Bueno, el Madrid dio un paso más hacia el cadalso del fracaso en la Liga. Fue un simulacro de equipo. Presa del tacticismo de Bordalás y sus maniobras en la oscuridad del fútbol.
Arbeloa es un incompetente. No puede ser entrenador del Madrid. Fue un medio fracaso en el Castilla y ahora será el enterrador de esta temporada. Si narramos la cantidad de barbaridades que cometió tácticamente llenaríamos varias páginas de la ignomia del ex lateral derecho.
Premió a los del fracaso de El Sadar y ante un Getafe que le iba a poner la muralla china siguió con su maldito 4-4-2. Y sin Mbappé. Con un hueco de inutilidad por el lado derecho, porque Valverde jugó donde le dio la gana sin respeto táctico.
Arda Güler juega casi siempre a 50 metros de la línea de meta y así es imposible que se convierta en un jugador peligroso. Y muy difícil que meta goles. Cuando lo intento en posición hizo la jugada del partido y la única ocasión clara del Madrid.
El caso de Gonzalo es patético. Le han dicho al genio del banquillo que tiene que defender, así que pasa más tiempo tratando de birlar el balón que de delantero centro, donde casi nunca está. Antes era un goleador, ahora Arbeloa lo ha convertido en un juguete roto.
El líder Vinicius sólo juega para él. "Yo soy el fenómeno". Y con el planteamiento de Bordalás era imposible que hiciera algo positivo. Siempre tenía a tres vigilantes. Pero él se empeñó. Que para eso es el líder. Ni siquiera dio un centro válido desde su posición. Claro que en el área no había nadie.
El Madrid es el peor equipo ofensivamente de los gallitos del fútbol. Nunca hay nadie dentro del área, porque hay que defender según el defensa llamado Arbeloa. Bordalás se había burlado de él. Durante la segunda parte, el aspirante a entrenador del Madrid comete el gran error de sólo atacar con delanteros. El fallo más latente de un entrenador que no sabe ni leer el catón. No sabe ni leer el fútbol.
¿Quien ha fichado Mantantuono y Huijsen? Habría que echarlos a los leones del circo del Bernabéu. Que ya casi lo hacen. Además. Mastantuono insulta en argentino y se va a la calle. Por no hablar de Trent o un despistado Carreras.
Francamente, el futuro inmediato es tenebroso. Una espesa niebla de Arbeloa ciega al Madrid, que sólo es un equipo sin alma, sin carisma, sin saber que para atacar con una defensa de bloques hay que buscar los espacios, con más velocidad de balón y no como jugadores de futbolín, todos atados para recibir el pase al pie.
Fíjense lo que queda de temporada. Un equipo al borde del precipicio y sin los goles de Mbappé, que escondían la mediocridad colectiva. Lo malo es que volverán los pitos en el Bernabéu a Arbeloa y probablemente a la presidencia. Queda el estadio, pero este no mete goles.
Abdel Abqar (Settat, 1999) llega con cara de cansado. Es la una de la tarde y el sol de febrero aprieta en las gradas del Coliseum de Getafe. El central marroquí, que es duda para visitar al Real Madrid en el Santiago Bernabéu por unas molestias musculares, sufre las obligaciones del Ramadán. Debe ayunar entre el amanecer y el atardecer y aunque a sus 26 años admite estar ya «acostumbrado» a ello, la falta de alimentación y los cambios en la rutina de sueño le pasan factura después de los entrenamientos.
Está ahora mismo en pleno Ramadán, ¿cómo lo lleva?
Los primeros días es difícil, pero como lo llevo haciendo desde pequeño pues al final te acostumbras. Intentas llevarlo de la mejor manera y adaptarte para no lesionarte. A las cinco y media me despierto, como algo y al amanecer ya no puedo comer ni beber agua hasta las siete de la tarde, más o menos, que es cuando se pone el sol. Luego ahí rompo el ayuno, como y meto proteína, después vuelvo a comer a las diez de la noche, antes de irme a dormir a las doce. Pero claro, es difícil meter comidas cada dos horas. Trato de adaptarme, meter proteína, agua y todo eso.
Si le toca jugar a las cuatro de la tarde, lo nota, ¿no?
Sí, pero en el Ramadán te toca apretar los dientes.
¿Cuándo vio un balón por primera vez?
De pequeño, en la calle, jugando con los niños. Mi padre me llevaba mucho a la tetería y siempre ponían partidos de fútbol en la televisión. Ahí ya me di cuenta de que me gustaba. Jugaba con los niños en el barrio y a los 11 años me vio una persona y me llevó a hacer una prueba a la Academia de Mohammed VI, que es la escuela de fútbol de Marruecos. La hice y me cogieron. Así que desde los 11 años estoy lejos de mi casa. Una situación un poco dura porque era un niño, y aunque me motivaba mucho el fútbol no me daba cuenta de lo duro que era estar lejos. Quizás por eso cuando a los 18 años me fui a Málaga ya no lo pasé tan mal.
