Lewandowski confirma que dejará el Barcelona a final de temporada: "Cataluña es mi lugar en la tierra"

Lewandowski confirma que dejará el Barcelona a final de temporada: “Cataluña es mi lugar en la tierra”

Actualizado

Robert Lewandowksi ha confirmado este sábado que abandonará el Barcelona al final de la presente temporada en un mensaje publicado en su perfil personal de la red social Instagram.

El internacional polaco, que cumple 38 años en agosto y terminaba contrato este verano, ha disputado cuatro temporadas como azulgrana, en las que ha contribuido con sus goles a ganar tres Ligas, una Copa de Rey y tres Supercopas de España.

"Después de cuatro años llenos de retos y de trabajo duro, es el momento de cambiar. Me voy con la sensación del deber cumplido. Cuatro temporadas, tres campeonatos. Nunca olvidaré el amor que he recibido de los aficionados desde mi llegada. Cataluña es mi lugar en la tierra", ha afirmado Lewandowski.

El futbolista del Barcelona ha agradecido el apoyo a todas las personas que ha conocido en estos "hermosos cuatro años" y, en especial, al presidente Joan Laporta por darle "la oportunidad de vivir el capítulo más importante" de su carrera.

"El Barça vuelve a estar donde merece. Visca el Barça. Visca Catalunya", ha zanjado el jugador.

Lewandowski podrá despedirse de su afición este domingo en el Spotify Camp Nou en el último partido de la temporada del Barcelona en su estadio, contra el Betis, en la penúltima jornada de LaLiga EA Sports.

El Alavés se agarra a la permanencia con una trabajada victoria ante el Barça

El Alavés se agarra a la permanencia con una trabajada victoria ante el Barça

Actualizado

Quizás fue por la resaca de la celebración de esa victoria por 2-0 ante el eterno rival en el clásico que le dio matemáticamente la Liga. O, tal vez, por sucumbir a la tentación de tomarse un merecido respiro tras unas últimas semanas apretando los puños. O, lo más seguro, por las urgencias del Alavés por sumar una victoria que le permita agarrarse con uñas y dientes a una permanencia en Primera División que, este año, parece estar más cara que nunca. Sea como sea, lo cierto es que fue el conjunto de Quique Sánchez Flores el que acabó por llevarse el gato al agua en Mendizorroza. En este caso, con una victoria mínimo por 1-0 ante el Barcelona, gracias a un solitario gol de Diabate en las postrimerías de la primera parte y a una defensa total y absolutamente acérrima cuando, ya en el segundo tiempo, los azulgrana redobladon su inicialmente poco convencido acoso a la portería contraria. En este caso, con más ganas que éxito y claridad, todo sea dicho.

Con el título ya definitivamente en las vitrinas del Barça, Hansi Flick apostó por introducir varias rotaciones en el once con respecto al que alineó precisamente en el último clásico. Bajo los palos, Szczesny. En la zaga, Koundé, Balde y un nuevo debutante: Álvaro Cortés. En la medular, Casadó y Bernal. Y en punta, Roony y Lewandowski. De todos, quien más destacó fue precisamente el que se estrenaba, un Cortés a quien el técnico germano ha estado siguiendo muy de cerca y que se mostró tremendamente cómodo en el centro de la zaga azulgrana.

En el arranque, los barcelonistas llegaron con más insistencia al área contraria, pero los que tendrían sin duda más peligro en sus botas serían los futbolistas de un Alavés acuciado por una victoria tan urgente como necesaria visto cómo se ha puesto la desacostumbradamente multitudinaria lucha por evitar el descenso.

Rebbach, incansable, trató de ser todo un estilete por la banda izquierda del ataque babazorro, mientras Ángel Pérez hacia también lo propio por la derecha. Este último, precisamente, fue el encargado de forzar el córner que, a la postre, le permitiría al conjunto que dirige Quique Sánchez Flores irse al descanso mandando por 1-0 en el marcador. Diabate, tras recibir de un compañero que cabeceó un despeje como mínimo poco acertado de Rashford, envió el balón al fondo de la red casi en el último suspiro del primer acto.

