Rendidos a Unai Emery por la metamorfosis del Aston Villa: “Es un enfermo por ganar partidos, un genio”

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En la primera de 2019, el Aston Villa festejó su regreso a la Premier League en un ascenso que se jugó con el Derby County. No se pareció a lo que vivieron anoche en Estambul. John McGinn y Tyrone Mings alzaban al cielo el trofeo de la Europa League con el recuerdo de aquello que vivieron hace siete años, y cómo sufrieron luchando por la supervivencia después, cuando la Premier les condenaba con una exigencia atroz. Ahora que tocan la gloria saben que esa metamorfosis que los ha hecho campeones tiene un responsable: Unai Emery.

No hay jugador que no se haya rendido al técnico de Hondarribia, y no solo por el palmarés de cinco Europa League que le hacen entrar en el selecto grupo de los cuatro entrenadores que han ganado cinco grandes títulos europeos: Ancelotti, Mourinho y Trapattoni. A él solo le falta una Champions, que buscará con ahínco. A Emery le respetan por convicción y por otros números.

"Es un genio, un entrenador de clase mundial", decía el capitán McGinn, a quien ha convertido en ejemplo de sus compañeros y en imprescindible en su once... y en el de Escocia. Menos sorprendido está el Dibu Martínez, que ya le conoció en el vestuario del Arsenal y le vio perder su única final europea contra el Chelsea. "Es un enfermo por ganar partidos, un ganador como yo. Lo quiero mucho", confesaba el argentino, que fue a buscarlo nada más ser campeones para subirlo a hombros y que la grada lo homenajeara.

No dudó en aplaudirle y abrazarle Nassef Sawaris, el magnate egipcio copropietario del Villa. Él fue quien buscó a Emery para encomendarle el proyecto de volver a hacer grande a los villanos. Le entusiasmó su manera de superar eliminatorias europeas. Lo ha hecho en Champions, llevando al Villarreal a semifinales o al propio Aston Villa a los cuartos de final, pero donde más ha brillado es en la Europa League, que bien podría rebautizarse como la Emery League.

Han sido nueve participaciones, dos con el Valencia, tres con el Sevilla, dos con el Arsenal y una con Villarreal y Aston Villa, para sumar cinco títulos. Más de la mitad de veces que el vasco ha disputado la competición, la ha ganado. Esta temporada, además, lo ha hecho perdiendo solo dos de los 15 partidos: en la liguilla ante el Go Ahead y en la ida de semifinales ante el Nottingham Forest. En total, en tres años ha conseguido con los villanos 27 victorias en Europa.

Sin embargo, a él no hay quien le separe de la modestia, ni siquiera haber conseguido hacer feliz al Príncipe de Gales. Enamorado del Aston Villa, el Príncipe Guillermo vio desde el palco a su equipo proclamarse campeón. Cuando ganaron la Copa de Europa en 1982, aún no había nacido, así que fue su primera vez, como la de tantos otros villanos que llenaron las gradas del Besiktas Park y celebraron pese a la incesante lluvia que apareció al final del partido.

"Estoy muy contento porque he tenido la suerte de estar en grandes clubes que me han enseñado a querer esta competición. Y también la suerte de tener jugadores que han mostrado un gran compromiso respetando al rival y yendo a por la victoria", explicó Emery al final del partido."El Aston Villa se merece este título por lo que está trabajando para conseguir recuperar emociones olvidadas", añadió. Llegarán más. Palabra de Emery.

Emery engorda su historia europea haciendo campeón de la Europa League al Aston Villa

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Unai Emery no es un mago, pero no es descabellado pensar que tiene poderes. Al menos cuando disputa la Europa League. Final que juega, título que gana. Tras Sevilla y Villarreal, ahora ha llevado al Aston Villa a la gloria. Una sequía de cuatro décadas se rompió bajo el cielo de Estambul, triturando al Friburgo hasta desdibujarlo para ser campeón. No es magia, es disección de rivales hasta la obsesión, concentración, esfuerzo, mentalidad ganadora. Es el reto permanente para él mismo y sus jugadores, que comprueban que sus herramientas les hacen mejores. Todo eso es Emery, Mr. Europa League.

