Simeone y la Champions, historia de una obsesión

Simeone y la Champions, historia de una obsesión

Simeone, que entiende los códigos emocionales del Atleti como si los hubiera escrito él, sacó el once que exigía el derbi y no el que proponía la lógica. Hizo bien. Por más que la situación, tras el sobreesfuerzo europeo y preparándose para un abril demencial, pidiera saltar al Bernabéu con el filial, ningún aficionado rojiblanco perdonaría no intentar reventarle la Liga al Madrid teniendo la oportunidad.

Cerca estuvo de lograrlo, pese a jugar al trote, pero los errores propios, un Vinicius que recordó que cuando se centra en jugar es decisivo y las cosas que pasan en ese estadio (nunca antes se vio a un árbitro dar tantas explicaciones a los afectados por una roja, quizás recordaba Munuera que la última vez que echó a un madridista casi lo exilian) le abocaron a una derrota sin secuelas. Lo serio llega ahora.

Tras el enésimo coitus interruptus por las selecciones, el Atleti decidirá su destino en dos semanas: cuartos de Champions y final de Copa. Es lo que tiene ser un estudiante tirando a vago, incapaz de acumular buenas notas en el día a día de la Liga y que acaba jugándoselo todo en un par de exámenes finales. Si los clava, puede cerrar un curso memorable y con el Cholo reforzado para otros diez años. Si patina, a mediados de abril estará discutiendo el futuro del técnico. No hay punto medio.

Ganar la Copa ya validaría la temporada, por supuesto, pero no es lo que tiene Simeone en mente. Desde hace unos años está obsesionado con la Champions. Lo disimuló durante un tiempo, pero ya ni siquiera hace ese esfuerzo. No es que la quiera ganar, cosa obvia, es que está convencido de que puede. Racionalmente, es una locura. No lo logró con equipos mucho mejores y, según lo que cada uno piense del Madrid, cinco o seis de los siete rivales que quedan vivos son superiores, pero le da igual. Está obcecado y ahí muero con él.

Para cualquier atlético, lograr ese maldito torneo es quedar en paz con el fútbol, olvidar torturas y llantos, querer más a tu padre, sentirte más tranquilo por el legado que pasas a tus hijos. Ganar la Champions, tirar la copa al río, cerrar el club y morir felices. Por eso, todos somos Simeone en esto. ¿Lo va a lograr? No, seguramente no. ¿Merece la pena hipotecar una vida estable por perseguir esa hazaña imposible? Cada día. Cada maldito día. Ya habrá tiempo para no creer, pero no es ahora.

Vinicius rompe los papeles de Guardiola en el paraíso eterno del Madrid

Vinicius rompe los papeles de Guardiola en el paraíso eterno del Madrid

A Guardiola se le cayeron los papeles con un golpe de viento. Cuando los recogió del suelo y levantó la cabeza, ya no había forma de ordenarlos. El partido había pasado. La eliminatoria, también. El Hijo del viento llamaban al atleta Carl Lewis de la misma forma que se lo podrían llamar, hoy, a Vinicius. Es el mismo viento, la misma zanacada, impetuosa y a la vez liviana, líquida pero mortal. Apareció el brasileño en los claros del City para provocar el caos, la obsesión de Guardiola, porque sabe que el fútbol supera las 64 casillas del ajedrez y que el control que persigue es una utopía. El caos es un instante, suficiente para sepultar una eliminatoria, y para el que el bipolar Vinicius está hecho a la medida.

El zigzag de Vini acabó con un lanzamiento al palo y el regreso de la jugada volvió a encontrar al brasileño en el lado opuesto. Lanzó duro, apretado al palo, y Bernardo Silva no tuvo más remedio que sacar el codo. El VAR tardó tiempo pero sin suspense. Era claro. Al penalti se añadió la expulsión del jugador portugués. Una decisión tan inapelable como excesiva, aunque lo diga la regla, porque castiga dos veces de la forma más severa una misma acción. El fútbol no atiende al non bis in idem. Lástima.

Vinicius no falló esta vez en un lugar maldito. Lo había hecho en el Bernabéu, por lo que el gol tuvo algo de desagravio, no sólo de tranquilidad. Guardiola no se rascaba la cabeza. Lo había hecho antes del partido, pero en esa situación no había más que entregarse a un peligroso intercambio de golpes con el objetivo de ganar el partido. Todo es posible en el fútbol y en el caos, pero Pep tiene poco de madridista, quizás sea demasiado racional para creer en lo imposible.

Guardiola, durante el partido.