¿Sabía algo de español?
Nada, cero. Lo aprendí cuando llegué. Tenía dos compañeros que habían estado conmigo en Marruecos y estaban también en el Málaga. Ellos me ayudaron mucho al principio, y luego el idioma lo aprendí con los compañeros del equipo, escuchándoles.
¿Era muy diferente su vida en España a la vida en Marruecos?
Un poco. En Marruecos tenía todo en el mismo sitio, el colegio, el fútbol, la residencia... Cuando llegué a España me tocó cocinar, hacer la compra... Fui aprendiendo viendo vídeos en internet.
¿La pandemia le pilló en Málaga?
Sí, viviendo solo en Málaga. Estuve casi dos años sin ver a mi familia, bastante difícil. Intentas hablar por videollamada, pero no es lo mismo. Está claro que para conseguir tu sueño tienes que sacrificar muchas cosas y se pasa mal. Yo me he perdido muchas cosas. Cuando me fui de casa mis hermanos eran muy pequeños y no he estado en muchos momentos. Que la gente se piensa que es llegar a España y ya está, ya debutas en el primer equipo. No es así.
Con 22 años seguía en el filial del Málaga. ¿En algún momento pensó en dejarlo?
Nunca. Nunca se me pasó por la cabeza. Tuve momentos difíciles, pero no iba a dejar mi sueño. Llevaba desde los 11 años persiguiendo una cosa y no lo iba a dejar a los 22. Después del confinamiento el Málaga no me renovó y me tocó ir a otro sitio, al Alavés, que sí que me dio la oportunidad y eso no lo voy a olvidar nunca.
Y ahora el Getafe de Bordalás.
Es un gran entrenador, eso lo sabe todo el mundo y yo ya me fijaba en él cuando le tenía enfrente. Pero como persona es muy cercano, te ayuda cada día.
No ha podido jugar la Copa África con Marruecos por diferentes lesiones, pero debutó en 2024. ¿Qué significó para usted?
Pues había jugado en la sub'17 y sub'20 y jugar con la absoluta no se puede explicar. Era mi sueño y el de mi familia, que me pusiera la camiseta. Lo cumplí y ahora me faltan otros sueños, que sería ganar un título con mi selección.
¿Hay mucho sentimiento por la selección en Marruecos?
R. Sí, desde pequeños. Lo primero que escuchas a tus amigos cuando sois pequeños es 'quiero jugar en la selección'. Hay clubes importantes, pero el sueño de todos, de los niños que quiere ser futbolistas y de sus familias, es la selección.
P. En la selección de Marruecos hay varios jugadores que nacieron en España, como Brahim o Achraf. ¿Eso explica parte de ese sentimiento nacional que hay?
Hay un sentimiento muy grande. Es un amor hacia tu país. Da igual dónde nazcas, en España o donde sea, porque lo llevas en la sangre. Al final para nosotros no es diferente que hayan nacido en España, no lo notamos, porque cuando jugamos lo hacemos unidos. Se lleva en la sangre. Las familias, desde que naces, te hacen llevarlo en la sangre. Es algo que se siente y no hace falta que te lo digan.
¿Ha hablado con Brahim después del penalti fallado en la final de la Copa África?
No, pero le mandé un mensaje de ánimo. Hablamos de vez en cuando, pero cada uno tiene su vida.
Cordón, que tenía 50 años, también fue futbolista y militó en el Atlético de Madrid, el Sevilla o el Recreativo de Huelva, entre otros clubes. Además, pasó por la selección española de fútbol playa.
El padre del futbolista azulón había ido a Madrid para ver el partido del equipo de su hijo, que está lesionado, contra el Valencia en el Coliseum. Después del encuentro, cogió el tren de vuelta a Huelva, viéndose involucrado en el accidente ferroviario.
El homenaje de Davinchi, jugador del Getafe, a su padre, una de las víctimas del accidente de tren en Córdoba
Después de que se conociera la noticia, Davinchi quiso rendir homenaje a su padre con una emotiva carta que publicó en su cuenta de Instagram. "Sé que el Señor de las Penas y la Virgen del Amor te tienen a su lado y juntos me guiaréis durante toda mi vida. Me llenarás de fuerza en momentos de dificultad y siempre recordaré aquello que tanto nos decías: siempre felices y hacia delante", comienza.
"Todo lo que haga en esta vida siempre será por el lucero más grande que tengo en el cielo. Como me dijeron una vez: 'Cuando el camino se hace duro, solo los duros hacen el camino'. Tú fuiste siempre un luchador y me lo enseñaste desde el primer momento. Ese es el mayor acto de amor que puedo hacer por ti, demostrar que puedo con todo y que nunca me rendiré. Te amo, papá", concluye el jugador del Getafe.
