El Atlético, el equipo de los grandes de Europa con más kilómetros en las piernas en 2026

El Atlético, el equipo de los grandes de Europa con más kilómetros en las piernas en 2026

Salió Diego Simeone a la sala de prensa de La Cartuja tras perder en los penaltis la Copa del Rey frente a la Real Sociedad con una lucha interior. Aceptar la derrota sin excusas, pero a la vez poner de manifiesto el kilometraje del Atlético de Madrid en este 2026. "El partido era en los 90", quiso exponer como realidad de que los rojiblancos se cayeron estrepitosamente en la prórroga. "Tras jugar 90 minutos con el Barcelona, el equipo pudo tener esa baja en el alargue", apuntó para luego concluir que "el equipo dio todo lo que tenía".

No se trata de recordar que la eliminatoria de Champions contra el Barcelona dejó a los rojiblancos con casi cuatro días menos de descanso que la Real Sociedad. Sino que el Atlético de Madrid es, simple y llanamente, el grande de Europa con más partidos en este 2026. El equipo del Cholo ha jugado 27 partidos en cuatro competiciones: 15 de Liga, seis de Champions, cinco de Copa del Rey y uno de Supercopa. Mientras que los donostiarras, por ejemplo, llegaban a esta final de La Cartuja con 19 partidos (14 de Liga y cinco de Copa), ocho menos que los rojiblancos.

Cómo será la exigencia que está sufriendo la plantilla rojiblanca para que un futbolista como Llorente, un portento físico donde los haya, se retirara acalambrado en el minuto 99 por Lenglet. Aunque tampoco quiso el polivalente jugador madrileño hablar del físico en la final de Sevilla y lo definió más como una falta de atención. "Salimos dormidos y nos marcaron un gol, luego hicimos un penalti... Se puso cuesta arriba todo", apuntó después del partido y añadió: "Hoy no fue. No estuvimos efectivos en las dos áreas y pasan cosas como éstas".

Es la contundencia, claro, un factor importante y muy repetido por el técnico atlético. Pero los datos no engañan y si el Atlético lleva 27 duelos en este 2026 y la Real, 19, hay otros grandes de Europa que también han jugado mucho menos que los rojiblancos. Por recordar los dos con los que comparte competición doméstica: el Real Madrid ha disputado 24 y el Barcelona, 25.

Y si nos vamos a la otra competición en la que el Atlético es el único superviviente español, como es la Champions, hablamos del semifinalista con más partidos en 2026. Aunque el Arsenal, con el duelo que disputó ayer ante el Manchester City en el Etihad le igualara a 27, las dos jornadas que quedan en la Liga frente a una que resta en la Premier antes del duelo que les enfrentará, les dejarán 29-28. En la otra semifinal, los contendientes están completamente igualados con 22 encuentros cada uno, cinco menos que españoles y británicos.

Simeone volverá a repartir minutos ante Elche y Athletic de Bilbao en los dos duelos que quedan antes de afrontar otro asalto al gran sueño rojiblanco y la obsesión del argentino como es la Champions. "No estoy pensando en el Arsenal. Me duele mucho lo de hoy", declaró después de la final de Copa, pero sabe el argentino, pese a su habitual "partido a partido", que el único objetivo vivo para el Atlético está en Europa. Desde que se alejó del líder en la Liga, la Champions y la Copa han sido la proridad.

Dinámica negativa

Pero debe el entrenador plantear un cambio de mentalidad en los suyos porque, aunque antes de la Copa del Rey pareciera que todo eran buenas noticias, el Atlético ha perdido seis de los últimos siete partidos. Bien es cierto que algunos de ellos los ha jugado con hasta cuatro canteranos, pero el equipo necesita volver a la dinámica positiva para intentar asaltar una competición que ya le ha reportado unos 100 millones de euros y que podría sumar, al menos, otros 30 más. El club ha ido creciendo estos años gracias a su regularidad europea y el salto definitivo sería levantar el trofeo en Budapest.

El Sinaí de Simeone: Introspección, mística y supersticiones en busca de la energía perdida

El Sinaí de Simeone: Introspección, mística y supersticiones en busca de la energía perdida

Poco antes de iniciarse la temporada, Diego Pablo Simeone sentía que debía reencontrarse consigo mismo, con el Cholo del pasado. Eran ya 14 años, una larga travesía que empezó en el desierto, llevó a las gentes del Atlético incluso a abandonar la casa de sus padres, el Calderón, y acabó por convertirlo en mucho más que un entrenador, en un líder, en un mesías para las tribus rojiblancas. Un rol que el argentino interiorizó, pero que es imposible desempeñar cuando el líder se siente vacío, sin energía, sin capacidad de transmitir sus ideas y sus sentimientos, dos conceptos indisolubles en el personaje.

Para saber más

De esa forma se lo confesaba a personas de su entorno, preocupado, hasta que buscó el modo de recluirse y, mediante la introspección, volver a conectar con el Cholo. No fueron 40 días y 40 noches, como Moisés en su cita con Dios, pero fueron suficientes para que Simeone encontrara su Sinaí. Tras su descenso para proseguir el camino hacia la tierra prometida de la Champions, la caída en la Copa ha sido como la metáfora del Becerro de Oro. Desorientado y otra vez cuestionado por parte de quienes tanto lo adoran, necesita, al igual que Moisés en el Éxodo, regresar a su imaginario monte sagrado.

