Landaluce cae ante Medvedev en cuartos de Roma tras presentarse entre los mejores

Landaluce cae ante Medvedev en cuartos de Roma tras presentarse entre los mejores

Eran unos niños de apenas ocho o nueve años cuando Martín Landaluce y Rafa Jódar empezaron a medirse el uno contra el otro. Madrileños ambos, socios del Club de Tenis Chamartín, se encontraban una y otra vez en la pista, y Landaluce dominaba casi siempre. Rara era la vez que Jódar celebraba; quienes le conocen no recuerdan una sola victoria suya en aquellos años de infancia. Pero llegó la adolescencia, cambiaron los cuerpos, se nivelaron las fuerzas y, en los últimos meses... ¡Boom! El fenómeno Jódar irrumpía para asombro del propio Landaluce. Cabeza fría necesitó este para seguir su camino, pero en cuanto pudo respondió con hechos.

Tras alcanzar los cuartos de final del Masters 1000 de Miami, este jueves brilló como nunca para poner a Daniil Medvedev contra las cuerdas en los cuartos del Masters 1000 de Roma. Después de dos horas y 23 minutos de batalla, cayó por 1-6, 6-4 y 7-5, pero dejó su firma en uno de los escenarios más grandes del circuito.

Medvedev, exnúmero uno y ganador de un Grand Slam, no pudo más que aplaudirle cuando el español de apenas 20 años se despedía de la pista central del Foro Itálico. "Ha sido un partido muy duro", reconoció el ruso, que en semifinales se medirá a Jannik Sinner (este sábado, 19.00 horas), tras un esfuerzo que le resultó extenuante. Landaluce le llevó al límite, le obligó a ofrecer su mejor versión y no estuvo lejos de eliminarle.

Al español solo le fallaron las fuerzas en un partido larguísimo -como le ocurrió al propio Jódar ante Luciano Darderi- y le faltó experiencia en los momentos decisivos. En las jugadas clave, Medvedev intensificó la presión con el revés y movió, movió y movió al español en busca del error. "Ahora fuerte de cabeza", le reclamaba su padre, también llamado Martín -otra coincidencia con Jódar-, pero era muy difícil mantener el pulso. Después de avasallar a Medvedev con su derecha y su juego en la red en un primer set atípico, Landaluce fue perdiendo pie poco a poco y cediendo terreno al ruso. Medvedev apenas sufría con su saque mientras el español peleaba el suyo constantemente. En el set definitivo llegó a salvar tres bolas de set, pero pedirle más ya era demasiado.

Pese a la derrota, se marcha de Roma con el orgullo de haber exhibido su juego ante los mejores del mundo y de haber escalado del puesto 94 al 65 del ranking. Podrá debutar en Roland Garros sin pasar por la previa y allí ningún rival, ni el mismísimo Sinner, se alegrará de cruzarse con él. Tras la eclosión de Jódar, el salto a la élite de Landaluce está más cerca que nunca. Quién lo iba a decir cuando se retaban el uno al otro siendo niños.

Rafa Jódar repite cuartos de final en Roma y continúa su ascenso

Rafa Jódar repite cuartos de final en Roma y continúa su ascenso

Rafa Jódar ya se ha acostumbrado a la rutina del éxito. Cada día, una victoria, como si no fuera un debutante en el circuito ATP. Como ya hizo en el Mutua Madrid Open, en el Masters 1000 de Roma este martes también alcanzó los cuartos de final al vencer a un coetáneo, Learner Tien, por 6-1 y 6-4 en una hora y 15 minutos. Desde Novak Djokovic en 2007 ningún otro adolescente había sido capaz de encadenar dos torneos 'grandes' entre los ocho mejores. Esa es la dimensión de lo que está logrando. Ya es el 29 del mundo -acaba de superar a otro prodigio, Joao Fonseca-, será cabeza de serie en Roland Garros y lo más increíble es la sensación de que todavía está empezando.

Porque al contrario de lo que ocurrió en Barcelona o Madrid, estos días a Jódar no se le ve más fresco. Hay cansancio en sus piernas, de eso no hay duda. Pero su tenis es tan abrumador, le pega tan fuerte a la bola, su dominio es tan exagerado que incluso así pudo superar a un adversario como Tien.

