Sara Sorribes: "Lloraba en los entrenamientos y durante los partidos. Me mataba no disfrutar"

Sara Sorribes: “Lloraba en los entrenamientos y durante los partidos. Me mataba no disfrutar”

El pasado 17 de abril Sara Sorribes Tormo publicaba en Instagram una imagen de su diario personal, escrito a mano, para anunciar que abandonaba el tenis, aún sin saber si «definitiva o temporalmente». «Sufro desde hace meses. He perdido la ilusión», confesaba la tenista castellonense, que acaba de cumplir 29 años. El día 17 de este noviembre volverá a la competición en el WTA 125 de la localidad chilena de Colina, tras un largo proceso de búsqueda interior, con el apoyo cercano de su madre, Manoli, y de su hermano Pablo, y el trabajo junto a su psicóloga. Bronce en los Juegos Olímpicos de París 2024 junto a Cristina Bucsa, la ganadora de dos títulos individuales y seis de dobles en el circuito, 32ª en el ránking en 2022, recibe a EL MUNDO en el Club de Tenis Vall d'Uxó gracias a la mediación de su patrocinador Nara Seguros.

¿Cómo ha sido el proceso de recuperación?
Cuando dejé de jugar no pensaba que pudiese volver. Luego, poquito a poquito, se han ido dando las cosas mejor. Llegó un momento, mediado agosto, en el que sentí más ganas de entrar en la pista porque me encontraba mejor. Por suerte, todo ha ido yendo bien. Y aquí estoy.
¿Cómo se ha enfrentado a ello?
Todo ha resultado difícil. Al principio no puedes hacer nada, no tienes ganas de nada, sólo pasas tiempo durmiendo. No tienes fuerza. Cuando crees que estás algo mejor, lo intentas y vuelves a caer y a precisar mucho tiempo descansando. Al cabo de los meses, después de mucha terapia, muchos pensamientos internos y mucho trabajo personal, vas estando cada vez mejor. El deporte, en general, me gusta y he tratado de practicarlo durante este tiempo para intentar estar más despejada.
¿Qué le diagnosticó su terapeuta?
Depresión. No podía entrar en una pista de tenis. Me levantaba por la mañana y pensaba que cuantas más horas quedasen para ir a entrenar, mejor. Entrar a la pista y querer marcharme de inmediato. Ir a entrenar y no durar más de diez minutos. Ponerme a llorar en mitad de los entrenamientos. Cuando ya llevaba un mes parada, vine a jugar aquí con mi madre y duré tres minutos; me dio un ataque de ansiedad y tuvimos que irnos. No podía. La sensación dentro de la pista era horrible. Fuera tampoco estaba bien, pero en la cancha era aún peor.
¿Lloraba en los entrenamientos?
Sí, y en los últimos partidos también. Era todo muy desagradable.
¿Qué desata esa situación?
Es una acumulación de muchas cosas. Tenía la ilusión de ir a los Juegos Olímpicos de París, lo cual me sirvió como estímulo, pero cuando pasaron ya me quedé sin fuerzas para seguir. Lo intentaba y me decía: 'Bueno, no quieres ir a Estados Unidos porque está lejos. No quieres ir a la gira asiática porque está lejos. No quieres ir a Australia porque está lejos'. Era un indicador fuerte de que necesitaba parar, porque no iba nada bien.
¿Pesaba la tensión competitiva, la rutina de llevar tantos años haciendo lo mismo?
Me mataba no disfrutar, porque el tenis siempre me ha gustado y siempre he jugado por intentar mejorar. Esa ilusión la perdí. Sólo quería que pasasen las horas. Era como venir a fichar. No quería estar ahí. No quería ir a los torneos. Eso, unido a mucha ansiedad, hacían las cosas muy difíciles. Era como si nada tuviera sentido.
Siempre se ha distinguido por su combatividad dentro de la pista. ¿Le ha ayudado esto a salir adelante en este trance?
Me considero una persona fuerte emocionalmente, a quien le gusta encontrar el sentido a las cosas que le pasan. Una tiene que ser valiente para mirar dentro de sí. Pese a ser difícil, he tratado de hacerlo.
¿Dónde regresará?
En principio, si todo va bien, en Colina, en Chile, hay un WTA 125 la semana del 17 de noviembre.
¿Tiene ránking protegido?
Sí, 85 de individual y 40 de dobles, pero de momento no lo voy a usar. Puedes hacer uso de él en ocho torneos durante dos años.
¿Qué se ha permitido durante esta tregua que antes no se consentía?
¡Uf! Muchas, muchas cosas. Pasar tiempo con mi familia sin tener que irme, pasar tiempo con mis amigas, ir a la montaña, hacer planes. '¿Sara, puedes estar aquí dentro de dos semanas? Sí, claro'. He podido leer un montón y disfrutar de la vida con tranquilidad. El mundo del tenis te lleva a un ajetreo difícil de soportar.
¿Con qué frecuencia iba a terapia?
Empecé con dos sesiones a la semana. Ahora ya sólo una.
¿Trabaja con psicólogo desde que empezó a competir?
Llevo bastantes años. Hubo un tiempo en el que paré, pero sí, hace tiempo.
¿Qué dificultades se ha encontrado para enfrentarse a la vida fuera del tenis? ¿Qué ha visto ahí afuera, ajena a una vida tan encapsulada?
No sabes quién eres fuera del tenis. Sabes que juegas al tenis, que lo has hecho bien y que tu vida ha sido eso. Pero te paras, ¿y ahora qué? Me ha encantado ver y entender que hay vida fuera del tenis, que no soy sólo la tenista sino que la Sara que hay fuera, ¡ostras!, me gusta, y me llevo bien con ella. ¿Qué hay fuera? Para mí ha habido un Camino de Santiago maravilloso que me fui a hacer sola. Pero simplemente poder tener una rutina de estar en casa ya me parecía maravilloso.
¿Cómo es la Sara Sorribes que no conocía?
Una persona tranquila, a quien le gusta mucho conversar y aprender, muy amiga de sus amigos, familiar. Una persona muy normal.
¿Llegó a pensar que había perdido lo mejor de su juventud jugando al tenis?
