Griezmann y el Atleti, una perfecta historia de amor imperfecto

Griezmann y el Atleti, una perfecta historia de amor imperfecto

Si Griezmann nunca se hubiera ido al Barça, nadie discutiría que es el mejor jugador de la historia del Atleti. Habiéndose ido, tampoco hay mucho debate. Lo diferencial de su carrera en este equipo, ya para siempre su equipo, no son los 500 partidos, los 212 goles (más que nadie), las 100 asistencias... Es la historia de amor. El fútbol se mueve siempre en dos líneas, la emocional y la racional, que discurren en paralelo hasta que algunos genios, muy pocos, logran forzar que se crucen en una intersección gloriosa. En la primera línea, el mejor para mi abuelo fue Ben Barek; para mi padre, Gárate; para mí, Futre; para otros, Escudero, Collar, Mendonça, Luis, Simeone, Fernando Torres... Antoine parecía abocado a ser el rey de la segunda, un sensacional futbolista que renunció a un reino que tenía conquistado porque se despistó con uno más rico, que no mejor (para él).

Se fue. Se fue mal. Volvió. Volvió peor. Con una afición poco dispuesta a perdonar y algunas humillaciones indecentes por parte del club, como aquel esperpento de las suplencias forzadas para no pagar por su recompra al Barça. Durante muchos meses, la redención no parecía en su horizonte, pero aguantó como ya no aguanta ninguna estrella de su calibre. Tragó, calló, trabajó, volvió. Volvió a lo grande.

Cualquier otro se habría rendido y hecho las maletas rumbo a Estados Unidos en 2022 sin ruido alguno en vez de en 2026 entre lágrimas. Suyas, de Koke y de un estadio que prometió no volver a quererle, pero hoy le adora. Por suerte, en las mejores historias de amor las promesas no sirven de nada y la perfección, sobrevalorada, las aboca a una breve dedicatoria en la tumba: "Se conocieron, se enamoraron y pasaron la vida juntos". Es bonito, no me malinterpreten, pero convierte las relaciones en algo mucho más simple de lo que casi siempre son.

Demasiada gente cree que el amor gira en torno a encontrar a la persona adecuada, pero es mentira. Tan importante como el quién es siempre el cuándo. Miles de relaciones no surgen o se rompen cada día por cuestión de minutos, de un autobús que se escapa, la vida es un permanente "¿qué hubiera pasado si...?". Griezmann no supo querer en su primera etapa, pero tuvo la fortuna de tener una segunda oportunidad. ¿Azar, empeño, destino? Un poco de todo. Decidió aprovecharla y la película quedó completa.

Griezmann se despide como el mejor jugador de la historia del Atlético, Antoine se marcha como uno de nosotros. Lo primero se lo podrá arrebatar otro, lo segundo es eterno.

El Metropolitano llora a Griezmann en su despedida: "Tenía un discurso preparado, pero se fue a la mierda"

El Metropolitano llora a Griezmann en su despedida: “Tenía un discurso preparado, pero se fue a la mierda”

Cayeron unas gotas del cielo de Madrid poco antes de las seis de la tarde, como lágrimas para despedir a un Príncipe. Las que le caerían también a él al bajarse del autobús antes de cambiarse por última vez en 'su casa'. Pero, en el momento de la verdad, ni siquiera las nubes osaron ensombrecer el adiós de una leyenda y se abrieron para iluminar la última vez que saldría Antoine Griezmann al césped del Metropolitano enfundado con el siete rojiblanco. Su pequeña manía, de evitar el aro del patrocinador en esa salida, ya no se vería más por Las Rosas. El Girona sería su invitado esta tarde 500 duelos después.

Al término del encuentro, volvía el francés con más lágrimas aún en el pasillo que le brindaron sus compañeros. Saludos cariñosos a todos y dos abrazos eternos con su amigo y su maestro. Koke y Simeone no querían soltar al galo que, poco después veía un resumen de sus goles como rojiblanco. Muchos y muy importantes. Goleador de leyenda. Con un siete eterno, sus capitanes: el madrileño, Oblak y Giménez le hacían entrega de una camiseta conmemorativa a ritmo de Sweet Child of Mine.

"Tenía un discurso preparado, pero se fue a la mierda", recitaba el francés con la voz tomada. Eran muchas emociones y aún el remordimiento de su salida al FC Barcelona. "Pido perdón otra vez. No me di cuenta del cariño que tenía aquí, era muy joven. Cometí un error, recapacité e hice todo por volver y disfrutar de nuevo", apuntaba poco después. Las palabras más cariñosas de su mensaje fueron para Koke, su amigo, al que le llamó "puta leyenda" y para el Cholo, claro, "el entrenador que le hizo campéon del mundo y le hizo creer que era el mejor del mundo".

Su capitán le devolvió los halagos entre sollozos. No le salían las palabras ya no a un amigo sino a "un hermano". "Has dejado un legado enorme", concedía el madrileño mientras que el argentino le alabó, sobre todo, la gran personalidad que tiene. "Es difícil que te quieran todos y a ti te quieren todos", le lanzaba el técnico. En el homenaje al francés, de algo más de una hora, estuvieron otros capitanes como Torres o Godín, también grandes amigos del galo. "Esto es una despedida, un ciclo que se termina, el más bonito, pero ahora empieza una leyenda", apuntaba el uruguayo.