Las condolencias del Getafe por la muerte del padre de Davinchi
El Getafe también mostró sus condolencias por la muerte del padre de su futbolista. "Lamentamos, profundamente, confirmar la noticia que nunca hubiéramos querido publicar. Nos invade el dolor por el fallecimiento de David Cordón Cano, padre de nuestro jugador Davinchi en el trágico accidente de Adamuz, Córdoba. Te conocimos hace siete meses y en poco tiempo nos conquistaste por tu sencillez, simpatía y generosidad. ¡Te echaremos mucho de menos! Descansa en paz, querido amigo", escribió el club madrileño en su cuenta de X.
"Cristo, en ti pongo mi fe y mi voluntad: pase lo que pase creo en ti y en tu amor eterno". Éste es el mensaje que publicó en redes sociales David Cordón, Davinchi, futbolista del Getafe, después de conocer que su padre estaba entre los desaparecidos de la tragedia ferroviaria de Córdoba.
David Cordón senior, de 50 años de edad, viajaba en el tren Alvia Madrid-Huelva que chocó en la tarde de ayer en Córdoba con otro Iryo dejando una cifra de 39 fallecidos y más de 150 heridos. Cordón está entre las decenas de desaparecidos de las que no tienen noticias sus familiares y amigos.
Cordón había acudido en la tarde del domingo a presenciar el encuentro liguero que enfrentó al Getafe con el Valencia en El Coliseum y que concluyó con victoria visitante. Según el medio local Huelva24 la pareja de Cordón no viajaba con él en el tren.
El padre de Davinchi fue un destacado jugador de fútbol playa. Como miembro de la selección española consiguió dos campeonatos de Europa en 2011 y 2004, en este último fue elegido mejor jugador, y dos subcampeonatos del Mundo en 2003 y 2004. A día de hoy, Cordón era enfermero en el Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva.
Su hijo Davinchi no ha acudido al entrenamiento del Getafe previsto esta mañana en la ciudad deportiva azulona. Desde el club piden el "máximo respeto, prudencia y solidaridad" respecto a las informaciones sobre esta tragedia. "Mantenemos la esperanza en nuestros corazones", escriben en un post de X.
Davinchi había recalado en el Getafe este curso proveniente del Recreativo de Huelva. El jugador empezó como titular en los onces de Bordalás hasta que una rotura de menisco le apartó de los terrenos de juego desde principios de octubre del año pasado.
No es fácil ser capitán del Valencia. No cuando se ha crecido soñando con llegar a un equipo que peleaba entre los grandes, que tenía hueco fijo en Europa, y cuando se toca la cima y se gana una Copa del Rey, todo se desmorona. A José Luis Gayà le ha tocado ser el capitán del peor Valencia que se recuerda y eso hace que sobre su espalda cargue un peso doloroso. Porque hiere ser un líder siempre en las malas y que, además, parte de tu grada no lo entienda. Ese dolor, a veces, impide gritar un gol como el que marcó al Getafe en el minuto 84 para que el Valencia ganara su primer partido fuera de casa.
A Gayà hay quien no le perdona nada. Le miran con lupa cuando juega, cuando lo cambian o no lo alinean, cuando se lesiona, cuando reclama el apoyo a la grada o cuando, como si fueran su familia, les pide que aflojen para dar un respiro a un vestuario poco curtido al que le han temblado las piernas esta temporada.
En los últimos partidos en Mestalla salió silbado, insultado, siendo el blanco de una ira que, cuando no se puede dirigir a un palco a 6.000 kilómetros de la Avenida de Suecia, se vomita contra los que están en el césped. A veces con razón; otras, sin demasiada.
Gayà exorcizó demonios en el Coliseum, aunque le cueste reconocerlo. No celebrar ese gol fue tan llamativo como la arenga en corro antes de arañar un empate contra el Elche. Si aquel partido creía que podía cambiar la temporada, su gol, el primero en tres años, con más razón. El Valencia no ganaba lejos de su estadio desde mayo y lo logró en uno de los estadios de donde suele salir golpeado. Eso para el capitán era lo importante.
"El equipo es siempre lo primero. Quiero lo mejor para mi equipo, que es el Valencia, aunque algunos no lo reconozcan. Llevo luchando por este escudo desde los once años y me sorprenden ciertas cosas que dicen de mí. Pero creo en mí y voy a creer hasta el final", advirtió el capitán, a quien Ugrinic encontró adelantado en el carril, como había diseñado Corberán, y picó el balón ante la salida de David Soria. Un gol como balón de oxígeno.
