El futbolista Thomas Partey, ahora en el Villarreal, ha sido acusado en un juzgado de Londres de dos nuevos cargos de violación, que se suman a los cinco cargos de violación y uno de agresión sexual que ya pesaban sobre el jugador desde el pasado julio.
Estos dos nuevos cargos parten de una nueva víctima que denunció los hechos el pasado agosto.
En total, Partey está acusado de siete cargos de violación por parte de tres mujeres y de agresión sexual por una cuarta.
El jugador se declaró no culpable de los primeros cargos en una vista que tuvo lugar en Londres en septiembre y quedó en libertad bajo fianza a la espera de los siguientes pasos en el proceso.
Partey tendrá que comparecer en un tribunal de Londres el próximo 13 de marzo sobre estas nuevas acusaciones.
Cuando Partey fichó por el Villarreal lo hizo en condición de agente libre y siendo ya conocidas estas acusaciones. El futbolista acabó contrato con el Arsenal y las acusaciones salieron a la luz cuatro días después.
Se acabó la pesadilla que ha sido esta Champions para el Villarreal lo hizo de la peor forma posible. Más que por la derrota ante el Bayer Leverkusen (3-0), por la imagen que transmitió sobre el campo el equipo de Marcelino, derrotado e impotente ante un rival al que la victoria deja como cabeza de serie para el playoff. Los amarillos, en cambio, se despiden como el segundo peor equipo de esta Champions gracias a su mejor diferencia de goles con el Kairat Almaty.
Quedó claro desde el inicio que se jugaba más el conjunto alemán, que salió con dos o tres marchas más, intenso y presionante ante un Villarreal apocado y con numerosos problemas para sacar el balón desde atrás. Marcelino reservó titulares con la vista puesta en la liga, lo único que le queda ya, y su equipo hizo aguas en un centro del campo que se vio totalmente sometido por el empuje del Bayer.
La profundidad de Grimaldo por banda izquierda, bien secundado por el argelino Maza, abrió pronto las primeras grietas en la defensa castellonense. Encima, el equipo de Kasper Hjulmand se encontró con el regalo de Arnau Tenas, que se confió tras recibir de Veiga y cuando trató de despejar ya tenía encima a Tillman para bloquear su disparo y hacer que el balón fuera a la red.
a merced de su rival
Ni con el gol en contra espabiló el Villarreal, totalmente a merced de su rival e incapaz de acercarse a la portería de Blaswich. Solo un cabezazo de Renato Veiga que se marchó fuera hizo estirarse al meta germano en el primer tiempo, en el que el Bayer pudo haber dejado el partido totalmente resuelto.
Badé tuvo una doble oportunidad que frustraron entre Veiga y Tenas, al que sonrió la suerte en un disparo de Maza tras otra pérdida del Villarreal en el centro del campo. El balón golpeó primero en el poste y rebotó después en la espalda del portero para acabar en el larguero.
El jugador estadounidense de 21 años despuntó el año pasado con el Orlando City en la MLS y se sumará a la llegada de Alfon, cedido por el Sevilla
Los movimientos y combinaciones del Bayer en ataque parecían sacados directamente de una partida del FIFA, tal era la precisión y la velocidad con la que transitaba el balón. En una de esas jugadas rozó Tillman el segundo, en un tiro que desvió Veiga lo justo para que el balón se marchara cerca del poste. A la siguiente no perdonó el internacional estadounidense, empalmando en la frontal una dejada de cabeza de Schick tras otro centro de Grimaldo.
cambios en el descanso
No sorprendió que Marcelino hiciera un par de cambios en el descanso visto lo visto, sacando a Mikautadze y haciendo debutar en Champions a Hugo López, como había hecho también Alassane, que pasó al centro tras haber iniciado el partido en banda, donde no se le vio especialmente cómodo. Mostró una ligera mejoría el Villarreal, que al menos se acercaba ahora con más asiduidad al área rival, con Pepe como protagonista. El francomarfileño se llevó una amarilla tras caer en el área en una acción que fue revisada y en la que se apreciaba contacto, pero no lo suficiente, al entender del VAR, para señalar penalti.
El amago de rebelión amarillo lo abortó el Bayer anotando el tercero, en una jugada entre sus carrileros españoles. Centró Lucas Vázquez y Grimaldo empalmó de volea a la red en el segundo palo. Ahí acabó el partido, en el que no le quedó al Villarreal ni el consuelo de marcar un gol. Lo más cerca que estuvo fue en una internada de Pepe hasta línea de fondo pero su tiro, sin apenas ángulo, lo sacó Blaswich. Entre tanta decepción quedó al menos el debut con el primer equipo de Daniel Budesca.
