En el Real Madrid hay conflictos que a veces no salen del vestuario. Peleas internas entre jugadores, entre compañeros, entre departamentos... Lo que podría suceder en cualquier club o empresa. «Lo normal», insisten en Valdebebas. Pero en los despachos de la ciudad deportiva del conjunto blanco hay una guerra silenciosa que ha terminado por estallar: la de los servicios médicos. El error en el diagnóstico inicial de la lesión de rodilla de Kylian Mbappé en diciembre ha sido la última trinchera del conflicto.
Para analizar la guerra primero hay que descubrir a los protagonistas. El nombre principal es Niko Mihic, médico croata que llegó al Madrid en el verano de 2017 por recomendación directa de Florentino Pérez. Su aterrizaje en Valdebebas coincidió con la salida del doctor Jesús Olmo, que finalizó su vinculación tras varias diferencias con Ramos o Cristiano, poniendo de manifiesto que la relación entre los futbolistas, especialmente las estrellas, y los médicos no siempre es ideal. Casi diez años después y a pesar de los distintos protagonistas, la realidad no es muy diferente.
Mihic fue jefe de los servicios médicos entre 2017 y noviembre 2023, cuando fue relevado de su puesto después de varios casos que causaron revuelo en la ciudad deportiva y debilitaron al croata. Primero las diferencias con Benzema durante varios meses en los que sufrió lesiones musculares y después, el principal, por el tratamiento de la lesión de rodilla de Arda Güler, fichado en verano y al que la rodilla le dio problemas durante el tramo inicial en Valdebebas. Desde 2021, al lado de Mihic estaba Felipe Segura, antiguo jefe médico del Granada, que ocupó puesto de máxima responsabilidad cuando Mihic fue apartado en 2023.
Durante estos dos años en los que Mihic ha estado ausente, aunque seguía actuando como asesor, el Madrid ha seguido sufriendo el drama de las lesiones, tanto musculares como articulares, elevando el grado de desconfianza entre el vestuario y los médicos y entre los diferentes actores que rodean a los futbolistas en el día a día: médicos, preparadores, readaptadores, fisioterapeutas, empleados de Sanitas, entrenadores personales de los jugadores... Entre tanta lesión, las culpas han volado de un despacho a otro.
Profesionales de confianza de los jugadores
Los futbolistas, que sólo se rodean de gente de su máxima confianza, tienen dentro del club sus propios empleados afines. De nuevo, es algo que sucede en todos los clubes y es una situación que a la larga, por la amistad que surge entre jugadores y fisios, genera recelos en aquellos que no alcanzan esa intimidad. Y esa tensión termina en discrepancias de criterios. Preparadores, muchos amigos de jugadores, y médicos no siempre coinciden en los tiempos de carga de trabajo, en plazos o en los protocolos de regreso al césped.
Y todo nos lleva a Mbappé y a diciembre. El error en el diagnóstico tras su primera resonancia, equivocando la imagen de la rodilla izquierda con la derecha, ha levantado mucho revuelo interno en Valdebebas, suavizado después de que el jugador dijera que "no es verdad", aunque el club no lo ha negado.
No ha habido despidos, pero el regreso de Mihic en enero coincidió con la salida de al menos un profesional del departamento médico, según pudo confirmar este periódico. La vuelta del croata no cayó del todo bien en algunos sectores de los servicios médicos. Felipe Segura, sustituto de Mihic en 2023 y jefe médico cuando se cometió el error, sigue como responsable médico del primer equipo, pero el croata actúa ahora como jefe a todos los niveles.
Fue Mihic quien contactó con Bertrand Sonnery-Cottet para pedirle si podía recibir a Mbappé porque el francés, tras casi dos meses jugando con dolor, estaba desesperado y enfadado tras haber jugado tres partidos sin saber la lesión que tenía y tras forzar en enero por petición expresa del club en mitad de la crisis de resultados que vivía el equipo después de la salida de Xabi Alonso. «Sentí frustración», dijo el lunes, en unas declaraciones que coincidieron con la información sobre el error en el diagnóstico.
Esa exclusiva está haciendo daño a la imagen de Segura, jefe hasta la vuelta de Mihic, y del Madrid, pero el club se mantiene en silencio a la espera de que amaine el temporal.
El Valencia CF ha decidido concluir su vinculación con Miguel Ángel Angulo, que deja de ser entrenador del Valencia-Mestalla, según ha informado el club en un comunicado.
El club ha señalado que "desea la mejor de las suertes" a Miguel Ángel Angulo y agradece la labor del técnico asturiano tanto en estas cinco temporadas en el filial valencianista, como en todo el periodo previo en que ha participado en distintas funciones en la formación de los jugadores de la Academia VCF, así como en toda su carrera profesional en el Valencia CF.
A partir de este miércoles, y en esta recta final de temporada, Óscar Sánchez, hasta ahora técnico del VCF Juvenil A, se hará cargo del VCF Mestalla.
El delantero egipcio Mohamed Salah anunció que dejará el Liverpool al término de la presente temporada y pondrá fin a una etapa de nueve años en la que se ha convertido en uno de los grandes iconos del club inglés y en el tercer máximo goleador de la entidad.
