Si los aficionados de Birmingham soñaban con un Aston Villa candidato al título, el Arsenal se encargó de poner las cosas en su sitio. Los goles de Gabriel Magalhaes, Martín Zubimendi, Leandro Trossard y Gabriel Jesus, todos en la segunda parte, truncaron la racha de Unai Emery, que enlazaba ocho victorias en la Premier League. Un triunfo que otorga a los gunners el honorífico galardón de campeones de invierno. [Narración y estadísticas (4-1)]
Fue un miércoles de felicidad plena para Mikel Arteta, a quien le venían reclamando un triunfo de esta autoridad. El único borrón fue no dejar la portería a cero, porque tras no conceder ni un solo disparo durante toda la noche, David Raya se vio superado en el tiempo añadido. En cualquier caso, ese remate bajo palos de Ollie Watkins, culminando una acción de Donyell Malen, no debe enturbiar la actuación del líder de la Premier, con 11 triunfos consecutivos.
El Arsenal encontró una velocidad más tras el descanso y minimizó a un Aston Villa que había dejado su sello durante el primer tiempo. A partir del 1-0 impuso su fútbol pletórico y ofreció un festival a la hinchada del Emirates, alejando de paso a los villanos a seis puntos en la tabla.
17 goles de córner
El balón servido por la bota izquierda de Bukayo Saka, justo al corazón del área chica, pilló desprevenido a Emiliano Martínez, más pendiente de obstaculizar a los rematadores. Demasiadas facilidades para Gabriel, que cabecearía a la red tras ganar el salto al argentino.
En su primer saque de esquina, el Arsenal tomaba ventaja, ampliando su asombrosa estadística de 2025, un año en el que ha anotado 17 goles de córner. En la historia de la Premier League, sólo el Manchester United ha logrado más en un año natural (18 en 2012).
Poco antes de cumplirse la hora de juego, Darren England dejó sin amonestación un clamoroso agarrón de Mikel Merino sobre Morgan Rogers que hubiese significado la segunda tarjeta amarilla para el ex centrocampista de la Real Sociedad.
Gabriel se anticipa a Emiliano Martínez en la acción del 1-0.AP
Tras un primer tiempo igualado, con tramos de superioridad visitante y cierto peligro en algunos contragolpes, los gunners lograron imponer sus virtudes. Como la presión en campo rival, con la que Martin Odegaard decantó la acción del 2-0. El capitán gunner ganó un balón dividido y filtró un exquisito pase hacia el desmarque de Zubimendi, cuyo sutil toque con el exterior hizo imposible la salida del Dibu.
A partir de ahí, el atronador dominio local se tradujo en el 3-0 de Leandro Trossard, con un fantástico derechazo desde la frontal. Tras una revisión en el VAR, el árbitro concedió validez a la acción. La fiesta fue completa con la irrupción de Gabriel Jesus, que envió un preciso derechazo a la red y fue castigado con la amarilla por quitarse la camiseta durante la celebración.
Tras un triste Boxing Day, con apenas un partido que terminó en victoria del Manchester United sobre el Newcastle (1-0), este sábado navideño era uno de los días grandes de la Premier League este curso. Todos los equipos grandes de Inglaterra jugaban en un espacio de dos horas y todos terminaron sus duelos con victoria en un día para el recuerdo de Diogo Jota.
Manchester City, Arsenal y Liverpool, que homenajeó al futbolista luso en su duelo ante el Wolverhampton, el otro club inglés en el que jugó el delantero, secundaron al United y consiguieron alzarse con la victoria en unos duelos apasionantes con marcadores apretados hasta los últimos segundos.
Desde que Guardiola descubrió la magia de Cherki, su vida es mejor y también la de los skyblues. En un duelo a domicilio bastante trabado ante el mítico Nottingham Forest, los pupilos del de Santpedor se subieron a lomos del francés para romper la resistencia de los de Dyche (2-1).
El mediapunta galo encontró a Reijnders para abrir el marcador con un pase maravilloso tras el descanso que le igualó a Bruno Fernandes en la cabeza de máximos asistentes de la Premier League con siete pases de gol y posteriormente solucionó un lío en los que se habían metido los de Pep ante el Forest con un remate a la salida de un córner.
Esa victoria ponía líderes provisionales a los de Guardiola a la espera de lo que realizara el Arsenal justo después. Pero los de Arteta son un equipo bien armado y que han aprendido a manejar la presión y así lo demostraron ante el Brighton (2-1) en otro emocionante duelo.