Poco después de las 22.00 horas, Griezmann dejaba el césped del Metropolitano por última vez con su familia de las manos. Erika, inseparable, y gran apoyo de su marido, y sus cuatro pequeños. Quedaba una bandera gigante con la leyenda: "Gracias Antoine" y dos banderas en el césped con su nombre.

Antes, un último calentamiento, con peto blanco, diferente del amarillo del resto de sus compañeros. Sólo Koke, su gran amigo y confidente, iba a juego. Antes, el madrileño había llegado al Metropolitano con una camiseta que ponía: "Griezmann, leyenda rojiblanca". Además, le había decido el brazalete de capitán en un último gesto que medía la grandeza de ambos en el Atlético y en el fútbol.

Jueguecitos con el balón pisaditas, croquetas y decenas de aficionados en el túnel de acceso al terreno de juego con su camiseta. Esperando un gesto, una mano, una caricia, lo que sea de su ídolo. La última. La de la despedida. Llorente, fuera de la convocatoria, en la banda con una camiseta con el siete y Grizzie en la espalda. Nadie quería perderse el evento. Tampoco sus hijos, Shai en sus brazos, le acompañaron en ese paseíllo antes del inicio del encuentro.

Fue pitar Muñiz Ruiz y Griezmann regaló un pase maravilloso a Lookman, pero el nigeriano no controló bien. Pese a que la pancarta con la que recibieron al francés fue: "Goleador de la historia rojiblanca", 212 tantos lo atestiguan, y casi bate a Gazzaniga en el 20 de partido, su desempeño como asistente también es más que destacado con 99 pases de gol. Sería muy redondo cerrar su etapa como colchonero con 100 asistencias. Aún queda el partido ante el Villarreal.

Pero, para qué esperar si puedes hacerlo ya ante los catalanes. La voracidad del galo no entiende de favores. Y así, repitiendo protagonistas, fue el 22 rojiblanco el que quiso conceder ese favor a su compañero. Nadie puede negar nada al Príncipe en el día de su despedida.

Completada la asistencia, sus compañeros buscaron constantemente que se fuera el galo engrosando su ventaja como máximo goleador de la historia del Atlético de Madrid. Tuvo tres disparos a puerta en la primera mitad, todos blocados por Gazzaniga. En la segunda, su gran ocasión llegaría en un pase atrás de Almada, pero el galo no encontró portería. No todo puede ser perfecto.

El público se caía cada vez que el francés iba a sacar un córner. "Se le echará mucho de menos", decían a este periódico desde el club, más lo hará el Metropolitano. Ni rastro del resquemor de sus dos años de huída al FC Barcelona, periodo en el que el equipo, su equipo, aprovechó para ganar la segunda liga con Diego Simeone.

Y el Cholo quiso dejar a su pupilo los 90 minutos. Con el partido ganado y ante un Girona con 10 tras agotar sus ventanas, el francés se despedía de su público con victoria. No merece menos el galo, pese a que los aficionados catalanes suspiraran por un favor rojiblanco. Era día de homenajes no de favores. Las lágrimas son de despedida no de pena.

4.311 días del hola al adiós de Griezmann: el acento argentino, el mate, la sonrisa y una "idea de trabajo impecable"

4.311 días del hola al adiós de Griezmann: el acento argentino, el mate, la sonrisa y una “idea de trabajo impecable”

No se trata sólo de hablar de ese primer día, sino del aterrizaje de un joven de 23 años en el club en el que se convirtió en historia. Todo empezó un 28 de julio de 2014, cuando Antoine Griezmann salió de la clínica Fremap en Majadahonda con los informes médicos bajo el brazo. Con un sol cegador, sonreía a los fotógrafos que le esperaban consciente de que virtualmente, al poner un pie en la calle con todo el cuerpo revisado, ya era jugador del Atlético de Madrid.

A 9.348 kilómetros de distancia, sus compañeros, con una hora de retraso por un pinchazo en el autobús, vencían ese mismo día en la tanda de penaltis al San José Earthquakes en California tras empatar a cero en el tiempo reglamentario. Nadie lo sabía aún en ambos lados del Atlántico, pero una leyenda comenzaba a forjarse en el Atlético de Madrid. "A nivel técnico le vimos algo diferente. Los controles, los gestos, lo listo que era y su inteligencia en el juego. Era especial", confiesa Carlos Menéndez, preparador físico del Basilea y entonces en el club rojiblanco.

Precisamente, le tocó a Carlos acompañar al francés en su primer entreno como rojiblanco poco después de firmar su contrato. Fue apenas un día después del reconocimiento médico, cuando el galo saltó por primera vez al césped del Cerro del Espino a hacer carrera continua con el preparador físico tras una primera parte en el gimnasio. "El chico era un niño, jovencito, que llegaba a un club grande y con una ilusión enorme. Pero era muy trabajador y muy profesional", apunta Menéndez.

En esa sesión, coincidiría con otros compañeros ausentes de la gira. Unos con los que ya tenía mucho en común ya que les saludó imitando el acento argentino y mate en mano, costumbre adoptada de Chory Castro. "Traía esa cultura de tomar mate de la Real Sociedad, por eso hizo piña con los uruguayos y argentinos», expresa Iván Díaz Infantes, preparador físico del Aulas y antes del club rojiblanco. La amistad con Koke, su compañero inseparable, se forjó ya más tarde.

