Arbeloa es un desastre

Arbeloa es un desastre

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Bueno, el Madrid dio un paso más hacia el cadalso del fracaso en la Liga. Fue un simulacro de equipo. Presa del tacticismo de Bordalás y sus maniobras en la oscuridad del fútbol.

Arbeloa es un incompetente. No puede ser entrenador del Madrid. Fue un medio fracaso en el Castilla y ahora será el enterrador de esta temporada. Si narramos la cantidad de barbaridades que cometió tácticamente llenaríamos varias páginas de la ignomia del ex lateral derecho.

Premió a los del fracaso de El Sadar y ante un Getafe que le iba a poner la muralla china siguió con su maldito 4-4-2. Y sin Mbappé. Con un hueco de inutilidad por el lado derecho, porque Valverde jugó donde le dio la gana sin respeto táctico.

Arda Güler juega casi siempre a 50 metros de la línea de meta y así es imposible que se convierta en un jugador peligroso. Y muy difícil que meta goles. Cuando lo intento en posición hizo la jugada del partido y la única ocasión clara del Madrid.

El caso de Gonzalo es patético. Le han dicho al genio del banquillo que tiene que defender, así que pasa más tiempo tratando de birlar el balón que de delantero centro, donde casi nunca está. Antes era un goleador, ahora Arbeloa lo ha convertido en un juguete roto.

El líder Vinicius sólo juega para él. "Yo soy el fenómeno". Y con el planteamiento de Bordalás era imposible que hiciera algo positivo. Siempre tenía a tres vigilantes. Pero él se empeñó. Que para eso es el líder. Ni siquiera dio un centro válido desde su posición. Claro que en el área no había nadie.

El Madrid es el peor equipo ofensivamente de los gallitos del fútbol. Nunca hay nadie dentro del área, porque hay que defender según el defensa llamado Arbeloa. Bordalás se había burlado de él. Durante la segunda parte, el aspirante a entrenador del Madrid comete el gran error de sólo atacar con delanteros. El fallo más latente de un entrenador que no sabe ni leer el catón. No sabe ni leer el fútbol.

¿Quien ha fichado Mantantuono y Huijsen? Habría que echarlos a los leones del circo del Bernabéu. Que ya casi lo hacen. Además. Mastantuono insulta en argentino y se va a la calle. Por no hablar de Trent o un despistado Carreras.

Francamente, el futuro inmediato es tenebroso. Una espesa niebla de Arbeloa ciega al Madrid, que sólo es un equipo sin alma, sin carisma, sin saber que para atacar con una defensa de bloques hay que buscar los espacios, con más velocidad de balón y no como jugadores de futbolín, todos atados para recibir el pase al pie.

Fíjense lo que queda de temporada. Un equipo al borde del precipicio y sin los goles de Mbappé, que escondían la mediocridad colectiva. Lo malo es que volverán los pitos en el Bernabéu a Arbeloa y probablemente a la presidencia. Queda el estadio, pero este no mete goles.

Trent, Carvajal y la gran grieta que lo condiciona todo en el Madrid

Trent, Carvajal y la gran grieta que lo condiciona todo en el Madrid

El lateral derecho del Real Madrid lo ha condicionado todo en el sistema de Carlo Ancelotti, de Xabi Alonso y de Álvaro Arbeloa desde la grave lesión de rodilla de Dani Carvajal en octubre de 2024. Un año y medio de dudas, de parches, de partes médicos y de futbolistas jugando en una posición que no era la suya. Una grieta constantemente abierta en el carril derecho que ha lastrado al conjunto blanco a todos los niveles y que ahora, con Trent Alexander-Arnold y el defensa español de vuelta tras sus lesiones, el club espera solucionar de forma definitiva.

Esta noche ante la Real Sociedad, en un duelo que puede hacer que el Madrid duerma líder de la Liga, Arbeloa elegirá a Trent o a Carvajal para el puesto de titular en la banda por primera vez desde que es entrenador del cuadro madridista. Así de dura es la vida en el carril diestro del Bernabéu. Trent no es titular desde el 3 de diciembre contra el Athletic y ha sufrido ya tres percances desde que fichó por el conjunto de Chamartín en junio: uno en el Mundial de clubes antes de la semifinal contra el PSG, otro en septiembre y otro en diciembre.

Lesiones que le han hecho perderse 21 partidos con el Madrid. Su mal fario con la enfermería, además, no ha llegado en la Castellana, porque el curso pasado ya estuvo ausente en 11 duelos entre el Liverpool y la selección inglesa. De hecho, su último encuentro con los Three Lions data del 7 de junio de 2025 y el anterior del 13 de octubre de 2024. Una realidad que le podría dejar fuera del próximo Mundial si no consigue ser constante en Madrid.

Valverde, el titular

Carvajal, por su parte, está en una situación bastante parecida, aunque en su caso el debate sobre su nivel físico levanta mucha más polvareda. El defensa de Leganés no se ve en el once inicial del Madrid desde el 27 de septiembre en el Metropolitano y aunque estuvo en la convocatoria de Luis de la Fuente el pasado mes de septiembre, se ha perdido las dos siguientes y no parece que vaya a estar en la que dará el seleccionador en marzo. Una contrarreloj que le deja en serias dudas de cara a la Copa del Mundo y que como en el caso de Trent, necesita de minutos para convencer al técnico. Esta temporada, Carvajal se ha perdido 16 encuentros por lesión, mientras que la pasada campaña la cifra se elevó a 61 entre club y selección.

