Vingegaard vence en Corno alle Scalle y ya oposita a la 'maglia rosa'

Vingegaard vence en Corno alle Scalle y ya oposita a la ‘maglia rosa’

Todavía sin el rosa, Jonas Vingegaard, de azul, domina a su antojo y sin prisas el Giro. Segunda llegada en las alturas de un puerto de primera y segunda victoria de etapa para el pequeño gran danés. Las dos jornadas hasta ahora más exigentes y elocuentes de la carrera han conocido el mismo vencedor. Todo un resultado. Todo un pronóstico. Casi, sólo casi, toda una certeza.

Etapa entre Cervia y Corno alle Scale. Bastante larga (184 kms.) y teóricamente de un monopuerto. Una llanura un poco falsa porque no paraba de subir casi insensiblemente, como quien no quiere la cosa. Pero a la velocidad a la que se viajaba (49,6 por hora en esa primera hora y 46 sostenido más adelante) iba haciendo mella.

La carretera se iba engallando, los corredores superaron una cuesta breve pero picuda, no puntuable. Y, mirando hacia el frente, que ya era como mirar hacia arriba, se enfrentaron a los últimos 50 kms. Por entonces pedaleaban por delante 11 hombres, resultado del reagrupamiento de un par de escapadas: Milesi, Rubio, Bais, Ballerini, Loland, Geens, Marcellusi, Naberman, Ciccone, Aerts y Ulissi. En las sucesivas "fugas de las fugas" acabarían sucumbiendo todos tras superar el puerto de Querciola, de 3ª con ínfulas. Con 11 kms. al 4,3% de pendiente media y con un pico del 16%, podía ser perfectamente de 2ª. Ya sólo coronaron cinco: Rubio, Ulissi, Aerts, Milesi y Ciccone.

Un breve descenso de dos kilómetros y la carretera se encabritó en el Corno alle Scale, 108 kms. al 6,1% de pendiente media y un pico del 15%. El Decathlon, tirando y tirando, había hecho desde el principio su valiente apuesta por Felix Gall. Le dio resultado. Bueno, hasta cierto punto. Con la carretera ya poniéndose de manos todo el tiempo, cayeron uno a uno, como fruta madura, los escapados. Los últimos, Rubio y Ciccone cuando Gall atacó y sólo le siguió Vingegaard, que no atendía a los requerimientos de relevar.

El danés tenía el absoluto control del espacio y el tiempo. Bajo el triángulo del último kilómetro, demarró para ganar sin dar la impresión de exprimirse. Gall sí iba exprimido, pero ahora mismo parece el máximo aspirante a ser segundo, pese a que Eulálio saltó como un cohete desde la parte trasera del grupo para hacer quinto y conservar el rosa. Pellizzari dio el petardazo. Enric Mas quizás no acabe este Giro.

Vingegaard ofrece al final de la primera semana el aspecto de un ganador aplazado por la obligatoriedad de cumplir el programa de 21 escalas. Incluso así, la historia del ciclismo, los gajes del oficio y las voces de los rivales, roncos pero no mudos, obligan a mostrar prudencia a la hora de anunciar con tanta antelación un ganador seguro. "Omnes viae Romam ducunt". Todos los caminos conducen a Roma para Vingegaard. Pero todavía hay que recorrerlos. Y él lo sabe mejor que nadie.

El Giro descansa el lunes a la espera de la contrarreloj del martes Viareggio-Massa, de 42 kms., una distancia inusualmente larga en estos tiempos. Marcará diferencias.

Despierta el atletismo

Despierta el atletismo

El atletismo al aire libre se despereza y despierta de su hibernación. Sin Juegos Olímpicos ni Campeonato del Mundo. Con el Campeonato de Europa en el horizonte de agosto, la Diamond League se instala sin competencia en la altura máxima del atletismo 2026. Aplazado a causa de la guerra en Oriente Medio el mitin de Doha del 8 de mayo y trasladado al 19 de junio, alzó Shanghái el telón.

Y lo hizo con Armand Duplantis poniendo el listón en 6,32 en busca de batir su actual récord del mundo de salto con pértiga (6,31). Shanghái le trae buenos recuerdos. Allí batió, con 6,24, su octava plusmarca. No lo logró en esta ocasión la decimosexta porque, incluso para él, no todos los días son fiesta.