No, porque lo he disfrutado mucho siempre. Creo que todos miraríamos hacia atrás y seguro que algo haríamos diferente. Lo que realmente me pesó fue el momento en el que empecé a no disfrutar las cosas. Todo lo anterior lo había hecho porque quería. Y lo había disfrutado.
¿Qué hubiera hecho diferente?
La gran mayoría de las decisiones serían las mismas, porque son las que me han llevado a ser quién soy y a cómo soy. Creo que si todo lo que he hecho me llevó a parar a los 28 años, está bien hecho. Porque estoy feliz de haberme detenido. Era necesario y he tomado una estupenda decisión.
¿Cuándo la tomó?
En Bogotá. Pierdo el primer día en el individual. Al día siguiente tengo la costumbre de irme a tomar un café con mi libreta, a escribir sobre el partido del día anterior de mis impresiones. Cuando me senté, escribí la carta que después publiqué. Hablé con mi psicóloga y me dijo: 'Sí, Sara, creo que necesitas parar. Y no pasa nada'.
Le gusta llevar un diario.
Me encanta, me libera mucho.
¿Cuándo adquirió esa costumbre?
¡Uf! No lo llamo un diario porque no escribo todos los días. Hace muchos años, igual desde que me fui a Barcelona, cuando tenía 19 o 20. Siempre me han gustado mucho el papel y el bolígrafo. Recuerdo estar en el colegio apuntándome jugadas que ponía en práctica por la tarde, cuando venía a entrenar. Siempre a mano. Lo intenté en el ordenador y no me salía.
¿El deporte de élite es malo para la salud?
[Sonríe] Probablemente sí. Acabas bastante cascado para la edad que tienes.
¿Qué va a cambiar ahora, después de este período?
Para empezar, que creo que si las cosas no van bien, que si decido que esto no es lo que quiero hacer, estoy tranquila porque sé que hay más cosas fuera y que ya las he experimentado. Sé que esa Sara puede vivir sin jugar al tenis, que me gusta mucho la vida fuera del tenis. Eso creo que es básico para empezar. Cuando uno va con menos mochila va mucho más ligero.
Quizás antes había generado una cierta dependencia de la competición.
El tenis te lleva a eso. He intentado tener mi vida fuera y llevarla de la mejor manera, pero el tenis te va comiendo, te va quitando tiempo, llegas a casa y no te apetece hacer nada. Aparte de que estás casi siempre fuera.
¿Hay un sentimiento de indefensión en el circuito?
Compartes vestuario con gente con la que compites y entiendo que muchas jugadoras vayan a su bola. Tienes tu grupo y la gente con la que te llevas mejor, y sobre todo a tu equipo, pero es un deporte muy solitario. En un deporte de equipo puedes compartir con tus compañeras. Aquí cada uno va a lo suyo y todas son rivales. Es difícil generar amistad o encontrar momentos de conversación.
¿Son los problemas mentales algo frecuente entre los tenistas?
Sí, es algo normal. El ritmo es alto y frenético, apenas puedes parar. Vas entrando en ese bucle, te va comiendo el tenis y llega un momento en el que tu cuerpo dice basta. Hay gente que empieza superjoven y que no ha visto otra cosa. Por suerte, cada vez se tiene más en cuenta la salud mental.
Su madre y su hermano han sido la base de su apoyo.
Sí, y también he notado mucho el cariño de gente que me conoce desde pequeñita. Puedes escuchar a la gente que tienes al lado sin tener que irte a los dos días. Siento que parar ha sido algo muy necesario y estoy feliz de haberlo hecho.
Parece que no ha tenido la tentación de abandonarse físicamente.
El deporte me gusta mucho, así que corría, me iba a la montaña, también, como le conté, hice el Camino de Santiago, para lo cual tienes que estar en forma, jugaba algunos días al pádel, me monté un gimnasio pequeñito en casa que no me obliga a salir. Eso me mantenía un poco más despejada de mente.
Pero la raqueta de tenis poco menos que se había convertido en su enemiga.
Mi madre guardó todas las raquetas y ahí se quedaron durante tres meses, aparte del intento que hice con ella. Igual jugaba un día y luego no volvía a hacerlo hasta dos semanas después. Ahora llevo entrenando bien desde principios de septiembre.
¿Ha tenido la oportunidad de ver lo que sucede en su país, de lo que pasa en el mundo, o ya era una persona informada?
No, no lo era, y sí he intentado querer saber más, algo que cuando estás dentro de tu mundo, de tu burbuja, de si gano, de si pierdo, de si la derecha va dentro o no, te pierdes. Ya simplemente poder sentarte con alguien cercano y poder escucharle con tranquilidad porque dispones de ese tiempo era una maravilla.
¿Hubo algún momento en el que se sintiese convencida de dejar el tenis?
Los tres primeros meses hubiese dicho que no volvía. Y feliz de no hacerlo. Al principio estaba deprimida, pero después ya me fui encontrando un poco mejor. Ya era persona, pero no quería jugar al tenis. Y me parecía bien; me decía: 'voy a ver otras cosas y hacia dónde quiero tirar'. Le daba a la cabeza.
¿En qué pensaba?
[Silencio] En la vida, en qué me gustaría hacer después del tenis, a qué me gustaría dedicarme. El periodismo siempre me ha gustado, comentar partidos, hacer entrevistas, ayudar a niñas, tener una escuelita. Iba dándole a la cabeza más allá de pensar en dónde quería tirar la pelota.
¿Qué le preguntaría la periodista Sara Sorribes a la tenista Sara Sorribes?
[Silencio] Que si está contenta con la decisión que tomó.
¿Y cuál sería la respuesta?
Que mucho. Pase lo que pase. Vaya hacia donde vaya el destino. Igual ahora pienso que esto me puede venir bien para volver a jugar y la realidad es otra. Puede ser que vaya a los torneos y no quiera estar allí, y quiera volver a casa. Seguiría estando contenta, porque tal y como estaba no podía seguir.