Porque el capitán, sólo unas horas después, se encontraba jugando el segundo partido de la Gira Americana del vigente campeón de Liga ante el América de México, duelo que esta vez perdería en los penaltis tras empatar de nuevo a cero. Mientras, en Madrid, se preparaba la presentación de la nueva estrella rojiblanca. "Nosotros ya le fichamos sabiendo que era un jugador diferente", dicen desde el club de una llegada que supuso 30 millones de euros a sus arcas.

Selfie de Griezmann en su presentación.

Selfie de Griezmann en su presentación.ATM

Más de 6.000 personas le esperaban el 30 de julio en el Calderón para verle con su flamante número siete a la espalda, heredado de David Villa. El francés, tras adoptar el «partido a partido» del Cholo ya en su primera comparecencia, se hacía cientos de fotos incluído un selfie para mostrar su peinado mullet y su eterna sonrisa. "Su alegría hace que le quiera todo el mundo desde que le conoces", cuenta Díaz Infantes.

Esa actitud la comprobarían sus compañeros el día 1 de agosto, cuando los rojiblancos que volvían de la gira coincidían en el Cerro del Espino con los fichajes y los que no habían ido. "Él disfrutaba de cada entrenamiento, incluso el primero, que les suele costar a todos", revela Díaz Infantes sobre su actitud. Y en ese momento en el que le ve el cuerpo técnico por primera vez, se huele algo especial. "Los entrenadores enseguida vieron que tenía algo diferente. El Mono, Cholo y Vizcaino, que habían sido jugadores, lo detectaron pronto", recuerda Menéndez.

Humildad

El francés parece olvidar que viene de meter 20 tantos en la Real Sociedad y convertirse en una estrella de LaLiga y muestra "una idea de trabajo impecable". Es un jugador al que todos ven talento, físico, genética y aptitud, los cuatro pilares sobre los que debe desarrollarse un futbolista y así lo hace. "Siempre me mandaba audios de whatsapp y me decía: 'Profe, ¿cómo va a ser el entrenamiento de mañana?'", rememora Díaz Infantes.

Uno de sus primeros duelos de rojiblanco.

Uno de sus primeros duelos de rojiblanco.EM

Pero pese a la actitud, pese a su ética, las cosas no fueron una línea recta. "Recuerdo que a Antoine le costó un poco la primera vuelta adaptarse a un equipo que venía obviamente de ser campeón, que ya estaba hecho", explica su excompañero Raúl García. Él venía de ser un extremo ofensivo en la Real, y Simeone le pedía mucha más responsabilidad. "Es difícil adaptarte al Cholo, pero cuando aceptas ese cambio de hacer más distancia, más metros a alta intensidad...", apunta Díaz Infantes.

Explosión

Fueron tres meses de cambio mental, pero de nunca rendirse. De terminar un partido y meterse con Carlos en cubetas de hielo para recuperar las piernas. Y entonces, una vez demostró la "capacidad física y psicológica de adaptarse", Griezmann explotó. "Creo que fue por diciembre, ya en un partido contra Athletic, que hizo un hizo hat-trick. A partir de ahí arrancó y la verdad que era un jugador diferencial, muy inteligente y que le daba mucho al equipo", dice García.

Quizás el club y los técnicos vieron el talento, pero nadie esperó esa evolución. Un crecimiento "sin cambiar un ápice su personalidad", según fuentes rojiblancas. La alegría perenne, la inteligencia constante y un primer toque maravilloso. "Se le echará mucho de menos", cuentan desde el club poco antes del último duelo del jugador en el Metropolitano. 212 goles y 500 partidos después, Griezmann dice adiós. 4.311 días de sonrisas en rojiblanco.

El Atlético se lleva un triunfo ante Osasuna con dos zarpazos

El Atlético se lleva un triunfo ante Osasuna con dos zarpazos

Nunca es justo el fútbol. O pocas veces. O quizás nos acordemos menos de las veces que lo es. El Osasuna no debió perder su duelo contra un Atlético de Madrid ya casi de vacaciones, pero no pudo ni aprovechar la expulsión de Llorente. Se quedó sin tiempo y los rojiblancos ya le habían metido sendos zarpazos (1-2). Lookman y Sorloth fueron los leones. Barja hizo creer, pero el tiempo se extinguió sin recompensa.

En una de esas loterías que son los onces de los equipos sin objetivos a final de temporada, Simeone decidió cimentar su medio campo, con tres mediocentros y Almada, y salir sin delanteros de referencia. Lookman y Griezmann debían inquietar a centrales con poca movilidad como Catena y otros que tienden a tener despistes como Boyomo.

El Osasuna de Lisci estaba en ese terreno de nadie que, con nueve puntos por jugarse, puede aspirar a casi todo, pero necesita un concurso casi perfecto. Así que los rojillos plantearon un once ofensivo para aprovechar la falta de objetivos rojiblanca. No tuvieron suerte finalmente y no será porque no lo intentaron.

El partido estaba feo hasta que se cumplió la ley del ex de manera inversamente proporcional. Más que meter un gol, Javi Galán concedió uno al Atlético gracias a un penalti muy inocente que transformó Lookman. Casi sin carrera, engañó a Aitor Fernández sustituto de Sergio Herrera.

Los rojillos reaccionaron con valentía. Dispusieron de varias ocasiones tres saques de esquina casi consecutivos, pero Catena y Budimir no terminaron de encontrar la portería de Musso, sustituto de Oblak, quizás en un favor de Simeone para introducir al argentino en la lista definitiva del Mundial después de entrar entre los 55 de Scaloni.

