Era un secreto a voces. Alargado en el tiempo y con momentos en que ahora sí, ahora no. Que si el color del pelo blanquiazul era el de Orlando City, que si a Antoine Griezmann le encanta el deporte americano, que si "él se ha ganado el derecho a decidir" de Simeone o el "tiene dos años más de contrato" de Mateu Alemany. Pero ya por fin el club y el jugador han confirmado que se marcha a final de temporada a jugar en el club estadounidense.
"No es fácil poner palabras a lo que siento, porque este club es mi casa y vosotros sois mi familia", comienza el comunicado de despedida del francés, rebotado en la página oficial del club. "Ha sido un viaje increíble, lleno de partidos inolvidables, de goles, de alegrías y de una pasión que solo los que sentimos el Atleti podemos entender", escribe el delantero rojiblanco, máximo goleador de la historia del club con 211 tantos.
Algunos tan importantes como aquel en la eliminatoria contra Bayern, que permitió la tranquilidad de los rojiblancos tras un asedio bávaro. O el doblete que brindó la segunda Europa League al Cholo frente al Olympique de Marsella en 2018. Como rojiblanco, de hecho, se marcha tras ganar una Supercopa de España (2014), una de Europa (2018) y la citada Europa League (2018).
En el texto puntualiza que continuará con esta camiseta con la ilusión de "levantar esa Copa del Rey y para soñar con llegar lo más lejos posible en la Champions League". "Tenemos por delante todavía muchas oportunidades para ser felices. Quiero que cada minuto que me queda aquí sea un homenaje a este escudo. Queda lo mejor", apunta bajo el epígrafe "The Last Dance", en clara referencia al documental de Michael Jordan y añaden: "everything comes to and end" (todo tiene un final).
"Mi presente sigue siendo rojiblanco hasta el último aliento de esta temporada 2026. Y mi corazón lo será para siempre. Aúpa Atleti", se despide el francés de 10 años como jugador rojiblanco en dos etapas de cinco temporadas cada una.
Por su parte, el Atlético de Madrid, en un aséptico comunicado, ha confirmado la salida del "máximo goleador de la historia de nuestro club" hacia "un nuevo desafío profesional en la MLS el próximo verano" y ha recordado la década que ha pertenecido a la disciplina colchonera. La entidad le había dado su permiso para que cogiera un vuelo tan pronto terminó el derbi en el Bernabéu para viajar a Estados Unidos a cerrar los flecos de su incorporación.
Dos temporadas
El club estadounidense también ha publicado, a través de sus canales oficiales, la llegada del galo y la duración de su vinculación. "Se unirá al club en julio de 2026 con un contrato hasta la temporada 2027-28, con opción a la temporada 2028-29 como Jugador Franquicia", escriben en X.
Son muchos los compañeros que le han escrito en redes sociales para despedir en diferido al francés. Giuliano Simeone ha sido uno de los más cariñosos: "Simplemente leyenda mi hermanito! Juntos hasta el final". Pero también ex jugadores como Mario Suárez le llaman "leyenda" y compañeros como Álex Baena, o la pareja del Cholo, Carla Pereyra, le mandan emoticonos de cariño.
"(...) Y quiero terminar diciendo: cuando tras el partido de ayer el capitán inglés alzó con sus dos manos la Jules Rimet, el cuervo de Edgar Allan Poe declaró a los periodistas acreditados: 'Nunca más, nunca más'. Y, de seguro, como las próximas Copas van a ser disputadas en terreno neutral, nunca más Inglaterra conseguirá imponer su fútbol sin imaginación, sin arte, sin originalidad." Así cerraba Nelson Rodrigues, célebre escritor y periodista brasileño, su elegíaca crónica final de la Copa del Mundo de 1966, ganada por Inglaterra. Tanta irritación tuvo una causa que ya podía adivinarse desde la elección de árbitros: un obsceno enjuague de Stanley Rous, exárbitro él mismo y presidente de la FIFA por ese tiempo. Un gran hombre que ordenó la redacción del Reglamento en 1938 con todas las reformas introducidas desde 1863 y una sencillez que favoreció su expansión universal. Pero, según Pedro Escartín, el santón arbitral de nuestra historia, "en 1966 le pudo más el impulso inglés que su respeto por el fútbol y estropeó su legado". Al menos consiguió ser nombrado 'sir'.
Se anunció que habría dos árbitros por país: en el caso de Inglaterra, Finney y Howley. Pero a la hora de la verdad aparecieron dos más, McCabe y Dagnall, más tres —Taylor, Clement y Crawford— que hicieron de linieres. Aún habría que añadir al escocés Phillips y al irlandés Adair, que arbitraron, y al galés Callaghan, como linier, sin que sus selecciones participaran. En el conjunto de sus tres partidos, Brasil se encontró siete británicos en la suma de los tríos arbitrales. En el primero, ante Bulgaria, Pelé salió tan golpeado que no pudo jugar el segundo, contra Hungría; en el tercero y decisivo, con un trío arbitral íntegramente británico, el portugués Morais completó su demolición, le dejó inútil, Brasil perdió y se quedó fuera. Había acudido al Mundial como gran obstáculo para Inglaterra, que sentía el derecho y la obligación de ganarla, porque acababa de celebrarse (1963) el centenario de la creación del fútbol.
