El Alavés se agarra a la permanencia con una trabajada victoria ante el Barça

El Alavés se agarra a la permanencia con una trabajada victoria ante el Barça

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Quizás fue por la resaca de la celebración de esa victoria por 2-0 ante el eterno rival en el clásico que le dio matemáticamente la Liga. O, tal vez, por sucumbir a la tentación de tomarse un merecido respiro tras unas últimas semanas apretando los puños. O, lo más seguro, por las urgencias del Alavés por sumar una victoria que le permita agarrarse con uñas y dientes a una permanencia en Primera División que, este año, parece estar más cara que nunca. Sea como sea, lo cierto es que fue el conjunto de Quique Sánchez Flores el que acabó por llevarse el gato al agua en Mendizorroza. En este caso, con una victoria mínimo por 1-0 ante el Barcelona, gracias a un solitario gol de Diabate en las postrimerías de la primera parte y a una defensa total y absolutamente acérrima cuando, ya en el segundo tiempo, los azulgrana redobladon su inicialmente poco convencido acoso a la portería contraria. En este caso, con más ganas que éxito y claridad, todo sea dicho.

Con el título ya definitivamente en las vitrinas del Barça, Hansi Flick apostó por introducir varias rotaciones en el once con respecto al que alineó precisamente en el último clásico. Bajo los palos, Szczesny. En la zaga, Koundé, Balde y un nuevo debutante: Álvaro Cortés. En la medular, Casadó y Bernal. Y en punta, Roony y Lewandowski. De todos, quien más destacó fue precisamente el que se estrenaba, un Cortés a quien el técnico germano ha estado siguiendo muy de cerca y que se mostró tremendamente cómodo en el centro de la zaga azulgrana.

En el arranque, los barcelonistas llegaron con más insistencia al área contraria, pero los que tendrían sin duda más peligro en sus botas serían los futbolistas de un Alavés acuciado por una victoria tan urgente como necesaria visto cómo se ha puesto la desacostumbradamente multitudinaria lucha por evitar el descenso.

Rebbach, incansable, trató de ser todo un estilete por la banda izquierda del ataque babazorro, mientras Ángel Pérez hacia también lo propio por la derecha. Este último, precisamente, fue el encargado de forzar el córner que, a la postre, le permitiría al conjunto que dirige Quique Sánchez Flores irse al descanso mandando por 1-0 en el marcador. Diabate, tras recibir de un compañero que cabeceó un despeje como mínimo poco acertado de Rashford, envió el balón al fondo de la red casi en el último suspiro del primer acto.

Tendría otra ocasión clara el costamarfileño para aumentar la ventaja los locales en los compases iniciales del segundo tiempo. Su remate, algo forzado tras centro de Rebbach, se encargaría de desbaratarlo Szczesny. A partir de ahí, y, sobre todo, con el ingreso en el campo de Ferran, Pedri y Xavi Espart, los azulgrana obligaron a los locales a aferrarse a un tremendo ejercicio de supervicencia mientras el Barça buscaba, con ahínco, volver a poner las tablas en el marcador para tratar de seguir aspirando a cerrar el campeonato con 100 puntos en su casillero. Un objetivo que, con la derrota en Mendizorroza, ya es del todo imposible.

El Madrid es un puro disparate

El Madrid es un puro disparate

Casi al borde del abismo, con unos disparates que había imaginado ese espectro de entrenador que es Arbeloa. El Madrid, al fin, logra una victoria tras encadenar cuatro derrotas consecutivas. Rozando el disparate, porque ganó salvado por la campana y con un Alavés que parecía el Bayern en el segundo tiempo.

No jugó mal el Madrid en la primera parte, aunque la renta fue escasa, con el solitario gol de Mbappé, que incluso pareció darle vergüenza celebrar. Vinicius parecía un loco atacando con los mismos trucos ya muy vistos.

Pero la segunda parte, amén del golazo de Vinicius, fue una auténtica vergüenza, perpetrada por ese ignorante Arbeloa, que solo le hace la pelota a sus jugadores. Sin criterio ni imaginación, se comportó como un esperpento, cometiendo errores tácticos y realizando cambios absurdos. Estúpidos.

Arbeloa le dio todas las oportunidades al Alavés para ganar el partido. En un gesto de inutilidad, quitó a Bellingham y a Güler. No se conformó con eso: luego aparecieron Camavinga, Brahim y Mantantuono, por orden directiva. Qué mediocre argentino. Incluso le dio unos minutos para contentar al impertinente que es el veterano capitán Carvajal, en su viaje a los infiernos, que una vez más parece vivir en el pasado.

