Denuncian una nueva estafa en la compra de entradas para la final de Copa del Rey

Denuncian una nueva estafa en la compra de entradas para la final de Copa del Rey

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Un aficionado de la Real Sociedad ha denunciado un nuevo timo al ser estafado con la compra de supuestas entradas para el partido de la final de la Copa del Rey que disputarán la Real Sociedad y el Atlético de Madrid el 18 de abril en Sevilla, ha informado este jueves la Guardia Civil.

Según ha indicado este cuerpo policial en las redes sociales, un vecino de Mataró (Barcelona), que cuenta con numerosos antecedentes por hechos similares, ha sido identificado como presunto culpable de la estafa y ha sido puesto a disposición judicial, al tiempo que se han aportado imágenes obtenidas a través de un cajero automático.

Los hechos fueron denunciados por un aficionado txuri urdin de Tolosa (Gipuzkoa) que fue víctima de una estafa de 200 euros, ha señalado la Guardia Civil, que ha precisado que el presunto delincuente facilitó para la transacción fraudulenta un número de teléfono móvil y una cuenta corriente que figuraban a su nombre.

Esta no es la primera estafa que se produce en la compra de entradas para el partido de la final de la Copa del Rey ya que, según indicó hace dos semanas la Guardia Civil, un donostiarra residente en Estados Unidos también denunció la pérdida de 3.000 euros.

La Ertzaintza ha alertado asimismo de estos timos y ha recomendado a los ciudadanos que confíen únicamente en los canales oficiales de venta de localidades.

Nico da la victoria al Atlético en el 'ensayo' de Copa ante la Real

Nico da la victoria al Atlético en el ‘ensayo’ de Copa ante la Real

Son caprichos del destino que quizás gusten a los cabalistas. Parece mentira que hace 72 horas se terminara por decidir la final de Copa y que este sábado los dos clasificados y los dos apeados se enfrenten entre sí en la siguiente jornada de liga. Y como si no se hubieran desfondado en unas semifinales intensas, el duelo en el Metropolitaon fue intenso y de poder a poder. Decidió quien tuvo más aire y ahí destacó Nico, que venía fresco tras una lesión, pero con más hambre que muchos titulares. Su doblete inclinó un duelo ante una Real muy recuperada. [Narración y estadísticas, 3-2]

Puede que fueran las 24 horas, o quizás la importancia de no perder el tren de la liga, por lo que pueda pasar en La Cartuja, pero el Atlético salió a morder a su rival. Quién sabe si estas heridas afecten el próximo 18 de abril. Conviene infligirlas para conseguir ventaja ese día ya desde el vestuario. Y no hay mayor asesino, en estos momentos, que el gigante noruego. Ni cinco minutos tardó en inaugurar el marcador. Honores a la estrategia del equipo técnico de Simeone. Saque de banda kilométrico de Giuliano, peinada y voleón a la escuadra.

Sorloth celebra el primer tanto del encuentro.

Sorloth celebra el primer tanto del encuentro.EFE

Pero esta Real no es la de Sergio Francisco. Este equipo al verse herido responde, no se tumba ni huye. Y puestos a mostrar ya las cartas, hagámoslo cuando tengamos ocasión. Los donostiarras, en una jugada trenzada entre Soler y Sucic se plantaron en el área de Oblak y allí fue el valencianista donde puso el zurdazo a la escuadra para enmudecer al Metropolitano. Armas en alto en esta precuela de la gran batalla y no habían pasado ni 10 minutos.

Extrañaría que la final se pareciera a este simulacro. Los equipos jugaron sin red, tocando el balón con valentía y alternando defensas en bloque bajo con posesiones largas. Da Mendoza eso al Atlético y si corrigiera igual en fase defensiva y limitara las pérdidas, sería un nombre muy interesante para ocupar unas de las plazas del medio del Atlético. Claro que con Koke a tu lado siempre se vive mejor. Lástima que justo antes del descanso, el joven se tuvo que retirar por un contrabalón con Barrenetxea.

Lo que pasa es que con el Tottenham en el horizonte, y con partidos cada 72 horas, si se cumplen, el equipo rojiblanco debe ir administrando jugadores y energías hasta una hipotética eliminación de Champions. Si llega. Ya dijo el propio capitán que así es imposible jugar al 100% todos los encuentros. Así, a la media hora de encuentro, los colchoneros bajaron una marcha. Salvo Giuliano, que por él no parecen pasar los esfuerzos, aunque a veces se confunda con ciertos piscinazos, que quizás colaran sin videoarbitraje.

Se vio un tanto desubicado a Lookman. No funciona tanto el nigeriano jugando por dentro y, aunque buscó la banda izquierda, no terminó de encontrar el espacio que halló en el duelo copero ante el Betis. En aquellos cuartos, el delantero parecía una ganga del mercado. Está claro que es un jugador especialmente peligroso al contragolpe y el Atlético, en casa, es un equipo con tintes de mandón.

Entraron varios tanques al campo por ambas escuadras tras el descanso. Griezmann y Julián por los rojiblancos y Guedes y Oyarzabal por los donostiarras. Era el momento de buscar al rival. Una Real sin miedo en el Metropolitano es un rasgo que le ha inculcado Matarazzo desde su llegada, un técnico que sólo ha perdido en el Bernabéu. Pero en el duelo empezaba a pesar el empuje del público y los rojiblancos comenzaron a inquietar y mucho a Remiro. Primero Sorloth y luego Nico tuvieron dos clarísimas para desnivelar, pero se fueron arriba.

