Si Griezmann nunca se hubiera ido al Barça, nadie discutiría que es el mejor jugador de la historia del Atleti. Habiéndose ido, tampoco hay mucho debate. Lo diferencial de su carrera en este equipo, ya para siempre su equipo, no son los 500 partidos, los 212 goles (más que nadie), las 100 asistencias... Es la historia de amor. El fútbol se mueve siempre en dos líneas, la emocional y la racional, que discurren en paralelo hasta que algunos genios, muy pocos, logran forzar que se crucen en una intersección gloriosa. En la primera línea, el mejor para mi abuelo fue Ben Barek; para mi padre, Gárate; para mí, Futre; para otros, Escudero, Collar, Mendonça, Luis, Simeone, Fernando Torres... Antoine parecía abocado a ser el rey de la segunda, un sensacional futbolista que renunció a un reino que tenía conquistado porque se despistó con uno más rico, que no mejor (para él).
Se fue. Se fue mal. Volvió. Volvió peor. Con una afición poco dispuesta a perdonar y algunas humillaciones indecentes por parte del club, como aquel esperpento de las suplencias forzadas para no pagar por su recompra al Barça. Durante muchos meses, la redención no parecía en su horizonte, pero aguantó como ya no aguanta ninguna estrella de su calibre. Tragó, calló, trabajó, volvió. Volvió a lo grande.
Cualquier otro se habría rendido y hecho las maletas rumbo a Estados Unidos en 2022 sin ruido alguno en vez de en 2026 entre lágrimas. Suyas, de Koke y de un estadio que prometió no volver a quererle, pero hoy le adora. Por suerte, en las mejores historias de amor las promesas no sirven de nada y la perfección, sobrevalorada, las aboca a una breve dedicatoria en la tumba: "Se conocieron, se enamoraron y pasaron la vida juntos". Es bonito, no me malinterpreten, pero convierte las relaciones en algo mucho más simple de lo que casi siempre son.
Demasiada gente cree que el amor gira en torno a encontrar a la persona adecuada, pero es mentira. Tan importante como el quién es siempre el cuándo. Miles de relaciones no surgen o se rompen cada día por cuestión de minutos, de un autobús que se escapa, la vida es un permanente "¿qué hubiera pasado si...?". Griezmann no supo querer en su primera etapa, pero tuvo la fortuna de tener una segunda oportunidad. ¿Azar, empeño, destino? Un poco de todo. Decidió aprovecharla y la película quedó completa.
Griezmann se despide como el mejor jugador de la historia del Atlético, Antoine se marcha como uno de nosotros. Lo primero se lo podrá arrebatar otro, lo segundo es eterno.
Cayeron unas gotas del cielo de Madrid poco antes de las seis de la tarde, como lágrimas para despedir a un Príncipe. Las que le caerían también a él al bajarse del autobús antes de cambiarse por última vez en 'su casa'. Pero, en el momento de la verdad, ni siquiera las nubes osaron ensombrecer el adiós de una leyenda y se abrieron para iluminar la última vez que saldría Antoine Griezmann al césped del Metropolitano enfundado con el siete rojiblanco. Su pequeña manía, de evitar el aro del patrocinador en esa salida, ya no se vería más por Las Rosas. El Girona sería su invitado esta tarde 500 duelos después.
Al término del encuentro, volvía el francés con más lágrimas aún en el pasillo que le brindaron sus compañeros. Saludos cariñosos a todos y dos abrazos eternos con su amigo y su maestro. Koke y Simeone no querían soltar al galo que, poco después veía un resumen de sus goles como rojiblanco. Muchos y muy importantes. Goleador de leyenda. Con un siete eterno, sus capitanes: el madrileño, Oblak y Giménez le hacían entrega de una camiseta conmemorativa a ritmo de Sweet Child of Mine.
"Tenía un discurso preparado, pero se fue a la mierda", recitaba el francés con la voz tomada. Eran muchas emociones y aún el remordimiento de su salida al FC Barcelona. "Pido perdón otra vez. No me di cuenta del cariño que tenía aquí, era muy joven. Cometí un error, recapacité e hice todo por volver y disfrutar de nuevo", apuntaba poco después. Las palabras más cariñosas de su mensaje fueron para Koke, su amigo, al que le llamó "puta leyenda" y para el Cholo, claro, "el entrenador que le hizo campéon del mundo y le hizo creer que era el mejor del mundo".
Su capitán le devolvió los halagos entre sollozos. No le salían las palabras ya no a un amigo sino a "un hermano". "Has dejado un legado enorme", concedía el madrileño mientras que el argentino le alabó, sobre todo, la gran personalidad que tiene. "Es difícil que te quieran todos y a ti te quieren todos", le lanzaba el técnico. En el homenaje al francés, de algo más de una hora, estuvieron otros capitanes como Torres o Godín, también grandes amigos del galo. "Esto es una despedida, un ciclo que se termina, el más bonito, pero ahora empieza una leyenda", apuntaba el uruguayo.
Poco después de las 22.00 horas, Griezmann dejaba el césped del Metropolitano por última vez con su familia de las manos. Erika, inseparable, y gran apoyo de su marido, y sus cuatro pequeños. Quedaba una bandera gigante con la leyenda: "Gracias Antoine" y dos banderas en el césped con su nombre.
