El Valencia respira asaltando San Mamés el día que Nico Williams vuelve a preocupar a España

El Valencia respira asaltando San Mamés el día que Nico Williams vuelve a preocupar a España

Sadiq rescató al Valencia del sufrimiento y redimió los pecados de un equipo que parece haberle encontrado el gusto a jugar contra el destino. Cuando todo se engrisece, es capaz de encontrar la salida que, con el viento a favor, no aprovecha. La victoria en San Mamés supone un alivio, pero no proporciona tranquilidad porque los 42 puntos se pueden quedar cortos para un equipo demasiado irregular. Lo mismo que ocurre al Athletic, al que se le escapa el sueño de Europa porque acumula 17 derrotas y pierde a Nico Williams por lesión. El latigazo en los isquiotibiales le obligó a salir del campo a media hora y tiene en vilo a España con el Mundial a la vuelta de la esquina.

Era un partido de necesidad para el Valencia y de homenaje para el Athletic, que miraba a Europa mientras homenajeaba a Ernesto Valverde en su partido 500, el penúltimo en el banquillo local de San Mamés. Por eso arrancó con ritmo e impaciencia, con Nico Williams dejando claro que el partido podía decidirse en su duelo con Renzo Saravia. El argentino estaba preparado para sufrir, pero a los 35 minutos la lesión mandó al extremo al vestuario. "No puede ser, no puede ser", se lamenta mientras salía del campo. "Dice que nunca ha sentido esa molestia. Ojalá sea lo menos posible", relataba su hermano Iñaki al final del partido.

De Nico, que apenas ha podido ayudar al Athletic esta temporada por las lesiones, nació todo el peligro en la primera parte. Retó a Saravia, aprovechó el carril que dejaba el argentino, obligando a las vigilancias a Pepelu y Tárrega, y armó dos jugadas que pusieron en apuros a Dimitrievski. El primero, en el minuto 14, le llegó mordido. El segundo, en el 28, fue un centro a Guruceta para que, en un palmo, se revolviera y buscara un disparo a bocajarro. Se agigantó el portero macedonio lo suficiente para que lo enviara fuera de la portería.

Para entonces, el Valencia ya podía ir por delante en el marcador. Había llegado con comodidad al área, con Rioja dañando por la orilla a Gorosabel y Hugo Duro complicando el partido a Laporte, que vio demasiado pronto una amarilla. Esa falta la mandó Javi Guerra muy alta, pero el delantero volvió a generar peligro, pisando área, tumbado otra vez por Laporte cuando encaraba a Unai Simón, pero Ortiz Arias no vio ese penalti, sino la mano que cortó el disparo de Cömert tras cazar la pelota que dejó Hugo Duro. El Valencia tenía un penalti para adelantarse en San Mamés en el minuto 25... y otra vez volvió a desaprovecharlo. El lanzamiento de Duro lo estrelló en el larguero, como le pasó a Pepelu en los primeros minutos del partido ante el Celta en Vigo y el Betis en La Cartuja.

Nico Williams, atendido tras su lesión en el minuto 35.

Nico Williams, atendido tras su lesión en el minuto 35.M. TOÑAEFE

Cuando quiso despertar el Athletic, llegó la lesión de Nico, que heló al estadio y preocupó a sus compañeros. Iñaki le suplió, pero quien más pisó área fue el Valencia. Rioja robó en la medular, condujo hasta el pico del área para servirle a Hugo Duro un disparo ajustado al poste que a punto estuvo de sorprender a Unai Simón.

En la segunda parte pesó la responsabilidad y quien mejor se manejó fue el Valencia. Valverde se protegió de una expulsión cambiando a Laporte por Vivian, porque la brega de Hugo Duro no cesaba y el Athletic iba a dar un paso adelante que llevó a Dimitrievski a repeler el tiro de Iñaki Williams en carrera tras una asistencia de Gorosabel. No tardó en reactivar al equipo Corberán con Sadiq, la endiablada velocidad de Ramazani y el pulmón de Ugrinic. No tardó en ver los frutos.

Rioja, acostado por primera vez en mucho tiempo en la orilla izquierda, explotó su pierna natural en una contra que no se dibujó perfecta, pero lo fue. Robó Javi Guerra en campo bilbaino, lanzó a Ramazani a la carrera, que abrió a Rioja para, tras recortar a trompicones a Gorosabel y Vesga, poner un centro tenso a la cabeza que Sadiq, que se adelantó a Vivian para batir a Unai Simón.

Con el marcador a favor, el Valencia tenía que saber manejar los últimos 20 minutos. Y entonces apareció Dimitrievski. Salvó un testarazo ajustado al palo de Unai Gómez a centro de Iñaki Williams desde el costado derecho y, ya en el añadido, dos cabezados de Guruceta buscando un empate con más fe que criterio ante la muralla que alzaron los valencianistas.

El Atlético vence sin brillo al Athletic y prepara su batalla europea

El Atlético vence sin brillo al Athletic y prepara su batalla europea

Saben ese tiempo que uno tarda en desperezarse de una siesta. Un periodo en el que los sentidos están aturdidos y no hay manera de enterarse de lo que pasa a nuestro alrededor. Ese momento en que sales de un sueño precioso y vuelves a una realidad que te da pereza. En el fútbol ese espacio se llaman dinámicas. Y la del Atlético era un drama en una realidad que es la Liga, que aguzó Paredes a la salida de un córner. Hasta que Baena despertó al equipo y a él mismo con dos fogonazos. Griezmann y Sorloth fueron los destinatarios. El noruego repitió en el descuento y Guruzeta quiso asustar ya sin tiempo. Ensayo Europeo exitoso. El Arsenal, el miércoles. Dejamos la siesta y vuelve el sueño. [Narración y estadísticas, 3-2]

Al menos, Simeone quiso poner el despertador poniendo por fin un once reconocible en el Metropolitano. Muchos volverán el miércoles ante el Arsenal y pocos estuvieron en esa dinámica liguera rojiblanca que encadenaba cuatro derrotas seguidas. Así que el antídoto del Cholo pasaba por olvidar la rebelión juvenil y recuperar la veteranía. Además, volvía Barrios, quizás el mejor mediocentro de este equipo cuando las lesiones se lo permiten. Hasta que le volvieron a alcanzar. La peor noticia del partido fue su nueva lesión en su primer duelo como titular. Un drama.