Nada había ocurrido en el partido cerca de las porterías. La única ocasión clara la había fabricado, en el minuto 42, Danjuma con un centro raso desde la orilla izquierda que, para que no llegara a Lucas Beltrán, Djene despejó... al larguero. El resto de los 45 minutos fueron brega y pundonor, sin que ningún equipo encontrara el punto de lucidez que le adelantara en el marcador. Y eso que lo que había en juego era mucho.
El Valencia, en puestos de descenso, necesita reaccionar con urgencia. La tensión en torno al club, como en los últimos tres años, vuelve a ser asfixiante. Corberán está bajo sospecha para la grada y, aunque la gerencia ejercida desde Singapur le mantiene la confianza, ningún entrenador puede sostenerse en un banquillo con unas estadísticas de un partido ganado de los últimos 14.
El club intenta darle herramientas, como el fichaje de Sadiq por cuatro millones, pero en el Coliseum fue suplente. Sin embargo, ir al mercado con los bolsillos vacíos complica la incorporación de un central, imprescindible tras la lesión de Diakhaby y el contratiempo de Tárrega. En Getafe, a la media hora, en el gesto de despejar un balón de cabeza en el área pequeña, con una rodilla tocada le falló la otra. Lo forzó el técnico y puede que lo pierda por un tiempo, sin que hayan llegado los refuerzos. Eso obligó a Pepelu a dar un paso atrás hasta el eje de la defensa, un parche que solventó con personalidad el jugador de Denia y hasta fue elogiado por su entrenador.
Demasiados obstáculos afronta el Valencia en este inicio de segunda vuelta. Perdió a Julen Agirrezabala en la portería para varias semanas, a Diakhaby para toda la temporada y a Thierry por un mes. A ellos se suma Tárrega y Cömert que, con problemas en la cadera, se cayó de la lista. Con Gayà apercibido, la situación es crítica y el club tiene que acelerarse en el mercado.
De momento, al remate del capitán se agarran como una bocanada de aire que permite evitar la asfixia.
La Real Sociedad reinó en el caos del tiempo añadido y ganó en el Coliseum con un tanto en el minuto 96 de Mikel Aramburu con el que derrotó al Getafe, hundido tras celebrar el empate en el 90 de Juanmi Jiménez y tocado moralmente mientras vive rodeado de una larga lista de problemas que auguran sufrimiento. [Narración y estadísticas (1-2)]
Cinco días después de su debut ante el Atlético en el banquillo de Anoeta (1-1), Pellegrino Matarazzo dio otra alegría para una Real que siempre mereció el triunfo. Incluso desperdiciando ocasiones claras con las que confirmar el 0-1 de Brais Méndez. Una salida de David Soria en un saque de esquina permitió a Aramburu ellevarse la victoria.
Los problemas del equipo de José Bordalás son más evidentes cada semana que pasa y las soluciones no llegan. Tiene cinco fichas sin cubrir, seis lesionados, entre ellos todos sus centrales y problemas burocráticos para firmar jugadores en el mercado de invierno. Y para culminar la lista de problemas, Bordalás jugó sin delanteros y con un centrocampista como Mario Martín en la punta de ataque.
Respirando pesimismo
Al Getafe sólo se le vio sufrimiento y un ejercicio de resistencia estéril. Se notaba que ni siquiera la cultura del esfuerzo iba a ser suficiente en el conjunto azulón. Se respiraba hasta pesimismo en la cara de Bordalás, que por una vez apareció sin sus características gafas, que tal vez escondían un cansancio que sin ellas reflejó su rostro.
La consecuencia de tanto hastío dejó al Getafe a merced de la Real, dominadora absoluta del balón. Aun así, le costó sumar ocasiones. De hecho, hasta el descanso, sólo gozó de una, pero fue suficiente. En el minuto 36, Brais aprovechó un mal despeje de Juan Iglesias para batir a Soria con un zurdazo espectacular.
El 0-1 deprimió al Getafe, que volvió de los vestuarios aún más errático, como un equipo sin alma, perdido y a merced de un rival que olió la sangre. Matarazzo adelantó líneas y ordenó una presión sobre los dos centrales de circunstancias del equipo de Bordalás, poco acostumbrados a lucirse con la salida del balón.
Luis Milla, cariacontecido tras una ocasión errada.EFE
Pronto comenzó la cascada de ocasiones y la Real no aumentó su renta en el primer cuarto de hora de milagro. Pudo marcar Gonçalo Guedes con un disparo desde fuera del área y después Mikel Oyarzabal desperdició dos mano a mano ante Soria. El primero, clarísimo tras un error garrafal de Diego Rico en una entrega hacia atrás, lo mandó fuera; el segundo, lo estrelló contra el cuerpo del portero.
Al Getafe aún le quedó un pequeño arranque de orgullo y dispuso de un cabezazo de Mauro Arambarri y de un 'casi remate' de Juanmi, que estuvo a punto de empujar el balón tras un centro de Jorge Montes desde la izquierda.
