Lo bueno de los Atlético- Barcelona es que son como un huevo kinder, nunca sabes qué sorpresa va a salir. Lo que sí, es que siempre hay, y esta vez fue de la buena... para los colchoneros. De la que sale una vez cada mucho, aunque el partido fuera un calco al de la Cartuja ante el Betis. Pero los de Simeone sabían que ésta era la última bala del cargador. Con la que no podías fallar. Y así se tiraron a pecho descubierto ante el equipo más goleador de España. Y salieron victoriosos y no por poco. El vendaval de Cataluña vestía de rojiblanco. Fueron cuatro, pero pudieron ser más. [Narración y estadísticas, 4-0]
Mantuvo el Atlético los acordes de Thunderstruck al inicio del encuentro en el Metropolitano. Presión alta y rock and roll. No habían pasado tres minutos y Joan García ya había tenido que intervenir en dos ocasiones una ante un aún deprimido Julián Álvarez y luego salvó un mano a mano de Giuliano tras un pase maravilloso de Griezmann. Quizás el delantero lo pudo hacer mejor, aunque acertó el portero culé.
Sin embargo, desde que su nombre tiene ecos de selección, parece que el catalán ha perdido su aura. El error en el primer gol del Atlético fue de infantiles. El guardameta intentó controlar un pase atrás de Eric con el pie demasiado elevado y el balón le pasó por debajo hasta entrar manso en la meta. La remachó por si acaso Lookman, pero la pelota había traspasado completamente la línea.
Da gusto cuando los equipos juegan u olvidan que hay partido de vuelta. El Atlético lo hizo. Fue a matar o morir. Y no terminaba la grada de celebrar el primer tanto cuando ya se elevó para gritar el segundo. Una contra de cinco pases, cada uno mejor que el anterior, hasta que el balón llegó a los pies de Griezmann. El francés embocó su putt en el segundo palo de Joan García, que sólo pudo mirar y admirar.
Griezmann emboca un disparo ante Joan.OSCAR DEL POZOAFP
Lo increíble de todo ello es que, entre gol y gol, el Barcelona y Lamine amenazaron seriamente a Musso, pero el argentino y la defensa rojiblanca salvaron in extremis. Sin embargo, fue el larguero el que salvó el remate de Fermín tras un córner. No había tiempo ni para un parpadeo. Griezmann respondió al larguero con un disparo que atrapó Joan García y después Julián siguió con su hastío con un remate tras otra gran jugada a la contra que salvo Koundé.
Pese a las amenazas del Barça, era el Atlético el que golpeaba, como un martillo. A la contra o en combinación. Saben eso de Dr Jeckyll y Mr Hyde que mostró contra el Betis, pues en esta semifinal comenzó como el famoso doctor de Robert Louis Stevenson. Los culés, incluso, debían recurrir a duras faltas para parar el vendaval como una naranja que le hizo Casadó a Giuliano. La espalda de las bandas barcelonistas eran autopistas para el despegue del argentino y Lookman.
Fue el nigeriano el que encontró el tercero tras otra contra de banda a banda de los rojiblancos. Flick se metía en el banquillo desesperado para meter poco después a Lewandowski por Casadó y Simeone corría como loco por la banda para celebrar como el estadio. Una carrera como las que estaban protagonizando sus dos extremos. Absolutamente imparables para Balde y Koundé.
100 días después
Y cuando moría la primera mitad, y cuando parecía que Julián se sentaría de nuevo con cara de circunstancias. El argentino alojó un pase de Lookman en la escuadra de Joan. Cuatro al descanso. 45 minutos soñados. El ejercicio coral no tuvo respuesta, faltaba medio tiempo, pero si el Atlético no encajaba se vería en la final de La Cartuja.
No hay palabras sobre el Barça, porque los culés no mostraron apenas esa versión apisonadora que muestran en la Liga. Aunque amenazaron al inicio del segundo tiempo con un tanto de Cubarsí que el VAR, con un suspense exagerado, en torno a cinco minutos, terminó anulando. Por el Metropolitano sólo apareció la sombra de Lamine, que no Lamine. Y, aunque los blaugranas dominaron la pelota, los rojiblancos disfrutaban al espacio. El duelo terminó al descanso para unos y para otros. Y mejor para el Barça, que aún perdió a Eric a cinco minutos del final. Pudo tener el consuelo de un gol, pero el cabezazo de Lewandowski salió fuera. La Cartuja se toca con los dedos.
La selección española de fútbol se enfrentará a Croacia, Inglaterra y República Checa en primera ronda de la Nations League, según deparó el sorteo celebrado en Bruselas, en el marco del 50º Congreso de la UEFA.
La Roja, vigente campeona de Europa y finalista ante Portugal en la última edición de la Nations League, se volverá a ver las caras con los Three Lions, a los que derrotó en la final de la Eurocopa 2024. También jugará contra Croacia, a la que se impuso en la final de la competición en 2023.
Portugal se medirá con Dinamarca, Noruega y Gales, mientras que los rivales de Francia serán Italia, Bélgica y Turquía. Alemania, Países Bajos, Serbia y Grecia completan el otro de los cuatro grupos de la Liga A.
La competición arrancará el próximo septiembre, después del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá. Los dos primeros clasificados de cada grupo disputarán los cuartos de final, a finales de marzo de 2027.
El futbolista Thomas Partey, ahora en el Villarreal, ha sido acusado en un juzgado de Londres de dos nuevos cargos de violación, que se suman a los cinco cargos de violación y uno de agresión sexual que ya pesaban sobre el jugador desde el pasado julio.
Estos dos nuevos cargos parten de una nueva víctima que denunció los hechos el pasado agosto.
En total, Partey está acusado de siete cargos de violación por parte de tres mujeres y de agresión sexual por una cuarta.
El jugador se declaró no culpable de los primeros cargos en una vista que tuvo lugar en Londres en septiembre y quedó en libertad bajo fianza a la espera de los siguientes pasos en el proceso.