Guardiola, durante el partido.EFE

El entrenador del City había corregido sus errores en el Bernabéu, donde empachó a su equipo con tanto delantero, demasiada pimienta que le impidió hacer la digestión. En la vuelta incluyó a Reijnders y dio más campo a Bernardo Silva, además de incluir a Cherki, con la intención de que jugara hacia dentro. El City fue más City pero mucho menos City que tiempo atrás. Doku y después Doku era la única amenaza real, con un Haaland incómodo y desubicado. Courtois puso las manos donde siempre las tiene, en la pila del agua bendita, y el Madrid únicamente tuvo que esperar al espacio, al caos. La realidad es que apareció nada más empezar, pero Valverde, solo frente a Donnarumma, no se lo creyó, seguía en el sueño del Bernabéu.

Sin Mbappé, con Mbappé

Al contrario que Guardiola, Arbeloa no tenía que hacer experimentos. Con Mbappé en el banco hasta la segunda mitad, repitió la fórmula con un centro del campo bien poblado, de nuevo con Thiago Pitarch y Brahim, eléctrico en una acción que mereció el gol y constante con sus movimientos. En este Madrid de circunstancias por las bajas ha entrado como un marine. Merece no quedar en el olvido cuando el resto regrese. El resto son Bellingham y Mbappé, que tuvo sus minutos después de la inactividad por lesión, en los que pudo ser objeto de un penalti y se cargó con una amarilla inútil. Una vez recuperado el francés, corresponde a Arbeloa la compatibilidad con lo que ha hecho hasta ahora y con la buena aportación de la cantera que personifica Thiago Pitarch.

En el Etihad volvió a intentar estar en todas partes, pero hacerlo frente a Doku es un martirio. El extremo se fue del canterano para dar un nuevo centro que, esta vez sí, Haaland alojó en la red. Ha sido su única aportación en dos partidos, en los que el gigante noruego parecía un Polifemo domesticado. Cherki o Marmoush han mostrado más peligro, aunque sin gol. Después de Courtois, tocado, Lunin puso lo suyo para no llegaran, en el tramo en el que el Madrid defendió cerca de su portería, demasiado, frente a un City a la desesperada.

Más, muchos más goles, pudo marcar el Madrid y, en concreto, Vinicius, con un especial apetito por hacerlo en el Etihad, a cuyo público le recordó las lágrimas que le dedicaron cuando Rodri ganó el Balón de Oro. Alto, al costado, al cielo de Manchester, a todas partes lanzó el brasileño en llegadas que aprovechaban los espacios dejados por el City, más de una hora en inferioridad. Lo hizo, incluso, en fuera de juego hasta que el tiempo añadido le dio el fruto de la victoria. Guardiola le felicitó en el campo antes de irse a su vestuario, como si se marchara de un paraíso perdido. Hoy no sabe si regresara. Ese paraíso es la Champions, el paraíso eterno del Madrid.

La carrera de Vinicius contra la camisa de cuadros de Guardiola: no había tanto que temer

La carrera de Vinicius contra la camisa de cuadros de Guardiola: no había tanto que temer

Vinicius nunca debe dejar de correr. Ni siquiera para tirar un penalti. Paradinhas absurdas como la de la ida, censurables en cualquier ser humano, en él son una marcianada contra natura que sólo conduce al desastre. Esa pausa infernal nos rondó a todos la cabeza en la semana. Volvió con la primera pifia de Valverde. Con el primer pase atrás de Doku. Con las primeras manos de Courtois. Con su propio trallazo al palo y el rebote en el culo de Donnaruma que no quiso ir para dentro. Se hizo carne cuando le enfocó la cámara recitando a saber qué antes de ejecutar. Fue un alivio enorme la carrera directa hacia el balón, sin esa especie de anuncio de Youtube que es la maldita paradinha cuando se cuela en el ritual. Gol y todo parecía ya muerto y enterrado. Pudieron ser unos cuantos después. El propio Vinicius parecía empeñado en no querer marcarlos por si un exceso en la celebración le dejaba sin jugar la siguiente eliminatoria contra el Bayern.

Con diez el Manchester City, y 0-4 abajo, la imagen de Guardiola embutido en una sobrecamisa de cuadros ridiculizaba nuestro propio miedo anterior. Grave error. Don Fútbol se encargó de recordarnos que por ahí seguía Doku y sobre todo seguía Trent, que regaló un duelo, un córner y el gol del empate. El oasis del descanso se rompió de golpe con la imagen macabra de Courtois lesionado y Mbappé calentando. Parecía que el equipo quería rendir homenaje al acojone general de la afición e intoxicar de emoción la eliminatoria. Lo contrario que Guardiola, que quitó a Haaland con mucha prisa. A él y a otros les secó a paradones Lunin, acostumbrado a demostrar en el silencioso Etihad que es un gran portero.

