Senegal se lleva la Copa África en una final insólita: se retiró del campo por un penalti a favor de Marruecos que falló Brahim

Senegal se lleva la Copa África en una final insólita: se retiró del campo por un penalti a favor de Marruecos que falló Brahim

África es un continente tan pasional como peculiar y eso se reflejó en una loca final de la Copa África en que Senegal fue capaz de romper el guion que daba ganador al anfitrión Marruecos incluso con un penalti polémico señalado por el VAR en el último suspiro del tiempo reglamentario. En sus botas tuvo Brahim Díaz la posibilidad de hacer campeones a los alauitas desde el punto del penalti, pero su decisión de lanzar 'a lo panenka' acabó con el balón en las manos de Edouard Mendy y dando una vida extra a Senegal que el jugador del Villarreal Pape Gueye convirtió en la victoria en la prórroga.

La final se agitó de manera explosiva por dos decisiones arbitrales tan polémicas que llevaron a Senegal a retirarse a su vestuario. Fue primero un gol anulado por una falta previa de Seck a Hakimi que señaló el colegiado congoleño Ngambo un tanto exagerada. Después, Brahim cayó en el área por un agarrón de Diouf que tampoco pareció suficiente, ni siquiera para el árbitro hasta que vio la jugada en el VAR y señaló penalti. Esa decisión servía en bandeja la ocasión a Marruecos de ganar la Copa África y eso incendió el banquillo de Senegal. Pape Thiaw mandó a sus jugadores retirarse del campo en una decisión histórica.

La Federación de Senegal ya había denunciado en un comunicado las maniobras lo que consideraba maniobras turbias de Marruecos: falta de seguridad para sus jugadores, hoteles de peor nivel, impedimentos para asignarles campos de entrenamiento en Rabat... y el penalti fue la gota que colmó el vaso. En el 90+9, tras discusiones con el árbitro y entre banquillos, solo Mané se quedó en el campo, pidiendo a sus compañeros que volvieran. Como si fuera el único que creía en que el cancerbero del Chelsea podía parar ese penalti y mantenerlos vivos.

Los jugadores de Senegal se retiran al vestuario.

Los jugadores de Senegal se retiran al vestuario.AFP

Brahim, que había generado esa oportunidad histórica, le pidió el balón a En-Nesyri y, ante el portero del Chelsea y con todo Marruecos conteniendo la respiración, se jugó un lanzamiento 'a lo panenka' que, mansamente, atrapó el guardameta. De la gloria al infierno.

Tan noqueada quedó Marruecos que ya no pudo alzarse. El peso de llevar a la espalda la ilusión de todo un país que había esperado 50 años para volver a ganar una Copa África les pudo. La condición de anfitrión y la de favorito fueron emociones que se sumaron a la incomodidad que les creó Senegal desde el arranque. De hecho, en el minuto 5 respiraron de alivio cuando Bono salvó el remate de Pape Gueye a bocajarro en un saque de esquina. El ex guardameta del Sevilla, que ya fue héroe en las semifinales atajando dos penaltis a Nigeria, volvió a aparecer para sostener a su equipo, al que le costaba estirarse.

Senegal sabía que si tenía la pelota y el control del juego dejaba a los alauitas sin su mejor baza: las transiciones rápidas. En eso se esforzó, como también lo hizo el lateral zurdo del West Ham, Diouf, en parar a Brahim Díaz. A quien apuntaba a ser MVP de esta Copa África y también Bota de Oro, le costó entrar en juego porque el balón nunca lo tenían sus compañeros.

Cierto es que ese dominio senegalés se veía atrapado en muchos momentos en la tela de araña que tejió Regragui con Saibari, El Aynaoui y El Khannous. Sus robos tenían un destinatario claro: Abde. En el ala izquierda donde habían detectado una debilidad porque Pape Thiaw no había tenido más remedio que hacer debutar al joven central de Niza Antoine Mendy. Abde, pillo, intentó buscarle las cosquillas pero toda la zaga de los leones de Teranga acudía en su auxilio.

Necesitaba Marruecos que apareciera Brahim para encontrar a El Kaabi, incluso que Hakimi se proyectara, aunque bastante tenía con sujetar a Sadio Mané. Senegal parecía más cómodo, tanto que pasada la media hora Ndiaye le cogió la espalda a Mazraoui, como si de un Everton-City se tratara, y se plantó para librar un mano a mano con Bono que, de nuevo, ganó el portero. Si la selección marroquí seguía viva, se lo debía a él, porque era incapaz de gobernar la final y empujar a que se jugada en campo senegales.

Al filo del descanso se estiraron los dos equipos y pisaron más las áreas con menos miedos. Marruecos, a latigazos, otra vez con Abde, que puso un centro al punto de penalti que se le escapó al central del Marsella Aguerd. La respuesta, esta vez, fue una transición de Senegal, con Jackson en la frontal del área descargando a Mané en la banda izquierda para que buscara disparo. No es ya el jugador decisivo que asombró en el Liverpool, pero le queda magia. Ya en el añadido, Ndiaye volvió a intimidar, pero esta vez el tiro flojo desde la frontal de Camara hizo contener la respiración al público, más por reiteración que por el peligro que representaba.

