De Luis Enrique o Arteta a Unai Emery, España domina Europa: “Estamos en la pole y queremos mantenernos”

Actualizado

La imagen de Unay Emery subido a hombros del Dibu Martínez después de ganar su quinta Europa League en Leipzig es la metáfora perfecta del lugar en el que se encuentran los técnicos españoles en Europa. Pero antes de él, de Arteta, de Luis Enrique, de Íñigo Pérez, que no pudo culminar la gesta en Leipzig, o de Pere Romeu que le ganó la partida a Jonathan Giráldez... 70 años antes, de hecho, un entrenador español triunfaba por primera vez en el viejo continente. Se trataba de un teniente coronel que en 1956 ganó la primera Copa de Europa con el Real Madrid, el primer título continental de un club español. José Villalonga no sólo triunfó con el equipo blanco sino que también fue el artífice del primer entorchado de la selección española: la Eurocopa de 1964.

Villalonga fue el precursor de una escuela de entrenadores, la española, que ha conseguido un hito sin precedentes en el mundo del fútbol a nivel de clubes: seis de los ocho técnicos que han llegado al último escalón de los torneos UEFA son españoles. El vasco derrotó al Friburgo para seguir haciendo historia en la Europa League. Dos de ellos, Luis Enrique y Mikel Arteta, se enfrentarán en la Champions League masculina. Íñigo Pérez rozó el milagro en la Conference League ante un Crystal Palace que quintuplica el presupuesto del Rayo. Y Romeu masacró a Giráldez, entrenador del Olympique de Lyon, con un Barcelona de récord en la Champions femenina.

"Nos pone muy contentos, es el reflejo de un trabajo de hace muchos años en la formación que repercute también en el talento del futbolista", explica a EL MUNDO David Gutiérrez, director de la escuela de entrenadores de la RFEF. Un organismo del que han salido otras grandes figuras como Pep Guardiola o, más recientemente, Xabi Alonso, recientemente elegido como nuevo técnico del Chelsea, además de los otros finalistas europeos.

Entre los seis técnicos finalistas no hay un mismo esquema. Los estilos son diferentes, pero Gutiérrez expone un elemento común para todo el que haya salido de la escuela de la RFEF. "En nuestro caso, el juego colectivo y el entendimiento del juego es lo que nos ayuda al éxito frente a otros países con características más fuertes, más físicos y más rápidos", expone el director.

Luis Enrique, en un entrenamiento con el PSG.

Luis Enrique, en un entrenamiento con el PSG.Matthias SchraderAP

Es evidente que la solidez defensiva y el balón parado son los puntos fuertes de un Arsenal ante un PSG que contrapone la presión alta y la creatividad desde todas las líneas. El uso de las bandas del Rayo y su intensidad, son seña de identidad de Íñigo Pérez. "Anticipar situaciones de juego nos hace diferentes", aglutina Gutiérrez sobre el entrenador español.

Según Gutiérrez, la serie Eurocopa-Mundial-Eurocopa de 2008 a 2012 atrajo las miradas mundiales hacia los banquillos y la formación españolas. "Formamos para que entiendan todas las situaciones del juego, por eso hay perfiles diferentes", comienza el director de la escuela para hablar de "principio adaptabilidad".

El país de la formación

Un puesto del que España no quiere bajarse. "Estamos en la pole y queremos mantenernos", apunta Gutiérrez. Por ello, a la metodología española se han añadido innovaciones técnicas y aprendizaje constante con viajes y visitas a otros países para seguir creciendo a nivel formativo. "En UEFA nos conocen como el país de la formación", revela el director.

Esta preponderancia del estilo español, mayormente representada por los equipos de LaLiga, ha brindado a nuestro país una quinta plaza en Champions, privilegio que sólo tiene la Premier League. Una liga, por cierto, que tenía a cinco técnicos españoles, cuatro de ellos como principales: Guardiola (Manchester City) y Arteta (Arsenal), que se jugaron la Premier, Emery (Aston Villa) y Andoni Iraola (Bournemouth). Recientemente llegó Paco Jémez como asistente en el West Ham de Nuno.

El fútbol femenino también coronó a dos españoles en la Champions femenina que se disputó en Oslo. Ambos campeones con el FC Barcelona. Romeu, el actual, y Giráldez, que no pudo conseguir el título que se le escapó cuando estaba en el banquillo blaugrana. El fútbol español está en la cima de Europa gracias a "estar a la última, pero con su propio sello".

Rendidos a Unai Emery por la metamorfosis del Aston Villa: “Es un enfermo por ganar partidos, un genio”

Actualizado

En la primera de 2019, el Aston Villa festejó su regreso a la Premier League en un ascenso que se jugó con el Derby County. No se pareció a lo que vivieron anoche en Estambul. John McGinn y Tyrone Mings alzaban al cielo el trofeo de la Europa League con el recuerdo de aquello que vivieron hace siete años, y cómo sufrieron luchando por la supervivencia después, cuando la Premier les condenaba con una exigencia atroz. Ahora que tocan la gloria saben que esa metamorfosis que los ha hecho campeones tiene un responsable: Unai Emery.

No hay jugador que no se haya rendido al técnico de Hondarribia, y no solo por el palmarés de cinco Europa League que le hacen entrar en el selecto grupo de los cuatro entrenadores que han ganado cinco grandes títulos europeos: Ancelotti, Mourinho y Trapattoni. A él solo le falta una Champions, que buscará con ahínco. A Emery le respetan por convicción y por otros números.

"Es un genio, un entrenador de clase mundial", decía el capitán McGinn, a quien ha convertido en ejemplo de sus compañeros y en imprescindible en su once... y en el de Escocia. Menos sorprendido está el Dibu Martínez, que ya le conoció en el vestuario del Arsenal y le vio perder su única final europea contra el Chelsea. "Es un enfermo por ganar partidos, un ganador como yo. Lo quiero mucho", confesaba el argentino, que fue a buscarlo nada más ser campeones para subirlo a hombros y que la grada lo homenajeara.