Durante 20 minutos la emoción radicó ya en ver qué tal estaba Kylian, que no pareció cojitranco y echó buenas carreras. El balón de oro Rodri vio desde el banquillo como el balón de plata Vinicius marcaba su gol 34 en la Champions League. Guardiola, que sabe que el Madrid no gana una Champions sin drama mediante, supo estarse quietecito. A ver los alemanes.

La gran venganza de Vinicius ante el Etihad y el City por el “deja de llorar tanto” del Balón de Oro: “Siempre hay otra oportunidad”

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Vinicius Júnior se la tenía guardada al Etihad Stadium. "Stop Crying your heart out (Deja de llorar tanto)" rezaba la pancarta gigante que ocupó uno de los fondos del estadio del Manchester City en la eliminatoria de año pasado. Con ese lema y una foto de Rodri besando el Balón de Oro, la grada británica le recordaba al brasileño lo sucedido en la entrega del premio, ausente el delantero y la expedición del Madrid en París al no recibir el galardón. Así que este martes, cuando Vinicius anotó el penalti que sentenció el cruce a favor del conjunto blanco, tenía claro el gesto que iba a hacer: mandó callar a la afición llevándose el dedo índice a la boca y después se acercó los puños a los ojos haciendo una mueca de lloro, refiriéndose a la pancarta del curso pasado.

Fue el gol que lo decidió todo y que llegó tras el asedio inicial del City, con hasta tres paradas, a cada cual más increíble, de Thibaut Courtois, el otro protagonista del duelo. El belga realizó cuatro vuelos increíbles en la primera parte antes de irse lesionado en el descanso por una sobrecarga en el abductor derecho. Cherki, Rodri y Haaland se encontraron con él, desesperados, unos minutos antes de la revisión que cambió la noche.

La sala VAR del Etihad estuvo cinco minutos analizando la jugada que provocó el penalti y la expulsión de Bernardo Silva. Primero un posible fuera de juego de Vinicius en el inicio de la acción y después el codo del portugués, abierto para evitar el tanto del brasileño en el rechace. Turpin esperó sobre el césped y después acudió a la pantalla en la banda, mientras recibía cientos de improperios de la grada local. El resultado, calamitoso para el City: penalti y roja.

Vinicius, lejos de esconderse tras la pena máxima fallada en la ida, volvió a asumir la responsabilidad. Al principio Güler cogió el balón, pero después se lo cedió al brasileño, que repitió lado y evitó hacer el salto innecesario con el que erró hace una semana. Fue su venganza por la pancarta, lo que unido a su gol en el descuento le hacen sumar nueve en 15 partidos desde la llegada de Arbeloa. Antes, en 33 bajo las órdenes de Xabi Alonso, había marcado siete. Un dato que explica el giro que ha sufrido Vinicius desde el cambio de entrenador. El delantero lleva ya 34 goles en la Copa de Europa, a solo uno de Puskas. Palabras mayores. "Siempre hay otra oportunidad y aquí está hemos ganado y vamos a cuartos, con la afición y nuestro cuerpo técnico que hace todo por nosotros", dijo sobre el gesto.

En el intermedio, al que se llegó con tensión entre Donnarumma y Rüdiger, Courtois se quedó en los vestuarios. El belga se fue al túnel hablando con Luis Llopis y de inmediato Lunin salió a calentar. En una de sus estiradas, el belga se hizo daño. Le tocó el turno al ucraniano, héroe hace dos años en los penaltis de los cuartos de final.

En el minuto 68, Mbappé volvió a jugar tras cinco partidos ausente, casi un mes, y fue parte del 4-1 del Madrid al City en las eliminatorias disputadas entre ellos en los últimos cinco años. El clásico del fútbol moderno es blanco.

Una victoria de salvación provisional

Una victoria de salvación provisional

Cuántas veces se ha dicho que el fútbol es sólo un juego. Y la fortuna puede aparecer con rotundidad. Había entrado Iago Aspas y, a la primera jugada, su zurdazo se estrella en el poste izquierdo de Courtois. No muchos minutos después, un disparo de Valverde desde fuera del área tropezó en Marcos Alonso para transformarse en la primera victoria del Madrid en tres jornadas.Y respira. Por lo menos puede respirar el abatido Arbeloa.

El Madrid siempre luchó la victoria. El Celta no lo hizo. Giráldez se inhibió casi tácticamente. Jugó con un catenaccio melindroso. Sólo quería que el Madrid no tuviera espacios en ataque. No los tuvo, pero al final, como se dice, te la juegas a que un rebote cause la derrota.

