Tadej Pogacar ganó este domingo su cuarta Lieja-Bastoña-Lieja imponiéndose en solitario con 45 segundos de ventaja sobre Paul Seixas, mientras que el belga Remco Evenepoel completó el podio a casi dos minutos.
"Significa mucho volver a ganar una de las carreras más importantes del año. Tengo mucha presión para responder en días como hoy. No puedo estar más orgulloso de mi equipo", dijo Pogacar en línea de meta.
Escapado junto a Seixas a 34 kilómetros de meta, el campeón del mundo esloveno se quedó solo en cabeza 20 kilómetros más adelante, en la última dificultad del día, para firmar su cuarta victoria en la Decana de las clásicas, a un triunfo del récord que posee Eddy Merckx.
El duelo anunciado entre el fenómeno esloveno, de 27 años, y el prodigio francés, ocho años más joven, sí tuvo lugar. Seixas, del equipo Décathlon, solo cedió ante los repetidos ataques de Pogi (UAE) a 14 kilómetros de la meta.
Los dos hombres dejaron atrás a sus rivales en la Côte de La Redoute, a 34 kilómetros de la llegada, el lugar elegido por el esloveno para lanzar su ataque, como en las dos últimas ediciones.
Pero si en 2024 y 2025 el ogro del equipo UAE había conseguido marcharse en solitario hacia la victoria, juzgada en el Quai des Ardennes de Lieja, esta vez tuvo que soportar la compañía de Seixas.
El fenómeno de Lyon aguantó hasta la última dificultad del día, donde una aceleración final del cuádruple ganador del Tour de Francia acabó por doblegar su coraje.
"Impresionado"
"En La Redoute iba al límite. Pero en la cima se puso a mi lado y pensé: 'vale, estoy realmente impresionado'. Quizá, en el fondo de mi cabeza, ya me estaba preparando para un esprint a dos, porque estaba muy fuerte", dijo Pogacar sobre su nuevo rival.
Con este cuarto triunfo, el tercero consecutivo, Pogacar alcanza al español Alejandro Valverde y al italiano Moreno Argentin, a una victoria del récord que ostenta el icono Eddy Merckcx.
Tras sus éxitos en la Milán-San Remo y en el Tour de Flandes, Pogi, de 27 años, se adjudica su tercer monumento esta temporada, el 13º de su carrera, dos semanas después de haber terminado segundo en la París-Roubaix, solo superado por el belga Wout Van Aert.
En las Ardenas belgas, el líder del equipo UAE se ha encontrado con un nuevo rival en el terreno de las clásicas, un prodigio de 19 años al que podría volver a enfrentarse en julio en las carreteras del Tour de Francia.
El equipo Décathlon debería anunciar en los próximos días su decisión sobre la participación de Seixas en la Grande Boucle.
Si el sábado fue Marc Márquez quien tuvo una jornada mágica en Jerez, el domingo fue el turno de Álex. El menor de los Márquez sumó su segunda victoria consecutiva en un Gran Premio de España marcado en esta ocasión en gran parte por la caída de su hermano. Para muchos, excesivamente tempranera.
Por mucho que el vigente campeón del mundo firmara una salida fulgurante, con Marco Bezzecchi pisándole los talones, fue Álex quien, tras adelantar al italiano, no tardó demasiado en ponerse en cabeza en la segunda vuelta. Para evitar que se escapara, Marc se puso a darlo el todo por el todo y, en la curva 11, la de Álex Crivillé, acabó por irse al suelo. En la conversación pre podio, tanto el ganador como el propio Bezzecchi, segundo, y Fabio Di Giannantonio, tercero, deslizaban un factor más que posiblemente determinante para el incidente: el viento.
«No hay palabras para describir todo lo que siento. El principio de temporada costó, pero parece que hemos encontrado algo. Tenemos buenas sensaciones, muy buen flow y se trataba de apretar desde el principio y ponerse por delante. Marcamos un buen ritmo, la última vuelta no cuenta, porque tenía que saludar a la grada. Quiero darles las gracias a todos, porque son increíbles», aseveró tras la carrera un Álex Márquez que, como en 2025, quiso celebrar su triunfo en la curva de Nieto-Peluqui, a la que saludó cuando iba ya camino de la bandera a cuadros y ante la que lo dio todo. Incluso, no dudó a la hora de encaramarse a una improvisada caseta para casi dirigir los cánticos de ánimo que le dedicaban los aficionados.