Aunque el fallo garrafal fue poco después cuando Koke cedió sin fijarse a su espalda al portero argentino, pero quien estaba ahí era Budimir. El delantero croata, sin oposición, la echó arriba. Lisci, que ha pasado de temer por el descenso a soñar con Europa, se echaba las manos a la cabeza.

Parecía increíble que con tantos centrocampistas y jugadores que quieren el balón, el Atlético no lo disfrutara en el primer tiempo. Los rojillos le ganaron la posesión en un 60/40, pero los rojiblancos llegaban a oleadas como en una cabalgada de Pubill que salvó a Aitor in extremis.

Hubo tiempo para la polémica poco antes del descanso. En un despeje de puños, Musso rozó a Budimir y el árbitro Guzmán Mansilla señaló la pena máxima. El VAR corrigió al colegiado ya que percibió claramente, que el argentino, en contra de lo ocurrido en la Copa con la Real, toca balón y el roce al croata es residual.

Los navarros se echaron encima del Atlético a la vuelta de vestuarios, pese a que Simeone cambiara a Almada por Sorloth en un giro ofensivo. Lisci respondió metiendo a Raúl García de Haro para ayudar a Budimir en su pelea con Le Normand y Hancko.

Demasiado castigo

Osasuna llegaba, pero no lo hacía de manera clara ante un Musso que no había hecho una parada en la primera hora. La hizo en el 65, a un cabezazo de Budimir que fue como un martillo. Pudo ser el empate, pero lo negó el argentino. En cambio, lo que llegó poco después fue el segundo tanto del Atlético. Lo hizo Sorloth, tras un centro de Llorente que envenenó involuntariamente Moi Gómez. Ya en el vuelo del balón se veía la cara de lamento de Catena, consciente de que no llegaba y el esfuerzo del equipo se iba por la borda.

Dispusieron los rojillos de 15 minutos en superioridad numérica por expulsión de Llorente. No fue tiempo suficiente para la gesta pese al gol de Kike Barja. El sueño europeo deberá esperar porque se antoja complicado en los seis puntos que les quedan. Quizás la gesta del Rayo en la Conference obre lo que no pudieron los rojillos en el césped. Pero bueno, las matemáticas están para los creyentes.

Lo que la superioridad del Barça en la Liga dice de Madrid y Atleti

Lo que la superioridad del Barça en la Liga dice de Madrid y Atleti

Si el Barça aprieta, no hay Valverde que anime el vestuario del Madrid después del Clásico. Le caen seis. Es tan superior ahora mismo en España que ni siquiera necesita a Lamine y Raphinha para jugar a un deporte diferente a sus rivales; también tiene ausencias el equipo blanco, todo hay que decirlo. Las más graves, un entrenador y un director deportivo. Ni siquiera los antis, que vivimos con pánico crónico a que el cielo se derrumbe sobre nuestras cabezas en forma de Champions inverosímil o gol de Darth Vader en el descuento, auguramos una resurrección inminente. El posible regreso de Mourinho genera más expectación cómica que miedo. Si el antimadridismo está tranquilo, miren a Mbappé, algo huele a podrido en Chamartín.

La superioridad aplastante de los de Hansi Flick, un equipo divertidísimo pero aún incompleto, dice mucho del deprimente estado de una Liga española que afronta las tres últimas jornadas plagada de partidos de la basura en la mitad alta de la tabla. Parece la NBA en marzo. El Barça es campeón con total merecimiento, como lo fue el curso pasado, pero las eliminatorias contra equipos serios, ni siquiera élite (Inter en 2025, Atleti ahora), recuerdan que aún está lejos de la cima europea.

No es culpa del modelo del alemán, como se apresuran a señalar los oportunistas cada vez que le acribillan al espacio. El PSG va camino de repetir Champions con la misma idea y el Bayern, otro kamikaze, ha sido su única amenaza, pero jugar con tanto riesgo exige una calidad individual extrema en todos los futbolistas que el Barça aún no alcanza. La tiene arriba, claro, con un top 3 fabuloso (Lamine, Raphinha, Pedri) y Fermín amenazando con sumarse, pero le faltan un nueve, un cinco (quizás Bernal) y, sobre todo, defensas con el nivel suficiente para ayudar a Cubarsí a cubrir latifundios sin casi ayudas. No es lo mismo ser suicida cuando los que vuelven a la carrera son Nuno Mendes y Hakimi que cuando son Cancelo y Eric García (¿Koundé vive?). Y su problema es que, por más que a los periodistas afines les encante fabular con fichajes de 100 millones, esos jugadores tienen precios que hoy no puede pagar.

El último salto de los azulgrana es complicado... pero al menos es posible. Tras él, el Madrid no sabe a dónde va y el Atleti no parece tener intención de ir a ningún lado, feliz en su adosado en el extrarradio. El Barça no ha ganado la Liga, la ha conquistado sin visos de soltarla en un largo tiempo.

El Atlético prolonga la depresión de Londres y pierde ante el Celta

El Atlético prolonga la depresión de Londres y pierde ante el Celta

Si hubiera un lugar donde medir la melancolía, ese sería el Metropolitano. Dos equipos decepcionados se enfrentaban bajo tormentas ocasionales después de decir adiós a sus sueños de la temporada. Más reciente e impactante la del Atlético, que ya había sufrido la herida de la Cartuja, y posteriormente terminó su aspiración europea tras un hurto en Londres. Cómo sería que el estadio rojiblanco registró, con poco más de 52.000 almas, una de las peores entradas de la temporada. [Narración y estadísticas, 0-1]

Valían más estos tres puntos para uno que para otro. Las aspiraciones europeas ya están aseguradas en los rojiblancos mientras que los celestes están aún en plena pelea. Y si además te llevas una alegría para salir del letargo, pues mejor. Quiso el Panda ejercer de antidepresivo para los vigueses. Hubo muchos que lo intentaron del lado rojiblanco, pero no encontraron portería.