Partey tendrá que comparecer en un tribunal de Londres el próximo 13 de marzo sobre estas nuevas acusaciones.
Cuando Partey fichó por el Villarreal lo hizo en condición de agente libre y siendo ya conocidas estas acusaciones. El futbolista acabó contrato con el Arsenal y las acusaciones salieron a la luz cuatro días después.
La Real Sociedad le pasó la mano por la cara al Athletic en San Mamés, con un fútbol de altos vuelos que le deja a un paso de la final de La Cartuja. El equipo de Matarazzo concretó su superioridad con el gol de Turrientes, superada la hora de juego, confirmando su formidable estado de forma, con nueve partidos seguidos ya sin conocer la derrota. [Narración y estadísticas (0-1)]
La prudencia guio los primeros pasos del Athletic tanto como sus propias dificultades creativas. El balón no circulaba entre sus centrocampistas y volantes, que lo acarreaban a trompicones. De modo que tuvo que ser Lekue, un lateral no precisamente ducho en tales fines, quien dejase la única pincelada. Regate en un palmo de terreno, centro preciso desde la derecha para el cabezazo duro de Guruzeta, a las manos del portero.
La Real, en cambio, sí tenía un plan prestablecido, con una naturalidad asombrosa para hacer vertical su fútbol. Soler puso sobre aviso, con un disparo a la media vuelta desde el balcón del área, aunque la mejor ocasión fue servida por Guedes, profundizando para la carrera de Pablo Marín. En su duelo frente a Padilla, el canterano txuri urdin, apuntó a la cabeza del portero, que se sacudió el peligro como mejor pudo.
Sin revisión en el monitor
Uno los avales de la Real, aparte de sus ocho partidos sin derrota, era su fantástica actuación en ese mismo escenario hace apenas 10 días, truncada por la inexplicable roja a Brais Méndez. Aun sin los lesionados Kubo, Sucic y Barrenetxea, su caudal ofensivo volvió a crecer por encima de los diques rojiblancos. Guedes, desde la izquierda, desarbolaba a Lekue. Poco antes del descanso, el portugués sirvió desde ese mismo lado un libre directo hacia la frente de Jon Martin, pero Padilla volvió a interponerse, tan efectivo como poco académico.
Tenía el partido por la mano el equipo de Matarazzo, gracias a también la infinita sabiduría de Oyarzabal. En un par de toques del capitán cabía todo el fútbol de la noche. Un disparo de Turrientes, repelido por Laporte, prologó la acción más discutida de la noche. Una mano de Laporte en el área, tan clamorosa como interpretable. Al menos para Sánchez Martínez. Casi cinco minutos anduvo dando vueltas al asunto el árbitro con su colega Melero López en el VAR. Y ni siquiera se acercó al monitor para revisar si se trataba de una acción voluntaria.
Bien pudo agradecer el Athletic tanta confusión, porque antes del descanso, Rego vio al fin una diagonal de Iñaki Williams. A ese disparo sencillo para Remiro hubo que añadir una trifulca entre Adama y Aramburu. Entre tanto trajín se enmascaraban mejor las carencias rojiblancas.
Aramburu, ante Robert Navarro.AFP
Dominaban tanto los donostiarras que el descanso suponía para ellos todo un engorro. Así que cuando al fin pudieron reiniciar el juego, Turrientes comandó otra ofensiva con la autoridad de un mariscal. Fue una jugada asombrosa, con el centro de Sergio Gómez desde la izquierda, el remate de Oyarzabal y la aparición milagros de Padilla. No salía de su campo el Athletic. No le llegaba la camisa al cuello a Valverde, que metió cuatro cambios de una vez.
Nico Williams, Ruiz de Galarreta, Selton y Nico Serrano, si de algún modo podrían ordenarse en cuestión de importancia y necesidad. Precisaban calidad, clarividencia, frescura y piernas los locales, pero la suerte de un partido no varía con un simple golpe de timón. La Real era tan superior que sólo necesitaba la puntada final.
Guedes avisó con un disparo de esos que le valieron fama mundial en el PSG y el Valencia. Turrientes, poderosísimo, detectó una indecisión entre Jauregizar y Ruiz de Galarreta para montar la acción del 0-1. Un robo, el pase monumental de Soler hacia Guedes y la llegada del propio Turrientes donde se espera a los cracks.
Con media por delante, el Athletic sólo podía apelar ya a sus ancestrales vínculos con la Copa. Si la Real bajaba la guardia, allí lanzarían sus fauces Los Leones. Un saque de esquina, un coletazo de Nico Williams, cualquier recurso parecía bueno vista su inferioridad. Tan crecido andaba Matarazzo que no dudó en dar minutos a Odriozola, cargado con una amarilla por sus festejos en la banda tras el 0-1.
El 19 de abril de 2021, Real Madrid, Barcelona, Atlético, Milan, Arsenal, Chelsea, Inter, Juventus, Liverpool, Manchester City, Manchester United y Tottenham anunciaron la creación de una nueva competición de clubes en Europa: la Superliga. Una alternativa a la Liga de Campeones liderada por el conjunto blanco y en la que su máximo mandatario, Florentino Pérez, aparecía como primer presidente. Casi cinco años después (58 meses), ese proyecto que empezó con 12 clubes se ha diluido hasta la soledad del Madrid, abandonado mediáticamente por los ingleses en las primeras horas de la guerra con UEFA, por la Juventus más adelante y por el Barcelona esta misma semana. En su batalla judicial contra el organismo de Alexander Ceferin, Florentino y el Madrid encontraron este miércoles una paz que, en plena vorágine bélica, suena en parte a rendición.
Una bandera blanca judicial y mediática conseguida tras ir perdiendo aliados y tras nueve meses de conversaciones, presiones y amenazas, en la que los blancos han decidido poner en pausa su reclamación de 4.000 millones de euros por daños y prejuicios y que está condicionada a que «se implemente un acuerdo definitivo», según el comunicado a tres bandas emitido ayer por el Madrid, la UEFA y la Asociación de Clubes (EFC). Un texto, unos últimos meses y un futuro acuerdo que hay que analizar al detalle.