Tras el descanso, el duelo se abrió algo más y la primera ocasión la tuvo Marruecos con una asistencia de El Khannous entre los centrales para El Kaabi, que intentó armar un zurdazo ante Mendy que le salió desviado. Se habían engrasado y otra recuperación de Brahim volvió a poner en problemas a Senegal. Trazó una diagonal y asistió a El Kaabi, pero rebañó Sarr y, aunque su rechazo lo cazó Abde, su remate no pudo encontrar puerta. Se lanzaban los anfitriones a solventar el partido en la media hora que tenían por delante.

El parón por la herida sangrante que sufrió el pivote marroquí de la Roma, El Aynaoiu, animó a los seleccionadores a mover sus banquillos en los últimos 15 minutos. Thiaw buscó la veteranía de Seck y Ismaila Sarr y el colmillo de la jovencísima estrella del PSG Mbaye. No tardó en retrucar Regragui mandando al campo a Tarhghaline y al ex sevillista En-Nesyri.

Había dos opciones: ser conversador y no perder la Copa en los últimos minutos o buscar ser campeón antes de que el colegiado congoleño Ngambo pitara el final. La lesión de Masina noqueó a Marruecos, y de eso se aprovechó Senegal, que encadenó dos jugadas de gol. La primera, un disparo cruzado de Mbaye, la salvó de nuevo Bono. La segunda acabó en el fondo de la portería pero, con mucha polémica, la anuló el árbitro por falta previa de Seck a Hakimi que Senegal protestó.

El jugador del Villarreal Pape Gueye celebra el gol que marcó.

El jugador del Villarreal Pape Gueye celebra el gol que marcó.AFP

Sin embargo, el capítulo más polémico llegó ya con el tiempo cumplido. En el noveno minuto del largo añadido, y tras avisar el VAR, Ngambo señaló un penalti por agarrón de Diouf para derribar a Brahim. Las protestas de los senegales, que acusaban al madridista de exagerar ante el contacto, apenas se escuchaban ante un estadio enloquecido.

El fallo de Brahim fue un golpe emocional tan fuerte que sacó a los marroquís del partido y, a los cinco minutos de arrancar la prórroga, un zurdazo de Pape Gueye puso en ventaja a Senegal. Contra todo pronóstico, a los leones de Teranga la polémica les había dado alas. Solo reaccionó Marruecos en el 104 con un cabezazo de En-Nesyri a centro de Abde, pero fue Cherif quien, a puerta vacía, falló lo que hubiera sido la sentencia de los senegales.

El Barça cae en Anoeta con una actuación descomunal de Remiro

El Barça cae en Anoeta con una actuación descomunal de Remiro

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El Barça volvió a caer en Anoeta. Una Real Sociedad que tuvo como punto de apoyo un Álex Remiro sencillamente excelente bajo los palos supo aguantar el chaparrón de ocasiones de los azulgrana y aprovechar perfectamente sus opciones para acabar llevándose un más que peleado triunfo por 2-1 gracias a los goles transformados por Oyarzabal y Guedes. De nada les sirvió a los de Flick recortar momentáneamente las distancias por medio de Rashford y contar con uno más en los instantes finales por la expulsión tras intervención del VAR de Carlos Soler.

Los de Flick, con Raphinha fuera de la lista por un golpe, vieron cómo el conjunto txuri urdin acababa por romper su racha de buenos resultados y, también, cómo el Real Madrid lograba recortar las distancias a solo un punto, justo una semana después de que el triunfo barcelonista en la Supercopa arrancara la serie de sucesos que culminó con la salida del club banco de Xabi Alonso y la llegada al banquillo de Álvaro Arbeloa.

Dicen que la historia tiende a repetirse. Algo que el Barça pudo atestiguar sobre el césped de Anoeta. El curso pasado, los azulgrana vieron cómo el VAR acababa anulando por fuera de juego un gol de Lewandowski que podía adelantarlos momentáneamente en el marcador, en un duelo en el que la Real acabó por imponerse por 1-0 gracias a un solitario tanto de Sheraldo Becker.

En esta ocasión, quien vio cómo le anulaban un gol poco antes de que anotaran los locales fue Lamine Yamal. Curiosamente, de nuevo, con Gil Manzano en el terreno de juego y Del Cerro Grande en la sala VOR. Tras muchos minutos de análisis de una jugada tremendamente embarullada, y podría decirse que prácticamente por milímetros, el tanto visitante no fue concedido y, no mucho después, Oyarzabal marcaba para los locales. Una jugada en la que los barcelonistas protestaron airadamente una posible falta previa sobre Olmo no concedida finalmente por el colegiado.

De nada le sirvió al Barça tener más el balón y llegar una y otra vez a las inmediaciones del área de Álex Remiro. Sobre todo, por medio de un Lamine Yamal eléctrico. El buen hacer del arquero local, en unas ocasiones, y la mala puntería, en otras, acabó por impedir que los azulgrana lograran marcharse momentáneamente a los vestuarios por lo menos con un gol en su casillero.