La crisis perpetua del Valencia y el estallido de la burbuja Corberán: en el bucle del descenso, con dos victorias pero la confianza de Lim

Actualizado Domingo, 2 noviembre 2025 - 21:00

¿Cómo ha podido el Valencia pasar en seis meses y 25 días de poner en problemas al Real Madrid en el Bernabéu y ganarle el partido 1-2 a ser arrollado dejando las peores sensaciones de un equipo de Primera, en puestos de descenso y descompuesto? Esa pregunta, con matices, se ha convertido en cíclica y explica la frustración en la que vive instalado el valencianismo. Ocurrió con Gattuso, cuando el equipo se deshizo en cuatro meses, también con Baraja después de una agónica salvación y una temporada tranquila, y vuelve a pasar con Carlos Corberán. Resucitó al Valencia, pero su burbuja ha estallado en menos de un año.

Su capacidad para obrar milagros se ha esfumado. De hecho, en 11 jornadas solo lleva dos puntos más (9) que Rubén Baraja hace un año, ha sumado dos en seis partidos y es el segundo equipo más goleado tras el Girona y uno de los peores atacantes, con 10 goles en 11 partidos. Solo Osasuna y Oviedo han marcado menos. No da Corberán con la tecla que active a sus jugadores y las dudas han provocado el hartazgo de Mestalla y la falta de confianza en una plantilla que no entiende los planes del entrenador.

Las variantes tácticas, como jugar con cinco defensas, ya no funcionan, el balón parado sigue siendo una cruz, el centro del campo ha perdido contundencia y los jugadores no ven que la forma de apuntalarlo sea incorporando a los laterales. Futbolistas como Hugo Duro han perdido la titularidad y el rendimiento de otros se ha desplomado, y los refuerzos de lujo como Danjuma han ido diluyéndose. Tanto como la fe en que, un año más, se puede sobrevivir. Los únicos que a día de hoy la mantienen intacta son los dirigentes del Valencia, empezando por el CEO de fútbol, Ron Gourlay. No se niega la crisis, pero se opta por mantener la confianza.

Poder de decisión

Como ocurrió con Baraja tras una buena temporada 23/24, Corberán no ha podido crecer desde ese trabajo, aunque la diferencia entre ambos es que ha tomado mucho más partido en el diseño de este Valencia que naufraga. El buen final de curso llevó al valenciano a aumentar su crédito y, por primera vez, viajó a Singapur para planificar esta temporada junto a Kiat Lim, el presidente del club e hijo del dueño. Allí se anunció que Gourlay, ex del Chelsea y el United, se convertía en su nuevo jefe.

Ellos se conocieron hace años en Inglaterra y eso convirtió a Corberán en lo más cercano a un manager inglés, con poder de decisión en las contrataciones de refuerzos. El entrenador ha participado activamente en la decisión de qué jugadores reforzarían el equipo. Lo que no pudo impedir fue el adiós de su columna vertebral: Mamardashvili ya estaba vendido al Liverpool, Mosquera salió al Arsenal y Barrenechea volvió a Aston Villa para ser traspasado al Benfica. Sadiq era el único que se podía pelear, pero no hubo acuerdo con la Real.

Luis Rioja intenta controlar un balón, el sábado en el Bernabéu.

Luis Rioja intenta controlar un balón, el sábado en el Bernabéu.AFP

En el rendimiento de estos tres, unido al excepcional de Rioja y el de Rafa Mir asimilados sus problemas judiciales, se basó la recuperación. El fichaje de Corberán se anunció el pasado 25 de diciembre, por sorpresa y tras haber negociado con Quique Sánchez Flores. Lim aceptó pagar tres millones para que saliera del West Bromwich Albion y firmarle un contrato hasta 2027. Cogió el equipo colista, con 12 puntos en la jornada 18, y en las 20 restantes lo llevó a sumar 34. Cuando visitó el Bernabéu el 5 de abril, el Valencia estaba a siete puntos por encima del descenso. Incluso se soñó con Europa. Los únicos lunares negros fueron las contundentes derrotas ante el Barça en Liga (7-1) y Copa (0-5).

Las claves de esa metamorfosis fueron varias: la fe ciega por necesidad, las variantes tácticas que fortalecieron y un refuerzo acertado. Nada de eso se ha mantenido y el Valencia vuelve al bucle infinito y a las goleadas. Al Barça (6-0), se suma el Real Madrid (4-0). Justo ahora que el objetivo era sostener un crecimiento que, en dos temporadas, le llevara a estrenar el Nou Mestalla en Europa. Del sueño a la pesadilla.

El Barça impone su autoridad frente a la insolencia del Elche

El Barça impone su autoridad frente a la insolencia del Elche

Actualizado Domingo, 2 noviembre 2025 - 20:44

El Barça consiguió reengancharse a la Liga con una victoria que pintaba clara en el inicio y por la que tuvo que apretar finalmente los dientes. El triunfo frente al Elche, con goles de Lamine Yamal, Ferran Torres y Marcus Rashford para los locales y Rafa Mir reduciendo momentáneamente la ventaja con el 2-1 para los visitantes, permite a los de Hansi Flick recuperar un poco las buenas sensaciones tras la derrota en el clásico. [Narración y estadísticas (3-1)]

Fue un domingo muy movido, de fútbol vistoso, que permitió además el regreso de Robert Lewandowski y Dani Olmo, ya recuperados de sus lesiones, así como una oportunidad para Lamine Yamal de retomar tímidamente sus buenas sensaciones. El Brujas, el miércoles, y el Celta, antes del parón, serán las próximas piedras de toque para confirmar esta recuperación aparente.

No tardó demasiado el Barça en conseguir una ventaja considerable en el marcador. Cuando apenas se habían disputado 11 minutos del duelo, ya mandaba por 2-0. Dos tantos en los que los azulgrana, recuperando en gran parte esa presión que los caracterizó en la primera temporada de Flick, aprovecharon dos errores en el desplazamiento de balón del conjunto visitante para hacérselos pagar muy caros.