En vista del revuelo por las designaciones en la fase de grupos se anunció que la de los árbitros de cuartos de final se haría en plenario del Comité de Árbitros, seis miembros, entre ellos Escartín. Pero se les convocó a las diez de la noche del 20 de julio para reunirse a las nueve de la mañana del 21 en Londres. Escartín estaba en Sunderland como informador del Chile-URSS, y también el ruso Latychev, delegado permanente en ese grupo. Al sueco Lindeberg le pilló en Sheffield. En ningún caso había tren que llegara a Londres antes de las once de la mañana, así que la reunión se limitó a Rous, su fiel Aston, presidente del Comité, y el malayo Ko. Para el Inglaterra-Argentina pusieron un árbitro alemán, Kreitlein; para el Alemania-Uruguay, un inglés, Finney. Kreitlein expulsó al capitán argentino, Rattin, que protestó insistentemente por las reiteradas faltas de Stiles sobre Onega; en cuanto a Finney, con 0-0 dejó pasar un puñetazo bajo el larguero de Schnellinger a un balón que se colaba, gesto perfectamente captado por las fotografías; luego aprovechó el enfado y las intemperancias de los uruguayos para dejarlos con nueve.
Aquellos sucesos abrieron una herida en Sudamérica que sangró durante años y explican la irritación de Nelson Rodrigues. Y a todo ello habría que sumar dos manos ignoradas en el área inglesa en la semifinal contra los portugueses y el gol fantasma de Hurst en la prórroga de la final contra Alemania.
El irritado escritor ha venido teniendo razón hasta ahora. Fuera de su isla, los inventores no han vuelto a ganar la Copa del Mundo. En México, con gran parte aún del equipo campeón, cayeron en cuartos ante Alemania, dulce revancha. Luego fueron incapaces de clasificarse para Alemania 1974 y para Argentina 1978. Regresaron después, pero nunca han vuelto a ganar un Mundial, ni siquiera han sido finalistas. Tampoco han ganado ninguna Eurocopa.
Aquella Inglaterra tuvo ayudas, desde luego, pero también fue un gran once (Banks; Cohen, Jackie Charlton, Wilson; Stiles, Moore; Ball, Hunt, Bobby Charlton, Hurst y Peters) con tres jugadores extratipo: el meta Gordon Banks, el medio defensivo y capitán Bobby Moore, y el delantero centro móvil Bobby Charlton, el mejor de todos. A ellos podría sumar al interior goleador Jimmy Greaves, pero sufrió un corte en la pierna durante el tercer partido del grupo, ante Francia, y le sustituyó hasta la final, y no sin polémica, Geoff Hurst, autor de tres goles en la misma. Un logro que nunca había conseguido nadie antes y que sólo Mbappé ha igualado después.
Sólo Hurst sigue con vida. El resto nos han ido dejando con una coincidencia inquietante en la mitad del equipo titular: el alzhéimer. Sería grosero conectarlo con la maldición de Rodrigues; más bien prefiero mirarlo como un último servicio al fútbol de un buen grupo de jugadores que, en su despedida, dejó una voz de alarma que el fútbol finge escuchar, pero no lo hace. Preferimos mirar para otro lado.
Una imagen del polémico gol de Hurst.E. M.
Jackie Charlton, central, con 85 años; Ray Wilson, lateral izquierdo, con 83; Nobby Stiles, medio, con 78; Martin Peters, extremo, con 76; y Bobby Charlton, alma de la delantera, con 86, hermano del primero de la lista; incluso el meta suplente, Peter Bonetti, con 78: todos ellos fallecieron de alzhéimer o tras un tiempo incapacitados por alguna enfermedad neuronal enajenante. Y no hay seguridad sobre si lo padeció o no el interior Roger Hunt, fallecido a los 83 "tras una larga enfermedad", según el escueto comunicado familiar, después de que por bastante tiempo no se supiera nada de él. Gordon Banks falleció de cáncer de riñón a los 81 años. A Bobby Moore se lo llevó con 51 un cáncer intestinal y al extremo Allan Ball un ataque cardíaco que le sorprendió en el jardín de su casa a los 62. El último en dejarnos, el lateral derecho George Cohen, falleció con 86, y aunque no se anunció la causa de su muerte, sí se sabe que estuvo mucho tiempo luchando contra un cáncer intestinal. Dedicó los últimos años a recaudar fondos para la investigación de esta enfermedad, que había matado prematuramente a su capitán Moore, y también para la del alzhéimer, impresionado por la forma en que atacó a tantos de sus compañeros. Anunció que, a su fallecimiento, donaría su cerebro a la ciencia. El mismo propósito ha hecho público Hurst, el último superviviente.
Las alarmas sonaron por el caso de Bobby Charlton dada su condición de mito nacional. La familia comunicó que padecía alzhéimer en 2020, lo que llevó a recordar el gran número de compañeros del equipo campeón que lo habían padecido, entre ellos su hermano Jackie. Se daba la circunstancia de que cuatro tíos maternos de los hermanos Charlton habían fallecido también de alzhéimer, lo que podría sugerir un factor hereditario, pero los cuatro habían sido también futbolistas, lo que devolvía las sospechas a este deporte. La muerte del mito se produjo en 2023, con 86 años, internado ya en el centro para personas con demencia de Knutsford, cuando perdió el equilibrio y su cabeza golpeó con un radiador.