Y eso que, en el ocaso del primer tiempo, al límite del añadido, Gil Manzano señaló como penalti un derribo del joven 10 azulgrana por parte de Zubeldia, invalidado finalmente por un claro juego del de Rocafonda observado por la intervención del VAR. Justo en el amanecer, el videoarbitraje anuló también un tanto de Fermín por, precisamente, una falta de Olmo en su intento de arrebatarle el balón a Kubo.

Los azulgrana saltaron al campo con mucho ímpetu tras el descanso. El egarense tuvo un par de buenas opciones para anotar, una de ellas frustrada por un Remiro que firmaría también una gran intervención a disparo de Ferran.

El gol se les resistía, así que Flick optó por dar entrada como jugadores de refresco a Cancelo, Lewandowski y Rashford, en busca de algo más de mordiente en ataque. El polaco tuvo pronto una muy buena opción para anotar, salvada con una parada sencillamente espectacular del meta txuri urdin. Justo antes de que Kubo tuviera que dejar el campo por lesión.

Locura en un minuto

Y tanto iría el cántaro a la fuente que, cómo no, acabaría por romperse. Rashford, con un preciso remate de cabeza a centro de Lamine, pondría un 1-1 que, eso sí, duraría tremendamente poco. Casi nada más salir de centro, la Real llegaría con peligro al área barcelonista y Guedes acabaría por poner el 2-1 en el marcador.

Un resultado que, por mucho que unos y otros pisaran el acelerador en la recta final del duelo, hasta tal punto que Koundé estrelló un remate de cabeza al travesaño, y con la Real Sociedad con uno menos por expulsión de Carlos Soler a instancias del VAR por una entrada tremendamente fea sobre el tobillo de Pedri, acabaría por convertirse ya en del todo inamovible y desataría el delirio de Anoeta en la semana de su fiesta grande.

Ja Morant es el show del show de la NBA en Londres: "Su energía es contagiosa. Cambia partidos"

Ja Morant es el show del show de la NBA en Londres: “Su energía es contagiosa. Cambia partidos”

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La NBA pasea su producto en Europa de forma deslumbrante. En pleno debate sobre su desembarco en el continente en forma de Liga que desplace a la tan tradicional como ruinosa Euroliga, Adam Silver despliega su galería de asombros. Que van mucho más allá de lo que sucede en la cancha. Y eso que en el O2 Arena de Londres regresó a la acción el inefable y genial Ja Morant, el show en sí mismo (24 puntos, 13 asistencias y todo lo demás). Quizá sea esa la clave, que lo que depararon Magic y Grizzlies (126 a 109 para los de Tennessee, que dominaron de principio a fin) sobre el parqué, en partido oficial, fue lo de menos.

Para saber más

Es el sentido del espectáculo a la americana. Esta vez el circo de regreso a Londres (el jueves jugaron en Berlín después de tres años seguidos en París al calor del efecto Wembanyama), país de baloncesto residual, pero repleto de aficionados. Casi 20.000, todo vendido a precio de oro en las tribunas del O2, que es mucho más que un pabellón. Es la inmensidad del ocio, más de 30 restaurantes, sitios de escalada, cines, boleras, exposiciones y todo lo que se pueda imaginar a cuatro paradas de metro del centro de Londres. Por si las canastas no fueran suficientes.

Las primeras filas eran un pulular de caras reconocidas. Otro escaparate. Desde Thierry Henry (uno de los más madrugadores en acudir, jugosa conversación la que mantuvo con Dirk Nowitzki y Steve Nash, ahora comentaristas estrellas de Amazon Prime) al piloto de Fórmula 1 Kimi Antonelli. Tony Parker, Pau Gasol (emotivo e inspirador abrazo con Santi Aldama) a la vera de Isiah Thomas. Futbolistas en primera fila como Marcelo, Joao Pedro, Declan Rice, Virgil Van Dijk, Destiny Udogie...

Marcelo y Joao Pedro, en el O2 Arena de Londres.

Marcelo y Joao Pedro, en el O2 Arena de Londres.GLYN KIRKAFP

Los himnos, el concierto de Flo (girlband británica) al descanso, las mascotas descendiendo desde el techo, camisetas en paracaídas, pulseras led para cada aficionado... Todo bien engalanado por la ristra de patrocinadores. Tissot, Revolut, Balenciaga, Emirates, Foot Locker... y luego el partido.

En Berlín, donde reapareció el local Franz Wagner, el triunfo, remontada incluida, fue para los Magic (pese a los cuatro triples sin fallo de Aldama). Que pugnan en las cumbres del Este apoyados en la pareja Wagner-Banchero. Esta vez también comenzaron mandando los Grizzlies, a lomos del descarado Morant, quien no tardando podría ser carne de traspaso.

Aldama, que era duda por problemas físicos, sorprendió apareciendo en el quinteto (sólo nueve puntos y cinco rebotes esta vez) y antes de que acabara el primer cuarto, su equipo mandaba por 19 (38-19). Una distancia que se disparó en el segundo acto (63-30), con el base y sus zapatillas deslumbrantes repartiendo sonrisas, canastas y provocaciones. Hasta el punto de tener que aclarar él mismo a los árbitros que sus histriónicos gritos no iban contra el rival, sino para sus compañeros.

