Cerrada la puerta de la Liga y abierta la ventana del Mundial. Lamine Yamal, tras el lanzamiento de penalti que otorgó la victoria al Barça ante el Celta, sufrió una lesión en el bíceps femoral de la pierna izquierda que le impide participar en la Liga. Podría estar de baja durante un mes y medio, justo para llegar al campeonato de selecciones, que arrancarán dentro de 50 días. Lo previsible es que el delantero no esté en plenitud de condiciones para los primeros partidos del torneo. España debutará el 15 de junio contra Cabo Verde.
Luis de la Fuente respira aliviado y Hansi Flick se resigna a perder a su jugador más determinante. Al Barcelona, que acaricia el título de Liga, le restan seis encuentros, ante Getafe (mañana), Osasuna (2 de mayo), Real Madrid (día 10), Alavés (13), Betis (17) y Valencia (24).
El Barcelona aseguró ayer que Lamine seguirá un tratamiento conservador. Esta es la segunda lesión del extremo de Rocafonda en esta campaña. La anterior fue una pubalgia que le hizo perderse cinco partidos. Por cierto, que el Real Madrid también ha confirmado que Militao y Arda Güler sufren sendas lesiones en los bíceps femorales: el brasileño en la pierna izquierda y el turco, en la derecha. En el club del Bernabéu creen que ambos jugadores se perderán el resto de la temporada y son dudoso para el Mundial.
Los expertos en medicina deportiva sostienen que la lesión en el bíceps femoral es una de las más habituales en futbolistas, pero sobre todo en jugadores explosivos, como Lamine. «Este músculo trabaja al límite en acciones como el sprint o los cambios de ritmo. La clave de la recuperación de Lamine Yamal va a depender fundamentalmente del lugar en el que se localiza la lesión, siendo un caso mucho más problemático si esta rotura se sitúa cerca de la inserción del músculo con el tendón (unión miotendinosa)», advierte Luis García, fisioterapeuta y osteópata, responsable del área Fisioterapia en la Clínica iQtra Medicina Avanzada.
«De esta manera estaríamos hablando de unos plazos que podrían prolongarse entre cinco y ocho semanas, aunque en el deporte de élite estos plazos tratan de acortarse al máximo mediante tratamientos como el plasma rico en plaquetas (PRP), que aporta factores de crecimiento y ayuda a optimizar la reparación del tejido muscular, fisioterapia invasiva como la Electrolisis Percutánea Intratisular (EPI) o no invasiva con láser de alta potencia o radiofrecuencia; todas ellas encaminadas a mejorar la vascularización y el entorno biológico de la lesión», añade Luis García.
Este especialista apunta que el gran reto al que se enfrenta Lamine no es sólo la recuperación, sino evitar recaídas: «Los isquiotibiales, y el bíceps femoral es uno de los tres músculos que componen los isquiotibiales, tienen una alta tasa de recidiva si no se respetan los tiempos biológicos de curación y una correcta readaptación. Es necesario hacer un abordaje progresivo que combine control de la carga, trabajo de fuerza y una reintroducción gradual al gesto deportivo».
En este sentido coincide con el doctor Pedro Luis Ripoll, que apunta que esta lesión tiene un índice de recaída del 30%. «Hay que tener mucho cuidado. Hay que ser extremadamente precavidos con los plazos de la recuperación... No hay que meter presión al jugador», dijo en Radio Marca. El galeno también advirtió de que en esta temporada nueve jugadores del Barça han padecido lesiones en el bíceps femoral, y seis de ellos tuvieron recaídas.
Luis García recalca que la vuelta a la competición no debe marcarla el calendario, sino la funcionalidad del jugador: «Deberá regresar cuando haya ausencia de dolor, recuperación completa de la fuerza y capacidad para realizar esfuerzos máximos sin riesgo. Forzar una reincorporación precoz puede aumentar significativamente el riesgo de recaída y prolongar el tiempo total de baja».
El ministro de Deportes de Italia, Andrea Abodi, afirmó este jueves que una 'repesca' de la selección italiana para el Mundial "no es oportuna" ni posible tras la petición de la Administración Trump para reemplazar a Irán por la selección italiana. La embajada iraní en Roma respondió diciendo que la propuesta demostraba la "quiebra moral" de Estados Unidos y que Italia no necesitaba "privilegios políticos" para demostrar su grandeza futbolística.
A su vez, la portavoz del gobierno iraní, Fatemeh Mohejerani, afirmó que la selección nacional masculina se está preparando para una "participación orgullosa y exitosa". Un asunto clave por resolver es que el gobierno de Estados Unidos otorgue visas de entrada a la delegación iraní, incluido el presidente de la federación de fútbol, Mehdi Taj.
Es vicepresidente del organismo asiático de fútbol y se le impidió asistir al sorteo del Mundial en diciembre en Washington, donde Infantino entregó al presidente estadounidense Donald Trump el Premio de la Paz de la FIFA, creado especialmente.
Por el momento, Irán sigue como uno de los participantes del próximo Mundial 2026, y debutará en el torneo el próximo 16 de junio contra Nueva Zelanda.
Estas reacciones responden a la noticia de que un enviado especial del presidente Donald Trump pidió a la FIFA que Italia reemplace a Irán en el próximo Mundial, según reveló el Financial Times (FT). La iniciativa del enviado especial Paolo Zampolli fue planteada también al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y, según el rotativo británico, se enmarca en un intento de recomponer las relaciones entre Trump y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, tras los recientes ataques del mandatario al papa León XIV.
"Confirmo que he sugerido a Trump y a Infantino que Italia sustituya a Irán en el Mundial. Soy italiano de nacimiento y sería un sueño ver a la 'Azzurra' en un torneo organizado en EE. UU. Con cuatro títulos, tienen el historial necesario para justificar su inclusión", dijo el enviado especial Paolo Zampolli al FT este miércoles.
En 2022, tras el fracaso de la Azzurra para clasificar al Mundial de Catar, Zampolli sugirió a la FIFA descalificar a Irán debido a la violencia de su represión policial y repescar a Italia. No tuvo éxito.
"Los partidos se jugarán donde tengan que jugarse, según el sorteo", dijo a la AFP el máximo dirigente del balompié mundial en marzo.
"Irán tiene que venir, representan a su pueblo, se han clasificado, los jugadores quieren jugar", afirmó luego, a mediados de abril, durante una conferencia económica organizada por el canal de televisión CNBC en Washington.
Italia quedó fuera del Mundial tras perder en marzo el partido decisivo de la repesca ante Bosnia y Herzegovina, lo que supuso su tercera ausencia consecutiva en la fase final del torneo más importante de selecciones. Por su parte, Irán aseguró su clasificación para el torneo, aunque solicitó trasladar sus partidos de la fase de grupos fuera de territorio estadounidense tras el inicio del conflicto en la región.
En caso de la expulsión de Irán, libertad total para elegir a Italia
El reglamento de la FIFA establece que, en caso de retirada de una selección clasificada, el organismo tiene libertad para designar a su sustituto. Aún así, Irán no ha renunciado a participar en el campeonato.
En concreto, el artículo 6.7 del reglamento del torneo establece "Si una federación participante se retirara o quedara excluida del Mundial de la FIFA 26, la FIFA decidirá a su entera discreción al respecto y emprenderá las acciones que considere necesarias. La FIFA podrá decidir, en particular sustituir dicha federación por otra".