Esas ocasiones no fueron un espejismo ni una especie de último estertor del Getafe, que como la pasada jornada en Vallecas tiró de orgullo para sacar petróleo. Luis Milla sacó una falta y el hombre menos esperado, Juanmi, que no marcaba un gol en Liga desde la 28ª jornada del curso 2023/24, apareció de la nada para empatar. Sin embargo, esa alegría fue efímera. La grada celebraba un empate milagroso cuando apareció Aramburu para marcar el 1-2. Soria falló en una salida y el jugador de la Real cabeceó picado a la red.
A veces cuesta remover el pasado. Es duro revisitar lugares donde viviste un hecho dramático y más cuando dijiste adiós definitivo a la liga del curso anterior. Vienes además sin Oblak, tu portero titular, y Giuliano, tu abrelatas particular. Y la lata sólo se abrió con un rebote, porque no hubo manera de hilvanar 10 pases seguidos. Fue en las postrimerías del partido en una jugada con mil rebotes y encima fue por fuego amigo. Duarte terminó con todo el trabajo azulón en un suspiro. Revancha consumada. [Narración y estadísticas, 0-1]
El partido empezó como un tornado. El primer balón fue rebotando entre mil piernas y le cayó a Liso en el área de Musso, pero este no terminó por concretar. En la siguiente jugada fue el Atlético el que pisó terreno de Soria y forzó el primer córner del encuentro aunque, como en los 92 anteriores, no pudo sacar nada positivo. Por poco lo logran en el segundo tras una jugada ensayada de los rojiblancos. El balón lo remató sólo al segundo palo Nico, pero Soria respondió bien tanto en el primer testarazo como en el rechace posterior. La pizarra rojiblanca ya había dado señales de vida en el minuto 5 de partido.
Sobreintensos ambos conjuntos, muy del gusto de sus entrenadores, el partido fue un ida y vuelta con poco toque y mucho acercamiento. Barrios y Milla pusieron la pausa y Djené, que Bordalás lo colocó de mediocentro defensivo, la pierna fuerte. En el interior derecho se quedó la gente con las ganas de ver a Llorente. El isquio del madrileño aguantó 13 minutos en el campo y salió Griezmann en su lugar. Es noticia una lesión del polivalente jugador rojiblanco, quizás su presencia en el equipo de De la Fuente en este parón haya afectado.
A medida que corrió el cronómetro en el primer tiempo, el partido se fue afeando. Muchas interrupciones y poco fútbol. Habrán críticos de Bordalás que le achaquen al técnico este parón, pero tampoco el Atlético generó la fluidez suficiente para hacer daño a un conjunto azulón, que es el equipo que menos remata de Primera, pero de los que más efectividad acumula, aunque Mayoral errara el cabezazo del balón que le puso Iglesias. Las defensas se impusieron a los ataques incluido Nahuel Molina, cuya labor atrás le ha costado más de un disgusto al Atlético.
Pugna entre Nico y Rico en Getafe.JJ GuillénEFE
No es Giuliano, pero Nico encaró con peligro en varias ocasiones a Rico en la izquierda. Un Griezmann algo más acertado, podría haber inaugurado el marcador antes del descanso, pero las dos que tuvo el francés las remató flojo y mal. Poca cosa que llevarse a la boca antes del descanso donde quizás cabría destacar los 700 partidos de Koke como rojiblanco, casi nada. One club man.
A la salida de los vestuarios, con la gente aún masticando el bocata, Griezmann casi provoca un atragantamiento a medio Coliseum con un cabezazo al palo de Soria, aunque la acción terminaría invalidada por fuera de juego. Fue un espejismo en un desierto. Tras una hora de partido, nada que echarse a la boca en este derbi madrileño, con el público azulón celebrando cada córner como si de un gol se tratara. Y casi le sirve uno al Getafe para inaugurar el marcador si Arambarri acierta a embocar el balón que le cayó en el área.
Gol milagroso
Quitó Simeone a Julián por Sorloth a ver si cazaba alguna por arriba y retrasó a Baena para intentar encontrar fluidez en un juego muy bronco. Pero quien apareció fue Raspadori, con un disparo monumental que echó Soria a córner y tras el saque de esquina un fuera de juego salvó a Griezmann del fallo a medio metro de la línea de gol.
Y cuando moría el partido, cuando el Getafe parecía haber desactivado al Atlético, un rebote en el área azulona fue introducido en su portería por Duarte. Quizás los rojiblancos lo habían merecido más, pero el gol no eliminó la sensación de aburrimiento de un duelo descafeinado.