Los problemas físicos del inglés y del español les han limitado de forma individual pero sobre todo han sido un déficit claro para Xabi Alonso y para Arbeloa, que han tenido que optar por Fede Valverde en su lugar. El uruguayo, que no nació para ser lateral, como repitió en rueda de prensa, ha tenido que exprimirse físicamente y se ha visto obligado a aprender nuevos conceptos tácticos para ser el lateral titular del Madrid en 16 ocasiones esta temporada. El que más de toda la plantilla. Arnold ha salido en el once seis veces, Carvajal cinco, Asencio cuatro y el canterano David Jiménez en tres.

Se trata de la posición en la que más futbolistas han jugado de todo el once del Madrid. Courtois, Asencio, Huijsen, Carreras, Tchouaméni, Güler, Vinicius y Mbappé han repetido en su puesto en la mayor parte del curso, con la única variante de Mastantuono, Rodrygo y Brahim en el extremo diestro, el otro hueco donde más se han repartido los protagonistas, con Camavinga haciendo de comodín en el centro del campo.

Arbeloa, durante el entrenamiento del viernes en Valdebebas.

Arbeloa, durante el entrenamiento del viernes en Valdebebas.EFE

La suerte para Arbeloa es que parece que esos problemas físicos han llegado a su fin, al menos de momento. Trent ya jugó en Mestalla y apunta a titular esta noche contra la Real y el martes contra el Benfica en la ida del playoff. Mientras, Carvajal, que sólo ha jugado media hora desde que volviera el 4 de enero, podría empezar a tener minutos este mismo fin de semana tras la polémica que ha rodeado a su suplencia en los últimos días.

El español se veía para tener minutos desde hace un par de semanas y el técnico ha dudado por la opinión de los médicos, que creían que la rodilla del lateral todavía no estaba para el máximo nivel competitivo. Tras el «sofá gris» de Arbeloa, donde ha reconocido hablar con los jugadores «cuando alguien no está contento», parece que la grieta del lateral se va solucionando.

El Madrid, en manos de un técnico que era defensa

El Madrid, en manos de un técnico que era defensa

El Madrid sigue la estela del Barcelona. Lo malo es que su juego no progresa. Al nuevo genio de Valdebebas se le ocurrió una alucinación. Jugar con un solo delantero, porque Gonzalo nunca existió. Ante un semi colista sólo un delantero y tres medios, más un medio defensivo. Más los cuatro defensas. La alineación de Arbeloa fue como una luz negra de pesimismo.

El enemigo no era el Arsenal. Ni siquiera el Benfica. Era un equipo enfermo que ha cogido la carrera hacia el precipicio de la Segunda División. Peter Lim se ha cargado ya un equipo histórico de la Liga.

Pero es un laberinto mental, dado que Tchouaméni, Camavinga e incluso Valverde en teoría eran tres defensas. Ese era el ficticio centro del campo. Un galimatías tratar de descubrir la ecuación estratégica de la alineación.

Creo que Arbeloa estaba muerto de miedo. Pánico a perder. Esa fue la razón visceral de salir como un equipo acomplejado, sin fútbol y a la espera de algún milagro de Mbappé.

Naturalmente, el Valencia no tenía ni juego, ni moral, ni sistema. Era como un barquito a la deriva en el puerto. Así que la primera parte fue insufrible. Horrible. Entre dos equipos con miedo a perder.

Nada cambió en la segunda parte. Arbeloa creyó que algún gol se pescaría como un fallero mayor por el área che. Y ocurrió el extraño prodigio. Apareció Carreras, que es zurdo, penetró en el área como un cuchicheo y con toda la suerte del mundo, con la derecha, se topó con el gol.

Pues no crean que empezó el baile de los cambios. No. Siguió peor el sermón de Arbeloa. El Madrid se protegía del 0-1 como si fuera el oro de El Dorado. Inaudito. Y, por supuesto, el Valencia pudo empatar. Lucas Beltrán, su mejor futbolista, disparó y Courtois tuvo a su palo derecho como amigo. Pero era el empate.

Los cambios no llegaron hasta el minuto 75. Por fin pudimos vera a un Trent que con los ojos cerrados es mejor que todos los que jugaban, a excepción de Mbappé. Y llegó su gol, tras un contragolpe y el pase mortal de Brahim, que durmiendo es mejor que Gonzalo.

Y sonrió el fenómeno francés. Ya tenía el golito de cada partido. En realidad, Mbappé no estuvo a la altura de su categoría. Pero es que con tanto defensa no recibía ni una sola vez en condiciones. Se quejó hasta de Arda Güler, porque no le filtraba el pase mortal. Estuvo hasta desquiciado.

Y quitó a Güler, como siempre, pero esta vez, antes de que el turco se cabreara, Arbeloa se abalanzó para apretarle en un abrazo. Más falso que el beso de Judas.

El resumen es que el Madrid sigue aburriendo. Y hemos descubierto que un defensa está manejando los millones de un equipo enfermo, sin brillo, sin fuste. Incapaz de hacer jugadas de calidad, ni ante un rival medio muerto.