Riesgos en la salida

En el primero, Alejandro Balde recuperó el esférico para adentrarse en dirección al área rival y asistir a un Lamine Yamal que, tras su más que discreta actuación en el Bernabéu, se reencontraba con el gol tras recortar a un defensa rival y mandar su disparo al fondo de la red. Apenas un minuto después, sería Ferran Torres, también más que discreto en el último clásico, quien aprovecharía una asistencia de Fermín López, que robó en la medular para correr hacia la portería contraria como alma perseguida por el diablo para aumentar las distancias, celebrado por el valenciano mostrando un mensaje en recuerdo de las victimas de la dana.

Los visitantes, no obstante, lejos de perderle la cara al partido, mantuvieron sus riesgos en la salida desde la defensa. Y, también, todo sea dicho, empezaron a mostrarse contundentes a la hora de cortar los avances rivales. Muchas, demasiadas veces, al límite. Su entrega acabaría por encontrar premio.

Rafa Mir, aprovechando una desconexión defensiva de los locales, recortó distancias tras plantarse con ventaja en el área azulgrana y batir a Wojciech Szczesny con un remate casi perfecto cuando moría la primera parte. Los locales, eso sí, aún tendrían opciones para volver a poner tierra de por medio antes del descanso. La primera, un disparo de Ferran que Iñaki Peña frustró con una felina intervención. La segunda, un remate por encima del larguero de Lamine tras asistencia de Fermín.

El zurdazo de Lamine que valió el 1-0 ante el Elche.

El zurdazo de Lamine que valió el 1-0 ante el Elche.AFP

En la reanudación, unos y otros volvieron a buscar reencontrarse con el gol. El Elche, sobre todo, por medio del hiperactivo Rafa Mir, capaz de buscar el gol desde cualquier rincón, autor de un soberbio disparo que besó el travesaño. En el otro extremo del campo, Rashford se mostraba más que dispuesto a convertirse en su espejo. Y, tras un tanto anulado por fuera de juego de Fermín, el inglés acabó por encontrar el 3-1 tras un buen centro del onubense, quien había aprovechado un medido servicio de falta de Marc Casadó.

El futbolista cedido por el United, además, fue también el protagonista de una acción que provocó amplias críticas contra Sesma Espinosa, siempre superado por el devenir del partido. El árbitro obvió una posible falta sobre el punta, cuya cabeza chocó además con la de Affengruber, la acción se vio prolongada con un remate al poste de Rafa Mir, que optó por seguir en lugar de ceder saque de banda, y Olmo enviando el balón fuera cuando Lamine buscaba pagar con la misma moneda.

Pese a los intentos de unos y otros, tal vez demasiado tímidos en ambos casos, el marcador no volvería a moverse y los locales acabarían por llevarse una victoria más o menos plácida para retomar el segundo puesto.

Oro de 31 quilates

Actualizado Domingo, 2 noviembre 2025 - 18:28

Recibió Mbappé la Bota de Oro por sus 31 goles en la temporada 2024-25 y sigue camino de la siguiente a ritmo de 40. Seguramente iría un poco más aprisa si Vinicius no se hubiese arrogado por su cuenta (y riesgo) el lanzamiento del segundo penalti, ante el irreprimible gesto de fastidio de Xabi. Entre estos dos no hay química, y la resolución oficial de ese problemilla infantiloide que tiene el Madrid en la banda izquierda no convence a casi nadie.

Anticipando la Navidad, bendijo mosén Alonso: "Paz en el vestuario a los hombres de buena voluntad". Al menos de puertas para afuera. Quizás en el interior catedralicio del club, el Sumo Pontífice no fue tan beatífico y sí llamó a capítulo al impulsivo novicio. Sorprende, sin embargo, que permitiera la exclusión del entrenador, el primer y máximo ofendido, en la extensa palinodia del gesticulante y aspaventoso Vini. No sabemos muy bien cómo interpretarlo, si es que hay algo que interpretar. Los designios de Florentino son inescrutables.

Los goles de penalti, logrados en una acción ventajista y resuelta a menudo por quien no fue objeto de la falta, deberían tener menos valor en las puntuaciones establecidas para cada Liga. Incluso con esa salvedad, a algunos nos gusta más la Bota de Oro que el Balón. Se trata de un galardón mucho más objetivo, validado por la aritmética y no teñido de la inevitable subjetividad de los electores. El número de goles es una evidencia basada en la infalibilidad de los números y no sujeta a la opinión, por honrada y autorizada que podamos reconocerla, de quien emite el voto.

En la Bota, el gol es una obra cerrada en sí misma. Se presta, en todo caso, a la descripción, no a la discusión. El Balón, en cambio, invita a la controversia. Se ve sujeto a matices y gustos, puesto que implica a jugadores de diferentes lustres y cometidos. El resultado siempre es polémico y autoriza el debate.

El papel de los entrenadores

Por lo demás, Bota, Balón y restantes distinciones individuales admiten un porcentaje de relativismo en los deportes colectivos, en los que priman a la postre la entidad y la calidad del grupo, como reconoce y agradece Mbappé. En el fútbol siempre tendrán más posibilidades de recibirlas quienes militen en un club puntero, porque es lógico que un futbolista descollante pertenezca a un equipo de campanillas. Estará, además, rodeado de compañeros de un talento superior en general al de los conjuntos de menor fuste. Se mejoran unos a otros en un desempeño sinérgico y simbiótico.

Sucede lo mismo con los entrenadores. Se llevan los honores quienes dirigen a equipos campeones. En posesión de unos medios que en otras actividades se llamaría competencia desleal o abuso de posición dominante, parten con ventaja. Démosle a Bordalás el Madrid o el Barça. Seguro que no plantea los partidos como en el Getafe. Los premios en el fútbol no dejan de suponer operaciones publicitarias que llenan espacios en los medios de comunicación. Contienen un cierto grado de impostura y artificio.

Es conveniente contemplarlos con un saludable grado de escepticismo y distanciamiento.

