Tan sólo un turno de servicio aguantó Jiri Lehecka, que llegaba intacto en esa suerte en la final de Masters 1000 de Miami ante Jannik Sinner. El italiano quebró en el tercer juego y empezó a sentar las bases para convertirse en el octavo jugador capaz de lograr la Sunshine Double, el triunfo en una misma edición de Indian Wells y el torneo que concluyó en esta madrugada española tras demorarse una hora y media el inicio de la final debido a la lluvia y verse interrumpida durante otra hora y cuarto tras el inicio del segundo set. Venció por un doble 6-4 en una hora y 33 minutos.
El italiano salvó tras lograr la rotura tres amenazas sobre su saque y confirmó el camino para seguir los pasos de Roger Federer, el último capaz de suscribir dos triunfos consecutivos en la gira americana de primavera en pista dura.
Sinner recupera la iniciativa y añade interés al curso de tierra batida, donde se presentará con posibilidades de arrebatar el número 1 del mundo a Carlos Alcaraz, sorprendido en tercera ronda por Sebastien Korda. Este lunes saldrá a 1.190 puntos del español, que ya se rueda para Montecarlo y defiende 4.300 en los torneos de peso que se avecinan. Se trata del vigésimosexto título de la ATP para el transalpino y de su séptimo Masters 1000.
En su primera final de un torneo de este rango, Lehecka, como es lógico ante la calidad de su adversario, mostró más dudas que en actuaciones precedentes, las que le habían permitido dejar atrás, entre otros, a Taylor Fritz, séptimo favorito, Martín Landaluce, la sensación del torneo, y Arthur Fils, a quien sólo concedió cuatro juegos en semifinales, pero se ha de elogiar su carácter firme y perseverante.
El partido se detuvo en el inicio del segundo set, con 15-30 para Sinner. El regreso a la cancha fue para el checo un ejercicio de supervivencia, sometido a las continuas acometidas de su oponente sobre su saque. Resistió hasta el noveno juego, al que llegó tras haber neutralizado nueve de las diez opciones de break. El italiano, que sumó diez saques directos, no perdonaría a continuación, aprovechando su primera bola de partido.
Tenemos una tendencia natural a ser muy críticos con aquello que nos desagrada y, en cambio, muy apocados y cohibidos a la hora de ensalzar lo que nos gusta. Las redes sociales están infestadas de haters porque hablar mal de algo genera mucho más ruido, más polémica y más clickbait que hacer elogios. Estar en contra suele funcionar mejor que estar a favor. Cuanto más cáustico, mordaz y destructivo te muestres, mayor capacidad tendrás para generar opinión. Criticar está de moda, y la Fórmula 1 no se libra de este hábito.
Siendo honestos, también hay que reconocer que se lo han puesto muy fácil a esta jauría de jueces apocalípticos. La nueva normativa tiene muchos defectos: es compleja, difícil de entender y de seguir; genera una forma de competir aún más artificial que la anterior (que ya lo era); hace que las clasificaciones sean menos emocionantes y provoca que, en muchas ocasiones, no entiendas qué está ocurriendo ni por qué.
En mayor o menor medida, los pilotos también se han sumado a las críticas. Es cierto que, en algunos casos, existe una relación directa entre la intensidad de esas quejas y la posición en el campeonato: ni George Russell ni Kimi Antonelli protestan por las nuevas normas, porque a ellos les va bien. Pero la opinión de los pilotos no es la fundamental. La que realmente debería contar es la del público. Y, pese a todos los defectos de esta nueva Fórmula 1, hay algo innegablemente positivo que al aficionado generalista le gusta: las carreras son mucho más emocionantes.
El año pasado, el Gran Premio de Japón fue una procesión soporífera de coches en la que adelantar era prácticamente imposible. Mucho circuito de vieja escuela, mucho hablar del maravilloso trazado diseñado por John Hugenholtz —el mismo que ideó el Circuito del Jarama—, muchas loas a sus dificilísimas enlazadas... pero lo cierto es que en Suzuka no adelantaba ni el Tato. La carrera fue un truño insoportable. Un año después, y en medio de una oleada de críticas, en Japón se han producido 43 adelantamientos, cambios en el liderato y una lucha intensa hasta el final por el podio.
Aprendizaje sobre la marcha
La carrera fue muy entretenida y obligó a los pilotos a aprender sobre la marcha, a mejorar la gestión de la energía y a extraer el máximo rendimiento de sus monoplazas. Otra vez una salida emocionante, otra vez los Mercedes en apuros en las primeras vueltas y, de nuevo, incertidumbre hasta la bandera a cuadros. Cualquiera que haya visto ambas carreras, la de 2025 y la de este año, no tendrá dudas: la de esta temporada fue infinitamente más divertida.
Volvió a ganar Kimi Antonelli. Su segunda victoria consecutiva lo convierte en el líder del Mundial más joven de la historia, el primer italiano en décadas, y supone un subidón para el entusiasmo transalpino, que sueña con volver a tener un campeón por primera vez desde 1953. De momento, a Antonelli parece sonreírle la suerte del campeón. Ganó en China gracias a un problema técnico de su compañero y rival, George Russell, en la clasificación del sábado, y volvió a ganar en Japón beneficiado por un golpe de fortuna: la oportuna salida del coche de seguridad en el momento perfecto para él.