En la comida de Navidad con los medios de comunicación, celebrada el pasado diciembre en Valdebebas, Florentino aseguraba que «no vamos a renunciar a los cuantiosos daños y prejuicios que nos debe la UEFA por la Superliga. Vamos a reclamar». ¿Qué ha cambiado?
Mesa de negociación
En el momento de ese discurso, en el que seguía manteniendo las armas en alto, el presidente del Madrid ya se sentaba en una negociación a tres bandas con Ceferin y Al-Khelaifi para tratar de llegar a un punto de encuentro en este lustro de trincheras. Incluso el Madrid felicitó al PSG y a su presidente por la Copa Intercontinental conquistada por los franceses a final de año. Mensajes que ahora cobran especial sentido.
Esa mesa de negociación, en la que no ha estado presente Joan Laporta ni ningún representante del Barcelona, ha sido el punto de inflexión para lograr una paz que hace tres meses parecía imposible. Y es que durante todo 2025, representantes del Madrid, de la Superliga y de la UEFA se reunieron sin éxito en ocho ocasiones en mitad de las sentencias judiciales. Anas Laghrari, hombre de confianza de Florentino, y José Ángel Sánchez, director general del club, fueron las voces del Madrid, mientras que Teodoro Teodoridis, secretario general de la UEFA, representó al ente de Ceferin y Bernd Reichard, como CEO, a A22. No hubo acuerdo.
Mientras, los juzgados daban la razón a los intereses del Madrid, aunque el club seguía mediáticamente solo en esa batalla. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) y la Audiencia Provincial de Madrid publicaron sentencias que confirmaban el «abuso de posición dominante» de la UEFA al no permitir la creación de nuevas competiciones. Dos sentencias que abrían la posibilidad a una demanda multimillonaria. Ya no se hablaba de la Superliga, sino de dinero.
AP
Así que el 21 de noviembre, A22 inició los trámites para las demandas por daños y prejuicios, que podrían alcanzar los 4.000 millones de euros. En mitad de dicha mediación, los representantes en la mesa de negociación cambiaron. Ya no eran segundos espadas y sí los máximos responsables: Florentino, Ceferin y Al-Khelaifi. A la UEFA no le compensaba ni una posible multa ni una guerra constante contra el Madrid, y los blancos, asumido ya que su nueva competición no se iba a crear, no podían estar constantemente aislados y en pelea con la mayoría de las instituciones.
"Un acuerdo de principios"
Así se ha llegado a ese «acuerdo de principios», como se dice en el comunicado, una extraña definición usada y anunciada para que el Madrid ponga en pausa la reclamación millonaria y detenga las trincheras mientras sigue la mesa de negociación. «Hasta que lleguemos a ese acuerdo, no se renuncia a nada. Todo está condicionado a ese futuro acuerdo», admiten en el Bernabéu, aunque de puertas para fuera la imagen es otra.
Fuentes consultadas por este periódico en la UEFA, en el conjunto blanco y en A22 admiten que ahora se abre «una nueva ventana de diálogo». Una nueva mesa de negociación, pero dentro de la burbuja de la UEFA y no en la trinchera. Ahí, y ya sin la pretensión de crear una competición pero con la multa en el horizonte, desde Chamartín quieren que UEFA sea «mucho más dura» en el Fair Play Financiero, que «mejore» el actual formato y que la competición se emita a través de una plataforma de streaming accesible para todo el mundo, gratuita o a bajo precio, como la usada en el Mundial de clubes. Lo mismo que han querido estos meses cuando la Superliga, todavía herida, seguía viva.
Pero todos estos cambios, se realicen o no en un futuro, ya serán parte de la Champions, no de la Superliga. «Sin la presión del Madrid la Champions no hubiera cambiado», insisten en Valdebebas, pero la toalla de la Superliga está en el suelo.
La paciencia es la clave del éxito. Así se lo ha recalcado Hansi Flick a un Marc Bernal (Berga, Barcelona, 2007) que estrenó la larga lista de canteranos que el técnico germano ha llevado desde las categorías inferiores hasta el primer equipo azulgrana. Debutó como titular en partido oficial con 17 años y 84 días en el estreno de la Liga en la temporada 2024-25, nada más y nada menos que contra el Valencia, en Mestalla. Y, de hecho, se mantuvo en el once en los dos duelos siguientes, frente al Athletic, en Montjuïc, y contra el Rayo, en Vallecas. En este último encuentro, todo se torció de repente: una acción fortuita con Isi Palazón le provocó una gravísima lesión de rodilla que, de hecho, lo tuvo lejos de los terrenos de juego algo más de un año.
En la Liga, el entrenador ha ido contando con él con cuentagotas. Por eso, con la llegada del mercado de invierno, se multiplicaron los rumores sobre una posible salida para que sumara minutos. El Girona e, incluso, conjuntos como el Ajax o el Galatasaray sonaron como posibles destinos. Pero Flick le instó a que se olvidara de eso y se centrara en ir poco a poco, día a día. Y, al final, tuvo un premio sonado.
El pasado sábado, marcó su primer gol oficial con el primer equipo azulgrana, nada más y nada menos que en el Spotify Camp Nou, tras una larguísima conducción y una definición que firmaría cualquier goleador de postín. «Cuando he marcado, he pensado mucho en el año pasado, en lo mal que lo pasé. Para mí, es una satisfacción muy grande, y también lo es para mi familia. Me he acordado mucho de ellos», confesó tras el pitido final.
