La Policía Nacional investiga la agresión que sufrieron en la noche del sábado dos aficionados del Villarreal con diversidad funcional tras el partido entre el equipo amarillo y el Valencia en el Estadio de La Cerámica, según confirmaron a EFE fuentes de la Delegación de Gobierno.
Según explicó el Villarreal este domingo, los seguidores, uno de los cuales juega en el equipo de discapacitados intelectuales del club, sufrieron diversos traumatismos y uno de ellos, que, pasó la noche en observación fue derivado al Hospital General de Castellón con una fractura maxilofacial completa.
Los agredidos explicaron que lo fueron por un grupo de encapuchados que vestía de negro en una zona cercana a La Cerámica. Cerca de seiscientos aficionados del Valencia acudieron este sábado a Villarreal para asistir al partido.
Tanto el Villarreal como el Valencia condenaron los hechos y en el caso del club de Mestalla se ha puesto a disposición de las autoridades, así como del Villarreal, y ha comunicado que se les aplicará “la sanción más severa” a los agresores si son identificados como abonados valencianistas.
Fue en Collserola, la montaña de Barcelona, donde Shahid Ashraf encontró su lugar. Un par de años atrás, siendo todavía menor de edad, había llegado de Pakistán a España sin la compañía de sus padres y había pasado por varios centros de acogida para menores tutelados. La integración, siempre en el centro del debate, no es tan sencilla: el idioma, la cultura, cómo hacer amigos, cómo encontrar trabajo. Pero alrededor de las atracciones del Tibidabo todo se veía de otra manera.
«Mi referente en el centro de acogida me llevó una vez a los Pirineos a hacer una caminata y después conocí a un grupo de runners y comencé a correr por la montaña. Me ayudó muchísimo a hacer amigos y me sentía muy bien. Era muy distinto a estar en un centro de acogida o en un bar; no sé por qué, pero era mucho más fácil abrirme, hablar, entablar relaciones. Quizá era la naturaleza o el hecho de no estar todo el rato mirando el móvil», cuenta Ashraf en Bagà, en el Prepirineo, donde anteayer participó en la Salomon Ultra Pirineu, la carrera de 100 kilómetros más importante de la región. Como corredor popular su tiempo apenas tiene importancia, pero su compañía merece atención: animándole en la subida al Niu de l'Àliga o en el Pas dels Gosolans estaban varios de los pupilos que han seguido sus pasos.
Ashraf no se conformó con hacer amigos en sus inicios en España gracias al trail running: quiso que otros vivieran su misma experiencia y, hace cinco años, puso en marcha un proyecto que hoy ya tiene su peso. Se llama Enforma Inspira, cuenta con el patrocinio de Salomon y lo integran más de 40 menores tutelados de Barcelona y alrededores. «Empezamos justo después de la pandemia y sólo se apuntaron tres chicos. Ahora hemos llegado a ser casi 100 en una iniciativa que también llevamos a cabo para limpiar Barcelona. La montaña me ayudó a conocer a gente; ahora tengo más amigos españoles que pakistaníes y quiero que otros corran la misma suerte. Con nosotros siempre vienen corredores de aquí y veo cómo se crean relaciones muy bonitas», explica Ashraf, que añade: «Si montara un equipo de fútbol vendrían más chicos, pero no conoces a nadie jugando un partido contra él. Al principio salir a correr les parece aburrido, pero luego ven que se genera un espacio para hablar, para conocerse».
¿Qué trato recibe un menor tutelado en España?
Mi experiencia es muy positiva, siempre me he sentido acogido. En general la gente intenta ayudarte, aunque también te encuentras personas a las que no les gustas. Dicen que los menores tutelados se meten en líos, pero hay que tener en cuenta que son chicos de 15 o 16 años. A esa edad los españoles también se meten en líos. Me parece mal que se utilice eso en la política.
Un grupo en Bilbao, otro en Madrid
Ashraf, que estudió un Grado Superior de Actividades Físicas en la Escola Pia de Sarrià, trabaja en una tienda Decathlon y combina sus entrenamientos con las iniciativas del proyecto Enforma Inspira. Están los entrenamientos habituales del grupo y hay propuestas diferentes, como cuando hace unos meses visitó el centro penitenciario para menores de La Roca del Vallès, al lado de la cárcel de Quatre Camins, para ofrecer el deporte como alternativa a los internos.
«Fue una experiencia bonita. Como digo, a veces los jóvenes se equivocan y, en lugar de estigmatizarlos, lo mejor es mostrarles otro camino», asegura, mientras ya planea hacer crecer su idea. El año pasado formó un grupo de menores tutelados en Bilbao, que ya ha superado la docena de miembros, y ahora intenta lo mismo en Madrid.