La histórica explosión de Santi Yusta que le convierte en el mejor anotador de la Liga Endesa

La histórica explosión de Santi Yusta que le convierte en el mejor anotador de la Liga Endesa

Cuando más apretaba el Real Madrid en el Príncipe Felipe, a la vuelta de vestuarios con un parcial de 0-13 que le situó con 16 puntos de ventaja (45-61), Santi Yusta emergió con una personalidad y un liderazgo de asombro. En ese tercer parcial, el de Torrejón de Ardoz fue capaz de acumular 15 puntos, triples imposibles, penetraciones finalizadas en mates, faltas recibidas y unas tribunas rendidas. El esfuerzo no le dio al Casademont Zaragoza para vencer a los blancos (ni los ocho tapones de Edy Tavares), pero si algo quedó claro que es que su capitán habita en el mejor momento de su carrera.

Para saber más

El canterano del Real Madrid firmó ante su ex equipo la máxima anotación de su carrera. 30 puntos divididos en ocho canastas de dos, dos triples y ocho tiros libres. Recibió nueve faltas, atrapó cinco rebotes y dobló cinco balones (31 de valoración, también su tope). Si en la previa del choque había sido homenajeado al haberse convertido la jornada pasada en el jugador del Zaragoza con más minutos en ACB (superó a Henk Norel), durante el encuentro se colocó como tercer anotador histórico del club, superando los 1.393, también del holandés. La próxima jornada, tanto Stefan Jelovac como Robin Benzing (primero con 1.410), podrían ser engullidos por Santi.

Fue una mañana de récords, precisamente ante Sergio Scariolo, el seleccionador que este verano le convocó para su primer gran torneo con España, el Eurobasket. Ningún jugador español había anotado 30 puntos en la historia del Zaragoza en ACB. Según las estadísticas de la competición, únicamente cinco nacionales consiguieron 30 puntos o más en el último lustro: Marc García, Darío Brizuela (en dos ocasiones), Pau Ribas, Nikola Mirotic y Rubén Domínguez.

Además, ningún español le anotaba 30 puntos al Madrid desde que lo hiciera Juan Carlos Navarro en la temporada 2012-13. Antes que Yusta, solo tres jugadores en el siglo XXI habían conseguido el hito de alcanzar la treintena contra los blancos: el propio Navarro (dos veces), Guille Rubio y Rudy Fernández.

La explosión de Yusta, que en unas semanas será llamado por Chus Mateo para la Ventana de clasificación para el Mundial 2027 (partidos contra Dinamarca en Copenhague y Georgia en Tenerife), no es casualidad. Si el año pasado ya fue el máximo anotador nacional de la Liga Endesa, éste amenaza con algo histórico. Desde Rudy en 2008 ningún español acaba como máximo artillero. El entonces alero del Joventut promedió 21,2 puntos. El curso anterior, Navarro 17,3. Fueron los únicos. Transcurridas cinco jornadas, Yusta es el líder con 19,6 de media y extraordinarios porcentajes: 36% en triples, 68,8% en tiros de dos y 87,1 en libres. En una lista que le siguen Gio Shermadini y Cameron Hunt y en la que también brillan otros tres de casa: Pep Busquets, Jaime Pradilla y Francis Alonso.

Sinner se impone en la final del Masters 1000 de París y le arrebata el número uno del ranking a Alcaraz

Sinner se impone en la final del Masters 1000 de París y le arrebata el número uno del ranking a Alcaraz

Entre las ambiciones históricas de Carlos Alcaraz hay una que se presenta más inaccesible que el resto, empinadísima, esquiva: acabar las temporadas como número uno del ranking mundial. Lo hizo en 2022, pero desde el año pasado Jannik Sinner se ha convertido en un adversario desmesurado. La lista ATP premia la regularidad, y ahí el italiano continúa un paso por delante. Pese a los tres meses de sanción que cumplió en primavera, Sinner recuperó este domingo el número uno después de imponerse a Felix Auger-Aliassime por 6-4 y 7-6(4) en la final del Masters 1000 de París.

Es su quinto título de la temporada, después del Open de Australia, Wimbledon y los ATP 500 de Pekín y Viena; un éxito que le sitúa con opciones reales de cerrar 2025 en lo más alto. Sinner y Alcaraz se lo jugarán todo en las ATP Finals, que se disputarán del 9 al 16 de noviembre en Turín. El español mantiene una ligera ventaja: para recuperar el número uno depende de sí mismo. Necesita ganar los tres partidos de la fase de grupos o alcanzar la final del torneo. Pero ante cualquier tropiezo, Sinner está preparado para aprovecharlo.

Como ya ocurrió en 2024, este curso el italiano sólo ha encontrado oposición real en Alcaraz, que le ha derrotado en cuatro finales; el resto de rivales apenas logran inquietarle. Este domingo, frente a otro especialista en pista dura indoor como Auger-Aliassime —uno de los jugadores más físicos y potentes del circuito—, su victoria nunca pareció en duda. El canadiense resistió especialmente en los compases finales, pero la consistencia del italiano terminó imponiéndose con la misma serenidad que le caracteriza-

En su recorrido hasta la final del Masters 1000 de París, Sinner no había cedido ni un solo set y apenas concedió opciones a sus rivales. De hecho, sólo Francisco Cerúndolo, en octavos, consiguió arrebatarle más de cuatro juegos en un mismo parcial, un 'hito' que repitió Auger-Aliassime. "Está claro que no estoy al 100%", admitió entonces, sin precisar la naturaleza de sus molestias físicas. Pero en los días siguientes no mostró signo alguno de debilidad. Desde su regreso en mayo apenas ha tenido descanso, igual que Alcaraz, y seguramente sólo acuse el desgaste acumulado.