Con el conocimiento de que el gran Bobby sufría la dolencia, cobró relevancia e impulso la lucha que desde 2002 mantenía la familia de Jeff Astle, un delantero centro de los años sesenta y setenta que hizo lo mejor de su carrera en el West Bromwich Albion, fue mundialista en México 1970 y se retiró tras 16 años, 437 partidos y 216 goles. Falleció en 2002. Su hija, Aslyn Astle, contó: "Tenía 59 años, pero parecía que tuviera 89". Hacía tiempo que no reconocía a nadie, pasaba el día sentado, murió por atragantamiento porque el cerebro no pudo enviar la orden de expulsar la comida, atascada en la garganta.
La familia, convencida de que su penosa condición había sido causada por tantos balones cabeceados, obtuvo dictamen judicial de que había fallecido de una enfermedad laboral; crearon la Fundación Astle e interesaron a organizaciones académicas y civiles. En 2014, el neurólogo Willie Stewart, de la Universidad de Glasgow, que examinó su cerebro, dictaminó que tenía "exactamente el mismo aspecto que esperas ver en el de un boxeador". La diagnosis fue encefalopatía traumática crónica, enfermedad neurodegenerativa asociada a la acumulación de golpes en la cabeza. Aslyn Astle declaró en la ABC: "Cuando supe que el fútbol le había matado me puse en contacto con la FA y les pregunté qué iban a hacer al respecto. Al poco tiempo recibí una carta desagradable". Salieron a relucir muchos más casos: Tommy Carroll, Stevie Chalmers, Chris Chilton, Jimmy Conway, Duncan Forbes, Alan Jarvis, Frank Copel, Billy McNeill, Barry Pierce, Mike Sutton, John Talbut, Mike Tindall... Aslyn Astle contó que se pusieron en contacto con ella las familias de estos jugadores, de muchos otros menos conocidos, y la de uno de los campeones de 1966, que prefirió mantener la reserva, pero la animó a seguir la investigación.
Estudios
Un estudio realizado por su impulso en 2019 con una muestra de 7.676 futbolistas profesionales escoceses nacidos entre 1900 y 1976 y comparado con el de 23.000 individuos de la misma época aleatoriamente escogidos arrojó un dato inquietante: el porcentaje de afectados por enfermedades neurodegenerativas era tres veces y media mayor entre los futbolistas que entre el común de la población. El caso llegó a la Cámara de los Comunes en 2020 y la conclusión fue que no existen medidas suficientes para monitorear las lesiones cerebrales consecuencia del deporte, lo que dejó la cuestión en el aire. ITV entrevistó al alimón a Tom Charlton y a John Stiles, hermano e hijo de jugadores afectados, y ambos expresaron su convicción de que los cabezazos debían de ser la causa.
Muchos lo discuten por la dificultad de imaginar el fútbol sin el juego de cabeza. Arguyen que los balones son ahora más ligeros, porque aunque el peso inicial es el mismo que fue reglamentado hace ya mucho, ahora están impermeabilizados y no aumenta por el agua los días lluviosos, como tiempo atrás, si bien a cambio viajan a más velocidad. También sostienen que rarísima vez un balonazo provoca una conmoción, que éstas suelen llegar más por choques entre cabezas, contra el suelo y contra un poste. Y que el alzhéimer también afecta a no cabeceadores, casos de Banks y Bonetti. Pero demasiados especialistas sostienen que cabecear el balón como práctica habitual provoca microrroturas arteriales en el cerebro idénticas a las de los boxeadores, sin necesidad de llegar al KO. Preguntada Aslyn Astle sobre si su padre hubiera sido partidario de eliminar el juego de cabeza, contestó: "Seguramente no. Pero hubiera sido partidario de tener información sobre las consecuencias''.
Las reacciones, impulsadas por los sindicatos de jugadores (el inglés, que aporta siete millones de libras anuales a investigación y ayudas afectados), han sido tímidas: prohibir el cabeceo en infantiles, limitarlo en los entrenamientos de profesionales y permitir un sexto cambio en caso de conmoción. El fútbol teme este debate.
«El fracaso está en el camino hacia el éxito. Esta derrota me va a hacer mejorar a mí y nos va a hacer mejorar a todos». Dos meses después de una de las noches más humillantes de los últimos años, superado en la prórroga por un equipo de Segunda División, Álvaro Arbeloa predijo en la sala de prensa del Carlos Belmonte de Albacete el futuro a corto plazo del Real Madrid. Lo hizo con convencimiento en mitad de las dudas que rodeaban al vestuario, al club y a su propia figura, elevada a entrenador del primer equipo tras varios años en el Juvenil y seis meses en el Castilla. Parecía poco bagaje, pero el salmantino aterrizará en abril tras haber ganado a Mourinho, Guardiola y Simeone y todavía vivo en la pelea por la Liga y la Champions.
«Los jugadores no se esperaban a alguien tan preparado», aseguran a este periódico fuente cercanas a la plantilla del conjunto blanco. El equipo venía de unos meses de frustración, acumulando la impotencia del último tramo de Carlo Ancelotti, las polémicas internas y mediáticas de la etapa de Xabi Alonso y las necesidades de una plantilla que era un puzle sin completar. No parecía tener una solución fácil y en Valdebebas se veía a Arbeloa como una respuesta de emergencia. Casi un tiro al aire. Un parche temporal antes de la llegada de un entrenador con mayor peso.