El empuje inicial de los gunners les sirvió para adelantarse en el marcador a través de Odegaard, que más que un tiro pareció pasar el balón al fondo de las mallas en el primer tanto del vuelo. Luego un gol en propia puerta al principio del segundo tiempo pareció cerrar el partido, pero la rebeldía de Diego Gómez quiso apretar el marcador y exigió la mejor versión de David Raya. El guardameta español estuvo soberbio y repelió todas las acometidas rivales, especialmente un envenenado disparo de Minteh.
Homenaje a Jota
En este súpersábado, la Premier quiso que se enfrentasen los dos equipos en los que jugó el futbolista portugués Diogo Jota, fallecido junto a su hermano este verano en un accidente de circulación. Liverpool y Wolverhampton (2-1) se enfrentaron en Anfield en un partido que pareció un homenaje perpetuo al portugués.
A la presencia inicial en el césped de los hijos del jugador luso, se añadieron numerosas pancartas en recuerdo de Jota así como cánticos de ambas aficiones en el minuto 20, número de su dorsal con los reds. El partido se lo llevaron los pupilos de Arne Slot, aunque con más dificultades de las previstas ya que los Wolves, últimos, apenas tienen dos puntos en su casillero con sólo dos empates.
El duelo supuso la aparición, por fin, de Florian Wirtz, uno de los fichajes más caros de este verano del club inglés. El alemán, además de cuajar un buen encuentro, consiguió meter el segundo tanto del Liverpool. El ex del Girona, Santiago Bueno, puso emoción al marcador, pero finalmente los wolves no pudieron conseguir su tercer empate.
La Premier acude nuevamente en Navidad al rescate de los aficionados al fútbol. Mientras que el resto de grandes ligas europeas disfrutan de vacaciones, los equipos ingleses ofrecen su tradicional Boxing Day. Pero en esta ocasión, la festividad muestra su perfil más gris. Las obligaciones marcadas en las cláusulas de los contratos televisivos provocan que este viernes sólo se dispute un partido: Manchester United-Newcastle (21.00 horas, Dazn).
En anteriores años, la mayoría de los encuentros de la jornada se disputaba el día siguiente de Navidad, en horario de tarde, con masiva presencia en las gradas de familias y niños, que otorgaban un gran colorido a todos los estadios británicos.
En esta ocasión, el resto de encuentros de la 18ª entrega de la Premier se jugará el sábado: Nottingham Forest-Manchester City (13.30 horas), Arsenal-Brighton (16.00 h.), Brentford-Bournemouth (16.00 h.), Burnley-Everton (16.00 h.), Liverpool-Wolverhampton (16.00 h.), West Ham-Fulham (16.00 h.) y Chelsea-Aston Villa (18.30 h.). Para el domingo quedarán el Sunderland-Leeds (15.00 horas) y el Crystal Palace-Tottenham (17.30 horas).
La tradición queda condicionada por los derechos de emisión. Según lo establecido en el contrato de retransmisión, las televisiones deben ofrecer 33 jornadas en fines de semana y sólo cinco entre semana, por eso es necesario jugar los enfrentamientos el sábado 27 y el domingo 28. En 2026, el Boxing Day volverá a la normalidad, ya que su celebración cae en sábado. El resto de las divisiones inferiores del fútbol inglés, de la segunda a la quinta, sí tienen programados sus partidos para hoy .
«Con la ampliación de las competiciones europeas y la FA Cup, que ahora ocupan más fines de semana, la Premier League necesita el sábado 27 y el domingo 28 de diciembre para cumplir con sus obligaciones contractuales», justifican los rectores de la máxima competición británica.
La competición inglesa, al contrario de lo que sucede en la liga española, también se disputará en fin de año, con partidos el martes 30 y el jueves 1 de enero. El primer encuentro de la Liga será el día 2, con el Rayo Vallecano-Getafe (21.00 horas).
Bela tiene tres días. Su madre, la modelo rusa Alexandra Litvinova, anunció su nacimiento subiendo un par de fotos en blanco y negro a su Instagram. En una de ellas, su pareja y papá de la recién nacida, el futbolista Alexis Sánchez (Tocopilla, Chile, 1988), tomaba con suavidad el tobillo de la bebé, como a una espartana. El chileno está feliz en Sevilla. Sentía que le quedaba fútbol que regalar a Europa. Que su ciclo no había terminado.