No dudó en aplaudirle y abrazarle Nassef Sawaris, el magnate egipcio copropietario del Villa. Él fue quien buscó a Emery para encomendarle el proyecto de volver a hacer grande a los villanos. Le entusiasmó su manera de superar eliminatorias europeas. Lo ha hecho en Champions, llevando al Villarreal a semifinales o al propio Aston Villa a los cuartos de final, pero donde más ha brillado es en la Europa League, que bien podría rebautizarse como la Emery League.

Han sido nueve participaciones, dos con el Valencia, tres con el Sevilla, dos con el Arsenal y una con Villarreal y Aston Villa, para sumar cinco títulos. Más de la mitad de veces que el vasco ha disputado la competición, la ha ganado. Esta temporada, además, lo ha hecho perdiendo solo dos de los 15 partidos: en la liguilla ante el Go Ahead y en la ida de semifinales ante el Nottingham Forest. En total, en tres años ha conseguido con los villanos 27 victorias en Europa.

Sin embargo, a él no hay quien le separe de la modestia, ni siquiera haber conseguido hacer feliz al Príncipe de Gales. Enamorado del Aston Villa, el Príncipe Guillermo vio desde el palco a su equipo proclamarse campeón. Cuando ganaron la Copa de Europa en 1982, aún no había nacido, así que fue su primera vez, como la de tantos otros villanos que llenaron las gradas del Besiktas Park y celebraron pese a la incesante lluvia que apareció al final del partido.

"Estoy muy contento porque he tenido la suerte de estar en grandes clubes que me han enseñado a querer esta competición. Y también la suerte de tener jugadores que han mostrado un gran compromiso respetando al rival y yendo a por la victoria", explicó Emery al final del partido."El Aston Villa se merece este título por lo que está trabajando para conseguir recuperar emociones olvidadas", añadió. Llegarán más. Palabra de Emery.

Emery engorda su historia europea haciendo campeón de la Europa League al Aston Villa

Actualizado

Unai Emery no es un mago, pero no es descabellado pensar que tiene poderes. Al menos cuando disputa la Europa League. Final que juega, título que gana. Tras Sevilla y Villarreal, ahora ha llevado al Aston Villa a la gloria. Una sequía de cuatro décadas se rompió bajo el cielo de Estambul, triturando al Friburgo hasta desdibujarlo para ser campeón. No es magia, es disección de rivales hasta la obsesión, concentración, esfuerzo, mentalidad ganadora. Es el reto permanente para él mismo y sus jugadores, que comprueban que sus herramientas les hacen mejores. Todo eso es Emery, Mr. Europa League.

En esta final, durante muchos minutos pareció que no pasaba nada. El Friburgo necesitaba sacudirse los nervios de novato y el susto que le provocó que, en el minuto 2, Atubolu tuviera que volar para despejar un peligroso disparo de Morgan Rogers. El Aston Villa no tenía prisa. Mandaba y consiguió instalarse en el borde del área de los alemanes, donde Watkins se batía en duelo con Lienhart, pero aparecían poco sus mejores escuderos: Emi Buendía y el capitán John McGinn. Se acercaban los villanos y Rogers fue el siguiente que probó con un tiro lejano que no pudo ajustar entre los tres palos.

Necesitaba el Friburgo subirse al partido y lo hizo a balón parado, un arma que manejan los dos equipos y que tardó en aparecer para acabar siendo decisiva. En el minuto 17, Grifo puso una falta al corazón del área y el rechazo de Lindelöf lo cazó Höfler, en su despedida del fútbol profesional, con un disparo que rozó el palo del Dibu Martínez. No habían amenazado ni el veterano Grifo ni Beste. Pocas ocasiones y poco riesgo en la primera media hora, aunque todo empezó a cambiar.

El equipo de Julian Schuster se soltó y Matanovic, correoso, le robó el balón a Tielemans para asistir a Manzambi, que se precipitó con un tiro lejano que atajó el meta argentino con comodidad. La réplica la dio Oli Watkins, que se empachó de recortes y no vio cómo McGinn aparecía solo por el costado izquierdo del área. Solo era cuestión de elegir bien, porque al Aston Villa le costaba muy poco armar peligro. Antes de que se desataran sus minutos más voraces, Manzambi rompió a Cash por la orilla izquierda y puso un centro perfecto que no encontró rematador.

Cuando el descanso asomaba, los villanos inclinaron la final. Digne, sujetado en defensa durante demasiados minutos, provocó el primer córner en el minuto 40. Oro puro para Unai Emery, que tiene una pizarra mágica. La varita, en realidad, la maneja su ayudante, Austin McAfee, que le ha dado hasta 25 goles en una temporada. En Estambul, encarriló el primer trofeo europeo en 44 años. Digne se apoyó en corto en Morgan Rogers y, cuando todos esperaban un centro al área, la puso en el pico contrario, donde apareció Tielemans para marcar con un golpeo seco en diagonal. Ahí comenzó un agobio que llevó al Friburgo a pedir la hora. Se temía lo que pasó. En el añadido, Buendía amplió el marcador con un zurdazo de rosca imparable.

Volvió a demostrar Emery que maneja como nadie el arte de maniatar a los rivales, porque los alemanes no lograron recomponerse en el inicio de la segunda parte. Ni cuando Watkins estuvo a punto de cazar el tercero, que no tardó en caer.

Ocurrió cuando Buendía quiso. Apareció por la banda, quebró dos veces a Kübler y asistió a Rogers que apareció en el primer palo para empujar la pelota donde el cancerbero alemán ya no llegaba. No había dudas de que la Europa League iba a viajar a Birmingham. No solo por el abultado resultado, sino por las pobres sensaciones del Friburgo, que suspiró aliviado cuando ni Waltkins ni Buendía ni McGinn fallaron el cuarto. Era suficiente para enloquecer hasta al Príncipe Guillermo, un villano más en el palco.

