El Río Breogán gana 24 años después en el Palacio a un despistado Real Madrid

El Río Breogán gana 24 años después en el Palacio a un despistado Real Madrid

Pasaron 24 años, un triunfo de otra época entonces, renovado por el histórico Río Breogán en una tarde también para recordar en el Palacio. Honores a los gallegos, a un entrenador como Luis Casimiro Palomo, pura sabiduría: desde aquel TDK de leyenda no ha dejado de dar lecciones en el baloncesto español. Pescó en las aguas calmadas de un Real Madrid despistado, al que aguantó incluso el arreón final habitual que intentó Sergio Llull. [97-101: Narración y estadísticas]

Hubo polémica, hubo emoción y hubo muchos puntos. Pero hubo, sobre todo, un equipo dispuesto a elevar el tono. Lo bordó el Breogán, una estupenda segunda mitad, y un acierto mortal en la recta de meta. Ahí donde Scariolo prefirió reservar a sus habituales killers (ni Hezonja, ni Campazzo ni Maledon en ese tramo), y donde Llull (17 puntos) a punto estuvo de firmar otra heroica. Lo más preocupante, pese a todo, fue la lesión de Alex Len, quien se marchó cojeando tras dejar 19 puntos y ocho rebotes.

La resaca búlgara del Hapoel había dejado a un Real Madrid mermado, lamiendo heridas para lo que está por venir y con la tranquilidad de quien ya hizo todos los deberes en ACB: acabará primero pase lo que pase en estas cinco últimas jornadas. Sin Deck, Garuba ni por supuesto Tavares, a última hora se cayó también Kramer con una bronquitis. Tampoco el rival se jugaba precisamente la vida, pues también cumplió con creces el Río Breogán, equipo de autor, sin opciones de playoffs pero también, desde hace semanas, sin ningún apuro por el descenso, que es de lo que se trata en su caso.

Luis Casimiro, que llegó mediado el pasado curso, ha maximizado las cualidades de un grupo que divierte y se divierte. Con dos americanos que cumplen (Dwayne Russell, que volvía tras lesión, y el completísimo DeAndre Cook). Con balcánicos de los que no fallan, desde el gigante Brankovic a ese metrónomo que es Mavra, pasando por Aranitovic, Apic o el atildado Andrics. Y con un Francis Alonso que es una de las revelaciones del año, anotador voraz.

Con todo eso y con la desinhibición de ambos, la tarde en el Palacio fue de vaivenes. De parciales de idas y vueltas. De la igualdad del acto inicial, ya con Hezonja en plan videojuego (con un espectacular caño incluido en una transición) a los latigazos gallegos, con los puntos de Cook y Aranitovic y las asistencias de Russell. Llull dejó un triple a tabla de esos imposibles y a Scariolo no le terminaba de gustar tanta pérdida.

El toma y daca siguió a la vuelta. Un correcalles por momentos, con ausencia de defensas y con los protagonistas poniéndose las botas. En ese ambiente, Hezonja es el alma de la fiesta. Pero el Breogán no se arredraba, con Dibba completando una y otra vez con mates los contragolpes y Mavra asestando triples lejanísimos, ante la oportunidad de ganar por tercera vez en su historia en semejante escenario (la última vez, en 2002).

Fue al inicio del acto final cuando el Breogán empezó a creer realmente en la machada. El Madrid perdió los nervios con alguna decisión arbitral y los de Casimiro estiraron la cuerda a un esperanzador +12 (tras dos canastas en pintura de Brankovic), a falta de ocho minutos. Más difícil todavía para el Madrid cuando Andric y Mavra volvieron a herir desde el perímetro. No faltaban ni tres minutos y sólo Llull creía en el imposible.

Le faltó poco, pues clavó dos triples, más tres tiros libres. Mavra pareció sentenciar a falta de 40 segundos y en la última acción, rocambolesca, del triple fallado por Procida atrapó el rebote Lyles, que falló clamorosamente bajo canasta, atrapó su rebote y anotó recibiendo falta después. Los árbitros, tras la revisión convenientemente perdida por Casimiro, anularon la acción de tiro y la opción de prórroga. Una locura de final.

El Valencia respira asaltando San Mamés el día que Nico Williams vuelve a preocupar a España

El Valencia respira asaltando San Mamés el día que Nico Williams vuelve a preocupar a España

Sadiq rescató al Valencia del sufrimiento y redimió los pecados de un equipo que parece haberle encontrado el gusto a jugar contra el destino. Cuando todo se engrisece, es capaz de encontrar la salida que, con el viento a favor, no aprovecha. La victoria en San Mamés supone un alivio, pero no proporciona tranquilidad porque los 42 puntos se pueden quedar cortos para un equipo demasiado irregular. Lo mismo que ocurre al Athletic, al que se le escapa el sueño de Europa porque acumula 17 derrotas y pierde a Nico Williams por lesión. El latigazo en los isquiotibiales le obligó a salir del campo a media hora y tiene en vilo a España con el Mundial a la vuelta de la esquina.