El chico, aficionado a lucir pistolas en sitios inapropiados y sancionado continuamente por sus conflictos con propios y extraños -la última vez, en noviembre, por su propio equipo a causa de su conducta inapropiada-, acabó con la paciencia de los Grizzlies. Cobra 40 millones de dólares por curso y no está siendo sencillo encontrarle intercambio. Aunque no haya nadie como él en toda la NBA. El show del show en el O2 Arena fue Ja Morant, su magia y su trashtalking. En sala de prensa no quiso entrar al trapo de esos rumores: «Soy un jugador leal».

«Eléctrico, divertido para todos», le calificó Jaren Jackson Jr.. «Su energía es contagiosa. Ha hecho un gran trabajo, compartiendo el balón. Estoy súper feliz de verle de nuevo», admitió después su entrenador. Tuomas Iisalo recuperó a su estrella, que sólo ha jugador 19 partidos esta temporada y sus Grizzlies siguen en la pugna por los playoffs en el Oeste, donde son 10º. «Con su dribblig y su ritmo, es un tipo que cambia el juego ofensivo. Saca ventajas. Y cuando esto pasa, jugamos muy bien como equipo. Es muy rápido. Y también muy listo», le elogió. «Ha sido genial, especial. Es muy terapéutico para mi, ver el amor de estas personas por primera vez. Se trata de representar a Memphis lo mejor posible», pronunció la estrella.

Van der Poel también se luce en Benidorm: diez carreras y diez victorias esta temporada

Van der Poel también se luce en Benidorm: diez carreras y diez victorias esta temporada

Mathieu van der Poel es invencible en esta temporada de ciclocross: 10 victorias en 10 carreras.

En la cita de la Copa del Mundo en Benidorm protagonizó otra exhibición de máximo calibre y nula oposición. Lo escoltó durante casi una vuelta el campeón neerlandés, Tibor del Grosso (VDP no participó en el Campeonato Nacional), su compañero de equipo en el Alpecin.

Detrás, el campeón de Bélgica, Thibau Nys, y el de España, Felipe Orts, se enzarzaron por los siguientes puestos del podio. Nys se alzó con el segundo. Imponente tercero, Orts, que había atacado en la quinta vuelta y separado del grupito principal, hizo una carrera magnífica frente a un elenco selecto y se consolida en esa élite que persigue, sin lograr atraparlos, a Van der Poel y Wout van Aert, ausente a causa de una operación de fractura de tobillo y vencedor en Benidorm en 2024. Es la última carrera que ha perdido Van der Poel, que chocó entonces contra una farola y concluyó quinto.

Ante 16.000 espectadores, en un recorrido duro por la lluvia caída horas antes y la proliferación de tablones, Mathieu aceleró brutalmente antes de concluir la primera de las ocho vueltas y descolgó a un Del Grosso que fue perdiendo comba paulatinamente, se recuperó al final y acabó en la cuarta posición.

Van der Poel y Orts competían en casa alicantina. El neerlandés vive en invierno en Moraira, y Orts nació en Villajoyosa. Van der Poel gana de un modo rutinario y con una táctica repetida. Se coloca en cabeza rápidamente, alcanza una ventaja de, más o menos, un minuto que lo sitúa a salvo de cualquier percance y, también más o menos en la última vuelta, afloja un tanto la marcha y permite que sus ¿rivales? no pierdan tanto.

La campaña de ciclocross afronta sus últimos compases. Quedan dos citas de la Copa del Mundo, los días 24 y 25. Y, el 31, el Campeonato del Mundo. Todavía en la primera mitad de febrero, y ya de modo residual, se celebrarán cinco carreras de las otras tres categorías de la especialidad: Superprestige, X20 y Exact Cross.

Sorloth pone el gol en el tedio del Atlético que escuchó pitos en su cerrojazo final

Sorloth pone el gol en el tedio del Atlético que escuchó pitos en su cerrojazo final

36 días después el Atlético volvía a casa. Esto del calendario asimétrico tiene loco al público, pese a que más de 60.000 tipos vieran al Atlético ganar con el gancho a un Alavés inofensivo que se mete con la derrota en un serio problema. Mala pinta para los de Coudet el futuro cercano y media sonrisa rojiblanca por igualar al tercero de la Liga aunque se mantengan aún lejos del liderato. Sólo el gol de Sorloth se salvó en un duelo anodino. El noruego se está reivindicando en esta ausencia de Julián. Lo necesita el equipo porque el cerrojazo final le valió algunos pitos de su público. [Narración y estadísticas, 1-0]

Parecía que Simeone iba a realizar una revolución en el once de cara a asegurar el top'8 europeo en Estambul, pero los cambios fueron cosméticos. Johnny y Almada reemplazaron en el once a Koke y Baena y el resto, los habituales con una pareja de centrales que parecía de circunstancias y que comienza a ser inamovible. Pubill salió de las sombras hace apenas un mes y Hancko parece haberse asentado por delante de Le Normand. Ambos se complementan bien y obligan a "esperar", como dijo el Cholo, a sus compañeros.