Esto podría permitir sustituir a Irán por una selección que no sea de la Confederación Asiática, pese a que la plaza corresponde a la AFC. El próximo 30 de abril la FIFA reúne a sus 211 federaciones nacionales en el 76 Congreso ordinario del organismo en Vancuver (Canadá) de la FIFA, en el que, en principio, no figura en el orden del día nada relativo a una posible sustitución de la selección iraní.
El Mundial, que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá, comenzará el 11 de junio. Irán debería jugar su primer partido el 15 de junio, en Los Ángeles (California), contra Nueva Zelanda.
Un alto enviado del presidente de EEUU, Donald Trump, ha pedido a la FIFA que reemplace a Irán por Italia en el próximo Mundial, informó este miércoles el Financial Times. El plan es un intento de reparar las relaciones entre Trump y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, después de que ambos se distanciaran en medio de los ataques del presidente estadounidense contra el Papa León XIV por la guerra con Irán, según el FT, que cita a personas familiarizadas con el asunto.
"Confirmo que he sugerido a Trump y al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, que Italia reemplace a Irán en el Mundial. Soy italiano de nacimiento y sería un sueño ver a la Azzurra en un torneo organizado en EEUU. Con cuatro títulos, tienen el historial para justificar su inclusión", declaró el enviado especial estadounidense Paolo Zampolli al FT.
Italia sufrió una sorpresa en marzo después de que la selección nacional quedara fuera del Mundial por tercera vez consecutiva tras perder 4-1 en la tanda de penaltis contra Bosnia y Herzegovina en la final del repechaje de clasificación.
Irán se clasificó para un cuarto Mundial consecutivo el año pasado, pero tras el inicio de la guerra solicitó a la FIFA trasladar los tres partidos de su grupo desde Estados Unidos a México.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, dijo durante una visita a un entrenamiento de la selección iraní en Turquía el mes pasado que todos los partidos se disputarían según lo previsto, al tiempo que ofreció ayuda al equipo en su preparación para el torneo.
"Estamos preparando y organizando todo para el Mundial, pero obedecemos las decisiones de las autoridades", declaró el presidente de la Federación Iraní de Fútbol (FFIRI), Mehdi Taj, a los periodistas en una manifestación progubernamental en Teherán el miércoles. "Por ahora, la decisión es que la selección nacional esté completamente preparada para el Mundial".
La decisión sobre qué país ocuparía la plaza en caso de que el gobierno iraní retire al equipo recae en la FIFA, que según el artículo seis del reglamento del Mundial tiene libertad para convocar a cualquier nación que desee para cubrir la vacante.
Se espera que la AFC presione con fuerza para que el sustituto provenga de Asia, siendo Emiratos Árabes Unidos —que perdió un repechaje clasificatorio contra Irak el pasado noviembre— la opción más evidente.
Sin embargo, los Emiratos tienen un historial futbolístico muy inferior al de Italia, ya que solo han participado en una edición del Mundial, en 1990, donde perdieron sus tres partidos.
El Mundial, que también será coorganizado por México y Canadá, comenzará el 11 de junio, con Irán programado para debutar contra Nueva Zelanda en Los Ángeles cuatro días después.
La FIFA pondrá a la venta más entradas para el Mundial después de enfurecer a algunos aficionados al añadir nuevas categorías, más caras.
El organismo rector del fútbol anunció el martes que pondrá más boletos a disposición a las 11 de la mañana del miércoles (hora de Nueva York) para los 104 partidos en las Categorías 1, 2 y 3, además de la nueva tarifa de asientos de "primera fila" que añadió este mes.
La nueva categoría desató quejas en internet de aficionados que afirmaron que creían que se habían obtenido los mejores asientos dentro de las categorías para las que habían comprado entradas y que a ellos se les asignaron ubicaciones menos favorables.
La FIFA puso entradas a la venta en diciembre con precios que iban desde 140 dólares para la Categoría 3 en la primera ronda hasta 8.680 dólares para la final, y luego elevó los precios hasta 10.990 dólares cuando se reabrieron las ventas el 1 de abril.
La FIFA no respondió a una solicitud de comentarios del 9 de abril sobre las nuevas categorías de entradas que añadió.
También el martes, The Athletic informó que las ventas de entradas van rezagadas para el debut de Estados Unidos contra Paraguay el 12 de junio en Inglewood, California. El medio indicó que un documento distribuido a los organizadores locales, con fecha del 10 de abril, señalaba que se habían comprado 40.934 entradas para el partido Estados Unidos-Paraguay y 50.661 para el encuentro Irán-Nueva Zelanda el 15 de abril. La FIFA proyecta la capacidad del SoFi para el Mundial en alrededor de 69.650, y precisó que podría cambiar.
La venta de diciembre de la FIFA fijó los precios de las entradas para Estados Unidos-Paraguay en 1.120, 1.940 y 2.735 dólares, y los asientos para Irán-Nueva Zelanda en 140, 380 y 450 dólares.
La "Guerra Fría" marcó las relaciones entre bloques (Estados Unidos y Europa occidental por un lado; la URSS y la Europa del Este por el otro) desde el final de la II Guerra Mundial (1945) hasta la caída del Muro de Berlín (1989). El gran público lo siguió especialmente a través de la carrera espacial y los Juegos Olímpicos, y en una sola ocasión en el fútbol, cuando la RFA y la RDA se enfrentaron en el Mundial de 1974. Tras la guerra, Alemania fue dividida en cuatro zonas de ocupación; la mitad occidental quedó administrada por Francia, Inglaterra y Estados Unidos, y la oriental, por la URSS. A partir de 1955, los tres primeros dejaron su parte en manos de un gobierno democrático, dando lugar a la República Federal de Alemania, RFA. Por su parte, la URSS convirtió su lado en un país satélite, denominado República Democrática Alemana, RDA. Hasta Tokio 1964 aún acudirían juntas a los Juegos Olímpicos como "Alemania Unificada", pero en fútbol vivieron separadas desde 1949.
En los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 les tocó enfrentarse, pero no trascendió. El fútbol era y es un deporte menor en el océano olímpico. Expulsado tras Ámsterdam 1928 por su contaminación profesional, creó su propia Copa del Mundo en 1930, haciendo vida aparte. En Berlín 1936 fue readmitido con la condición de sólo llevar "amateurs", lo que daría ventaja durante muchos años a los países de la Europa del Este, que no reconocían el profesionalismo. Compensaban a sus futbolistas con buenos empleos en el Estado (ejército, policía, ferrocarriles, administración...) a los que apenas tenían que acudir, y fungían de "amateurs" aunque gozaran de las mismas ventajas en tiempo y atenciones que los profesionales de Europa occidental. Sus selecciones olímpicas utilizaban a los mejores, mientras las restantes presentaban jóvenes en formación. Desde Helsinki 1952 hasta Moscú 1980, ambos inclusive, las selecciones de la Europa comunista ganaron 17 de las 21 medallas de fútbol, entre ellas todas las de oro. Eso acabó cuando, a partir de Los Ángeles 1984, esfumándose ya el tabú del profesionalismo en el mundo olímpico, se derivó el campeonato de fútbol a una categoría sub-23, con admisión de dos de mayor edad.
De modo que no se prestó atención al enfrentamiento entre las dos Alemanias en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972. Ganó la RDA por 3-2. Ya jugaba un tal Jürgen Sparwasser con la RDA, mientras en la RFA emergía un joven Uli Hoeneß, que marcó un gol ese día. No hubo ruido de Guerra Fría. Aquel encuentro quedó diluido en un mar de sucesos, entre los que destacan el asalto terrorista al pabellón israelí y los siete oros de Mark Spitz.