Alex Márquez, tras ganar en Jerez.JORGE GUERREROAFP
«Esta vez nos ha tocado caer. Me lo he pasado bien, lástima de que haya sido por tan pocas vueltas, pero la vida sigue», apuntó por su parte Marc Márquez en declaraciones a DAZN. «El viento lateral entra para todos, se me ha cerrado de delante y no he intentado ni salvarla. En ese punto, si llegas con la moto pegada a la grava... Ya veis cómo ha acabado la moto. Es una lástima, no hemos podido mantener el ritmo de carrera. No como el de Álex, que estaba intratable y ha hecho una grandísima carrera, pero creo que podíamos luchar por ser terceros o cuartos», abundó el de Cervera, quien deslizó que aún debe trabajar mucho. «Entiendo a todo el mundo, soy el primero que intenta ver las cosas de manera optimista, pero hay que ser realista también. Por ahora, no estoy pilotando de la mejor manera, no tengo mi velocidad. Pelear por el Mundial es muy difícil si no estás en el podio los domingos, pero intentaré ir mejorando y reencontrando las sensaciones», sentenció. Unas sensaciones que, ahora, no son buenas para todo el equipo Ducati: Pecco Bagnaia, en esta ocasión, tuvo que abandonar por problemas mecánicos.
Álex, desde luego, no dio opción. Por mucho que Bezzecchi tratara de aguantarle el ritmo, no tardó tampoco demasiado en marcar distancias con el italiano, quien se afianzó un poco más en lo más alto de la tabla con su segundo puesto. «Estoy muy contento, era muy importante hacer una buena carrera tras lo que pasó el sábado. No ha sido nuestro mejor fin de semana, Álex era muy rápido y lo di todo en la pista. Sobre todo, quiero darles las gracias a los aficionados, aunque sé que no soy español, por todo ese calor que nos han dado», aseveró el piloto de Aprilia. «Sin duda, me tengo que dar por contento. Al final hemos hecho un gran fin de semana y es la primera vez que somos tan competitivos en Jerez. Todo estaba fantástico, pero creo que no di con las condiciones. Fue mi decisión y por eso tengo una sensación agridulce», apostilló por su parte Di Giannantonio.
En los compases finales, las distancias entre los cuatro primeros fueron tan marcadas como para dar por descartado un cambio de posición en cabeza que no hubiera sido precedido por una caída. En cuanto al resto de pilotos españoles en la máxima categoría, Jorge Martín, esta vez, fue el cuarto en discordia, Raúl Fernández acabó la carrera en la sexta posición, Fermín Aldeguer, en la novena, Pedro Acosta, que perdió un alerón por un toque, en la décima, Joan Mir, en la decimoquinta, Álex Rins, en la decimosexta, y Augusto Fernández, en la vigésima. El podio en Moto3, por su parte, tuvo pleno de españoles, con Máximo Quiles en el primer escalón, Adrián Fernández en el segundo y David Muñoz en el tercero, mientras que en el de Moto2 el único representante local fue Manuel González, segundo clasificado por detrás del australiano Senna Agius, vencedor de la prueba, y con el neerlandés Collin Veijer como tercero.
El keniano Sabastian Sawe ha batido el récord del mundo en un maratón oficial al vencer este domingo en Londres, con un tiempo de una hora, 59 minutos y 30 segundos.
Sawe, que precedió en la línea de meta al etíope Yomif Kejelcha (1h59:41) y al ugancés Jacob Kiplimo (2h00:28), rebaja la marca que tenía su compatriota Kelvin Kiptum de 2:00.35 desde el 8 de octubre de 2023 en Chicago (Estados Unidos).
Saben ese tiempo que uno tarda en desperezarse de una siesta. Un periodo en el que los sentidos están aturdidos y no hay manera de enterarse de lo que pasa a nuestro alrededor. Ese momento en que sales de un sueño precioso y vuelves a una realidad que te da pereza. En el fútbol ese espacio se llaman dinámicas. Y la del Atlético era un drama en una realidad que es la Liga, que aguzó Paredes a la salida de un córner. Hasta que Baena despertó al equipo y a él mismo con dos fogonazos. Griezmann y Sorloth fueron los destinatarios. El noruego repitió en el descuento y Guruzeta quiso asustar ya sin tiempo. Ensayo Europeo exitoso. El Arsenal, el miércoles. Dejamos la siesta y vuelve el sueño. [Narración y estadísticas, 3-2]
Al menos, Simeone quiso poner el despertador poniendo por fin un once reconocible en el Metropolitano. Muchos volverán el miércoles ante el Arsenal y pocos estuvieron en esa dinámica liguera rojiblanca que encadenaba cuatro derrotas seguidas. Así que el antídoto del Cholo pasaba por olvidar la rebelión juvenil y recuperar la veteranía. Además, volvía Barrios, quizás el mejor mediocentro de este equipo cuando las lesiones se lo permiten. Hasta que le volvieron a alcanzar. La peor noticia del partido fue su nueva lesión en su primer duelo como titular. Un drama.
