Porque cuando Julián consiguió empatar el encuentro con otro gran gol, la Real Sociedad estaba en la lona. "No fue perfecto y sufrimos, pero es lo que define este equipo", ha explicado Rino Matarazzo sobre lo que ocurrió, especialmente, desde el tanto del argentino hasta el final del tiempo reglamentario. Baena por dos veces, Sorloth con un cabezazo y Cardoso pudieron llevar la Copa a Madrid. "Esa contundencia la tuvieron ellos y nosotros no", ha definido el técnico rojiblanco y ha completado "dimos todo lo que teníamos".

Pudo ser suficiente, pero la puntería no estaba del lado colchonero y algo ocurrió en el descanso antes del tiempo añadido. "Nos hemos mirado a la cara. Mikel ha hablado y su mensaje ha sido muy emocionante y todos hemos tirado para adelante, hemos creído y nos hemos llevado el premio", ha apuntado el héroe de la Real Sociedad y ha añadido su técnico: "Respiramos y nos estabilizamos".

Y entonces, lo que pudo haber sido, no fue. Las ocasiones se repartieron por bandos y nadie consiguió derrotar al otro hasta que llegó un momento que Unai Marrero conocía bien, porque ya lo vivió y superó ante Osasuna en octavos con otros dos penaltis parados. En esta ocasión, ni más ni menos, paró los dos primeros y llevó la final a un punto de no retorno pese al fallo de Oskarsson. "Estaba tranquilo, había tensión pero estaba a gusto. Piensas poco. La afición estaba detrás y me he venido arriba", ha revelado Marrero.

La tanda continuaba sin fallos y el guardameta de la Real se acordaba de que una lesión casi le aparta de este momento, pero volvió. "No había promesa con Marrero, solo lo decidí. Confío en él y me gusta confiar en ellos", ha desvelado su técnico, Rino Matarazzo, un entrenador que ha ganado un título con la Real tras apenas 15 encuentros en el cargo.

Entonces llegó el momento clave, con Pablo Marín cogiendo el balón de las manos de Musso tras la enésima discusión con Marrero para que no intentara intimidar a sus compañeros. Llegaron las palabras de ánimo y un beso en la mejilla. "Le dije que estuviese tranquilo, que confiaba en él", ha confiado el guardameta. Gol e historia.

Mitos para la historia

Matarazzo une su nombre a otros técnicos como Imanol Alguacil o John Benjamin Toshack y Unai Marrero emula no sólo por su vestimenta sino con su actuación a un de los mayores mitos de la Real Sociedad: Luis Arconada. "La Copa ha sido un viaje increíble", ha declarado el estadounidense y después sólo ha podido añadir: "Guau" con el halo del 87 sobrevolando la sala de prensa.

En un gesto de caballerosidad, los jugadores del Atlético han aguantado en el campo toda la ceremonia de entrega de la Copa del Rey a la Real Sociedad, no así los seguidores rojiblancos que han abandonado casi por completo la Cartuja. "Los aficionados necesitan ganar, no necesitan mensajes", ha respondido el argentino a la tristeza colchonera. Algo que podía haber sido diferente en esos 10 minutos claves del encuentro. Pero entonces llegó el beso y lo cambió todo.

Vivir y morir con Simeone: nadie sabe qué es este Atleti

Vivir y morir con Simeone: nadie sabe qué es este Atleti

El fútbol se estudia con perspectiva, pero se siente en el momento. Y entre estudiar y sentir, no hay color. Por eso resulta tan difícil, salvo para los acólitos y los haters, tener una postura firme con Simeone a estas alturas de su residencia en el Atleti. En el gran esquema de las cosas, analizando el cuadro completo a cierta distancia, su labor es indiscutible y su crédito, aún sólido. En el día a día, en el vivir, reír y sufrir que constituye la santísima trinidad de este deporte y en la desesperación que provoca perder una final, su naturaleza conservadora es desquiciante y las ganas instintivas de cambiar de líder, comprensibles. Toda esa gente que llora en la grada no se merecía un fiasco así.

Hace cuatro meses, cuando el Atleti ya había tirado la Liga y seguía dando síntomas de proyecto agotado, cada año un poco peor que el anterior, pensaba que la era Cholo debía acabar. Entonces llegó Lookman, revivió Griezmann y el técnico exhibió su dominio de las eliminatorias, convirtiendo repentinamente al peluche en una pantera. Si me preguntan el martes tras eliminar al Barça, lo renuevo cinco años. Hoy, cuando el equipo salió desconectado a una final, no mandó salvo cuando perdía, cambió a Lookman porque patatas y, lo que realmente señala al argentino, reculó una vez más tras los empates, resurgen las dudas. Sinceramente, es muy difícil entender a Simeone.

Los penaltis hicieron justicia porque la Real Sociedad fue mejor durante más minutos. En todo. En juego y en actitud, en ataque y en defensa, en el campo y en el banquillo. El fallo en cadena de Nahuel, Giuliano, Ruggeri y Musso en los primeros 14 segundos, que generó el 0-1 de Barrene, no fue un accidente sino una declaración de intenciones. Y ni siquiera tras la vida extra que supuso el golazo de Julián Álvarez fue capaz de tomar el control. La sensación de que este equipo sólo piensa en Europa sobrevoló tanto el partido como los días previos y es un riesgo mayúsculo. No es un gran plan jugárselo todo a hacer real una quimera.

