Países Bajos apaga la revolución turca en Berlín y se medirá a Inglaterra en semifinales

Países Bajos apaga la revolución turca en Berlín y se medirá a Inglaterra en semifinales

Países Bajos apagó la revolución turca en Berlín. El conjunto otomano, revelación de la Eurocopa, se adelantó con un tanto de Akaydin a pase de la joya Güler y estuvo a unos minutos de dar la sorpresa y plantarse en las semifinales del torneo, pero entre De Vrij y Muldur, éste último en propia puerta, le dieron la vuelta a su sueño. [Narración y estadísticas (2-1)]

Cada partido de Turquía es una fiesta en Alemania, donde viven casi tres millones de inmigrantes otomanos que cada tarde en cada estadio hacen resonar ese «Ohhhhh Turkiye». Berlín volvió a ser suya, empujando a una selección intensa y divertida sobre el césped, con una sorprendente base de futbolistas del Fenerbahce y el Galatasaray y con Arda Güler y Calhanoglu como estrellas. Sus pies fletan balones que hacen volar a sus centrales, revolución de este torneo y detenidos en la orilla de las semifinales por una poderosa selección de Países Bajos, capaz, como los campeones, de levantarse cuando estaba hundida.

Los de Koeman saltaron al Olympiastadion con ganas de enfrentarse a Inglaterra en la previa de la final. En el primer minuto, Memphis Depay erró una clara ocasión dentro del área y el equipo dominó durante el tramo inicial. Schouten y Reijnders asumieron la posesión y los neerlandeses fueron mejores. Pero Turquía despertó.

Güler se acercó a Montella, hablaron y el conjunto otomano cambió. Dejó jugar a los centrales rivales y presionó cuando Gakpo, Simons o Reijnders tuvieron la pelota. Intensos y generosos en cada esfuerzo, así le dieron la vuelta a las sensaciones del partido.

Ritmo muy alto

Conscientes de que con combinaciones no podrían superar a Países Bajos, Turquía comenzó a buscar balones largos a la espalda de Aké y De Vrij con esos cohetes que tiene en las bandas: Muldur y Kadioglu, a los que Dumfries y Gakpo no seguían en las marcas. El duelo aceleró a un ritmo muy alto, diferente a lo visto en los encuentros de Francia e Inglaterra. Turquía mordió y encontró premio.

Después de un par de centros que murieron en el corazón del área pequeña sin que nadie los rematara, Güler por fin encontró destinatario a sus extraordinarios pases. En el 35, recogió el rechace de un córner y puso un balón magnífico con la derecha al segundo palo de Verbruggen, que dudó lo suficiente como para no llegar y que Akaydin, como hiciera Demiral en octavos, cabeceara a la red.

El shock de Países Bajos fue tan brutal como la locura turca en las gradas. El tanto fue merecido al empeño otomano en buscar el partido, en no tantear a su rival, en asfixiar la insulsa posesión neerlandesa. Baris se hizo grande en punta, forcejeando con el gigante Van Dijk y dando salida a los ataques de su equipo. La pregunta era cuánto tiene podría aguantar Turquía esa sexta marcha.

Gunok, ante Gakpo, tras la acción del 2-1.

Gunok, ante Gakpo, tras la acción del 2-1.AFP

La respuesta, en la segunda parte. El conjunto de Montella se encerró en un 5-4-1 convertido en muro y Países Bajos pasó de jugar al fútbol al balonmano. Posesiones eternas de izquierda a derecha en las que se estrellaban una y otra vez con la defensa. Koeman introdujo a Weghorst para tener un referente y juntó a Depay con Gakpo por el carril izquierdo para generar superioridades, pero Turquía todavía tenía oxígeno para más.

Güler, en una falta provocada por él mismo tras una contra, estrelló un zurdazo extraordinario en el palo neerlandés. Podría haber sido otro milagro. Entre él y Baris Yilmaz volvieron locos a Aké y Van Dijk y rozaron el 0-2 en varias opciones, pero el fuelle, como decíamos, no iba a ser eterno.

Heroico Verbruggen

Mientras Turquía bajaba sus pulsaciones, Países Bajos las aumentaba. Toque, toque, toque y toque buscando el espacio y el error rival. Primero Weghorst no estuvo acertado al rematar un centro de Schouten, pero los de Koeman empatarían el partido tras un gran cabezazo de De Vrij a centro de Memphis. 1-1 y el partido cuesta abajo hacia Ámsterdam.

Era el minuto 70 y Turquía parecía K.O. Un par de jugadas más tarde, en el 75, una desconexión de los otomanos en el rechace de un córner terminó con Dumfries poniendo un balón raso al segundo palo que entre Gakpo y Muldur empujaron a la red de Günok.