17 partidos más tarde, la sensación es otra, especialmente después de un mes de marzo que puede ser clave en el proyecto del entrenador novato. La derrota en Albacete en Copa, en Lisboa en el último encuentro de la fase liguera de la Champions League y ante Osasuna y Getafe en Liga parecían torpedear por completo la temporada de los blancos, pero en las últimas semanas el técnico y el grupo han reaccionado. Cada uno a su manera.
La charla del cambio
Cuerpo técnico y vestuario tuvieron una charla de grupo después de caer ante el Getafe, con José Ángel Sánchez, director general del club, también presente. Esa conversación fue importante para abrir en canal los problemas del equipo, pero la clave ha estado en Arbeloa. Aprovechando la desgracia de las lesiones de Bellingham y Mbappé, el entrenador ha creado un Madrid comprometido y sólido. Un bloque construido sobre Rüdiger, Tchouaméni, Valverde y Vinicius y que ha tenido en Huijsen, Güler o Brahim a secundarios de lujo. Además, la apuesta de Arbeloa por Thiago Pitarch ha servido de estímulo para parte del vestuario, que ha visto en la valentía del técnico con la cantera una advertencia gigantesca.
«Habla con ellos como un hermano mayor, como si les conociera de toda la vida», explican en la ciudad deportiva de Valdebebas. Ese famoso «sofá gris» que Arbeloa ha mencionado en varias ruedas de prensa ha servido de psicólogo grupal. Por ahí han pasado Vinicius, Valverde o Brahim, este último hace sólo un par de semanas, para tratar de reconectar al grupo con la realidad. Tres nombres vitales para el vestuario que se han hecho grandes en marzo. «Es directo y muy claro con ellos. Y a nivel futbolístico explica las cosas de forma muy sencilla. Se lo hace fácil», insisten voces cercanas al vestuario.
Lo más comentado ha sido cómo Arbeloa ha tratado de acercarse al grupo a través del elogio público, a veces desmesurado, pero todas esas declaraciones han calado en una plantilla que ha demostrado que reacciona mejor ante el cariño. «Tengo un equipazo. Cuando están tan implicados como están ahora, cuando tienen esa mentalidad... Quiero que se demuestre el poder de la amistad. Antes tenía la sensación de que salíamos a jugar dependiendo del talento, de lo que se le ocurriese a cada uno. Tenemos que tener una idea y un estilo», reflexionó el domingo tras ganar el derbi.
Del fracaso en Albacete a un marzo extraordinario hay dos meses y un Madrid totalmente diferente gobernado ahora por el «hermano mayor» Arbeloa.
El argentino Matías Almeyda fue destituido este lunes por el Sevilla como entrenador del equipo, al que sólo le separan tres puntos de los puestos de descenso tras su derrota el sábado ante el Valencia (0-2). Con 32 partidos oficiales dirigidos, 29 de ellos en LaLiga EA Sports y 3 en la Copa del Rey, el club anunció su 'adiós' en un comunicado.
Almeyda, quien llegó al club del barrio de Nervión el pasado verano, abandona el banquillo sevillista dejando al equipo en una delicada situación clasificatoria, decimosexto con 31 puntos tras 8 triunfos, 7 empates y 14 derrotas, con sensaciones muy negativas y una pésima imagen, en especial, en sus encuentros en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán.
García Plaza, opción con más peso
El Sevilla FC negocia con el técnico Luis García Plaza como posible sustituto del entrenador de Azul (provincia de Buenos Aires), aunque también sonado otros candidatos como Manolo Jiménez o Diego Martínez, con pasado en la entidad sevillista.
Almeyda, de 52 años, firmó en verano un contrato por tres años, hasta junio de 2028, para dirigir al conjunto sevillista e intentar que recuperara su nivel y el potencial que tuvo en este siglo XXI, después de cuatro temporadas -incluida ésta- en las que en LaLiga ha tenido que luchar por el objetivo de la permanencia.
Con el argentino en el banquillo, el Sevilla ha sumado 31 puntos, de ellos 16 en quince partidos en su estadio y 15 fuera en 14 encuentros, y es el equipo más goleado de Primera División con 49 goles encajados, uno más que el Levante (48) y dos más que el Mallorca (47), que ocupan zona de descenso, y tres más que el Elche (46), el rival que marca ahora la salvación.
"El Sevilla FC desea agradecer el trabajo de Matías Almeyda y su equipo en estos meses y le desea la mejor de las suertes en sus próximos retos profesionales", aseguró en su comunicado el club hispalense.
Ayer recorría junto a sus compañeros el césped del Bernabéu para acercarse a la grada visitante y agradecer a los suyos el apoyo durante el derbi. Era el último paseo del francés por el césped del estadio blanco como leyenda colchonera. Este parón de selecciones lo aprovechará Antoine Griezmann para cerrar su incorporación al Orlando City.
El galo, máximo goleador de la historia del Atlético de Madrid con 211 tantos, tiene el permiso del club para viajar a la ciudad norteamericana para cerrar su fichaje para el año próximo. Jugará así en Estados Unidos, lugar del que profesa gran admiración el futbolista, especialmente por el deporte norteamericano.
La ventana principal de la MLS cierra el 26 de este mes, no obstante, son muchos los retos que le quedaban al francés con el Atlético este curso. "Quería quedarme hasta final de temporada. Al final no soy alguien que habla con la prensa, que tenga a alguien difundiendo mensajes, soy yo lo que hay dentro y fuera del campo", apuntó.