El líder adorado y cuestionado

Simeone es un entrenador excepcional, dicho sea con el viento en contra de la derrota ante la Real Sociedad y con independencia de los gustos futbolísticos. La final de La Cartuja fue como un revés del destino para el Atlético, con errores en cadena poco habituales, escenificados en el primer gol, y decisiones desde el banquillo, como la retirada de Lookman, que reabren los debates en torno al líder y debilitan la fe, al igual que los israelitas en su travesía, asediados por el hambre y la sed. En el fútbol sólo las sacian los títulos.

El argentino es la personificación de las principales emociones del fútbol, expresadas sin filtros en el campo, y que nos devuelven a la identidad en su forma más primitiva. A la tribu, a los nuestros. Es un concepto sagrado para el argentino. Hace un tiempo, mientras almorzaba en un restaurante argentino próximo al Cerro del Espino con su pareja, dos niños se acercaron a pedirle un autógrafo. El Cholo los miró, sonriente pero escrutador, y les preguntó el nombre. Una vez hubo firmado, les sorprendió: «Pero vosotros sois del Madrid, ¿verdad?» Los niños se quedaron mudos hasta que uno de ellos admitió con la cabeza. Simeone volvió a sonreír y, mientras les entregaba los autógrafos, les dijo: «Pues lo que tenéis que hacer es defended a vuestro equipo a muerte».

Simeone se queja durante la final.

Simeone se queja durante la final.Jose BretonAP

La evolución del personaje desvela que se siente cómodo en el relato construido, se gusta, pese a las dudas que en momentos le asaltan. Las crisis existenciales las tienen los inteligentes. Las expresiones espontáneas han llegado a convertirse en eslóganes, como el «sí se puede» o el «partido a partido». A medida que esa dimensión crece, lo hacen las necesidades de dar respuesta a lo que tu gente espera, y eso no es sencillo. Sobre todo, cuando aparecen las derrotas, como en Sevilla.

«La gente no necesita mensajes, necesita ganar», manifestó el entrenador rojiblanco, lacónico, con el rostro ajado, exhausto como todo su equipo. El desgaste que arrastraba el Atlético, con muchos más minutos acumulados durante la temporada que su rival en la final, tras la batalla europea con el Barcelona, días atrás, no era únicamente físico. Era mental.

Los signos del zodiaco

Las emociones que la razón no explica encajan bien con lo místico, desde lo religioso a lo profano, desde la fe hasta la superstición. Simeone las explora todas. Vestir de negro tiene un sentido. Cambiar al azul cobalto, como hizo durante una Champions, también. El negro lo utilizó en el primer título conquistado, la Europa League de 2012, y desde entonces ha sido fiel a la vestimenta, incluso repite las prendas y zapatos con las que gana. Seguidor de la astrología, se fija en el signo del zodiaco de sus futbolistas. Las apelaciones del técnico a Dios son, asimismo, habituales. El pasado Viernes Santo, un día antes de enfrentarse al Barcelona, acompañó al Cristo de Medinaceli, junto a su pareja Carla Pareyra, en la procesión por el centro de Madrid.

En Sevilla, el técnico estuvo acompañado por toda su familia, el clan del Cholo al completo, con su madre y sus sobrinos. La implicación de un Simeone, Giuliano, en la serie de errores que dieron lugar al primero gol realista, a los 14 segundos, fue, para alguien supersticioso, como una señal, fatal señal.

Musso ve la tarjeta amarilla tras el penalti.

Musso ve la tarjeta amarilla tras el penalti.CRISTINA QUICLERAFP

Musso fue otro de los implicados. El portero repitió fallo con el penalti cometido. Suplente de Oblak, el argentino habría disputado la Copa aunque el esloveno no viniera de una lesión, porque Simeone es un tipo de códigos. Lo mismo hizo Pellegrino Matarazzo con Marrero, el héroe de la final para la Real Sociedad. Musso, sin embargo, se había ganado algo más durante este periodo de ausencia de Oblak. El Cholo antepuso meritocracia a jerarquía al colocar a su compatriota bajo los palos ante el Barça cuando el esloveno ya tenía el alta. Si hubiera seguido en el mismo nivel, es muy posible que hubiera mantenido a Musso frente al Arsenal, dentro de 10 días. La Copa lo cambia todo, devuelve a cada uno a su lugar.

A Simeone, también, a su introspección, señalado de nuevo, pero esta vez con la sensación de saber lo que sucedió. Su frase lo demuestra: «El partido estaba en los 90 minutos». El argentino dijo que necesitaban la Copa, pero no sólo por ser un título, sino por lo que podía reforzarles en su verdadera obsesión: la Champions. Después de perder la segunda ante el Madrid, en Milán, Simeone se planteó el adiós. Ahora no puede dudar. Necesita volver a su Sinaí, reafirmarse en sus mandamientos, convencer de ellos a los suyos y reemprender el camino de la tierra prometida.

La Copa de la Real: un doblete en el 'fútbol moderno' alimentado en Zubieta

La Copa de la Real: un doblete en el ‘fútbol moderno’ alimentado en Zubieta

Cuando en 1987 la Real Sociedad alzó el título ante el Atlético en la tanda de penaltis en La Romareda, ninguno de los jugadores que se han proclamado campeones había nacido. Como ellos, miles de aficionados realzales que tampoco pudieron estar en La Cartuja para ver a su equipo proclamarse campeón en abril de 2021 de la Copa de 2020. La maldita pandemia le birló el éxtasis.