Tendría otra ocasión clara el costamarfileño para aumentar la ventaja los locales en los compases iniciales del segundo tiempo. Su remate, algo forzado tras centro de Rebbach, se encargaría de desbaratarlo Szczesny. A partir de ahí, y, sobre todo, con el ingreso en el campo de Ferran, Pedri y Xavi Espart, los azulgrana obligaron a los locales a aferrarse a un tremendo ejercicio de supervicencia mientras el Barça buscaba, con ahínco, volver a poner las tablas en el marcador para tratar de seguir aspirando a cerrar el campeonato con 100 puntos en su casillero. Un objetivo que, con la derrota en Mendizorroza, ya es del todo imposible.

Flick, sobre Lamine y la bandera de Palestina: "No me ha gustado"

Flick, sobre Lamine y la bandera de Palestina: “No me ha gustado”

Actualizado

El entrenador del Barcelona ha comparecido ante los medios en la previa del partido contra el Alavés. Hansi Flick ha respondido a las preguntas de los periodistas sobre el reciente triunfo del Barça y sobre el futuro.

El entrenador también ha tenido que contestar a las preguntas que han surgido a lo largo de estos días sobre la actitud de Lamine Yamal en la celebración del equipo, que se convirtió en la imagen del festejo. El jugador del Barcelona ondeó una bandera de Palestina, y al técnico le preguntaron por ello. "Son cosas que no me gustan --se refería a temas políticos--, pero he hablado con él y si él quiere hacerlo, es su decisión. Tiene 18 años", afirmó el alemán, que suele ser bastante sincero en sus respuestas.

Puso el foco, en todo caso, en lo que fue la fiesta de los campeones de Liga: "Cuando vimos a la gente con lágrimas en los ojos fue realmente emocionante. Estoy muy feliz de ganar la segunda Liga seguida porque jugamos, en primer lugar, para que la gente sea feliz", comentaba.

Atado hasta 2028

Aunque ya se sabía, el técnico culé ha confirmado su renovación con el club hasta 2028: "Estoy muy feliz con esto. Nos han dado la confianza para trabajar uno o dos años más. Creo que es un buen acuerdo para todos. Los últimos días me han demostrado que estoy en el lugar correcto. Hay que trabajar más duro para llegar al mejor nivel", confesaba Flick.

Aun así, el entrenador ha querido recalcar que apoya y comparte la manera de renovar firmando por pocos años: "Creo que va bien limitar los años de contrato para entrenar a un club como el Barça. Estoy muy agradecido de que me hayan dado la confianza de trabajar aquí varios años más".

Con la Liga ya sentenciada, el entrenador ha confesado que no jugará únicamente con futbolistas de la Masia los próximos partidos. "Se trata de encontrar la combinación adecuada entre jugadores de la Masía y jugadores que ha fichado el club. Tenemos la mentalidad que nos aporta la cantera, pero también la de esos jugadores que hemos decidido traer".

Respecto a las bajas que pueden salidas que pueden surgir este verano en el club blaugrana, el entrenador no ha querido dar demasiado detalles. "Con Rashford estoy muy contento. Sus números son buenos y agradezco su trabajo. También estoy muy orgulloso de haber entrenado a un jugador como Lewandowski. Veremos qué ocurre con él", declaraba el alemán.

Lo que la superioridad del Barça en la Liga dice de Madrid y Atleti

Lo que la superioridad del Barça en la Liga dice de Madrid y Atleti

Si el Barça aprieta, no hay Valverde que anime el vestuario del Madrid después del Clásico. Le caen seis. Es tan superior ahora mismo en España que ni siquiera necesita a Lamine y Raphinha para jugar a un deporte diferente a sus rivales; también tiene ausencias el equipo blanco, todo hay que decirlo. Las más graves, un entrenador y un director deportivo. Ni siquiera los antis, que vivimos con pánico crónico a que el cielo se derrumbe sobre nuestras cabezas en forma de Champions inverosímil o gol de Darth Vader en el descuento, auguramos una resurrección inminente. El posible regreso de Mourinho genera más expectación cómica que miedo. Si el antimadridismo está tranquilo, miren a Mbappé, algo huele a podrido en Chamartín.

La superioridad aplastante de los de Hansi Flick, un equipo divertidísimo pero aún incompleto, dice mucho del deprimente estado de una Liga española que afronta las tres últimas jornadas plagada de partidos de la basura en la mitad alta de la tabla. Parece la NBA en marzo. El Barça es campeón con total merecimiento, como lo fue el curso pasado, pero las eliminatorias contra equipos serios, ni siquiera élite (Inter en 2025, Atleti ahora), recuerdan que aún está lejos de la cima europea.

