El último cruce de cables de Sergio García le cuesta una "advertencia" en Augusta

El último cruce de cables de Sergio García le cuesta una “advertencia” en Augusta

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Cuando Sergio García era un niño de verdad -pecoso, desafiante y divertido- apuraba los fines de semana en el Club de Campo Mediterráneo, en Castellón, ganando coca-colas a los socios en el putting green. Por allí pululaba desde el amanecer hasta el último rayo de sol mientras su madre, Consuelo García, atendía la tienda del club y su padre, Víctor García, impartía clases de golf. Entonces le llamaban coloquialmente McEnroe, por los rizos, las pecas y un espíritu competitivo tan indómito como el del tenista que acabaría confesando haber roto cerca de 300 raquetas a lo largo de su carrera.

Sergio lleva instalado en la élite del golf mundial desde 1999, cuando plantó cara a Tiger Woods y el mundo se enamoró de un chico de 19 años, rebosante de desparpajo, al que bautizaron como El Niño. Desde entonces acumula cerca de 40 victorias profesionales en todos los continentes, ganó el Masters de 2017 y es el jugador con más puntos en la historia de la Ryder Cup. A sus 46 años, asentado como capitán de los Fireballs en el LIV Golf, García acapara hoy más portadas por sus recurrentes ataques de ira que por sus éxitos sobre los campos.

El Masters de 2026 ha sido el último capítulo de una historia que parecía escrita de antemano. Desde el primer día se intuía que algo terminaría sucediendo. El sábado, tras un mal drive, se enzarzó con unos arbustos en la salida del hoyo nueve, golpeando con furia el driver contra el suelo sin lograr su propósito. Durante la ronda final del domingo aprovechó una mala salida en el hoyo dos para destrozar primero una de las marcas de salida y, segundos después, partir su propio palo contra una de las neveras de bebidas situadas en el tee. La imagen se viralizó en cuestión de segundos. "Obviamente no estoy muy orgulloso de ello, pero a veces sucede", se justificó.

La respuesta ante la prensa estadounidense que aguardaba a García tras completar los 18 hoyos no ayudó, sino que echó gasolina al incendio. Su actitud, calificada por muchos como altiva y prepotente, encendió aún más los ánimos.

En el propio campo, tras el incidente, Geoff Yang, presidente del Comité de Competición del Masters, se acercó para advertir al español por su comportamiento en el tee del hoyo 4. "No te lo voy a decir", respondió Yang cuando otro periodista le preguntó por el contenido de la conversación. "Siguiente pregunta, gracias", zanjó ante un nuevo intento. Ni disculpa ni atisbo de autocrítica.

El problema es que no se trata de un hecho aislado. García es reincidente y ha demostrado a lo largo de su carrera una incapacidad persistente para controlar la ira en el campo de golf. En su primer año en Wentworth, en 1999, ya acaparó titulares tras lanzar un zapato al público; en 2007 escupió dentro de un hoyo; ha roto putters y drivers, los ha arrojado a lagos -como sucedió en 2012 en Tailandia- o los ha enterrado en arbustos; se ha encarado con el público y en 2019 fue incluso descalificado en Arabia Saudí tras dañar hasta cinco greenes. "Como fruto de la frustración he dañado un par de greenes y pido disculpas por ello", llegó a escribir entonces en un comunicado.

A lo largo de su carrera se ha ensañado con micrófonos ambientales, marcas de salida, bunkers y todo lo que se cruzara en su camino. Una actitud difícilmente justificable en un profesional que aspira a ser referente para futuras generaciones. En Estados Unidos, parte de la prensa reclama hoy un castigo más ejemplar para El Niño, que a sus 46 años debería haber dejado de serlo, aunque sus actos sigan diciendo lo contrario.

Rory McIlroy gana el Masters de Augusta y se ubica en la cima del golf europeo

Rory McIlroy gana el Masters de Augusta y se ubica en la cima del golf europeo

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Ni una sola gota de agua, muchos gnomos y un campeón aclamado por las masas. Rory McIlroy lo ha vuelto a hacer. Llegó y se irá vestido de verde. Tuvo que esperar casi 15 años para ponerse la chaqueta en 2025 y, de paso, completar los cuatro grandes. Ni doce meses han pasado desde aquella hazaña y Rory lo celebra repitiendo victoria e igualando a Nick Faldo como el mejor europeo en majors con seis triunfos. Además, se convierte en el cuarto jugador en defender con éxito la victoria en el primer major; antes lo hicieron Jack Nicklaus (1965-66), Nick Faldo (1989, 90) y Tiger Woods (2001-02).

El desenlace fue un domingo made in Augusta National. Hace ya algunos años, el Masters dio con la fórmula para que los domingos en Augusta sean aún más festivos. Una combinación de banderas accesibles con una preparación del campo en su justa medida daba el resultado de una jornada final repleta de sobresaltos, donde el público no dio abasto para celebrar los tiros a las banderas o las bolas cogiendo caídas, rodando generosamente hacia el hoyo; en definitiva, un festín siempre con el respeto debido al Amen Corner.