Vuelve el manicomio. Última jornada de la Champions. Son 17 partidos de 18 con algo en juego. Tres de los cinco equipos españoles tienen serias opciones de meterse en el top 8 y uno de hacerlo en el top'24. Sólo los aficionados del Arsenal y del Kairat se aburrirán, por opuestos motivos. Mientras, los de Real Madrid, Barcelona y el Atlético de Madrid no sólo empujarán por las victorias, sino que también lo harán por los goles para poder evitar la ronda previa a los octavos en este nuevo formato en el que todos los partidos se jugarán esta noche a las 21.00 horas.
Decía un imberbe Álvaro Arbeloa que él cree que el primer consejo que le daría Mourinho para ser un buen entrenador sería "ganarse el respeto de los jugadores" y, luego, "su cariño o su afecto". "Pero primero el respeto". En esta recomendación estilo Maquiavelo en su famosa obra El Príncipe se está manejando el técnico salmantino para recuperar a un vestuario y pelear por las dos causas que le quedan. Y Europa, como todo aficionado del Real Madrid sabe, es siempre la principal.
Precisamente, alumno y maestro se encontrarán en Lisboa con los blancos asegurando el top'8 con una victoria desde su actual tercer puesto con 15 puntos, que podría incluso auparles a la segunda posición si el PSV gana al Bayern. Casi también con un empate. Mientras que una derrota ante las águilas podría condenar de nuevo a los blancos a jugar la ronda previa si ganan todos los que vienen por detrás. Al portugués, en cambio, sólo le valdría ganar y que no lo hiciera ninguno de los que le precede para estar en el top 24.
Diferencia de goles
El Barcelona y el Atlético se sitúan en ese numeroso vagón de equipos, hasta ocho, que suman 13 puntos y su posición final va a depender no sólo de las victorias, sino de la diferencia de goles para ir directos a octavos. Las opciones de los culés, novenos en la tabla con un +5, son mayores que las de los rojiblancos, duodécimos y con +3. Ambos se pueden beneficiar del duelo entre el PSG y el Newcastle, sexto y séptimo respectivamente, ya que podrán adelantar al que pierda o a los dos en caso de empate.
Los de Flick se enfrentan a un Copenhague en el Camp Nou al que intentarán golear para asegurarse estar entre los ocho mejores, aunque ganando por la mínima, gracias a su diferencia de goles, también tienen muchas opciones de estar. El empate dificultaría mucho su clasificación mientras que la derrota prácticamente la descarta. Los daneses, ganando, podrían entrar en el top 24, lo que permitirá al Barça enfrentarse con un equipo que no puede visitar el Camp Nou puramente a defenderse, lo que facilitará su labor ofensiva.
El Atlético de Simeone se complicó el top'8 con su empate en Turquía. Dijo el Cholo antes de ese duelo que necesitarían los seis puntos, pero con cuatro podrían estar entre los ocho mejores. Deben, no obstante, golear al Bodo Glimt y mejorar el goal average de hasta cuatro equipos ante un conjunto noruego que tiene una remota opción de entrar en el top 24. Esa opción pasa por ganar en el Metropolitano, algo inédito en esta Champions. Un empate necesitaría una combinación de resultados casi imposible para que los rojiblancos estuvieran en el top 8 y una derrota les condenaría a la previa, fase que consiguieron evitar el año pasado.
Araujo, el miércoles, durante el último entrenamiento del Barça.AFP
Un gran comodín para el Atlético es precisamente el Athletic. Los leones, actualmente en el puesto 23 con una diferencia de goles de -4, podrían eliminar las opciones del top 8 del Sporting de Portugal (10º) si les vencen en San Mamés. Ganando se colarían en la ronda previa y empatando también tendrían posibilidades ya que muchos de los equipos con los que se disputa esas posiciones se enfrentan a gigantes europeos que pugnan por estar en octavos de manera directa. Una derrota pondría en un 99% punto final a la participación de los leones en la máxima competición continental.
El Villarreal tiene un flaco consuelo en esta última jornada de Champions. A los amarillos sólo les queda buscar la honra ante el Leverkusen y, de paso, hacer un favor al Athletic en su disputa del top'24. Con un solo punto y penúltimos en la clasificación, los de Marcelino han mostrado dos caras esta temporada y necesitarán la de La Liga para, al menos, asegurar dos millones de euros por su primera victoria en esta fase de grupos. De 21.00 a 23.00 horas, media Europa estará con la calculadora en mano.