En esta final, durante muchos minutos pareció que no pasaba nada. El Friburgo necesitaba sacudirse los nervios de novato y el susto que le provocó que, en el minuto 2, Atubolu tuviera que volar para despejar un peligroso disparo de Morgan Rogers. El Aston Villa no tenía prisa. Mandaba y consiguió instalarse en el borde del área de los alemanes, donde Watkins se batía en duelo con Lienhart, pero aparecían poco sus mejores escuderos: Emi Buendía y el capitán John McGinn. Se acercaban los villanos y Rogers fue el siguiente que probó con un tiro lejano que no pudo ajustar entre los tres palos.

Necesitaba el Friburgo subirse al partido y lo hizo a balón parado, un arma que manejan los dos equipos y que tardó en aparecer para acabar siendo decisiva. En el minuto 17, Grifo puso una falta al corazón del área y el rechazo de Lindelöf lo cazó Höfler, en su despedida del fútbol profesional, con un disparo que rozó el palo del Dibu Martínez. No habían amenazado ni el veterano Grifo ni Beste. Pocas ocasiones y poco riesgo en la primera media hora, aunque todo empezó a cambiar.

El equipo de Julian Schuster se soltó y Matanovic, correoso, le robó el balón a Tielemans para asistir a Manzambi, que se precipitó con un tiro lejano que atajó el meta argentino con comodidad. La réplica la dio Oli Watkins, que se empachó de recortes y no vio cómo McGinn aparecía solo por el costado izquierdo del área. Solo era cuestión de elegir bien, porque al Aston Villa le costaba muy poco armar peligro. Antes de que se desataran sus minutos más voraces, Manzambi rompió a Cash por la orilla izquierda y puso un centro perfecto que no encontró rematador.

Cuando el descanso asomaba, los villanos inclinaron la final. Digne, sujetado en defensa durante demasiados minutos, provocó el primer córner en el minuto 40. Oro puro para Unai Emery, que tiene una pizarra mágica. La varita, en realidad, la maneja su ayudante, Austin McAfee, que le ha dado hasta 25 goles en una temporada. En Estambul, encarriló el primer trofeo europeo en 44 años. Digne se apoyó en corto en Morgan Rogers y, cuando todos esperaban un centro al área, la puso en el pico contrario, donde apareció Tielemans para marcar con un golpeo seco en diagonal. Ahí comenzó un agobio que llevó al Friburgo a pedir la hora. Se temía lo que pasó. En el añadido, Buendía amplió el marcador con un zurdazo de rosca imparable.

Volvió a demostrar Emery que maneja como nadie el arte de maniatar a los rivales, porque los alemanes no lograron recomponerse en el inicio de la segunda parte. Ni cuando Watkins estuvo a punto de cazar el tercero, que no tardó en caer.

Ocurrió cuando Buendía quiso. Apareció por la banda, quebró dos veces a Kübler y asistió a Rogers que apareció en el primer palo para empujar la pelota donde el cancerbero alemán ya no llegaba. No había dudas de que la Europa League iba a viajar a Birmingham. No solo por el abultado resultado, sino por las pobres sensaciones del Friburgo, que suspiró aliviado cuando ni Waltkins ni Buendía ni McGinn fallaron el cuarto. Era suficiente para enloquecer hasta al Príncipe Guillermo, un villano más en el palco.

Emery y su sexto desafío en la Europa League: de la psicología deportiva al ajedrez para hacer al Aston Villa campeón

Emery y su sexto desafío en la Europa League: de la psicología deportiva al ajedrez para hacer al Aston Villa campeón

Recorrer el túnel de vestuarios de Villa Park es encontrarse de frente con un pasado glorioso que, durante años, intimidó a jugadores y entrenadores, pero que desde noviembre de 2022 es un impulso, un reto, un objetivo. El Aston Villa fue campeón de la Copa de Europa en 1982 ganando al Bayern de Múnich (1-0) y hay una generación que no recuerda ver a su equipo campeón. Han pasado 44 años de aquella final y 20 de la última Copa de la Liga inglesa, una travesía en el desierto, con descensos , amenazas de quiebra y ascensos que acabó en noviembre de 2022 con la llegada de Unai Emery.