Los Dodgers ganan las series mundiales de béisbol tras derrotar a Toronto en el séptimo partido de la final

Los Dodgers ganan las series mundiales de béisbol tras derrotar a Toronto en el séptimo partido de la final

Un partido emocionante como colofón a una final extraordinaria. "Algo increíble, indescriptible, largamente soñado y, sin embargo, totalmente inesperado", en palabras de uno de los grandes cronistas californianos. Los Ángeles Dodgers derrotaron anoche, pasada ya la madrugada, a los Toronto Blue Jays en el séptimo partido de la final convirtiéndose en el primer equipo en un cuarto de siglo en ganar dos títulos consecutivos de las Series Mundiales de béisbol. Para el primero tuvieron que esperar 36 años; para el segundo, 366 días nada más. Era lo que el estado soñaba desde hace décadas, lo que sus rivales más temían, lo que la Liga todavía no sabe si es una bendición o una maldición.

El héroe inesperado de la noche no fue Shohei Ohtani, el mejor jugador del mundo y probablemente de la historia. Ni su compatriota Yoshinobu Yamamoto, MVP de las series, que se subió al montículo del pitcher en el momento más crítico de la novena y en teoría última entrada del partido (después de haber lanzado casi 100 veces el vieres para lograr que su equipo empatara la eliminatoria), sino Will Smith, uno de los catchers mejor pagados de la liga y que hace apenas unas semanas se perdió por lesión el final de la liga regular.

La victoria, 5 a 4, cimenta el inicio de una nueva era de dominio para el equipo californiano, que de la mano de Ohtani, el deportista mejor pagado y que cada día romper récords, lanzando y bateando, no tiene límites por delante. Fue una victoria de trabajo, de fe, de resiliencia. De esfuerzo más que de talento. De errores catastróficos y proezas nunca antes vistas en un estadio.

Durante toda la final, los Dodgers fueron por detrás, a remolque, sufriendo pero sin rendirse. Hasta ganar el título a domicilio tras remontar una serie que se puso cuesta arriba desde el primer momento, con una durísima derrota en el primer cara a cara. A pesar de sus muchas lesiones, venían de pasar por encima de Cincinnati Reds, Philadelphia Phillies y Milwaukee Brewers en los playoff.

Venían como favoritos indiscutibles, tras haber invertido casi 400 millones de dólares para formar una plantilla intratable. Y se encontraron una resistencia feroz, abrumadora por momento, liderada por Vladimir Guerrero Jr. la gran estrella de Toronto, probablemente el primer jugador que acompañe a su padre en el hall de la fama de la Liga.

El séptimo partido estuvo a la altura, del nivel y de la leyenda. Incluyendo un amago de tangana multitudinario en la cuarta entrada, con los banquillos enteros de los dos equipos acudiendo a la llamada de la violencia después de un bolazo involuntario y muchos insultos. Afortunadamente para el espectáculo, quedó en nada, no hubo expulsados y todo siguió como si nada.

Los Dodgers arrancaron abajo en el marcado hasta 3-0, pero lograron recuperar poco a poco, gracias en especial a un home run del inspiradísimo Max Muncy y al empate del infielder Miguel Rojas, que hasta el sexto partido de estas Series no pasaba de suplente. Llegaron empatados a la novena entrada, con la sensación de que los canadienses estaban mejor plantados y los lanzadores californianos, agotados y sin ideas.

Entre la espada y la pared, el entrenador optó por sentar a un fatigado y errático Blake Snell y encomendarse al talento, la esperanza y el aura de Yamamoto, muy tocado tras los 96 lanzamientos consecutivos de la víspera. No hay posición más devastadora para el cuerpo en el deporte profesional que la de pitcher, ni más solitaria. El propio Ohtani, fichado de Japón como lanzador pero reconvertido a fuerza de lesiones en mago del bate, tiene un calendario cuidadísimo y dosificado, y apenas ha tocado el montículo en la final, pues tras cada partido el brazo y el cuerpo acaban destrozados. Aun así, Yamamoto aceptó el desafío, la llamada de la historia, sin ningún tipo de descanso.

El japonés no estaba fino, ni cómodo, y su lenguaje corporal lo mostraba. Permitió que su primer rival llegara a la base. Golpeó al segundo, Alejandro Kirk, en el cuerpo con su segundo lanzamiento, llenando las bases. Y ahí llegó el milagro. Cuando peor estaba la situación, más respondió el equipo.

Daulton Varsho conectó un golpe rápido, pero la defensa rapidísima de Los Angeles logró una eliminación por centímetros. Literalmente. Los árbitros tuvieron que ver la jugada repetida en cámara lenta con el público contenido la respiración. El defensor levantó el pie pero logró volver a tocar la base milésimas de segundo antes que el corredor, confirmando la eliminación. Primera bala esquivada.

La siguiente fue, sin duda, una de las jugadas del año. Un tiro flojo de Yamamoto, un gran golpeo del bateador y la bola saliendo hacia el fondo del diamante. Cuando todo parecía perdido, el outfielder de los Dodgers, Andy Pages, corrió a la desperada y saltando sobre su compañero Kike Hernández, arrollándolo de hecho, logró atrapar el batazo del tercera base de Toronto, Ernie Clement, forzando la prórroga.

La décima entrada fue de respiro, y cuando los espectadores se iban mentalizando para una larga noche, como la del tercer partido, que llegó a las 18 entradas hasta lograr un vencedor, Will Smith en el ataque, y Mookie Betts en la defensa, dieron el golpe definitivo.

Un golpe excesivo, casi injusto, para los Blue Jays, que dominaron durante buena parte de la noche y de la semana. Cuya defensa secó cuatro noches a las estrellas angelinas, que anotaron más carreras y estuvieron más sólidos en general, gracias a la consagración del rookie Yesavage o del veterano Max Scherzer. Pero que abrieron la puerta cuando más peligroso era, y pagaron las consecuencias. Su cerrador, el pitcher Jeff Hoffman, había generado muchas dudas tras permitir 15 home runs en la temporada regular, pero había estado implacable en la postemporada, con solo una carrera en 11 entradas. Con la segunda, ya no hubo forma de remontar.

El mejor show de esta Liga

El mejor show de esta Liga

Nadie puede ya dudar del liderazgo del Real Madrid en esta Liga. Juega con brillantez, con una superioridad escandalosa y, además, en los tres partidos en casa con Juve, Barça y Valencia realizó exhibiciones. El mejor show de esta Liga.