El interior argentino y el mediocentro brasileño, en cambio, eran dos que comenzaron el año como titulares y las lesiones y la mala suerte sacaron del césped. Cardoso lo tiene todo, aún, para triunfar en el Atlético. Buen desplazamiento de balón, siempre bien colocado e inteligente en el campo. Además, con mucho mayor despliegue que Koke, el gran capitán rojiblanco. Almada es una auténtica pesadilla entre líneas, movilidad constante y giro rápido para mover el ataque rojiblanco, quizás interpreta mejor que el propio Baena cómo pivotar el ataque rojiblanco desde el costado izquierdo.

No obstante, el duelo transcurrió cerrado, aburrido e impreciso. Los dos equipos esperaban el error del contrario. La paciencia iba por barrios, claro. El Alavés de Coudet necesitaba los puntos ya que comenzaba esta jornada en descenso, mientras que el Atlético quería aprovechar el tropezón del Villarreal en Sevilla para recuperar la tercera plaza, pero los goles les dejaron solo a media gesta. Igualados, pero cuartos.

Julián intentó mostrar signos de recuperación tanto bajando a recibir como con la picardía que se le presupone a la Araña. Pero la depresión y la mala suerte seguían encima del argentino. Johnny, metiendo una pierna, evitó que rompiera la racha del delantero sin marcar que se prolonga ya ocho duelos en liga, y luego Parada achicó dos disparos de Almada y Barrios. Si hubiera embocado el argentino, la asistencia habría sido de Julián.

Los rojiblancos salieron a resolver el encuentro pronto. Una gran combinación terminó con el pase de la muerte de Barrios que Sorloth no consiguió embocar, pero en el siguiente minuto fue Julián el que paseó con peligro por el balcón del área. Definitivamente, el equipo había cambiado. Lo certificó el noruego con un golazo propio de su corpulencia. Centró de nuevo Barrios esta vez por alto y el delantero utilizó todo su corpachón para imprimir fuerza a su cabezazo.

Martillazo y pitos

El gol sentó bien a los rojiblancos, que siguieron insistiendo en los centros laterales. Otro apenas cinco minutos después estuvo a punto de ser el segundo, pero el testarazo de Giuliano lo rechazó Blanco. Coudet quiso agitar a los suyos con un triple cambio, pero el argentino quitó a Toni Martínez, el único que creaba peligro de los suyos por Boyé, y sustituyó a dos de los mediocentros. Quizás faltó arrojo en esas sustituciones aunque su equipo intentó subir un poco la presión consciente de que los puntos eran muy necesarios, aunque fueran tan difíciles de arrebatar en el Metropolitano, un fortín.

Simeone respondió a las sustituciones con cemento. Sentó a su hijo para meter a otro mediocentro y volvió a cambiar a Julián, desafortunado, por un Griezmann en racha. El francés está aportando mucho desde el banquillo para los intereses rojiblancos. Lo último, una obra de arte para meter al equipo en cuartos de Copa. No le hizo falta ni a él ni a nadie porque, pese a que se le cedió a los blanquiazules la iniciativa, tienen poco para inquietar a Oblak, que apenas tuvo que usar las manos en el duelo. Aunque los vitorianos, con corazón, obligaron al Cholo a poner otro central para meter defensa de cinco. Mensaje errónero y silbidos, pero cerrojazo, tres puntos y rozando el podio liguero. Espera Europa y espera el top'8, reto mayúsculo que quiere repetir el conjunto rojiblanco.

Nacho Elvira logra su victoria más importante en el primer torneo del año en Dubái

Nacho Elvira logra su victoria más importante en el primer torneo del año en Dubái

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Nacho Elvira no concibe el triunfo sin sufrimiento. Pero hoy, de alguna forma, se ha desquitado con su victoria en el Dubai International, un triunfo delante del número dos y tres del mundo, donde el español ha vuelto a coquetear con el drama durante toda la jornada.

Y es que, en la sólida carrera de 13 años compitiendo de Elvira, ha habido más disgustos que triunfos, pero de alguna forma, este domingo desnivela la balanza logrando su tercera victoria en el DP World Tour y, sin duda, la más importante de su carrera.

Elvira comenzó con dos golpes de ventaja, y tras los seis primeros hoyos, con birdies en los hoyos uno, cinco y siete, todo apuntaba a por fin celebrar un domingo tranquilo. Llegó a estar con tres golpes de ventaja y un control de la situación que mantenía a raya a estrellas del golf mundial como Rory McIlroy o Shane Lowry.

Sin embargo, en la salida del hoyo 8, par tres, comenzó a tornarse el guion. El primer bogey del día llegó acompañado de un mal swing en el segundo golpe del nueve y un nuevo tropiezo. Mantenía el español el liderato con la esperanza de sacar partido del asequible hoyo 10, par cinco, donde prácticamente todos sus rivales habían restado golpes. Tras una correcta salida, algo menos de 250 metros, su madera salió totalmente cortada para chapotear en el centro del lago. Entonces Elvira se vino abajo: "Aquí se fue el torneo". El comentario y la frustración fueron perfectamente captados por las cámaras de televisión y entonces los fantasmas volvieron.