El técnico vasco, Mr. Europa League por los cuatro títulos y las cinco finales que ha disputado, ha vuelto a hacer brillar el nombre de los villanos en Europa y, ante el Friburgo en Estambul, lograr que vuelvan a ser campeones. No se fía de los alemanes ni le gusta la condición de favorito, aunque no tiene más remedio que asumirla. «Es un desafío. Tenemos confianza, pero si no respetamos al Friburgo estaremos cerca de perder», advirtió en las tripas del estadio del Besiktas antes de su sexta final.

En los últimos meses, ha apartado la lectura de libros de psicología deportiva y se ha lanzado al ajedrez. Partidas cortas, de tres minutos online, que le permiten ejercitar la concentración. «Me sirve para entender el fútbol, porque un error te puede costar la partida», explica. Y repite una frase que intenta que cale en sus jugadores. «Ante un equipo que puede ser inferior, la concentración es esencial. Porque si cometes un error, te ganan», insiste el vasco, a quien lo peor que se le puede decir es que su equipo carece de identidad o que «no se sabe a lo que juega». No es el caso del Aston Villa, anclado en jugadores como el Dibu Martínez, Douglas Luiz, McGinn, con el brazalete, Buendía y Oliver Watkins.

El capitán y Tyrone Mings aún recuerdan el playoff de ascenso a la Premier en 2018. «Ha sido un viaje brillante, con altibajos, incluso cerca de volver a descender. Es un momento de orgullo para mí», confesó el escocés, a quien Emery le retó para que marcara al menos diez goles y lo ha logrado. «Espero que pueda llegar el 11 o el 12 en la final», bromeó.

A Unai no le gustan los halagos, se protege de ellos porque anticipan críticas, pero es imposible esquivarlos en Birmingham. Ha conseguido una comunión con la afición a base de trabajo, esfuerzo y resultados. En los primeros meses, regresó a las competiciones europeas, a la Conference League, donde se quedó en semifinales con el Olympiacos, pero ya había logrado colarse entre la élite de la Premier y poner un pie en la Champions. En la máxima competición, el rendimiento fue notable, pero se cruzó con el PSG en cuartos de final. La diferencia de goles en una Premier desquiciante le privó de volver a intentarlo, pero la Europa League le da revancha y le permite seguir la progresión marcada.

Justo lo que Nassef Sawiri y Wesley Edens, los magnates egipcio y americano propietarios del club, buscaban cuando sacaron a Emery del Villarreal. «Estaban atraídos por los éxitos en Europa, por la capacidad para superar eliminatorias del KO y para construir equipos competitivos», confesaba el entrenador en los primeros meses. Le dieron plenos poderes para «organizar y estructurar» toda la parcela deportiva. Hasta reorganizó la ciudad deportiva de Boodymoor Heath. Todo lo que se esperaba de él lo ha logrado. Emery se ha convertido en uno de los mejores técnicos, rodeado de un equipo de confianza que le fortalece, desde el director de operaciones, Damià Vidagany, su mano derecha, hasta Paco Ayestarán como segundo entrenador o Roberto Olabe como director de fútbol desde que, a principios de temporada, Monchi dijo adiós.

¿Por qué tiene un idilio con la Europa League? «Porque es la competición que más ha jugado», recuerdan desde su entorno, sin dejar de recordar que con el Villarreal llegó a semifinales de Champions, y cayó ante el Liverpool, y con el PSG fue eliminado en octavos ante Real Madrid y Barça, «no sin polémica arbitral», insisten.

Si Emery es reconocido por su meticulosidad para desactivar rivales, sus esfuerzos se centran tanto o más en la fortaleza mental. Eso es lo que pide a sus jugadores antes de jugar esta final: «Necesitamos ser maduros y responsables. Hemos construido esa mentalidad durante toda la temporada, por eso estamos aquí», advirtió. Desde que cambió las botas por el banquillo en el Lorca, su ambición técnica y táctica ha ido de la mano del trabajo para crear grupos capaces de mejorar también en ambición. «Desde que empecé a hacer los cursos de entrenador, leía mucho al argentino Marcelo Roffé, y he tenido presente mucho de lo que dice. Jugarán las emociones y habrá presión, pero tiene que ser positiva», confesaba.