Tras su último y poco lucido paso por el Udinese, club en el que brilló cuando desembarcó en el continente, eran muchos los equipos sudamericanos que lo querían de vuelta. Pero prefirió aceptar la extraña oferta de Antonio Cordón, recién nombrado director deportivo nervionense. No acostumbraba el Sevilla a fichar a veteranos, no al menos con Monchi o Víctor Orta. El chileno se plantaba en la capital andaluza con 36 años y aspecto de turista en un bufet libre.
"Nos puede dar mucho con su experiencia, puede enseñar a muchos jugadores jóvenes", dijo Cordón. Pero su concurso está yendo más allá de la ejemplaridad. Tiene talento y ganas, cuando participa da alegría y profundidad al juego ensimismado del Sevilla; aún precario. Con jugadores o desenchufados o abizcochados. Con Matías Almeyda rozando la afonía cada jornada, intentando mantener tenso al equipo desde el grito, la pizarra y la convicción.
Alexis fue casi todo antes de llegar a Nervión. Se ganaba unas monedas limpiando coches en el cementerio de su ciudad cuando tenía siete años, para ayudar en casa mientras soñaba con vivir del balón. Niño maravilla en Cobreloa, campeón precoz con Colo Colo y River, deslumbrante en el Udinese, figura en el Barça de Guardiola y tótem del Arsenal. En Italia volvió a levantar títulos con el Inter y en Francia fue importante con el Olympique de Marsella, mientras con Chile se convirtió en máximo goleador histórico y líder del bicampeonato de América en 2015 y 2016. También conoció el reverso: el paso decepcionante por el Manchester United, la deriva posterior, el desgaste de casi 800 partidos y más de 200 goles que parecía empujarlo hacia la categoría de vieja gloria en gira de despedida.
Un equipo en el alambre
Cierto que aterriza en un Sevilla necesitado, con una situación muy compleja en las oficinas, más de 50 millones en pérdidas y un divorcio evidente entre club y afición, cansada de delirios, promesas y balances en rojo. El Sevilla está en modo supervivencia, aguantado por Almeyda, que exprime recursos, recompone desde el carácter y compite mejor de lo que juega, mientras la planta noble del Pizjuán le pide milagros y la grada sólo quiere dejar de sufrir.
En ese contexto, Alexis es estímulo. Ha jugado una docena de partidos, suma pocos goles pero cada aparición entre líneas cambia el pulso del equipo. No se le pide que lo haga todo, sino que haga lo suyo: recibir de espaldas, girar, ordenar ataques y contagiar ambición a quienes se miran demasiado los pies.
Almeyda le ha reservado un lugar entre los líderes silenciosos del vestuario, junto a los capitanes, como ese veterano que asume responsabilidades cuando la pelota quema, que alivia el juego de un equipo lleno de chicos que debutan. Sevilla sigue siendo un buen lugar para los grandes futbolistas incluso en tiempos de estrechez. El chileno responde con carreras cortas pero llenas de intención y fe, con una agresividad que desmiente el tópico del jugador de paso. De mercenario.
Alexis Sánchez se niega a convertirse en pieza de museo. Si marca en el Bernabéu, pensará en su recién nacida, en Bela. Porque los goles siempre son una suerte de afectos.
Al observar a Arda Güler uno no piensa en Yaman, el arrebatador protagonista de La pasión turca. Güler es huidizo, de mirada oblicua, tímido, frágil en apariencia, lejos de la exuberancia del personaje de ficción, interpretado en el cine por el galán francés George Corraface, a cuya voluptuosa presencia sucumbe Desideria Oliván, Desi, presa de la rutina de su matrimonio. Antonio Gala, en realidad, se inspiró en el enamoramiento de su secretario por un turco para adaptarlo en la novela al arquetipo de la Penélope de provincias. La pasión, no obstante, era la misma, muy distinta a la pasión turca que seduce al Madrid, en la que la exuberancia no es física, pero exuberante es lo que produce en el Bernabéu.
Esta nueva pasión turca no necesita el sugerente caos de Estambul, una explosión de colores, melodías y aromas que conforman el decorado para la aventura de la buena Desi. Al contrario. La pasión turca de Güler precisa método, grabaciones, atención personal y psicología, mucha psicología. A todo ello se ha empleado Xabi Alonso desde su llegada con especial dedicación, porque necesita la pieza para lo que desea hacer en el Madrid. El tolosarra quiere un juego dominante desde la posición, que lleve sus centrales adelante, al centro del campo. Exige presión en territorio del rival para robar y armar ataques. Entonces, del mismo modo que en las transiciones ofensivas, llega el momento del pase que rompa las líneas. Ahí aparece Güler, que, frente al Valencia, dio a Mbappé su sexta asistencia. No hay mejor socio posible.