El incidente que provocó la aparición del safety car fue el brutal accidente de Oliver Bearman. Perdió el control de su monoplaza al intentar evitar un impacto contra el Alpine de Franco Colapinto. Esta es otra de las consecuencias de la nueva normativa: genera diferenciales de velocidad enormes en función de la carga y del despliegue de energía. El impacto contra las barreras superó las 50 G. Afortunadamente, el británico solo sufrió una contusión en la rodilla; en otro circuito, el accidente podría haber sido mucho más grave.
El problema es que, antes de empezar la temporada, algunos equipos y muchos pilotos ya advirtieron de que esto podía ocurrir. Justo antes de la carrera, Fernando Alonso definía los adelantamientos de este año no tanto como un sobrepaso, sino como una maniobra de evasión para evitar estrellarte contra el coche de delante. Todo depende del nivel de batería disponible en cada momento.
La FIA ha emitido un comunicado anunciando conversaciones con los equipos para modificar el reglamento en todo aquello que sea necesario con el fin de mejorar la seguridad. Es bastante probable que, dentro de un mes, cuando se celebre el próximo Gran Premio en Miami, haya cambios. No serán sencillos, pero sí necesarios. Serán soluciones a corto plazo, más parches, más tiritas, aunque en realidad todo el mundo —detractores y defensores— sabe que esta nueva Fórmula 1, tarde o temprano, necesitará una reforma mucho más profunda.
España enfila el camino del Mundial como favorita con un estilo reconocible, innegociable y, sobre todo, ganador. Luis de la Fuente ha conseguido que la idea esté por encima de los futbolistas y que siempre funcione. A 77 ha citado en las 14 convocatorias que ha hecho desde aquella primera en marzo de 2023. 70 jugadores han tenido minutos. Da igual quién juegue, España siempre gana. Al pie de esa frase solo hay que acotar el clamoroso descalabro, por inesperado, en Escocia (2-0) y una derrota en el amistoso ante Colombia (0-1) de hace un año. La final de la Nations League ante Portugal se escapó en la tanda de penaltis y no cuenta como derrota, aunque impidiera ganar el tercer título continental consecutivo.
El seleccionador ha construido su bloque sobre pilares fijos que, salvo lesión, siempre están en sus planes. Unai Simón, Laporte, Le Normand, Rodrigo, Pedri, Oyarzabal o Merino han sido algunos de ellos. Al grupo se suman Zubimendi, Dani Olmo, Fabián Ruiz o Ferran, además de Lamine Yamal y Nico Williams. Otros, intocables también, han ido saliendo, como Morata o Carvajal, y se han sumado a los hombres del seleccionador Fermín, Álex Baena, Cubarsí, Huijsen, Barrios o el regreso de Pedro Porro y Marcos Llorente.
Para todos los contratiempos, De la Fuente ha encontrado solución efectiva, mientras buscaba el billete para Estados Unidos. Como goleador se destapa Oyarzabal. Zubimendi ha hecho que no tenga que llorar a Rodri. Porro y Llorente han relevado a Carvajal. España se clasificó sin haber podido contar con Lamine y Nico Williams, que solo aparecieron en la primera ventana de septiembre. Entre Baena, Fermín, Ferran y ahora Víctor Muñoz, con gol en el debut, han hecho llevaderas sus ausencias.
Porque si hay algo a lo que el seleccionador no renuncia es, por un lado, a volver a abrirle las puertas a sus indiscutibles cuando caen por lesión y regresan a su nivel. Lo hizo con Pedri, con Rodrigo y lo hará con Nico Williams, Merino o Fabián, si se recuperan a tiempo. Está por ver si en ese grupo está también Dani Carvajal. Pero, por otro lado, De la Fuente pesca en cada momento a los jugadores que, encajando en su estilo, rozan el nivel de excelencia. Por eso la lista de sus 14 convocatorias es de 77 jugadores. Solo cuatro no tuvieron minutos (Azpilicueta, Gila, Pepelu y Abel Ruiz) y hay tres, Joan Garcia, Barrenetxea y Carlos Soler, que aún pueden escaparse de esa estadística si el martes juegan en Cornellá. El resto, todos han participado e irrumpen nombres de apariciones fugaces en estos años, como Kepa, Fran García, Pedraza, Paredes, Canales, Ceballos o Sancet. En el ataque aparecen más movimientos, con De Frutos, Jesús Rodríguez, Abel Ruiz, Riquelme, Sarabia, Ayoze o hasta Sergio Gómez.
Tampoco ha dudado el seleccionador en echar mano de internacionales que llevaban tiempo sin vestir la camiseta, como Rodrigo Moreno, Iago Aspas o Nacho. El estado de forma al que llegaban los jugadores en cada ventana ha sido determinante. Por eso desaparecieron Pau Torres, Balde, Mingueza. David García, Gerard Moreno y Joselu para dejar paso a quienes emergían en cualquier campeonato. Morata, el capitán, es el mejor ejemplo.