Hace ya años que el Real Madrid no se exhibía con una exhuberancia tan increíble. Con una superioridad que casi dejaba el papel del Valencia en grotesco. Un club que con Peter Lim o sin él, es un equipo que se va hacia al fondo del mar de la segunda división sin remisión.

El Madrid de la presión juega de maravilla con jugadores al espacio. Qué pena que el segundo tiempo fuera un poco bodrio, porque los blancos jugaban a la mitad de la velocidad. Lo mejor fue sin duda el soberbio gol de Carreras, que recordaba de algunn forma, aunque sea en minúscula, al gran Roberto Carlos.

Por fin parece que Xabi Alonso es el entrenador que puede devolver al Real Madrid a la autopista de los éxitos. Domina los partidos con una frescura insultante y ha recuperado a Bellingham de manera espectacular .

El inglés ya puede ser ya la segunda gran estrella del equipo blanco tras el demonio Mbappé. Desde luego, Vinicius, no. Cada día las células grises del brasileño le funcionan peor. No hizo nada o casi nada brillante en el primer tiempo. Y encima tiene la impertinencia y la desfachatez de quitarle un penalti a la cuenta de récord de Mbappé.

En este caso, el gran culpable es Alonso. Todavía le tiene miedo a Vini. Si se dieron cuenta lo mandó al banquillo junto a Mbappé, como si lo comparara con el francés por calidad cuando ya no es ni la cuarta parte de lo que fue. Jamás debió permitir que Vini tirara el penalti, cuando es el especialista más mediocre de los que conocemos. No mete uno. Imagínense que el resultado estuviera apretado y esta lumbrera se carga el partido.

La cúpula de la Casa Blanca tiene mucha culpa de que Vinicius trate de hacer lo que le dé la gana. Que el Madrid hiciera el ridículo y que no fuera a recoger el "balón de playa" de Vini, fue un ridículo mundial. Es el nudo gordiano de lo que ocurre en la actualidad. Y encima se aprovecha de la generosidad de Mbappé. Me parece un crímen futbolístico.

También tengo la impresión de que alguien da dinero para que juegue Mastantuono. Un petardo, cojo de la pierna derecha y que es incapaz de hacer algo relevante. No hubo más que fijarse en que en tan solo una jugada de Endrick le dejaba en ridículo al argentino. Y Brahim en la grada. Son imposiciones a Xabi Alonso, de las que no parece evadirse.

Ahora los shows se deben ver lejos del Bernabeu. Para empezar, el Liverpool, un equipo en crisis que el Madrid puede agravar.

Vinicius se redime hasta con un error: del penalti cedido por Mbappé al choque de manos con Xabi Alonso camino del banquillo

Actualizado Sábado, 1 noviembre 2025 - 23:18

Vinicius se redimió de sus pecados en el vestuario y obtuvo el perdón de Xabi Alonso que, benevolente, le dio la titularidad ante el Valencia, una apuesta para el lucimiento. Lo hizo a medias, pero fue suficiente. Ni siquiera le penalizó fallar un penalti. El Bernabéu, lejos de reproches, también optó por hacer borrón y cuenta nueva.

El brasileño tenía entre ceja y ceja que sus disculpas, públicas y polémicas sobre el papel, privadas en la caseta, pero que debían encarnarse en una celebración. Por eso buscó con ahínco la portería de una de sus víctimas favoritas. En los últimos cuatro años, Vinicius siempre le ha marcado al Valencia en el Bernabéu al menos un gol. Incluso el pasado año, cuando marcó el 1-1 y después estrelló un penalti en Mamardashvili. En total son seis, ante este Valencia empequeñecido y desnortado, parecía fácil que la cifra engordara cuando entre Mbappé y Güler lo inclinaron de manera irreversible antes del descanso.

Para entonces, Vinicius ya podía tener cumplido su objetivo. En el minuto 41, Busquets Ferrer pitó el segundo penalti de la noche en contra del Valencia. El primero fue por una mano de Tárrega —más discutible que el agarrón de Diego López a Mbappé en la misma jugada—; este, por el atropello de Thierry a Carreras. Con el Bota de Oro con dos goles en el zurrón, le cedió el lanzamiento a Vini para permitirle escenificar su arrepentimiento. No ocurrió. El brasileño encaró con serenidad a Agirrezabala pero el meta vasco adivinó y escupió el tiro.

Xabi Alonso, expectante en el banquillo, solo pudo cabecear lamentándose. Porque no hubiera cerrado el partido para poner ya la mente en Liverpool y porque ese gol podía poner el mejor cerrojo posible a la polémica. Lo primero lo arregló Jude Bellingham enseguida con su tercer gol en los últimos tres duelos, lo que significa que el inglés, superada la lesión del hombro, ha vuelto.

En el descanso, para la visita a Anfield guardó a Güler, brillante en su asociación con Mbappé, y a Tchouaméni, pero Vini iba a tener más minutos para buscar su gol. Minutos y ocasiones, porque el Valencia era un rival grogui, incapaz de aguantar la pelota y menos aún de hilvanar alguna jugada que inquietara a los blancos. Solo era capaz de perseguir sombras intentando que la humillación no fuera mucho mayor del 3-0. Parecía un milagro que el marcador acabara con esa diferencia.

Por eso el Bernabéu se levantó cuando Vini arrancó por la banda en el minuto 61 y asistió a Mbappé, sin que el francés armara un tiro que complicara a Agirrezabala. Hasta ahí llegó su peligro. Le puso Corberán a Cömert como nueva pareja de baile solo para frenarle y, aún así, esperó Xabi Alonso hasta el minuto 79 para sacarlo del partido.

Lo hizo bajo los aplausos de la grada, dándole la mano a Rodrygo y Hendrick y chocándole al entrenador. Como si nada hubiera ocurrido hace una semana. Gestos contenidos que repitió con todo el banquillo.