Irrupción desde el banquillo

La siguiente no perdonó el argentino, pero no merece la pena mencionar el gol sino la asistencia de Griezmann, un taconazo que fue una obra de arte para dejar solo en área pequeña al extremo. Lo increíble es que no dio tiempo al Metropolitano a celebrar porque en la siguiente jugada Oyarzabal se sacó un obús para empatar de nuevo. Los viejos pilares que sujetan el castillo.

El empate no alteró el ánimo rojiblanco. Los chicos del Cholo martilleaban la portería de Remiro que respondía bien a los envites como un disparo de Hancko o una falta peligrosísima de Griezmann. Hasta que Nico mostró que está descansado y listo para reclamar un puesto en el once. El argentino completó su doblete con un cabezazo académido para tumbar a una Real muy combativa. Ahora llega el Tottenham... y el Getafe, vuelta en Londres, Madrid, Barça... En fin.

El miedo de Le Normand: suplente en el Atlético, un Pubill infranqueable y el Mundial en tres meses

El miedo de Le Normand: suplente en el Atlético, un Pubill infranqueable y el Mundial en tres meses

Era un jugador que se leía de corrido en las alineaciones de Diego Simeone. Vino para ocupar un puesto, el de central, que había ido perdiendo fuste con los años. Savic, un Witsel reconvertido, Hermoso, apuestas que no cuajaron, como Soyüncü, y otros que habían pasado, pero sin dejar la huella de Godín o Miranda. Entonces y por insistencia del técnico, el club se tira a por un central hispanofrancés que disputaba una Eurocopa que acabaría ganando con España.

Robin Le Normand llega al Atlético de Madrid el 27 de julio de 2024. El club paga 34,5 millones de euros más cinco en variables, un precio alto para un defensa, por un pilar de la Real Sociedad y también de la España de De la Fuente. Lo juega todo con el Cholo hasta que el 29 de septiembre un choque con Tchouaméni le abre la cabeza y tarda 67 días en volver a los terrenos de juego. Pero el jugador recupera su sitio y su estatus en el equipo. Es imprescindible y así se lo hace saber Simeone. "Es un defensa extraordinario", lanzó el técnico tras su ausencia por el traumatismo.

No parece que su situación cambiara con los fichajes de este verano. Pubill no contaba y Hancko alternaba la posición con Giménez y Ruggeri. Le Normand jugó de inicio los 10 primeros partidos de Liga, de los que sólo se perdió 13 minutos. Entonces llegó en Champions League el choque con Zorgane, jugador del Union Saint Gilloise, en el que se le produciría una hiperextensión de rodilla que le tendría más de un mes y cinco partidos fuera de las convocatorias. Pero a su vuelta, todo cambió.

Sin malas caras

Había tardado casi tres meses, pero cuando Simeone descubrió el rendimiento de Pubill y su sintonía con Hancko en el centro de la zaga se terminó el debate en el Atlético. "El trabajo acaba pagando", es una de las frases más repetidas por el Cholo y al defensa catalán se le devolvió con creces el tiempo de mili que pasó en detrimento de Le Normand, cuya presencia pasó a ser testimonial, especialmente en los grandes partidos.

De hecho, en la semifinal de Copa del Rey ante el FC Barcelona, el hispanofrancés sólo salió un minuto en los dos encuentros. "Él es muy humilde y de los que no se queja por salir poco", cuentan desde el club, que aseguran que su actitud no ha cambiado en los entrenamientos ni en la entidad. "Es un chico muy tranquilo", añaden sobre la personalidad de un futbolista que nunca pone malas caras, juegue o no juegue, a los compromisos que debe atender fuera del césped.

Cuestión técnica

Dicen en el vestuario que sus problemas por el traumatismo craneoencefálico o la hiperextensión de rodilla están olvidados. Ahora es una cuestión técnica la que hace que el Cholo no esté contando con él en los grandes duelos y sí lo haga en entreguerras donde, por desgracia, el equipo empató ante el Levante o perdió ante Betis y Rayo Vallecano.

En el entorno rojiblanco dicen que no le ven preocupado por el Mundial de este verano porque, como es un chico poco expresivo, es difícil saber lo que piensa cuando las cosas van bien y cuando van algo peor. Cuenta el hispanofrancés con la suerte de que su competencia para el puesto no está mucho mejor que él con un Vivian menos contundente, un Huijsen desinflado o un Laporte que ha vuelto hace poco a la titularidad. Sólo Cubarsí parece mantener un nivel seleccionable por Luis de la Fuente. Y Pubill, claro, que ya suena para la selección. Esta tarde ante su ex equipo, y como final de Copa anticipada, intentará redimirse.

Oyarzabal, de penalti, lleva a la Real Sociedad a la final de la Copa del Rey

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Tenía una espina clavada Mikel Oyarzabal. La Copa del Rey que, con un penalti al Athletic, le dio a la Real Sociedad en 2021, la levantó delante de una grada vacía por el Covid. Quería el capitán brindar a su afición la posibilidad de empujarles a ser campeones, de nuevo, ante el Atlético, como en 1987. Y lo logró, de nuevo, con un penalti que hizo imposible la remontada de un Athletic que la persiguió con más fe que acierto.[Narración y estadísticas: 1-0]

La Real no quería agarrarse a su renta, consciente de que este Athletic llegó a Anoeta más armado que hace tres semanas. Se lo recordó Berenguer cuando cruzó en exceso un testarazo en el primer minuto de un duelo que los rojiblancos trataron de acelerar desde el inicio, como si en el caos pudieran reinar. Sin embargo, la efervescencia de las carreras de Iñaki Williams les duró lo que tardaron en aparecer Guedes y Barrenetxea para, a calambrazos, instalar a los donostiarras en el área de Padilla. Tenían el control del juego y las ocasiones iban apareciendo.