En el tramo final, Turquía lo dejó todo. Pudo empatar en millones de ocasiones, todas salvadas por un enorme Verbruggen, héroe de su país y verdugo otomano con varias manos casi imposibles, una de ellas a Kilicsoy cuando la grada gritaba gol. Van de Ven, con un pie salvador, también evitó las tablas en los minutos finales. Llora Turquía y sonríe la infinita afición neerlandesa, feliz hacia una semifinal de máximo nivel contra Inglaterra.

Gakpo y Malen desatan el vendaval de la ‘Oranje’ ante Rumanía para estar en cuartos

Actualizado Martes, 2 julio 2024 - 20:49

Países Bajos lleva mucho tiempo viviendo en la Eurocopa del recuerdo de lo que fue. En los Mundiales suele dejar su sello, lo hizo en Qatar, pero en el continente se baja de la pelea antes de tiempo. 24 años, seis ediciones del torneo, llevaba la 'Oranje' sin superar una eliminatoria, pero deshacerse de Rumanía fue un paseo. Aunque el marcador se mantuvo ajustado demasiado tiempo, los neerlandeses ya no encontraban más formas imaginativas de plantarse en el área rumana. De tanto insistir, llegó. Entre Gakpo y Malen, a quien Koeman sacó del banquillo tras el descanso, liquidaron a la selección de Iordanescu, firme en la fase de grupos, deshecha en el cruce de octavos. [Narración y estadísticas (0-3)]

No entraba Países Bajos en ninguna quiniela de candidatas a ganar la Eurocopa, pero puede que llegue a tiempo. Avanza por la parte cómoda del cuadro y, lo es que mejor, ha crecido con el paso de los partidos. Koeman ha encontrado la tecla y sus jugadores, construyendo desde una defensa hormigonada por Van Dijk, van encontrando los pasillos al área. En su debe ya sólo aparece el acierto, que sigue siendo pobre.

Rumania saltó al césped sin complejos y descarada, tratando de sorprender y darle un golpe de mano al duelo. De hecho pudo haberlo logrado Man con un disparo cruzado buscando la escuadra en la que, solo, voló desde la orilla derecha al centro del área par armar la zurda. Eso fue todo lo que lograron los rumanos. Porque inmediatamente después, las burbujas de su efervescencia desaparecieron y a los 20 minutos ya tenía el marcador en contra.

En las redes de Simons

Gakpo tiró de jerarquía para escaparse por la banda, regatear al lateral del Rayo Ratiu y golpear al palo corto ajustado al poste. No apareció el guardameta Nita para evitar el tercer gol del extremo del Liverpool. Desde ese instante, el partido ya tuvo un dueño sin que Rumanía fuera capaz de evitarlo. Fue como si se hubiera desatado un vendaval, aunque les dio tiempo a cerrar puertas y ventanas. Se sucedieron los ataques y los saques de esquina que, uno tras otro, no se convirtieron en gol.

Muy cerca lo tuvo De Vrij cuando, solo en el segundo palo, recibió la pelota telegrafiada por Memphis Depay. Tampoco es que pudiera abroncarle el delantero del Atlético, que tuvo ocasiones así de claras que tampoco mandó al fondo de la red.

Cuando Rumanía intentaba correr, caía en las redes de Xavi Simons o Schouten y de nuevo arranca un ataque neerlandés. Así toda la primera parte y pudo irse al descando con más ventaja si Simons no se hubiese enredado con la asistencia que le puso Dumfries al punto de penalti, sólo por querer acomodársela a su pierna diestra. La respuesta la tuvo Dragus aprovechando una recuperación de Hagi ante un, por una vez, confiado Van Dijk.

Simons centra de rabona ante Ratiu.

Simons centra de rabona ante Ratiu.AFP

Lo único que cambió tras el paso por el vestuario es que Koeman entendió que Malen le podía poner más picante en la derecha que Bergwijn. Convivir con Rumanía durante 45 minutos más con una ventaja tan corta exigía correr algún riesgo medido. No se equivocó. Malen acabó de redondear el partido más completo de Países Bajos en el torneo, pero costó.

20 saques de esquina

Depay la tuvo antes con un disparo tras una carambola en los defensas que salvó Stanciu casi bajo palos. De ahí no salía. Si en la primera parte los neerlandeses sacaron 10 córners, en la segunda fueron otros tantos. Uno de ellos lo mandó Van Dijk al palo. La descomposición del equipo de Iordanescu ante la mirada contrariada del mítico Gica Hagi en el palco. Nita evitó el segundo de Gakpo, que se recorrió a la carrera todo el campo para llegar a la frontal y armar el tiro que despejó el arquero. De ese córner también pudo nacer el tanto que buscaba, pero lo cazó en fuera de juego.