Rory, que partía en la jornada empatado en -11 con Cameron Young, sufrió como siempre, quizás lo que tocaba. Ya en el hoyo cuatro, un doble bogey con un tripateo desde apenas tres metros le hizo perder el liderato. A partir de entonces, el Masters fue una preciosa locura, con Justin Rose, Russell Henley, Tyrrell Hatton o Scottie Scheffler apurando sus opciones. Rose, Young y el propio McIlroy llegaron a liderar el torneo en el transcurso de la última jornada. Hatton protagonizó, con 66 golpes, la ronda más baja del día, que le sirvió para terminar con -10, empatar en la tercera posición y defender el honor del LIV Golf como único representante entre los 10 mejores. El Amen Corner hizo añicos las ilusiones de Haotong Li, que durante un tramo del día soñó con ser el primer chino vestido de verde. Triple bogey en el 12 y quíntuple bogey (10 golpes) en el 13. Justin Rose, segundo tres veces, tendría que conformarse con la tercera plaza.

La contienda pareció quedar para el número uno, dos y tres del mundo. Scheffler, segundo en solitario con -11, se dio una oportunidad final con un birdie antológico en el 15: mala salida a los árboles, segundo golpe que impacta en una rama, tercero desde el rough a 160 metros de la bandera y un putt de nueve metros. Atacó con un nuevo birdie en el 16 y se le escapó por milímetros en el 17. Rory, en el mismo Amen Corner que el año pasado lo torturó con saña, sacó dos birdies en el 12 y 13 y aguantó el sufrimiento con muy buenos pares, especialmente en el 17 y el 18, con una última espantada de salida que tensó más de la cuenta el final. El bogey en el 18 le sirvió para volver a emocionarse, cayó de rodillas como lo hiciera hace un año pero ya como doble campeón del Masters de Augusta.

El golf español, sin opciones La jornada fue completamente insulsa para los nuestros, que se citaron a las 9:30 horas para compartir partido con un resultado de partida de +5. Jon Rahm consiguió mejorar el sabor amargo del primer major con un -4, aunque su balance sigue siendo negativo en una semana de dudas con su juego. Un puesto 38 que no ayuda a mejorar su confianza en las grandes citas. Mucho más complicado fue el día de Sergio García, y no solo por el +3 de su resultado. En el hoyo dos, el ganador de 2017, víctima de la frustración y la ira, golpeó, tras un mal driver, una de las marcas de salida de Augusta National, que destrozó, para segundos después ensañarse con una nevera y partir su palo, que ya no pudo utilizar el resto de la ronda. Un par de hoyos más tarde, el español fue amonestado por uno de los árbitros del torneo. "Obviamente no estoy muy orgulloso de ello, pero a veces sucede". No se disculpó García por el incidente y su trato con la prensa volvió a ser desafiante. No es la primera vez que Sergio protagoniza un incidente en un campo de golf y veremos si, en un torneo tan especial como el Masters, la salida de tono del jugador no tiene consecuencias en el futuro.

Un día como un 'patron' más en el Masters de Augusta, el club más hermético del mundo del deporte: móviles prohibidos, gnomos de 10.000 dólares y sándwichs de pimiento y queso

Un día como un ‘patron’ más en el Masters de Augusta, el club más hermético del mundo del deporte: móviles prohibidos, gnomos de 10.000 dólares y sándwichs de pimiento y queso

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Faltan todavía un par de horas para que amanezca en Augusta y cientos de aficionados caminan como zombies en la oscuridad a lo largo de Washington Road, uniformados con bermudas, gorra de béisbol y, sobre todo, mucha ilusión. El Masters de Augusta es uno de los acontecimientos más exclusivos. Y su lotería, donde cada año se reparten entradas, es uno de los misterios que envuelve al torneo. Lo cierto es que la inmensa mayoría de los 40.000 espectadores que acude cada año tiene que conseguir su entrada en el mercado negro y someterse a las restricciones, normas anacrónicas y tradiciones del club más hermético del mundo. Este año EL MUNDO ha querido ser uno más, un patrón, como se denomina aquí a los espectadores, y vivir la experiencia.

Para saber más

Para empezar, si este año hubiéramos querido conseguir una entrada, su precio ha oscilado entre los 3.000 y 6.000 dólares, dependiendo del momento. Los tickets se dispararon a su pico máximo cuando Tiger coqueteó con la posibilidad de acudir al torneo y finalmente se estancaron en alrededor de 4.500 dólares por día, cuando se produjo la renuncia definitiva del californiano. Cuatro días de torneo supondría un gasto de alrededor de 18.000 dólares, solo el acceso al campo.

La organización es quirúrgica. Hay dos entradas para el gran público con un gran parking gratuito. En los primeros controles de seguridad llegan los primeros obstáculos. Todavía hay mucha gente que va al torneo sin saber que Augusta National es el único reducto en el mundo donde los teléfonos móviles no son bienvenidos. Que se lo digan este año a Mark Calcavecchia, ganador de The Open en 1989 con un historial de 18 participaciones en Augusta; el martes, un operario de seguridad le identificó consultando su teléfono móvil y fue expulsado del campo. Augusta dispone de cabinas de teléfono gratuitas en diversos puntos del recorrido para que los patronos estemos conectados con el mundo exterior.

Un patron con un bolso del típico sandwich de pimiento y queso.