Emery y su sexto desafío en la Europa League: de la psicología deportiva al ajedrez para hacer al Aston Villa campeón

Emery y su sexto desafío en la Europa League: de la psicología deportiva al ajedrez para hacer al Aston Villa campeón

Recorrer el túnel de vestuarios de Villa Park es encontrarse de frente con un pasado glorioso que, durante años, intimidó a jugadores y entrenadores, pero que desde noviembre de 2022 es un impulso, un reto, un objetivo. El Aston Villa fue campeón de la Copa de Europa en 1982 ganando al Bayern de Múnich (1-0) y hay una generación que no recuerda ver a su equipo campeón. Han pasado 44 años de aquella final y 20 de la última Copa de la Liga inglesa, una travesía en el desierto, con descensos , amenazas de quiebra y ascensos que acabó en noviembre de 2022 con la llegada de Unai Emery.

El técnico vasco, Mr. Europa League por los cuatro títulos y las cinco finales que ha disputado, ha vuelto a hacer brillar el nombre de los villanos en Europa y, ante el Friburgo en Estambul, lograr que vuelvan a ser campeones. No se fía de los alemanes ni le gusta la condición de favorito, aunque no tiene más remedio que asumirla. «Es un desafío. Tenemos confianza, pero si no respetamos al Friburgo estaremos cerca de perder», advirtió en las tripas del estadio del Besiktas antes de su sexta final.

En los últimos meses, ha apartado la lectura de libros de psicología deportiva y se ha lanzado al ajedrez. Partidas cortas, de tres minutos online, que le permiten ejercitar la concentración. «Me sirve para entender el fútbol, porque un error te puede costar la partida», explica. Y repite una frase que intenta que cale en sus jugadores. «Ante un equipo que puede ser inferior, la concentración es esencial. Porque si cometes un error, te ganan», insiste el vasco, a quien lo peor que se le puede decir es que su equipo carece de identidad o que «no se sabe a lo que juega». No es el caso del Aston Villa, anclado en jugadores como el Dibu Martínez, Douglas Luiz, McGinn, con el brazalete, Buendía y Oliver Watkins.

El capitán y Tyrone Mings aún recuerdan el playoff de ascenso a la Premier en 2018. «Ha sido un viaje brillante, con altibajos, incluso cerca de volver a descender. Es un momento de orgullo para mí», confesó el escocés, a quien Emery le retó para que marcara al menos diez goles y lo ha logrado. «Espero que pueda llegar el 11 o el 12 en la final», bromeó.

A Unai no le gustan los halagos, se protege de ellos porque anticipan críticas, pero es imposible esquivarlos en Birmingham. Ha conseguido una comunión con la afición a base de trabajo, esfuerzo y resultados. En los primeros meses, regresó a las competiciones europeas, a la Conference League, donde se quedó en semifinales con el Olympiacos, pero ya había logrado colarse entre la élite de la Premier y poner un pie en la Champions. En la máxima competición, el rendimiento fue notable, pero se cruzó con el PSG en cuartos de final. La diferencia de goles en una Premier desquiciante le privó de volver a intentarlo, pero la Europa League le da revancha y le permite seguir la progresión marcada.

Justo lo que Nassef Sawiri y Wesley Edens, los magnates egipcio y americano propietarios del club, buscaban cuando sacaron a Emery del Villarreal. «Estaban atraídos por los éxitos en Europa, por la capacidad para superar eliminatorias del KO y para construir equipos competitivos», confesaba el entrenador en los primeros meses. Le dieron plenos poderes para «organizar y estructurar» toda la parcela deportiva. Hasta reorganizó la ciudad deportiva de Boodymoor Heath. Todo lo que se esperaba de él lo ha logrado. Emery se ha convertido en uno de los mejores técnicos, rodeado de un equipo de confianza que le fortalece, desde el director de operaciones, Damià Vidagany, su mano derecha, hasta Paco Ayestarán como segundo entrenador o Roberto Olabe como director de fútbol desde que, a principios de temporada, Monchi dijo adiós.

¿Por qué tiene un idilio con la Europa League? «Porque es la competición que más ha jugado», recuerdan desde su entorno, sin dejar de recordar que con el Villarreal llegó a semifinales de Champions, y cayó ante el Liverpool, y con el PSG fue eliminado en octavos ante Real Madrid y Barça, «no sin polémica arbitral», insisten.

Si Emery es reconocido por su meticulosidad para desactivar rivales, sus esfuerzos se centran tanto o más en la fortaleza mental. Eso es lo que pide a sus jugadores antes de jugar esta final: «Necesitamos ser maduros y responsables. Hemos construido esa mentalidad durante toda la temporada, por eso estamos aquí», advirtió. Desde que cambió las botas por el banquillo en el Lorca, su ambición técnica y táctica ha ido de la mano del trabajo para crear grupos capaces de mejorar también en ambición. «Desde que empecé a hacer los cursos de entrenador, leía mucho al argentino Marcelo Roffé, y he tenido presente mucho de lo que dice. Jugarán las emociones y habrá presión, pero tiene que ser positiva», confesaba.

Ha llegado y enfocado el deseo de sus jugadores... y de sus fans. «Sin límites para nuestros sueños», rezaba la pancarta con que le recibieron los villanos en el primer partido de esta temporada en Villa Park ante el Newcastle. Bajo el cielo de Estambul, pueden hacerlos realidad.

De Beckham, Piqué y Villa a Emery o Mbappé: estrellas que dieron el salto a la gestión de la industria del fútbol antes que Sergio Ramos

De Beckham, Piqué y Villa a Emery o Mbappé: estrellas que dieron el salto a la gestión de la industria del fútbol antes que Sergio Ramos

Sergio Ramos quiere comprar el Sevilla, una propuesta que ha sacudido LaLiga al inicio de 2026 pero que no es una excentricidad. Las estrellas del fútbol empiezan a tener peso en la industria más allá del césped o de los banquillos. Los palcos, los despachos, las gerencias y la propiedad ya no son terreno inexplorado para los jugadores una vez llegado el final de su carrera deportiva. De la base de la industria están pasando a la cúspide, incluso al frente de grupos empresariales que abarcan casi todo el espectro de negocio relacionado con el fútbol profesional. Con razones variadas, son cada vez más.