De aquellos que ganaron el título al Athletic sin el apoyo de la grada en 2021, solo cinco volvieron a experimentar anoche una sensación con la que soñaban como canteranos en Zubieta. El sueño de toda Guipúzcoa. Remiro, Zubeldia, Elustondo, Barrenetxea y el gran estandarte, Oyarzabal, son líderes de una plantilla que gana la cuarta Copa para la historia del club, pero que lleva dos finales en cinco años, un paseo por Europa de la mano de la Champions y la pelea continua por seguir dando guerra en cualquier competición continental. Y eso lo ha logrado con una mezcla casi perfecta de sangre txuri-urdin y peloteros diferenciales. La agitó Imanol Alguacil, hasta que el fútbol le agitó la magia, y ha vuelto a hacerlo Rino Matarazzo, un tipo que ni habla castellano pero que tiene el aura de aquel Toshack recién llegado a la Liga.

El americano ha dado confianza a una espina dorsal donde no se mira la edad, aunque quizá sí la procedencia. Porque la savia de la cantera fluye por Gorrotxategi, Beñat Turrientes, Marrero o Jon Martín. Junto a ellos aparece un abanico de jugadores con galones que han florecido en el Reale. Dos campeones de Copa en el 99, Carlos Soler y Gonçalo Guedes, han avivado a un equipo al que le costó el rodaje de inicio de temporada. Tanto que se cobró la cabeza de Sergio Francisco e hizo zozobrar un proyecto hasta en la competición que conduce al título que hoy festejan en Sevilla.

El camino ha sido sufrido, más de lo esperado. Pese a no haber cruzado con ningún ogro por el camino, pasaron tantas penurias a las que se sobrepusieron que la Copa ya tuviera grabado en su peana su nombre. El castigo de no jugar competición europea les llevó hasta Negreira y Reus en las primeras rondas, para luego subir en Elda. Cuando parecía abocado a una prórroga, un centro de Guedes lo convirtió en la victoria Pablo Marín en el añadido. No sería más fácil acabar con Osasuna. Forzaron la prórroga otra vez con el tiempo cumplido y hasta tuvieron que sobreponerse a un penalti fallado por Oyarzabal que hubiera evitado los lanzamientos. El fallo de Zakharyan hizo a todo Anoeta temerse lo peor, pero llegó la clasificación a cuartos. Otra vez ante un vecino: el Alavés. Nueva agonía. Un toma y daca que resolvieron Guedes y Oskarsson en los últimos 15 minutos de un duelo eléctrico.

En semifinales, a doble partido, el reto era increíble. El derbi, el Athletic copero buscando plantarse en otra final y con la vuelta en San Mamés. Para entonces, la Real ya había empezado a carburar con Matarazzo. Oyarzabal, de penalti, en Donosti y Turrientes asaltando San Mamés metían a la Real Sociedad en otra final, la octava de su historia, y daban a los realzales la oportunidad de ver, casi 40 años después, a su equipo levantar una Copa. Bakero, López-Ufarte, Beguiristain, Zamora, Górriz o Arconada estuvieron anoche en las botas de Barrenetxea, Aramburu, Zubeldia, Remiro o Marreno, tanto da.

Esta Copa, que acompañará en las vitrinas a la del Club Ciclista de San Sebastián de 1909, a la de La Romareda de 1987 y a la de 2020, a las Ligas del 81 y el 82, a la Supercopa, abre, además, de nuevo las puertas de Europa, de la Europa League y de la exótica Supercopa de España. Pero, sobre todo, vuelve a dejar boquiabiertos a los chavales de Zubieta que sienten que, algún día, pueden ser campeones.

De los 10 minutos que pudieron virar la final para el Atlético hasta el beso de Marrero a Pablo Marín: "El partido era en los 90"

De los 10 minutos que pudieron virar la final para el Atlético hasta el beso de Marrero a Pablo Marín: “El partido era en los 90”

Primer minuto y gol de Barrenetxea. Minuto 45 y penalti de Oyarzabal. Pocos equipos se reponen de esa "falta de frescura" en una final de Copa del Rey que mostró el equipo de Diego Pablo Simeone, según el técnico en el primer tiempo, pero que luego se pudo ver cómo se extendía también hasta la prórroga del encuentro. No quiso el argentino hablar de físico, pero sí recordó el esfuerzo de Barcelona. Una batalla física y mental. "El partido era en los 90", ha concluido el Cholo con el diagnóstico que se pudo observar en La Cartuja.

Y tenía razón. Porque cuando Julián consiguió empatar el encuentro con otro gran gol, la Real Sociedad estaba en la lona. "No fue perfecto y sufrimos, pero es lo que define este equipo", ha explicado Rino Matarazzo sobre lo que ocurrió, especialmente, desde el tanto del argentino hasta el final del tiempo reglamentario. Baena por dos veces, Sorloth con un cabezazo y Cardoso pudieron llevar la Copa a Madrid. "Esa contundencia la tuvieron ellos y nosotros no", ha definido el técnico rojiblanco y ha completado "dimos todo lo que teníamos".

Pudo ser suficiente, pero la puntería no estaba del lado colchonero y algo ocurrió en el descanso antes del tiempo añadido. "Nos hemos mirado a la cara. Mikel ha hablado y su mensaje ha sido muy emocionante y todos hemos tirado para adelante, hemos creído y nos hemos llevado el premio", ha apuntado el héroe de la Real Sociedad y ha añadido su técnico: "Respiramos y nos estabilizamos".

Y entonces, lo que pudo haber sido, no fue. Las ocasiones se repartieron por bandos y nadie consiguió derrotar al otro hasta que llegó un momento que Unai Marrero conocía bien, porque ya lo vivió y superó ante Osasuna en octavos con otros dos penaltis parados. En esta ocasión, ni más ni menos, paró los dos primeros y llevó la final a un punto de no retorno pese al fallo de Oskarsson. "Estaba tranquilo, había tensión pero estaba a gusto. Piensas poco. La afición estaba detrás y me he venido arriba", ha revelado Marrero.