«Que le pregunten al Madrid»
En la Liga, por ahora, no ha tenido muchos minutos. Tampoco, en la Champions. En ambos casos, lo más que ha jugado fueron 45 minutos, frente al Alavés, en el torneo de la regularidad, y contra el Copenhague, en Europa. En la Copa del Rey, en cambio, las cosas han sido muy diferentes. Ahí sí que ha podido tener más continuidad. Siempre, arrancando como titular y yendo de menos a más en cuanto a minutos de juego. En los cuartos frente al Albacete, por ejemplo, estuvo más de una hora sobre el césped.
Una progresión que invita a pensar que, quizás, en el encuentro de ida de las semifinales ante el Atlético, puede repetirse la historia. Aparentemente, el primer rival de gran entidad, tras dejar fuera al Guadalajara, al Racing y al conjunto manchego. Algo que, a decir verdad, no le parece del todo cierto a Flick. «Que le pregunten al Real Madrid», espetó el germano, quien no podrá contar para este encuentro ni con Raphinha ni con Marcus Rashford, baja por unas molestias en la rodilla izquierda.
La ya conocida ausencia de Pedri podría cubrirla Bernal. Flick no se cansa de decir que le encanta La Masia. Y lo demuestra con hechos. No en vano, han propiciado el debut en el primer equipo, ascendiendo desde las categorías inferiores, de ocho canteranos más: Gerard Martín, Sergi Domínguez, Andrés Cuenca, Toni Fernández, Dani Rodríguez, Jofre Torrents, Dro Fernández, ahora jugador del PSG, y Tommy Marqués, quien se estrenó el pasado domingo y, por ahora, es el último de una lista que es muy posible que siga creciendo.
Nico Williams, titular esta noche en el derbi vasco de semifinales de Copa del Rey, es el nombre propio de la temporada en el Athletic Club y uno de los futbolistas a los que se sigue más de cerca en la Federación Española de Fútbol. En Bilbao por su salario, renovado al alza en verano, y por un curso que se ha puesto cuesta arriba por la eliminación en Champions y por la irregularidad en Liga. Y en Las Rozas por la preocupación de cara al próximo Mundial. Siempre con el nombre de Nico pegado al de una lesión que da miedo a los futbolistas por su difícil solución: la pubalgia, cuyo único tratamiento suele ser el descanso.
El delantero lleva jugando con dolor en la zona de la ingle desde el final de la temporada pasada. Se exprimió para acompañar al Athletic a puestos Champions después de ser parte de la España campeona de Europa, pero este curso los dolores han ido a más hasta el punto de condicionar su día a día y de permitirle disputar sólo una vez dos partidos completos de manera consecutiva: en diciembre, contra el Atlético en Liga y el PSG en Champions. En los demás, o se ha quedado en el banquillo o no los ha terminado.
De hecho, sólo ha podido disputar tres de los ocho encuentros de la liguilla de Champions, una ausencia clave en el devenir de los rojiblancos, y en Liga sólo ha jugado tres partidos completos sumando cuatro goles y tres asistencias, números que están lejos de lo que aportaba en años anteriores (5 y 13 en el curso 23-24, por ejemplo).
Renovación por ocho temporadas
Por si fuera poco, la situación se ha complicado todavía más, obligando al Athletic y al futbolista a elegir las 'guerras' en las que debía pelear. No jugó en las semifinales de la Supercopa contra el Barça, pero sí una semana después en Copa contra la Cultural. Jugó ante el Mallorca en Liga, pero paró contra el Atalanta en Champions antes de salir media hora ante el Sevilla, donde sintió bastante dolor, para volver a quedarse fuera en Europa en el decisivo duelo ante el Sporting de Lisboa. Tres días después, fue titular en el derbi vasco de Liga, participó 20 minutos en Copa contra el Valencia y recuperó la titularidad en Liga contra el Levante.
Ernesto Valverde ha ido dosificando al futbolista y a sus dolores dentro de una situación que trae de cabeza al jugador, a su entorno, al club y a los preparadores que han trabajado y trabajan con él. Un día a día problemático en la que hay demasiados intereses cruzados. El Athletic, que paga su sueldo y que le renovó en verano por ocho temporadas más a razón de diez millones por curso, le necesita más que nunca, y Nico se ve en la obligación de ayudar hasta el límite a pesar de que en condiciones normales, que no son las actuales, lo ideal sería parar durante varias semanas e incluso haber pasado por el quirófano antes.
Pero eso, claro, sería no pensar en el presente, algo que el Athletic, 10º en Liga con seis puntos sobre el descenso y a seis de Europa, no se puede permitir. En San Mamés no se quiere oír hablar del Mundial y se exprimen las opciones para tratar al futbolista sin necesidad de un parón demasiado extenso. Una decisión que, según ha podido saber este periódico, ha provocado las idas y venidas de expertos en la lesión, que consideran que lo mejor es parar pero cuya respuesta choca de frente con los intereses del club. Tanto que algunos han durado menos de un mes trabajando con el jugador.
Nico Williams, calentando en Mestalla.Ana EscobarEFE
«Se ha visitado a cuatro especialistas y no ha funcionado el tratamiento aplicado», reconoció hace unos días Mikel González, director general del Athletic. «Estas pubalgias no se suelen operar porque puede ser de tres a seis meses de baja y no te garantizan resultados. Descartamos la operación», resumió, insistiendo en que Nico está poniendo «su compromiso con el Athletic por encima del Mundial». «Sabe que está jugando limitado, pero antepone el club a otras cosas», añadió. En la Federación, mientras, dan por hecho que no podrán contar con él a su mejor nivel durante la Copa del Mundo, y calculan su descanso durante los primeros días del torneo para tirar de él en las eliminatorias.
La realidad de Nico es similar a la que vivió Unai Simón antes de la última Eurocopa. Jugó con dolores en la muñeca durante el curso y el torneo y se operó después, ya sin la presión del club y de la selección. La pregunta es si es mejor un Nico limitado o un Athletic sin Nico durante un tiempo. La temporada dirá.
