El orgullo en Múnich no evita una derrota que aboca al Madrid a un año en blanco

El orgullo en Múnich no evita una derrota que aboca al Madrid a un año en blanco

El orgullo no evita un posible año blanco. Sería un año más, si no hay vuelco en la Liga, porque los apetitos de la aristocracia no los colma la Supercopa de Europa, único botín del Madrid en el pasado curso, aunque en puridad perteneciera al anterior. Son los dos años de Mbappé, determinado y goleador en Múnich, pero insuficiente. La estrella necesita equipo, lo que es el Bayern. El equipo necesita más del estrella. Es la enseñanza para el nuevo ciclo, algo que tampoco va a evitar el orgullo mostrado en el Allianz. Todo indica que el gol de Luis Díaz, tercero del Bayern, cierra la era de Arbeloa el breve. No hay culpa en su gestión. Tampoco mérito. Que pase el siguiente.

La sentencia llegó después de una controvertida expulsión de Camavinga, excesiva en el juicio del colegiado Vincic. No se puede dejar a un equipo en inferioridad por eso. Ello no exime de responsabilidad al francés, infantil y arriesgado en los tiempos. El gol decisivo llegó prácticamente en la acción siguiente, al que se añadió el definitivo de Olise (4-3). Al Madrid le queda la queja. Está en su derecho, pero el menor tiempo posible. Que no haga como Laporta. No le da coartada para lo sucedido esta temporada. En el Bernabéu el verano empieza en abril.

El error grosero de Neuer

Todos los porteros coinciden en la importancia de la primera parada. Las sensaciones de sentir el balón entre las manos. Detenerlo, apretarlo, ponerlo en juego. Neuer tuvo que empezar por lo último, fuera en el saque de centro o a los 38 segundos. Es el mejor del mundo con los pies, dicen en su gremio, amante de los pases de riesgo. El que falló no tenía ninguno. Fue grosero. Güler desenvolvió el regalo sin nervios, como el niño que ya conoce su contenido. Los nervios eran todos para el hombre de hielo. A Neuer le faltaba una parada, la primera antes de un gol. Cuando pudo hacerla, le falló el paso, le falló la mano. El Madrid había descubierto ya el talón del Aquiles de la portería. No lo rermató a tiempo.

A Lunin le pasó algo parecido. No es el Aquiles del Madrid, aunque sabe bien el oficio. Antes de poder sentir la seguridad de la pelota, sin embargo, olvidó lo fundamental, petrificado bajo palos. La acción exigía la autoridad del portero y es algo que el ucraniano no consiguió en el juego aéreo en todo el partido, especialmente en los saques de esquina, como el que provocó el empate del Bayern, a los pocos minutos del primer gol de Güler. Los alemanes dejaban a su Aquiles en su área pero metían en la contraria un caballo de Troya repleto de futbolistas. El tanto de Pavlovic, con vocación de gol olímpico en el golpeo de Kimmich, no sólo dejó en evidencia al portero, también a los centrales.

Los jugadores del Bayern celebran su clasificación para semifinales.

Los jugadores del Bayern celebran su clasificación para semifinales.Lennart PreissAP

La igualada devolvió la eliminatoria al punto de partida del encuentro, pero no suponía un empate a dudas. Ni los errores de Neuer y Lunin eran comparables ni lo es su jerarquía. El capitán del Bayern es el Courtois de su equipo, una baja crucial en el Madrid, porque sus manos valen Champions, en París o en Londres. Hasta el inicio del segundo tiempo no pudo el portero alemán sentir las sensaciones que buscaba, en una sensacional intervención ante Mbappé. Para entonces, el marcador era favorable al Madrid, con la eliminatoria igualada, en un contexto distinto.

La precisión de Güler

Habría necesitado esa mano cuando Güler puso su mirada semiestrábica sobre la pelota y después en el arco. La alineación del turco era una de las decisiones que debía tomar Arbeloa, en la recomposición del centro del campo, dada la ausencia de Tchouaméni, la boya del equipo. No dudó. Acertó. Posicionado a la izquierda, con Bellingham junto a Valverde en el mediocentro, el turco fue clave, por su visión, pero también por su trabajo. La salida de Camavinga, en la segunda mitad, llevó a Valverde a la derecha. El francés cometió un error infantil, al retener un balón tras una falta y vio la segunda amarilla. Todo indica que el colegiado no lo recordaba. A partir de ahí, todo se precipitó.

Camavinga abandona el campo, expulsado.

Camavinga abandona el campo, expulsado.EFE

Los errores y los goles agitaron el partido desde el principio, pero el Madrid se adaptó con inteligencia, replegado, muy junto, para cerrar los espacios al Bayern y buscar la dureza en los giros de Upamecano y Tah. Eran robles entre los zigzag de Mbappé. La estrategia era activar al francés y a Vinicius en las contras. Lo de siempre. Mejor Mbappé que el brasileño. El debate del futuro también le va a afectar. Cuando se asociaron, llegó el tercer gol del Madrid, a la carrera, limpia.

El Bayern no encontraba la misma claridad, como si el Madrid hubiera cerrado la cremallera sobre la línea del área. Valverde se multiplicaba y Mendy era como una roca ante Olise, que sólo se sintió libre en el último gol, una rúbrica ya sin valor para la eliminatoria. La alineación del defensa francés fue un acierto de Arbeloa, tenía todo el sentido. El problema, en cambio, era Harry Kane. Un nueve que está en todas partes y en todas toma buenas decisiones. Acabó por encontrar el claro para disparar y engañar a Lunin.

La segunda parte siguió en el intercambio de golpes, pero con más equilibrio y con Neuer en su sitio. Nada se movió hasta la expusión de Camavinga, como una punción en un partido que iba hacia la prórroga, con los dos equipos a la espera. Al Madrid le sentó fatal. Luis Díaz hizo todo lo que no había podido hacer frente a Trent, más firme que de costumbre, y su disparo acabó en un gol que lleva al Bayern a las semifinales de la Champions, en las que se medirá al PSG de Luis Enrique, y pone a Florentino Pérez a pensar en el futuro, porque este presente ha sido un disparate.

El amor por el riesgo de Neuer: pactar un partido con Guardiola como centrocampista, doblar a un personaje de Disney o dejar crecer el rumor de que era gay

El amor por el riesgo de Neuer: pactar un partido con Guardiola como centrocampista, doblar a un personaje de Disney o dejar crecer el rumor de que era gay

La crisis de los 40 no es únicamente una frase hecha o el título fácil para una comedia. Es un proceso analizado por la Psicología en el que algunas personas, especialmente varones, se cuestionan su existencia, producto de la rutina de su vida en pareja, los cambios físicos o las expectativas laborales frustradas. En el fútbol la cosa se agrava, porque los 40 marcan la frontera de la retirada para los más afortunados y el inicio de una nueva etapa con menos emociones. Es difícil igualar las que se sienten en el terreno de juego. Al paro de los millonarios parece irreverente llamarlo de tal forma, pero es también paro emocional y afecta a quienes lo sufren como a quienes lo comparten. Llegan los divorcios.