Cuatro o cinco ocasiones tuvo el Alavés para empatar el partido, y solo la mala suerte evitó otra vergüenza mayúscula del Madrid. El Alavés logró acortar distancias cuando apenas quedaba un minuto, a punto de partir en dos al equipo blanco.

El Madrid tiene un calendario de pánico para los últimos seis partidos y cuenta con un entrenador indigente. Pensé en este equipo ante el Barcelona: puede ser una hecatombe madridista o, peor aún, un fracaso infinito. El club azulgrana espera con cierta malicia, sabiendo que es la mejor oportunidad para lograr otra goleada de cinco tantos.

Ya sabemos que para los barcelonistas es casi más importante golear al Madrid que ganar la Liga. Sería el colmo de la catástrofe, la guinda de una segunda temporada en blanco. Más blanco que nunca.

Y hay otras muchas reflexiones: entre la hora (las nueve y media) y la situación irrisoria del equipo blanco, se produjo una de las mayores caídas de asistencia en el Santiago Bernabéu de los últimos años. El estadio es muy bonito, pero el equipo es muy feo. Y lo veo con ojos cada vez más pesimistas. Es un dislate total. Salir de esta crisis será algo más que un laberinto.

Mbappé y Vinicius marcan para la redención en la ajustada victoria del Madrid ante el Alavés

Mbappé y Vinicius marcan para la redención en la ajustada victoria del Madrid ante el Alavés

El mismo equipo que si estuviera en la Champions. No lo está. Arbeloa lo tiene claro, tanto como que lo que acaba mal, puede acabar muy mal. Hay diferencias. De lo que pasé no se le van a pedir explicaciones, siempre que el Madrid no entré en una deriva que dañé la imagen más de lo que ya lo está. Es un curso para cerrarlo con decoro, nada más, y no provocar un plebiscito en el Bernabéu que ya no tendría a Arbeloa como objeto. La cuestión estaría más arriba. El entrenador, pues, puso la alineación de gala contra la pereza y la desidia, y contra los pitos, tibios contra Vinicius y sonoros cuando apareció Camavinga. Por lo demás, la grada se contuvo. Marcaron Mbappé y Vinicius, pidió perdón el brasileño y todos a casa sin sobresaltos, salvo por el gol tardío del Alavés y la lesión de Militao, aunque también sin emociones, dada la distancia a la que se encuentra el Barça en la Liga. Cuando eso ocurre, el Bernabéu es como una caja de bombones sin azúcar.

La sal del Alavés no fue la necesaria para que el público tuviera la tentación de soplar. Quique Sánchez Flores quería ese sonido en su antigua casa, aunque para ello tendrían los suyos que haber encontrado el gol de la sorpresa. Cuando llegó, en el añadido, ya no había tiempo. A los dos minutos lo tuvieron. Ángel Pérez ganó el duelo a Carreras para plantarse escorado en los dominios de Lunin. Tenía varias decisiones posibles. Escogió la peor. Al llegar a ese lugar, a ese instante, es donde la calidad distingue.

Apenas dos minutos ya habían mostrado una constante en el partido, y es la irregularidad defensiva del Madrid, dinámico y agresivo con el balón, impreciso e inseguro sin él. Todo tiene un porcentaje imputable al entrenador, pero en el trabajo defensivo es mayor en el debe.

Lesión de Militao

Arbeloa comenzó con Militao como titular, al igual que en Múnich, junto a Huijsen. En las bandas, Trent y Carreras. Si Carvajal esperaba minutos, apenas tuvo la limosna, en el segundo tiempo. Lejos de la actividad, el defensa está, hoy, muy lejos del Mundial. El brasileño se lesionó, en cambio, en el área contraria, en un remate forzado que dio en el travesaño. Nada más levantarse, pidió el cambio, debido a las molestias que sintió en la misma rodilla en la que sufrió la última intervención. Mal asunto. Las primeras exploraciones, sin embargo, despejaron los peores presagios. El salto de calidad que da la defensa blanca cuando reparece Militao es proporcional al suspiro contenido que provoca cada una de sus muecas.

Rüdiger, el sustituto, garantiza la entrega, pero no es lo mismo. Sin apenas rodaje, Toni Martínez le ganó la posición con un remate acrobático que se fue al palo. El mismo jugador volvió a tener otro remate en la misma jugada, repelido por Lunin. Lo más peligroso del Alavés llegaba ya sin Militao. Los de Quique encontraron cómo llegar al área madridista, con un Lucas Boyé muy activo, pero sin precisión en el último pase o la definición ante Lunin. Quique afiló al Alavés, que tuvo opciones, como otro remate al palo de Parada. El gol e Toni Martínez, en tiempo añadido, llegó tarde.