Un patron con un bolso del típico sandwich de pimiento y queso.MADDIE MEYERGetty Images via AFP

Minutos antes de las 7 de la mañana, el horario de entrada del público, se produce una curiosa imagen donde, a un lado del control de seguridad, los propios empleados del club se arengan ante una nueva edición del torneo, mientras el público, al otro lado, responde a la euforia con cánticos y gritos de celebración; serán los últimos del día, ya que Augusta regula hasta el comportamiento de sus aficionados. Con puntualidad precisa, pasamos el control y una hilera de cinco miembros de seguridad contiene a la ordenada masa, que inicia una procesión regulada por la entrada del club. Son unos 300 metros de caminata al amanecer donde nadie da un paso más largo que el otro.

A la altura del campo de prácticas hay los que toman un camino a la izquierda para ir directamente al campo de golf o los que seguimos la hilera de la derecha, que conduce a la gigantesca tienda. Allí las colas de la mañana suelen ser de 90 minutos. La culpa la tiene un enanito de 45 centímetros, el famoso gnomo del Masters, una tradición implantada desde 2016 que se ha descontrolado en las últimas ediciones. Hace solo unos meses uno de los gnomos originales de 2016 se llegó a subastar por 10.000 dólares, y el de este año ya se ofrece en preventa en el mercado negro por cantidades que oscilan entre los 700 y 1.500 dólares. El motivo del encarecimiento es que se dispararon los rumores de que podría ser el último año que el popular gnomo se pusiera a la venta. "No es trivial, he preguntado en los últimos años sobre esta cuestión y honestamente no sé qué va a pasar", contestó ayer en rueda de prensa el máximo dirigente de Augusta National, Fred Riley. Los productos del Masters solo pueden comprarse siete días al año y en la tienda de Augusta National, de ahí son muchos los que aprovechan su entrada para intentar hacer su 'agosto 'en pleno mes de abril.

Aficionados durante una de las jornadas del actual Masters de Augusta.

Aficionados durante una de las jornadas del actual Masters de Augusta.EFE

La ansiedad crece en la cola para acceder a la tienda, algunos preguntan a los empleados dónde están ubicados los famosos gnomos, de los que solo se ponen a la venta mil unidades diarias que suelen agotarse pasadas las 9 de la mañana. Augusta solo permite una unidad por patrón. Un par de horas más tarde de civilizada espera, objetivo cumplido, ya tenemos nuestro gnomo. Los días de torneo tampoco se permite entrar en el campo con cámaras o similar, así que si quiero inmortalizar este momento, solo tengo una opción: esperar otra hora de cola para inmortalizarme en la foto oficial en la entrada al club. Este servicio es gratuito, como la comida del campo, casi regalada, los icónicos sándwiches de pimiento y queso cuestan aquí dólar y medio. Como se trata de seguir las tradiciones, me como mi sandwich mientras llega mi turno para la foto, que por su puesto me hago con mi nuevo amigo.

El Masters se viste de fiesta y Rory, de funeral, dilapida su ventaja

El Masters se viste de fiesta y Rory, de funeral, dilapida su ventaja

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El Masters se vistió de domingo en una jornada épica de sábado que hizo saltar por los aires el torneo. Rory McIlroy dilapidó sus seis golpes de ventaja, la más amplia jamás lograda en el torneo tras los primeros 36 hoyos, con los que venía dispuesto a emular las más aplastantes exhibiciones del añorado Tiger Woods. Era la sexta jornada consecutiva de Masters en la que Rory partía liderando la clasificación. Pero Augusta National nos recordó por qué estamos ante el mejor torneo del mundo. Una jornada que habría sacado al mismísimo Bobby Jones de su tumba para aplaudir y abrazarse con el también desaparecido Alister MacKenzie, diseñador de esta obra de arte: la tensión de Rory, la resurrección de Scottie Scheffler, el empuje de Cameron Young, la fantasía de Shane Lowry y, sobre todo, el drama, representado en el Amen Corner, ese bucle de tres hoyos (11, 12, 13) que cada fin de semana de Masters sigue alimentando una leyenda.

El sol abrasaba el mes de abril desde prácticamente el mediodía, un caldo de cultivo ideal para que el recorrido georgiano ofrezca tanto juego en esta 90.ª edición del torneo de maestros. Sin españoles en liza, Sergio García y Jon Rahm terminaron sus rondas cuando ni siquiera el partido estelar había pinchado la bola en el tee del hoyo 1. Los dos llegan al domingo empatados en el puesto 48: Rahm, tras una ronda de +1. "Estoy bastante frustrado en general, no sé si es el swing..., es el proceso..., lo voy a tener que pensar después de comer porque la verdad es que no estoy perdido, pero sí frustrado", analizaba con preocupación. Algo peor fueron las cosas para Sergio García, que terminó por segundo día consecutivo con doble bogey en el hoyo 17 y compartiendo decepción y resultado con Jon Rahm. Mañana cerrarán el torneo jugando juntos.

