Marc Márquez hizo magia en Jerez. No solo se hizo con una pole tal vez algo inesperada, sino que selló también una victoria cargada de épica en una sprint race terriblemente marcada por la lluvia. Pese a irse al suelo casi en la entrada de boxes cuando el cielo se disponía a descargar en serio sobre la pista, se las arregló para mantener la moto en marcha y cambiarla por la equipada con neumáticos de lluvia justo a tiempo. Cuando el resto, con excepción de un Fermín Aldeguer que apuró demasiado, optó por lo mismo, el de Cervera se vio tercero por detrás de Pecco Bagnaia. Poco después, segundo, cuando el de Gresini les cedió el paso. Hasta que, en la curva de Nieto-Peluqui, se jugó el todo por el todo para ponerse primero y tirar millas camino de un triunfo que no iba a permitir que se le escapara de entre los dedos.
«Nunca había vivido algo así, creo que es la primera victoria tras caída. Me caí en la mejor curva y en el mejor momento. Ahí ya pensaba en entrar, pero cometí el error de seguir a Álex y alguien desde arriba me echó una mano. Me vi tercero y, a partir de allí, apreté a tope», resumió tras la carrera Marc. «En la parrilla ya pensé en cambiar de moto. Luego, cuando vi que empezaba a llover, me tomó unas vueltas entender las condiciones y entrar. Después, traté de seguir a Marc, pero la lluvia caía muy fuerte y quería finalizar la carrera. Nos la hemos jugado y ha salido bien», confesó por su parte Bagnaia, si bien quien lanzó el mensaje más sentido fue Franco Morbidelli, tercero en el podio: «De locos, la carrera ha sido de locos. He tenido la suerte de entrar al pit lane más temprano que el resto, seguí a Pecco y acabó pasando esto. Quiero dedicarle esta carrera a aquellos que no tienen esperanza, a los que sufren. Va por ellos».
Los tres primeros de la tabla, en este caso, se quedaron sin puntos. Jorge Martín, por un problema con los frenos que le obligó a abandonar, Marco Bezzecchi, el líder, por una caída, mientras que Pedro Acosta, por su parte, fue duodécimo. En cuanto al resto de españoles, Álex Márquez, que llegó a liderar la prueba durante varias vueltas, se fue también al suelo, al igual que Joan Mir, mientras que Raúl Fernández fue sexto, Álex Rins, décimo, Augusto Fernández, decimotercero y Fermín Aldeguer, finalmente, decimoséptimo.
Ya vencedor el viernes del prólogo en la categoría de motos, el australiano Daniel Sanders se impuso en la primera etapa del Rally Dakar, disputada este sábado en Arabia Saudí.
El piloto de 30 años y que con su KTM sueña con ser el segundo australiano en ganar en motos el célebre rally, tras su compatriota Toby Price en (2016 y 2018), se colocó líder en el kilómetro 151 de la especial y logró mantenerse en cabeza pese a la presión de sus perseguidores.
El vencedor del último Rally de Marruecos completó los 413 km de la especial cronometrada con un tiempo de 4h 41min 21 seg, aventajando en dos minutos a Ricky Brabec, vigente campeón de la prueba, y Ross Branch.
"La segunda mitad (de la etapa) ha sido mucho mejor, una vez he podido salir de toda esa polvareda. La moto rueda bien y el cuerpo está bien", comentó Sanders su llegada al vivac.
El español Tosha Schareina finalizó cuarto, a más de cuatro minutos y medio del vencedor, y el argentino Kevin Benavides, vendedor del Dakar en 2021y 2023, acabó en la quinta posición, a más de ocho minutos, justo por delante del chileno Pablo Quintanilla, relegado a más de once minutos de Sanders. El Top 10 de la etapa coincide con la general provisional, con Sanders aventajando en algo más de dos minutos a sus perseguidores.
Con un total de 8.000 km de recorrido a través de Arabia Saudí, el célebre rally acabará el 17 de enero en las dunas del desierto del Empty Quarter, junto a la frontera con Emiratos Árabes Unidos.
«Nunca pensé que llegaría al fútbol francés». Sincero y directo. Así se presentó Luis Enrique en París en julio de 2023. Si alguien torció el gesto al escucharlo, hoy pensará por qué el PSG no le llamó antes. El asturiano ha conquistado París y ha hecho creer al club, a sus aficionados y a sus propios jugadores que, ahora sí, pueden ganar la primera Champions esta noche en Múnich ante el Inter.
«Desde el primer día la intención era hacer historia y estamos en condición de lograrlo», explicaba hace unos días el técnico, que sí sabe lo que es ganarla porque lo hizo con el Barça de Messi, Suárez y Neymar en 2015 ante la Juventus. Sin embargo, este proyecto es diferente a aquel en Barcelona y al que han impulsado durante una década los dueños del PSG, Qatar Sport Investiment (QSI), con Nasser Al-Khelaifi a la cabeza. Hoy, han aprendido que no se trata de acumular estrellas, sino de construir un equipo.