Ha llegado y enfocado el deseo de sus jugadores... y de sus fans. «Sin límites para nuestros sueños», rezaba la pancarta con que le recibieron los villanos en el primer partido de esta temporada en Villa Park ante el Newcastle. Bajo el cielo de Estambul, pueden hacerlos realidad.

El Friburgo aplasta al Celta en Balaídos

El Friburgo aplasta al Celta en Balaídos

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El Friburgo goleó nuevamente al Celta en Balaídos, donde exhibió todo su repertorio futbolístico para poner fin al viaje europeo del equipo gallego, que se despide de la Europa League con un abultado resultado global de 6-1 favorable al equipo alemán.

El físico del Friburgo ahogó al Celta, incapaz de superar las marcas individuales que le planteó nuevamente Julian Schuster. Fer López, la apuesta de Giráldez para desarmar al rival, apenas entró en juego. Fue un querer y no poder del equipo gallego, nulo en ataque durante toda la eliminatoria.

La superioridad alemana fue aplastante. Se repitió la historia de hace una semana en el Europa-Park Stadion. La distancia entre ambos equipos en estos momentos es sideral. Al Celta le faltó el fútbol que suele aportar Iago Aspas, al que Giráldez recurrió en el intermedio con la eliminatoria sentenciada.

El Celta tampoco salió ganador de las segundas jugadas ni de los balones en largo. La eliminatoria ante el octavo clasificado de la Bundesliga evidenció que todavía está lejos de competir con los grandes de Europa. Un buen ejemplo es que Borja Iglesias, acostumbrado a ganar muchos duelos en LaLiga, fue fácilmente sujetado por los centrales Ginter y Lienhart.

La única vez que el Celta dio la sensación de dañar al Friburgo fue tras una pérdida del suizo Manzambi, de nuevo imperial en Balaídos. Pero Ferran Jutglà se empachó de balón y dejó la jugada en nada, pese al buen desmarque de Borja Iglesias.

El Celta se sentía inferior. No encontraba la forma de dañar a un rival al que le bastó con estar organizado para no sufrir, antes de que el croata Igor Matanovic, con una espectacular volea desde fuera del área, enmudeciese Balaídos en el minuto 35. El árbitro inglés, después de ser revisada la jugada en la sala VOR, concedió su golazo.

El tanto aturdió definitivamente al Celta, al que antes del descanso el japonés Suzuki terminó de rematar. 0-2 y eliminatoria resuelta pese a los cuatro cambios de Giráldez en el descanso (Aspas, Williot, Jones El-Abdellaoui y Carreira sustituyeron a Moriba, Javi Rueda, Moriba y Yoel Lago). Si había alguna duda, Sukuki firmó su doblete nada más reanudarse el segundo acto, para enterrar definitivamente el sueño celeste.

A partir de ahí, el equipo alemán se relajó y el duelo se igualó. Derry Scherhant rozó el cuarto de los suyos nada más entrar al partido. Luego, Fer López, Jones El-Abdellaoui, en dos ocasiones, Williot Swedberg y Jutglà tuvieron el tanto de la honra para los celestes, a los que Aspas dio otro aire en ataque. En la prolongación, lo acabó consiguiendo el sueco Swedberg.

Desastre del Celta en Alemania y fiesta del Rayo en Vallecas

Desastre del Celta en Alemania y fiesta del Rayo en Vallecas

El Celta sufrió una dolorosa derrota en Friburgo y necesitará un milagro en Balaídos para pasar a las semifinales de la Europa League, donde intentará llegar el Betis, que el miércoles empató contra el Braga en Portugal. El duelo español antes de la final se ha complicado más de lo esperado tras el contundente 3-0 de los gallegos en Alemania. El drama de los celestes empañó un jueves que había empezado con grandes noticias en el Estadio de Vallecas, donde el Rayo dio un paso de gigante para alcanzar las semifinales de la Conference League tras vencer al AEK de Atenas por 3-0.