No es culpa del modelo del alemán, como se apresuran a señalar los oportunistas cada vez que le acribillan al espacio. El PSG va camino de repetir Champions con la misma idea y el Bayern, otro kamikaze, ha sido su única amenaza, pero jugar con tanto riesgo exige una calidad individual extrema en todos los futbolistas que el Barça aún no alcanza. La tiene arriba, claro, con un top 3 fabuloso (Lamine, Raphinha, Pedri) y Fermín amenazando con sumarse, pero le faltan un nueve, un cinco (quizás Bernal) y, sobre todo, defensas con el nivel suficiente para ayudar a Cubarsí a cubrir latifundios sin casi ayudas. No es lo mismo ser suicida cuando los que vuelven a la carrera son Nuno Mendes y Hakimi que cuando son Cancelo y Eric García (¿Koundé vive?). Y su problema es que, por más que a los periodistas afines les encante fabular con fichajes de 100 millones, esos jugadores tienen precios que hoy no puede pagar.

El último salto de los azulgrana es complicado... pero al menos es posible. Tras él, el Madrid no sabe a dónde va y el Atleti no parece tener intención de ir a ningún lado, feliz en su adosado en el extrarradio. El Barça no ha ganado la Liga, la ha conquistado sin visos de soltarla en un largo tiempo.

Las claves de un Barça campeón: Laporta, un año de gloria marcado por el retorno

Las claves de un Barça campeón: Laporta, un año de gloria marcado por el retorno

Actualizado

Para Joan Laporta, la temporada 2025-26 que está encarando ya su recta final estará marcada casi a partes iguales por la gloria y el retorno. El Barcelona ya tiene en el bolsillo el título de Liga, el segundo consecutivo desde la llegada de Hansi Flick al banquillo azulgrana. El nuevo traspiés (2-0) del Real Madrid en su visita al Spotify CampCamp Nou le ha otorgado el campeonato en un escenario y circunstancias soñadas por muchos culés: celebración en propia casa y ante el rival por antonomasia.

Para saber más

La masa social barcelonista, tras una temporada notable (sólo se falló en el tramo decisivo de la Champions) está al lado de un máximo dirigente que, en las últimas elecciones, sencillamente arrasó a su rival, Víctor Font, obteniendo el 68,18% de los votos emitidos. Una resultado para la historia del club catalán. Hasta el próximo 30 de junio, el presidente será Rafael Yuste, quien anoche aseguró: "Sin el presidente Laporta no estaríamos aquí celebrando este título".

A partir de ahí, este abogado barcelonés tomará posesión del que, muy posiblemente, será su último mandato. De acuerdo con los estatutos del club, solo pueden encadenarse dos mandatos consecutivos y, a partir de allí, esperar a unos nuevos comicios para optar a volver a la presidencia. Algo que nos llevaría, si no hay un adelanto de las elecciones posteriores a las de 2032, a un año 2038 en el que Laporta estará cerca de los 76 años. Por ahora, puede presumir no solo de la gloria deportiva que ha ido acumulando el primer equipo de fútbol a lo largo de las dos últimas temporadas, de la mano de un Hansi Flick que, de hecho, fue una apuesta muy personal para tomarle el relevo en el banquillo a un Xavi que acabó teniendo una salida un tanto convulsa del club.

Flick, por supuesto, le devolvió ese voto de confianza de la mejor manera posible. Primero, deslizando, una vez convocadas las elecciones, que su continuidad al frente del primer equipo azulgrana podía verse muy condicionada por quien fuera el vencedor de las mismas. Y, segundo, votando sin tapujos a favor de Laporta el día de los comicios.

Joan Laporta, eufórico, tras ganar las elecciones a la presidencia del Barça.

Joan Laporta, eufórico, tras ganar las elecciones a la presidencia del Barça.J. MonfortAP

Una jornada que, de hecho, tuvo como escenario un Spotify Camp Nou que constituiría uno de los retornos más sonados bajo la dirección del ahora presidente electo. Por mucho que los tiempos se fueran retrasando una y otra vez hasta que, por fin, llegó el día, la ilusión que ha desatado entre los socios y aficionados barcelonistas este regreso a casa ha sido del todo incontestable. Y eso que tuvo que producirse de manera escalonada y que, de hecho, el tercer graderío está aún en obras y la instalación de la cubierta no llegará en principio hasta el año que viene.