El partido estaba tan volcado que era cuestión de ir probando a ver cuándo la pelota volvía a entrar. Lo hizo, de nuevo, un desafortunado Depay, que tiró de picardía y, aprovechando que los rumanos no tumbaron a un hombre a los pies de la barrera, lanzó un libre directo rasito que rozó el palo corto. Otra vez la madera impediría aumentar la ventaja cuando apareció Veerman, renacido tras el varapalo ante Austria, para probar. Se acercaba el final y creían las oportunidades, también para Simons, que tampoco acertó. Pero Gakpo estaba empeñado en enterrar a Rumanía, por si se le ocurría resucitar.

Peleó hasta la línea de fondo con Dragusin, que se confió en que la pelota salía. No sólo se la ganó casi pegada al palo, sino que con el exterior le sirvió el tanto a Malen, que aparecía de segunda línea. La tarea ya estaba hecha, pero el jugador del Dortmund quería más. Aprovecharon el último empuje de Rumanía para cazarles en una contra. Robó Simons casi en su área, y lanzó a correr por la derecha a Malen para que amarrara los cuartos de final.

Weghorst da la victoria a Países Bajos ante una Polonia que soñó con la victoria

Weghorst da la victoria a Países Bajos ante una Polonia que soñó con la victoria

Actualizado Domingo, 16 junio 2024 - 16:56

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero en el caso de Ronald Koeman con la Orange, parece que, al menos de momento, ese tópico no se está cumpliendo. Países Bajos, con una selección muy renovada, que tiene en Cody Gakpo, el extremo del Liverpool, su nueva estrella, remontó en su estreno ante una Polonia que aterrizaba en Hamburgo sin Lewandowski, aún lesionado del tobillo. [Narración y estadísticas (1-2)]

El partido comenzó con sorpresa cuando, aprovechando su superioridad por arriba, Buksa, el sustituto del ariete blaugrana, se elevó sobre la defensa holandesa para rematar un excelente saque de esquina de Zielinski en el minuto 16. El golpe hizo daño a los neerlandeses, pero con toque, paciencia y algo de fortuna, Países Bajos pudo empatar con un disparo de Gakpo desde la frontal que toca en un defensa polaco para trastocar la estirada de Szczesny.

La mitad del trabajo estaba hecho y a punto estuvo el del Liverpool de irse al descanso con doblete si su remate a un pase atrás de Aké hubiera encontrado portería. Se lamentaba Koeman desde el banquillo. Tampoco Depay, muy activo durante el encuentro, pudo finalizar con un disparo cruzado en el añadido de la primera parte.

Fiel a su estilo

A la vuelta de vestuarios, el portero de la Juventus evitó que un cabezazo de Dumfries pusiera por delante a la Orange. También la tuvo Simmons, que no pudo materializar un gran contragolpe liderado, cómo no, por Gakpo. A raíz de esa ocasión, Polonia tuvo su momento de dominio y mostró sus armas obligando al arquero del Brighton, Verbruggen, a tapar un disparo de Zielinski.

Países Bajos no cesó en su búsqueda. Las ideas estaban muy claras en un país con una tradición y una historia futbolística de primer orden, pero el gol no llegaba. Koeman, más intranquilo que sus futbolistas, movió el banquillo y renovó por completo el frente de ataque. Fue entonces cuando recurrió a Weghorst, un alto artillero de la vieja escuela, que ya mostró en Qatar su capacidad goleadora y que volvió a serle de utilidad al ex técnico blaugrana. Solo dos minutos necesitó el 9 holandés para enviar a la red un pase por de dentro de Aké al punto de penalti. Alivio y alegría para los miles de aficionados holandeses que no terminaban de verlo claro.

Polonia todavía pudo lograr el empate con un disparo a bocajarro de Piotrowski que se marchó al lateral de la red, pero los tres puntos en un grupo tan difícil, valían oro como para desaprovecharlos. Países Bajos se estrena así con victoria y ya espera a Francia en el siguiente partido de esta fase de grupos.

La paradoja de Países Bajos: 15 futbolistas hijos de la inmigración entre el auge de la xenofobia

La paradoja de Países Bajos: 15 futbolistas hijos de la inmigración entre el auge de la xenofobia

El pasado 22 noviembre, el Partido de la Libertad (PVV) ganó las elecciones en los Países Bajos con un programa donde proponía «una política inmigratoria generalmente más restrictiva». «Queremos menos Islam y lo lograremos gracias a una menor inmigración no occidental y la introducción de un cese general del asilo». Más de 2,5 millones de neerlandeses apoyaron las ideas presentadas por Geert Wilders, líder del PVV, quien seis semanas más tarde filtró al diario The Times otra medida: «Las disculpas del Rey Guillermo Alejandro, a propósito de la esclavitud y las acciones policiales, serán retiradas». Esta retórica, a medio camino entre la xenofobia y la exaltación del pasado colonial, contrasta con la realidad de la selección que hoy debuta ante Polonia en Hamburgo.