La tanda continuaba sin fallos y el guardameta de la Real se acordaba de que una lesión casi le aparta de este momento, pero volvió. "No había promesa con Marrero, solo lo decidí. Confío en él y me gusta confiar en ellos", ha desvelado su técnico, Rino Matarazzo, un entrenador que ha ganado un título con la Real tras apenas 15 encuentros en el cargo.

Entonces llegó el momento clave, con Pablo Marín cogiendo el balón de las manos de Musso tras la enésima discusión con Marrero para que no intentara intimidar a sus compañeros. Llegaron las palabras de ánimo y un beso en la mejilla. "Le dije que estuviese tranquilo, que confiaba en él", ha confiado el guardameta. Gol e historia.

Mitos para la historia

Matarazzo une su nombre a otros técnicos como Imanol Alguacil o John Benjamin Toshack y Unai Marrero emula no sólo por su vestimenta sino con su actuación a un de los mayores mitos de la Real Sociedad: Luis Arconada. "La Copa ha sido un viaje increíble", ha declarado el estadounidense y después sólo ha podido añadir: "Guau" con el halo del 87 sobrevolando la sala de prensa.

En un gesto de caballerosidad, los jugadores del Atlético han aguantado en el campo toda la ceremonia de entrega de la Copa del Rey a la Real Sociedad, no así los seguidores rojiblancos que han abandonado casi por completo la Cartuja. "Los aficionados necesitan ganar, no necesitan mensajes", ha respondido el argentino a la tristeza colchonera. Algo que podía haber sido diferente en esos 10 minutos claves del encuentro. Pero entonces llegó el beso y lo cambió todo.

La gloria de Marrero, de Zubieta a campeón de Copa: "Hay que creer. El chico que soñaba lo ha logrado"

La gloria de Marrero, de Zubieta a campeón de Copa: “Hay que creer. El chico que soñaba lo ha logrado”

"Me gusta la marcha y me crezco en estas situaciones". Unai Marrero tiene 24 años, se ha criado en los campos de Zubieta y, hasta esta temporada, solo le habían lanzado dos penaltis en la élite. Se lo paró a Mbappé la temporada pasada y se lo marcó Luis Rioja un año antes. En La Cartuja fue su segunda tanda, porque la primera se la ganó a Osasuna y fue cuando dijo que estaba "en su salsa". Quizá por eso se agigantó ante Sorloth y Julián Álvarez para atajar los dos primeros lanzamientos del Atlético y colocar la Copa del Rey mirando a San Sebastián. Su naturalidad le llevó a confesar que había echado mano de "chuleta" y que le había dicho a Pablo Marín, el último lanzador, que confiara en él y estuviera tranquilo, como él lo estaba.

"La gente de Guipúzcoa ha sufrido mucho. Hay que soñar, hay que creer. El chico que soñaba de pequeño, lo ha logrado. Es un sueño para mí", confesaba sin dejar de honrar al club donde ha crecido. "Como la Real no hay otro equipo", insistía.

Hubo dudas de si Matarazzo iba a confiarle al chaval la titularidad en la final. "Yo estoy para ayudar al equipo y estoy muy feliz de defender este escudo cuando me toque", insistía. Matarazzo no lo dudó. Y Remiro fue el primero en ir a abrazarle como campeón. El chico que se pone siempre primero el guante izquierdo y la bota derecha iba a ser el muro sobre el que se estrelló el Atlético.

La Copa del Rey siempre acaba dejando nombres que jamás se olvidan y en 2026 será Marrero, pero fue disputado saber quién sería el héroe. Pugnaron muchos, del tempranero Barrenetxea al superhéroe que aceleró a los atléticos. Julián Álvarez emergió para tomar la manija, forzar la prórroga con un zurdazo en el 82 y enviar un disparo a la cruceta en la prórroga. Había marcado en todas las finales que jugó y no se amedrentó cuando le tocó llevar el peso de una final sobre sus espaldas.

Le obligó la Real a tomar protagonismo. Los donostiarras quisieron dejar huella en la historia antes de que se cumpliera el primer minuto. Fue Guedes, con un guante en sus botas y un idilio con esta Copa, quien le sirvió a Barrenetxea un centro que el canterano, como si fuera un corpulento 9 acostumbrado a cazar balones en el área, cabeceó desde el punto de penalti para marcar a los 14 segundos el gol más rápido en una final. Adelantó a Unamuno (Athletic, 1930) y Badenes (Valencia, 1952) e inclinó el partido para la Real.

No hubiera podido hacerlo si Guedes no hubiera servido su cuarta asistencia en esta competición, siempre para desatascar a los donostiarras. Lo hizo con ese primer gol y después siendo la víctima de Musso en el penalti que Oyarzabal, cómo no, no falló. Aunque, para idilio con la Copa, y eso que llegó a la plantilla en enero, Ademola Lookman. En muchos momentos pareció imposible de frenar y, en el minuto 18, empató el duelo. Ha jugado cuatro partidos y sus números son tres goles y dos asistencias. Por eso sorprendió que Simeone lo mandara al banquillo en el minuto 60, cuando parecía que más lo iba a necesitar.

Y es que la final la había puesto cuesta arriba otro jugador, otra vez por gracia de Guedes. Buscó el luso un centro de Carlos Soler cuando Musso lo atropelló en su salida. Alberola Rojas no dudó y puso a Oyarzabal en el punto de penalti. Es infalible el capitán en esa faceta, como si no hubiera presión. Aunque exista y se transforme en calambres que impidan acabar el partido. Para tratar de contrarrestar esos galones emergió Koke, con un gran trabajo oscuro. Se jugaban quién recogería el trofeo de manos del Rey Felipe.