Aunque fuera en un gol de suerte, creo que Giráldez se equivocó con su alineación y su miedo a dejar espacios a Vinicius. Logró un gol, porque Alexander-Arnold se lo regaló al Celta. Ni más ni menos. El ahora llamado Trent es como un cadáver en el juego. Creo que le importa un bledo el Madrid. Cobró un disparate por la prima de fichaje y se ha sentado a descansar en Madrid. Además, casi siempre anda lesionado.

Una pequeña brisa corre a favor del Madrid, ya que al Barcelona no le queda otro remedio que ganar en San Mamés. Estamos de acuerdo que el equipo de Flick juega mejor y es el favorito. Pero pienso que un Madrid sin fútbol, ni jugadores, casi los mejores, lesionados sólo cede un punto frente al líder.

Arbeloa ha logrado que su equipo pueda ganar un partido. Se equivocó al dejar a Trent sobre el césped. Y al hacer jugar a Brahim demasiado escorado hacia el lado derecho, una imposición que merma a la estrella de Marruecos. Esto fue lo que entorpeció a Valverde, sin espacio para participar donde le gusta, casi de extremo derecho.

Además, el técnico canterano es el culpable de que Arda Güler pierda toda su personalidad y efectividad. Lo pone de mediapunta, pero le exige que baje 40 metros hacia su portería para que inicie el juego ofensivo. Güler es un mediocentro que tiene gol. A 50 metros de la portería lo inutilizas.

Es increíble cómo Tchouaméni se ha convertido en la actual gran estrella del Madrid. Incluso marcó un tanto con precisión milimétrica. Y fue una vez más el mejor de su equipo.

No sé si esta afortunada victoria en Balaídos es tan decisiva como se supone. Con 10 bajas, con jugadores de la cantera que no son brillantes se puede creer aún en los los ángeles blancos madridistas. El próximo hueso es un Manchester City que parece favorito. Aunque nunca se sabe.

Fede Valverde logra la carambola del náufrago en Balaídos y sostiene al Madrid en la Liga

Fede Valverde logra la carambola del náufrago en Balaídos y sostiene al Madrid en la Liga

Una carambola lanzada por Fede Valverde sostiene al Madrid como se sostiene un náufrago sobre la balsa. Es realmente lo único en lo que este Madrid se parece al Madrid, en buscar la orilla cuando otros desfallecen. De esa forma la alcanzó en Balaídos para respirar, con una pléyade de canteranos sobre el campo, la apuesta de Arbeloa cuando todo estaba perdido. No tenía mucho más, es la verdad. El lanzamiento de Valverde, en el tiempo añadido, golpeó en Marcos Alonso para tocar la red como el Madrid toca la orilla, la esperanza. [Narración y estadísticas (1-2)]

Mendy, prácticamente inédito en la Liga, apareció en la izquierda. Parece claro que a Arbeloa no le complace Fran García tanto como a Xabi Alonso. En la situación en la que está la defensa del Madrid, como una nave con vías de agua, no hay nadie liberado del servicio. A la plaga de lesiones conocida se sumaban en Vigo las bajas de Carreras y Huijsen, sancionados. El técnico no sólo utilizó al francés, sino que varió el mecanismo defensivo en busca de la seguridad que no encuentra, y es que no hay partido en el que Courtois no se aparezca en el área, como una virgen pagana. Amén.

La debilidad de Trent

Arbeloa mandó a Valverde situarse como lateral en posición defensiva, cuando atacaba el Celta, para calzar el talón de Aquiles del Madrid, la espalda de Trent. Cuando avanza con la pelota, el inglés traza centros como si lo hiciera con un compás. Pedirle martillazos a un compás es una locura, por lo que a Trent hay que auxiliarlo, acompañarlo o sentarlo. No está la cosa para sentar a nadie, porque sigue sentado Carvajal. Cuánto pesa la ausencia del capitán verdadero. Cuando el Madrid no tuvo tiempo de realizar la maniobra, por un balón al espacio, Swedberg desnudó a Trent, lento, sin anticipación pese a tener la ventaja, y blandito. Rüdiger lo veía y se hacía cruces, aunque en ciertas acciones mejor no seguir su temerario ejemplo.

La facilidad hizo a Swedberg gustarse en la suerte, estuvo torero. El pase hacia atrás para Borja Iglesias fue de academia, como el remate del 'Panda', ansioso e impreciso hasta entonces, lo que le costó una tarjeta, pero fino en la definición.