De hecho, una mano magistral del guardameta desviando un saque de falta lateral que Carlos Soler había enroscado mantuvo el empate a cero en el marcador. La Real amenazaba hasta con las cabalgadas de Sergio Gómez, capaz de servir un centro raso al corazón del área que Aramburu no pudo cazar. La ocasión más clara llegó pasada la media hora de juego, cuando Oyarzabal, empeñado en enloquecer a los centrales rojiblancos con su movilidad, recuperó una pelota en el centro del campo y lanzó a Guedes a la carrera por el carril diestro para que pusiera un centro perfecto al punto de penalti que, inexplicablemente, Carlos Soler no pudo rematar.

El susto espabiló al Athletic, que creció sin poner en demasiados apuros al enmascarado Marrero, con problemas en un pómulo, pero a quien Matarazzo no quiso negarle la titularidad. Probó Berenguer con un remate blandito y Sancet con una volea mordida que no creó problemas. Faltaba contundencia, pero al descanso llegaron con vida porque Guedes, otra vez plantado ante Padilla, se resbaló y no pudo armar la pierna evitando que Yuri atajara el disparo. Nadie podía estar tranquilo en Anoeta porque el billete para la final de La Cartuja aún no tenía un nombre escrito.

El duelo tenía emoción por lo que había en juego, porque el fútbol era impreciso y las ocasiones escasas. El Athletic volvió del vestuario dispuesto a estirarse buscando el gol que necesitaba para igualar la eliminatoria. Dos recortes de Iñaki Williams ante Sergio Gómez fueron el primer aviso que Anoeta entendió: su equipo tenía que despertar y responder al dominio que empezaban a tener los leones.

Lo leyó Matarazzo, que mandó al campo la intensidad de Yangel Herrera y la electricidad de Pablo Marín. Antes, Jon Martín envió por encima del larguero un centro de Turrientes. El dominio que había tenido el Athletic se esfumó, aunque Guruzeta, en una contra, hizo esforzarse a los centrales donostiarras para evitar que se quedara mano a mano con Marrero.

Entre Oyarzabal y Guedes estiraron a la Real, que fue encadenando saques de esquina sin que sus ocasiones acabaran entre los tres palos. Los centros del portugués desde la línea de fondo no encontraban rematador y de los córners tampoco sacaban provecho. A Yangel Herrera también se le marchó su cabezazo por encima del larguero.

Incapaces de romper el cero en el marcador, en el minuto 70 el Athletic empezó a pensar en acelerar o se quedaría sin tiempo y la Real en sacar el pie que tenía en la final. Un chut de Berenguer, solo en el área, demasiado cruzado, fue otro aldabonazo: las piernas quizá no daban para atacar y defender. Había que elegir.

Por si tenían dudas, una carrera de Iñaki Williams para acabar forzando un córner les recordó lo que quedaba por correr. Ya no le quedaba gasolina a Guedes, por eso Matarazzo buscó a Óskarsson para volver a amenazar. Antes de que comprobar si los planes iban a salirle bien, la Real se encontró con un penalti.

El VAR avisó a Soto Grado de un agarrón de Ruiz de Galarreta a Yangel Herrera en un saque de esquina y Oyarzabal, especialista sin piedad, marcó para llevar a la Real a la final. La casi imposible reacción del Athletic la cortó de cuajo Marrero, que salvó a bocajarro un remate de Vesga, y la pudo enterrar Óskarsson con un cabezazo que se estrelló en el larguero cuando Anoeta ya celebraba que estarán en La Cartuja.

Guedes, la resurrección de un puñal que acelera a la Real Sociedad en busca de la final

Guedes, la resurrección de un puñal que acelera a la Real Sociedad en busca de la final

Cuando en el verano de 2017 apareció en Valencia Gonçalo Guedes (Benavente, 1996) causó asombro. El portugués, rápido y habilidoso, era un puñal que había prestado el PSG a su amigo Peter Lim, que acabaría fichándolo por 40 millones. Desde que el Valencia lo vendió en el verano de 2022, el luso no había encontrado su lugar en el mundo...hasta que llegó a San Sebastián para convertirse en un futbolista diferencial que, a fuerza de goles y, sobre todo, asistencias, quiere llevar a la Real Sociedad a la final de la Copa del Rey. De eso sabe, porque ha jugado dos con el Valencia. La primera, se la ganó al Barça de Messi en 2019; la segunda, se le escapó por penaltis ante el Betis en La Cartuja en 2022.

Guedes es feliz en Anoeta y su sonrisa ha vuelto a aflorar tras años crudos en Wolverhampton y lesiones en el Benfica. Ni siquiera su paso por el Villarreal compensó. Es ahora, en San Sebastián y especialmente en este 2026 y de la mano de Matarazzo, cuando se ha convertido en el motor ofensivo del equipo. Erik Bretos, el cerebro gris en la dirección deportiva, confió en él y lo firmó por cuatro millones que han resultado ser una ganga.

Ha entrado en todas las convocatorias, también con Sergio Francisco en el inicio de la temporada, y es el único futbolista de campo que ha jugado minutos en todas las jornadas de Liga. La clave: su don para acelerar partidos, incansable en el uno contra uno, con un disparo potente y su capacidad de asociarse en ataque. Se entiende de maravilla con Oyarzabal, con quien reconoce tener «una conexión especial» en el campo y en el vestuario, donde hay complicidad con Remiro y Aritz Elustondo, además de con Carlos Soler, viejo amigo.