Estaba comiendo con su familia hace ya más de una década cuando el padre de Mario Martín (Sonseca, 2004) le dio una noticia que le hizo llorar: irían al día siguiente a Valdebebas a probar con el Real Madrid. "Me lo soltó así de repente y yo pensaba que era broma", explica a EL MUNDO el centrocampista del Getafe un momento que dice que "tiene grabado" pese a que el día anterior había hecho una prueba para entrar en la cantera del Villarreal.
Así comenzaron tres años de seis viajes semanales entre Sonseca y Valdebebas en las que un niño con 11 años y con ganas de comerse el mundo salía del colegio a las tres de la tarde, se montaba en el coche con su padre y se iba a entrenar hasta que volvía a casa a las once de la noche. "Lo recordamos también como un paso muy bonito y que disfrutamos al máximo y siempre con la cabeza muy arriba", cuenta Martín.
A partir de ahí: los filtros en cada ascenso de categoría, los amigos que se van y las ilusiones, pero Mario nunca perdió la confianza ni le entró miedo. "Siempre he tenido muchísima confianza en mí y he intentado dar lo máximo en cada oportunidad, gracias a Dios no caí en ese filtro", revela este canterano prometedor que recuerda con cariño los entrenamientos con Kroos, Modric y Casemiro, del que se declara fan, y de los consejos que le dieron para convertirse en el mediocentro que es hoy. Indispensable en los onces de José Bordalás.
Ha cambiado las prácticas con ese tridente a fajarse con Arambarri, disfrutar de Milla y recibir algún recado que otro de Djené. "La gente puede pensar otra cosa, pero el ritmo de entrenamientos y de balón es increíble y también muy alto. Las dos partes son diferentes, pero muy enriquecedoras", apunta el jugador y reivindica que el concepto de buen fútbol no es algo unitario ni se basa únicamente en el juego de toque. "El fútbol avanza muy rápido y todos los equipos juegan a transiciones, ataques rápidos... es bonito también", afirma.
El periodista con Mario Martín.
Él no tiene ningún problema con el estilo de juego del Getafe y se siente cómodo en cualquier sistema. La intensidad con Bordalás no se negocia y Martín ha incrementado su porcentaje de tackles con los azulones un 10%. "Está sacando una faceta mía que no había sacado antes y es un entrenador que no deja que te relajes, es una pasada", alaba el joven a su técnico.
Unas alabanzas que extiende a sus compañeros, especialmente a los que le acompañan en el mediocampo. Para Mario es increíble jugar con un futbolista tan intenso como Arambarri y con un estilista como Luis Milla, uno de los máximos asistentes europeos. "Pensaba que tenía hueco y lo sigo pensando, todo cae por su peso y acabará llegándole esa oportunidad que merece", apunta sobre la posibilidad de ver a Milla con el traje de la selección. Él, de momento, ya ha debutado con la sub'21 de David Gordo.
Con La Rojita aún no ha anotado, pero en el Getafe se ha destapado como un sorprendente goleador. Son tres tantos y una asistencia en 13 partidos cuando en el Valladolid, donde jugó el curso pasado, sólo sumó un pase de gol. Les van a hacer falta los tantos contra un Atlético que dice que viene en "buena dinámica", según admite, pero al que ellos intentarán "contrarrestar" su juego con sus armas. "Son partidos especiales", admite el ex canterano blanco.
Sin obsesión por volver
Y es que, pese a haber vivido Valdebebas y respirado Real Madrid incluso desde antes de la llamada del club, la obsesión de Martín es hacerlo bien en el Getafe y conseguir los objetivos del equipo azulón sin importar que está cedido en el club del sur de Madrid. "El fútbol no se acaba en el Real Madrid, hay muchísimo fuera, pero obviamente ser valorado por este club es lo más grande que te puede pasar y es un sueño para cualquier jugador de fútbol", apostilla un jugador que sólo pide no tener lesiones para disfrutar de su profesión.
De hecho, uno de sus peores momentos fue una operación de hombro que le tuvo sin poder moverse durante cuatro semanas. "Soy una persona bastante activa y estuve sufriendo también con dolores y demás, pero bueno, es una situación para aprender", apunta un jugador que vive sin plan B para el fútbol, un deporte que adora y del que sólo se evade cuando se pone detrás de los fogones. "Me gusta organizar comidas para mi familia", revela.
Su especialidad son las carrilleras con la "receta de su madre". En el césped le toca cocinar jugadas y, a juzgar por cómo ha empezado el año, tiene tan buena mano en los fogones como en el centro del campo. Mario Martín un chico de pueblo, orgulloso de serlo, y donde se refugia en su tiempo libre en lugar de en las redes. "Intento usar el móvil lo menos que puedo, aunque es complicado porque ahora todo lo tienes que hacer con el teléfono", concluye.