«Hemos tenido que ir gestionando perfiles de jugadores, que construir. Tenemos futbolistas de mucha calidad, de alto nivel, pero con mentalidad de equipo», confiesa el entrenador, que no duda en lanzar órdagos propios de su arrolladora personalidad, que puede generar tanta afinidad como rechazo: «Estamos preparados para todo».
Casi dos años después de encerrarse durante los primeros meses en la Poissy y sin saber ni una palabra de francés, el PSG refleja lo que buscaba Luis Enrique. «Tenía un plan clarísimo», cuentan quienes le rodean. Ha amoldado un entorno con muchas posibilidades económicas a su idea. Ha conseguido desde lo más sencillo, una grúa elevadora desde donde controlar los entrenamientos desde las alturas sin necesidad de andamio, al fichaje de futbolistas que, sin ser ya megaestrellas, apuntan a ello. Pero al ex seleccionador nacional no le vale sólo ganar, quiere sembrar. «Que se sientan atraídos por cómo jugamos no sólo los aficionados del PSG, sino cualquiera», advierte.
Sin el peso de Mbappé
En ese reconstrucción, el aparejador que se ha convertido en pieza clave es el director deportivo con el que llegó de la mano: Luis Campos. Cogieron las riendas no sólo para llevar al equipo a ganar dos ligas y la Copa de Francia, sino para reestructurar un vestuario que andaba descompensado. El peso de Mbappé lastraba, como reconoció sin tapujos en un documental el propio Luis Enrique: «El hecho de tener un jugador que se movía por dónde él quería, implica que hay situaciones del juego que no controlo. El año que viene las voy a controlar todas. Todas, sin excepción», aseguraba sin medir sus palabras.
La salida del delantero al Real Madrid ha permitido la transición de un grupo en el que ha integrado el fichaje de jugadores convertidos en esenciales en su once y que han arrastrado a los demás a la fe de Lucho. «Nos dijo que sin Kylian meteríamos más goles y creo que no se ha equivocado», reconocía Zaïre-Emery. Han sido 138 en todas las competiciones frente a los 120 de la pasada campaña, cuando Mbappé marcó 44. La estrella goleadora ha sido Dembélé, con 33 goles, despertado en el arranque de 2025, justo cuando lo hizo todo el grupo, porque el inicio de campaña no fue fácil.
El asturiano observa a sus jugadores en el Allianz.L. BRUNOAP
El equipo se bloqueó en efectividad y marcó uno de los peores datos de Europa, lejos de lo que se esperaba una plantilla como la del PSG. Derrotas en Champions que dolieron como ante el Atlético y el Liverpool, y un trabajo que consistió en «recuperar la confianza generando hábitos de juego».
A eso se sumó el factor generosidad de un grupo que se destapó como solidario. Luis Enrique había buscado en el mercado el talento en jugadores de menos de 25 años con tanta calidad como hambre. El portugués Joao Neves, la perla francesa Douré o el ecuatoriano William Pacho, por el que se arqueó la ceja en las gradas cuando se pagaron 40 millones por su llegada. Sin protagonismos excesivos, ensamblaron, y a ellos se sumó en enero la guinda: el georgiano Kvaratskhelia. En total una inversión de 220 millones pero con mucho crecimiento. «He visto esta temporada todo lo que quería mejorar. Me he maravillado», confesaba Luis Enrique hace unos días, con la mirada ya puesta en la final de esta noche.
La bandera de Xana
Quizá por eso a mitad de enero el asturiano se atrevió a verbalizar un sueño que va incluso un poco más allá de hacer historia en el fútbol francés. «Recuerdo una foto que tengo increíble con mi hija en la final de la Champions en Berlín, después de ganar, clavando una bandera del FC Barcelona al campo. Tengo el deseo de poder hacer lo mismo con el PSG. No estará mi hija, no estará físicamente, pero estará espiritualmente, y eso para mí es muy importante», contó el entrenador sobre Xana, de donde nace parte de su fuerza.
Contará con la ayuda de estos jugadores jóvenes a los que Luis Enrique ha inoculado o estimulado el gen ganador. Estarán sobre el césped cuando arranque el partido en el Allianz Arena y muchos lo harán por primera vez en sus carreras. En una final de Champions sólo tienen experiencia Lucas Hernández y Marquinhos. Los dos en la misma: en Lisboa en 2020. El francés la ganó con el Bayern y el brasileño, único superviviente que sigue en el PSG, la perdió abriendo una herida que no cicatrizado. Han sido semifinales en las que se ha tropezado una temporada tras otra pese a la inversión de más 2.000 millones en fichajes. La Champions es la desea y si Luis Enrique la consigue, conquistará París.