El juego del Atlético comenzó lento y falto de intensidad. Perezoso, vamos. Poca actividad en las áreas y mucho pase largo en busca de sorprender al rival. Uno casi lo caza Baena a la espalda de los centrales pero Paredes, más rápido, se la rebañó cuando ya encaraba a Simón. Encima, el central vasco, era el encargado de abrir el marcador poco después con un cabezas soberbio en un córner. Solo y sin ningún jugador rival saltando a su lado. Si el Atlético no corrige eso, el Arsenal le mete un saco.

El gol no espoleó a un equipo que necesita tres marchas más para ganar los partidos. Este equipo ha vivido el último mes y medio corriendo a la espalda de defensas, pero cuando uno le mete un bloque medio-bajo, no tiene fútbol para romperlo. Además, le faltaba Lookman, el único futbolista capaz de romper líneas en uno contra uno. Porque en la otra banda, Giuliano, que cumplía 100 partidos como rojiblanco, ha perdido su mojo. Su padre, en cambio, hacía 1.000 como técnico.

A Sorloth le tocó hacer olvidar a un renacido Julián Álvarez. Tuvo poco éxito el noruego al inicio. Remató lo que tuvo, pero siempre centrado y sin malicia hasta que encontró el tanto gracias a Baena. Igualmente el Atlético no es que marque poco es que llega poco. El argentino siempre pide contundencia, pero para tenerla hay que llegar a las áreas, y eso estaba costando mucho salvo en acciones esporádicas. Al menos, Oblak dio signos de recuperación tras la falta de actividad que se le notó especialmente en el pasado duelo ante el Elche. El esloveno estuvo atento a los balones largos y respondió bien bajo palos las pocas opciones que tuvieron los de Valverde.

Bronca al descanso

El trabajo mental del Cholo, o la bronca monumental al descanso, funcionó porque tardó cinco minutos el equipo en empatar el duelo y ocho en remontarlo. Griezmann metió el puntín a un pase atrás de Baena y Sorloth culminó una pared con el de Roquetas. Dos fogonazos fueron suficientes para dar la vuelta al resultado contra un equipo en tierra de nadie. Pasados los miedos del Athletic con la victoria ante el Osasuna, Europa era un sueño lejano y la salvación cosa hecha. Seis partidos son muchos, sí, pero el Metropolitano era un envite complicado.

Aguado el subidón de la remontada con la lesión de Barrios, que se produjo poco después, tocaba aguantar a un Athletic al que le sentaron bien los cambios. Los Williams son una sombra de lo que fueron y todavía pueden volver a ser y Berenger y Sancet mantienen un picante que necesitaban los vascos en el Metropolitano. El arreón final lo afrontó el Cholo poniendo defensa de cinco. Era importante ganar, mucho. El Arsenal lo había hecho por la mínima y tocaba, al menos, igualar sus emociones. Con sufrimiento, pero lo consiguió y aún se llevó Sorloth un doblete en el descuento al que respondió Guruzeta también en el añadido. La excelencia se espera en Europa. El ensayo salió bien, el miércoles llega el examen.

Un sprint final con el Sevilla en peligro ante el posible descenso más caro de la historia

Un sprint final con el Sevilla en peligro ante el posible descenso más caro de la historia

Poco después de las diez de la noche del 21 de mayo de 2011, Aduriz adelantaba al Valencia en Riazor y metía al Deportivo en descenso en la temporada 2010/11. Los coruñeses dispondrían de numerosas ocasiones para empatar el partido frustradas por César antes de la sentencia de Soldado en el minuto 95. Tan pronto Muñiz Fernández pitaba el final del encuentro, se consumaba el descenso del conjunto de Miguel Ángel Lotina con 43 puntos, la mayor puntuación de la historia de un equipo con la que bajaba de categoría.

A día de hoy y a falta de seis jornadas, el Alavés marca el descenso con 33 puntos. Nunca antes había ocurrido salvo aquella fatídica temporada para el Depor, aunque el que ocupaba esa posición en esta jornada con esos mismos guarismos era el Zaragoza. La mejoría de los equipos en puestos de descenso de los que tanto los vitorianos, como el Levante y el Oviedo sólo han perdido un encuentro de los últimos cinco, presagia que esta temporada se podrá igualar o quizás superar la puntuación con la que bajó el Depor.

De hecho, hay diez equipos que aún no han llegado a los 40 puntos y entre el décimo y el decimoctavo sólo hay seis de diferencia. En las seis jornadas restantes hay numerosos duelos directos que determinarán si hay cambios en las posiciones de descenso que se han mantenido bastante estables a lo largo del curso. Pero el Oviedo ha encontrado a Fede Viñas (4 tantos en los últimos cuatro duelos), el Levante, a Carlos Espí (siete goles en los últimos siete encuentros) y el Alavés ha recurrido a Quique Sanchez Flores en su banquillo para intentar salvarse frente a otros clubes que están cerca en la clasificación.