EFE

Este martes, en el penúltimo juego, el estadounidense -normalmente un tipo muy calmado- acabó enviando la raqueta a tomar vientos. Desesperado, incapaz. Desde el arranque, Jódar le asfixió con su resto y al final su cabeza no pudo más. Cada turno de servicio había sido una tortura de la que Tien no sabía cómo escaparse. Además, el ganador de las últimas Next Gen ATP Finals, pese a ser zurdo, sufría en los intercambios contra el revés del español, que presionaba, y presionaba, y presionaba. Jódar apenas necesitaba buscar el golpe ganador. No le hacía falta. De hecho las estadísticas señalan que finalizó con más errores no forzados -19- que winners -10-, un recuento injusto.

El bajón en el segundo set

"Estoy muy contento de cómo he jugado y de cómo he gestionado los problemas que me han surgido en este partido. En el tenis hay muchos altibajos porque el rival también juega y pese a ello he podido conseguir la victoria", analizaba el español con el arranque del segundo set en mente. Como le pasó en tercera ronda ante Luciano Darderi, en cuanto cambió de periodo pasó de la excelencia al desacierto y tuvo que rehacerse, pero lo hizo con sobriedad. Del 1-3 en contra al 6-4 final en un abrir y cerrar de ojos.

En los cuartos de final, Jódar podría encontrarse con el número tres del mundo, Alexander Zverev, en lo que sería el primer duelo entre ambos. Sobre el papel, el español tendría que padecer, pero visto lo visto cualquier cosa es posible.

Jódar supera la presión y a Borges en un debut desagradable en el Masters 1000 de Roma

Jódar supera la presión y a Borges en un debut desagradable en el Masters 1000 de Roma

Rafa Jódar, 19 años, caminando por Madrid y teniendo que parar cada diez metros porque alguien le pide una foto. Un anuncio con su cara ocupa una fachada entera de Gran Vía. Los medios de medio mundo quieren cinco minutos con él. En Instagram le siguen 160.000 personas que hace unos meses no sabían que existía.

Bienvenido a la otra cara del tenis.

Porque el juego de Jódar -el que le ha catapultado desde el anonimato al puesto 34 del ranking ATP en cuestión de meses- es solo la mitad de la historia. La otra mitad es aprender a vivir con todo lo que viene después: las entradas agotadas cuando juega él, los rivales que ya le han visto suficiente como para plantear un antídoto, la presión del entorno.

Ese aprendizaje llegó antes de lo previsto. Este viernes, en su debut en el Masters 1000 de Roma, Jódar se encontró con un partido desagradable y sin concesiones ante Nuno Borges y, pese a ello, lo ganó por 7-6(4) y 6-4 en una hora y 57 minutos. Las excusas hubieran sido legítimas: el cansancio acumulado en una gira de tierra batida exigente, el cambio de condiciones entre la Caja Mágica y el Foro Itálico, el viento racheado que rompía los ritmos, la arcilla romana irregular con sus botes traicioneros. Cualquiera de esas razones habría valido para justificar una derrota. Jódar no necesitó ninguna.

Hubo momentos de duda -algún gesto de frustración, incluso una discusión con su padre y entrenador, algo inédito hasta ahora en su carrera profesional-, pero los encajó y siguió. Esa es la señal. La ola es grande, pero tiene las herramientas para surfearla.

Un día sin brillo

Ante Borges, de hecho, venció en un mal día: la virtud de los grandes. No estuvo especialmente acertado en el saque -un 57% de primeros-, la derecha le traicionó demasiado hasta llegar a sumar más errores no forzados que golpes ganadores e incluso le costó aprovechar sus bolas de break. Pero igualmente sacó el triunfo adelante gracias a su cabeza. Mientras Borges, tenista 10 años mayor que él, caía en el desespero en el tie-break del primer set, Jódar sacaba entonces su mejor tenis para ponerse por delante.