De la Fuente tiene a sus pretorianos, pero no negocia estados de forma, salvo que el regreso sea enfilando ya la línea ascendente tras una lesión. Así han vuelto Rodri y Pedri. Gavi y Carvajal siguen en la lista de espera. Del seleccionador riojano se puede dibujar un once tipo en un partido oficial y casi acertar, pero maneja con solvencia un amplio abanico de futbolistas que sabe insertar en un engranaje casi perfecto que le hace ser la gran selección europea que menos partidos ha perdido desde 2023: dos, frente a las cinco de Inglaterra y Francia o las siete de Alemania. Argentina cayó cuatro veces desde que es campeona del Mundo.
TODOS LOS CONVOCADOS POR LUIS DE LA FUENTE
PORTEROS
Unai Simón; David Raya; Álex Remiro; Robert Sánchez; Kepa Arrizabalaga; Joan Garcia (sin jugar).
DEFENSAS Dani Carvajal; Pedro Porro; Jesús Navas; Marcos Llorente; César Azpilicueta (sin jugar); Robin Le Normand; Aymeric Laporte; Pau Torres; Dani Vivian; Nacho; Raúl Asencio; Pau Cubarsí; Dean Huijsen; Alejandro Balde; Marc Cucurella; Alejandro Grimaldo; Óscar Mingueza; Iñigo Martínez; David García; Jordi Alba; Fran García; Pedraza; Paredes; Mario Gila (sin jugar); Cristhian Mosquera.
CENTROCAMPISTAS
Rodrigo Hernández; Martín Zubimendi; Mikel Merino; Fabián Ruiz; Pedri; Gavi; Isco; Pablo Barrios; Aleix García; Álex Baena; Fabián Ruiz; Dani Olmo; Fermín López; Pablo Fornals; Marc Casadó; Pepelu (sin jugar); Carlos Soler (sin jugar); Ceballos; Oihan Sancet; Sergio Canales.
DELANTEROS
Álvaro Morata; Joselu Mato; Borja Iglesias; Mikel Oyarzabal; Ferran Torres; Dani Olmo; Nico Williams; Lamine Yamal; Yeremy Pino; Bryan Zaragoza; Bryan Gil; Gerard Moreno; Marco Asensio; Samu Omorodion; Jorge de Frutos; Abel Ruiz (sin jugar); Ansu Fati, Ander Barrenetxea (sin jugar); Jesús Rodríguez; Víctor Muñoz; Iago Aspas; Rodrigo Moreno; Rodrigo Riquelme; Pablo Sarabia; Ayoze; Sergio Gómez.
Antonio Barrul habla como boxea, a una velocidad de vértigo. Asesta frases certeras, un poco a la manera de Mohamed Ali. «En el ring soy violento, tengo mucha raza, a mí no me echa para atrás nada ni nadie». Es un súpergallo en plena ascensión, un chico con un objetivo claro, ahí al fondo, ser campeón del mundo. Aunque antes tenga que recorrer un camino que apenas es un esbozo aún. Ya es campeón de España y defenderá en breve su título Iberoamericano, después debe venir Europa y, por fin, «cumplir mi sueño».
Pero Antonio también es un gitano orgulloso de serlo. Más todavía de la labor social que junto a su padre realizan en el 'Club de boxeo fuerte y constante' de su León natal, punto de encuentro de jóvenes que esquivan otros golpes, los de la propia vida. Sabe bien de lo que habla.
Y Antonio, en fin, es también aquel joven que un día se levantó en un cine mientras veía con su mujer y sus hijos Garfield, y que encaró valiente al energúmeno que maltrataba a su pareja. Decidió no mirar a otro lado y sus golpes se hicieron virales, fue denunciado. «Pero lo volvería a hacer mil veces: a la mujer no se la puede tocar», reivindica quien boxeó con guantes morados, compromiso ético contra la violencia hacia las mujeres.
Barrul, junto a su padre Vicente, en un entrenamiento.Peio García/ICAL leónMUNDO
Fue un primero de mayo de hace dos años y lo recuerda como si fuera ayer. Pese al aluvión mediático, no pretende olvidarlo. Porque hubo críticas a su violenta intervención y algunas dolorosas. «Pero gracias a ese suceso que me pasó la gente me conoce. Ahora realmente están viendo la clase de persona que soy, los proyectos que tengo en mi vida. Tengo que dar gracias a ese mal momento. Hoy soy un referente para los jóvenes. A las mujeres hay que tratarlas como princesas, como se merece. A una mujer no se la puede tocar. Si no la quieres, apártate de su vida. Pero no le puedes hacer lo que pasó ese día», protesta.
Pregunta. ¿Lo volverías a hacer?
Respuesta. No es que piense si lo volvería a hacer: todo el mundo tendría que hacerlo. No que sólo se levante una persona. Hay que frenar esa acción.
