El peor Madrid desde la era Mou

El peor Madrid desde la era Mou

El peor baño que sufrió el Madrid en Lisboa no fue de agua ni de fútbol. Fue de realidad. Después de los brotes verdes ante Mónaco y Villarreal, el equipo regresó a Albacete, aunque con una lectura peor. Si en la Copa pudo sufrir falta de motivación, en la Champions el problema fue más grave, al tratarse de falta de recursos, individuales y colectivos. Courtois y Mbappé no bastan, y de Vinicius nunca se sabe si va a coger el teléfono. El belga y el francés son el sur y norte del Madrid, hoy el único modo de orientarse con seguridad para los aficionados y hasta para el entrenador. Entre ambos, un Madrid hipotenso, pero también lejos, muy lejos, de la calidad de sus mejores tiempos.

El Benfica no es mejor que este Madrid, pero su nivel de agresividad, no juego sucio, concentración y ambición desbordaron a un equipo con los nombres de siempre en el terreno de juego, aunque sin plan ni alternativa. La situación no puede achacarse a Arbeloa, que acaba de llegar al banquillo, y coloca a los mismos jugadores, aunque un enfoque distinto al de Xabi Alonso. El resultado, sin embargo, es el mismo. No. Peor. El tolosarra fue destituido, de "mutuo acuerdo", con el Madrid en la Copa y el Top 8 de la Champions, y, hoy, está fuera de la competición doméstica y de la 'first class' europea. La realidad no para ponerse susceptible, como le ocurrió a Arbeloa.

Sin embargo, hay que profundizar en el calado de las causas, en el diseño de una plantilla con carencias estructurales. En concreto, en la creación de juego, además de en posiciones sin el nivel de tiempos pasados, como la defensa, más allá de las lesiones. De eso hay que pedir responsabilidades en otra ventanilla, en el piso de arriba.

Mourinho las detectó bien y mandó a sus jugadores a castigar las zonas más débiles del Madrid, con continuas cargas del área. Lejos de la etiqueta defensiva del portugués, su Benfica fue tremendamente ofensivo, no sólo por las necesidades de su equipo, también por las carencias ajenas. Una de las virtudes de Mou es hacer peor al contrario. Al Madrid lo llevó a una de sus peores versiones europeas en mucho tiempo.

Observar la mediocridad del Madrid y la intensidad de un Benfica pletórico ha vuelto a activar la nostalgia que una buena parte del madridismo siente por el portugués. El tiempo blanco de Mou es pasado, como él mismo ha dicho. Un tiempo controvertido y polémico, en lucha contra el mejor Barça de la historia, pero con un Madrid cuya calidad no tenía nada que ver con la del actual, con Casillas o no, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo, Xabi Alonso, Modric, Benzema, Cristiano o Di María, los futuros campeones de muchas Champions. El Madrid del presente es el peor Madrid desde entonces, con permiso de Courtois y Mbappé.

Mourinho, reventado por su propia autodestrucción, no sobrevivió para vivir en el banquillo blanco el cabezazo de Sergio Ramos en Da Luz, llave de la Décima. Al menos, en el mismo lugar celebró el de Trubin para seguir en esta Champions. Sin una plantilla como la que tuvo en su etapa, el Madrid necesita un mensaje parecido al que recibió el Benfica antes del partido. Eso no quiere decir que necesite a Mou ni a un Mou de marca blanca.

El reencuentro con Mourinho para los nostálgicos de la irreverencia, el orgullo y la ira: herencia, ocaso y conexión con el presidente

El reencuentro con Mourinho para los nostálgicos de la irreverencia, el orgullo y la ira: herencia, ocaso y conexión con el presidente

«Nunca amamos a alguien en concreto. Amamos tan sólo la idea que nos formamos de alguien». El madridismo que ama a José Mourinho, y que empieza por su presidente, lo hace por lo que dejó escrito Fernando Pessoa: ama lo que Mou significó en una etapa crítica. Un tiempo que fue de los aplausos en el Bernabéu a Ronaldinho por parte de un señor con bigote a ver el propio estadio arrasado por el paso de un Atila con zapatillas de ballet. Era Pep Guardiola. Mourinho también lo padeció, pero acabó por llevar a la implosión a su antónimo hasta derrotarlo, hecho que inflamó el orgullo de buena parte del madridismo, aunque fuera a costa de minar el campo con la irreverencia y la ira. El portugués se marchó, desgastado por su propia cruzada, pero la ira se quedó entre nosotros. La nostalgia no siempre es por amor.

La saudade, la nostalgia, es un sentimiento muy portugués. Está presente en los personajes de Pessoa como en los de Eça de Queiros u otros grandes escritores lusos, aunque Mourinho tenga poco que ver con el introspectivo Bernardo Soares, protagonista del Libro del desasosiego. Mou es The Special One, el mejor actor del fútbol, aunque ya sólo un gran entrenador en su invierno.