La victoria del Elche (35 puntos) ante un Atlético de Madrid que tiene las miras puestas en otros objetivos, ha perdido sus últimos cuatro encuentros ligueros, ha sacado momentáneamente a los ilicitanos de unas posiciones que rondan el Sevilla (34 puntos), un histórico que se ha complicado la vida tras su derrota ante el Levante, y a un Rayo Vallecano (38 puntos) que ha cogido aire frente al Espanyol (38 puntos) para invertir su energía en la Conference League, competición en la que disputa las semifinales.

También está por ahí el Mallorca (35 puntos), que perdió una oportunidad de oro en la última jornada ante el Valencia para alejarse un poco más de un sprint final dramático. Aunque tendrá otra precisamente ante el Alavés (14.00 horas). Unos para dar un paso de gigante y otros, tras rozarlo ante el Real Madrid, para volver a hacer crecer la esperanza.

Quien ya parece fuera de esa carrera es el Athletic de Bilbao, que esta noche se enfrenta a un Atlético de Madrid en dinámica negativa. La victoria por la mínima ante Osasuna, en un duelo en el que los rojillos fallaron un penalti en las botas de Budimir, parece haberle alejado definitivamente e incluso virado los objetivos en la última temporada de Ernesto Valverde al frente del banquillo bilbaíno.

Del descenso a mirar a Europa

Cómo estará la Primera División de ajustada este año, que los leones con esa victoria, a día de hoy, puedan incluso soñar con Europa, que les queda a tan sólo un partido, cuando han estado coqueteando con el descenso todo el curso. Es el equipo bilbaíno el único club junto con Real Madrid y FC Barcelona que no ha bajado a Segunda División en toda su historia.

Con 44 puntos, a tres del Athletic y con los mismos que el Celta, el Getafe ocupa la plaza de la Conference League a la espera de saber si por coeficiente a final de este curso se consigue superar de manera definitiva a Alemania y se suma otra plaza de Champions League.

Está el Atlético muy tranquilo con sus ocho puntos de renta frente al Betis en esa cuarta posición liguera por detrás del Villarreal, pero a los de Simeone, que juegan el próximo miércoles contra el Arsenal las semifinales de la Champions, no les conviene despistarse. Sería un fracaso deportivo y financiero romper la racha de 14 temporadas seguidas en la máxima competición continental. Uno de los pocos clubes que puede presumir de ello en Europa. Pero Budapest, sobrevuela el horizonte.

La clarividencia de Pedri y la calidad de Lamine conquistan San Mamés

La clarividencia de Pedri y la calidad de Lamine conquistan San Mamés

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Al Barça le bastó con un pase genial de Pedri y un no menos genial remate de Lamine Yamal para llevarse por la mínima una victoria tremendamente trabajada de San Mamés. [0-1: Narración y estadísticas]

En un partido ante un Athletic que buscó con ahínco la portería de Joan García, el equipo que dirige Hansi Flick logró hacerse con una victoria que se antojaba absolutamente imprescindible tras el triunfo conseguido por el Real Madrid en Balaídos. A la postre, el hecho de que ambos contendientes se hubieran jugado casi hasta el final sus opciones de meterse en la final de la Copa pasó algo de factura, más a los visitantes que a un conjunto local que quería resarcirse de su eliminación ante la Real Sociedad con una grada absolutamente entregada a la causa. El esfuerzo de los de Valverde, titánico incluso, acabó por quedarse sin premio. En gran parte, también, gracias al buen hacer bajo los palos de un Joan García que se las arregló de nuevo para mantener su portería imbatida.

Y eso que el ritmo que firmaron ambos conjuntos en los primeros 45 minutos fue realmente alto. Incluso, inusitadamente ato. Prácticamente, como si unos y otros no hubieran jugado realmente dos intensos partidos de vuelta de las semifinales de la Copa del Rey en los que buscaron con ahínco darle la vuelta a un destino aparentemente prefijado en la ida. A consecuencia del esfuerzo frente al Atlético, por parte azulgrana no estuvieron de inicio en el césped ni Pedri ni Raphinha. Dos ausencias que se unieron a las ya sabidas de Balde y Koundé, ambos lesionados en ese choque. El Athletic, eso sí, amenazó primero y, de hecho, tuvo una ocasión inmejorable para poner el 1-0 en un mano a mano entre Selton y Joan García perfectamente resuelto por el arquero barcelonista. En el otro extremo del campo, mientras, fue un remate de tacón de Ferran, tras la salida de un córner en el añadido, que se perdió muy cerca del poste derecho de la portería de un Unai Simón siempre atento para interceptar posibles acciones peligrosas de los visitantes.

Visto lo visto, Flick decidió apostar por Pedri nada más volver del descanso. Y lo cierto es que la entrada del canario vino acompañada por una madrugadora acción peligrosa en ataque que el Athletic acertó a desbaratar. Los locales, envalentonados por su resistencia, y con su público protestando una posible expulsión de Cubarsí por falta sobre Iñaki Williams que ni Munuera Montero ni el VAR consideraron como tal, tuvieron otra gran oportunidad de mover el marcador en un remate de Sancet, también novedad en la reanudación, perfectamente abortado por Joan García. Pero, cuando los azulgrana parecían estar más necesitados de claridad, apareció la clarividencia en el pase del canario y la calidad en la definición de Lamine Yamal para romper el empate y poner el 0-1 en el marcador. El joven crack barcelonista, quien no parecía hasta entonces estar demasiado a sus anchas sobre el césped, puso el balón prácticamente en la escuadra.