Mientras tanto, Rory siguió jugando con fuego en una estrategia un tanto kamikaze, la de reventar a 'driveazo 'limpio muchos de los hoyos del temido Augusta. No le fue mal hasta hoy, aunque sigue siendo el penúltimo en las estadísticas de precisión desde el tee de salida. El problema es que a veces sale cara, como el descomunal drive del hoyo tres, un par cuatro donde Rory puso la bola en green para lograr el primer birdie del día, y otras cruz, como el bogey inicial en el hoyo uno o el final del 17. Sin embargo, los problemas del irlandés se intensificaron en el citado Amen Corner. Hizo birdie en el 10, tuvo suerte en la salida del 11 con un rebote que dejó su bola en calle, pero tiró la bola al agua de segundo golpe para firmar un doble bogey. No llegó solo: otro error en el mítico 12 acumulaba un nuevo tropiezo en forma de bogey. Una racha de +3 en dos hoyos que hizo temblar los marcadores.

Para entonces, Scottie Scheffler hizo la ronda del día: 65 golpes que redujeron la desventaja inicial con el líder de 12 golpes a cuatro. Cam Young, ganador del The Players, tiene el derecho adquirido a ser favorito tras alcanzar el puesto número tres del ranking mundial, siguió la estela de Scheffler para entregar otro 65 con ocho birdies y el único bogey en el par cinco 15, tras tirar su segundo golpe al obstáculo. Young concluyó la jornada dejando el 11 bajo el par en la casa club, llegando incluso a arrebatar el liderato a McIlroy. Pero en este sábado de montañas rusas, Rory volvió a bombardear con su drive los hoyos 14 y 15 para sacar dos nuevos birdies que le devolvieron al liderato. Shane Lowry, que finalizó con -9, hizo hoyo en uno en el 6, el segundo en unos días tras el logrado en el Houston Open, y el segundo en Augusta tras el logrado en el hoyo 16 en 2016. La colección de milagros ya estaba repleta con otros memorables golpes en el 17 del TPC de Sawgrass o el 7 de Pebble Beach.

Rory tropezó de nuevo con un bogey tras enviar su drive a los árboles en el 17 y, con un par en el 18, concluyó compartiendo la cima con Cameron Young en -11.

También tendrán opciones Justin Rose (-8), Sam Burns (-10) o Jason Day (-8), y hasta Patrick Reed, que terminó con -6. El Masters se abrió de par en par tras una jornada memorable, anticipo de lo que nos espera en uno de los domingos más especiales que cada año el golf puede ofrecernos.

Rory McIlroy asume el rol de Tiger y arrasa Augusta National

Rory McIlroy asume el rol de Tiger y arrasa Augusta National

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Asumió Rory McIlroy el rol del añorado Tiger Woods para provocar un golpe de efecto en Augusta National y su Masters. La segunda jornada del torneo fue una exhibición de principio a fin, con el hoyo 1 y el 18 como marcos de un día magistral en el que Rory cerró su vuelta con cuatro birdies consecutivos para situarse en plena disposición de conquistar su segunda chaqueta verde. Le costó tanto lograr la primera que el actual número dos del mundo se resiste a desprenderse de la codiciada prenda y llega al fin de semana con seis golpes de ventaja.

Tanto Jon Rahm como Sergio García lograron, a base de coraje, salvar sendas bolas de partido que les mantienen en el torneo, aunque ya lejos de los partidos que decidirán al ganador.

Esa batalla queda reservada, por el momento, para McIlroy, autor de 65 golpes, que con una tarjeta de -7 dejó el acumulado en -12 para dominar este Masters con autoridad sobre sus perseguidores más inmediatos: Sam Burns (-6) y Patrick Reed (-6). Las estrellas alineadas por el norirlandés se completan con Justin Rose (-5), Shane Lowry (-5) y Tommy Fleetwood (-5). Otro inglés, Tyrrell Hatton (-4), comparte la cuarta plaza tras firmar 66 golpes y protagonizar la remontada del día, cimentada en alcanzar los 18 greenes en regulación; es el tercer jugador que lo logra en los últimos 30 años.

Los 65 golpes de Rory suponen la ronda más baja jamás firmada por un campeón defensor del Masters y la décima ocasión en la que McIlroy presenta en un major una tarjeta igual o inferior a esa cifra. Los seis golpes de ventaja de cara al fin de semana representan la mayor renta en un major desde el PGA Championship de 2019, cuando Brooks Koepka partió con siete. Nunca antes un jugador se había presentado con semejante ventaja al fin de semana en Augusta. La salvajada de los dos primeros días de Rory deja fuera de combate a muchos aspirantes, como Scottie Scheffler: el número uno del mundo terminó la jornada al par y con -2 en el acumulado, a diez golpes del liderato. Mucho más dramático fue el desenlace para Bryson DeChambeau, junto a Rahm el gran icono del LIV Golf, que cerró con triple bogey en el 18 y se quedó fuera del corte.

Augusta National no elevó en exceso el nivel de dureza y refrescó los greenes para evitar una posible carnicería. Aun así, el club tiene margen de maniobra de cara al sábado y domingo para convertir el torneo en un infierno —o al menos tensarlo— y ofrecer algo de competencia al líder.

García terminó desesperado

La ronda de García fue una oda a la desesperación, tanto por el repertorio gestual del español como por su propio juego. Firmó 75 golpes (+3), con un doble bogey, tres bogeys y dos birdies, acompañados de juramentos, golpes al suelo y aspavientos: un auténtico vía crucis sobre las verdes calles y los greenes de Augusta National.