Más trabajo que el ucraniano tuvo Sivera, rápido en sus intervenciones. Nada se le puede reprochar al portero alavesista en el primer tanto, ya que el disparo de Mbappé lo desvió un defensor, y mucho pedirle es que hubiera atajado el disparo de Vinicius. Esas cosas sólo están alcance de algunos elegidos. Todos saben los nombres, no es necesario pronunciarlos.

El hecho de que los dos tantos del Madrid llegaran en disparos desdesde fuera del área es sintomático de que las incursiones en el rectángulo no le dieran fruto. Las tuvo, pero con falta de claridad en el último pase. Lo mejor fue un regate eléctrico de Mbappé, un relámpago al que no le siguió el trueno.

El francés estuvo activo, del mismo modo que Vinicius. Saben lo que pesan en el Madrid y saben que están bajo juicio en lo que resta de temporada. También lo tiene claro Arbeloa, que cuando comenzó con los cambios, no los movió del terreno de juego. Bellingham, sin embargo, se fue en el primer turno y lo hizo con mala cara. Había corrido el inglés, pero no había aportado demasiado. Se trata de un futbolista que hay que recuperar para el futuro, pero que no ha vuelto a ser el de su fulgurante arranque en el Madrid, ni con Xabi Alonso ni con Arbeloa, lesión mediante. El entrenador quiso darle explicaciones. No hacía falta.

Salvo por la ausencia de Courtois, no hubo ni una concesión en el once. La aristocracia, al completo. Si hay que remar, que remen; si hay que escuchar pitos, que los escuchen. La consecuencia ha sido la suplencia de Thiago Pitarch, la rúbrica de Arbeloa en este equipo. Ya no lo es, aunque lo diriga en este final que verá a los mismos hasta su desenlace.

El Valencia sobrevive a Quique con una remontada de dos goles en la locura del tiempo añadido

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Quique Sánchez Flores es un recuerdo amable del valencianismo, pero Mestalla, que durante muchos minutos pensó por qué no estaba en el banquillo local, acabó celebrando que su equipo le sobreviviera. Al Valencia le tocó remontar en dos minutos del añadido, con un gol de Cömert y un penalti de Hugo Duro un duelo en el que el Alavés, con su orden, le puso contra las cuerdas. [Narración y estadísticas: 3-2]

Mestalla apenas acabó de ovacionar al entrenador visitante cuando el colegiado José Guzmán, armado con cámara y micrófono en una jornada experimental, señaló el punto de penalti por un leve pisotón de Guido a Toni Martínez. 30 segundos había estado la pelota en juego y, sin que el VAR interviniera, Lucas Boyé puso en ventaja al Alavés.

Al Valencia le tocaba jugar contracorriente y empezó a hilvanar el mejor juego de ataque de toda la temporada, con un Ramazani eléctrico entre líneas y conectado con Sadiq, que no tenía su noche. Todo el bagaje ofensivo que generaba el Valencia moría, de una u otra manera, en el nigeriano, torpón y desacertado. No cazó un centro perfecto de Thierry, que se coló hasta la línea de fondo sentando a JonnyOtto a base de recortes. Favoreció, eso sí, un disparo de Ugrinic que salvó la defensa babazorra. Quique había pedido calma a su equipo, que se arropó para contener y buscar sus opciones en contras como la que armó Ángel, cuyo centro al segundo palo no pudo rematar Otto. No se sintió intimidado el Valencia, que comenzó a buscar a Sadiq... y el nigeriano a fallar. Era capaz de desquiciar a los centrales y robarles la pelota, pero las piernas se le liaban cuando encaraba a Sivera, para desesperación de todo el estadio. Eso, cuando no caía en fuera de juego.

Por eso empezaron a pisar área Ramazani o Javi Guerra, con un tiro que taponó Tenaglia. Quizá persiguiendo a Sadiq se rompió Protesoni, lo que obligó a Quique a reordenar a su equipo y, desde ese momento, comenzó a inquietar más a un Valencia tan dominador como impreciso. Como el mal control de Guerra cuando se quedaba mano a mano con el meta del Alavés.

Se desquitó el joven centrocampista al inicio de la segunda parte en otro ataque elaborado que nació en un centro de Rioja que rechazó Sivera, cazó Ugrinic obligándolo a repeler por segunda vez y que Sadiq recuperó para servir el golpeo al canterano. No falló Guerra para poner el empate.