Ramos, si los máximos accionistas del Sevilla aceptan la oferta presentada con un grupo de empresarios, puede seguir la estela de compañeros de selección que iniciaron la senda. Uno de ellos es David Villa. El Guaje creó antes de colgar las botas DV7 Group, una empresa que gestiona junto a Víctor Oñate, y que tiene una dimensión global, con divisiones que van desde el management y la representación -en su cartera están Davide Ancelotti o Quique Sánchez Flores- al marketing, la comunicación y la formación a través de academias repartidas en todo el mundo. El último salto lo dio en marzo de 2023 cuando compró el Club de Fútbol Benidorm.

El asturiano ya había invertido en 2019 en levantar el proyecto del Queensboro FC en Nueva York, una franquicia con plaza en la USL Championship, la segunda división en Estados Unidos. Con su vuelta a España, tuvo oportunidad de comprar el Burgos, pero buscó un club al que hacer crecer desde cero y lo encontró en la Costa Blanca. «Esto no es solo crear un club de fútbol que gane o empate los domingos; esto es mucho más», aseguraba el ex goleador. La idea es subir un peldaño más y acercar la metodología de sus academias internacionales al fútbol profesional.

Villa, junto a su socio y el alcalde de Benidorm.

Villa, junto a su socio y el alcalde de Benidorm.E.M.

Por el momento juega en la Lliga Comunitat, la Tercera Federación de la Comunidad Valenciana, pero ha hecho crecer la base con 38 equipos en la cantera, dos de ellos femeninos. Con un estadio, el Guillermo Amor, con 9.000 localidades, la intención es ir dando pasos, desde la sostenibilidad, al profesionalismo en una ciudad con un potencial infinito y una colonia británica que se deja notar en las gradas. Villa optó por crecer desde la humildad, porque las fuentes de ingresos de su conglomerado empresarial vienen de las otras ramas en las que su intervención directa es menor. Para el Guaje, el contacto con los jóvenes talentos y ejercer como padrino ha sido su motivación para entrar de lleno en la industria.

Más atrevido fue Gerard Piqué cuando, en 2018, compró a través de Kosmos el Andorra. Cubrió sus deudas y, un año después, invirtió 452.000 euros para comprar la plaza del Reus en la entonces Segunda B y hacer pasar al club del Principado de la Primera Catalana a las puertas del fútbol profesional al que, con una inyección de casi cuatro millones de euros, no tardaría en llegar. De momento, lo tiene asentado en mitad de la tabla en Segunda y, al contrario que Villa, poco amigo de los palcos, Piqué sí sigue de cerca los partidos de su equipo. «Claro que volvería a invertir en el Andorra y en el país porque ha sido un éxito estar donde estamos ahora. Me he rodeado de buenos amigos que saben de esto y estoy convencido que algún día escucharemos el himno de la Champions en Andorra. Sé que es difícil, pero lucharemos y normalmente logramos las cosas que nos proponemos», ha reconocido el ex azulgrana en uno de sus alardes. La tarea no será fácil.

Sin hablar de Champions, palabras mayores, asentar un equipo en Primera fue lo que buscó Ronaldo Nazario en el Valladolid. Logró dos ascensos, pero no llegó a consolidarlo y, con la afición en contra y expectativas en Brasil, acabó vendiéndolo. Hasta el momento, el brasileño es la única estrella que ha sido dueño de un club de la máxima categoría en España.

Mucho más éxito ha tenido David Beckham, pero en Estados Unidos, donde las reglas con otras y la inversión es menos arriesgada porque la MLS es una competición cerrada, sin ascensos ni descensos que lo condicionen todo. Cuando el inglés firmó en 2007 con Los Ángeles Galaxy, su contrato incluía un acuerdo para comprar una franquicia a un precio reducido de 25 millones de dólares. En 2014 llegó el momento. Se asoció con los empresarios Jorge y José Mas y, en 2020, nació el Inter de Miami, con un crecimiento deportivo en el que se involucró el ex del Manchester para acabar conquistando a jugadores como Leo Messi, Luis Suárez o Busquets, que acabaron vistiendo la camiseta rosa en Florida y le dieron una dimensión global al club.

Beckham, junto a Leo Messi.

Beckham, junto a Leo Messi.D. BECKHAM

Ya sabía Beckham lo que era poseer un equipo, aunque a escala mucho menor. Sus compañeros de la Clase del 92 en el United se lanzaron al rescate del Salford City en 2014, un club en la cuarta categoría inglesa. Ryan Giggs, los hermanos Gary y Philp Neville, Paul Scholes y Nicky Butt se hicieron con 60% de la propiedad y el otro 40% lo compartieron con Peter Lim, que le cedió un 10% a Beckham. El dueño del Valencia salió de la sociedad en agosto de 2024 vendiéndole su paquete accionarial a Gary Neville. La nefasta gestión en el conjunto valencianista le ha llevado a renegar del fútbol, aunque sea en categorías casi de aficionados y por romanticismo.

La nostalgia y el sentimiento de pertenencia también provocan que jugadores y entrenadores acaben invirtiendo en los que fueron sus equipos. O de sus familiares. Es el caso de Unai Emery, que se ha convertido en el máximo accionista del Real Unión de Irún, uno de los 10 clubes que fundó la Liga en 1929, con cuatro Copas del Rey y cuatro temporadas en Primera. Allí jugaron de porteros su abuelo Antonio y su padre Juan Mari. «Es un proyecto que va más allá de lo deportivo. Mi sueño es ver al Real Unión en Primera, pero el objetivo es que nos sintamos orgullosos de nuestra tierra», aseguraba el entrenador del Aston Villa, que tiene a su hermano Igor en la presidencia y a su hijo Lander como guardameta del primer equipo, que lidera el grupo 2 de Segunda Federación.