El juego del Atlético comenzó lento y falto de intensidad. Perezoso, vamos. Poca actividad en las áreas y mucho pase largo en busca de sorprender al rival. Uno casi lo caza Baena a la espalda de los centrales pero Paredes, más rápido, se la rebañó cuando ya encaraba a Simón. Encima, el central vasco, era el encargado de abrir el marcador poco después con un cabezas soberbio en un córner. Solo y sin ningún jugador rival saltando a su lado. Si el Atlético no corrige eso, el Arsenal le mete un saco.
El gol no espoleó a un equipo que necesita tres marchas más para ganar los partidos. Este equipo ha vivido el último mes y medio corriendo a la espalda de defensas, pero cuando uno le mete un bloque medio-bajo, no tiene fútbol para romperlo. Además, le faltaba Lookman, el único futbolista capaz de romper líneas en uno contra uno. Porque en la otra banda, Giuliano, que cumplía 100 partidos como rojiblanco, ha perdido su mojo. Su padre, en cambio, hacía 1.000 como técnico.
A Sorloth le tocó hacer olvidar a un renacido Julián Álvarez. Tuvo poco éxito el noruego al inicio. Remató lo que tuvo, pero siempre centrado y sin malicia hasta que encontró el tanto gracias a Baena. Igualmente el Atlético no es que marque poco es que llega poco. El argentino siempre pide contundencia, pero para tenerla hay que llegar a las áreas, y eso estaba costando mucho salvo en acciones esporádicas. Al menos, Oblak dio signos de recuperación tras la falta de actividad que se le notó especialmente en el pasado duelo ante el Elche. El esloveno estuvo atento a los balones largos y respondió bien bajo palos las pocas opciones que tuvieron los de Valverde.
Bronca al descanso
El trabajo mental del Cholo, o la bronca monumental al descanso, funcionó porque tardó cinco minutos el equipo en empatar el duelo y ocho en remontarlo. Griezmann metió el puntín a un pase atrás de Baena y Sorloth culminó una pared con el de Roquetas. Dos fogonazos fueron suficientes para dar la vuelta al resultado contra un equipo en tierra de nadie. Pasados los miedos del Athletic con la victoria ante el Osasuna, Europa era un sueño lejano y la salvación cosa hecha. Seis partidos son muchos, sí, pero el Metropolitano era un envite complicado.
Aguado el subidón de la remontada con la lesión de Barrios, que se produjo poco después, tocaba aguantar a un Athletic al que le sentaron bien los cambios. Los Williams son una sombra de lo que fueron y todavía pueden volver a ser y Berenger y Sancet mantienen un picante que necesitaban los vascos en el Metropolitano. El arreón final lo afrontó el Cholo poniendo defensa de cinco. Era importante ganar, mucho. El Arsenal lo había hecho por la mínima y tocaba, al menos, igualar sus emociones. Con sufrimiento, pero lo consiguió y aún se llevó Sorloth un doblete en el descuento al que respondió Guruzeta también en el añadido. La excelencia se espera en Europa. El ensayo salió bien, el miércoles llega el examen.
Todo comenzó hace 20 años en Ans, en el vibrante desenlace de La Decana, en las orillas del caudaloso Mosa. El 23 de abril de 2006, por primera vez un español ganaba la Lieja-Bastoña-Lieja, el Monumento más longevo. Alejandro Valverde fue pionero en la clásica de las Ardenas tras derrotar en el sprint a los italianos Paolo Bettini y Damiano Cunego.
Una victoria que inauguró ciclo y saldó deudas. «Allí comenzó todo». Alivio y felicidad para José Miguel Echavarri. «Con Pedro Delgado y Miguel Indurain habíamos sido cuartos, pero ahora, por fin, lo hemos conseguido. Se ha cumplido un sueño», confesó el alma mater del equipo Caisse d'Epargne, heredero del histórico Banesto.
Ese triunfo consagró como clasicómano a El Bala, que ya había exhibido sus zarpazos en batallas de un día, con los subcampeonatos del Mundo en ruta de 2003 (Hamilton) y 2005 (Madrid). Entonces, Valverde (26 años) acudió lanzado a la salida Lieja, en un luminoso domingo de abril. El miércoles anterior se anotó, por primera vez, la Flecha Valona. En el Muro de Huy doblegó a Samuel Sánchez y al neerlandés Karsten Kroon. El domingo anterior se desfondó en el tramo final de la Amstel Gold Race, conquistada por el luxemburgués Frank Schleck. El murciano se saltó los turnos de comida y llegó apajarado, un error del que aprendió. En el maratón de Lieja consumió pastelitos y geles cada 10 kilómetros.