Manuel Neuer no esperó a los 40 para hacerlo, ni piensa en la retirada después de cumplirlos, el mes pasado. Puede mostrarse juguetón como un adolescente para lesionarse en una pista de esquí, o maduro como un cuarentón para ponerse un brazalete arcoíris y desafiar al establishment, pero siempre firme en la portería del Bayern cuando hay que estarlo. Lo estuvo en el Bernabéu y sabe que debe estarlo en el Allianz, como sabe bien este veterano de la portería que cualquier crisis, también la de los 40, se afronta mejor desde un muro, sea físico o emocional.

"Las dudas vienen de tu cuerpo"

«Las dos cosas son importantes, pero en este momento para Neuer lo principal es el físico. Cuando llegas a los 40 años bajo la portería, tu preocupación es que te responda, porque todo lo demás ya lo sabes, tienes experiencia y conoces las situaciones que pueden darse. Las dudas, en cambio, pueden venir de tu cuerpo», explica Andrés Palop, que llegó en activo hasta los 41, en el Bayer Leverkusen, aunque después de una última temporada con escaso protagonismo decidió retirarse.

«Por lo que vimos en el Bernabéu, no parece que Neuer se encuentre ante ese dilema, la verdad. Será su físico el que marque los tiempos», añade el ex portero del Valencia y Sevilla, entre otros, ahora en el equipo de la agencia AC Talent, liderada por el representante Arturo Canales.

«Otra de las cosas que nos ha ocurrido a los porteros que hemos estado tanto tiempo en activo es el tener que adaptarnos a los cambios, sean del reglamento o hasta de los balones, pensados siempre para el gol, para los delanteros, no para nosotros. Pero los porteros no somos como el resto de los jugadores. Somos sufridores, estamos solos en el campo, hacemos cosas distintas y no nos quejamos», continúa Palop. El valenciano enlaza su explicación con el caso del alemán: «Neuer ha tenido una ventaja, porque apareció ya con todo lo que se le exige hoy a un guardameta moderno, lo traía de serie. Creo que tiene el mejor juego de pies del mundo en una portería, y era ya de ese modo desde muy joven, en el Schalke».

Neuer rechaza un lanzamiento de Mbappé.

Neuer rechaza un lanzamiento de Mbappé.OSCAR DEL POZOAFP

La última temporada de Neuer en el conjunto de la cuenca del Ruhr fue la primera de Raúl, un cruce generacional entre dos líderes del fútbol europeo y de la Champions. Palop, que dejó el fútbol en 2014, se enfrentó a aquel Schalke, «aunque entonces Neuer era todavía suplente». Esa facilidad del alemán que describe para el juego con los pies fue una mina para Pep Guardiola cuando llegó al Bayern. Entre sus muchos experimentos, el catalán, un entrenador-alquimista, se planteó probar a Neuer en el centro del campo en un partido, según desveló en una entrevista Karl-Heinz Rummenige. «Fue difícil disuadirlo de esta intención, que podría haber sido interpretada como un acto de arrogancia. Sin embargo, creo que Neuer también lo habría hecho bien como volante», explicó el ex delantero y director general del Bayern.

A Guardiola le disuadieron, pues, de lo que hizo Javier Clemente con Molina en un partido de la selección, nada menos que el día del debut del portero, pero en el centro del campo. A Neuer le habría gustado la experiencia, seguro. Adora el riesgo, las experiencias nuevas, aunque alguna haya provocado controversias. Lo fue la decisión de irse a esquiar al volver del Mundial de Qatar, algo que prohíbe cualquier contrato del fútbol profesional, como ir en moto o practicar deportes de riesgo. Un futbolista es también un activo. El portero nacido en Gelsenkirchen lo minimizó al decir que era esquí de fondo. Es difícil romperse la tibia y el peroné en esa práctica, pero todo es posible. Consolidado ya como gran capitán del Bayern, el club donde más mandan los futbolistas, porque después de serlo se convierten en dirigentes, fue comprensivo con su portero. Ni un reproche. Quién sabe si Neuer, parte ya de la aristocracia del club bávaro, seguirá los pasos de Beckenbauer, Rummenigge o Hoeness.

Cáncer de piel

La pasión por el riesgo le llevó, asimismo, a aceptar una proposición de la Disney para doblar al alemán a uno de los personajes de Monster University, aunque otras arriesgadas decisiones han sido por convicción. Después de sufrir dos intervenciones en el rostro por carcinomas, una clase de cáncer de piel, decidió invertir en la creación de una línea de cosmética de protectores solares, junto a la tenista Angelique Kerber. «Ambos tenemos historias muy personales cuando se trata de enfermedades de la piel», explicó.

En 2011, animó a los futbolistas gays a salir del armario, «porque eso alivia». Cuando llegó la Eurocopa 2020, en la que la Hungría de ViktorOrban debía jugar en Múnich, se colocó un brazalete de capitán arcoíris por primera vez. Lo repitió en el Mundial de Qatar, un desafío a su propia Federación y a la UEFA y la FIFA.

La declaración alimentó los rumores sobre su propia homosexualidad, algo que ni se molestó en desmentir, mientras se le podía ver en Múnich con las modelos Katrin Gilch o Nina Weiss, con la que estuvo casado. A los meses de su divorcio, inició una relación con la jugadora de balonmano Alika Bisell, con un extraordinario parecido con su ex mujer, pero 15 años más joven que el portero. Todo un anticuerpo contra la crisis de los 40, si es que alguna vez merodeó alrededor de la portería de este amante de los riesgos al que buena parte de los alemanes pide que vuelva a la Mannschaft para el Mundial y entre los que el Madrid quiere encontrar su última prueba de vida.

El Madrid cae ante el Bayern en el Bernabéu y necesita un acto de fe en Múnich

El Madrid cae ante el Bayern en el Bernabéu y necesita un acto de fe en Múnich

Un acto de fe no atiende a la razón ni a la realidad. El Madrid es uno en sí mismo, tantas veces resucitado que no creer, entre su gente, es pecado. Anatema. Ahora lo necesita más que nunca, después de sufrir la potencia ajena y su propia impotencia. El resultado es malo, muy malo, ante un rival que forma parte de la misma aristocracia que el Madrid. La realidad, sin embargo, es que pudo ser peor, mucho peor, y que el Bayern perdió la oportunidad de clavar la tapa del ataúd de su rival en el propio Bernabéu. El gol de Mbappé, en cambio, llegó como lo hace el soplo de la respiración asistida. En Múnich, la próxima semana, necesitará más que el milagro de la resurrección, también todos los panes y los peces que no encontró sobre la hierba del Bernabéu.

Perder y no sentirse perdido resume las sensaciones con las que acabó el Madrid, tan vulnerable como poderoso en la reacción. Son los intangibles a los que debe aferrarse, porque son los que el Bayern teme. Lo tangible, el resultado, es una losa frente a un adversario que ganó y calculó, sostenido por un arsenal que, hoy, no tiene el Madrid. Es duro decirlo pero es lo cierto. En el Allianz tiene el Bayern que tomar una decisión. En el cálculo puede estar su trampa. El Madrid ya no tiene nada en qué pensar, sólo creer. La fe es, hoy, su argumento.