Hay milagros imposibles y sorpresas recurrentes. Ambas situaciones son las que trae la Copa del Rey en sus primeros compases, especialmente cuando entran en los bombos los equipos de Primera División. El milagro imposible fue el de la familia Mayoral o el del Negreira, no pudo ganar el Inter de Valdemoro al Getafe, que le goleó, ni tampoco el equipo de apellido prohibido en el fútbol a la Real Sociedad.
Por contra, el Oviedo es la sorpresa. el primer grande caído ante un rival de inferior categoría. Fue el Ourense, de primera RFEF, el que dio la campanada en la prórroga y lo hizo por dos tantos. Menudo inicio el de Carrión en esta vuelta al conjunto ovetense. El Sevilla sufrió en el inicio en el Salto del Caballo con el Toledo, de Tercera RFEF, pero consiguió sacar el partido adelante con el oficio que le ha traído la llegada de Matías Almeyda.
Los carbayones tuvieron uno de los partidos más complicados para los Primeras en esta ronda inicial. El Ourense es un equipo tapado de la antigua Segunda B con más fútbol del que dicta su categoría. Pese a que los de Carrión se adelantaron hasta en dos ocasiones, los gallegos lograron llevar el partido al tiempo añadido en el 94. En la prórroga fueron muy superiores a los asturianos y la renta pudo ser mayor si aciertan con el penalti que erró Guerrero en el último minuto.
En el partido del Getafe hay que destacar a otro delantero que no es Borja Mayoral, aunque el de Parla anotó un doblete. Fue Juanmi, con poca participación este temporada por culpa de las lesiones, quien volvió por la puerta grande a la titularidad y anotó un póker en el 0-11 al equipo del mayor de los Mayoral. El Coliseum, estadio en el que pidió jugar el Inter de Valdemoro, se les hizo demasiado grande a los modestos fubolistas de un equipo que milita en la Primera Autonómica de Madrid, la sexta categoría del fútbol.
Otra de las goleadas de la jornada la propinó el Valencia al Maracena. Necesitaba este espaldarazo Corberán tras los últimos resultados cosechados en Liga. Los goles del conjunto ché, una manita, se repartieron entre toda su pléyade de delanteros. Partido fácil y a centrarse en LaLiga.
El Girona, por su parte, sufrió lo suyo también ante un Constancia al que venció 2-3, pero un gol a 10 minutos del final consiguió llevar el partido a la prórroga. Una vez en el tiempo añadido, los cambios, especialmente la salida de Tsygankov y Vanat, pusieron fin al sueño del equipo mallorquín que milita en Tercera Federación pese a su tanto en las postrimerías del encuentro.
La Real Sociedad cumplió con su papel sin brillo ante el gallego Negreira. Más allá del apellido, los donostiarras se hicieron con el choque sin polémicas arbitrales y con la sobriedad que da la falta de gol de este equipo. Anotó tres tantos, y con ellos terminaron con el sueño de este conjunto humilde que fue pasando rondas hasta obtener este premio gordo.
También los equipos de Segunda consiguieron en su mayoría ganar con suficiencia sus partidos de esta Primera Ronda. Racing de Santander y de Ferrol, Cádiz, Granada, Burgos, Albacete y Huesca estarán en el siguiente bombo de la Copa del Rey. No así Las Palmas, que cayó ante el Extremadura por 3-1, un equipo de Segunda Federación.
Hoy debutan el Osasuna de Lisci, que no atraviesa su mejor momento, como tampoco el Mallorca de Arrasate. Mientras que también lo harán Elche, Rayo y Villarreal, el único equipo que se encuentra entre los tres primeros de LaLiga en Primera División. Será más difícil, por la entidad de los rivales, que esta jornada se preste a sorpresas como la que ha sufrido el Oviedo de Luis Carrión.
María Isabel y José Luis todavía no se lo creen. Ella está «algo nerviosa» porque no le gustan mucho las entrevistas, ni siquiera el fútbol. Él mira al césped del Coliseum, gigante e imponente desde la grada, y analiza las opciones de su hijo Cristian contra su hijo Borja en el clásico de la familia Mayoral. «Es que el físico es muy diferente. A ver cómo aguantan». Este martes, el Inter de Valdemoro, undécimo en la Primera Autonómica de Madrid, sexta división del fútbol español, se medirá al Getafe, décimo en la Liga, en el Coliseum del municipio madrileño, regalo de los azulones al equipo pequeño para que recauden más. En una plantilla está Cristian Mayoral, mediocentro de 32 años. En la otra Borja Mayoral, su hermano pequeño, delantero de 27. Los dos hermanos y los dos padres se sientan con EL MUNDO en una sala del Coliseum, donde recuerdan los esfuerzos de unos y las trastadas de los otros camino de una carrera futbolística que les ha regalado un duelo copero, familiar y único.