Más sonó el cruce en la Copa de Europa 1973-74 entre el Dinamo de Dresde y el Bayern de Múnich. Fuera de Alemania no se siguió con especial atención (el Bayern aún no había ganado ninguna Copa de Europa; la de ese año iba a ser la primera), pero sí en las dos mitades del país. Al partido de ida en Múnich (24 de octubre de 1973) viajaron mil aficionados de Dresde... previa selección del Ministerio de Seguridad, que dirigía el feroz Erich Mielke. Las expediciones deportivas al exterior de los países de la órbita soviética eran muy controladas para evitar tentaciones de fuga. Con el equipo viajaban agentes de la Stasi y se hacía un gran cribado de los acompañantes. Tener familiares en Occidente era causa excluyente y se prohibían los contactos con autóctonos. Aquellos mil hinchas seleccionados viajaron en tren el mismo día, comieron juntos, regresaron juntos.
El partido resultó interesante y movido: 1-0, 2-0, 2-1, 2-2, 2-3; descanso con bajada del presidente muniqués, Wilhelm Neudecker, que en la fecha cumplía 60 años, para aumentar la prima a 12.000 marcos; y tras la reanudación, 3-3 y el 4-3 final, marcado por Gerd "Torpedo" Müller. Para la vuelta (7 de noviembre), el Bayern no viajó la víspera por temor a que le intoxicaran la comida y le espiaran las charlas tácticas. Durmió en Hof, junto a la frontera de la RDA, a 280 kilómetros de Dresde. Pretextó ante la UEFA, que obligaba a la presencia en la ciudad del partido en la víspera, "problemas de aclimatación por la diferencia de altitud entre las ciudades", excusa ridícula, porque Múnich sólo está 400 metros más alta que Dresde, menos que Madrid respecto a cualquier ciudad de la costa. Pero en el campeonato de selecciones juveniles de la UEFA de 1969, disputado en Leipzig, se dieron muchos casos de diarreas entre los chicos de la RFA, lo que despertó sospechas. Ahora, cuando el Bayern, ya en Dresde, fue al lugar designado para celebrar la reunión del equipo, encontró micrófonos camuflados.
Los 1.600 hinchas muniqueses viajaron en tren especial y en la ciudad se les mantuvo aislados. En cuanto a los locales, hubo 8.500 abonados del club, 8.000 entradas vendidas libremente y 35.000 reservadas a personal de seguridad. También aquí el marcador fue llamativo: 0-1, 0-2 (ambos de Hoeneß), 1-2; descanso; 2-2, 3-2 y 3-3 (Müller), con lo que se clasificó el Bayern. Cuatro meses después sería campeón tras ganar en Bruselas la final con desempate ante el Atlético.
Esos eran los antecedentes cuando la RFA y la RDA se cruzaron en el Mundial 1974. Los duendecillos del fútbol les colocaron en el mismo grupo, junto a Australia y Chile. La RFA ganó a ambas; la RDA, que jugó sus dos partidos hostigada por el público local, venció a la primera y empató con Chile. Se enfrentaron en la tercera jornada, ya clasificadas, con el primer puesto en juego. Australia y Chile empataron su partido, jugado antes, a las 16:00, en Berlín.
Se daba por ganadores a los occidentales, campeones de la Eurocopa de 1972. Sus principales nombres aún resuenan: Sepp Maier, Berti Vogts, Franz Beckenbauer, Paul Breitner, Müller, Günter Netzer, Hoeneß... Por comparación, los de la RDA parecían insignificantes, aunque cuatro de ellos formaran parte del Magdeburgo, campeón de la Recopa cinco semanas antes ante el Milán de Gianni Rivera. La RDA fue un poderío en deportes olímpicos (ganó la pugna con la RFA en este campo por 280 medallas a 159 al cabo de siete ediciones), pero no en fútbol. Se examinaba a los chicos y a las chicas, se determinaba para qué deporte tenían más aptitudes y se les encaminaba hacia él, sin tener en cuenta sus preferencias, de manera que el fútbol no allegaba tantos practicantes como donde imperaba la libre elección. El Bild hizo un despliegue de euforia preventiva: "Por qué ganamos hoy", tituló, y el subtítulo aludía a Múnich 1972: "Ahora sí les daremos una paliza alineando a los profesionales y no sólo al equipo nacional amateur". Su informe comparaba jugador por jugador, ensalzando a los propios y rebajando a los rivales.
Sparwasser (derecha) durante un homenaje a Pelé.AP
Sparwasser era uno de los cuatro del Magdeburgo. Había nacido en 1948 en Halberstadt, Sajonia, hijo del entrenador del equipo local. En 1963 entró en la cantera del Magdeburgo, debutó con los mayores en la 1964-65 y se consagró en la 1966-67 con sus 22 goles en 27 partidos para el ascenso a la Oberliga. Era un medio de ataque o segundo punta de buena planta, 1,80 y 78 kilos, rápido y decidido ante el gol. Fue internacional desde 1969.
El partido fue espeso por el nerviosismo de los locales, sobre los que recaía toda la presión, y el juego prudente de la RDA. El único gol llegó en el 77', exactamente a las 21:03 del día 22 de junio de 1974, fecha para la historia del fútbol. El meta Jürgen Croy recogió el balón y lo envió con la mano, adelantado, a Eberhard Hamann, que inició un contraataque rápido por la banda derecha y, al pasar la divisoria, soltó un gran pase de 40 metros hacia la media luna del área; Sparwasser lo persiguió en oblicuo desde el "callejón del diez": "Fue una locura echar a correr, porque iba a confluir con Vogts, Horst Höttges y Bernard Cullmann. Pero tuve suerte: quise controlar con el pecho, el balón me dio en la nariz y les despistó. Vencí la entrada deslizante de Höttges y en lugar de tirar de primeras me acerqué a Maier y le batí. Lo celebré con una voltereta, aún no sé por qué. Es la única vez que lo hice". No fue ese el gol favorito de su carrera, sino uno que le marcó al Sporting de Portugal en la semifinal de la Recopa.
Cambió con Breitner su camiseta, hoy expuesta en la Casa de la Historia de Bonn. A la noche sufrió el primer impacto de la fama: tres compañeros y él pidieron permiso al vigilante de su hotel, en Quickborn, para una escapada a la Reeperbahn, la calle golfa del barrio de St. Pauli. Se lo permitió a los otros; a él, no: "Te reconocerán y perderé mi empleo".
Fue un gol espléndido, relampagueante (12 segundos de la mano de Croy a la red), un gol para la historia, pero le iba a servir más a la RFA que a la RDA. Por ganar el grupo, la RDA se las tuvo que ver en la siguiente fase con Holanda, Brasil y Argentina, mientras la RFA tuvo rivales más fáciles: Polonia, Suecia y Yugoslavia. Él vio la final, ganada por los alemanes occidentales a Holanda, en su casa de Magdeburgo: "A los cinco minutos llegó un telegrama, dirigido a 'Jürgen Sparwasser, Magdeburgo', sin más señas. Decía: 'Spari -mi mote-, te damos las gracias. Toda Alemania te da las gracias'". Beckenbauer incluso sugirió que se creara una medalla número 23 para otorgársela.