El propio jugador confirmó la decisión a través de las redes sociales con un mensaje de despedida dirigido a la afición: "Hola a todos, por desgracia ha llegado el día. Esta es la primera parte de mi despedida. Dejaré el Liverpool al final de la temporada".
Desde su llegada en 2017 procedente del Roma, Salah ha disputado 435 partidos con el Liverpool, en los que ha marcado 255 goles y repartido 119 asistencias, cifras que le sitúan como el tercer máximo goleador histórico del club inglés.
El egipcio conquistó dos títulos de la Premier League, una Liga de Campeones, una FA Cup, dos Copas de la Liga, una Supercopa de Europa y un Mundial de Clubes con el Liverpool, consolidándose como una de las grandes leyendas del club.
"Ganamos los títulos más importantes y luchamos juntos en los momentos más difíciles de mi vida. Quiero dar las gracias a todos los que han sido parte de este club durante mi etapa. No tengo suficientes palabras. Nunca olvidaré vuestro apoyo", expresó el delantero.
Salah, de 33 años y con contrato hasta junio de 2027, destacó el vínculo creado durante su etapa en Anfield: "Nunca imaginé lo profundamente que este club, esta ciudad y su gente se convertirían en parte de mi vida. El Liverpool no es solo un club de fútbol, es una pasión, una historia, un espíritu que no puedo explicar con palabras".
"Marcharse nunca es fácil. Siempre seré uno de vosotros y este club siempre será mi hogar. Gracias por todo. Por vosotros, nunca caminaré solo", añadió en su mensaje.
El egipcio, que actualmente está lesionado y no fue incluido en la última convocatoria de la selección de su país, sufrió su peor racha goleadora en su carrera en la Premier League desde su llegada en 2017, al estar diez jornadas consecutivas sin ver puerta hasta que marcó frente al Wolverhampton Wanderers.
La pasada temporada fue el máximo goleador y el mejor pasador en la Premier League con 29 tantos y 18 asistencias, además de ser elegido mejor futbolista del campeonato y terminar cuarto en el Balón de Oro, mientras que en la presente campaña únicamente ha marcado cinco goles y ha dado seis asistencias, aunque se perdió un mes de competición por la Copa África.
Una de las primeras preguntas importantes que Eliezer Mayenda (Zaragoza, 2005) hizo a sus padres fue, precisamente, por qué le llamaron así. "Me lo pusieron por el personaje del Génesis en la Biblia", cuenta a EL MUNDO, el delantero de la selección española sub-21. Eliezer era el criado de Abraham y en hebreo, idioma del que procede el nombre, significa "Dios es mi ayuda".
En la Biblia, libro al que acude mucho el jugador, se narra que Eliezer fue el encargado de buscar esposa a Isaac, hijo de Abraham. En la vida del futbolista, la historia está contada al revés, ya que él fue fruto de que un día, su padre, del Congo, y su madre, de Togo, se encontraran por casualidad en un locutorio de Pamplona en el que ella trabajaba. La familia se trasladó posteriormente a Zaragoza y allí es donde vio la luz un jugador que suma un gol y una asistencia en cinco partidos oficiales con la Rojita y que ahora amenaza a Chipre y Kosovo en la fase de clasificación del Europeo.
El joven dejó la capital maña con nueve años para mudarse a París junto a su familia y su único recuerdo de su época en España es "el fútbol" y sus primeros partidos con el CD Ebro. Es el deporte que le ha permitido ser feliz allí donde ha ido y con el que se ha podido adaptar a cualquier circunstancia o lugar, pese a conocer o no el idioma. "A mí el fútbol me ha acompañado siempre, toda la vida. He hecho amigos... y todo lo que hacía era alrededor del fútbol", explica el delantero.
El delantero frente al escudo de la selección.Ángel Navarrete
Esa experiencia y ese apego por el deporte es el que también le facilitó el aterrizaje en el Sochaux francés, equipo en el que comenzó a mostrar sus habilidades como goleador. Allí Florentin Pogba, el hermano mayor de Paul, le acogió y le ayudó a progresar, hasta el punto de convertirse en el futbolista más joven en debutar con el primer equipo galo. Fue en un partido de Copa francesa, Mayenda contaba 16 años, siete meses y 10 días.
La precocidad es el sino de su vida. Casi siempre ha sido el chico más joven de los equipos, eso no es fácil. "En el campo es diferente, juego como siempre y nada cambia, pero fuera , para adaptarse a un vestuario, pues es un poco más complicado", apunta. También reconoce que todos los compañeros con los que ha compartido vestuario siempre le han hecho sentirse cómodo.
De ahí que, pese a su juventud, nunca haya tenido miedo a los cambios, como el que le llevó, en 2024, a Sunderland, con apenas 18 años. Una ciudad del centro de Inglaterra, con mucha lluvia, y a la que Eliezer (Eli para los amigos) se ha adaptado bien, pese a que hace "mucho frío en invierno". Cuando no se entrena, al joven jugador le gusta "jugar al FIFA con los amigos". Eso sí, cuando está con su familia, entonces ya no existe ni el móvil sólo la tortilla.