La zona mixta posterior fue aún más cruda. "Hemos intentado no pasar el corte", arrancó de forma irónica ante los medios españoles desplazados a Augusta. "Las sensaciones son muy malas, muy feas, y el problema es que los fallos son para todos los lados", continuó visiblemente frustrado. "Si en mi juego no funciona el drive, todo se viene abajo, porque me quita la confianza en el resto". La frustración llevó al castellonense a compartir pensamientos autodestructivos sobre su golf. "Pegar como le estoy pegando a la bola me trae pensamientos que no son de los más bonitos", reconocía. Ante la insistencia de los periodistas, García escenificaba con un gesto el acto de colgar la bolsa de palos. "Nos vamos acercando...", añadía. La prensa quiso rebajar la tensión del momento. "No es un calentón de una semana", zanjó el jugador. Es apenas la segunda vez que supera el corte desde que hace nueve años se enfundara aquí la chaqueta verde.

Rahm cerró la jornada con 70 golpes para un acumulado de +4, suficiente para defender su inmaculada hoja de servicios en Augusta: diez cortes superados en diez participaciones. Las sensaciones, sin embargo, no terminan de acompañar. "Sabía lo que estaba haciendo mal", confesó, aunque sin terminar de descifrar el ajuste técnico que sigue inquietando al campeón del Masters de 2023. "El birdie en el 16 me ha relajado bastante; estaba pendiente del corte", explicó, aún con la incógnita de qué versión de Augusta National se encontrarán este fin de semana. "Pueden hacer que se juegue sobre par, todo depende de cómo lo quieran preparar".

Las condiciones seguirán siendo secas y se espera todavía más calor el sábado y el domingo. Rahm tuvo además un seguidor muy especial en los hoyos finales: la leyenda del deporte español Rafa Nadal. "No tenía ni idea de que estaba Rafa; esta mañana también me ha escrito Carlos Alcaraz. Un poco de apoyo no viene mal, y más viniendo de dos de los más luchadores", reconoció. Su objetivo inmediato es claro: "El top 10 puede ser asequible, pero hay que hacerlo".

Fuera del corte quedó José María Olazábal, tras firmar 79 golpes. A sus 60 años, el doble campeón del Masters es consciente de sus limitaciones en un escenario tan exigente. "Sé muy bien el lugar que tengo", admitía. Aun así, visiblemente emocionado, relataba haber disfrutado de los segundos nueve hoyos, especialmente por los recuerdos que le asaltaron durante la vuelta. "Me he acordado de personas que ya no están", confesó con la voz entrecortada.

Rafa Nadal cumple uno de sus sueños: ver el Masters de Augusta

Rafa Nadal cumple uno de sus sueños: ver el Masters de Augusta

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El inicio del Masters de Augusta ha traído un regalo muy especial, la presencia del ganador de 22 majors y leyenda del tenis, Rafa Nadal. El tenista español apareció por Augusta National alrededor de mediodía invitado por Ana Patricia Botín, presidenta del Banco Santander y única socia española en la exclusiva nómina de cerca de 300 chaquetas verdes.

Botín conversaba animadamente bajo el gigantesco roble de la casa club con Rafa y su buen amigo Rafa Tomeu. Volaron este jueves desde Madrid en el avión de la presidenta tras unas horas en la capital de España, donde Rafa aprovechó para hacerse un fitting de palos de golf en el Centro Nacional gestionado por la Real Federación Española de Golf.

Resultaba curioso descubrir cómo el mejor deportista español de la historia, con todos los reconocimientos y galardones posibles, estaba visiblemente emocionado ante su nueva experiencia. "Es la primera vez en el Masters, en activo era complicado cuadrar el calendario y me resultaba imposible", nos comenta, incidiendo en que el año pasado visitó el Augusta National fuera de la semana del torneo para jugar 36 hoyos en un día.

De nuevo entonces, Ana Patricia Botín, como socia del club, fue su anfitriona. Nadal llevaba el polo y gla orra edición especial de Augusta, que solo se puede comprar en la tienda del club con acceso limitado a los socios. Compartió el español charla con Sir Nick Faldo, se fundió en un abrazo con Sergio García justo antes de que el golfista de Castellón saliera a jugar y vio su salida en el hoyo 1.ç

Luego fue a ver los golpes en el hoyo 10 de Tommy Fleetwood y Patrick Reed, para minutos más tarde trasladarse hasta el hoyo 18 para ver terminar a José María Olazábal. Como un niño en la mañana de Reyes Magos, Rafa se encaminó a continuación a buscar el partido de Rory McIlroy, para seguir unos hoyos a su buen amigo. Eso sí, la leyenda española se quedará con las ganas de ver a Tiger Woods. "Es una pena, estaba convencida de que vendría", le dice Ana Patricia, a lo que Rafa asiente expresando la ilusión que le hubiera hecho ver competir al que Nadal considera uno de sus ídolos en el deporte.

Rafa Nadal tiene previsto quedarse todo el fin de semana en Augusta y seguir disfrutando de su deporte favorito con las principales estrellas del golf.