Un Bayern calculador

Entre los hombres y las intenciones había una diferencia. Kompany lo puso todo, pero no se pusieron como siempre. El Bayern salió a dominar, con posesiones larguísimas, como si la pelota recorriera de un lado a otro los pasillos de un laberinto. En cambio, no salió a fuego, con esa verticalidad que inclina los estadios de Alemania hasta que el Madrid, herido, dejara el rastro de la sangre sobre la hierba. La razón no era el respeto, ni el peso del escenario. Era el temor a encontrarse sueltos a Vinicius y Mbappé en mitad de la pradera, como guepardos. Especialmente al primero, del que no tiene buen recuerdo desde que abrió en canal el Allianz. A ese recuerdo debe aferrarse el Madrid. Mbappé es el gol, sin duda, pero el desequilibro es Vini. El problema es que es tan capaz de desequilibrar hacia afuera como desequilibrarse hacia adentro. Que estos días pase por el sillón gris de Arbeloa.

El Bayern tiene a su Vini en Olise. El francés, de 24 años, es un futbolista al que se espera hace tiempo. Avanza del mismo modo que se despliega un látigo. Lo buscaron sus compañeros continuamente, enfrentado a un duelo clave frente a Carreras. No basta un defensa frente a un jugador semejante. Son necesarias las ayudas, como ante Vinicius.

Olise, en el Bernabéu.

Olise, en el Bernabéu.OSCAR DEL POZOAFP

El Madrid detectó el peligro, pero el Bayern es como una baraja con cartas marcadas. Ni Kane y Luis Díaz habían entrado apenas en juego, pero aparecieron como en un baile de máscaras tras un error de Vinicius en un pase. Kane y Gnabry combinaron para habilitar a Luis Díaz, que cruzó sobre Lunin.

Ese error que tanto quería evitar el Bayern, las pérdidas mortales, lo cometió el Madrid ante un rival que se parece mucho al conjunto blanco, pero en un proyecto muy maduro, no improvisado. La era de Kompany y la miniera de Arbeloa no tienen nada que ver y la diferencia no está sólo en los banquillos, también en el palco.

A un error le sucedió otro, esta vez de Carreras, sorprendido por Pavlovic, y el resto resultó demasiado fácil ante una defensa desguarnecida. Olise tuvo tiempo de controlar y mirar y Kane podría haberse echado un pitillo. Miró y colocó el balón donde quiso. Un hecho especialmente grave, puesto que llegaba inmediatamente después del descanso, en el que se supone que Arbeloa debió comprimir más a los suyos. Al contrario, Vinicius no aprovechó el regalo de Upamecano.

Bellingham, al final

Inicialmente, el técnico del Madrid había tomado decisiones consecuentes, como fue la de dejar en el banco a Bellingham para mantener a Thiago Pitarch y Güler. El inglés no estaba en la forma necesaria, aunque hay cosas difíciles de argumentar con tanto viento en contra, hoy una tempestad. Cuando entró Bellingham por el jugador de la cantera, señalado por un error en el área nada más empezar, el Bayern estaba al acecho con un Olise ya en modo figura. El inglés entró en el momento de la efervescencia y lanzó a Mbappé, que cruzó para forzar la mejor intervención de Neuer.

No fue la única. A sus 40 años, y pese a la inactividad reciente, el portero alemán se desplegó como dos de 20, un par de veces ante disparos del francés y en un mano a mano ganado a Vinicius. Sólo una vez pudo superarlo Mbappé, gracias a esos pases medidos de Trent. Un soplo de vida, y mientras hay vida lo siguiente es más cierto si es que hablamos del Madrid.

La fe del Madrid que personifica Valverde, poseído y expulsado, decide un derbi de explosiones

La fe del Madrid que personifica Valverde, poseído y expulsado, decide un derbi de explosiones

Las analogías bélicas son siempre peligrosas, y más en estos tiempos, tristes tiempos, pero la realidad es que el Bernabéu fue como ese lugar señalado por dos artillerías enemigas. Se castigaron con dureza y precisión en un derbi que, finalmente, sujetó el Madrid como se sujeta la Liga. No es ya la guerra del Atlético, pero dio guerra y la va a dar en otros frentes. Seguro.

Fede Valverde, Nahuel Molina, Lookman, Vinicius y hasta quienes no lo consiguieron, como Julián Álvarez, provocaron explosiones continuas sobre el campo, después de un inicio en exceso contemplativo del Atlético, pero en el que supo ponerse por delante en el marcador gracias a Lookman, uno de esos felices hallazgos. La superioridad numérica en la que concluyó el choque por la rigurosa expulsión de Valverde no le dio, en cambio, para igualar el marcador en un derbi parejo. Esto sólo se equilibra de un modo.

Valverde, poseído

Valverde juega como un futbolista poseído, alguien en cuyo interior se hubiera obrado un misterio. No hay exorcismo que pueda detenerlo, no por ahora. Lo hizo el mismo, nadie sabe si por sus propios demonios, con la entrada a Álex Baena, con el que tuvo lo que tuvo, cuentas pendientes.

Para ese exorcismo no hay nadie como Simeone, sin sotana pero de negro riguroso, como si no se concediera alegría alguna, capaz de aplacar cualquier demonio en un campo de fútbol. Con Valverde no pudo hasta su expulsión. Incluso vio cómo uno de sus principales ángeles de la guarda fracasaba, reducido a su condición humana, con la llegada del madridista al área. De uruguayo a uruguayo, Valverde sometió a Giménez y marcó el segundo gol del Madrid. Habría podido hacer el primero cuando el marcador no se había movido, pero su disparo se estrelló en la madera después de una arrancada de fuerza y fe, como un templario a caballo.

Valverde es un síntoma de las cosas que han mejorado en el Madrid, donde tiene la libertad de explorar el área gracias a una fórmula con cinco centrocampistas. En la necesidad encontró Arbeloa la solución y no la tocó pese al regreso de Mbappé. Todo indica que no en plenitud, pero la realidad es que arrancó el francés en el banquillo en un compromiso de altísima exigencia. Cuando saltó al terreno de juego, el Madrid ya había corregido la situación en un derbi subido a la montaña rusa. A partir de ahí, resistir.

Penalti absurdo

La primera corrección fue de penalti, absurdo porque Brahim ya se había escorado, pero Hancko le tocó donde no debía. Mala cosa. Vinicius y el Madrid se agarraban de nuevo al derbi y a la Liga cuando acababan de regresar del descanso.

Ponga un Lookman en su equipo. Pasarán cosas, y es muy posible que pasen donde no pasa nada. No era el caso del derbi, movido en su arranque, pero básicamente por el movimiento del Madrid, con esa energía que ofrece el convencimiento. Es el primer logro de Arbeloa, logro de entrenador, aunque no evitara el padecimiento. Los apuros en los partidos de entreguerras también los sufre el Barça, aunque frente al Rayo sujetara lo fundamental. La diferencia de cuatro puntos se mantiene, pero a falta de nueve jornadas, el torneo esá vivo, muy vivo.