El Barcelona recupera a Eric García y Lewandowski para medirse con el Athletic en San Mamés

El Barcelona recupera a Eric García y Lewandowski para medirse con el Athletic en San Mamés

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Ya eliminado de la Copa del Rey, el Barcelona visita al Athletic, que también se despidió de la competición tras caer ante la Real Sociedad. La mejor noticia para el líder de la Liga, que perdió a Koundé y Balde, sus dos laterales titulares, en la vuelta de semifinales frente al Atlético de Madrid, es el regreso de Eric García, que cumplió sanción ante el conjunto de Diego Pablo Simeone, y de Robert Lewandowki, quien este viernes se entrenó con normalidad protegido por una máscara después de la fractura ósea sufrida ante el Villarreal en el ojo izquierdo. Gavi ya entrena con sus compañeros, pero aún no ha recibido el alta médica.

Pese a la eliminación copera, el Barcelona llega en una buena racha de juego y resultados, con un balance de diez goles a favor y uno en contra en sus tres últimos partidos. Hansi Flick admitió en la rueda de prensa de este viernes que hará rotaciones en el equipo, sin especificar cuáles serán los cambios. En el inmediato horizonte está la ida de los octavos de final de la Liga de Campeone, el martes, ante el Newcastle.

«Son cosas que pasan», dijo el entrenador azulgrana con respecto a las bajas. «No estoy contento, ya lo dije después del partido [ante el Atlético]. Tenemos que hablar de lo que podemos mejorar. Eso es siempre mi responsabilidad y eso es lo que quiero ver. Ni el personal médico ni los fisios: es mi responsabilidad».

Parece probable que Joao Cancelo ocupe la banda derecha y Gerard Martín sea el lateral zurdo, aunque Flick puede manejar otras combinaciones, como dar entrada a Ronald Araujo en el centro de la defensa y desplazar a Eric García al lateral.

El Barcelona cuenta con el aval de sendas goleadas ante el Athletic: 4-0 en Liga, en el regreso al Campo Nou, y 5-0 en las semifinales de la Supercopa.

Fuera también de la Liga de Campeones, el Athletic, que sigue sin poder contar con Nico Williams debido a su pubalgia, quiere enmendar su decepcionante temporada logrando una plaza continental. En cuanto al once, además de la vuelta de Unai Simón, se prevé que Vivian regrese a su habitual posición de central después de actuar como lateral derecho en Anoeta en un equipo titular para cuya configuración Ernesto Valverde tendrá en cuenta el desgaste del choque copero.

Guedes, la resurrección de un puñal que acelera a la Real Sociedad en busca de la final

Guedes, la resurrección de un puñal que acelera a la Real Sociedad en busca de la final

Cuando en el verano de 2017 apareció en Valencia Gonçalo Guedes (Benavente, 1996) causó asombro. El portugués, rápido y habilidoso, era un puñal que había prestado el PSG a su amigo Peter Lim, que acabaría fichándolo por 40 millones. Desde que el Valencia lo vendió en el verano de 2022, el luso no había encontrado su lugar en el mundo...hasta que llegó a San Sebastián para convertirse en un futbolista diferencial que, a fuerza de goles y, sobre todo, asistencias, quiere llevar a la Real Sociedad a la final de la Copa del Rey. De eso sabe, porque ha jugado dos con el Valencia. La primera, se la ganó al Barça de Messi en 2019; la segunda, se le escapó por penaltis ante el Betis en La Cartuja en 2022.

Guedes es feliz en Anoeta y su sonrisa ha vuelto a aflorar tras años crudos en Wolverhampton y lesiones en el Benfica. Ni siquiera su paso por el Villarreal compensó. Es ahora, en San Sebastián y especialmente en este 2026 y de la mano de Matarazzo, cuando se ha convertido en el motor ofensivo del equipo. Erik Bretos, el cerebro gris en la dirección deportiva, confió en él y lo firmó por cuatro millones que han resultado ser una ganga.

Ha entrado en todas las convocatorias, también con Sergio Francisco en el inicio de la temporada, y es el único futbolista de campo que ha jugado minutos en todas las jornadas de Liga. La clave: su don para acelerar partidos, incansable en el uno contra uno, con un disparo potente y su capacidad de asociarse en ataque. Se entiende de maravilla con Oyarzabal, con quien reconoce tener «una conexión especial» en el campo y en el vestuario, donde hay complicidad con Remiro y Aritz Elustondo, además de con Carlos Soler, viejo amigo.

Influencia en todo el ataque

Desde la llegada de Pellegrino Matarazzo al banquillo, Guedes se ha desatado. Tanto que lidera la tabla de asistentes y persigue a Oyarzabal en la de goleadores, aunque el capitán le lleva cuatro de ventaja. En Liga suma seis tantos y cuatro asistencias, una cifra aún lejos de los 11 que logró como valencianista en la temporada 21/22, su mejor año en España. Sin embargo, la sensación que dejó en el mes de enero es que ese registro no es inalcanzable. Marcó tres goles y dio tres asistencias, por lo que lleva siete en total en ambas estadísticas.

Además, cuando la Copa exigió, él se agigantó con goles y acrecentó su influencia en todo el ataque. Fue decisivo ante el Eldense, con una conducción para filtrar un pase de gol a Pablo Marín en el añadido que deshizo el empate y clasificó a los donostiarras. Ante el Alavés, en cuartos, asistió a Oyarzabal en el primer gol y marcó el segundo de la Real para empezar a hilvanar la remontada que necesitaban, y que acabaron logrando. En el partido de ida en San Mamés, fue una pesadilla para la defensa rojiblanca y colaboró en el gol de Beñat Turrientes que da ventaja a los txuri-urdin en la eliminatoria.

El portugués vuelve a ser un jugador decisivo para el duelo de vuelta en Anoeta -más con la ausencia por lesión de Kubo- y, además, ha demostrado que la Copa es una competición que le motiva. De hecho, es el único futbolista de la plantilla de Matarazzo que ha jugado dos finales. Una disputaron Carlos Soler y quienes se proclamaron campeones en 2020, a puerta cerrada en La Cartuja: Oyarzabal, Remiro, Zubeldia, Elustondo y Ander Barrenetxea.