Por añadidura y por lógica, cada vez le resultará más difícil. Cuanto más alto sube, se va aproximando más a sus límites, sean los que sean. En los 5,80 se quedó sin compañía (no tenía rivales desde antes de empezar la prueba). Sobrepasó a la primera los 5,60; los 5,80; los 6,00 y los 6,12. Sólo cinco saltos para superar, como quien no quiere la cosa, una altura que sólo han alcanzado históricamente Emmanouil Karalis, Renaud Lavillenie y Sergei Bubka.

El momento cumbre de la reunión lo protagonizó la neerlandesa Jessica Schilder en el lanzamiento de peso. Sus 21,09 suponen el mejor registro de los últimos 14 años. Las imponentes e inaccesibles marcas de más de 22 metros siguen ancladas, estancadas, fosilizadas en los remotos y oscuros años 70 y 80. La esfera terrestre continúa girando. La del peso femenino permanece inmóvil.

El majestuoso estadio de Shanghái, con una gran asistencia, contempló otras marcas magníficas, como, en los 3.000 obstáculos, los 8:51.47 de la ugandesa Peruth Chemutai y los 8,43 del italiano Mattia Furlani en el salto de longitud. Y 11 mujeres bajaron de los cuatro minutos en unos 1.500 ganados por la etíope Birke Haylom en 3:55.56.

Quique Llopis (110 vallas) y Adrian Ben (800) formaron la representación española. Llopis salió lento (algo frecuente en él) y cometió algunos errores en el paso de los obstáculos (algo bastante raro). Terminó en séptima posición con 13.43, lejos del ganador, el estadounidense Jamal Britt (13.07). La temporada no ha hecho más que empezar y el propósito del valenciano de bajar de los 13 segundos no se resiente en absoluto.

Adrián Ben, también séptimo, causó muy buena impresión. Aunque se ha desplazado hasta los 1.500, ha comenzado 2026 por su antigua distancia. Fiel a su estilo, como Mohamed Attaoui, de salir en cola e ir remontando, concluyó en 1:44.45, no tan lejos del vencedor, el irlandés Mark English (1:43.85).

La Diamond League, la Liga de(l) Diamante reemprende la marcha, todavía en China, el día 23 en Xiamen. Más tarde, aún en mayo, Rabat (31). En junio, Roma (4), Estocolmo (7), Oslo (10), Doha (19) y París (26). En julio, Eugene (4), Mónaco (10) y Londres (18). En agosto, después del Campeonato de Europa (del 10 al 16), Lausana (21), Silesia (23) y Zúrich (27). Las finales tendrán lugar el 4 y el 5 de septiembre en Bruselas.

Jhonatan Narváez suma, en los impresionantes muros de Fermo, su segunda victoria

Jhonatan Narváez suma, en los impresionantes muros de Fermo, su segunda victoria

Una etapa corta (156 kilómetros), relampagueante (en su ecuador volaba a 51 por hora), hermosamente soleada y llena en su parte final de esas cuestas escuetas y verticales que el ciclismo llama muros, saludó, en Fermo, la segunda victoria de Jhonatan Narvaéz y la 32ª en la temporada para el UAE. Con cinco elementos en carrera tras la temprana, triple y simultánea desdicha de Yates, Soler y Vine, el equipo de Emiratos honra a sus caídos y homenajea a sus supervivientes. [Así lo hemos contado]

Luego de infinidad de intentos abortados por la velocidad de un pelotón desencadenado que, vertiginosamente, proyectaba y consumía hombres al mismo tiempo, tardó en cuajar la escapada. Prácticamente la única que pudo separarse unos sostenidos metros de la jauría. En todo caso, la buena y reducida. La formaron sin sangre ni lágrimas, pero con sudor en la atmósfera templada de las orillas del Adriático, Narváez, su compañero y escolta Mikel Bjerg y Andreas Leknessund (Uno-X).