El segundo set fue más placentero, pese a los obstáculos, pero el primer set estuvo lleno de dificultades. En Barcelona o Madrid, Jódar hubiera empezado con 4-0 a favor porque tuvo bolas para ello, pero esta vez se enredó, cedió un break y se vio obligado a remontar. También fue mérito de Borges, que supo aguantar los intercambios de revés del español y le contestó hasta el final.

"He jugado muchos partidos en los últimos torneos y tengo que aprender a recuperarme y estar más descansado. Ha sido un partido muy, muy duro. Nuno ha jugado a gran nivel y yo no he empezado tan bien, pero he sabido remontar y decidir en el tie-break", resumió Jódar.

Tres títulos y 18 victorias consecutivas: ¿Alguien puede detener a Carlos Alcaraz?

Tres títulos y 18 victorias consecutivas: ¿Alguien puede detener a Carlos Alcaraz?

Si los números son arrolladores, la impresión que transmite en pista, es, si cabe, aún más intimidatoria. Da la impresión de que Carlos Alcaraz en ocasiones gana incluso sin proponérselo. «No venía aquí con demasiadas expectativas», dijo a pie de pista, en el Andy Murray Arena, tras imponerse al checo Jiri Lehecka por 7-5, 6-7 (5) y 6-2, para vencer nuevamente en Queen's, como ya hizo en 2023, y hacerse con su tercer título consecutivo, quinto del año, vigésimoprimero en su carrera.

Lejos de quedarse en una plataforma de lanzamiento de cara a Wimbledon, donde a partir del 30 de junio buscará su tercera corona consecutiva, el coqueto ATP 500 de la capital británica sirvió para constatar la suficiencia con la que el número dos del mundo (las jerarquías, de momento, mienten, o al menos engañan) se maneja sea cual sea el escenario y el oponente.

Desde que perdiera ante Holger Rune el 20 de abril en la final del Conde de Godó, limitado por los problemas físicos sufridos en el último set, por los que decidió después no jugar el Masters de Madrid, Alcaraz ha encadenado 18 victorias consecutivas. Fue campeón en Roma y en Roland Garros, en ambos casos con Jannik Sinner como víctima, y ha vuelto a demostrar en Queen's una asombrosa naturalidad en la adaptación al cambio de superficie. No se trata sólo de la destreza con la que se mueve y de la eficacia con uno de los golpes con los que presenta mayor margen de mejora, como es el servicio, sino también de una mentalidad prestamente ajustada a las nuevas demandas.

Sin lagunas mentales

Si en París, antes de hacer cumbre en una final que agotó los mejores calificativos, pasó por algún trance incómodo por no refrendar las roturas de servicio, como le sucedió ante Lorenzo Musetti en semifinales y frente al propio Sinner, en Londres ha sido muy consciente a la hora de poner en valor el peso de hurtar el saque a sus adversarios y la delgada línea en la que pueden decidirse los partidos en un terreno tan resbaladizo.

Si algo se le puede aún discutir a este tenista de 22 años que ya cuenta con cinco títulos del Grand Slam es, ocasionalmente, la falta de constancia en su juego, ocasionada en gran medida por un legítimo sentimiento de superioridad sobre sus adversarios. Aunque pudiera sorprender, todavía se encuentra en un proceso de aprendizaje, y la hierba le ayuda a ser mejor tenista, a limar esas pequeñas lagunas mentales.

Alcaraz festeja su título en Queen's con los recogepelotas del torneo.

Alcaraz festeja su título en Queen's con los recogepelotas del torneo.AFP

Ante Lehecka, en una final que tal vez hubiera resuelto en dos sets de no mediar la doble falta que acabó por costarle el desempate del segundo, exhibió más aces que nunca en su carrera, 18, y ganó 21 de los 29 puntos jugados con su segundo saque, el 72%. Nunca perdió el hilo de un partido en el que eligió con mimo y acierto entre su inmenso repertorio, sacrificando la brillantez mostrada en semifinales ante Roberto Bautista.