Aquel gol no le hizo feliz. Corrió el bulo de que le habían regalado un coche y una casa ("nos dieron 2.500 marcos por pasar de grupo, eso fue todo") y la imagen de enchufado de las autoridades le persiguió por los campos. Tuvo una oferta del Bayern, pero no hubiera podido salir, y menos con su mujer. Siguió en el Magdeburgo hasta 1979, cuando una lesión de cadera le retiró con tres Oberligas, cuatro Copas, una Recopa y 133 goles en 298 partidos, más 15 en 53 en la selección. Quiso formarse en pedagogía deportiva, pero las autoridades se empeñaron en que entrenara al Magdeburgo y, para forzarle, le impidieron hacer la tesis doctoral. Su hija, embarazada, pidió permiso para salir del país y eso le colocó en posición de sospechoso. Aunque tuvo que inscribirse en su día en el Partido Comunista para ser olímpico en Múnich 1972, no fue un devoto del régimen.
En 1988 encontró la ocasión de escapar, no mucho antes de que cayera el Muro de Berlín. Se la propició un torneo de veteranos en Saarbrücken, cuando su mujer había conseguido permiso para viajar a Lüneburg a ver a su nieto; ya se estaban aflojando los controles. "Era el 8 de enero. Aproveché un descuido del vigilante y salí. Me temblaba el corazón. Me había citado con una conocida, apareció y respiré". El Bild, que compró la historia, le alojó en un hotel de Hamburgo. La RDA, para la que era un símbolo, le tildó oficialmente de traidor. Le contrató el Eintracht Frankfurt como segundo técnico de Karl-Heinz Feldkamp, al que siempre estuvo agradecido. Luego entrenó al Darmstadt 98 y a otros equipos modestos, presidió la VdV, el sindicato de futbolistas. Jubilado, vive en Bad Vilbel, cerca de Frankfurt. Y dice jocoso: "Cuando muera, bastará que en mi lápida pongan 'Hamburgo, 1974' para que todo el mundo sepa quién está ahí".
La clasificación de la República del Congo para el inminente Mundial desempolva el recuerdo de su lejana aventura de Alemania 1974, cuando aquel país, entonces con el nombre de Zaire, fue el primero del África negra en jugar una fase final de la Copa del Mundo. Antes sólo se habían producido dos presencias africanas. La primera, Egipto en 1934, tras ganar en eliminatoria única al Mandato Británico de Palestina, lo que terminaría siendo Israel. Luego hubo muchas ediciones sin representante del continente, bien por renunciar a disputar una plaza con Asia o incluso un tercio de plaza con Asia y un repescable de Europa, bien por el boicot en cadena a Israel en 1958... Para México 1970, ya con una plaza fija para África, se disputó una larga y seria fase de clasificación que ganaría Marruecos, que después no quedó mal: perdió por 2-1 con Alemania (finalista en la edición anterior y semifinalista en esta), por 3-0 ante Perú (con la mejor generación de su historia) y empató 1-1 con la Bulgaria de Asparukhov.
Los dos participantes del continente hasta ese momento representaban un fútbol que podríamos definir como europeizado: Egipto, de tanta influencia inglesa hasta la crisis del Canal de Suez, y Marruecos, durante mucho tiempo protectorado de Francia y España. Ahora se trataba de Zaire, un país subsahariano, del África negra, selvática, legendaria y misteriosa a los ojos del mundo de entonces.
Zaire fue el nombre que tuvo aquel país entre 1971 y 1997, antes conocido como Congo Belga, derivado del río que lo atraviesa y nutre. El dictador Mobutu Sese Seko lo rebautizó como Zaire, palabra equivalente a fuerza o energía, con la que era denominado también el río Congo por algunas tribus. Lo decidió así en el marco del proceso de "autenticidad", un distanciamiento del pasado colonial que impuso la sustitución de nombres europeos por los de lenguas autóctonas. Él mismo, que nació como Joseph-Désiré Mobutu, mutó su nombre en Mobutu Sese Seko Nkunku Ngbendu Wa Za Banga, traducible por "guerrero resistente que todo lo conquista dejando el fuego a su paso". Oficial ambicioso, llegó al poder en 1965 tras traicionar a quienes le auparon y se sostuvo férreamente hasta su muerte. Falleció con una fortuna de 5.000 millones de dólares en Suiza, equivalente en su momento a la deuda externa del país.
Zaire contrató como seleccionador al yugoslavo Blagoje Vidini, uno de esos sabios trotamundos futbolísticos que extendieron los modos de la Escuela del Danubio por el mundo. Había sido un buen portero, medalla de plata en Melbourne 1956 y de oro en Roma 1960. Jugó en Yugoslavia hasta que, a los 30 años, le permitieron fichar por el Sion, y se retiró en la incipiente liga norteamericana. Mobutu lo contrató porque había clasificado a Marruecos para México 1970, y aquí repetiría el éxito: Zaire apartó en eliminatorias de ida y vuelta a Togo, Camerún y Ghana para finalmente salir ganador de la liguilla triangular definitiva, con Marruecos y Zambia como rivales. Marruecos se sintió tan atracado por el árbitro en su visita a Zaire que se retiró, negándose a recibirlos después en su campo.
Su presencia constituyó una explosión de exotismo en Alemania 1974. No se sabía apenas nada del fútbol de aquella región del mundo, salvo por algunas figuras portuguesas nacidas en sus provincias africanas, los mozambiqueños Coluna y Eusébio, al fin y al cabo ciudadanos de un país de tradición futbolística europea. Aparte de ellos estaban las singularidades del maliense Salif Keita, que tras triunfar en Francia fichó por el Valencia en el verano de 1973, y del propio zaireño Kialunda, un gigantón líbero del Anderlecht, asiduo a los campeonatos europeos de clubes. Aun siendo el mejor jugador del país, no fue seleccionado. Los clubes tenían entonces la potestad de impedir que sus extranjeros fueran a sus selecciones. El Anderlecht le exigió a Mobutu 18 millones de francos para cederlo y este prefirió ahorrárselos. Tenía 34 años, había pasado del Anderlecht al AS Vita Club (entonces llamado Roi Léopold), pero se mantenía en gran forma y era todo un personaje. Era propietario de un establecimiento nocturno en el distrito de Matongé, llamado Le Vatican, punto de reunión de escritores, pintores, diplomáticos, políticos y periodistas. Allí reinaba él, apodado como "el Papa de Matongé".
La selección se compuso íntegramente con jugadores de la liga local. Salieron de Kinshasa como héroes, despedidos por miles de aficionados, pasaron un mes de concentración en Suiza y finalmente llegaron a Alemania por el aeropuerto de Fráncfort, desde donde se corrió el rumor de que en el equipaje llevaban carne de mono. Toda su estancia iba a estar acompañada de una curiosidad malsana, con el visible deseo en las informaciones de buscar ángulos extravagantes.
El primer rival fue Escocia, el escenario el Westfalenstadion de Dortmund, y la asistencia, 25.800 espectadores. Los escoceses tenían un buen equipo, con varios de los mejores jugadores de su historia. El capitán era Billy Bremner y el ataque lo formaban Kenny Dalglish, Joe Jordan, Dennis Law y Peter Lorimer. Los zaireños, unos perfectos desconocidos para el resto del mundo, llamaron la atención por el colorido de su vestimenta: verde chillón la camiseta, amarillo aún más chillón el pantalón, y en el pecho una circunferencia dorada que encerraba la cabeza igualmente dorada de un leopardo. Fuertes, altos, elásticos, rápidos, salieron del trance con un sobrio 2-0, goles de Lorimer (26') y Jordan. Las críticas fueron bastante buenas.