El Bernabéu, del desencanto a la reconciliación tras el abrazo entre Vinicius y Arbeloa

El Bernabéu, del desencanto a la reconciliación tras el abrazo entre Vinicius y Arbeloa

Cuando vio el balón en la escuadra, Vinicius se giró como si nada, dio media vuelta y se abrazó con Aurelien Tchouaméni. A su lado, Kylian Mbappé reclamaba unidad en la piña, en el festejo del equipo. Una vez bien apretados todos, el autor del 5-0 acudió a la zona técnica para reunirse en el abrazo con Álvaro Arbeloa, que le recibió no como a un amigo, sino como al hijo pródigo. De la recuperación de Vinicius depende el futuro del técnico. Bien lo sabe el Bernabéu, que seguirá exigiendo cada noche lo suyo al astro brasileño.

Fue un martes feliz de Champions, que falta hacía por Chamartín. Una goleada vital para acceder al top-8, culminada por el clamoroso reconocimiento a Jude Bellingham, autor del 6-1. Quién lo iba a imaginar en la previa, cuando sólo cundía el desencanto. Desde las siete y media, mientras el autobús del equipo descendía por Concha Espina, se sentía ya el frío de este enero poco propicio para el gran torneo. El gélido ambiente derivó en la indiferencia cuando el equipo de Arbeloa inició el calentamiento. Entre el escaso público que ya se había acomodado apenas pudieron distinguirse los aislados silbidos de los tímidos aplausos.

Llegado el turno de las alineaciones, el atronador volumen de la megafonía dejó escaso margen para emitir un veredicto. Desde la grada de animación, situada en el Fondo Sur, se desplegó una pancarta en recuerdo de las víctimas del accidente de Adamuz, por las que además se guardó un minuto de silencio. No de los altavoces, por supuesto, que ni siquiera conocen el descanso en un instante tan sagrado.

Arbeloa, impávido

La resolución definitiva quedaba pospuesta, pues, a cuando echase a rodar el balón. Y desde ese minuto uno quedó en el olvido aquel ambiente hostil del sábado frente al Levante. Nada de broncas cada vez que recibían Fede Valverde o Bellingham. Apenas unos pitos para Vinicius, atenuados por el madrugador 1-0, por el que Mbappé pidió disculpas a la afición del Mónaco, que colmaba sus butacas en un rincón del Fondo Norte.

Desde una esquina de la zona técnica, las manos en el bolsillo del pantalón, Arbeloa asistía impávido a la victoria. En la misma actitud contemplativa de sus dos primeros partidos, economizando cada gesto, cada una de esas órdenes que dice guardarse porque no alcanzan en la lejanía a sus futbolistas. El más apartado de su zona era Vinicius, tan habituado últimamente a que le regalen los oídos.

El brasileño, para lo bueno y para lo malo, juega ajeno a todo. A su ritmo, sin importarle el qué dirán. Ni le pesó errar una buena ocasión en el minuto 8, ni se le vio eufórico tras servir el 2-0, ni pareció arrepentido tras su disparatado error que casi aprovecha Folarin Balogun. Quedaba poco para el descanso y el madridismo tuvo que dividirse entre la protesta y el aliento.

Bellingham, ante Caio Henrique, el martes en el Bernabéu.

Bellingham, ante Caio Henrique, el martes en el Bernabéu.AFP

Por mucho que se empeñe el club, desde todos sus estamentos, la gente sigue sin comprender la falta de actitud de Vinicius en tareas defensivas. Sobre todo en comparación con Mbappé, a quien ahora se le ve en la obligación de dar ejemplo, como buen capitán in pectore. En más de una ocasión quiso animar el francés a sus compañeros de ataque a acompañarle en el esfuerzo. Sin ningún éxito, por otra parte.

La tibia de Asencio

Aunque en realidad sí hubo un instante, nada más sacarse de centro tras el 2-0, en que el Madrid se volcó en campo rival con esas ganas que le exige su gente. Un episodio aislado, anecdótico y que, por tanto, resulta aún más significativo. En la actual dinámica tanto da que sea Antonio Pintus quien active a los muchachos en el calentamiento. No hay piernas frescas, por mucho que sean jóvenes. De hecho, el once inicial de Arbeloa, con 24 años y 152 días de promedio, fue el más tierno del Madrid en Champions desde diciembre de 2018.

Esa edad media se elevó tras el descanso, por culpa de la sustitución de Raúl Asencio, víctima de un fuerte golpe en la tibia derecha. El rol de Dani Ceballos como mediocentro pasó más desapercibido que el primer gol de Mastantuono en Chamartín, saludado por el inevitable: "Franco, Franco". No hubo más coros cuando retiraron al argentino, sólo el inevitable runrún contra Ceballos por la absurda pérdida que facilitó el gol de Jordan Teze.

El estadio aún tuvo tiempo de lamentar el excesivo egoísmo de Vinicius, sólo él capaz de desperdiciar una clamorosa ocasión para el 7-1. Muchos desfilaron satisfechos camino al hogar cuando el '7' recogía el galardón de MVP. Mbappé, siempre atento a cada detalle, le premió con un formidable empujón para celebrarlo.