A los goleadores realistas les tocó sufrir en el banquillo los últimos 20 minutos, que podían ser suficientes para volver a ser campeones. No había aparecido la pólvora del Atlético, pero estaba en el campo. Griezmann no había brillado y Giuliano se marchó engrisecido. Julián Álvarez no amenazó hasta que las cintas de la Copa empezaban a teñirse de blanquiazul. Entonces, más centrado y con Sorloth como referencia, decidió tirar de su equipo, que tuvo ocasiones para evitar acabar en la tanda. Pero, otra vez, un penalti le apartó de la gloria.

Marrero emula a Arconada y da la Copa a la Real Sociedad en los penaltis ante el Atlético

Marrero emula a Arconada y da la Copa a la Real Sociedad en los penaltis ante el Atlético

Quizás Rino Matarazzo se había imaginado, en su paseo de 3 horas por San Sebastián, que su equipo levantaría el trofeo en la Cartuja dos días después. Quizás Oyarzabal proyectara, tras ver su gol en la última Copa del Rey, que volvería a tener suerte en una cita tan importante para su equipo y haría llorar a los casi 25.000 realtzales que les acompañaron a la capital hispalense. A veces los sueños se hacen realidad si se lucha mucho y, si al despertarse, uno los persigue para que no se desvanezcan. Quisieron los blanquiazules emular a la Real del 87 y fue Marrero el que, en esta ocasión, se vistió de Arconada y Marín, de héroe.

Pero la final la comenzó ganando Barrene que decidió introducir al Atlético en una nueva dimensión. Desconocida, deshabituado. Le dio el control del partido tras marcar un golazo a centro de Guedes en el primer minuto. Los rojiblancos debían olvidar la serie ante el Barça en la que explotaban la carrera y se aprovechaban del monopolio azulgrana del balón y la línea adelantada. Es la Real Sociedad un equipo valiente, pero no suicida. Aún así, Koke explotó en numerosas ocasiones la espalda de Aramburu con la velocidad de Lookman.

EFE

El británico estaba en ebullición. Las quería todas y al venezolano le estaba dando la noche. Tardó algo más de cuarto de hora en encontrar el premio a su constancia. No fue en velocidad o buscando la espalda sino en una preciosa jugada de tiralíneas que llegó a las botas de Griezmann para habilitar al extremo rojiblanco. Disparo cruzado y empate. Volver a empezar. El plan, con alguna curva, volvía a estar en marcha.

La primera parte se convirtió en un duelo de espejos. Como los entrenadores, ambos americanos y de riguroso negro. Y sus equipos se buscaban por el flanco izquierdo como si hubiera cristales rotos en la otra banda en un precioso duelo de pistoleros: Lookman-Guedes. La Real cedía el balón a los rojiblancos, pero no renunciaba a salir en tres pases usando a su capitán de pivote o buscando la espalda de Molina.

La Real, antes del descanso

El duelo estaba en un detalle y fue Musso el que fue sacudido por el aleteo de una mariposa. El portero, que seguía dando muestras de inseguridad en sus salidas, buscó de puños un centro de Soler. Su mano no encontró balón, si no la cabeza de Guedes. Alberola no dudó y Oyarzábal no falló, como en el 2021, para volver a ilusionar a media Cartuja y toda Guipúzcoa. En el minuto 45, además, ese tiempo donde los golpes duelen más, aunque no tumben.

Tenía el Cholo trabajo en el descanso. Esa palabra que le gusta tanto, la contundencia, estaba toda del lado donostiarra. Salieron con otra marcha los rojiblancos de los vestuarios y pronto avisaron con dos ocasiones de Griezmann y Lookman. Llorente aparecía por la banda derecha y equilibraba el peligro del equipo del Cholo. El siguiente movimiento de ajedrez fue sacar al británico, el mejor del equipo, y Ruggeri por Sorloth y Nico. Los caminos del Cholo son inescrutables. Respondió Matarazzo con Marín y Gorrotxa por Turrientes y Barrene, cemento al medio y a mantener la ventaja.

Tampoco quiso Simeone que Griezmann terminara el encuentro y el francés se llevó una ovación de ambas aficiones. Deportividad que continuaba tras un día de fraternidad en Sevilla. Pero el foco lo devolvió Julián al campo poco después. Tras una jugada de banda a banda del Atlético, terminó el balón en las botas de Julián, que con una gran maniobra empató el encuentro y silenció la Cartuja: una banda por asombro y la otra por miedo. La emoción cambiaba de bando y la Real debía afrontar los últimos 10 minutos sin su capitán y sin Barrene. Pero los rojiblancos, pese al empuje y las ocasiones de Baena y Sorloth, se quedaron sin tiempo y lo dejaron todo para la prórroga.

La alegría txuri-urdin

El tiempo extra siempre suele favorecer al que viene de atrás, aunque la Real intentó por medio de Kubo morder a un Atlético mandón. De hecho, se salvó en una ocasión cuádruple con un milagro de Cardoso. Poco después fue Oskarsson el que la tuvo por dos veces. Musso reaccionó mal al primer disparo y detuvo bien el segundo. Respondió Julián con un zambombazo a la cruceta. La final estaba para cualquiera, la Real, con corazón, había conseguido igualar el poderío rojiblanco.