P. ¿Cómo lo recuerdas?
R. Como era el día del espectador, nos fuimos al cine. Como a los cinco minutos de película, vemos a una pareja discutiendo. Ella se apartó unas butacas más atrás. Pero al rato él se levantó y la empezó a insultar. Se veía su cara agresiva, desencajado. Cogí a mis niños y los aparté, para que no vieran eso. Siguieron los insultos y el revuelo. Vi que él la enganchó por el cuello y la zarandeó en la butaca.
Antonio hace una pausa, como masticando aquella rabia que no se apaga. «Yo me levanté y lo único que le dije es que qué estaba haciendo. Que era un cine, una película para niños, que lo único que tenía que hacer era marcharse. Me vio pequeño, joven y me empezó a increpar, a insultarme, a faltarme al respeto. No le quería hacer daño. Pero todos tenemos un límite. Seguía insultándome, amenazándome, mi mujer llorando. Le dije: ¿Tú crees que es normal lo que le has hecho a tu mujer?'. Avisé para que llamaran a seguridad, pero no venía nadie... Al final le di lo que él me estaba pidiendo. Era su merecido".
La denuncia interpuesta contra él fue archivada por el juzgado. Y Antonio siguió con su vida, que es también un ejemplo. Deportivo y personal. En diciembre, en el Palacio de los Deportes, lleno hasta la bandera, de su León natal, noqueó al colombiano Fran Mendoza en el cuarto asalto para lograr el título Iberoamericano: «Un rival que tenía 20 victorias y una sola derrota. El número seis del mundo. Le gané en cuatro rounds, un KO brutal. Hice una finta con la mano, me incliné, esperé a que bajara a su derecha y le crucé el golpe. Yo sabía que ese golpe no lo iba a aguantar. Lo teníamos estudiado: el croché de izquierda era el golpe. Creo que estamos para grandes cosas». «Si sigo ganando este título, puedo estar entre los 15 primeros del mundo, lo que me daría opciones de pelear por el título mundial. Ese es mi sueño. Pero siempre he dicho de ir paso a paso», explica. Su próxima parada es la defensa de ese título, en unas semanas en el Gijón Arena.
Para preparar los grandes combates, El Volcán viaja a Gijón junto a su entrenador Olivier Sánchez. Se separa de su familia, meses fuera de casa. «Sólo vuelvo los fines de semana para coger esas fuerzas que hacen falta, porque yo soy muy familiar. Y luego otra vez toda la semana solo, centrado en comer, dormir y entrenar». También de su padre, Vicente Barrul, ex campeón de España. Y mucho más que eso. En su barrio, Vicente, que compaginó su carrera con el trabajo «en el pladur y después en un matadero», que tuvo que superar un ictus, es un héroe. «De niño yo veía todo lo que había en el barrio. Muchas familias desestructuradas. Mi padre y mi madre siempre han sido luchadores de la vida. Él decidió montar un gimnasio para hacer una labor, para intentar devolver todo lo que le había dado el boxeo», relata de unos comienzos nada sencillos. «Nos metimos en una nave de patada, porque en ningún sitio nos alquilaban un gimnasio. No querían», relata de aquellos prejuicios, de las explicaciones de su padre: «¿Qué prefieres, ver a los niños, fumando, bebiendo, liándolas? Porque al final la juventud lo malo lo coge muy rápido, lo bueno le cuesta mucho». Finalmente les dejaron una pequeña sala en un polideportivo, «70 metros cuadrados llenos de ilusión y de amor». «Después, mi padre dijo: mejor pedir perdón que permiso. Cogimos todo el local, 300 metros».
Antonio Barrul y sus tres hijos.Peio García/ICAL leónMUNDO
El club presume de 12 campeones de España y de mucho más que boxeo. «Mi padre consiguió traer unos cuantos profesores de apoyo escolar. Dice que son ángeles, porque vienen voluntarios. Había mucho absentismo. Hicimos una pequeña fundación en la que los niños, antes de entrenar, tienen la obligación de hacer sus deberes y sus estudios. Si no, no pueden entrenar. Los niños, imagínate, enamorados del boxeo. Porque mi padre lo transmite no con disciplina, sino con amor. Y ahí estamos. Todos los barrios de León, allí paran. Es como un punto de encuentro. Algunos ni entrenan: se sientan, hablan, hacen sus deberes».
Pregunta. ¿A ti el boxeo también te ha apartado de otras cosas?
Respuesta. Al 100%. También conocí en el gimnasio a mi mujer. Y me cambió la vida. Porque solo pensaba en ella y en el boxeo. Si no, al final te descarrilas. Mucha gente cercana ha tenido problemas.
P. Sube al ring con la bandera gitana.
R. Hay que romper prejuicios. Hay personas buenas y personas malas, nada más. No se trata de razas, de etnias, de color de piel. Hay que mirar el corazón de la persona. Yo soy boxeador, mi hermano es enfermero. Tuvo un cáncer con 12 años, un linfoma, estuvo fatal. Cuando se recuperó, quiso devolver todo lo que habían hecho por él. Ahora trabaja en el hospital de León, es enfermero y es gitano. Yo soy boxeador, soy gitano, campeón de España. Mi padre tiene un gimnasio lleno de niños, hace una labor social. Es gitano. Claro que se puede. Y eso es lo que hay que hacer ver a las nuevas generaciones. Sólo hacen falta oportunidades.