Aunque si un equipo mostró una mayor voluntad de recuperación fue el conjunto de Simeone. Salió a comerse a un Celta que no le gusta encerrarse, pero que no le quedó otra ante el empuje rojiblanco. Y si ese empuje habría que individualizarlo en alguien, habría que mencionar a Lookman. Se echó de menos esta versión del británico de origen nigeriano en Londres: incisivo, desequilibrante y muy activo, especialmente en la parcela ofensiva. A Álvaro Núñez y a Javi Rodríguez les dio la tarde. Al segundo le hizo un caño monumental, que cortó con una dudosa mano al irse al suelo. En algunos lugares y en otros tiempos, podría considerarse penalti, pero el colegiado navarro, Galech Azpeteguía, decidió que era completamente involuntaria.

Subidos a la profundidad del extremo rojiblanco, las ocasiones del Atlético se fueron sucediendo. Sorloth tuvo dos cabezazos para inaugurar el marcador, pero no termina el noruego de afinar el martillo. Posteriormente fue Griezmann el que probó a Radu con un inocente disparo desde el segundo palo.

Tardó casi media hora el Celta en pisar con intención el campo que defendía Oblak. Con intención no es con peligro. De hecho, en el primer tiempo apenas registraron los celestes un disparo, que se fue desviado, frente a los nueve del Atlético, dos de ellos a portería. Los vigueses mantuvieron plaza europea con la última victoria ante el Elche, porque las tres derrotas consecutivas amenazaron con su caída, y ahora estaban en un punto de que para ver la Champions necesitaban encadenar victorias.

La segunda mitad la empezaron los vigueses con más intención. Trenzando alguna jugada con Borja Iglesias de pivote. Moriba, de hecho, pudo concluir mejor desde la frontal del área una gran triangulación de medio equipo celeste. Respondió después, casi inmediatamente, Sorloth con una espuela magnífica tras una dejada de Baena, pero Radu mandó a córner. Y poco después Lookman no consiguió aprovechar otro gran centro del almeriense.

Contundencia

Pero las ocasiones no suben al marcador, sólo los goles. La contundencia, ya saben. Y Borja Iglesias la tuvo para finalizar un gran pase de exterior de Sweedberg. El Panda hizo una vaselina que silenció el Metropolitano y hasta terminó con algún aplauso local. La liga es el torneo que ya pasó en el Atlético, pero convenía terminarla con una sonrisa, al menos en los partidos de casa.

Un mal disparo de Almada alumbró algún silbido en el estadio. No merece esta despedida un equipo que tuvo dos trofeos a tiro. Luchando, además, con transatlánticos en España y en Europa. El Atlético, de hecho, tomó el acuse de recibo y se volcó sobre la portería de Radu. Lo hizo, eso sí, con más corazón que cabeza y, lo peor, con poco fútbol. Sin Griezmann y Baena, cambios el Cholo a la hora de partido, faltaba la imaginación que sustituyera los centros laterales. Ni imaginación, ni alegría. Sigue la depresión.

Los interrogantes que se le abren al Atlético tras otro año en blanco: fichajes, ampliación de capital y el futuro de la plantilla

Los interrogantes que se le abren al Atlético tras otro año en blanco: fichajes, ampliación de capital y el futuro de la plantilla

Salía Diego Simeone de las tripas del Emirates hasta la compañía de Carla Pereyra. Lo hacía, aún, con césped en los zapatos y después de repetir tanto a las televisiones con derechos como en rueda de prensa a la pregunta sobre si tiene fuerzas para continuar: «Ahora, no». No se había cumplido una hora después de que Daniel Siebert pitara el final del duelo en Londres y mandara al Arsenal a Budapest, y cerrara la temporada del Atlético. Tres semanas antes, los rojiblancos aspiraban a un doblete, el martes por la noche, la Real Sociedad les había ganado la Copa del Rey en La Cartuja y el equipo inglés pelearía la Champions que ellos soñaban. La Liga, por otro lado, perdida antes de navidad. Una pregunta flotaba en el ambiente: ¿Y ahora qué?

No es la primera vez que el Cholo termina vacío una temporada. Preocupante fue su sensación tras la segunda final de Champions perdida en Milan en 2016, que provocó la visita a Argentina de Miguel Ángel Gil para retener a su técnico, hastiado. En esta ocasión, sus palabras reflejaban más una emoción que la continuidad del entrenador más laureado de la historia del club con ocho títulos. Lo había dado todo y su entorno tiene claro que el futuro de Simeone, con contrato hasta 2027, seguirá ligado al Atlético de Madrid. Pero el argentino lanzó otro mensaje en rueda de prensa: «Somos los primeros que queremos ganar, pero no nos alcanza».

Mientras el entrenador apuntaba a la planificación deportiva, Carlos Bucero, director de Fútbol, abandonaba el primero el Emirates con cara seria. Mateu Alemany, director deportivo de la primera plantilla, lo hacía de los últimos, mientras que Óscar Mayo, director general, deambulaba por los bajos del estadio londinense llamando por teléfono. Está en las manos de estas tres personas mantener el crecimiento que ha llevado al club a mejorar su presupuesto hasta convertirse en clase alta europea, pero aún falta un paso más para la élite.