EFE

Entonces llegó la suerte de los penaltis y el aroma del 87. Marrero, con el azul de Arconada, detuvo a Sorloth el primero y a Julián, el segundo. El fallo de Oskarrson dio un respiro al Atlético después del gol de Soler. Pero a partir de ahí nadie falló y el título, poco a poco, se fue tiñendo de blanquiazul hasta que Marín lo devolvió a donostia. Cinco años después y casi 30 desde el mito de la portería txuri-urdin.

Vivir y morir con Simeone: nadie sabe qué es este Atleti

Vivir y morir con Simeone: nadie sabe qué es este Atleti

El fútbol se estudia con perspectiva, pero se siente en el momento. Y entre estudiar y sentir, no hay color. Por eso resulta tan difícil, salvo para los acólitos y los haters, tener una postura firme con Simeone a estas alturas de su residencia en el Atleti. En el gran esquema de las cosas, analizando el cuadro completo a cierta distancia, su labor es indiscutible y su crédito, aún sólido. En el día a día, en el vivir, reír y sufrir que constituye la santísima trinidad de este deporte y en la desesperación que provoca perder una final, su naturaleza conservadora es desquiciante y las ganas instintivas de cambiar de líder, comprensibles. Toda esa gente que llora en la grada no se merecía un fiasco así.

Hace cuatro meses, cuando el Atleti ya había tirado la Liga y seguía dando síntomas de proyecto agotado, cada año un poco peor que el anterior, pensaba que la era Cholo debía acabar. Entonces llegó Lookman, revivió Griezmann y el técnico exhibió su dominio de las eliminatorias, convirtiendo repentinamente al peluche en una pantera. Si me preguntan el martes tras eliminar al Barça, lo renuevo cinco años. Hoy, cuando el equipo salió desconectado a una final, no mandó salvo cuando perdía, cambió a Lookman porque patatas y, lo que realmente señala al argentino, reculó una vez más tras los empates, resurgen las dudas. Sinceramente, es muy difícil entender a Simeone.

Los penaltis hicieron justicia porque la Real Sociedad fue mejor durante más minutos. En todo. En juego y en actitud, en ataque y en defensa, en el campo y en el banquillo. El fallo en cadena de Nahuel, Giuliano, Ruggeri y Musso en los primeros 14 segundos, que generó el 0-1 de Barrene, no fue un accidente sino una declaración de intenciones. Y ni siquiera tras la vida extra que supuso el golazo de Julián Álvarez fue capaz de tomar el control. La sensación de que este equipo sólo piensa en Europa sobrevoló tanto el partido como los días previos y es un riesgo mayúsculo. No es un gran plan jugárselo todo a hacer real una quimera.

¿Qué es este Atleti? ¿Cuál es su realidad, su idea, su futuro? ¿Es la máquina de competir de Champions o el equipo timorato de esta final, el que deambula sin pena ni gloria por la Liga? ¿De verdad la temporada va a ser de matrícula de honor o de suficiente raspado, sin punto medio, en función de dos partidos contra el Arsenal?

Pues sí, así es. Esa es la vida actual del Atleti con Simeone. Un doble o nada permanente en el que, por ahora, gana el nada.

Homenajes a Zabaleta y pugna entre silbidos y "lo, lo, lo, lo" durante el himno de España en la final de Copa del Rey

Homenajes a Zabaleta y pugna entre silbidos y “lo, lo, lo, lo” durante el himno de España en la final de Copa del Rey

Un tifo con un oso enfadado junto a un madroño y la Copa del Rey con la leyenda «Una pasión, un campeón» y una enorme efigie de Aitor Zabaleta destacaban en las gradas de La Cartuja antes de escuchar el himno ante la presencia del Rey Felipe VI. Pugna entre silbidos y tarareo de «Lo, lo, lo,lo» en un estadio azul y rojo. Los atléticos fueron mayoría ante un unos txuri-urdin que también pitaron a los ex Le Normand y Sorloth.

Una final que comenzó desde muy pronto en Sevilla. Caminaba Andrés Serrano por Triana escoltado por los hermanos DeGregorio, Santiago y Javier, con la hija de Santiago como guardesa. Más de dos siglos entre los tres amigos. Andrés, con 86 años, 72 como abonado, y socio número 80 del Atlético llevaba una camiseta de la generación de Luis Aragonés, con varios pins del club de sus diferentes épocas. Llegaron en AVE y andaban con miedo a la irregularidad de los rojiblancos. «Con el Atleti nunca se sabe», reflexionaba Andrés para luego preguntar: «¿Cómo puede ser que gane a los fuertes y pierda con los pequeños?».

Su andar era lento, claro, por el calor que pegaba en Sevilla, 33 grados a la sombra. Unos metros más adelante, les esperaba junto a la Catedral de Sevilla el grueso de los aficionados de la Real, unos 2.000, a los que su club recomendó juntarse sobre ese punto de la ciudad mientras que la afición rojiblanca, otros 2.000, hizo lo propio en la Alameda de Hércules, lugar que hace un par de años vivió una desagradable batalla campal en la final Athletic-Mallorca.

Intervención de objetos

Precisamente, en la calle Placentines, una de las vías que dan acceso a la Catedral bajaban cantando un grupo reducido de integrantes del Frente Atlético hasta que se encontraron con la masa blanquiazul. «Aitor, Aitor, Aitor Zabaleta», les devolvían los txuri-urdines mientras los rojiblancos daban media vuelta para evitar una confrontación. Por la mañana, la Policía identificó a 91 personas e intervenido objetos contundentes, cuchillos, palos, cadenas, pasamontañas y 95 barras de hierro.

Miles de rojiblancos atravesaban la ciudad para llegar hasta el parque del Alamillo, último paso de peregrinación camino del primer gran momento de la temporada. Muchos cánticos para el Cholo y un gran número de acólios se quedó en la puerta del hotel del equipo madrileño.