Era un partido de necesidad para el Valencia y de homenaje para el Athletic, que miraba a Europa mientras homenajeaba a Ernesto Valverde en su partido 500, el penúltimo en el banquillo local de San Mamés. Por eso arrancó con ritmo e impaciencia, con Nico Williams dejando claro que el partido podía decidirse en su duelo con Renzo Saravia. El argentino estaba preparado para sufrir, pero a los 35 minutos la lesión mandó al extremo al vestuario. "No puede ser, no puede ser", se lamenta mientras salía del campo. "Dice que nunca ha sentido esa molestia. Ojalá sea lo menos posible", relataba su hermano Iñaki al final del partido.

De Nico, que apenas ha podido ayudar al Athletic esta temporada por las lesiones, nació todo el peligro en la primera parte. Retó a Saravia, aprovechó el carril que dejaba el argentino, obligando a las vigilancias a Pepelu y Tárrega, y armó dos jugadas que pusieron en apuros a Dimitrievski. El primero, en el minuto 14, le llegó mordido. El segundo, en el 28, fue un centro a Guruceta para que, en un palmo, se revolviera y buscara un disparo a bocajarro. Se agigantó el portero macedonio lo suficiente para que lo enviara fuera de la portería.

Para entonces, el Valencia ya podía ir por delante en el marcador. Había llegado con comodidad al área, con Rioja dañando por la orilla a Gorosabel y Hugo Duro complicando el partido a Laporte, que vio demasiado pronto una amarilla. Esa falta la mandó Javi Guerra muy alta, pero el delantero volvió a generar peligro, pisando área, tumbado otra vez por Laporte cuando encaraba a Unai Simón, pero Ortiz Arias no vio ese penalti, sino la mano que cortó el disparo de Cömert tras cazar la pelota que dejó Hugo Duro. El Valencia tenía un penalti para adelantarse en San Mamés en el minuto 25... y otra vez volvió a desaprovecharlo. El lanzamiento de Duro lo estrelló en el larguero, como le pasó a Pepelu en los primeros minutos del partido ante el Celta en Vigo y el Betis en La Cartuja.

Nico Williams, atendido tras su lesión en el minuto 35.

Nico Williams, atendido tras su lesión en el minuto 35.M. TOÑAEFE

Cuando quiso despertar el Athletic, llegó la lesión de Nico, que heló al estadio y preocupó a sus compañeros. Iñaki le suplió, pero quien más pisó área fue el Valencia. Rioja robó en la medular, condujo hasta el pico del área para servirle a Hugo Duro un disparo ajustado al poste que a punto estuvo de sorprender a Unai Simón.

En la segunda parte pesó la responsabilidad y quien mejor se manejó fue el Valencia. Valverde se protegió de una expulsión cambiando a Laporte por Vivian, porque la brega de Hugo Duro no cesaba y el Athletic iba a dar un paso adelante que llevó a Dimitrievski a repeler el tiro de Iñaki Williams en carrera tras una asistencia de Gorosabel. No tardó en reactivar al equipo Corberán con Sadiq, la endiablada velocidad de Ramazani y el pulmón de Ugrinic. No tardó en ver los frutos.

Rioja, acostado por primera vez en mucho tiempo en la orilla izquierda, explotó su pierna natural en una contra que no se dibujó perfecta, pero lo fue. Robó Javi Guerra en campo bilbaino, lanzó a Ramazani a la carrera, que abrió a Rioja para, tras recortar a trompicones a Gorosabel y Vesga, poner un centro tenso a la cabeza que Sadiq, que se adelantó a Vivian para batir a Unai Simón.

Con el marcador a favor, el Valencia tenía que saber manejar los últimos 20 minutos. Y entonces apareció Dimitrievski. Salvó un testarazo ajustado al palo de Unai Gómez a centro de Iñaki Williams desde el costado derecho y, ya en el añadido, dos cabezados de Guruceta buscando un empate con más fe que criterio ante la muralla que alzaron los valencianistas.

Magnier, imparable en el sprint, suma su segunda etapa en el Giro

Magnier, imparable en el sprint, suma su segunda etapa en el Giro

En la tercera etapa, entre Plovdiv y Sofia, de 175 kms., despidió Bulgaria, un bello país, el Giro con una volata clásica, masiva brutal entre los poderosos sprinters en liza. De ella salió vencedor, por una cuarta, Paul Magnier, ese francés nacido hace 22 años en Laredo (Texas). El otro gran Paul, junto a Seixas, del ciclismo galo.