El Celta saltó con miedo al campo del Friburgo. Blando, atemorizado, sin intensidad en los duelos individuales y un peldaño por debajo del nivel requerido a estas alturas de la competición. Como si los futbolistas de Claudio Giraldez hubieran infravalorado al conjunto germano, que el pasado fin de semana estuvo a punto de dar la sorpresa contra el Bayern. En el minuto 80 ganaba 2-0, y aunque terminó perdiendo ante los de Múnich, dejó un aviso importante al Celta.

Dicha advertencia no hizo efecto en el vestuario vigués, que cuajó una desastrosa primera parte que podría ser decisiva en la eliminatoria. Grifo abrió el marcador en el minuto nueve con un gran gol desde fuera del área y Beste, en el 31, amplió el delirio local al aprovechar la pasividad de la defensa gallega.

Intento tras el descanso

El Friburgo no bajó la marcha y se encontró con el larguero antes del descanso, al que se llegó con un enfado monumental de Claudio Giraldez. El entrenador del Celta trató de revolucionar a su equipo con dos cambios en el intermedio, Fer López y Jones El-Abdellaoui, además de incluir más tarde a dos veteranos como Vecino y Aspas, pero su plan no funcionó. En el minuto 77, Ginter, libre de marca y de cabeza, marcó el tercero, que hundió todavía más las opciones del Celta en el cruce. Fer López tuvo una clara ocasión para anotar el tanto del honor y dar algo de luz a la pesadilla gallega, pero falló en el remate.

En Vallecas, el Rayo logró una enorme victoria gracias a los tantos de Ilias Akhomach, Unai López e Isi Palazón, y podrá viajar a Grecia con la tranquilidad de haber sacado un sobresaliente en el partido ida. Sus semifinales están más cerca.

Plácida clasificación del Betis a costa del Panathinaikos

Plácida clasificación del Betis a costa del Panathinaikos

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El Real Betis se ha clasificado este jueves para los cuartos de final de la Liga Europa gracias a su goleada (4-0) sobre el Panathinaikos, en un encuentro en el que Aitor Ruibal y el marroquí Sofyan Amrabat remontaron la eliminatoria en la primera parte y Cucho Hernández y Antony la liquidaron en la segunda.

Se trata de la primera vez, tras seis intentonas fallidas, que el Betis supera los octavos de final de la segunda competición europea y lo hace a costa del equipo entrenado por el español Rafa Benítez, que vio quebrada en La Cartuja una racha inédita en su historia de nueve partidos invicto en los torneos continentales.

La doble punta alineada por Pellegrini equilibró enseguida la eliminatoria, después de que Pau López desbaratase con el pie el primer acercamiento peligroso de Pellistri, gracias a un zambombazo tremendo de Cucho Hernández que repelió el larguero y remachó, a placer, un Ruibal muy atento a la continuidad de la acción.

El primer tiempo transcurrió con ambas escuadras más pendientes de conservar el emparejamiento igualado que de cobrar ventaja, si bien el Betis avisó con un disparo con rosca de Antony que rozó la escuadra y el delantero visitante, Tetteh, se mostraba amenazante con su trabajo entre los centrales.

Al borde del descanso, sin embargo, Amrabat puso en ventaja a los andaluces gracias a un disparo muy lejano entró por la escuadra y que culminaba una acción litigiosa, pues Abde la dio por concluida al recibir en claro fuera de juego que no decretó el asistente y el VAR consideró que el remate del marroquí pertenecía ya a una acción diferente.

El paseo del Betis

La segunda mitad fue un paseo para los béticos, que terminaron de decantar la eliminatoria con un tercer gol, al poco de reanudarse el encuentro, de bellísima factura, ya que lo hizo Cucho Hernández al culminar una jugada colectiva iniciada por un toque de cabeza de Fornals hacia Ruibal, quien asistió al primer toque al delantero colombiano.

El equipo local atacaba en oleadas ante la pasividad de un conjunto griego superado por el alto ritmo de circulación de pelota y lo velocidad de los dos extremos locales, que fabricaban el cuarto gol mediante una incursión supersónica de Abde por la izquierda, cuyo pase de la muerte convirtió Antony.