Aquella tarde, junto a las minas de hulla en Ans, limítrofe con la industrial Lieja, Valverde terminó con los complejos de los españoles en las clásicas y cautivó para siempre a Eusebio Unzué. Años después, el director navarro afirmó que nunca había tenido a sus órdenes a un ciclista tan versátil: «Alejandro tiene la santa virtud de convertir cualquier carrera en la que participa en un objetivo de victoria. Sabe colocarse, elegir el momento justo y adaptarse a distintos escenarios».
Valverde consumó una eficaz labor de desgaste del Caisse d'Epargne durante una prueba de 262 kilómetros, salpicada por una docena cotas martirizantes. En los últimos 20 km, el grupo cabecero quedó reducido a una quincena de unidades. Entre ellos figuraba Purito Rodríguez, compañero de Valverde, que inquietaba a todos con amagos de arrancadas que beneficiaban al murciano. También estaban Óscar Freire, el más rápido, pero muy castigado por las ascensiones a las colinas de San Nicolás y Ans; Martín Perdiguero, un verso suelto; Bettini, un fino cazador; Ivan Basso, en plenitud de forma, ese año ganaría el Giro de Italia, y Danilo di Luca, ambicioso, en el curso anterior se había anotado la Amstel Gold Race y la Flecha Valona.
En el sprint, El Bala se colocó en la zona delantera, pero sin marcar el ritmo. Arrancó el germano Patrick Sinkewitz, el español se situó a su estela y a falta de 100 metros para la llegada le superó con facilidad. A Valverde le dio tiempo para levantar el brazo izquierdo e indicar el número uno. Fue su primer triunfo en La Doyenne y el inicio de una largo idilio. Luego repetiría triunfos en 2008, 2015 y 2017. Se quedó a una victoria de igualar el récord de Eddy Merckx.
«Ganar una carrera como la Lieja es muy especial. Tengo dificultades para encontrar las palabras adecuadas para explicar lo que siento por ser el primer español que vence aquí. En cierto modo, he escrito una página», recalcó un emocionado Valverde. También destacó la estrategia de su equipo: «Purito hizo un trabajo enorme en el tramo final. Yo no he podido responder a cada ataque, he preferido esperar. Sabía que era uno de los más rápidos, pero no podía fiarme de Bettini y Perdiguero».
Aquel éxito otorgó a Valverde los puntos necesarios para desbancar al belga Tom Boonen en el liderato del UCI Pro Tour. En 2006, el ciclismo español comenzaba a mostrar su poderío. Ese año estalló la Operación Puerto, pero esa es otra historia.
Ahora, la Lieja-Bastoña-Lieja está dominada por Tadej Pogacar. El esloveno acude este domingo a la clásica belga con el objetivo de sumar su cuarto triunfo, igualar el registro de Valverde y así quedarse a sólo uno del récord de Merckx. El cuarto Monumento' de la temporada se presenta con el morbo añadido de saber si Paul Seixas, el nuevo fenómeno francés, será capaz de presentar batalla a Pogacar. El galo, con sólo 19 años, es la gran sensación del año, con sus exhibiciones en Vuelta al País Vasco, Flecha Valona, Vuelta al Algarve, Faun-Ardèche Classic. El esloveno también contará con la oposición de Remco Evenepoel, que afronta la carrera pletórico tras imponerse el pasado domingo en la Amstel Gold Race.
"Ojalá nunca se te pasen esos nervios, hija. Esos nervios son maravillosos", le desea David a Sara mientras ella, el gran diamante del baloncesto español, intenta dibujar con palabras los saltos inmensos de una carrera proyectada a la cima. De Colmenar Viejo al Estudiantes, de la selección española (MVP del pasado Eurobasket sub 18) a Daytona Beach, en Florida, campeona de EEUU de High School con la prestigiosa Academia DMA y, lo siguiente, apenas en unas semanas, más asombroso todavía, la Universidad de South California, paso previo a la WNBA. Sara es Sara Okeke (Alcorcón, 2007), 1,95 metros, un prodigio.
"La verdad es... Como que no me lo creo mucho. Porque todo ha pasado muy rápido. Hace tres años no tenía muy claro si realmente me quería dedicar al basket. Me gustaba, se me daba bien, pero ni me podía imaginar que iba a estar aquí habiendo ganado un campeonato nacional ni que iba a acabar en California. No, no me lo creo todavía", cuenta a EL MUNDO Sara, un break entre clases, apurando los últimos días de estudios en Florida antes de la graduación.