A la espera del segundo partido, contra Yugoslavia, que ocupaba en el campeonato la plaza que nos ganó a nosotros en el desempate, llegó a la concentración un grupo de hechiceros, los más destacados de cada etnia, con su cargamento de amuletos. Vidini les prohibió la entrada, y ellos respondieron con una conferencia de prensa en la que le acusaron de estar del lado del siguiente rival, su país de nacimiento. Para el seleccionador, desde luego, se trataba de un trance difícil, que se complicó aún más por el ambiente surgido en el seno del equipo esos días. Mobutu les había prometido un coche y una casa a cada uno si se clasificaban, pero veían que la promesa se desvanecía. Tampoco les daban dietas, alegando que el gasto de los vuelos y estancias agotaba las posibilidades económicas de la Federación. A medida que se enteraban de cómo vivían y eran tratados los jugadores de otras selecciones se fueron enfadando. Muchos salieron ante Yugoslavia decididos a hacer patente su descontento, con el equipo dividido entre los que querían boicotear el partido y los que no. Y sobrevino la catástrofe.
El escenario fue el Parkstadion de Gelsenkirchen, ante 31.700 espectadores, que presenciaron una masacre. Yugoslavia, ávida de goles por si al final del grupo se decidía por el goal average (como así sería), aprovechó las facilidades para firmar un estrepitoso 9-0. En 18 minutos ya habían entrado tres. El hombre de confianza enviado por Mobutu al Mundial ordenó a Vidini que sustituyera al meta titular, Kazadi Mwamba, por Tubilando Ndimbi, el preferido del presidente. Al poco fue expulsado por una patada a destiempo el defensa Ndaye Mulamba. Al descanso se llegó ya con 6-0. Kakoko Etepé, la gran figura del país (le llamaban "el Rey del Balón"), se negó a salir de nuevo al campo y hubo de ser sustituido por Mayanga Mapu. Finalmente encajaron nueve. La buena imagen del debut se derrumbó.
Dos días después aparecieron tres oficiales de la guardia personal de Mobutu que, tras hacer salir del hotel a los periodistas, al entrenador, al médico y al personal auxiliar, se encerraron con los jugadores para trasladarles un mensaje presidencial: si ante Brasil perdían por más de tres goles, no regresarían con vida al país y sus familias correrían peligro.
La selección de Zaire, antes del partido contra Escocia.GETTY
El 22 de junio cerraron su participación, de nuevo en el Parkstadion de Gelsenkirchen. Acudieron 36.200 espectadores. En aquel Brasil jugaban Pereira y Leivinha, que más adelante actuarían en el Atlético de Madrid, y tres supervivientes del equipo campeón de México 1970: Piazza, Jairzinho y Rivelino. Seguía también el seleccionador, Zagallo. La situación del grupo era curiosa: todo lo que no jugó Zaire fueron empates, de modo que Escocia y Yugoslavia tenían cuatro puntos y Brasil llegaba con dos. Se le daba por ganador ante Zaire, claro, pero ¿por cuántos goles? Le bastaba ganar por tres para quedar por delante de Escocia; no tenía necesidad de escalar los nueve de Yugoslavia. Por fortuna para los muchachos de Zaire, la cosa quedó exactamente en tres.
Pero aún sufrirían el último escarnio, a cuenta de su defensa Mwepu Ilunga. Quedaba poco para el final, y gana Brasil ya por 3-0 cuando hay una falta cerca de la frontal del área de Kazadi Mwamba, regresado a la titularidad y autor de un partido asombroso, mezclando paradas mágicas con salidas suicidas. Los zaireños forman la consabida barrera. El rumano Rdulescu Rainea hace el gesto y pita para autorizar el saque, y antes de que ninguno de los dos posibles lanzadores arranque, Mwepu Ilunga sale de la barrera como una exhalación y pega un zapatazo al balón que lo manda al otro campo. La jugada provoca estupefacción en el árbitro y en los brasileños, e hilaridad en los telespectadores de todo el mundo, confirmando los prejuicios: unos comedores de monos en manos de hechiceros y perfectos ignorantes. En la BBC, John Motson lo definió como "un extraño momento de locura africana". Mwepu fue amonestado y el posterior saque no tuvo consecuencias.
Habían salido como héroes y regresaron con sordina, pero al menos vivos, sin sufrir represalias. Mobutu ya estaba entretenido con un nuevo juguete: la preparación del Ali-Foreman, por el que puso 15 millones de dólares, aquel célebre Rumble in the Jungle que se disputaría en octubre de ese mismo año en Kinshasa. Mwepu se hizo popular en todo el mundo; se hicieron camisetas con su nombre y rostro y hasta fue invitado al programa humorístico de la ITV de David Baddiel y Frank Skinner, donde explicó que conocía de sobra la norma y que lo hizo como protesta contra Mobutu. Nadie le creyó.
En 2014 le entrevistó el periodista español José David López en la revista Panenka. Dijo que ya quiso quitarse de en medio en el partido ante Yugoslavia, "pero el árbitro se equivocó. Los blancos nos veían a todos iguales y expulsó a Mulamba por la patada que yo di". En el momento de la falta reaccionó así por un instinto de autodefensa ante la posibilidad del cuarto gol brasileño. "Lo hice a propósito. Por supuesto que conocía las normas del juego. Había jugado muchos años al fútbol, ¿cómo no iba a saberlas? No tenía razón ninguna para continuar jugando. Quería marcharme del partido, intentaba forzar mi expulsión. Los jugadores brasileños y la gente se rieron, me sentí muy enfadado con ellos en ese momento. No sabían la presión que estábamos sufriendo nosotros. Fue muy doloroso".
Vivía en extrema pobreza. Falleció al año siguiente, a los 66 años.
Desde que en Brasil 1950 quedamos cuartos, todo lo posterior fue desdichado: Suiza 1954 y Suecia 1958, no clasificados; Chile 1962 e Inglaterra 1966, caídos en la primera fase; México 1970 y Alemania 1974, no clasificados; Argentina 1978, caídos en la primera fase; España 1982, corramos un tupido velo... Sólo en México 1986 vimos, por fin, algunos brotes verdes.
La ola comenzó con el 12-1 a Malta que nos clasificó para la Eurocopa Francia 1984, en la que fuimos segundos. La fase de clasificación para México la pasamos sin angustia. El Barça llegó a la final de la Copa de Europa, el Atlético a la de la Recopa y el Madrid a la de la Copa de la UEFA, lo que contribuyó a darnos sensación de fortaleza, aunque sólo el Madrid ganara la suya. Emergía la Quinta del Buitre y seguía el seleccionador del 12-1 a Malta, Miguel Muñoz, cuya lista incluyó siete del Madrid, cinco del Barça, tres del Athletic, dos del Atlético y el Sporting, y uno del Zaragoza, el Betis y el Sevilla. Veintidós, con la precaución de llevar tres porteros. Cometió un serio error: ir sin cuarto central. La pareja Goikoetxea-Maceda era soberbia, pero junto a ellos sólo fue Gallego, un mediocentro de muy buen pie y estaca si hacía falta, adaptable a líbero. Sanchís, el central de la Quinta, estaba lesionado. Muñoz desdeñó a Salva, del Barça, habitual en el equipo.