P. Vio a su padre en un ring.
R. Los recuerdos de mi infancia son muy buenos. Vi a mi padre ganar su primer campeonato de España. En Valladolid, en 2005. Yo estaba nervioso. Recuerdo pedirle a Dios: 'Que gane mi padre, que gane mi padre'. Esos nervios no los he vuelto a sentir nunca.
P. ¿Ni cuando tú peleas?
R. No, no. A mí me gusta lo que hago. Me gusta subir al ring y enfrentarme con otro hombre. Y a ver quién es más fuerte, a ver quién es mejor.
P. ¿De niño boxeaba?
R. No tanto como mis hijos ahora. A mí lo que me gustaba era pelear. Me pegaba en el colegio todos los días, con quien fuera, siempre con los grandes. Todos los días estaba castigado. Como viera que abusaran de un amigo, ahí iba yo, pin pan. Así me hice fuerte.
P. ¿Cuándo tuvo claro que quería ser profesional?
R. Estuve hasta los 12 años haciendo gimnasia artística. Fui a cinco campeonatos de España, en uno quedé subcampeón. Pero mi padre abrió el gimnasio y ya era imposible que yo siguiera, porque mi amor hacia el boxeo creció de una manera mágica.
P. ¿Recuerda su primera vez en un ring?
R. Me subí, sonó la campana y pim, pum, pim, pum. No paraba de tirar golpes y gané por KO en el segundo asalto. Él ya tenía cuatro o cinco combates y yo ninguno. Pero sentía que era fácil. Cuando eres niño no tienes miedo.
P. Y ahora, ¿sientes miedo?
R. Quien diga que no tiene miedo es un mentiroso. Yo siento miedo, adrenalina, ganas de ganar, luchar por mi familia que está a pie de ring. Pero hay que controlarlo, porque sólo es deporte. Los golpes que más duelen son los de la vida.
Marco Bezzecchi se desquitó a lo grande en la carrera del domingo. Tras irse al suelo casi a última hora en la sprint race del Gran Premio de Estados Unidos, recuperó el liderato con un triunfo incontestable, justo por delante de un Jorge Martín que parece haber retomado definitivamente sus mejores sensaciones de antaño.
El madrileño se encaramó al segundo escalón, mientras que Pedro Acosta, quien firmó una gran salida pero acabó siendo superado por las dos Aprilia oficiales, tal vez con la sanción del sábado muy en mente, se aseguró esta vez sí el tercer puesto de una prueba en la que Marc Márquez logró un meritorio quinto puesto.
El de Cervera tuvo que cumplir una long lap por la caída protagonizada en la sprint race en la que se llevó por delante a un Fabio di Giannantonio cuya velocidad en los entrenamientos no acaba de verse correspondida del todo cuando hay una carrera en juego. La del italiano, pese a todo, fue la primera de las Ducati, por delante de un Marc que, quizás, habría deseado que la carrera durara un poquito más.
La pelea que firmó el vigente campeón del mundo con un Enea Bastianini siempre implacable con su KTM en el último cuarto de la carrera, a buen seguro, le permitió esbozar una sonrisa dentro del casco. Es verdad que aún no acaba de estar al cien por cien tras la lesión sufrida en la recta final del campeonato del año pasado. Pero también lo es que, con el parón hasta el Gran Premio de España, previsto para el fin de semana del 26 de abril, a causa del aplazamiento del Gran Premio de Qatar hasta noviembre, tiene tiempo para acercarse aún más a donde quiere estar.
Su compañero Pecco Bagnaia, segundo en la sprint race, no pudo repetir la buena actuación del sábado y tuvo que conformarse con la sexta plaza, mientras que Álex Márquez, al igual que su hermano, también parece estar acercándose poquito a poco a las sensaciones que tenía el año pasado. Fue séptimo.
Una de las grandes decepciones de la carrera la firmó un Ai Ogura que llegó a encaramarse hasta la cuarta posición en carrera, pero que tuvo finalmente que marcharse a los boxes antes de tiempo por problemas mecánicos en su Aprilia. En cuanto al resto de pilotos españoles, Raúl Fernández fue octavo, Fermín Aldeguer, undécimo, Álex Rins, decimoctavo y Joan Mir, por su parte, tuvo que retirarse a causa de una caída, algo que le ocurrió también al francés Johann Zarco.
El Valencia Basket se proclamó campeón de la Copa de la Reina al derrotar en Tarragona al Hozono Global Jairis por 70-65 en un partido en que tuvo que apretar los dientes para remontar un primer cuarto en el que las murcianas, vigentes campeonas, las pusieron contra las cuerdas endosándoles un parcial de 0-17. Ninguna de las jugadoras de Rubén Burgos, que este año ya vivieron el varapalo de verse fuera de la Euroliga antes de hora, se repusieron del aturdimiento que les provocó ese primer golpe y apretaron el marcador hasta ajustarlo y que se resolviera en el último cuarto y bajo su dominio, pero con un rival que vendió cara su derrota.