Lookman es como el regreso al principio. Al principio del fútbol. A veces es necesario, porque tendemos a complicar lo sencillo. Como dicen los británicos, en momentos de duda, back to basics, volver a lo básico. Lookman es como el regreso al regate, a la esencia, a la calle, después de tanto Excel, scouting y otras palabras impronunciables que han llegado a esto para mejorarlo. O eso dicen. El acierto ha sido del Atlético.

El rol de Griezmann

Parapetado, demasiado cerca de Musso, el equipo de Simeone necesitaba caminos para explorar todo el Bernabéu. Encontró inicialmente tres, la habilidad de Lookman, el cabalgar de Marcos Llorente, como un purasangre, y la sabiduría de Griezmann. Después, se añadió Julián Álvarez. El francés apareció en la titularidad, junto al nigeriano y el argentino, y lo hizo por algo. Ya no es capaz de protagonizar las transiciones y finalizarlas a toda velocidad, pero es el mejor para distinguir los vértices que esa transición necesita. Es el sabio de Simeone en un Atlético que echa de menos a Pablo Barrios, lesionado.

En el gol con que adelantó a los suyos, Lookman no se distinguió por su desborde, solo frente a dos piezas, como por sus decisiones y movimientos. Esperó la llegada de Ruggeri, que se tragó la banda izquierda y centró suave. Giuliano correspondió a esa suavidad con un toque de espuela y Lookman entendió dónde tenía que llegar para acabar la acción coral con la misma sutileza.

El descanso daba coartada a Simeone, pero tanta defensa en la salita de estar se paga. Más o menos riguroso, el penalti llegó con todo el tiempo para este Madrid que cree. Después lo hizo el que cree más de todos, Valverde. Nahuel Molina lo imitó con un misil, antes de que el uruguayo se fuera del campo, y Vinicius trazó su línea preferida para volver a poner al Madrid por delante. Un Madrid sufriente, en inferioridad, que acabó el partido como un penitente que no deja de creer en la Resurrección. Ninguno lo hace como Valverde, poseído, entre el gol y la ira.

Vinicius rompe los papeles de Guardiola en el paraíso eterno del Madrid

Vinicius rompe los papeles de Guardiola en el paraíso eterno del Madrid

A Guardiola se le cayeron los papeles con un golpe de viento. Cuando los recogió del suelo y levantó la cabeza, ya no había forma de ordenarlos. El partido había pasado. La eliminatoria, también. El Hijo del viento llamaban al atleta Carl Lewis de la misma forma que se lo podrían llamar, hoy, a Vinicius. Es el mismo viento, la misma zanacada, impetuosa y a la vez liviana, líquida pero mortal. Apareció el brasileño en los claros del City para provocar el caos, la obsesión de Guardiola, porque sabe que el fútbol supera las 64 casillas del ajedrez y que el control que persigue es una utopía. El caos es un instante, suficiente para sepultar una eliminatoria, y para el que el bipolar Vinicius está hecho a la medida.

El zigzag de Vini acabó con un lanzamiento al palo y el regreso de la jugada volvió a encontrar al brasileño en el lado opuesto. Lanzó duro, apretado al palo, y Bernardo Silva no tuvo más remedio que sacar el codo. El VAR tardó tiempo pero sin suspense. Era claro. Al penalti se añadió la expulsión del jugador portugués. Una decisión tan inapelable como excesiva, aunque lo diga la regla, porque castiga dos veces de la forma más severa una misma acción. El fútbol no atiende al non bis in idem. Lástima.

Vinicius no falló esta vez en un lugar maldito. Lo había hecho en el Bernabéu, por lo que el gol tuvo algo de desagravio, no sólo de tranquilidad. Guardiola no se rascaba la cabeza. Lo había hecho antes del partido, pero en esa situación no había más que entregarse a un peligroso intercambio de golpes con el objetivo de ganar el partido. Todo es posible en el fútbol y en el caos, pero Pep tiene poco de madridista, quizás sea demasiado racional para creer en lo imposible.

Guardiola, durante el partido.

Guardiola, durante el partido.EFE

El entrenador del City había corregido sus errores en el Bernabéu, donde empachó a su equipo con tanto delantero, demasiada pimienta que le impidió hacer la digestión. En la vuelta incluyó a Reijnders y dio más campo a Bernardo Silva, además de incluir a Cherki, con la intención de que jugara hacia dentro. El City fue más City pero mucho menos City que tiempo atrás. Doku y después Doku era la única amenaza real, con un Haaland incómodo y desubicado. Courtois puso las manos donde siempre las tiene, en la pila del agua bendita, y el Madrid únicamente tuvo que esperar al espacio, al caos. La realidad es que apareció nada más empezar, pero Valverde, solo frente a Donnarumma, no se lo creyó, seguía en el sueño del Bernabéu.

Sin Mbappé, con Mbappé

Al contrario que Guardiola, Arbeloa no tenía que hacer experimentos. Con Mbappé en el banco hasta la segunda mitad, repitió la fórmula con un centro del campo bien poblado, de nuevo con Thiago Pitarch y Brahim, eléctrico en una acción que mereció el gol y constante con sus movimientos. En este Madrid de circunstancias por las bajas ha entrado como un marine. Merece no quedar en el olvido cuando el resto regrese. El resto son Bellingham y Mbappé, que tuvo sus minutos después de la inactividad por lesión, en los que pudo ser objeto de un penalti y se cargó con una amarilla inútil. Una vez recuperado el francés, corresponde a Arbeloa la compatibilidad con lo que ha hecho hasta ahora y con la buena aportación de la cantera que personifica Thiago Pitarch.

En el Etihad volvió a intentar estar en todas partes, pero hacerlo frente a Doku es un martirio. El extremo se fue del canterano para dar un nuevo centro que, esta vez sí, Haaland alojó en la red. Ha sido su única aportación en dos partidos, en los que el gigante noruego parecía un Polifemo domesticado. Cherki o Marmoush han mostrado más peligro, aunque sin gol. Después de Courtois, tocado, Lunin puso lo suyo para no llegaran, en el tramo en el que el Madrid defendió cerca de su portería, demasiado, frente a un City a la desesperada.

Más, muchos más goles, pudo marcar el Madrid y, en concreto, Vinicius, con un especial apetito por hacerlo en el Etihad, a cuyo público le recordó las lágrimas que le dedicaron cuando Rodri ganó el Balón de Oro. Alto, al costado, al cielo de Manchester, a todas partes lanzó el brasileño en llegadas que aprovechaban los espacios dejados por el City, más de una hora en inferioridad. Lo hizo, incluso, en fuera de juego hasta que el tiempo añadido le dio el fruto de la victoria. Guardiola le felicitó en el campo antes de irse a su vestuario, como si se marchara de un paraíso perdido. Hoy no sabe si regresara. Ese paraíso es la Champions, el paraíso eterno del Madrid.