Sara no se lo cree, pero su impacto en EEUU desborda expectativas: la sitúan entre los tres proyectos más esperanzadores de su generación. Y observa el último draft de la WNBA, tres españolas entre las 12 primeras y se imagina pronto ahí. Como Awa Fam (número 3), su espejo, un día compartiendo la mejor liga del mundo con ellas. O la selección española. "Son una referencia y una motivación". Sara es a la vez ambición e incredulidad. Y es también una inspiradora historia de superación que su padre reivindica con orgullo, como una "bendición, un regalo de Dios a una familia muy creyente". Porque Sara se encontró casi de casualidad con un balón de baloncesto a los nueve años en Colmenar y aquello resultó "una vía de escape" en su día a día en la residencia de acogida de la Comunidad de Madrid en la que habitó hasta que fue adoptaba por David y María.
"El foco debe estar en lo deportivo. Sara no es la niña pobrecita que quisieron hacer ver", pide David. Porque ni a ella ni a la familia le hicieron bien algunos titulares pasados. "Nos encontramos a una niña con muchas necesidades, de amor. Pero también a una valiente, dispuesta a aprovechar las oportunidades y los talentos que le ha dado la vida. Y todo fue absolutamente rodado, aunque empezamos con un programa temporal, mi mujer y yo sabíamos que esto sería para toda la vida. Lo que ha enseñado a mis otros hijos, a sus hermanos... Es la generosidad máxima".
Sara Okeke, durante un partido con la DME Academy.EM
La habilidad y el físico de Sara, nacida en Alcorcón, padre biológico de Senegal y madre de Trinidad y Tobago, la llevó a una irrefrenable progresión. De la selección madrileña a la española U12 a los 11 años. Su carrera la derivó a jugar en Torrelodones, en Zentro Basket y en Estudiantes... "Hasta me ponían a entrenar con chicos", recuerda. El pasado verano, 23 puntos y siete rebotes en la final, condujo a España al oro continental sub 18 en La Palma. MVP del torneo, su camino estaba al otro lado del charco. ¿Vértigo? "Sí, un poco. Es verdad que creo que cada vez lo gestiono mejor, pero al final es un salto...", relata sobre un intensísimo curso en el que ha sentido cómo su baloncesto evolucionaba enfrentándose a "físicos más parecidos al mío", preparándose para la NCAA.
Pregunta.- ¿En qué sientes que has mejorado?
Respuesta.- El tiro no ha sido mi punto fuerte, pero desde que he llegado aquí he mejorado un poco, sobre todo en los libres. Me han cambiado la mentalidad. De vez en cuando ya incluso tiro de tres y me gustaría abrir un poco más mi juego, no estar todo el rato en el poste.
P.- ¿Cómo te definirías como jugadora?
R.- Diría que corro bien la pista, me gusta rebotear, me siento bastante más cómoda en el poste, pero cuando me enfrento a alguien más grande y lenta, también me gusta jugar por fuera. Aquí el juego es bastante más individual y creo que me ayuda la formación europea en eso. Defiendo bien también. Aunque tengo mucho que mejorar.
P.- ¿Quién es tu referente?
R.- Me gusta mucho A'ja Wilson. Creo que me parezco un poco.
Sara lleva en EEUU desde agosto. Echa de menos la comida -"he tenido algunos problemas de estómago"- y a su familia. A sus hermanos, Gabriela, Nacho (también en EEUU, jugando al fútbol becado en Indianápolis) y Mario, "estar en casa, cosas que antes no valoraba tanto. Y a mis amigas". Vuelve en unos días y también quiere estar con España en el Europeo sub 18.
"Recuerdo que cuando Sara llegó a casa [a los 14 años se instaló con su nueva familia], le dijimos que aquí básicamente se hace deporte, que eligiera. Con la altura que tenía, apuntaba al baloncesto", presume David. "Poco a poco me fui dando cuenta de que se me daba bien. Y como no tenía nada que hacer y necesitaba despejarme un poco, empecé a jugar más", rememora ella de eso que era "vía de escape". "En la residencia de acogida hay gente muy diferente y no me identificaba del todo con lo que había ahí. Necesitaba algo para despejarme y salir adelante. Cambiar el chip, decir qué puedo hacer para que a partir de ahora mi vida sea mejor. El baloncesto fue mi oportunidad", explica sobre esas canastas que fueron el vehículo para cambiar su mentalidad. Y ejemplo a tantas vidas.
Son malos tiempos para Iga Swiatek, no hace tanto dominadora del circuito y ahora tratando de retomar el rumbo de su carrera de la mano del español Francis Roig, quien formara parte del cuerpo técnico de Rafael Nadal. La polaca, campeona del Masters de Madrid en 2024, se retiró este sábado en la tercera ronda del torneo cuando perdía con Ann Li por 6-7 (4), 6-2 y 3-0, después de dos horas y cuarto de partido.