Influencia en todo el ataque

Desde la llegada de Pellegrino Matarazzo al banquillo, Guedes se ha desatado. Tanto que lidera la tabla de asistentes y persigue a Oyarzabal en la de goleadores, aunque el capitán le lleva cuatro de ventaja. En Liga suma seis tantos y cuatro asistencias, una cifra aún lejos de los 11 que logró como valencianista en la temporada 21/22, su mejor año en España. Sin embargo, la sensación que dejó en el mes de enero es que ese registro no es inalcanzable. Marcó tres goles y dio tres asistencias, por lo que lleva siete en total en ambas estadísticas.

Además, cuando la Copa exigió, él se agigantó con goles y acrecentó su influencia en todo el ataque. Fue decisivo ante el Eldense, con una conducción para filtrar un pase de gol a Pablo Marín en el añadido que deshizo el empate y clasificó a los donostiarras. Ante el Alavés, en cuartos, asistió a Oyarzabal en el primer gol y marcó el segundo de la Real para empezar a hilvanar la remontada que necesitaban, y que acabaron logrando. En el partido de ida en San Mamés, fue una pesadilla para la defensa rojiblanca y colaboró en el gol de Beñat Turrientes que da ventaja a los txuri-urdin en la eliminatoria.

El portugués vuelve a ser un jugador decisivo para el duelo de vuelta en Anoeta -más con la ausencia por lesión de Kubo- y, además, ha demostrado que la Copa es una competición que le motiva. De hecho, es el único futbolista de la plantilla de Matarazzo que ha jugado dos finales. Una disputaron Carlos Soler y quienes se proclamaron campeones en 2020, a puerta cerrada en La Cartuja: Oyarzabal, Remiro, Zubeldia, Elustondo y Ander Barrenetxea.

No mira otro horizonte Guedes que no sea esa final y acercar a la Real de nuevo a Europa, pero no se olvida de la selección portuguesa y el Mundial, por difícil que sea. No lo convocan desde junio de 2022 y, por tanto, nunca ha ido con Roberto Martínez, aunque no pierde la esperanza.

Trent, Carvajal y la gran grieta que lo condiciona todo en el Madrid

Trent, Carvajal y la gran grieta que lo condiciona todo en el Madrid

El lateral derecho del Real Madrid lo ha condicionado todo en el sistema de Carlo Ancelotti, de Xabi Alonso y de Álvaro Arbeloa desde la grave lesión de rodilla de Dani Carvajal en octubre de 2024. Un año y medio de dudas, de parches, de partes médicos y de futbolistas jugando en una posición que no era la suya. Una grieta constantemente abierta en el carril derecho que ha lastrado al conjunto blanco a todos los niveles y que ahora, con Trent Alexander-Arnold y el defensa español de vuelta tras sus lesiones, el club espera solucionar de forma definitiva.

Esta noche ante la Real Sociedad, en un duelo que puede hacer que el Madrid duerma líder de la Liga, Arbeloa elegirá a Trent o a Carvajal para el puesto de titular en la banda por primera vez desde que es entrenador del cuadro madridista. Así de dura es la vida en el carril diestro del Bernabéu. Trent no es titular desde el 3 de diciembre contra el Athletic y ha sufrido ya tres percances desde que fichó por el conjunto de Chamartín en junio: uno en el Mundial de clubes antes de la semifinal contra el PSG, otro en septiembre y otro en diciembre.

Lesiones que le han hecho perderse 21 partidos con el Madrid. Su mal fario con la enfermería, además, no ha llegado en la Castellana, porque el curso pasado ya estuvo ausente en 11 duelos entre el Liverpool y la selección inglesa. De hecho, su último encuentro con los Three Lions data del 7 de junio de 2025 y el anterior del 13 de octubre de 2024. Una realidad que le podría dejar fuera del próximo Mundial si no consigue ser constante en Madrid.

Valverde, el titular

Carvajal, por su parte, está en una situación bastante parecida, aunque en su caso el debate sobre su nivel físico levanta mucha más polvareda. El defensa de Leganés no se ve en el once inicial del Madrid desde el 27 de septiembre en el Metropolitano y aunque estuvo en la convocatoria de Luis de la Fuente el pasado mes de septiembre, se ha perdido las dos siguientes y no parece que vaya a estar en la que dará el seleccionador en marzo. Una contrarreloj que le deja en serias dudas de cara a la Copa del Mundo y que como en el caso de Trent, necesita de minutos para convencer al técnico. Esta temporada, Carvajal se ha perdido 16 encuentros por lesión, mientras que la pasada campaña la cifra se elevó a 61 entre club y selección.

Los problemas físicos del inglés y del español les han limitado de forma individual pero sobre todo han sido un déficit claro para Xabi Alonso y para Arbeloa, que han tenido que optar por Fede Valverde en su lugar. El uruguayo, que no nació para ser lateral, como repitió en rueda de prensa, ha tenido que exprimirse físicamente y se ha visto obligado a aprender nuevos conceptos tácticos para ser el lateral titular del Madrid en 16 ocasiones esta temporada. El que más de toda la plantilla. Arnold ha salido en el once seis veces, Carvajal cinco, Asencio cuatro y el canterano David Jiménez en tres.

Se trata de la posición en la que más futbolistas han jugado de todo el once del Madrid. Courtois, Asencio, Huijsen, Carreras, Tchouaméni, Güler, Vinicius y Mbappé han repetido en su puesto en la mayor parte del curso, con la única variante de Mastantuono, Rodrygo y Brahim en el extremo diestro, el otro hueco donde más se han repartido los protagonistas, con Camavinga haciendo de comodín en el centro del campo.

Arbeloa, durante el entrenamiento del viernes en Valdebebas.