Ronald Koeman se presenta en el Volksparkstadion con 15 futbolistas que no encajan precisamente en los esquemas de Wilders. Diez proceden de los territorios de ultramar y cinco son hijos o nietos de inmigrantes africanos. No sólo se trata del 62,5% de los convocados, sino de su columna vertebral. Las familias de Virgil van Dijk y Xavi Simons vienen de Surinam, mientras los ancestros de Jeremie Frimpong y Memphis Depay son originarios de Ghana. El pasado día 6, durante el amistoso ante Canadá en Rotterdam, el lateral del Leverkusen y el delantero del Atlético celebraron el 1-0 con la danza Adowa. «Por supuesto que representamos a Países Bajos, pero lo que hicimos es algo que está en nuestra sangre», comentó Depay sobre el ceremonial.

Según las cifras de 2022 de Statline, la base de datos con la que trabajan las autoridades de La Haya, el 25,2% de los 17,5 millones de ciudadanos neerlandeses son hijos o nietos de la inmigración. Por orden de importancia, destacan los 430.000 procedentes de Turquía, los 419.000 de Marruecos y los 360.000 de Surinam, el gran vivero de su selección. Lejos de aquella Naranja Mecánica de los Mundiales de 1974 y 1978, compuesta exclusivamente por blancos, la Oranje fue incorporando a ídolos como Ruud Gullit, Frank Rijkaard o Patrick Kluivert, con raíces en la ex colonia, que obtuvo su independencia en noviembre de 1975. O Clarence Seedorf, Aron Winter y Edgard Davids, nacidos en Paramaribo, la capital.

El doble caso de Dumfries

En la actual lista de Koeman, además de Van Dijk y Simons cabe mencionar a Georginio Wijnaldum, Donyell Malen, Ian Maatsen, Steven Bergwijn, Ryan Gravenberch y Denzel Dumfries. El caso del lateral del Inter resulta doblemente curioso, ya que su madre es de Surinam y su padre de Aruba, una de las Antillas Holandesas. De Curaçao, otra de esas islas caribeñas que aún forman parte del Reino, procede Lutsharel Geertruida, lateral del Feyenoord.

La diversidad del vestuario parece ajustarse a las evidencias de un censo de las que ni el propio Wilders puede escapar, ya que su abuela nació en Indonesia y su esposa, una inmigrante húngara, tiene raíces turcas. En cualquier caso, el líder ultraderechista ha sabido beneficiarse del odio hacia una población de origen inmigrante que a comienzos de siglo no llegaba a los 2,8 millones y hoy supera ya los 4,2. Josip Kesic y Jan Willem Duyvendak, los sociólogos que más a fondo han estudiado el fenómeno, concluyen sus investigaciones con una paradoja. «La hostilidad hacia los musulmanes y las personas cuyo fenotipo difiere del patrón de holandés blanco, es decir, aquellos que son vistos como extranjeros, podría resultar sorprendente, dada la reputación de los Países Bajos como un país progresista y tolerante».

De acuerdo con el último informe publicado por la Comisión Europea, el 82% de los neerlandeses (22 puntos más que la media comunitaria) considera que la discriminación por origen étnico está muy extendida en su país. Según las entrevistas de este Eurobarómetro, realizadas en abril y mayo de 2023, el 78% (17 puntos más que la media) considera que existe una discriminación muy generalizada por el mero color de la piel.

12 años después de Gdansk

El fútbol, lógicamente, no vive ajeno a la oleada racista. Y en el seno de la Oranje aún recuerdan aquel aborrecible episodio previo a la Eurocopa 2012, cuando sus jugadores escucharon gritos de «mono» durante un entrenamiento, abierto a 20.000 aficionados, en el Stadion Miejski de Gdansk. Hoy, la representación inmigrante dentro del vestuario se ha duplicado. De hecho, alcanza hasta Indonesia, aquel gigante insular de donde llegaron futbolistas de la talla de Sonny Silooy o Giovanni van Bronckhorst y que ahora vuelve a la actualidad gracias a Tijjani Reijnders.

El centrocampista del Milan, llamado a llenar el vacío dejado por Frenkie de Jong, celebró el 11 de mayo un gol contra el Cagliari señalando en su camiseta el melodioso apellido de su madre: Lekatompessy. Aunque ninguna búsqueda de los orígenes como la de Cody Gakpo, referencia goleadora el pasado Mundial de Qatar. En sus últimas vacaciones, el delantero del Liverpool viajó a Togo, la diminuta nación de su padre, para tareas humanitarias. «Es importante devolverles todo lo que pueda». La nómina africana de Koeman se completa con Nathan Aké, hijo de marfileño, y Brian Brobbey, con ancestros en Ghana.