Antes, un último calentamiento, con peto blanco, diferente del amarillo del resto de sus compañeros. Sólo Koke, su gran amigo y confidente, iba a juego. Antes, el madrileño había llegado al Metropolitano con una camiseta que ponía: "Griezmann, leyenda rojiblanca". Además, le había decido el brazalete de capitán en un último gesto que medía la grandeza de ambos en el Atlético y en el fútbol.
Jueguecitos con el balón pisaditas, croquetas y decenas de aficionados en el túnel de acceso al terreno de juego con su camiseta. Esperando un gesto, una mano, una caricia, lo que sea de su ídolo. La última. La de la despedida. Llorente, fuera de la convocatoria, en la banda con una camiseta con el siete y Grizzie en la espalda. Nadie quería perderse el evento. Tampoco sus hijos, Shai en sus brazos, le acompañaron en ese paseíllo antes del inicio del encuentro.
Fue pitar Muñiz Ruiz y Griezmann regaló un pase maravilloso a Lookman, pero el nigeriano no controló bien. Pese a que la pancarta con la que recibieron al francés fue: "Goleador de la historia rojiblanca", 212 tantos lo atestiguan, y casi bate a Gazzaniga en el 20 de partido, su desempeño como asistente también es más que destacado con 99 pases de gol. Sería muy redondo cerrar su etapa como colchonero con 100 asistencias. Aún queda el partido ante el Villarreal.
Pero, para qué esperar si puedes hacerlo ya ante los catalanes. La voracidad del galo no entiende de favores. Y así, repitiendo protagonistas, fue el 22 rojiblanco el que quiso conceder ese favor a su compañero. Nadie puede negar nada al Príncipe en el día de su despedida.
Completada la asistencia, sus compañeros buscaron constantemente que se fuera el galo engrosando su ventaja como máximo goleador de la historia del Atlético de Madrid. Tuvo tres disparos a puerta en la primera mitad, todos blocados por Gazzaniga. En la segunda, su gran ocasión llegaría en un pase atrás de Almada, pero el galo no encontró portería. No todo puede ser perfecto.
El público se caía cada vez que el francés iba a sacar un córner. "Se le echará mucho de menos", decían a este periódico desde el club, más lo hará el Metropolitano. Ni rastro del resquemor de sus dos años de huída al FC Barcelona, periodo en el que el equipo, su equipo, aprovechó para ganar la segunda liga con Diego Simeone.
Y el Cholo quiso dejar a su pupilo los 90 minutos. Con el partido ganado y ante un Girona con 10 tras agotar sus ventanas, el francés se despedía de su público con victoria. No merece menos el galo, pese a que los aficionados catalanes suspiraran por un favor rojiblanco. Era día de homenajes no de favores. Las lágrimas son de despedida no de pena.
No se trata sólo de hablar de ese primer día, sino del aterrizaje de un joven de 23 años en el club en el que se convirtió en historia. Todo empezó un 28 de julio de 2014, cuando Antoine Griezmann salió de la clínica Fremap en Majadahonda con los informes médicos bajo el brazo. Con un sol cegador, sonreía a los fotógrafos que le esperaban consciente de que virtualmente, al poner un pie en la calle con todo el cuerpo revisado, ya era jugador del Atlético de Madrid.
A 9.348 kilómetros de distancia, sus compañeros, con una hora de retraso por un pinchazo en el autobús, vencían ese mismo día en la tanda de penaltis al San José Earthquakes en California tras empatar a cero en el tiempo reglamentario. Nadie lo sabía aún en ambos lados del Atlántico, pero una leyenda comenzaba a forjarse en el Atlético de Madrid. "A nivel técnico le vimos algo diferente. Los controles, los gestos, lo listo que era y su inteligencia en el juego. Era especial", confiesa Carlos Menéndez, preparador físico del Basilea y entonces en el club rojiblanco.
Precisamente, le tocó a Carlos acompañar al francés en su primer entreno como rojiblanco poco después de firmar su contrato. Fue apenas un día después del reconocimiento médico, cuando el galo saltó por primera vez al césped del Cerro del Espino a hacer carrera continua con el preparador físico tras una primera parte en el gimnasio. "El chico era un niño, jovencito, que llegaba a un club grande y con una ilusión enorme. Pero era muy trabajador y muy profesional", apunta Menéndez.
En esa sesión, coincidiría con otros compañeros ausentes de la gira. Unos con los que ya tenía mucho en común ya que les saludó imitando el acento argentino y mate en mano, costumbre adoptada de Chory Castro. "Traía esa cultura de tomar mate de la Real Sociedad, por eso hizo piña con los uruguayos y argentinos», expresa Iván Díaz Infantes, preparador físico del Aulas y antes del club rojiblanco. La amistad con Koke, su compañero inseparable, se forjó ya más tarde.
Porque el capitán, sólo unas horas después, se encontraba jugando el segundo partido de la Gira Americana del vigente campeón de Liga ante el América de México, duelo que esta vez perdería en los penaltis tras empatar de nuevo a cero. Mientras, en Madrid, se preparaba la presentación de la nueva estrella rojiblanca. "Nosotros ya le fichamos sabiendo que era un jugador diferente", dicen desde el club de una llegada que supuso 30 millones de euros a sus arcas.