El entrenador quiere, pues, control, no caos, y eso abre incógnitas, porque tiene herramientas, jugadores, para ser mejor en el control, pero de lo que no hay duda es de que nadie compite como el Madrid en el caos. Veremos. El cambio de tendencia, de momento en su fase inicial, es el que hace que los especialistas en la conducción, como Valverde o el propio Vinicius, no tengan ya la etiqueta de indiscutibles del pasado. Vini, sin embargo, no es sólo un jugador. Es uno de los principales activos del club, un icono, y eso es algo que Xabi Alonso, un entrenador nada jerárquico, al contrario que Ancelotti, deberá conjugar con su hoja de ruta. De eso dependerá la cohabitación no sólo del técnico con la estrella, también con el presidente, tras la paz firmada en el festín ante el Valencia, un verdadero merengue en el Bernabéu.
El juego posicional
El juego posicional que penaliza a unos, beneficia a otros. No es casual la mejoría que ha experimentado Tchouaméni, del que quiere todavía más, que se avance en lugar de incrustarse entre los centrales, una necesidad convertida en vicio durante la pasada etapa. Xabi Alonso aspiraba a la llegada de un mediocentro, pero estaba claro que las prioridades estaban en la defensa. Florian Wirtz, al que había moldeado en el Bayer Leverkusen, era muy caro, carísimo, y Martín Zubimendi, con el que hizo algo parecido en el Sanse, filial de la Real Sociedad, no recibió el cariño del Madrid que le mostró Arteta. De haber sido de ese modo, estaría, hoy, en el Bernabéu.
En esa tesitura, el tolosarra dio su plácet a Modric para que siguiera un año más, pero el club sabía lo que saben todos: si el croata seguía, jugaría. No hay entrenador que se resista a su capacidad de templar los partidos. Para dar una verdadera alternativa a las inversiones realizadas para el centro del campo, Tchouaméni, Camavinga y Güler, Modric debía marcharse. De hecho, es justo lo que le dijo Juni Calafat al adolescente Güler cuando se avanzó a Deco por su fichaje: «Será difícil al principio porque están Kroos y Modric, pero cuando se marchen tendrás tu verdadera oportunidad en el Madrid, será tu momento».
Al llegar, Güler, muy respetuoso, llamaba abi a Modric. Abi es como se llama a un hermano mayor en Turquía. Ahora ya no necesita hacerlo, y no sólo por la marcha del croata. Pese a sus 20 años, juega como un hermano mayor. Si acaso, algunos en el vestuario lo llaman de ese modo, Arda abi, pero en tono de broma. «Ahora se siente importante, y ese es el cambio fundamental», explican en Valdebebas, además de «un trabajo muy específico con el futbolista».
Mbappé abraza a Güler tras una asistencia.OSCAR DEL POZOAFP
Los entrenamientos del Madrid son grabados por drones y después editadas las imágenes en vídeos con los que Xabi Alonso hace encuentros individualizados con quien lo cree necesario. En Güler es uno de los que invierte más tiempo, durante las estajanovistas jornadas del entrenador y su staff, desde las ocho de la mañana hasta mediada la tarde. Dónde posicionarse, cuándo girarse o cómo presionar son las cuestiones en las que más ha insistido al turco.
Clave en el balón parado
En las oportunidades que tuvo en el último año con Ancelotti, después de desencuentros, malentendidos y advertencias del italiano a su entorno, Güler hacía esfuerzos excesivos, aunque muchas veces sin rumbo. La clave ahora no es correr mucho, sino correr correctamente. El turco no es el único jugador al que Xabi Alonso explica la necesidad de dosificar los esfuerzos. También a Bellingham, de un despliegue físico brutal y de regreso a su mejor versión tras solucionar sus problemas de hombro en el quirófano. Había jugado mermado.
En un Madrid que quiere llegar a controlar todos los detalles, Güler se convierte, asimismo, en herramienta clave para el balón parado. Nadie tiene su precisión en las faltas indirectas o los saques de esquina. Es técnica en estado puro, pero eso no basta. Ahora vemos a un Güler sacrificado, que se repliega, y a un Güler más fuerte, que ha ganado peso de la mano de Ismael Camenforte, el preparador físico que está detrás de la energía del líder. Este nuevo Güler al que Montella ha puesto ya al mando de la selección de Turquía, aspira a ser el eje del juego del equipo que tiene la mejor selección de Champions.