El Rey del Mambo baila en el Camp Nou: la receta populista de Laporta, aferrado al efecto Lamine, barre a Negreira y Xavi, y a sus dudosas 'palancas'

El Rey del Mambo baila en el Camp Nou: la receta populista de Laporta, aferrado al efecto Lamine, barre a Negreira y Xavi, y a sus dudosas ‘palancas’

García Márquez escribió que la música de Pérez Prado era como un «golpe de Estado contra la soberanía de los ritmos conocidos». El músico cubano afincado en México era ya calificado como el Rey del Mambo, el mayor divulgador de una suerte de sincretismo musical, porque el mambo es, al igual que la santería, una manifestación de la herencia africana en el Caribe. Joan Laporta no ha dado un golpe de Estado. Todo lo contrario. Aferrado al mástil del proyecto deportivo, renueva su mandato en un club que tiene todas las virtudes y vicios de las viejas democracias: participación y debate, pero también cainismo, rencor e intrigas. Todos quieren al Barça con la misma intensidad que se odian entre sí. Entre las miradas de la sala de baile del Camp Nou nadie se mueve como Laporta, pese a los kilos de más y sus 63 años. Quizás no sea el mejor presidente, pero era el mejor candidato, capaz de adaptarse a cualquier melodía y mandar en la pista sobre su pareja, sea Negreira, Xavi, Messi, Víctor Font o Florentino Pérez. Es el Rey del Mambo.

Para saber más

Estamos ante el Laporta más Laporta, más transparente en lo personal, aunque esa transparencia sería de desear en algunas de las operaciones realizadas por el Barcelona. Como en las antiguas empresas con deudas, y la del club azulgrana es colosal, hay que hacer muchas pelotas. Ahora le llaman palancas, pero es lo mismo: adelantar ingresos, hipotecar el futuro. Ello no implica necesariamente que se cometan ilegalidades, aunque pueden vulnerar las reglas de los reguladores, Liga y UEFA.

Javier Tebas miró hacia otro lado con las primeras palancas, porque necesita al Barça para dos equilibrios: el económico y el institucional en esta interminable guerra del fútbol. No se puede estar contra todos, salvo si eres Florentino. Ni siquiera, pero hay monarquías donde nadie le dice al rey que va desnudo por palacio.

La UEFA, por su parte, ya ha advertido y multado al Barça, aunque con rebajas. El no a la Superliga es el pago. Veremos si con esa decisión se costea también lo último del caso Negreira, ya que cuando acabe el proceso penal con condenas, por nimias que sean y aunque no afecten a Laporta, la sentencia llegará a Nyón.

Una campaña llena de minas

El reelegido presidente ha sorteado una campaña electoral llena de minas. Acostumbrado a atacar, como buen cruyffista, ha tenido que defenderse, fuera de Negreira, de Xavi y hasta de un socio anónimo que puso una querella en la Audiencia Nacional por varios delitos económicos, entre ellos blanqueo de capitales. Un asunto escabroso, sucio, con detectives implicados por ambas partes y muy peligroso en dos direcciones: para los acusados y para los que acusan. Si fuera cierto el rastro que se pretende establecer desde la firma New Era Visionary Group, con sede en Dubai, hasta el entorno del presidente, este mandato sería el de Laporta el breve; si no lo es, que se siga la pista del origen de los papeles.

Cómodo en el populismo que le lleva a saltar en la grada y hacer una butifarra (corte de mangas), lo mismo que a cocinar macarrones, subirse a un tractor o ayudar a un deteriorado Jordi Pujol en la urna, Laporta señala a Madrid cuando se siente acosado, del mismo modo que Donald Trump hace con los ayatolás. Crea una amenaza y tendrás prietas las filas. Eso funciona. Hasta Florentino le ha copiado, con un ejercicio de laportismo en la última Asamblea del Madrid, en la que cargó contra el arbitraje, la Liga y la UEFA, como si existiese una confabulación judeomasónica contra uno de los equipos más queridos y admirados del mundo. Con ese maniqueísmo ninguno intenta proteger a su club, sólo a su gestión, a sí mismos.

Laporta es uno de los presidentes que pagó a Negreira y esa pregunta le perseguirá siempre. A todo ha vuelto a responder el dirigente en su nuevo libro, Así salvamos el Barça (Now Books, 2026), presentado durante la campaña. «Invito a todos aquellos que nos acusan de corrupción arbitral con tanta ligereza y frivolidad a que especifiquen el partido, el gol, la jugada o el acto sospechoso de favoritismo como resultado de este asesoramiento técnico. Durante setenta años, los socios, ex jugadores o ex directivos del Madrid nombraron a los árbitros que debían impartir justicia en cada uno de los partidos. ¡Ese fue el mayor escándalo de la historia del fútbol español!», explica en el libro, donde defiende la contratación de la constructora turca Limak, entre otras razones, para no crear tensiones "políticas" con la elección de una española. Curioso.

Laporta y Hansi Flick, en las urnas.

Laporta y Hansi Flick, en las urnas.EFE

Del despido de Koeman, de la era Xavi o hasta del no regreso de Messi habla en sus páginas: «¿Soy tu entrenador?», dice que le preguntó Koeman. «Y yo le digo: 'Ronald, para mí eres una leyenda; yo lloré en Wembley, pero tengo que decirte que no lo eres'. No se lo tomó nada bien. (...) 'Lo que pienso hacer -añadí- es decidir el entrenador que quiero', que era Hansi Flick, pero entonces estaba entrenando a Alemania y no podía ser. Por eso, finalmente, lo mantuvimos: 'Si no puede ser él, ya está bien que continúes'».

Tampoco lo era Xavi, que, vinculado de nuevo a Font en esta campaña, tildó de mentiroso a Laporta en una entrevista en La Vanguardia. Xavi bajó del altar a las cloacas del barcelonismo, un viaje innecesario, dado su colosal legado como futbolista. El rencor es siempre un mal consejero. El mediocentro también atacó a Laporta por la supuesta dependencia de su ex cuñado, Alejandro Echevarría, muy influyente en las decisiones del club sin ostentar cargo. La realidad es que nadie como Xavi atendió a los consejos de Echevarría en el pasado. Menos una vez. «No vengas», le dijo cuando Mateu Alemany y Jordi Cruyff lo tentaron en Qatar. Sabía Echevarría que Xavi, como Koeman, no era el entrenador del presidente. Si le hubiera escuchado se habría ahorrado un periodo autodestructivo para su figura, que no colma una Liga.

Xavi, tras votar en las elecciones.

Xavi, tras votar en las elecciones.EFE

La realidad es que después de la salida de Xavi y la llegada del Flick, todo cambió. El instinto de Laporta volvió a acertar en lo que más importa al soci, como había sucedido en el pasado con Fran Rijkaard o Pep Guardiola.

A Laporta también le han vuelto a preguntar por la vinculación que su ex cuñado tuvo con la Fundación Francisco Franco. «En el Barça caben todas las formas de pensar», dijo en TV3, en un regate más difícil que el de Negreira, porque llega desde dentro, y porque le sitúa frente a su propia contradicción: no ha habido mayor centralismo que el franquismo.