Superó a Jonathan Milan y Dylan Groenewegen. El italiano se vio perjudicado al transitar por una zona del adoquinado final con numerosas rendijas. La bicicleta le dio algunos saltos que, probablemente, impidieron que culminase su obra. Magnier, vencedor también de la primera etapa, resolvía así a su favor una jornada un tanto sorprendente.

Aún no había terminado el director de carrera de bajar la bandera cuando Diego Pablo Sevilla, otra vez él, saltó en busca de puntuar en la única dificultad de la jornada, un puerto de 2ª a, más o menos, mitad de trayecto. Lo acompañaron Alessandro Tonelli, su compañero del Polti, y Manuele Tarozzi, del Bardiani. No habían salido los maltrechos Yates, Buitrago y Vendrame.

Todo el mundo iba tranquilo. Los escapados porque eran conscientes de que el pelotón no les dejaría llegar muy lejos. Y el pelotón porque sabía que los fugados no le obligarían a un esfuerzo extra. Una "entente cordiale" consistente en que la diferencia no superase nunca los tres minutos. La primera hora y media de carrera, en un terreno llano, con frecuentes y largas rectas y un asfalto perfecto, se cubrió a 41 por hora. Un ritmo cómodo para unos y otros.

La carretera empezó a empinarse poco a poco, como desperezándose. A los fugados les dio tiempo de sobra, con Sevilla en cabeza, para coronar ese puerto de 2ª, el Borovets Pass, a 71 kms. de la meta. Cumbres más altas, todavía canosas en primavera, observaban mirando hacia abajo. El puerto, tendido, 9,2 kms. al 53% de media y con un pico del 11%, no descolgó a los velocistas. Sólo De Lie, doliente, sostenido moralmente por dos camaradas, penaba por detrás.

Todo parecía seguir el libreto prescrito. Pero los kilómetros pasaban, el pelotón sesteaba y los escapados no desmayaban. De pronto, tirios y troyanos se dieron cuenta de que la meta no estaba tan lejos. A los del grupo, al que habían vuelto De Lie y los suyos, les entraron las prisas. A los fugados, se les encendió la ilusión. Súbitamente, una etapa anodina y decidida de antemano a favor de los hombres rápidos se volvió apasionante e incierta.

Los últimos kilómetros fueron de una emoción absoluta. Retorciéndose de fatiga, destrozados, los escapados apuraban, agónicamente, sus posibilidades. Todas todavía, ninguna en realidad. Sucumbieron como héroes a 400 metros de la llegada. Otra escena representativa de la grandeza y la crueldad del ciclismo.

Guillermo Silva retuvo el rosa y Sevilla puede que siga, como la muñeca de la canción infantil, vestido de azul hasta el viernes, con el Blockhaus, el primer coloso de la carrera en su camino (y en el de todos). El Giro descansa un día y ya se traslada a Italia para disputar el martes una etapa corta (138 kms.) entre Catanzaro y Cosenza.

Benvenutto.

Jorge Martín sella un doblete en Le Mans tras un gran duelo con Bezzecchi

Jorge Martín sella un doblete en Le Mans tras un gran duelo con Bezzecchi

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Le Mans fue un talismán para Jorge Martín. Allí sumó este domingo el sexto doblete de su carrera en MotoGP, en el mismo escenario en el que, hace dos años, logró hacerse con el quinto. Si en la sprint race su triunfo se construyó en una salida fulgurante, esta vez le tocó tirar de tesón y concentración, a los que les sumó también uno de esos arriesgados golpes de genio tan suyos, para hacerse con un triunfo que se le resistía desde de septiembre de 2024, con Indonesia como escenario.

Cuando encontró el momento oportuno, le lanzó un hachazo en toda regla a su compañero Marco Bezzecchi, en cabeza durante gran parte de la carrera, para condenarlo al segundo puesto y colocarse a solo un punto de distancia del italiano en la tabla.

El podio lo completó Ai Ogura con su primer tercer puesto en la máxima categoría del motociclismo, 14 años después de que un japonés lograra encaramarse a uno de sus escalones, para completar así una jornada del todo histórica para Aprilia. La marca italiana, ahora mismo la más destacada de todas las que compiten en la pista, no solo logró al fin hacerse con su primera victoria en un circuito tan mítico como Le Mans, sino que lo hizo colocando a tres de sus máquinas, dos de la escudería oficial y una de la satélite Trackhouse, en las tres primeras plazas.

"La carrera ha sido muy dura, pero pude remontar, tuve buen ritmo al final y estoy muy contento, así que voy a celebrarlo con todo el equipo", se limitó a señalar el piloto nipón, fiel al comedimiento y templanza que suele caracterizar a su cultura.