"Los últimos dos días me he sentido de manera horrible. Creo que tengo algún tipo de virus. Sé que queréis respuestas, pero principalmente tendría cuidado. Algunas horas he estado bien, pero otras me estaba sintiendo verdaderamente mal. He oído que hay algo en el vestuario, un virus circulando, que se encuentra en algún sitio ahí afuera", comentó en zona mixta la ganadora de seis títulos del Grand Slam.
Cuartofinalista en Stuttgart (Andreeva), eliminada de primeras en Miami (Linette), cuartofinalista en Indian Wells (Svitolina) y en Qatar (Sakkari), se quedó en la misma ronda ante Rybankina en el Abierto de Australia. Hay que viajar hasta el WTA 500 de Seúl, en septiembre del pasado año, para encontrar su último título, el vigesimoquinto en su trayectoria.
Swiatek se hizo con el título en Madrid ante Aryna Sabalenka en la formidable final de 2024, resuelta en el desempate del tercer set, como lo fue la que perdió el año anterior ante la bielorrusa.
La ex número 1 del mundo, ahora cuarta en el escalafón, aún no ha decidido dónde proseguirá su rodaje para Roland Garros, torneo del que es tetracampeona. "Seguramente nos iremos a entrenar a otro sitio, ya que las condiciones en Roma [último torneo previo a París] son completamente diferentes a las que hay aquí. No importa, tenemos mucho tiempo. Lo primero es poder recuperarme. Voy a necesitar unos días para deshacerme de este virus, pero espero estar bien y lista en tres o cuatro días", apuntó.
En el cuadro masculino, Daniel Mérida, que alcanzó recientemente en el ATP 250de Bucarest su primera final del circuito y superó la previa en Madrid, venció al fancés Corentin Moutet por 6-3 y 6-4 y se clasificó para dieciseisavos de final. Rafael Jódar, otro español emergente, semifinalista del Conde de Godó, busca este domingo los octavos ante el brasileño Joao Fonseca.
Mestalla solo quiere sobrevivir. Da igual que no disfrute, que el peregrinaje al templo sea para sufrir, porque su Valencia es incapaz de resolver un partido con rotundidad y ofrecerles una plácida tarde de fútbol. La parroquia se desesperó con una primera parte de errores groseros, pero vio a su equipo llegar al 60 cómodo con dos goles de ventaja porque Ramazani siguió creyendo y cargando el ataque a sus espaldas, porque Sadiq, fallón hasta la desesperación, no desperdició un centro maravilloso de Gayà. Fue un espejismo. Tocaba sufrir y que Dimitrievski fuera el héroe sin capa que voló en el añadido para atajar un disparo a bocajarro de Stuani y darle al Valencia una bocanada de salvación. [Narración y estadísticas:2-1]
Si alguien no entiende aún por qué el Valencia vive otra temporada más en el abismo, le basta con visualizar que, a los problemas estructurales arrastrados desde 2020 escasa inversión de Peter Lim, se unen los coyunturales: las decisiones en el campo casi siempre son erróneas. Da igual que el marcador no se haya estrenado, que vayan perdiendo o incluso ganando. Cuando no se equivoca Corberán no atinan los jugadores. Las, pocas, veces en que logran incomodar a los rivales, necesitan encadenar un carrusel de ocasiones porque el último pase suele ser siempre el equivocado. Al Girona le dio vida que Sadiq no hiciera una a derechas en toda la primera parte.
Míchel vio cómo sus jugadores dibujaban el partido parsimonioso que le gusta, adueñándose del balón y manejándolo a su antojo hasta desquiciar. Pero lo cierto es que no le sirvió para acosar a Dimitrievski. El Valencia, una vez más, no discutió ese dominio y lo fio todo a una contra. Gayà se convirtió en un estilete por la orilla izquierda, Rioja se esforzó en ayudar a Saravia a controlar las subidas de Álex Moreno y el peligro de Ounahi y Ramazani ratoneaba ante los centrales. Sin embargo, tuvo que ser un penalti sobre Sadiq no señalado ni en el campo ni por el VAR lo que aceleró a los valencianistas. Una jugada de Gayà y Ramazani que acabó con un centro perfecto del belga al que hubiera llegado el nigeriano de no haber sido agarrado.
A partir de ese minuto 15, el Valencia fue encadenando tantas ocasiones como clamorosos fallos. Entre Rioja y Guerra le fabricaron la primera a Beltrán, que apareció en el área para recoger un centro y estrellarlo en el poste. Después fue el pícaro Ramazani quien le birló la pelota a Blind para regalarle un gol a Sadiq... que tiró fuera.
