Hansi Flick: "Este será mi último club y mi último trabajo"

Hansi Flick: “Este será mi último club y mi último trabajo”

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Hansi Flick lo tiene muy claro: en cuanto acabe su etapa en el Barcelona concluirá también su etapa como entrenador. "Este será mi último club y mi último trabajo", aseguró el técnico, de 61 años, en la previa de un duelo tan importante como la vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones ante el Newcastle. Tras el empate a uno registrado en St James' Park, los azulgrana están obligados a apuntarse un triunfo en el Spotify Camp Nou para asegurar su pase a los cuartos de final. Quizás, por eso mismo, Joan Laporta, vencedor de las elecciones del pasado domingo, se pasó por el entrenamiento para desearles la mejor de las suertes.

"Creo que es importante tener una estructura, porque eso es lo que te da estabilidad. Todo el mundo está contento de que haya venido y nos ha deseado suerte para el partido", apuntó el alemán sobre la visita de Laporta antes de dejar caer su particular bombazo. "No pienso en irme a otro lugar. Y eso es algo que me hace muy feliz", aseguró un Flick que, pese a que el presidente electo dio por hecha la ampliación de su contrato en un particular tour por las dos emisoras principales de Cataluña, RAC1 y Catalunya Ràdio, no quiere por ahora adelantar acontecimientos.

"Está claro que me gusta trabajar aquí, pero también me gusta ser independiente, tengo una gran familia con la que quiero hablar primero y mucho apoyo. Esto es fútbol, intento dar lo mejor al equipo, pero ya veremos. Aún hay tiempo para ir hablando de ello», aseveró.

En cuanto al encuentro con el Newcastle, sabe muy bien que no será precisamente sencillo eliminar a los ingleses. Sus futbolistas, desde luego, están más que avisados de ello. "Espero un partido distinto, pueden presionar arriba y defienden bien. Será duro, ya se lo he dicho a los jugadores. Físicamente son fuertes y en transición son rápidos, así que habrá que hacer un partido perfecto, y eso es precisamente lo que intentaremos", recalcó el técnico barcelonista, quien confía también plenamente en las opciones que tienen los suyos de alzarse con un trofeo que se le resiste al club desde 2015.

Necesidad de progresión

"En el fútbol pueden pasar muchas cosas. Hay que ser positivos, porque tenemos calidad y somos capaces de ganar esta Champions, pero hay que mejorar, recuperar a jugadores que ahora no están por lesión y lograr que todos jueguen a su mejor nivel", arengó el entrenador alemán, que incidió en la necesidad de recuperar las mejores versiones de Ferran Torres y Robert Lewandowski para poder competir por todo.

En cuanto al polaco, que termina contrato el 30 de junio, Laporta aseguró en RAC1 que la intención es ofrecerle también la renovación. "Nos gustaría que siguiera, pero dependerá de lo que él quiera. Vino en un momento difícil, nos ha ayudado mucho y queremos que siga", aseveró el presidente electo, que no tomará posesión de su cargo precisamente hasta el arranque de la temporada que viene, el 1 de julio.

La continuidad del ex delantero del Bayern, no implicaría que el club cerrara las puertas a incorporar a un posible refuerzo para la punta de ataque, si bien Laporta aseguró que, entre Lewandowski y Ferran Torres, la posición estaría en principio más que bien cubierta. Además, dejó caer que se intentará incorporar definitivamente a Rashford, quien llegó en calidad de cedido por el Manchester United el verano pasado, y que se trabajará en ampliar el aforo del Estadi Johan Cruyff hasta unos 16.000 espectadores, en previsión de que pueda acoger partidos del primer equipo con vistas al arranque de la temporada 2027-28, cuando se estará trabajando en la instalación de la cubierta del Spotify Camp Nou.

Vinicius rompe los papeles de Guardiola en el paraíso eterno del Madrid

Vinicius rompe los papeles de Guardiola en el paraíso eterno del Madrid

A Guardiola se le cayeron los papeles con un golpe de viento. Cuando los recogió del suelo y levantó la cabeza, ya no había forma de ordenarlos. El partido había pasado. La eliminatoria, también. El Hijo del viento llamaban al atleta Carl Lewis de la misma forma que se lo podrían llamar, hoy, a Vinicius. Es el mismo viento, la misma zanacada, impetuosa y a la vez liviana, líquida pero mortal. Apareció el brasileño en los claros del City para provocar el caos, la obsesión de Guardiola, porque sabe que el fútbol supera las 64 casillas del ajedrez y que el control que persigue es una utopía. El caos es un instante, suficiente para sepultar una eliminatoria, y para el que el bipolar Vinicius está hecho a la medida.

El zigzag de Vini acabó con un lanzamiento al palo y el regreso de la jugada volvió a encontrar al brasileño en el lado opuesto. Lanzó duro, apretado al palo, y Bernardo Silva no tuvo más remedio que sacar el codo. El VAR tardó tiempo pero sin suspense. Era claro. Al penalti se añadió la expulsión del jugador portugués. Una decisión tan inapelable como excesiva, aunque lo diga la regla, porque castiga dos veces de la forma más severa una misma acción. El fútbol no atiende al non bis in idem. Lástima.