No mira otro horizonte Guedes que no sea esa final y acercar a la Real de nuevo a Europa, pero no se olvida de la selección portuguesa y el Mundial, por difícil que sea. No lo convocan desde junio de 2022 y, por tanto, nunca ha ido con Roberto Martínez, aunque no pierde la esperanza.

Una gran Real deja de piedra a San Mamés y ya ve la la final a un paso

Una gran Real deja de piedra a San Mamés y ya ve la la final a un paso

La Real Sociedad le pasó la mano por la cara al Athletic en San Mamés, con un fútbol de altos vuelos que le deja a un paso de la final de La Cartuja. El equipo de Matarazzo concretó su superioridad con el gol de Turrientes, superada la hora de juego, confirmando su formidable estado de forma, con nueve partidos seguidos ya sin conocer la derrota. [Narración y estadísticas (0-1)]

La prudencia guio los primeros pasos del Athletic tanto como sus propias dificultades creativas. El balón no circulaba entre sus centrocampistas y volantes, que lo acarreaban a trompicones. De modo que tuvo que ser Lekue, un lateral no precisamente ducho en tales fines, quien dejase la única pincelada. Regate en un palmo de terreno, centro preciso desde la derecha para el cabezazo duro de Guruzeta, a las manos del portero.

La Real, en cambio, sí tenía un plan prestablecido, con una naturalidad asombrosa para hacer vertical su fútbol. Soler puso sobre aviso, con un disparo a la media vuelta desde el balcón del área, aunque la mejor ocasión fue servida por Guedes, profundizando para la carrera de Pablo Marín. En su duelo frente a Padilla, el canterano txuri urdin, apuntó a la cabeza del portero, que se sacudió el peligro como mejor pudo.

Sin revisión en el monitor

Uno los avales de la Real, aparte de sus ocho partidos sin derrota, era su fantástica actuación en ese mismo escenario hace apenas 10 días, truncada por la inexplicable roja a Brais Méndez. Aun sin los lesionados Kubo, Sucic y Barrenetxea, su caudal ofensivo volvió a crecer por encima de los diques rojiblancos. Guedes, desde la izquierda, desarbolaba a Lekue. Poco antes del descanso, el portugués sirvió desde ese mismo lado un libre directo hacia la frente de Jon Martin, pero Padilla volvió a interponerse, tan efectivo como poco académico.

Tenía el partido por la mano el equipo de Matarazzo, gracias a también la infinita sabiduría de Oyarzabal. En un par de toques del capitán cabía todo el fútbol de la noche. Un disparo de Turrientes, repelido por Laporte, prologó la acción más discutida de la noche. Una mano de Laporte en el área, tan clamorosa como interpretable. Al menos para Sánchez Martínez. Casi cinco minutos anduvo dando vueltas al asunto el árbitro con su colega Melero López en el VAR. Y ni siquiera se acercó al monitor para revisar si se trataba de una acción voluntaria.

Bien pudo agradecer el Athletic tanta confusión, porque antes del descanso, Rego vio al fin una diagonal de Iñaki Williams. A ese disparo sencillo para Remiro hubo que añadir una trifulca entre Adama y Aramburu. Entre tanto trajín se enmascaraban mejor las carencias rojiblancas.

Aramburu, ante Robert Navarro.

Aramburu, ante Robert Navarro.AFP

Dominaban tanto los donostiarras que el descanso suponía para ellos todo un engorro. Así que cuando al fin pudieron reiniciar el juego, Turrientes comandó otra ofensiva con la autoridad de un mariscal. Fue una jugada asombrosa, con el centro de Sergio Gómez desde la izquierda, el remate de Oyarzabal y la aparición milagros de Padilla. No salía de su campo el Athletic. No le llegaba la camisa al cuello a Valverde, que metió cuatro cambios de una vez.

Nico Williams, Ruiz de Galarreta, Selton y Nico Serrano, si de algún modo podrían ordenarse en cuestión de importancia y necesidad. Precisaban calidad, clarividencia, frescura y piernas los locales, pero la suerte de un partido no varía con un simple golpe de timón. La Real era tan superior que sólo necesitaba la puntada final.

Guedes avisó con un disparo de esos que le valieron fama mundial en el PSG y el Valencia. Turrientes, poderosísimo, detectó una indecisión entre Jauregizar y Ruiz de Galarreta para montar la acción del 0-1. Un robo, el pase monumental de Soler hacia Guedes y la llegada del propio Turrientes donde se espera a los cracks.

Con media por delante, el Athletic sólo podía apelar ya a sus ancestrales vínculos con la Copa. Si la Real bajaba la guardia, allí lanzarían sus fauces Los Leones. Un saque de esquina, un coletazo de Nico Williams, cualquier recurso parecía bueno vista su inferioridad. Tan crecido andaba Matarazzo que no dudó en dar minutos a Odriozola, cargado con una amarilla por sus festejos en la banda tras el 0-1.

El laberinto de Nico Williams y su pubalgia: expertos que se marchan, la necesidad del Athletic, el Mundial...

El laberinto de Nico Williams y su pubalgia: expertos que se marchan, la necesidad del Athletic, el Mundial…

Nico Williams, titular esta noche en el derbi vasco de semifinales de Copa del Rey, es el nombre propio de la temporada en el Athletic Club y uno de los futbolistas a los que se sigue más de cerca en la Federación Española de Fútbol. En Bilbao por su salario, renovado al alza en verano, y por un curso que se ha puesto cuesta arriba por la eliminación en Champions y por la irregularidad en Liga. Y en Las Rozas por la preocupación de cara al próximo Mundial. Siempre con el nombre de Nico pegado al de una lesión que da miedo a los futbolistas por su difícil solución: la pubalgia, cuyo único tratamiento suele ser el descanso.