Mestalla se desesperaba lamentando tanto error no forzado, porque Gazzaniga no blocó ni un balón. Siguieron una cabalgada de Saravia y otro increíble error de Sadiq, que eligió intentar un remate de rosca desde el lateral del área en lugar de ponerle un pase de la muerte al segundo palo a Ramazani, que asomaba al segundo palo. Con el empate llegaron al descanso porque Echeverri se le fue una falta directa desde la medialuna.
Al regreso del vestuario, el Valencia se entonó y, en diez minutos, se puso el duelo muy de cara. Un balón en largo de Javi Guerra, cambiando el juego, lo convirtió Ramazani en el primer gol burlando a Arnau y a Vitor Reis. Ese golpe activó al Girona, que se vio en el lío y buscó un juego más directo. El primer disparo del partido fue de Witsel y lo salvó Dimitrievski. Pero, antes de que se dieran cuenta, Gayà volvió a aparecer como centella por el costado izquierdo para llegar al área, recortar a Arnau y, con la derecha, poner un centro perfecto que, esta vez sí, Sadiq cabeceó. Un 2-0 que ponía las cosas más fáciles, aunque quedara media hora.
Ramazani y Sadiq celebran el primer gol del Valencia.ANA ESCOBAREFE
Fue entonces cuando Míchel movió su banquillo y Joel Roca, recién pisado el césped, empujó un centro de Francés desde la derecha que repelió el cancerbero macedonio como pudo. Todo el estadio entendió que tocaba apretar los dientes porque el duelo, que pareció encarrilado, se volvía a abrir.
Buscó piernas Corberán y peligro el Girona, con Bryan Gil retando, y tapando a Gayà, y Stuani molestando a un excelso Pepelu reconvertido en central. Salvó el empate primero Tàrrega y el Valencia solo podía intimidar con contras, como la que lanzó Ugrinic para servir a Hugo Duro el tercer gol si no hubiera llegado una milésima antes Francés.
Quedaba partido, tanto que tuvo que aparecer Dimitrievski para volar ante el remate de Stuani y Pepelu para rechazar otro tiro de Tsygankov después de tres remates en el área pequeña. En el añadido, convertido en una ida y vuelta, Ugrinic volvió a recorrerse todo el campo para volver a dejar a Hugo Duro ante Gazzaniga, pero apareció Rincón. Tuvo el Valencia que esforzarse en no perder lo ganado, que fue mucho.
El Barça tiene la Liga cada vez más y más cerca. Sólo falta saber cuándo será un hecho. En un campo tan duro como el del Getafe, y con Lamine Yamal ausente ya por lo que queda de la competición, logró una trabajada victoria por 0-2 gracias a los goles convertidos por Fermín, en las postrimerías del primer tiempo, y Rashford. [Narración y estadísticas, 0-2]
El del inglés, de hecho, llegaría con el rival volcado buscando la igualada, pero no aplacó del todo el ímpetu de un Getafe que trató de seguir porfiando y que obligó a los azulgrana a estar fuertes y concentrados en tareas defensivas. Un negociado en el que Pau Cubarsí, a la práctica ya todo un veterano a pesar de su juventud, se mueve con un aplomo y madurez que muchos verían impropios de su edad. Tanto para cortar ataques rivales, recuperar balones e, incluso, evitar goles prácticamente sobre la línea, tal y como hizo este mismo sábado.
Los primeros compases del encuentro, desde luego, no fueron precisamente fáciles. Enfrentarse a un equipo de Bordalás es para el Barça como darse de cabeza una y otra vez contra un muro. El Getafe siempre busca incomodarlo al máximo. Empezando por un césped lo más alto y seco que permite el reglamento y siguiendo por un orden casi castrense y una rocosidad siempre al límite para que los azulgrana noten una y otra vez un agobio casi asfixiante. Ese manual, de hecho, les sirvió a los azulones para conceder muy pocas ocasiones realmente peligrosas frente a un rival plenamente consciente de que ganar, tras el empate del Real Madrid a domicilio ante el Betis, era escribir una línea más de una sentencia para la Liga que sigue acercándose inexorablemente.
Al entrenador del Getafe, quizás, se lo llevaron internamente los demonios cuando los de Flick, al límite del descanso, lograron al fin adelantarse en el marcador por medio de una acción a la contra. Pedri aprovechó una buena recuperación de Cubarsí para habilitar por sorpresa a un Fermín que, tras plantarse prácticamente solo ante Soria, envió el balón al fondo de las mallas.