Echevarría no tiene que dar ninguna explicación, fiel a su pragmatismo y capacidad para relacionarse, y a observar el fútbol con cierto relativismo y lejos de la pasión arrebatadora del presidente. De las pasiones de forofos están hartos los futbolistas, razón por la que acabaron por acercarse y escuchar al cuñado. Xavi, Iniesta y Messi, entonces, como ahora Lamine Yamal. El día que apuñalaron a su padre, Echevarría auxilió a su familia, y el día de la jornada de reflexión, la estrella que personifica el éxito deportivo actual ligado a la Masia, puso una foto suya con Laporta y dos corazones. Esa influencia no se logra con un mambo.

Valverde sueña despierto y abre en canal al Manchester City con tres goles de videoteca

Valverde sueña despierto y abre en canal al Manchester City con tres goles de videoteca

Fede Valverde despierta por la mañana. Ha tenido un sueño. Es el sueño de un niño que marca tres goles en el Bernabéu en la Copa de Europa, la Champions, pero no unos goles cualquiera. No. Unos goles de los que se sueñan, con los autopases de Cruyff, los controles en carrera de Maradona o el sombrerito del adolescente Pelé en la final del Mundial de Suecia. Esas cosas no pasan. Se sueñan. [Narración y estadísticas, 3-0]

Valverde despierta y mira el móvil. Pone la radio. No puede ser. Lee su sueño, lo escucha, incluso mejor de lo que es capaz de recordarlo. Un hat-trick con el que el Madrid vence al Manchester City de Pep Guardiola, nada menos, al anticristo del Bernabéu.

El relato que escucha está cargado de adjetivos en los que jamás piensa, sólo corre, como un antílope en el Serengueti, para dejar que piense su cuerpo, que decida el instinto de un futbolista difícil de clasificar. Quizás eso explique que se sintiera extraño en la clasificación pretendida por Xabi Alonso y, en cambio, explote en este caos que tan bien le sienta al Madrid. El caos, en realidad, es un orden distinto que te permite estar en todas partes, y eso es lo que hace el uruguayo, en defensa y en ataque, en el área propia como en la contraria. No es un desconocido para el gol, en absoluto, pero eran goles distintos, explosiones de su propio físico. Estos goles son otra cosa. Se sueñan.

Convertirlos en reales no depende únicamente de la determinación y el deseo. Necesitan de una atmósfera, de una fuerza telúrica. Sólo la combinación de ambas puede convertir en una noche a un gran jugador en la sombra chinesca de los mejores de la historia. El control y el autopase a Donnarumma en el primer tanto y el sombrero sobre el defensor en el tercero son propios de lo mejor que se puede encontrar en las videotecas, en blanco y negro o tecnicolor. A esos añadió Valverde el disparo del segundo, certero pero más propio de su condición humana. Por algo, el destino le escogió también a él para esa suerte.

Es cierto que hubo errores del rival, de O'Reilly y el propio Donnarumma, malas mediciones en el primer gol, y que un rebote lo habilitó en la acción del segundo. Nada de eso, sin embargo, resta mérito y mística a lo hecho por el uruguayo.

Valverde logra el primer gol.

Valverde logra el primer gol.OSCAR DEL POZOAFP

Los goles llegaron pronto, dos antes de la media hora y los tres antes del descanso, para rearmar moralmente a un Madrid ajado por las bajas, con Mbappé como un turista histérico en la grada vip después de su polémica estancia en París para recuperarse de una lesión. Guardiola olió el rastro de la sangre y salió con todas sus baterías. Incluso demasiadas. Se empachó. La sobrepoblación de delanteros apartó al técnico y a su equipo de su estado preferido, de las largas posesiones de su centro del campo. Rodri no parecía el Rodri renacido, sino un guardia urbano en la rotonda de Cibeles de madrugada. Cuando el técnico quiso corregirlo, con la entrada de Reinjders, ya iba tres abajo, ya jugaba sobre el desfiladero.

Guardiola buscó el talón de Aquiles del Madrid, la espalda de Trent, con insistencia. Lo hizo con Doku, un diablo. Las acometidas provocaron vértigo en el Bernabéu, miedo por lo que se venía, pero entonces Courtois tomó una decisión a contraestilo. Lanzó un balón larguísimo para la carrera de Valverde. Todo lo demás pasó en sus sueños.

Guardiola observa a Arbeloa.

Guardiola observa a Arbeloa.THOMAS COEXAFP

En el Bernabéu eran tan reales que acabaron por cambiar la realidad. El gol activó todavía más a un Madrid que había arrancado intenso, aunque no dominante. A partir de ahí, se comió el partido, con ayudas incesantes para auxiliar a Trent, fueran del propio Valverde o de un Thiago Pitarch estajanovista, de un lado a otro, imparable. El esfuerzo y despliegue físico del jugador de la cantera justifica la elección de Arbeloa como titular por delante de Camavinga, que salió en la segunda mitad. Uno llega con el compromiso que el Madrid, hoy, necesita. Hoy y siempre. El otro está detenido. El único error de Thiago Pitarch encontró la pierna salvadora de Courtois, el ángel de la guarda en el portal el Madrid.

Los goles continuaron para inflamar el alma blanca, con un tercero preciosista, en el que Brahim hizo un primer sombrero para que Valverde realizara el segundo y el remate definitivo. El malagueño fue un recuperado para la causa, después de llegar algo deprimido de la Copa de África. En la plaga bíblica que sufre el Madrid, su regreso es como el agua.

Tampoco para el City lo que pasaba era real. Era una pesadilla, con un ataque estéril, Haaland aislado, como un farero en un islote, y Guardiola con las manos en la cabeza. Le espera el rincón de pensar. Vinicius, en el punto de penalti, falló la estocada, aunque con este Madrid y este City quizás no sea necesario llevar el estoque a Manchester.

El aterrizaje de Arbeloa en el vestuario del Madrid: más palabras que soluciones

El aterrizaje de Arbeloa en el vestuario del Madrid: más palabras que soluciones

Dos meses menos un día después de ser nombrado entrenador del Madrid, Álvaro Arbeloa afronta el primer partido de la eliminatoria de Champions con aroma de 'match ball'. Una posible caída ante el Manchester City de Guardiola no tendría que provocar decisiones inminentes, con el equipo apretado al Barcelona en la lucha por la Liga, pero supondría la sentencia definitiva a su futuro en el banquillo, algo sobre lo que ya existen dudas en la cúpula del club y en el vestuario. En la caseta de Valdebebas hay sensibilidades distintas, pero algunos jugadores creen que desde el banquillo no llegan las soluciones necesarias.

Para saber más

Es una percepción distinta a la que tenía el grupo con Xabi Alonso, distanciado abiertamente desde el principio de algunos pesos pesados, como Vinicius, Bellingham o Valverde, pero que llegó con un plan claro. El tolosarra buscaba una transformación futbolística del Madrid y fracasó, al no imponer su personalidad lo suficiente y carecer del respaldo del club en momentos clave, como tras las protestas de Vini por la sustitución en el clásico, pero dejó en varios jugadores, como Mbappé o Courtois, la convicción de conocer bien las herramientas. Eso es algo que Arbeloa, por ahora, no ha logrado.

