Hugo Duro: “Me encantaría ser como Iniesta, super majo, con su calidad, y no tener que usar el temperamento”

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Hugo Duro (Getafe, 1999) se define como «cabezón», indiferente a la crítica, bromista y, sobre todo, currante. Lleva cinco años en el Valencia y aún se pellizca por haber llegado a la élite. Más después de haber sumado en las tres últimas temporadas 33 goles, más que Oyarzabal, Ayoze y Ferran Torres. Ahora, quiere superar la barrera de los 13 para impulsar al Valencia a Europa.

¿Sorprendido por esos números?
Sí. Que se me ponga a la altura de jugadores que van con la selección española y que han dado tanto es muy gratificante.
Ya fue una vez con De la Fuente en la Sub-21 en 2020
Fue un poco raro por el COVID. Venía de acabar tarde con el Getafe en Europa League y fui directamente a la sub-21. Metí un gol y fue una experiencia muy bonita. Luego jugaba en el Castilla en Segunda B y había jugadores en Primera y Segunda, así que era normal que no volviera.
R. Fue un poco raro por el COVID. Venía de acabar tarde con el Getafe en Europa League y fui directamente a la sub-21. Metí un gol y fue una experiencia muy bonita. Luego jugaba en el Castilla en Segunda B y había jugadores en Primera y Segunda, así que era normal que no volviera.
¿Tiene en mente que quizá podría entrar en el debate del 9 para la selección?
Es un sueño, pero no depende de mí; está el seleccionador, que viene de ganar la Eurocopa y sabe bastante. Trabajaré por si algún día tengo la oportunidad.
Ya fue una vez con De la Fuente en la Sub-21
Fue un poco raro por el Covid. Venía de acabar tarde con el Getafe en Europa League y fui directamente a la Sub-21. Metí un gol y fue una experiencia muy bonita. Luego jugaba en el Castilla, en Segunda B, y había jugadores en Primera y Segunda, así que era normal que no volviera.
Llegó al Valencia hace casi cinco temporadas, no es capitán pero, ¿tiene galones en el vestuario?
Estar en un club como el Valencia, con la afición, en la ciudad, es una experiencia increíble. Algo me tienen en cuenta (se ríe), aunque soy una persona que siempre está haciendo bromas.
Pero han sido años sufridos...
Ha sido extraño. El primer año estuvimos a nada de ganar la Copa y de entrar en Europa, y luego han venido temporadas de mucho desgaste mental. Pero es culpa nuestra, porque la clasificación marca lo que haces en el campo. Creo que no deberíamos haber sufrido, porque tenemos buen equipo. No sé si nos ha faltado competir, o qué nos ha faltado, que no hemos podido estar arriba. Por eso tenemos que dar un paso adelante.
Después vino una mala temporada tuya, con lesiones y frustraciones. ¿Qué pasó?
Fue un año muy difícil. Era joven y quizá no tuve la mentalidad adecuada. Además, sufrí una lesión dura, porque no me dejaba andar, pero jugaba. A la larga, me alegro, porque me hizo afrontar situaciones que no había vivido y me ayudó a madurar.
¿Y quién hizo de ancla, necesitó psicólogo?
No, aunque quizá me habría venido bien. Pero ese año conocí a mi mujer y creo que, con mis padres, fue la que más me ayudó, porque tiene las ideas muy claras. Tampoco soy una persona fácil de ayudar, porque soy muy cabezón.
Suele ser muy sincero en sus análisis, ¿a veces se arrepiente?
Sí, porque en redes se busca el morbo y se sacan cosas de contexto. Hace unos días decían que tuve una bronca con Guido, y no es verdad. Me da pena que en una entrevista no puedas decir lo que piensas sin maldad, que tenga que ser siempre el mismo relato.
¿Hay autocensura?
A mí me pasa. Pero parece que a todo el país. Parece que si no opinas como otros, está mal.
Sabe que en el valencianismo genera tantas filias como fobias...
A cada uno le puede gustar un tipo de delantero. Que lleve cinco años aquí y que los entrenadores cuenten conmigo habla bien de mí.
¿Le gusta la imagen que da en el campo?
Sé que soy a veces polémico, intenso, un jugador caliente, pero es lo que me ha hecho llegar. Me encantaría ser como Iniesta, super majo, con su calidad, y no tener que usar el temperamento. Pero mis cualidades son esas. Dentro del campo soy uno y fuera soy otro.
¿Griezmann sigue siendo su jugador favorito de todos a los que se ha enfrentado?
También me gusta mucho Isco, con quien compartí vestuario en el Madrid. Pero me quedo con Griezmann. Sigue siendo un espectáculo y ha sido mi debilidad. Me da mucha pena que se vaya a la MLS y estuve a punto de subir algo a redes. Hubiera sido un sueño jugar con él.
¿El vestuario del Madrid ha devorado a muchos jóvenes?
A mí me trataron genial los meses que estuve por la lesión de Mariano y Benzema. Siempre estaré agradecido, especialmente a Sergio Ramos, que me acogió como a un hijo, y eso es tener mucho ganado.
¿Da envidia ver a Gonzalo, Thiago o Asencio en el primer equipo?
Ninguna. Han tenido que currar mucho. En mi caso, gracias a que el Madrid no me quiso estoy en el Valencia.
¿Quién entraría en esa galaxia?
¿Quién entraría en esa galaxia?R. Ahora Lamine Yamal, que es increíble por su madurez. Porque salir a un campo no es jugar con los colegas, está toda la presión de la gente, de la prensa... Raphinha y Julián Álvarez también me alucinan.
¿Qué se puede aprender de entrenar con Benzema?
Todo y nada. Aunque te fijes y quieras hacer algo, es muy difícil. Es un talento único.
¿Quién entraría en esa galaxia?
Ahora Lamine Yamal, que es increíble por su madurez. Porque salir a un campo no es jugar con los colegas, está toda la presión de la gente, de la prensa... Raphinha y Julián Álvarez también me alucinan.
Cuando vuelve a Getafe, hay gente que le insulta.
A la mayoría los conozco y me da pena. No quiero que me aplaudan, pero no sé cómo no les causo indiferencia. Me molesta solo por cómo les afecta a mis abuelos o a la familia que va a verme.
¿Hay ambición europea en el vestuario?
Sí, debemos tener ambición. Pero tenemos que ir paso a paso, sin cuentos de la lechera.
¿Eligen partidos?
No. El día de Oviedo salimos sin intensidad, sin eso que sí tuvimos en Sevilla. Yo quiero ganar a todos, aunque fuera de casa nos ha costado, como a muchos otros equipos.
¿Cómo se corrige la falta de intensidad?
Es responsabilidad de todos. Jugadores, banquillo y cuerpo técnico. El partido de Sevilla nos tiene que servir de ejemplo.
¿Es difícil ser bromista con un 'jefe' tan serio como Corberán?
Cuando viene un entrenador, mi preocupación es si va a compartir mi humor (se ríe). Cuando lo vi llegar, tan serio, tuve una preocupación gorda. Ya me conoce y sabe que puedo hacer bromas, pero también correr y ser un tío serio.
Me hablaba de una polémica con Guido, ¿cómo es?
Fuera del campo no habla mucho. Dentro es la sombra del entrenador, es el que organiza, manda, comunica... hace que todo el equipo vaya coordinado. Es un futbolista top. Que haya sido campeón del mundo, por suerte no es.
¿Qué significa para Hugo Duro, el Valencia?
Es el club de mi vida junto al Getafe. Siempre voy a ser valencianista, esté aquí o no. A la ciudad no había venido. Veraneábamos en Gandía y recuerdo pedirle a mi padre que me comprara petardos. Ahora seguro que me quedo a vivir aquí. Solo me falta hablar valenciano.
El Madrid, en manos de un técnico que era defensa