En los veinte minutos finales, ante el delirio de La Cartuja, el portero Alban Lafont se convirtió en el futbolista más destacado del Panathinaikos, ya que evitó con sus paradones ante Abde y Antony, que se plantaron solos ante él tras ganarle la espalda a sus defensores, disparasen el tanteo.

El Celta se exhibe en Lyon y avanza a cuartos de final

El Celta se exhibe en Lyon y avanza a cuartos de final

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El Celta de Claudio Giráldez sigue haciendo historia y este jueves certificó su clasificación para los cuartos de final de la Liga Europa, en los que le espera el Friburgo alemán, tras asaltar el estadio del Olympique de Lyon con goles de Javi Rueda y Ferran Jutglà en la segunda parte 0-2).

El Celta fue muy ambicioso desde el inicio. Jugó con una madurez impropia de un equipo tan joven. Claudio Giráldez eligió a Fer López antes que al capitán Iago Aspas para ir a buscar al Lyon en campo contrario. Una declaración de intenciones que sorprendió al equipo de Paulo Fonseca, que esperaba a un rival metido atrás para salir al contraataque.

Y nada más arrancar el choque se produjo la jugada que pudo marcar el duelo. El argentino Nico Tagliafico pisó claramente a Javi Rueda dentro del área, pero el árbitro bosnio Irfan Peljto y el escocés Andrew Dallas, en la sala VOR, no señalaron penalti para desesperación del celtismo

La paciencia del Celta

El Celta no se descompuso. Se mantuvo fiel a su estilo y el Lyon apenas salía de su campo. Sobrepasado el cuarto de hora de juego, el árbitro bosnio castigó una entrada del senegalés Niakhaté sobre el omnipresente Javi Rueda con tarjeta roja directa, quizá para compensar su grosero error anterior.

Esa acción obligó al Lyon a un ejercicio de supervivencia defensiva, como en la ida le tocó al Celta por la expulsión de Borja Iglesias en el arranque del segundo tiempo. Pablo Durán fue el primero en amenazar, antes de que el eslovaco Grief sacara una gran mano para evitar el tanto del sueco Williot Swedberg.

El duelo tenía color celeste. Fer López, tras una gran acción individual, rozó el gol en el minuto 36. Lo impidió, de nuevo, Grief, decisivo para que el marcador no se moviese antes del intermedio.

Giráldez dejó en el vestuario a los dos jugadores amonestados, el extremo sueco Williot Swedberg y su compatriota Carl Starfelt. Fonseca también movió ficha y retiró a Yaremchuk para dar entrada al estadounidense Tessmann. El guion, eso sí, no varió, con el Lyon centrado únicamente en defender el empate inicial.

El gol de Rueda

Pero el Celta encontró en Hugo Álvarez otro argumento para castigar a la defensa francesa. El canterano generó peligro cada vez que entró en juego. Además, Rueda continuó siendo un puñal por el costado derecho. Sin ser demasiadas claras, las aproximaciones celestes se acumulaban.

Faltaba el gol. Hasta que Javi Rueda, que ya había marcado en la ida, abrió la lata tras culminar un centro de Álvarez en el minuto 61.

El 0-1 obligó a Fonseca a meter en el campo a los dos jugadores que venían de lesión, el goleador checo Sulc y el portugués Afonso Moreira. Su equipo se lanzó a por el empate. El Celta casi ni sufrió y en el tiempo añadido, en un rápido contraataque, Jutglá mató el partido para meter a su equipo en cuartos de final de una competición continental nueve años después.

Debacle del Betis, aguanta el Celta y subidón del Rayo

Debacle del Betis, aguanta el Celta y subidón del Rayo

No fue la debacle inglesa en la Champions, pero la igualdad terminó por brindar suerte desigual a los españoles en este jueves europeo. En Europa League, el Betis se ahogó en Grecia (1-0), el Celta aguantó a duras penas al Olympique de Lyon de Endrick en Vigo (1-1). Sin embargo, el Rayo puso pie y medio en cuartos tras derrotar al Samsunsport turco en su feudo (1-3)

Quizás el conjunto de Pellegrini era uno de los equipos más temibles en esta Europa League. Pero el finalista de la Conference el curso pasado no termina de encontrar su juego en los últimos partidos y tampoco lo hizo en Grecia, donde cayó derrotado por el Panathinaikos de Rafa Benítez, pese a que jugó casi media hora con uno más.