Otro retorno realmente sonado que ha protagonizado el Barça este mismo curso, antes de que se convocaran las elecciones, y, por tanto, aún bajo el mandato de Laporta, es el de reincorporarse a todas luces a la disciplina de la UEFA tras haber coqueteado con el ahora finiquitado proyecto de la Superliga encabezado por el Real Madrid de Florentino Pérez.

En los últimos tiempos, de hecho, los dos únicos clubes que oficialmente seguían formando parte de un proyecto destinado a implantar en el fútbol europeo un modelo similar al que encarna la Euroliga en el mundo del baloncesto, eran los dos grandes de la Liga española. Tras el anuncio oficial de desvinculación, que suponía una reincorporación al manto tanto de la UEFA de Ceferin como de la ECF, la asociación de clubes europeos que encabeza el qatarí Nasser Al-Khelaïfi, presidente del PSG y que, de hecho, siempre se mostró tremendamente beligerante con eso proyecto, al máximo dirigente madridista no le quedó otra que dar por liquidada dicha iniciativa.

A decir verdad, mucho antes de que se produjera ese anuncio oficial ya pudo a verse a Laporta tremendamente distendido con Al-Khelaïfi cuando el Barça y el PSG midieron sus fuerzas en la fase de liguilla de la Champions. Una actitud que llevaba a prever que el presidente azulgrana escenificaría a la práctica un alejamiento tanto de Florentino Pérez como del Real Madrid que, a la postre, ha terminado cristalizando en un rotura completa de las relaciones entre la entidad barcelonista y el club blanco.

Un hecho que, a su vez, ha supuesto también un sensible aumento de la beligerancia madridista en las investigaciones del denominado caso Negreira. Hasta tal punto, que el propio Florentino Pérez, a finales del año pasado, tal vez previendo lo que acabaría sucediendo, cargó duramente contra el club azulgrana en el transcurso del tradicional encuentro navideño con los medios.

Por último, la segunda Liga consecutiva del Barça también llama la atención por encontrarse con el lastre de no tener 'fair play' financiero en los últimos ejercicios. Según los datos macroecónomicos del club, desvelados por el New York Times, la deuda alcanza los 1.450 millones de euros, 2.500 contando con la financiación del nuevo Spotify Camp Nou.

La imagen de Mbappé desde Madrid con 2-0 y la "conversación" de Arbeloa sobre el futuro: "Creo que el club buscará mejorar"

La imagen de Mbappé desde Madrid con 2-0 y la “conversación” de Arbeloa sobre el futuro: “Creo que el club buscará mejorar”

A falta de tres largas jornadas, el Real Madrid finiquitó su temporada en el Camp Nou. La peor visita en el peor momento. El conjunto blanco entregó definitivamente el título al Barça en una nueva demostración de desidia y defectos que no hacen sino reflejar su paupérrimo momento. Eliminado de la Champions en cuartos, de la Copa en octavos y alejada la Liga hasta los 14 puntos con nueve por jugar, los de Arbeloa, con Mbappé en Madrid, despidieron su curso.

Y es que el día no empezó bien para los blancos. Por la mañana, el club anunció su lista de convocados y en ella no estaba Mbappé. El francés, aquejado de unas molestias en el cuádriceps de la pierna derecha, había entrenado con el resto del grupo el viernes y el sábado, pero en la última sesión se retiró cinco minutos antes del final y avisó de que no estaba en condiciones de viajar.

La ausencia de Mbappé dolió en el vestuario, que sigue sin entender demasiado bien la gestión que ha hecho el galo de su lesión. El club aseguró que estaba haciendo «todo lo posible» para estar en el clásico, pero no pudo ser y se quedó en la capital, desde donde subió una imagen a sus redes sociales apoyando al equipo, ya con 2-0 en el marcador. «Veremos si puede jugar en estas dos semanas», se resignó Arbeloa ante los medios.

Ya en Barcelona, los blancos sufrieron la ira de algunos aficionados culés, que lanzaron piedras, botellas y latas sobre el autobús provocando la rotura de una de las lunas del vehículo. El suceso no pareció motivar al grupo madridista, que recibió dos goles en los primeros 17 minutos para certificar su K.O. liguero. En el césped, ni un gesto de ánimo, ni una indicación, ni una conversación sobre cómo presionar o cómo salir jugando. Nada. El Madrid fue un ente en la Ciudad Condal, preso de sus propios defectos y de su actitud ante un Barça que subió marchas en el inicio para homenajear al padre de Flick, fallecido en las horas previas.