Arbeloa, durante el entrenamiento del viernes en Valdebebas.EFE

La suerte para Arbeloa es que parece que esos problemas físicos han llegado a su fin, al menos de momento. Trent ya jugó en Mestalla y apunta a titular esta noche contra la Real y el martes contra el Benfica en la ida del playoff. Mientras, Carvajal, que sólo ha jugado media hora desde que volviera el 4 de enero, podría empezar a tener minutos este mismo fin de semana tras la polémica que ha rodeado a su suplencia en los últimos días.

El español se veía para tener minutos desde hace un par de semanas y el técnico ha dudado por la opinión de los médicos, que creían que la rodilla del lateral todavía no estaba para el máximo nivel competitivo. Tras el «sofá gris» de Arbeloa, donde ha reconocido hablar con los jugadores «cuando alguien no está contento», parece que la grieta del lateral se va solucionando.

Una gran Real deja de piedra a San Mamés y ya ve la la final a un paso

Una gran Real deja de piedra a San Mamés y ya ve la la final a un paso

La Real Sociedad le pasó la mano por la cara al Athletic en San Mamés, con un fútbol de altos vuelos que le deja a un paso de la final de La Cartuja. El equipo de Matarazzo concretó su superioridad con el gol de Turrientes, superada la hora de juego, confirmando su formidable estado de forma, con nueve partidos seguidos ya sin conocer la derrota. [Narración y estadísticas (0-1)]

La prudencia guio los primeros pasos del Athletic tanto como sus propias dificultades creativas. El balón no circulaba entre sus centrocampistas y volantes, que lo acarreaban a trompicones. De modo que tuvo que ser Lekue, un lateral no precisamente ducho en tales fines, quien dejase la única pincelada. Regate en un palmo de terreno, centro preciso desde la derecha para el cabezazo duro de Guruzeta, a las manos del portero.

La Real, en cambio, sí tenía un plan prestablecido, con una naturalidad asombrosa para hacer vertical su fútbol. Soler puso sobre aviso, con un disparo a la media vuelta desde el balcón del área, aunque la mejor ocasión fue servida por Guedes, profundizando para la carrera de Pablo Marín. En su duelo frente a Padilla, el canterano txuri urdin, apuntó a la cabeza del portero, que se sacudió el peligro como mejor pudo.

Sin revisión en el monitor

Uno los avales de la Real, aparte de sus ocho partidos sin derrota, era su fantástica actuación en ese mismo escenario hace apenas 10 días, truncada por la inexplicable roja a Brais Méndez. Aun sin los lesionados Kubo, Sucic y Barrenetxea, su caudal ofensivo volvió a crecer por encima de los diques rojiblancos. Guedes, desde la izquierda, desarbolaba a Lekue. Poco antes del descanso, el portugués sirvió desde ese mismo lado un libre directo hacia la frente de Jon Martin, pero Padilla volvió a interponerse, tan efectivo como poco académico.

Tenía el partido por la mano el equipo de Matarazzo, gracias a también la infinita sabiduría de Oyarzabal. En un par de toques del capitán cabía todo el fútbol de la noche. Un disparo de Turrientes, repelido por Laporte, prologó la acción más discutida de la noche. Una mano de Laporte en el área, tan clamorosa como interpretable. Al menos para Sánchez Martínez. Casi cinco minutos anduvo dando vueltas al asunto el árbitro con su colega Melero López en el VAR. Y ni siquiera se acercó al monitor para revisar si se trataba de una acción voluntaria.

Bien pudo agradecer el Athletic tanta confusión, porque antes del descanso, Rego vio al fin una diagonal de Iñaki Williams. A ese disparo sencillo para Remiro hubo que añadir una trifulca entre Adama y Aramburu. Entre tanto trajín se enmascaraban mejor las carencias rojiblancas.

Aramburu, ante Robert Navarro.

Aramburu, ante Robert Navarro.AFP

Dominaban tanto los donostiarras que el descanso suponía para ellos todo un engorro. Así que cuando al fin pudieron reiniciar el juego, Turrientes comandó otra ofensiva con la autoridad de un mariscal. Fue una jugada asombrosa, con el centro de Sergio Gómez desde la izquierda, el remate de Oyarzabal y la aparición milagros de Padilla. No salía de su campo el Athletic. No le llegaba la camisa al cuello a Valverde, que metió cuatro cambios de una vez.

Nico Williams, Ruiz de Galarreta, Selton y Nico Serrano, si de algún modo podrían ordenarse en cuestión de importancia y necesidad. Precisaban calidad, clarividencia, frescura y piernas los locales, pero la suerte de un partido no varía con un simple golpe de timón. La Real era tan superior que sólo necesitaba la puntada final.

Guedes avisó con un disparo de esos que le valieron fama mundial en el PSG y el Valencia. Turrientes, poderosísimo, detectó una indecisión entre Jauregizar y Ruiz de Galarreta para montar la acción del 0-1. Un robo, el pase monumental de Soler hacia Guedes y la llegada del propio Turrientes donde se espera a los cracks.

Con media por delante, el Athletic sólo podía apelar ya a sus ancestrales vínculos con la Copa. Si la Real bajaba la guardia, allí lanzarían sus fauces Los Leones. Un saque de esquina, un coletazo de Nico Williams, cualquier recurso parecía bueno vista su inferioridad. Tan crecido andaba Matarazzo que no dudó en dar minutos a Odriozola, cargado con una amarilla por sus festejos en la banda tras el 0-1.

Pellegrino Matarazzo, el catalizador de la Real Sociedad: autoestima, récord invicto y "café con ron" para Oskarsson

Pellegrino Matarazzo, el catalizador de la Real Sociedad: autoestima, récord invicto y “café con ron” para Oskarsson

Desde su primer entrenamiento en Zubieta, el pasado 26 de diciembre, Pellegrino Matarazzo quiso dejar claro a todos en la Real Sociedad que se dirigieran a él por el diminutivo familiar: Rino. Hijo de inmigrantes italianos, nacido en 1977 en Wayne (Nueva Jersey, 1977), Matarazzo tiene en tan alta estima los valores inculcados en casa como los códigos del vestuario. Por eso, su prioridad a lo largo de estas seis semanas no ha pasado por la táctica. El modo en que Matarazzo ha cambiado el rumbo de la Real Sociedad se ha fundamentado en la confianza.