La energía, la actitud y la concentración fueron otra vez las señas distintivas del Real Madrid. Apenas cuatro días después, frente a un rival con mucha más enjundia que el Mónaco, el equipo de Álvaro Arbeloa volvió a ofrecer un fútbol preciso, intenso, severo en su área y letal en sus transiciones. «No puedo ir contra la naturaleza de mis futbolistas. Todo lo contrario, tengo que aprovecharla», explicó el técnico en la sala de prensa de La Cerámica, en referencia a la velocidad de sus delanteros.
«El compromiso de los jugadores es innegable», reiteró Arbeloa sobre el líder provisional de LaLiga protagonista de cinco triunfos consecutivos. «No diría que hay un cambio muy grande, pero algo ha encajado ahora», analizó Thibaut Courtois. Por cuarta jornada liguera consecutiva, el belga no tuvo siquiera que intervenir antes del descanso. Algo insólito en las cinco grandes ligas europeas en este arranque de 2026. Cumplido el tiempo reglamentario, Courtois únicamente tuvo que blocar un disparo de Alberto Moleiro y despejar un balón aéreo.
Kylian Mbappé había pasado desapercibido durante la primera mitad, víctima de algún desafortunado resbalón, mientras Pape Gueye gobernaba en la medular con su esplendoroso despliegue. El senegalés había recibido en la previa el tributo de La Cerámica por ese gol que había valido un título de la Copa África, mientras Brahim Díaz hacía todo lo posible para esquivar las cámaras desde el banquillo. Por una de esas extravagancias del fútbol tuvo que ser Gueye quien fallase estrepitosamente en la acción del 0-1 de Mbappé. No conforme, el francés provocó y transformó a lo panenka un penalti en el añadido. «Para ti, para ti», espetó al internacional marroquí durante la piña de los festejos. Arbeloa sólo dio minutos a Brahim y Gonzalo García, dejando en paso sus otras tres opciones de refresco.
Güler y Asencio
A ver quién da un mínimo descanso a Mbappé, que acumula 21 goles en sus 20 partidos en el torneo doméstico. A los 27 años, el capitán de los bleus acumula ya 416 tantos en su carrera, dos más que otra leyenda como Ronaldo Nazario.
No tuvo acierto el Villarreal, que este curso no da la talla ante la elite de LaLiga. Tampoco en las botas de Gerard Moreno, impreciso tras una pícara acción a balón parado de Dani Parejo. Fue cumplida la hora de juego, cuando el delantero había dejado ya incontables muestras de la calidad de su pie izquierdo. El único despiste de la zaga visitante a lo largo de la noche.
A la mejoría de Dean Huijsen hubo que sumar la contribución Arda Güler. En sus 80 minutos, el zurdo no sólo apareció con peligro por el balcón del área, sino que ganó seis duelos a ras de césped y sumó otras tres recuperaciones. Se notaba el buen pie de Arda, como los cambios de orientación de Fede Valverde y Raúl Asencio, que permitían situaciones de uno contra uno para Vinicius.
Brahim Díaz y Pape Gueye, tras el pitido final en La Cerámica.EFE
Otra mención de honor merece Asencio, que ahora acierta incluso cuando yerra. Como en ese desliz a cinco minutos para el final, cuando la hinchada amarilla reclamó una mano en el área que no fue tal. Durante más de una hora, el central se sobrepuso a las molestias en su renqueante pierna derecha. Impuso su potencia y colocación en un par de acciones al límite, sin resentirse de una tibia afectada por el estrés traumático.
Mucho más terrible resultó el infortunio de Juan Foyth, el gran pilar de la zaga. El argentino, establecido esta vez como central, se marchó en el minuto 23 con lo que parecía un grave daño en el tendón de Aquiles. De confirmarse, esta desgracia aumentaría la leyenda negra de Foyth, que en los últimos tiempos ya sufrió dos graves lesiones en la rodilla y otra más en el hombro derecho. Pau Navarro tuvo que hacerse cargo de Vinicius desde el inicio. Fue un duelo vibrante, uno de esos piques al límite tan del gusto del brasileño.