Raphinha hace supercampeón al Barça en un clásico de oxígeno y piernas ante un Madrid peleón

Raphinha hace supercampeón al Barça en un clásico de oxígeno y piernas ante un Madrid peleón

El Barça, dominante con balón, contundente en el área de Courtois y afortunado en el gol decisivo, reinó en la calurosa batalla de Yeda ante un Madrid peleón, con más entrega y corazón que fútbol, y se llevó una nueva Supercopa de España en suelo saudí. El caos de la primera parte, con dos goles para cada equipo, dejó paso al frenético final después del tanto de Raphinha, con los blancos perdonando el empate ante 10 futbolistas tras la expulsión de De Jong. [Narración y estadísticas (3-2)]

Xabi Alonso se jugó su destino en el Madrid con una carta inesperada. El técnico vasco asumió las condiciones de su equipo, lastrado físicamente por las lesiones en defensa y la duda de Mbappé, y condicionó su once al Barcelona de una manera tan descarada como por momentos efectiva. Contuvo la constante posesión culé (80% en la primera parte) con un muro de tres centrales, con Tchouaméni entre Asencio y Huijsen, dos carrileros en Valverde y Carreras, un doble pivote clavado delante (Camavinga y Bellingham) y Gonzalo suelto entre líneas para tapar todo lo que pudiera. Sólo Vinicius respiró para los contraataques.

La carta del de Tolosa fue conservadora, pero surtió efecto el tiempo que duró la solidaridad defensiva de los suyos, lo que Bellingham aguantó detrás de Pedri y Gonzalo a la sombra de De Jong. Mientras eso duró, el clásico saudí tuvo más miedo en la portería de Joan García que en la de Courtois a pesar del dominio azulgrana del balón.

Pérdida letal

Vinicius, en su mejor partido de la temporada, lo fue todo en el ataque del Madrid. Su arranque fue el de los blancos, que perdonaron varias ocasiones antes de la media hora en las botas del brasileño y de Gonzalo, flojos en el remate ante el guardameta catalán.

Pero a partir de la media hora, el Madrid tembló y el Barça lo aprovechó. Una pérdida de Rodrygo en salida pilló a sus compañeros lejos de su marca y Fermín encontró a Raphinha, que había perdonado tras una pérdida de Valverde un minuto antes, al espacio, amagó el brasileño y definió cruzado ante Courtois para el 1-0.

El Madrid se tambaleó durante unos minutos y el belga tuvo que aparecer ante Fermín y Lamine para evitar el segundo mientras su equipo se mareaba. Con el físico al límite, no buscaba, esperaba demasiado, y el Barça, con el viento a favor, terminaba encontrando un espacio.

Vinicius conduce el balón ante Koundé y Pedri.

Vinicius conduce el balón ante Koundé y Pedri.AFP

Hasta que una contra madridista descubrió a Vinicius en la izquierda y el brasileño volvió a mayo de 2024. Encaró a Koundé hasta el área, le tiró un caño extraordinario cuando venía la ayuda de un compañero, evitó la llegada de Cubarsí y empató el duelo ante Joan. Era el minuto 47 de un final de primer tiempo que entró en caos.

En la jugada siguiente, Lewandowski aprovechó las dudas de Tchouaméni y Huijsen en el marcaje, recibió de Pedri, siempre atento, dentro del área y picó la pelota ante la salida de Courtois. Era un posible golpe anímico al que el Madrid respondió de inmediato en un córner, ya en el 50. Huijsen cabeceó al palo y Gonzalo aprovechó el rechace para mandar el clásico a vestuarios con empate.

El descanso construyó las ideas del Barça, consciente de su superioridad física en Arabia ante un Madrid limitado que creyó en el título todo lo que confió Vinicius. El brasileño dio sus últimos suspiros en el inicio del segundo tiempo, fabricando las opciones blancas y perdonando el tercero ante Joan García. Tampoco estuvo fino Rodrygo, definiendo flojo ante el portero tras otra buena jugada de Vini.

Dos ocasiones clarísimas

Con los minutos, el Madrid desfalleció. Valverde, lesionado, pidió el cambio, Courtois salvó una mano clara ante Lamine y la suerte se alió con el Barça cuando Asencio desvió un disparo de Raphinha mientras el belga ya se vencía hacia un lado. Era el minuto 72 la orilla parecía lejos para el Madrid de Alonso, que recurrió a Mbappé e incluso a Alaba, único central disponible para sustituir a un Huijsen que tampoco pudo seguir.

Mastantuono y Ceballos fueron soluciones de emergencia ante el evidente cansancio de Vinicius y Camavinga, y el Madrid murió como pudo. Compitió, que era lo que la zona noble pedía en estas condiciones al equipo, pero le faltaron piernas y fútbol para aprovechar la superioridad numérica tras la expulsión de De Jong por una entrada con los tacos a Mbappé. Aun así, Carreras y Asencio tuvieron dos ocasiones clarísimas dentro del área para provocar los penaltis decisivos, pero remataron flojo, casi sin fuerza, a las manos de Joan García.

El Barça volvió a conquistar Yeda y la entrega del Madrid en cuanto a las sensaciones y lo apretado del marcador otorgan a Alonso su continuidad en el banquillo del Bernabéu.

¿Alguien puede parar a Raphinha? Valverde se presume como su opositor, con las alternativas de Carvajal y Trent

¿Alguien puede parar a Raphinha? Valverde se presume como su opositor, con las alternativas de Carvajal y Trent

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"Siempre voy a tratar de alcanzar mi mejor nivel, nunca diré que ya estoy ahí. Siempre voy a intentar hacer una temporada si no perfecta, casi perfecta, buscando en todo momento lo mejor para el equipo". Así de contundente se mostraba Raphinha tras alzarse con el MVP de la semifinal de la Supercopa de España que disputaron el Barcelona y el Athletic el pasado miércoles. El brasileño, de nuevo, volvió a ser determinante: marcó dos goles y dio una asistencia. A pesar de que este curso se vio obligado a estar varias semanas en el dique seco por una lesión a la que le siguió una aparente recaída, ahora mismo parece realmente difícil de parar. Siempre y cuando arranque desde la banda izquierda del ataque azulgrana.

