El entrenador del Girona, Míchel Sánchez, ha sido hospitalizado por un problema de salud y se encuentra en observación médica por precaución, según ha informado el club catalán este viernes.
En un comunicado publicado en la red social X, el Girona ha explicado que Míchel evoluciona “favorablemente”, que está recibiendo la atención adecuada y que no podrá dirigir el equipo en el encuentro de este sábado contra el Villarreal, en Montilivi.
La entidad desea su recuperación “en los próximos días” y agradece la comprensión y el respeto por la privacidad del técnico madrileño en estos momentos.
El Girona ha informado, además, que el segundo entrenador, Salva Fúnez, comparecerá este viernes en la rueda de prensa previa al encuentro contra el Villarreal.
Míchel ha publicado un mensaje en sus redes sociales en el que explica que estará unos días ingresado en observación por un “contratiempo de salud”, pero que está “bien” y que “desde ya” cuenta los días para “seguir peleando en lo que queda de temporada”.
“Estoy seguro de que este grupo, pese a mi ausencia, lo dará todo, como siempre, para que nuestra gente pueda sentirse orgullosa del club y de los valores que representa”, ha añadido el técnico rojiblanco.
El entrenador del Girona ha agradecido el trato y la profesionalidad de los médicos, así como las muestras de cariño y los mensajes de la “familia gironina” y de todas las personas que se han preocupado por él. Míchel ha finalizado su mensaje con un “nos vemos pronto” y un “amunt, Girona”.
Cuando quedan cuatro jornadas para que finalice LaLiga EA Sports, el equipo catalán ocupa la decimoquinta posición con un margen de seis puntos con respecto a las posiciones de descenso.
Había vuelto «engorilao» y recién renovado en el partido del Betis ante el Girona. Dio una asistencia desde el banquillo y Pellegrini quiso darle su primera titularidad frente al Utrech en Europa League. Pero, tras apenas 10 minutos en el campo, su compañero Amrabat decidió despejar el balón y su pierna y volvió a lesionar a Isco, menos de una semana después de su retorno a los terrenos de juego. El jugador se retiró al vestuario cojeando y apoyado del hombro del médico del conjunto sevillano. El marroquí, aunque aguantó unos minutos más sobre el césped, también se tuvo que retirar.
Al menos el Betis pudo aprovechar los tantos del Cucho y Abde para derrotar (2-1) a un conjunto belga que apretó el marcador con un tanto de 50 metros del español Miguel Rodríguez y casi lo empata si el VAR no anula el tanto de Murkin por un fuera de juego previo. Una alegría que queda empañada por la lesión del malagueño que no podrá estar el fin de semana en el derbi sevillano. Tampoco estará Antony, expulsado ante el Girona, que lloraba en la entrevista postpartido por no poder ayudar a su equipo en ese duelo clave.
Celta y Rayo no tuvieron suerte en sus enfrentamientos a domicilio ante Ludogorets (3-2) y Slovan de Bratislava (2-1) de Europa y Conference League respectivamente. El duelo de los vigueses fue un intento de reponerse a una hora aciaga de fútbol y a una actuación de Manu Fernández, con dos penaltis evitables, más aciaga aún. La escuadra de Giráldez apretó al final para intentar conseguir al menos un empate, pero se quedó sin tiempo y murió en la orilla.
El conjunto de Íñigo Pérez sufrió en Eslovaquia su primera derrota en esta Conference League. Empezaron ganando los vallecanos con un gol de Fran Pérez, pero la presión del equipo local provocó dos errores defensivos que permitieron al Slovan remontar el duelo. Pérez intentó reactivar a los suyos con cambios ofensivos para volver a amenazar la meta de Takac. El poste rechazó el empate de Lejeune en el descuento.
Le preguntaban en la previa a Simeone si firmaría un 3-0. El entrenador, se revolvió incómodo en la silla y dijo que habría que esperar a ver cómo se desarrollaba el partido. Debería haberlo firmado, se habría ahorrado 90 minutos de sufrimiento. Pero alcanzar una final es lo que tiene. Flick a punto estuvo de hacer posible lo imposible, pero se quedó sin tiempo y sin Pedri. Cuando se fundió el canario, se fundió el Barça, que rozó la proeza. Los rojiblancos irán a La Cartuja por los pelos. Primera final en 13 años. Menudo respiro. [Narración y estadísticas (3-0)]
El récord mundial de apnea está en algo más de 10 minutos y lo tiene un tal Vitomir Maricic. Son 600 segundos sin respirar los que estuvo el croata, más o menos es lo que soportó el Atlético en el Camp Nou. Los rojiblancos se atrincheraron en su campo, en una especie de recuerdo a la resistencia ante el Bayern, mientras el Barça tocaba y tocaba como si Musso fuera un trozo de carne en un tanque de tiburones.