A la lista de propietarios se unió hace un año hasta Kylian Mbappé, que compró el Caen normando de la tercera francesa.

Alves, con la camiseta de su nuevo equipo portugués.

Alves, con la camiseta de su nuevo equipo portugués.E.M.

Más reciente es la compra de Dani Alves que, además de predicar tras sus problemas judiciales, se ha convertido en copropietario del São João de Ver, un equipo de la Tercera División portuguesa cercano a Oporto.

El francés ex del Chelsea N'Golo Kanté, tras su millonario fichaje por el Al-Ittihad, compró el club belga Royal Excelsior Virton, de la tercera división. Drogba y Maldini decidieron invertir en la segunda división de Estados Unidos, en el Phoenix Rising el goleador y en el Miami FC el lateral italiano.

Si la lista de propietarios es larga, la de accionistas no deja de crecer. Thierry Henry y Cesc Fábregas se unieron al Como italiano, equipo que ahora entrena el español, y ha sido seducido Luka Modric, que adquirió en marzo un porcentaje del Swansea británico.

Un Arsenal pletórico se lleva por delante al Aston Villa

Un Arsenal pletórico se lleva por delante al Aston Villa

Actualizado

Si los aficionados de Birmingham soñaban con un Aston Villa candidato al título, el Arsenal se encargó de poner las cosas en su sitio. Los goles de Gabriel Magalhaes, Martín Zubimendi, Leandro Trossard y Gabriel Jesus, todos en la segunda parte, truncaron la racha de Unai Emery, que enlazaba ocho victorias en la Premier League. Un triunfo que otorga a los gunners el honorífico galardón de campeones de invierno. [Narración y estadísticas (4-1)]

Fue un miércoles de felicidad plena para Mikel Arteta, a quien le venían reclamando un triunfo de esta autoridad. El único borrón fue no dejar la portería a cero, porque tras no conceder ni un solo disparo durante toda la noche, David Raya se vio superado en el tiempo añadido. En cualquier caso, ese remate bajo palos de Ollie Watkins, culminando una acción de Donyell Malen, no debe enturbiar la actuación del líder de la Premier, con 11 triunfos consecutivos.

El Arsenal encontró una velocidad más tras el descanso y minimizó a un Aston Villa que había dejado su sello durante el primer tiempo. A partir del 1-0 impuso su fútbol pletórico y ofreció un festival a la hinchada del Emirates, alejando de paso a los villanos a seis puntos en la tabla.

17 goles de córner

El balón servido por la bota izquierda de Bukayo Saka, justo al corazón del área chica, pilló desprevenido a Emiliano Martínez, más pendiente de obstaculizar a los rematadores. Demasiadas facilidades para Gabriel, que cabecearía a la red tras ganar el salto al argentino.

En su primer saque de esquina, el Arsenal tomaba ventaja, ampliando su asombrosa estadística de 2025, un año en el que ha anotado 17 goles de córner. En la historia de la Premier League, sólo el Manchester United ha logrado más en un año natural (18 en 2012).

Poco antes de cumplirse la hora de juego, Darren England dejó sin amonestación un clamoroso agarrón de Mikel Merino sobre Morgan Rogers que hubiese significado la segunda tarjeta amarilla para el ex centrocampista de la Real Sociedad.

Gabriel se anticipa a Emiliano Martínez en la acción del 1-0.

Gabriel se anticipa a Emiliano Martínez en la acción del 1-0.AP

Tras un primer tiempo igualado, con tramos de superioridad visitante y cierto peligro en algunos contragolpes, los gunners lograron imponer sus virtudes. Como la presión en campo rival, con la que Martin Odegaard decantó la acción del 2-0. El capitán gunner ganó un balón dividido y filtró un exquisito pase hacia el desmarque de Zubimendi, cuyo sutil toque con el exterior hizo imposible la salida del Dibu.

A partir de ahí, el atronador dominio local se tradujo en el 3-0 de Leandro Trossard, con un fantástico derechazo desde la frontal. Tras una revisión en el VAR, el árbitro concedió validez a la acción. La fiesta fue completa con la irrupción de Gabriel Jesus, que envió un preciso derechazo a la red y fue castigado con la amarilla por quitarse la camiseta durante la celebración.

Luis Enrique, el coreógrafo audaz que llevó al PSG hacia el infinito

Luis Enrique, el coreógrafo audaz que llevó al PSG hacia el infinito

En los tiempos del culto al ego y del retroceso de la acción colectiva, en la era del narcisismo y la hipertrofia del yo, Luis Enrique Martínez (Gijón, 1970), en su segunda temporada en el Paris Saint Germain, consiguió aunar talento y voluntades para suscribir el gran logro ambicionado obsesivamente por Nasser Al-Khelaifi, quien había buscado la Copa de Europa por vías que acabaron revelándose estériles. La noche del 31 de mayo, en el Allianz Arena de Múnich, el PSG vencía 5-0 al Inter para hacerse con su primera Champions con la mayor goleada en una final de la competición.

Ya no estaban Messi, Neymar ni siquiera Kylian Mbappé, a quien la prensa deportiva madrileña había recomendado fichar de una vez por todas por el Real Madrid si quería hacerse con el máximo torneo continental. Después de sucesivos proyectos frustrados, el magnate catarí otorgó plenos poderes al ex seleccionador de España y tuvo la paciencia suficiente tras el curso de debut y los serios apuros con el nuevo formato de la competición, cuando no fueron pocas las soflamas mediáticas en contra del nuevo entrenador a medida que el equipo volvía a quedar lejos del objetivo.

A diferencia de lo que sucede con otros grandes equipos, sólo los muy aficionados al fútbol recitarían la alineación del PSG, un grupo caracterizado por su armonía sobre el terreno de juego y su solidaridad en el desempeño del oficio. Buenos jugadores, algunos de ellos excelentes, pero ninguno eximido de las responsabilidades impuestas por su entrenador en aras del bien común.