Se había engrasado el Valencia y veía Quique desde la banda cómo a sus jugadores les costaba superar la línea del centro del campo. Sin embargo, reaccionaron con sus cambios y aprovecharon los nervios de los locales, desesperados porque la falta de puntería les estaba arrebatando dos puntos cuando el partido habían logrado dominarlo.

El Alavés se agarraron a Sivera, que salvó un disparo seco de Ramazani, y a Lucas Boyé, que empezó a aparecer. El primer testarazo lo falló por cruzarlo en exceso, el segundo, no. En el 70 tenían la victoria en el bolsillo y en la grada, se encendió la traca del «Coberán, dimisión». Hasta pudieron marcar el tercero si Mariano no hubiera errado de manera inexplicable cuando estaba solo ante Dimitrievski.

La reacción del Valencia era imprescindible y la activó el banquillo mandando al césped a toda la artillería: Danjuma, Raba, Almeida y Hugo Duro para acorralar al rival. Y tuvo efecto en los ocho minutos de tiempo añadido que marcó el colegiado. Dieron la vida... a balón parado.

Unai Núñez remató un saque de esquina escupido por el palo que cazó de volea Cömert para poner el 2-2 en el 90+5. Aún quedaban tres minutos y, entonces, Pacheco impidió que Hugo Duro saltara a rematar un centro larguísimo desde la orilla izquierda y vio la roja por ello. El partido empezó con un penalti y acabó con otro en el 90+7 que el goleador valencianista transformó para cerrar una remontada que hizo explotar a Mestalla.

Sánchez Flores regresa para impulsar al Alavés: ''El equipo tiene alma, no está roto''

Sánchez Flores regresa para impulsar al Alavés: ”El equipo tiene alma, no está roto”

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Regresa Quique Sánchez Flores. Dos años después, el técnico madrileño (61 años) vuelve a los banquillos. En 2024 dejó el Sevilla tras lograr la permanencia y ahora se hace cargo del Alavés, ocupando la plaza del argentino Eduardo Coudet, que se marchó a River Plate. La misión del nuevo entrenador es evitar el descenso a Segunda. El técnico, que ayer se mostró ilusionado con la nueva etapa, aseguró que confía en la calidad del grupo babazorro. «El equipo tiene alma, no está roto... Tenemos las herramientas adecuadas y quiero que los chicos lo disfruten. Tengo conocimiento de la cultura de Vitoria y del club. Su proyecto formativo, deportivo y cultural reúne todas las condiciones para un entrenador», dijo.

«Tomo las riendas del equipo con humildad y ganas. Mi forma de entender el fútbol se acerca a la filosofía del Alavés», señaló el preparador, que se estrenará el proximo domingo (21.00 horas) en la Liga contra el Valencia, uno de sus ex equipos, y que ha firmado contrato hasta 2028.

En su presentación como nuevo entrenador dijo que había apreciado un equipo «obediente y ordenado», aunque admitió que ha visto asuntos que deben mejorarse. «Soy optimista, no tenemos ningún motivo para tener pensamientos negativos, pero hay que ser muy certeros en la recta final de temporada», recalcó el que fuera entrenador del Benfica, Watford, Valencia, Atlético de Madrid, Getafe o Espanyol. Sánchez Flores supera los 350 partidos dirigidos en Primera, informa Efe.

Uno de sus objetivos es activar a toda la plantilla del Alavés y recuperar física y anímicamente a jugadores como Mariano, el delantero centro que estuvo apartado por Coudet. «Me gustaría contar con todos. Mi objetivo es que crezcan y sacar el mejor rendimiento de todos. Esta es una plantilla muy entrenable y profesional, eso es lo mejor que le puede pasar a un entrenador», advirtió el que fuera lateral derecho del Real Madrid y de la selección española.

El técnico madrileño también reclamó apoyo a los seguidores babazorros: «Es una excelente afición, les necesitamos muy cerca, que empujen».

«Quique nos permite posibilidad de crecimiento; buscamos progresar, mejorar y consolidar el proyecto», señaló Sergio Fernández, director deportivo del Alavés, ilusionado con el nuevo ciclo que ahora arranca.

Los hermanos Williams hielan Mestalla para llevar al Athletic a semifinales y Oskarsson rescata a la Real Sociedad en Vitoria

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Dicen que a Nico el pubis le lleva a maltraer, que le merma y condiciona su juego y que a Iñaki le cuesta hacer goles, tanto como que solo había marcado uno. Se dibujaba una temporada gris, con pocos fogonazos de los Williams. Sin embargo, en Mestalla, les bastó un destello para mandar a la lona al Valencia y al Athletic a semifinales. Apenas jugaron media hora, porque Valverde les mandó al campo de la mano, pero fue suficiente. El pequeño centró y el mayor rebañó para marcar el 1-2 en el 90+5 que daba la victoria a los rojiblancos.