Selfie de Griezmann en su presentación.ATM
Más de 6.000 personas le esperaban el 30 de julio en el Calderón para verle con su flamante número siete a la espalda, heredado de David Villa. El francés, tras adoptar el «partido a partido» del Cholo ya en su primera comparecencia, se hacía cientos de fotos incluído un selfie para mostrar su peinado mullet y su eterna sonrisa. "Su alegría hace que le quiera todo el mundo desde que le conoces", cuenta Díaz Infantes.
Esa actitud la comprobarían sus compañeros el día 1 de agosto, cuando los rojiblancos que volvían de la gira coincidían en el Cerro del Espino con los fichajes y los que no habían ido. "Él disfrutaba de cada entrenamiento, incluso el primero, que les suele costar a todos", revela Díaz Infantes sobre su actitud. Y en ese momento en el que le ve el cuerpo técnico por primera vez, se huele algo especial. "Los entrenadores enseguida vieron que tenía algo diferente. El Mono, Cholo y Vizcaino, que habían sido jugadores, lo detectaron pronto", recuerda Menéndez.
Humildad
El francés parece olvidar que viene de meter 20 tantos en la Real Sociedad y convertirse en una estrella de LaLiga y muestra "una idea de trabajo impecable". Es un jugador al que todos ven talento, físico, genética y aptitud, los cuatro pilares sobre los que debe desarrollarse un futbolista y así lo hace. "Siempre me mandaba audios de whatsapp y me decía: 'Profe, ¿cómo va a ser el entrenamiento de mañana?'", rememora Díaz Infantes.
Uno de sus primeros duelos de rojiblanco.EM
Pero pese a la actitud, pese a su ética, las cosas no fueron una línea recta. "Recuerdo que a Antoine le costó un poco la primera vuelta adaptarse a un equipo que venía obviamente de ser campeón, que ya estaba hecho", explica su excompañero Raúl García. Él venía de ser un extremo ofensivo en la Real, y Simeone le pedía mucha más responsabilidad. "Es difícil adaptarte al Cholo, pero cuando aceptas ese cambio de hacer más distancia, más metros a alta intensidad...", apunta Díaz Infantes.
Explosión
Fueron tres meses de cambio mental, pero de nunca rendirse. De terminar un partido y meterse con Carlos en cubetas de hielo para recuperar las piernas. Y entonces, una vez demostró la "capacidad física y psicológica de adaptarse", Griezmann explotó. "Creo que fue por diciembre, ya en un partido contra Athletic, que hizo un hizo hat-trick. A partir de ahí arrancó y la verdad que era un jugador diferencial, muy inteligente y que le daba mucho al equipo", dice García.
Quizás el club y los técnicos vieron el talento, pero nadie esperó esa evolución. Un crecimiento "sin cambiar un ápice su personalidad", según fuentes rojiblancas. La alegría perenne, la inteligencia constante y un primer toque maravilloso. "Se le echará mucho de menos", cuentan desde el club poco antes del último duelo del jugador en el Metropolitano. 212 goles y 500 partidos después, Griezmann dice adiós. 4.311 días de sonrisas en rojiblanco.
Salía Diego Simeone de las tripas del Emirates hasta la compañía de Carla Pereyra. Lo hacía, aún, con césped en los zapatos y después de repetir tanto a las televisiones con derechos como en rueda de prensa a la pregunta sobre si tiene fuerzas para continuar: «Ahora, no». No se había cumplido una hora después de que Daniel Siebert pitara el final del duelo en Londres y mandara al Arsenal a Budapest, y cerrara la temporada del Atlético. Tres semanas antes, los rojiblancos aspiraban a un doblete, el martes por la noche, la Real Sociedad les había ganado la Copa del Rey en La Cartuja y el equipo inglés pelearía la Champions que ellos soñaban. La Liga, por otro lado, perdida antes de navidad. Una pregunta flotaba en el ambiente: ¿Y ahora qué?
No es la primera vez que el Cholo termina vacío una temporada. Preocupante fue su sensación tras la segunda final de Champions perdida en Milan en 2016, que provocó la visita a Argentina de Miguel Ángel Gil para retener a su técnico, hastiado. En esta ocasión, sus palabras reflejaban más una emoción que la continuidad del entrenador más laureado de la historia del club con ocho títulos. Lo había dado todo y su entorno tiene claro que el futuro de Simeone, con contrato hasta 2027, seguirá ligado al Atlético de Madrid. Pero el argentino lanzó otro mensaje en rueda de prensa: «Somos los primeros que queremos ganar, pero no nos alcanza».
Mientras el entrenador apuntaba a la planificación deportiva, Carlos Bucero, director de Fútbol, abandonaba el primero el Emirates con cara seria. Mateu Alemany, director deportivo de la primera plantilla, lo hacía de los últimos, mientras que Óscar Mayo, director general, deambulaba por los bajos del estadio londinense llamando por teléfono. Está en las manos de estas tres personas mantener el crecimiento que ha llevado al club a mejorar su presupuesto hasta convertirse en clase alta europea, pero aún falta un paso más para la élite.
La llegada de Apollo, ratificada el pasado 12 marzo en una Junta General de Accionistas, se supone que era ese empujón para lograrlo. Y la primera acción, en forma de una ampliación de capital de 100 millones de euros, debía ir en la línea de mejorar no sólo las infraestructuras del club, representadas en la Ciudad del Deporte, también se centraría en reducir el gap que hay entre el Atlético y otros grandes europeos como el Arsenal. «El trabajo de Arteta es muy bueno y tiene un poderío económico que lo puede acompañar», expresó Simeone para resaltar las inversiones del club británico, más de 1.000 millones de euros desde la llegada del técnico vasco en 2019.