Hicieron camino y juntos se enfrentaron a las cotas, puntuables o no, del día. Una sucesión en tobogán de cortas y afiladas "tachuelas". Por detrás, una cuarentena de hombres con Scaroni, Milesi, Romo, Silva, Arrieta, Beloki, Juanpe López, Christen, etc. pugnaba por acercárseles. Más atrás aún, el pelotón principal en razón del número e importancia de sus componentes: Eulálio, Vingegaard y el resto de la selecta compañía, de los notables de la tribu.

El trío coronó Montefiore DellAsso, de 3ª por tendido, pero que se agarraba a las piernas con sus 10 kms. al 3% de porcentaje medio. Coronó también Monterubbiano, de 4ª por corto, no por blando: 4,7 kms. al 5,8% de media. En la subida a Capodarco, de 4ª por breve, no por suave, 2,5 kms. al 6,3% de media, con la cima a 7,4 kms. de la llegada, atacó, decidido, Narváez. "La commedia e finita", se dijo a sí misma la etapa. Y tenía razón.

El ecuatoriano eliminó en el acto a Bjerg, y poco después a Leknessund, más pesado, menos escalador. Y se enfrentó a los últimos cuatro medievales y adoquinados kilómetros de la subida, mejor, la escalada, a Fermo. Una pared al 10% de media con tramos, sobre todo al principio, del 183% y el 227%. En esa "stairway to heaven" a la italiana remachó su victoria, con Leknessund a, en números redondos, medio minuto, y a 45 segundos las avanzadillas del deslavazado primer grupo. La tropa selecta apareció a casi dos minutos. Eulálio, que mantiene el rosa, intentó valerosamente picar unos segunditos que dieron un poco más de lustre a su luminosa "maglia". Vingegaard y los demás no le dejaron.

En el ciclismo hay etapas reina, etapas de transición y etapas de reflexión. Esta octava del Giro, entre Chieti y Fermo, era de transición y de reflexión entre la séptima del viernes (Blockhaus) dominada por Vingegaard, y la novena del domingo (Como alle Scale), que ya veremos. Dos de las cinco con llegada en un puerto de primera. El Giro se ha tomado un respiro transitorio, pero esforzado, entre dos jornadas trascendentes. Y reflexiona acerca de que la carrera, salvo accidente, enfermedad o giro copernicano, frecuente por otra parte en la historia del ciclismo, pueda estar liquidada y, mirando al danés, pontifique: "Y al séptimo día sentenció".

El navarro Igor Arrieta se consagra en el Giro tras ganar una etapa caótica

Actualizado

Entre los 201 kms. de Praia a Mare y Potenza, en un día de perros y de locos, el español Igor Arrieta, 23 años y un par de triunfos profesionales, consiguió la victoria más importante, extraña y merecida de su joven existencia. Puede que nunca gane otra carrera en circunstancias tan surrealistas y, a la postre, satisfactorias.

Rompió antes del puerto Grande di Viggiano, de 2ª, corto y duro 6,6 kms. al 9,1% de pendiente media y con un pico del 15%, una escapada trabajada de 12 hombres. Acabó uniéndosele el portugués Afonso Eulálio (Bahrain). Ambos, a 49 kms. de la llegada, coronaron en ese orden e hicieron camino mientras el pelotón, empapado, aterido, entregaba las armas y Ciccone, que fingía tirar para guardar las apariencias, y el Lidl-Trek el rosa.

Los últimos 13 kms., de asfalto acuoso y cielo ceniciento, fueron una sucesión de incidentes casi superpuestos, casi amontonados en los que el azar repartió cartas a voleo. Arrieta, ahora segundo en la general, tuvo perdida la etapa dos veces: cuando se cayó y cuando, tras atrapar al portugués, que también se cayó, se equivocó de trazada a sólo 2,1 kms. del final. La remontada del navarro en los últimos metros tuvo el aire de un momento inventado por los ojos cuando el cerebro se negaba a aceptarlo por imposible.

Pero era real. Cuando los ojos y el cerebro se pusieron de acuerdo, Arrieta había ganado la segunda etapa consecutiva del UAE, tras la victoria de Narváez y del desastre de Yates, Soler y Vine en los primeros compases de la carrera, y la trigésima del año para el equipo de los Emiratos.

Eulálio, de 24 años y una sola victoria profesional, se consolaba con una maglia rosa con la que probablemente ni siquiera había soñado en su vida. Tras ellos, los restos del naufragio inicial: Silvia, Milesi, Scaroni... El pelotón, a más de siete minutos.