No será porque Simeone no lo avisó. Sabía el argentino la importancia del balón parado, no en vano le dio una liga en 2014. Aquel cabezazo mágico de Godín tras un córner en el Camp Nou ante el Barça. Allí David tenía la onda ante Goliat, aquí Goliat tenía no sólo la onda sino un arsenal de misiles tierra aire con una lanzadera espectacular. "Ellos en estos momentos son mejores", ha sentenciado el técnico argentino.
Rice era el adulto que colocaba el tobogán para que los niños se tirasen. Lo aprovechó primero Gabriel y luego Gyokeres, la primera sangre y la puntilla. Y no es por altura, es técnica, es táctica. Porque Simeone puso centímetros en el campo. Sorloth aportaba 193, el más alto de los 22 jugadores. Y luego si hacemos una media, ambos equipos se situaban en 183. "No lo pusimos por la pelota parada defensiva. Era más para los centros ofensivos, pero el equipo no pudo ayudarlo. Él hizo el trabajo que tenia que hacer", ha concedido el técnico.
Y lo cierto es que fue esa primera falta botada por el mediocampista británico traído al Arsenal por 120 millones, la que rompió el trabajo rojiblanco. Después, Martinelli y un doblete del sueco rompieron la baraja. "A mí siempre me encantó la pelota parada y hay equipos que la trabajan muy bien. Tiene un valor increíble en cada partido. Cuando rompes el encuentro en una pelota parada hay mucho camino recorrido a favor", ha apuntado Simeone.
Le estaba costando sacar la máscara al jugador que anotó 54 goles la temporada pasada en el Sporting de Portugal, pero se la puso dos veces, y con ella se pasó el juego. "A nadie le importaba hasta que me puse la máscara", citó en su momento el sueco para explicar su celebración. Pero Bane, el malvado personaje de Batman en el Caballero Oscuro, siempre vuelve. Y Gyokeres ya se pone en cinco tantos este curso, el último, claro, tras una nueva maravilla de la estrategia.
El Arsenal ha marcado 102 goles a balón parado desde que Nicolás Jover, su pensador en el cuerpo técnico, aterrizó en los gunners en 2021. Esta temporada son ya 10 los tantos de córners o faltas laterales. No es casualidad lo que hacen aunque, a veces, necesiten un poco de desorden. "Una vez que se ha generado el caos hemos tenido más oportunidades de hacerles daño", ha revelado Arteta.
Una sorpresa muy repetida
Ese caos ha traído cuatro tantos a favor a un Atlético, el de Simeone, que siempre se le ha tildado de equipo defensivo. "Es algo atípico especialmente con el Atlético y en la Champions", se ha sorprendido David Raya, portero del Arsenal y luego le ha secundado Koke, capitán del Atlético de Madrid: "Para mí es un resultado engañoso".
Pero este aldabonazo no aparta del camino al Atlético. No fue la derrota de Lisboa en la que "el equipo jugó mal", según ha recordado Simeone, sino un accidente quizás demasiado repetido lejos del Metropolitano. "No es mala suerte, son errores. Los detalles son determinantes", ha apuntado un técnico que perdió en Cornellá, Liverpool y Londres y ha empatado en Elche, Vitoria, Mallorca y Vigo. Ninguna victoria en siete encuentros. Dramático.
Uno de los grandes engaños del sistema es, en cuanto nos va decentemente, hacernos creer que somos ricos. Luego, conoces a un rico de verdad. Te ves en esa terraza más grande que tu casa, subes a ese coche que convierte a tu SUV japonés en un pigmeo o descubres que lo que tú llamas menú degustación, él lo llama menú del día y la ilusión se desvanece. Ricos son cuatro, el resto sobrevivimos. El Atleti lo descubrió en Londres.
Andrea Berta, director deportivo de los rojiblancos hasta el curso pasado, se encarga ahora de fichar para el Arsenal y ha pasado de comprar en el súper del barrio a hacerlo en el gourmet de El Corte Inglés. Del fuet (delicia infravalorada si se come a mordiscos, he de decir) al lomo ibérico. De inicio, Arteta puso sobre el campo tres novedades de este verano a 70 millones la pieza (Zubimendi, Eze y Gyokeres). Eso es gastar y no lo que el sistema nacional (madridista) se pasó todo agosto intentando vender: que el Atleti estaba gastando como Richard Pryor en El gran despilfarro (repasen los clásicos, amigos).
