Nunca es justo el fútbol. O pocas veces. O quizás nos acordemos menos de las veces que lo es. El Osasuna no debió perder su duelo contra un Atlético de Madrid ya casi de vacaciones, pero no pudo ni aprovechar la expulsión de Llorente. Se quedó sin tiempo y los rojiblancos ya le habían metido sendos zarpazos (1-2). Lookman y Sorloth fueron los leones. Barja hizo creer, pero el tiempo se extinguió sin recompensa.
En una de esas loterías que son los onces de los equipos sin objetivos a final de temporada, Simeone decidió cimentar su medio campo, con tres mediocentros y Almada, y salir sin delanteros de referencia. Lookman y Griezmann debían inquietar a centrales con poca movilidad como Catena y otros que tienden a tener despistes como Boyomo.
El Osasuna de Lisci estaba en ese terreno de nadie que, con nueve puntos por jugarse, puede aspirar a casi todo, pero necesita un concurso casi perfecto. Así que los rojillos plantearon un once ofensivo para aprovechar la falta de objetivos rojiblanca. No tuvieron suerte finalmente y no será porque no lo intentaron.
El partido estaba feo hasta que se cumplió la ley del ex de manera inversamente proporcional. Más que meter un gol, Javi Galán concedió uno al Atlético gracias a un penalti muy inocente que transformó Lookman. Casi sin carrera, engañó a Aitor Fernández sustituto de Sergio Herrera.
Los rojillos reaccionaron con valentía. Dispusieron de varias ocasiones tres saques de esquina casi consecutivos, pero Catena y Budimir no terminaron de encontrar la portería de Musso, sustituto de Oblak, quizás en un favor de Simeone para introducir al argentino en la lista definitiva del Mundial después de entrar entre los 55 de Scaloni.
Aunque el fallo garrafal fue poco después cuando Koke cedió sin fijarse a su espalda al portero argentino, pero quien estaba ahí era Budimir. El delantero croata, sin oposición, la echó arriba. Lisci, que ha pasado de temer por el descenso a soñar con Europa, se echaba las manos a la cabeza.
Parecía increíble que con tantos centrocampistas y jugadores que quieren el balón, el Atlético no lo disfrutara en el primer tiempo. Los rojillos le ganaron la posesión en un 60/40, pero los rojiblancos llegaban a oleadas como en una cabalgada de Pubill que salvó a Aitor in extremis.
Hubo tiempo para la polémica poco antes del descanso. En un despeje de puños, Musso rozó a Budimir y el árbitro Guzmán Mansilla señaló la pena máxima. El VAR corrigió al colegiado ya que percibió claramente, que el argentino, en contra de lo ocurrido en la Copa con la Real, toca balón y el roce al croata es residual.
Los navarros se echaron encima del Atlético a la vuelta de vestuarios, pese a que Simeone cambiara a Almada por Sorloth en un giro ofensivo. Lisci respondió metiendo a Raúl García de Haro para ayudar a Budimir en su pelea con Le Normand y Hancko.
Demasiado castigo
Osasuna llegaba, pero no lo hacía de manera clara ante un Musso que no había hecho una parada en la primera hora. La hizo en el 65, a un cabezazo de Budimir que fue como un martillo. Pudo ser el empate, pero lo negó el argentino. En cambio, lo que llegó poco después fue el segundo tanto del Atlético. Lo hizo Sorloth, tras un centro de Llorente que envenenó involuntariamente Moi Gómez. Ya en el vuelo del balón se veía la cara de lamento de Catena, consciente de que no llegaba y el esfuerzo del equipo se iba por la borda.
Dispusieron los rojillos de 15 minutos en superioridad numérica por expulsión de Llorente. No fue tiempo suficiente para la gesta pese al gol de Kike Barja. El sueño europeo deberá esperar porque se antoja complicado en los seis puntos que les quedan. Quizás la gesta del Rayo en la Conference obre lo que no pudieron los rojillos en el césped. Pero bueno, las matemáticas están para los creyentes.