Sólo Vinicius, capitán en un clásico por primera vez en su carrera ante las ausencias de Carvajal y Valverde, intentó hablar con los suyos, aunque muy tímidamente. El brasileño, como el resto, estuvo lejos de su mejor nivel y se enfrentó a la grada cuando ésta cantó «Vinicius, Balón de Playa», señalando el jugador las 15 Copas de Europa que ha ganado el Madrid.

El brasileño protestó un penalti a Bellingham en la segunda parte, se encaró con Olmo, siguió respondiendo a la grada y se enfrentó a Raphinha tras un encontronazo entre su compatriota y Trent.

El Madrid entra ahora en el terreno de la reflexión y de la negociación. Una que tendrá a Jose Mourinho, visto como solución a sus problemas, como el gran protagonista. «Entendemos la frustración de la gente. Lo único que podemos hacer es mirar al futuro, creo que el club buscará mejorar y sabemos que el Madrid siempre vuelve», dijo Arbeloa, que admitió que «seguramente tengamos una conversación» sobre el futuro del entrenador salmantino.

El Barça alza la Liga sobre las ruinas de un imperio

El Barça alza la Liga sobre las ruinas de un imperio

Va el Madrid con su bandera, dice el himno del Madrid, el viejo himno del que pocos de sus futbolistas saben interpretar el significado. Esa bandera ondea, hoy, boca abajo, sin victoria y sin honor, en el mismo lugar en el que el Barça alza la Liga, la segunda consecutiva, firme en las convicciones que nacen del liderazgo de Hansi Flick, ansioso como un adolescente ante su primer amor e impío sobre las ruinas de un imperio. [Narración y estadísticas, 2-0]

El clásico del Camp Nou no era únicamente la ocasión de sellar un título cantado ante el rival que da sentido a la propia existencia azulgrana, porque no habría més que un club sin el Real Madrid. Era la oportunidad de encender la pira en la que están sus futbolistas, pecadores, pero no responsables del pecado original.

Tampoco lo es Arbeloa, porque la verdadera hoguera a la que no quería echar a sus jugadores es su banquillo. Los males del Madrid tienen que ver con el extravío del principio de autoridad en un club donde el desgaste del líder máximo es evidente. The tone on the top, dicen los británicos. El tono en la cúpula, el tono que tiñe todo lo demás. El que llega al vestuario de Valdebebas no es, hoy, el adecuado. Florentino Pérez necesita recuperar el de sus mejores tiempos, porque esta no es una crisis estacional.

El tiempo dirá si el clásico del Camp Nou, histórico por ser el primero en el que uno de los dos contendientes define el título, es o no el de un cambio de ciclo, y no hablamos de un ciclo deportivo. El Barça ha fijado la autoridad en el vestuario, un buen lugar, como ha sido la mayor parte de su historia, porque siempre lo ha definido el juego. A Joan Laporta le corresponde el acierto en la elección del alemán, pero no es un personaje con auctoritas. Le falta altura. El día de la muerte de su padre, Flick decidió quedarse en Barcelona y dirigir a los suyos. Una elección muy personal y que merece respeto, pero que, en cualquier caso, refuerza su figura.

Sin rebelión personal

Muy cerca de Flick estaba Lamine Yamal, de rosa. Lesionada la gran estrella, acompañaba a sus compañeros a pie de campo. Mbappé, por su parte, notó unas molestias el día anterior al clásico y fue baja. Más molestias, más sospechas. El vodevil de la semana, entre tortas, mentiras y reproches, ha convertido al vestuario del Madrid en el camarote de los hermanos Marx. Era difícil hacer de eso un equipo para jugar en el Camp Nou. Lo único que cabía esperar era la rebelión personal, jugar por la propia dignidad. Apenas se apreció en Brahim, como un náufrago, y en Courtois, reaparecido para evitar un escarnio mayor. El resto era como un ejército entregado, entre el deshonor y la cobardía.