Todo está olvidado. "A mí Vini no me tiene que pedir perdón. Le adoro, es un compañero ejemplar", reconoció Carreras, que marcó el cuarto gol con un increíble zurdazo.

Vini había aprendido la lección y así se lo reconoció todo el Bernabéu, que se guardó energía para despedir con una ovación a Mbappé. Nunca Xabi lo había sacado de un partido antes del minuto 80, pero ya había hecho todo el trabajo. 44 goles en 45 partidos, ocho jornadas consecutivas marcando y un partido tan cómodo que merecía la pena guardar energías.

El Madrid golea al Valencia, suma seis triunfos seguidos y zanja el ruido con Vinicius antes de Anfield

El Madrid golea al Valencia, suma seis triunfos seguidos y zanja el ruido con Vinicius antes de Anfield

Seis victorias seguidas después de la derrota del Metropolitano hablan a la perfección de cómo el molde de Alonso comieza a cuajar en el césped del Bernabéu. Ante el Valencia y otra vez con Mbappé como estrella anotando un doblete, acompañado de los golazos de Bellingham y Carreras, el conjunto blanco sumó el décimo triunfo en Liga en 11 encuentros, el 13º si contamos los tres de Champions. Unos datos que asustan camino de Anfield y que zanjan el ruido de la polémica con Vinicius. [Narración y estadísticas (4-0)]

Xabi Alonso anunció el viernes que no habría «ninguna represalia» hacia el brasileño por su reacción al cambio del clásico y lo cumplió. El delantero fue titular, recibió el cariño de la grada, como su entrenador, fue parte del triunfo de su equipo ante el Valencia y terminó sustituido en el minuto 79 justo a la vez que Mbappé. Decisión inteligente de Alonso y choque de manos entre ambos en el área técnica. «Asunto zanjado», como advirtió en la previa, y a mirar hacia otro lado hasta que el foco mediático apriete de nuevo.

Sobre el césped, el Madrid de Xabi clavó una tabla más en la vía que quiere construir para que su tren llegue a estaciones más lejanas que el curso pasado. Fue intenso en la presión, vertical hacia la portería rival y fino en la definición. Todo, claro, ante un Valencia inerte, hundido anímica y futbolísticamente, incapaz de respirar con balón y distraído en las acciones defensivas. Un cúmulo de situaciones que dejaron el corto 3-0 del descanso. Pudo ser peor.

A la espalda de los mediocentros

Con Güler y Bellingham sueltos por delante de Tchouaméni, Mbappé moviéndose con libertad y Mastantuono y Vinicius muy abiertos en las bandas, el Madrid se impuso con lógica en los espacios, aprovechó la debilidad valenciana en la espalda de los mediocentros y llegó con facilidad al área de Agirrezabala.

En los primeros 15 minutos, Mbappé, Bellingham y Vinicius probaron al portero y el Valencia apenas pasó del medio del campo, aguantando el empate hasta que una mano de Tárrega en un córner, revisada por Busquets Ferrer en la pantalla del VAR, permitió a Mbappé abrir el marcador desde el punto de penalti. El galo, que había fallado ante el Barça, repitió el lado del clásico pero definió abajo, superando la estirada del guardameta.

El tanto hundió todavía más el duelo hacia las redes de los de Corberán y el Madrid disfrutó. Movió rápido la pelota, se asoció, intercambió posiciones y estuvo muy intenso en la defensa tras pérdida. En el 30, uno de esos movimientos lo aprovechó Güler para situarse sin marca en la frontal del área. Lo vio Bellingham al hueco, el turco tuvo pausa, vio a Mbappé en el área y le puso un balón medido para que el francés rematara cómodo el 2-0.

Bellingham, ante Santamaría, el sábado en el Bernabéu.

Bellingham, ante Santamaría, el sábado en el Bernabéu.EFE

Al Valencia le temblaban las piernas fruto de una delicada situación en la tabla, con nueve puntos en diez encuentros. Los pases no eran finos y llegaban tarde a muchos duelos. Como Thierry, que hizo penalti sobre Carreras en el 41. Un penalti de falta de concentración y de olvido del contexto. A pesar del error del lateral, Vinicius, obsequiado por Mbappé con el lanzamiento, envió el balón al cuerpo de Agirrezabala.

Se mantuvo el 2-0, pero sólo por un minuto, porque Bellingham se sumó a la fiesta con un disparo potente desde la frontal que sorprendió al portero y se coló por el lateral interno de la red. El inglés, en el tercer encuentro consecutivo marcando, mostró de nuevo que parece haber recuperado la chispa.

El gol, más allá del tópico, fue psicológico para todos. Alonso retiró del campo a Tchouaméni, con amarilla, y a Güler, con molestias en un tobillo, y dio entrada a Ceballos y Camavinga. El cambio llamaba a un fútbol de más control y así fue. Los blancos durmieron el duelo y las sustituciones del Valencia tampoco abrieron demasiado el partido. Al revés. El cuadro de Corberán firmó los tres de desventaja y quiso resguardarse para intentar algún contragolpe imposible que, claro, no sucedió.

Primer gol de un español

El partido se aceleró cuando quiso Vinicius, que protagonizó los mejores momentos de la segunda parte hasta que Xabi decidió enviarle al banquillo en el 79. Antes, había corrido por banda para asistir a Mbappé y a Bellingham, pero se encontraron con el portero.

A partir de los cambios de los dos delanteros, el Madrid y la noche vivieron en los pies de Rodrygo y Endrick, haciendo el joven brasileño su debut esta temporada entre rumores de una posible cesión en enero. Provocó una amarilla, fue intenso en los duelos y vio desde el área el golazo de Carreras por la escuadra desde el pico izquierdo del rectángulo. El primer gol de un español en el Madrid este año, que consolidó las sensaciones de un partido roto.

El Madrid aterrizará en Anfield con seis triunfos seguidos y con la moral en el cielo, consciente de que llega a una plaza que el curso pasado cimentó su techo definitivo en Europa. Eran otros tiempos. Otro entrenador y otro Madrid.