Castigo del golf español en la primera jornada más dura del Masters

Castigo del golf español en la primera jornada más dura del Masters

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A solo unos metros del tee del hoyo uno, en la famosa terraza de la casa club de Augusta National, se juega cada semana del torneo otro bien diferente. El foco social se traslada a las chaquetas verdes, que se entremezclan con los tonos verdes, amarillos o blancos de la particular pasarela de vestidos de gasa o floreados, que en muchos casos combinan a la perfección con el Azalea, el cóctel de moda que solo se puede tomar aquí esta semana. Estar en el Masters de Augusta, y más aún como socio o invitado de uno de ellos, es un símbolo de estatus.

Bajo el gigantesco roble de este exclusivo rincón del campo apareció al mediodía Rafa Nadal, en su primera visita al Masters, invitado por la única socia española, Ana Patricia Botín. Rahm tuvo un ritmo tan frenético como cuando competía, de un partido a otro, aunque se quedaría gran parte de los segundos nueve hoyos con Rory McIlroy, uno de los líderes de la jornada con 67 golpes (-5). Nada hacía presagiar en el soleado y apacible día en Augusta que Jon Rahm iba a firmar su peor resultado en 10 años y en 40 rondas de Masters de Augusta, una inexplicable debacle donde por primera vez el de Barrika no logró arañar ni un solo birdie al recorrido.

Todo fue mal en el golf del gran dominador de la liga saudí, pero su juego fue especialmente dramático a medida que se acercaba a los secos y duros greenes, donde el español perdió más de cuatro golpes con respecto a la media del torneo. De hecho, de su historial en majors desde que se contabiliza esta estadística en 2020 no existe una referencia tan catastrófica de una jornada tan aciaga con el palo más definitivo de la bolsa. Los 78 golpes finales (+6) dejan al ganador del torneo en 2023 en un serio aprieto, ya que la progresión del corte oscilará mañana entre el +4 y +5. "Ha sido todo, todo igual de mal....", comentaba de forma lacónica el campeón español. "Ahora mismo no puedo hacer un análisis, simplemente un mal día, tengo que pasar página", añadía ante las preguntas de la prensa española. "En general es de los días en los que más difícil he visto el campo, hay que jugar muy bien al golf. El campo está hoy casi como suele estar un domingo con buen tiempo", analizaba antes de buscar algún aspecto positivo del día: "Lo único bueno del día es que no he hecho 80", finalizaba.

El mejor español, con una ronda del par del campo, fue Sergio García, que contra todo pronóstico fue capaz de construir una jornada más que correcta de golf con sus 72 golpes finales. "Tenía un drive muy malo, horroroso, de dejar el golf, y pegué un hierro 4 abriendo la bola 60 metros", comentaba el de Castellón con respecto a uno de los golpes del día en el hoyo 17. "Es el mejor golpe que he pegado en Augusta, sin duda. Es un buen resultado porque no me encuentro bien, aunque te vas pensando que podría haber hecho dos bajo par perfectamente", explicaba. "Tengo el juego con alfileres en estos momentos", se sinceraba con un horizonte no demasiado halagüeño para la segunda jornada.

Y otro de los momentos épicos del día se vivió a primera hora con un pletórico José María Olazábal, que en el día en el que su mentor hubiera cumplido 69 años quiso recordar a Seve llegando a liderar el torneo con -2 en su fase inicial. "Ha sido una sorpresa, para mí y para todos, supongo. Pero me he visto ahí arriba y me he dicho: ¡Vamos! ¡Estás liderando el Masters! Obviamente ha sido un momento divertido e ilusionante, pero hay que ser consciente y realista de dónde estás. No aspiro a ganar el Masters, pero sí a seguir disfrutando todo lo que pueda, dando lo mejor de mí, como siempre, y alguna alegría como esta", comentaba el ganador de dos chaquetas verdes, que todavía hoy se emocionaba cuando le recordaban la onomástica de Ballesteros. Olazábal ha sido el mejor jugador de los 91 participantes en este Masters alrededor del green, donde ha sido capaz de ganar casi cinco golpes con respecto a la media del torneo.

Solo 16 jugadores fueron capaces de jugar bajo el par en una primera jornada donde ni los más veteranos recordaban un campo tan duro. Con 67 golpes (-5), Rory McIlroy y Sam Burns, uno de los mejores pateadores, compartieron la primera posición, con el número uno Scottie Scheffler finalizando en la sexta plaza con 70 golpes.

Sergio García, con su ronda del par, fue el mejor jugador de los nueve representantes del LIV Golf, que acumularon un resultado de 31 golpes sobre el par del campo. Con el golf espanol fuera de juega, el Masters prepara su edición más tensa y dura.

El golf, huérfano de Tiger Woods, busca un nuevo icono en el Masters de Augusta

El golf, huérfano de Tiger Woods, busca un nuevo icono en el Masters de Augusta

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Junto al clásico marcador que flanquea la calle del hoyo 1 del Augusta National hay un letrero con el título Campeones del Masters que no compiten. Junto a los 17 nombres de los ausentes, un padre hace una foto a su hijo y pide que se aparte a un lado. «Muévete, porque está tapando el nombre de Tiger», le dice. Woods, campeón con cinco chaquetas verdes, está entre Tom Watson y Mike Weir. Phil Mickelson (tres chaquetas verdes), seis renglones por encima. Es el único rastro que queda para el gran público de dos de las leyendas más importantes del golf. Por primera vez desde 1994, ninguno de los dos estará en el Masters de Augusta.