En esta vuelta de Champions, se pudo ver a David Villa, nuevo consejero rojiblanco desde la llegada de Apollo, charlando con los coordinadores deportivos. Todos han podido ver como los fichajes recientes, siendo buenos, no tuvieron la capacidad de cambiar el encuentro en la segunda mitad. A la hora de partido, cuando Julián, que tampoco ha tenido su mejor temporada, dijo basta, el banquillo rojiblanco no tenía el poderío del rival y el Atlético no tuvo apenas capacidad para realizar la proeza en el Emirates, actuaciones arbitrales aparte.
Para el año próximo, hay una baja segura y no es cualquiera. Griezmann, leyenda y máximo goleador histórico del club con 212 tantos, abandonará el Atlético en junio. El francés, intrascendente al principio de temporada, se convertía en un imprescindible y en el mejor constructor del ataque del argentino en esta segunda fase. Se supone que su sustituto es Julián Álvarez, actual estrella y con galones y calidad para desempeñar esa labor. La entidad, probablemente antes del Mundial, intentará acallar los cantos de sirena que le vienen de muchos clubes europeos con una renovación basada en una sustancial mejora en el contrato.
Emblemas en duda
Y luego está la posibilidad de que otros dos emblemas puedan dar por concluida su etapa como rojiblancos. Hablamos del capitán, Koke, jugador con más partidos en la historia del club, con 736, quien en zona mixta, pese a tener aún un año más firmado, dijo: «Ahora no es tiempo de hablar de mi futuro». El otro es el portero con más trofeos Zamora de la historia. Del futuro de Oblak y su posible salida a Arabia ya se habló mucho durante la lesión en el costado que le mantuvo apartado mes y medio con Juan Musso realizando actuaciones que llegaron a discutir su titularidad. «Hay jugadores nuevos, jóvenes, que lo han hecho muy bien y que estan creciendo, y que han dado todo lo que tienen y lo que pueden», declaró el guardameta.
El futuro del Atlético de Madrid no debería estar en las botas de Vargas o Mendoza. El músculo económico de Apollo y la regularidad que ha proporcionado Simeone, con 13 clasificaciones consecutivas para la Champions, uno de los seis equipos que lo ha logrado, debería ayudar al club a subir un peldaño en el escalafón europeo. De momento, estas semifinales de Champions ya le han brindado, cuando se sumen los derechos, más de 105 millones de euros.
Almeida señala a la UEFA
La expedición del Atlético se fue del Emirates con la sensación de haber sido perjudicada gravemente por el colegiado del encuentro Daniel Siebert. Pese a que nadie quiso relacionar la eliminación con la actuación, hubo críticas veladas respecto a las jugadas grises y el mando del encuentro del árbitro alemán. Sólo Giuliano se quejó de manera directa tanto ante las cámaras como posteriormente en redes sociales por dos posibles penaltis que le afectaron directamente y que no fueron señalados.
No obstante, la mayor indignación vino de la pena máxima no señalada a Griezmann por una presunta falta de Pubill a Gabriel que el trencilla fue el único que apreció y el VARno entró a corregir. Simeone, Koke y Oblak rechazaron hablar de los errores del colegiado. No así el alcalde de Madrid, Jose Luis Martínez Almeida, que ayer aprovechaba un acto público para dar su opinión. «Cuando vi el sorteo pensé que nos tocó el Arsenal y me equivoqué, nos tocó jugar contra la UEFA. Y la UEFA ha dejado claro que no quería que el Atlético estuviera en la final», manifestó para luego alimentar la teoría sobre la nacionalidad del árbitro. España y Alemania se juegan una quinta plaza en Champions y si el Atlético pasaba a la final podría haber sumado unos puntos muy valiosos frente a los germanos a la hora de certificar esa posición.
Hay que jugarla, supongo. Te clasificas, da mucho dinero, te permite atraer estrellas y mantiene a la afición ilusionada hasta primavera. Hay que jugarla, supongo, pero si me dieran a elegir... ojalá el Atleti renunciara a la Champions cada año. El odio es mutuo. Yo ahora podría estar en el cine. O bebiendo. Eso aún no lo descarto. Y estoy aquí escribiendo con cara de (aún más) idiota.
Una vez más, el sueño se rompió en un accidente en el peor momento, dos rechaces en el área, un despiste defensivo, gol de Saka en el 44. Ni un guiño del destino. Hasta ahí, más allá de creerse su leyenda y celebrar cada córner como un penalti, el extremadamente mezquino Arsenal no había tirado a puerta y el Atleti estaba cómodo y con la sensación de que, antes o después, iba a cazar una, pero los rebotes que le castigaron en su área nunca le sonrieron en la inglesa.
La segunda parte fue un orgulloso quiero y no puedo de un equipo que se estaba moviendo a alturas que por talento y dinero no le correspondían. Y se notó. Giuliano tuvo la más clara y, a puerta vacía, le faltaron vuelo y recursos. No es culpa suya, es la diferencia de nivel individual. Y un penalti clamoroso a Griezmann se perdió en el limbo por una inexistente falta previa de Pubill. En la larga colección de delirios arbitrales que ha sufrido el Atleti en este torneo odioso, este se coloca muy arriba. La Champions odia al Atleti, ya saben. Nosotros a ella, más.