Los del Genesis Open en Corea, hace solo unos meses, donde terminó bogey, bogey para finalizar segundo; los del Hibernian de 2023, donde Rasmus Højgaard le recuperó siete golpes para arrebatarle la victoria; el torneo de Malasia en 2019, que perdió en playoff; incluso sus dos victorias anteriores, siempre con la palabra drama de apellido en todos los titulares. En la primera, en el Cazoo Open, ganó en el playoff cometiendo bogey en el hoyo 18, y en la segunda, el Saudi Open, estuvo a punto de desperdiciar cuatro golpes de ventaja a falta de los últimos cinco hoyos.

Todos esos flashes fueron quedando en el olvido mientras Elvira, milagrosamente, se reponía. En el 10, resucitó con un gran par. En el 11 volvió a meterse en líos con una mala salida y una bola en posición comprometida en el búnker, con los pies fuera; su tiro fue magistral y salvó el par sin problemas. Rory McIlroy ya estaba en modo ataque con cinco birdies seguidos y Shane Lowry alcanzaba el liderato.

En el tramo final, Elvira se la jugó y logró el birdie en el 17. Pegó una gran salida en el 18 sin ser consciente de que el drama había cambiado de bando. Shane Lowry, que llegaba como líder con -10 al último hoyo, finalizaba con doble bogey tras tirar su bola al agua desde el búnker. El par sería suficiente para la tercera victoria del español y hoy no hubo sufrimiento. Remató su triunfo con 69 golpes y resultado de -10, con un golpe de ventaja sobre el australiano Daniel Hillier.

Elvira logra el triunfo 213 del golf español en el primer torneo del año 2026 del DP World Tour. Solo hace unas semanas David Puig se coronó en Australia. La buena racha sigue y no solo con Elvira; Puig esta semana terminó con 67, compartiendo la tercera posición, Ángel Ayora terminó decimotercero y Eugenio López Chacarra en el puesto 15.º.

Elvira de 38 años celebro el triunfo con su familia en el green del 18. "Es un sueño hecho realidad poder celebrar esta victoria con mi mujer y mis hijos. Por cómo estaba jugando el martes no esperaba poder ganar. La vuelta se fue complicando, sabía que habría algún momento complicado. Puedo sacar muchísimas cosas positivas de este torneo porque por primera vez en 13 años arranco la temporada por delante y con una victoria", concluía emocionado a la televisión.

Un gol de Gayà impulsa al Valencia en Getafe y le da un balón de oxígeno

Un gol de Gayà impulsa al Valencia en Getafe y le da un balón de oxígeno

No es fácil ser capitán del Valencia. No cuando se ha crecido soñando con llegar a un equipo que peleaba entre los grandes, que tenía hueco fijo en Europa, y cuando se toca la cima y se gana una Copa del Rey, todo se desmorona. A José Luis Gayà le ha tocado ser el capitán del peor Valencia que se recuerda y eso hace que sobre su espalda cargue un peso doloroso. Porque hiere ser un líder siempre en las malas y que, además, parte de tu grada no lo entienda. Ese dolor, a veces, impide gritar un gol como el que marcó al Getafe en el minuto 84 para que el Valencia ganara su primer partido fuera de casa.

A Gayà hay quien no le perdona nada. Le miran con lupa cuando juega, cuando lo cambian o no lo alinean, cuando se lesiona, cuando reclama el apoyo a la grada o cuando, como si fueran su familia, les pide que aflojen para dar un respiro a un vestuario poco curtido al que le han temblado las piernas esta temporada.

En los últimos partidos en Mestalla salió silbado, insultado, siendo el blanco de una ira que, cuando no se puede dirigir a un palco a 6.000 kilómetros de la Avenida de Suecia, se vomita contra los que están en el césped. A veces con razón; otras, sin demasiada.

Gayà exorcizó demonios en el Coliseum, aunque le cueste reconocerlo. No celebrar ese gol fue tan llamativo como la arenga en corro antes de arañar un empate contra el Elche. Si aquel partido creía que podía cambiar la temporada, su gol, el primero en tres años, con más razón. El Valencia no ganaba lejos de su estadio desde mayo y lo logró en uno de los estadios de donde suele salir golpeado. Eso para el capitán era lo importante.

"El equipo es siempre lo primero. Quiero lo mejor para mi equipo, que es el Valencia, aunque algunos no lo reconozcan. Llevo luchando por este escudo desde los once años y me sorprenden ciertas cosas que dicen de mí. Pero creo en mí y voy a creer hasta el final", advirtió el capitán, a quien Ugrinic encontró adelantado en el carril, como había diseñado Corberán, y picó el balón ante la salida de David Soria. Un gol como balón de oxígeno.

Nada había ocurrido en el partido cerca de las porterías. La única ocasión clara la había fabricado, en el minuto 42, Danjuma con un centro raso desde la orilla izquierda que, para que no llegara a Lucas Beltrán, Djene despejó... al larguero. El resto de los 45 minutos fueron brega y pundonor, sin que ningún equipo encontrara el punto de lucidez que le adelantara en el marcador. Y eso que lo que había en juego era mucho.

El Valencia, en puestos de descenso, necesita reaccionar con urgencia. La tensión en torno al club, como en los últimos tres años, vuelve a ser asfixiante. Corberán está bajo sospecha para la grada y, aunque la gerencia ejercida desde Singapur le mantiene la confianza, ningún entrenador puede sostenerse en un banquillo con unas estadísticas de un partido ganado de los últimos 14.

