El Club Argentino, el equipo de los hermanos de Julián Álvarez que revoluciona el fútbol regional madrileño: “Acá venimos a ganar, no a jugar entre amigos”

El Club Argentino, el equipo de los hermanos de Julián Álvarez que revoluciona el fútbol regional madrileño: "Acá venimos a ganar, no a jugar entre amigos"

Una bandera celeste y blanca con el mapa de las Malvinas, el Oso y el Madroño y una leyenda: «Granadero». Arriba, en las gradas, una mini «barrabrava» con 20 integrantes, quienes, acompañados por el bombo, cantan: «Fumando porro y tomando vino, el que no alienta al Grana, ¿para qué carajo vino?». En el resto de las gradas otros cientos de aficionados, sentados pero siguiendo el juego con intensidad, con decenas de mates, y vistiendo camisetas de Boca, de River y del mismo Club Argentino, el equipo al que vinieron a alentar este domingo por la Liga Regional de Madrid, la séptima categoría del fútbol español.

En el campo del Vallecas CF, donde el Grana hace de local, hay una victoria por 2 a 0 con dos goles de argentinos (Lucas Appiolaza y Pity Valdivia) ante el Rivas FC y tres puntos de oro para la ilusión del ascenso. Entre los que visten la camiseta azul oscura se encuentra Rafael Punchi Álvarez, hermano de Julián, el crack del Atlético de Madrid. Entre las ausencias, otro de los hermanos, Agustín Turrón; y uno de los hijos del Cholo Simeone, Gianluca. Son algunos de los nombres conocidos de un plantel conformado, de a mitades, por argentinos y españoles, más un colombiano, un italiano y un uruguayo, ninguno de ellos profesional.

«La idea fue empezar un club con nuestra idiosincrasia y nuestra identidad. Y en esta competencia se nos va la vida porque tenemos la intención de crecer y llegar a jugar en primera», cuenta, antes del partido, el presidente y fundador de la institución, Adrián Varela, que inició el proyecto hace dos años y medio después de ejercer como director del Club Deportivo Guadalajara. «Acá venimos a ganar, a construir una pasión, a construir una historia, no venimos a jugar entre amigos. Por eso muchos chicos fueron quedando en el camino», destaca Varela, que antes de emigrar a España fue dirigente de River y funcionario político del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

El Granadero ganó 2 a 0 ante el Rivas FC y sueña con el ascenso.Ángel Navarrete

El Presi, que sigue el partido a pie del campo, dice que la idea de fundar el club surgió a partir de tomar conciencia de la gran cantidad de argentinos emigrados a España. Y tomó como inspiración al Club Deportivo Español, que fue fundado en 1953 por inmigrantes españoles en Buenos Aires y llegó a jugar 15 temporadas en primera división. En ese marco, Varela reconoce que hay cierta percepción de «prepotencia» por parte de los rivales en la categoría: «Se nota que nos vienen a buscar con ganas».

Pero esa intensidad competitiva generó incomodidades puertas afuera y adentro del nuevo club. El equipo comenzó en su primer año con jugadores españoles y, cuando empezaron a llegar los argentinos, hubo un impacto cultural. Así lo cuentan los jugadores y el entrenador antes de salir al campo. «Era muy polémico, chocábamos mucho, en estas categorías nosotros veníamos a jugar entre amigos y ya está», admite Daniel Platero, madrileño de 21 años, que forma parte del plantel desde su debut.

El primer argentino fue Gonzalo Carroza, porteño de 35 años, ex profesional en el fútbol playa y actual administrativo en un comercio. Se enteró de la existencia del club y se ofreció. «Yo si no juego en el Argentino, me quedo en mi casa, no me interesa otro club», enfatiza. Pero describe un comienzo complicado: «Al principio llegué con toda la arenga y no cayó muy bien. Y el segundo partido que jugué me expulsaron por un cachetazo a un rival y me suspendieron seis fechas».

Decenas de mates en las gradas del ‘Granadero’.Ángel Navarrete

«Pero luego el club fue creciendo, el vestuario se hizo uno, ascendimos y nos terminamos contagiando de su pasión», concluye Platero. Óscar Melendez, también español, de 26 años, dice en los clubes previos en los que jugó estaba acostumbrado a una afición reducida «y que te anima de forma paternal». «Pero ahora que venga tanta gente y con tanta pasión está muy bien, es algo que solo tenemos nosotros», apunta, sobre unas gradas que pueden llegar a tener 600 «hinchas», una marca inédita para la categoría.

El equipo se hizo conocido en la comunidad de argentinos en las redes sociales en 2025 y la llegada de los hermanos de Álvarez, con las habituales visitas de «La Araña» para ver los partidos junto algunos de sus compañeros colchoneros, le dieron al club otra visibilidad (tiene 280 mil seguidores en Instagram). «Jugar acá es prácticamente como estar en Argentina», destaca Rafa Álvarez. Y agrega: «Hubo que combinar un poco de los dos: el juego español y la pasión argentina y tratar de que todo fluya lo mejor posible».

Rafael Álvarez, uno de los hermanos de Julián, lleva la 10 del Club Argentino.

El entrenador, responsable del ascenso del año pasado, se llama David Sánchez y es policía en Madrid. Tuvo que poner en juego su autoridad para ordenar ese vestuario complejo. «Hablamos con los argentinos para que bajen un pelín las revoluciones y con los españoles para que se comprometan más», cuenta. «También los argentinos tuvieron que adaptarse al juego español, que no tiene tanto contacto como el de allí, porque acumulamos demasiadas amarillas. Los árbitros nos han cogido la matrícula», agrega.

El espíritu combativo parecer estar inscripto en el ADN del club, que se apoda Granadero en honor al regimiento conformado en 1812 por el General José de San Martín para pelear en las guerras de la independencia argentina ante el ejército realista. Los jugadores españoles del equipo desconocen que la camiseta que sudan a muerte imita al uniforme de esa escuadra, que garantizó la emancipación de Argentina, Chile y Perú de la Corona española.

El presidente dice que cada vez hay más gente que él no conoce en los partidos y que es «maravilloso cómo el club toma vida propia». En las gradas, entre tintos y cervezas, el grupo del bombo y las banderas que encabezan Juan Pablo y Rodrigo (y que ya tuvo algunas advertencias por su comportamiento), se queja: «No podemos putear (insultar), no podemos hacer nada, solo alentar. De visitante incluso a veces no nos dejan atar las banderas». Allí, entre porteños, rosarinos y marplatenses, resuena el acento español de Martín, de Toledo: «Vine a un partido con un amigo y cuando vi cómo viven el fútbol los argentinos me gustó mucho más, y ahora vengo siempre».

kpd