Frente a la relativa insignificancia de los triunfos de Taylor Fritz en Stuttgart, Gabriel Diallo en Hertogenbosch y Alexander Bublik en Halle, y a la espera de lo que suceda esta semana en Mallorca y Eastbourne, la autoridad mostrada por Alcaraz en Queen's le pone algunos cuerpos por encima del resto para Wimbledon. Doble cuartofinalista, Fritz es entre los citados quien más lejos llegó con anterioridad en el All England Club. A la espera de un improbable renacer de Djokovic, que descansa desde las semifinales de París, y con Sinner, superado por Bublik en octavos de Halle y aún convaleciente de los tres match points que se le escaparon en la final de Roland Garros, resulta difícil vislumbrar quién pueda detenerle.

Carlos Alcaraz, un fórmula 1 que supo reconducir la carrera frente a Musetti

Carlos Alcaraz, un fórmula 1 que supo reconducir la carrera frente a Musetti

Actualizado Viernes, 6 junio 2025 - 22:28

Ahora mismo, si Carlos Alcaraz adquiere dinámica, intensidad y ritmo de partido, resulta un jugador prácticamente invencible, más aún sobre una pista de tierra batida. Su mayor problema, si lo hubiere, reside en él mismo. Es un fórmula 1 que bien conducido se dispara hasta el infinito. Su mayor preocupación ha de ser no salirse de pista como consecuencia de toda la potencia y recursos que atesora. En las semifinales de este Roland Garros, Lorenzo Musetti sacó provecho durante un buen tramo de partido de su condición de outsider. Toda la responsabilidad estaba en el lado del defensor del título, así que el italiano se soltó y pudo mostrar gran parte de su enorme talento.

Alcaraz salió guiado por la inercia de su arrolladora victoria en cuartos de final ante Tommy Paul, un buen tenista que aún siendo de la escuela estadounidense es capaz de competir con actitud sobre arcilla. El español arrancó como más le gusta, con un juego directo y tratando de reducir la frecuencia de los intercambios. El exceso de velocidad le generó desorden. Y sucedió frente a un jugador en progresión constante, como es Musetti, con los mejores argumentos en arcilla.

Al límite

Alcaraz pagó el peaje por sus errores, sobre todo en la finalización de las jugadas, y dio alas a su rival, que se llevó el primer set y le llevó al límite en el segundo. Replicó sendos breaks del murciano y le llevó al desempate. Entre los muchos méritos del campeón en Montecarlo y Roma está haber sabido dar un paso atrás después de las serias dudas que atravesó. Recondujo el partido, puso más peso de bola sobre el revés a una mano del transalpino y le erosionó hasta doblegarlo. Su lesión y consiguiente retirada vino por la elevada exigencia a que se vio sometido a lo largo del encuentro.

Estamos ante la final que casi todo el mundo esperaba. Jannik Sinner, que se rindió en la final de Roma, sin suficiente engrase en su juego después de tres meses ausente, a buen seguro que ofrecerá más resistencia este domingo. Estamos ante los dos jóvenes llamados a disputarse el presente y el porvenir. El sentimiento que le produce Alcaraz es más inquietante sobre la superficie que nos ocupa. Si Carlos no quiere ir más rápido de lo que toca, diría que tiene un 55% de su parte. Promete ser una cita para no perdérselas, como señala la ya generosa lista de sus enfrentamientos.

Alcaraz-Sinner, el Clásico de la próxima década

Actualizado Domingo, 18 mayo 2025 - 21:08

Alcaraz contra Sinner, o Sinner contra Alcaraz. Tanto da. Es el partido que más apetece ver, el que despierta mayor ilusión entre los aficionados al tenis y diría, incluso, que entre quienes no siguen regularmente este deporte. Es el Clásico, así, con mayúsculas, de la próxima década. Dos jóvenes ganadores, pujantes, apenas separados por un año, dispuestos a pelear por todo. No olvidemos que el año pasado se repartieron los cuatro títulos del Grand Slam. Y el desenlace podría ser similar en este curso. Dos estilos distintos, un contraste que agrega atractivos a la rivalidad. Alcaraz, más imaginativo pero también más inconstante, como si a veces se aburriese, sabedor de su extraordinario talento. Sinner, más estable. Más monocorde también.

Ganó Alcaraz, que cuenta con mejores argumentos sobre arcilla y vio cómo su oponente se disolvía tras dejar pasar dos pelotas de set antes del desempate. Dio la impresión de que Sinner se preguntaba: «Si con todo lo que he hecho en el primer parcial no he podido ganarlo, ¿qué habré de hacer ahora?».