De los magnificados fichajes del Atleti, el más caro, Baena, costó 40 kilos y el segundo, Hancko (26), demostró en cada desencaje de cadera que le provocó Saka que por ese precio, en el fútbol actual, compras futbolistas competentes, no diferenciales. Bajo ningún concepto es un club humilde, pero está lejos de ser el millonario que se ha querido vender. Estas cosas hay que explicarlas a la hora de analizar lo que pasa sobre el campo.
Y lo que pasó en el Emirates, pese a la debacle final, fue que los de Simeone, guiados por su futbolista, este sí, diferencial (un Julián Álvarez fantástico), hicieron una hora de partido estupenda, pero el Arsenal fue en todo un poquito mejor. Lo suficiente. Lo que sólo pueden pagar unos pocos. Lo que define los partidos a este nivel.
Un poquito más fuerte, más profundo, más rápido, más hábil, más variado, más intenso, más influyente para que el árbitro pitase la falta inexistente del 1-0 y desmontó al Atleti... Y un poquito en todo y todo el rato, es mucho. Tanto como para atropellar a un rival fuerte que planta cara. Esa es la diferencia actual entre la Liga y la Premier y no hay partido trucho en Miami que lo solvente.
El Arsenal es un candidato a ganar la Champions. El Atleti es un animador. Jugando ambos bien, goleó el primero. El fútbol es mucho más lógico de lo que creemos.
En ese cuento del lobo, siempre es mejor temer la peor de las consecuencias. No será porque el entrenador no avisó en la previa, no será porque en la alineación sacó a todas sus torres, pero lo de este Arsenal y el balón parado es, aunque valga la paradoja, imparable. Rice tiene un guante en el pie, lo sabe el Madrid y lo sabe el Atlético. Uno como goleador, el otro como asistente. Puso dos, el primero y el último, y en medio el Arsenal fue esperando como ese torturador que usa la gota china, que es ese tormento en el que conoces el final aunque te resistas a él. Fueron cuatro, demasiado castigo, y ninguno en el arranque, que fue fulgurante. [Narración y estadísticas, 4-0]
A veces es una cuestión de seguir vivo. De esquivar golpes hasta ver una ventana en la que responder. Eso fueron los primeros cinco minutos en el Emirates, el abusón del barrio atemorizando a un rival que no sabía si jugar o despejar. Cuando intentaba lo segundo, alguna pérdida inocente daba alas a un equipo, el británico, que con dos pases se plantaba en área colchonera. Un palo y dos disparos en cinco ataques, uno por minuto.
Sorloth había salido de titular para lo segundo, los despejes o balones largos. También para intentar igualar el poderío aéreo londinense. En altura lo consiguió el Cholo, 183 centímetros de media en ambos lados del campo. Pero el daño de los gunners comenzó por abajo y por la derecha y concluyó como se esperaba. Saka fue un dolor de cabeza para Hancko. Ya avisó en el minuto 18 a espalda, pero respondió Oblak.
El peligro del Atlético vino con una ida de olla de Raya que intentó regatear a Giuliano en el córner. El hijo del Cholo, que es listo como el padre, le dejó liarse solo y sacó rápido de banda para Julián con el guardameta muy fuera de su área. Desde luego, muchos aficionados atléticos querrían que si tienen que recibir un tiro de gracia fuera el argentino el que portara el rifle. Pero falló. Al menos, mediado el minuto 30, el empuje del Arsenal había decaído unos cuantos newtons.
Sí que es cierto que el Atlético tiene una deuda a domicilio. Ni una victoria esta temporada. Dice Julián que muchas se escaparon «por detalles». Esta fue por estrategia. Superlativa en el equipo gunner. Se ganó más por frialdad que por fuego. Y el Atlético, pese a que vino con cubos de agua para sofocar el ardor londinense, se fue con ellos por donde había venido. Ni siquiera se pudo decir que jugó mal, sufrió poco en la primera parte. Al final, apenas un par de oportunidades de Martinelli, una anulada por el VAR y la otra por tras un buen centro de Skelly, pero remató mal reclamando un penalti sin fe.