El delantero lleva jugando con dolor en la zona de la ingle desde el final de la temporada pasada. Se exprimió para acompañar al Athletic a puestos Champions después de ser parte de la España campeona de Europa, pero este curso los dolores han ido a más hasta el punto de condicionar su día a día y de permitirle disputar sólo una vez dos partidos completos de manera consecutiva: en diciembre, contra el Atlético en Liga y el PSG en Champions. En los demás, o se ha quedado en el banquillo o no los ha terminado.

De hecho, sólo ha podido disputar tres de los ocho encuentros de la liguilla de Champions, una ausencia clave en el devenir de los rojiblancos, y en Liga sólo ha jugado tres partidos completos sumando cuatro goles y tres asistencias, números que están lejos de lo que aportaba en años anteriores (5 y 13 en el curso 23-24, por ejemplo).

Renovación por ocho temporadas

Por si fuera poco, la situación se ha complicado todavía más, obligando al Athletic y al futbolista a elegir las 'guerras' en las que debía pelear. No jugó en las semifinales de la Supercopa contra el Barça, pero sí una semana después en Copa contra la Cultural. Jugó ante el Mallorca en Liga, pero paró contra el Atalanta en Champions antes de salir media hora ante el Sevilla, donde sintió bastante dolor, para volver a quedarse fuera en Europa en el decisivo duelo ante el Sporting de Lisboa. Tres días después, fue titular en el derbi vasco de Liga, participó 20 minutos en Copa contra el Valencia y recuperó la titularidad en Liga contra el Levante.

Ernesto Valverde ha ido dosificando al futbolista y a sus dolores dentro de una situación que trae de cabeza al jugador, a su entorno, al club y a los preparadores que han trabajado y trabajan con él. Un día a día problemático en la que hay demasiados intereses cruzados. El Athletic, que paga su sueldo y que le renovó en verano por ocho temporadas más a razón de diez millones por curso, le necesita más que nunca, y Nico se ve en la obligación de ayudar hasta el límite a pesar de que en condiciones normales, que no son las actuales, lo ideal sería parar durante varias semanas e incluso haber pasado por el quirófano antes.

Pero eso, claro, sería no pensar en el presente, algo que el Athletic, 10º en Liga con seis puntos sobre el descenso y a seis de Europa, no se puede permitir. En San Mamés no se quiere oír hablar del Mundial y se exprimen las opciones para tratar al futbolista sin necesidad de un parón demasiado extenso. Una decisión que, según ha podido saber este periódico, ha provocado las idas y venidas de expertos en la lesión, que consideran que lo mejor es parar pero cuya respuesta choca de frente con los intereses del club. Tanto que algunos han durado menos de un mes trabajando con el jugador.

Nico Williams, calentando en Mestalla.

Nico Williams, calentando en Mestalla.Ana EscobarEFE

«Se ha visitado a cuatro especialistas y no ha funcionado el tratamiento aplicado», reconoció hace unos días Mikel González, director general del Athletic. «Estas pubalgias no se suelen operar porque puede ser de tres a seis meses de baja y no te garantizan resultados. Descartamos la operación», resumió, insistiendo en que Nico está poniendo «su compromiso con el Athletic por encima del Mundial». «Sabe que está jugando limitado, pero antepone el club a otras cosas», añadió. En la Federación, mientras, dan por hecho que no podrán contar con él a su mejor nivel durante la Copa del Mundo, y calculan su descanso durante los primeros días del torneo para tirar de él en las eliminatorias.

La realidad de Nico es similar a la que vivió Unai Simón antes de la última Eurocopa. Jugó con dolores en la muñeca durante el curso y el torneo y se operó después, ya sin la presión del club y de la selección. La pregunta es si es mejor un Nico limitado o un Athletic sin Nico durante un tiempo. La temporada dirá.

Pellegrino Matarazzo, el catalizador de la Real Sociedad: autoestima, récord invicto y "café con ron" para Oskarsson

Pellegrino Matarazzo, el catalizador de la Real Sociedad: autoestima, récord invicto y “café con ron” para Oskarsson

Desde su primer entrenamiento en Zubieta, el pasado 26 de diciembre, Pellegrino Matarazzo quiso dejar claro a todos en la Real Sociedad que se dirigieran a él por el diminutivo familiar: Rino. Hijo de inmigrantes italianos, nacido en 1977 en Wayne (Nueva Jersey, 1977), Matarazzo tiene en tan alta estima los valores inculcados en casa como los códigos del vestuario. Por eso, su prioridad a lo largo de estas seis semanas no ha pasado por la táctica. El modo en que Matarazzo ha cambiado el rumbo de la Real Sociedad se ha fundamentado en la confianza.

Cinco victorias y tres empates en ocho partidos convierten a la Real en uno de los tres equipos invictos, junto con Olympique de Lyon y Milan, de las grandes ligas en 2026. Durante ese mismo periodo, sólo el Real Madrid ha sumado más en el torneo de la regularidad. Un balance que ni uno de los hinchas presentes en aquella sesión abierta en el campo José Luis Orbegozo pudo imaginar. Apenas seis semanas después, aquella Real deprimida, plana y pasiva, con dos puntos de margen sobre los puestos de descenso, es hoy un torrente de energía, vértigo y decisión, a un paso de disputar la final de la Copa del Rey.