En los últimos cuatro partidos que ha jugado con el Barcelona, Raphinha suma cinco goles. En la Liga, marcó dos ante Osasuna en el nuevo Spotify Camp Nou y anotó uno en El Madrigal frente al Villarreal, pero no vio portería frente al Espanyol. En Cornella-El Prat, Hansi Flick lo situó como mediapunta por el centro, y desde allí sus características aparentemente se resienten. Si arranca desde la izquierda del ataque barcelonista, las cosas son muy diferentes, como demostró ante el Athletic.

Quién sería el jugador ideal para frenarlo será uno de los rompecabezas que tendrá que afrontar este domingo Xabi Alonso para preparar la final de la Supercopa. Una alternativa sería volver a apostar por Valverde, que ya jugó de lateral derecho ante el Atlético. Una posición que al uruguayo no le gusta, pero desde la que trata de cumplir de la mejor manera posible. Otras opciones serían apostar por la veteranía de Dani Carvajal o por la explosividad de Trent Alexander-Arnold.

Experiencia frente a carácter

Carvajal está encarando la recta final de su carrera en la élite y cuenta con experiencia más que de sobra para frenar las acometidas de Raphinha. El inglés, pese a que acaba de salir de una lesión, puede que tenga algo más de físico, pero su tendencia a subir al ataque y descuidar un tanto su zona defensiva puede abrir vías de agua que el brasileño no dudará ni un momento en aprovechar. Sus números, ahora mismo, son algo peores en comparación con los de una temporada 2024-25 en la que se perfilaba por lo menos entre los tres primeros clasificados para el Balón de Oro, pero no hay que olvidar su prolongada ausencia. A estas alturas, el delantero azulgrana sumaba el curso pasado 16 goles y 10 asistencias en 26 partidos. Ahora, acumula nueve tantos y cuatro asistencias en 16 encuentros.

La competición en la que Raphinha se mostró más acertado a estas alturas de la campaña pasada fue la Champions. En esa cita firmó seis tantos en seis encuentros, con un hat-trick frente al Bayern. En la presente, en cambio, aún no ha visto puerta en Europa, si bien solo ha jugado tres duelos en la máxima competición continental y en uno, de hecho, contó con menos de media hora. Si nos centramos únicamente en la Liga, las cosas han empezado a pintar mejor con su última racha, que le permite sumar siete goles en 12 partidos.

La temporada pasada, mientras, acumulaba antes de la final de la Supercopa de España 11 en 19 encuentros, un número de duelos que demuestra lo imprescindible que fue entonces para las estrategias de Hansi Flick. En la final del año pasado, el brasileño fue capaz de marcar dos de los cinco tantos que consiguieron los azulgrana, precisamente, en un duelo que fue también otro clásico, en el que se impusieron por 2-5, pese a jugar varios minutos con uno menos por la expulsión de Szczesny. Por lo pronto, el brasileño ya está con el cuchillo entre los dientes para el desafío de esta noche.

Un agobiante triunfo de Xabi Alonso

Un agobiante triunfo de Xabi Alonso

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Un gol de los de antaño de dos brasileños, entre Vinicius y Rodrygo rompió el gafe en el Real Madrid. Un partido en que el Alavés parecía que se jugaba una final. Se demostró palmariamente que los jugadores están con Xabi Alonso y que la directiva que buscaba el fin del técnico, que se quedó con cara de tonto.

Cruelmente, la Casa Blanca ha jugado a incidir en los medios con que todo era un ultimátum. Lo cierto es que desde que Vinicius fue relevado ante el Barça parece que Alonso estaba camino del cadalso de cara a la presidencia.

Pues ha resultado que no, que la plantilla lucha con toda su fe en el técnico. Incluso cuenta con Vinicius siempre que no le releven. Y luego está el factor Mbappé. Sin contar con el equipo, el Madrid juega con un gol de más y eso es mucho castigo para un equipo menos técnico como el Alavés, al que le cuesta una barbaridad ver portería.

Con el el empate vitoriano parecía que Alonso ya había subido la escalera del cadalso. Pero no fue así, porque los jugadores mordieron y dieron la cara hasta que Rodrygo marcó el 1-2, refrendando el criterio de Xabi, que siempre quiere que juegue el brasileño.

Una vez más se demuestra que el VAR se manipula desde Barcelona. No aparecieron las repeticiones de ese penalti que le hicieron a Osasuna. No hubo dudas en el empate del Alavés y fue gol con la alabanza del VAR. Sin embargo, un penalti clarísimo a Vinicius en los últimos minutos ni se pudo ver con el VAR. No podía ser más claro el penalti. Y luego hablan de la estirpe del affaire Negreira.

Al final, cuando el Alavés quiso otra vez empatar, ni tenía físico, ni alma. Al revés, el Madrid perdió ocasiones, con un Gonzalo que no puede jugar en este equipo y con un Bellingham que no puede marcar ni con la ayuda del rey Arturo.

Naturalmente alabar un triunfo ante un rival como el Alavés es una trampa saducea. Jamás el Madrid por superioridad técnica puede ganar tan opresivamente, como si se acabase el mundo.