Se programó una concentración en Santa Cruz de Tlaxcala, 45 días de encierro a 2.300 metros de altitud, en una antigua fábrica de hilaturas llamada La Trinidad, convertida en centro vacacional de la Seguridad Social mexicana. Perdido en la nada, era ideal para la paz y el aburrimiento, con México D.F. a dos horas de autocar. La Federación alojó a las esposas o novias de los jugadores en el D.F. y cada semana organizaba una excursión allí de los casados o emparejados en lo que llamaron "el autobús del semen", para dos horas de intimidad con sus parejas en una especie de vis a vis carcelario. Los solteros se quedaban más aburridos y solitarios que nunca.
Una sola línea de teléfono, cartas, billar, ping pong y paseo por la carretera al anochecer. Ese era el cuadro, pasto de problemas entre jugadores y periodistas y de los jugadores entre sí. Muñoz programó partidos entre titulares y suplentes, haciendo muy visibles los respectivos papeles, y los segundos, al ver cara a cara su destino, se desahogaban con entradas furiosas. Así que, pensando que si tenían que lesionar a alguien que fuese de otro equipo, cambió el plan por dos partidos en Guadalajara (uno contra el local, otro contra el Atlas) y dos en Tlaxcala, ante el Puebla y la sub'21 mexicana. Eso sí: en ambos casos separó las aguas y jugaron el primer partido los titulares y el otro los suplentes, lo que profundizó el ánimo lúgubre de estos. El viaje a Guadalajara llevó dos horas de autocar hasta México D.F. y dos más de vuelo, pero a todos les pareció una liberación del encierro.
Para aliviar el tedio, la Federación organizó una comida de convivencia a la que invitó a Rocío Jurado, de gira por allí. Asistieron las mujeres de los jugadores, todos los directivos y trabajadores de la Federación y hasta los ex jugadores Lángara e Iborra, flecos sueltos de la Guerra Civil instalados allí. Sólo faltaron los periodistas, en solidaridad con sus compañeros de la radio Antena 3, expulsados del hotel porque uno de ellos había insinuado que a un federativo se la pegaba su mujer. De aquella juerga se contó y no se acabó. Hubo descuidos en la dieta y a algunos jugadores les alcanzó el "mal de Moctezuma". Los más afectados fueron Calderé, al que se le complicó con una bronquitis y hubo de ser internado, Tomás, Gallego y Gordillo.
Butragueño, en el partido contra Dinamarca.E. M.
Por fin, el 1 de junio (habían llegado a Tlaxcala el 11 de mayo) llegó el primer partido. Fue en Puebla (12:00), ante Brasil, nada menos. La alineación era casi la que se venía cantando desde los inicios: Zubizarreta; Tomás, Goikoetxea, Maceda, Camacho; Míchel, Víctor (por Calderé), Francisco, Julio Alberto (por Gordillo); Butragueño y Julio Salinas. En el minuto 53 Míchel caza el balón tras un córner, su remate pega en la cara inferior del larguero, bota dentro, sale, y el australiano Bambridge no da gol. Sí dará once minutos más tarde el de Sócrates, recogiendo un rebote en el larguero; estaba adelantado cuando se produjo el disparo previo, pero...
Un fotoperiodista cazó la foto perfecta y la vendió a Interviú por 10.000 dólares. Demostraba inequívocamente que el balón había entrado, pues el sol del mediodía proyectaba su sombra dentro. Un español buscavidas, que se pegó a la selección por el procedimiento de hacerse amigo de Manolo el del Bombo, cameló al fotógrafo para que le diera una copia, de la que sacó muchas más que iba vendiendo a 10 dólares. Era un cara que pedía autógrafos a los jugadores y luego hacía camisetas con ellas para venderlas.
A la derrota se sumó una noticia pésima: Maceda no podría seguir jugando. Había llegado mal curado de una lesión de rodilla, entrenaba con pantalón largo para que los periodistas no vieran que la llevaba vendada. Al día siguiente al partido se le puso más grande que la cabeza. No podía seguir. Regresó a España.
Repuesto de su "mal de Moctezuma" y de su bronquitis, Calderé pudo estar en el banquillo el segundo día (7 de junio, ante Irlanda del Norte, en Zapopan, 12:00). Ganamos 2-1 y jugó 25 minutos, henchido de felicidad. Pero al día siguiente tuvo el susto de su vida: dio positivo en el antidopaje. Resultó que por la bronquitis le habían dado Bisolvón, que llevaba una sustancia prohibida. El médico asumió el error y la FIFA exoneró al jugador. Se sintió como si volviera a nacer.
En Tlaxcala los suplentes no aguantan más. Lobo Carrasco tira su plato de espaguetis en la mesa de Muñoz y los directivos porque les han servido antes y a él le han llegado fríos. Poli Rincón hace un amago de marcharse, bajando incluso la maleta a la recepción. Se sabía vetado. ("Un célebre conductor de programa deportivo me quiso hacer su informador dentro del grupo. Me daba mil euros por día, 89.000 pesetas, una barbaridad. Pero le dije que no, y él presionó a Muñoz para que no jugara". No dice el nombre, pero no hace falta. Fallado ese tiro, el informador encontró otro que aceptó la oferta).
España gana 3-0 el tercer partido (Argelia, Monterrey, 12:00), con un calor de mil demonios, y pasa como segunda de grupo. Acabado el partido, Muñoz decide no regresar a Tlaxcala sino dormir en México D.F. para a la mañana siguiente volar a Querétaro y ver el Dinamarca-Alemania (16:00), del que saldrá nuestro rival de octavos, a jugar precisamente allí. El vuelo de Monterrey al D.F. se retrasa cuatro horas y Muñoz decide anular el hotel del aeropuerto y seguir por carretera hasta Querétaro para no llegar tarde al partido. Son tres horas en autocar. En Querétaro hay dos hoteles de la organización: uno lo ocupa Alemania y está lleno; en el otro hay plazas, pero se desaconseja que dos selecciones compartan hotel y Dinamarca se agarra a eso. Aparece uno al que llegan rendidos, a las dos de la mañana, y resulta que en cada habitación hay un ejército de cucarachas. Se amotinan, se hacen llevar al hotel de Dinamarca, lo toman por asalto y se acuestan.
Eloy, fallando el penalti decisivo ante Bélgica.E. M.
Presenciaron el Dinamarca-Alemania, ganado por los primeros, con los que deberán enfrentarse en octavos... después de cuatro días compartiendo hotel. Los daneses protestan, pero los españoles se han hecho fuertes y, por complicidad de idioma y carácter con los empleados, se apoderan de las zonas comunes.
Llega el partido, esperado con aprensión. Es el 18 de junio en Querétaro (16:00). Dinamarca ha ganado a Escocia, Uruguay y Alemania; viene como una moto. El balón es de Lerby y Laudrup, ElkjaerLarsen amenaza... Se masca el gol danés, que se retrasa hasta el 33', de penalti, y lo suponemos inicio de la goleada. Pero cerca del descanso Butragueño caza un pase horizontal en la defensa danesa y marca el 1-1. Un alivio. Muñoz sustituye a Julio Salinas por Eloy, buscando su velocidad; sigue el dominio danés y en la primera salida hay un córner que Camacho cabecea en semipifia y el balón va a la frente de Butragueño, que lo percute a la red: 2-1 en el 56'. Dinamarca se lanza y en el 69', en otra salida de España, Butragueño le hace un regate descatalogado a Olsen, que le derriba. Penalti transformado por Goikoetxea y 3-1. Dinamarca se ofusca, Tomás está cumbre ante ElkjaerLarsen, España ya cree y en el 80' Eloy se escapa, cede a Butragueño y este remata a placer el 4-1.