La llegada de Apollo, ratificada el pasado 12 marzo en una Junta General de Accionistas, se supone que era ese empujón para lograrlo. Y la primera acción, en forma de una ampliación de capital de 100 millones de euros, debía ir en la línea de mejorar no sólo las infraestructuras del club, representadas en la Ciudad del Deporte, también se centraría en reducir el gap que hay entre el Atlético y otros grandes europeos como el Arsenal. «El trabajo de Arteta es muy bueno y tiene un poderío económico que lo puede acompañar», expresó Simeone para resaltar las inversiones del club británico, más de 1.000 millones de euros desde la llegada del técnico vasco en 2019.

En esta vuelta de Champions, se pudo ver a David Villa, nuevo consejero rojiblanco desde la llegada de Apollo, charlando con los coordinadores deportivos. Todos han podido ver como los fichajes recientes, siendo buenos, no tuvieron la capacidad de cambiar el encuentro en la segunda mitad. A la hora de partido, cuando Julián, que tampoco ha tenido su mejor temporada, dijo basta, el banquillo rojiblanco no tenía el poderío del rival y el Atlético no tuvo apenas capacidad para realizar la proeza en el Emirates, actuaciones arbitrales aparte.

Para el año próximo, hay una baja segura y no es cualquiera. Griezmann, leyenda y máximo goleador histórico del club con 212 tantos, abandonará el Atlético en junio. El francés, intrascendente al principio de temporada, se convertía en un imprescindible y en el mejor constructor del ataque del argentino en esta segunda fase. Se supone que su sustituto es Julián Álvarez, actual estrella y con galones y calidad para desempeñar esa labor. La entidad, probablemente antes del Mundial, intentará acallar los cantos de sirena que le vienen de muchos clubes europeos con una renovación basada en una sustancial mejora en el contrato.

Emblemas en duda

Y luego está la posibilidad de que otros dos emblemas puedan dar por concluida su etapa como rojiblancos. Hablamos del capitán, Koke, jugador con más partidos en la historia del club, con 736, quien en zona mixta, pese a tener aún un año más firmado, dijo: «Ahora no es tiempo de hablar de mi futuro». El otro es el portero con más trofeos Zamora de la historia. Del futuro de Oblak y su posible salida a Arabia ya se habló mucho durante la lesión en el costado que le mantuvo apartado mes y medio con Juan Musso realizando actuaciones que llegaron a discutir su titularidad. «Hay jugadores nuevos, jóvenes, que lo han hecho muy bien y que estan creciendo, y que han dado todo lo que tienen y lo que pueden», declaró el guardameta.

El futuro del Atlético de Madrid no debería estar en las botas de Vargas o Mendoza. El músculo económico de Apollo y la regularidad que ha proporcionado Simeone, con 13 clasificaciones consecutivas para la Champions, uno de los seis equipos que lo ha logrado, debería ayudar al club a subir un peldaño en el escalafón europeo. De momento, estas semifinales de Champions ya le han brindado, cuando se sumen los derechos, más de 105 millones de euros.

Almeida señala a la UEFA

La expedición del Atlético se fue del Emirates con la sensación de haber sido perjudicada gravemente por el colegiado del encuentro Daniel Siebert. Pese a que nadie quiso relacionar la eliminación con la actuación, hubo críticas veladas respecto a las jugadas grises y el mando del encuentro del árbitro alemán. Sólo Giuliano se quejó de manera directa tanto ante las cámaras como posteriormente en redes sociales por dos posibles penaltis que le afectaron directamente y que no fueron señalados.

No obstante, la mayor indignación vino de la pena máxima no señalada a Griezmann por una presunta falta de Pubill a Gabriel que el trencilla fue el único que apreció y el VARno entró a corregir. Simeone, Koke y Oblak rechazaron hablar de los errores del colegiado. No así el alcalde de Madrid, Jose Luis Martínez Almeida, que ayer aprovechaba un acto público para dar su opinión. «Cuando vi el sorteo pensé que nos tocó el Arsenal y me equivoqué, nos tocó jugar contra la UEFA. Y la UEFA ha dejado claro que no quería que el Atlético estuviera en la final», manifestó para luego alimentar la teoría sobre la nacionalidad del árbitro. España y Alemania se juegan una quinta plaza en Champions y si el Atlético pasaba a la final podría haber sumado unos puntos muy valiosos frente a los germanos a la hora de certificar esa posición.

El adiós más amargo para los 'veteranos' Griezmann y Koke: "Han sido más contundentes en las dos áreas"

El adiós más amargo para los ‘veteranos’ Griezmann y Koke: “Han sido más contundentes en las dos áreas”

Era su ilusión, despedirse del fútbol europeo llevando al Atlético a la fiesta de Budapest para pelear por el sueño de ser campeones de Europa. Antoine Griezmann quería marcharse así, como Koke, que aunque no diga adiós sabe que caen los días del calendario de su carrera y no habrá muchas más posibilidades. Para los dos, fue un adiós amargo en el que dieron todo lo que tenían sin que fuera suficiente para igualar el gol de Saka al filo del descanso.