Los desaires con Soto Grado empezaron a acentuarse a propósito de un simple saque de banda, aunque cualquier excusa parecía válida frente al árbitro que hace un año le enseñó la roja en Mestalla, tras una presunta agresión sobre Stole Dimitrievski. El asunto vino a empeorar poco antes del descanso, cuando el '7' echó a perder una magnífica oportunidad para el contragolpe por un absurdo empujón sobre Moleiro. Pero no se descentró Vinicius, cuidado hasta la extenuación por Arbeloa. «Mbappé y Vini son los dos mejores jugadores del mundo. Yo sólo puedo agradecer su trabajo», concluyó el ex preparador del Castilla.
Los campeones pueden construirse desde la brillantez o desde la efectividad. El Real Madrid eligió dormir líder de la Liga arremangándose en La Cerámica, esforzándose en sujetar los latigazos del Villarreal, que no cesaron en todo el duelo, y castigándole con goles de Mbappé. Fue suficiente. Todo lo que apretó los dientes en defensa para proteger su área, lo falló en la local. Demasiado perdón que, esta vez, no lamentó. [Narración y estadísticas: 0-2]
Propuso el Villarreal un duelo de vértigo, que bailó de un área a otra, con amenazas que, poco a poco, se fueron acercando mucho al gol, aunque no llegó ninguno en la primera parte. Intentó el Real Madrid hundir al equipo de Marcelino y se encontró con que en los planes del asturiano estaba resistir y buscar velocidad. La verticalidad más absoluta como estrategia de ataque bajo el mando de Gerard Moreno. Durante muchos minutos fue una pesadilla, incomodando a Camavinga con robos para buscar a Moleiro y Buchanan, incluso las incorporaciones de Pedraza por la orilla izquierda. Pero no era bastante. El Real Madrid no se agrietaba lo suficiente. Si bien no tenía fluidez, nunca se descompuso. Fueron 20 minutos de pura adrenalina con centros que salvó Carreras o simplemente Mikautadze no atinó a mandar entre los tres palos.
Desde esos primeros golpes de fogueo, el Madrid buscó los suyos. El requiebro de Güler en una baldosa para sacar un disparo fue la primera ocasión que salvó Luiz Junior. Vinicius aún no había podido aparecer y la solidaridad en defensa había evitado que Mbappé pudiera armar su pierna. Era cuestión de tener paciencia porque el duelo estaba muy abierto. Eso mismo pensaba el Villarreal, que se encontró con el golpe anímico de la lesión de Juan Foyth. El argentino se fue al suelo en el minuto 20, con la mano en el tendón de Aquiles. El beso de Mastantuono cuando se retiraba sin poder caminar era síntoma de malas noticias.
Desde ese momento, el Madrid se asomó con más intensidad al área amarilla. En una contra, Bellingham habilitó de nuevo a Güler para que golpeara desde la frontal, por encima de la portería. Tras el turco aparecieron tirándose una pared Vinicius y Mbappé, una sociedad con mucho que decir en La Cerámica. Su primera conexión acabó con un disparo del francés a las manos del guardameta brasileño a la media hora del partido.
El ritmo se aceleró porque el Villarreal sostenía su valentía y, por eso, también el riesgo. Casi se lo hace pagar al filo del descanso Vinicius con un zurdazo cruzado desde la medialuna que rozó el poste. Había tenido que encontrar nuevos huecos porque en la banda estaba bien vigilado por Pau Navarro. La respuesta a esa clara ocasión la dio el campeón de África Pape Gueye, con un misil tras un ataque comandado por Pedraza y Moleiro, estiletes por el carril izquierdo.
Fue tras el descanso cuando el partido se rompió. Justo cuando Vinicius le ganó el primer duelo claro a Pau Navarro, se coló hasta la línea de fondo y buscó un pase atrás que Gueye no pudo salvar, desde el suelo, y cazó Mbappé para abrir el marcador.
La ventaja dio algo de pausa y comodidad al equipo de Arbeloa, pero no podía dejar de controlar alas del Submarino. Porque por allí se coló Pedraza, lo derribó Mastantuono y la falta se la sirvió Parejo al punto de penalti a Gerard, que mandó su golpeo por encima del larguero. Fue recordatorio de que el marcador era corto y el enemigo, insistente aunque no pisara el área.
Quiso zarandear Marcelino su once buscando más fuelle, aunque al Villarreal le siguió costando pisar el área mientras la sensación es que el Madrid, cómodo, solo tenía que dejar pasar los minutos. Eso sí, con el arma de Gonzalo para balones parados y con Brahim, aún herido. Quien volvió a aparecer fue Mbappé, derribado en el área por Pedraza en el añadido. El francés no falló. Lo tiró a lo panenka, en homenaje a su compañero. La tarea, aunque fuera sin brillo, estaba hecha.