Mientras, en Vitoria, a la Real Sociedad también le tocó rehacerse ante un contestón Alavés que le tuvo contra las cuerdas hasta el minuto 88. Fueron los donostiarras siempre a remolque, con Oyarzabal igualando el gol tempranero de Abde, con Remiro parando a Toni Martínez el segundo penalti que le tiraba, porque el primero lo marcó el murciano. Fue Guedes quien empató para darles vida en el 76 y Oskarsson quien heló Mendizorroza con el 2-3 porque se les habían escapado las semifinales.

En Mestalla, la grada se había vestido de gala y no cesó recordarle a su equipo que quería la Copa. Valverde parecía haber renunciado desde el once, sin un titular y con el debut de Iker Monreal junto a Laporte en el centro de la defensa. Para pareja para bailar con Sadiq, un chaval y un veterano recién salido de lesión. La parroquia se relamía esperando, con paciencia, que el Valencia, que no tardó en buscar el primer balón en largo al nigeriano, engrasara su ataque. Mientras veía cómo Luis Rioja se iba convirtiendo en un problema para Lekue en la orilla derecha. Era incapaz el capitán de frenarle y encima el fuerte viento le jugaba malas pasadas. Permitió que el sevillano se le escapara para pisar área y cruzar un disparo que salvó Padilla.

La respuesta del Athletic fue solo una entre los tres palos en toda la primera parte y llegó por la incapacidad de los valencianistas para despejar un balón que el Athletic pudo sobar rondando el área hasta que Nico Serrano soltó un latigazo que obligó a Dimitrievski a sacar los puños.

La sensación era de que el Valencia estaba más cerca de abrir el marcador en cuanto Sadiq se afinara. Y lo hizo, pero en la portería que no tocaba. Una falta que Robert Navarro, desde casi la línea de banda, la cabeceó el delantero, solo en el pico del área, como si fuera el goleador del Athletic. Nadie entendió qué cortocircuito le llevó a perpetrar ese testarazo. Como si se hubiera quedado grogui, poco después falló en el remate de un centro de Rioja a un metro de la meta de Padilla. Sin embargo, se sacudió la culpa y lo enmendó cuando vio que Rioja -siempre Rioja- probó con un tiro desde el carril derecho que al meta del Athletic, en su intento por embolsarlo, se le escapó. Apareció como un rayo el nigeriano para rebañarla y poner el empate.

La igualdad espoleó al equipo de Corberán que se instaló en el área bilbaína, con Danjuma intentando castigar por la izquierda y Rioja siendo una pesadilla en la derecha. El Athletic solo intentaba estirarse para, al menos, llevar con vida al descanso. Esa estrategia le permitió tener el partido en la mano.

Valverde mandó a los Williams, a Nico y a Iñaki, al césped y Corberán respondió sacando a Sadiq, tras enviar alta una asistencia de Pepelu, y recompuso su defensa por la lesión de Copete. Creció y mucho el Athletic, que pudo marcar con un remate de media volea de Nico Serrano que estrelló en el lateral del área. Enlazó otra ocasión el extremo antes de que Foulquier, silbado todo el duelo, estirara al Valencia hasta la línea de fondo para estampar su tiro en el palo. Hasta ahí se mantuvieron los valencianistas en los cuartos de final. Y eso que Dimitrievski paró un penalti a Jauregizar que el VAR vio por mano de Tárrega. Ni Ramazani, ni Diego López, ni Hugo Duro ni Guido Rodríguez sacaron a su equipo del atasco, cada vez más romo y más parecido al que sufre mucho en Liga.

En el añadido, cuando se visualizaba la prórroga, apareció Nico Williams por el carril derecho para, desde el pico del área, regalarle a Iñaki un balón que solo tuvo que rebañar para llevar al Athletic a las semifinales de la Copa.

Sorloth pone el gol en el tedio del Atlético que escuchó pitos en su cerrojazo final

Sorloth pone el gol en el tedio del Atlético que escuchó pitos en su cerrojazo final

36 días después el Atlético volvía a casa. Esto del calendario asimétrico tiene loco al público, pese a que más de 60.000 tipos vieran al Atlético ganar con el gancho a un Alavés inofensivo que se mete con la derrota en un serio problema. Mala pinta para los de Coudet el futuro cercano y media sonrisa rojiblanca por igualar al tercero de la Liga aunque se mantengan aún lejos del liderato. Sólo el gol de Sorloth se salvó en un duelo anodino. El noruego se está reivindicando en esta ausencia de Julián. Lo necesita el equipo porque el cerrojazo final le valió algunos pitos de su público. [Narración y estadísticas, 1-0]

Parecía que Simeone iba a realizar una revolución en el once de cara a asegurar el top'8 europeo en Estambul, pero los cambios fueron cosméticos. Johnny y Almada reemplazaron en el once a Koke y Baena y el resto, los habituales con una pareja de centrales que parecía de circunstancias y que comienza a ser inamovible. Pubill salió de las sombras hace apenas un mes y Hancko parece haberse asentado por delante de Le Normand. Ambos se complementan bien y obligan a "esperar", como dijo el Cholo, a sus compañeros.