El regreso de Courtois, un capitán en un lugar que se ha quedado sin capitanes, buscaba ese efecto. En el primer lanzamiento del Barça con intenciones, Courtois no fue Courtois. Ni un reproche en el gol de Rashford para el portero, hábil el inglés en el engaño al perfilarse para el lanzamiento de falta. Ni una exclamación por una intervención de otro mundo, aunque las paradas del gigante llegarían después, ante el propio Rashford o Ferran, cuando el choque amenazaba una goleada sangrante.

La vergüenza callada de Arbeloa

Arbeloa presenciaba todo impertérrito, en su pose habitual, mientras soportaba la mofa del público. Siente una vergüenza que no puede explicar. Se irá con sus silencios a un despacho del club. Perdió a Valverde por la pelea con Tchouaméni, mantuvo al francés porque el club no lo apartó, sólo le multó, y a las calamidades se sumaron los problemas de Huijsen en el calentamiento. Eso le obligó a llamar a Asencio, uno de los futbolistas con los que no había contado y más opuestos al entrenador.

De ese Madrid roto por las bajas y por la ignominia no podía esperarse el juego, pero tampoco apareció la intensidad. La del Barcelona era constante, sin necesitar de su mejor versión, ni su mejor alineación. Sin Lamine y Raphinha, que apareció en el último tramo, y Lewandowski, con escasos minutos, el Barça formó en el once sin la delantera de la primera obra de Flick. Fermín ofreció su energía en la izquierda; Rashford, el gol y la velocidad, y Ferran puso muchas más cosas, siempre en movimiento, inyectado y preciso, el mejor azulgrana. Provocó la falta del primer tanto y anotó el segundo, que plasmó todo el contraste entre Barça y Madrid. Olmo tocó preciso de tacón y Ferran se comió el espacio de Asencio y Rüdiger, ambos con una pasividad pasmosa.

Brahim, el único

Gonzalo no afinó en una llegada, Vinicius amagó y nada más, Bellingham se perdió y Brahim se cansó. Las llegadas del Madrid fueron las llegadas de la impotencia ante las que el Barça decidió ser práctico y esperar a las contras y a la fiesta por la vigesimonovena Liga. La Champions está en el debe de Flick, y eso lo sabe el propio técnico, pero su trabajo se impone en España, a cubierto de su inglés en las ruedas de prensa, con una generación muy joven. Laporta dice amén.

En el Madrid se dicen otras cosas de los entrenadores y la Champions le ha sonreído como a ningún otro. No es un mal plan, pero nadie sabe si es posible repetirlo, porque estos futbolistas no son los de antes. El Madrid no es el Barça ni Florentino quiere a un Flick, pero necesita alguien que reconstruya a un equipo para sostener un imperio. José Mourino puede hacerlo a su manera, pero el portugués también deja ruinas a su paso.

Mourinho, no vengas

Mourinho, no vengas

Los Estados Unidos desclasificaron esta semana un puñado de archivos secretos sobre avistamientos de OVNIs. Por mucho que se bucee en ellos no hay nada en esos papeles tan paranormal como el hecho de que el Barcelona haya necesitado llegar hasta la jornada 35 para ganarle la Liga a este abominable Real Madrid de vagos, indolentes e inútiles. Un sucedáneo de equipo y de club, con una afición desesperada, que llega a percibir como la única brizna de rebeldía el hecho de que los dos mejores futbolistas de la temporada se líen a hostias en el vestuario. Obviamente no es verdad. Y queda muchísimo por tragar.

En el Camp Nou cantó hasta Courtois. Por momentos el partido recordaba a esa escena en la que Maradona -salvando las distancias- le marca un penalti a Ali Turganbeko, un niño kazajo sin piernas, y se lo grita en la cara. Hasta los intentos de montar tanganas se sentían ridículos e impostados. Armó un pollo Dani Olmo porque Asencio tiró a puerta aprovechando que el árbitro ya había pitado previamente. Ese era, por resumir, el nivel del partido y de sus protagonistas.

El colegiado, en un acto de madridismo conmovedor, no quiso ayudar al maquillaje y determinó que abrirle la boca de un codazo a un rival en el área no es punible. No generó mayor polémica en la retransmisión. E la nave va...