Tiempo habrá, y es indispensable hacerlo, para sacar conclusiones sobre esta extraña temporada. Mediocre en su trabajo diario de la Liga, brillante en las bodas y bautizos de las eliminatorias y fallido en el desenlace. Es difícil juzgar un curso así, de cinco aunque a dos detalles de ser de 10, pero hay que aclarar si el proyecto crece o se marchita. Ese análisis requiere enfriar las emociones y no es el día.
Hoy corresponde elogiar el carácter de Pubill, el despliegue de Llorente y el liderazgo de Koke; lamentar que Julián Álvarez, medio cojo, no pudiera ser la estrella que es y, sobre todo, dar las gracias a Griezmann tras su último gran partido en el Atleti, uno donde estaba evitando goles del Arsenal en un instante, organizando el juego al siguiente y siendo el más peligroso para Raya mientras le duró la gasolina. No es el final que merecía el mejor jugador de la historia del club, pero sí el tipo de actuación que ratifica esa afirmación.
La Champions odia al Atleti, pero la ganará. Cuando menos se lo espere, logrará esa maldita copa y la tirará al río. Ese día podremos descansar. Mientras, sólo queda seguir persiguiendo ese imposible hasta que se rinda.
No fue la misma actitud la de Simeone que la de Arteta. Uno entró en la sala de prensa del Emirates relajado, como si no fuera la semifinal de la Champions League la que se jugara hoy entre dos equipos que nunca la han conseguido ganar y que llevan cuatro finales perdidas entre ambos. El otro lo hizo con un atisbo de rabia contenida. Algo más relajado tras la victoria ante el Fulham el pasado fin de semana, pero con la presión del favorito que se desmorona en la parte clave de la temporada. "De la manera que compiten, que juegan y el deseo de ganar... Me han demostrado que hay que confiar en ellos. Mañana [por hoy] será un partido diferente pero estamos preparados para competirlo y jugarlo", expresó el vasco.
Mientras las preguntas y respuestas del ténico gunner llevaban aparejado un deje de necesidad de victoria, de reivindicación, las del Cholo iban más hacia el terremo emocional, con algunos momentos verdaderamente graciosos, como cuando le preguntaron por el cambio de hotel del partido de octubre al de hoy, en el que el entrenador argentino justificó entre risas que fue por el precio cuando toda la prensa que sigue al Atlético de Madrid sabe que es por pura supersitición. Y también cuando se inmiscuyó en la respuesta de Griezmann, el jugador que le acompañó en la rueda de prensa, sobre los partidos importantes que ha jugado y le quedan por jugar al francés. "Eres campeón del mundo", le susurró a su pupilo para sacarle media sonrisa en plena comparecencia.
Actitudes aparte, hoy se juega el partido más importante de la temporada del Atlético. El único objetivo que le queda a la entidad tras la derrota frente a la Real Sociedad en la final de la Copa del Rey. "Convencidos de lo que tenemos que hacer. El plan que se elija habrá que llevarlo hasta el final", apuntó el Cholo sobre la importancia de seguir un camino que trazó desde que se llegó a este club hace ya más de 14 años. "Estamos convencidos de lo que queremos", repitió.
También lo es, o uno de ellos, en la carrera de Griezmann. El francés ha jugado finales de Champions y de Europa League, pero esta es la última temporada como rojiblanco y, de no ganar, este podría ser el último partido del francés a nivel europeo como jugador del Atlético pese a que hubo rumores de que podría dejar el equipo en marzo. "Siempre fui claro que mi idea era seguir aqui porque sentía que se podía hacer algo increíble. No lo dudé y estamos a un paso. El equipo lo sabe, se ve tranquilidad y confianza", lanzó el galo.
Dice que su rol actual es liderar con el ejemplo. Lo de las charlas a los jóvenes se lo deja a Koke. La experiencia le ha dado la capacidad de saber imponer la pausa en el juego cuando es necesaria. "Cada vez que empezamos la Champions te ves levantando el trofeo y cualquier jugador cuando era niño lo ha hecho. Nos hemos situado a dos partidos y hay que estar bien tácticamente y seguir la línea del segundo tiempo en casa", proyectó el jugador.
Griezmann, seguro, Julián...
El galo será uno de los fijos en el once del Cholo, pero existe la duda con Julián Álvarez, que realizó la primera parte del entrenamiento rojiblanco al margen del grupo. "Por más que le demos vueltas los entrenadores el fútbol todo pasa por los jugadores y tenemos que hacer que lleguen de la mejor manera al juego. Creo que la experiencia y el tiempo te da más calma y la paz para enfrentar un partido como éste", lanzó el técnico, confirmando que tanto Giuliano como Julián o Sorloth estarán hoy aunque no sabe si para 30,45, 60 o los 90 minutos.
Esta noche se determinará si Arteta sigue serio, Simeone sonriente y Griezmann esperanzado. Lo juzgará Daniel Siebert, un colegiado alemán con el que el Atlético nunca ha ganado. Pero las estadísticas y las supersticiones... están para romperlas.