El Madrid, en manos de un técnico que era defensa

El Madrid sigue la estela del Barcelona. Lo malo es que su juego no progresa. Al nuevo genio de Valdebebas se le ocurrió una alucinación. Jugar con un solo delantero, porque Gonzalo nunca existió. Ante un semi colista sólo un delantero y tres medios, más un medio defensivo. Más los cuatro defensas. La alineación de Arbeloa fue como una luz negra de pesimismo.

El enemigo no era el Arsenal. Ni siquiera el Benfica. Era un equipo enfermo que ha cogido la carrera hacia el precipicio de la Segunda División. Peter Lim se ha cargado ya un equipo histórico de la Liga.

Pero es un laberinto mental, dado que Tchouaméni, Camavinga e incluso Valverde en teoría eran tres defensas. Ese era el ficticio centro del campo. Un galimatías tratar de descubrir la ecuación estratégica de la alineación.

Creo que Arbeloa estaba muerto de miedo. Pánico a perder. Esa fue la razón visceral de salir como un equipo acomplejado, sin fútbol y a la espera de algún milagro de Mbappé.

Naturalmente, el Valencia no tenía ni juego, ni moral, ni sistema. Era como un barquito a la deriva en el puerto. Así que la primera parte fue insufrible. Horrible. Entre dos equipos con miedo a perder.

