“Ojalá nunca se te pasen esos nervios, hija. Esos nervios son maravillosos”, le desea David a Sara mientras ella, el gran diamante del baloncesto español, intenta dibujar con palabras los saltos inmensos de una carrera proyectada a la cima. De Colmenar Viejo al Estudiantes, de la selección española (MVP del pasado Eurobasket sub 18) a Daytona Beach, en Florida, campeona de EEUU de High School con la prestigiosa Academia DMA y, lo siguiente, apenas en unas semanas, más asombroso todavía, la Universidad de South California, paso previo a la WNBA. Sara es Sara Okeke (Alcorcón, 2007), 1,95 metros, un prodigio.
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“La verdad es… Como que no me lo creo mucho. Porque todo ha pasado muy rápido. Hace tres años no tenía muy claro si realmente me quería dedicar al basket. Me gustaba, se me daba bien, pero ni me podía imaginar que iba a estar aquí habiendo ganado un campeonato nacional ni que iba a acabar en California. No, no me lo creo todavía”, cuenta a EL MUNDO Sara, un break entre clases, apurando los últimos días de estudios en Florida antes de la graduación.
Sara no se lo cree, pero su impacto en EEUU desborda expectativas: la sitúan entre los tres proyectos más esperanzadores de su generación. Y observa el último draft de la WNBA, tres españolas entre las 12 primeras y se imagina pronto ahí. Como Awa Fam (número 3), su espejo, un día compartiendo la mejor liga del mundo con ellas. O la selección española. “Son una referencia y una motivación”. Sara es a la vez ambición e incredulidad. Y es también una inspiradora historia de superación que su padre reivindica con orgullo, como una “bendición, un regalo de Dios a una familia muy creyente”. Porque Sara se encontró casi de casualidad con un balón de baloncesto a los nueve años en Colmenar y aquello resultó “una vía de escape” en su día a día en la residencia de acogida de la Comunidad de Madrid en la que habitó hasta que fue adoptaba por David y María.
“El foco debe estar en lo deportivo. Sara no es la niña pobrecita que quisieron hacer ver”, pide David. Porque ni a ella ni a la familia le hicieron bien algunos titulares pasados. “Nos encontramos a una niña con muchas necesidades, de amor. Pero también a una valiente, dispuesta a aprovechar las oportunidades y los talentos que le ha dado la vida. Y todo fue absolutamente rodado, aunque empezamos con un programa temporal, mi mujer y yo sabíamos que esto sería para toda la vida. Lo que ha enseñado a mis otros hijos, a sus hermanos… Es la generosidad máxima”.
Sara Okeke, durante un partido con la DME Academy.
La habilidad y el físico de Sara, nacida en Alcorcón, padre biológico de Senegal y madre de Trinidad y Tobago, la llevó a una irrefrenable progresión. De la selección madrileña a la española U12 a los 11 años. Su carrera la derivó a jugar en Torrelodones, en Zentro Basket y en Estudiantes… “Hasta me ponían a entrenar con chicos”, recuerda. El pasado verano, 23 puntos y siete rebotes en la final, condujo a España al oro continental sub 18 en La Palma. MVP del torneo, su camino estaba al otro lado del charco. ¿Vértigo? “Sí, un poco. Es verdad que creo que cada vez lo gestiono mejor, pero al final es un salto…”, relata sobre un intensísimo curso en el que ha sentido cómo su baloncesto evolucionaba enfrentándose a “físicos más parecidos al mío”, preparándose para la NCAA.
Pregunta.- ¿En qué sientes que has mejorado?
Respuesta.- El tiro no ha sido mi punto fuerte, pero desde que he llegado aquí he mejorado un poco, sobre todo en los libres. Me han cambiado la mentalidad. De vez en cuando ya incluso tiro de tres y me gustaría abrir un poco más mi juego, no estar todo el rato en el poste.
P.- ¿Cómo te definirías como jugadora?
R.- Diría que corro bien la pista, me gusta rebotear, me siento bastante más cómoda en el poste, pero cuando me enfrento a alguien más grande y lenta, también me gusta jugar por fuera. Aquí el juego es bastante más individual y creo que me ayuda la formación europea en eso. Defiendo bien también. Aunque tengo mucho que mejorar.
P.- ¿Quién es tu referente?
R.- Me gusta mucho A’ja Wilson. Creo que me parezco un poco.
Sara lleva en EEUU desde agosto. Echa de menos la comida -“he tenido algunos problemas de estómago”- y a su familia. A sus hermanos, Gabriela, Nacho (también en EEUU, jugando al fútbol becado en Indianápolis) y Mario, “estar en casa, cosas que antes no valoraba tanto. Y a mis amigas”. Vuelve en unos días y también quiere estar con España en el Europeo sub 18.
“Recuerdo que cuando Sara llegó a casa [a los 14 años se instaló con su nueva familia], le dijimos que aquí básicamente se hace deporte, que eligiera. Con la altura que tenía, apuntaba al baloncesto”, presume David. “Poco a poco me fui dando cuenta de que se me daba bien. Y como no tenía nada que hacer y necesitaba despejarme un poco, empecé a jugar más”, rememora ella de eso que era “vía de escape”. “En la residencia de acogida hay gente muy diferente y no me identificaba del todo con lo que había ahí. Necesitaba algo para despejarme y salir adelante. Cambiar el chip, decir qué puedo hacer para que a partir de ahora mi vida sea mejor. El baloncesto fue mi oportunidad”, explica sobre esas canastas que fueron el vehículo para cambiar su mentalidad. Y ejemplo a tantas vidas.