El 0-1, además, tuvo una clara dedicatoria: Lamine Yamal. Ante la cámara, el onubense repitió el particular gesto, dibujar un tres, un cero y un cuatro con los dedos, el final del código postal de Rocafonda y que uno de sus más ilustres oriundos ha hecho una y otra vez para festejar sus tantos defendiendo tanto la elástica barcelonista como la de la Roja.
El 0-1 no cambió demasiado el manual de Bordalás con vistas al segundo tiempo, consciente de que estar a poca distancia podía darles a los suyos la posibilidad de rascar, quizás nunca mejor dicho, por lo menos un empate. Los azulgrana, por lo menos en el arranque del segundo acto, llegaron con algo más de claridad a los dominios de Soria, pero sin efectividad.
Tal vez por eso, Flick optó por sacar del campo a Roony, poco inspirado, Gavi y Koundé, ambos cargados con una amarilla que, en el caso del francés, le impedirá medirse a Osasuna el sábado que viene, y dar entrada a Rashford, De Jong y Araujo. Y el inglés, que sigue sin tener tanto protagonismo como llegó a tener antaño, acabó por marcar un 0-2 que, a la práctica, despejaba del todo el camino del triunfo para los suyos.
Rashford decide
El delantero cedido por el United se encargó de culminar una jugada a la contra, arrancando desde su propio campo y en pos de un balón largo de Lewandowski para anotar el segundo tanto de los barcelonistas en el Coliseum a poco más de 15 minutos para el final del tiempo reglamentario. No mucho antes, el Getafe había tenido una opción inmejorable para lograr ese 1-1 que dejaron en el alero durante tantos minutos. Cubarsí, prácticamente sobre la línea, se encargó de negar el gol después de que Davinchi metiera un peligrosísimo balón en el área barcelonista con un centro de golpeo tan inesperado como efectivo.
Pese al mazazo, los azulones no renunciaron a buscar la portería rival. Sus embestidas, no obstante, se estrellaron una y otra vez ante una esta vez sí ordenada y concentrada defensa azulgrana. Incluso, los azulgrana acabaron poniéndole un poco al final del partido ese cloroformo que Flick tantas veces ha echado de menos y cuya ausencia, en alguna ocasión, ha acabado por costarles terriblemente caro.
Marc Márquez hizo magia en Jerez. No solo se hizo con una pole tal vez algo inesperada, sino que selló también una victoria cargada de épica en una sprint race terriblemente marcada por la lluvia. Pese a irse al suelo casi en la entrada de boxes cuando el cielo se disponía a descargar en serio sobre la pista, se las arregló para mantener la moto en marcha y cambiarla por la equipada con neumáticos de lluvia justo a tiempo. Cuando el resto, con excepción de un Fermín Aldeguer que apuró demasiado, optó por lo mismo, el de Cervera se vio tercero por detrás de Pecco Bagnaia. Poco después, segundo, cuando el de Gresini les cedió el paso. Hasta que, en la curva de Nieto-Peluqui, se jugó el todo por el todo para ponerse primero y tirar millas camino de un triunfo que no iba a permitir que se le escapara de entre los dedos.
«Nunca había vivido algo así, creo que es la primera victoria tras caída. Me caí en la mejor curva y en el mejor momento. Ahí ya pensaba en entrar, pero cometí el error de seguir a Álex y alguien desde arriba me echó una mano. Me vi tercero y, a partir de allí, apreté a tope», resumió tras la carrera Marc. «En la parrilla ya pensé en cambiar de moto. Luego, cuando vi que empezaba a llover, me tomó unas vueltas entender las condiciones y entrar. Después, traté de seguir a Marc, pero la lluvia caía muy fuerte y quería finalizar la carrera. Nos la hemos jugado y ha salido bien», confesó por su parte Bagnaia, si bien quien lanzó el mensaje más sentido fue Franco Morbidelli, tercero en el podio: «De locos, la carrera ha sido de locos. He tenido la suerte de entrar al pit lane más temprano que el resto, seguí a Pecco y acabó pasando esto. Quiero dedicarle esta carrera a aquellos que no tienen esperanza, a los que sufren. Va por ellos».
Los tres primeros de la tabla, en este caso, se quedaron sin puntos. Jorge Martín, por un problema con los frenos que le obligó a abandonar, Marco Bezzecchi, el líder, por una caída, mientras que Pedro Acosta, por su parte, fue duodécimo. En cuanto al resto de españoles, Álex Márquez, que llegó a liderar la prueba durante varias vueltas, se fue también al suelo, al igual que Joan Mir, mientras que Raúl Fernández fue sexto, Álex Rins, décimo, Augusto Fernández, decimotercero y Fermín Aldeguer, finalmente, decimoséptimo.