Porque el número 1 del mundo jugó mucho y bien, siempre a una marcha muy alta, restando tiempo a cualquiera de las acciones del español. Pero Alcaraz sabe ralentizar más los partidos, cambiar ritmos y alturas y sigue contando con un arma tan exquisita como es su dejada.

Para él, al fin y al cabo, se trataba de una final más en un Masters 1000. Sinner tenía presión añadida: jugaba en casa y estaba a una victoria de completar un regreso colosal a las pistas. Físicamente también pudo pesarle el desgaste de las dos semanas. Si hubiera ganado el primer set, tal vez el partido habría sido otro.

Campeón en Montecarlo y en Roma, Alcaraz se presentará en Roland Garros en una situación idílica. Ha gestionado bien los torneos disputados y en todos ha competido cuando estaba en plenitud física. Se le escapó el Conde de Godó, condicionado por los problemas físicos en la final ante un gran Holger Rune. Dado el grado de exigencia del circuito y con Madrid y Roma jugándose a dos semanas, lo importante es llegar en las mejores condiciones al verdadero objetivo de la gira sobre tierra batida.

Déjenme rendir honores a Jasmine Paolini, que se hizo grande en su propia casa superando a Coco Gauff en la final y llevándose, además, el título de dobles. Enorme mérito el de la jugadora italiana al conquistar su segundo WTA 1000 frente a una rival tan dura como Gauff, reciente finalista en Madrid, quien, no obstante, acusó la fatiga acumulada.

Alcaraz es de mármol: derrota otra vez a Sinner, levanta el título en Roma y marca el camino para Roland Garros

Alcaraz es de mármol: derrota otra vez a Sinner, levanta el título en Roma y marca el camino para Roland Garros

Ya declinaba la final del Masters 1000 de Roma cuando Jannik Sinner, hombre impasible, se permitió algunos gestos de desesperación: un suspiro, una mirada al cielo. No había nada que hacer. En rondas tempranas de torneos lejanos, Carlos Alcaraz a veces se ensimisma, pero con un título en juego y en coliseos como el Campo Centrale, se torna invencible. Su talento se agiganta, sus piernas se precipitan y, sobre todo, su cabeza se endurece. Cuando eso ocurre, no hay jugador en el circuito que pueda responderle, quizá no lo haya en la historia.

Este domingo ante Sinner, dominador del ranking mundial, campeón de los dos últimos Grand Slam, rival para la próxima década, volvió a demostrar que manda si quiere hacerlo. Al final, 7-6(5) y 6-1 en una hora y 43 minutos de juego. Sobre cemento, entre cañonazos, aún puede sufrir, pero en tierra batida, donde siempre gana el mejor, no quedan dudas. En esta gira ha ganado en Montecarlo y Roma y ha llegado en la final en Barcelona y en la edición de Roland Garros que empieza el próximo domingo si no es campeón sería una sorpresa.

El momento decisivo

La final ante Sinner se decidió en apenas cuatro o cinco puntos, todos en el desenlace del primer set, fueron sólo unos minutos. Hasta entonces, ambos jugadores marcaron sus fortalezas, el español con la derecha y el italiano con el revés. No se hicieron daño. El esquema de juego de Alcaraz pasaba por alargar los intercambios para molestar con bolas altas y la táctica de Sinner, mejor con su servicio, buscaba todo lo contrario. Hasta el 6-5, cada uno hizo lo suyo, a veces genial ambos, a veces erráticos. Pero entonces, Sinner ameritó dos bolas de set con n 15-40 y decantó la balanza.

Andrew MedichiniAP

El peligro era mortal. En un encuentro a cinco sets, ceder el primero no es un drama; en un partido a tres sets, hacerlo es sentencia. Alcaraz tenía que hacer lo que hizo. Al contrario que en otras ocasiones, se abrazó a la serenidad, jugó y forzó a Sinner para que repitiera ciertos errores. Entonces sólo quedaba el tie-break, donde clavó dos saques directo a la línea y cerró el periodo con una volea magistral. En ese mismo instante, convirtió el segundo set un disfrute ante rival ya rendido. El título ya era suyo.