No es lo mismo atacar sin Pedri y Raphinha, que hacerlo con ambos. La presión que imprime el brasileño en primera línea provoca pérdidas que permiten llegar más rápido a la portería contraria. Y el Barça necesitaba velocidad porque eran cuatro los goles a remontar. Entre ambos, se bastan y se sobran para cambiar la cara a un equipo en ataque y en defensa.
Escalofrío en el espinazo
Y luego está Lamine Yamal, claro. Hors categorie. Su primer eslalon provocó el remate peligroso de Ferran, pero se fue fuera. El segundo del valenciano fue tras una pérdida absurda de Koke que Musso desvió a córner. Pero, por volver a Yamal, fue a la salida de ese saque de esquina cuando se inventó un regate y un pase certero a Bernal para abrir el marcador y provocar el primer escalofrío en el espinazo rojiblanco. Griezmann había fallado un poco antes un disparo sólo ante Joan García que, quizás, habría apagado las llamas del Camp Nou, que el tanto avivó.
En la primera media hora los datos no mentían. Esto no era un partido, era un asedio. Además del gol, 10 remates, cinco de ellos a puerta, y la posesión 73% frente a 27%. El Atlético, aquella vez del francés y luego acercamientos con más susto que muerte. La imprecisión de Giuliano no estaba ayudando a las salidas del Atlético y tampoco los pases de Koke o Pubill, más veces a los pies del contrario que a los de los compañeros.
La renta de la ida seguía dando mucha holgura a los de Simeone y les permitía seguir jugando más a sobrevivir que al fútbol. Porque el único que parecía saber qué deporte era el del Camp Nou en el bando rojiblanco era Griezmann. Nunca le quema la pelota al francés tenga 34 o 50 años y un palo posterior certificó sus intenciones. Quizás no cambie el marcador, pero un susto de vez en cuando siempre enfría voluntades.
Raphinha coge el balón tras anotar el penalti.LLUIS GENEAFP
Y si ya hubiera entrado el cabezazo de Lookman tras un gran centro de Llorente, todo habría cambiado. Pero el caprichoso fútbol quiso que en el descuento Pedri encontrara el carril central para ser derribado en el área. Penalti. Raphinha anotó y dejó la mitad del trabajo hecho antes del descanso. No quisiera estar en ese vestuario al descanso con el Cholo poseído por los demonios. Las sensaciones no eran buenas y quizás el equipo echaba en falta una torre que iluminara sus salidas, un noruego de dos metros sentado en el banquillo.
La segunda mitad comenzó más a golpes. Bueno para el Atlético. Faltaba que se conectaran Lookman y Julián para dar sentido al buen partido de Griezmann. Pero estaban ausentes y el Cholo quitó al primero para meter a Sorloth. Antes le dio tiempo a perder una pelota que permitió correr el Barça y casi termina en el tercero si no fuera por la intervención de Musso. Los azulgrana no jugaban con precipitación, como si fueran conscientes de que terminarían por conseguirlo.
Al borde de la proeza
Pero la sangre del noruego había conseguido enfriar un poco los ánimos culés. Encima su corpulencia permitía salir a los rojiblancos en largo y eso evitaba pérdidas cerca del área de Musso. Tampoco ayudó la lesión de Balde, que había salido por Koundé por el mismo motivo. Pero justo un minuto después, cuando nadie se había conectado al partido, Bernal encontró el tercer tanto barcelonista y terminó por meter el miedo al Atlético. Quedaban 20 minutos de sufrimiento.
El Barça se apagó como los músculos de Pedri. Los culés, sin cambios, necesitaban un esfuerzo extra y Flick lanzó a Araujo de nueve. Hubo más corazón que juego. Pero alguna hubo al final que obligó a Musso a seguir interviniendo. La supervivencia necesita de porteros firmes. Se rozó el drama, pero pasa el Atlético.