En el 90', nuevo penalti a Butragueño, que transforma él mismo en su cuarto gol. El 5-1 en el marcador coge por sorpresa a la multitud de madrileños que en aquellos años ocupaba de noche las terrazas de la Castellana. Se desata un grito espontáneo: "¡Oa, oa, oa, el Buitre a la Moncloa!" (había elecciones inminentes) y muchos se bañan en la fuente de Cibeles. Ahí nació la costumbre de celebrar los triunfos del Madrid en esa plaza. Al día siguiente, sobre los goles en el Telediario, alguien pulsó una tecla con el rótulo "Vota PSOE". RTVE lo atribuyó a un error humano...
Se despertó la euforia para el partido de cuartos, contra Bélgica, tenida en menos que Dinamarca, pero lo afrontamos con una seria merma: Goikoetxea no puede jugar por tarjetas y tiene que salir Chendo, lateral, en el centro de la defensa junto a Gallego. La cita es en el Cuauhtémoc de Puebla, el 22 de junio (16:00). Tenemos el público a favor, por hispanidad, por el partido de Dinamarca y porque allí habían jugado Pirri y Asensi, dejando muy buena imagen.
En el 33', Ceulemans, acreditadísimo cabeceador, gana a Chendo por arriba y marca. Bélgica se encierra y Muñoz sustituye al lateral Tomás por Señor, un interior de ataque. La presión es continua. En el banquillo, Rincón se come los puños y mira a Muñoz como diciéndole "sácame", pero el míster no se decide. Está vetado por el dichoso comentarista. En el 63' entra Eloy, de nuevo por Julio Salinas. Por fin, en el 83', a la salida del enésimo córner, Señor clava un disparo raso, imparable.
La prórroga sigue en el mismo son, con Bélgica nadando como náufrago hacia la orilla de los penaltis, que al fin alcanza. Allí marcarán Señor, Chendo, Butragueño y Víctor, pero Eloy falla el segundo ("se me hizo eterno el caminar desde el centro del campo hasta allí"), mientras Míchel era reservado por Muñoz para el sexto. Por nuestra parte, Zubizarreta no detiene ninguno. Fue desesperante verle volcarse una y otra vez blandamente, casi como un saco mal asentado, al lado contrario del balón.
Estábamos fuera. La concentración argentina lo celebró, según confesión posterior de Valdano, porque nos temían más que a Bélgica en la semifinal.
Aquello de "jugamos como nunca y perdimos como siempre" valió más que nunca. Por encima de conflictos y errores, la programación de entrenamientos había resultado, el equipo cuajó y había roto el techo de la fase de grupos, que no se traspasaba desde 1950. Fue un leve apunte de que los tiempos estaban cambiando.
La tetracampeona Italia no estará en el Mundial de fútbol de este verano, como faltó en los dos anteriores. Fue incapaz de ganarse la plaza en la generosa fase regular de clasificación y sucumbió en la amable repesca ante Bosnia, la 66ª en el ránking FIFA. Una vergüenza (Capello dixit) más que un fracaso. Un "Triple Apocalipsis", según tituló "La Gazzetta dello Sport".
La crisis del fútbol nacional italiano también alcanza individualmente a los jugadores, que año tras año no figuran entre los candidatos al Balón de oro. Y a los clubes, que no ganan la Champions desde 2010. Sus plantillas trufadas de extranjeros, como en todas las principales Ligas, los convierten en representantes de sí mismos en sus respectivos entornos, no del país. Sin embargo, forman parte del entramado conjunto y contribuyen a dibujar su imagen completa. Que la "azzurra" se apuntara la Eurocopa de 2020 se explica porque, aunque no creamos en los milagros, haberlos, haylos.
A medida que el fútbol, por estructuras o coyunturas, ha ido perdiendo lustre, el resto del deporte italiano lo ha ido ganando de modo equivalente. Vive una Edad de Oro reflejada en los resultados de los Juegos Olímpicos de Tokio y París, de los recientes de invierno de Milán-Cortina y, en general, de cualquier competición a lo largo del calendario.
Como causa o como consecuencia, o tal vez sólo por casualidad, el deporte italiano se beneficia de la contingencia del fútbol, cuyas modernas y universales características empresariales, transformadas en los nuevos pecados, proceden de su separación del deporte para formar un planeta exterior, fuera de la galaxia común. Podemos aventurar la teoría de que en cuanto ha decaído el fútbol, se ha producido en Italia un crecimiento proporcional en esos otros deportes mediante un automático proceso mixto de sustitución y conquista.
En España, un país con una cultura muy inferior desde siempre a la italiana y con una dimensión históricamente menor, se produce un fenómeno inverso. El fútbol escamotea espacio y escatima oxígeno a los demás deportes. Los relega en los medios, regateándoles presencia y restándoles protagonismo. Serían parientes pobres si el fútbol no hubiera renunciado hace tiempo a la casa común para irse a vivir solo en un palacio demasiado grande y costoso de mantener como para no tener goteras y desconchones. Ya no hay consanguinidad entre él y sus familiares, cada vez más arrinconados en las páginas e informaciones especializadas y, por lo tanto, en la atención y el aprecio de la gente.
No nos faltan estrellas, hasta ahí podíamos llegar. Pero, a tenor de los resultados globales en los últimos tiempos, da la impresión de que España está menguando deportivamente en la medida en la que el fútbol va creciendo y derivando de afición a pasión, y de pasión a adicción. Nos gusta el fútbol, cómo no. Pero gozándolo sin tasa hasta elevarlo a exclusivo y excluyente, soportamos un lastre, arrastramos una rémora y, en definitiva, arrojamos balones contra nuestro propio tejado.
Curazao, Cabo Verde, Jordania y Uzbekistán disputarán por primera vez un Mundial, Haití y Congo volverán 52 años después (Congo jugó en 1974 como Zaire), Iraq regresará tras jugar en México 86, Austria, Escocia y Noruega no estaban en uno desde Francia 98, República Checa desde 2006 y Bosnia, que volvió a dejar a Italia en tierra por tercer torneo seguido, ha conseguido billete 12 años más tarde. Son las ventajas de la ampliación de la Copa del Mundo a 48 selecciones, un detalle que ensancha el mapa de la edición y permite "una mejor representación del planeta", anunció FIFA en 2017, año de la decisión final. 104 partidos, antes 64, marcados por los tres, como mínimo, que disputará Irán en suelo estadounidense en plena guerra en Oriente Medio y que llena de incertidumbre la aproximación al evento.
"Irán jugará el Mundial y disputará sus partidos donde corresponde según el sorteo", anunció ayer Gianni Infantino, presidente de la FIFA, tras la petición de la Federación Iraní de trasladar sus partidos de la fase de grupos a México por la presunta falta de garantías de seguridad.
Hace un par de semanas, Donald Trump declaró que la selección de Irán era "bienvenida" al Mundial en Estados Unidos, pero añadía que no creía que fuera "apropiado" por "los riesgos del contexto actual". Si nada cambia, Irán jugará en Los Ángeles ante Nueva Zelanda y Bélgica y en Seattle contra Egipto. "La FIFA continuará apoyando al equipo para asegurar las mejores condiciones para preparar el Mundial. Espero con interés que transmitan un mensaje positivo al mundo", insistió ayer Infantino.