Mañana será otro día.

Magnier, imparable en el sprint, suma su segunda etapa en el Giro

Magnier, imparable en el sprint, suma su segunda etapa en el Giro

En la tercera etapa, entre Plovdiv y Sofia, de 175 kms., despidió Bulgaria, un bello país, el Giro con una volata clásica, masiva brutal entre los poderosos sprinters en liza. De ella salió vencedor, por una cuarta, Paul Magnier, ese francés nacido hace 22 años en Laredo (Texas). El otro gran Paul, junto a Seixas, del ciclismo galo.

Superó a Jonathan Milan y Dylan Groenewegen. El italiano se vio perjudicado al transitar por una zona del adoquinado final con numerosas rendijas. La bicicleta le dio algunos saltos que, probablemente, impidieron que culminase su obra. Magnier, vencedor también de la primera etapa, resolvía así a su favor una jornada un tanto sorprendente.

Aún no había terminado el director de carrera de bajar la bandera cuando Diego Pablo Sevilla, otra vez él, saltó en busca de puntuar en la única dificultad de la jornada, un puerto de 2ª a, más o menos, mitad de trayecto. Lo acompañaron Alessandro Tonelli, su compañero del Polti, y Manuele Tarozzi, del Bardiani. No habían salido los maltrechos Yates, Buitrago y Vendrame.

Todo el mundo iba tranquilo. Los escapados porque eran conscientes de que el pelotón no les dejaría llegar muy lejos. Y el pelotón porque sabía que los fugados no le obligarían a un esfuerzo extra. Una "entente cordiale" consistente en que la diferencia no superase nunca los tres minutos. La primera hora y media de carrera, en un terreno llano, con frecuentes y largas rectas y un asfalto perfecto, se cubrió a 41 por hora. Un ritmo cómodo para unos y otros.

La carretera empezó a empinarse poco a poco, como desperezándose. A los fugados les dio tiempo de sobra, con Sevilla en cabeza, para coronar ese puerto de 2ª, el Borovets Pass, a 71 kms. de la meta. Cumbres más altas, todavía canosas en primavera, observaban mirando hacia abajo. El puerto, tendido, 9,2 kms. al 53% de media y con un pico del 11%, no descolgó a los velocistas. Sólo De Lie, doliente, sostenido moralmente por dos camaradas, penaba por detrás.

Todo parecía seguir el libreto prescrito. Pero los kilómetros pasaban, el pelotón sesteaba y los escapados no desmayaban. De pronto, tirios y troyanos se dieron cuenta de que la meta no estaba tan lejos. A los del grupo, al que habían vuelto De Lie y los suyos, les entraron las prisas. A los fugados, se les encendió la ilusión. Súbitamente, una etapa anodina y decidida de antemano a favor de los hombres rápidos se volvió apasionante e incierta.

Los últimos kilómetros fueron de una emoción absoluta. Retorciéndose de fatiga, destrozados, los escapados apuraban, agónicamente, sus posibilidades. Todas todavía, ninguna en realidad. Sucumbieron como héroes a 400 metros de la llegada. Otra escena representativa de la grandeza y la crueldad del ciclismo.

Guillermo Silva retuvo el rosa y Sevilla puede que siga, como la muñeca de la canción infantil, vestido de azul hasta el viernes, con el Blockhaus, el primer coloso de la carrera en su camino (y en el de todos). El Giro descansa un día y ya se traslada a Italia para disputar el martes una etapa corta (138 kms.) entre Catanzaro y Cosenza.

Benvenutto.

Deporte y números

Deporte y números

Las Matemáticas son el lenguaje del Universo y de la vida. El espacio, el tiempo y nuestra existencia, que transcurre entre dos fechas, la primera y la última, se miden, se pesan, se tasan y se expresan en números. También el deporte. Bajo el cielo o bajo techo, en recintos o escenarios con dimensiones y distancias fijadas, reglamentadas con números, distintos deportistas han sido recientemente noticia en razón de actuaciones de todo punto impactantes.