La nostalgia por el pasado de blanco es mayor por parte de una legión de fieles madridistas que por el propio técnico, cuya saudade es únicamente de sus tiempos de gloria. La realidad es que no los vivió en el Bernabéu, y no sólo por los títulos. También por el feeling. Mou se sintió en su salsa en la Premier, porque en Inglaterra era el personaje de una comedia. Aquí lo convertimos en el personaje de una tragedia, algo muy español. El error fue nuestro.

La superioridad moral del Barça

La era de Mourinho en el Madrid no fue únicamente la de los insultos o el juego extremo y duro. También la de la rebelión frente a un Barça que, además de dominar en el campo, se había situado en una posición moral de superioridad. Era el marketing de los valors. El caso Negreira y los audios de Piqué con Rubiales para repartir el oro de Arabia demostrarían que quienes predican desde atalayas morales suelen tener los pies en las cloacas.

El reencuentro del Madrid con Mou, el miércoles en Lisboa, evoca, pues, esa nostalgia en un tiempo que se asemeja en algunos aspectos al momento en el que llegó el portugués al banquillo del Bernabéu. La crisis deportiva y el dominio del Barcelona durante la temporada pasada invocan la necesidad de invertir la tendencia, aunque para ello haya que «poner una bomba». Es lo que dijo Mou en privado ante la superioridad, entonces, de los azulgrana. La puso. Los resultados fueron evidentes, al destruir al rival, aunque sin conseguir todos los objetivos esperados. Los efectos colaterales, con deterioro de la imagen del club y división, también.

El Madrid ha escogido para salir de su crisis actual a un mourinhito, después de destituir a otro de los entrenadores que, como futbolista, más conexión tuvo con el portugués. Sin embargo, como dijo Arbeloa en la más atinada de sus declaraciones, si intentara imitar a Mou, fracasaría. En lo suyo es único, el «puto amo».

Mourinho, durante un partido del Benfica.

Mourinho, durante un partido del Benfica.ALESSANDRO DI MARCOEFE

Veremos a ese Mourinho antes, durante y después del partido de Champions, porque el personaje necesita más que nunca de sus artes, dado el desequilibrio que existe, hoy, entre el Benfica y el Madrid, por irregular que esté el conjunto blanco. La primera indirecta la dejó al expresar su sorpresa por el hecho de que entrenadores sin experiencia accedieran al banquillo de grandes clubes. Arbeloa no respondió. Acertó.

Asesor en la distancia

«No cuenten conmigo para telenovelas», manifestó el portugués cuando le preguntaron si estaba entre las soluciones para el Madrid, después de la destitución de Xabi Alonso. La realidad es que no ha estado en el debate de las alternativas, aunque jamás haya dejado de ser como un sueño húmedo para Florentino Pérez, en especial en noches de tormenta. El contacto entre ambos ha permanecido, en ocasiones hasta como un asesor en la distancia.

Florentino encontró el éxito después de Mou. De hecho, el mayor de su era, con las tres Champions de Ancelotti, en dos etapas, y las tres de Zidane, dos apuestas suyas y dos personajes de su cabecera. Pero ni el francés ni el italiano hicieron seguidismo de su línea argumental en las guerras del presidente y el club. Tampoco en el maniqueísmo y la división. La que aparecía entre madridistas y «pseudomadridistas» fue acuñada por Mou.

Al portugués le ha ido peor desde que dejó el Madrid. Lo mejor de su carrera, las Champions con Oporto e Inter, fueron anteriores. Volvió a ganar la Premier con el Chelsea, un club con una afición a fuego, donde su estilo encajaba a la perfección, pero no alcanzó la gloria en uno de sus destinos más esperados, Old Trafford, y tampoco encontró el momento para ocupar el banquillo de Portugal. La Eurocopa conquistada en 2016 habría sido uno de sus grandes hits. En cambio, la conquistó alguien que no se parece en nada a Mou. Fernando Santos se había escapado, realmente, de un libro de Pessoa.

Arbeloa, entrenador del Madrid.

Arbeloa, entrenador del Madrid.J.J.GuillénEFE

El Benfica es su último destino, por el momento, pero no un destino más, porque Mou es benfiquista de corazón. Se trata del club de sus orígenes, en el que se formó. El entrenador, que hoy cumple 63 años, fue la baza electoral del actual presidente del Benfica, el ex jugador Rui Costa. Una gran figura para el banquillo del club que más estado de opinión crea en el país. Los resultados no han llegado, lejos del Oporto, líder. Las lesiones han minado a un Benfica en el que Mou hizo voto de prudencia al llegar, pero nadie puede ir contra su naturaleza.

Eso es lo que dijo Arbeloa con respecto a sus futbolistas tras la victoria en La Cerámica, un test de calidad que salvó el técnico. La declaración tiene una parte de sensatez y otra de capitulación para un entrenador que quiera desarrollar su obra. Como si el Madrid fuera El libro de la selva, aunque Vinicius no se parezca en nada a Mowgli ni en esa selva resuene, hoy, un grito como el de Mou, para lo bueno y para lo malo.