A Pau Navarro lo descubrió el Villarreal de casualidad. Uno de sus ojeadores tenía programados algunos partidos en varias localidades cercanas, pero el aplazamiento de uno de ellos hizo que se acercara a la Vilavella, un pueblo de unos 3.000 habitantes, para hacer tiempo hasta su próximo destino. Allí se encontró sin esperarlo con un niño de ocho años con gafas que destacaba sobre el resto.
«En mi casa no son muy futboleros pero a mí me gustaba jugar en el patio del cole y empecé en el equipo del pueblo. Dos o tres años después me vio el Villarreal y me vine aquí», explica Navarro.
Aquello fue en 2014 y, tras ir subiendo escalones en la cantera, 12 años después está ya asentado en el primer equipo y con un contrato hasta 2030. Fue el verano de 2024 cuando se produjo el gran salto, tras decirle el club que se iba a hacer la pretemporada a las órdenes de Marcelino. «Es algo que nunca te esperas. Ves al primer equipo entrenando al lado y no te imaginas que podrás estar. Es un sueño», añade.
Rápida evolución
Lo fue también el debut en Primera, en el campo del Espanyol; su renovación unos meses después; el debut con la selección española, con la que esta temporada disputó el Mundial sub-20; el estreno en Champions, nada menos que en el Westfalenstadion... «Jugar en Champions, con el Villarreal, en aquel campo. No me hubiera imaginado ninguna de las tres cosas y si lo juntas todo es algo increíble. Queda el mal sabor de boca del resultado, pero es algo que siempre recordaré. Estoy muy agradecido de lo que estoy viviendo en el Villarreal», comenta.
Reconoce Pau Navarro que le ha cambiado la vida este último año, aunque no se ve demasiado diferente a cualquier chico de 20 años. «Está claro que no todo el mundo puede entrenar con un equipo que juega Champions pero, al margen de eso, aún estoy estudiando. Mi día a día es venir a entrenar, volver a casa, estudiar, estar con la familia y la pareja y nada del otro mundo que no haga cualquier chico de mi edad. La gente te conoce más, pero tampoco lo veo como algo negativo», cuenta el jugador, que ha dado el paso de marcharse de casa.
«Vivía con mis padres pero quería dar el paso de ir a vivir con mi pareja y creo que me está ayudando a aprender cosas nuevas. Independizarse va bien para avanzar y mejorar. Es un paso que hay que dar antes o después y estoy muy contento», añade Navarro.
El paso al profesionalismo le ha complicado, eso sí, compatibilizar el fútbol con la carrera de Administración y Dirección de Empresas que estudia en la Universitat Jaume I de Castellón. «Hasta ahora era más fácil porque podía ir a clase, pero este año se ha complicado porque cada dos por tres viajamos entre semana. No hago todas las asignaturas y eso me quita un poco de trabajo. Poco a poco voy haciendo algo en casa. Mi foco principal está en el fútbol pero también me va bien poner la atención en otro sitio. No tengo la idea de dejarlo, sino de ir poco a poco», explica.
Le espera un duro examen en el caso de que le toque, hoy, frenar a Vinicius, algo probable teniendo en cuenta que Santiago Mouriño es baja por sanción. «Vinicius es uno de los mejores jugadores del mundo, es muy rápido, ágil y no para de encarar una y otra vez. Si me toca jugar intentaré defenderlo como a cualquier jugador de su estilo», dice Navarro, que ya fue titular ante el Barça.
La otra opción es que Marcelino pase a Foyth al lateral, con el que Navarro comparte la polivalencia de poder jugar en banda o de central. «Tenemos características parecidas y siempre me fijo en él para mejorar».
Tampoco en la despedida de la Champions ante su afición consiguió el Villarreal regalarle una victoria. El equipo de Marcelino cayó derrotado ante el Ajax en otra noche aciaga en un torneo que se la ha atragantado desde el principio. El tercer peor equipo de esta Liga se llevó ante el segundo peor tres puntos que aún le permiten soñar gracias a un gol de Edvardsen en el 90, después de otro ejercicio de ineficacia del conjunto amarillo.