No cuenta, por haberse disputado a puerta cerrada, el combate entre Aurélien Tchouaméni, duro pegador, y Federico Valverde, bravo encajador, que tuvieron de teloneros a Antonio Rüdiger, gran fajador, y Álvaro Carreras, fino estilista. A falta de conciertos, la pelea, de haber sido programada en el Bernabéu, con capacidad para 81.000 espectadores, hubiera superado con creces las 64.500 almas que reunieron Tyson Fury y Arslanbek Makhmudov, en abril, en el campo del Tottenham. Números.

Antes de la gran velada en el Valdebebas Square Garden, Gout Gout, de 18 años, corría los 200 metros en 19.67, récord del mundo júnior. Nadie ha sido nunca más rápido a esa edad. Ni siquiera Usain Bolt. Números. Sabastian Sawe, de 31 años, y Yomif Kejelcha, de 28, terminaban el maratón de Londres en menos de dos horas: 1:59:30 y 1:59:41. Números. Gretchen Walsh, de 23, establecía un nuevo récord mundial en los 100 metros mariposa (54.33). Reúne las 12 mejores marcas de todos los tiempos. Números.

Un australiano de origen sudanés, un keniano, un etíope y una estadounidense. Tres hombres negros y una mujer blanca de diferentes zonas del planeta mostrando la diversidad racial y sexual dentro de la unidad de los seres humanos, vecinos y parientes en un solo y pequeño planeta. Volvieron a poner sobre la mesa las reflexiones, entre físicas y místicas, entre fisiológicas y filosóficas, acerca de nuestros límites como, después de todo, organismos pertenecientes al mundo animal.

Somos ejemplares con diversas y notables capacidades, algunas únicas, sobre la Tierra. Pero no infinitas. Sin embargo, nuestras hazañas se revelan provisionales cada vez que otra de mayor calibre que la anterior parece anunciar la siguiente. Cada deportista que la protagoniza nos representa a todos los miembros de la Humanidad. Son nuestros valedores ante la Historia. Al igual que los más destacados científicos, artistas o intelectuales, constituyen la vanguardia de la especie.

Otros números impresionan de diferente forma. Paul Seixas, el fenómeno francés, acudirá al Tour, una carrera con más etapas que años tiene la criatura: 19. En el Giro, ninguno de los miembros de la raquítica participación española, 10 corredores (nueve tras el abandono de Marc Soler), es tan joven, aunque Markel Beloki cuenta 20 años. Hay otros dos hombres aún en la veintena: Igor Arrieta (23) y Javi Romo (27). Los demás, con David de la Cruz como decano (36), han doblado el cabo de los 30, que en el deporte es el de las Tormentas. Y si Seixas debutará en el Tour con 19, Enric Mas lo ha hecho en el Giro con 31.

Números...

El uruguayo Silva, tras una monumental caída y el primer ataque de Vingegaard, gana la segunda etapa y es el nuevo líder del Giro

El uruguayo Silva, tras una monumental caída y el primer ataque de Vingegaard, gana la segunda etapa y es el nuevo líder del Giro

Interminable etapa, aún en Bulgaria, entre Burgas y Veliko Tarnovo, la segunda más larga de la carrera, de 221 kms. Hubo que esperar casi 200 a que ocurriese algo. Y lo que ocurrió fue que una caída multitudinaria provocada por el suelo húmedo, envió a hombres y máquinas por los aires, en una estruendosa confusión de carne y metal.

Vendrame, Buitrago, Narváez, Morgado, Gee, Cavagna, Yates (maltrecho hasta perder toda opción), Vine (al hospital) y unos cuantos más enredaron sus cuerpos y sus bicicletas en revuelto acervo y obligaron a neutralizar la carrera por falta de ambulancias. También abandonó Marc Soler, que era una de las opciones de etapa del ciclismo español en este Giro.

Y ocurrió que, reanudada la etapa a falta de 18 kms. para la llegada, Vingegaard atacó en la cota del Monasterio de Lyaskovets, corta pero dura: 3,9 kms. al 6,8% de promedio y con un pico del 14%. Se llevó enganchados a su dorsal a Pellizzari y Van Eelvelt. Tras un descenso peligroso, los atraparon en la cuesta última, de suave adoquín y no tan suave porcentaje. Y ocurrió que, entonces, Guillermo Thomas Silva, uruguayo (uruguayo, sí) del Astaná se impuso a Florian Stork y Giulio Ciccone.