La apuesta por recuperar a Vinicius era obligada por tratarse de un futbolista diferencial, que el equipo necesita. Pero también por ser un activo muy importante para el club, hecho que se puso de manifiesto con la posición que tomó la entidad presidida por Florentino Pérez en el pulso que el brasileño mantuvo con Xabi Alonso.

Renovación de Vini

El brasileño está pendiente de su renovación con el Madrid. Concluye contrato al final de la siguiente temporada y el club, crea o no crea en el futuro del futbolista, está obligado a renovarle para evitar que pudiera quedar libre y perder una valiosa plusvalía. La alternativa podría ser un traspaso, si Florentino lo deseara, pero a medida que se acerca la finalización de su contrato, las opciones decrecen. Dar cariño a Vini no era una necesidad del equipo únicamente. Era una prioridad del club. Arbeloa cumplió.

Vinicius no es un personaje de consenso en ninguna parte. Tampoco en el vestuario. Cuando recibió el supuesto insulto racista por parte de Prestianni, en Lisboa, recibió el apoyo de todos sus compañeros, aunque no se llegó a plantear dejar el campo por iniciativa del conjunto. Las explosiones del brasileño no están siempre relacionadas con episodios racistas y eso ha provocado cansancio en el vestuario del Madrid. Modric le había advertido en numerosas ocasiones sobre la necesidad de autocontrolarse y Ancelotti ejercía una autoridad casi paternal sobre el futbolista. Arbeloa utiliza su discurso almibarado, pero no puede tener la ascendencia del italiano.

Masacrado por la plaga de bajas y por las carencias estructurales que ya padecieron Ancelotti, en la última temporada, y Xabi Alonso, especialmente en el centro del campo, Arbeloa no ha aportado alternativas tácticas reseñables. No ha habido evolución y, en algunos momentos, involución. Caer en la Copa en Albacete, ser abrasado en la primera visita al Benfica y las dos derrotas consecutivas tras recuperar el liderado, en Pamplona y con el Getafe en el Bernabéu, resultaron mortificantes. El día después del duelo con los de Bordalás, Arbeloa quiso elevar la exigencia en una charla con sus jugadores en Valdebebas. Ya lo había hecho durante el descanso en el estadio de La Cerámica.

La cantera y el compromiso

El entrenador ha apreciado ya que existen niveles de compromiso distintos en el vestuario y en eso tiene que ver mucho su apuesta por los futbolistas de la cantera, como Thiago Pitarch. Necesita una energía que no observa en muchos de los futbolistas más consagrados. Después de ganar en Vigo, con Pitarch, Gonzalo, Palacios y Manuel Ángel, 'Mami', lo dejó claro: «Estoy feliz por la gente que ha querido venir». Indirectamente, quiso decir que otros no habían querido. El club no lo rectificó. Si hablaba o no por Camavinga, debe decirlo su dentista.

Arbeloa llegó, a sus 43 años, con un 'staff' técnico que ha tomado una actitud muy prudente con la plantilla del equipo, como si esta llegada de Arbeloa se hubiera acelerado demasiado. Tampoco goza de un gran capitán en el vestuario, con Carvajal receloso, contrariado por una lesión que ha complica el horizonte del final de su carrera.

Mbappé está lejos de ejercer ese rol. Todos lo consideran «muy profesional» y correcto, pero con sus propios objetivos. Este tiempo de 'teletrabajo' del francés y Bellingham para recuperarse de sus lesiones, en París y Londres, no ha ayudado, precisamente, a reforzar la autoridad del técnico frente al resto.

Vini tiene a sus mejores colegas, Militao y Rodrygo, fuera de la dinámica habitual del equipo por sendas lesiones de largo plazo. Valverde y Bellingham se sintieron más próximos al brasileño en la era de Xabi Alonso, pero las cosas han cambiado. Mbappé y Courtois poseen voz propia y son autocríticos con lo que pasa en el equipo, mientras que crece una sensación de cierto desamparo entre la clase media, los Fran García, Brahim o Ceballos, que ven pasar a la cantera por delante, recelosos de las relaciones del técnico con el entorno de la cúpula del club. Como dijo Arbeloa de Mourinho, él mismo es «uno di noi», y de ese modo será tratado, pase lo que pase.

Fede Valverde logra la carambola del náufrago en Balaídos y sostiene al Madrid en la Liga

Fede Valverde logra la carambola del náufrago en Balaídos y sostiene al Madrid en la Liga

Una carambola lanzada por Fede Valverde sostiene al Madrid como se sostiene un náufrago sobre la balsa. Es realmente lo único en lo que este Madrid se parece al Madrid, en buscar la orilla cuando otros desfallecen. De esa forma la alcanzó en Balaídos para respirar, con una pléyade de canteranos sobre el campo, la apuesta de Arbeloa cuando todo estaba perdido. No tenía mucho más, es la verdad. El lanzamiento de Valverde, en el tiempo añadido, golpeó en Marcos Alonso para tocar la red como el Madrid toca la orilla, la esperanza. [Narración y estadísticas (1-2)]

Mendy, prácticamente inédito en la Liga, apareció en la izquierda. Parece claro que a Arbeloa no le complace Fran García tanto como a Xabi Alonso. En la situación en la que está la defensa del Madrid, como una nave con vías de agua, no hay nadie liberado del servicio. A la plaga de lesiones conocida se sumaban en Vigo las bajas de Carreras y Huijsen, sancionados. El técnico no sólo utilizó al francés, sino que varió el mecanismo defensivo en busca de la seguridad que no encuentra, y es que no hay partido en el que Courtois no se aparezca en el área, como una virgen pagana. Amén.

La debilidad de Trent

Arbeloa mandó a Valverde situarse como lateral en posición defensiva, cuando atacaba el Celta, para calzar el talón de Aquiles del Madrid, la espalda de Trent. Cuando avanza con la pelota, el inglés traza centros como si lo hiciera con un compás. Pedirle martillazos a un compás es una locura, por lo que a Trent hay que auxiliarlo, acompañarlo o sentarlo. No está la cosa para sentar a nadie, porque sigue sentado Carvajal. Cuánto pesa la ausencia del capitán verdadero. Cuando el Madrid no tuvo tiempo de realizar la maniobra, por un balón al espacio, Swedberg desnudó a Trent, lento, sin anticipación pese a tener la ventaja, y blandito. Rüdiger lo veía y se hacía cruces, aunque en ciertas acciones mejor no seguir su temerario ejemplo.

La facilidad hizo a Swedberg gustarse en la suerte, estuvo torero. El pase hacia atrás para Borja Iglesias fue de academia, como el remate del 'Panda', ansioso e impreciso hasta entonces, lo que le costó una tarjeta, pero fino en la definición.

La acción llevaba un empate inesperado a Balaídos, porque hasta entonces el Celta había sido sometido por un Madrid tenso, ganador en los duelos, y dinámico, aunque no tuviera toda la profundidad deseada. Vinicius había lanzado al palo en una escapada, pero después desapareció, desconectado del juego. El ataque lo complentaba Brahim, en la derecha, sin que la posición de delantero centro tuviera un titular claro, con Gonzalo en el banco. Asomaba Güler del mismo modo que lo hacía hasta Valverde, cuando se incorpraba al área en las acciones de ataque. Al final funcionó.