Vinicius no falló esta vez en un lugar maldito. Lo había hecho en el Bernabéu, por lo que el gol tuvo algo de desagravio, no sólo de tranquilidad. Guardiola no se rascaba la cabeza. Lo había hecho antes del partido, pero en esa situación no había más que entregarse a un peligroso intercambio de golpes con el objetivo de ganar el partido. Todo es posible en el fútbol y en el caos, pero Pep tiene poco de madridista, quizás sea demasiado racional para creer en lo imposible.

Guardiola, durante el partido.

Guardiola, durante el partido.EFE

El entrenador del City había corregido sus errores en el Bernabéu, donde empachó a su equipo con tanto delantero, demasiada pimienta que le impidió hacer la digestión. En la vuelta incluyó a Reijnders y dio más campo a Bernardo Silva, además de incluir a Cherki, con la intención de que jugara hacia dentro. El City fue más City pero mucho menos City que tiempo atrás. Doku y después Doku era la única amenaza real, con un Haaland incómodo y desubicado. Courtois puso las manos donde siempre las tiene, en la pila del agua bendita, y el Madrid únicamente tuvo que esperar al espacio, al caos. La realidad es que apareció nada más empezar, pero Valverde, solo frente a Donnarumma, no se lo creyó, seguía en el sueño del Bernabéu.

Sin Mbappé, con Mbappé

Al contrario que Guardiola, Arbeloa no tenía que hacer experimentos. Con Mbappé en el banco hasta la segunda mitad, repitió la fórmula con un centro del campo bien poblado, de nuevo con Thiago Pitarch y Brahim, eléctrico en una acción que mereció el gol y constante con sus movimientos. En este Madrid de circunstancias por las bajas ha entrado como un marine. Merece no quedar en el olvido cuando el resto regrese. El resto son Bellingham y Mbappé, que tuvo sus minutos después de la inactividad por lesión, en los que pudo ser objeto de un penalti y se cargó con una amarilla inútil. Una vez recuperado el francés, corresponde a Arbeloa la compatibilidad con lo que ha hecho hasta ahora y con la buena aportación de la cantera que personifica Thiago Pitarch.

En el Etihad volvió a intentar estar en todas partes, pero hacerlo frente a Doku es un martirio. El extremo se fue del canterano para dar un nuevo centro que, esta vez sí, Haaland alojó en la red. Ha sido su única aportación en dos partidos, en los que el gigante noruego parecía un Polifemo domesticado. Cherki o Marmoush han mostrado más peligro, aunque sin gol. Después de Courtois, tocado, Lunin puso lo suyo para no llegaran, en el tramo en el que el Madrid defendió cerca de su portería, demasiado, frente a un City a la desesperada.

Más, muchos más goles, pudo marcar el Madrid y, en concreto, Vinicius, con un especial apetito por hacerlo en el Etihad, a cuyo público le recordó las lágrimas que le dedicaron cuando Rodri ganó el Balón de Oro. Alto, al costado, al cielo de Manchester, a todas partes lanzó el brasileño en llegadas que aprovechaban los espacios dejados por el City, más de una hora en inferioridad. Lo hizo, incluso, en fuera de juego hasta que el tiempo añadido le dio el fruto de la victoria. Guardiola le felicitó en el campo antes de irse a su vestuario, como si se marchara de un paraíso perdido. Hoy no sabe si regresara. Ese paraíso es la Champions, el paraíso eterno del Madrid.

El aterrizaje de Arbeloa en el vestuario del Madrid: más palabras que soluciones

El aterrizaje de Arbeloa en el vestuario del Madrid: más palabras que soluciones

Dos meses menos un día después de ser nombrado entrenador del Madrid, Álvaro Arbeloa afronta el primer partido de la eliminatoria de Champions con aroma de 'match ball'. Una posible caída ante el Manchester City de Guardiola no tendría que provocar decisiones inminentes, con el equipo apretado al Barcelona en la lucha por la Liga, pero supondría la sentencia definitiva a su futuro en el banquillo, algo sobre lo que ya existen dudas en la cúpula del club y en el vestuario. En la caseta de Valdebebas hay sensibilidades distintas, pero algunos jugadores creen que desde el banquillo no llegan las soluciones necesarias.

Para saber más

Es una percepción distinta a la que tenía el grupo con Xabi Alonso, distanciado abiertamente desde el principio de algunos pesos pesados, como Vinicius, Bellingham o Valverde, pero que llegó con un plan claro. El tolosarra buscaba una transformación futbolística del Madrid y fracasó, al no imponer su personalidad lo suficiente y carecer del respaldo del club en momentos clave, como tras las protestas de Vini por la sustitución en el clásico, pero dejó en varios jugadores, como Mbappé o Courtois, la convicción de conocer bien las herramientas. Eso es algo que Arbeloa, por ahora, no ha logrado.

La apuesta por recuperar a Vinicius era obligada por tratarse de un futbolista diferencial, que el equipo necesita. Pero también por ser un activo muy importante para el club, hecho que se puso de manifiesto con la posición que tomó la entidad presidida por Florentino Pérez en el pulso que el brasileño mantuvo con Xabi Alonso.

Renovación de Vini

El brasileño está pendiente de su renovación con el Madrid. Concluye contrato al final de la siguiente temporada y el club, crea o no crea en el futuro del futbolista, está obligado a renovarle para evitar que pudiera quedar libre y perder una valiosa plusvalía. La alternativa podría ser un traspaso, si Florentino lo deseara, pero a medida que se acerca la finalización de su contrato, las opciones decrecen. Dar cariño a Vini no era una necesidad del equipo únicamente. Era una prioridad del club. Arbeloa cumplió.