Nada compendia mejor la metamorfosis moldeada por Matarazzo que una canción de la Grada Aitor Zabaleta. «Por la mañana café, por la tarde ron, llévame a Sevilla, Orri Oskarsson». Así corearon el domingo en Anoeta el gol con el que el delantero cerraba el triunfo ante el Elche (3-1). Los mismos acordes de Café con ron, el éxito de Bad Bunny, servían ahora para el islandés, un fichaje de 20 millones de euros que en 18 meses sólo había destacado por su propensión a las lesiones. Hoy, Oskarsson representa uno de las grandes bazas de los txuri urdin para disputar la final copera, el 18 o 19 de abril en La Cartuja.

Los tiempos de Montanier

Matarazzo se comunica en inglés con Orri y con Luka Sucic, otro futbolista que ha multiplicado su rendimiento respecto a su etapa con Imanol Alguacil y Sergio Francisco. Desde el primer día, las instrucciones en español quedaron en manos de John Maisano, su primer ayudante, conocido en la caseta por dirigirse a Mikel Oyarzabal como Michele. Más allá del idioma, Matarazzo nunca quiso agobiar con revoluciones en la pizarra, sino que puso el foco en alimentar la autoestima de sus futbolistas. Tal y como había intuido en los vídeos previos, la calidad estaba ahí. Simplemente había que liberarla.

Más de una década después, Matarazzo ha recuperado una de las fórmulas que mejor funcionaron en San Sebastián. Se trata del fútbol vertical, basado en las transiciones rápidas. El estilo con el que Philippe Montanier logró la clasificación para la Champions, con Asier Illarramendi como lanzador de Carlos Vela y Antoine Griezmann. Esta Real no necesita el balón para mandar en el partido, porque sabe la zona en que va a robarlo y el flanco débil donde desarbolar al rival. El guion es claro y el equipo lo aplica sobre el verde de un modo muy efectivo.

Nadie en Anoeta pudo extrañarse con el primer once de Matarazzo ante el Atlético, pero aquel domingo, cerrado con una clamorosa ocasión de Carlos Soler ante Jan Oblak (1-1), hubo un par de detalles que sorprendieron. Desde el minuto 15, seis suplentes saltaron a calentar. Una muestra de la activación y la agresividad que quería su técnico. Desde la banda, Matarazzo también se hacía muy presente. Esa energía a la hora de dar instrucciones, celebrar el gol y protestar a los árbitros, pronto también ante los micrófonos, calaron en la grada. Tras el 2-1 frente al Barcelona, el estadio coreó por primera vez su nombre.

Matarazzo, junto a Oyarzabal, el pasado sábado en Anoeta.

Matarazzo, junto a Oyarzabal, el pasado sábado en Anoeta.EFE

Aquel domingo, la gente salía atónita de Anoeta, no sólo porque Gonçalo Guedes había marcado en la jugada inmediata al gol de Marcus Rashford, sino porque su Real pudo resistir, en inferioridad numérica, ante el mejor frente de ataque de LaLiga. En las antípodas de aquel equipo que se desplomaba físicamente durante los últimos minutos, perdiendo puntos decisivos frente a Villarreal, Girona o Levante.

Nadie puede engañarse con Matarazzo, el primer técnico estadounidense en la historia de LaLiga, pero con nacionalidad e ideosincrasia italianas. De sus cuatro hermanos, todos varones, Leopoldo y Antonio también se han dedicado al fútbol. Los tres comenzaron en la Universidad de Columbia, donde Rino se graduó en Matemáticas Aplicadas en 1999. Era el sueño de sus padres, pero incluso a los 22 años él mantenía viva la llama de ser futbolista. Así que cambió el cálculo avanzado multivariable y la geometría diferencial por un salto al vacío. No cuajó nada en Italia, así que, sin conocer una palabra del idioma, tomó un avión hacia Alemania. Allí nunca pasaría de cuarta división, pero sí supo hacer contactos.

En aquel 62º curso de entrenadores de la Federación Alemana (DFB) conoció a Julian Nagelsmann, con quien compartió habitación en la ciudad deportiva de Hennef, a las afueras de Colonia. La sintonía entre ambos fue inmediata y en enero de 2018, el actual seleccionador de la Mannschaft contrató a su amigo como primer ayudante en el Hoffenheim. Tras casi dos temporadas juntos, Rino optó por volar solo en el Stuttgart, a quien ascendió a la Bundesliga. De ahí, vuelta a Hoffenheim, con billete para la Europa League. Su despido, en noviembre de 2024, cambió tanto su perspectiva que terminaría aceptando la oferta de DAZN como comentarista durante el Mundial de clubes.

Cosas de la buena ventura

Tras perder la carrera para dirigir a Estados Unidos en el Mundial, cuya responsabilidad acabaría en poder de Mauricio Pochettino, todos los azares del fútbol se han alineado para Matarazzo. En Zubieta no se olvidan de los cinco disparos a la madera del Barcelona, incapaz de batir a Alex Remiro tras la roja a Soler; ni de las paradas de Aitor Marrero durante la tanda de penaltis frente a Osasuna en octavos de Copa; ni de la asombrosa irrupción del balón parado, en manos de José Rodríguez, el especialista fichado en verano procedente del Aston Villa. Tras una angustiosa sequía en la estrategia, Jon Aramburu rubricó el 1-2 en Getafe tras cabecear un córner botado por Takefusa Kubo.

Matarazzo, durante el entrenamiento del martes en Zubieta.

Matarazzo, durante el entrenamiento del martes en Zubieta.EFE

Hoy, Matarazzo no podrá contar ante el Athletic con el japonés, ni con Ander Barrenetxea, ni con el citado Sucic, pero en Donosti ven la final más cerca que nunca. De las 8.000 peticiones, sólo 410 agraciados podrán disfrutarlo en directo en San Mamés. Se trata de la cuarta semifinal en siete años para la Real, tercera seguida, algo nunca visto en su historia. Los dos precedentes coperos ante el Athletic en esta instancia se saldaron con una remota eliminación (1923) y un triunfo (1987) que conduciría al título ante el Atlético en La Romareda.