Eso fue el desenlace de la obra, resuelto por Silva, de 24 años, en su octava y más importante victoria profesional, que, además, lo viste de rosa. Un momento histórico para el ciclismo uruguayo. El planteamiento y el nudo lo habían puesto Diego Pablo Sevilla, madrileño de 30 años, de San Martín de la Vega, y sin ninguna victoria profesional, y Mirco Maestri, italiano de 34 y con cinco de escasa categoría, ambos del Polti, que se habían escapado desde el desayuno. Se trataba de que Sevilla puntuase en los tres puertos de tercera (sólo pudo en los dos primeros) que jalonaban el recorrido y defendiese así la maglia azzurra de líder de la montaña, obtenido en las dos insignificancias de 4ª de la primera etapa. Lo consiguió.

Vingegaard se mostró revoltoso. No tenía necesidad de atacar ni de exponerse con el piso húmedo a un accidente. Pero parece decir desde el primer momento, y en un lugar inadecuado para establecer diferencias, que está dispuesto a repetirles a los rivales el letrero que Dante puso en las puertas del infierno: "Lasciate ogni speranza voi che entrate".

El ciclismo, tan identificado con la gloria, se asemeja demasiadas veces al infierno.

Las claves del sprint en el tiempo del maratón: la llegada de los africanos y el desarrollo de las 'zapatillas mágicas'

Las claves del sprint en el tiempo del maratón: la llegada de los africanos y el desarrollo de las ‘zapatillas mágicas’

De Londres a Londres. Primero como «mejor marca mundial» y mucho más adelante ya como «récord», 118 años en el calendario y casi una hora en el cronómetro separan el primer récord mundial de maratón del último. La diferencia entre, en números masculino plural, los 2:55:18 de John Hayes y, en singular, el 1:59.30 de Sabastian Sawe. El estadounidense realizó la marca en los Juegos Olímpicos de 1908. El keniano, en la cita anual con las calles londinenses.

Ha cambiado mucho el mundo en todos estos años. Y el deporte con él. Y el maratón, con ambos. A causa de sus características, y en términos absolutos, ninguna prueba del atletismo ha experimentado tantas y tan rápidas transformaciones como el maratón. Los 100 metros, por ejemplo, son tan cortos que, desde la llamada era IAAF, de los 10.3 del estadounidense Donald Lippincott en 1912 a los actuales 9.58, en 2009, de Usain Bolt no hay tanta diferencia.

Al compás de los tiempos y sus adelantos de todo tipo, el maratón fue mejorando siempre en régimen de progresiva aceleración. Tardó 57 años en pasar de esos 2:55.18 a bajar de los 2:10:00 con el australiano Derek Clayton, que realizó 2:09:36 en 1967. En los Juegos de Roma, en 1960, el etíope Abebe Bikila (2:15:16) había sido el primer africano en ostentar el récord. Desde 1999, cerrando el siglo XX, no ha habido más que africanos en lo alto de las tablas, aunque Khalid Khannouchi, que batió el récord como marroquí en 1999, lo superara, abriendo el siglo XXI, como estadounidense en 2002. A partir de ese momento, sólo kenianos y etíopes. Y los kenianos, las siete últimas plusmarcas.

Desde que ellos, los africanos, tomaron el mando, las barreras cronométricas han caído cada vez más rápido. Y no sólo ellas: el cómputo general de marcas ha experimentado una mejoría relampagueante. Ahora, ganes o no ganes, rompas o no rompas récords, o bajas de 2:03 o no eres «nadie». Los 10 mejores registros de siempre, todos ellos por debajo de 2:02:00, se han conseguido en los últimos ocho años. Los seis mejores, en los últimos tres. Y los tres mejores, el mismo día: el domingo pasado en Londres.

¿Dopaje tecnológico?

Las razones de semejante velocidad residen, como es lógico, en todas las mejoras médicas, técnicas, materiales, nutricionales, etc., etc. Pero, sobre todo, en la aparición de las «zapatillas mágicas», versión pedestre de la alfombra voladora de Las mil y una noches. Una transformación, una revolución. ¿Dopaje tecnológico?