El Villarreal encontró pronto las costuras del Ajax pero le faltaba acierto y algo de fortuna para aprovecharlas. Poco más de cinco minutos bastaron para comprobar que el equipo de Fred Grim iba a sufrir corriendo hacia atrás y en el balón parado. Una pérdida de Mokio propició el primer contragolpe amarillo para Pepe, cuyo tiro tapó un defensa para provocar un córner que empezó a dejar en evidencia la inocencia de la defensa neerlandesa en ese tipo de jugadas. Para suerte suya tenían a Jaros bajo palos, que voló hasta el poste para sacar el remate de Cardona y salvó de nuevo a los suyos tras rematar Pepe en el segundo palo un nuevo saque de esquina.
El Ajax, que aún tenía alguna remota opción de regatear la eliminación de la Champions, pretendía mandar y lo hacía, pero con un juego muy plano, sin ninguna profundidad salvo cuando el lateral Gaaei se incorporaba por banda derecha. Así llegó su mejor, y prácticamente única, ocasión en el primer tiempo. Tenas sacó una gran mano para despejar el remate de Wijndal, que llegaba totalmente solo al segundo palo.
Después no estaría tan fino el guardameta catalán en el gol del Ajax, el único borrón en un regreso a la portería en el que se le vio ágil con los pies y acertado a la hora de sacar en largo buscando sobre todo a Oluwaseyi. La potencia en carrera del canadiense era otro de los problemas para la defensa del Ajax, sólida cuando tenía tiempo para ordenarse en dos líneas de cinco por delante de su portero pero exigida en las transiciones del Villarreal. Y eso que no estaba excesivamente fino el equipo de Marcelino a la hora finalizar sus contragolpes. Dos buenas carreras de Oluwaseyi acabaron en un remate al lateral de la red y un pase que no pudo rematar Ayoze, quien lo volvería a intentar con un disparo desde la frontal que se fue por muy poco.
Ventaja fugaz
Fue a la tercera cuando encontró premio Oluwaseyi, ya tras el descanso. El joven Bouwman no calculó bien el bote en un balón largo y cuando quiso reaccionar ya encaraba el jugador del Villarreal hacia portería para poner el balón, esta vez sí, lejos del alcance de Jaros.
Como viene siendo costumbre en esta Champions, la alegría le duró poco al Villarreal, que vio como el Ajax empataba en su siguiente llegada con un poco de fortuna. Lanzó Gloukh una falta lateral metiendo el balón al área en busca de una cabeza y la que apareció fue la de Comesaña, que peinó hacia su portería sorprendiendo a un Tenas cuya salida fue mejorable.
El marcador volvía a estar igual pero el partido ya era otro, mucho más abierto, con alternativas en una y otra área y un Ajax más incisivo. Y certero. Fue la puntería la que acabó marcando la diferencia. No la tuvo el Villarreal, con un Pepe totalmente negado ante el gol. Hasta tres llegadas claras al área tuvo el francomarfileño y no fue capaz de aprovechar ninguna ante un inspirado Jaros.
El Ajax, en cambio, sí aprovechó las suyas. Avisaron los neerlandeses con un tiro de Klaasen que atajó Tenas y remataron en el 90, con una buena acción colectiva que culminó Edvardsen a pase de Gaaei. Fue el último trago amargo para La Cerámica en esta Champions para olvidar del Villarreal.
"Siempre voy a tratar de alcanzar mi mejor nivel, nunca diré que ya estoy ahí. Siempre voy a intentar hacer una temporada si no perfecta, casi perfecta, buscando en todo momento lo mejor para el equipo". Así de contundente se mostraba Raphinha tras alzarse con el MVP de la semifinal de la Supercopa de España que disputaron el Barcelona y el Athletic el pasado miércoles. El brasileño, de nuevo, volvió a ser determinante: marcó dos goles y dio una asistencia. A pesar de que este curso se vio obligado a estar varias semanas en el dique seco por una lesión a la que le siguió una aparente recaída, ahora mismo parece realmente difícil de parar. Siempre y cuando arranque desde la banda izquierda del ataque azulgrana.
En los últimos cuatro partidos que ha jugado con el Barcelona, Raphinha suma cinco goles. En la Liga, marcó dos ante Osasuna en el nuevo Spotify Camp Nou y anotó uno en El Madrigal frente al Villarreal, pero no vio portería frente al Espanyol. En Cornella-El Prat, Hansi Flick lo situó como mediapunta por el centro, y desde allí sus características aparentemente se resienten. Si arranca desde la izquierda del ataque barcelonista, las cosas son muy diferentes, como demostró ante el Athletic.