«Nos lo debía un poco la vida, sí», responde María Isabel. «Ha sido mucho esfuerzo, y no le mires a él, eh (a José Luis), mírame a mí porque el esfuerzo es mío. Porque él estaba trabajando en la carnicería, no podía llevarles y me tocaba a mí ir con uno y luego con el otro hasta que él (Cristian) se sacó el carnet», recuerda.
«Va a ser una fiesta, vienen amigos, primos, tíos... Todos», dice José Luis. «Hay que pedir a la alcaldesa que sea festivo en Parla», bromea Borja. «Nosotros siempre hemos sido una familia humilde y trabajadora y en eso seguimos. El éxito de Borja pues te llena de orgullo, pero no somos ese tipo de personas a las que se le sube a la cabeza, ni ellos dos tampoco», reflexiona el padre.
José Luis era carnicero y ahora está retirado, María Isabel era ama de casa y Cristian ahora trabaja como ojeador en la agencia de representación que lleva la carrera de Borja. El hermano mayor jugó en el Parla hasta que entró en la cantera del Atlético de Madrid, pero tuvo mala suerte con las lesiones y terminó haciendo carrera en divisiones más bajas mientras Borja, canterano del Madrid, llegaba a la elite.
«Mucha gente decía que el mayor era mejor que el pequeño», admite Borja. «Lo que está claro es que el gol lo tiene él», responde Cristian. «No sé qué hizo mi padre, pero en vez de repartirlo, se lo quedó todo él», bromea el hermano mayor, que admite las dificultades de llegar al fútbol profesional. «¿Cuántos chicos hay que no llegan? Es muy difícil y el embudo se va haciendo cada vez más pequeño. Siempre he intentado ser un ejemplo para Borja, en qué errores no cometer, qué cosas hacer y no hacer... Si le han servido lo tendrá que decir él», sonríe Cristian, mirando a Borja.
«Él era un hermano muy protector», explica el delantero del Getafe. «Es ese entorno que te va cuidando y te va llevando. Que te dice las cosas por tu bien, que no esté hasta tarde fuera de casa, en la calle con gente que no debo... Cuando vas cumpliendo años lo valoras más», asegura Borja, que cuando fichó por el Wolfsburgo se fue a Alemania con su hermano Cristian. El pequeño trató de abrirse paso en la Bundesliga y el mayor en ligas menores, acompañándole. Y en un futuro quieren jugar y entrenar juntos al mismo equipo. «Hablamos mucho de fútbol, de táctica, de partidos... Tenemos una visión muy parecida», explica Borja. «Yo sería el segundo», replica Cristian. «No, no, yo el segundo», responde Borja.
Las grabaciones de María Isabel
El vídeo del clásico de los Mayoral tendrá un sitio de honor en el baúl de los padres, una caja de recuerdos que han construido a través de la cámara de María Isabel, que grababa todos los partidos de sus hijos para que José Luis los pudiera ver después. «¡Dice que no le gusta el fútbol y se ha visto todos los de Borja!», clama Cristian, entre risas, hacia su madre. «Otra cosa es que prestara atención. No sé ni lo que es un fuera de juego», bromea. «Borja jugaba los sábados por la mañana y yo los grababa para que él (José Luis) los viera. Pero vamos, le decía a los otros padres que era porque mi marido no podía, que sino ni me hubieran conocido porque no me gusta», insiste ella. «¡Los he visto todos!», responde él.
Pero antes del césped estaba el pasillo de casa, donde «se jugaban finales de Champions», según José Luis: «Unas voces a las nueve de la noche... Una vez hasta se rompieron un diente». «Pero eso no fue por el fútbol, fue por la Game Boy», avisa Cristian. «Patadas, todas las que quieras. En el colegio eran un calvario», insiste José Luis. «Y algún cuadro han roto», añade María Isabel. «Borja siempre estaba pegado a mí. Cristian era más trasto», añade. «Yo era un poco chivato porque cuando mi hermano empezaba a salir con amigos y yo tenía rabia porque no me había llevado con él se lo contaba», admite Borja.
Del pasillo a las canteras de Madrid y Atlético. «No es lo normal, pero nunca se les subió a la cabeza», admiten los padres. Y esta noche, el clásico de los Mayoral en Getafe. ¿Un resultado? La familia aprovecha que Borja ha dejado la charla por un compromiso del club y tiran hacia Valdemoro... «Yo un empate, o incluso que gane Cristian», se atreve María Isabel. «Si fuera en un campo de hierba artificial, más pequeño, en tu casa... Pero es que encima es en Getafe. Hay que ser realista», reconoce José Luis. «Bueno, ya ves que mi padre va con el Getafe», se ríe Cristian.
«Creo que hasta Borja, por dentro, se alegraría por su hermano. Es algo histórico y ellos viven esas cosas todos los días. Creo que diría 'si me tiene que ganar alguien, que me gane mi hermano. A lo mejor este es nuestro Euromillón», comenta el hermano mayor.