¡La pelota, a la mierda! Fue el primer grito de Diego Pablo Simeone cuando llegó al Cerro del Espino, lugar de entrenamiento del Atlético. Primero el orden, después el movimiento, porque el segundo sin el primero es un caos. El Atlético que encontró el argentino era como el puzle del que se han caído todas las piezas al suelo. La obsesión por la posición conecta a entrenadores que parecen estar en las antípodas, como Simeone y Johan Cruyff o su discípulo Pep Guardiola. La realidad es que no están tan alejados, porque la pelota, como la Tierra, es redonda y se mueve. Una vez ordenado, todo equipo necesita a quien conozca las leyes de ese movimiento, indescifrables para la mayoría, a su Galileo. Esta madurez de Antoine Griezmann nos ofrece, posiblemente, la mejor versión de esa representación en los 14 años de la era Simeone, de nuevo frente al Rubicón de la Champions. Es un Galileo que ha conocido la gloria y que ha sobrevivido a sus errores y a intrigas propias de la Inquisición, más convencido que nunca de lo que siempre se susurró a sí mismo, fuera en el Calderón como en el Stade de France: Eppur si muove. Y, sin embargo, se mueve.
«Hemos tenido un genio del fútbol. Nos daremos cuenta con el tiempo. Ojalá que Dios y el destino le den lo que está buscando». Galileo, condenado a cadena perpetua, conmutada por una especie de arresto domiciliario, por los supuestos intérpretes de Dios en la tierra, y ciego no pudo escuchar los elogios que le llegan a Griezmann de todas partes. En el caso del hombre de ciencia hicieron falta siglos. Por una vez, el fútbol despide con amor, no con odio, en perfecta coordinación el Atlético con su nuevo destino, Orlando, a la nueva estrella de la Mayor League Soccer.
Simeone da instrucciones desde la banda.JOSE JORDANAFP
"Si no corres, vas fuera"
Las reiteradas palabras de Simeone sobre el francés se condesaron precisamente en una emocionante declaración de amor antes de enfrentarse al Barcelona en la Champions. «Te quiero», proclamó, con los ojos húmedos, y añadió: «Pero si no corres, vas para fuera».
Al Cholo se le quiere corriendo, hecho que todavía otorga más mérito a la adaptación de este futbolista a un hábitat para el que no parecía predestinado por sus condiciones. Lo mismo ocurría en Francia, país que tuvo que dejar porque la competencia física con los futbolistas de raza negra le apartaba de las primeras selecciones de los técnicos en su periodo de formación.
«Siempre estaré agradecido a la Real Sociedad, porque apostaron por mí cuando no lo hacían en mi país», afirma el jugador. Años después, en 2018, Griezmann sería el epicentro de la conquista del segundo Mundial para Les Bleus y del final de los complejos por el peso del 98 para varias generaciones de futbolistas franceses.
«Antoine, tengo que decirte algo. Gracias por todo lo que has hecho por el fútbol francés, la selección y el fútbol en general. Me has dado mucho», afirmó Thierry Henry en directo, en el plató de CBS Sports, después de que el Atlético eliminara al Barcelona. Griezmann ya no estará sobre el césped en el Mundial del próximo verano por decisión propia. La suya ha sido una relación de encuentros y desencuentros con el fútbol francés y la selección, sea por sus complicados inicios o por la decisión de Didier Deschamps de ceder a la petición de capitanía por parte de Kylian Mbappé, hecho que precipitó la primera renuncia a Les Bleus de Griezmann. El regreso nunca fue lo mismo. «Estaré en la grada con mi hijo y la camiseta de Francia», dice, sin rencores.
Griezmann, durante el partido contra el Arsenal.JAVIER SORIANOAFP
El hombre que, hoy, le dice «te quiero», ayer le hizo padecer. El salto de la Real Sociedad al Atlético le obligó a un periodo de adaptación que ha acabado con más de uno. Es la mili del Cholo. Pasado ese tiempo, Griezmann no sólo se adaptó al ecosistema futbolístico, también al emocional, incluso con el mate en las manos. El crecimiento le llevó a uno de los mejores contratos de la Liga, 20 millones al año libres de impuestos, y a la ambición por «sentarse a la mesa de Messi y Cristiano», legítima, pero también a la confusión. El error no estuvo en la decisión de irse al Barça tanto como en las formas de hacerlo, con dos intentos cargados de indecisiones y polémicas. Dejó a la vez a Simeone y al hombre que había custodiado con criterio su carrera, el agente Iñaki Ibáñez, y se enredó en un laberinto en el que aparecían familiares y abogados que pedían lo suyo. La chapuza costó dinero al futbolista y al Barcelona de Josep Maria Bartomeu, y todavía tiene recorrido en los juzgados.
El 'Santo Oficio' de Messi
Las intrigas de los despachos no eran menos en el vestuario, a ojos de Griezmann, que sentía que lo miraban con celos por haber ganado el Mundial, desplazado por el Santo Oficio de Messi. No todo eran maravillas en el país de Leo. La vuelta al Metropolitano fue como la de un penitente, de rodillas, con los brazos en cruz y sin condiciones.
A los 35 años, los partidos de Griezmann se han convertido en una especie de cátedra en el Metropolitano. El francés ha dado pasos atrás para convertirse en un organizador ofensivo colosal. «Cada balón suyo mejora al equipo», reconoce Simeone. Lo hace sin perder su capacidad de llegar al área, al gol.