Vinicius no es un personaje de consenso en ninguna parte. Tampoco en el vestuario. Cuando recibió el supuesto insulto racista por parte de Prestianni, en Lisboa, recibió el apoyo de todos sus compañeros, aunque no se llegó a plantear dejar el campo por iniciativa del conjunto. Las explosiones del brasileño no están siempre relacionadas con episodios racistas y eso ha provocado cansancio en el vestuario del Madrid. Modric le había advertido en numerosas ocasiones sobre la necesidad de autocontrolarse y Ancelotti ejercía una autoridad casi paternal sobre el futbolista. Arbeloa utiliza su discurso almibarado, pero no puede tener la ascendencia del italiano.

Masacrado por la plaga de bajas y por las carencias estructurales que ya padecieron Ancelotti, en la última temporada, y Xabi Alonso, especialmente en el centro del campo, Arbeloa no ha aportado alternativas tácticas reseñables. No ha habido evolución y, en algunos momentos, involución. Caer en la Copa en Albacete, ser abrasado en la primera visita al Benfica y las dos derrotas consecutivas tras recuperar el liderado, en Pamplona y con el Getafe en el Bernabéu, resultaron mortificantes. El día después del duelo con los de Bordalás, Arbeloa quiso elevar la exigencia en una charla con sus jugadores en Valdebebas. Ya lo había hecho durante el descanso en el estadio de La Cerámica.

La cantera y el compromiso

El entrenador ha apreciado ya que existen niveles de compromiso distintos en el vestuario y en eso tiene que ver mucho su apuesta por los futbolistas de la cantera, como Thiago Pitarch. Necesita una energía que no observa en muchos de los futbolistas más consagrados. Después de ganar en Vigo, con Pitarch, Gonzalo, Palacios y Manuel Ángel, 'Mami', lo dejó claro: «Estoy feliz por la gente que ha querido venir». Indirectamente, quiso decir que otros no habían querido. El club no lo rectificó. Si hablaba o no por Camavinga, debe decirlo su dentista.

Arbeloa llegó, a sus 43 años, con un 'staff' técnico que ha tomado una actitud muy prudente con la plantilla del equipo, como si esta llegada de Arbeloa se hubiera acelerado demasiado. Tampoco goza de un gran capitán en el vestuario, con Carvajal receloso, contrariado por una lesión que ha complica el horizonte del final de su carrera.

Mbappé está lejos de ejercer ese rol. Todos lo consideran «muy profesional» y correcto, pero con sus propios objetivos. Este tiempo de 'teletrabajo' del francés y Bellingham para recuperarse de sus lesiones, en París y Londres, no ha ayudado, precisamente, a reforzar la autoridad del técnico frente al resto.

Vini tiene a sus mejores colegas, Militao y Rodrygo, fuera de la dinámica habitual del equipo por sendas lesiones de largo plazo. Valverde y Bellingham se sintieron más próximos al brasileño en la era de Xabi Alonso, pero las cosas han cambiado. Mbappé y Courtois poseen voz propia y son autocríticos con lo que pasa en el equipo, mientras que crece una sensación de cierto desamparo entre la clase media, los Fran García, Brahim o Ceballos, que ven pasar a la cantera por delante, recelosos de las relaciones del técnico con el entorno de la cúpula del club. Como dijo Arbeloa de Mourinho, él mismo es «uno di noi», y de ese modo será tratado, pase lo que pase.

El Barcelona recupera a Eric García y Lewandowski para medirse con el Athletic en San Mamés

El Barcelona recupera a Eric García y Lewandowski para medirse con el Athletic en San Mamés

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Ya eliminado de la Copa del Rey, el Barcelona visita al Athletic, que también se despidió de la competición tras caer ante la Real Sociedad. La mejor noticia para el líder de la Liga, que perdió a Koundé y Balde, sus dos laterales titulares, en la vuelta de semifinales frente al Atlético de Madrid, es el regreso de Eric García, que cumplió sanción ante el conjunto de Diego Pablo Simeone, y de Robert Lewandowki, quien este viernes se entrenó con normalidad protegido por una máscara después de la fractura ósea sufrida ante el Villarreal en el ojo izquierdo. Gavi ya entrena con sus compañeros, pero aún no ha recibido el alta médica.

Pese a la eliminación copera, el Barcelona llega en una buena racha de juego y resultados, con un balance de diez goles a favor y uno en contra en sus tres últimos partidos. Hansi Flick admitió en la rueda de prensa de este viernes que hará rotaciones en el equipo, sin especificar cuáles serán los cambios. En el inmediato horizonte está la ida de los octavos de final de la Liga de Campeone, el martes, ante el Newcastle.

«Son cosas que pasan», dijo el entrenador azulgrana con respecto a las bajas. «No estoy contento, ya lo dije después del partido [ante el Atlético]. Tenemos que hablar de lo que podemos mejorar. Eso es siempre mi responsabilidad y eso es lo que quiero ver. Ni el personal médico ni los fisios: es mi responsabilidad».

Parece probable que Joao Cancelo ocupe la banda derecha y Gerard Martín sea el lateral zurdo, aunque Flick puede manejar otras combinaciones, como dar entrada a Ronald Araujo en el centro de la defensa y desplazar a Eric García al lateral.

El Barcelona cuenta con el aval de sendas goleadas ante el Athletic: 4-0 en Liga, en el regreso al Campo Nou, y 5-0 en las semifinales de la Supercopa.