Desde su primer entrenamiento en Zubieta, el pasado 26 de diciembre, Pellegrino Matarazzo quiso dejar claro a todos en la Real Sociedad que se dirigieran a él por el diminutivo familiar: Rino. Hijo de inmigrantes italianos, nacido en 1977 en Wayne (Nueva Jersey, 1977), Matarazzo tiene en tan alta estima los valores inculcados en casa como los códigos del vestuario. Por eso, su prioridad a lo largo de estas seis semanas no ha pasado por la táctica. El modo en que Matarazzo ha cambiado el rumbo de la Real Sociedad se ha fundamentado en la confianza.
Cinco victorias y tres empates en ocho partidos convierten a la Real en uno de los tres equipos invictos, junto con Olympique de Lyon y Milan, de las grandes ligas en 2026. Durante ese mismo periodo, sólo el Real Madrid ha sumado más en el torneo de la regularidad. Un balance que ni uno de los hinchas presentes en aquella sesión abierta en el campo José Luis Orbegozo pudo imaginar. Apenas seis semanas después, aquella Real deprimida, plana y pasiva, con dos puntos de margen sobre los puestos de descenso, es hoy un torrente de energía, vértigo y decisión, a un paso de disputar la final de la Copa del Rey.
Nada compendia mejor la metamorfosis moldeada por Matarazzo que una canción de la Grada Aitor Zabaleta. «Por la mañana café, por la tarde ron, llévame a Sevilla, Orri Oskarsson». Así corearon el domingo en Anoeta el gol con el que el delantero cerraba el triunfo ante el Elche (3-1). Los mismos acordes de Café con ron, el éxito de Bad Bunny, servían ahora para el islandés, un fichaje de 20 millones de euros que en 18 meses sólo había destacado por su propensión a las lesiones. Hoy, Oskarsson representa uno de las grandes bazas de los txuri urdin para disputar la final copera, el 18 o 19 de abril en La Cartuja.
Los tiempos de Montanier
Matarazzo se comunica en inglés con Orri y con Luka Sucic, otro futbolista que ha multiplicado su rendimiento respecto a su etapa con Imanol Alguacil y Sergio Francisco. Desde el primer día, las instrucciones en español quedaron en manos de John Maisano, su primer ayudante, conocido en la caseta por dirigirse a Mikel Oyarzabal como Michele. Más allá del idioma, Matarazzo nunca quiso agobiar con revoluciones en la pizarra, sino que puso el foco en alimentar la autoestima de sus futbolistas. Tal y como había intuido en los vídeos previos, la calidad estaba ahí. Simplemente había que liberarla.
Más de una década después, Matarazzo ha recuperado una de las fórmulas que mejor funcionaron en San Sebastián. Se trata del fútbol vertical, basado en las transiciones rápidas. El estilo con el que Philippe Montanier logró la clasificación para la Champions, con Asier Illarramendi como lanzador de Carlos Vela y Antoine Griezmann. Esta Real no necesita el balón para mandar en el partido, porque sabe la zona en que va a robarlo y el flanco débil donde desarbolar al rival. El guion es claro y el equipo lo aplica sobre el verde de un modo muy efectivo.
Nadie en Anoeta pudo extrañarse con el primer once de Matarazzo ante el Atlético, pero aquel domingo, cerrado con una clamorosa ocasión de Carlos Soler ante Jan Oblak (1-1), hubo un par de detalles que sorprendieron. Desde el minuto 15, seis suplentes saltaron a calentar. Una muestra de la activación y la agresividad que quería su técnico. Desde la banda, Matarazzo también se hacía muy presente. Esa energía a la hora de dar instrucciones, celebrar el gol y protestar a los árbitros, pronto también ante los micrófonos, calaron en la grada. Tras el 2-1 frente al Barcelona, el estadio coreó por primera vez su nombre.
Matarazzo, junto a Oyarzabal, el pasado sábado en Anoeta.EFE
Aquel domingo, la gente salía atónita de Anoeta, no sólo porque Gonçalo Guedes había marcado en la jugada inmediata al gol de Marcus Rashford, sino porque su Real pudo resistir, en inferioridad numérica, ante el mejor frente de ataque de LaLiga. En las antípodas de aquel equipo que se desplomaba físicamente durante los últimos minutos, perdiendo puntos decisivos frente a Villarreal, Girona o Levante.
Nadie puede engañarse con Matarazzo, el primer técnico estadounidense en la historia de LaLiga, pero con nacionalidad e ideosincrasia italianas. De sus cuatro hermanos, todos varones, Leopoldo y Antonio también se han dedicado al fútbol. Los tres comenzaron en la Universidad de Columbia, donde Rino se graduó en Matemáticas Aplicadas en 1999. Era el sueño de sus padres, pero incluso a los 22 años él mantenía viva la llama de ser futbolista. Así que cambió el cálculo avanzado multivariable y la geometría diferencial por un salto al vacío. No cuajó nada en Italia, así que, sin conocer una palabra del idioma, tomó un avión hacia Alemania. Allí nunca pasaría de cuarta división, pero sí supo hacer contactos.
En aquel 62º curso de entrenadores de la Federación Alemana (DFB) conoció a Julian Nagelsmann, con quien compartió habitación en la ciudad deportiva de Hennef, a las afueras de Colonia. La sintonía entre ambos fue inmediata y en enero de 2018, el actual seleccionador de la Mannschaft contrató a su amigo como primer ayudante en el Hoffenheim. Tras casi dos temporadas juntos, Rino optó por volar solo en el Stuttgart, a quien ascendió a la Bundesliga. De ahí, vuelta a Hoffenheim, con billete para la Europa League. Su despido, en noviembre de 2024, cambió tanto su perspectiva que terminaría aceptando la oferta de DAZN como comentarista durante el Mundial de clubes.