Mientras todo eso sucedía, Mbappé estaba en su casa subiendo fotos de la televisión y asegurándose de que se viera bien el marcador, 2-0 ya en aquel momento. Parecía querer decir que esto es lo que pasaría si se cumplen los deseos de parte de la afición y se le empaqueta lo más lejos posible. Vinicius y Bellingham no hicieron nada para contradecirle. Ninguno parece consciente de que el consenso en la afición es que la forma más fácil de volver a ganar es mandarlos a los tres al Barça de golpe. Abandonemos toda esperanza. El club es cobarde, inmóvil y no habrá ninguna revolución. Así que lo más probable es que Mourinho no se coma el turrón. Traerle ahora, así, para esto, es una gran traición al hombre que cimentó la década gloriosa.

No hay puntos para cerrar tanta brecha

No hay puntos para cerrar tanta brecha

Hay derrotas que escuecen. Otras que humillan. Y luego están las que parecen una radiografía. Lo peor que le hubiera podido pasar hoy al Madrid es que no se acabara la Liga. Y que en un gesto de crueldad infinita, el Barça aplazara el alirón, regalándole al madridismo un castigo psicológico con forma de prórroga emocional.

Mucho hablar estos días de evitar el pasillo, pero no se me ocurre mejor coreografía de la humillación que proyectar en las pantallas del Camp Nou aquel corrillo que montaron los jugadores del Madrid en la ida en el Bernabéu con Xabi Alonso. Piqué siempre decía que lo más grande que había conseguido en su carrera fue que el Madrid hiciera una Rúa por ganarles una Copa. Pero aquel corrillo de otoño se pone a la altura de aquella gesta.

El Barça decidió el partido con una naturalidad que debería estudiarse en las facultades de biología. Con Flick el equipo ha aprendido a jugar como si no supiera que históricamente esto siempre termina mal; y vuelve a parecer un equipo feliz, algo mucho más difícil que parecer un equipo bueno.

En algún momento, mientras el Barça seguía jugando a lo suyo, ese fútbol que parece no correr pero siempre llega antes, el madridismo empezó a experimentar algo mucho más grave que orgullo herido: alivio. Hace un mes querían ganar la Liga, la Champions, y Valverde era el Juanito del siglo XXI; ahora sueñan con llegar al jueves sin otro comunicado.

El debate ha pasado de que falta un líder a que sobran mesitas en los vestuarios. Sir Laurence Olivier dijo que «actuar consiste en aprenderse el texto y no tropezarse con los muebles», y a estas alturas no se le puede pedir más a un jugador del Real Madrid. Al menos el intercambio de golpes con Tchouaméni parece zanjado porque, tras la multa de medio millón de euros, a ninguno de los dos se le ocurrió pagar otro medio millón para dar otra.

Después de que el máximo rival te gane la Liga y la Supercopa en la cara, te pase por encima futbolísticamente , y el proyecto que parecía eterno empiece a llenarse de grietas, aparece Mou en el horizonte, que igual no gana, pero al menos a Mbappé seguro que se le borra esa sonrisa, como si aún jugara en el PSG. La directiva ya no quiere que los jugadores les vuelvan a dar un título, solo quiere que sufran.

Apedrean el autobús del Real Madrid en su llegada al Camp Nou

Apedrean el autobús del Real Madrid en su llegada al Camp Nou

El autobús del Real Madrid ha sido apedreado en su llegada al Camp Nou antes del duelo liguero que enfrenta a los blancos contra el FC Barcelona. El vehículo ha sufrido la rotura de una luna, según ha informado el conjunto blanco y los miembros de seguridad del estadio, pero no se han lamentado daños personales dentro de la expedición merengue.

La llegada del equipo se ha producido en torno a una hora y media antes del clásico en el que el Barça podría proclamarse campeón de liga si gana o empata ante el equipo de Arbeloa. Al parecer, la gran cantidad de bengalas y el humo derivado de ellas también ha provocado que el autobús blaugrana, que ha llegado un poco antes, haya recibido algún que otro impacto antes de entrar en el estadio barcelonista. La afición culé, por error, rompió también varias lunas del vehículo azulgrana.

No es la primera vez que ocurren este tipo de incidentes a clubes rivales en su llegada al Camp Nou. El Atlético de Madrid, en sus visitas por la Copa del Rey y la Champions a la ciudad Condal, también sufrió la rotura de varias lunas debido a la imposibilidad de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de controlar a la innumerable cantidad de gente que se aglutina en torno a la travesera de Les Corts.

Las obras en el estadio han provocado que los vehículos de las entidades visitantes del Camp Nou tengan que atravesar una zona de calles angostas que dificulta mucho controlar este tipo de incidentes.