El interior argentino y el mediocentro brasileño, en cambio, eran dos que comenzaron el año como titulares y las lesiones y la mala suerte sacaron del césped. Cardoso lo tiene todo, aún, para triunfar en el Atlético. Buen desplazamiento de balón, siempre bien colocado e inteligente en el campo. Además, con mucho mayor despliegue que Koke, el gran capitán rojiblanco. Almada es una auténtica pesadilla entre líneas, movilidad constante y giro rápido para mover el ataque rojiblanco, quizás interpreta mejor que el propio Baena cómo pivotar el ataque rojiblanco desde el costado izquierdo.

No obstante, el duelo transcurrió cerrado, aburrido e impreciso. Los dos equipos esperaban el error del contrario. La paciencia iba por barrios, claro. El Alavés de Coudet necesitaba los puntos ya que comenzaba esta jornada en descenso, mientras que el Atlético quería aprovechar el tropezón del Villarreal en Sevilla para recuperar la tercera plaza, pero los goles les dejaron solo a media gesta. Igualados, pero cuartos.

Julián intentó mostrar signos de recuperación tanto bajando a recibir como con la picardía que se le presupone a la Araña. Pero la depresión y la mala suerte seguían encima del argentino. Johnny, metiendo una pierna, evitó que rompiera la racha del delantero sin marcar que se prolonga ya ocho duelos en liga, y luego Parada achicó dos disparos de Almada y Barrios. Si hubiera embocado el argentino, la asistencia habría sido de Julián.

Los rojiblancos salieron a resolver el encuentro pronto. Una gran combinación terminó con el pase de la muerte de Barrios que Sorloth no consiguió embocar, pero en el siguiente minuto fue Julián el que paseó con peligro por el balcón del área. Definitivamente, el equipo había cambiado. Lo certificó el noruego con un golazo propio de su corpulencia. Centró de nuevo Barrios esta vez por alto y el delantero utilizó todo su corpachón para imprimir fuerza a su cabezazo.

Martillazo y pitos

El gol sentó bien a los rojiblancos, que siguieron insistiendo en los centros laterales. Otro apenas cinco minutos después estuvo a punto de ser el segundo, pero el testarazo de Giuliano lo rechazó Blanco. Coudet quiso agitar a los suyos con un triple cambio, pero el argentino quitó a Toni Martínez, el único que creaba peligro de los suyos por Boyé, y sustituyó a dos de los mediocentros. Quizás faltó arrojo en esas sustituciones aunque su equipo intentó subir un poco la presión consciente de que los puntos eran muy necesarios, aunque fueran tan difíciles de arrebatar en el Metropolitano, un fortín.

Simeone respondió a las sustituciones con cemento. Sentó a su hijo para meter a otro mediocentro y volvió a cambiar a Julián, desafortunado, por un Griezmann en racha. El francés está aportando mucho desde el banquillo para los intereses rojiblancos. Lo último, una obra de arte para meter al equipo en cuartos de Copa. No le hizo falta ni a él ni a nadie porque, pese a que se le cedió a los blanquiazules la iniciativa, tienen poco para inquietar a Oblak, que apenas tuvo que usar las manos en el duelo. Aunque los vitorianos, con corazón, obligaron al Cholo a poner otro central para meter defensa de cinco. Mensaje errónero y silbidos, pero cerrojazo, tres puntos y rozando el podio liguero. Espera Europa y espera el top'8, reto mayúsculo que quiere repetir el conjunto rojiblanco.

Chimy Ávila rescata al Betis y el Alavés golpea al Rayo para colarse en los cuartos de final

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Betis y Alavés también estarán en cuartos de final. A los verdiblancos los salvó Chimy Ávila con dos goles de remontada ante el Elche (2-1) y los vitorianos desmontaron al Rayo, algo desquiciado (2-0).