"No he tenido altibajos"

"Estoy muy orgulloso de cómo he enfocado el partido mentalmente. Tácticamente todo ha ido bien, pero sobre todo no he tenido altibajos, me he mantenido en mi mejor nivel durante todo el partido", admitió el español al acabar el encuentro, antes de felicitar a Sinner por haber llegado a la final después de su sanción y de aceptarse como favorito para la próxima cita en París: "Ganar aquí en Roma superando a Jannik es un éxito que me da mucha confianza para Roland Garros, aunque ahora lo único que quiero es celebrar con mis amigos, mi familia y con los amigos que han venido desde España. Después descansaré y ya me podré centrar en el Grand Slam".

Con su triunfo, Alcaraz sumó su séptimo Masters 1000, el primero en Roma, pero sobre todo agigantó una estadística de aquellas que asustan a sus adversarios. A sus 22 años, ha jugado 12 finales entre 'grandes' y Masters 1000 y sólo ha perdido una. En los días decisivos, bajo los focos, se vuelve de mármol, como ocurrió este domingo.

Alcaraz y Sinner en la final de Roma y una rivalidad más fría que nunca por el mensaje que no llegó: "Cada uno mira por lo suyo, no somos cercanos"

Alcaraz y Sinner en la final de Roma y una rivalidad más fría que nunca por el mensaje que no llegó: “Cada uno mira por lo suyo, no somos cercanos”

En un Informe Plus, Gianni Bugno admitía que cuando en 1991 no saltó a un ataque de Miguel Indurain en el descenso del Tourmalet no sólo perdió aquel Tour de Francia, el primero del español, también perdió los posteriores. A partir de entonces se sentía inferior, más lento, peor; se creía incapaz. La historia del deporte está llena de momentos así y quizá en un tiempo la final de este domingo del Masters 1000 de Roma entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner (17.00 horas, Movistar) sea uno de ellos.

El Big Three acostumbró al tenis a una alternancia perfecta entre campeones, ahora ganaba Federer, ahora Nadal y ahora Djokovic, hubo éxitos de unos y otros, pero las rivalidades no siempre se construyen así. De hecho, raramente lo hacen. La balanza tiende a decantarse. Por eso esta gira de tierra batida parece decisiva.

Sinner, más fuerte que antes

Aunque no lo parezca, Alcaraz está en peligro. Pese a su racha sobre arcilla en el último año natural, 26 victorias y sólo dos derrotas -las finales de los Juegos de París y del último Godó-, Sinner se presenta un paso por delante en cuanto ranking, tenis e incluso moral. Liberado del peso de su positivo por dopaje del año pasado, más sonriente que nunca estos días en el Foro Itálico, vive un periodo dulce tras encadenar US Open y Open de Australia y asegurarse el número uno hasta quién sabe cuándo. Domina el circuito y sólo hay un detalle que se le escapa: Alcaraz.

FABIO FRUSTACIEFE

El año pasado el español le derrotó en sus tres enfrentamientos, las semifinales de Indian Wells, las semifinales de Roland Garros y la final del Masters 1000 de Pekín, y este curso se ha armado para cambiar eso. Como se ha visto esta semana, el italiano ha trabajado la variabilidad de sus golpes, especialmente las alturas, y se le ve más musculado. Sigue siendo delgado, pero se nota el trabajo de fuerza que su preparador actual, Marco Panichi, le preparó para aprovechar su parón. «Llegué aquí con muchas dudas sobre lo que podría hacer porque en los entrenamientos tenía muchos altibajos y por eso es tan importante haber llegado a la final», reconoció ayer.

El mensaje que nunca llegó

El próximo Roland Garros se supone su momento y el duelo en Roma marcará el paso. Si Sinner gana, llegará a París con la confianza desbordada y la venganza entre los dedos. Porque al fin y al cabo, aún se siente maltratado por muchos en el tenis o, como mínimo, abandonado. «Recibí mensajes de jugadores que no esperaba y no recibí nada de otros de los que sí podía esperar algo», comentó antes de debutar en el Masters 1000 y rápidamente las miradas se dirigieron a Alcaraz.