"Ha sido una carrera muy difícil, muy larga. Sabía que no era el más fuerte, he dado el máximo y no sé a decir verdad cómo pude liderar tres cuartas partes de la prueba. Esta segunda plaza era lo máximo a lo que podía aspirar, lo he dado todo, así que quiero darle la enhorabuena a Jorge y, ahora, ya toca pensar en Montmeló", aseveró por su parte un Marco Bezzecchi que sigue liderando la clasificación del actual campeonato del mundo de MotoGP. Eso sí, con solo un punto más que su compañero de equipo.

"Es increíble, la verdad. Solo puede decir 'Vive la France'. Me siento muy agradecido a todos los aficionados y quiero tener un recuerdo para mi familia, para mi equipo, para mi novia, para mi perro, para todos los que me han apoyado en este tiempo tan difícil. Quiero darles las gracias a todos. Ha sido una gran carrera y la he disfrutado mucho", aseveró un Jorge Martín cuyo rostro estaba iluminado por una absolutamente inevitable sonrisa.

Pecco Bagnaia, pese a hacerse con la pole el sábado, se fue finalmente al suelo, tal y como les pasó también a Brad Binder, Diogo Moreira, Álex Márquez y Joan Mir. En cuanto al resto de españoles, Pedro Acosta fue quinto, Raúl Fernández, octavo, Fermín Aldeguer, noveno, y Álex Rins, duodécimo.

Deporte y números

Deporte y números

Las Matemáticas son el lenguaje del Universo y de la vida. El espacio, el tiempo y nuestra existencia, que transcurre entre dos fechas, la primera y la última, se miden, se pesan, se tasan y se expresan en números. También el deporte. Bajo el cielo o bajo techo, en recintos o escenarios con dimensiones y distancias fijadas, reglamentadas con números, distintos deportistas han sido recientemente noticia en razón de actuaciones de todo punto impactantes.

No cuenta, por haberse disputado a puerta cerrada, el combate entre Aurélien Tchouaméni, duro pegador, y Federico Valverde, bravo encajador, que tuvieron de teloneros a Antonio Rüdiger, gran fajador, y Álvaro Carreras, fino estilista. A falta de conciertos, la pelea, de haber sido programada en el Bernabéu, con capacidad para 81.000 espectadores, hubiera superado con creces las 64.500 almas que reunieron Tyson Fury y Arslanbek Makhmudov, en abril, en el campo del Tottenham. Números.

Antes de la gran velada en el Valdebebas Square Garden, Gout Gout, de 18 años, corría los 200 metros en 19.67, récord del mundo júnior. Nadie ha sido nunca más rápido a esa edad. Ni siquiera Usain Bolt. Números. Sabastian Sawe, de 31 años, y Yomif Kejelcha, de 28, terminaban el maratón de Londres en menos de dos horas: 1:59:30 y 1:59:41. Números. Gretchen Walsh, de 23, establecía un nuevo récord mundial en los 100 metros mariposa (54.33). Reúne las 12 mejores marcas de todos los tiempos. Números.

Un australiano de origen sudanés, un keniano, un etíope y una estadounidense. Tres hombres negros y una mujer blanca de diferentes zonas del planeta mostrando la diversidad racial y sexual dentro de la unidad de los seres humanos, vecinos y parientes en un solo y pequeño planeta. Volvieron a poner sobre la mesa las reflexiones, entre físicas y místicas, entre fisiológicas y filosóficas, acerca de nuestros límites como, después de todo, organismos pertenecientes al mundo animal.

Somos ejemplares con diversas y notables capacidades, algunas únicas, sobre la Tierra. Pero no infinitas. Sin embargo, nuestras hazañas se revelan provisionales cada vez que otra de mayor calibre que la anterior parece anunciar la siguiente. Cada deportista que la protagoniza nos representa a todos los miembros de la Humanidad. Son nuestros valedores ante la Historia. Al igual que los más destacados científicos, artistas o intelectuales, constituyen la vanguardia de la especie.

Otros números impresionan de diferente forma. Paul Seixas, el fenómeno francés, acudirá al Tour, una carrera con más etapas que años tiene la criatura: 19. En el Giro, ninguno de los miembros de la raquítica participación española, 10 corredores (nueve tras el abandono de Marc Soler), es tan joven, aunque Markel Beloki cuenta 20 años. Hay otros dos hombres aún en la veintena: Igor Arrieta (23) y Javi Romo (27). Los demás, con David de la Cruz como decano (36), han doblado el cabo de los 30, que en el deporte es el de las Tormentas. Y si Seixas debutará en el Tour con 19, Enric Mas lo ha hecho en el Giro con 31.

Números...

Muere el padre de Hansi Flick la noche previa al Clásico

Muere el padre de Hansi Flick la noche previa al Clásico

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"El FC Barcelona y toda la familia blaugrana queremos hacer llegar nuestro cariño a Hansi Flick por el fallecimiento de su padre. Compartimos su dolor y le acompañamos en este momento tan difícil para él y su familia". Con estas palabras ha confirmado el Barça el fallecimiento esta madrugada del padre de su técnico Hansi Flick.