Para saber más

¿Cómo es posible que el golf eche tanto de menos a dos jugadores que suman 105 años entre ambos? «Seamos honestos, sin Tiger Woods ni Phil Mickelson el golf sale perjudicado», dijo Patrick Reed, campeón del Masters 2018. «Han sido dos titanes del golf durante las últimas tres décadas, sus estaturas son mucho más elevadas que las del resto y siempre lo serán. Es una gran pérdida no tener a ninguno de ellos en un campo en cualquier lugar», señaló Justin Rose.

Entre los dos campeones acumulan 21 'majors' y 167 victorias profesionales. «Para llegar a ese nivel hay que tener el palmarés que, como Tiger y como Phil, pocos tienen. Como Tiger sólo hay uno que pueda decirlo y como Phil sólo hay un par», reflexionaba Jon Rahm.

Scheffler, Koepka y McIlroy

¿Tiene el golf algún heredero capaz de generar ilusión y atraer a las masas a los campos de golf? La respuesta, ahora mismo, es negativa. Y es que para traspasar esa línea que separa a un jugador con victorias de una leyenda hace falta algo más. «No es algo que los deportistas hagan con intención, han llegado a ser iconos por lo que han conseguido y por su forma de ser. Tienes que tener 'majors' y tienes que tener victorias. A ese nivel tienes a Scottie Scheffler, a Brooks Koepka y a Rory McIlroy. También hay que tener una personalidad especial, una forma de transmitir que conecte con el público», analiza el jugador de Barrika.

Cuando le preguntan a Rahm si alguna vez ha considerado tener ese algo especial, contesta «ojalá», pero él prefiere señalar a otros jugadores. «Scottie Scheffler tiene palmarés, pero yo creo que Rory McIlroy, por su forma de jugar y por lo que transmite, reúne esas cualidades mejor que nadie». Y es que todas las miradas apuntan al campeón defensor de este Masters. McIlroy atesora ese aura especial que conecta con la gente.

«Obviamente hay dos jugadores que no estarán con nosotros este año, lo cual es una pena, pero espero que estén en el futuro, y estoy seguro de que estarán», apuntó el norirlandés antes de la celebración de la cena de campeones, con esas dos ausencias importantes. Woods, tras el accidente y su detención, puso rumbo a Suiza para tratarse de sus adicciones. Mickelson anunció el pasado 2 de abril que estaría fuera por un tiempo prolongado mientras su familia «continúa navegando por un asunto de índole personal».

Palabras de aliento para Tiger

Los jugadores participantes en el Masters de Augusta se han acordado de Tiger, al que le desean lo mejor. «Es un ser humano que está luchando con algún tipo de adicción», afirmó Jason Day. «Sólo quiero decirle que le quiero y que las cosas siempre pueden mejorar», manifestaba un emocionado Fred Couples, ganador del Masters de 1992.

Tiger Woods compitió por última vez en Augusta en 2024, donde terminó en el puesto 60. Por su parte, Mickelson, desde 1994, sólo se perdió una edición, la de 2022; en 2023 terminó segundo y el año pasado falló el corte.

El golf sigue mirando con cierta preocupación la dependencia de Tiger Woods. El día que anunció su intención de estar en Augusta, el mercado de segunda mano de entradas se disparó, encareciendo el precio de cada billete cerca de mil dólares. Tras confirmar su baja en el torneo, los tickets volvieron a su precio, que en los últimos días rondaba los cinco dólares por día de torneo.

Lo cierto es que la 90ª edición del Masters de Augusta llega con ausencias y sin un favorito claro: ni Scheffler ni McIlroy han mostrado su mejor cara en las últimas semanas, un territorio propicio para que Jon Rahm pueda optar a su tercer major y lograr así enfundarse su segunda chaqueta verde.

El día que Seve Ballesteros reinventó el márketing con una visera de Nike en Augusta

El día que Seve Ballesteros reinventó el márketing con una visera de Nike en Augusta

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Han pasado 40 años desde uno de los finales más crueles para el golf español en Augusta National. Seve Ballesteros salió a los últimos nueve hoyos del domingo con tres golpes de ventaja, pero el mejor jugador de todos los tiempos, Jack Nicklaus, terminaría arrebatándole la tercera chaqueta verde al español para colocarse él mismo la sexta, un récord jamás logrado en el Torneo de Maestros.

Pero, más allá del triunfo y la derrota, también se cumplen 40 años del gesto que espontáneamente hizo Seve el viernes por la noche, que todavía se estudia en las escuelas de marketing deportivo.

Seve acababa de firmar un contrato con Nike, una de las primeras incursiones de la multinacional americana en el mundo del golf; la marca ni siquiera tenía terminada su producción de viseras. Viendo el español —que se había comprado una visera en el club con el logo del Masters— que llegaba al fin de semana con opciones de victoria, decidió regalar a su nuevo patrocinador una dosis extra de visibilidad, así que decidió recortar el logo del polo y pegarlo en su visera para tapar el que llevaba del torneo.

El problema llegó cuando se dio cuenta de que el logo de Nike no terminaba de cubrir por completo el original de la visera; así que decidió recortar un nuevo logo de otro polo y poner los dos, uno encima del otro. Cualquier gurú de marketing se habría llevado las manos a la cabeza, pero Seve salió el fin de semana con una histórica reinvención de su nuevo patrocinador.