Fuera también de la Liga de Campeones, el Athletic, que sigue sin poder contar con Nico Williams debido a su pubalgia, quiere enmendar su decepcionante temporada logrando una plaza continental. En cuanto al once, además de la vuelta de Unai Simón, se prevé que Vivian regrese a su habitual posición de central después de actuar como lateral derecho en Anoeta en un equipo titular para cuya configuración Ernesto Valverde tendrá en cuenta el desgaste del choque copero.

Vinicius marca y baila camino de los octavos de la Champions

Vinicius marca y baila camino de los octavos de la Champions

Vinicius juega contra todos y contra todo. Contra los rivales. Contra el racismo. Contra la irregularidad de su propio equipo. Contra sí mismo. Demasiados desafíos, quizás, pero desafíos estimulantes, sea en el gol, la protesta o el bailecito junto al banderín, como si lo hiciera junto a una garota. Ese Vini en estado puro es el que ha conocido el Benfica, con dos goles de categoría en esta eliminatoria, uno de Da Luz y otro en el Bernabéu, la ira por un presunto insulto, las miradas provocadoras y la samba. La Champions ya lo conoce, la Champions que ya ha ganado y lo aguarda, en octavos, no solo contra Sporting de Lisboa o Manchester City, posibles rivales del Madrid. Contra todos.

Hay algo de narcisismo en el brasileño y en eso tiene a quien parecerse. En esto del fútbol, sobra. Que se lo pregunten a José Mourinho. Special One, en la victoria o la derrota, jugó al escondite y Prestianni jugó a no jugar para que lo hicieran los suyos, después de una sanción que era como un pacto a dos, Benfica-UEFA. Una vez descargada la atmósfera, había que jugar, y para eso este Madrid tiene problemas. No es una novedad.

Dificultad en la construcción

La dificultad en la construcción del juego se ha convertido ya en un problema sistémico que enlaza las últimas noches con Ancelotti con la era de Xabi el breve y la itinerancia de Arbeloa, enjuto e hierático, como un personaje de El Greco. Como el 'Caballero de la mano en el pecho', ante la duda se señala el escudo. Todos sabían y todos saben lo que pasaba, pero todos dijeron «¡señor, sí señor!»

También lo sabe Mou, un especialista en hacer malo a los contrarios. En el Bernabéu elevó la presión, hecho que agravó los problemas del Madrid en la salida de la pelota, y ajustó muy bien a los suyos en el repliegue. En esas circunstancias y sin Mbappé, lesionado, era más necesario que nunca encontrar a Vini.

El brasileño asumió el rol, pero en la banda encontró a lo mejor del Benfica. Dedic ya redujo mucho las opciones de Vini en Da Luz, aunque sin poder impedir la explosión de su gol en la ida. En el Bernabéu fue un hueso, aunque no siempre pudiera detener al brasileño, letal en el desenlace, y un peligro en el despliegue de los portugueses.

El bosnio es, a sus 23 años, un futbolista muy interesante, al que seguir. No es la única arma del Benfica, con el otro Araujo en la zona de los centrales, Richard Ríos en los medios, el incansable Barreiros, Rafa Silva y el rápido Schjelderup o el tormento de Pavlidis, que exploró con intención los espacios libres entre los centrales y Trent. El inglés es el guante del Madrid a balón parado, pero a su espalda no está de más dejar unas crucecitas.

La del Benfica es una nómina muy lejos de la del Madrid por calidad, pero la sensación de equilibrio que ha dejado se debe a su entrenador y a la falta de un entrenador estable en el Madrid. Poco más se le puede pedir a Arbeloa, que sigue con la mano en el pecho y ha alcanzado los octavos, que ya estaban en el guion, tras pasar por un inesperado play in. Al menos, no es un pecho frío.

Los imposibles de Courtois

El Benfica se adelantó en el marcado porque mejor fue su puesta en escena frente a un Madrid incómodo. Quizás una atmósfera cargada le habría ido menor para inyectarle adrenalina. Pavlidis encontró metros en la derecha y su centro lo interceptó Asencio, pero para inventar un remate peligrosísimo a su propia puerta. Courtois reaccionó al fuego amigo como lo haría más tarde al fuego real, enemigo, ante un disparo durísimo y colocado de Ríos. El rechace, sin embargo, encontró de frente a Rafa Silva, que en dos tiempos logró lo que ya era inevitable.

Con la eliminatoria igualada, las dudas que el Madrid se trajo de Pamplona, ya sin liderato de la Liga, y un rival sin miedo escénico alguno en el Bernabéu, la situación era peliguada. El gol de Tchouaméni, a los dos minutos, fue, pues, como un Lexatín, pero en vena. El único error en una entrega hasta entonces del Benfica dio la oportunidad al Madrid de atacar el área con más gente. Valverde progresó hasta el fondo y Tchouaméni se frenó, con toda la intención. El pase del uruguayo lo encontró en la posición perfecta. El golpeo fue preciso, medido.

Sólido y asistente Valverde

El gol no es ajeno al francés, como ha demostrado en el pasado, pero su posición, hoy, más atrasada, le aleja de la zona erógena. No hay quien lo mueva. En esta eliminatoria y durante toda la temporada, es de lo más respetable. También lo fue Valverde, cuyas conducciones no necesitan de la regularidad del equipo. Suyas fueron las dos asistencias.