Los actuales uno y dos del ranking ATP nunca fueron íntimos, pero desde aquel encuentro en el challenger de Alicante de 2019 se les consideraba amigos, tanto como para compartir entrenamientos en las Navidades de 2023. Mientras el italiano estuvo vetado, el español no le escribió y eso les ha distanciado. «Cada uno mira por lo suyo. Habrá gente que le escriba o que quiera que estén detrás de él. Yo no hablé con Sinner, porque al final somos rivales, es un circuito. Tenemos una gran relación fuera de pista, pero no somos cercanos», reconoció el español, ahora a la defensiva.

El golpe del español

Como campeón de la arcilla, pone su trono en juego desde ya, en esta final pre-Grand Slam. Una derrota acrecentaría las dudas sobre él que no responden a los resultados, si no a las malas sensaciones de ciertos partidos en Montecarlo o en Roma esta misma semana. Es injusto, pero su tenis de genialidades y emociones siempre estará en entredicho frente al estilo robótico de Sinner. Para Alcaraz, esta final es una amenaza, sí, pero al mismo tiempo también una oportunidad.

Andrew MedichiniAP

Si reina en el Campo Centrale ante más de 10.000 italianos en el regreso de Sinner, dará la vuelta a las inercias que empujan a ambos y llegará a París con medio título en el bolsillo, más teniendo en cuenta que nadie les discute, ni Alexander Zverev, ni un desaparecido Novak Djokovic ni por el grupo formado por Taylor Fritz, Jack Draper, Casper Ruud y compañía. En esta final del Masters 1000 de Roma están ellos dos solos bajando el Tourmalet y si uno no salta al ataque del otro, quizá en un tiempo dirán que fue aquí se decidió la historia.

Alcaraz descifra un partido feo ante Musetti y ya espera a Sinner en la final de Roma: "No era día para jugar brillante"

Alcaraz descifra un partido feo ante Musetti y ya espera a Sinner en la final de Roma: “No era día para jugar brillante”

Hay días y días, eso está claro. Hay días dulces, muchos días dulces, que no sólo acaban en celebración, también en alegría. Hay días negros, derrota y para casa. Y hay días raros, como este viernes para Carlos Alcaraz. En 2040 o más allá, cuando se retire, su palmarés dirá que se clasificó para su primera final del Masters 1000 de Roma y que lo hizo con purpurina; derrotó por 6-3 y 7-6(4) al local Lorenzo Musetti. Pero quien viera el encuentro, fuera por televisión o en el mismo Campo Centrale del Foro Itálico, no lo recordará de esa manera.

Fue una victoria fea, de las más feas que se le recuerdan, más en tierra batida. Se puede culpar al viento, se puede culpar a la pista y sobre todo se puede culpar a su rival, aunque tampoco importa ya mucho. Este domingo Alcaraz optará a su primer título en el torneo italiano, su séptimo Masters 1000, y podría hacerlo ante su rival generacional, Jannik Sinner, que aún debe medirse en la otra semifinal a Tommy Paul.

El análisis de lo ocurrido le será útil, seguro que sí, aunque quizá lo mejor es quedarse con el triunfo y olvidar. Si se desea un resumen, sirve un dato: entre los dos protagonistas acumularon 86 errores no forzados y sólo crearon 28 golpes ganadores. Hubo poco tenis y muchos nervios y si Alcaraz venció fue porque se mantuvo sereno. Su mérito estuvo ahí. Mientras Musetti se daba bofetadas en la cara, rompía una raqueta contra el suelo y clamaba al cielo, Alcaraz seguía impertérrito, como si nada. Si en cuartos de final ante Jack Draper se contuvo en la celebración de puntos preciosos esta vez tampoco tenía que machacarse.

El contagio de Alcaraz

Hizo lo que tenía que hacer y ya está. Ante él, Musetti se presentaba amenaza con el recuerdo de la final del Masters 1000 de Montecarlo, pero desde el primer punto todo se torció. Atenazado por el apoyo de su público, el italiano completó un primer set terrible, un error detrás de otro. Puede analizarse la altura de los golpes de Alcaraz o los problemas de Musetti con su revés a una mano, pero realmente su actuación nada tuvo que ver con el juego. Psicológicamente estaba perdido. Hasta que no se superó la primera hora de juego, Musetti falló casi todo y Alcaraz acabó contagiándose de ello.