Quién sería el jugador ideal para frenarlo será uno de los rompecabezas que tendrá que afrontar este domingo Xabi Alonso para preparar la final de la Supercopa. Una alternativa sería volver a apostar por Valverde, que ya jugó de lateral derecho ante el Atlético. Una posición que al uruguayo no le gusta, pero desde la que trata de cumplir de la mejor manera posible. Otras opciones serían apostar por la veteranía de Dani Carvajal o por la explosividad de Trent Alexander-Arnold.
Experiencia frente a carácter
Carvajal está encarando la recta final de su carrera en la élite y cuenta con experiencia más que de sobra para frenar las acometidas de Raphinha. El inglés, pese a que acaba de salir de una lesión, puede que tenga algo más de físico, pero su tendencia a subir al ataque y descuidar un tanto su zona defensiva puede abrir vías de agua que el brasileño no dudará ni un momento en aprovechar. Sus números, ahora mismo, son algo peores en comparación con los de una temporada 2024-25 en la que se perfilaba por lo menos entre los tres primeros clasificados para el Balón de Oro, pero no hay que olvidar su prolongada ausencia. A estas alturas, el delantero azulgrana sumaba el curso pasado 16 goles y 10 asistencias en 26 partidos. Ahora, acumula nueve tantos y cuatro asistencias en 16 encuentros.
La competición en la que Raphinha se mostró más acertado a estas alturas de la campaña pasada fue la Champions. En esa cita firmó seis tantos en seis encuentros, con un hat-trick frente al Bayern. En la presente, en cambio, aún no ha visto puerta en Europa, si bien solo ha jugado tres duelos en la máxima competición continental y en uno, de hecho, contó con menos de media hora. Si nos centramos únicamente en la Liga, las cosas han empezado a pintar mejor con su última racha, que le permite sumar siete goles en 12 partidos.
La temporada pasada, mientras, acumulaba antes de la final de la Supercopa de España 11 en 19 encuentros, un número de duelos que demuestra lo imprescindible que fue entonces para las estrategias de Hansi Flick. En la final del año pasado, el brasileño fue capaz de marcar dos de los cinco tantos que consiguieron los azulgrana, precisamente, en un duelo que fue también otro clásico, en el que se impusieron por 2-5, pese a jugar varios minutos con uno menos por la expulsión de Szczesny. Por lo pronto, el brasileño ya está con el cuchillo entre los dientes para el desafío de esta noche.
Cuando las cosas no salen y los partidos se atascan, los grandes equipos acostumbran a echar mano de aquello que alguien denominó pegada. Y de ella anda sobrado el Villarreal, que este sábado la sacó a pasear ante el Alavés para liquidar un partido espeso en la primera parte pero que Alberto Moleiro y Gerard Moreno, en poco más de cinco minutos, decidieron en el inicio de la segunda. El canario, que se marchó ovacionado, aún tuvo tiempo de asistir para que Georges Mikautadze anotara el tercero y sentenciara un choque que el Alavés maquilló casi al final gracias a Toni Martínez. [Narración y estadísticas (3-1)]
Superada la media hora de juego, Mikautadze fue el primero en aparecer. El georgiano controló un balón pero su disparo de diestra se marchó desviado por poco. Apenas fue un fogonazo porque el Villarreal era incapaz de darle continuidad a sus intentos mientras el Alavés, con un imperial Pablo Ibáñez en el centro del campo, controlaba el tempo y se permitía el lujo de seguir amenazando, con Carles Aleñá por la izquierda aunque su centro encontró respuesta en la defensa amarilla.
Marcelino no quiso perder más tiempo y movió sus piezas en la segunda parte para dar entrada a Gerard Moreno por un desaparecido Ayoze Pérez. El catalán tardó muy poco en aparecer tras una hábil acción de Mikautadze que remontó la línea de fondo para asistir a su compañero cuyo remate salió desviado junto al poste de Antonio Sivera. Pero no fue ninguno de ellos el encargado de desatascar el partido. De eso se encargó Moleiro, que tampoco había olido la pelota hasta entonces. El canario rebañó un balón en el interior del área para perfilarse y conectar una rosca perfecta que tocó en el poste antes de reunirse con la red.
Jugando a placer
El partido había cambiado y los amarillos parecían oler el miedo en su rival. Y decidieron aprovecharlo. Apenas unos minutos después, una gran triangulación de la delantera obligó a Sivera a evitar el remate de Mikautadze. Pero el rechazo le llegó a Gerard, que no perdonó con un remate de zurda.