Koeman: “Cruyff cerraba el Camp Nou, se iba a casa y era un hombre de familia. No existía el fútbol”

Actualizado Jueves, 13 junio 2024 - 19:55

Ronald Koeman (Zaandam, 1963) es un hombre relajado. Recibe a EL MUNDO en la concentración de Países Bajos camino de la Eurocopa. En suelo alemán ganó la Orange su único título en 1988. Con presión, pero «diferente» a la que sufría «todos los días» en Barcelona, el técnico recuerda a su «mentor y vecino» Cruyff y se reivindica: «¿El legado? Me seguirán recordando por el gol de Wembley».

Hace tres años, cuando dejó el Barcelona, dijo que era "una liberación", y aquí estamos ahora. Es seleccionador de Países Bajos. ¿Qué siente al volver?
Lo primero y más importante es la gran diferencia entre ser un entrenador de un club y un entrenador de una selección nacional. Es fútbol, es lo mismo, pero no es todos los días. En ese sentido es totalmente diferente, tienes más tiempo libre, puedes hacer otras cosas... No estás todos los días bajo presión, que es la diferencia entre Barcelona y mi trabajo de ahora. Cuando me fui del Barça no dije "nunca más voy a entrenar". Cuando dejé de ser seleccionador para entrenar al Barça era por una buena razón, y después de Qatar he tenido la oportunidad de volver. A mi edad, con mi experiencia, es el mejor trabajo que puedo tener.
¿Más presión o menos que en Barcelona?
Es la misma presión. Jugar una Eurocopa es una presión muy grande en Países Bajos, como lo es en Alemania o en España. Para todos. Pero son cuatro semanas y después de eso la presión será para los entrenadores de los clubes, no para nosotros, esa es la gran diferencia. Y luego, ¡todo el mundo viene feliz a la selección! (risas). Cuando entrenas a un club tienes que ponerles energía... Aquí no. Allí no juegan un fin de semana y se enfadan... Aquí todo el mundo es feliz y vienen con una sonrisa en la cara. La presión estará ahí, es normal, es fútbol, nuestra gente está a unas horas en coche, llenará las gradas...
El único título de Países Bajos llegó en Alemania, en 1988.
Hace mucho tiempo... Mira, somos un país pequeño. Alemania o España son más grandes, es difícil tener éxito. Perdimos en el Mundial del 74, del 78 y del 2010, nos quedamos en semis en 2014... Siempre seremos uno de los equipos que puede ganar a cualquiera y que puede llegar lejos. Siempre producimos buenos futbolistas que juegan en grandes clubes y si no tuviéramos problemas físicos seríamos todavía más fuertes.
Se enfrenta en el grupo a la Polonia de Lewandowski. ¿Qué le ha parecido su temporada?
Todos los jugadores tienen momentos complicados, creo que todavía es un gran jugador, un líder del vestuario, según me dicen en Barcelona. Tiene 35 años, mucha experiencia, es el capitán de la selección... Es un goleador. Cuando no juegas bien te critican fácilmente, pero sigue siendo importante para el Barça y su selección.
En 2022 usted dijo que tenía dudas a la hora de pagar 50 millones, contando el salario, por un jugador de 34 años.
No era tanto sobre Robert sino sobre la filosofía del Barça. Si yo hubiera sido el entrenador del Barcelona en ese momento, me hubiera encantado tener a Lewandowski como nueve, pero creo que es mucho dinero y que si tienes problemas económicos tienes que analizar bien qué tipo de jugadores fichas. Quizás sea mejor firmar a futbolistas con más futuro. En mi opinión, es raro conseguir tu mejor salario con 35 años cuando el mejor periodo de un futbolista es entre 26 y 32. Es raro que un club gaste dinero en jugadores veteranos si no tiene dinero.
Le quería preguntar por el 'Cruyffismo'. Lo vivió tanto en Barcelona como en Países Bajos. ¿Cómo lo definiría usted y cómo ha lidiado y lidia con la presión de ese estilo en el club y en la selección?
'Cruyffismo' es una manera de atacar. Pero atacar no quiere decir un tipo de sistema concreto. En mi etapa como jugador en el Barça, con Cruyff como entrenador, a veces jugabamos sin nueve, Laudrup estaba de delantero pero bajaba al medio, teníamos dos extremos, a veces el extremo era un centrocampista como Eusebio... Es la forma de atacar. Mira al Real Madrid, ellos no se ponen nerviosos si no tienen el balón porque tienen la habilidad de castigar a sus oponentes cuando pueden. En Países Bajos hablamos demasiado sobre sistemas, quizás jugar con 5 atrás es más ofensivo que jugar con 4. Mira el Leverkusen, con 5 atrás y juegan muy ofensivo. ¿Cuál es el sistema? Hay muchas formas de llegar a Roma. A veces vamos demasiado al pasado y el fútbol ha cambiado.