Vinicius revive en un partido redondo ante el Mónaco bajo el efecto balsámico de la Champions

Vinicius revive en un partido redondo ante el Mónaco bajo el efecto balsámico de la Champions

La Champions trajo su bálsamo a un Bernabéu con las heridas en carne viva. Un bálsamo con componentes muy indicados para los males del Madrid. En primer lugar, porque el regreso a la competición que da sentido a su historia siempre impone solemnidad, y en la solemnidad no encajan los pitos. En segundo, porque no todos los que pitan estaban, con un público más heterogéneo en el paisaje europeo que en la Liga. Como si el tendido del 7 de las Ventas se llenara de "guiris". El equipo necesitaba esa atmósfera esponjosa tanto como los espacios que dejó un Mónaco naif, atrevido en ataque pero hipotenso en defensa, que no está como cuando empezó el torneo. Para Vinicius, Mbappé y el resto fue como volver al paraíso perdido.

Cuajó, pues, el Madrid un partido redondo (5-1) y en paz que consolida al equipo en el 'Top 8'. Es donde lo dejó Xabi Alonso, pero después de lo de Albacete cualquier cosa podía ocurrir. El Madrid pudo correr, como le gusta. Lo hizo con muchísima precisión, como demuestran los dos primeros goles, en transiciones precisas, con interactuación de la mayor parte de los futbolistas de ataque y finalización de Mbappé. Eran los episodios de juego más brillantes del Madrid en tiempo, y eso debe ser un punto de partida para Arbeloa, enredado en sus declaraciones. Si lo que sucedió ante el Mónaco se debe ya a su trabajo, que calle y continúe. Serio en la banda, observó, aplaudió, abrazó a Vinicius y dio sus primeros minutos al canterano Meso.

Buena presión

El Madrid corrió pero también presionó, de principio a fin. El Mónaco no lo soportó. El conjunto del Principado está en la zona templada de la Champions, pero muy lejos de sus buenas épocas. Llegaba al Bernabéu después de cuatro derrotas consecutivas. El regreso de Pogba debía ser el mástil de su proyecto. Ausente en el Bernabéu, de momento es un fiasco. La apuesta por Ansu Fati, situado detrás de Balogun, un delantero físico e incómodo, apenas devuelve la sombra del futbolista que asombró con su irrupción en el Barcelona. La rodilla ha sido el peor de sus rivales.

Arbeloa volvió a utilizar a Valverde como lateral y colocó a Camavinga en la banda izquierda. Las bajas obligan a maniobras que no gustaban en el pasado, ni en la hierba ni más arriba. Güler regresó al centro del campo con Bellingham y Tchouaméni, y Mastantuono apareció junto a Mbappé y Vini. Del centro del campo en adelante, idéntico a lo elegido por Xabi Alonso. Mbappé estuvo en su papel, con dos goles, Vinicius ofreció dos asistencias, al francés y a Mastantuono, y de su centro llegó el cuarto tanto, al introducir el balón en su portería Keher.

El abrazo a Arbeloa

Al brasileño le faltaba su gol, aunque con semejante producción como había hecho, nadie se lo iba a reclamar. Sin embargo, estaba ante una gran oportunidad de redimirse, con más espacios que nunca. Cuando pudo maniobrar en la frontal del área, buscó el instante y colocó el balón en la escuadra. Se giró y apenas lo celebró. Fue en busca de sus compañeros y de Arbeloa, al que abrazó. Nadie le ha dicho tantas veces «te quiero» en los últimos días. La vida de Vini es como vivir permanentemente en un puente. De un lado, el amor; del otro, el odio.

El alto rendimiento fue global, porque, además de Vini y Mbappé, Mastantuono hizo uno de sus mejores partidos como madridista, clave en la acción del primer gol y autor del tercero. Valverde, Mastantuono, Valverde y Mbappé fue la secuencia de ese tanto, impecable. El segundo empezó en la espuela de Camavinga, con Güler y Vini en el trámite antes del tanto del francés. Mejor aún.

El preludio llenó los depósitos de autoestima del Madrid ante un Mónaco que se acercó a Courtois, pero sólo encontró el gol por una frivolidad de Ceballos. En cada paso adelante, dejó su campo lleno de minas ante un Madrid insaciable, que no dejó de robar hasta el gol de Bellingham, sexto en un día de redención.

Ni Lamine Yamal puede evitar el aquelarre al Barça

Actualizado Miércoles, 5 noviembre 2025 - 23:11

La extrema fragilidad que muestra el Barça hace que se antojen muy lejanos los momentos en que, a cada golpe como los que le asestó el Brujas, respondía con una remontada contundente, como un púgil que permite un derechazo a la mandíbula, pero no un segundo. Porque espabila y te machaca. Eso fue lo que hizo Lamine Yamal, emerger en el aquelarre para tirar con orgullo y magia de un equipo que se quiebra con suma facilidad. [Narración y estadísticas: 3-3]

Hansi Flick no encuentra ese gen que la temporada pasada hizo que avanzaran en Champions pisando los huesos de los rivales que se cruzaban en su camino. Cierto es que no está Raphinha ni Lewandowski, que cada balón que tocaban era gol, que Lamine empieza ahora a olvidarse del dolor y a dar chispazos para recuperar su magia y que ha perdido al capitán napoleónico en la defensa que era Iñigo Martínez. En la reinvención, el alemán está viviendo una travesía casi humillante.