El empate dio al Madrid más tranquilidad y más balón, pero el hombro de Gonzalo le privó de una ventaja mayor después de que Güler encontrar la red tras un quilombo. Lo conservó tras el descanso, aunque la crecida del Benfica, que se sostuvo sin cambios casi hasta el final, aumentó el compromiso, hasta que un robo permitió a Valverde encontra a Vini en el espacio. Corrió y definió, preciso, para llevar la calma al Bernabéu e irse al banderín. No bailó una Samba para tí. Es una samba contra todos.

Caso Prestianni: el apoyo a Vinicius no admite peros

Caso Prestianni: el apoyo a Vinicius no admite peros

Es difícil respetar como líder de la lucha contra el racismo en el fútbol a un adulto que esprinta para chivarse al profe, señalando y todo, como si fuera un niño de seis años. Es frustrante respaldar sin fisuras a quien se pasa la vida tocándose con prepotencia las Champions de la camiseta, buscando el enfrentamiento con la grada rival y diciendo a compañeros de profesión que cobran la décima parte que él que se van a Segunda. Es incómodo apoyar a una persona que no te gusta; con lo sencillo que resulta cuando, en vez de Vinicius, hablan Mbappé o Henry.

Es difícil, es frustrante, es incómodo... y es necesario. Sin fisuras ni peros. Te sientes un poco sucio por fuera, pero mucho más limpio por dentro. Es lo justo.

En la semana que ha pasado desde el incidente entre Vinicius y Prestianni, el antimadridismo (media España, vamos) se ha volcado en encontrar excusas que pongan en duda lo que han visto con sus propios ojos. Si la víctima fuera cualquier otro futbolista, la secuencia habría desatado una repulsa unánime. No hay pruebas, ya, pero los indicios, los gestos y las reacciones nos hubieran bastado para condenar al argentino sin atisbo de duda si el afectado jugase en nuestro equipo. Ni ensayando se puede parecer más culpable. Por cierto, la cosa no mejora si en vez de "mono" le llamó "maricón", pero la homofobia en el fútbol está aún más normalizada que el racismo. Es un mundillo lamentable, no les voy a mentir.

El caso es que, como Vinicius (nos) cae mal, cierta indignación se ha girado ("¡Están linchando a Prestianni! ¡Quieren acabar con su carrera! ¡Bailó!") en aras de una presunción de inocencia que no respalda ni una sola de las actitudes posteriores del jugador ni del Benfica. Es cierto, también, que resulta curioso ver en el otro bando a tanto vocero de la teoría del reemplazo intentar erigirse en Martin Luther King, pero, bueno, de eso hay que reírse y darles la importancia que tienen: ninguna.

Lo fundamental aquí es que una persona sufrió un ataque racista en pleno partido y todos lo sabemos, aunque algunos no quieran reconocerlo. La UEFA no puede permitir que quede indemne escondiéndose tras algún regate burocrático para lavarse las manos o imponiendo un castigo meramente cosmético a Prestianni. Eso le haría cómplice. Por eso, esta suspensión cautelar es sólo un paso. Necesario, pero insuficiente.

No hay dios que aguante a Vinicius en un campo de fútbol, pero si tu respuesta a sus 'boutades' es llamarle mono eres dos cosas: racista e imbécil y te mereces estar mucho tiempo leyendo, en vez de jugando a la pelota. Es sencillo. Y sin peros.

Vinicius liquida al Benfica en medio de otra polémica racista

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No sucumbe el Real Madrid en el caos, sólido y bien armado, aunque tampoco saca ventaja. Benfica salió demasiado vivo de un duelo dominado por el equipo de Arbeloa que abrió y cerró Vinicius. Marcó el brasileño un tanto de bandera y, justo después, el racismo se cruzó en su camino para adueñarse de un duelo que queda abierto para el Bernabéu. Y eso que la superioridad blanca fue indudable. [Narración y estadísticas: 0-1]

El Real Madrid jugó hasta el minuto 50 sin apresurarse lo más mínimo. Dejó que el Benfica descorchara el partido con unos minutos locos que encendieron a la grada y que fue apaciguando conforme pasaban los minutos. Aquel equipo que se descosió hace tres semanas ya no existe. Lo advirtió Mourinho y no se equivocó. No tembló ante las diabluras que le propusieron Dedic y Prestianni, con apariciones fugaces de Rafa Silva y los intentos de Aursnes de lanzar transiciones demoledoras. Les fue imposible. Este Madrid se ha transmutado en un equipo solidario, que se sacudió cualquier duda conforme iba madurando y adueñándose de la pelota. Lo único que le faltó fue colmillo. Mbappé fue el primero en probar a Trubin con un disparo que nació de la sociedad perfecta que formaron Carreras y Camavinga en la orilla izquierda. El francés como sombra del lateral, convertido en un puñal. Respondió Benfica con un testarazo de Araújo a centro lateral que atrapó Courtois.

A los 20 minutos, el conjunto blanco estaba ya engrasado para armar un ataque casi perfecto. Trent filtró un pase a Valverde al lateral del área, el uruguayo se la puso a Vinicius para que, a la media vuelta, la golpeara rozando el palo. Enseñaban el colmillo, pero no asestaban el bocado. Lo mismo que le ocurrió al Benfica cuando una diablura de Prestianni dejó a Aursnes un tiro franco desde la frontal que salvó la mano, un día más, milagrosa de Courtois. Para entonces, el partido se estaba vistiendo de madridista y, justo antes del descanso, pudo caer definitivamente a su favor con hasta cuatro ocasiones consecutivas. Desató un vendaval que todos los quilates de la delantera no pudieron aprovechar.