¿Qué significó Cruyff para usted?
Fue la persona más importante de mi carrera futbolística. Le tuve como entrenador en el Ajax, me compró para el Barcelona, fue mi entrenador, mi mentor, mi vecino... Tuvimos tiempo como familia, pasamos juntos cumpleaños de nuestros hijos... Fue muy importante dentro y fuera del campo.
¿Qué aprendió de él?
Que iba siempre muy al detalle del juego porque tenía esa experiencia como futbolista. La manera en la que quería jugar, la confianza en lo que hacía y cómo la traía al equipo... Y luego cerraba la puerta del Camp Nou, se iba a casa y era un hombre de familia. No había fútbol nunca más.
¿Cuáles son los jugadores clave en la selección holandesa?
En mi primera época tuvimos una gran etapa. Mucha gente no tenía expectativas e hicimos las cosas bien. Teníamos a Van Dijk y De Ligt atrás, De Jong en el medio, Wijnaldum, Depay... Era una columna vertebral fuerte. Pero por diferentes razones hemos perdido esa fuerza, las lesiones, los estados de forma... Pero aún así tenemos una gran plantilla, jugadores jóvenes como Simons. Mucho talento.
Llevamos dos o tres años hablando de De Jong y su posible venta. ¿Cree que esto ha podido afectar a su nivel?
No creo que eso le afecte. He hablado regularmente con él sobre muchas cosas y creo que es feliz en el Barcelona y no quiere salir. Las lesiones han afectado a su nivel en los últimos meses, eso desde luego, creo que no estaba al 100% para jugar contra PSG y Real Madrid en los últimos partidos de la temporada, pero necesita tiempo para estar a su máximo nivel.
¿Usted vendería a Frenkie De Jong?
No, en mi opinión no, pero no soy el entrenador del Barcelona ni su presidente. Creo que todos los equipos necesitan mantener a sus mejores jugadores.
Hablando del Barcelona, ¿cree que tuvieron más paciencia con Xavi que con usted?
Sí, ya lo he dicho. No recibí el mismo apoyo por parte del presidente que el que recibió Xavi. En ese momento me despidieron y creo que estábamos a nueve puntos del Madrid. Y ahora quedaron a diez. Para tener éxito tienes que tener el apoyo del presidente.
Usted es una leyenda del Barça y de la selección neerlandesa. ¿Cómo casa eso con sus resultados deportivos como técnico de los dos equipos? ¿Cree que puede afectar a su leyenda?
Cuando paseo por Barcelona noto el cariño de la gente, no es que ahora sea menos cariño porque no han salido bien las cosas. Me recuerdan y me recordarán como el hombre que marcó el gol de la primera Copa de Europa del club. Simplemente es que no recibí el apoyo del presidente.
Mentalmente, ¿entrenar al Barça ha sido lo más duro de su carrera?
Creo que sí, pero porque el Barça es mi club. Tuve una gran etapa como futbolista ahí, tengo amigos en la ciudad, entrenar al equipo era uno de los sueños de mi vida... Eso hace todo más difícil y estresante.
¿Aquí, en Países Bajos, siente la presión del legado?
Si ganamos, mejor. Y si perdemos me criticarán, así es la vida. Pero no matará mi legado, me recordarán como un buen futbolista, entrenador del Barça, jugué para los tres grandes del país... Nadie más. Ese es mi legado.
De centrocampista a centrocampista. ¿Le ha sorprendido la vuelta de Toni Kroos con Alemania?
No, porque creo que es difícil dejar de jugar para tu país. Es un grandísimo jugador y su entrenador estará muy feliz. Alemania es muy fuerte, creo que han tenido algunas críticas pero cuando jugaron en Francia, con Kroos, mostraron un nivel extraordinario. Estoy muy impresionado con Musiala, lo que hizo en la Champions, con 20 años... Son una de las favoritas. Musiala y Bellingham, con lo que han hecho en la Champions, son los dos jóvenes que lideran esta generación.
¿Qué diferencias observa entre esta generación y la de hace años?
El fútbol es más físico, pero el fútbol sigue necesitando jugadores con talento técnico y táctico. Jugadores que han sido buenos en el pasado y siguen siendo buenos ahora, que tienen un gran primer toque, buen pase, buena visión, inteligencia... Eso es bueno, porque sino seleccionaríamos a los que corrieran los 100 metros en seis segundos y ya está, y eso no es fútbol. Jugadores como Kroos son necesarios.
El magnético naranja de Holanda en la Euro'88: la camiseta que detestaban los campeones

El magnético naranja de Holanda en la Euro’88: la camiseta que detestaban los campeones