Son dos los retos que le quedan al francés, puesto que la Liga ya se ha puesto imposible tras la derrota en el derbi de este domingo por tres goles a dos en el Bernabéu. La Copa es el más plausible, juegan la final ante la Real el próximo 18 de abril y hay mucha ilusión por conseguir ese título en el bando colchonero.
Luego está la Champions, en la que tienen un doble enfrentamiento contra el FC Barcelona y es el objeto de deseo no sólo del francés, sino de propio club después de las dos finales perdidas frente al Real Madrid en Lisboa (2013/14) y Milán (2015/16). "Ojalá un derbi en la final de Champions", dijo ayer Mateu Alemany, director deportivo del Atlético de Madrid en los micrófonos de Movistar plus.
Pese a que fuera el propio directivo el que comparecencia tras comparecencia parecía cerrarle la puerta al francés recordando que tenía contrato con la entidad colchonera hasta 2027, el club ha optado por facilitar la salida de su estrella, que se incorporaría este verano a la disciplina del Orlando City. "Entendemos que es lo mejor para que él pueda estar tranquilo lo que queda de temporada y centrarse al 100% en este tramo tan importante", apuntan fuentes de la entidad.
Una de las personas que más va a echar de menos al siete rojiblanco es Diego Simeone, el entrenador que moldeó a la estrella que es hoy. "Lo quiero mucho", ha repetido en más de una ocasión e incluso que él se "merecía elegir su futuro". Palabras que lanzó cuando comenzaron las especulaciones de que podría abandonar el club este marzo.
No marcaba el reloj las cuatro de la tarde en Santander, cuando Mariano G. L. y otros tres integrantes del grupo autodenominado Juventudes Verdiblancas del Racing de Santander, bajaban desde el local de la asociación, en el Grupo Los Pinares, hasta los Campos de Sport del Sardinero para ver jugar a su equipo ante el Albacete. Entonces, en la plaza de Simón Cabarga se cruzaron con una persona que llevaba la camiseta del equipo manchego.
Los cuatro hinchas del Racing, con síntomas de haber bebido, increparon al joven, de unos 30 años, por llevar la camiseta del equipo rival. "Busca otro sitio donde mear", cuenta la Policía que le dijeron. El chico también es vecino de Santander y había sido segundo entrenador de uno de los filiales del Albacete. El chaval responde a la provocación y se encara con los seguidores del Racing, cuyas edades rondaban los 50 años.
La discusión se elevó de tono hasta el punto de que los cuatro hinchas se encaminaron hacia el joven con la camiseta del Albacete, le roderaron junto a una farola. El chaval se intentó zafar y empujó a Mariano G. L. con tan mala suerte de que al perder el equilibrio se golpeó la nuca contra una de las alcantarillas del parque de Simón Cabarga.
La alcantarilla en la que se golpeó Mariano.Europa Press
Al ver la gravedad de lo sucedido se dio inmediatamente parte al 112 para asistir al herido. Allí también se presentó una dotación de la Policía Nacional. "Los agentes identificaron a las personas que se hallaban en el lugar, entre los que se encontraba el supuesto agresor, que fue detenido y trasladado a dependencias policiales", afirman fuentes de la Delegación de Gobierno. Se trasladó a Mariano G. L. al hospital de Valdecilla aún con vida, pero poco después falleció a causa de sus heridas.
El agresor ha sido puesto a disposición judicial, cuya competencia corresponde al Juzgado número 2, el de guardia, del Tribunal de Instancia de Santander. Y ahora la Policía centra sus pesquisas en si la agresión fue la que derivó en la muerte del aficionado o si, como indican fuentes policiales, fue cuestión de mala suerte.
El Racing está en shock por la noticia. En el club no consideran que este fallecimiento fuera una riña entre ultras, sino un desgraciado incidente. Aseguran que Mariano G. L. era socio abonado de la entidad y aún no han decidido si habrá un homenaje, ya que los hechos son muy recientes y el próximo partido del Racing se producirá en el feudo del Zaragoza.
En sus redes sociales, el Racing escribió: "Se perdió algo mucho más importante que un partido. Perdimos a uno de los nuestros". También trasladó el "más sentido pésame tanto a su familia, como a todos sus compañeros de grada, con los que tantas aventuras racinguistas compartió". Mariano G. L. estaba casado y tenía un hijo. La familia celebrará una misa funeral hoy en una iglesia a las afueras de la capital cántabra.
El club manchego también ha escrito un comunicado oficial para lamentar el fallecimiento de este aficionado. Aseguran que "ninguno de los albacetistas desplazados a Santander se vieron inmersos en este trágico suceso que en ningún momento resultó de ningún enfrentamiento previo entre hinchadas antes del partido". También criticaron a los medios que hayan relacionado este incidente con la afición del Albacete.
Juventudes verdiblancas
Juventudes Verdiblancas, el grupo "ultra" más antiguo y destacado del Racing de Santander, también despedió a Mariano G. L.: "Queremos expresar nuestro más profundo pesar por el fallecimiento de nuestro amigo Mariano". También hablaron de un compañero que "siempre formará parte de nuestra historia y de nuestro grupo».
Este grupo de aficionados, fundado en 1986 y que han cumplido su 40 aniversario, se ubican generalmente en La Gradona, en el fondo norte de los Campos de Sport de El Sardinero.