Griezmann no es el primer caso de delantero que al retrasar su posición, despliega su visión y calidad. No es lo mismo hacerlo con el aliento del rival en el cuello a que varios metros. Lo vimos con Juanito en su madurez, en algún partido del otoñal Raúl, en el autodestructivo Wayne Rooney o en el incansable correcaminosSweinsteiger cuando se plantó en los medios.
Todos conocían las leyes del movimiento tanto como Griezmann, que intentará mover el balón como si fuera la Tierra para provocar un eclipse en el Emirates de Londres. Si lo consigue, cuando el sol alumbre de nuevo encontrará al Atlético en Budapest.
Corría el minuto 85 cuando Diego Simeone le gritaba a Antoine Griezmann si le retiraba del campo. Quedaban aún dos cambios a los rojiblancos y el Cholo veía cansado a su estrella. Le respondió el francés con un gesto de que aguantaba. Aunque se veía fundido, eran los últimos minutos del galo en Champions en el Metropolitano. Los quería disfrutar 97 encuentros después. "Parece que Griezmann pasa el partido y, en vez de cansarse, empieza a encontrar lugares para hacer algo diferente. Pensé en sacarlo, pero dije: 'no, vamos a dejarlo porque siempre pasa algo'", apuntó su entrenador.
Y pasó, pero el palo se encargó de quitarle la gloria al francés en su despedida. Hubiera sido el tanto de la victoria tras el empate de penalti de Julián Álvarez unos minutos antes. "Tuve tres, pero no pude tocar la red, en la vuelta seguro. Hicimos un gran trabajo todos y nos tenemos que quedar con el segundo tiempo", expresó el galo en la televisión en la entrevista postpartido. La UEFA debió ver lo mismo que alabó su técnico: "jerarquía, talento y calidad", para darle al francés el premio MVP.
Aunque, para ser justos, esos piropos también los lanzó Simeone a Koke, el motor incombustible del Atlético de Madrid, que sumaba 116 duelos en la máxima competición continental. Fue ante el Arsenal el jugador con mayor número de recuperaciones, nueve, y el segundo en acciones con balón (81) y en pases totales (70). "Tenemos a Koke y a Antoine, que con la edad que tienen corren y juegan... Tenemos un desafío fantástico", lanzó el argentino sobre sus pupilos más veteranos.
El Arsenal ha sido el testigo de excepción de este último partido europeo juntos en el Metropolitano de estos dos amigos que han llevado al club rojiblanco a cotas impensables. Aunque queda la cima. "Ojalá que podamos darle la final de Budapest, yo intento disfrutar de Grizzy todos los días y además de ser un grandísimo jugador, como persona es increíble", alabó Johnny Cardoso, su compañero ayer en el centro del campo y con el que, juntos, consiguieron deshacer el empuje gunner.
Otro jovenzuelo que llegaba a los 116 partidos en Champions era un Oblak que, gracias a un excelso trabajo de su defensa, tuvo poco trabajo en su arco. "Queríamos la victoria , pero no la conseguimos y eso no cambia que hayamos hecho un buen partido", declaró el esloveno sobre la gran ocasión perdida para irse con ventaja a Londres. "Está todo abierto", añadió el guardameta que dice que hay que "ir a ganar a domicilio" y valoró que el equipo está "atacando muy bien".
Es cierto que los rojiblancos lideraron todas las estadísticas ofensivas. Dispararon más veces, 18-11, con más acierto, 4-2 más un larguero de Griezmann, y dominaron la posesión 52%/48%, así como la estadística de los goles esperados, 2,22 frente a 1,5. Aunque los tantos llegaron de penalti. Algunos, polémicos.
Polémica arbitral
En un duelo de control, sólo los errores inclinaron la balanza. El primero fue de Hancko por empujar en el área a Gyokeres. Lo que viene a ser un empujín, más bien. "El primero no me pareció. En semifinales de Champions se necesita un penal que sea penal", criticó Simeone, aunque no quiso el argentino abundar en la actuación arbitral.
Mikel Arteta, en cambio, sí que lo hizo en gran parte de su comparecencia tanto en las entrevistas postpartido de las televisiones como en rueda de prensa. "Cuando luchas tanto nueve meses por estar aquí, esto no puede pasar", se quejó el vasco sobre el penalti del que se retractó Makkelie a instancias del VAR por un pisotón de Hancko a Eze. Para el técnico del Arsenal, esa acción decidió el partido. Pero no la eliminatoria. Quedan, mínimo 90 minutos en Londres, para decidir el primer finalista de Champions. Y Koke y Griezmann, el 'dúo dinámico' rojiblanco, miran al 30 de mayo con la ilusión de unos colegiales.
El fútbol se estudia con perspectiva, pero se siente en el momento. Y entre estudiar y sentir, no hay color. Por eso resulta tan difícil, salvo para los acólitos y los haters, tener una postura firme con Simeone a estas alturas de su residencia en el Atleti. En el gran esquema de las cosas, analizando el cuadro completo a cierta distancia, su labor es indiscutible y su crédito, aún sólido. En el día a día, en el vivir, reír y sufrir que constituye la santísima trinidad de este deporte y en la desesperación que provoca perder una final, su naturaleza conservadora es desquiciante y las ganas instintivas de cambiar de líder, comprensibles. Toda esa gente que llora en la grada no se merecía un fiasco así.