Nada cambió en la segunda parte. Arbeloa creyó que algún gol se pescaría como un fallero mayor por el área che. Y ocurrió el extraño prodigio. Apareció Carreras, que es zurdo, penetró en el área como un cuchicheo y con toda la suerte del mundo, con la derecha, se topó con el gol.

Pues no crean que empezó el baile de los cambios. No. Siguió peor el sermón de Arbeloa. El Madrid se protegía del 0-1 como si fuera el oro de El Dorado. Inaudito. Y, por supuesto, el Valencia pudo empatar. Lucas Beltrán, su mejor futbolista, disparó y Courtois tuvo a su palo derecho como amigo. Pero era el empate.

Los cambios no llegaron hasta el minuto 75. Por fin pudimos vera a un Trent que con los ojos cerrados es mejor que todos los que jugaban, a excepción de Mbappé. Y llegó su gol, tras un contragolpe y el pase mortal de Brahim, que durmiendo es mejor que Gonzalo.

Y sonrió el fenómeno francés. Ya tenía el golito de cada partido. En realidad, Mbappé no estuvo a la altura de su categoría. Pero es que con tanto defensa no recibía ni una sola vez en condiciones. Se quejó hasta de Arda Güler, porque no le filtraba el pase mortal. Estuvo hasta desquiciado.

Y quitó a Güler, como siempre, pero esta vez, antes de que el turco se cabreara, Arbeloa se abalanzó para apretarle en un abrazo. Más falso que el beso de Judas.

El resumen es que el Madrid sigue aburriendo. Y hemos descubierto que un defensa está manejando los millones de un equipo enfermo, sin brillo, sin fuste. Incapaz de hacer jugadas de calidad, ni ante un rival medio muerto.

La crisis perpetua del Valencia y el estallido de la burbuja Corberán: en el bucle del descenso, con dos victorias pero la confianza de Lim

Actualizado Domingo, 2 noviembre 2025 - 21:00

¿Cómo ha podido el Valencia pasar en seis meses y 25 días de poner en problemas al Real Madrid en el Bernabéu y ganarle el partido 1-2 a ser arrollado dejando las peores sensaciones de un equipo de Primera, en puestos de descenso y descompuesto? Esa pregunta, con matices, se ha convertido en cíclica y explica la frustración en la que vive instalado el valencianismo. Ocurrió con Gattuso, cuando el equipo se deshizo en cuatro meses, también con Baraja después de una agónica salvación y una temporada tranquila, y vuelve a pasar con Carlos Corberán. Resucitó al Valencia, pero su burbuja ha estallado en menos de un año.

Su capacidad para obrar milagros se ha esfumado. De hecho, en 11 jornadas solo lleva dos puntos más (9) que Rubén Baraja hace un año, ha sumado dos en seis partidos y es el segundo equipo más goleado tras el Girona y uno de los peores atacantes, con 10 goles en 11 partidos. Solo Osasuna y Oviedo han marcado menos. No da Corberán con la tecla que active a sus jugadores y las dudas han provocado el hartazgo de Mestalla y la falta de confianza en una plantilla que no entiende los planes del entrenador.

Las variantes tácticas, como jugar con cinco defensas, ya no funcionan, el balón parado sigue siendo una cruz, el centro del campo ha perdido contundencia y los jugadores no ven que la forma de apuntalarlo sea incorporando a los laterales. Futbolistas como Hugo Duro han perdido la titularidad y el rendimiento de otros se ha desplomado, y los refuerzos de lujo como Danjuma han ido diluyéndose. Tanto como la fe en que, un año más, se puede sobrevivir. Los únicos que a día de hoy la mantienen intacta son los dirigentes del Valencia, empezando por el CEO de fútbol, Ron Gourlay. No se niega la crisis, pero se opta por mantener la confianza.

Poder de decisión

Como ocurrió con Baraja tras una buena temporada 23/24, Corberán no ha podido crecer desde ese trabajo, aunque la diferencia entre ambos es que ha tomado mucho más partido en el diseño de este Valencia que naufraga. El buen final de curso llevó al valenciano a aumentar su crédito y, por primera vez, viajó a Singapur para planificar esta temporada junto a Kiat Lim, el presidente del club e hijo del dueño. Allí se anunció que Gourlay, ex del Chelsea y el United, se convertía en su nuevo jefe.