Recupera así Valencia Basket su supremacía al sumar siete de los últimos nueve títulos que ha disputado. Copa de la Reina es la segunda, después de sumar la primera en Huelva en 2024 tras superar al Perfumerías por 61-44. En aquel torneo, en semifinales, se rompió la rodilla Raquel Carrera, una de las jugadoras que ha sido clave para sumar el título este domingo en Tarragona, tanto como la MVP del torneo, la búlgara Khaalia Hillsman.
Este trofeo, el primero que lucirá en el Roig Arena, se suma a la Liga Femenina que conquistó en 2023, 2024 y 2025 y a las Supercopas de 2023 y 2024. Esta campaña, sin embargo, no arrancó bien para el equipo de Rubén Burgos, que perdió la Supercopa ante el Casademont Zaragoza por 68-79 y sufrió la decepción de la Euroliga.
Justo un año después de la histórica elección de Kirsty Coventry como presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI), éste, en la primera gran decisión ejecutiva desde la toma de posesión de la ex nadadora de Zimbabue, ha anunciado el veto en las competiciones femeninas a las mujeres trans, díganse transgénero o transexuales. Asimismo, las consideradas niñas desde su nacimiento que presenten más adelante variaciones genéticas no podrán competir junto a las mujeres biológicas.
La norma, sin efectos retroactivos, que entrará en vigor a partir de los Juegos de Los Angeles28, anula la anterior, que permitía desde 2021 a las distintas federaciones internacionales establecer sus propios dictados al respecto. Algunas, no obstante, como las de atletismo, natación, boxeo y esquí, ya se habían pronunciado en la línea establecida ahora por el COI.
Estaba tardando Lausana en tomar oficialmente partido por la protección de la categoría femenina. Una decisión basada en consideraciones médicas, estudios neutrales, datos imparciales y criterios técnicos sin contaminaciones ideológicas ni prejuiciales. Una medida avalada por la ciencia, exigida por la equidad, sostenida por el sentido común y respaldada por la objetividad frente al ímpetu de un feminismo desbocado que, por defender a unas pocas, castiga a la mayoría y dicta lo "políticamente correcto" (impuesto) en detrimento de lo fisiológicamente justo.
Al igual que entre los hombres, ya se encarga la Naturaleza por sí sola de establecer las diferencias físicas, anatómicas, orgánicas de las mujeres biológicas y colocar a cada una en su correspondiente lugar de la jerarquía deportiva. La Naturaleza es, a la vez, igualitaria y discriminadora con relación al completo reino animal. Especialmente, en la cima evolutiva, con la vida humana, que es la que le pone rostro, presta voz y otorga algún sentido. Nos reparte aleatoriamente en la cuna cartas de distinto valor, que tendremos que jugar lo mejor posible durante todo nuestro trayecto en el mundo. De algún modo están marcadas.
El COI ha abandonado por fin su equidistante ambigüedad, su medrosa tibieza, su acomplejada cautela y remite la autoridad de su decisión a una prueba cromosómica del gen SRY. Un test definitorio, definitivo al que someterse una única vez en la vida. No se necesita más. Nos viene de origen y se mantiene en destino. Practicado antaño, fue abandonado en 1999 entre la desaprobación de la comunidad científica y las críticas de las propias deportistas biológicas, víctimas de una discriminación impropia y que han visto también demasiados casos de hiperandrogenismo, el más célebre y polémico de los cuales llevó el nombre de Caster Semenya. Quienes lo sufren no tienen la culpa de sus efectos masculinizantes. Pero la inocencia original es incompatible con el ventajismo conferido.
Kirsty Coventry es mujer biológica, fue deportista de máximo nivel y preside el órgano supremo del deporte mundial. Conoce de primera mano el paño. Sabe lo que dice. Sabe lo que hace.
El niño quería ir a ver la Fórmula 1. El niño quería ir de verdad. Y no había manera de decirle que no.
Cuando tenía siete años, Kimi Antonelli se empecinó en ir a ver la Fórmula 1. Por entonces su padre, Marco Antonelli, dirigía un equipo de la Porsche Supercup y había semanas en las que ambas competiciones coincidían, así que el niño no paraba. «Llévame. Llévame. Llévame.» Tanto insistió que lo llevó a Hockenheim, lo metió en el interior de una pila de neumáticos, lo tapó con un paraguas y lo coló en el paddock. Por fin, ya era hora. Aquel fue el debut de Antonelli en la Fórmula 1 y hoy, 12 años después, con apenas 19, es el líder más joven de la historia del Mundial al encadenar dos victorias consecutivas.
Este domingo, en Japón, tuvo buena suerte al aprovecharse de un coche de seguridad para dominar a Oscar Piastri, Charles Leclerc y a su compañero, George Russell, que solo pudo ser cuarto. El Mercedes es muy superior y Russell se supone el favorito, pero si falla allí estará el adolescente Antonelli para aprovecharlo.
¿Por qué no está en Ferrari?