Pero el 0-0 del primer tiempo no se consiguió gratis, los tres futbolistas que más corrieron en la primera parte fueron Koke, Simeone y Barrios, unos seis kilómetros por cabeza, medio más que el primero del Arsenal que fue Rice. Es a lo que te obliga un equipo, el británico, que alterna momentos de presión alta con un bloque más bajo para salir rápido. Muy completo el equipo que ha confeccionado el ex rojiblanco Andrea Berta, poderío en todas las líneas y posibilidad de explorar muchos estilos de fútbol.
Pero el Atlético salió con otro brío y devolvió el palo a los ingleses en los primeros compases. Fue Julián, el hombre con más calidad de los hombres del Cholo, con un latigazo desde fuera del área. El Arsenal pareció perdido, pero decidió encomendarse a su brújula. Zubimendi se inventó dos pases en profundidad seguidos, el primero salvado por Oblak y el segundo, Martinelli se quedó a centímetros de encañonar. Qué importante es saber devolver los golpes rápido para intentar que un visitante incómodo no se te suba a las barbas.
Ataques aéreos
El siguiente sería letal. Lo dio Gabriel tras un saque magistral de Rice. Quizás Oblak debió salir de debajo del larguero para intentar tocar ese balón. Tanto se había hablado del balón parado del Arsenal, alabado Simeone, y al final, pese a las advertencias, llegó el lobo. Lo peor fue que, pese a la buena recuperación del Atlético tras el tanto, con varios acercamientos peligrosos, los colchoneros le hicieron un pasillo a Skelly que cedió a Martinelli. Esta vez el brasileño no perdonó.
Sin tiempo para recuperarse, Gyokeres hizo el tercero y congeló a los rojiblancos. Quedaba media hora de partido y uno se preguntaba qué haría el Atlético. Simeone intentó sacar más pólvora en busca de un milagro imposible. Ni eso le dejaron los gunners. Gyokeres repitió tras otro balón parado, un saque de esquina sacado por Rice. Un colocador y un rematador, parece voleibol, pero es la virtud de este Arsenal. Una gota fría que te deja helado y la victoria fuera de casa sigue esquiva esta temporada, cero de seis.
Cuando Peter Mujuzi, el speaker del Emirates, recite esta noche las alineaciones del Arsenal y del Atlético de Madrid, el nombre de Mikel Merino sonará a todo color como una de las estrellas de este equipo británico con trazas hispanas. Pudo ser diferente si en el verano de 2024, el entonces centrocampista de la Real Sociedad hubiera decidido acompañar a su compañero Robin Le Normand en su trasvase al Metropolitano. No fue una cuestión de dinero, ni de tiempos, ni de entrenadores: fue fútbol, simple y llanamente.
Aquella temporada hubo un sabor agridulce en el Metropolitano. Se cayó ante el Dortmund en cuartos de la Champions y ante el Athletic en semifinales de la Copa del Rey. El tercer puesto en liga, una obligación según el máximo mandatario del club, se lo quedó el Girona. Así, se inició un verano movido en los despachos para renovar una plantilla competitiva, pero que se había quedado vieja. El once que los rojiblancos sacaron ante los alemanes fue el más longevo de la historia del club con una media de más de 31 años.
Andrea Berta, entonces director deportivo de la entidad, se fijó en dos objetivos de la Real Sociedad, un equipo que llevaba años estando en Europa y mostrándose muy competitivo en Liga. Le Normand y Merino entraron en la órbita rojiblanca. El primero antes de que terminara la temporada y el segundo a inicios de verano. Hubo un intento, incluso, de traer a los dos en una especie de pack. Había 70 millones para ambos, pero terminó llegando sólo el central hispanofrancés por 34,5.
"Era una oportunidad única"
Y es que, antes de marcharse a Alemania para jugar la Eurocopa, el Arsenal y el FC Barcelona habían mostrado también su interés por el mediocentro txuri-urdin. España iba pasando rondas y a Merino, que ya había rechazado renovar con la Real y le quedaba un año de contrato, se le preguntaba constantemente por su futuro. "Fue un verano muy movido", respondió el jugador navarro a EL MUNDO. El torneo se lo acabaría llevando la selección, con gran protagonismo suyo.
Merino ya tenía una preferencia en su cabeza, aunque valoraba positivamente el interés de clubes tan importantes. El Arsenal, por su estilo de juego, era el elegido, pero los gunners, enredados en la llegada de Riccardo Calafiori, no terminaban de afrontar su operación mientras que el verano seguía avanzando. "Era una oportunidad única, una experiencia fuera de casa en la Premier y volver aquí era una cosa que siempre quise. Además era jugar para uno de los mejores entrenadores del mundo", contó Merino.