Trent se soltó por el carril derecho para dibujarle un centro raso a Mbappé que el francés, en el punto de penalti, no llegó a empujar por milímetros. Primer aviso. El segundo llegó por el otro costado, con Carreras asociado con Vinicius y el brasileño dando un pase atrás a Kylian, que no engancha portería. En el tercero apareció Trubin para frenar otro disparo del francés tras una conducción espléndida de Camavinga.

En la segunda mitad, el partido acabó en Vinicius, en una secuencia demasiado repetida. El brasileño cruzó un disparo soberbio para batir a Trubin en el minuto 50 y se fue a celebrarlo al banderín del córner. Encendió el estadio, vio una amarilla, pero también a Prestianni. Se tapó la boca el argentino, pero salió Vini como una exhalación a buscar al colegiado Letexier para denunciar que le había llamado «mono». Le creyó el francés, activó el protocolo antirracismo, bloqueó el duelo diez minutos y amagó el brasileño con quedarse en el banquillo. Lo calmaron las palabras de Mourinho y el sosiego que le pidió Arbeloa, aunque tuvo que volver al campo bajo una constante pitada.

El partido se descolocó... y cambió el guion porque, sin perder la solidez, el Real Madrid no supo cómo hundir más al Benfica con el marcador a favor y con un Vini que no se arrugó en ningún momento y a quien su entrenador, lo dejó en el campo sin miedo. Buscaban correr los portugueses y Tchouaméni, que se multiplicó barriendo todo el centro del campo sin permitir que crecieran las águilas a la carrera, como tanto les gusta, empezó a verse solo. Se acercaron los lusos buscando un empate que les diera vida en los instantes finales, en especial con una falta en el 85 que, protestada por Mou, le costó la expulsión. No estará en la banda del Santiago Bernabéu.

El peor Madrid desde la era Mou

El peor Madrid desde la era Mou

El peor baño que sufrió el Madrid en Lisboa no fue de agua ni de fútbol. Fue de realidad. Después de los brotes verdes ante Mónaco y Villarreal, el equipo regresó a Albacete, aunque con una lectura peor. Si en la Copa pudo sufrir falta de motivación, en la Champions el problema fue más grave, al tratarse de falta de recursos, individuales y colectivos. Courtois y Mbappé no bastan, y de Vinicius nunca se sabe si va a coger el teléfono. El belga y el francés son el sur y norte del Madrid, hoy el único modo de orientarse con seguridad para los aficionados y hasta para el entrenador. Entre ambos, un Madrid hipotenso, pero también lejos, muy lejos, de la calidad de sus mejores tiempos.

El Benfica no es mejor que este Madrid, pero su nivel de agresividad, no juego sucio, concentración y ambición desbordaron a un equipo con los nombres de siempre en el terreno de juego, aunque sin plan ni alternativa. La situación no puede achacarse a Arbeloa, que acaba de llegar al banquillo, y coloca a los mismos jugadores, aunque un enfoque distinto al de Xabi Alonso. El resultado, sin embargo, es el mismo. No. Peor. El tolosarra fue destituido, de "mutuo acuerdo", con el Madrid en la Copa y el Top 8 de la Champions, y, hoy, está fuera de la competición doméstica y de la 'first class' europea. La realidad no para ponerse susceptible, como le ocurrió a Arbeloa.

Sin embargo, hay que profundizar en el calado de las causas, en el diseño de una plantilla con carencias estructurales. En concreto, en la creación de juego, además de en posiciones sin el nivel de tiempos pasados, como la defensa, más allá de las lesiones. De eso hay que pedir responsabilidades en otra ventanilla, en el piso de arriba.

Mourinho las detectó bien y mandó a sus jugadores a castigar las zonas más débiles del Madrid, con continuas cargas del área. Lejos de la etiqueta defensiva del portugués, su Benfica fue tremendamente ofensivo, no sólo por las necesidades de su equipo, también por las carencias ajenas. Una de las virtudes de Mou es hacer peor al contrario. Al Madrid lo llevó a una de sus peores versiones europeas en mucho tiempo.

Observar la mediocridad del Madrid y la intensidad de un Benfica pletórico ha vuelto a activar la nostalgia que una buena parte del madridismo siente por el portugués. El tiempo blanco de Mou es pasado, como él mismo ha dicho. Un tiempo controvertido y polémico, en lucha contra el mejor Barça de la historia, pero con un Madrid cuya calidad no tenía nada que ver con la del actual, con Casillas o no, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo, Xabi Alonso, Modric, Benzema, Cristiano o Di María, los futuros campeones de muchas Champions. El Madrid del presente es el peor Madrid desde entonces, con permiso de Courtois y Mbappé.

Mourinho, reventado por su propia autodestrucción, no sobrevivió para vivir en el banquillo blanco el cabezazo de Sergio Ramos en Da Luz, llave de la Décima. Al menos, en el mismo lugar celebró el de Trubin para seguir en esta Champions. Sin una plantilla como la que tuvo en su etapa, el Madrid necesita un mensaje parecido al que recibió el Benfica antes del partido. Eso no quiere decir que necesite a Mou ni a un Mou de marca blanca.