El mejor momento de su corta trayectoria como futbolista fue cuando consiguió el tanto del empate con el Sunderland ante el Sheffield United en la final por el ascenso a la Premier League, en 2025. "Si Dios quiere habrá más goles importantes en el futuro, pero ese partido en Wembley fue especial, con toda mi familia delante. Soy una persona que parece muy fría, pero en aquel momento estaba como flotando", recuerda.
Otro instante destacado fue cuando le llamó Julen Guerrero para ir por primera vez con España sub-17. El técnico español se adelantó a su homónimo francés, que ya apuraba su nacionalización para convocarle. "Nací en Zaragoza y yo quería ir con España, nadie vio un inconveniente en esa decisión", revela Mayenda, que también afirma que sus padres nunca le dijeron qué debía elegir y que le apoyarían en la decisión que tomara.
Torres y el Liverpool
También dice que en su decisión también influyó que en España jugara uno de sus ídolos: Fernando Torres. "Torres debutó muy joven en una época en la que no era tan común hacerlo tan pronto. Yo me siento identificado con él. También es importante que cuando yo jugaba con mi hermano al Pro Evolution Soccer estaba ahí Fernando Torres, en el Liverpool, y me gustaba mucho jugar con el equipo inglés", revela.
Fernando Torres brilló y marcó en aquella Eurocopa de 2008. Ahora a Eli le gustaría marcar en un Mundial. Con España, claro. Por pedir y por soñar, que no quede.
Matías Almeyda es consecuencia y no causa. Es el fruto amargo de un árbol podrido. Es la herida y no el puñal. Si el Sevilla Fútbol Club vive en un luto perpetuo no es tanto por quienes están pasando por el banquillo, como por un cadalso, sino por quienes se siguen sentando en el palco. Suya es la inestabilidad, suyos son los oscuros intereses y suyo es el maltrato a una entidad que teme bajar a los infiernos. Porque una plantilla hecha con rotos y retales no puede vestir a ninguna afición exigente; nadie en su sano juicio culparía al costurero de semejante prenda. Almeyda intentó llenar con corazón los huecos que el talento iba dejando, pero no fue suficiente y ahora aterriza Luis García Plaza. El balón no se deja engañar tan fácilmente. Manda el pie y no la sangre.
José María del Nido Carrasco asumió la presidencia del Sevilla el 1 de enero de 2024, aunque llevaba tiempo moviendo los hilos en la sombra. La cuchilla no ha dejado de girar desde entonces en esa minipimer que es el Ramón Sánchez-Pizjuán. Para entonces, Monchi -la gran factoría de aciertos deportivos y pararrayos oficial del sevillismo- ya había hecho las maletas. «Si las personas que están por encima mía empiezan a dudar de que yo tengo que tener ese rol, no pasa absolutamente nada», dejó dicho antes de marcharse, como epitafio de una época de oro que la actual dirección decidió desmontar pieza a pieza, tornillo a tornillo, símbolo a símbolo.
Carrusel de entrenadores
Lo que vino después fue un casting de frustraciones: Diego Alonso, Quique Sánchez Flores, García Pimienta, el apagafuegos Caparrós, Almeyda... y ya asoma Luis García Plaza, especialista en salvar equipos que observan el abismo. Nueve entrenadores en cuatro años, una cifra desconcertante para un club que se acostumbró a medir su grandeza por finales europeas y no por vivir su propio Vietnam temporada tras temporada. Nervión es ahora un cementerio de esperanzas.
Víctor Orta, llamado a ocupar el hueco descomunal de Monchi, no encontró ni estabilidad, ni equilibrio en el vestuario, ni ilusión en la grada, ni puntería en los fichajes. Su relevo, Antonio Cordón -el hombre que habló del Sevilla como de un elefante arrodillado al llegar en junio de 2025-, tampoco está enderezando el rumbo del club pese a su experiencia. Eligió a Almeyda como pilar de un proyecto a tres años que se desmoronó en nueve meses. Llegaron futbolistas deficitarios, parche tras parche, cesiones de emergencia y apuestas de saldo para un equipo que había hecho del mercado su seña de identidad. Comprar barato, vender caro, decían antes. Lejos del lo que caiga que dirán ahora.
La temporada de Almeyda empezó con firmeza y pasión, pero duró poco el espejismo. Apenas dos victorias en 2026, una caída libre en la segunda vuelta y un equipo que empezó a competir para no perder, más que para ganar. Sus arengas motivadoras -virales como la que precedió a la goleada 4-1 al Barça en octubre de 2025- quedaron como su único legado, un destello de carácter en medio de la mediocridad colectiva. No se entendieron muchas de sus decisiones. Los futbolistas estaban con él, pero no movió las piezas con audacia. Gabriel Suazo como titular pese a su bajón de rendimiento, un Lucien Agoumé errático, Batista Mendy y Oso en el ostracismo, la desaparición de Akor Adams en momentos clave. Ante el Valencia, en su último partido, la perplejidad fue apabullante, con bandazos tácticos y errores no forzados que terminaron acelerando su salida. El Sevilla lo despidió tras 32 partidos oficiales, con el equipo tres puntos por encima del descenso y después de una derrota que vació completamente el crédito del argentino.