Con Luis Enrique llegó la mejor versión de Ousmane Dembélé, consagrado con el Balón de Oro tras cinco temporadas decepcionantes en el FC Barcelona. El internacional francés suscribió 37 goles y 15 asistencias en un curso excepcional, en el que su equipo ganó también la Supercopa de Europa, la Copa Intercontinental, la Liga y la Copa de Francia, además de disputar la final del Mundial de Clubes.

El triunfo por penaltis logrado este 17 de diciembre ante el Flamengo en la Intercontinental, después de que el partido concluyese con empate a uno, fue el colofón a un año difícilmente mejorable del PSG. Paralelamente al asombro que provocaron durante la temporada el vértigo y la ferocidad de Dembélé, quien, convalenciente de una lesión, sólo pudo disputar los últimos 12 minutos y la prórroga ante los brasileños, impresionó observarle siempre implicado como el que más, en la primera línea del frente a la hora de iniciar la atrevida y extenuante presión que distingue al mejor equipo del mundo.

El crecimiento de Vitinha

Otro de quienes han alcanzado de su mano la expresión más rica de su fútbol es Vitinha, alzado al podio del Balón de Oro, detrás de Dembélé y Lamine Yamal. Junto al guardameta, ahora Chevalier, o también Safonov, determinante el ruso en la Intercontinental al detener cuatro lanzamientos en la tanda de penaltis, antes Donnaruma, el medio centro portugués es el hombre más fácil de ubicar en un elenco donde todos los actores pueden interpretar varios papeles a lo largo de la función. Vitinha maneja la partitura, ordena, dirige y enmienda, sin perder nunca el rumbo, tan diestro al volante como a la hora de manejar el freno o pisar el acelerador.

Este 8 de diciembre, en la cuarta jornada de esta edición de la Liga de Campones, en la que su equipo ganó 5-3 al Tottenham Hotspur, destacó en una faceta infrecuente, al conseguir por primera vez marcar tres tantos en un partido.

Luis Enrique ha encontrado en el fútbol, su pasión de toda la vida, una vía de rescate emocional a la pérdida de su hija Xana, fallecida en 2019 a los nueve años como consecuencia de un osteosarcoma. Después de su controvertido paso por la selección española, en el que pesó la eliminación ante Marruecos en los octavos de final del Mundial de Catar, y del obligado receso ante la tragedia personal, disfruta en París del punto álgido de una trayectoria brillante en los banquillos, en la que suma 18 títulos.

El mejor de la lista

Unai Emery, Thomas Tuchel, Mauricio Pochettino, Christophe Galtier... Han sido unos cuantos los técnicos con quienes ha probado Al-Khelaifi, así como fueron muchas las estrellas rimbombantes que pasaron por el equipo. Pero ningún entrenador supo ganarse la independencia y el exclusivo liderazgo con la personalidad y la sabiduría que lo ha hecho Luis Enrique.

Feliz en la dificultad, como confiesa en No tenéis ni p... idea, la serie documental emitida el pasado 2024 en Movistar Plus, y retroalimentado por la confrontación, a través de una beligerancia constante con los medios, su éxito no admite debate. Mientras persigue de nuevo los máximos objetivos, se exprime en cuerpo y alma a lomos de su bicicleta y corriendo descalzo. Siempre en busca de sus propios límites.

El PSG resiste en Birmingham colgado de Donnarumma

El PSG resiste en Birmingham colgado de Donnarumma

Lo que iba para baile, terminó entre sudores fríos. Un par de intervenciones, casi sobrenaturales, de Gianluigi Donnarumma salvaron al PSG de una debacle en Villa Park, donde antes de la media hora se había adelantado con dos goles. Estas son las curas de humildad de la Champions. El aprendizaje que todo aspirante, por muchas ínfulas que gaste, debe asumir. Sólo colgado de su portero, descomunal en un mano a mano ante Marco Asensio, el equipo de Luis Enrique pudo esquivar la prórroga. [Narración y estadísticas (3-2)]

Maldijo la afición de Birmingham la celeridad con la que se esfumaron los tres minutos de añadido decretados por Sánchez Martínez. No hubo recompensa al asedio inglés, truncado por un despeje bajo palos de Pacho ante la volea de Ian Maatsen. Si quiere competir con seriedad en las semifinales, el PSG no puede permitirse desvanecimientos así. Hasta la media hora había manejado el partido a su antojo. Cuando bajó un punto su nivel, el Aston Villa se lo llevó por delante. Todo el crédito para Unai Emery, que imploraba de rodillas a la fortuna esquiva.

El primer deber de su equipo era meter en temperatura a Villa Park, un escenario con 128 años de historia, sobre el que sigue impreso un lema: "Donde nuestros héroes son villanos". Por allí se cuentan historias de la Copa de Europa arrebatada al Bayern. Para excitar aquella magia, Emery necesitaba un par de incursiones tempranas con las que enardecer a la afición. Esas buenas intenciones se vinieron abajo en el minuto 10.

Vulnerables a la espalda

Fue un balón al espacio de Nuno Mendes hacia la cabalgada de Bradley Barcola por la izquierda. Demasiado espacio abierto ante Emiliano Martínez, cuyo mal despeje fue aprovechado por Achraf Hakimi. Un martillazo para el estadio. Más terrible aún que el fallo de la megafonía, que durante la ceremonia de presentación de los equipos hizo sonar el himno de la Europa League.

El castigo se suponía acorde al riesgo asumido por una defensa tan adelantada. Pretendía el Aston Villa imponer el músculo de Boubacar Kamara y Amadou Onana, a riesgo de mostrar una alarmante vulnerabilidad a la espalda de sus mediocentros. Con tanto campo por delante, los laterales del PSG desplegaban sus alas. Así que no fue casual que Mendes, antes de la media hora, ajustase con la zurda a la red un balón servido por Ousmane Dembélé.

El defensa portugués, autor del 3-1 en la ida, compendiaba todas las virtudes de este PSG, que cuando no domina con la posesión también penaliza los fallos del rival. Un equipo que sólo había perdido uno de sus últimos 30 partidos. Desde el pitido final en París, Luis Enrique venía avisando de sus intenciones para la vuelta. No maneja más alternativa que la victoria. Del mismo modo que no admite otra alternativa ante la presión que el balón jugado.