No le permitió ni un respiro el Brujas porque conocía perfectamente sus debilidades. La línea adelantada de una zaga poco contundente es un caramelo para extremos veloces como Carlos Forbs. Seis minutos tardó en dar un paso adelante el lateral Sabbe y lanzar a la carrera al portugués, quebrando a Balde y poniendo la pelota al punto de penalti para que Tresoldi batiera a un desahuciado Szczesny. El varapalo provocó que Flick convocara una cumbre en la banda para buscar cómo poner freno a algo que todo el estadio entendió que era una estrategia ganadora de los belgas.

Sin embargo, en dos minutos Ferran empató el partido en una jugada casi calcada. Fermín burló su línea de zagueros y le entregó un pase que, a bocajarro, el valenciano, sin vigilancia, mandó al fondo de la portería. Pareció entonces que el Barça entraba en calor y encerraba a los belgas. Estrelló Fermín un latigazo cruzado con la zurda en el poste y Rashford se sumó al acoso, y los errores, mandando por encima del larguero un remate prometedor.

Tanto se volcaron los azulgranas, y con tan poco acierto, que se olvidaron de que el partido también se jugaba en la otra mitad del campo. Con todos los futbolistas arrimados a la frontal, el Brujas armó una contra como si fuera un pinball y dejó solo, otra vez, a Carlos Forbs para, en velocísima carrera, batir a Szczesny.

Antes de los 20 minutos, el Barça perdía y las sensaciones de que Lamine Yamal empezaba a ser reconocible, que Fermín sigue con el colmillo afilado, no eran suficientes y que Koundé estrelló un remate en el travesaño. El Brujas estaba cómodo y explotaba su capacidad de inquietar, aunque de ese estado le pudo sacar al filo del descanso Ferran, a quien Lamine dejó solo ante el guardameta Jackers sin que lograra hacer el empate. Al Barça le estaban saliendo muy caros los errores en su campo y las imprecisiones en el área de los belgas.

A la vuelta del vestuario, un remate del lateral diestro Seys recordó que hacía falta espabilar. Fue entonces cuando Lamine Yamal demostró que el mal de amores siempre puede ser un estímulo. Con la pubalgia aparcada, se echó el equipo a la espalda intentando diabluras, encarando y buscando el hueco para armar un chut. Suya fue la mejor ocasión, cuando estrelló en el cuerpo del portero belga un rechace cazado a un tiro de Rashford. El empuje aún les duró a los azulgranas para que Éric García saliera de la cueva, se acercara al área y soltara un obús que se estrelló en el travesaño. Tres palos llevaban y tenía que llegar la recompensa.

Solo Lamine Yamal podía metérsela en el bolsillo. Agitó su varita y arrancó en un eslalon infinito sorteando un bosque de piernas en el área hasta que Fermín, con un taconazo, lo encontró para que lograra el empate. A punto estuvo de no durarle ni un minuto, porque Forbs volvió a romper a la defensa y, encarando a Szczesny, falló. Su error lo arregló enseguida marcando el tercero, otra vez haciendo añicos la línea culé. No hay manera de ajustar al equipo para minimizar tanto riesgo.

Buscó Lamine, de nuevo, arreglarlo. Primero, con un disparo de rosca que llevaba su copyright y salvó Jacksers, pero el desastre lo pudo agrandar Anthony Taylor cuando vio penalti de Balde a Forbs. Lo enmendó el VAR, pero aún apareció la joven estrella para inventarse un centro que tocó Tzolis para envenenarse y darle al Barça un punto. De nuevo el videoarbitraje salió al rescate de una pifia de Szczesny.

Los panes y los peces de Courtois no sacian el hambre de la Champions

Los panes y los peces de Courtois no sacian el hambre de la Champions

Los panes y los peces de Courtois no sacian el hambre que necesita esta Champions, en la que al Madrid no le bastan los milagros de su portero. Le dieron un título, en París, frente a un Liverpool mejor al que encontró en Anfield. Pero hablamos también de un Madrid mejor al que por ahora se reconstruye de la mano de Xabi Alonso. Caer en Anfield no es dramático, y menos después de haber ganado los tres primeros partidos de la primera fase del torneo. Lo preocupante es hacerlo sin mostrar apenas amenaza, dominado por un rival grande, pero en un momento de dudas. Después de perder ante el PSG en el Mundial de clubes y en el Metropolitano frente al Atlético en Liga, el Madrid de Xabi Alonso lo hace en Anfield con su portero en figura. Con la Juventus lejos de la primera línea, el Barça es por el momento su única pieza de caza mayor.

Las cuatro intervenciones de valor gol realizadas por Courtois auguraban que habría una quinta. Conviene no pedir ante el altar todos los días ni en todos los partidos. Frente a un Mac Allister a quemarropa ya no quedaban panes ni peces. El Liverpool se puso por delante porque era lo que decía el juego, inapelable, ambicioso, tenso en el caso de los ingleses, pero contemplativo y plano por parte de los madridistas.