El club intenta darle herramientas, como el fichaje de Sadiq por cuatro millones, pero en el Coliseum fue suplente. Sin embargo, ir al mercado con los bolsillos vacíos complica la incorporación de un central, imprescindible tras la lesión de Diakhaby y el contratiempo de Tárrega. En Getafe, a la media hora, en el gesto de despejar un balón de cabeza en el área pequeña, con una rodilla tocada le falló la otra. Lo forzó el técnico y puede que lo pierda por un tiempo, sin que hayan llegado los refuerzos. Eso obligó a Pepelu a dar un paso atrás hasta el eje de la defensa, un parche que solventó con personalidad el jugador de Denia y hasta fue elogiado por su entrenador.

Demasiados obstáculos afronta el Valencia en este inicio de segunda vuelta. Perdió a Julen Agirrezabala en la portería para varias semanas, a Diakhaby para toda la temporada y a Thierry por un mes. A ellos se suma Tárrega y Cömert que, con problemas en la cadera, se cayó de la lista. Con Gayà apercibido, la situación es crítica y el club tiene que acelerarse en el mercado.

De momento, al remate del capitán se agarran como una bocanada de aire que permite evitar la asfixia.

Alcaraz y la defensa de su nuevo entrenador: “Han querido ponerme junto a muchos extenistas y no me parece justo”

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Si se observaba durante mucho rato a Carlos Alcaraz en su debut de este domingo en el Open de Australia ante Adam Walton, se podían apreciar diferencias. Cuando Juan Carlos Ferrero estaba en su palco, el número uno mantenía con él un diálogo no verbal en los descansos que era muy fácil de resumir: "Concentración, concentración y concentración". Sentado en su banquillo, Alcaraz solía mirar a su entonces entrenador y asentía, como si supiera a metros de distancia lo que Ferrero le estaba diciendo.

Este domingo, en cambio, el intercambio gestual con su nuevo técnico, Samu López, era mucho más críptico. Entre punto y punto, en los descansos, Alcaraz se marchaba a su asiento, lanzaba la mirada a su preparador y hacía alguna mueca imposible de interpretar desde fuera. En un par de ocasiones se le escapó incluso una risita, como si acabara de hacer algo que anteriormente ya habían comentado. A saber qué era.

De todos modos, Alcaraz abrió su nueva era con una victoria frente a Walton por 6-3, 7-6(2) y 6-2, y ya está en segunda ronda del Grand Slam, donde el miércoles se enfrentará al alemán Yannick Hanfmann.

Fue un estreno algo irregular, con un despiste en el segundo set que le costó un break, pero triunfo al fin y al cabo. Alcaraz todavía no sabe lo que es perder en una primera ronda de un torneo ‘grande’, y eso que ya ha disputado 20. No está mal. El éxito, de hecho, le sirvió para lanzar una pequeña reivindicación: merece más crédito su actual entrenador, López, y también la decisión de haber apostado por él.

"Cada entrenador es diferente, pero ahora mismo Samu me puede aportar todo lo que necesito. Obviamente, si tienes al lado a un exjugador top, que ha estado en muchas situaciones, te puede ayudar. Pero Samu es hoy en día uno de los mejores entrenadores del mundo, si no el mejor. Me han querido poner junto a muchos extenistas y no me parece justo. Samu se merece más reconocimiento, me aporta cosas que ningún extenista me puede aportar", comentó el número uno del mundo, que aceptó que su primer partido no había sido exactamente como esperaba.

Alcaraz admite el despiste

"Me ha sorprendido el nivel de Adam y he tenido altibajos. En el segundo set quizá he perdido un poco el foco y lo he pagado. Pero al final ha sido un partido de mucho ritmo, muy exigente para comenzar, y prefiero que haya sido así", aseguraba Alcaraz. Según sus propias palabras, es muy complicado regresar después de un parón de dos meses y controlar la mente como si hubiera jugado anteayer. "Lo que más me cuesta son los nervios", reconocía.

Venía el español de pasarlo bien en Miami y en las Islas Turcas y Caicos, de disfrutar de la Navidad en su casa de Murcia, incluso de gozar de las actividades promocionales previas al Grand Slam en Melbourne, y tuvo que volver a agarrar la raqueta con todas sus fuerzas. Alguna queja en el segundo set por el notable nivel de Walton demostraba que estaba pasando por un apuro, pero al final resolvió como debía. Quizá este martes descanse y encuentre algún rato para jugar al golf, pero este lunes entrenará de nuevo a las órdenes de Samu López y volverán a hablar de cosas que solo ellos conocen. A saber qué era.

Principio de ordinalidad

Principio de ordinalidad

El "principio de ordinalidad", explicado por la ministra de Hacienda en "monteronés", una variante dialectal del castellano, se traduce básicamente en que, por eso, por orden, reciban más las Comunidades que más aporten. Se ahonda así en las desigualdades insolidarias entre territorios, con el consiguiente y exclusivo beneficio para la discordante, levantisca y rapiñadora Cataluña.