Es el destino lógico de un chaval formado en todos los aspectos para ser piloto de Fórmula 1, incluso para ser campeón de Fórmula 1. Nacido en Bolonia el 25 de agosto de 2006, se subió por primera vez a un kart con solo dos años, empezó a competir ya a los cinco y fue campeón de Europa antes de los 14. Su padre siempre ha explicado que quería que jugara al fútbol, pero lo cierto es que creció en circuitos como aquel Hockenheim primigenio. Marco Antonelli fue piloto y director de equipos de categorías como la Fórmula 4 o el Mundial de grandes turismos, y su hijo siempre estuvo a su vera, absorbiendo su pasión, creando la suya propia. Talento, además, le sobraba.
Según el progenitor, fue a los 10 años, al verle conducir en un Lamborghini en el circuito de Adria, cuando tuvo claro que el pequeño Kimi podría dedicarse al automovilismo. «Lo senté en mi regazo, pilotaba encima de mí e iba tan rápido como yo», recuerda Marco. Poco después, eso sí, llegaría una decepción.
EFE
¿Cómo puede ser que un joven italiano así nunca haya corrido en Ferrari? La explicación tiene guasa. Al empezar a sobresalir en los karts, Massimo Rivola, entonces responsable de la Ferrari Driver Academy, le convocó para una sesión de pruebas, pero poco después le retiró la invitación. «Dijeron que era demasiado pequeño, que ya habría tiempo», cuenta su padre. Mercedes estuvo atenta, incorporó al chico a su academia, y el resto es historia.
La defensa de Wolff
La progresión de Antonelli tuvo a partir de ese momento la frialdad de un plan bien ejecutado. En categorías de formación lo ganó prácticamente todo hasta que el año pasado saltó a la Fórmula 1. Con la marcha de Lewis Hamilton, Mercedes le entregó un volante por prescripción de Toto Wolff, defensor de Antonelli. En su primera temporada combinó errores con tres podios y recibió ciertas críticas. Pero este año es su año. «Era demasiado joven. Ponle en un equipo modesto. Necesita experiencia. Mira los errores que comete. Aquí estamos. Victoria», le decía Wolff por radio en Shanghái.
La Fórmula 1 ya tiene un nuevo prodigio, el chico tiene suerte y puede aspirar al título.
«¡No me lo puedo creer, no me lo puedo creer!», gritaba George Russell en el momento clave de la carrera en Japón. El líder de Mercedes acababa de pasar por boxes cuando Oliver Bearman se estrelló a toda velocidad contra un muro y obligó al coche de seguridad a salir a pista. Ahí se decidió la victoria. Kimi Antonelli, el compañero de Russell, todavía no había visitado el garaje y la aparición del safety car le condujo directo al éxito. El segundo triunfo de su vida. Su segundo triunfo consecutivo. A los 19 años, el prodigio italiano ya encabeza el Mundial de Fórmula 1 y, lo que es mejor para él, luce la suerte de los campeones.
Como ya ocurrió 15 días atrás en China, en el circuito de Suzuka todos los elementos se conjugaron para que Antonelli acabara en lo más alto del podio. Desde la pole, su salida fue nefasta —cayó hasta la sexta posición—, pero el talento y la fortuna le devolvieron a la cabeza. Fue mérito suyo el adelantamiento a Lewis Hamilton en la primera vuelta o el movimiento contra Lando Norris poco después. Fue el azar el que hizo aparecer el coche de seguridad en el momento exacto que le beneficiaba. En cuanto la carrera se reanudó, el italiano supo alejarse de sus perseguidores y cruzó la meta con más de 14 segundos de ventaja sobre el segundo, Oscar Piastri, y el tercero, Charles Leclerc.
¿Y Russell? El británico, absorbido por el grupo, desquiciado por su mala suerte y peleado con sus neumáticos, solo pudo terminar cuarto. Por primera vez esta temporada no hubo un doblete de Mercedes. La reaparición de los McLaren sazonó la competición y multiplicó el entretenimiento por detrás de Antonelli. En el grupo hubo de todo, aunque destacó la defensa de Leclerc contra Russell para conservar una posición en el podio.
ANDREW CABALLERO-REYNOLDSAFP
Viene un mes de parón en la Fórmula 1 por la cancelación de los Grandes Premios de Arabia Saudí y Baréin, y a la vuelta habrá más batalla entre los tres mejores equipos de la parrilla. Los Mercedes están por delante, sí, más con un piloto tan afortunado como Antonelli, pero los McLaren y los Ferrari han demostrado que pueden discutirles el liderato y, quién sabe, arrebatarles alguna victoria si aciertan con las evoluciones.
Alonso, en meta
El resto de escuderías está a un universo de distancia. El drama de Max Verstappen, que solo pudo acabar octavo, merece un capítulo aparte, igual que la actuación de los dos españoles. Llegaba Carlos Sainz de la alegría de haber puntuado en Shanghái y se topó de nuevo con la realidad de su Williams, que lo envió al decimoquinto puesto mientras su compañero Alex Albon encadenaba paradas en boxes sin cuento. Esta temporada parece condenado al grupo trasero del pelotón, rodando sin más, carente de objetivos.