Xabi Alonso optó por la exitosa fórmula del clásico, al incluir a Camavinga en el centro del campo. No funcionó, impreciso el francés y superado todo el equipo blanco por el ritmo de juego impuesto por el Liverpool. Apenas Carreras, frente a Salah, respondió en los duelos individuales. Fue de más a menos Vinicius, detenido por Bradley. Estuvo desaparecido demasiado tiempo Mbappé, sin conectar, y la generosidad de Bellingham no encontró socios. Suya fue la única ocasión real del Madrid, la única.

Nada pone en cuestión esta derrota más allá de constatar que el Madrid es ya apto para la velocidad de la Liga, líder con comodidad, pero todavía tiene que acelerar para alcanzar la que imponen los ilustres de la Champions. El intento de hacerlo tras el gol del Liverpool fue decepcionante, porque no generó peligro real y expuso más a Courtois. La tendencia de esos ilustres la marca un Bayern de récord, 16 de 16 victorias en la temporada tras vencer al PSG de Luis Enrique en el Parque de los Príncipes. Eso es caza mayor de verdad.

Las carencias del Barça descubiertas por Luis Enrique: desconexión defensiva, presión desordenada o cuando el talento no basta

Las carencias del Barça descubiertas por Luis Enrique: desconexión defensiva, presión desordenada o cuando el talento no basta

Actualizado Jueves, 2 octubre 2025 - 18:26

La derrota ante el PSG de Luis Enrique ha sido un golpe duro para el Barça. A pesar de la dificultad que entraña medirse nada más y nada menos que al vigente campeón de la Champions, con la supuesta ventaja de que llegaba al duelo en Montjuïc mermado por las bajas, la derrota, tras encajar el 1-2 en el tiempo añadido, les sentó fatal a los azulgrana.

«Creo que hemos comenzado bien el partido, pero, en la segunda nos han impuesto su juego. Hemos perdido el control, hemos perdido balones muy fáciles y, en estas circunstancias, es normal que un equipo así te acabe marcando goles. La autocrítica que debemos hacer es que no hemos jugado a lo que queríamos y nos han impuesto su ritmo», señaló Gerard Martín en la zona mixta.

«Estamos fastidiados. Creo que en la primera parte hemos estado bien, hemos tenido ocasiones y hemos controlado el juego. Cuando nos han marcado el primer gol, hemos bajado la presión. Ellos salían más fácil y, en la segunda parte, fuimos a remolque y nos costó mucho. Teníamos el empate, que servía de consuelo, pero, al final, nos han metido el segundo», recalcó Eric García. De Jong destacaba que esta derrota, aunque dolorosa, «no es determinante».

«Creo que no hemos jugado a nuestro máximo nivel, y eso también es importante en la Champions. El PSG ha merecido la victoria. Esta vez no podemos decir que hemos estado a su mismo nivel. Creo en mi equipo, pero no hemos mostrado nuestra mejor versión», analizó Hansi Flick en la sala de prensa de Montjuïc.

Para el entrenador alemán, la clave de la derrota, además del cansancio que mostraron en la recta final del partido Pedri o De Jong, quienes apenas han tenido descanso, sobre todo en el caso del canario, estuvo en la falta de capacidad para mantener el orden. «No supimos mantener la estructura en la segunda parte. Tenemos que entrenar, mejorar, y creo que esta derrota puede ayudarnos mucho de cara al futuro. Hay que aguantar los 90 minutos, todo el equipo debe defender y atacar a la vez, estar a un gran nivel con el balón, aprovechar espacios, participar en la posesión... Todo el PSG sabía hacerlo y son cosas que tenemos que aprender», recalcó un Flick que, en la previa, ya le dio un leve toque a un Lamine Yamal, que fue de más a menos por unas desconexiones defensivas que le gustaría que corrigiera. En su opinión, no basta sólo con la calidad. También hay que echarle mucho esfuerzo.

El trabajo de Lamine

«Para pasar al siguiente nivel, uno o dos escalones más, hay que esforzarse, no vale con el talento. No se trata sólo de jugar con el balón, también hay que defender. Es lo que necesitamos, de todos los jugadores, no solo de él», recalcó en la previa un Flick que no se cansa de repetir que Lamine Yamal llegará donde se proponga, pero sólo si le suma a sus condiciones innatas muchísimo trabajo.

Ante la Real Sociedad, saliendo desde el banquillo, fue clave para que un Barça un tanto renqueante sellara la remontada y se impusiera por 2-1 a los donostiarras para encaramarse al liderato en una Liga en la que, frente al Rayo, en la tercera jornada, los azulgrana firmaron un primer tropiezo al marcharse de Vallecas con un 1-1 tras ser capaces de adelantarse en el marcador. Ahí, Joan García, ahora lesionado, se encargó de sostener al equipo.

Ahora, muchos se preguntan qué habría pasado si el portero de Sallent hubiera estado el pasado miércoles bajo los palos, sin que eso signifique desmerecer la actuación de Szczesny. También se pregunta si las cosas hubieran sido diferentes de haber podido contadio con Fermín (muy acertado en el arranque del curso) y con Raphinha. E, incluso, si los cambios de escenario (Montjuic y estadio Johan Cruyff) han podido descentrar en gran parte al equipo. Por lo pronto, el Barça ya ha anunciado que su próximo partido como local en Europa, frente al Olympiacos, también tendrá Montjuïc como sede.