La acción llevaba un empate inesperado a Balaídos, porque hasta entonces el Celta había sido sometido por un Madrid tenso, ganador en los duelos, y dinámico, aunque no tuviera toda la profundidad deseada. Vinicius había lanzado al palo en una escapada, pero después desapareció, desconectado del juego. El ataque lo complentaba Brahim, en la derecha, sin que la posición de delantero centro tuviera un titular claro, con Gonzalo en el banco. Asomaba Güler del mismo modo que lo hacía hasta Valverde, cuando se incorpraba al área en las acciones de ataque. Al final funcionó.

El que se asomó primero, en cambio, fue Tchouaméni, con un doble remate en el balcón del área y el gol en la siguiente acción, tras un saque de esquina ensayado. El golpeo fue tan preciso como un centro de Trent: palo y red.

Junto a Mbappé y Courtois, Tchoauméni es de los mejores futbolistas de este irregular Madrid. En la eliminatoria frente al Benfica su prestación fue fundamental. El Madrid necesita un faro para su juego, es una evidencia, pero de momento ha encontrado la boya. No es poco antes de una reconversión necesaria.

Giraldez, juego e identidad

Si Tchouaméni marcó y tuvo ocasiones fue porque el Celta le concedió el espacio para llegar, al defender demasiado cerca de Radu. No es lo que le gusta a Giraldez, uno de los entrenadores de moda. Basta ver dónde estaba y dónde está el Celta, con una promoción continúa de su cantera. Miguel Román, un gran mediocentro a sus 23 años, es la última prueba. Giraldez, de O Porriño, conjuga juego e identidad. Buena cosa. Cuando ordenó a los suyos salir de la cueva, una vez conseguido el empate, la encontró, aunque ello implicara riesgos, con un choque más equilibrado. Vini se activó y Thiago Pitarch se estiró, con un remate cargado de intenciones, pero también lo hicieron el 'Panda' o Jutglà.

Vinicius, ante Ilaix Moriba, el viernes en Balaídos.

Vinicius, ante Ilaix Moriba, el viernes en Balaídos.AFP

Era momento de decisiones y la primera de Arbeloa fue la de retirar a Güler para poner en liza a otra canterano, César Palacios. No había estado excelso el turco, pero fue el primer sorprendido. Después entraron Manuel Ángel y Gonzalo, más cantera. Giraldez, por su parte, reaccionó con tres cambios, porque su equipo volvía a acusar el aumento de ritmo del Madrid, y más tarde añadió el picante de Iago Aspas. El palo negó la gloria al ídolo local, la gloria que el Madrid corteja, hoy, como un náufrago.

La UEFA multa con 15.000 euros al Real Madrid y una advertencia de cierre por la actitud racista del público ante el Benfica

La UEFA multa con 15.000 euros al Real Madrid y una advertencia de cierre por la actitud racista del público ante el Benfica

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La Comisión de Control, Ética y Disciplina de la UEFA ha multado con 15.000 euros al Real Madrid por comportamiento racista y/o discriminatorio de sus aficionados en el partido de vuelta de la eliminatoria de la Liga de Campeones contra el Benfica portugués y ha advertido al club de cierre parcial de su campo en caso de reincidencia durante un año.

Según confirmó la UEFA, además de la multa económica, la Comisión ha ordenado el cierre parcial de 500 asientos contiguos de la tribuna sur inferior del estadio Santiago Bernabéu en el próximo partido que el equipo juegue como local, aunque el cumplimiento de esta sanción está condicionado durante un periodo de prueba de un año, a partir de la fecha de hoy.

En el partido ante el Benfica, el pasado 25 de febrero, un aficionado de la grada de animación del Real Madrid, la 'Grada Fans' en la que se desplegó un tifo contra el racismo, fue expulsado del recinto tras ser captado por las cámaras de la transmisión del encuentro realizando el saludo nazi.

Según pudo saber EFE de fuentes del Real Madrid, los miembros de seguridad privada del club le localizaron, identificaron y procedieron a su expulsión del estadio antes del partido. El club pidió de manera urgente a su Comisión de Disciplina del club que iniciase unrocedimiento inmediato de expulsión.

La UEFA anunció la multa y el posible cierre por el comportamiento racista y/o discriminatorio de los seguidores del Real Madrid en el partido jugado el pasado 25 de febrero, en el que el club logró el pase a los octavos de final, tras la polémica generada en el encuentro de ida en Lisboa, por el posible comentario racista del argentino Gianluca Prestiani al brasileño Vinicius.

El 17 de febrero, en el partido de ida del 'playoff', tras marcar el único gol del encuentro (0-1), Vinicius denunció al árbitro que había sido objeto de insultos racistas por parte Prestianni, por lo que el encuentro fue detenido unos minutos y la UEFA abrió una investigación.