El partido tuvo la grandeza de ser un encuentro muy intenso, distinto, vivido entre la tristeza y el éxtasis, pero el Real Madrid mereció ganar, porque una vez más Diego Simeone planteó el duelo con su personalidad defensiva de siempre.
De inicio, dos grandes errores de Álvaro Arbeloa. El primero, colocar con calzador al capitán Dani Carvajal. El Madrid no es Cáritas, y Arbeloa no puede sucumbir al sentimentalismo. Carvajal desea ir al Mundial —es su sueño—, pero su nivel actual no sostiene ese anhelo en el conjunto blanco.
El segundo error fue no alinear al mejor jugador del mundo, Kylian Mbappé. Ya advertí antes del encuentro que lo utilizaría solo si las cosas iban mal. Y así fue: justo tras el empate prodigioso del Atlético, gracias a otro gol magnífico de Nahuel Molina, como la semana pasada ante el Getafe. Habrá que empezar a creer que Molina es un artillero celestial.
El gol de la victoria blanca fue una acción técnica de Trent Alexander-Arnold, que profundizó hasta el límite. Los defensas se marcharon tras Mbappé, lo que dejó un espacio vital para que Alexander-Arnold sirviera el pase de la muerte a Vinicius Júnior, que fusiló al Atlético.
Los sueños de invierno, tras la eliminación del City, parecían evaporados en el éter hasta el tanto final de Vinicius. El astuto Simeone le tendió una trampa de novato a Arbeloa: el secreto del éxito del Madrid siempre ha sido el contragolpe, y el equipo apenas pudo ejecutarlo, salvo otra jugada magistral de Federico Valverde que se estrelló en el poste derecho.
El Atlético, con una línea de cuatro desprotegida y un Antoine Griezmann perdido, actuaba como un lobo solitario sin opciones. El Madrid, sin espacios, tampoco tuvo fortuna, y Carvajal se quedó descolgado, lo que permitió que Ademola Lookman, el exjugador del Atalanta, marcara aprovechando el desconcierto defensivo madridista.
El partido tuvo que reanudarse prácticamente desde cero, y un penalti innecesario sobre Brahim Díaz —que no tenía ángulo ni opción de tiro— dio un paso de gigante hacia la victoria. Vinicius transformó la pena máxima con acierto.
Después llegó el trallazo de Molina, que devolvió al Madrid a un mar de dudas. Carvajal volvió a desaparecer. Hasta que reapareció Alexander-Arnold y, junto a Vinicius, certificaron la sentencia ante un Atlético que buscó el empate demasiado tarde. Sin espacios, el equipo de Simeone se vuelve tan previsible como un error de cálculo en el espacio-tiempo.
La expulsión de Valverde me pareció fruto de una provocación innecesaria de Álex Baena, un futbolista que suele comportarse con maldad sobre el césped. Tras tantos enfrentamientos previos, a Valverde se le nubló la sangre y vio una roja excesiva en una acción sin necesidad. Baena es un problema recurrente para Simeone.
No cabe duda de que fue un partido épico, una victoria que permite al madridismo sonreír, disfrutar y celebrar: la quinta consecutiva, que deja al Barcelona sumido en la duda sobre su propia personalidad.
Las analogías bélicas son siempre peligrosas, y más en estos tiempos, tristes tiempos, pero la realidad es que el Bernabéu fue como ese lugar señalado por dos artillerías enemigas. Se castigaron con dureza y precisión en un derbi que, finalmente, sujetó el Madrid como se sujeta la Liga. No es ya la guerra del Atlético, pero dio guerra y la va a dar en otros frentes. Seguro.
Fede Valverde, Nahuel Molina, Lookman, Vinicius y hasta quienes no lo consiguieron, como Julián Álvarez, provocaron explosiones continuas sobre el campo, después de un inicio en exceso contemplativo del Atlético, pero en el que supo ponerse por delante en el marcador gracias a Lookman, uno de esos felices hallazgos. La superioridad numérica en la que concluyó el choque por la rigurosa expulsión de Valverde no le dio, en cambio, para igualar el marcador en un derbi parejo. Esto sólo se equilibra de un modo.
Valverde, poseído
Valverde juega como un futbolista poseído, alguien en cuyo interior se hubiera obrado un misterio. No hay exorcismo que pueda detenerlo, no por ahora. Lo hizo el mismo, nadie sabe si por sus propios demonios, con la entrada a Álex Baena, con el que tuvo lo que tuvo, cuentas pendientes.
Para ese exorcismo no hay nadie como Simeone, sin sotana pero de negro riguroso, como si no se concediera alegría alguna, capaz de aplacar cualquier demonio en un campo de fútbol. Con Valverde no pudo hasta su expulsión. Incluso vio cómo uno de sus principales ángeles de la guarda fracasaba, reducido a su condición humana, con la llegada del madridista al área. De uruguayo a uruguayo, Valverde sometió a Giménez y marcó el segundo gol del Madrid. Habría podido hacer el primero cuando el marcador no se había movido, pero su disparo se estrelló en la madera después de una arrancada de fuerza y fe, como un templario a caballo.
Valverde es un síntoma de las cosas que han mejorado en el Madrid, donde tiene la libertad de explorar el área gracias a una fórmula con cinco centrocampistas. En la necesidad encontró Arbeloa la solución y no la tocó pese al regreso de Mbappé. Todo indica que no en plenitud, pero la realidad es que arrancó el francés en el banquillo en un compromiso de altísima exigencia. Cuando saltó al terreno de juego, el Madrid ya había corregido la situación en un derbi subido a la montaña rusa. A partir de ahí, resistir.