La derrota de Almeyda
Su despedida, con un «me voy con la tranquilidad de haberlo dado todo, con honestidad y respeto por este escudo», sonó a derrota íntima pero también a diagnóstico certero: el problema no está solo en la banda, sino más arriba. Almeyda se marcha sin haber cumplido la primera temporada de su contrato, engullido por una entidad que necesita un nuevo culpable cada primavera.
Y ahora aparece Luis García Plaza, un entrenador con oficio, de pizarra sobria, manos curtidas y poco confeti. Uno de esos técnicos que suelen llegar cuando el incendio ya ha devorado media casa. Tiene detrás una carrera larga, 229 partidos en Primera y aventuras en China y en Emiratos. Ha sido, sobre todo, un técnico de reconstrucción. Un hombre capaz de ordenar equipos, de endurecer pieles blandas, de hacer competir sin necesidad de artificios. Ascendió al Levante, devolvió al Mallorca a Primera y subió también al Alavés, al que luego sostuvo en la élite antes de su salida. Su fútbol no promete fantasía, pero sí rigor, sentido, disciplina táctica y una idea muy clara de lo que cada jugador debe hacer para que el equipo no se rompa. Un antídoto para el reciente barroquismo de Almeyda.
Pero ni siquiera un entrenador así puede garantizar la estabilidad institucional, principal tragedia de este club. Porque hay preocupación. Mucha preocupación. El descenso ladra al otro lado de la verja. Y la Segunda es un cepo para osos. Uno de esos artefactos brutales de los que muchos creen que saldrán enseguida por el peso de su historia, por el tamaño de su escudo o por la memoria de sus noches europeas. Pero luego resulta que no. Que el hierro se clava profundo, que el bosque se queda en silencio y que hay clubes que tardan años en entender que descender no siempre es un camino de ida y vuelta. García Plaza será el encargado de despertar de su pesadilla a los sevillistas. Y sólo nueve noches le quedan por delante para conseguirlo. Nueve jornadas de palcos, cuentas, sustos y pitadas.
Era un secreto a voces. Alargado en el tiempo y con momentos en que ahora sí, ahora no. Que si el color del pelo blanquiazul era el de Orlando City, que si a Antoine Griezmann le encanta el deporte americano, que si "él se ha ganado el derecho a decidir" de Simeone o el "tiene dos años más de contrato" de Mateu Alemany. Pero ya por fin el club y el jugador han confirmado que se marcha a final de temporada a jugar en el club estadounidense.
"No es fácil poner palabras a lo que siento, porque este club es mi casa y vosotros sois mi familia", comienza el comunicado de despedida del francés, rebotado en la página oficial del club. "Ha sido un viaje increíble, lleno de partidos inolvidables, de goles, de alegrías y de una pasión que solo los que sentimos el Atleti podemos entender", escribe el delantero rojiblanco, máximo goleador de la historia del club con 211 tantos.
Algunos tan importantes como aquel en la eliminatoria contra Bayern, que permitió la tranquilidad de los rojiblancos tras un asedio bávaro. O el doblete que brindó la segunda Europa League al Cholo frente al Olympique de Marsella en 2018. Como rojiblanco, de hecho, se marcha tras ganar una Supercopa de España (2014), una de Europa (2018) y la citada Europa League (2018).
En el texto puntualiza que continuará con esta camiseta con la ilusión de "levantar esa Copa del Rey y para soñar con llegar lo más lejos posible en la Champions League". "Tenemos por delante todavía muchas oportunidades para ser felices. Quiero que cada minuto que me queda aquí sea un homenaje a este escudo. Queda lo mejor", apunta bajo el epígrafe "The Last Dance", en clara referencia al documental de Michael Jordan y añaden: "everything comes to and end" (todo tiene un final).
"Mi presente sigue siendo rojiblanco hasta el último aliento de esta temporada 2026. Y mi corazón lo será para siempre. Aúpa Atleti", se despide el francés de 10 años como jugador rojiblanco en dos etapas de cinco temporadas cada una.
Por su parte, el Atlético de Madrid, en un aséptico comunicado, ha confirmado la salida del "máximo goleador de la historia de nuestro club" hacia "un nuevo desafío profesional en la MLS el próximo verano" y ha recordado la década que ha pertenecido a la disciplina colchonera. La entidad le había dado su permiso para que cogiera un vuelo tan pronto terminó el derbi en el Bernabéu para viajar a Estados Unidos a cerrar los flecos de su incorporación.
Dos temporadas
El club estadounidense también ha publicado, a través de sus canales oficiales, la llegada del galo y la duración de su vinculación. "Se unirá al club en julio de 2026 con un contrato hasta la temporada 2027-28, con opción a la temporada 2028-29 como Jugador Franquicia", escriben en X.