El reencuentro con Mourinho para los nostálgicos de la irreverencia, el orgullo y la ira: herencia, ocaso y conexión con el presidente

El reencuentro con Mourinho para los nostálgicos de la irreverencia, el orgullo y la ira: herencia, ocaso y conexión con el presidente

«Nunca amamos a alguien en concreto. Amamos tan sólo la idea que nos formamos de alguien». El madridismo que ama a José Mourinho, y que empieza por su presidente, lo hace por lo que dejó escrito Fernando Pessoa: ama lo que Mou significó en una etapa crítica. Un tiempo que fue de los aplausos en el Bernabéu a Ronaldinho por parte de un señor con bigote a ver el propio estadio arrasado por el paso de un Atila con zapatillas de ballet. Era Pep Guardiola. Mourinho también lo padeció, pero acabó por llevar a la implosión a su antónimo hasta derrotarlo, hecho que inflamó el orgullo de buena parte del madridismo, aunque fuera a costa de minar el campo con la irreverencia y la ira. El portugués se marchó, desgastado por su propia cruzada, pero la ira se quedó entre nosotros. La nostalgia no siempre es por amor.

La saudade, la nostalgia, es un sentimiento muy portugués. Está presente en los personajes de Pessoa como en los de Eça de Queiros u otros grandes escritores lusos, aunque Mourinho tenga poco que ver con el introspectivo Bernardo Soares, protagonista del Libro del desasosiego. Mou es The Special One, el mejor actor del fútbol, aunque ya sólo un gran entrenador en su invierno.

La nostalgia por el pasado de blanco es mayor por parte de una legión de fieles madridistas que por el propio técnico, cuya saudade es únicamente de sus tiempos de gloria. La realidad es que no los vivió en el Bernabéu, y no sólo por los títulos. También por el feeling. Mou se sintió en su salsa en la Premier, porque en Inglaterra era el personaje de una comedia. Aquí lo convertimos en el personaje de una tragedia, algo muy español. El error fue nuestro.

La superioridad moral del Barça

La era de Mourinho en el Madrid no fue únicamente la de los insultos o el juego extremo y duro. También la de la rebelión frente a un Barça que, además de dominar en el campo, se había situado en una posición moral de superioridad. Era el marketing de los valors. El caso Negreira y los audios de Piqué con Rubiales para repartir el oro de Arabia demostrarían que quienes predican desde atalayas morales suelen tener los pies en las cloacas.

El reencuentro del Madrid con Mou, el miércoles en Lisboa, evoca, pues, esa nostalgia en un tiempo que se asemeja en algunos aspectos al momento en el que llegó el portugués al banquillo del Bernabéu. La crisis deportiva y el dominio del Barcelona durante la temporada pasada invocan la necesidad de invertir la tendencia, aunque para ello haya que «poner una bomba». Es lo que dijo Mou en privado ante la superioridad, entonces, de los azulgrana. La puso. Los resultados fueron evidentes, al destruir al rival, aunque sin conseguir todos los objetivos esperados. Los efectos colaterales, con deterioro de la imagen del club y división, también.

El Madrid ha escogido para salir de su crisis actual a un mourinhito, después de destituir a otro de los entrenadores que, como futbolista, más conexión tuvo con el portugués. Sin embargo, como dijo Arbeloa en la más atinada de sus declaraciones, si intentara imitar a Mou, fracasaría. En lo suyo es único, el «puto amo».

Mourinho, durante un partido del Benfica.

Mourinho, durante un partido del Benfica.ALESSANDRO DI MARCOEFE

Veremos a ese Mourinho antes, durante y después del partido de Champions, porque el personaje necesita más que nunca de sus artes, dado el desequilibrio que existe, hoy, entre el Benfica y el Madrid, por irregular que esté el conjunto blanco. La primera indirecta la dejó al expresar su sorpresa por el hecho de que entrenadores sin experiencia accedieran al banquillo de grandes clubes. Arbeloa no respondió. Acertó.

Asesor en la distancia

«No cuenten conmigo para telenovelas», manifestó el portugués cuando le preguntaron si estaba entre las soluciones para el Madrid, después de la destitución de Xabi Alonso. La realidad es que no ha estado en el debate de las alternativas, aunque jamás haya dejado de ser como un sueño húmedo para Florentino Pérez, en especial en noches de tormenta. El contacto entre ambos ha permanecido, en ocasiones hasta como un asesor en la distancia.

Florentino encontró el éxito después de Mou. De hecho, el mayor de su era, con las tres Champions de Ancelotti, en dos etapas, y las tres de Zidane, dos apuestas suyas y dos personajes de su cabecera. Pero ni el francés ni el italiano hicieron seguidismo de su línea argumental en las guerras del presidente y el club. Tampoco en el maniqueísmo y la división. La que aparecía entre madridistas y «pseudomadridistas» fue acuñada por Mou.

Al portugués le ha ido peor desde que dejó el Madrid. Lo mejor de su carrera, las Champions con Oporto e Inter, fueron anteriores. Volvió a ganar la Premier con el Chelsea, un club con una afición a fuego, donde su estilo encajaba a la perfección, pero no alcanzó la gloria en uno de sus destinos más esperados, Old Trafford, y tampoco encontró el momento para ocupar el banquillo de Portugal. La Eurocopa conquistada en 2016 habría sido uno de sus grandes hits. En cambio, la conquistó alguien que no se parece en nada a Mou. Fernando Santos se había escapado, realmente, de un libro de Pessoa.