Penalti absurdo
La primera corrección fue de penalti, absurdo porque Brahim ya se había escorado, pero Hancko le tocó donde no debía. Mala cosa. Vinicius y el Madrid se agarraban de nuevo al derbi y a la Liga cuando acababan de regresar del descanso.
Ponga un Lookman en su equipo. Pasarán cosas, y es muy posible que pasen donde no pasa nada. No era el caso del derbi, movido en su arranque, pero básicamente por el movimiento del Madrid, con esa energía que ofrece el convencimiento. Es el primer logro de Arbeloa, logro de entrenador, aunque no evitara el padecimiento. Los apuros en los partidos de entreguerras también los sufre el Barça, aunque frente al Rayo sujetara lo fundamental. La diferencia de cuatro puntos se mantiene, pero a falta de nueve jornadas, el torneo esá vivo, muy vivo.
Lookman es como el regreso al principio. Al principio del fútbol. A veces es necesario, porque tendemos a complicar lo sencillo. Como dicen los británicos, en momentos de duda, back to basics, volver a lo básico. Lookman es como el regreso al regate, a la esencia, a la calle, después de tanto Excel, scouting y otras palabras impronunciables que han llegado a esto para mejorarlo. O eso dicen. El acierto ha sido del Atlético.
El rol de Griezmann
Parapetado, demasiado cerca de Musso, el equipo de Simeone necesitaba caminos para explorar todo el Bernabéu. Encontró inicialmente tres, la habilidad de Lookman, el cabalgar de Marcos Llorente, como un purasangre, y la sabiduría de Griezmann. Después, se añadió Julián Álvarez. El francés apareció en la titularidad, junto al nigeriano y el argentino, y lo hizo por algo. Ya no es capaz de protagonizar las transiciones y finalizarlas a toda velocidad, pero es el mejor para distinguir los vértices que esa transición necesita. Es el sabio de Simeone en un Atlético que echa de menos a Pablo Barrios, lesionado.
En el gol con que adelantó a los suyos, Lookman no se distinguió por su desborde, solo frente a dos piezas, como por sus decisiones y movimientos. Esperó la llegada de Ruggeri, que se tragó la banda izquierda y centró suave. Giuliano correspondió a esa suavidad con un toque de espuela y Lookman entendió dónde tenía que llegar para acabar la acción coral con la misma sutileza.
El descanso daba coartada a Simeone, pero tanta defensa en la salita de estar se paga. Más o menos riguroso, el penalti llegó con todo el tiempo para este Madrid que cree. Después lo hizo el que cree más de todos, Valverde. Nahuel Molina lo imitó con un misil, antes de que el uruguayo se fuera del campo, y Vinicius trazó su línea preferida para volver a poner al Madrid por delante. Un Madrid sufriente, en inferioridad, que acabó el partido como un penitente que no deja de creer en la Resurrección. Ninguno lo hace como Valverde, poseído, entre el gol y la ira.
«Luego la vas a ver», le repetía Álvaro Arbeloa a Munuera Montero. «Le doy de lado, le doy de lado», le insistía Fede Valverde. «Escúchame. No juega balón. Va por detrás y no juega balón, con la intención de derribarlo con fuerza excesiva», le explicó el colegiado al técnico. La expulsión del uruguayo puso el derbi patas arriba e inclinó el tramo final sobre la portería de Lunin, con un Atlético volcado buscando el empate, pero el Madrid aguantó el triunfo.
Un Fede Valverde omnipresente hasta ese momento. Incisivo en la presión, en la posesión y en ataque. Infatigable el uruguayo, que en ese duelo charrúa con Giménez quiso más el balón y terminó marcando el 2-1. El centrocampista de Montevideo llevaba un marzo sensacional en el que acumulaba seis goles. Uno al Celta, tres Manchester City, uno al Elche y otro al Atlético, un impulso gigante a una temporada irregular hasta el invierno. Su paso adelante había sido una marcha más para un Madrid necesitado sin Bellingham. Y había cumplido con sobresaliente hasta esta roja.
Una entrada fuera sobre Álex Baena que el colegiado no dudó en sancionar como expulsión. Consideró el árbitro que el uruguayo no quería disputar el balón. En la memoria, los encontronazos entre Valverde y el español. En enero de 2023, en un partido de Copa entre el Madrid y el Villarreal, Baena le hizo un gesto de lloro y se enzarzaron. Semanas más tarde, en el Bernabéu, el español denunció que Valverde le había dado un puñetazo en el parking del estadio y el uruguayo le acusó de haber mentado a su hijo no nacido. Desde entonces, cada vez que se cruzan en un terreno de juego saltan chispas, con esta roja como nuevo episodio.
Vinicius rompe su sequía
Al lado de Valverde, Vinicius Júnior, que en 19 derbis contra el Atlético sólo había visto puerta una vez, en el 3-1 de los cuartos de Copa del curso 22-23. Los rojiblancos eran un rival incómodo para él y lo volvieron a ser durante los 45 primeros minutos del Bernabéu, donde pasó desapercibido. En la segunda, eso sí, asumió la responsabilidad de un penalti decisivo y se inventó el tercer tanto. Vinicius marcó su segundo tanto al Atlético y dio inicio a la remontada de los blancos, clave en la pelea por el título de Liga.