No estaba Sevilla de enfrentamientos, de hecho era más habitual ver a aficionados rivales haciéndose fotos juntos, especialmente en las Setas, donde la Real Federación Española de Fútbol había dispuesto una especie de festival futbolístico de confraternzación entre aficiones.

Y eso que en la capital hispalense se desayunó en vaso, como le gusta decir a Carlos Alcaraz. Desde las 11 de la mañana, numerosos bares del centro servían más cervezas y whiskys que cafés, especialmente en la Alameda de Hércules donde paseaban Félix Apalategui y su familia: tres hijos y dos nietos, que llevaban las camisetas de Guedes y Oyarzabal, la zamarra más habitual en la afición realista. «He estado en las últimas finales invitado por Adidas», mientras se dirigía rumbo a Triana.

"Desde antes de nacer"

Diego López, un rojiblanco de 20 años, había llegado desde Madrid y esperaba a su padre, que viajaba desde Málaga. El joven le había regalado por el Día del Padre las entradas para la final. «Soy socio del Atlético desde antes de nacer porque él está tan loco como yo», confesaba mientras enseñaba en su brazo los tatuajes del tridente de Neptuno y la fecha de nacimiento del club, 1903.

Sevilla fue tomada desde toda España y no sólo desde San Sebastián o Madrid. Fagogaga vino desde San Juan de Luz para animar a una Real de la que es socio desde hace 18 años y visitó la silla de Guipúzcoa en la Plaza de España, donde había una cola de 50 metros para poder hacerse una foto. Desde Logroño llegaron Álvaro Díez, Ángel López y Francisco González. Álvaro llevaba una camiseta de Simeone del doblete que se ganó en la 1995/96 con Antic en el banquillo. Consiguieron entradas a través de la Federación porque no son socios del Atlético y los dos se centraban en la Copa antes de mirar la Champions. «Vamos a empezar primero por hoy», decían sobre la posibilidad de otro doblete este curso. Como buenos cholistas, partido a partido. Las piernas no tienen que pesar, hay que jugar con el corazón», concluía Ángel.

Beñat Turrientes: "Matarazzo es enorme e impone cuando se enfada, pero estamos muy contentos con él"

Beñat Turrientes: “Matarazzo es enorme e impone cuando se enfada, pero estamos muy contentos con él”

Beñat Turrientes (Beasain, 2002) es paciente y sereno gracias al influjo de su padre, a quién perdió en la pandemia. "Me acuerdo mucho de él en estos momentos en los que estoy consiguiendo cosas. Me da pena que no esté aquí, pero estoy seguro de que está muy orgulloso", explica a EL MUNDO. El mediocentro de la Real confía en que esté dándole "muchos ánimos" desde arriba para conseguir el primer título con el equipo de su vida.

Para saber más

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Porque Turrientes se acuerda perfectamente de aquella Copa del Rey de la pandemia en 2021 en la que Oyarzabal, hoy capitán del equipo, convertía un penalti que daba el título a los donostiarras en el derbi vasco. "Había salido por la tarde con amigos por Beasain y luego me fui a casa con mi familia y lo vimos ahí. Cuando ganaron, salí al balcón a gritar y a cantar el himno porque lo pusieron en algún balcón del barrio. Fue un día muy bonito", revela el jugador.

Ahora tiene la oportunidad de vivirlo él, después de que gracias a la fe de su padre y a su confianza en él, pese a la impaciencia de la juventud, esperara en el equipo de su pueblo junto a sus amigos la llamada del equipo txuri-urdin y rechazara la oferta que le hizo el Antiguoko, un equipo potente de la región. "Como era un chaval, quería ir pero mi padre insistió en que me quedase en el pueblo con los amigos y que si seguía jugando como lo estaba haciendo me llamaría a la Real", apunta.

Le llamó la Real y comenzó a quemar etapas en Zubieta hasta llegar al primer equipo donde su etapa antes de la llegada de Matarazzo era testimonial. "Un día estás abajo, otro te puede cambiar la vida. Este año, que ya era el tercero y no estaba teniendo minutos, creía que era el momento de salir. Pero al final ha venido Rino Matarazzo, ha confiado en mí y estoy muy contento", explica el mediocentro donostiarra que dice que sólo le pidió un cosa: "Que fuese yo mismo".

Pero la llegada de Matarazzo no supuso sólo un giro en su situación, sino también en la del equipo. "Cambió el chip", desvela sobre el cambio de estar luchando por el descenso a hacerlo por Europa y llegar, claro, a la final del torneo copero. "Al ser un entrenador de fuera todo el mundo quiso demostrarle las cualidades que teníamos", incide.

Cómo para no hacerle caso al técnico, con lo grande que es...
Sí (risas). Es enorme e impone un poco cuando algunas veces se enfada, pero estamos muy contentos con él.
El centrocampista en las gradas del campo de entrenamiento.

El centrocampista en las gradas del campo de entrenamiento.Jose Ignacio UnanueAraba

Ya son 14 partidos con Matarazzo con siete victorias, cuatro empates y sólo tres derrotas. Dice Turrientes que se puede imaginar la charla que les dará en los vestuarios de La Cartuja antes de saltar a la final y asegura que será "motivadora", pero que su obligación será "estar tranquilos" porque los nervios les pueden traicionar en una final tan importante y que muchos integrantes de esta plantilla no han jugado.