El 15 de junio de 1988, tres días después de la derrota de Holanda ante la URSS (0-1), el diario De Telegraaf publicaba, bajo el título Una camiseta extraña, un suelto en su cuarta página, inserto en la sección de sociedad, que arrancaba así: "Los futbolistas son muy supersticiosos, ¿verdad? Bueno, entonces ya sé por qué perdimos contra los rusos: nuestras camisetas no estaban a la altura. Un débil color naranja con cuadros y rayas blancas. Las llaman 'alambre de pollo' y 'mierda de pollo'. (...) En los años 50, Abe Lenstra y Faas Wilkes jugaban con un naranja nítido, pantalones blancos y medias azules. Johan Cruyff y los suyos, con una camiseta naranja, pantalones negros y medias naranjas. ¡Y ahora esto!" Apenas 10 días más tarde, poco antes de saltar al césped para disputar la final de la Eurocopa, Ruud Gullit aún miraba con recelo la equipación de Adidas. Y no era el único. La mayor parte del vestuario compartía la opinión de su capitán. John van' t Schip, extremo derecho del Ajax, lo había dejado claro ante la prensa: "Parecemos peces dorados. Pero mientras sigamos ganando, la mantendremos".

En realidad, ni uno de los futbolistas de la Oranje dudaba de la victoria en el Olímpico de Múnich. Sería la revancha ante los soviéticos, sus verdugos en el debut. El viernes, víspera de la final, la expedición al completo, encabezada por Rinus Michels, había acudido a un concierto de Whitney Houston. La charla previa del seleccionador, según confesaría años más tarde el propio Gullit, resultó más bien una súplica: "Necesitaba tener la mente en otra cosa, pero ahora que estamos aquí, por favor, mantened la concentración y ganad el partido". No fue el éxito del fútbol total, ni de la Naranja Mecánica. Holanda conquistó la Eurocopa de 1988 gracias a la voluntad y la determinación. Lo hizo con la camiseta que sus estrellas detestaban. La que les habían proporcionado desde la odiada Alemania. La joya de la geometría que hoy ocupa un lugar de honor en la historia del diseño futbolístico.

Ina Franzmann apenas sabía nada de balones cuando en 1984 fichó por Adidas como asistente de diseño. Su formación y su bagaje profesional previo se remitían a la alta costura. Sin embargo, pronto empezó a cautivar a los altos mandos de Herzogenaurach, atrapados por entonces en uno de los momentos más críticos para la compañía. Mientras Horst Dassler se debatía entre llevarse o no la producción a Extremo Oriente, Nike y Reebok ganaban posiciones. Y mientras Hummel presentaba en el Mundial de 1986 la camiseta de Dinamarca, la primera con un estampado gráfico completo, los creadores de Dassler seguían instalados en el conservadurismo. Quizá por eso fue el mismo Horst quien dio la orden de que la camiseta de Alemania para la Euro'88 incorporase, por vez primera, los colores de la bandera.

La influencia del tenis

Aquel encargo pasó de inmediato a manos de Franzmann. Su departamento apenas contaba con cuatro personas, pero también asumiría la petición holandesa. "Manejábamos distintas opciones y pensamos en qué selección encajarían", explicó Jürgen Rank, por entonces un aprendiz, hoy jefe de diseño en Adidas. Para Holanda quedaría la detonación de motivos geométricos, técnicamente bautizados Ipswich Template, en honor al club de la Premier League, uno de los 29 equipos que aquel año se animaron con ella. También la URSS, aunque en los dos duelos directos frente a los campeones vistiese otra versión en blanco bañada de clasicismo. "Si hoy asumes una decisión tan extrema, la gente enloquecería en las redes sociales" sostenía Rank.

En aquella época, Franzmann y su equipo trabajaban a mano, sin ninguna ayuda de ordenadores. Se trataba de una labor artesanal, pero con bastante libertad creativa y una evidente influencia del tenis. Porque Adidas nunca hubiese apostado por los rombos en la camiseta de Bélgica para la Eurocopa 1984 de no ser por el precedente de Ivan Lendl, que los lucía por cada Grand Slam desde 1982. De igual modo, los motivos abstractos de Stefan Edberg y Steffi Graff también terminarían llegando al césped unos años después.

El 9 de abril de 1987, unas semanas después de su 51º cumpleaños, la repentina muerte de Horst Dassler sumió a Adidas en el desamparo. Para comprender la influencia del patrón baste enumerar a quienes acompañaron a su viuda durante las exequias: Juan Antonio Samaranch, presidente del COI, y Sepp Blatter, secretario general de la FIFA. Según los cálculos de Barbara Smit, autora de Hermanos de Sangre (LID, 2007), entre 1987 y 1992 la firma del trébol tuvo que despedir a casi la mitad de su plantilla (de 11.000 a 6.400 empleados). Durante ese mismo periodo, el catálogo de productos se redujo en más de un 60%. El nombramiento del joven René Jäggi como sucesor tampoco iba a aliviar la situación.