El equipo de Marcelino comenzó a jugar a placer, a tocar con comodidad ante un Alavés que, además, tampoco tenía muchas opciones en el banquillo para intentar darle un vuelco al choque. Toni Martínez lo intentó con un disparo de falta que Luiz Júnior atrapó con facilidad. El equipo vasco se quedaba sin tiempo y lo intentaba con disparos lejanos como uno de Aleñá que se marchó rozando la escuadra del brasileño.
Mikautadze, con el balón, el sábado en La Cerámica.AFP
En el caso del Villarreal, era el momento de poner a correr a sus puntas. Con Pepe ya en el campo, el extremo fabricó una ocasión que Moleiro no acertó a rematar por poco. En la siguiente que tuvo, el Villarreal puso la puntilla al partido con otra acción elegante de Moleiro, que se inventó un pase interior para que Mikautadze superara a Sivera con un toque sutil a media altura.
El meta del Alavés fue el responsable de que su equipo no encajara algún gol más. El propio atacante georgiano tuvo una clarísima que el portero desvió a córner. La relajación fue la causante del tanto encajado a falta de cinco minutos tras un grave error de Thomas Partey, que perdió un balón que Toni Martínez, esta vez sí, convirtió en el 3-1 con un disparo durísimo al que no pudo oponer resistencia Luiz Júnior.
Marcelino García Toral acabó el partido muy molesto por una acción en la que, en su opinión, Alberola Rojas no estuvo del todo acertado: un choque entre Joan García y Rafa Marín que, desde su punto de vista, era merecedor de pena máxima.
«Viéndolo, para mí es penalti. Cuanto más veo la jugada de Rafa, más claro tengo que es penalti», se quejó el técnico del Villarreal en declaraciones a DAZN nada más acabar el partido. «No sé qué diferencia hay con el penalti que nos han pitado a nosotros. Joan se levanta para impedir que un jugador nuestro vaya a por el balón», abundó Marcelino, que a regañadientes acabó por admitir que la expulsión de Renato Veiga sí podía estar justificada.
«Cometimos un error evitable en la expulsión, que está claro que condiciona mucho. Le decía al árbitro que era mejor que mostrara amarilla y que el VAR ya daría roja si lo consideraba oportuno, porque creo que al revés no se puede... Pero, viendo ahora esa cámara, igual sí es roja...», explicó el entrenador del Villarreal. «El tobillo no se dobla, no hay torsión... Si luego entra el VAR, pues vale. Si el árbitro vio gravedad... Pero con el bonito espectáculo que estábamos viendo, para dejar a un equipo con diez... Después hablé con el árbitro y me dijo que lo había visto muy claro. Y si él lo ve claro...», insistió el técnico, cuyas opiniones, en este caso, se vieron muy secundadas por Dani Parejo.
«En el campo ha sido una acción rápida. No sé si lo puede expulsar o no... Igual con una amarilla hubiera estado bien, y si es roja, que le ayude el VAR. Si le saca roja directamente, es difícil que entren. El árbitro ha visto una cosa, yo habría pitado otra. A veces se equivocan, otras aciertan, pero no hay que olvidar que son personas y también que podemos jugar gracias a ellos», señaló también en DAZN el futbolista de un Villarreal muy elogiado por Hansi Flick.
Esperanza con Koundé
«Por supuesto, me marcho muy contento de aquí. Sabíamos que tienen un equipo fantástico, con mucha velocidad en ataque, y estoy muy feliz de lograr los tres puntos», aseguró el técnico barcelonista, quien quiso lanzar un mensaje esperanzador sobre la posible lesión de Koundé.
«Creo que está bien. Llevaba unos días con algunos problemas, ha estado enfermo y creo que no es para tanto, pero era mejor darle reposo», explicó el entrenador del Barça, quien quiso destacar el gran partido de Joan García bajo palos y recalcó también que no perdió la fe en los suyos ni siquiera cuando los resultados no les acompañaban.
«La mentalidad y la calidad son buenas. Para mí, lo más importante son los entrenamientos. Cuando los veo con intensidad, con calidad, siempre activos... siempre dan el 100 %, y eso para mí es lo más importante. Hubo unas semanas en las que no jugábamos tan bien, pero viendo cómo trabajaban en los entrenamientos sabía que volveríamos a hacerlo. Quiero tener un recuerdo para Andreas, que se lesionó ayer, y le deseamos lo mejor», apuntó Flick, que también quiso acordarse del danés Christensen, quien estará de baja por tiempo indefinido a causa de una rotura parcial del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda y seguirá un tratamiento conservador para su recuperación.