Al Betis le costó entrar en su duelo ante un Elche que, durante toda la primera mitad consiguió tener el control, pero no hacer daño. Las ocasiones más claras fueron para los locales, un cañonazo de Ruibal que rozó el larguero en el minuto 25 y una falta desde la frontal de Lo Celso que atajó el vuelo de Dituro al filo del descanso.

El susto no doblegó al Elche y, en el arranque de la segunda parte, encontró premio. Ruibal apareció de la nada para rebañarle al joven Adam un remate que olía a gol y, de ese saque de esquina, nació el gol. Balón al área pequeña para que la empujara Leo Petrot en el minuto 58. El segundo de los ilicitanos lo evitó el palo cuando Álvaro enganchó un centro perfecto de Josean y, como castigo, vieron cómo una contra dibujada por Fornals y Antony acabaron en el empate del Chimy Ávila. El argentino, con rumores de marcha al Getafe, le dio vida al Betis y lo metió en cuartos con otro gol en el 80.

En Vitoria, el Alavés impuso su ley. El tanteo con el Rayo duró media hora. La lesión de Camello en el 39 y, sobre todo, la decisión de Iñigo Pérez de sacar del campo a Baillu sin motivo aparente pusieron el morbo y distrajeron a los vallecanos que, aún así, tuvieron la mejor ocasión de la primera mitad en un remate de Fran Pérez en el punto de penalti que obligó a lucirse al guardameta Raúl Fernández.

Tenaglia impide a Fran Pérez pelear un balón.

Tenaglia impide a Fran Pérez pelear un balón.EFE

El segundo tiempo arrancó con un libre directo de Gumbau, pero fue el Alavés quien logró golpear. Una pérdida de balón en el inicio de la jugada la aprovechó Denis para colgar una pelota que Mañas, con fe, peleó hasta controlarla y ponerla al punto de penalti donde, en acrobacia, la cazó Toni Martínez para batir a Cárdenas y adelantar a los vitorianos.

De Frutos pudo empatar para el Rayo, sin embargo, la roja a Isi Palazón por una entrada a Aleñá se lo complicó todo un poco más y Carlos Vicente, reservado por Coudet para asestarel golpe, hizo crecer la ventaja en el 89 para amarrar los cuartos.

Moleiro y Gerard Moreno hacen volar al Villarreal

Moleiro y Gerard Moreno hacen volar al Villarreal

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Cuando las cosas no salen y los partidos se atascan, los grandes equipos acostumbran a echar mano de aquello que alguien denominó pegada. Y de ella anda sobrado el Villarreal, que este sábado la sacó a pasear ante el Alavés para liquidar un partido espeso en la primera parte pero que Alberto Moleiro y Gerard Moreno, en poco más de cinco minutos, decidieron en el inicio de la segunda. El canario, que se marchó ovacionado, aún tuvo tiempo de asistir para que Georges Mikautadze anotara el tercero y sentenciara un choque que el Alavés maquilló casi al final gracias a Toni Martínez. [Narración y estadísticas (3-1)]

Superada la media hora de juego, Mikautadze fue el primero en aparecer. El georgiano controló un balón pero su disparo de diestra se marchó desviado por poco. Apenas fue un fogonazo porque el Villarreal era incapaz de darle continuidad a sus intentos mientras el Alavés, con un imperial Pablo Ibáñez en el centro del campo, controlaba el tempo y se permitía el lujo de seguir amenazando, con Carles Aleñá por la izquierda aunque su centro encontró respuesta en la defensa amarilla.

Marcelino no quiso perder más tiempo y movió sus piezas en la segunda parte para dar entrada a Gerard Moreno por un desaparecido Ayoze Pérez. El catalán tardó muy poco en aparecer tras una hábil acción de Mikautadze que remontó la línea de fondo para asistir a su compañero cuyo remate salió desviado junto al poste de Antonio Sivera. Pero no fue ninguno de ellos el encargado de desatascar el partido. De eso se encargó Moleiro, que tampoco había olido la pelota hasta entonces. El canario rebañó un balón en el interior del área para perfilarse y conectar una rosca perfecta que tocó en el poste antes de reunirse con la red.

Jugando a placer

El partido había cambiado y los amarillos parecían oler el miedo en su rival. Y decidieron aprovecharlo. Apenas unos minutos después, una gran triangulación de la delantera obligó a Sivera a evitar el remate de Mikautadze. Pero el rechazo le llegó a Gerard, que no perdonó con un remate de zurda.

El equipo de Marcelino comenzó a jugar a placer, a tocar con comodidad ante un Alavés que, además, tampoco tenía muchas opciones en el banquillo para intentar darle un vuelco al choque. Toni Martínez lo intentó con un disparo de falta que Luiz Júnior atrapó con facilidad. El equipo vasco se quedaba sin tiempo y lo intentaba con disparos lejanos como uno de Aleñá que se marchó rozando la escuadra del brasileño.