Pese a la triste noticia, el entrenador alemán dirigirá esta noche a su equipo en el Camp Nou en el decisivo duelo ante su eterno rival, en el que puede lograr su segundo título de Liga consecutivo.

Pese al fallecimiento de su padre, Flick se encuentra con el equipo en el hotel de concentración y dirigirá el clásico contra el Real Madrid. El Barcelona podría proclamarse campeón de LaLiga si gana o empata el encuentro.

El Real Madrid también ha hecho llegar su pésame al técnico barcelonista. "El Real Madrid C. F., su presidente y su Junta Directiva lamentan profundamente el fallecimiento del padre de Hansi Flick, entrenador del F. C. Barcelona", afirmó el club merengue en un comunicado.

"El Real Madrid quiere expresar sus condolencias y su cariño a sus familiares y a todos sus seres queridos. Descanse en paz", añadió.

Paula Blasi, la estrella del ciclismo que hace dos años no era ni profesional: "Ha sido una locura"

Paula Blasi, la estrella del ciclismo que hace dos años no era ni profesional: “Ha sido una locura”

Era la primera vez que el ciclismo femenino se adentraba en las legendarias e infinitas rampas por encima del 20% de desnivel del Angliru. Esa ascensión que solo pronunciarla impone respeto. Era ya de por sí un hito, una conquista global, y también un lugar icónico por inaugurar. En el recuerdo de la mítica cima asturiana quedará ya para siempre el nombre de Paula Blasi aunque, curiosamente, no fuera la ganadora allí. Apenas dos años después de descubrir que había nacido para el ciclismo, la española, segunda en la meta tras Petra Stiasny, conquistó la Vuelta a España.

Para saber más

Lo festejó la catalana como un triunfo, no era para menos. Brazos al cielo, manos al rostro, pura emoción en el abrazo con su madre, cuando coronó 23 segundos después de Stiasny, una menuda ciclista suiza que le había remontado en los dos últimos kilómetros, cuando el asfalto de la Cueña les Cabres convierte cada pedalada en una odisea: "Ha habido momentos en los que he estado a punto de poner el pie en el suelo". De pie sobre la bici los 45 kilos de Stiasny; sentada Blasi, moviendo vatios a golpe de riñón, puro fuego en sus piernas forjadas en su pasado en el triatlón y el atletismo, incluso en el esquí de montaña que le gusta practicar. Hasta 2024 no dio el salto al pelotón, de la mano del UAE Team ADQ, cuando una lesión la obligó a abandonar todo lo demás. Aunque le guste seguir practicando la carrera a pie por pura liberación mental, pese a que en su equipo le aconsejen parar: "Lo que me cuesta no es entrenar, sino descansar".

El podio de la Vuelta con Van der Breggen, Blasi y Marion Bunel.

El podio de la Vuelta con Van der Breggen, Blasi y Marion Bunel.MIGUEL RIOPAAFP

«Ha sido una locura. El Angliru ha sido realmente duro, especialmente el último kilómetro de subida. Me decían que fuera hasta el límite porque mis rivales se estaban quedando atrás», admitió después Blasi, asimilando la gesta. Y confirmando un boom meteórico, un 2026 que no entraba en ninguna de las predicciones. Fue en el pasado mes de abril cuando Paula, contra todo pronóstico (acudió llegó a última hora por las bajas en su equipo y con el objetivo de trabajar para sus compañeras), sorprendió con su victoria, ya histórica, en la Amstel Gold Race. Su estallido continuó con el tercer puesto en la Flecha Valona y un quinto en la Lieja-Bastoña-Lieja, su primer Monumento. Eso la convenció definitivamente -a ella y a su entrenador desde hace años, Fran Escolá- de que tenía lo necesario para aspirar a más, su primera grande: «Esta semana de las Clásicas de las Ardenas me cambió la vida. Creo que ahora tengo derecho a perseguir mis propios objetivos», declaró antes del inicio de la Vuelta.

En la ronda española ha brillado por su regularidad, más allá del remate glorioso del Angliru. En las seis etapas precedentes estuvo entre las mejores, sin ceder demasiado tiempo, mientras algunas de las favoritas (Ferrand-Prévot, Kasia Niewiadoma...) iban sucumbiendo. Siempre contó con el apoyo y el consejo de su compañera Mavi García, su compañera, "una hermana mayor". Y fue el viernes, segunda en la durísima ascensión a Les Praeres (apenas a ocho segundos de Anna van der Breggen), cuando se comprobó con opciones de la victoria final a pesar de una caída.

En el Angliru labró una obra maestra. Resistió el ataque de la francesa Marion Bunel -"tal vez me he precipitado un poco al principio al seguir a Marion..."-, de tan solo 21 años, que iba a completar el podio y ganar el maillot blanco a la mejor joven. Y la dejó atrás para irse en solitario y abrir brecha con el maillot rojo de Van der Breggen, a la que aventajó finalmente en 24 segundos. Sólo Stiasny fue capaz de remontar por detrás.