Son muchos los compañeros que le han escrito en redes sociales para despedir en diferido al francés. Giuliano Simeone ha sido uno de los más cariñosos: "Simplemente leyenda mi hermanito! Juntos hasta el final". Pero también ex jugadores como Mario Suárez le llaman "leyenda" y compañeros como Álex Baena, o la pareja del Cholo, Carla Pereyra, le mandan emoticonos de cariño.
"(...) Y quiero terminar diciendo: cuando tras el partido de ayer el capitán inglés alzó con sus dos manos la Jules Rimet, el cuervo de Edgar Allan Poe declaró a los periodistas acreditados: 'Nunca más, nunca más'. Y, de seguro, como las próximas Copas van a ser disputadas en terreno neutral, nunca más Inglaterra conseguirá imponer su fútbol sin imaginación, sin arte, sin originalidad." Así cerraba Nelson Rodrigues, célebre escritor y periodista brasileño, su elegíaca crónica final de la Copa del Mundo de 1966, ganada por Inglaterra. Tanta irritación tuvo una causa que ya podía adivinarse desde la elección de árbitros: un obsceno enjuague de Stanley Rous, exárbitro él mismo y presidente de la FIFA por ese tiempo. Un gran hombre que ordenó la redacción del Reglamento en 1938 con todas las reformas introducidas desde 1863 y una sencillez que favoreció su expansión universal. Pero, según Pedro Escartín, el santón arbitral de nuestra historia, "en 1966 le pudo más el impulso inglés que su respeto por el fútbol y estropeó su legado". Al menos consiguió ser nombrado 'sir'.
Se anunció que habría dos árbitros por país: en el caso de Inglaterra, Finney y Howley. Pero a la hora de la verdad aparecieron dos más, McCabe y Dagnall, más tres —Taylor, Clement y Crawford— que hicieron de linieres. Aún habría que añadir al escocés Phillips y al irlandés Adair, que arbitraron, y al galés Callaghan, como linier, sin que sus selecciones participaran. En el conjunto de sus tres partidos, Brasil se encontró siete británicos en la suma de los tríos arbitrales. En el primero, ante Bulgaria, Pelé salió tan golpeado que no pudo jugar el segundo, contra Hungría; en el tercero y decisivo, con un trío arbitral íntegramente británico, el portugués Morais completó su demolición, le dejó inútil, Brasil perdió y se quedó fuera. Había acudido al Mundial como gran obstáculo para Inglaterra, que sentía el derecho y la obligación de ganarla, porque acababa de celebrarse (1963) el centenario de la creación del fútbol.
En vista del revuelo por las designaciones en la fase de grupos se anunció que la de los árbitros de cuartos de final se haría en plenario del Comité de Árbitros, seis miembros, entre ellos Escartín. Pero se les convocó a las diez de la noche del 20 de julio para reunirse a las nueve de la mañana del 21 en Londres. Escartín estaba en Sunderland como informador del Chile-URSS, y también el ruso Latychev, delegado permanente en ese grupo. Al sueco Lindeberg le pilló en Sheffield. En ningún caso había tren que llegara a Londres antes de las once de la mañana, así que la reunión se limitó a Rous, su fiel Aston, presidente del Comité, y el malayo Ko. Para el Inglaterra-Argentina pusieron un árbitro alemán, Kreitlein; para el Alemania-Uruguay, un inglés, Finney. Kreitlein expulsó al capitán argentino, Rattin, que protestó insistentemente por las reiteradas faltas de Stiles sobre Onega; en cuanto a Finney, con 0-0 dejó pasar un puñetazo bajo el larguero de Schnellinger a un balón que se colaba, gesto perfectamente captado por las fotografías; luego aprovechó el enfado y las intemperancias de los uruguayos para dejarlos con nueve.
Aquellos sucesos abrieron una herida en Sudamérica que sangró durante años y explican la irritación de Nelson Rodrigues. Y a todo ello habría que sumar dos manos ignoradas en el área inglesa en la semifinal contra los portugueses y el gol fantasma de Hurst en la prórroga de la final contra Alemania.
El irritado escritor ha venido teniendo razón hasta ahora. Fuera de su isla, los inventores no han vuelto a ganar la Copa del Mundo. En México, con gran parte aún del equipo campeón, cayeron en cuartos ante Alemania, dulce revancha. Luego fueron incapaces de clasificarse para Alemania 1974 y para Argentina 1978. Regresaron después, pero nunca han vuelto a ganar un Mundial, ni siquiera han sido finalistas. Tampoco han ganado ninguna Eurocopa.
Aquella Inglaterra tuvo ayudas, desde luego, pero también fue un gran once (Banks; Cohen, Jackie Charlton, Wilson; Stiles, Moore; Ball, Hunt, Bobby Charlton, Hurst y Peters) con tres jugadores extratipo: el meta Gordon Banks, el medio defensivo y capitán Bobby Moore, y el delantero centro móvil Bobby Charlton, el mejor de todos. A ellos podría sumar al interior goleador Jimmy Greaves, pero sufrió un corte en la pierna durante el tercer partido del grupo, ante Francia, y le sustituyó hasta la final, y no sin polémica, Geoff Hurst, autor de tres goles en la misma. Un logro que nunca había conseguido nadie antes y que sólo Mbappé ha igualado después.