La escalada bélica en Irán y en los países del Golfo Pérsico ha dejado a Infantino, aliado de Trump en los últimos años, en una posición complicada. El presidente de la FIFA le entregó al máximo mandatario estadounidense el Premio FIFA de la Paz durante el sorteo de la fase de grupos, justo después de que Trump no ganara el Nobel. Un detalle más que mostraba la buena relación entre ambos, clave también para las buenas relaciones entre la FIFA y varios países de Oriente Medio.
En los estatutos de la FIFA no se contempla que un país organizador esté en guerra, pero en su artículo 3 se reclama que el organismo se compromete a respetar las normas internacionales en materia de derechos humanos y su artículo 4 defiende que todo ello debe hacerse "en la absoluta neutralidad política".
El ICE y el narcotráfico
Más allá de la guerra, el Mundial se enfrenta a la incertidumbre por los problemas internos de Estados Unidos y México. En el país de Trump continúan las protestas por las actuaciones del ICE, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Amnistía Internacional ha denunciado las "detenciones arbitrarias y en masa y la deportación de más de 500.000 personas en 2025".
"La oleada de detenciones y deportaciones ilegítimas, que ha batido récords, sólo ha sido posible mediante la erosión de las salvaguardias del debido proceso, y ha socavado los derechos a la libertad y la seguridad de cientos de miles de personas migrantes y refugiadas. Estas políticas han destrozado comunidades y han creado un clima de temor en todo Estados Unidos. El país está viviendo unos tiempos de incertidumbre que sin duda se extenderán a la afición que desee participar en las celebraciones de la Copa Mundial", señala Steve Cockburn, director de Justicia Económica y Social de Amnistía Internacional.
Existen prohibiciones expresas de viajar a los ciudadanos de Costa de Marfil, Haití, Irán y Senegal, que no podrán entrar al país a ver el Mundial salvo que tuvieran un visado válido antes del 1 de enero de 2026.
Sobre México, su problema es el narcotráfico. El gobierno ha movilizado a 100.000 agentes de seguridad, incluidos militares, en respuesta a los elevados niveles de violencia desde la muerte de El Mencho, el narco más buscado, tras un tiroteo con el ejército en el que fallecieron más de 20 miembros de la Guardia Nacional. Guadalajara, ciudad en la que se han vivido los momentos más peligrosos de las últimas semanas, recibirá cuatro partidos, uno de ellos de España, y el gobierno mantiene el uso de 24 aviones de vigilancia y 33 drones mientras Trump continúa amenazando con bombardear a los cárteles de la droga.
Unas situaciones que dejan el Mundial con demasiadas incógnitas, mientras la parte deportiva se centra en la ampliación a 48 equipos: son 16 de la UEFA (Europa) , 10 de la CAF (África ), 9 de la AFC (Asia, incluida la selección de Australia, que juega en esa confederación), uno de Oceanía (Nueva Zelanda), seis de Sudamérica y seis de la Concacaf (Norteamérica). Todo en cinco semanas de competición añadidas a un calendario ya de por sí exprimido y un título para que el que, parece, no hay favorito. España buscará la gloria.
Quedan 56 días hasta que, el 26 de mayo, lunes, Luis de la Fuente ofrezca la lista de 26 convocados para jugar el Mundial (11 de junio-19 de julio). Ni dos meses en los que el seleccionador y su cuerpo técnico se van a dedicar a lo siguiente: "Un seguimiento exhaustivo de todos los jugadores, que nos ofrezca su estado de forma, si tiene o no problemas físicos, los minutos que juega y qué calidad tienen esos minutos, su intervención en los encuentros... Eso por un lado y, por otro, el seguimiento personalizado de todos los posibles rivales, individualizados en cada jugador". Son palabras del propio técnico el martes por la noche en Cornellá.
Antes de ese anuncio, el día 11 de mayo, la Federación debe enviar a FIFA una pre-lista con 55 jugadores, y es vinculante, es decir, los 26 han de salir de esa lista de 55 nombres. Un abanico demasiado amplio, pues no hay tantas dudas en España. Los premiados se concentrarán en Las Rozas seguramente el sábado 30 de mayo, el día de la final de la Champions. Jugarán un amistoso en España, seguramente también en Coruña, el jueves 4 de junio. Al día siguiente, el 5, volarán a Chattanooga (Tennessee), donde tendrán su cuartel general para la primera fase. El día 7 se trasladarán a Puebla (México) para jugar el día 8 un amistoso con Perú. Volverán de nuevo a Chattanooga y ya lo siguiente será debutar en el Mundial, el lunes 15 a las 18.00 hora española contra Cabo Verde. ¿Quién estará allí? A excepción de que las lesiones digan lo contrario, serán estos.
PORTERÍA.Unai Simón y David Raya son fijos. El hecho de que Joan García debutase el martes le concede bastantes opciones de ser el tercer portero, aunque tampoco hay que descartar al titular en ese puesto, que es Alex Remiro. El titular, por supuesto, es el guardamenta del Athletic de Bilbao.
LATERAL DERECHO.Marcos Llorente y Pedro Porro no tienen rival a día de hoy. Bueno sí, uno, y no menor. Dani Carvajal apura para poder acumular minutos en estos dos meses y, si eso ocurre, y si eso ocurre ofreciendo su nivel de antes de la lesión, irá. El que se caerá será Porro.
CENTRALES.Aymeric Laporte y Pau Cubarsí son intocables. Huijsen, si prolonga en el tiempo su recuperación, también. Y, a partir de ahí, viene un puñado de nombres para completar ese cuarto nombre. Le Normand, a nada que tenga continuidad, será el elegido porque es una debilidad de De la Fuente. Por detrás aparecen Pubill, el compañero del francés en el Atlético y que hubiese venido ahora en marzo si no se hubiese lesionado, Mosquera, Vivian o Eric García.
LATERAL IZQUIERDO. Sin discusión, la zona más diáfana del campo. El titular es Cucurella y el suplente, Grimaldo (aunque en la Eurocopa partían con los papeles cambiados).
MEDIOCENTROS.Rodrigo y Zubimendi. No hay más. Bueno sí, si alguno tiene un problema, Aleix García es la alternativa, o incluso vuelve a aparecer aquí el nombre de Eric García, que puede jugar ahí.
INTERIORES. El meollo de España, la zona neurálgica donde la selección no tiene rival en ningún equipo, si acaso en Portugal. Pueden ir hasta cinco o seis jugadores para estos puestos. Fijos, hoy, son Pedri, Fermín y Olmo. Si se recuperan, Fabián y Mikel Merino también lo son. Y después habría, quizá, un puesto, o dos, para Pablo Barrios, Gavi, Isco...
EXTREMOS.Lamine y Nico, al que se espera de vuelta en breve con el Athletic. Ellos son los titulares. Alex Baena es el sustituto natural de Nico y la irrupción estos días de Víctor Muñoz le concede muchísimas opciones de completar esos cuatro lugares. Yeremy Pino, Jesús Rodríguez, Asensio... estarían para completar.
DELANTEROS.Oyarzabal es indiscutible, quizá el más indiscutible de la selección con permiso de Rodri y Pedri. Y junto a él, parece fijo Borja Iglesias si mantiene el nivel de los últimos meses. Samu, a la espera.