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Roddy Campbell, director de márketing, descubrió en los libros de cuentas que Adidas seguía entregando un millón de marcos anuales al seleccionador Franz Beckenbauer. Y que la principal obsesión de la cúpula directiva era convencer a los dos únicos clubes de la Bundesliga que aún no habían sucumbido a sus encantos. Por no mencionar los pagos regulares a uno de los hijos de Samaranch, sin que mediase ningún tipo de relación comercial entre las partes. Sobre este delicadísimo contexto se entiende mejor la relevancia de Franzmann en la historia de Adidas. Sin la explosión de su fabulosa creatividad en 1988, el gigante nunca habría mirado de igual modo hacia el futuro.

Desde el momento en que Marco van Basten giró su tobillo derecho, casi de espaldas a puerta, para conectar aquella fabulosa volea ante Rinat Dasaev (2-0), el Ipswich Template holandés se convirtió en referencia y fuente de inspiración. Un Santo Grial para los coleccionistas, fascinados por la combinación entre su majestuosa simetría y el impacto de los tonos naranja. En 2021, un experto en la materia llegó a identificar hasta seis ediciones diferentes, distribuidas en países tan remotos como Argentina, Irlanda, Japón, Alemania o Yugoslavia. Sus precios en el mercado oscilan entre 300 y 3.000 euros.

"Devolvednos nuestras bicicletas"

Su halo mítico se mantiene ajeno a las reticencias de los campeones, que veían en ella simples escamas. Pero es que aquella plantilla, más allá de la creatividad, fluidez y versatilidad de su juego, rara vez cumplió con lo que de ella se esperaba. "El mejor partido que jugamos, el del debut, lo perdimos. Nuestra peor actuación fue la final, pero ganamos, simplemente porque convertimos nuestras ocasiones. Los soviéticos jugaron algo mejor, así que era algo del destino que alzáramos el trofeo", declaró Gullit. La estampa de Hans van Breukelen apretando las clavijas a Igor Belanov antes de pararle un penalti dejó claro el carácter del equipo.

Holanda se manejaba muy bien en los otros registros del fútbol. Y contaba, para qué negarlo, con algún muerto en el armario. Van Basten, por ejemplo, meditó muy seriamente abandonar la concentración tras su primera suplencia, en favor de John Bosman; Van Breukelen se hizo famoso por su "¡Ojalá te mueras!" a Lothar Matthäus durante la turbulenta semifinal ante la RFA, donde Ronald Koeman tampoco dudaría en limpiarse el culo con la camiseta de Olaf Thon. Tras el 1-2 en Hamburgo, la euforia era tal que Gullit solicitó permiso a Michels para organizar una fiesta, a la que invitaron incluso a los periodistas. No sólo se trataba de la revancha por el Mundial de 1974. Era un clima de exaltación patriótica que amenazaba con echar abajo los pólderes.

"Los sobrios, sensatos, tranquilos y prudentes holandeses se volvieron completamente locos de alegría. Nueve millones organizaron la mayor fiesta que se había visto en el país desde la Liberación", escribe David Winner en Brilliant Orange: The Neurotic Genius of Football (Bloomsbury, 2001). Los más de 50.000 hinchas que invadieron Múnich para disfrutar de la final en directo gritaron hasta enronquecer: "¡Devolvednos nuestras bicicletas!" Era su peculiar desquite, cuatro décadas postergado, ante el terror nazi.

"Fue la equipación más fea de toda mi carrera"

Ruud Gullit

Tras aquellos cinco partidos, Holanda jamás volvió a lucir su fantasía en poliéster y algodón naranja. Durante la clasificación para el Mundial de Italia regresaría a un tono plano y sin ostentaciones. En cambio, Alemania sí dio continuidad al diseño de Franzmann. Y sobre su mítico estampado pudo bordarse la tercera estrella de campeona en el Olímpico de Roma. Todo gracias a una intermediación al más alto nivel. "Teníamos muchas ideas más, pero ninguna tan buena. Poco antes de que acabara la Eurocopa nos reunimos con Beckenbauer, quien propuso continuar con ella hasta el Mundial", relató la diseñadora.

A Michels, apodado El General, le traía al fresco la revolucionaria Ipswich. A Gullit, su capitán, más bien todo lo contrario. "Significa mucho para mí, porque nos ayudó a ganar el título, pero fue la equipación más fea de toda mi carrera", confesó en 2018 durante un evento organizado por Classic Football Shirts. Parecía como si en la memoria del Balón de Oro de 1987 aún perviviesen aquellos funestos presagios en De Telegraaf. "Estas camisetas de moda saldrán a la venta después del campeonato. Me parece bien, siempre y cuando nuestros futbolistas vuelvan a jugar con la patriótica naranja y azul. Quizá entonces ganen de nuevo".