Recorrer el túnel de vestuarios de Villa Park es encontrarse de frente con un pasado glorioso que, durante años, intimidó a jugadores y entrenadores, pero que desde noviembre de 2022 es un impulso, un reto, un objetivo. El Aston Villa fue campeón de la Copa de Europa en 1982 ganando al Bayern de Múnich (1-0) y hay una generación que no recuerda ver a su equipo campeón. Han pasado 44 años de aquella final y 20 de la última Copa de la Liga inglesa, una travesía en el desierto, con descensos , amenazas de quiebra y ascensos que acabó en noviembre de 2022 con la llegada de Unai Emery.
El técnico vasco, Mr. Europa League por los cuatro títulos y las cinco finales que ha disputado, ha vuelto a hacer brillar el nombre de los villanos en Europa y, ante el Friburgo en Estambul, lograr que vuelvan a ser campeones. No se fía de los alemanes ni le gusta la condición de favorito, aunque no tiene más remedio que asumirla. «Es un desafío. Tenemos confianza, pero si no respetamos al Friburgo estaremos cerca de perder», advirtió en las tripas del estadio del Besiktas antes de su sexta final.
En los últimos meses, ha apartado la lectura de libros de psicología deportiva y se ha lanzado al ajedrez. Partidas cortas, de tres minutos online, que le permiten ejercitar la concentración. «Me sirve para entender el fútbol, porque un error te puede costar la partida», explica. Y repite una frase que intenta que cale en sus jugadores. «Ante un equipo que puede ser inferior, la concentración es esencial. Porque si cometes un error, te ganan», insiste el vasco, a quien lo peor que se le puede decir es que su equipo carece de identidad o que «no se sabe a lo que juega». No es el caso del Aston Villa, anclado en jugadores como el Dibu Martínez, Douglas Luiz, McGinn, con el brazalete, Buendía y Oliver Watkins.
El capitán y Tyrone Mings aún recuerdan el playoff de ascenso a la Premier en 2018. «Ha sido un viaje brillante, con altibajos, incluso cerca de volver a descender. Es un momento de orgullo para mí», confesó el escocés, a quien Emery le retó para que marcara al menos diez goles y lo ha logrado. «Espero que pueda llegar el 11 o el 12 en la final», bromeó.
A Unai no le gustan los halagos, se protege de ellos porque anticipan críticas, pero es imposible esquivarlos en Birmingham. Ha conseguido una comunión con la afición a base de trabajo, esfuerzo y resultados. En los primeros meses, regresó a las competiciones europeas, a la Conference League, donde se quedó en semifinales con el Olympiacos, pero ya había logrado colarse entre la élite de la Premier y poner un pie en la Champions. En la máxima competición, el rendimiento fue notable, pero se cruzó con el PSG en cuartos de final. La diferencia de goles en una Premier desquiciante le privó de volver a intentarlo, pero la Europa League le da revancha y le permite seguir la progresión marcada.
Justo lo que Nassef Sawiri y Wesley Edens, los magnates egipcio y americano propietarios del club, buscaban cuando sacaron a Emery del Villarreal. «Estaban atraídos por los éxitos en Europa, por la capacidad para superar eliminatorias del KO y para construir equipos competitivos», confesaba el entrenador en los primeros meses. Le dieron plenos poderes para «organizar y estructurar» toda la parcela deportiva. Hasta reorganizó la ciudad deportiva de Boodymoor Heath. Todo lo que se esperaba de él lo ha logrado. Emery se ha convertido en uno de los mejores técnicos, rodeado de un equipo de confianza que le fortalece, desde el director de operaciones, Damià Vidagany, su mano derecha, hasta Paco Ayestarán como segundo entrenador o Roberto Olabe como director de fútbol desde que, a principios de temporada, Monchi dijo adiós.
¿Por qué tiene un idilio con la Europa League? «Porque es la competición que más ha jugado», recuerdan desde su entorno, sin dejar de recordar que con el Villarreal llegó a semifinales de Champions, y cayó ante el Liverpool, y con el PSG fue eliminado en octavos ante Real Madrid y Barça, «no sin polémica arbitral», insisten.
Si Emery es reconocido por su meticulosidad para desactivar rivales, sus esfuerzos se centran tanto o más en la fortaleza mental. Eso es lo que pide a sus jugadores antes de jugar esta final: «Necesitamos ser maduros y responsables. Hemos construido esa mentalidad durante toda la temporada, por eso estamos aquí», advirtió. Desde que cambió las botas por el banquillo en el Lorca, su ambición técnica y táctica ha ido de la mano del trabajo para crear grupos capaces de mejorar también en ambición. «Desde que empecé a hacer los cursos de entrenador, leía mucho al argentino Marcelo Roffé, y he tenido presente mucho de lo que dice. Jugarán las emociones y habrá presión, pero tiene que ser positiva», confesaba.
Ha llegado y enfocado el deseo de sus jugadores… y de sus fans. «Sin límites para nuestros sueños», rezaba la pancarta con que le recibieron los villanos en el primer partido de esta temporada en Villa Park ante el Newcastle. Bajo el cielo de Estambul, pueden hacerlos realidad.