Eran los jugadores con más galones en el once de Atlético y no dudaron en cargarse el equipo a la espalda desde que comenzó el partido. Hacía falta su pulmón y su talento pero, sobre todo, su inteligencia para colocarse en el campo y aparecer cada vez que hiciera falta. Cada uno tenía sus motivos. Los dos el mismo objetivo: ser campeones de la primera Champions de la historia del Atlético.

El capitán se hubiera pellizcado si alguien le hubiera dicho a principio de temporada que iba a ser titular e indiscutible en la semifinal ante el Arsenal. Frente Lewis-Skelly, Eze y Declan Rice, Koke aportó equilibrio durante buena parte de la primera mitad, atajando la intención de los gunners de hilvanar jugadas. En la segunda, la cuesta se empinó. "Estamos muy dolidos, pero estoy orgulloso del equipo. Lo hemos dado todo. Hemos tenido ocasiones pero no ha querido entrar la pelota. El fútbol es contundencia, y han sido más contundentes que nosotros, en las dos áreas", explicó el capitán, que puso en valor la temporada del equipo. "Ha sido emocionante en Copa y Champions, aunque en Liga no hemos sido regulares y nos hemos dejado muchos puntos. Pero este equipo está creciendo un montón, es gente muy joven que va a pelear por cosas importantes. ¿Yo con ganas de ayudar? Hablaremos cuando haya que hablar", dejó sobre la mesa Koke.

Koke y Llorente persiguen a Eze.

Koke y Llorente persiguen a Eze.EFE

Al trabajo oscuro del centrocampista se unió la omnipresencia de Griezmann. Es cierto que no apareció su genio en ataque, aunque le dio para robar y armar peligro con un par de asistencias que asustaron a Raya. Pero donde se notó fue en defensa. Apareció en el punto de penalti para salvar un tiro de Trossard y arrancó en la segunda parte obligando a Raya a salvar un derechazo mientras Calafiori le pisaba el tobillo en una jugada que hubiera sido penalti de no haber pitado el colegiado alemán una falta previa de Pubill. Simeone, sin querer hablar del arbitraje, habló sobre esa polémica: "Se ve y es muy evidente, pero no nos quedemos con un detalle".

Si la vieja guardia apareció para incomodar al Arsenal, no lograron hacer lo mismo ni Lookman ni Julián Álvarez. La Araña no pudo desquiciar una pareja sólida como Saliba y Gabriel Magalhães. No les ganó ningún duelo por más que lo intentó, quizá porque el tobillo no estaba recuperado.

El londinense apenas retó a Ben White, poco ayudado por Saka en esa orilla derecha, y todas las decisiones que tomó fueron confusas. En el otro costado, a Giuliano tuvo algo más de lucidez, pero el mismo acierto. Suya fue la mejor ocasión para el empate pero, cuando encaraba solo a Raya, apareció Gabriel para incomodarle lo justo.

Sabía el Cholo que ninguno le había encontrado el pulso al partido, en el que aún seguían vivos. Por eso buscó en el banquillo el control de Cardoso, el fútbol de Baena, el remate de Sorloth y el disparo de Nahuel Molina. Había mucho que ganar tomando algún riesgo, aunque ya tuviera que ser sin Griezmann. No se dio la temporada y arranca la vida sin él.

"¿Ganas de volver? Ahora, no"

¿Arrancará sin el Cholo? El técnico argentino dejó una frase de dolor que tendrá que explicar en las próximas semanas, mientras muere una Liga en la que ya no tienen nada que hacer. "Hemos hecho una Champions muy buena, hemos dado el máximo y hemos llegado más lejos de lo normalmente esperado. Una pena, porque habíamos hecho méritos para permitir una prórroga que nos daba alguna opción más. Los detalles no estaban a nuestro favor", analizó.

A la pregunta de si tenía ganas de volver a intentarlo el próximo año, fue tajante: "Ahora no, seguro que no".

La derrota del Atlético: del cambio de hotel que no funcionó a la triste despedida de Griezmann

La derrota del Atlético: del cambio de hotel que no funcionó a la triste despedida de Griezmann

El Atlético de Madrid ya no volverá nunca más al Courthouse Hotel de Shoreditch, al noreste de Londres, en el que la habitación supera los 350 euros por noche. Al menos, mientras Diego Simeone siga siendo el entrenador rojiblanco. La cábala del argentino con el cambio de cuartel general, tras haber sido derrotado también en la fase de grupos, tampoco ayudó a que el equipo rojiblanco se plantara en su cuarta final de Champions de toda su historia, la tercera con el argentino en el banquillo. Quizás los fuegos artificiales que lanzaron unos vándalos la madrugada anterior al encuentro afectaron a una plantilla que no supo cómo hincarle el diente a un Arsenal muy serio y que esperará en Budapest al Bayern o al PSG.

La temporada del Atlético de Madrid concluyó con el silbato del alemán Daniel Siebert, con 3.000 aficionados rojiblancos en la grada visitante del Emirates Stadium combinando las lágrimas con los ánimos a su equipo. A nadie le importan ya los cuatro duelos ligueros que quedan. Los huevos, tras la monumental decepción sufrida en La Cartuja hace poco más de dos semanas en la final de Copa perdida ante la Real Sociedad, estaban puestos en la cesta de la Champions. Por desgracia para ellos, ha vuelto a salir cruz.