Hasta ayer, solo una española, Joane Somarriba (tres Tour y dos Giros de Italia), sabía lo que era ganar una grande del ciclismo. Paula se confirma como la sensación del pelotón femenino y una de las figuras ya del deporte nacional. La desconocida que hace un año subió del filial al primer equipo del UAE y que empezó a prometer en el cierre de 2025 (cuarta en el Tour de Romandía, sexta en el Tour de L'Avenir, campeona de Europa Sub-23 y bronce antes en los Mundiales de Ruanda de dicha categoría) es ya toda una realidad.

El clásico del (posible) alirón y de las peleas y traiciones que cuestionan la autoridad de Arbeloa

El clásico del (posible) alirón y de las peleas y traiciones que cuestionan la autoridad de Arbeloa

Rafael Louzán viaja a Barcelona con la Copa que distingue al campeón de Liga. Si el Real Madrid no gana este domingo en el Camp Nou, el presidente de la Federación Española entregará el trofeo al equipo de Hansi Flick. Si no es hoy, será la próxima semana. El Barça, un campeón en diferido.

Un empate le sirve a un equipo lanzado y que espera volver a contar con la eficacia de Raphinha. Enfrente estará un rival dividido por las peleas de unos jugadores que han manchado vergonzosamente la imagen del club. Un equipo al que se le cuestiona todo, hasta la autoridad de un entrenador que conoce su fecha de caducidad. Álvaro Arbeloa nunca se imaginó un final de temporada tan frustrante. El pasado domingo se salvó de hacer el pasillo al Barça, pero ahora acude a un campo con un público que se ha divertido durante toda la semana con la pelea entre Valverve y Tchouaméni.

Ayer, el entrenador salió en defensa de sus jugadores, asegurando que está muy orgulloso de ellos, porque han pedido perdón y asumido sus errores. También aclaró que él es responsable de no haber solucionado a tiempo este conflicto. No ha sabido gestionar bien a ese vestuario y eso lo refleja la contundencia con la que ayer criticó a un entorno nocivo: «Que se filtren cosas que han pasado en el vestuario me parece una traición para el Real Madrid y una deslealtad al escudo».

Pasar página

Arbeloa quiere pasar página, pero sabe que nada volverá a ser igual después de los últimos y lamentables sucesos. Una derrota humillante esta noche podría generar un clima de alta tensión para el partido del próximo jueves contra el Oviedo en el Bernabéu. Pitos contra los jugadores y el palco. Una situación que podría dulcificarse con una victoria en el Camp Nou. Para evitar el escarnio, Arbeloa confía en la reacción de un equipo al que regresa del recuperado Thibaut Courtois. También estará Tchouaméni, multado con 500.000 euros, pero no apartado de la disciplina deportiva. Mbappé, en el foco por su viaje con su novia a Cerdeña, ha entrenado con el grupo y viaja a Barcelona.

El desencanto del Madrid contrasta con la grata expectación que rodea al Barça, que busca proclamarse campeón de Liga por primera vez en un clásico. El club blanco ya lo hizo en la temporada 1931-32, hace 96 años. Entonces, un empate en Les Corts (2-2) propició la conquista del título. Todo listo para una fiesta en el campo en la que sólo faltará Lamine Yamal. El internacional español fue la única ausencia en el último entrenamiento de ayer. Estuvo trabajando en el gimnasio mientras continúa recuperándose de la lesión en el bíceps femoral de la pierna izquierda. Christensen, aún sin el alta médica, se entrenó junto a sus compañeros. También se ejercitó Raphinha, que podría disponer de minutos tras haber sido convocado en la última victoria ante Osasuna.

«Queremos ganar este título, sería el segundo consecutivo. No es algo normal en España, pero es nuestro objetivo. Sabemos perfectamente cómo queremos jugar y eso es lo que queremos ver», remató ayer Hansi Flick. Respecto a la pelea entre los jugadores del Madrid no quiso darle demasiada importancia. «Son cosas que pasan en todo el mundo. Me sorprendió un poco, pero al final no me importa, no es mi equipo», recalcó.

Ferran Torres: "Nadie se puede valorar más de lo que me valoro yo"

Ferran Torres: “Nadie se puede valorar más de lo que me valoro yo”

Resuenan las palabras en un enorme nave a las afueras de Sabadell donde Ferran Torres acaba de rodar un anuncio para su patrocinador, Under Armour, antes del clásico ante el Real Madrid que este domingo (21.00 horas, Movistar+) puede finiquitar la Liga. El delantero centro del Barcelona aparece a su cita con EL MUNDO con la tranquilidad de quien ya se ha acostumbrado a estas labores, de quien realmente ya se ha acostumbrado a todo. Desde que llegó hace cuatro años su figura en el equipo no ha parado de crecer, esta temporada suma 20 goles, pero continúa en duda. Siempre en duda. Siempre en duda.