En nuestro fútbol, que tampoco se rige por criterios de equidad, compensación y equilibrio entre equipos, el Madrid supone el mayor ejemplo del "principio de ordinalidad". Es el que más aporta audiovisualmente, el más visto, y, por lo tanto, el que más dinero ha recibido de LaLiga en la temporada 2024-25.

En el Bernabéu se produjo el sábado un amago de ruptura del "principio de ordinalidad" jerárquica cuando parte del público pidió la dimisión de Florentino. Un hecho insólito y hasta impensable que supone un cierto punto de inflexión en el club. Una especie de plebiscito que responsabiliza al presidente de la confección de la plantilla, le culpa del menosprecio a Xabi y le expresa su oposición o sus reservas al cambio de naturaleza societaria de la casa que se viene cocinando en la penumbra.

Hizo mal Arbeloa en criticar a los críticos, de acusar de antimadridistas a madridistas. El socio, equivocado o no, olvidadizo o no, desagradecido o no, es soberano. A él se debe y ante él responde la entidad en su conjunto. No hace falta que ningún subordinado saque la cara por el presidente. La lealtad puede confundirse con el servilismo o la adulación. Aunque nadie es perfecto, a Florentino lo defiende el colosal conjunto de sus actos, obras y títulos.

A Arbeloa no le renta hacer méritos. No es realmente una apuesta de Florentino, sino una medida urgente, una solución temporal, para una situación de emergencia. La definición de la interinidad. Álvaro, con sus reconocidos méritos, no es el entrenador soñado por Pérez, si es que hay alguno (¿Klopp?) en libre disponibilidad y con predisposición. Ha firmado por lo que queda de temporada y por una más. La prolongación no significa una muestra de confianza presidencial, sino una fórmula de compromiso para que no resulte demasiado evidente que Álvaro es un ave de paso en un nido de tránsito.

Sea como fuere, en el banquillo del Madrid, un club sin asignaturas pendientes, pero en la obligación de sacar sobresaliente cada año en todas, impera, raramente desmentido, el "principio de provisionalidad". Los jugadores, especialmente con un Florentino en exceso paternal, caminan por la pasarela. Los entrenadores, por el alambre. En un análisis de mínimos y máximos, la plantilla y el técnico actuales equidistan del desastre y de la Champions. Desorientados, confusos, inseguros, se hallan de momento en mitad de ninguna parte.

Alcaraz se tiene que poner serio para derrotar a Walton en su debut en el Open de Australia

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La alegría baja por el río Yarra, donde, a la altura de Melbourne, el verano se desparrama en ambas orillas; a un lado se bebe sobre los barcos flotantes, al otro se rema en kayaks. La ciudad, en domingo, alberga tantos conciertos, hay tanto ambiente, que parece un macrofestival. Es un entorno fantástico, el entorno ideal para Carlos Alcaraz. Cuesta pensar que todavía no haya ganado un Open de Australia, porque es aquí donde su estilo, su frescura, su atrevimiento, encajan mejor.

Cuando este domingo saltó a la Rod Laver Arena, con su camiseta blanca, verde y negra sin mangas, parecía que el lugar era suyo. Se enfrentaba a un australiano, Adam Walton, pero el público no dejaba de animarle y él lo agradecía: sonreía, disfrutaba de sus primeros minutos sobre la pista. "Let's go, Carlos, let's go" se repetía en bucle. Como ya quedó claro en los actos previos, como el One Point Slam o la exhibición ante Alex de Miñaur, aquí se le adora.

Pero el tenis es el tenis. Pese a lucir el número uno del ranking ATP y a tener más armas que su rival, Alcaraz tuvo que pasar un mal rato para derrotar en primera ronda a Walton por 6-3, 7-6(2) y 6-2 en dos horas y cinco minutos. Nada —o casi nada— lo insinúa el marcador, pero había que verle la cara. Del entusiasmo con el que empezó a la seriedad con la que acabó. Tampoco fue nada preocupante: en segunda ronda, el miércoles ante el alemán Yannick Hanfmann, ya se habrá olvidado, pero recordó una máxima: para ganar un Grand Slam hay que sufrir.

El mérito del rival

Venía Alcaraz de un mes sin jugar un partido, de pasarlo bien en Miami y en Turcas y Caicos, de disfrutar de la Navidad en su casa de Murcia, incluso de gozar de las actividades promocionales en Melbourne, y tuvo que volver a agarrar la raqueta con todas sus fuerzas. Alguna queja en el segundo set por el notable nivel de Walton demostraba que estaba pasando por un apuro.

"Ha sido un partido muy difícil porque me ha costado mucho encontrar el hueco; él iba siempre un paso por delante, estaba siempre en mejor posición. Me ha costado mucho acostumbrarme a su bola plana", analizaba Alcaraz, otorgándole a Walton el mérito merecido.

En la tribuna de prensa, alucinaba un periodista australiano: "No le había visto jugar así en su vida". Walton, de 26 años y número 81 del ranking mundial, completó una actuación muy sólida, con escasos errores y mucha velocidad. Al australiano le costaba rebasar a Alcaraz —apenas logró 16 winners por los 38 del español—, pero apenas cometía errores. Si quería hacerlo lo mejor posible, ya puede congratularse: objetivo cumplido.