Tampoco Turrientes, pero el donostiarra sí que ha vivido, ni más ni menos, que una final olímpica en la que falló el penalti que pudo dar el oro antes de la prórroga. "Pasé de estar ahí abajo a, de repente, Camello meter los dos goles y ganar el oro. Para un deportista ganar un oro olímpico es lo máximo y estar en ese equipo y vivirlo fue algo muy bonito", revela el campeón vasco.

Leyendas enfrentadas

En Sevilla, y en frente, tendrá a Griezmann, "leyenda del Atlético y jugador muy querido en la Real". Pero la debilidad del vasco es Oyarzabal. "Sabemos lo que significa Mikel para la Real, es un referente para todos los chavales que subimos de la cantera y bueno, ahora en la selección también se está viendo", alaba el mediocentro.

Oyarzabal era uno de sus ídolos cuando corría por las calles de Beasain con sus amigos. Situaciones con las que soñaba con jugar en la Real Sociedad y que hoy se harán realidad en La Cartuja. "He tenido momentos malos y buenos, pero todos me han servido de aprendizaje y ahora estoy en uno muy bueno y espero que siga", dice un jugador que dedica su tiempo libre a pasear sus perros y aprender inglés: "Me gusta y me permite integrar en el equipo a la gente que viene de fuera".

Giuliano y el reto ganar la Copa que consiguió su padre cuando él tenía 10 años: "Como aficionado siempre estás nervioso por el equipo de tus sueños"

Giuliano y el reto ganar la Copa que consiguió su padre cuando él tenía 10 años: “Como aficionado siempre estás nervioso por el equipo de tus sueños”

Diez años tenía Giuliano Simeone cuando Joao Miranda metía el gol con el que el Atlético de Madrid tomaba el estadio Bernabéu en la última Copa del Rey conquistada por el equipo rojiblanco. Fue un 17 de mayo de 2013 en el que el menor de los hijos del Cholo, acompañado de su hermano mediano, Gianluca, saltaba en su casa de Argentina con el segundo título que ganaba su padre en el banquillo del equipo colchonero. "Siempre nos poníamos los partidos del Atlético y nos acordamos de muchos que veíamos cuando éramos chiquitos", explica el Cholito en el Media Day del equipo.

Para saber más

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Aquella Copa del Rey era el primer título nacional para Diego Simeone, la que se juega esta noche en el estadio de La Cartuja de Sevilla, es el primero al que aspira su hijo. "Estamos muy centrados, muy emocionados y con mucha ilusión, pero sabemos que cualquier final nunca es fácil", apunta el argentino sobre un partido ante la Real Sociedad cuya magnitud sólo conocen Koke y Diego Simeone en la plantilla actual del Atlético.

¿Ha hablado con el capitán o con tu padre sobre lo que supone una final de Copa?
No.

Es la sinceridad y la concentración de una nueva generación de Simeone que tiene "muchas ganas y mucha motivación" para conseguir su primer título con la camiseta del Atlético de Madrid. Su padre lo hizo tanto como jugador como entrenador con casi 20 años entre ambos títulos (1996 y 2013). "Como aficionado siempre estás nervioso por el equipo de tus sueños, siempre quieres lo mejor para ellos, pero bueno, ahora toca entrenar, plantear bien el encuentro y estar a la máxima disposición posible para el partido", apunta el Cholito.

El pequeño de los Simeone es un portento de la naturaleza que irrumpió en el primer equipo a base de coraje y corazón y que en la actualidad es indispensable en las alineaciones del Cholo. Es el segundo jugador más utilizado de la plantilla del Atlético, con 3.441 minutos, el primero es Hancko (3.579). Simeone valora mucho una virtud de su hijo: es el jugador de la zona de ataque con más tackles ganados y el cuarto de toda la plantilla, con 21, superado por Llorente (32), Hancko (26) y Koke (23).

Giuliano, en el calentamiento de un partido con el Atlético.

Giuliano, en el calentamiento de un partido con el Atlético.Manu FernandezAP

No escatimar esfuerzos y mantener un gran estado físico son capacidades que le permitem jugar cada tres días y disputar casi sin descanso las tres competiciones en las que sigue inmerso el club. Algo muy importante cuando sólo han transcurrido cuatro días entre el pase a semifinales de la Champions, en una batalla sin cuartel ante el Barcelona, y la final de Copa del Rey frente a la Real. "Ya tuvimos tiempo para descansar, estamos centrados en esta final", ha apuntado el argentino. "Este sábado nos toca jugar y tenemos que estar centrados en nuestro equipo, en dar lo mejor de nosotros para poder hacerle el máximo daño al rival".

Homenaje a Griezmann

La Real Sociedad es para el delantero un "grandísimo equipo" que tiene "en muchas líneas del campo grandes jugadores que hacen la diferencia". "Con el nuevo entrenador están haciendo las cosas muy bien. Hacen mucho daño a cualquier rival", ha dicho Giuliano sobre un conjunto que ha pasado de coquetear con el descenso a sólo perder tres partidos de los 14 que ha disputado con Pellegrino Matarazzo. Eso provoca que no haya jugador en el Atlético ni el staff técnico que se vean como favoritos, pese a que el presupuesto de ambos clubes se de 1 a 4. "En una final hay poco de favoritismo, casi ninguno, en una final se juega a todo o nada", apunta el argentino.

En el límite entre el sábado y el domingo se conocerá quién levanta esa Copa del Rey, tanto el equipo como el jugador, porque quizás Koke quiera dejar a Griezmann ese momento, en su año de despedida. "Antoine es una leyenda del club, un jugador increíble y un líder en la cancha. No tiene nada que demostrar", asegura el versátil argentino sobre un compañero que quiere su primer gran título nacional como rojiblanco.