El remate de Nuno Mendes para el 0-2 en Villa Park.

El remate de Nuno Mendes para el 0-2 en Villa Park.AP

Cuando pisaba campo rival, Hakimi volvía a filtrarse entre sus centrocampistas para dar superiodad. Cuando Mendes buscaba la superioridad con Barcola, Vitinha retrocedía para tapar a su lateral zurdo. Los movimientos acompasados del PSG excedían con mucho la resistencia del Villa, que bastante hizo al encontrarse, traspasada la media hora, con un afortunado remate de Youri Tielemans tropezado en Pacho.

Con todo perdido, Emery empleó el descanso para reforzar la moral de sus muchachos. No hizo ni un solo cambio, pero el Villa pareció otro equipo, con un ritmo frenético, una agresividad distinta, una convicción casi suicida. Un disparo de John McGinn, rozado de nuevo por Pacho, galvanizó al príncipe de Gales en el palco. Dos minutos más tarde, Donnarumma salvó un gol cantado de Marcus Rashford. A la salida de ese saque de esquina, el ex delantero del United sirvió el 3-2 con un lacito a Ezri Konsa.

En las tribunas, la gente llegaba al delirio. Como cuando Dennis Mortimer alzó la Orejona al cielo de Rotterdam en 1982. Con Asensio y Maatsen ya en liza, la gente de Birmingham vio la prórroga en sus manos, pero Donnarumma se interpuso a tiempo.

El PSG va muy en serio y regala otra gran noche de fútbol ante el Aston Villa

El PSG va muy en serio y regala otra gran noche de fútbol ante el Aston Villa

Ya pueden recriminar a Luis Enrique sus desahogos ante la prensa o ese dogmatismo, casi fanático, a la hora de llevar a cabo su idea. Lo que nadie debe negar, a tenor de los hechos, es que este PSG se comporta, en las buenas y en las malas, a imagen y semejanza de su técnico. Es un equipo de autor. Hubo evidencias durante la eliminatoria ante el Liverpool y tendremos más el próximo martes en Villa Park, donde defenderá, a su peculiar manera, la victoria de ayer en París. El PSG juega muy bien a esto y si no podemos considerarle máximo candidato al título es por su falta de contundencia en las áreas. [Narración y estadísticas (3-1)]

No se trataba sólo de ese insólito gesto de Khvicha Kvaratskhelia, que renunció a forzar un penalti clamoroso de Boubacar Kamara. Ni de la primera salida por alto de Gianluigi Donnarumma, a modo de espantapájaros. El PSG hacía todo casi tan bien como en Anfield, tirando de un ovillo interminable de pases, pero sin la puntada final.

Emiliano Martínez repelió un disparo de Ousmane Dembélé, Vitinha la puso por encima del larguero con todo a favor y Désiré Doue parecía algo obtuso en sus primeros acercamientos. El arranque parisino fue un continuo revoloteo en torno al área rival, con verticalidad, con innumerables recuperaciones merced a su impetuosa presión. Mucha fe, pero escasa puntería.

Penalizar el fallo

El Aston Villa hubo de esperar casi media hora para tejer su primera jugada en campo rival. No era la prioridad para Unai Emery, claro, que se protegía con una línea de cinco y las ayudas, fantásticamente sincronizadas de sus volantes. El Villa iba sobrado de paciencia para penalizar el fallo.

Un error en la salida, por ejemplo, de Nuno Mendes ante John McGinn. A partir de ahí bastaron cuatro toques para que Marcus Rashford encontrase la incorporación de Youri Tielemans, cuyo balón al espacio fue empujado a la red por Morgan Rogers. Nada mejor para entender la relevancia del momento que el festejo en el palco de Guillermo, príncipe de Gales.

El revés no iba a suponer merma alguna en la confianza del PSG, guiado por Doué y Kvaratskhelia, cuyas constantes permutas ponían a Emery con los nervios de punta. El francés, 19 años, niveló el marcador poco antes del descanso con un derechazo a la escuadra. A la vuelta de los vestuarios, el georgiano quiso dar réplica con otro golazo. Tras recibir a 30 metros de la portería, Kvaratskhelia trazó una diagonal diabólica para romper la cintura de Axel Disasi y largar un soberano disparo al ángulo.

Emiliano Martínez, desolado tras el 3-1 en París.

Emiliano Martínez, desolado tras el 3-1 en París.AFP

Con media hora por delante y un resultado adverso, Emery tenía que enfriar el asunto. Nada de ruborizarse por seguir cediendo metros y nada de ir contra su propia naturaleza. Porque nada significaba, por sí sola, la mera presencia Marco Asensio, su primer relevo en la vanguardia. El Villa se sentía feliz con una derrota por la mínima. Si el pasado otoño ya ganó al Bayern en su estadio, ¿por qué considerar un milagro otra victoria así?

Al PSG le anularon un gol por fuera de juego de Achraf Hakimi y sólo hubo de lamentar un susto, sustanciado en un remate de Rogers. El respeto mutuo, entre quien se daba por satisfecho por la victoria y quien se conformaba con su propio castigo, estalló por los aires en el tiempo extra. Dembélé filtró un balón perfecto para la subida de Nuno Mendes. La finta del lateral ante Ezri Konsa, que dejaría también por los suelos al guardameta, bien parece un pasaporte para semifinales.

Emery frente a Luis Enrique: el trauma del 6-1, una amistad y muchos dosieres en el despacho

Emery frente a Luis Enrique: el trauma del 6-1, una amistad y muchos dosieres en el despacho

El 8 de marzo de 2017, poco antes del pitido inicial, Unai Emery saludó a Luis Enrique en el Camp Nou aferrado a un convencimiento. Su primera eliminatoria de Champions con el PSG se resolvería de igual modo que las nueve anteriores con el Sevilla en la Europa League. Sin embargo, dos horas más tarde, el irundarra, entre el estupor y la indignación, apenas pudo ofrecer alguna explicación a lo sucedido. «Fue mi peor momento como entrenador», confesaría, años más tarde, a propósito de aquella debacle ante el Barça (6-1), con la que se convertía en el único técnico de la historia eliminado de la Champions tras una renta de cuatro goles en la ida. «De aquel partido cambiaría el árbitro», añadió sobre la labor de Deniz Aytekin.