Una primera parte pareja, pero con pocas ocasiones dio lugar a un segundo tiempo algo bronco y espeso, con retales de Cucho o Antony, pero sin verdadero peligro. Luego llegó la expulsión de Zaroury en el 66, y los sevillanos no supieron cómo meter mano a un equipo muy serio defensivamente.

Los griegos, apuntalados atrás, esperaban una contra que llegó a cinco minutos del final. Swiderski ganó la espalda a Valentín Gómez y, pese a que pudo rematar a la puerta de Pau López, Llorente le pisó la tibia con los tacos. Penalti y expulsión que terminó transformando Taborda y dando al traste este inicio de los octavos para los sevillanos.

Sin embargo, las cosas empezaron mejor en Vigo. Quizás la escuadra de Giráldez tuviera el enemigo más temible de los equipos españoles con un Endrick en racha. Los celestes se adelantaron en el marcador con un tanto de Rueda y rondaron más la portería de Greif en el primer tiempo.

No obstante, al inicio de la segunda mitad, una imprudencia de Borja Iglesias, con un codazo a Niakhaté, le valió la segunda amarilla y obligó al Celta a aguantar al equipo francés con uno menos. Radu se hizo gigante en varias ocasiones sacando manos inverosímiles hasta que falló en el tanto del empate de Endrick aún con seis minutos por jugarse. Finalmente, consiguió sobrevivir el Celta a las acometidas del brasileño.

Conference League

Al Rayo, por su parte, se le está poniendo cara de favorito al título en la Conference League. Los de Íñigo Pérez conquistaron Turquía de la mano de un Alemao muy zidanesco. Su segundo tanto fue un dechado de técnica y fuerza, ruleta incluida.

Además del doblete de Alemao, Álvaro García sigue agrandando su leyenda en Vallecas. El utrerano es el máximo goleador franjirrojo en Primera y quiere seguir engrosando sus cifras en Europa. El control y su tanto son exquisitos y propios de un futbolista de muchos kilates.

El Celta vence al PAOK y acompaña al Betis a los octavos de la Europa League

El Celta vence al PAOK y acompaña al Betis a los octavos de la Europa League

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Con un solitario gol del sueco Williot Swedberg, el Celta doblegó nuevamente al PAOK para certificar su pase a los octavos de final de la Liga Europa, donde le espera un desafío gigantesco ante Aston Villa o Lyon, dos de los máximos favoritos a levantar el trofeo continental.

La pegada celeste marcó la diferencia en un duelo de excesivo respeto entre ambos equipos, con el Celta muy temeroso a cometer un error para no perder su billete a la Liga Europa nueve años después y con su rival pensando únicamente en llegar con vida a la recta final del encuentro.

Al equipo de Giráldez le faltó ritmo y más velocidad en la circulación de la pelota. Fue muy previsible durante todo el primer tiempo y eso favoreció al PAOK, bien organizado con las líneas muy juntas para evitar que su rival pudiese correr. En los primeros 45 minutos, el Celta solo amenazó con un disparo del uruguayo Matías Vecino, que se marchó muy desviado, a un adversario con poca perspectiva ofensiva.

El plan del rumano Razvan Lucescu era claro. Llegar vivo a los últimos minutos. Su equipo defendió con firmeza y asustó a Balaídos en dos acciones a balón parado de Michailidis y, sobre todo, de Giakoumakis tras una mala salida del portero rumano Radu.

Al filo del descanso, el mediocentro Ilaix Moriba vio la tarjeta amarilla y eso provocó que se quedase en el vestuario en el intermedio. Lo sustituyó Miguel Román, que ya había brillado en Salónica. Y el canterano solo necesitó cuatro minutos para exhibir su calidad. Con un espectacular cambio de orientación lanzó el contraataque de Javi Rueda, que conectó al borde del área con Borja Iglesias, a quien Tsiftsis privó del gol con una gran mano.