El argentino fue posteriormente suspendido provisionalmente durante un partido y se perdió la vuelta en el Santiago Bernabéu, donde el equipo dirigido por José Mourinho perdió por 2-1 y quedó eliminado de la competición europea.

Arbeloa es un desastre

Arbeloa es un desastre

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Bueno, el Madrid dio un paso más hacia el cadalso del fracaso en la Liga. Fue un simulacro de equipo. Presa del tacticismo de Bordalás y sus maniobras en la oscuridad del fútbol.

Arbeloa es un incompetente. No puede ser entrenador del Madrid. Fue un medio fracaso en el Castilla y ahora será el enterrador de esta temporada. Si narramos la cantidad de barbaridades que cometió tácticamente llenaríamos varias páginas de la ignomia del ex lateral derecho.

Premió a los del fracaso de El Sadar y ante un Getafe que le iba a poner la muralla china siguió con su maldito 4-4-2. Y sin Mbappé. Con un hueco de inutilidad por el lado derecho, porque Valverde jugó donde le dio la gana sin respeto táctico.

Arda Güler juega casi siempre a 50 metros de la línea de meta y así es imposible que se convierta en un jugador peligroso. Y muy difícil que meta goles. Cuando lo intento en posición hizo la jugada del partido y la única ocasión clara del Madrid.

El caso de Gonzalo es patético. Le han dicho al genio del banquillo que tiene que defender, así que pasa más tiempo tratando de birlar el balón que de delantero centro, donde casi nunca está. Antes era un goleador, ahora Arbeloa lo ha convertido en un juguete roto.

El líder Vinicius sólo juega para él. "Yo soy el fenómeno". Y con el planteamiento de Bordalás era imposible que hiciera algo positivo. Siempre tenía a tres vigilantes. Pero él se empeñó. Que para eso es el líder. Ni siquiera dio un centro válido desde su posición. Claro que en el área no había nadie.

El Madrid es el peor equipo ofensivamente de los gallitos del fútbol. Nunca hay nadie dentro del área, porque hay que defender según el defensa llamado Arbeloa. Bordalás se había burlado de él. Durante la segunda parte, el aspirante a entrenador del Madrid comete el gran error de sólo atacar con delanteros. El fallo más latente de un entrenador que no sabe ni leer el catón. No sabe ni leer el fútbol.

¿Quien ha fichado Mantantuono y Huijsen? Habría que echarlos a los leones del circo del Bernabéu. Que ya casi lo hacen. Además. Mastantuono insulta en argentino y se va a la calle. Por no hablar de Trent o un despistado Carreras.

Francamente, el futuro inmediato es tenebroso. Una espesa niebla de Arbeloa ciega al Madrid, que sólo es un equipo sin alma, sin carisma, sin saber que para atacar con una defensa de bloques hay que buscar los espacios, con más velocidad de balón y no como jugadores de futbolín, todos atados para recibir el pase al pie.

Fíjense lo que queda de temporada. Un equipo al borde del precipicio y sin los goles de Mbappé, que escondían la mediocridad colectiva. Lo malo es que volverán los pitos en el Bernabéu a Arbeloa y probablemente a la presidencia. Queda el estadio, pero este no mete goles.

El Getafe bate a un Madrid errático y desquiciado en el Bernabéu con una volea a la Liga

El Getafe bate a un Madrid errático y desquiciado en el Bernabéu con una volea a la Liga

La volea de Satriano fue una volea a la Liga. Tan brutal como inesperada, pero en mitad de un acto que era la radiografía del devenir del Madrid en la competición, errático frente a defensas cerradas y desquiciado en el desenlace. Pocas como la del Getafe, que hace de su muralla un lienzo. Un Madrid ya a cuatro puntos del Barça lanzado por Lamine Yamal, y un Madrid sin Mbappé, quebrado, y en el que no bastan ni la magia ni la ira de Vinicius. Hay Liga, dice la clasificación, aunque la pregunta que muchos se hacen en un Bernabéu entre la incomprensión y los pitos es si hay más tormento. [Narración y estadísticas (0-1)]

El desentendimiento entre Duarte y Boselli fue la única grieta que dejó el Getafe en el Bernabéu. Un error sacrílego para un tipo como Bordalás, al que critican y critican quienes no saben derrotarlo. No es el caso de Arbeloa. Desde luego, la forma no es la pelota al pie, porque siempre tiene un centurión de frente. Es la pelota al espacio, a los blancos que no existen en la defensa del Geta y que sólo los elegidos encuentran. Ese espacio lo regaló una vez el equipo de Bordalás, una sola vez, para que Vinicius, inyectado, cabalgara. El gol se cantaba en el Bernabéu, pero el único que cantó fue Soria, y no en el sentido peyorativo. Lo suyo fue el solo de un gran solista de la portería.