Se dice que la caída en desgracia de Alonso ocurrió cuando en pleno triunfo frente al Barcelona, el técnico se atrevió quitar a Vinicius. El brasileño escupía por la boca y estoy seguro que llamó a papaíto Florentino para que metiera a su entrenador en la cárcel del fútbol.

No hubo apoyo del club en ningún momento a Alonso y ni siquiera el inicuo de Vini le pidió perdón a su entrenador, cuando estaba jugando que daba pena, como tantos partidos desde más de 18 meses. Alonso se descompuso. Vio un complot en el vestuario y ya nunca fue él mismo.

Creo, al contrario, que la carretera hacia el infierno de cara al presidente fue cuando Xabi le djo a Florentino que no quería ya empezar en el Mundial de clubes. Florentino le dijo que eso o no fichaba para el Madrid. Desde aquel día, al presidente no le gusta Xabi ni personal ni futbolísticamente. Lo tiene enterrado en su cabeza. Hay muchos testigos que lo confirman.

¿Cómo es posible que ante el runrún continuo del ultimátum a Alonso, la directiva calle como un muerto y no lo defienda públicamente jamás? Recuerdo que cuando sucedió la primera de sus dimisiones del Madrid, dijo Florentino: "Quizá me he equivocado con tantos mimos a los jugadores". Como dice el refrán: "El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra".

El Real Madrid pierde con honra ante el Manchester City y se enfrenta al dilema de Xabi Alonso

El Real Madrid pierde con honra ante el Manchester City y se enfrenta al dilema de Xabi Alonso

Cuando corren, tampoco. Es la conclusión fácil para abrir la base del cadalso sobre el que han situado a Xabi Alonso, con la soga anudada al cuello. La conclusión tiene una trampa, y es que no es lo mismo correr contra el Celta que contra el City. Un Madrid atónico, lento y errático frente a un Madrid intenso, presionante, veloz y sufriente. Un Madrid de jugadores dimitidos en una derrota sin perdón contra un Madrid de futbolistas entregados en una caída con honra ante un grande de Europa. La pregunta es cuál de los dos pertenece a su entrenador y cuál a la idiosincrasia desnuda que anida, como una musa, en el Bernabéu. En la respuesta está la solución: Xabi Alonso, si; Xabi Alonso, no. Ese es el dilema. [Narración y estadísticas (1-2)]

A Florentino Pérez le toca resolverlo, pero hacerlo de verdad, en una u otra dirección, no con la indefinición que sucedió al numerito de Vinicius en el clásico. Que Xabi Alonso es un buen entrenador lo dice el mercado, su brillante pasado reciente en Alemania. Que Xabi Alonso es o no un entrenador idóneo para el Madrid lo tienen que decir los resultados, hasta ahora irregulares, pero en el top-8 de la Champions y a cuatro puntos del líder en la Liga. Jamás podrá serlo, sin embargo, sin la autoridad debida, algo que no siempre ha sentido bajo un fuego que puede ser tan peligroso como el fuego del City. Es el fuego amigo.

La entrega de los futbolistas desde la salida del vestuario tampoco es la más indicativa de si están a full con su entrenador, porque la Champions invoca siempre algo especial en el Bernabéu, algo que trasciende las batallitas familiares, incluso las cuentas pendientes, en una atmósfera de eucaristía colectiva. Rodrygo las tiene, con el técnico y consigo mismo, pero apareció como si hubiera soltado todo el lastre, camino de su primer gol en nueve meses. Pasó del ostracismo a ser lo mejor del Madrid, frente a un Vinicius desenfocado y un Mbappé quebrado en el banco. Después del tanto se abrazó a Xabi Alonso en la banda. O el brasileño es un actor de primera o se trata de un gesto difícil de entender en un contexto de guerra soterrada contra el entrenador.

Sobrehumano Courtois

Rodrygo concluyó una contra sacada del álbum de fotos del Madrid, un prodigio en el que intervinieron la presión, la velocidad y la precisión. Carreras robó a Bernardo Silva, Gonzalo fue el vértice en la transición y Rodrygo cruzó lejos de la envergadura del gigante Donnarumma.

Era el arranque que siempre se espera del Madrid, a fuego, pero de un Madrid mermado, globalmente en defensa y especialmente por la ausencia de Mbappé, el mástil del equipo en este arranque de temporada. Al Madrid, al menos, le quedaba la quilla. Courtois volvió a sostener a los suyos, con intervenciones sobrehumanas, como una doble parada ante Haaland y Cherki, cuando llegó la ola del City, contemplativo y pasivo primero, pero persistente y profundo después, con Doku como un cuchillo en su izquierda. El fútbol de los ingleses es como un caldo, empieza a fuego lento, a veces demasiado lento, más de lo que le gustaría a Guardiola. Sólo había que ver cómo gesticulaba en la primera parte.

Ese City sin profundidad, en cambio, consiguió equilibrar el partido en una acción que señala al trabajo de Xabi Alonso y a la plaga de lesiones en la defensa, a la que se ha unido la del mejor en la zona, Militao. Mal defendido el balón parado, Gvardiol cabeceó y O'Reilly remató desde la salita de estar de Courtois sin que el portero tuviera visión. Cuando el Madrid necesitaba el descanso, Rüdiger agarró a Haaland con disimulo, pero no hay disimulo posible en el VAR, que nada más empezar sacó un penalti a Vinicius fuera del área. En ambas acertó.

Rodygo, ante Bernardo Silva, el miércoles en el Bernabéu.