Cinco victorias y tres empates en ocho partidos convierten a la Real en uno de los tres equipos invictos, junto con Olympique de Lyon y Milan, de las grandes ligas en 2026. Durante ese mismo periodo, sólo el Real Madrid ha sumado más en el torneo de la regularidad. Un balance que ni uno de los hinchas presentes en aquella sesión abierta en el campo José Luis Orbegozo pudo imaginar. Apenas seis semanas después, aquella Real deprimida, plana y pasiva, con dos puntos de margen sobre los puestos de descenso, es hoy un torrente de energía, vértigo y decisión, a un paso de disputar la final de la Copa del Rey.

Nada compendia mejor la metamorfosis moldeada por Matarazzo que una canción de la Grada Aitor Zabaleta. «Por la mañana café, por la tarde ron, llévame a Sevilla, Orri Oskarsson». Así corearon el domingo en Anoeta el gol con el que el delantero cerraba el triunfo ante el Elche (3-1). Los mismos acordes de Café con ron, el éxito de Bad Bunny, servían ahora para el islandés, un fichaje de 20 millones de euros que en 18 meses sólo había destacado por su propensión a las lesiones. Hoy, Oskarsson representa uno de las grandes bazas de los txuri urdin para disputar la final copera, el 18 o 19 de abril en La Cartuja.

Los tiempos de Montanier

Matarazzo se comunica en inglés con Orri y con Luka Sucic, otro futbolista que ha multiplicado su rendimiento respecto a su etapa con Imanol Alguacil y Sergio Francisco. Desde el primer día, las instrucciones en español quedaron en manos de John Maisano, su primer ayudante, conocido en la caseta por dirigirse a Mikel Oyarzabal como Michele. Más allá del idioma, Matarazzo nunca quiso agobiar con revoluciones en la pizarra, sino que puso el foco en alimentar la autoestima de sus futbolistas. Tal y como había intuido en los vídeos previos, la calidad estaba ahí. Simplemente había que liberarla.

Más de una década después, Matarazzo ha recuperado una de las fórmulas que mejor funcionaron en San Sebastián. Se trata del fútbol vertical, basado en las transiciones rápidas. El estilo con el que Philippe Montanier logró la clasificación para la Champions, con Asier Illarramendi como lanzador de Carlos Vela y Antoine Griezmann. Esta Real no necesita el balón para mandar en el partido, porque sabe la zona en que va a robarlo y el flanco débil donde desarbolar al rival. El guion es claro y el equipo lo aplica sobre el verde de un modo muy efectivo.

Nadie en Anoeta pudo extrañarse con el primer once de Matarazzo ante el Atlético, pero aquel domingo, cerrado con una clamorosa ocasión de Carlos Soler ante Jan Oblak (1-1), hubo un par de detalles que sorprendieron. Desde el minuto 15, seis suplentes saltaron a calentar. Una muestra de la activación y la agresividad que quería su técnico. Desde la banda, Matarazzo también se hacía muy presente. Esa energía a la hora de dar instrucciones, celebrar el gol y protestar a los árbitros, pronto también ante los micrófonos, calaron en la grada. Tras el 2-1 frente al Barcelona, el estadio coreó por primera vez su nombre.

Matarazzo, junto a Oyarzabal, el pasado sábado en Anoeta.

Matarazzo, junto a Oyarzabal, el pasado sábado en Anoeta.EFE

Aquel domingo, la gente salía atónita de Anoeta, no sólo porque Gonçalo Guedes había marcado en la jugada inmediata al gol de Marcus Rashford, sino porque su Real pudo resistir, en inferioridad numérica, ante el mejor frente de ataque de LaLiga. En las antípodas de aquel equipo que se desplomaba físicamente durante los últimos minutos, perdiendo puntos decisivos frente a Villarreal, Girona o Levante.

Nadie puede engañarse con Matarazzo, el primer técnico estadounidense en la historia de LaLiga, pero con nacionalidad e ideosincrasia italianas. De sus cuatro hermanos, todos varones, Leopoldo y Antonio también se han dedicado al fútbol. Los tres comenzaron en la Universidad de Columbia, donde Rino se graduó en Matemáticas Aplicadas en 1999. Era el sueño de sus padres, pero incluso a los 22 años él mantenía viva la llama de ser futbolista. Así que cambió el cálculo avanzado multivariable y la geometría diferencial por un salto al vacío. No cuajó nada en Italia, así que, sin conocer una palabra del idioma, tomó un avión hacia Alemania. Allí nunca pasaría de cuarta división, pero sí supo hacer contactos.

En aquel 62º curso de entrenadores de la Federación Alemana (DFB) conoció a Julian Nagelsmann, con quien compartió habitación en la ciudad deportiva de Hennef, a las afueras de Colonia. La sintonía entre ambos fue inmediata y en enero de 2018, el actual seleccionador de la Mannschaft contrató a su amigo como primer ayudante en el Hoffenheim. Tras casi dos temporadas juntos, Rino optó por volar solo en el Stuttgart, a quien ascendió a la Bundesliga. De ahí, vuelta a Hoffenheim, con billete para la Europa League. Su despido, en noviembre de 2024, cambió tanto su perspectiva que terminaría aceptando la oferta de DAZN como comentarista durante el Mundial de clubes.