Esa acción despertó al Celta, que se animó mucho más a atacar. Y no tardó en abrir la lata, de nuevo en otra jugada en la que intervinieron Román y Borja Iglesias, culminada sensacionalmente por el sueco Williot Swedberg.

Ambos entradores refrescaron sus onces. Al PAOK no le quedó otra opción que adelantar sus líneas, arriesgar. Pero ni así generó peligro a un Celta que mañana conocerá si se enfrenta al Aston Villa de Unai Emery o al Lyon, tercer clasificado de la Ligue francesa.

El Betis doblega al Feyenoord comandado por Antony y certifica su plaza en el 'top 8'

El Betis doblega al Feyenoord comandado por Antony y certifica su plaza en el ‘top 8’

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Goleador y asistente, Antony recuperó su versión más decisiva para liderar el paso adelante del Betis, dentro de los ocho primeros de la liguilla y directo a los octavos de final en la Europa League. El brasileño puso su firma al golazo del 1-0, en el minuto 17, y al el centro del 2-0, que peinó Abde Ezzalzouli para sentenciar a la media hora. [Narración y estadísticas (2-1)]

Tras esa rápida ventaja, el Betis quiso aplicar la ley del mínimo esfuerzo, sesteando en cuando tenía el balón y confiado en que la falta de puntería de Cyle Larin, que pifió un cabezazo franco en el arranque del segundo tiempo, iba a contagiarse al resto de sus compañeros.

Esta actitud especulativa terminó costándole el gol del descuento, anotado por Casper Tengstedt de espectacular media vuelta después de porfiar por el balón con Pau López, que había abandonado su portería para obstaculizar el avance del delantero, muy hábil para embocar su tiro parabólico.

"Me sacrifico por este club"

Aunque la lesión de Shaqueel van Persie, cuando su padre ya había agotado los cambios hizo que el Feyenoord jugase el cuarto de hora final en inferioridad numérica, el Betis no respiró tranquilo hasta el pitido final, ya que se empeñó en defender durante el último tramo demasiado cerca de su área.

El conjunto de Manuel Pellegrini cierra pues la liguilla en la cuarta posición y en su horizonte asoman ahora cuatro rivales: Panathinaikos, Fenerbahce, Viktoria Plzen y Nottingham Forest, dependiendo de quiénes superen los dieciseisavos.

"Estoy jugando con dolor desde el día del Getafe. Pero me sacrifico por este club. Juego con mucha molestia, paré una semana, pero con la camiseta del Betis hay sacrifico porque el club lo merece todo", confesó Antony en los micrófonos de Movistar Plus.

Vuelta en Balaídos

El Celta, mientras, se ganó un sitio entre los cabezas de serie en dieciseisavos. Lo hizo con su 1-1 en Belgrado contra el Estrella Roja. En su reestreno, Fer López marcó el 0-1 en los instantes finales, pero en la siguiente acción lo niveló el conjunto serbio. El equipo de Claudio Giráldez es decimosexto, por lo que disputará la vuelta en Balaídos, con dos posibles oponentes: Lille o PAOK Salónica.

Javi Rueda, ante Avdic, el jueves en Belgrado.

Javi Rueda, ante Avdic, el jueves en Belgrado.AFP

Sólo el Olympique de Lyon y el Aston Villa llegaban con plaza segura entre los ocho primeros y el billete a octavos en el bolsillo. Ambos ganaron al PAOK (4-2) y al Salzburgo (3-2), respectivamente, asentándose en las dos primeras plazas, que les permiten jugar la vuelta como local en todas las eliminatorias previas a la final.

El Oporto, dos veces campeón de Europa (1987, 2004) y líder destacado en la Primeira Liga, se clasificó quinto tras su victoria 3-1 ante el Glasgow Rangers, mientras que la Roma se quedó con el octavo y último puesto que otorgaba el pase tras un 1-1 a domicilio frente al Panathinaikos.