Cosas de la buena ventura
Tras perder la carrera para dirigir a Estados Unidos en el Mundial, cuya responsabilidad acabaría en poder de Mauricio Pochettino, todos los azares del fútbol se han alineado para Matarazzo. En Zubieta no se olvidan de los cinco disparos a la madera del Barcelona, incapaz de batir a Alex Remiro tras la roja a Soler; ni de las paradas de Aitor Marrero durante la tanda de penaltis frente a Osasuna en octavos de Copa; ni de la asombrosa irrupción del balón parado, en manos de José Rodríguez, el especialista fichado en verano procedente del Aston Villa. Tras una angustiosa sequía en la estrategia, Jon Aramburu rubricó el 1-2 en Getafe tras cabecear un córner botado por Takefusa Kubo.
Matarazzo, durante el entrenamiento del martes en Zubieta.EFE
Hoy, Matarazzo no podrá contar ante el Athletic con el japonés, ni con Ander Barrenetxea, ni con el citado Sucic, pero en Donosti ven la final más cerca que nunca. De las 8.000 peticiones, sólo 410 agraciados podrán disfrutarlo en directo en San Mamés. Se trata de la cuarta semifinal en siete años para la Real, tercera seguida, algo nunca visto en su historia. Los dos precedentes coperos ante el Athletic en esta instancia se saldaron con una remota eliminación (1923) y un triunfo (1987) que conduciría al título ante el Atlético en La Romareda.
"Tenemos que jugar con intensidad y conexión, todas las cosas que nos ha hecho muy fuertes, debemos seguir haciéndolas, porque si no, no funcionaremos bien", admitió el martes Matarazzo. Aún queda mucho margen para un conjunto incapaz de mantener su portería a cero desde el 24 de septiembre ante el Mallorca. Y que sobrevive en defensa pese a las tribulaciones de Duje Çaleta-Car, autor de un esperpéntico penalti sobre Toni Martínez, a quien cegó con su propia camiseta.
Esa remontada en Mendizorroza (2-3), sin embargo, fraguó también la conexión entre el vestuario y la afición. Muchos realzales se las habían ingeniado para conseguir una localidad fuera de la grada visitante y vibraron con las lágrimas de Marrero, baja para el que debía ser su día grande por un golpe fortuito con Guedes durante un entrenamiento. Tampoco olvidaron el detalle de Brais Mendes, que se sumó a la convocatoria apenas unas horas después del nacimiento de su segundo hijo. Inequívocos síntomas ambos de la salud del vestuario.
«Es una vergüenza. No podemos más». Los jugadores de un equipo de fútbol de la Primera División de España envían estos mensajes porque se tuvieron que acercar a su estadio para comprobar el estado del césped un día antes del partido que tenían agendado. No se fiaban del todo, vieron que había razones para sus dudas y terminaron haciendo un comunicado contra la presidencia de su club. Se han duchado en muchas ocasiones con agua fría, han tenido que entrenar a una hora de su ciudad deportiva por las «deficiencias» en las instalaciones, tanto en el interior como en el exterior de las mismas, han recibido algunas nóminas con retraso... Es el «desastre» continuo del Rayo Vallecano, una entidad que este año está jugando la Conference League, la tercera competición de Europa, que lleva cinco temporadas seguidas en la Liga y que en los últimos balances económicos ha dado beneficios.
Nada de ese éxito deportivo parece arreglar la situación institucional del conjunto presidido por Raúl Martín Presa, encajado en el ojo del huracán desde hace ya demasiado tiempo por el vestuario y la afición. El aplazamiento del encuentro del pasado sábado contra el Oviedo ha sido la gota que parece haber colmado el vaso de los futbolistas y los seguidores. «El terreno de juego no reúne las garantías necesarias para la celebración del encuentro en condiciones de seguridad», apuntó la Liga como razón de la suspensión del duelo. Unos días antes, Pep Chavarría, lateral izquierdo del conjunto vallecano, ya había advertido ante la televisión que el césped de Vallecas era «una vergüenza». «No podemos jugar aquí», insistió.
Unas declaraciones que después tuvieron su eco en el comunicado de la plantilla a través de AFE tras meses de reclamaciones internas a Presa. «Durante la pretemporada, la plantilla estuvo tres meses sin poder entrenar en nuestra ciudad deportiva debido al mal estado de los campos. En el último mes, el estado del césped del estadio ha sido claramente deficiente», puntualizó el grupo en ese texto, refiriéndose a que durante las primeras semanas de temporada tuvieron que entrenar en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas por un hongo que había en la ciudad deportiva. En el comunicado también recordaron las «deficiencias en las instalaciones, como la falta de agua caliente en las duchas, una limpieza que no siempre ha sido la adecuada y unas instalaciones obsoletas».
Para que se hagan una idea, en pleno 2026 en el Estadio de Vallecas no hay conexión wifi en las cabinas de prensa o en la grada, algo que no sucede en otras ligas o torneos profesionales de fútbol, baloncesto o tenis en nuestro país. Presa, mientras, echa balones fuera pidiendo en público la necesidad de tener un nuevo estadio, seguramente lejos del centro de Vallecas, donde está ahora el campo. Una idea que encuentra el rechazo rotundo de su afición. «La propietaria del campo es la Comunidad. El Rayo tiene que salir de este campo, como se quede aquí, muere», aseguró el presidente hace sólo unos días.
Pero esa necesidad económica en la que insiste Presa choca directamente con los movimientos (o la falta de ellos) de la directiva del Rayo a la hora de buscar y generar nuevos ingresos. Uno de ellos llama especialmente la atención. El Rayo forma parte del grupo de equipos españoles que se adhirieron al acuerdo con CVC, pero no ha recibido ninguna cantidad por no haber cumplido con los requisitos para ello, que básicamente son los de plantear un proyecto en el que invertir las cantidades, que se estiman en unos 30 millones de euros. Así que mientras otros clubes mejoran sus ciudades deportivas o sus estadios gracias al dinero del famoso Plan Impulso, los vallecanos siguen en el punto de partida.