Cosas de la buena ventura

Tras perder la carrera para dirigir a Estados Unidos en el Mundial, cuya responsabilidad acabaría en poder de Mauricio Pochettino, todos los azares del fútbol se han alineado para Matarazzo. En Zubieta no se olvidan de los cinco disparos a la madera del Barcelona, incapaz de batir a Alex Remiro tras la roja a Soler; ni de las paradas de Aitor Marrero durante la tanda de penaltis frente a Osasuna en octavos de Copa; ni de la asombrosa irrupción del balón parado, en manos de José Rodríguez, el especialista fichado en verano procedente del Aston Villa. Tras una angustiosa sequía en la estrategia, Jon Aramburu rubricó el 1-2 en Getafe tras cabecear un córner botado por Takefusa Kubo.

Matarazzo, durante el entrenamiento del martes en Zubieta.

Matarazzo, durante el entrenamiento del martes en Zubieta.EFE

Hoy, Matarazzo no podrá contar ante el Athletic con el japonés, ni con Ander Barrenetxea, ni con el citado Sucic, pero en Donosti ven la final más cerca que nunca. De las 8.000 peticiones, sólo 410 agraciados podrán disfrutarlo en directo en San Mamés. Se trata de la cuarta semifinal en siete años para la Real, tercera seguida, algo nunca visto en su historia. Los dos precedentes coperos ante el Athletic en esta instancia se saldaron con una remota eliminación (1923) y un triunfo (1987) que conduciría al título ante el Atlético en La Romareda.

"Tenemos que jugar con intensidad y conexión, todas las cosas que nos ha hecho muy fuertes, debemos seguir haciéndolas, porque si no, no funcionaremos bien", admitió el martes Matarazzo. Aún queda mucho margen para un conjunto incapaz de mantener su portería a cero desde el 24 de septiembre ante el Mallorca. Y que sobrevive en defensa pese a las tribulaciones de Duje Çaleta-Car, autor de un esperpéntico penalti sobre Toni Martínez, a quien cegó con su propia camiseta.

Esa remontada en Mendizorroza (2-3), sin embargo, fraguó también la conexión entre el vestuario y la afición. Muchos realzales se las habían ingeniado para conseguir una localidad fuera de la grada visitante y vibraron con las lágrimas de Marrero, baja para el que debía ser su día grande por un golpe fortuito con Guedes durante un entrenamiento. Tampoco olvidaron el detalle de Brais Mendes, que se sumó a la convocatoria apenas unas horas después del nacimiento de su segundo hijo. Inequívocos síntomas ambos de la salud del vestuario.

Los hermanos Williams hielan Mestalla para llevar al Athletic a semifinales y Oskarsson rescata a la Real Sociedad en Vitoria

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Dicen que a Nico el pubis le lleva a maltraer, que le merma y condiciona su juego y que a Iñaki le cuesta hacer goles, tanto como que solo había marcado uno. Se dibujaba una temporada gris, con pocos fogonazos de los Williams. Sin embargo, en Mestalla, les bastó un destello para mandar a la lona al Valencia y al Athletic a semifinales. Apenas jugaron media hora, porque Valverde les mandó al campo de la mano, pero fue suficiente. El pequeño centró y el mayor rebañó para marcar el 1-2 en el 90+5 que daba la victoria a los rojiblancos.

Mientras, en Vitoria, a la Real Sociedad también le tocó rehacerse ante un contestón Alavés que le tuvo contra las cuerdas hasta el minuto 88. Fueron los donostiarras siempre a remolque, con Oyarzabal igualando el gol tempranero de Abde, con Remiro parando a Toni Martínez el segundo penalti que le tiraba, porque el primero lo marcó el murciano. Fue Guedes quien empató para darles vida en el 76 y Oskarsson quien heló Mendizorroza con el 2-3 porque se les habían escapado las semifinales.

En Mestalla, la grada se había vestido de gala y no cesó recordarle a su equipo que quería la Copa. Valverde parecía haber renunciado desde el once, sin un titular y con el debut de Iker Monreal junto a Laporte en el centro de la defensa. Para pareja para bailar con Sadiq, un chaval y un veterano recién salido de lesión. La parroquia se relamía esperando, con paciencia, que el Valencia, que no tardó en buscar el primer balón en largo al nigeriano, engrasara su ataque. Mientras veía cómo Luis Rioja se iba convirtiendo en un problema para Lekue en la orilla derecha. Era incapaz el capitán de frenarle y encima el fuerte viento le jugaba malas pasadas. Permitió que el sevillano se le escapara para pisar área y cruzar un disparo que salvó Padilla.

La respuesta del Athletic fue solo una entre los tres palos en toda la primera parte y llegó por la incapacidad de los valencianistas para despejar un balón que el Athletic pudo sobar rondando el área hasta que Nico Serrano soltó un latigazo que obligó a Dimitrievski a sacar los puños.

La sensación era de que el Valencia estaba más cerca de abrir el marcador en cuanto Sadiq se afinara. Y lo hizo, pero en la portería que no tocaba. Una falta que Robert Navarro, desde casi la línea de banda, la cabeceó el delantero, solo en el pico del área, como si fuera el goleador del Athletic. Nadie entendió qué cortocircuito le llevó a perpetrar ese testarazo. Como si se hubiera quedado grogui, poco después falló en el remate de un centro de Rioja a un metro de la meta de Padilla. Sin embargo, se sacudió la culpa y lo enmendó cuando vio que Rioja -siempre Rioja- probó con un tiro desde el carril derecho que al meta del Athletic, en su intento por embolsarlo, se le escapó. Apareció como un rayo el nigeriano para rebañarla y poner el empate.