Todo el mundo, atletas, entrenadores y compañía, está de acuerdo en las ventajas que aportan. Pesan menos, están fabricadas con materiales (fibra de carbono, espuma superligera, caucho líquido) que favorecen la propulsión y proporcionan retorno de energía. Son reactivas, mejoran la economía de carrera en el consumo de oxígeno y el gasto calórico, aceleran la recuperación...

Naturalmente, cada atleta es distinto y distintas son las ventajas que las zapatillas les proporcionan, así como diferentes son los porcentajes que, en los registros, ocupan la calidad intrínseca del corredor y el componente «milagroso» de las zapatillas. Juan Carlos Higuero, uno de nuestros mejores mediofondistas históricos, definió, en entrevista de Ignacio Romo, el fenómeno: «Esto es como la Fórmula 1. Los atletas son los pilotos y las zapatillas son los coches».

Todos los «pilotos» las han aceptado como una especie de panacea. Fascina su idea misma. Existe una fiebre por calzarlas y experimentar con ellas. Se diría incluso que producen un efecto placebo, que producen adicción. Las grandes estrellas del maratón las reciben personalizadas, de acuerdo con el tamaño y forma del pie, de la manera de pisar... Son guantes, una segunda piel de la parte baja de las extremidades inferiores.

Las grandes marcas fabricantes, empezando por Adidas y su Adizero Adios Pro Evo 1 y Nike con su Alphafly 3 Prototype, ejemplares pioneros, se han entregado a una carrera tecnológica y publicitaria que ahora forma parte de las crónicas. Se ha resaltado que Sabastian Sawe ha batido el récord con las Adizero Adios Pro Evo 3, las primeras que pesan menos de 100 gramos, con espuma Lighstrike con perfil de 39 mm. que maximiza la amortiguación y con el sistema Energyrim con carbono integrado y unas cuantas cosas más.

Las "zapatillas prodigiosas" son una necesidad. Pero a veces parecen una moda.

La encrucijada Simeone

La encrucijada Simeone

Cuando Simeone llegó al banquillo del Atleti, su hijo Giuliano tenía nueve años. Niños de cuatro o cinco en aquel momento han entrado ya en la Universidad y quinceañeras de entonces han cumplido 30 y son madres de familia. A Donald Trump le faltaban seis años para su primera presidencia, a un tal Pedro Sánchez Pérez-Castejón no lo conocía nadie y Lamine Yamal gastaba pañales.

Aunque en el tango 20 años no es (son) nada, en fútbol, 14 camino de 15, que se cumplirán en diciembre, es una eternidad. Simeone, tan visceral, los ha gozado y padecido en grado sumo, en un carrusel de emociones extrapolable fuera del balón a las de cualquier persona en semejante período cronológico. En tres lustros ocurren muchas cosas en la vida; y, a partir de ciertas edades, el tiempo es un proceso de desgaste más que de crecimiento. No de estabilidad, aunque la duración pueda imitarla. Ni de asentamiento, aunque la permanencia se le asemeje.

Simeone está desgastado por la acción conjunta de los buenos y los malos momentos. Todos, por intensos, dejan una huella profunda en forma de muescas o de cicatrices. Si bien de diferente modo, pesan y fatigan. Erosionan. En su veteranía y su trascendencia en el cargo, el Cholo no ha dejado nunca de caminar por el delgado alambre común de los resultados deportivos y los balances económicos.

En binomio simbiótico, ha sido, junto a Miguel Ángel Gil en los despachos, arte y parte del desarrollo integral de la entidad, alternando momentos de lucidez con otros de ofuscación. Ha tenido suficientes aciertos como para elevarlo a los altares rojiblancos, y cometido suficientes errores como para retirarle la peana.

Se ha tambaleado y rehecho unas cuantas veces y hace bastantes primaveras que la frase "partido a partido" se refiere tanto a él como al equipo. A medida que su pasado se alarga, se acorta su futuro. Va viviendo al día en un presente prolongado mientras disfruta del salario más elevado pagado jamás a un entrenador de fútbol, prebenda discutible en un club sin tamaña equivalencia en el escalafón. Una responsabilidad, casi una obligación, a la que se ha entregado por completo al lado de unas expectativas que ha satisfecho a medias.