Arbeloa, entrenador del Madrid.

Arbeloa, entrenador del Madrid.J.J.GuillénEFE

El Benfica es su último destino, por el momento, pero no un destino más, porque Mou es benfiquista de corazón. Se trata del club de sus orígenes, en el que se formó. El entrenador, que hoy cumple 63 años, fue la baza electoral del actual presidente del Benfica, el ex jugador Rui Costa. Una gran figura para el banquillo del club que más estado de opinión crea en el país. Los resultados no han llegado, lejos del Oporto, líder. Las lesiones han minado a un Benfica en el que Mou hizo voto de prudencia al llegar, pero nadie puede ir contra su naturaleza.

Eso es lo que dijo Arbeloa con respecto a sus futbolistas tras la victoria en La Cerámica, un test de calidad que salvó el técnico. La declaración tiene una parte de sensatez y otra de capitulación para un entrenador que quiera desarrollar su obra. Como si el Madrid fuera El libro de la selva, aunque Vinicius no se parezca en nada a Mowgli ni en esa selva resuene, hoy, un grito como el de Mou, para lo bueno y para lo malo.

Vinicius revive en un partido redondo ante el Mónaco bajo el efecto balsámico de la Champions

Vinicius revive en un partido redondo ante el Mónaco bajo el efecto balsámico de la Champions

La Champions trajo su bálsamo a un Bernabéu con las heridas en carne viva. Un bálsamo con componentes muy indicados para los males del Madrid. En primer lugar, porque el regreso a la competición que da sentido a su historia siempre impone solemnidad, y en la solemnidad no encajan los pitos. En segundo, porque no todos los que pitan estaban, con un público más heterogéneo en el paisaje europeo que en la Liga. Como si el tendido del 7 de las Ventas se llenara de "guiris". El equipo necesitaba esa atmósfera esponjosa tanto como los espacios que dejó un Mónaco naif, atrevido en ataque pero hipotenso en defensa, que no está como cuando empezó el torneo. Para Vinicius, Mbappé y el resto fue como volver al paraíso perdido.

Cuajó, pues, el Madrid un partido redondo (5-1) y en paz que consolida al equipo en el 'Top 8'. Es donde lo dejó Xabi Alonso, pero después de lo de Albacete cualquier cosa podía ocurrir. El Madrid pudo correr, como le gusta. Lo hizo con muchísima precisión, como demuestran los dos primeros goles, en transiciones precisas, con interactuación de la mayor parte de los futbolistas de ataque y finalización de Mbappé. Eran los episodios de juego más brillantes del Madrid en tiempo, y eso debe ser un punto de partida para Arbeloa, enredado en sus declaraciones. Si lo que sucedió ante el Mónaco se debe ya a su trabajo, que calle y continúe. Serio en la banda, observó, aplaudió, abrazó a Vinicius y dio sus primeros minutos al canterano Meso.

Buena presión

El Madrid corrió pero también presionó, de principio a fin. El Mónaco no lo soportó. El conjunto del Principado está en la zona templada de la Champions, pero muy lejos de sus buenas épocas. Llegaba al Bernabéu después de cuatro derrotas consecutivas. El regreso de Pogba debía ser el mástil de su proyecto. Ausente en el Bernabéu, de momento es un fiasco. La apuesta por Ansu Fati, situado detrás de Balogun, un delantero físico e incómodo, apenas devuelve la sombra del futbolista que asombró con su irrupción en el Barcelona. La rodilla ha sido el peor de sus rivales.

Arbeloa volvió a utilizar a Valverde como lateral y colocó a Camavinga en la banda izquierda. Las bajas obligan a maniobras que no gustaban en el pasado, ni en la hierba ni más arriba. Güler regresó al centro del campo con Bellingham y Tchouaméni, y Mastantuono apareció junto a Mbappé y Vini. Del centro del campo en adelante, idéntico a lo elegido por Xabi Alonso. Mbappé estuvo en su papel, con dos goles, Vinicius ofreció dos asistencias, al francés y a Mastantuono, y de su centro llegó el cuarto tanto, al introducir el balón en su portería Keher.

El abrazo a Arbeloa

Al brasileño le faltaba su gol, aunque con semejante producción como había hecho, nadie se lo iba a reclamar. Sin embargo, estaba ante una gran oportunidad de redimirse, con más espacios que nunca. Cuando pudo maniobrar en la frontal del área, buscó el instante y colocó el balón en la escuadra. Se giró y apenas lo celebró. Fue en busca de sus compañeros y de Arbeloa, al que abrazó. Nadie le ha dicho tantas veces «te quiero» en los últimos días. La vida de Vini es como vivir permanentemente en un puente. De un lado, el amor; del otro, el odio.

El alto rendimiento fue global, porque, además de Vini y Mbappé, Mastantuono hizo uno de sus mejores partidos como madridista, clave en la acción del primer gol y autor del tercero. Valverde, Mastantuono, Valverde y Mbappé fue la secuencia de ese tanto, impecable. El segundo empezó en la espuela de Camavinga, con Güler y Vini en el trámite antes del tanto del francés. Mejor aún.

El preludio llenó los depósitos de autoestima del Madrid ante un Mónaco que se acercó a Courtois, pero sólo encontró el gol por una frivolidad de Ceballos. En cada paso adelante, dejó su campo lleno de minas ante un Madrid insaciable, que no dejó de robar hasta el gol de Bellingham, sexto en un día de redención.