Un gol del PSG en el minuto 90 vuelve mortal al Barça en una batalla extenuante

Un gol del PSG en el minuto 90 vuelve mortal al Barça en una batalla extenuante

Actualizado Miércoles, 1 octubre 2025 - 23:16

A tumba abierta, sin mirar atrás y sin miedo. No se esperaba que Barça y PSG propusieran otra cosa que no fuera una batalla hasta la extenuación para, con todo su talento, buscar la forma de golpearse en las áreas hasta sangrar. Empezó el Barça, por momentos lúcido pero otros obtuso, pero fue el PSG quien manejó mejor sus armas para, sin perder fuelle, acabar llevándose la victoria de Montjuïc en el último suspiro. [Narración y estadísticas (1-2)]

No va con Flick ni con Luis Enrique la especulación y en el campo estaban desplegados los jugadores con el fútbol más puro del momento. El primero en mostrarse fue Lamine Yamal, que se atrevió a, con una ruleta, buscar a Vitinha y Barcola y encarar a Nuno Mendes antes de colocar la pelota en el área por donde rondaba Ferran. Solo habían pasado tres minutos de un duelo que, sin tregua, se convirtió en un ataque continuo de área a área manejado por las dos mejores salas de máquinas.

Para saber más

A Pedri lo presionaron hasta agotarle para evitar que sacara la varita, mientras que a Vitinha le aparecían jugones capaces de adivinar sus pases y de robarle la pelota, algo con lo que está muy poco familiarizado el portugués. No tardó en adivinar cómo sacudírselos.

Maquinaria letal

Tras Lamine, las miradas las concentró el central ucraniano Zabarnyi. Primero porque su testarazo a saque de esquina fue la primera ocasión del PSG, pero también porque salvó bajo palos un remate de Ferran tras un pase con el exterior de Lamine entre la defensa y el guardameta Chevalier que olía a puro veneno. La joven estrella del Barça estaba entendiendo que este enfrentamiento merecía espectáculo.

Por eso apareció en la medular, se aprovechó de un error inusual de Vitinha e inició una jugada que pasó por las botas de Pedri y acabó en el costado para que Rashford le entregara un centro raso a Ferran que solo tuvo que empujar. El Barça había golpeado primero, pero imposible recostarse en esa ventaja a los 20 minutos ante una maquinaria que, aunque con serias bajas en ataque, siempre acaba demostrando que es letal. Se les hizo más presente esa reflexión cuando Barcola se plantó en el área y a Szczesny le salvó que se le fue larga en el último toque. Tampoco ajustó la mirilla Dani Olmo en un golpeo que se perdió ajustado al palo de Chevalier. Hasta de córner probaron con remates de Cubarsí, Rashford y Ferran que se estrellaban en los cuerpos de los parisinos haciendo muralla en el área pequeña.

De nuevo tuvieron presente que es imposible contener todo el tiempo a un rival capaz de hacer pagar muy caro un error. Nuno Mendes se cobró el despiste de Koundé para arrancar con la potencia de un avión hasta rozar el pico del área y servirle al jovencísimo Mayulu su primer gol en Champions. El gol generó dudas en el Barça, que sucumbió al empuje del equipo de Luis Enrique, y Barcola volvió a probar un tiro que, ante la presión de Gerard Martí, se le fue alto. Al filo del descanso, volvió a salir del atasco con una cabalgada de Rashford para colocar un centro raso que no empujaron en el primer palo ni Ferran ni Olmo.

Lamine, decepcionado.

Lamine, decepcionado.AFP

Los jugadores cogieron aire en el vestuario y volvieron a la carga. Otra vez probó Barcola, y otra vez le ganó Szczesny. El Barça puso una marcha más y obligó al PSG a salir vivo en una jugada con tres remates de Ferran, Olmo y Lamine que acabaron sacando bajo los palos Zabarnyi y Hakimi. Hasta ahí llegaron los azulgranas.

Para contrarrestar ese fuelle, el poco que le quedaba al Barça, Luis Enrique buscó cargar por donde flaqueaban los culés, mandando a Nuno Mendes a buscar las cosquillas de Koundé con la espalda bien cubierta por Lucas Hernández. No fue el único peón que se movió desde los banquillos. Flick se apuntaló con Casadó, Lewandowski y Balde, a lo que Luis Enrique, algo forzado por las molestias de Fabián, buscó el peso en ataque de Gonçalo Ramos. Un giro más para mantener la intensidad de un partido que dejaba sin resuello.

Fue el PSG quien mejor asimiló esa inyección de energía y, dirigido por Kang In, se volcó en campo azulgrana haciendo sufrir muchísimo al Barça, incapaz de volver a estirarse. El susto se lo llevó cuando el coreano se coló en el área y armó un disparo que se estrelló en la cepa del poste de Szczesny. Lo que no esperaba era la carrera en el 90 de Hakimi a la espalda de Balde para servir el gol de la victoria a Ramos.