Rodygo, ante Bernardo Silva, el miércoles en el Bernabéu.AFP

Ser objeto de la pena máxima y acertar en el lanzamiento fue toda la contribución del ogro noruego, suficiente para cualquier delantero, pero escasa para lo que se espera de un personaje de su talla. Con mucho tiempo por delante, Guardiola lo sustituyó, al refrescar todo su ataque, puesto que también se marcharon Foden y Cherki.

Xabi Alonso lo hizo por necesidad en una segunda parte de riesgos, no había otra. Si en el once había prescindido de Güler en favor de Ceballos, llamó entonces al turco, como también a Brahim o hasta Endrick, que estaba en el último estante del armario para el tolosarra. Suya fue la mejor ocasión del partido, salvo el gol de Rodrygo, en un remate al larguero.

Cambios que llevaban el mensaje de la carga ante un equipo al que el Madrid no podía dominar, ni al principio ni al final, porque no tiene la madurez colectiva ni el juego necesario. El primero que lo sabe es Xabi Alonso, por eso decidió esperar y salir a la contra en el primer tiempo hasta que la desventaja le hizo descoserse a la desesperada ante un City que jamás se exprimió. A la desesperada espera, hoy, decisiones para saber si, como dice Guardiola, puede mear en el Madrid con la suya.

El Madrid encuentra su catarsis ante Olympiacos gracias a Vinicius y Mbappé

El Madrid encuentra su catarsis ante Olympiacos gracias a Vinicius y Mbappé

En tierra de catarsis buscó el Madrid el verdadero significado de esta palabra griega: purificación. La encontró a medias, porque la victoria frente al corajudo Olympiacos de Mendilibar cambia la tendencia, pero no cambian las sensaciones, con dos caras distintas, la de la sociedad de la catarsis, Mbappé y Vinicius, y la de la calamidad en defensa, pese a las bajas, con preocupantes desconexiones del equipo que pusieron en riesgo el triunfo. [Narración y estadísticas (3-4)]

Xabi Alonso tiene el mejor y el peor trabajo del mundo. Ya lo sabía, dice, pero ahora lo sabe de otro modo. La condena no la intuyen del mismo modo el reo y su abogado. Líder de la Liga y en el Top 8 de la Champions, reforzada su posición por este triunfo, el técnico no la temía, no por ahora, pero necesitaba cambiar la tendencia en Atenas, después de tres partidos sin ganar, too much en el Madrid.

Esta media catarsis tapa una fuga de agua pero no detiene la lluvia. Deja certezas y dudas que el entrenador no puede obviar. Que el gol es cosa de Mbappé lo tiene claro. Que la determinación es cosa de Vinicius es conveniente que lo asuma, porque habrá más catarsis, y no precisamente a la griega, sino más difíciles. Las dudas nacen de la pérdida de control, con dos remontes de Olympiacos y dos remates en una isla desierta que exigen trabajo, más allá de las ausencias, y ese sí es trabajo de entrenador.

La boya del centro del campo

La determinación de Vinicius fue colosal desde el salto al campo, aunque un salto inicial en el que no tuvo el acompañamiento de los suyos, erráticos, incómodos por la presión alta del rival. Es una seña de identidad de Mendilibar, de pierna dura y duelos a fuego. Le dio resultado en el arranque y en el desenlace, aunque en el ecuador dejó un páramo atrás cuando sus jugadores erraban y no llegaban a tiempo en el repliegue, lo que en ocasiones obligaba a Tzolakis, su portero, a adelantarse al centro del campo. En ese contexto, Vini era como un guepardo en el Serengueti.

Xabi Alonso recuperó a una pieza clave para lo que desea en el Madrid. Se trata de Tchouaméni, la boya de su centro del campo. Las bajas en defensa, a las que unió la de Courtois, podían llevar al Madrid al centro de la defensa, como había ocurrido en el pasado con Ancelotti, pero el técnico tolosarra prefirió mantener a su mediocentro y mover a Carreras hacia el centro y colocar a Mendy como titular. Las maniobras implicaban riesgos, acrecentados por las debilidades defensivas de Trent en la derecha. De momento, sabemos de su buen pie como asistente. Hace falta más para hacerse con la banda derecha del Bernabéu. Mucho más.

En las dudas iniciales que generaban las mutaciones y los antecedentes, supo pescar Olympiacos, simple pero eficaz. Primero con lanzamientos largos de su portero para buscar la presión arriba y tener opciones sin necesidad de elaborar, dado que su calidad es muy inferior a la del Madrid. Al final, con centros que no encontraron oposición en una defensa de blandiblue.

Vinicius pugna por un balón con Retsos.

Vinicius pugna por un balón con Retsos.AFP

El gol local nació de esa presión, pero, en cambio, maduró en una acción combinativa de gran precisión, coronada con el disparo de Chinquinho, seco, sin dar tiempo a los reflejos de Lunin. Ese tanto en un día difícil no destempló al ucraniano, firme frente a otro disparo del mismo jugador en un momento crítico.

A la belleza de la jugada le había acompañado la candidez de los defensores del Madrid, poco intensos, contemplativos. Ese Madrid era el Madrid de los últimos partidos y de los peores presagios. Vinicius, sin embargo, había decidido ser el Vinicius que se espera, no el que se reprocha. Ya lo hizo en el disparate de Elche cuando saltó al terreno de juego desde el banco, pero sin tiempo ni compañía. En Atenas las tenía.