«En ese momento la aparición de un pibe en el seleccionado brasileño no era para mí nada especial. Además, entró en el segundo tiempo. Recién al final me enteré de su nombre. Le decían Pelé. La historia de esa Copa Roca fue la acostumbrada para las selecciones argentinas. El equipo que ganó el Sudamericano de Lima en abril de 1957 fue liquidado con las ventas al exterior de Rogelio Domínguez, Maschio, Angelillo y Sívori. Por eso en julio ya se armó otro cuadro con gente nueva. De todos modos, este fue el primer partido y lo sacamos bien. Argentina aguantó atrás y un rato antes de terminar el primer tiempo ya ganábamos 1-0 con gol de Labruna. Ellos no podían llegar y en el segundo seguimos igual. Parecía que terminaba así. Pelé no tocó ninguna pelota. Pero en esta jugada se escapó uno de ellos y le pegó muy fuerte. Yo tuve que tirarme y no alcancé a retenerla. Ahí apareció Pelé, antes de que pudieran taparle. Todo fue muy veloz y la definió bien tocando con derecha. Por suerte, a los dos minutos el Gitano Juárez marcó un golazo y terminamos ganando dos a uno. Ahora que veo la foto y me voy dando cuenta de lo que significó ese negrito en el fútbol mundial, me asombro. ¡Pensar que ese pibe era Pelé...!»
Así describió el mítico Amadeo Tarzán Carrizo el debut de Pelé con Brasil, todavía con dieciséis años, el 7 de julio de 1957. En menos de un año, el 29 de junio de 1958, aquel chiquillo, ya con diecisiete, se proclama campeón del mundo en Suecia y regresaba a su país con seis goles en cuatro partidos. Su éxito lo saludaba así Nelson Rodrigues en su seguidísima columna semanal en Última Hora: «(...) Pelé, un menor de edad total, un menor en toda regla, que no puede entrar a ver una película de Brigitte Bardot. Para recibir el sueldo, para recibir los billetes con que le pagan, su padre tiene que actuar en su nombre. Pues bien, Pelé asombró al mundo. No se limitó a marcar goles, trató de adornarlos, de darles el mayor lustre posible (...)».
Un año de la nada a la gloria, que no sería como en tantos casos transitoria, sino imperecedera. Aquel chico se llamaba Edson Arantes do Nascimento y era hijo de João Ramos do Nascimento, ex futbolista con el apodo de Dondinho al que una lesión de rodilla despeñó del Fluminense al humildísimo Baquinho, de Três Corações, y Celeste Arantes, que detestaba ese deporte que dejó lisiado y sin oficio ni beneficio a su marido. La familia salía adelante con dificultades; el pequeño Edson contribuía voceando periódicos y lustrando zapatos para aportar unas monedas.
Cuentan los historiadores de Pelé que Dondinho lloró desesperado junto a la radio cuando Brasil perdió la final del Maracanazo. Sufrió aquella derrota como si le hubieran arrancado la piel. Si Brasil hubiera ganado esa final al menos podría pensar el resto de su vida que un trocito de esa gloria le pertenecía, pero no se le dio. Junto a él estaba su pequeño Edson, de nueve años que, impresionado por las lágrimas de su padre, tuvo un arranque de gallardía: «Papá, no llores. Yo ganaré el Mundial para Brasil y para ti». El tiempo hará verdad esa ingenua promesa. Para ello habrían de unirse varias circunstancias: su genética, un bien urdido complot entre el padre y un ex internacional, la audacia de Vicente Feola y la coincidencia con una gran generación.
El chico jugaba en baldíos, con pelotas de trapo, hasta que llegó al Baquinho, el club aficionado en el que el maltrecho Dondinho arrastró sus últimas rengas carreras. El equipo lo entrenaba como distracción Walter Brito, mundialista en Italia 1934, con buenas relaciones en el mundo del fútbol. A espaldas de la madre, el padre y Walter le consiguieron al chico una prueba en el Santos, donde gustó. De vuelta, doña Celeste puso el grito en el cielo, justo ahora que Edson había entrado en una fábrica de zapatos con dos dólares al día, todo un porvenir. Ella siempre le decía que su obsesión por el fútbol le convertiría en un pelé, un pelado, un pobre (de ahí su apodo, aunque otra versión asegura que de pequeño pronunciaba así el nombre de Bilé, el meta del Baquinho, su primer ídolo, y que le vino de ahí). Pero nada podía frenar la ilusión del chiquillo, respaldada por el aval de un tipo tan acreditado como Walter Brito, así que fichó por el Santos. Allí le prepararon un plan para fortalecerle y con 16 años debutó en un amistoso contra el Corinthians, en el que marcó. De entonces conserva el Santos un telegrama de Porto Alegre pidiendo la cesión de un interior; le ofrecieron al novísimo Pelé y al veterano Pagão, y la respuesta fue: «Pelé desconocido, envíen a Pagão».
Pelé, con el 10, marcando uno de los goles en la final contra Suecia.EFE
Pelé no tardó en brillar en el ambiente paulista y conquistó Río en un torneo entre el Santos, el Flamengo, el São Paulo, Os Belenenses y el Dinamo de Zagreb, donde le hizo tres goles a Os Belenenses y uno a los demás. De seguido llegó el ya comentado debut en la selección, ante Argentina en Maracaná.
Para el Mundial Suecia 1958 se formó un revuelo en Brasil sobre si Pelé sí o Pelé no. Se había alcanzado la clasificación sin él, y delanteros buenos sobraban. Feola tenía que compartir la decisión con un comité técnico que completaban Paulo Carvalho, propietario de Rádio Record y muy impuesto en fútbol, y Hilton Gosling, sicólogo de profesión, que tenían dudas al respecto. Poco antes de salir hacia Europa la selección jugó contra el Corinthians, a cuyo ídolo local, Luizinho, no le habían convocado por su escaso físico (le apodaban Pequeno Polegar, o sea, Pulgarcito) y sin embargo llevaban a ese mocoso llamado Pelé, aún sin rematar en estatura ni en peso. El ambiente cerril favoreció que Ari Clemente, el defensa-matón corinthiano, le sacara del campo por un patadón.