¿Qué es este Atleti? ¿Cuál es su realidad, su idea, su futuro? ¿Es la máquina de competir de Champions o el equipo timorato de esta final, el que deambula sin pena ni gloria por la Liga? ¿De verdad la temporada va a ser de matrícula de honor o de suficiente raspado, sin punto medio, en función de dos partidos contra el Arsenal?

Pues sí, así es. Esa es la vida actual del Atleti con Simeone. Un doble o nada permanente en el que, por ahora, gana el nada.

Giuliano y el reto ganar la Copa que consiguió su padre cuando él tenía 10 años: "Como aficionado siempre estás nervioso por el equipo de tus sueños"

Giuliano y el reto ganar la Copa que consiguió su padre cuando él tenía 10 años: “Como aficionado siempre estás nervioso por el equipo de tus sueños”

Diez años tenía Giuliano Simeone cuando Joao Miranda metía el gol con el que el Atlético de Madrid tomaba el estadio Bernabéu en la última Copa del Rey conquistada por el equipo rojiblanco. Fue un 17 de mayo de 2013 en el que el menor de los hijos del Cholo, acompañado de su hermano mediano, Gianluca, saltaba en su casa de Argentina con el segundo título que ganaba su padre en el banquillo del equipo colchonero. "Siempre nos poníamos los partidos del Atlético y nos acordamos de muchos que veíamos cuando éramos chiquitos", explica el Cholito en el Media Day del equipo.

Para saber más

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Aquella Copa del Rey era el primer título nacional para Diego Simeone, la que se juega esta noche en el estadio de La Cartuja de Sevilla, es el primero al que aspira su hijo. "Estamos muy centrados, muy emocionados y con mucha ilusión, pero sabemos que cualquier final nunca es fácil", apunta el argentino sobre un partido ante la Real Sociedad cuya magnitud sólo conocen Koke y Diego Simeone en la plantilla actual del Atlético.

¿Ha hablado con el capitán o con tu padre sobre lo que supone una final de Copa?
No.

Es la sinceridad y la concentración de una nueva generación de Simeone que tiene "muchas ganas y mucha motivación" para conseguir su primer título con la camiseta del Atlético de Madrid. Su padre lo hizo tanto como jugador como entrenador con casi 20 años entre ambos títulos (1996 y 2013). "Como aficionado siempre estás nervioso por el equipo de tus sueños, siempre quieres lo mejor para ellos, pero bueno, ahora toca entrenar, plantear bien el encuentro y estar a la máxima disposición posible para el partido", apunta el Cholito.

El pequeño de los Simeone es un portento de la naturaleza que irrumpió en el primer equipo a base de coraje y corazón y que en la actualidad es indispensable en las alineaciones del Cholo. Es el segundo jugador más utilizado de la plantilla del Atlético, con 3.441 minutos, el primero es Hancko (3.579). Simeone valora mucho una virtud de su hijo: es el jugador de la zona de ataque con más tackles ganados y el cuarto de toda la plantilla, con 21, superado por Llorente (32), Hancko (26) y Koke (23).

Giuliano, en el calentamiento de un partido con el Atlético.

Giuliano, en el calentamiento de un partido con el Atlético.Manu FernandezAP

No escatimar esfuerzos y mantener un gran estado físico son capacidades que le permitem jugar cada tres días y disputar casi sin descanso las tres competiciones en las que sigue inmerso el club. Algo muy importante cuando sólo han transcurrido cuatro días entre el pase a semifinales de la Champions, en una batalla sin cuartel ante el Barcelona, y la final de Copa del Rey frente a la Real. "Ya tuvimos tiempo para descansar, estamos centrados en esta final", ha apuntado el argentino. "Este sábado nos toca jugar y tenemos que estar centrados en nuestro equipo, en dar lo mejor de nosotros para poder hacerle el máximo daño al rival".

Homenaje a Griezmann

La Real Sociedad es para el delantero un "grandísimo equipo" que tiene "en muchas líneas del campo grandes jugadores que hacen la diferencia". "Con el nuevo entrenador están haciendo las cosas muy bien. Hacen mucho daño a cualquier rival", ha dicho Giuliano sobre un conjunto que ha pasado de coquetear con el descenso a sólo perder tres partidos de los 14 que ha disputado con Pellegrino Matarazzo. Eso provoca que no haya jugador en el Atlético ni el staff técnico que se vean como favoritos, pese a que el presupuesto de ambos clubes se de 1 a 4. "En una final hay poco de favoritismo, casi ninguno, en una final se juega a todo o nada", apunta el argentino.

En el límite entre el sábado y el domingo se conocerá quién levanta esa Copa del Rey, tanto el equipo como el jugador, porque quizás Koke quiera dejar a Griezmann ese momento, en su año de despedida. "Antoine es una leyenda del club, un jugador increíble y un líder en la cancha. No tiene nada que demostrar", asegura el versátil argentino sobre un compañero que quiere su primer gran título nacional como rojiblanco.