En todo el primer tiempo no volvió a encontrar Vini pradera. Tenía que correr en un bosque. Juan Iglesias, eficaz, lo llevó al límite, siempre con las ayudas que en el Getafe son puro catecismo. Arambarri o hasta Luis Milla las ofrecían, dos tipos con mucho oficio y fútbol de forja.

abundancia de centrocampistas

Vinicius lo intentó como el líder que se ha redescubierto en esta ausencia de Mbappé convertida en un misterio. Nadie sabe hasta cuándo ni dónde regresará. El francés hace cuentas, como otros, porque el Mundial se acerca y nadie se lo quiere perder. Vienen tiempos de jugar y administrarse, y no sólo para Mbappé. Al tiempo.

El brasileño tenía en el ataque la compañía de Gonzalo, pero el canterano no entendió muy bien cómo moverse entre los defensas del Getafe. La falta de balón le hacía retrasarse para conectar, cuando lo que el partido pedía para el Madrid era tirar desmarques para varear la defensa de Bordalás y provocar que aparecieran los espacios. La abundancia de centrocampistas restó profundidad por la derecha, donde Trent progresó menos de lo que el Madrid necesitaba. Arbeloa rectificó para dar entrada a Rodrygo en la segunda mitad.

Con una línea de cinco hombres y otra de cuatro, el Getafe se sintió cómodo en el Bernabéu, pese a la posesión casi permanente del Madrid. Eso complicaba su salida, es cierto, pero no le importaba. Cuando era capaz de conectar en el despliegue, llegaba con gente al área del Madrid. Sucedió en el gol, con Arambarri como ganador de un duelo aéreo con Tchouaméni y la siguiente volea de Satriano. Tremenda. Nada se le puede pedir a Courtois, el portero de los imposibles, ante el remate, durísimo, con el exterior, lo que le hizo, además, tomar un efecto mortal, como si la bota del uruguayo hubiera rociado la pelota con arsénico.

Vinicius protesta una acción.

Vinicius protesta una acción.Manu FernandezAP

El gol fue mortificante para un Madrid que no encontraba los caminos, con poca movilidad de sus futbolistas y no siempre ganadores de los duelos, una de las especialidades del Getafe. Al margen de la ocasión de Vinicius, nacida del único fallo de su rival, únicamente había encontrado otra con la aparición de la magia de Güler. El turco realizó una 'ruleta' en el área y a su salida disparó para provocar la segunda buena parada de Soria.

El Madrid necesitaba acelerar y necesitaba otras cosas. De eso debió hablarles Arbeloa a los suyos en el vestuario y a eso se empleó también con los cambios. Carvajal, Huijsen y Rodrygo debían darle visión, empuje y conducciones. A continuación, se sumaría Mastantuono por la desesperación, finalmente expulsado, y Brahim. Huijsen acabó por ver una amarilla que le impedirá jugar en Vigo, otra vez con la defensa bajo mínimos. Mal asunto.

Uno de los sacrificados en los cambios fue Thiago Pitarch, el canterano que había sido titular por primera vez. Estuvo correcto sin más en un día espeso de los suyos, la continuidad de la derrota en Pamplona. Dos seguidas en la Liga. Demasiado.

El aumento de la intensidad y movilidad en el Madrid no le llevó a atacar mejor, sino a hacerlo desesperadamente, con ocasiones de Rüdiger y Rodrygo que tampoco replicaron Huijsen y Carvajal, mientras los pitos volvían a un estadio que no quiere más tormento.

Vinicius marca y baila camino de los octavos de la Champions

Vinicius marca y baila camino de los octavos de la Champions

Vinicius juega contra todos y contra todo. Contra los rivales. Contra el racismo. Contra la irregularidad de su propio equipo. Contra sí mismo. Demasiados desafíos, quizás, pero desafíos estimulantes, sea en el gol, la protesta o el bailecito junto al banderín, como si lo hiciera junto a una garota. Ese Vini en estado puro es el que ha conocido el Benfica, con dos goles de categoría en esta eliminatoria, uno de Da Luz y otro en el Bernabéu, la ira por un presunto insulto, las miradas provocadoras y la samba. La Champions ya lo conoce, la Champions que ya ha ganado y lo aguarda, en octavos, no solo contra Sporting de Lisboa o Manchester City, posibles rivales del Madrid. Contra todos.