Sólo Hurst sigue con vida. El resto nos han ido dejando con una coincidencia inquietante en la mitad del equipo titular: el alzhéimer. Sería grosero conectarlo con la maldición de Rodrigues; más bien prefiero mirarlo como un último servicio al fútbol de un buen grupo de jugadores que, en su despedida, dejó una voz de alarma que el fútbol finge escuchar, pero no lo hace. Preferimos mirar para otro lado.
Una imagen del polémico gol de Hurst.E. M.
Jackie Charlton, central, con 85 años; Ray Wilson, lateral izquierdo, con 83; Nobby Stiles, medio, con 78; Martin Peters, extremo, con 76; y Bobby Charlton, alma de la delantera, con 86, hermano del primero de la lista; incluso el meta suplente, Peter Bonetti, con 78: todos ellos fallecieron de alzhéimer o tras un tiempo incapacitados por alguna enfermedad neuronal enajenante. Y no hay seguridad sobre si lo padeció o no el interior Roger Hunt, fallecido a los 83 "tras una larga enfermedad", según el escueto comunicado familiar, después de que por bastante tiempo no se supiera nada de él. Gordon Banks falleció de cáncer de riñón a los 81 años. A Bobby Moore se lo llevó con 51 un cáncer intestinal y al extremo Allan Ball un ataque cardíaco que le sorprendió en el jardín de su casa a los 62. El último en dejarnos, el lateral derecho George Cohen, falleció con 86, y aunque no se anunció la causa de su muerte, sí se sabe que estuvo mucho tiempo luchando contra un cáncer intestinal. Dedicó los últimos años a recaudar fondos para la investigación de esta enfermedad, que había matado prematuramente a su capitán Moore, y también para la del alzhéimer, impresionado por la forma en que atacó a tantos de sus compañeros. Anunció que, a su fallecimiento, donaría su cerebro a la ciencia. El mismo propósito ha hecho público Hurst, el último superviviente.
Las alarmas sonaron por el caso de Bobby Charlton dada su condición de mito nacional. La familia comunicó que padecía alzhéimer en 2020, lo que llevó a recordar el gran número de compañeros del equipo campeón que lo habían padecido, entre ellos su hermano Jackie. Se daba la circunstancia de que cuatro tíos maternos de los hermanos Charlton habían fallecido también de alzhéimer, lo que podría sugerir un factor hereditario, pero los cuatro habían sido también futbolistas, lo que devolvía las sospechas a este deporte. La muerte del mito se produjo en 2023, con 86 años, internado ya en el centro para personas con demencia de Knutsford, cuando perdió el equilibrio y su cabeza golpeó con un radiador.
Con el conocimiento de que el gran Bobby sufría la dolencia, cobró relevancia e impulso la lucha que desde 2002 mantenía la familia de Jeff Astle, un delantero centro de los años sesenta y setenta que hizo lo mejor de su carrera en el West Bromwich Albion, fue mundialista en México 1970 y se retiró tras 16 años, 437 partidos y 216 goles. Falleció en 2002. Su hija, Aslyn Astle, contó: "Tenía 59 años, pero parecía que tuviera 89". Hacía tiempo que no reconocía a nadie, pasaba el día sentado, murió por atragantamiento porque el cerebro no pudo enviar la orden de expulsar la comida, atascada en la garganta.
La familia, convencida de que su penosa condición había sido causada por tantos balones cabeceados, obtuvo dictamen judicial de que había fallecido de una enfermedad laboral; crearon la Fundación Astle e interesaron a organizaciones académicas y civiles. En 2014, el neurólogo Willie Stewart, de la Universidad de Glasgow, que examinó su cerebro, dictaminó que tenía "exactamente el mismo aspecto que esperas ver en el de un boxeador". La diagnosis fue encefalopatía traumática crónica, enfermedad neurodegenerativa asociada a la acumulación de golpes en la cabeza. Aslyn Astle declaró en la ABC: "Cuando supe que el fútbol le había matado me puse en contacto con la FA y les pregunté qué iban a hacer al respecto. Al poco tiempo recibí una carta desagradable". Salieron a relucir muchos más casos: Tommy Carroll, Stevie Chalmers, Chris Chilton, Jimmy Conway, Duncan Forbes, Alan Jarvis, Frank Copel, Billy McNeill, Barry Pierce, Mike Sutton, John Talbut, Mike Tindall... Aslyn Astle contó que se pusieron en contacto con ella las familias de estos jugadores, de muchos otros menos conocidos, y la de uno de los campeones de 1966, que prefirió mantener la reserva, pero la animó a seguir la investigación.