Hoy, Emery tampoco perderá la oportunidad de abrazar a Luis Enrique, actual técnico del PSG, y a otros viejos conocidos en el Parque de los Príncipes, el estadio donde, entre 2016 y 2018, jamás obtuvo el cariño de la afición, que apenas quiso dedicarle un petulante desdén. De nada le valdría su empeño en aprender francés o su título de Ligue 1. En mayo de 2018, una vez cumplidos sus dos años de contrato, Nasser Al-Khelaifi puso punto final al ciclo de Emery en París.

El detonante, por segundo año consecutivo, había sido la eliminación en octavos, donde el PSG volvió a mostrar demasiadas carencias ante el Real Madrid. El fantástico comienzo en el Bernabéu se diluyó por completo tras el descanso, donde decidieron los goles de Cristiano Ronaldo y Marcelo. El partido de vuelta resultó un trámite para el equipo de Zinedine Zidane. Aquel PSG resultaba irreconocible a nivel competitivo. Muy lejos de la exigencia de un técnico que, excluyendo su etapa en París, sorteó 22 eliminatorias seguidas de Europa League con Sevilla (2013-16), Arsenal (2019) y Villarreal (2022). Nada menos que cuatro títulos tras cinco finales.

El ejemplo de Tottenham y Dortmund

«Unai es un entrenador top, con una gran capacidad de analizar al rival y de potenciar a su equipo. Además, lo ha demostrado en diferentes banquillos», valoró el pasado viernes Luis Enrique. Esas virtudes, por supuesto, han adquirido mayor relevancia aún durante las eliminatorias. Sólo cabe citar el caso de su Sevilla, triple campeón de la Europa League sin alcanzar ni una sola vez el top-4 de LaLiga, o de su último Villarreal, semifinalista de la Champions 2022 tras apartar a Bayern y Juventus, pero séptimo en LaLiga.

A este fabuloso rendimiento en los torneos cortos se aferra el Aston Villa, un conjunto que hoy encadena siete victorias en todas las competiciones, su mejor racha desde marzo de 1981. Su última derrota data del 25 de febrero (4-1 ante el Crystal Palace) y es el único superviviente inglés en la Champions. Nada desdeñable para un club que no disputaba la máxima competición desde 1982. ¿Por qué no soñar, pues con una final como las de Tottenham (2019) y Dortmund (2024)?

«Nuestra amistad se ha forjado a través de nuestros enfrentamientos. Unai es un entrenador que cuida su trabajo y su equipo ha mejorado gracias a él», contó ayer Luis Enrique, otro obseso de su profesión. En el vestuario del Villa son leyenda las interminables jornadas de Unai y la montaña de dosieres apilados en su despacho. Desde noviembre de 2022, cuando tomó el relevo de Steve Gerrard, el ambiente en la ciudad deportiva de Bodymoor Heath resulta mucho más que saludable. Nada que ver con la tensión vivida en el Arsenal o el PSG. A lo largo de estos dos años y medio, sólo Pep Guardiola y Mikel Arteta han sumado más puntos en la Premier.

Emery, el pasado 8 de marzo, durante un partido ante el Brentford.

Emery, el pasado 8 de marzo, durante un partido ante el Brentford.AP

Emery, respetado entre los rivales e idolatrado en Villa Park, se ha convertido en el entrenador con mejor balance (54% de victorias) en los 150 años de historia del Villa. Cierto que desde Birmingham se manejan importantes recursos financieros. Según el informe UEFA Finance and Investment Landscape, la masa salarial del Villa aumentó un 33% en 2024 hasta convertirse en la décima más elevada de Europa (287 millones de euros). De hecho, el organismo presidido por Aleksander Ceferin sigue con lupa las operaciones del club para que compla con sus normas, tanto en las tasas de traspaso como en los honorarios de los agentes.

Escasez de efectivos

El pasado verano, Emery tuvo que prescindir de Douglas Luiz, uno de sus mejores centrocampistas, para atenerse a las Reglas de Sostenibilidad de la Premier. A ese traspaso a la Juventus, a cambio de 52 millones de euros, hubo que sumar el de Moussa Diaby, por el que el Al-Ittihad pagó 60 millones y el más reciente de Jhon Durán, comprado en enero por el Al-Nassr a cambio de 77 millones. Sin embargo, el buen tino de Monchi desde la dirección técnica ha de evaluarse a la luz de sus incorporaciones de perfil bajo, como Morgan Rogers, comprado en 2023 por 9,4 millones, o Youri Tielemans y Boubacar Kamara, que llegaron a coste cero procedentes del Leicester y Olympique de Marsella. Por no mencionar a Ollie Watkins, crecido en el semiprofesionalismo y al que Emery ha extraído todo su talento.

«Desde su llegada, el Aston Villa es un equipo muy mejorado. El curso anterior ya estuvo a un alto nivel y este año es un equipo más completo aún», analizó el viernes Luis Enrique, horas de cerrar su primer título de Ligue 1 con el PSG. No obstante, a diferencia de Manchester City, Liverpool o Arsenal, el Villa sigue contando con escasez de efectivos. Una carencia que obliga a Emery a profundizar en sus rotaciones. El pasado sábado hubo ocho novedades en el once ante el Nottingham Forest y este fin de semana ese plan seguirá vigente en la visita al Southampton.

La vista al Parque de los Príncipes también representa una oportunidad para que Emery mejore su registro personal ante Luis Enrique. De momento, en los 10 precedentes, el ex técnico del Barça acumula siete victorias, por sólo dos tropiezos.