Y fue precisamente Mikel Arteta, con una llamada, quien le garantizó su fichaje, tranquilizó al centrocampista y le permitió disfrutar de sus vacaciones con el futuro encarrilado. "Intentamos transmitirle el rol que iba a tener en el proyecto y explicarle lo que queríamos de él. Así que nosotros felices. Igual que le llamé yo le llamarían otros entrenadores", comentó el técnico.
Merino, con la camiseta del Arsenal, en 2024.ARSENAL
El 27 de agosto se hacía oficial su marcha al Arsenal por 33,5 millones de euros más cinco en variables. Desde su entorno, tenían claro el destino del navarro por cómo es él como futbolista. "Nunca dudó, elige a sus equipos por el estilo que se adapta a sus características, pero también quiso quitarse el mal sabor de boca que le quedó en la Premier tras su experiencia en Newcastle, donde no pudo dar todo lo que quería", cuentan desde su entorno.
Mantienen también que nunca tuvo "miedo" en recalar en un conjunto británico con grandes estilistas en el medio campo como Martin Odegaard o Declan Rice, que había llegado el año antes por 120 millones de euros. Y que su verdadero riesgo lo corrió cuando abandonó un Osasuna recién ascendido para ir al Borussia Dortmund en 2016, donde Thomas Tuchel, actual seleccionador británico, apenas le utilizó y cuando lo hizo fue ejerciendo de central. Jugó algo más en la cesión al Newcastle la temporada siguiente bajo las órdenes de Rafa Benítez, pero nunca llegó a ser titular indiscutible y de ahí su mal sabor de boca.
Dualidad en los banquillos
Elegir el Arsenal pues no fue una dicotomía entre entrenadores: Mikel Arteta - Diego Simeone, puesto que el navarro ya había jugado bajo otros técnicos de renombre. Sino que el jugador quería un equipo que fuera más ofensivo que defensivo. Así, pasó de ser un defensa testimonial de amarillo y un mediocentro top de blanquiazul a delantero centro provisional del conjunto británico aprovechando la gran plaga de lesiones que tuvo el Arsenal en ataque el curso pasado. "Eso da una idea de la polivalencia del jugador", explican desde su entorno.
Mientras, el español está feliz en Londres "como buen norteño" dedicado al deporte al 100%. "Vive por y para el fútbol", cuentan quienes le conocen, pese a que esta temporada no está siendo tan indiscutible como la anterior. Tampoco lo es el otro jugador que hizo el camino contrario desde la capital británica. Conor Gallagher aterrizó en el Atlético del Chelsea por 40 millones de euros tras el no de Merino y su rendimiento ha sido irregular desde su llegada al Metropolitano, sin llegar a asentarse nunca en el once inicial de Simeone. Encima, las llegadas de Cardoso, Nico y Almada complican aún más su presencia en el once.
Son las 20.00 de la tarde en Londres y la expedición rojiblanca va en su autobús camino de su hotel, el Marriott Regents Park, tras terminar su entrenamiento previo al duelo ante el Arsenal del martes en Champions League. Los 24 jugadores convocados por Diego Simeone van sudados porque una avería ha dejado el Emirates sin agua caliente.
Desde la organización rojiblanca no se creen que algo así pase en el año 2025 y en una competición como la Champions League, la más importante a nivel de clubes de el mundo. Además, la lluvia, que ha aparecido en la segunda parte de la sesión preparatoria, ha dejado a los protagonistas calados y sin la posibilidad de calentarse con una ducha en condiciones.
El Atlético de Madrid ha emitido una queja oficial a la UEFA por lo ocurrido en el estadio. Una situación que comenzó desde antes de que ellos llegaran al recinto, en torno a las 17.30 hora inglesa, que les fue advertida, y que en dos horas y media no se ha podido solucionar y se desconoce si se podrá resolver para el encuentro de mañana.
Simeone había comparecido en rueda de prensa junto a Julián Álvarez antes de encaminarse al césped del estadio británico a dirigir la sesión. Una sesión que ha contado con toda la plantilla rojiblanca a excepción de Jonny Cardoso, que sigue con sus problemas en el tobillo.
En el césped del Emirates ya se ha podido ver entrenar con normalidad a Thiago Almada, que volvió a jugar unos minutos ante Osasuna y, de hecho, marcaría el gol de la victoria, y a NicoGonzález, que se retiró de ese encuentro con molestias por un golpe.