Ellos se conocieron hace años en Inglaterra y eso convirtió a Corberán en lo más cercano a un manager inglés, con poder de decisión en las contrataciones de refuerzos. El entrenador ha participado activamente en la decisión de qué jugadores reforzarían el equipo. Lo que no pudo impedir fue el adiós de su columna vertebral: Mamardashvili ya estaba vendido al Liverpool, Mosquera salió al Arsenal y Barrenechea volvió a Aston Villa para ser traspasado al Benfica. Sadiq era el único que se podía pelear, pero no hubo acuerdo con la Real.

Luis Rioja intenta controlar un balón, el sábado en el Bernabéu.

Luis Rioja intenta controlar un balón, el sábado en el Bernabéu.AFP

En el rendimiento de estos tres, unido al excepcional de Rioja y el de Rafa Mir asimilados sus problemas judiciales, se basó la recuperación. El fichaje de Corberán se anunció el pasado 25 de diciembre, por sorpresa y tras haber negociado con Quique Sánchez Flores. Lim aceptó pagar tres millones para que saliera del West Bromwich Albion y firmarle un contrato hasta 2027. Cogió el equipo colista, con 12 puntos en la jornada 18, y en las 20 restantes lo llevó a sumar 34. Cuando visitó el Bernabéu el 5 de abril, el Valencia estaba a siete puntos por encima del descenso. Incluso se soñó con Europa. Los únicos lunares negros fueron las contundentes derrotas ante el Barça en Liga (7-1) y Copa (0-5).

Las claves de esa metamorfosis fueron varias: la fe ciega por necesidad, las variantes tácticas que fortalecieron y un refuerzo acertado. Nada de eso se ha mantenido y el Valencia vuelve al bucle infinito y a las goleadas. Al Barça (6-0), se suma el Real Madrid (4-0). Justo ahora que el objetivo era sostener un crecimiento que, en dos temporadas, le llevara a estrenar el Nou Mestalla en Europa. Del sueño a la pesadilla.

Un Valencia azotado por su enésima crisis sueña con otra gesta en el Bernabéu

Actualizado Viernes, 31 octubre 2025 - 22:05

El Valencia siempre ha sido mal enemigo para el Real Madrid, con partidos cargados de electricidad y polémica aunque los puntos se quedaran en el Bernabéu. Ahora, ni las sensaciones son esas. En abril, un cabezazo de Hugo Duro en el añadido, y un penalti fallado por Vinicius, hicieron que los valencianistas volvieran a ganar después de 17 años. Casi nadie cree en que la proeza se repita.

Este partido es el peor para la crisis que vive el equipo de Calos Corberán. No consigue el entrenador que rescató al equipo casi del descenso que este funcione. Dos puntos en cinco partidos y un juego que ha provocado la bronca de Mestalla. Con siete puntos, otra vez está en la cola de una clasificación muy apretada, se ha de reconocer, pero sin transmitir sensaciones de mejora. El equipo se ha acostumbrado a vivir sobre ese alambre por el que transita desde hace tres años. De hecho, de todos los que merodean por la zona de peligro, es el que más jornadas lleva con la luz roja: 27 en los tres últimos cursos.

«En el fútbol los resultados condicionan muchísimo las sensaciones y los análisis. La línea entre un resultado positivo y negativo es muy fina; sin embargo, las consecuencias a nivel de sensaciones, análisis e interpretaciones son muy dispares», argumenta Corberán, el artífice del milagro que parece haber perdido su don. El Valencia no sólo no gana, sino que su juego es pobre y los jugadores son un manojo de nervios. Eso, ante el Barça, le costó recibir un escandaloso 6-0 en el Johan Cruyff. Ante un Madrid con Kylian Mbappé afilado aún podría ser peor.

Un Madrid "más redondo"

Para el entrenador, la mano de Xabi Alonso se traduce en un equipo «más redondo» que aprovecha «la verticalidad, pero da pausa al juego y ataca más y mejor». «El hecho de que el Madrid use más pases antes de finalizar las acciones hace mas difícil que le puedas sacar contraataques», analizó el valenciano.

En sus 90 visitas a Chamartín, el conjunto che apenas pudo rascar 10 victorias y 14 empates, sin encadenar nunca dos triunfos consecutivos. Tras este duro compromiso completará el mes de noviembre con dos partidos en Mestalla: el domingo 9 ante el Betis (18:30 horas) y el viernes 21, después del parón de selecciones, frente al Levante.

Con esta acumulación de esfuerzos, el partido de esta noche representa un reto mayúsculo, porque el Valencia ni ha conseguido solidez defensiva ni fluidez en ataque . No arranca en colectivo que, con la marcha de futbolistas como Giorgi Mamardashvili, Ezequiel Mosquera, Enzo Barrenechea o Umar Sadiq tiene menos pólvora para resistir en el Bernabéu.