Pese a la confusión de su adversario, en el primer set el español concedió un 'break' y en el segundo set empezó cediendo dos consecutivos. Fue aquello que le complicó el triunfo. Para alcanzar el tie-break definitivo, Alcaraz tuvo que batallar. La fórmula estaba clara: tranquilidad y orden en su juego. «¡Maneja el momento!», le reclamaba su entrenador, Juan Carlos Ferrero. Pero no siempre salía. Al final, pese a la mejora de Musetti, el español descifró lo que ocurrió sobre la pista y alcanzó la final en Roma.

"Ha sido un día difícil. Las condiciones, el viento... algo complicado. No era hoy día para jugar tenis brillante, sino para jugar tenis inteligente, un tenis sólido. Ir a por el punto cuando se podía. Lo hice bien, creo. Estuve fuerte mentalmente cuando las cosas no fueron tan bien", reconoció el propio Alcaraz, que ya divisa otro duelo ante Sinner. El año pasado le venció en sus tres enfrenamientos pese a la innegable coronación del italiano como dominador del circuito; esta vez, si finalmente se vuelven a encontrar, discutirán de nuevo quién es mejor.

Alcaraz resiste contra el viento y ya está en semifinales del Masters 1000 de Roma

Alcaraz resiste contra el viento y ya está en semifinales del Masters 1000 de Roma

Quedan peligros, pero el Masters 1000 de Roma empieza a preparar una final entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner el próximo domingo, la primera entre ambos sobre tierra batida desde que eran unos críos. Si el italiano -que este jueves se enfrentará en cuartos de final a Casper Ruud- ha regresado de su sanción en excelente estado de forma, el español está también preparado. Este miércoles se aseguró su pase a semifinales al vencer a Jack Draper por 6-4 y 6-4 en una hora y 37 minutos en un encuentro incómodo por varios motivos.

En primer lugar por el viento de tormenta que azotó el Campo Centrale del Foro Itálico desde el calentamiento. Y en segundo por la estrategia de su adversario, siempre molesta, monótona e incluso aburrida.

Pese a su juventud, Alcaraz conoce las amenazas que el circuito le guarda; adversarios que le pueden acabar de estropear un mal día. Todos tienen el mismo perfil y Jack Draper es paradigma. Un saque de los que conceden pocas oportunidades, golpes potentes desde el fondo de la pista y, en este caso un cambio de mano, pues es zurdo. En los enfrentamientos anteriores, como en las semifinales del último Masters 1000 de Indian Wells, el británico ya le había amargado obligándole a jugar siempre de revés, todo el rato de revés, y por eso Alcaraz salió a la pista con toda la seriedad del mundo.

FILIPPO MONTEFORTEAFP

"¡Va, anímate!", le pedía su entrenador, Juan Carlos Ferrero, en el primer set, pero en realidad no estaba apagado: estaba concentrado.

La pelea en el segundo set

Necesitaba estudiar las condiciones, el viento y la imposibilidad de dominar con su derecha. El margen era estrecho, dibujaba un plan. Con los primeros errores -incluida una doble falta- concedió un break y se descubrió por debajo en el marcador (2-4), pero a partir de ahí todo cambió. En cuanto Draper empezó a fallar sus primeros servicios, Alcaraz entró en la pista y la hizo suya. A base de piernas desmontó el tenis de su rival y luego pudo gustarse, bailando sobre el vendaval, aprovechando el aire para sus dejadas.

Con tres roturas consecutivas del servicio del británico, no sólo giró el primer set (6-4), también arrancó el segundo set con ventaja. Pero entonces le tocó tirar de oficio. El orgullo de Draper le devolvió el break y a partir de entonces padecía en cada servicio. Un dato: en ese periodo, el británico realizó 22 saques y el español, 51. Hubo que resistir, resistir y resistir -incluso salvar tres bolas de rotura- hasta que con 4-4 se abalanzó sobre Draper y se hizo con el triunfo.