Todavía no ha renovado un contrato que termina el año que viene y no sabe si le espera un futuro aquí o allá. Igualmente ni se inmuta. Él ha hecho lo suyo tanto en Liga como en Champions, con aquel gol ante el Atlético que pudo dar el pase a semifinales, y lo que tenga que venir, vendrá.

Complete la frase. Si el Barça no pierde el clásico y es campeón de Liga, la temporada será...
Muy buena. Al final, ganar dos Ligas consecutivas es algo muy difícil. Demuestra que estamos haciendo un gran trabajo y que el equipo sigue creciendo. Es verdad que uno de los objetivos principales era la Champions, pero la Liga es lo que demuestra el nivel de cada uno.
Es su primer año en el Barça en el que ha jugado más partidos como titular que como suplente.
Siempre quiero más. No me conformo con lo que hice ayer, siempre busco mejorar mañana. Pero bueno, sí, estoy contento con el balance personal de lo que va de temporada. Y quiero acabarla aún mejor.
¿Siente que ahora se le valora más fuera del vestuario? Ya sabe, la afición, la prensa.
Ni lo sé ni me importa, la verdad. No sé si me siento valorado o si no me valora. Quien me tiene que valorar me valora y me quedo con eso. Y lo más importante: me valoro mucho a mí mismo.
¿Más que antes?
Es imposible: siempre me he valorado como el que más. Creo que no cabe espacio para que alguien se valore más de lo que me valoro yo.

David RamirezAraba

Robert Lewandowski parece un tipo realmente duro. Debe ser complicado jugarse el puesto con él.
Tenemos una relación súper sana. Al final él es una leyenda, el tercer máximo goleador de la historia del fútbol. Yo siempre intento coger ejemplos de él, coger cosas. Y creo que yo le puedo aportar esa frescura, esa energía que tengo. Siempre ha habido muy buena convivencia entre él y yo.
¿Cómo ha conseguido la confianza de Hansi Flick?
Creo que desde que Flick llegó siempre me ha tenido mucha confianza y yo también le he demostrado por qué me la merecía. Es un entrenador que ha sacado mucho potencial de mí, que sigue sacándolo y que ojalá que pueda seguir sacándolo más años. Al final, cada año que pasa, me pide más, me exige más, pero eso es una muy buena señal. Quiere decir que me ve con un jugador con talento y con potencial.
¿Qué le pedía este año?
Marcar goles y saber hacer cosas para el equipo, trabajar para el equipo. Cuando haces eso, trabajas para el equipo, las cosas te llegan.
Habla mucho de mentalidad, con la broma del tiburón. Al contrario que otros, el fútbol nunca se ve como un deporte mental.
La mentalidad lo es todo. Obviamente tienes que tener talento, pero se nota mucho cuando alguien está mentalmente fresco, con las ideas frescas, bien y sano en ese sentido. También en el fútbol un gran porcentaje del éxito es mental.
La campaña de Under Armour que protagonista se titula For pressure lovers. ¿Cuándo se ha sentido más presionado en su carrera?
Bueno, ¿Y cuándo no? [Ríe] Para mí cada día es una prueba, un día más bajo presión. Hay que saber convivir con ello. Forma parte del fútbol y de la vida. Creo que sé gestionar muy bien la presión: sé que siempre está ahí y hay que saber convivir con ella.
Torres, Fermín y Casadó, en la campaña de Under Armour.

Torres, Fermín y Casadó, en la campaña de Under Armour.UNDER ARMOUR

¿Y le deja disfrutar del fútbol?
Yo me lo paso genial. Disfruto como el que más dentro del campo. Y al final, cuando disfrutas, la presión no existe. La presión la magnifica más la gente que realmente nosotros, porque jugamos al fútbol porque nos encanta y porque es nuestro sueño desde pequeños. Eso es lo que nos mueve, es lo que nos hace salir de los días malos, como la eliminación de Champions.
¿Cómo se cura de una derrota como aquella ante el Atlético?
Depende. Una derrota así siempre es complicada de llevar, y más cuando tienes la sensación de tener la clasificación tan cerca. Después, además, no tuvimos partido en bastantes días y se me quedó un poco más en la cabeza. Pero al final había que seguir y pensar en cerrar la Liga. Además yo para animarme con mis perros tengo más que suficiente. Llego a casa, los veo y se me pasa todo.
Son las estrellas de su redes sociales.
Paso mucho tiempo con ellos. Sobre todo ahora que hace buen tiempo, si no estoy en el jardín tomando el sol con ellos, estoy dando paseos por la playa. Es mi manera de distraerme. El fútbol es un mundo en el que estás todo el rato metido, como una burbuja, y ellos me sirven para salir de eso y desconectar.
¿Qué más le distrae?
Jugar a la Play me gusta y dentro de lo que se puede salir a cenar o a comer con los amigos. Y si no, rodajes de anuncios como este.
¿Se piensa durante la temporada en el Mundial?
Te diría que sí, pero la verdad es que no te da tiempo. Al final hay tantos partidos, cada tres días, con tanta exigencia, que no te da tiempo casi a pensarlo. Obviamente ahora que se acerca más, sí que lo tienes ahí más cerca, pero no es algo que digas 'voy a aflojar o voy a pensar más en el Mundial'. Al revés: al final el club lo es todo y el club es el que te ayuda a tener el premio de ir al Mundial.
El Atlético prolonga la depresión de Londres y pierde ante el Celta