Hace cuatro meses, cuando el Atleti ya había tirado la Liga y seguía dando síntomas de proyecto agotado, cada año un poco peor que el anterior, pensaba que la era Cholo debía acabar. Entonces llegó Lookman, revivió Griezmann y el técnico exhibió su dominio de las eliminatorias, convirtiendo repentinamente al peluche en una pantera. Si me preguntan el martes tras eliminar al Barça, lo renuevo cinco años. Hoy, cuando el equipo salió desconectado a una final, no mandó salvo cuando perdía, cambió a Lookman porque patatas y, lo que realmente señala al argentino, reculó una vez más tras los empates, resurgen las dudas. Sinceramente, es muy difícil entender a Simeone.
Los penaltis hicieron justicia porque la Real Sociedad fue mejor durante más minutos. En todo. En juego y en actitud, en ataque y en defensa, en el campo y en el banquillo. El fallo en cadena de Nahuel, Giuliano, Ruggeri y Musso en los primeros 14 segundos, que generó el 0-1 de Barrene, no fue un accidente sino una declaración de intenciones. Y ni siquiera tras la vida extra que supuso el golazo de Julián Álvarez fue capaz de tomar el control. La sensación de que este equipo sólo piensa en Europa sobrevoló tanto el partido como los días previos y es un riesgo mayúsculo. No es un gran plan jugárselo todo a hacer real una quimera.
¿Qué es este Atleti? ¿Cuál es su realidad, su idea, su futuro? ¿Es la máquina de competir de Champions o el equipo timorato de esta final, el que deambula sin pena ni gloria por la Liga? ¿De verdad la temporada va a ser de matrícula de honor o de suficiente raspado, sin punto medio, en función de dos partidos contra el Arsenal?
Pues sí, así es. Esa es la vida actual del Atleti con Simeone. Un doble o nada permanente en el que, por ahora, gana el nada.
Más allá de la sonrisa que le sacó a Diego Simeone que se apagara la luz de la sala de prensa justo antes de su primera pregunta, el gesto del entrenador ha sido serio, concentrado, mejor dicho, en su comparecencia previa a la final de Copa del Rey ante la Real Sociedad. Como si fuera él el que se fuera a calzar las botas mañana para saltar al césped de la Cartuja. "El martes fue un paso muy bonito jugar y pasar a semifinales de Champions. Pero ahora volvemos a tierra y en la tierra estamos", ha apuntado el entrenador.
Ha dicho el argentino que él siempre imagina "lo mejor". "No sólo por poder ganar una Copa del Rey sino como propósito a un montón de cosas", ha aducido el entrenador sobre la ilusión que genera conseguir el noveno título desde que está en el banquillo rojiblanco hace ya algo más de 14 años. "Se gestiona con ilusión, con entusiasmo, con fe, con humildad y con seguridad", ha añadido.
Sin querer revelar sus cartas de cara a la convocatoria del partido de mañana, sabe el entrenador que el duelo ante la Real Sociedad será muy complicado porque el equipo vasco ha crecido mucho desde la llegada de su nuevo técnico, aunque en el Metropolitano consiguieran vencerles.
El argentino no cree que la experiencia en este tipo de encuentros sea un factor determinante. "No hay una regla, la edad no cuenta en el fútbol. Se puede ser un joven de 18 años con una cabeza enorme o uno de 36 años. El partido está dentro de sus cabezas. El que sepa jugarlo mejor será beneficiado", ha desvelado.
Cuenta que sus noches y sus días antes de una gran cita son "variados" en los que alterna el estar algo más "callado" y "tranquilo" a un poco más alterado. Pero ha explicado que él ha evolucionado, como hizo como futbolista. Aunque en esta segunda etapa "creciendo siempre con la posibilidad que el club ha brindado" siguiendo siempre una idea, un proyecto.
Tanto él como Griezmann, que le ha acompañado en la rueda de prensa previa a la final, han tenido palabras de agradecimiento a la afición, no sólo por el acompañamiento de este año, "siempre un empuje en momentos difíciles", sino durante la carrera de ambos.
Pero si hay un jugador para el que el duelo del sábado sea un poco más especial es sin duda para el delantero francés del Atlético y leyenda del club. "No lo estoy pensando mucho porque me emocionaría y no quiero porque quiero llegar fresco al partido. Me abrieron las puertas que en Francia no hicieron", ha citado Griezmann a la Real Sociedad.
Griezmann y su despedida
Ha dicho el francés que el pase a semifinales de Champions hace que "se olviden los esfuerzos y el cansancio" y que ve al grupo "enchufado y alegre sin quejas ni egos". No obstante, sabe que la nueva Real de Matarazzo y Guedes, al que ha querido destacar su nivel desde que militaba en el Valencia va a exigir a los suyos una gran organización defensiva y ofensiva.
Esta final será uno de los últimos grandes partidos de Griezmann como rojiblanco, aunque el francés no ha querido centrarse en estos 90 minutos y lleva tiempo disfrutando de los pequeños detalles que le unen al Atlético como un pase a algún compañero, una instrucción del Cholo y hasta de los cánticos de los aficiondos. "No pienso si va a ser la última. Solo si va a ser un partido muy importante, una final que muy pocos la pueden jugar", ha concluido el francés.