Son siete las semifinales que ha alcanzado el Atlético en toda su historia, y cuatro de ellas las ha conseguido bajo la batuta de Diego Simeone. El Real Madrid, como en las finales de Lisboa y Milán, es la bestia negra también en esta fase con dos eliminaciones, en 1958/59 y 2016/17. Mientras que el Arsenal se suma ahora al Ajax (1970/71) como el otro contendiente que ha fulminado a los rojiblancos en el penúltimo escalón de la máxima competición europea. En 1973/74, 2013/14 y 2015/16, los colchoneros consiguieron eliminar a Celtic, Chelsea y Bayern de Múnich, respectivamente.

Griezmann, camino a Orlando

Y eso que el histórico contra el Arsenal era igualado entre ambos equipos hasta el duelo de este martes. Pese a que sólo se han enfrentado en seis ocasiones, cinco si contamos partidos oficiales, son tres victorias inglesas, aunque una británica fue en un amistoso, dos empates, y otra del Atlético. No obstante, los colchoneros habían eliminado a los ingleses en las otras semifinales en las que se habían cruzado. Fue en la Europa League de 2017/2018, que terminó con el título en las vitrinas rojiblancas con un gol de Gabi y el doblete de Griezmann ante el Olympique de Marsella.

No podrá tener el francés la despedida que quería. Se escurrió Budapest entre los dedos y la marcha de Griezmann a Orlando será sólo con el cariño de su público, pero sin ningún título bajo el brazo. Se irá, eso sí, como máximo goleador de la historia del Atlético de Madrid, con 212 tantos de rojiblanco. No será éste finalmente el «año increíble» que presagiaba el francés en el Atlético de Madrid, porque los chicos de Matarazzo y Arteta no le han dejado.

También se le escapó a Simeone. Su traje negro habitual, con el que recorrió en numerosas ocasiones la banda del Emirates, no le trajo la suerte que el argentino necesitaba para llegar a la final de la competición más exigente a nivel de clubes. Pese a aspirar al doblete, el curso terminó como un fracaso para un entrenador que ha conseguido ocho títulos en el banquillo rojiblanco. Se ha escapado, eso sí, el as de bastos. La Champions que el club ansía desde la primera derrota ante el Bayern en 1974 y que duele tras las decepciones en Lisboa (2013/14) y Milán (2015/16) ante el Real Madrid.

No fue esto una final perdida, pero sirve como una nueva muesca en el «dolor» como «fuerza para volver a intentarlo». Esa frase que Simeone pronunció tras la derrota en Milan refleja que el equipo ha crecido más con las decepciones que con los éxitos. Son los rojiblancos un club que tienen el honor de llevar 13 temporadas consecutivas disputando la Champions, un mérito que sólo ostentan otros cinco gigantes europeos y, el año que viene, repetirán el asalto a este escurridizo título.

La Champions y el Atleti: una historia de odio eterno

La Champions y el Atleti: una historia de odio eterno

Hay que jugarla, supongo. Te clasificas, da mucho dinero, te permite atraer estrellas y mantiene a la afición ilusionada hasta primavera. Hay que jugarla, supongo, pero si me dieran a elegir... ojalá el Atleti renunciara a la Champions cada año. El odio es mutuo. Yo ahora podría estar en el cine. O bebiendo. Eso aún no lo descarto. Y estoy aquí escribiendo con cara de (aún más) idiota.

Una vez más, el sueño se rompió en un accidente en el peor momento, dos rechaces en el área, un despiste defensivo, gol de Saka en el 44. Ni un guiño del destino. Hasta ahí, más allá de creerse su leyenda y celebrar cada córner como un penalti, el extremadamente mezquino Arsenal no había tirado a puerta y el Atleti estaba cómodo y con la sensación de que, antes o después, iba a cazar una, pero los rebotes que le castigaron en su área nunca le sonrieron en la inglesa.

La segunda parte fue un orgulloso quiero y no puedo de un equipo que se estaba moviendo a alturas que por talento y dinero no le correspondían. Y se notó. Giuliano tuvo la más clara y, a puerta vacía, le faltaron vuelo y recursos. No es culpa suya, es la diferencia de nivel individual. Y un penalti clamoroso a Griezmann se perdió en el limbo por una inexistente falta previa de Pubill. En la larga colección de delirios arbitrales que ha sufrido el Atleti en este torneo odioso, este se coloca muy arriba. La Champions odia al Atleti, ya saben. Nosotros a ella, más.

Tiempo habrá, y es indispensable hacerlo, para sacar conclusiones sobre esta extraña temporada. Mediocre en su trabajo diario de la Liga, brillante en las bodas y bautizos de las eliminatorias y fallido en el desenlace. Es difícil juzgar un curso así, de cinco aunque a dos detalles de ser de 10, pero hay que aclarar si el proyecto crece o se marchita. Ese análisis requiere enfriar las emociones y no es el día.

Hoy corresponde elogiar el carácter de Pubill, el despliegue de Llorente y el liderazgo de Koke; lamentar que Julián Álvarez, medio cojo, no pudiera ser la estrella que es y, sobre todo, dar las gracias a Griezmann tras su último gran partido en el Atleti, uno donde estaba evitando goles del Arsenal en un instante, organizando el juego al siguiente y siendo el más peligroso para Raya mientras le duró la gasolina. No es el final que merecía el mejor jugador de la historia del club, pero sí el tipo de actuación que ratifica esa afirmación.

La Champions odia al Atleti, pero la ganará. Cuando menos se lo espere, logrará esa maldita copa y la tirará al río. Ese día podremos descansar. Mientras, sólo queda seguir persiguiendo ese imposible hasta que se rinda.