El Atlético prolonga la depresión de Londres y pierde ante el Celta

Si hubiera un lugar donde medir la melancolía, ese sería el Metropolitano. Dos equipos decepcionados se enfrentaban bajo tormentas ocasionales después de decir adiós a sus sueños de la temporada. Más reciente e impactante la del Atlético, que ya había sufrido la herida de la Cartuja, y posteriormente terminó su aspiración europea tras un hurto en Londres. Cómo sería que el estadio rojiblanco registró, con poco más de 52.000 almas, una de las peores entradas de la temporada. [Narración y estadísticas, 0-1]

Valían más estos tres puntos para uno que para otro. Las aspiraciones europeas ya están aseguradas en los rojiblancos mientras que los celestes están aún en plena pelea. Y si además te llevas una alegría para salir del letargo, pues mejor. Quiso el Panda ejercer de antidepresivo para los vigueses. Hubo muchos que lo intentaron del lado rojiblanco, pero no encontraron portería.

Aunque si un equipo mostró una mayor voluntad de recuperación fue el conjunto de Simeone. Salió a comerse a un Celta que no le gusta encerrarse, pero que no le quedó otra ante el empuje rojiblanco. Y si ese empuje habría que individualizarlo en alguien, habría que mencionar a Lookman. Se echó de menos esta versión del británico de origen nigeriano en Londres: incisivo, desequilibrante y muy activo, especialmente en la parcela ofensiva. A Álvaro Núñez y a Javi Rodríguez les dio la tarde. Al segundo le hizo un caño monumental, que cortó con una dudosa mano al irse al suelo. En algunos lugares y en otros tiempos, podría considerarse penalti, pero el colegiado navarro, Galech Azpeteguía, decidió que era completamente involuntaria.

Subidos a la profundidad del extremo rojiblanco, las ocasiones del Atlético se fueron sucediendo. Sorloth tuvo dos cabezazos para inaugurar el marcador, pero no termina el noruego de afinar el martillo. Posteriormente fue Griezmann el que probó a Radu con un inocente disparo desde el segundo palo.

Tardó casi media hora el Celta en pisar con intención el campo que defendía Oblak. Con intención no es con peligro. De hecho, en el primer tiempo apenas registraron los celestes un disparo, que se fue desviado, frente a los nueve del Atlético, dos de ellos a portería. Los vigueses mantuvieron plaza europea con la última victoria ante el Elche, porque las tres derrotas consecutivas amenazaron con su caída, y ahora estaban en un punto de que para ver la Champions necesitaban encadenar victorias.

La segunda mitad la empezaron los vigueses con más intención. Trenzando alguna jugada con Borja Iglesias de pivote. Moriba, de hecho, pudo concluir mejor desde la frontal del área una gran triangulación de medio equipo celeste. Respondió después, casi inmediatamente, Sorloth con una espuela magnífica tras una dejada de Baena, pero Radu mandó a córner. Y poco después Lookman no consiguió aprovechar otro gran centro del almeriense.

Contundencia

Pero las ocasiones no suben al marcador, sólo los goles. La contundencia, ya saben. Y Borja Iglesias la tuvo para finalizar un gran pase de exterior de Sweedberg. El Panda hizo una vaselina que silenció el Metropolitano y hasta terminó con algún aplauso local. La liga es el torneo que ya pasó en el Atlético, pero convenía terminarla con una sonrisa, al menos en los partidos de casa.

Un mal disparo de Almada alumbró algún silbido en el estadio. No merece esta despedida un equipo que tuvo dos trofeos a tiro. Luchando, además, con transatlánticos en España y en Europa. El Atlético, de hecho, tomó el acuse de recibo y se volcó sobre la portería de Radu. Lo hizo, eso sí, con más corazón que cabeza y, lo peor, con poco fútbol. Sin Griezmann y Baena, cambios el Cholo a la hora de partido, faltaba la imaginación que sustituyera los centros laterales. Ni imaginación, ni alegría. Sigue la depresión.