La igualdad espoleó al equipo de Corberán que se instaló en el área bilbaína, con Danjuma intentando castigar por la izquierda y Rioja siendo una pesadilla en la derecha. El Athletic solo intentaba estirarse para, al menos, llevar con vida al descanso. Esa estrategia le permitió tener el partido en la mano.

Valverde mandó a los Williams, a Nico y a Iñaki, al césped y Corberán respondió sacando a Sadiq, tras enviar alta una asistencia de Pepelu, y recompuso su defensa por la lesión de Copete. Creció y mucho el Athletic, que pudo marcar con un remate de media volea de Nico Serrano que estrelló en el lateral del área. Enlazó otra ocasión el extremo antes de que Foulquier, silbado todo el duelo, estirara al Valencia hasta la línea de fondo para estampar su tiro en el palo. Hasta ahí se mantuvieron los valencianistas en los cuartos de final. Y eso que Dimitrievski paró un penalti a Jauregizar que el VAR vio por mano de Tárrega. Ni Ramazani, ni Diego López, ni Hugo Duro ni Guido Rodríguez sacaron a su equipo del atasco, cada vez más romo y más parecido al que sufre mucho en Liga.

En el añadido, cuando se visualizaba la prórroga, apareció Nico Williams por el carril derecho para, desde el pico del área, regalarle a Iñaki un balón que solo tuvo que rebañar para llevar al Athletic a las semifinales de la Copa.

El Barça cae en Anoeta con una actuación descomunal de Remiro

El Barça cae en Anoeta con una actuación descomunal de Remiro

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El Barça volvió a caer en Anoeta. Una Real Sociedad que tuvo como punto de apoyo un Álex Remiro sencillamente excelente bajo los palos supo aguantar el chaparrón de ocasiones de los azulgrana y aprovechar perfectamente sus opciones para acabar llevándose un más que peleado triunfo por 2-1 gracias a los goles transformados por Oyarzabal y Guedes. De nada les sirvió a los de Flick recortar momentáneamente las distancias por medio de Rashford y contar con uno más en los instantes finales por la expulsión tras intervención del VAR de Carlos Soler.

Los de Flick, con Raphinha fuera de la lista por un golpe, vieron cómo el conjunto txuri urdin acababa por romper su racha de buenos resultados y, también, cómo el Real Madrid lograba recortar las distancias a solo un punto, justo una semana después de que el triunfo barcelonista en la Supercopa arrancara la serie de sucesos que culminó con la salida del club banco de Xabi Alonso y la llegada al banquillo de Álvaro Arbeloa.

Dicen que la historia tiende a repetirse. Algo que el Barça pudo atestiguar sobre el césped de Anoeta. El curso pasado, los azulgrana vieron cómo el VAR acababa anulando por fuera de juego un gol de Lewandowski que podía adelantarlos momentáneamente en el marcador, en un duelo en el que la Real acabó por imponerse por 1-0 gracias a un solitario tanto de Sheraldo Becker.

En esta ocasión, quien vio cómo le anulaban un gol poco antes de que anotaran los locales fue Lamine Yamal. Curiosamente, de nuevo, con Gil Manzano en el terreno de juego y Del Cerro Grande en la sala VOR. Tras muchos minutos de análisis de una jugada tremendamente embarullada, y podría decirse que prácticamente por milímetros, el tanto visitante no fue concedido y, no mucho después, Oyarzabal marcaba para los locales. Una jugada en la que los barcelonistas protestaron airadamente una posible falta previa sobre Olmo no concedida finalmente por el colegiado.

De nada le sirvió al Barça tener más el balón y llegar una y otra vez a las inmediaciones del área de Álex Remiro. Sobre todo, por medio de un Lamine Yamal eléctrico. El buen hacer del arquero local, en unas ocasiones, y la mala puntería, en otras, acabó por impedir que los azulgrana lograran marcharse momentáneamente a los vestuarios por lo menos con un gol en su casillero.

Y eso que, en el ocaso del primer tiempo, al límite del añadido, Gil Manzano señaló como penalti un derribo del joven 10 azulgrana por parte de Zubeldia, invalidado finalmente por un claro juego del de Rocafonda observado por la intervención del VAR. Justo en el amanecer, el videoarbitraje anuló también un tanto de Fermín por, precisamente, una falta de Olmo en su intento de arrebatarle el balón a Kubo.

Los azulgrana saltaron al campo con mucho ímpetu tras el descanso. El egarense tuvo un par de buenas opciones para anotar, una de ellas frustrada por un Remiro que firmaría también una gran intervención a disparo de Ferran.

El gol se les resistía, así que Flick optó por dar entrada como jugadores de refresco a Cancelo, Lewandowski y Rashford, en busca de algo más de mordiente en ataque. El polaco tuvo pronto una muy buena opción para anotar, salvada con una parada sencillamente espectacular del meta txuri urdin. Justo antes de que Kubo tuviera que dejar el campo por lesión.

Locura en un minuto

Y tanto iría el cántaro a la fuente que, cómo no, acabaría por romperse. Rashford, con un preciso remate de cabeza a centro de Lamine, pondría un 1-1 que, eso sí, duraría tremendamente poco. Casi nada más salir de centro, la Real llegaría con peligro al área barcelonista y Guedes acabaría por poner el 2-1 en el marcador.

Un resultado que, por mucho que unos y otros pisaran el acelerador en la recta final del duelo, hasta tal punto que Koundé estrelló un remate de cabeza al travesaño, y con la Real Sociedad con uno menos por expulsión de Carlos Soler a instancias del VAR por una entrada tremendamente fea sobre el tobillo de Pedri, acabaría por convertirse ya en del todo inamovible y desataría el delirio de Anoeta en la semana de su fiesta grande.