'Hat-trick' exprés

El brasileño corrió, se desmarcó y pasó, todos menos marcar en un día en el que lo marcó todo Mbappé. No le pesó, al contrario. Para empezar, aprovechó una recuperación, con todo Olympiacos volcado, para lanzar en el espacio a Mbappé, como gusta al francés. Al primer disparo, gol. Hasta cuatro veces, tantas como goles marcó el Madrid, respondió con la misma frialdad y eficacia. No hay otro goleador igual en el mano a mano. En siete minutos había marcado tres goles, un hat-trick exprés, el más rápido de su carrera. En el segundo tiempo añadió el cuarto tanto, asistido también por Vini.

La catarsis parecía completa, y eso creyó también Xabi Alonso, que llevó a Tchouaméni a la defensa, retiró a Asencio e introdujo a Bellingham, suplente por unas presuntas molestias. El equipo, que ya había vuelto a las dudas para permitir a Taremi apretar una vez el marcador, se cayó del todo. El Kaabi volvió a marcar de cabeza para hacer peligrar el esfuerzo de la sociedad de la catarsis.

Una minipretemporada en Valdebebas para resetear la “confianza” de Alexander-Arnold: “Liverpool era su vida”

Actualizado Martes, 25 noviembre 2025 - 23:20

Trent Alexander-Arnold pasó en Liverpool los primeros 27 años de su vida. Nació en el barrio de West Derby, a tres kilómetros de Anfield, y entró en las categorías inferiores del conjunto red a los ocho años. Casi dos décadas después y tras ganar la Champions y la Premier con el equipo de su ciudad, cambió Inglaterra por España y Liverpool por Madrid. Nuevo club y nuevo idioma. Un desafío personal al que se sumó la pérdida de Diogo Jota, uno de sus mejores amigos, y un inicio irregular en el Bernabéu, lastrado por las lesiones y por sus tres ausencias con la selección inglesa camino del Mundial. Por eso ahora, terminando noviembre, tras una pretemporada en Valdebebas y con Dani Carvajal lesionado, Trent observa en el horizonte sus semanas más importantes en el Madrid.

El reseteo del lateral derecho británico comenzó ante el Elche, donde fue titular por primera vez desde el 30 de agosto y por tercera ocasión en este curso, todas en la Liga (Osasuna, Mallorca y ahora). La rotación con Carvajal, primero, y una lesión en los isquiotibiales después le han obligado a pasar demasiado tiempo en la grada y en el banquillo. Pasó siete encuentros en la enfermería y cuando regresó tardó otros dos en tener minutos, volviendo a pisar césped en un estadio doloroso.

Los 10 minutos que disputó en Anfield ante el Liverpool los sufrió, habiendo homenajeado a Jota en la previa, siendo abucheado en cada acción y perdiendo el partido. Unos días después, disputó ocho minutos ante el Rayo en Vallecas. Xabi Alonso, que apostó por Fede Valverde en la posición, no le veía para más. Al menos en ese momento.

"Trent necesita un poquito más de tiempo después de la lesión. Seguro que en el parón va a poder prepararse bien para lo que viene", avisó el técnico. Y así ha sido. Igual que Jude Bellingham en septiembre, ha aprovechado el parón por las selecciones para realizar una minipretemporada en Valdebebas, tanto a nivel físico como mental, para recuperar el ritmo y la titularidad en el Madrid, algo que no consigue desde el Mundial de clubes.

Dos asistencias en el Mundial

En su momento, Alonso insistió para que el lateral llegara al club para el torneo americano. Su contrato con el Liverpool terminaba el 30 de junio, pero el Madrid apretó y pagó (cinco millones de euros) para que Trent participara con el equipo en el evento, donde fue indiscutible. Se notó su poca adaptación al sistema de juego y a sus compañeros, pero fue titular en los cinco encuentros previos a la semifinal contra el PSG, donde no pudo jugar por una lesión muscular. En el Mundial fue de menos a más y terminó con dos asistencias, confirmando que mantenía una de sus grandes virtudes: el pase.

Eso quiere recuperar ahora Alonso, necesitado de gente con visión en una plantilla que sufre para crear juego. La mejor versión de Trent, generando jugadas desde la zona derecha y situándose como interior al lado de Arda Güler y Aurelien Tchouaméni, parece clave para eso. El inglés todavía no se ha estrenado como goleador o asistente este curso y fue el más insistente del Madrid ante Elche, enviando centro al área y diagonales sin parar. "Es una cuestión de confianza, de autoconfianza", analizan fuentes cercanas al vestuario madridista, donde esperan su mejor versión y que sea capaz de adaptarse lo más pronto posible al día a día de un club como el Madrid.

"Ya era muy tímido en Liverpool"

El futbolista, a sus 27 años, realiza varios días por semana clases de español para mejorar la comunicación con el vestuario, el cuerpo técnico y los miembros del club, aunque su timidez fuera del campo es evidente. "Ya era muy tímido en Liverpool, pero se transformaba cuando entraba al campo. Ahí estaba muy seguro de sí mismo", explica a este periódico Aadam Patel, periodista del Daily Mail. "El Liverpool era su vida, vivió muchos años cerca de la ciudad deportiva y fue un referente para los jóvenes. La adaptación es dura, pero lo conseguirá".

La ayuda de Bellingham en el día a día es clave. Ambos se conocen de la selección y el ex del Dortmund fue una de las piezas importantes para convencer al lateral de fichar por el Madrid.