Estudios
Un estudio realizado por su impulso en 2019 con una muestra de 7.676 futbolistas profesionales escoceses nacidos entre 1900 y 1976 y comparado con el de 23.000 individuos de la misma época aleatoriamente escogidos arrojó un dato inquietante: el porcentaje de afectados por enfermedades neurodegenerativas era tres veces y media mayor entre los futbolistas que entre el común de la población. El caso llegó a la Cámara de los Comunes en 2020 y la conclusión fue que no existen medidas suficientes para monitorear las lesiones cerebrales consecuencia del deporte, lo que dejó la cuestión en el aire. ITV entrevistó al alimón a Tom Charlton y a John Stiles, hermano e hijo de jugadores afectados, y ambos expresaron su convicción de que los cabezazos debían de ser la causa.
Muchos lo discuten por la dificultad de imaginar el fútbol sin el juego de cabeza. Arguyen que los balones son ahora más ligeros, porque aunque el peso inicial es el mismo que fue reglamentado hace ya mucho, ahora están impermeabilizados y no aumenta por el agua los días lluviosos, como tiempo atrás, si bien a cambio viajan a más velocidad. También sostienen que rarísima vez un balonazo provoca una conmoción, que éstas suelen llegar más por choques entre cabezas, contra el suelo y contra un poste. Y que el alzhéimer también afecta a no cabeceadores, casos de Banks y Bonetti. Pero demasiados especialistas sostienen que cabecear el balón como práctica habitual provoca microrroturas arteriales en el cerebro idénticas a las de los boxeadores, sin necesidad de llegar al KO. Preguntada Aslyn Astle sobre si su padre hubiera sido partidario de eliminar el juego de cabeza, contestó: "Seguramente no. Pero hubiera sido partidario de tener información sobre las consecuencias''.
Las reacciones, impulsadas por los sindicatos de jugadores (el inglés, que aporta siete millones de libras anuales a investigación y ayudas afectados), han sido tímidas: prohibir el cabeceo en infantiles, limitarlo en los entrenamientos de profesionales y permitir un sexto cambio en caso de conmoción. El fútbol teme este debate.
«El fracaso está en el camino hacia el éxito. Esta derrota me va a hacer mejorar a mí y nos va a hacer mejorar a todos». Dos meses después de una de las noches más humillantes de los últimos años, superado en la prórroga por un equipo de Segunda División, Álvaro Arbeloa predijo en la sala de prensa del Carlos Belmonte de Albacete el futuro a corto plazo del Real Madrid. Lo hizo con convencimiento en mitad de las dudas que rodeaban al vestuario, al club y a su propia figura, elevada a entrenador del primer equipo tras varios años en el Juvenil y seis meses en el Castilla. Parecía poco bagaje, pero el salmantino aterrizará en abril tras haber ganado a Mourinho, Guardiola y Simeone y todavía vivo en la pelea por la Liga y la Champions.
«Los jugadores no se esperaban a alguien tan preparado», aseguran a este periódico fuente cercanas a la plantilla del conjunto blanco. El equipo venía de unos meses de frustración, acumulando la impotencia del último tramo de Carlo Ancelotti, las polémicas internas y mediáticas de la etapa de Xabi Alonso y las necesidades de una plantilla que era un puzle sin completar. No parecía tener una solución fácil y en Valdebebas se veía a Arbeloa como una respuesta de emergencia. Casi un tiro al aire. Un parche temporal antes de la llegada de un entrenador con mayor peso.
17 partidos más tarde, la sensación es otra, especialmente después de un mes de marzo que puede ser clave en el proyecto del entrenador novato. La derrota en Albacete en Copa, en Lisboa en el último encuentro de la fase liguera de la Champions League y ante Osasuna y Getafe en Liga parecían torpedear por completo la temporada de los blancos, pero en las últimas semanas el técnico y el grupo han reaccionado. Cada uno a su manera.
La charla del cambio
Cuerpo técnico y vestuario tuvieron una charla de grupo después de caer ante el Getafe, con José Ángel Sánchez, director general del club, también presente. Esa conversación fue importante para abrir en canal los problemas del equipo, pero la clave ha estado en Arbeloa. Aprovechando la desgracia de las lesiones de Bellingham y Mbappé, el entrenador ha creado un Madrid comprometido y sólido. Un bloque construido sobre Rüdiger, Tchouaméni, Valverde y Vinicius y que ha tenido en Huijsen, Güler o Brahim a secundarios de lujo. Además, la apuesta de Arbeloa por Thiago Pitarch ha servido de estímulo para parte del vestuario, que ha visto en la valentía del técnico con la cantera una advertencia gigantesca.
«Habla con ellos como un hermano mayor, como si les conociera de toda la vida», explican en la ciudad deportiva de Valdebebas. Ese famoso «sofá gris» que Arbeloa ha mencionado en varias ruedas de prensa ha servido de psicólogo grupal. Por ahí han pasado Vinicius, Valverde o Brahim, este último hace sólo un par de semanas, para tratar de reconectar al grupo con la realidad. Tres nombres vitales para el vestuario que se han hecho grandes en marzo. «Es directo y muy claro con ellos. Y a nivel futbolístico explica las cosas de forma muy sencilla. Se lo hace fácil», insisten voces cercanas al vestuario.