Aún así, Feola le llevó a Suecia con un tratamiento de toallas calientes en la rodilla. No pudo jugar los amistosos previos, y el primer partido, ante Austria, la delantera la formaron Joel, Didi, Mazzola, Dida y Zagallo. Ganó Brasil 3-0, con solvencia. Esperado como un equipo pinturero, inestable y frágil que no contaba en los pronósticos, sorprendió con un orden táctico nuevo: Feola cambió la WM (3-2-2-3), de uso universal, por un 4-2-4 que asentaba la defensa con un cuarto hombre y adelantaba a un interior junto al delantero centro. La media se despoblaba, pero el sabio juego en largo de Didi permitía transiciones rápidas.
El posterior 0-0 ante Inglaterra encendió alarmas. Una derrota en el tercer partido ante la URSS podría dejarles fuera. Así que Feola, apoyado por Nilton Santos, Bellini y Didi, convenció a sus colegas del comité de cambiar la delantera. Joel, que luego pasaría por el Valencia, dejó su plaza a Garrincha, y Mazzola hizo lo propio con Pelé, ya recuperado. Vavá ya había jugado ante Inglaterra por lesión de Dida y se mantuvo. Nacía una delantera legendaria: Garrincha, Didi, Vavá, Pelé y Zagallo. Todo con protestas de Hilton Gosling, que en su informe dijo de Pelé: «Es obviamente infantil. Carece del espíritu de lucha necesario». Y a Garrincha le puso prácticamente de deficiente mental.
Aquella delantera funcionó. Vavá no era un exquisito, pero sí un ariete incordiante, alrededor del cual Pelé flotaba como una mariposa y picaba como una abeja. Garrincha hizo locuras en la banda. Ganó Brasil con dos goles de Vavá, sendos tiros al palo de Pelé y Garrincha e innumerables paradas de Yashin. Contra Gales, en cuartos, volvió Mazzola al eje del ataque, en detrimento de Vavá, pero Pelé y Garrincha se mantuvieron. Hubo nueva exhibición, aunque el gol se retrasó hasta el 65, cuando Pelé recibió una entrega de cabeza de Didi, controló con el pecho, se giró bruscamente desconcertando a su marcador con un breve toque y cuando llegaba a cerrarle otro defensa remató duro junto al palo. Fue a la red, besó el balón y le abrazaron varios compañeros, apelotonados en un rincón de la portería, felices por su éxito y deslumbrados por la maniobra.
Contra Francia en semifinales, regresaría Vavá, a costa de Mazzola, porque su fútbol primario resultaba mejor complemento en el grupo de malabaristas. (Mazzola jugaría luego durante años en Italia con su apellido, Altafini. Lo de Mazzola era el apodo, perdida una 'z', con que se le conoció en Brasil por su origen italiano y su parecido con el gran Valentino Mazzola, fallecido trágicamente).
Pelé, durante un amistoso con Brasil.AP
Francia llegaba con copete de favorita y la pequeña sociedad Kopa-Fontaine en pleno rendimiento, pero se encontró con una exhibición portentosa de todo Brasil y sobre todo de Pelé, que despachó un hat-trick en veinte minutos. El resultado fue 5-2. El mismo marcador se dio en la final, ante los suecos, dos de los cuales, Gren (37 años), y Liedholm (36), duplicaban en edad a Pelé. Cuando este nació, Gren ya era internacional.
Marcó por delante Suecia con gol elegantísimo del milanista Liedholm, dando paso a un continuo ataque de Brasil, que al descanso ya había remontado con dos tantos casi idénticos: desborde de Garrincha, centro raso al borde del área chica y remate de Vavá, uno con cada pie, lo único que los distingue. Antes y después, una lluvia de ocasiones, entre ellas un zurdazo al poste de Pelé, desde fuera del área.
Tras la pausa se reanuda la tormenta de juego, y a los diez llega una jugada mágica que discute de tú a tú con el gol de Maradona a los ingleses en 1986. El lateral Nilton Santos, metido en el campo de Suecia y recostado a la izquierda, envía el balón al área, donde está Pelé, apretado entre dos rivales. Salta con agilidad, contacta el balón con el pecho para hacerlo pasar sobre la cabeza de Börjesson, para de inmediato hacerle un nuevo sombrero, este con el pie, a Gustafsson. Sobre el punto de penalti, mano a mano con el meta Svensson y antes de que el balón toque el suelo remata de empeine, duro y abajo. Una maniobra fugacísima en un metro cuadrado que anonada a tres rivales y eleva el marcador a 1-3, fuera ya del alcance de Suecia. Luego Zagallo marcará el 1-4, y a su gol siguieron los de Simonsson, que más adelante ficharía por el Madrid como pretendido sucesor de Di Stéfano, y finalmente otro de Pelé, casi sobre el pitido final del árbitro, de cabeza, con un golpe de parietal, cruzando al otro palo. Resultado final, 2-5. Pelé llora en los brazos del veterano meta Gilmar, mientras Garrincha, ante la euforia, pregunta si no hay que jugar una segunda ronda contra los mismos. Casi se apena, de tanto como se estaba divirtiendo. Brasil nunca perderá un partido con los dos en el equipo, toda una desautorización para el doctor Hilton Gosling.
¡Brasil Campeão! Ahora podían desempolvar los diarios brasileños el titular que quedó arrumbado en 1950. El niño de Três Corações había cumplido su promesa y el viejo Dondinho lloró esta vez de felicidad. L'Equipe hace una encuesta entre especialistas en la que Pelé sale como el jugador más cotizado del certamen, con una valoración de 100.000 dólares, por delante de Garrincha (90), Kopa, Fontaine y Vavá (80), y Didi (75). Doña Celeste pudo perdonar a su marido y al viejo Walter Brito aquel complot para llevarse al chico de casa.