El que se asomó primero, en cambio, fue Tchouaméni, con un doble remate en el balcón del área y el gol en la siguiente acción, tras un saque de esquina ensayado. El golpeo fue tan preciso como un centro de Trent: palo y red.

Junto a Mbappé y Courtois, Tchoauméni es de los mejores futbolistas de este irregular Madrid. En la eliminatoria frente al Benfica su prestación fue fundamental. El Madrid necesita un faro para su juego, es una evidencia, pero de momento ha encontrado la boya. No es poco antes de una reconversión necesaria.

Giraldez, juego e identidad

Si Tchouaméni marcó y tuvo ocasiones fue porque el Celta le concedió el espacio para llegar, al defender demasiado cerca de Radu. No es lo que le gusta a Giraldez, uno de los entrenadores de moda. Basta ver dónde estaba y dónde está el Celta, con una promoción continúa de su cantera. Miguel Román, un gran mediocentro a sus 23 años, es la última prueba. Giraldez, de O Porriño, conjuga juego e identidad. Buena cosa. Cuando ordenó a los suyos salir de la cueva, una vez conseguido el empate, la encontró, aunque ello implicara riesgos, con un choque más equilibrado. Vini se activó y Thiago Pitarch se estiró, con un remate cargado de intenciones, pero también lo hicieron el 'Panda' o Jutglà.

Vinicius, ante Ilaix Moriba, el viernes en Balaídos.

Vinicius, ante Ilaix Moriba, el viernes en Balaídos.AFP

Era momento de decisiones y la primera de Arbeloa fue la de retirar a Güler para poner en liza a otra canterano, César Palacios. No había estado excelso el turco, pero fue el primer sorprendido. Después entraron Manuel Ángel y Gonzalo, más cantera. Giraldez, por su parte, reaccionó con tres cambios, porque su equipo volvía a acusar el aumento de ritmo del Madrid, y más tarde añadió el picante de Iago Aspas. El palo negó la gloria al ídolo local, la gloria que el Madrid corteja, hoy, como un náufrago.

El Getafe bate a un Madrid errático y desquiciado en el Bernabéu con una volea a la Liga

El Getafe bate a un Madrid errático y desquiciado en el Bernabéu con una volea a la Liga

La volea de Satriano fue una volea a la Liga. Tan brutal como inesperada, pero en mitad de un acto que era la radiografía del devenir del Madrid en la competición, errático frente a defensas cerradas y desquiciado en el desenlace. Pocas como la del Getafe, que hace de su muralla un lienzo. Un Madrid ya a cuatro puntos del Barça lanzado por Lamine Yamal, y un Madrid sin Mbappé, quebrado, y en el que no bastan ni la magia ni la ira de Vinicius. Hay Liga, dice la clasificación, aunque la pregunta que muchos se hacen en un Bernabéu entre la incomprensión y los pitos es si hay más tormento. [Narración y estadísticas (0-1)]

El desentendimiento entre Duarte y Boselli fue la única grieta que dejó el Getafe en el Bernabéu. Un error sacrílego para un tipo como Bordalás, al que critican y critican quienes no saben derrotarlo. No es el caso de Arbeloa. Desde luego, la forma no es la pelota al pie, porque siempre tiene un centurión de frente. Es la pelota al espacio, a los blancos que no existen en la defensa del Geta y que sólo los elegidos encuentran. Ese espacio lo regaló una vez el equipo de Bordalás, una sola vez, para que Vinicius, inyectado, cabalgara. El gol se cantaba en el Bernabéu, pero el único que cantó fue Soria, y no en el sentido peyorativo. Lo suyo fue el solo de un gran solista de la portería.

En todo el primer tiempo no volvió a encontrar Vini pradera. Tenía que correr en un bosque. Juan Iglesias, eficaz, lo llevó al límite, siempre con las ayudas que en el Getafe son puro catecismo. Arambarri o hasta Luis Milla las ofrecían, dos tipos con mucho oficio y fútbol de forja.

abundancia de centrocampistas

Vinicius lo intentó como el líder que se ha redescubierto en esta ausencia de Mbappé convertida en un misterio. Nadie sabe hasta cuándo ni dónde regresará. El francés hace cuentas, como otros, porque el Mundial se acerca y nadie se lo quiere perder. Vienen tiempos de jugar y administrarse, y no sólo para Mbappé. Al tiempo.

El brasileño tenía en el ataque la compañía de Gonzalo, pero el canterano no entendió muy bien cómo moverse entre los defensas del Getafe. La falta de balón le hacía retrasarse para conectar, cuando lo que el partido pedía para el Madrid era tirar desmarques para varear la defensa de Bordalás y provocar que aparecieran los espacios. La abundancia de centrocampistas restó profundidad por la derecha, donde Trent progresó menos de lo que el Madrid necesitaba. Arbeloa rectificó para dar entrada a Rodrygo en la segunda mitad.

Con una línea de cinco hombres y otra de cuatro, el Getafe se sintió cómodo en el Bernabéu, pese a la posesión casi permanente del Madrid. Eso complicaba su salida, es cierto, pero no le importaba. Cuando era capaz de conectar en el despliegue, llegaba con gente al área del Madrid. Sucedió en el gol, con Arambarri como ganador de un duelo aéreo con Tchouaméni y la siguiente volea de Satriano. Tremenda. Nada se le puede pedir a Courtois, el portero de los imposibles, ante el remate, durísimo, con el exterior, lo que le hizo, además, tomar un efecto mortal, como si la bota del uruguayo hubiera rociado la pelota con arsénico.

Vinicius protesta una acción.

Vinicius protesta una acción.Manu FernandezAP

El gol fue mortificante para un Madrid que no encontraba los caminos, con poca movilidad de sus futbolistas y no siempre ganadores de los duelos, una de las especialidades del Getafe. Al margen de la ocasión de Vinicius, nacida del único fallo de su rival, únicamente había encontrado otra con la aparición de la magia de Güler. El turco realizó una 'ruleta' en el área y a su salida disparó para provocar la segunda buena parada de Soria.

El Madrid necesitaba acelerar y necesitaba otras cosas. De eso debió hablarles Arbeloa a los suyos en el vestuario y a eso se empleó también con los cambios. Carvajal, Huijsen y Rodrygo debían darle visión, empuje y conducciones. A continuación, se sumaría Mastantuono por la desesperación, finalmente expulsado, y Brahim. Huijsen acabó por ver una amarilla que le impedirá jugar en Vigo, otra vez con la defensa bajo mínimos. Mal asunto.

Uno de los sacrificados en los cambios fue Thiago Pitarch, el canterano que había sido titular por primera vez. Estuvo correcto sin más en un día espeso de los suyos, la continuidad de la derrota en Pamplona. Dos seguidas en la Liga. Demasiado.

El aumento de la intensidad y movilidad en el Madrid no le llevó a atacar mejor, sino a hacerlo desesperadamente, con ocasiones de Rüdiger y Rodrygo que tampoco replicaron Huijsen y Carvajal, mientras los pitos volvían a un estadio que no quiere más tormento.