Arda Güler es como el Betadine

Arda Güler es como el Betadine

Arda Güler fue de lo poco presentable, si es que lo hubo, en el impresentable Madrid del Metropolitano. Fue el actor principal en el espejismo blanco, con una asistencia y un gol, y en el baño de realidad, al cometer un penalti sin saber muy bien lo que hacía. El derbi puso en cuestión buena parte de los argumentos de la reconstrucción de Xabi Alonso, especialmente la solidez defensiva. Pero no la apuesta por un jugador especial, aunque ante el Atlético el turco no estuviera en el lugar donde nada escapa a la percepción de su mirada perdida. De vuelta a los medios, en el partido de curarse las heridas ante una cenicienta de la Champions, Güler fue como el Betadine.

Una vez bajó el ímpetu del Kairat Almaty y el Madrid movió la pelota, quedó claro cuál es el futbolista que le ofrece la mejor dirección en las transiciones ofensivas. Cuanto más centrado, más amplía su prisma. Güler recibe, se gira y pasan cosas, cosas distintas. Mbappé, que ha marcado cinco de los siete goles del Madrid en los dos partidos de Champions, es el que mejor lo ha entendido en este inicio de curso, con movimientos intencionados en cuanto recibe el jugador turco, lo que ha propiciado ya una interesante conexión para el Madrid. Mbappé habla el mismo idioma que Tchouaméni, pero cuando la pelota llega al mediocentro francés, no pasan cosas distintas.

Es posible que Güler no tenga todas las condiciones que se exije a un pivote, rol que, ayer, realizaron Thouaméni y Ceballos, pero, con semejante visión de juego, cuanto más campo tenga en el periscopio, mejor. No son comparables, porque no lo es, por ahora, el rango de los jugadores, pero es la misma razón por la que Hansi Flick coloca a Pedri en la base del juego, en lugar de adelantarlo a la zona de los interiores, donde suele jugar con la selección. En las dos posiciones es sobresaliente. En la segunda, está más cerca del gol, pero en la primera impone su personalidad al juego.

La de Güler, de 20 años, está por formarse en el terreno de juego, después de un tiempo extraño, de adaptación, desencuentros con Ancelotti e inseguridades. Todo indica que Xabi Alonso se ha puesto a la tarea, en el intento de construir un Madrid más coral, y esa es la razón por la que pierde pie Valverde, el rey de las conducciones. Xabi quiere combinación, velocidad y presión. Las necesita, porque no en todas partes, como en los apeaderos de la Liga o la Champions, basta con el solista Mbappé.

Guardiola se queda solo: con la marcha de Begiristain asume sin su gran aliado el mayor desafío desde que llegó al Manchester City

Guardiola se queda solo: con la marcha de Begiristain asume sin su gran aliado el mayor desafío desde que llegó al Manchester City

Poco después de abandonar el Sporting de Lisboa, el pasado febrero, Hugo Viana ya se rodaba al lado de Tixiki Begiristain, a quien releva definitivamente como director deportivo del Manchester City. El guipuzcoano había anunciado su marcha en octubre de 2024 y su club pagó la correspondiente cláusula por Silva, que llega en un período delicado para los de Pep Guardiola. La eliminación en cuartos de final del Mundial de Clubes frente al Al Hilal fue el remate de un curso nefasto, en el que no consiguió título alguno y a duras penas logró plaza en la próxima edición de la Liga de Campeones.

El adiós de Begiristain se hizo efectivo con el final de julio y el término de su contrato, después de 13 años en los que ejerció una notable influencia en la transformación del City. Bajo su responsabilidad llegaron 21 títulos: una Liga de Campeones, siete Premiers, dos Copas de Inglaterra, una Supercopa y un Mundial de Clubes en su antiguo formato. Ex jugador de la Real Sociedad y del Barcelona, distinguido siempre por su clarividencia y exquisitez, también fue director deportivo en el equipo catalán.

Allí coincidió como futbolista con Pep Guardiola, en el inicio de una relación estrecha con los años. Ferran Soriano, director ejecutivo del City, el hombre que hizo efectiva su contratación por el equipo británico, completa una terna determinante en la explosión de un club tradicionalmente opacado por el brillo y el peso histórico del Manchester United.

Homenaje en el derbi

Sensible a cuanto ha representado en la entidad, el City rendirá homenaje a Begiristain precisamente en el derbi de la Premier, que se disputará el 14 de septiembre en el Etihad. «Todos en el Manchester City queremos agradecer a Txiki por todo lo que ha logrado durante su etapa en el Club, y esperamos con entusiasmo rendir homenaje a su extraordinaria contribución el próximo mes de septiembre», expresó el club a través de un comunicado.

City Studios, la productora de televisión, estrenará A farewell to Txiki [Una despedida a Txiki], documental donde se le rinde un generoso tributo. «Es uno de los mejores de la historia en su puesto», afirma Rodri en esta película donde se traza su trayectoria desde los inicios como futbolista. «Se va una parte de mí», lamenta Pep Guardiola, quien le reconoce su decisiva infuencia para haberse convertido en entrenador. «El desafío era encontrar una identidad», afirma Begiristain, de 60 años, a quien se puede ver también reunido con Guardiola y Soriano, además de en la firma del contrato de Eric Haaland.