"Papá siempre entendía el momento y era muy creativo", dijo su hijo Javier, presidente de la Fundación Seve Ballesteros. "Nike acababa de ficharlo y él quería representarlos correctamente, especialmente sabiendo que estaría en la pelea durante el fin de semana. No había una visera preparada, así que simplemente creó una él mismo. Ese era papá: instintivo y creativo. Cuarenta años después, sigue siendo un recuerdo especial, no solo por la visera, sino por cómo afrontaba todo".

Para conmemorar los 40 años de esta curiosa historia, Nike ha lanzado un número limitado de viseras "Nike Double Swoosh", y el número uno del mundo, Scottie Scheffler, luce el curioso doble logo en sus zapatos esta semana.

Gary Woodland gana en Houston tras superar un tumor y un fuerte estrés postraumático

Gary Woodland gana en Houston tras superar un tumor y un fuerte estrés postraumático

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"Gary, Gary, Gary....", coreaban al unísono los miles de espectadores concentrados en torno al green del 18 del Texas Children's Houston Open. Lo que parecía una semana más de transición del PGA Tour, pendiente del estado de Tiger Woods o lo que suceda en unos días en el Masters de Augusta, se acabó convirtiendo en la historia del año.

Gary es Gary Woodland, un golfista de 41 años de Kansas que pasó a la eternidad en 2019 al coronarse como campeón del US Open. Una carrera notable que, sin embargo, dio un giro dramático en abril de 2023.

De pronto empezó a sentir miedo. Mucho miedo. Miedo a la muerte sin motivo. "Me temblaban mucho las manos. Llamé a mi médico personal para que me diera algo que me calmara. Le estaba explicando lo que estaba experimentando y me dijo: 'Gary, necesito que te hagas una resonancia magnética'". Se la hizo ese mismo día y a las pocas horas todo dio un vuelco. "Encontraron algo en el cerebro y mi vida cambió para siempre", recuerda.

Pasó por el quirófano con la incertidumbre de no saber si volvería a despertar, el golf pasó a otro plano de su vida. El tumor que le extirparon resultó ser benigno, pero comenzó una carrera por comenzar de nuevo.

Woodland, 2.478 días más tarde de su última victoria en el US Open, y dos años después de resucitar de la mesa de un quirófano, volvió a ganar en el Circuito Americano. Lo hizo con una exhibición de control de juego y emociones. Llegó a manejar seis golpes de ventaja en la última jornada del domingo en Texas, finalmente ganaría por cinco al danés Nicolai Hojgaard.

Woodland mantuvo la calma y la respiración a lo largo de cinco horas de torneo. A menudo se llevaba la mano al pecho e inspiraba profundamente antes de cada golpe. Y es que su cabeza, ya limpia de lesiones físicas, no llegó nunca a recuperarse de las psíquicas.

Fue en septiembre del año pasado, jugando el Procore Championship en Napa, cuando Gary volvió a sentir una sensación extraña mientras jugaba. Una persona encargada de anotar los resultados caminaba, como es habitual, unos metros por detrás del jugador. "Me empecé a agobiar, sentía que me perseguía", explica.

Su caddie, el veterano Brennan Little, se dio cuenta de que algo iba mal y se acercó a su jugador, que comenzó a llorar desconsoladamente y sin motivo. No quiso retirarse y, con las gafas de sol de su caddie, terminó la jornada como pudo, metiéndose en cada baño portátil que encontraba por el campo para descargar el llanto como un niño desconsolado.

Tras varias pruebas, los médicos no tardaron en diagnosticar un severo estrés postraumático. Empezó de nuevo otra lucha con terapeutas, familia e incluso hablando con veteranos del ejército que sufrían un transtorno similar. Los médicos le recomendaron dejar de competir, pero Gary sabía que esa línea sería la última que cruzaría.

El domingo su triunfo supuso una verdadera historia de superación. En sus zapatos de golf, escrita la palabra "coraje", una palabra que le ayudaba a recordar en cada golpe su armamento para superar las batallas pasadas.

Transparencia

Hace un par de semanas, con motivo del The Players Championship, Gary Woodland quiso compartir con todos, a través de una entrevista con Golf Channel, su segunda lucha con el estrés postraumático. "Ya no puedo gastar energías ocultándolo. Todos en el circuito han sido increíbles conmigo. Me dicen: 'Qué bueno es verte superar esto, es genial verte al cien por cien', y yo agradezco ese cariño y apoyo. Pero por dentro siento que me estoy muriendo y siento que estoy viviendo una mentira", relató entonces. Woodland soltó un lastre con el que convivía. "Siento que me he quitado 1.000 kilos de encima", apuntó, y con esa sensación se plantó este jueves en el torneo de su resurrección definitiva.

Cuando embocó su putt en el 18, volvió a llorar, esta vez un llanto de alegría y no de angustia. Se rompió por completo cuando estrechó los brazos de su mujer Gabby Granado. "Aquí practicamos un deporte individual, pero hoy no estuve solo", dijo el golfista con la voz temblorosa en cuanto le entrevistó la televisión tras su triunfo. "Espero que quienes estén pasando por dificultades me vean y no se rindan. Que sigan luchando", agregó. Su triunfo además le clasifica para el Masters de Augusta.