«Lo mejor que me ha pasado es ver cómo algunos de los jóvenes forman sus propias amistades, crean sus propios grupos y luego nos encontramos todos en las carreras. Eso me encanta», finaliza Ashraf, que ya ha completado tres veces la Salomon Ultra Pirineu y cuenta en su historial con participaciones en carreras como la Zegama, la Transgrancanaria o incluso la Tromsø Skyrace, que organizaba Kilian Jornet en la región ártica de Noruega. A través de otro proyecto de integración conoció a Núria Burgada, la madre del mejor corredor de montaña de todos los tiempos, y gracias a ella pudo disfrutar del viaje. Las oportunidades que ofrece el trail running, las amistades que crea la montaña.
La Euroliga ha devenido en una odisea geopolítica. Zarandeada desde hace tiempo tanto por la invasión de Ucrania (los equipos rusos, incluso el CSKA de Moscú, que es uno de los propietarios de la competición, fueron excluidos en 2022) como por el conflicto en Oriente Próximo, la guerra en Irán ha vuelto a desafiar el normal desarrollo de la máxima competición de clubes europeos. Ahora mismo, con dos equipos de Israel y uno de Dubai, todo son incertidumbres.
A falta de más reuniones, la primera medida, tomada este lunes, fue la de suspender oficialmente dos encuentros de esta jornada, la 30, a causa de «la situación actual en la región y la consiguiente imposibilidad de viajar tras el cierre temporal del espacio aéreo». Tanto el derbi israelí entre Maccabi y Hapoel de Tel Aviv (la propia liga hebrea se ha detenido) como el duelo entre el Partizán y el Dubai se iban a disputar este jueves. La Euroliga evaluará con los equipos afectados las mejores opciones para reprogramar los partidos, «siguiendo de cerca los últimos acontecimientos y manteniendo una comunicación constante con las autoridades locales e internacionales, así como con todas las organizaciones pertinentes, para garantizar la seguridad y el bienestar de todos los involucrados». También fue suspendido el Hapoel-París que se debía disputar este martes en La Mano de Elías (un duelo que ya no pudo acontecer en diciembre).
El conflicto en Gaza ya supuso todo un desafío logístico. Hasta diciembre, los equipos de Israel no pudieron disputar sus encuentros en Tel Aviv. El Maccabi pasó su destierro en Belgrado. Y el Hapoel, debutante en la Euroliga, en el Arena Botevgrad de Bulgaria. La paradoja es que, cuando volvieron a su país (no sin polémica), ambos pudieron jugar sus encuentros en sus pabellones, con público en las tribunas. Sin embargo, muchos de los que jugaron a domicilio (entre ellos Barcelona y Madrid), lo hicieron con las gradas vacías por medidas de seguridad. Toda una ventaja deportiva de la que muchos se quejaron.
«Los equipos rusos no han disputado la Euroliga los últimos cuatro años y ahora, con la situación de los clubes de Israel, ¿cómo van a afectar las relaciones a partidos entre los turcos y ellos? El resto de la temporada está en riesgo», ha protestado el presidente del Partizán, Ostoja Mijailovic, quien además ha tenido que afrontar el problema de que varios de sus jugadores se han quedado atrapados en Dubai, donde estaban de vacaciones (Dylan Osetkowski, Duane Washington y Shake Milton). «Hablamos con ellos constantemente y están a salvo. Le agradecemos al club de allí la disposición para que puedan entrenar. No puedo valorar cuándo van a volver, porque no sería profesional, pero hemos recibido la promesa de que fletarán un chárter con los chicos del Dubai Basketball que irá a Omán. Pero no se sabe cuándo», aclaró.
Dzanan Musa, en un partido reciente del Dubai Basketball.EFE
No son los únicos en problemas allí. Sarunas Jasikevicius y otros dos miembros del Fenerbahçe (el jugador Armando Bacot y el fisioterapeuta español Jaime Capella Bouza) también se quedaron varados en la capital del emirato. En Abu Dhabi, el mismo sábado en que EEUU bombardeó Irán, quedó suspendido el torneo Next Generation (de jugadores sub-18) de la propia Euroliga. Y, desde ese día, todos los equipos y sus cuerpos técnicos se encuentran a la espera de que se reabra el espacio aéreo, retenidos en sus hoteles. Entre ellos, los jóvenes del Real Madrid y el Valencia. «Súper orgulloso de todos estos chicos y no hablo deportivamente (que también), en situaciones especiales aparecen las personas especiales y ellos lo son», escribió el entrenador blanco, Javi Juárez, en sus redes sociales.
Aunque la Euroliga es la máxima competición continental, esta temporada vio cómo sus propias fronteras se ampliaban con la inclusión del Dubai Basketball, un equipo que nació en 2023 y que firmó un contrato a cambio de una alta cantidad de dinero (nunca se especificó) hasta 2030. Para hacerle hueco, la competición se amplió de 18 a 20 equipos. El Dubai, que juega sus partidos en el Coca Cola Arena (17.000 espectadores), también disputa la Liga Adriática (ABA), en la que juegan equipos de países de la ex Yugoslavia.
Como la mayoría de deportes, el baloncesto también se ha rendido al encanto económico de los países árabes. La última Final Four de la Euroliga se disputó en Abu Dhabi. Y el próximo Mundial se jugará en 2027 en Qatar, país del actual presidente de la FIBA, el jeque Saud Ali Al Thani.