Su único consuelo es que su coche es fiable, una máxima que no puede celebrar Fernando Alonso. A sus 45 años, el bicampeón del mundo aspira únicamente a ver la bandera a cuadros: esa es su condena. A la tercera fue la vencida, pero a qué precio. Para aguantar hasta el final, el asturiano no pudo arriesgar en la salida y se limitó a rodar en las últimas posiciones hasta el final. Con Albon y Valtteri Bottas por detrás, firmó la decimoctava plaza. Ni el parón parece que vaya a servirle para mejorar.
Cuando el mundo del golf se relamía ante el regreso competitivo de Tiger Woods, más de 600 días después de su última aparición, otro macabro suceso le ha llevado a ver la vida al revés desde el asiento de su todoterreno, volcado a pocos metros de su casa en Júpiter ( Florida). El pasado viernes, un par de horas después de sú último accidente, el sheriff del Condado de Martin, comunicó que Tiger estaba ileso, pero detenido. El sábado fue puesto en libertad bajo fianza.
El primer descenso a los infiernos del jugador llegó en 2009, cuando rompió una boca de riego mientras huía de su ex esposa, Elin Nordegren. En 2017, en Palm Beach Gardens, trascendió su primer arresto y unas virales imágenes de un Woods semiconsciente, incapaz de hilar una conversación coherente. El ganador de 18 majors dijo que llevaba en el cuerpo un letal cóctel de medicamentos, tranquilizantes y marihuana. El tercer incidente automovilístico, muy serio, llegó en 2021 por exceso de velocidad y destrozó por completo su pierna. Desde entonces, la pelea de Woods por volver a ser golfista ha sido muy intensa. En total, Woods ha disputado en estos seis años 11 torneos, donde sólo llegó a pasar tres cortes y nunca se acercó a un top-10. Tampoco ha competido en los últimos dos años y medio, encadenando lesiones en un cuerpo remendado con más de 20 intervenciones quirúrgicas. Woods lleva mucho tiempo conviviendo con el dolor, los analgésicos y ansiolíticos. Por eso, ya debería saber que este menú no marida bien con un volante de conducción.
El 30 de diciembre, Woods cumplió 50 años y los tigristas esperaban expectantes su retorno, aunque fuera en el Championship Tour, circuito reservado para los veteranos. Hace unos días hizo sus primeros swings públicos en la liga TGL indoor con simuladores de golf. Una pachanga artificial e iluminada que vieron un millón de espectadores por televisión en Estados Unidos. Una cita que sólo tuvo repercusión por la presencia del californiano. Un test poco convincente, pero suficiente para alimentar esperanzas de ver a Tiger Woods en el Masters de Augusta ( 9 de abril). «Lo estoy intentando», dijo entonces. Sólo unas horas antes del accidente, la altivez presidencial de Donald Trump anunciaba que Woods estaría en Augusta, pero no para jugar, sino para hacer, más o menos, una labor de imagen y relaciones públicas .
El accidente y sus consecuencias no favorecen que Woods aparezca por Magnolia Lane la semana del Masters de Augusta, sobre todo sabiendo que los rectores del torneo huyen de cualquier foco sensacionalista. No les gusta que nada desvíe la atención de la chaqueta verde y su majestuoso campo de golf. Independientemente de que jugara o no, Woods tenía previsto asistir a la cena de campeones y al acto de inauguración de un campo público que él mismo ha diseñado. ¿Estará Woods en el Masters? Los periodistas más allegados a él insisten en darle normalidad al asunto y, pese a las reticencias de Augusta, apuestan que Woods se paseará por la casa club, aunque sin palos de golf. Al parecer, la decisión de acudir de este modo ya la habría tomado antes de producirse el accidente.
Muchos también se preguntan cómo puede afectar este nuevo incidente a sus responsabilidades fuera de los campos de golf. Consciente del ocaso de su carrera, Woods ya se había afanado en los últimos tiempos en acumular poder dentro del deporte. Brian Rolapp, nuevo comisionado del PGA Tour, le creó un cargo de ejecutivo como vicepresidente de PGA Tour Enterprises, con la misión de crear una nueva estructura para el golf americano. En eso ocupaba su tiempo hasta ahora Tiger, haciendo borradores de calendarios, marcando reuniones con jugadores, patrocinadores...
Mientras tanto, deshojaba la margarita sobre si ser o no el capitán americano en la Ryder Cup de Irlanda en 2027. No es una edición cualquiera, la del centenario, en casa de su gran amigo el multimillonario irlandés JP McManus, que invitaba a Woods a pescar todos los veranos. En la decisión de Woods también debería pesar ser un revulsivo que dé la vuelta al dominio europeo de los últimos años. La derrota de Nueva York en 2025 sigue aún escociendo en el cuartel general de la PGA de America. Todos quieren que Tiger dé un paso adelante y asuma la responsabilidad, pero últimamente se hizo de rogar, aduciendo que tenía que chequear la compatibilidad de sus nuevos quehaceres con el PGA Tour con ser capitán. Woods mandaba y el resto esperaba. Pero lo ocurrido el pasado viernes puede trastocar todo, dado que su popularidad ha sufrido un duro golpe. Tiger enreda su propio destino.