Lo más comentado ha sido cómo Arbeloa ha tratado de acercarse al grupo a través del elogio público, a veces desmesurado, pero todas esas declaraciones han calado en una plantilla que ha demostrado que reacciona mejor ante el cariño. «Tengo un equipazo. Cuando están tan implicados como están ahora, cuando tienen esa mentalidad... Quiero que se demuestre el poder de la amistad. Antes tenía la sensación de que salíamos a jugar dependiendo del talento, de lo que se le ocurriese a cada uno. Tenemos que tener una idea y un estilo», reflexionó el domingo tras ganar el derbi.
Del fracaso en Albacete a un marzo extraordinario hay dos meses y un Madrid totalmente diferente gobernado ahora por el «hermano mayor» Arbeloa.
El argentino Matías Almeyda fue destituido este lunes por el Sevilla como entrenador del equipo, al que sólo le separan tres puntos de los puestos de descenso tras su derrota el sábado ante el Valencia (0-2). Con 32 partidos oficiales dirigidos, 29 de ellos en LaLiga EA Sports y 3 en la Copa del Rey, el club anunció su 'adiós' en un comunicado.
Almeyda, quien llegó al club del barrio de Nervión el pasado verano, abandona el banquillo sevillista dejando al equipo en una delicada situación clasificatoria, decimosexto con 31 puntos tras 8 triunfos, 7 empates y 14 derrotas, con sensaciones muy negativas y una pésima imagen, en especial, en sus encuentros en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán.
García Plaza, opción con más peso
El Sevilla FC negocia con el técnico Luis García Plaza como posible sustituto del entrenador de Azul (provincia de Buenos Aires), aunque también sonado otros candidatos como Manolo Jiménez o Diego Martínez, con pasado en la entidad sevillista.
Almeyda, de 52 años, firmó en verano un contrato por tres años, hasta junio de 2028, para dirigir al conjunto sevillista e intentar que recuperara su nivel y el potencial que tuvo en este siglo XXI, después de cuatro temporadas -incluida ésta- en las que en LaLiga ha tenido que luchar por el objetivo de la permanencia.
Con el argentino en el banquillo, el Sevilla ha sumado 31 puntos, de ellos 16 en quince partidos en su estadio y 15 fuera en 14 encuentros, y es el equipo más goleado de Primera División con 49 goles encajados, uno más que el Levante (48) y dos más que el Mallorca (47), que ocupan zona de descenso, y tres más que el Elche (46), el rival que marca ahora la salvación.
"El Sevilla FC desea agradecer el trabajo de Matías Almeyda y su equipo en estos meses y le desea la mejor de las suertes en sus próximos retos profesionales", aseguró en su comunicado el club hispalense.
Ayer recorría junto a sus compañeros el césped del Bernabéu para acercarse a la grada visitante y agradecer a los suyos el apoyo durante el derbi. Era el último paseo del francés por el césped del estadio blanco como leyenda colchonera. Este parón de selecciones lo aprovechará Antoine Griezmann para cerrar su incorporación al Orlando City.
El galo, máximo goleador de la historia del Atlético de Madrid con 211 tantos, tiene el permiso del club para viajar a la ciudad norteamericana para cerrar su fichaje para el año próximo. Jugará así en Estados Unidos, lugar del que profesa gran admiración el futbolista, especialmente por el deporte norteamericano.
La ventana principal de la MLS cierra el 26 de este mes, no obstante, son muchos los retos que le quedaban al francés con el Atlético este curso. "Quería quedarme hasta final de temporada. Al final no soy alguien que habla con la prensa, que tenga a alguien difundiendo mensajes, soy yo lo que hay dentro y fuera del campo", apuntó.
Son dos los retos que le quedan al francés, puesto que la Liga ya se ha puesto imposible tras la derrota en el derbi de este domingo por tres goles a dos en el Bernabéu. La Copa es el más plausible, juegan la final ante la Real el próximo 18 de abril y hay mucha ilusión por conseguir ese título en el bando colchonero.
Luego está la Champions, en la que tienen un doble enfrentamiento contra el FC Barcelona y es el objeto de deseo no sólo del francés, sino de propio club después de las dos finales perdidas frente al Real Madrid en Lisboa (2013/14) y Milán (2015/16). "Ojalá un derbi en la final de Champions", dijo ayer Mateu Alemany, director deportivo del Atlético de Madrid en los micrófonos de Movistar plus.
Pese a que fuera el propio directivo el que comparecencia tras comparecencia parecía cerrarle la puerta al francés recordando que tenía contrato con la entidad colchonera hasta 2027, el club ha optado por facilitar la salida de su estrella, que se incorporaría este verano a la disciplina del Orlando City. "Entendemos que es lo mejor para que él pueda estar tranquilo lo que queda de temporada y centrarse al 100% en este tramo tan importante", apuntan fuentes de la entidad.
Una de las personas que más va a echar de menos al siete rojiblanco es Diego Simeone, el entrenador que moldeó a la estrella que es hoy. "Lo quiero mucho", ha repetido en más de una ocasión e incluso que él se "merecía elegir su futuro". Palabras que lanzó cuando comenzaron las especulaciones de que podría abandonar el club este marzo.