Guardiola, que amplió su contrato hasta junio de 2026, se enfrenta a la etapa más difícil en la que será su décima temporada en el banquillo del City. La influencia de Viana, el relevo de Txiki, ya quedó patente en los fichajes de Nico González, Vitor Reis y Marmoush, tres de los futbolistas que forman parte de la acelerada reconstrucción del equipo.

Kevin de Bruyne, eje del equipo hasta el inicio de su declinar el pasado curso y uno de los valiosos fichajes de Begiristain, se fue al Nápoles, pero a Jack Grealish, por el que el City pagó 117 millones de euros en 2021, aún se le busca destino. Apuesta personal de Guardiola, el zurdo no viajó al Mundial de Clubes como consecuencia de su progresiva pérdida de protagonismo y se ha convertido en un problema serio. Cobra 18 millones de euros por temporada, tiene contrato hasta 2027, y será difícil encontrarle un destino donde asuman tan cuantiosa ficha. La opción más plausible a fecha de hoy sería una cesión al Everton.

"Es el traspaso que estaba buscando": Zubimendi se va al Arsenal y deja 70 millones en las arcas de la Real Sociedad

“Es el traspaso que estaba buscando”: Zubimendi se va al Arsenal y deja 70 millones en las arcas de la Real Sociedad

"Este es un gran momento en mi carrera. Es el traspaso que estaba buscando y el que quería. En cuanto pones un pie aquí, te das cuenta de lo grande que es este club". Son palabras de Martín Zubimendi recogidas en la página web del Arsenal, el que es ya su nuevo club. El centrocampista internacional con la selección española abandona así la Real Sociedad dejando en las arcas de los donostiarras 70 millones de euros, por encima de lo que señalaba su cláusula de rescisión a cambio de que los británicos puedan pagar a plazos.

«"Puse mi mirada en el Arsenal porque su estilo de juego encaja conmigo. Han mostrado potencial recientemente y lo mejor todavía está por llegar", añadió el vasco, que se reunirá en el Emirates Stadium con su excompañero Mikel Merino, que ya ha completado su primera temporada a las órdenes de Mikel Arteta, también donostiarra y con un breve paso por la Real como jugador.

"Martín es un jugador que nos va a dar mucha calidad e inteligencia futbolística. Se va a acoplar realmente bien y tiene todos los atributos para ser un jugador clave para nosotros. Los estándares que ha mostrado de forma regular en las últimas temporadas tanto para su club como para su selección es lo que nos hace que tengamos tantas ganas de que esté con nosotros", valoró Arteta.

Los Gunners tenían en el radar a Zubimendi desde hace varios meses. Deseado por varios clubes de élite, en especial en Inglaterra, rechazó al Liverpool y en su momento también sonó para el Barcelona y el Real Madrid. Su contratación responde la necesidad del club londinense, semifinalista de la última edición de la Liga de Campeones y subcampeón de la Premier League, tras las salidas de Jorginho y Thomas Partey.

Cariñosa despedida

"Desde los catorce años en Zubieta, el donostiarra ha sido un ejemplo para todos. Compromiso, exigencia y rendimiento máximos los que ha dado pilotando la nave txuri urdin desde el centro del campo", expresó la Real Sociedad en un mensaje de despedida, en el que le desea "la mejor de las suertes". "Esta siempre será tu casa. Lo que nace en el corazón no lo cambia nada ni nadie. Eskerrik asko [gracias], Martín", concluye el mensaje de su ya ex equipo, que sigue padeciendo un severo proceso de descapitalización profesional e inicia una incierta etapa con la llegada como entrenador de Sergio Francisco tras la salida de Imanol Alguacil, quien dirigió el equipo desde marzo de 2018. Con Zubimendi, de 26 años, la Real ganó una Copa del Rey estuvo cinco temporadas consecutivas en competiciones europeas, una de ellas en la Liga de Campeones.

El medio centro ha brillado con la selección estos últimos meses en ausencia de Rodri, Balón de Oro 2024, gravemente lesionado de la rodilla a mediados de septiembre y que regresó a la competición en mayo con el Manchester City. El guipuzcoano ha firmado un contrato de "larga duración" con el club londinense y se une a un centro del campo que incluye a Declan Rice, Martin Odegaard, además del citado Mikel Merino.

Es la segunda incorporación del Arsenal este verano, tras la deLguardameta Kepa Arrizabalaga, y la primera piedra para que Arteta y su equipo den el paso definitivo para ganar un gran título después de tres subcampeonatos de la Premier League consecutivos. Los siguientes pasos en la jefatura deportiva del Arsenal incluyen el fichaje de un defensa central, estando muy avanzada la incorporación de Cristhian Mosquera, del Valencia, y sobre todo de un delantero, posición para la que los anhelos van dirigidos hacia Viktor Gyokeres y Benjamin Sesko.