Hay algo de narcisismo en el brasileño y en eso tiene a quien parecerse. En esto del fútbol, sobra. Que se lo pregunten a José Mourinho. Special One, en la victoria o la derrota, jugó al escondite y Prestianni jugó a no jugar para que lo hicieran los suyos, después de una sanción que era como un pacto a dos, Benfica-UEFA. Una vez descargada la atmósfera, había que jugar, y para eso este Madrid tiene problemas. No es una novedad.

Dificultad en la construcción

La dificultad en la construcción del juego se ha convertido ya en un problema sistémico que enlaza las últimas noches con Ancelotti con la era de Xabi el breve y la itinerancia de Arbeloa, enjuto e hierático, como un personaje de El Greco. Como el 'Caballero de la mano en el pecho', ante la duda se señala el escudo. Todos sabían y todos saben lo que pasaba, pero todos dijeron «¡señor, sí señor!»

También lo sabe Mou, un especialista en hacer malo a los contrarios. En el Bernabéu elevó la presión, hecho que agravó los problemas del Madrid en la salida de la pelota, y ajustó muy bien a los suyos en el repliegue. En esas circunstancias y sin Mbappé, lesionado, era más necesario que nunca encontrar a Vini.

El brasileño asumió el rol, pero en la banda encontró a lo mejor del Benfica. Dedic ya redujo mucho las opciones de Vini en Da Luz, aunque sin poder impedir la explosión de su gol en la ida. En el Bernabéu fue un hueso, aunque no siempre pudiera detener al brasileño, letal en el desenlace, y un peligro en el despliegue de los portugueses.

El bosnio es, a sus 23 años, un futbolista muy interesante, al que seguir. No es la única arma del Benfica, con el otro Araujo en la zona de los centrales, Richard Ríos en los medios, el incansable Barreiros, Rafa Silva y el rápido Schjelderup o el tormento de Pavlidis, que exploró con intención los espacios libres entre los centrales y Trent. El inglés es el guante del Madrid a balón parado, pero a su espalda no está de más dejar unas crucecitas.

La del Benfica es una nómina muy lejos de la del Madrid por calidad, pero la sensación de equilibrio que ha dejado se debe a su entrenador y a la falta de un entrenador estable en el Madrid. Poco más se le puede pedir a Arbeloa, que sigue con la mano en el pecho y ha alcanzado los octavos, que ya estaban en el guion, tras pasar por un inesperado play in. Al menos, no es un pecho frío.

Los imposibles de Courtois

El Benfica se adelantó en el marcado porque mejor fue su puesta en escena frente a un Madrid incómodo. Quizás una atmósfera cargada le habría ido menor para inyectarle adrenalina. Pavlidis encontró metros en la derecha y su centro lo interceptó Asencio, pero para inventar un remate peligrosísimo a su propia puerta. Courtois reaccionó al fuego amigo como lo haría más tarde al fuego real, enemigo, ante un disparo durísimo y colocado de Ríos. El rechace, sin embargo, encontró de frente a Rafa Silva, que en dos tiempos logró lo que ya era inevitable.

Con la eliminatoria igualada, las dudas que el Madrid se trajo de Pamplona, ya sin liderato de la Liga, y un rival sin miedo escénico alguno en el Bernabéu, la situación era peliguada. El gol de Tchouaméni, a los dos minutos, fue, pues, como un Lexatín, pero en vena. El único error en una entrega hasta entonces del Benfica dio la oportunidad al Madrid de atacar el área con más gente. Valverde progresó hasta el fondo y Tchouaméni se frenó, con toda la intención. El pase del uruguayo lo encontró en la posición perfecta. El golpeo fue preciso, medido.

Sólido y asistente Valverde

El gol no es ajeno al francés, como ha demostrado en el pasado, pero su posición, hoy, más atrasada, le aleja de la zona erógena. No hay quien lo mueva. En esta eliminatoria y durante toda la temporada, es de lo más respetable. También lo fue Valverde, cuyas conducciones no necesitan de la regularidad del equipo. Suyas fueron las dos asistencias.

El empate dio al Madrid más tranquilidad y más balón, pero el hombro de Gonzalo le privó de una ventaja mayor después de que Güler encontrar la red tras un quilombo. Lo conservó tras el descanso, aunque la crecida del Benfica, que se sostuvo sin cambios casi hasta el final, aumentó el compromiso, hasta que un robo permitió a Valverde encontra a Vini en el espacio. Corrió y definió, preciso, para llevar la calma al Bernabéu e irse al banderín. No bailó una Samba para tí. Es una samba contra todos.