"Tenemos que jugar con intensidad y conexión, todas las cosas que nos ha hecho muy fuertes, debemos seguir haciéndolas, porque si no, no funcionaremos bien", admitió el martes Matarazzo. Aún queda mucho margen para un conjunto incapaz de mantener su portería a cero desde el 24 de septiembre ante el Mallorca. Y que sobrevive en defensa pese a las tribulaciones de Duje Çaleta-Car, autor de un esperpéntico penalti sobre Toni Martínez, a quien cegó con su propia camiseta.

Esa remontada en Mendizorroza (2-3), sin embargo, fraguó también la conexión entre el vestuario y la afición. Muchos realzales se las habían ingeniado para conseguir una localidad fuera de la grada visitante y vibraron con las lágrimas de Marrero, baja para el que debía ser su día grande por un golpe fortuito con Guedes durante un entrenamiento. Tampoco olvidaron el detalle de Brais Mendes, que se sumó a la convocatoria apenas unas horas después del nacimiento de su segundo hijo. Inequívocos síntomas ambos de la salud del vestuario.

Los hermanos Williams hielan Mestalla para llevar al Athletic a semifinales y Oskarsson rescata a la Real Sociedad en Vitoria

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Dicen que a Nico el pubis le lleva a maltraer, que le merma y condiciona su juego y que a Iñaki le cuesta hacer goles, tanto como que solo había marcado uno. Se dibujaba una temporada gris, con pocos fogonazos de los Williams. Sin embargo, en Mestalla, les bastó un destello para mandar a la lona al Valencia y al Athletic a semifinales. Apenas jugaron media hora, porque Valverde les mandó al campo de la mano, pero fue suficiente. El pequeño centró y el mayor rebañó para marcar el 1-2 en el 90+5 que daba la victoria a los rojiblancos.

Mientras, en Vitoria, a la Real Sociedad también le tocó rehacerse ante un contestón Alavés que le tuvo contra las cuerdas hasta el minuto 88. Fueron los donostiarras siempre a remolque, con Oyarzabal igualando el gol tempranero de Abde, con Remiro parando a Toni Martínez el segundo penalti que le tiraba, porque el primero lo marcó el murciano. Fue Guedes quien empató para darles vida en el 76 y Oskarsson quien heló Mendizorroza con el 2-3 porque se les habían escapado las semifinales.

En Mestalla, la grada se había vestido de gala y no cesó recordarle a su equipo que quería la Copa. Valverde parecía haber renunciado desde el once, sin un titular y con el debut de Iker Monreal junto a Laporte en el centro de la defensa. Para pareja para bailar con Sadiq, un chaval y un veterano recién salido de lesión. La parroquia se relamía esperando, con paciencia, que el Valencia, que no tardó en buscar el primer balón en largo al nigeriano, engrasara su ataque. Mientras veía cómo Luis Rioja se iba convirtiendo en un problema para Lekue en la orilla derecha. Era incapaz el capitán de frenarle y encima el fuerte viento le jugaba malas pasadas. Permitió que el sevillano se le escapara para pisar área y cruzar un disparo que salvó Padilla.

La respuesta del Athletic fue solo una entre los tres palos en toda la primera parte y llegó por la incapacidad de los valencianistas para despejar un balón que el Athletic pudo sobar rondando el área hasta que Nico Serrano soltó un latigazo que obligó a Dimitrievski a sacar los puños.

La sensación era de que el Valencia estaba más cerca de abrir el marcador en cuanto Sadiq se afinara. Y lo hizo, pero en la portería que no tocaba. Una falta que Robert Navarro, desde casi la línea de banda, la cabeceó el delantero, solo en el pico del área, como si fuera el goleador del Athletic. Nadie entendió qué cortocircuito le llevó a perpetrar ese testarazo. Como si se hubiera quedado grogui, poco después falló en el remate de un centro de Rioja a un metro de la meta de Padilla. Sin embargo, se sacudió la culpa y lo enmendó cuando vio que Rioja -siempre Rioja- probó con un tiro desde el carril derecho que al meta del Athletic, en su intento por embolsarlo, se le escapó. Apareció como un rayo el nigeriano para rebañarla y poner el empate.

La igualdad espoleó al equipo de Corberán que se instaló en el área bilbaína, con Danjuma intentando castigar por la izquierda y Rioja siendo una pesadilla en la derecha. El Athletic solo intentaba estirarse para, al menos, llevar con vida al descanso. Esa estrategia le permitió tener el partido en la mano.

Valverde mandó a los Williams, a Nico y a Iñaki, al césped y Corberán respondió sacando a Sadiq, tras enviar alta una asistencia de Pepelu, y recompuso su defensa por la lesión de Copete. Creció y mucho el Athletic, que pudo marcar con un remate de media volea de Nico Serrano que estrelló en el lateral del área. Enlazó otra ocasión el extremo antes de que Foulquier, silbado todo el duelo, estirara al Valencia hasta la línea de fondo para estampar su tiro en el palo. Hasta ahí se mantuvieron los valencianistas en los cuartos de final. Y eso que Dimitrievski paró un penalti a Jauregizar que el VAR vio por mano de Tárrega. Ni Ramazani, ni Diego López, ni Hugo Duro ni Guido Rodríguez sacaron a su equipo del atasco, cada vez más romo y más parecido al que sufre mucho en Liga.

En el añadido, cuando se visualizaba la prórroga, apareció Nico Williams por el carril derecho para, desde el pico del área, regalarle a Iñaki un balón que solo tuvo que rebañar para llevar al Athletic a las semifinales de la Copa.