Con la Liga perdida desde demasiado temprano, pero aferrado a la clasificación europea como mínima-máxima aspiración anual, el Atleti, paradójico, avanzó hasta la final de la Copa y las semifinales de la Champions. Dos balas por una del Barça y ninguna del Madrid. Una situación inusual. Pero toda aproximación a la gloria abre una invitación al desastre. La derrota de Sevilla sólo se arregla con la victoria en la todavía hipotética final de la Champions. De acceder a ella, otro fracaso duplicaría la sensación de impotencia y aumentaría la de fatalismo. Aunque una final y unas semifinales merecen, objetivamente, aprecio, en el Atleti resultan insuficientes a estas alturas.

Simeone se halla en una encrucijada, otra, de la que saldrá reforzado o disminuido. Este martes, la víspera del partido de ida ante el Arsenal, cumple 56 años.

"Happy birthday?"

Precocidad ciclista

Precocidad ciclista

Festín de clásicas de categoría World Tour. Luego de la Amstel Gold Race de este domingo, con la 74ª victoria de Remco Evenepoel, el miércoles llega la Flecha Valona. Y el próximo domingo espera la Lieja-Bastoña-Lieja, cuarto de los cinco Monumentos que el ciclismo nos regala y con los que se engalana.

Para saber más

En Lieja volveremos a ver a Tadej Pogacar, primero en San Remo y Flandes y segundo en Roubaix, propietario de 12 Monumentos, en la estela aún lejana de los 19 acaparados por Eddy Merckx. Si bien ahora mismo el referente próximo de Pogacar es, todavía, Bernard Hinault (cinco Tours, tres Giros, dos Vueltas y 136 triunfos en total), ya hace tiempo que glosamos las actuales hazañas del esloveno en función de las antiguas del belga, que pedalea en el horizonte. Se trata de una carrera de persecución, en un espacio por encima de las distancias y en un tiempo más allá de las épocas. Una caza emprendida en los Monumentos, en las grandes y medianas rondas, en la contabilidad total y parcial de las victorias y en la forma de lograrlas.

Para acercarse a Merckx, y no digamos para superarlo, es imprescindible empezar a ganar desde muy joven. Así ha hecho Pogacar, que saltó con acné al profesionalismo y ayudó más que nadie a abrir el ciclismo a una precocidad contractual y exitosa de sucesivos "teenagers" como Remco Evenepoel, Juan Ayuso y Paul Seixas, que llegaron a los triunfos de fuste antes de la veintena. O Isaac del Toro, otro mozalbete que ahora, a los 22 años, posee mejor palmarés que Pogacar a esa edad. Datos así sugieren sin afirmar. Para muestra de artista adolescente, Seixas se convirtió, con 19 años, en el corredor más joven en ganar una carrera World Tour por etapas al imponerse hace 10 días en la Itzulia. Desbancó en ese récord a Pogacar, ganador con 20 del Tour de California en 2019. Otros chavales procedentes de los equipos de desarrollo pisan también el World Tour en una especie de "Quinta del Biberón". Pensemos en Alessandro Pinarello y Jorgen Nordhagen, hoy con, respectivamente, 22 y 21 años, que nos han encantado en O Gran Camiño.

En medio del asombro y la admiración, y sabiendo que, en la vida, lo precoz conspira contra lo longevo y lo anticipatorio va en perjuicio de lo perdurable, la pregunta que se hace el ciclismo es cuánto y a qué altura durará la trayectoria de estos, digamos, prototipos que muestran hechuras de maestros a edades todavía de aprendices. Seguirán aprendiendo, qué duda cabe, pero han adelantado cursos y circulan por atajos que se abren ante sus ruedas.

También la pregunta se la formulan ellos mismos, desconocedores y curiosos de sus límites porque aún están descubriendo sus capacidades mientras las aprovechan. No existen precedentes de tanta cantidad temprana a tales niveles. Suponen una incógnita mayor que las habituales y una realidad distinta de la lógica. Dignos de estudio, son especímenes experimentales que hacen de cobayas a la vez que ofician de campeones.

El ciclismo evoluciona, transformándose, en todos los aspectos. Ellos lo reinventan.