Valverde y el brasileño fueron los dos protagonistas del Madrid en un encuentro donde fue titular Dani Carvajal, que volvió a ser titular en un partido de envergadura con el Real Madrid seis meses después. Lo había sido ante Osasuna y Elche, pero el lateral de Leganés esperaba un duelo importante en el que sentirse clave para el equipo. También en los despachos del club, donde hay debate sobre renovar o no al defensa. Y llegó el derbi. Mismo rival que hace seis meses. En el medio, semanas en la enfermería, en el hospital, en la sala de fisioterapia de Valdebebas y en el césped para tratar de estar a punto para un momento así. Y el duelo dejó una sensación algo agridulce.
El derbi sirvió también para ver el regreso de Bellingham después de un mes y medio lesionado. El inglés entró en el segundo tiempo y tuvo que trabajar en un Madrid que aguantó con uno menos los últimos minutos. Una nueva opción, «un bendito problema», para Arbeloa en la pelea por la Liga.
Fueron 200 segundos. Ni uno más. En los que el Atlético tiró por la borda todo el esfuerzo que había hecho en el encuentro pese a que intentó restablecerse con un obús de Molina. Hancko y Gimenez, dos defensas serios y veteranos, cometieron dos errores infantiles que provocaron la derrota de su equipo, pese a que al principio del encuentro, los rojiblancos soñaran con hacer historia. No pudieron aprovechar su superioridad numérica. "Pudimos haber hecho más, controlar el partido de otra manera después del 1-0, no cometer errores, gestionar mejor y tenemos rivales importantes y que juegan bien y ante la menor oportunidad te van a hacer daño", expresó el entrenador rojiblanco.
Hacía 10 años que el Atlético no ganaba en el Bernabéu. Una década de la que, en el césped, sólo quedan Griezmann, Koke y, claro, el Cholo que dirigía su derbi número 50. El argentino se llevó la gran pitada de la noche por la afición madridista cuando el speaker le nombró en las alineaciones iniciales. Pero luego saltó como loco cuando Lookman, tras un taconazo inmenso de su hijo, inauguró el marcador y enmudeció el estadio blanco.
La renta pudo haber sido doble, pero Munuera decidió no pitar un penalti sobre Llorente tras haber sido arrollado por Carvajal. "No creo que el tema de no haber ganado sea por eso. Tuvimos la oportunidad de aprovechar las ocasiones buenas que se generaron y no fuimos capaces de hacer ese paso hacia adelante", apuntó Simeone.
Era el renacer del jugador nigeriano, absolutamente invisible desde su meteórica aparición ante el Betis en la Copa del Rey. Antes había avisado con un eslalon monumental que terminó por cerrar Rüdiger. Estaba el partido para apariciones individuales, para diagonales y para caos controlado. Su presencia en el once era una apuesta propia de su entrenador. Nico, más solidario defensivamente, parecía una opción más plausible y quizás adecuada. Pero el Cholo quería filo y en las bandas puso dos puñales que le dieron el primer tanto del encuentro.
Contundencia, repite incansablemente el Cholo. La tuvo el Atlético que, salvo por un disparo de Llorente, había pisado poco el área de Lunin. En la otra costa, Musso no podía relajarse ni un minuto porque los blancos rondaban su área con un Valverde hiperactivo. El argentino sólo pudo mirar cómo le remató al palo en su primer mano a mano, pero después tuvo intervenciones de mérito como ante un disparo de Carvajal desde el borde del área. Era su presencia una nota nada discordante ya que su rendimiento ante la ausencia de Oblak había sido siempre sobresaliente. Nada pudo hacer sin embargo ante el penalti de Vinicius, que valió el empate del Madrid.
Tampoco ante el gol de Valverde cinco minutos después. La pájara de Giménez fue un error imposible de enmendar por el argentino. El Atlético vio cómo en apenas dos jugadas se esfumaba su ilusión inicial de romper una racha de una década. Pesa la historia, pesan los errores y vuelve a sonar esa palabra del Cholo: contundencia.
En la misma estaba el capitán derbi, Koke, el futbolista que más ha jugado con 45, que apuntaba que "hay que cuidar más los detalles". "La derrota duele igual, un derbi es un derbi", explicó el rojiblanco sobre los objetivos diferentes entre el Atlético y el Real Madrid en liga. "Estamos en el momento que queremos estar en champions y en copa, en liga no hemos sido regulares", añadió el futbolista que dice que ahora su mente ya está preparada en el triple duelo ante el FC Barcelona antes de la ilusionante final de Copa del Rey.
Molina, el cañonero
Pero para contundente, el zurriagazo de Molina. Está el argentino acostumbrándose a encañonar desde cualquier parte como demostró ante el Getafe. Mal rollo con los vecinos. Lunin sólo pudo embellecer la foto y el Cholo mejoró la celebración, trotando por la banda desbocado.
No pudo seguir celebrando el argentino al final. Vinicius le amargó la fiesta. Tenía el Atlético a mano arruinar la liga a su vecino, pero no pudo aprovechar la roja de Valverde por patear a Baena de muy malos modos. Julián lo intentó, pero la escupió el palo. Mateu Alemany quiere otro derbi en la final de Champions. No debe de tener memoria el director deportivo rojiblanco.