Mikautadze, con el balón, el sábado en La Cerámica.

Mikautadze, con el balón, el sábado en La Cerámica.AFP

En el caso del Villarreal, era el momento de poner a correr a sus puntas. Con Pepe ya en el campo, el extremo fabricó una ocasión que Moleiro no acertó a rematar por poco. En la siguiente que tuvo, el Villarreal puso la puntilla al partido con otra acción elegante de Moleiro, que se inventó un pase interior para que Mikautadze superara a Sivera con un toque sutil a media altura.

El meta del Alavés fue el responsable de que su equipo no encajara algún gol más. El propio atacante georgiano tuvo una clarísima que el portero desvió a córner. La relajación fue la causante del tanto encajado a falta de cinco minutos tras un grave error de Thomas Partey, que perdió un balón que Toni Martínez, esta vez sí, convirtió en el 3-1 con un disparo durísimo al que no pudo oponer resistencia Luiz Júnior.

Un agobiante triunfo de Xabi Alonso

Un agobiante triunfo de Xabi Alonso

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Un gol de los de antaño de dos brasileños, entre Vinicius y Rodrygo rompió el gafe en el Real Madrid. Un partido en que el Alavés parecía que se jugaba una final. Se demostró palmariamente que los jugadores están con Xabi Alonso y que la directiva que buscaba el fin del técnico, que se quedó con cara de tonto.

Cruelmente, la Casa Blanca ha jugado a incidir en los medios con que todo era un ultimátum. Lo cierto es que desde que Vinicius fue relevado ante el Barça parece que Alonso estaba camino del cadalso de cara a la presidencia.

Pues ha resultado que no, que la plantilla lucha con toda su fe en el técnico. Incluso cuenta con Vinicius siempre que no le releven. Y luego está el factor Mbappé. Sin contar con el equipo, el Madrid juega con un gol de más y eso es mucho castigo para un equipo menos técnico como el Alavés, al que le cuesta una barbaridad ver portería.

Con el el empate vitoriano parecía que Alonso ya había subido la escalera del cadalso. Pero no fue así, porque los jugadores mordieron y dieron la cara hasta que Rodrygo marcó el 1-2, refrendando el criterio de Xabi, que siempre quiere que juegue el brasileño.

Una vez más se demuestra que el VAR se manipula desde Barcelona. No aparecieron las repeticiones de ese penalti que le hicieron a Osasuna. No hubo dudas en el empate del Alavés y fue gol con la alabanza del VAR. Sin embargo, un penalti clarísimo a Vinicius en los últimos minutos ni se pudo ver con el VAR. No podía ser más claro el penalti. Y luego hablan de la estirpe del affaire Negreira.

Al final, cuando el Alavés quiso otra vez empatar, ni tenía físico, ni alma. Al revés, el Madrid perdió ocasiones, con un Gonzalo que no puede jugar en este equipo y con un Bellingham que no puede marcar ni con la ayuda del rey Arturo.

Naturalmente alabar un triunfo ante un rival como el Alavés es una trampa saducea. Jamás el Madrid por superioridad técnica puede ganar tan opresivamente, como si se acabase el mundo.

Se dice que la caída en desgracia de Alonso ocurrió cuando en pleno triunfo frente al Barcelona, el técnico se atrevió quitar a Vinicius. El brasileño escupía por la boca y estoy seguro que llamó a papaíto Florentino para que metiera a su entrenador en la cárcel del fútbol.

No hubo apoyo del club en ningún momento a Alonso y ni siquiera el inicuo de Vini le pidió perdón a su entrenador, cuando estaba jugando que daba pena, como tantos partidos desde más de 18 meses. Alonso se descompuso. Vio un complot en el vestuario y ya nunca fue él mismo.

Creo, al contrario, que la carretera hacia el infierno de cara al presidente fue cuando Xabi le djo a Florentino que no quería ya empezar en el Mundial de clubes. Florentino le dijo que eso o no fichaba para el Madrid. Desde aquel día, al presidente no le gusta Xabi ni personal ni futbolísticamente. Lo tiene enterrado en su cabeza. Hay muchos testigos que lo confirman.

¿Cómo es posible que ante el runrún continuo del ultimátum a Alonso, la directiva calle como un muerto y no lo defienda públicamente jamás? Recuerdo que cuando sucedió la primera de sus dimisiones del Madrid, dijo Florentino: "Quizá me he equivocado con tantos mimos a los jugadores". Como dice el refrán: "El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra".